Inprecor en castellano

Archivo de la revista de información y análisis de la IV Internacional

Gran Bretaña: La crisis económica y los sindicatos

· Inprecor (primera serie) n.º 65, enero de 1977 · pp. 7-14 · 5.522 palabras

Sindicalismo Gran Bretaña Economía mundial Mujeres y feminismo

- FIVE

_POUNDS

gran bretaña los sindicatos crisis económica

Tres rasgos de la lucha de clases en Gran Bretaña han atraido poderosamente la atención internacional estos últimos meses: la crisis económica y la caída de la tasa de cambio de la libra esterlina; los derrotas regis -tradas por el Partido Laborista en algunas elecciones parciales; la importante disminución del número de huel gas y conflictos laborales. Las causas fundamentales de la crisis económica fueron analizadas en un número anterior de INPRECOR (40-4l del 18.12.75). Las derrotas electorales del Partido Laborista no son particularmente diffciles de analizar. Todo gobierno Fundado sobre un partido que invaca a la clase obrera y que impone una calda del 8% al nivel de vida de esa misma clase, ast como también la duplicación de la desocupación y Fuertes reducciones a los gastos sociales, fendrá que su Frir inevitablemente las consecuencias electorales de ello. Las experiencias laboristas en Gran Bretaña no hacen más que confirmar las lecciones de Dinamarca, Australia y Nueva Zelandia: todo partido socialdemócrata que, en el periodo actual, lleve odelante abiertamente una política de derecha sufrirá serios reveses electorales. Sin embargo, el análisis del tercer rasgo - la significativa disminución de las luchas de masos de la clase obrera- no sólo es el más difícil sino también el más urgente para los marxistas revolucionarios. Peso de las luchas sindicales En el transcurso de los ocho ditimos años, las luchas sindicales constituyeron la principal expresión masiva de los modificaciones de las relaciones de fuerza entre los clases en Gran Bretaña. Los sindicatos, con Il millones de miembros, son numéricamente las organizaciones más importantes de la clase obrera.

y la

Alan JONES Pero más allá de esta constatación, no hay ninguna ofra manifestoción de la lucha de clases que pueda ser comparada, ni siquiera remotamente, con las luchas encabezadas por los sindicatos, que llegaron a movitizar haste 3 y 4 millones de trabajodores en acciones de masos orientodas hocia objetivos salariales o de otra indole, para no mencionar los 250.000 a 1.500.000 trabajodores que participaron en huelgas polfticas contra las leyes antisindicales, los |40.000 que se movilizaron en manifestociones contra la Industria | Relations Bill, los |00.000 que manifestaron una octivada solidaridad con los trabajadores de los astilleros Clyde en Escocia, o los 20.000 trabajadores que se comprometieron en formas de lucho polfricamente muy avanzada durante la huelgo de mineros de 1972. En el transcurso de los ocho últimos años los luchas sindicales de masas señalaron uno de los virajes más importantes en la relación global de fuerzas entre las clases en el pais. Los hechos más significativos, desde el punto de vista poltico, tal como la caida del gobierno tory de Edward Heath, deben imputarse directamente a las consecuencios de esas luchos. En suma, tales luchas constituyeron la principal fuerza motriz de la crisis y deter minaron la relación de fuerzo, Además, ningún and -lisis llegó a demostrar de manera convincente que exista un potencial real de acción de masas, a una escala semejante, en torno a otros objetivos. Por consiguiente, cualquier concepción de la lucha de clases que no prevea una reanudación de conflictos sindicales importantes y que al mismo tiempo mantenga que la clase obrero no ha sufrido mayor derrota, se basa en la falsa nocián de que una crisis pollica puede resolvene a fa -vor de la close obrera sin que medie la intervención decisiva de las masos en el campo de la lucha de clases que se abre. De aht que se desprende que, si las luchos bindica fomunica de masas hubieran entrado en un período de declini -

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ción pralongoda, comparable con el período previo a 1968, en Gran Bretaño se habría creado una situación cualitativamente nueva y menos favorable para la clase abrero. Ninguna victoria en otro terreno estaría en condiciones de compensar las consecuencias de una derrota semejante. El conjunto de la actividod y de las ven fuertemente afectados, pues, por el hecho de si pue perspectivas de los revolucionarios en Gran Bretaña se den o no prever un nuevo ascenso de los luchas de masas de la clase obrera luego del reciente reflujo. El ciclo industrial En el reciente reflujo de las luchas sindicales de mosas Intervinien numerosos factores. No se trata solamente de la situación económica, sino también de elementos sociales y polfticos tales como las ilusiones que aún se hace la clase obrera con el Partido Laborista, el papel de la izquierda laborista, las desarrollos en el seno del partido conservador, la crisis del arden polfrico Durgués en Escocio, etc. Aqui nos concentraremos, sin embargo, en un sólo aspecto determinante: la relación entre la crisis económi ca y el nivel de las luchas sindicales de masas. La recesión de 1974-75 precipitó al capitalismo británico en una fase económica cualitativamente nueva. Es un periodo que se puede caracterizar como de estancamiento de las fuerzas productivas, sin que se registre todavía una declinación. El período precedente -el de la expansión de posguerra- había re gistrado un incremento global de las fuerzas productivas, a pesar de todas las fluctuaciones. No es , por lo tanto, un accidente que los luchas sindicales de masas hayan sido la principal característica de la lucha de clases en Gran Bretaña durante los Gitimos años. La fuerza motriz de la crisis del capitalismo británico es la caldo precipitada de la tasa de ganancia. Para que se incrementara nuevamente habria que sostener una ofensiva declarada contra la clase obrera, con el objeto de elevar el nivel de explotación de manera cualitativa. Ademós habria que privar a la clase obrera de buena parte de los logros obtenidos durante todo el periodo de posguerra. El mayor obstáculo para una ofensiva burgueso de esa envergadura es la fuerza organizativa y la combatividad de las organizociones de masas de los trabjodores, en especial de los sindicatos. Por otra parte, la realidad mismo de la crisis económico explica por qué la lucha emprendida en torno al indice de explotación resultó ser el centro de la crisis pollico. La capacidad de la clase capitalista para hocer Frente a los otros problemas está determinada muy directamente por el no rgen de maniobra económica suplemen taria que podría ganar imponiendo una derrota a la cla se obrera, Dentro del contexto actual de Gran Bretaña, toda lucha económica importante tiende casi inevitable mente a odquirir al carácter de crisis polftica. Ante la relación de fuerzo que prevalece actualmente entre las clases, sólo mediante una intervención directa del estado burgués la clase capitalista puede confiar en lograr victorias, como quedó demostrado en diferentes crisis, ya se tratara de la polttica de ingresos, de las leyes antisindicales o de los conflictos en los trusts de British Leyland y Chrysler.

Afiliación sindical Es bien sabido que el imperialismo británico logró imponer un poderoso reformismo y un profundo subdesarrollo palttico al movimiento abrero británico, mediante maniobras politicas y concesiones económicas que fueron posibles debido a la enorme fuerza internacional adquirida por este imperialismo durante el siglo XIX. Pero, el proceso tiene tambión un complemento dialéctico. El capitalismo británico logró comprar el retraso poltrico y el reformismo del movimiento obrero al precio de permitir que la clase obrera creara organizaciones más poderosas, con lás cuales podía defender sus intereses económicos mejor que cualquier clase obrera de Europo. El problema clave de la etapa actual reside en que la burguesta ya no puede adaptarse a estas organizaciones poderosas, dado el período de dec linación histórico por el que atraviesa el imperialismo británico. A pesar de la existencia de una burocracia obrera fuer temente integracionista, resulta inconcebible que la burguesta puede imponer a la clase obrera el fipo de derrota que requiere la crisis actual, salvo que esas organizaciones estén considerablemente debilitadas. El problema estratégico central que enfrenta la burguesta desde el punto de vista económico consiste en hallar un medio para debilitar dichas organizociones sin provocar simultáneamente las condiciones que permitan que la clase obrera rompa con el reformismo poInico que la ha dominado históricamente, En tal con -texto, una de las elementos más decisivos de la crisis posterior al 68 fue que la afiliación sindica e leños de decaer, entró en una fase de expansióndini precedenres, desde fines de la segunda guerra mundial.

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Esa expansión de la afiliación resulta mucho más notable si se la ubica en el contexto social y económico. En Gran Bretañia, el empleo asalariado disminuia incluso antes de sobrevenir la recesión de 1974. Había 23, 3 millones de trabajadores en 1966 contra 22 millones en 1971. (Todas las cifros que suministramos pro -vienen, salvo mención contraria, del excelente artículo de john Hughes titulado "Esquema de crecimiento de los sindicatos", publicado en "Trade Union Register", 1973). Además, esa declinación habla alcanzado proporciones dramáticas en los industrios manufoctureras y en los otros sectores que tradicionalmente registraban mayor afiliación. Por otra parte, el trabajo manual, bastión tradicional de reclutamiento sindical, experimentaba un severo retroceso en todas las ramas. No obstante, a pesar de la situación económica desfavorable, el indice de afiliación sindical se elevó poderosamente a partir de 1968, como lo demuestran las cifras del cuadro 1.

afilioción en %de cuadro 1 nro.de afiliados población activa.-

1967 9,747,000 42.5

1968 9,745,000 43

1969 10,004,000 44

1970 10, 685,000 47.5

1971 10,619,000 48

El incremento entre 1908 y 1971 representa la afiliación suplementaria de 600.000 hombres y 400.000 mujeres. Un perfodo de crecimiento de la desocupación no re -gistró una merma sino un considerable aumento del nümero de afiliados. Si detallamos las cifras brutas, se manifiesto con claridad la evolución de la situación en el interior de los sindicatos. En primer lugar, los sindicatos de la industria pesada registraron un incremento considerable en el grado de organización de la base durante todo el período de posguerra, especialmente en lo que se refiere al nûme -ro de delegados de base. En la Amalgamated Union of Engineering Workers (ALE), su número se incrementó en un 50% entre 1947 y 196l, la que representa tres veces el aumento de la cantidad de trabajodores manua -les en estas fábricas. Eni el transcurso del periodo que abarca el fin de los años 60 y el comienzo de los años 70, la organización de los delegados de base se desarollá rápidamente en nuevos sectores, como por ejemplo entre los empleados y el sector salud. Por consi -guiente, mientras que al comienzo de los años 60 el número de delegados de base era de aproximadamente 175.000 a 200.000, en la actualidad se eleva a más de 300,000, Eso significa que el incremento numérico está acompañado por una consolidación y un fortaleci -miento de la organización sindical. La segunda tendencia es una expansión evidente de los sindicatos en nuevos sectores, particularmente el sector público, los empleados y las mujeres trabajadoras. Los afiliados del mayor sindicato de trabajodares no manuales (NALGO) aumentaron en número de 100.000 entre el do y el 71. Los miembros del mayor sindicato del sector público (CPSA) crecieron en 36.000 adherentes. En 1976, el CPSA contaba con 220.000 miembros y el NAL GO con 625.000. EI NUP, principal sindicato de los trabajadores manuales en el sector público, contaba con 600.000 adherentes. El incremento en el sector privado se pone de manifiesto en la cantidad de miembros que poseen los 4 principales sindicatos que organizan a trabajadores no manuales en los sectores mecánico y bancario.

cuadro 2 AFILIADOS (EN MILLARES) 1966 1971 ASTMS (empleados comerciales e industriales). 72 250 APEX (empleados técnicos) 76 118 AUEW (técnicos y empleadas industr.) 73 101 NUBE (bancos) 58 U.* TOTAL 279 CEDOC g

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También se manifestó un incremento particularmente elevado de afiliaciones sindicales entre lasmujeres, lo que confirma el incremento de miembros en los sectores de empleados públicos y privados, donde el porcentaje de mujeres es elevado. La afiliación sindical pasó de 1,9 millones en 1906 a 2,0 millones en 1971, lo que hace crecer el porcentaje de mujeres afiliados, que trabajan a tiempo completo, del 24% en 1960 a más del 30% en 1971. El aumento de la cantidod de mujeres afiliados en el transcurso de los últimos diez años fue de apraximadamente 1.097.000; para los hombres, fue de 605.000. Existen 23 sindicatos afiliados al TUC (Trade Union Congres), con una composición predominante -mente femenina, mientras que la opresión de las mujeres en el movimiento obrero se revela en el hecho de que sólo el 2% de las funcionarios sindicales son mujeres.

cuadro 3

Número de jomadas perdidas por huelgas (en millares)

1966

1967

1968

1969

1970

1971

1972

1973

1974

Times, August 16, 1976, for 1973 and 1974.)

Las luchas sindicales En tanto que los sindicatos registraron una notable expansión durante el pasado período, otro elemento -la explosión de huelgos masivas- es el que realmente mar có la modificación más importante a partir de 1968.Es posible constatarlo remitiéndose a las cifras que revelan el número de jornadas de trabajo perdidas por huelgas. En lo que respecto a las tendencias más precisas que revelan esas cifias en principio podemos advartir que el número efectivo de huelgos se incrementó mós lentamen te que el de las jomadas perdidas a causa de los huel= gas, tal como lo demuestran las cantidades del cuadro 4.

2,398

2,787

4,690

6,846

10,980

13,551

23,904

7,197

14,750

(Source Hyman, "Industrial Conflict and Political Econmy, " in Socialist Register, 1973 for 1966-72, Financial

DU3S

DU39 3

DUas 38P y la libra que se retrae constantemente cuadro 4

1966

1967

1968

1969

1970

1971

1972

1973

1974

(la misma fuenia que el cuadro precedente)

perior al del año más bajo de 1960, lo que significa yor cantidad de trabajodores.

Las siguientes estodisticas ast lo prueban:(cuadro 5)

cuadro 5 número de huelgas

2.282

1975

1776

1,800

El primer ministro James Callaghan, el ministro de hacienda número de huelgos

1,937

2,116

2,378

3,116

3,906

2,228

2,470

2,873

2,922

En sintesis, aún cuando el número de jornadas perdidos por huelgas en los años 70 era 12 veces superior al registrado en el periodo más bajo de los años 60, el número de huelgas en el año record - 1970- sólo era un 50% suque, a pesar de que el número de huelgas no haya aumentado, las luchas se prolongaban e involucraban a ma

En las huelgas de 1972, año pico, participó una cantidad de trabajadores casi dos veces superior (alrededor de l.705.000) con respecto a 1967 (73l,000). La duración promedio de las huelgas pasó de 4 dias en 1967 a

14 dias en I972. Por consiguiente, las luchas arrastraban a nuevos estratos de trabajadores y cada conflicto duraba más tiempo y era más duro que durante los años

50 y 60, No obstante, cualquiera sea el criterio elegido -el número de huelgas o la cantidad de jornadas perdidos por huelga-, es evidente que en el transcurso de los dos últimos años y particularmente en 1976, el nivel de las luchas ha declinado de manera decisiva.

jomadas perdidas (en millares)

6.021

3.000

*extropolación a partir de los seis meses primeros del año. Fuente: el "Financial Times" del 16-8-76.-

AB iblioteca de Comunicació meroteca General

CEDOC

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El número de dios perdidos por huelga estuvo, pues, por debajo del correspondiente a 1968 en lo que hace a los seis primeros meses de 1976. En lo que respecto al número de huelgas, el cambio fue aún más significativo: hubo menos huelgas en la primera mitad de 1976 de las que hubo en cualquier año que se considere a partir de 1953. De los cifras surge claramente que la situación es paradójica. En el transcurso del período anterior a 1968, ounque la estructura sindical se hubiera reforzado, el nivel de las luchos sindicales era relativamente bajo y la inserción sindical experimentaba un estancamiento e incluso una declinación con relación a la fuer za de trabajo. Después de 1968, pudimos constatar una fuerte recuperación de las luchas sindicales acompañado por una expansión importante de la afiliación sindical. Sin embargo, durante los dos últimos años, la tendencia de las luchas de c lase y la de la afiliación sindical siguieron caminos completamente divergentes. La tendencia de las luchas bajó, mientras que la de la afiliación siguió creciendo, El TUC, durante su congreso de setiembre , dió cuento de un total de afiliados que llegaba a I1.036.000 miembros ("Tribune" del 10 de retiembre de Se pueden ofrecer dos explicociones para este fenómeno mós bien desconcertante. La primera consiste en que el mantenimiento del crecimiento de la afiliación sindical es sólo una comecuencia tardia de la situación procedente de luchas agudos; es decir que el alza de las luchas produjo un fenómeno de afiliación que prosiguió una vez que dicha alza se hubo agotado. Si esta explicación es correcta, cabria esperar, a corto pla • zo, una inversión de la tendencia en lo que respecto a la tasa de afiliación. La segunda explicación es que, por el contrario, el mantenimiento del crecimiento sindical reflejo que, a pesar de un retroceso temporario, la combatividad de la clase obrera permanece esencial mente intacta y que el viraje cualitativo de 1968 no se ha frastocado. Esta última explicoción conllevo, evidentemente, implicociones importantes para las perspectivas de la lucha de clases. No sólo significo que tendriamos que esperar un nuevo ascenso de las luchas de masas; también posee implicaciones en cuanto al nivel de con -ciencia del conjunto de la clase obrero. En afecto, los trabajadores no se unen porque si a las organizaciones sindicales. Si la tendencia a la adhesión se extiende a sectores coda vez mayores de trabajodores, significa que, a pesar de reveses temporarios, la clase abrera ha podido ser convencido, -al menos en lo que respecta a ciertos problemas- de que ya no es posible hallar soluciones a través de las organizaciones sin -dicales. Optar por una de ambas interpretaciones sobre la disparidad entre el nivel de las luchas y el de la afillación revista, pues, una importancia suma. Es posible hacerse una idea más exacta examinando más aten tamente las tendencias de la lucha durante el período que sigue a 1968.

Tipos de lucha

El primer punto a tener en cuenta es que la aparente estabilidad en el número de huelgos, a partir de 1908, ocultabo de hecho tendencias muy diversas. En primer lugar, durante los años 50 y a comienzos de los años 60, hubo una gran cantidad de huelgas de escasa envergodura en el sector minero (al promediar los años 50, este fipo de huelgas representaba las 3/4 partes de todos los paros laborales). Disminuyeron grandemen te con la abolición del sistema de trabajo a destajo, hacia mediados de los años d0. Al promediar los años 70, únicamente un 12% del total de las huelgas realizadas tuvo lugar en la industria minera | "Financial Times" del 16-8-76). Así, pues, la aparente estabilidad del número de huelgos ocultaba la importante extensión de las mismos hacia nuevos y más amplios estratos , como la hablamos ya deducido de las cifras sobre el número de trabajadores involucrados en las huelgas. En segundo lugar, esa extensión de las luchos en la industria se habia concentrodo poderosamente en un incremento del número de conflictos relativos a los sa -Tarios, como puede apreciarse comparando el número total de huelgas con el número total de huelgas por aumentos de salarios.

cuadro 6 nro. huelgas huelgos por salarios aumento de % del fotal les an

1960 2,832 471 17

1961 2,686 458 17

1962 2,449 380 16

1963 2,068 393 19

1964 2,524 540 22

1965 2,354 648 28

1966 1,937 431 22

1967 2,16 638 30

1968 2,378 925 39

1969 3,116 1,542 49

1970 3,906 2,162 55

1971 2,228 890 40

1972 2,470 1,216 49

(Fuente: Hyman, op. cit.) La cantidad de jornadas perdidas por huelga resulta aún más elocuente. Hacia el comienzo de los años 70, cerca de la mitad de los paros laborales se debía a reivindicaciones salariales, igual que el 80% de las jornadas perdidos ("Financial Times" del 26-7-76 y del 16-8-76). En otros términos, aunque se hayan verificado algunas otras luchas importantes -sobre la desocupación, por ejemplo- el enorme incremento de las luchas obreras luego de 1968 se concentró fuertemente en una explosión masiva de conflictos salariales. El explosivo carácter polfhico de esta situación no provenía de la naturaleza mismo de las reivindicaciones, sino del hecho de que el decrépito copitalismo inglés ya no estaba en condiciones de conceder semejantes aumentos de salario y de que el estado burgués se vela obligado a intervenir.. para establecer polticos de ingresos o legislaciones antisindicales, con el objato de combatis las. luchasunicació Por eso, estos luchos odquirieron un caráctemable ditan te polftico.

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Por consiguiente, es totalmente correcto observar que las luchas reivindicativas de los masas y los esfuerzos desple godos por el estado para detenerlas fueron los ejes politicos centrales de la situación Por otra parte, el re =

Flujo de esas luchas fue suficiente para destacar con clg ridad el corácter limitado de las luchas que llevó adelan te la clase obrera (lo cual no significa que algunos sec-"

tores de vanguardia no hayan ido más lejos). Aqui se ven reflejados los importantes limites en el avance de la conciencia de masa de la clase obrera. Lo que explíca el reflujo de las luchas es, antes que nada, el de - rrumbe de las luchas por los reivindicaciones salariales ocurrido o partir del verano de 1975. Por supuesto, eso no significo que la declinación no se haya producido también en otros tipos de lucha. Por el contrario, resulta muy significativo constatar que no hubo luchas contra los licenciamientos comparables a las que se desa - rollaron por los astilleros de la Clyde m 197|; pero es sobre todo en la disminución de los conflictos salariales donde hay que buscar las razones de la baja general del nivel de lucho. Por lo tanto, es necesario investigar los razones de dicha declinación y la conciencia cambiante que representa para la clase obrera.

cuadro 7 desocupados año

(000)

1947

1948

1949

1950

1951

1952

1953

1954

1955

1956

1957

1958

1959

1960

1961

1962

1963

1964

1965

1966

1967

1968

1969

1970

1971

1972

1973

1974

1975

1976 huelgas jornadas perdidas-

(000)

2433

1944

1807

1389

1694

1792

2184

2457

3781

2U83

8412/2252(*)

3462

5270

3024

R046

5798/1289(**)

1755

2277

2925

1937

2116

4690/3190(***)

2378

3116

3906

2228

2470

2873

2922

14750

6021

2282

1800

3000

La inflación y los salarios ciclo de la desocupación.

mecánicos, lo que representa 1,5 millones de jornadas ron deducidos del fotol.

Fuentes: "British Economy Key Statistics"

para la desocupación 1974-75; "British..

laron a partir de los 6 primeros meses del año.

Los factores más evidentes del descenso de la militancia salarial son la creciente desocupación y la política de ingresos del gobierno. El "Financial Times" del 16 de agosto del 76 ve asf las cosas: "El empresariado del sector mecánico, por ejemplo, donde las huelgas disminuyeron en más de la mitad an el curso del período enero-junio, por comparación al año pasado, consideran que esas cifras se explican con facilidad, el crecimiento de la desocupación asusta a los militantes y la política de ingresos retira el dinero en circulación".

Sin embargo la realidad es más compleja. Hay que tomar en consideración otros elementos para explicar el descenso masivo que actualmente se registra en los luchas. Se lo podría ilustrar con ayuda del cuadro 7, en el cual las líneas horizontales indican los virajes en el (*) La cifra excepcional de b millones de dias de huelga se debe principalmente a los 4 --tilones de jornadas perdidas durante la huelga de los metalúrgicos y a las poco más de 2 millones de jornadas perdidas durante la huelga de los trabajadores de los astilleros. Estas eran esencialmente huelgas de protesta. La segunda crifra responde al total, menos las jornadas perdidos durante ambas huelgas. (**)Dos huelgas de un dia en la construcción mecánica, en 1962, representaron la pérdida de 3,5 millones de jornadas de trabajo. Como su carácter de protesta distorsiona las cifras, el total se expresa como en el caso anterior. (***) Ese año tuvo lugar una huelgo de un día en talleres: que se perdieron. Como en los casos anteriores éstas fue-

, para la desocupación 1951-69 Field: .... para la desocupación 1971-73 publicado por Counter-Information Services, *, para las estodisticos de huelga de 1947-60; Hyman, op. cit., para las estadísticas de huelga de 1961-72; Financial Times" del ló de agosto de 1976, para las estadisticas de huelga de 1973-75; las estadísticas de huelga para 1976 se extrapo-

UAB CEDOC

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Como se puede apreciar por estos datos, no hay un lazo evidente entre el aumento de la desocupación y la reducción del indice de huelgas en los ciclos preceden tes al actual. Por el contrario, en el transcurso de los cinco ciclos anteriores del período de posquerra, dos años pico en materia de desocupación, 1952 y 1967-68, no tuvieron como consecuencia reducir el número de huelgos. Los años 1959 y 1972 fueron años pico fanto para la desocupación como para las luchos huelguistas. El año 1963 fue el único que registró un descenso en las luchas, que se corresponde con un importante incre -mento de la desocupación.

Sin embargo, hay signos más precisos en cuanto al im-

pacto del resurgimiento de la desocupación. De los cuatro años durante los cuales empezó a crecer la desocupación en el viraje del ciclo industrial, dos de eIlos -1956 y 1966- estuvieron marcados por una disminución del número de jornadas perdidos por huelga. En 196l, el número de jornadas perdidas por huelga permaneció casi estático y el año 1970 fue el único que re -gistró un aumento en ese rubro. Se puede admitir que esas comparaciones sóla fienen un alcance limitado en razón del impacto netamente superior que tendrá la desocupación en el cielo actual, tanto en términos de seguridod como en términos de duración. Sin embargo, aunque es evidente que la reaparición de la desocupación masiva influye sobre la militancia, queda por demostrarse si por si sola podria explicar el fenómeno global. Esto se confirma tambiên mediante otras comparaciones que se pueden efectuar. Los años previas a la desocupación más elevada, 1971 y 1972, fueron asimismo años de expansión e incremento de las luchos, mientras que las dos ciudades famosas por su nivel de combatividad sindical -Glasgow y Liverpool- precisamente son ciudades donde la desocupación es extremadamente elevada. Indudablemente la desocupación desempeña un papel importante para determinar el nivel de las luchas sindicales. Pero para tener una idea acobada de los factores determinantes del reflujo de los últimos años hay que tomar en consideración otros elementos. Política de ingreses El segundo elemento es la polftico de ingresos, Tradicionalmente, el incremento de la desocupación y la politica de ingresos han sido los dos armas que la burguesia ha utilizado alternativamente para contener el nivel de los salarios. Las principales polfticas de in -gresos implementadas desde la segundo guerra mundial son las siguientes: la Selwyn Lloyd Pay Pause del 6l-62; el bloqueo efectuado por el gobierno laborista y seguido por los Imites de 33, luego 2} y finalmente 4}. impuestos en el período 66-69; los Fases 1-IIl del gobierno conservodor de Heath entre 1973 y mediados de 1974. En otros palabros, a partir de 1960, los únicos años que escaparon a la política de ingresos declarado fueron 1963 y 64, precisamente años pico de la desocupación durante ese ciclo industrial, y 1970-72, años pico de la desocupación en el ciclo siguiente. Con respecto a las consecuencias de dichas políticas sobre las luchas sindicales, la polfica de 1961-62 coin -cidió con un leve reflujo del número de huelgas y una re ducción más bien marcado del número de dias de huelgos (más del 50% con el ajuste de las huelgas en la cons trucción mecánica). La de 1969 coincidió también con una ligera disminución del número de huelgos y una cier ta reducción (aproximadamente del 10%%) de la cantidad" de jornodas perdidas. El perTodo extendido entre 1973 y mediados de 1974 marcó un aumento del número de huel gos pero una notable caida de las jornados perdidos (menos del 66%6); sin embargo, la comparación con el año récord 1972 introduce una leve exageración en la reprer sentación de esta tendencia. En resumidas cuentos, las polificas de ingresos que se sucedieron tuvieron más peso sobre la reducción de los luchas militantes que el incremento de la desocupación, lo que resulta lógico si se considera el importante papel que tuvieron las luchas salariales en el número de jor -nadas perdidas. Además, la polftica de ingresos actualmente vigente se implementa más bien simultáneamente con un incremento de la desocupoción y no ya alternotivamente. Es una combinación que resulta perte heració mente temible.

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Incidencia en los salarios reales El tercer elemento de la situación -y el que se modificó más radicalmente o partir de la recesión de 1971-72consiste en la incidencia que tienen los luchas obreras sobre los salarios reales. Aqui es importante odvertir que existio una base material muy real que justificaba la explosión de los luchas salariales entre 1968 y 1974. Los aumentos salariales logrados por los trabajadores en el transcurso de este periodo representan genuinas mejoras en fus ingresos. El cuadro 8 muestro con claridad la evolución.

cuadro 8 EVOLUCION DEL SALARIO REAL EN PENINIFE (poder adquisitivo de 1963) 1963-64 +50 1964-65 -17 1905-06 +44 1966-67 -22

1967-08 +20

1958-59 429

1909-70 +39

1970-71 +33

1971-72 +107

1972-73 +69

(Source: Bacon and Elria, Britain's Economic Problem:

Too Few Producen, p. 164.) Los cifras referidos a la evolución de los gastos personales muestran la misma evolución. Si se elige el nivel de 1948 como Indice 100, el volumen de los gastos personales era de 147 en 1968. Llegó a 172 en 1972 (Lloyds Bank Review, abril de 1976). En suma, luego de un período de fluctuación y estancamiento durante los años 00, la ola de huelgas posterior a 1968 aportó a la clase obrera seis años de aumentos ininterrumpidos en los ingresos reales. Sólo cuando los conservadores implementaron la nueva polftico de ingresos en 1973, los salarios disminuyeron en términos reales 69 p. en 1973-74, Por consiguiente, durante los seis primeros años de la nueva ola de luchos, la incidencia de la combatividad sindical es e lara en términos de salario real. La situación resulta muy diferente en el período que va de 1974 a 1976. Luego del retroceso de 1973, la clase obrera lanzó una ofensiva de gran envergadura. La canridad de jornadas perdidas por huelga, en 1974, ocupa el segundo lugar en importancia a contar de 1926, año de la huelga general. Pero esta ola de huelgos no arro1o logros apreciables en los salarios reales, tal como ocurrió con la ola precedente.

cuadro 9

INDICE DEL SALARIO REAL NETO (enero 1974= 100)

octubre 1973 105 diciembre 1973 106 febrero 1974 99 * abril 1974 100 junio 1974 103 agosto 1974 106 octubre 1974 106 diciembre 1974 108

Febrero 1975 106 abril 1975 103

¡unio 1975 99

* artificialmente disminuido por la introducción de la semana de tres días. Fuente: "Labour Research", set. 1975. -El esquema es bastante claro. El alza de masas de la clase obrera, que condujo a la caída del gobierno de Heath, también provocó un aumento de los salarios. Pero no había una expansión sostenida. A los seis meses de haber alcanzado el punto culminante de las con quistas, todas las ventajas ganados en la lucha eran reabsorbidas. Una vez más, las cifras de gastos perso -nales muestran la misma evolución. A comienzos de 1973, éstas se situaban en el Indice I72, que descendió a l68 a principios de 1974. Las luchas del invierno de 1974 y las que se desarrollaron durante todo el año las volvieron a llevar a 172 en el primer trimestre de 1975, para registrar una recaida en 167, en el tercer trimestre del mismo año. ("Llayds Bank Review", abril del 76). La razón por la cual los trabajadores no pudieron volver a alcanzar los conquistas obtenidas entre 1968 y 1974 debe buscarse en la tasa de inflación sin preceden tes, que habia llegado a un promedio anual del 25% a mediodos de 1975 y que actualmente es del 15%. El resultado global es bastante evidente. La ola masiva de huelgas del período 68-74 aportó seis años de crecimiento ininterrumpido del nivel de vida. Con respecto a los luchas capitales de 1974-76, los trabajadores emergieron de ellas en peores condiciones que las que tentan al comenzarlas. Esto constituye uno de los elementos clave de los modificaciones en las luchos de la clase obrera. En 1968-74, los militantes podían afirmar con razón que "la lucha recompensa" . Al pro -mediar 1975, el gobierno laborista podía decir : "la lu cha es inútil; hay que encontrar una alternativa". El apoyo ganado por el gobierno laborista para su poItica de ingresos no se besaba sólo en ilusiones sino que contaba con la base real de las experiencias de vastos sectores de la clase obrera. La modificación de la situación a partir de 1974 no se debe solamente a las dificultades crecientes con que se enfrenta la lucha, sino tambiên a que éstos ya no logran los mismos resultodos.

(CONTINUAR ALEDOC roteca Genera

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