Francia
El desacuerdo
Giscard-Chirac
• Pierre Frank El 25 de agosto, antes de que finalizara el período de vacaciones, J. Chirac abandonaba públicamente su -puesto de Primer Ministro, la que suponta, automárico -mente, la dimisión del Gobierno. A excepción del he cho de que el tecnócrata Barre, no afiliado polfticamen te, se encuentre en el lugar de Chiroc, de que tres o = cuatro ministros hayan sido reemplazados, y que algu.nos hayan cambiado de cartera, podría dar la impresión de que no se ha producido nada importante. Sin embar go, este cambio de ministros ha producido una gran emo ción en el mundo polfico de la burguesta franceso. Se supo por los mismos interesados, que Chirac ya había di mitido el 2ó de julio, y que si permaneció en sus funcio nes fue a petición del propio Giscard. Los causas cambio de ministros ponen también de maniffesto la pro fundidad de la crisis que se incuba en Francia.
Al partir, Chirac declaró que la hocía porque no -disponta "de los medios necesarios pora asumir eficaz mente sus funciones", en otras palabras, que Giscord le había negado estos "medios". Por su parte, éste, des -pués de haber recordado que, según la Canstitución, el era el número uno en el poli, y que el Primer Ministració le estaba subordinado ( lo cual, por otro lado, cocho
FRANCIA do cuestionado por Chirac ), añadió que el anfiguo Con sejo de Ministros no se habia mostrado como un equipo -coherente, que en la reciente sesión del Parlamento, los partidos habian "ejercido una excesiva influencia sobre su acción gubernamental", ceprochando de esta forma a Chirac el haber arrasfrado los pies en el momento en: que había sido necesario el alineamiento de la UDR, contrario a la aprobación de un proyecto de ley muy querido de Giscard; y, sobre todo, hizo saber que st ha bia existido un desacuerdo entre Chirac y el mismo, ser el primero partidario de proceder a eleccianes parla mentarias anticipados en el otoño de 1976, mientras que Giscard se inclinaba por esperar al término legal de 1978. La verdadera explicación del cambio de gobierno que se acaba de producir reside precisamente en este desacuerdo, y en las razones que la han provocado. Los problemas del régimen bonapartista Para comprender la profunda significación de este com -bio, hay que recordar, primeramente, que la V Republi ca tiene una Constitución bonapartista, hecho o la dida de de Gaulle. No es cierto lo que escribio P. -Vianison - Ponté en Le Monde (26 de agosto) de que, -con la solido de Chiroc, "es la ruptura del régimen.... quizós el fin de la V Repúblico... y el advenimiento -de la VI República"- Nadie ha definido todavía esta -VI República, en todo caso, ésta no será el producto de un simple cambia gubernamental, sino de una gigantes -ca crisis social y poltrico, de grandes enfrentamientos -polticos (que podrian ponerse al orden del día mucho -antes de lo que se piensa). Entre tanto, el régimen ba napartista ha permanec ido después de de Gaulle. Y,odemás, tal como nosotros habíamos escrito en la época, "un bonapartismo sin Bonaparte". - Pero olguien debio -de ocupar el lugar de Bonaparte, vacio desde la partida de de Goulle. Han sido y son sub-bonapartes, e inclu so sub-sub-bonapartes, quienes lo ocupan o aspiran a o cuparla - la polfrica, como la naturaleza, tiene horror al varto -, pero no se transforma en Bonaparte quien -quiere: para que se cree eventualmente tal personaje -son necesarios circustancias muy especiales, como la -Guerra y la Resistencia. El mismo de Gaulle, que ha bia conseguido jugar ese papel durante años, obtenien -do votos de confianze en referendums plebiscitarios, obs cureciendo las líneas de demarcación entre las clases , llegando o restarle un millón de votos al Partido Comumisto, vió como se quebraba su pedestal tras los acontecimientos de mayo del 68, y no tuvo otra salido que mar charse. Sus sucesores (primero Pompidou, ahora Gis card) han tenido y tienen que hacer frente a un ascenso de las masas, y los referendum les estón vetados (Pom pidou, que lo intentó, recogió un 60% de abstenciones) En 1974, Giscard fue elegido con menos de un 51 % de -los votos, y las dificultades económicos, lejos de haber ampliado su base electoral desde entonces, han produci do lo contrario.
Además, desde su elección, Giscard no consiguió -hacer marchar al mismo paso o las tras formaciones que constitulan su mayoria parlamentaria. Estos saber que, de cualquier manera, sufrirán pérdidas en las próximas - elecciones y se pelean por disponer de las mejores cir -cunscripciones. Las divergencias de esta mayoría, tonto en el Parlamento como en el Gobierno, son una cosa casi cotidiana. Estas diferencias se han agravado engen drando tensiones crecientes entre Giscard y Chirac, raiz de la derrota sufrida en las elecciones cantonales -de marzo último. Estas elecciones no fueron sólo un a -vance de lo que serán las elecciones municipales de la primavera de 1977, preludio a su vez de lo que serán -las elecciones legislativas de 1978. De hecho, la cam paña electoral se halla prácticamente abierta, y el pro blema que se plantea a estos señores es el de cómo avi = Tar la derrota. Dos proyectos Este problema no es en modo alguno secundario. Es más que un cambio de mayoría, es el problema planteado por la perspectivo de una elección que podrían conducir a la entrada de miembros del PCF en un gobierno dirigido por Miterrand. Este ho sido, y es, expresado en los con diciones de Francia, el problema que preocupó a Ford, Kissinger, Helmut Schmidt, Callaghan, Giscard, hocetan sólo unos meses en Puerto Rico: el del acceso a fun ciones de gobierno de ministros comunistas en Europa oc cidental. Los dirigentes de las grandes potencias capi -talistas saben muy bien que los partidos comunistas euro peos no tratan de derrocar el régimen capitalisto, perotienen miedo de la dinámica de clase que podría provocar las ilusiones de los trabajodores en la presencia de -ministros comunistas, y de la eventual incapacidod de -estos últimos para mantener su control.
De qué forma se plantea prácticamente el problema en Francia? En la actualidad resulta evidente que la Unión de la Izquierdo no se romperá antes de las elec -ciones de 1978; esto sería posible después, si esta no -consiguiera una victoria. La mayorta en las elecciones legislativas depende del desplazamiento hacia la dere -cha o hacia la izquierdo de unos cuatrocientos o quinien tos mil valos flotanies, sobre un total de electores de aproxi madamente 28 millones, o sea, alrededor de un 2% del cuerpo electoral. Este pequeño número de votos flotan tes se sitúa esencialmente en lo que se llaman "los nuevas clases medias" , cuyo apoyo se esfuerzan por ganar -todos los partidos burgueses y los partidos obreros de mo sos, PS y PCF.
No existia ningún desacuerdo entre Giscard y Chiroc sobre algunos de los medios a empledr para ganar es tos votos: por ejemplo, alimentando el miedo denuncian de la delincuencia, favoreciendo el racismo y la xeno fobia, utilizando a la policía abundantemente, con el pretexto de garantizar la "seguridad" de los ancianos, etc. También se hallaban de acuerdo en tratar de ganar algunos votos mediante subvenciones, subsidios, limosnos, sobre ciertas categorías (campesinos, personas de edad, etc.) El debate era otro. El proyecto de Giscard es proceder a algunas "reformas" de corto alcance, que se correspondan con el espíritu "moderno" de los capos co diciadas, reformos que le parecian suficiente: sama pore hacer bascular de su lado a electores queren la actua
lidad se hallan atraidos por la Unión de la Izquierda, -pero que, en cualquier caso, tienen miedo de lo desco nocido que resulta para ellos la llegado de los comunisfas al gobiemo. Si bien es cierto que estas "reformas", estas reformillas, disgustan a una gran parte del electorado de la actual mayoria, Giscard piensa que este elec torado no podrá hacer otra cosa que votar, a pesar de todo, a su favor, ante el "peligro comunista"
Chirac hacia otro análisis. Estas "reformas", pen -saba, lejos de permitir morder sobre el electorado de la izquierdo, no hacen sino alimentar las deseos de más -reivindicaciones, de nuevas reformas; no aportan los vo tos provenientes de la izquierda e incluso hacen perder votos, par abstención, a la derecha, Esperar a 1978 se ria ir derechos a la derrota. Asi, con un temperamento agresivo, proponía bascular la polfrica atentista de la -Unión de la Izquierda, unificor rápidamente a la mayoria, y procoder a elecciones anficipados durante el oto ño, en un momento en que la reciente atenuación de la recesión aún será apreciable, y antes deque lasituación se deteriore de nuevo y se sientas los efectos de las me dida. de austeridad necesarias para combatir la inflaci -ón y superar el déficit de la balanza comercial.
Giscard hizo grevalecer su punto de vista, y Chi -ras se fue; convencido de que la Unión de la Izquierda va a resultar ganadora, no quiere ser corresporsable, A quienes se pregunten quién de los dos tento razón, desde el punto de visto capitalista, se les debe responder -que, en este terreno, no existe la buena y la mala solu ción, el problema para los burgueses es escoger la me = nos mala. En lo inmediato, Giscard obtiene algunas pe querias ventajas, a expensas de la UDR y de Chirac, que no pueden atacarle abiertamente sin agravar más cún la situación de la mayoria. Lo más probable es que Chi -rac, aún expresando sus posiciones polfficas en determi nadas circunstancias, espere al fracaso de Giscard, queconsidera inevitable.
El nuevo Gobierno no ha hecho público aún su pro grama detallado. Lo que sí ha hecho saber es quesu pri mer objetivo será la lucha contra la inflación. En se -gundo lugar, ha designado la cuestión de la "seguridad" de la que hemos hablado anteriormente. Se ha "olvida do" hablar del desempleo, que en la actualidad se apro xima a la cifra de 1 200 000. El atentismo de las direcciones del movimiento obrero Después de las elecciones contanales, las direcciones -del PCF, del PS y de las centrales sindicales piensan , al igual que Chiroc, que el tiempo trabajo a su favor : que no hay que perturbar en lo más minimo a la parte Flotante del electorado, la cual, por el momento, pare cen haber ganado. Frente al conflicto Giscard-Chirac mantienen una posición casi indiferente: la polftico de uno y de otro es la misma, está condenada al fracaso, -ete. Añodamos a esto que han puesto la sordina sobre -sus diferencias, sin, por otra lado, dejor de dirigirse -golpes bajos. Al mismo tiempo, para asegurarse con ma yor certidumbre una parte de los votos flotantes, Mite -trand ha realizado sutiles aperturas hacia Giscard, de clarando que no se opondría obstáculo alguno a que Gis card permanezco en la presidencia si la Unión de la Izquierda ganaba en 1978. La cual ha provocado algu -nos refunfuños del PCF, ("Giscard tendrá que someterse o dimitir"), que no significan nada diferente de lo que dice Miterrand.
Por otro lado, con la misma intención, tratan de ga narse a una parte de los gaullistas, que se hallan de uhas frente a Giscord por su polfice exterior, que ya no es la de la "Europa europea" de de Gaulle, sino la la Europa estrechamente asociada a la Alianza Atlánti -ca y a los Estados Unidos. Para conseguir esto, el PCF propone "la Unión del pueblo de Francia" • y cuenta -con el apoyo abierto de uno parte de la dirección del -PS. Nos parece dudoso que esta polftica lleve a mucho goullistas a votar por el PCF, e incluso por el PS, pero lo que sí consigue es aumentar la confusión que estos -partidos siembran en la clase obrera.
Jamás sabremos si el proyecto de Chirac de eleccio nes anticipadas, en las condiciones en que el querto ha cerlos, hubieran tenido éxito. Pero el cambio de minis tros, por el momento, ha dado la vuelta a la situación: existe flotamiento en la UDR, disturbios en el electorado de la mayoría. Las medidas de austeridad contribuirán también, en lo inmediato, a crear nuevos desconten tos, en particular entre las nuevas clases medias. De e lo se desprende que las direcciones del movimiento obrero tendrian interés en exigir ahora mismo las eleccio nes anticipodos. Se les puede preguntar: porqué espe -rais a 1978 si tenéis el éxito al alcance de la mano ? -Disponeis de un medio fácil para forzar a Giscord: haced dimitir a una veintena de diputados socialistas y co munistas en circunscripciones escogidos en el conjunto -del pais, provocaridis elecciones parciales en las que -ganaridis con mayorias más amplios, y Giscard no podría hacene el sordo. Es previsible que los dirigentes del PS y del PCF se nieguen a recorrir a tal procedimiento, par que temen toda agitación poltica demasiado fuerte an -tes de la campaña electoral oficial. Les basta con las manifestaciones limitadas sobre reivindicaciones económicas, mientras que estas no se orienten en dirección a una lucha por el poder.
El atentismo de las direcciones del movimiento obre ro es una cosa. Pero los dificultades económicas aumen tan y la austeridad golpearó a todos los que viven de su trabajo. El nuevo Gobierno se verá forzado a reforzarla represión contro las masas trabajadoros, a fin de apli car su programa. Las luchas son inevitables; algunos jo se perfilan en el harizonte. Su amplitud, su nival polt tico, no se pueden discernir todavia claramente, pero -lo más probable es que la situación del Gobierno no sea en absoluto cómoda. No se puede exc luir que, en tor -no a los elecciones municipales de la próximo primave -ra, la burguesto experimente una crisis más grave oun -de la que ha separado a Giscard de Chirac, una crisis -que no se limitará a las esferas gubemamentales. B Pierre Frank Bibliotecalde PandP7-6 io
CEDOC