EN LA RUTA DE SAMARA...
Shirley Williams, la ministro de educación del gabinete de Callaghan, es una de las principales poriavoces de la derecha laborista en Gran Bretaña. El 21 de enero pasado, pronunció un discuso enteramente consagrado a afacar el trotskismo, que fue objeto de una publicidad muy amplia en la prensa británica. El periódico liberal "The Guardian" le consagró al día siguiente el principal titular de la primera página, como asT también casi toda una página en el interior del diario. Evidentemente, no se trata de un hecho fortuito. Tanto el discurso de S.WT -Iliams como la campaña de prensa de la burguesia forman parte de la preparación sista mática de una caza de brujas contra la extrema izquierda en el seno del partido labo -rista. Esta campaña es, en st misma, la prolongación de una campaña análogo lanzada hace algunos años contra los capas más combotivas de militantes de base en los sindicatos. Shirley Williams intentó reunir los principales argumentos para justificar, ante los ojos del trabajador británico me -dio, una declaración de incompatibilidad entre la pertenencia al Partido Laborista y las convicciones socialistos revolucionarios de la mayoria de los militantes de extre -ma izquierda de dicho partida. Abandond deliberadamente el terreno de las argucias organizativas y administrativos ("entrismo", "partido dentro del partido" "manipulación desde el exterior", hasta el argumento tan ridículo como odioso de "Financiación por el extranjero"), terrena preferido por la mayor parte de los burócratas del ejecutivo laborista. Al menos ella tiene el mérito de ubicorse en el campo de las ideas, de los problemas de principio, de la táctica y estraregia del movimiento socialista. Eso permite comprender mucho mejor al mismo tiempo la coherencia y la incohe -rencia ideológica de la socialdemocracia de hoy. El principal argumento de S. Williams para la expulsión de los trotskistas del Partido Laborista es el pretendido desprecio hacia la democracia por parte de los marxistas en gene -ral y de los trotskistos en particular. Evidentemente, tam-bién en el argumento que retoma con júbito la prensa burquesa para apoyar la campaña a favor de la caza de brujas en el seno del Partido Laborista. AsT es como prepara el terreno para una represión estatal contra un ala del movimiento obrero, para demostrar acabadamente la solidez de sus convicciones democráticas.
En su polémica contra los stalinistas, la socialde -mocracia puede apoyarse en la justificación parcial o total de la represión en la URSS y en Europa del Este por parte de los PC. "Rechazamos las críticas deshonestas de quienes denuncian la supresión innoble de adversarios polfficos en Chile o Rodesia, pero se callan cuando en la URSS se interno en los manicamios a los disidentes, -que, sin embargo, respetan la ley- o cuando se los mata al tratar de abandonar Alemania Oriental". Pero no puede utilizar el mismo argumento contro los frotskistas, al menos sin falsificar groseramente las postciones pollticas de los marxistas revolucionarios. Estos han estado a la vanguardia en la defensa de las victimas de la represión stalinista desde hace mãs de 45 años, incluidas los ocasiones en que los principales dirigentes de la socialdemocracia se negaron a comprometerse de manera resuelta por razones de "oportunidad poltico", ernest mandel responde a shirley williams es decir, de oportunismo grosero (recordar en especial su negativa de defender decididamente a las víctimas de los procesos de Moscú). De igual modo estuvieron en primer plano en la defensa de las libertades democráticos en los palies capitalistas, incluso cuando éstas fueron limitadas o suprimidos por ministros socialdemócratos (torturos y represión introducidos en gran escala en Argelia por el gobierno del socialdemócrata Guy Mollet; feroz represión en Malasia y Kenya por obra del gobierno socialdemócrata de Aflee a fines de los años 40; "Berufsverbote" (interdicciones profesionales) llevadas a cabo por el socialdemócrata Helmut Schmidt en Alemania Occidental). El balance práctico de la actitud de los trotskistas y de la TV Internacional en materia de defensa de las libertodes democráticas es, pues, claro y coherente; mucho más claro y coherente que el de cualquier otra corriente del movimiento obrero contemporáneo, y cierfamente mucho más claro que el de la derecha socialdemócrata. Al no poder apoyanse en los hechos, 5. Williams debe refugiarse en groseros sofismas, de los cuales los siguientes son los dos principales: "Aceptan ustedes que si el socialismo (tal como lo definen) y la democracia entran en conflicto uno con otro, ustedes se pondrán del lado de la democracia?" "La ilusión mas desoladora por parte de los socialistas revolucionarios radica en que la revolución transformará por si misma la naturaleza de los seres humanos, de tal manera que los que heredan el poder total de la revolución actuarán con un fervor desinteresado por el bien de toda la comunidad. La historia casi no lo ha demostrado; por lo tanto es preferible que la ocupación del poder sea limitada en tiempo y extensión". Nuestra respuesta a tales sofismas es inequivoca. Para nosotros, el socialismo se define por la emancipad ón integral del Trabajo, is decir, por la eliminación de toda Forma de explotación y de opresión entre los hombres. La autoadministrac ión de los ciudadanos - como la autogestión planificada de los productores - es parte integrante de la concepción marxista del socialismo. Por consiguiente, el Socialismo tal como lo entienden los trotskistas no puede excluir el goce de las más amplias libertades aemocráticus pura rodos, al menos en los palses industrializados. No hay socialismo sin democracia socialista. No hay revolución socialista en esos paises sin el apoyo consciente de la mayorta. Para los trotskistas, en la URSS no hay socialismo sino una sociedod que se empantanó y burocratizó a mitad de camino entre el capitalismo y el socialismo, a consecuencia de su aislamiento dentro de condiciones de subdesarrollo (aislamiento cuya responsabilidad principal corresponde a los correligionarios de 5. Williams de los años 20 y 30, de Ebert -Noske a Mac Donald y León Blum. Stalin es su hijo, posiblemente ilegitimo, pero su hijo a pesar de todo. Consecuentes consigo mismos, los trotskistas han exigido desde el congreso de fundación de la IV Internacional, la pluralidad de partidos polfticos en la URSS. No esperaron las contorsiones tardias de los partidosco eurocomunistas" para pronunciarse sin amboges ni reticencia contra el principio y las prócticas del partido único o de
cualquier forma de monopolio en el ejercicio del poder pellico y económico luego de la abolición del capita -lismo. Presentar la revolución socialista como un proyecto para establecer un "poder total" en manos de un pe -queño equipo es absurdo. Toda la historia de las revoluciones proletarías, desde la Comuna de París hasta la revolución portuguesa, confirma que el proceso revolucionario se acompaña de una enorme extensión y no de una reducción cualquiera de la actividad y poder político de las masos; es decir, de una difusión y no de una concen tración del poder efectivo. El programa de la IV Intemacional, que incorpora al respecto todos las enseñanzas (tanto positivas como negativas) de las revoluciones del siglo XX, apunta ante todo a institucionalizar esa difusión del poder, creando una sociedad en la cual la democracia directa, la democracia de los consejos obreros, de Tos consejos barriales, de los consejos de consumidores arrebatará lo esencial del poder que hoy detento el estado hipercentralizado, En otros términos, se trata de impedir que la revolución sea sucedida por una contrarrevolución que desposea a las masas del poder adquirido. Y la verdad histórica exige precisar que los socialdemócratas desempeñaron, en esas contrarrevoluciones, un papel tan vigorosa como Tos stalinistas. Capitalismo o socialismo Pero el argumento de S. Williams no es sólo absurdo. También es profundamente deshonesto, pues toda esa logomoquia dirigida contra los socialistos revolucionarios en realidad tiende a disfrazar el carácter profundamente anti. -damocrático de la sociedad burguesa, tal como funciona hay en Occidente, para no hablar de los palses semicoloniales. Se necesita, en efecto, una buena dosis de soFitica para acusar a los trotskistas de un pretendido proyecto para "monopolizar el poder" merced a una revolución futura, silencia:do al mismo tiempo el monopolia del poder real que existe actualmente en Gran Bretaña, que es el del gran capital y sus agentes ejecutivos, es decir, algunos miles de miembros de los consejos de administración de los grandes truts industriales, financieros y comerciales, altos funcionarios y oficiales generales, sobre los cuales la inmensa mayoría de la población no tiene ascendiente alguno, ya que nunco los eligió y tamipoco podró destituirios, si debiera atenerse a las concepciones pollticas de S.Williams. Hoy Gran Bretaña está expuesta a una grave depresión económica. Hay 1,5 millones de desocupados, se ha reducido el salario real y se han efectuado importantes supresiones en los gastos sociales, lo cual conduce a una reaparición masiva de la pobreza más cruda, en un pañi que hasta hace poco se presentaba como el paraño del "bienestar". Quién tomó las decisiones que condujeron a esta frágica situación? Las masos de ciudadanos y elec tores? Que se estudie, pues, el programa laborista en ba se al cual fue elegida la actual Cámara de los Comunes y por el cual "gohiera" S. Williams: Ino contiene ni rastros de algo semejantel No insultaremos fampoco a los Wilson, Calloghan, Healy y 5. Williams creyendo que prefieren la desocupación al empleo pleno. Se puede decir que esas decisiones les fueron impuestos por la lógica interna de la economía capitalista. Se pue de decir que esas decisiones les fueron impuestas por los
"enanos de Zurich y de la City", para parafrasear la célebre fórmula de Harold Wilson. Por atra parte, no son sino dos caras de la misma moneda. Pero ello significa concretamente que, cuando S. Willians y Cia.se enfrentaran con una alternativa precisa: respetar el mandato recibido de sus electores, materializar los promesas electorales, atenerse a las metas establecidos por su partido (que incluyen la socialización de los medios de producción : Iver la famosa cláusula 4 del programa oficial del P.Laboristal) o bien inclinarse ante las imposiciones del gran capital, eligieron deliberadamente el segundo camino. Esto demuestro a las claras que en un régimen de "democracia representativa parlamentaria" combinado con el régimen capitalista, tanto la "economía mixta" como la "difusión del poder" no son más que mitos, Los ministros y diputados electos sólo detentan un poder real com pletamente secundario. El poder real se halla en manos del gran capital, que ciertamente tiene interés en dejar que los "representantes elegidos por el pueblo" pertenezcan al poder durante tanto tiempo como las condiciones lo permitan. Pero cuando se agudizan demasiodo los ten siones económicas y sociales, se disipan las apariencias y se ponen de manifiesto las realidades. Los Wilson, CoIlaghan y Williams hacen discursos, engañan a los traba¡odores y calumnias a los trotskistos. Los "enanos de Zurich y de la City" gobiernan e imponen las decisiones. Por consiguiente, el verdadero problema que opone a lo derecha socialdemócrata con los socialistas revolucionarios no es la alternativa entre socialismo y democracia. Es la alternativa entre socialismo, con apoyo de la mayoria, y capitalismo. La derecho socialdemócrata niego el socialismo. Para ella, representa la aventura y el coos ("odio a la revolución como el pecado" ,decta Ebert); está dispuesta a pisotear la voluntad de la mayoria para evitar la ruptura con el capitalismo. Por otra parte, Shirley Williams lo afirma abiertamente al proclamar que, en la democracia, sólo se puede go -bernar por consenso; la alternativa sería la coerción. La conclusión es evidente. Cuando la mayoria porlamentoria es burguesa, hay que inclinarse ante la burguesia porque constituye la mayoría. Cuando la mayoría parlamentaria es anticapitalista, hay que inclinarse también ante la burguesia, para evitar que se rompo el consenso y hayo que pasar a la coerción. Capitalismo y democracia La hipocresía del argumento resulta notoria. Cuando S. Williams emplea la plabra "consenso" , sobreentiende sin decirlo claramente, "consenso con la burguesia y solomente con ella". Pues, a quien se pretenderta hacer creer que en Gran Bretaña hoy existe un "consenso" de los desocupados con la desocupación, un "'consenso" de los jubilados con las jubilaciones de hambre, un "con -senso" de los estudiantes con las reducciones en las be cos de estudio? En todos los casos se ha aplicado realmente la coerciónicació tanto la coerción de las leyes como la que se afabiyi neral a la "fatalidad econômica". Pero ésa es la lógica de los
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DEBATE socialdemócratas, que encuentran normal que se fuerce a los víctimas de la economía capitalisto, sin consenso alguno, o someterse a la explotoción, pero que sólo están dispuestos a suprimir el capitalismo con el asenti -miento de los capitalistos. Evidentemente, tendrán que esperar mucho tiempo para lograrlo. Entretanto, se aplicaró la coerción en un único sentido, contra el proletariado e incluso, llegado el caso, contra los deseos que expresaran claramente la mayoría de los electores. Esta pretendida devoción por la democracia es un misterio insondable. Aún no hemos agotado las incoherencias ideológicas de S. Williams. Al confundir de liberodamente libertades democráticos y "democracia parlamentaria", es decir, Indirecta, pone el dedo en el engranaje de una infinidad de contradicciones. En efecto, escribe: "Ustedes comparten nuestra creencia en la libertad de cada ser humano individual, en su derecho o expresar tanto sus apiniones como los convicciones religiosas realmente y sin temor a las consecuencias?". Nuestra respuesto es "s", sin restricción alguna, precisamente porque estamos convencidos de que no puede haber ninguna oposición entre esos derechos y la lucha contra la explotación, la degradación y la alienación del hombre y del trabajador. Pero la respuesta de los que ubican el mantenimiento del statu quo social -por el deseo de un consenso con la burguesia- en el mismo nivel de prioridad que la defenso de las libertades demacráticas y por encima de la lucha contra la explotación capitalista, sólo puede ser ambigua. Mientras la mayoFía de los trabajadores acepten las "reglas del juego" de la sociedad burguesa a cambio de reformas y concesiones materiales, dicha controdicción puede permanecer velada. Pero ni bien la acentuación de las contradicciones sociales, la intensificación de la crisis polfrica, la creciente radicalización de amplios sectores de vanguardia de la población trabajadora hagan vacilar ese equilibrio, se Impone una nueva opción dolorosa a los líderes social demócratas, Entonces, la defensa del "consenso" con la burguesia, es decir de la ley y del orden capitalistas, requiere que se restrinjan las derechos democráticos. "Cada ser humano debe ser libre de expresar sus opiniones sin temor" , salvo si se trata de opiniones "subversivos", marxistas revolucionarios, "'anarcoespontane itas". El periódico "The Sun" del 2 de febrero de 1977 informa que el diputado laborista de derecha Neville Trotter ocusa a un grupo de jóvenes socialistas de haber distri -butdo "panfletos infames" que "provocan la anarquía" en una escuela de Newcastle. Los volantes en cuestión tenian por finalidad organizar una protesta contra el castigo corporal de que eran objeto los muchachos y chi cas. Cuál es el crimen al que alude Trotter? Bombas? Atentados terroristos? En absoluto. Consiste en distribuir panfletos, en expresar convicciones. Y de qué con vicciones se trato? De la dictadura del proletariado? INi siquiera! IDe la necesidad que experimentan los estudiantes del liceo de organizorse para combatir el castigo corporal y la agresión policiaca! Shirley Williams está a favor del castigo corporal, instifución bárbara y despótica como pocas? La ignoramos.
Está dispuesta a garantizar el derecho a la agitación por medio de la palabra oral y escrita contra esa institución bárbara, aún cuando a consecuencia de la "libertad de convicción" expresada mediante los volantes se instale la "anarquía" en la escuela? Abrigamos serios dudas al respecto pero estaríamos felices de equivocarnos. No obstante, si nuestras sospechos se confirman, qué implica eso sino que la "ley y el orden" de los déspatas que Infligen castigos es más importante, para los dirigentes socialdemócratas, que la defensa integral de la libertad de palabra y de prensa, y que están dispuestos a emplear la represión y a limitar la libertad de prensa para evifar Ta "agitación" y Ta "anarqufa"'? Entonces, la fôr -mula de S.Wtlliams se transforma en : "Estamos dispuestos a garantizar el derecho de todo ser humano para expresar libremente sus convicciones, salvo cuando esa expresión amenace realmente"elorden y la ley" de la burguesia, es decir, la explotación capitalista. O tomemos otro caso. Bajo el gobierno del primer ministro socialdemócrata Heimut Schmidt, todo persona que en la REA "exprese opiniones" marxistas, para no decir marxistas revolucionarios, sabe que ya no obten drá empleos publicos . Acaso eso no implico el "temor a las consecuencias" y una intimidación enorme, principalmente para cientos de miles de estudiantes que no tienen otra posibilidad que aspirar a un empleo en la docencia pública? No tenemos conocimiento de que 5. Williams haya emprendido una vigorosa campaña por la libertad de convicción, de expresión y de prensa revolucionarios ni de los socialistas marxistas alemanes. Sin duda, habrá que concluir una vez más que, ubicados ante la opción de "defender el orden y la ley burgueses" o "defender Integramente la libertad de convicción de todos los individuos sin que exista el temor por las consecuencias", los líderes socialdemócratas prefieren defender el capitalismo y restringir las libertades democráticas. Se nos podría objetar: el caso que Ud. plantea sólo se refire a la limitación de los derechos de algunos miles o decenas de miles de "exaltados" revolucionarios, peligrosos agitadores. Tal objeción ya sería incoherente puesto que es la propia S. Williams quien. Insiste en la necesidad de reconocer y garantizar el derecho a la libertad de opinión para todos los individuos. Por qué, entonces reconocer esa libertad a la minoria (muy pequeña, de la gran burguesta y negársela a la minoria revolucionaria? Sea como fuere, la dinámica concreta -confirmada por to de la experiencia reciente- demuestra que la limitación de las libertades democráticas con respecto a las "pequeñas minorías revolucionarios" es sólo el comienza (cuando no el pretexto? de una represión mucho más vasta con tra un ala entera del movimiento obrero organizado, si no contra la clase obrera en su conjunto. En la situación de crisis social progresiva del capitalismo tardio, ante la caída pronunciada de la tasa medio de ganancia, ante la prolongación de condiciones que oscilan en torno a la "stagflation" ¿ el capitalismo puede tolerar cada vez menos el derecho de huelga sin restricciones, la liber -tod de negociar los salarios, la libre organización de la lucha obrera contra la imolacable lucha de clase que lleva a cabo el gran capital, principalmente mediante. la reintroducción de la desocupación estructinal masiva, de la ofensiva universal de la burguesia por una polftica
de ingresos, apoyada con entusiasmo por la derecha soclaldemócrata. Ahora bien, en las condiciones actuales en que se hallan las relaciones de fuerza entre las clases, resulta imposible imponer la política de ingresos sin limitar el derecho a la libre expresión. Cómo es posible ilegalizar las huelgos salvajes sin reprimir la convocatoria a las mismos? Cómo es posible ilegalizar la ocupa -ción de fábricas sin reprimir la defenso escrita de tales ocupaciones? Cómo es posible legalizar el despido de "agitadores peligrosos" de las empresas, sin reprimir la libertod de hacer uso de la palabra, los panfletos, los periódicos que convocan a la solidaridad activa con los trabajadores despedidos? Los dirigentes del SPD que pusieron en marcha la máquina infernal de la represión en Alemania Occidental, aho ra ya se ven enfrentados con una situación en la cual una parte de su propia organización estó sujeta a la represión estatal por razones de opinión. Para los Franz-Joseph Strauss, la "agitación" a favor de la apropiación colectiva de los medios de producción sería "contraria a la Constitución". IPero esa apropiación colectiva se encuentra en el programa de base del DGB, el TUC alemán! Acaso se puede ser ingenuo hasta el punto de no comprender que, para la burguesia británica, la caza de brujas dentro de l Partido Laboristo en contra de los frotskistas es sólo la preparación, si no el pretexto, de una represión empresarial y estatal contra los militantes sindicales más combativos y el ala más combativa del proletariado? La lógica implacable de la lucha de clases En ese sentido, la identificación que hace la socialdemocracia entre "democracia representativa", instituciones del estado burgués democrático, gobierno por "consenso" con la burguesta y libertades democráticas, la conduce a verdoderos desostres suicidas. El "consenso" con la burguesta y el respeto al aparato de estado burgués es sólo parcialmente compatible con la sobrevivencia de las libertades democráticas para las masos en los períodos relativamente estables y prósperos de la sociedad burgueso. Cuando la inestabilidad social y económica se va agravando cada vez más, las contradicciones sociales se agudizan de tal manera que la burguesia trata de aplastar la libertod de acción y de organiza -ción del movimiento obrero, incluida la socialdemocracia. Para tal fin se vale del aparato de estado permanen te, cuyo elemento decisivo es el aparato de represión. El único medio para evitar el advenimiento de dictaduras sangrientas cuando desaparece la base objetiva de la democracia parlamentaria, es la movilización y la acción extraparlamentaria de las mosas, a los efectos de interrumpir a tiempo a los conspiradores y a sus inspiradores, es decir, quebrar el aparato represivo de la burguesta. Pero, para los socialdemócratas, es abandonar el terreno de la "legalidad" y del "consenso", Al aferrarse al impotente Parlamente hasta 5 minutos después de la medianoche, asisten impotentes a la liquidación de las libertades democráticas y a su propia destrucción, por negarse a la única defensa posible de dichos libertades, que consiste en la movilización sin trabas de los musas, haciendo caso omiso de la "ley y el orden" de la burgueAl frenar, al dividir, al desalentar o aún al romper esta movilización en un período de enfrentamiento globa l inevitable entre las clases, los dirigentes socialdemócratas cavan su propia tumba y la de las libertades democráticas. Los trágicos ejemplos de la llegada al poder de Hitler, de Franco, de Pinochet, atestiguan el precio de sangre que ha pagado la humanidad por el cretinismo parlamentario. Paro eso no puede suceder entre nosotros; aquí el ejército tiene una tradición profundamente democrática y constitucional" ", replicarán los S. Williams y Calloghan, tal como lo afirmaba Allende en Chile, no es cierto? Todas las citas del discurso de S. Williams proceden del diario "The Guardian" del 22 de enero de 1977. En el mismo número del mismo periódico, en la página 24 y bajo el título revelador de "Los sindicatos contribuyeron a evitarun golpe", leemos el siguiente extracto de un discurso del principal di rigente sindical británico, Jack Jones: "Hace dos años, hubiéramos podido hallamos fácilmente frente a un golpe de estado en Gran Bretaña. Había gran temor por la hiperinflación. Se trataba de terminar con la democracia." Al ser interrogado más tarde, J.Jones insistió sobre el hecho de que había "habladurios" en las cimas de la sociedad, que esos sectares -el coronel tal y el capitán cual- se hallaban siempre en sus puestos, Según él, no estaban interesados en asegurar condiciones decentes para los trabajadores de Gran Bretaña; querían garantizar que los trabajodores llevaran la peor parte. La reacción típica de los socialdemócratas ante una situación semejante consiste en retroceder, andar con rodeos, desmovilizar a las masas "para no provocar a la reacción ". Si la crisis social es grave, ése es el comino más seguro hacia el golpe de estado. Ciertamente, Gran Bretaña no está todavia en tal situación. Pero el Chile de 1973, la España de 1936, la Alemania de 1933 llegaron a ella, principalmente porque el cretinismo parlamentario y la negativa a defender las libertodes democráticas de manera eficaz abrieron la vía para la dictadura. Y el general inglés Kitson no es mucho mejor que el general chileno Pinochet, en condiciones análogos que mañana podrian darse igualmente en Gran Bretaña. Una bella leyenda árabe, retomada por el autor inglés Somersat Maughan, relata cómo el servidor de un comerclante de Bagdad se asusta al encontrar a la Muerte en el mercodo y entonces huye hacia Samara, "Pero por qué has espantado a mi servidor?" , le pregunta el mercoder a la Muerte. "No quise asustarlo en absoluto" , le responde la Muerte. "Solamente hice un gesto de sorpresa puesto que la vela en Bagdad y esta noche tengo cita con di en Samara". Shirley Williams quiere defender la "democracia". Al mismo tiempo, no quiere romper el consenso con la burguesta y respetar a toda costa "el orden y la ley" del gran capital, defendido por un aparato de represión que es antidemocrático por naturaleza. Que esté alerta, entonces, en el camino a Samara, donde se cierne la sombra de Hitler, de Franco, de Pinochet.
3 de febrero de 1977