Resolución sobre América Latina Resolución adoptada por el Congreso mundial. Esta resolución obtuvo 94 votos a favor, 11 votos en contra, 3,5 abstenciones y 4,5 NPV. NOTA
La siguiente resolución fue redactada en noviembre de 1978. Han sido incluidos unos cuantos ejemplos relevantes sobre acontecimientos posteriores a esa fecha que son significativos para su argumentación. El acontecimiento más importante desde que se escribió el documento es la revolución nicaragüense. La experiencia nicaragüense no se ha incorporado al cuerpo central de esta resolución, y se le ha dedicado una resolución por separado. La resolución sobre Nicaragua adoptada por la mayoría del Congreso se titula: "Nicaragua, una revolución en marcha". La resolución minoritaria se titula: "Tesis sobre la revolución nicaragüense".
Un balance amplio y general de la revolución cubana no ha sido incluido en esta resolución debido a que está programada una discusión especial sobre este tema en las instancias de dirección de la IV Internacional. El contexto básico de tal discusión lo indican los puntos 23 y 24 de esta resolución. INTRODUCCION
A pesar de la gran desigualdad entre los diferentes países de América Latina y dentro de cada país, el continente en su conjunto es el más desarrollado, económicamente, de todas las regiones semicoloniales del mundo. En los años recientes, el desarrollo econó mico se ha acelerado significativamente, en particular en Argentina, Brasil y México, países que en su conjunto constituyen la gran mayoría de la población del continente. Esto se ha visto, en particular, en la elevación creciente de la parte del producto nacional correspondiente a la producción industrial, en el crecimiento del proletariado y en la importancia creciente del bloque de clase dominante integrado por la burguesía industrial nacional y los sectores financieros.
A pesar de la creciente industrialización, las burguesías nacionales no han sido capaces de realizar las necetareas democráticas y revolución latinoamericana. No pueden ni quieren realizar una reforma agraria radical, lograr la auténtica independencia económica, ni ganar la liberación nacional del imperialismo, premisas fundamentales para garantizar el mejoramiento de las condiciones de vida de las masas. La dominación imperialista persiste, teniendo como socios dependientes a los capitalistas y terratenientes condenando a las masas a una vida de explotación, represión y miseria.
Como resultado de lo anterior, todas las contradicciones básicas producidas por la ley del desarrollo desigual y combinado se manifiestan en una forma concentrada en América Latina. Por una parte, ha habido un crecimiento explosive de las ciudades, el desarrollo de la industria moderna, y la mecanización de sectores de la población agricola. Pero las ciudades son habitadas por grandes masas de pobres, desempleados o parcialmente empleados; al lado de la gran industria moderna existe un sector considerable de pequeña manufactura; y la producción industrial todavía beneficia solamente a una pequeña minoria; la producción agrícola todavía no satisface las necesidades humanas, al mismo tiempo que los campesinos, incapaces de competir, apenas sobreviven. Las perspectivas a las que se enfrentan las masas latinoamericanas en el capitalismo son sombrías.
Pero el mismo progreso realizado por el desarrollo industrial capitalista está creando condiciones cada vez más maduras para el derrumbamiento de las relaciones de propiedad capitalistas. Por una parte, las clases dominantes latinoamericanas, incluídos los sectores burgueses financieros e industriales cada vez más importantes, todavía dependen del imperialismo y son menos capaces que en el pasado de promover desafíos populistas burgueses al imperialismo y de usar las movilizaciones de masas para sus intereses nacionalistas y burgueses.
Por otra parte, el desarrollo económico reciente ha determinado un notable crecimiento tanto numérico como en peso específico social de la clase obrera latinoamericana, surgiendo una serie de nuevos sectores en las grandes industrias de alta concentración de capital (como la automotriz), que en su conjunto significan la aparición de un joven y poderoso proletariado latinoamericano. Este proletariado, cuyo empuje es la base para renovar los métodos y las formas de la organización obrera en relación con las viejas direcciones sindicales subordinadas a tendencias reformistas y nacionalistas
burguesas y al Estado, se implanta y crece combinándose con el antiguo proletariado y con su larga tradición de lucha y de organización sindical. Esta combinación particularmente notoria en países como Argentina, México, Brasil, Colombia, Perú y otros ha producido ya algunos procesos masivos de crecimiento a todos niveles de la organización obrera como es el caso de Brasil.
El proletariado avanza hacia la dirección del proceso de la lucha de clases en su conjunto, y cada vez más tiende a emplear las formas más avanzadas y poderosas de lucha. Los llamados "planes de austeridad" no sólo afectan al proletariado industrial, sino también al conjunto de los sectores de asalariados (sobre todo a los trabajadores urbanos) que han crecido enormemente, enfrentando a las masas con el imperialismo y la burguesía, así como a su Estado, que es cada vez más considerado como portador y garante de esta política. Se crean así condiciones para una nueva alianza, que se encamina en una dirección antiimperialista y anticapitalista, alianza con la cual el proletariado puede organizar en a un programa socialista al resto de los sectores asalariados y oprimidos de la población.
La victoria de la revolución cubana y la creación del primer Estado obrero en el hemisferio occidental demostraron que nuevas posibilidades enteramente diferentes, se abren a las masas de América Latina. La revolución cubana demostró que las masas trabajadoras pueden realizar las más amplias y radicales medidas antiimperialistas, antilatifundistas y anticapitalistas, cuando su movilización se combina con la lucha por objetivos socialistas dirigida por el proletariado. La revolución cubana demostró que una reforma agraria profunda se puede realizar y que es posible un rompimiento genuino de la dominación imperialista. Demostró que la miseria puede terminarse, que regímenes asesinos como el de Fulgencio Batista pueden ser eliminados y que es posible derrocar a un sistema social basado en la explotación.
La perspectiva socialista, que continuamente surge en las luchas de todos los países, de los menos desarrollados hasta los más desarrollados, y que fue verificada para todo el continente latinoamericano por la revolución cubana, es, objetivamente, de una actualidad mayor en los países semiindustrializados, como Argentina, Brasil y México.
La revolución cubana desencadenó en América Latina una lucha de dimensión histórica. La experiencia cubana aterrorizó a los imperialistas y a la burguesía nacional y desde entonces han seguido una política consecuente de tratar de evitar a cualquier precio la victoria de otra revolución socialista en la región.
Bajo el impacto de la revolución cubana hubo un auge de la lucha de clases en coda América Latina que condujo a varios países a situaciones prerrevolucionarias. Pero la estrategia de guerra de guerrillas impulsada por Fidel Castro y Ernesto Guevara fracasó en lograr la extensión de la revolución socialista. La estrategia guerrillera fue incapaz de romper el dominio de los falsos dirigentes nacionalistas burgueses, estalinistas y socialdemócratas sobre el movimiento de masas y así se perdieron oportunidades llenas de promesas.
Comenzando con el golpe militar en Brasil en 1964, una serie de graves derrotas fueron infringidas al proletariado y a los pueblos oprimidos de América Latina. Estos reveses fueron particularmente graves en los países del cono sur: Bolivia, Uruguay, Chile y Argentina.
El golpe militar en Argentina en 1976 propinó un duro golpe al proletariado. Fue seguido por masacres, despidos, arrestos en masa, destruyendo gran parte de las capas más combativas del proletariado que habían jugado el papel más importante en el levantamiento semiinsurreccional de Córdoba en 1969 —el "Cordobazo" - y que siguieron en la vanguardia de la lucha tanto en la huelga general de 1975 como en otras luchas que se desarrollaron antes del golpe de 1976.
Pero el golpe de Videla no logró destruir el espíritu combativo de los trabajadores argentinos ni del movimiento obrero organizado en el mismo grado sufrido por los trabajadores bajo los golpes en Brasil, Uruguay y Chile. El proletariado argentino ha podido montar una resistencia organizada, como quedó demostrado por las huelgas de 1977 y 1978.
El fracaso del intento de aplastar a la clase obrera argentina marca un giro significativo. Después de 1976 se presencia un la recuperación movimiento de masas de América Latina. En Brasil, un poderoso movimiento huelguístico en 1978-79 marcó el despertar de la clase obrera más grande e importante del continente. En Perú, la dictadura militar fue profunda mente sacudida por una serie de movilizaciones de masas y de huelgas, seguidas, al nivel electoral, de importantes victorias de la clase obrera en las elecciones de la Asamblea Constituyente en 1978. En Colombia y Bolivia, el paro cívico de 1977 y las huelgas de 1978, respectivamente, señalan la misma tendencia. Nuevos desafíos a la dominación imperialista se desarrollaron en el Caribe, particularmente en Granada, involucrando a esta zona en los procesos de América Latina en su conjunto. La nueva etapa del ascenso de la lucha de clases llegó a su punto más alto en la lucha victoriosa que derrumbó a la tiranía de Somoza en 1979; la cual ha tenido un impacto inmediato en el reforzamiento de la lucha en El Salvador y en los demás países de América Central.
Nicaragua ha demostrado la actualidad de las perspectivas revolucionarias en el continente. El proceso que se inició en Nicaragua como una lucha guerrillera radical contra el imperialismo y Somoza, culminó en una insurrección urbana victoriosa en la cual el papel del proletariado y las masas plebeyas aliadas a él desempeñaron el papel decisivo en el derrumbamiento de Somoza.
Esta aguda crisis política continental ha coincidido con la grave situación económica del capitalismo mundial iniciada con la recesión generalizada de 1974-75. La combinación entre la crisis económica de largo alcance del capitalismo a escala mundial y latinoamericana, las consiguientes crisis interburguesas, el crecimiento numérico y organizativo del proletariado y la radicalización de la pequeña burguesía, determinan que la superación y liquidación de las dictaduras existentes en América Latina y, en general, de la política llamada de "austeridad" seguida por todos los Estados latinoamericanos, sólo sea concebible mediante un proceso tumultuoso y violento de movilizaciones y luchas de masas, de enfrentamienios con el imperialismo y con el Estado, de organización de la clase obrera y de combinación entre diversas formas de lucha: huelga generalizada, movilizaciones democráticas, lucha armada, insurrección popular, etc.
Este es un proceso de bruscos virajes, en el cual los periudos democráticos pueden combinarse con la subsistencia o el renacimiento de formas dictatoriales, nuevamente cuestionadas por la resistencia y las movilizaciones de masas. No hay más estabilización de las dictaduras, pero también está excluída la estabilización de regímenes democráticos burgueses. La conquista de las libertades democráticas, uno de los objetivos principales de la lucha del movimiento obrero, sólo podrá lograrse y mantenerse en tanto la asegure y confirme cotidianamente la lucha y la movilización de las masas y el crecimiento de sus formas de organización en todos los sectores de la sociedad. El núcleo fundamental de esas formas es la organización
obrera en el lugar de producción, en las fábricas y minas:
El próximo paso fundamental de la clase obrera es la conquista de la independencia política de clase y la creación de una dirección clasista consecuente del movimiento obrero que pueda desafiar a las direcciones traidoras que el movimiento obrero y las masas explotados han tenido a su cabeza: los nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses, los estalinistas y los socialdemócratas. Si esto se logra, la clase obrera puede organizarse y movilizarse para conducir a todos los explotados a la lucha contra las clases dominantes imperialistas y nacionales.
El proletariado es el guía histórico de todos los sectores oprimidos. Es el portador del programa socialista de la revolución latinoamericana. La vía de su organización, de la extensión de su programa, de su alianza con otros sectores explotados y oprimidos, del derrocamiento del capitalismo y de la construcción de su propio Estado obrero, pasa, sin embargo, por formas y combinaciones diversas del método de lucha y de organización que los marxistas revolucionarios han heredado del ejemplo leninista.
Las perspectivas para la construcción de partidos revoCAPITULO I CAMBIOS ECONOMICOS Y SOCIALES RECIENTES EN AMERICA LATINA
1. Las economías capitalistas latinoamericanas han sido envueltas por las contradicciones agudas del capitalismo a nivel mundial. La recesión global de la economia
1974-75 golpeó fuertemente a América capitalista en Latina, especialmente por el aumento de los precios del petróleo y la contracción del mercado de los países imperialistas. Disminuyó el ritmo del crecimiento económico; se incrementaron la inflación y el desempleo; se deterioraron la inflación y el desempleo; se deterioraron los términos del intercambio en el comercio internacional; la deuda externa y los intereses pagados a los bancos imperialistas alcanzaron niveles sin precedentes; se aceleró la penetración imperialista.
Una minoría de las economías de los países latinoamericanos se beneficiaron del aumento en los precios del petróleo. Los gobiernos de Venezuela, Ecuador, TrinidadTobago y Bolivia en 197476 y México en 1977-78, lograron mediante la exportación del petróleo, reducir levemente sus tradicionales déficits en el comercio exterior. Sin embargo, el petróleo no ha disminuído la brecha existente entre el atraso económico y social de estos países y el desarrollo de los países imperialistas.
América Latina salió de la recesión de 1974-75 con una deuda externa enorme. Por primera vez desde la crisis de los años treinta, se ha, planteado la posibilidad de que algunos países como Perú, recurran a una moratoria en sus pagos a los bancos imperialistas. Además de esto, los déficits comerciales en 1975-76 fueron mayores que nunca, con la excepción del petróleo, y esto a pesar de la disminución del ritmo tanto del crecimiento económico como de las importaciones.
lucionarios de masas de corte leninista serán cada vez mayores en la medida en que nuevas fuerzas revolucionarias surjan de las luchas democráticas y antiimperialistas y en que se incrementen las movilizaciones, de la clase obrera, en particular, del proletariado industrial. Los marxistas revolucionarios, firmemente enraizados en las minas, las fábricas y en la agricultura estarán en la mejor posición posible para crecer y ganar a sus filas estos nuevos combatientes revolucionarios.
Sin duda alguna, se abren oportunidades importantes para el desarrollo del marxismo revolucionario en América Latina. Sin embargo, para mejor aprovecharlas es necesario resolver el problema clave: la construcción de un partido de masas de tipo leninista. Esto requiere que se examinen las limitaciones de la estrategia de la guerra de guerrillas impulsada por Castro y Guevara y una crítica marxista del papel de las corrientes estalinistas, centristas, socialdemócratas y nacionalistas burguesas y pequeñoburguesas.
Ante todo hay que desarrollar un programa marxista revolucionario que precise las tareas principales a las que se enfrentan el proletariado y sus aliados en la lucha por el socialismo en el periodo venidero.
Estas enormes deudas obligan a algunos países de América Latina a utilizar la mayor parte de los ingresos para mantener sus pagos al corriente. En estas condiciones, los gobiernos latinoamericanos son víctimas fáciles de la política de austeridad impuesta por los bancos imperialistas mediante el Fondo Monetario Internacional (FMI).
2. El fin del periodo de la expansión capitalista posterior a la Segunda Guerra Mundial está afectando lenta pero seguramente a la región.
No obstante los periodos ocasionales de crecimiento económico significativo en algunos países, la superexplotación económica fundamental de la sociedad semicolonial latinoamericana continúa, definiéndose principalmente por el desempleo y subempleo estructurales de la fuerza de trabajo. En México, por ejemplo, se ve afectada más del 50 por ciento de la población económicamente activa. En algunas industrias la producción se ha quedado muy por debajo de la capacidad productiva, problema que hasta ahora había sido de poca importancia relativa en América Latina. Ha habido una marcada expansión de los sectores no productivos, parasitarios, de la economía. Esto es principalmente cierto en lo que se refiere a los gastos militares cuyo porcentaje en el ingreso nacional crece aceleradamente: Este: hecho está ligado directamente al objetivo principal de las clases dominantes: mantener a las masas trabajadoras sujetas bajo las condiciones más favorables para la explotación de su fuerza de trabajo.
La inflación permanente también alcanza niveles
mucho más altos en América Latina que en los países imperialistas. En 1977 la tasa anual de inflación llegó al 100 por ciento en Chile, y al 176 por ciento en Argentina (la más alta de todo el mundo). La tasa media de inflación de América Latina en el periodo de junio de 1977 a junio de 1978 fue del 44% que contrasta con un promedio del 6.5% durante el mismo periodo en los países capitalistas industrialmente desarrollados.
Las economías capitalistas latinoamericanas continuan siendo dependientes del imperialismo. Pero los sectores hegemónicos del capital imperialista no son ya los vinculados a las actividades agrarias, mineras y petroleras, orientadas a la exportación, sino que han surgido nuevos sectores. Ahora han invertido en mayor medida los monopolistas industriales de los países imperialistas, exportadores de maquinaria y de equipo pesado. Por lo tanto, a ellos les interesa que los países latinoamericanos logren cierto nivel de industrialización. El índice de la producción industrial en Brasil aumentó de una base de 100 en 1970, a 164 en 1975, en gran medida como consecuencia de esto. La principal área de estas inversiones está en los bienes de consumo duradero, y los modernos bienes alimenticios empacados. Por ejemplo, en Brasil en 1977 los monopolios y "trusts" imperialistas controlaban el 100 por ciento de la producción automovilística y el 94 por ciento de la producción farmaceútica. En México, el 74% de las inversiones extranjeras estaban en la industria, llegando a abarcar el 40% de la producción industrial en sectores como la química y la maquinaria.
La competencia interimperialista ha desempeñado un papel decisivo en este cambio de las estructuras de inversiones imperialistas. Los imperialistas de Estados Unidos siguen siendo la fuerza preponderante en América Latina, pero han perdido terreno ante los imperialistas de Europa Occidental y Japón, quienes frecuentemente han sido los iniciadores de la penetración de esta nueva forma de industrialización.
Pero esta industrialización parcial no elimina la diferencia de productividad entre los centros imperialistas y los países latinoamericanos, semicoloniales y dependientes. Esta diferencia en productividad no sólo persiste, sino que crece como consecuencia del monopolio imperialista de la producción de tecnología moderna. Tampoco ha cambiado la posición básica de los países latinoamericanos relativamente industrializados con relación al mermundial. Por ejemplo, aunque Brasil exporte productos manufacturados (la gran mayoría de los cuales latinoamericanos), continúa dependiendo de los productos agrícolas para recibir el 60 por ciento de sus ingresos por exportación.
Las condiciones comerciales en el mercado mundial son tan desiguales como lo fueron en periodos anteriores del imperialismo, si no más. Estas condiciones son para los imperialistas una fuente de superganancias, debido, entre otras razones, a los pagos por los bienes de tecnologia moderna.
3. El proceso de "sustitución de importaciones", esto es la producción doméstica de productos que habían sido tradicionalmente importados, que comenzó a partir de la Segunda Guerra Mundial impulsó cierta industrialización, principalmente en los años cincuenta y sesenta.. Sin embargo, hay que subrayar el carácter limitado de esta industrialización. Gran parte de la producción continúa realizándose. en sectores artesanales y de manufactura a pequeña escala. En comparación con los países imperialistas, la producción industrial de los países de América Latina conforma una parte relativamente pequeña de su producción total. Además, el desarrolio industrial tiende a concentrarse en unos cuantos países y dentro de éstos en regiones limitadas. En Brasil, por ejemplo, la mitad de la industria está concentrada en Sao Paolo y partes de Río de Janeiro. Hay que señalar que esta industrialización parcial ha conocido un crecimiento en términos absolutos y que esto ha tenido y tiene un impacto creciente, desproporcionado con su peso real, sobre la realidad económica, social y política de la región.
El proceso de acumulación capitalista; estimulado y acompañado por esta rápida industrialización, favoreció a sectores de la burguesía nacional vinculados a la industria. De esta manera, la burguesía industrial y los sectores financieros ligados a ella, tienden a destacar como los sectores más dinámicos del bloque de clase nacional dominante en el poder.. En México, están el "Grupo Monterrey", el grupo Banamex (Banco Nacional de México) y el grupo Bancomer (Banco de Comercio); en Brasil, el grupo Bradesco (Banco Brasileiro de Desconto), el grupo de Itúa, el grupo de Banco Nacional, y el grupo Simonsen.
No obstante esta tendencia, la estructura social de estos países continúa siendo la de una semicolonia; no se han convertido en potencias "subimperialistas" ni en potencias semiimperialistas. La industrialización parcial, de hecho, significa que la dependencia tecnológica de estos países con respecto al imperialismo es más grande hoy que nunca; sus burguesías "nacionales" emprenden más "proyectos conjuntos" (joint ventures) con las compañías imperialistas, y aumentan constantemente sus deudas a los bancos y otras instituciones monetarias imperialistas.
Estas transformaciones económicas, expansionismo imperialista en el periodo del vertiginoso crecimiento económico después de la Segunda Guerra Mundial, han producido una creciente diferenciación entre los diversos países Latina. Según el tamaño de la clase obrera, el peso de la producción industrial, el monto de las exportaciones, la tasa de acumulación de capital y el desarrollo del sistema clasificados como países semiindustrializados. punto intermedio entre estos tres y los países económicamente más atrasados, están Venezuela, Chile, Perú, Colombia y Uruguay, siendo Venezuela el país con el proceso de industrialización más rápido como resultado del gran ingreso de las exportaciones petroleras.
En general, la clase obrera industrial es aún pequeña en proporción a la población activa total de América Latina y en comparación al mismo porcentaje de los países imperialistas. Pero su tamaño absoluto y su peso específico han aumentado considerablemente como resultado de estos procesos económicos. Debido a su concentración en grandes empresas y en áreas de gran importancia económica, el papel político y social que juega la clase obrera es mucho más importante que lo que su peso numérico indicaría.
De este modo, el peso de la clase obrera industrial en Brasil, Argentina y México es cada día más decisivo en la dinámica política del continente en su conjunto.
4. El capital —tanto nacional como imperialista- ha penetrado de manera masiva en ciertos sectores de la agricultura. Además del noreste y el noroeste de México y las áreas alrededor de Sao Paulo y el sur de Brasil, ha habido un desarrollo cada vez mayor de la agricultura de tipo capitalista en Centroamérica, Colombia, Venezuela y Perú.
En este proceso, la economía campesina de
subsistencia va siendo destruída, pero la producción agrícola en su conjunto no ha sido transformada de manera equilibrada. Por el contrario, en muchos casos se agrava el problema de la producción de alimentos.
El Estado burgués se convierte cada vez más en el agente político de los intereses del capital financiero imperialista en el campo, en la medida en que las actividades agrícolas se integran al proceso de la acumulación de capital mundial. Las materias primas producidas en América Latina por las empresas agroindustriales imperialistas se integran directamente al mercado mundial sin que se interesen en la producción de alimentos y materias primas requeridas nacionalmente.
En México, en los cuatro estados norteños de Sonora, Sinaloa, Baja California y Tamulipas, donde predomina la agricultura capitalista para la exportación, entre el 80 y el 90 por ciento de la producción alimenticia depende de la mecanización y la gran mayoría de las tierras son abonadas con fertilizantes químicos. Esto no sucede en las regiones menos desarrolladas del sur del país. El agrocapitalismo ha producido un crecimiento espectacular de nuevas cosechas para la exportación, como son la soya y el sorgo, mientras que al mismo tiempo México ha tenido que importar alimentos de consumo popular.
La destrucción de las viejas comunidades campesinas y el desarrollo del agrocapitalismo han creado un moderno proletariado rural, explotado bajo condiciones diferentes a las de los pequeños propietarios que cultivaban su propia parcela. Sin embargo, el aspecto dominante del campo en América Latina sigue siendo un panorama variado que combina diferentes relaciones de producción. La gran mayoría de la población rural no ha sido proletarizada, y dista mucho de serlo. La agricultura de subsistencia continúa siendo minifundista, dueños de su propia tierra o con tan poca tierra que, además de trabajar sus parcelas, tienen que buscar empleo en otros lugares para CAPITULO II CAMBIOS Y CRISIS POLITICA EN LAS INSTITUCIONES POLITICAS DE LA DOMINACION BURGUESA
6. Las transformaciones económicas y sociales en América Latina señaladas anteriormente han dado mayor urgencia a la necesidad de ampliar las estructuras administrativas y militares del Estado capitalista, para que éste juegue un papel cada vez mayor en la sociedad. Estas necesidades se expresan en: a) la expansión de los sectores nacionalizados de la economía, b) la mayor intervención en el ámbito económico; y c) los ataques contra el nivel de vida de las masas trabajadoras para facilitar la acumulación de capital. La expansión de los sectores nacionalizados de la economía, especialmente en el campo de la industria pesada y la producción de materias primas se han desarrollado debido a que el capital privado es incapaz de suministrar las enormes inversiones que son necesarias. El sector estatal ásí ampliado subsidia indirectamente al sector privado. Estas necesidades, a su vez, requieren cambios y expansión de las estructuras y las poder sobrevivir.
5. El proceso de urbanización se ha acelerado considerablemente, creando algunas de las ciudades mas grandes del mundo. La Ciudad de México creció de 2.8 millones de habitantes en 1950 a 10.9 millones en 1975 y a 12.7 millones en 1977; Sao Paulo de 2.4 a 9.9 millones; Rio de Janeiro de 2.8 a 8.3 millones; Lima, Bogotá y Caracas, ciudades que en 1950 tenían todas ellas solamente 600.000 habitantes, tenían en 1975 3.9, 3.4 y 2.6 millones respectivamente. Según las proyecciones oficiales se espera que estas ciudades crecerán por más del doble en los próximos 25 años. Buenos Aires, con un crecimiento un tanto más "lento" ', aún así creció de 4.5 millones en 1950 a 9.3 millones en 1975.
El porcentaje de la población económicamente activa en el sector agrícola en México cayó de 57.8% en 1950 a 39.4% en 1975; en Brasil de 57.5% a 44.3%; y en la ya urbanizada Argentina, de 25.2% a 14.8%. Pero el crecimiento industrial ha sido insuficiente para dar empleo productivo a las grandes masas que dejan el campo en busca de mejores condiciones de vida y sobre todo en busca de la posibilidad de ganar un salario. La vivienda y los servicios municipales tampoco van a la par con el extraordinario crecimiento urbano y se da una situación de crisis permanente en estas áreas.
Gran parte de la población urbana está compuesta por un sector desempleado o subempleado que a duras penas vive en las barriadas, favelas, '''pueblos jóvenes" o "colonias" de las grandes ciudades. Además del tradicional artesanado urbano, nuevas formas de artesanado han surgido como resultado del desarrollo industrial desigual, por ejemplo, los servicios alrededor de la reparación de automóviles, maquinarias, etc. Miles y decenas de miles de personas están condenadas a ser vagos, vendedores ambulantes o estacionarios, limosneros o prostitutas y a la desesperación. burocracias gubernamentales. Pero el Estado burgués refortalecido y militarizado continúa operando con su estatuto semicolonial con respecto al capital monopolista imperialista.
La vieja oligarquía terrateniente y sus aliados comerciales (la burguesía comercial tradicional), que dominó por tanto tiempo los gobiernos latinoamericanos, ha perdido influencia ante el ascenso de los nuevos capital industrial y banquero autóctonos. En México, uno sectores de de los países donde este proceso ha avanzado más, los viejos sectores burgueses terratenientes y compradores han sido prácticamente eliminados del poder gubernamental. Aunque en otros países dicho proceso no se haya desarrollado a tal grado, la tendencia queda clara: una concentración creciente del poder ejecutivo en manos de la burguesía industrial y los sectores bancarios
relacionados con ella; la necesidad creciente de utilizar este poder para llevar adelante una industrialización rentable.
Con la excepción de algunos sectores de la economía, como el petrolero, y otros casos excepcionales, las forma. ciones capitalistas parcialmente industrializadas de América Latina son demasiado débiles para darse el lujo de otorgar importantes concesiones económicas a los trabajadores. Por otra parte, ante la aguda competencia internacional y las restricciones del mercado, se ven forzadas a atacar constantemente los salarios reales de los trabajadores. Para llevar a cabo esta política ante la oposición de las clases trabajadoras cada día mas grande y poderosa, ha sido necesario un incremento en la ntervención del Estado. Se han empleado dos metodos fundamentales: a) intentos de controlar el movimiento obrero mediante la integración de las burocracias sindicales en los partidos burgueses y en el aparato del Estado burgués. Ejemplos claros de esto son el férreo control que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ejerce sobre el movimiento sindical mexicano y el control por parte del peronismo sobre el movimiento sindical argentino; b) intentos de aplastar el movimiento obrero en forma totalitaria, como en Chile, Brasil, Argentina y Uruguay.
Como resultado de esta mayor participación del gobierno en la vida económica y social, han pululado enormes burocracias estatales en países como México, Brasil, Perú, Colombia y Venezuela.
Las burocracias las componen especialistas técnicos y administradores del sector nacionalizado de la economía, un sector que crece en importancia. También forman parte de las burocracias los funcionarios políticos y militares en el gobierno y el ejército. Surgidas de los nuevos sectores industriales y de la clase media, estas burocracias aprovechan sus posiciones para acumular capital.
La ideología cada vez más corriente en los más altos niveles del Estado en América Latina está estrechamente ligada a su papel de fomentar la industrialización y de garante de las relaciones de dependencia con respecto al imperialismo. En vez del tradicional "nacionalismo antiimperialista" sostenido por la naciente burguesía nacional en la primera fase de la industrialización de América Latina, aparecen ahora los nuevos temas del modernismo, de la eficiencia, y de la capacidad técnica, en alianza con el imperialismo.
7. El golpe militar de 1964 en Brasil marcó la pauta para toda una serie de dictaduras sangrientas que habrían de establecerse más tarde en Chile, Uruguay y Argentina. Estas dictaduras, todas ellas gozando del apoyo del imperialismo norteamericano, se han caracterizado por un alto grado de totalitarismo, superior al que era usual en las formas tradicionales de despotismo militar y policiaco. El asesinato político, el uso constante de la tortura, la acumulación de aparatos represivos y de terror y el uso de las más modernas técnicas policiacas reflejan en el fondo la necesidad de la burguesía de recurrir a los métodos modernos de poder dictatorial, para así evitar que se organice un proletariado cada vez más numeroso y más fuerte. En Bolivia, este tipo de métodos también fue utilizado para derrotar al ascenso revolucionario encabezado por los combativos mineros.
El régimen brasileño logró impulsar el crecimiento económico y establecer una base de apoyo entre una reducida capa de la sociedad, fundamentalmente entre sectores de la pequeña burguesía urbana, a la vez que les impuso condiciones de miseria a los trabajadores (cuyo poder adquisitivo cayó un 30 por ciento después de 1964) y a las masas urbanas y rurales. Sin embargo, la mayoría de los "exitos económicos" de la dictadura ocurrieron en el período que procedió a la recesión económica mundial de 1974-75. Desde entonces las fallas económicas del "modelo brasileño" se han hecho más evidentes. La deuda externa brasileña es una de las más altas del mundo y el régimen ha perdido en cierta medida SU imagen anterior de éxito económico. Ante esta situación, la lucha de clases en Brasil está cobrando nueva vida, hecho que queda demostrado tanto por las luchas estudiantiles a favor de los derechos democráticos en 1977, como por las huelgas masivas en 1978 exigiendo alzas de salarios en las que participaron más de 200.000 obreros industriales, además de maestros y trabajadores de la salud.
Aún mediante el uso de métodos draconianos contra los trabajadores, la dictadura en Chile no ha podido estabilizar la economía capitalista ni impulsar el crecimiento económico en los primeros cinco años de su gobierno. El poder adquisitivo de las masas chilenas cayó en un 45 por ciento en los primeros dieciocho meses de la dictadura militar. Ante esto, en 1978 ya se destacaban los rasgos iniciales de un renacimiento de las luchas obreras.
En Argentina, a pesar de que la clase obrera sufrió la derrota más profunda de su historia, la dictadura de Videla no ha sido capaz de lograr éxitos económicos. Tampoco ha logrado aplastar el movimiento obrero tan rotundamente como sus vecinos en Chile, Brasil y Uruguay. Los trabajadores argentinos en 1977 y 1978 se mostraron capaces de emprender importantes luchas defensivas.
La señal inicial de las luchas obreras y estudiantiles indica que estas duras dictaduras se enfrentarán dificultades crecientes en el próximo período. Por una parte, una escalada renovada de represión puede fracasar en la detención de la oposición creciente, minando aún más sus bases sociales de apoyo. Por otra parte, si relajan la represión, corren el riesgo de crear una situación que aliente todavía más el surgimiento de luchas de masas.
8. En general, en el conjunto de América Latina se asiste a una crisis de las instituciones políticas que han mantenido la dominación burguesa en la región. Algunos de los casos más notables son los siguientes:
a. En Nicaragua, la dictadura de más de cuarenta anos de la familia Somoza fue sacudida hasta sus fundamentos en 1977-78 y derrumbada en julio de 1979 por la victoria del FSLN. (Una resolución por separado adoptada por el Congreso Mundial analiza con detalle este acontecimiento fundamental).
b. En Perú, una década de dictadura militar de Velasco Alvarado y Morales Bermúdez comenzó a derrumbarse. Al inicio del régimen, su demagogia populista y algunas medidas populares (una reforma agraria limitada, ciertas nacionalizaciones y concesiones económicas) le dieron algún apoyo de masas. Pero las medidas de austeridad gubernamentales erosionaron dicho apoyo y empezando en 1976-78 una serie de huelgas generales y ascensos de masas habían llevado a Perú a una situación prerrevolucionaria en 1978. Las elecciones de junio de 1978 para la Asamblea Constituyente y después de la misma asamblea - concebidas por la burguesía como una maniobra para ganar tiempo- se convirtieron en nuevos factores que minaron la legitimidad del régimen militar ante las masas.
c. En Argentina, el peronismo, el movimiento nacionalista burgués que ha controlado a las masas durante 30 años, entró en una profunda crisis. Las condiciones materiales que prevalecieron en los años 40, cuando llegó al poder el primer régimen peronista, que permitieron a la burguesía argentina hacer algunas concesiones económicas a las masas, desaparecieron durante régimen peronista de 1973-76. Este último, por el contra-
ric, debió poner en practica medidas de austeridad. Aunque llegó al poder tras una aplastante victoria electoral, el régimen peronista fue incapaz de imponer las medidas de austeridad a los combativos obreros argentinos. Así, la mayoría de la burguesía argentina, imposibilitada de usar a los peronistas para poner en práctica su política de austeridad y viendo que algunos sectores del movimiento comenzaban a escapar al control peronista, recurrió al golpe militar de Videla, demostrándose incapaz la burocracia sindical de defender el gobierno peronista. El resultado ha sido una pérdida enorme de prestigio de los peronistas dentro de la clase obrera y una erosión sustancial de su capacidad de control del movimiento obrero.
d. En Colombia, el "frente nacional", , el sistema de dominación burguesa establecido con el acuerdo de los partidos Conservador y Liberal en 1958 y que establecía un cuadro institucional de división bipartita de los puestos de la administración y una alternación cuatrienal de los gobiernos, entró en graves dificultades. Los términos del pacto del "frente nacional" llegaron oficialmente a su fin en 1974 y se han continuado desde entonces de modo informal. Pero no se ha logrado construir un nuevo ámbito institucional estable que tome en cuenta los cambios en las relaciones de clases y en el seno de la misma clase dominante. Paralelamente, la burguesía se ha apresurado a imponer una legislación reaccionaria y hacer una reforma política reaccionaria del Estado con el objeto de garantizar una dominación estable, por ejemplo, por medio del "estatuto de seguridad" del recientemente electo Presidente Turbay Ayala, que endurece las condiciones represivas.
Pero en el mismo período, las masas, con la clase obrera a la cabeza, surgieron a la arena política con un imponente Paro Cívico Nacional en septiembre de 1977, abriendo la posibilidad de un gran ascenso de la lucha de clases.
e. En México, la burguesía se ha visto obligada a hacer cambios a su cincuentenario sistema político de presidencialismo exacerbado, en que el PRI dominó completamente la vida política del país, prohibiendo la existencia de toda real oposición. El sistema se ha venido desgastando ante la oposición creciente, primero de sectores de la pequeña burguesía y después, cada vez con más fuerza, de los sectores de la clase obrera que luchan por el rompimiento del férreo control que tienen los burócratas sindicales oficiales (los "charros") sobre los sindicatos. El régimen ha anunciado una "reforma política", concediendo el registro legal a varios partidos de oposición. Aunque la burguesía mexicana tropezará con muchas dificultades para establecer un sistema pluripartidista y, de hecho, continúa muchas de sus medidas represivas, la clase obrera y sus aliados pueden aprovechar muy bien la apertura democrática para promover sus propios intereses.
f. En Puerto Rico, una colonia de Estados Unidos, la falsa autonomía que representa el "status" de "Estado Libre Asociado" y el fracaso del "milagro económico" se están haciendo cada vez más evidentes a las masas. En 1977, al mismo tiempo que los imperialistas sacaron de la isla la cifra sin precedentes de 2.200 millones de dólares en ganacias, rentas e interés (además de lo que reinvirtieron en la isla), el desempleo real era del 50 por ciento, y más de la mitad de la población dependía del "mantengo" (biestar social) para sobrevivir. El gobierno "autónomo" de Puerto Rico no puede hacer nada más que mendigar subsidios ante el gobierno de Washington. La insatisfacción de las masas
se reflejó en las elecciones de 1976; en las cuales los "estadolibristas" del Partido Popular Democrático (PPD) fueron derrotados completamente. El Partido Nuevo Progresista ganó las elecciones, no por su posición estadista, sino debido a sus promesas de mejorías económicas. Pero estas promesas no han sido cumplidas. Este fracaso está conduciendo a Puerto Rico a una situación de gran inestabilidad, proceso que comenzó en 1968, cuando el PPD fue derrotado después de 28 años en el poder. El PNP es incapaz de resolver los problemas económicos y está desarrollando toda una campaña para imponerle a Puerto Rico el "status" de Estados Unidos. EI PPD reaccionó exigiendo más autonomía (aunque este gesto es pura demagogia de su parte). Algunos dirigentes sindicales también han comenzado a plantear la posibilidad de formar un partido obrero basado en los sindicatos. Aunque no se han dado pasos concretos en este sentido, esta situación ofrece grandes oportunidades a los marxistas revolucionarios para luchar por la independencia de CAPITULO III LA POLITICA IMPERIALISTA EN AMERICA LATINA HOY
9. Después de la Segunda Guerra Mundial se presenciaron en . América Latina enormes movilizaciones populares, siendo las más importantes las de Colombia en 1948, Guatemala en 1954, y, la más profunda de todas, la revolución boliviana de 1952. Pero estas movilizaciones, que fueron dirigidas por fuerzas nacionalistas burguesas, fueron derrotadas sin excepción.
Esta etapa de derrotas terminó bruscamente con la revolución cubana, la que impulsó un nuevo ascenso en la lucha de clases en América Latina. Se vio que existían posibilidades para la victoria de la revolución socialista, y que no obstante el poderío del imperialismo norteamericano, se le podía derrotar.
Ante esto se dio un incremento de las intervenciones directas e indirectas del imperialismo en la región, para prevenir la repetición de la experiencia cubana. La política de los imperialistas a partir de la revolución ha sido la de aplastar desde un inicio cualquier movimiento que ponga en peligro o que pudiera poner en peligro la estabilidad o la existencia del sistema capitalista. Esta ha sido la esencia de la política de la Casa Blanca, pese al uso de la demagogia como la de la "Alianza para el Progreso".
El imperialismo norteamericano ha podido depositar su confianza en gobiernos democrático-burgueses suficientemente estables para salvaguardar sus intereses solamente en casos excepcionales. Más que nada, el período que siguió a la revolución cubana se define por los programas de "contrainsurgencia" a gran escala en la década de los años sesenta, por la invasión directa a la República Dominicana por los marines norteamericanos y por la promoción de brutales golpes militares en una serie de países.
El golpe militar de 1964 contra Goulart, llevado a cabo por los generales brasileños en estrecha alianza con el Departamento de Estado, inaguró una larga y brutal dictadura en el país más grande de América Latina. Con la noción de que el desarrollo y la "seguridad nacional" estaban indisolublemente combinados, el golpe marcó la pauta para las dictaduras militares y la dura represión
Puerto Rico y para propagandizar sobre la necesidad de la acción política independiente de la clase obrera.
Los acontecimientos en estos países, que reflejan una amplia variedad de condiciones de la lucha de clases, son testimonios de la profunda inestabilidad de la dominación burguesa en América Latina. El movimiento de las masas trabajadoras pueden hacer importantes avances en el próximo periodo, pero las condiciones sociales y económicas descartan la perspectiva de aperturas democrático-burguesas estables y duraderas. El ascenso de la lucha de clases conducirá al agravamiento de las polarizaciones de clase que culminarán o con sangrientas derrotas, tal y como lo muestra la amarga experiencia del cono sur. Pero la experiencia también muestra que incluso las soluciones dictatoriales son inestables y que se iniciarán de nuevo un ciclo de combates de clase y de ascensos revolucionarios. La única forma de que termine el ciclo es a través de la victoria de la clase obrera en la revolución socialista. impuestas en Bolivia en 1971, en Uruguay en 1972, en Chile en 1973 y en Argentina en 1976. Este curso dejó a la mayoría de los países y a la gran mayoría de la población de América Latina bajo gobiernos militares:
La actitud de los imperialistas hacia el estado obrero cubano ha sido y sigue siendo agresiva: hostigamiento y sabotaje económicos; invasión directa en 1961; bloque naval y peligro de guerra mundial en 1962; un prolongado boicot económico; continuos sabotajes; provocaciones y conspiraciones de la CIA; y las nuevas amenazas militares surgidas a raíz del presente papel de Cuba contra el imperialismo en Africa.
10. La recesión mundial de 197475 y su derrota histórica en Vietnam debilitaron al imperialismo norteamericano. La habilidad de Washington para contener la lucha de clases es hoy en día más restringida de lo que fue en el pasado. Esto se debe a los límites tanto financieros como militares de sus "obligaciones" internacionales y a las crecientes repercusiones políticas, particularmente dentro de Estados Unidos, que tendría una interverición militar directa. Los otros factores que pesan sobre la política de Washington en América Latina recuperación continua - pese a las derrotas sufridas - de clases, particularmente en cuanto a las acciones de masas por parte del proletariado urbano, y la erosión de la estabilidad de algunas de las dictaduras
Men que Washington se había principalmente.
Sin abandonar su línea de agresión contra la revolución cubana y contra el movimiento revolucionario latinoamericano, el imperialismo ahora tiene que ser más cuidadoso en cuanto a las formas que puede tomar su intervención.
Al mismo tiempo, Washington está pesando las posibilidades de contener la lucha de clases mediante proyectos de "liberalización". Existen, i sin embargo, dos limitaciones inherentes que restringen dichos proyectos: 1. la incapacidad de otorgar concesiones económicas importantes a las masas; de hecho, se han impuesto mayores medidas de austeridad; 2. La creciente dificultad de contrarrestar las movilizaciones de la clase obrera;
cuya fuerza va en aumento.
Las contradicciones de la política exterior imperialista les brindan oportunidades de lucha a las masas trabajadoras. Un ejemplo de esto es la retórica de los "derechos humanos" de la administración Carter. El principal objetivo de esta ofensiva ideológica no está en América Latina, sino que su propósito es fomentar el sentimiento antisoviético. Sin embargo, ha colocado a Washington en una posición pública un tanto delicada con relación a algunas de las brutales dictaduras latinoamericanas, forzandolo a veces a tomar distancias públicamente ante ellas. La clase obrera podria utilizar en su lucha por los derechos democráticos tales posturas públicas..
Desde los años sesenta algunos de los imperialistas También han aumentado sus ventas de equipo militar. Entre las áreas principales de sus intervenciones están las nuevas industrias tales como la producción automotriz, de productos químicos y de algunos productos alimenticios. Esto ha llevado a una creciente influencia política. Pese a la competencia económica, en la estrategia CAPITULO IV LA CLASE OBRERA VA A LA CABEZA DE LA LUCHA DE CLASES
11. En los años siguientes a la derrota argentina de 1976, ha habido un ascenso constante en las luchas de las masas explotadas en América Latina, bajo condiciones diferentes en cada país. Las luchas más profundas fueron las enormes movilizaciones de masas de 1977-78 que culminaron en situaciones prerrevolucionarias en Nicaragua y Perú. Las huelgas de la clase obrera argentina en 1977-78; de los trabajadores y estudiantes brasileños en 1977-78; y una serie de huelgas generales en Bolivia y en Ecuador en 1977 son señales de recuperación después de las derrotas sufridas en esos países. El paro cívico nacional en Colombia en 1977 y las grandes movilizaciones sindicales en México en 1975-77 han minado la estabilidad política de estos países.
En el contexto de esta recuperación y este ascenso del movimiento de masas se puede detectar una tendencia: la iniciativa y el papel de vanguardia del proletariado en la lucha de clases con respecto al conjunto de las masas populares. El proletariado, en la medida que afirme su independencia de clase, se convertirá en la dirección de las masas revolucionarias (el campesinado, los pobres del campo y la ciudad y la pequeña burguesía pobre) y podrá ser capaz de evitar las derrotas y el colapso de prometedores movimientos de masas, como ha ocurrido tantas veces en el pasado. De esta manera, la experiencia de la revolución rusa de 1917 es cada vez de mayor vigencia para los revolucionarios latinoamericanos.
12. El movimiento sindical en América Latina se centró inicialmente en la industria de la construcción, textil y las industrias orientadas a la exportación tales como los ferrocarriles, el comercio marítimo y la minería. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años general de la región sus intereses son idénticos a los de los imperialistas norteamericanos. Tratan de darse una imagen liberal para contrarrestarla con la de los desacreditados imperialistas norteamericanos. Esto les permite jugar un papel en los intentos de contener la lucha de clases mediante el apoyo a los proyectos de "liberalización" de las clases dominantes.
Los conflictos entre los imperialistas y los diversos seccores de la burguesía nacional son inevitables. En ciertas ocasiones la burguesía nacional puede aprovechar las rivalidades interimperialistas, por ejemplo, en cuanto a la venta de armamento o de reactores nucleares. Sin embargo, los vínculos cada vez más estrechos de dependencia con respecto al imperialismo también merman la capacidad de maniobra de los burgueses nacionalistas, haciendo de sus posturas "antiimperialistas" mera demagogia. El caso de Torrijos en Panamá es aleccionador al respecto, y más si se compara con los de ciertos nacionalistas burgueses del pasado como Arbenz en Guatemala y Cárdenas en México, que realizaron medidas antiimperialistas reales aunque limitadas: nacionalizaciones, etc. Tras la fachada opositora de Torrijos se escondía una actitud capituladora fundamental que buscaba preservar los aspectos esenciales del dominio imperialista sobre Panamá y el Canal. sesenta, los sindicatos crecieron en las industrias que aparecieron para producir para el mercado interno en expansión, como son las industrias enlatadoras y de envase de alimentos, nuevas industrias textiles y las industrias eléctricas y metalúrgicas. A partir de los años sesenta aparecieron sindicatos en nuevas industrias como la automotriz, la petroquímica y la de nuevos aparatos eléctricos.
Los burócratas sindicales se aliaron con la burguesía nacional en base a su interés común en el desarrollo de un mercado interno. Durante décadas esta alianza contribuyó a mantener al movimiento obrero subordinado políticamente a la burguesía y dominado ideológicamente por concepciones burguesas nacionalistas. Los ejemplos más destacados de esto son el peronismo en Argentina y el "'charrismo" en México.
Los partidos comunistas, con su concepto estalinista de forjar alianzas con sectores de la burguesía, jugaron un papel decisivo para permitir la consolidación de las burocracias sindicales nacionalistas burguesas. Durante la Segunda Guerra Mundial y en el periodo de la posguerra, los PCs impulsaron una línea de "frentes antifascistas" y de "unidad nacional' de acuerdo con la búsqueda de alianzas diplomáticas por parte de Moscú. En Brasil, Chile, México y Cuba, esto los llevó a atar al movimiento obrero a los regímenes autoritarios que empleaban una demagogia populista. En este mismo periodo, Argentina y Bolivia, la versión estalinista del "antifascismo" llevó a los PCs a unirse con fuerzas oligárquicas y proimperialistas y a caracterizar al peronismo y al MNR como fascistas. Esta política les dejó el campo libre a los peronistas y al MNR, quienes pudieron presentarse ante los trabajadores como los únicos defensores de la lucha
antiimperialista.
Por ende, los estalinistas nunca pudieron lograr avances en el campo sindical de acuerdo con sus propias posibilidades. En la mayor parte de los países de América Latina son fuerzas abiertamente políticas burguesas las que controlan gran parte de los sindicatos.
13. El crecimiento de la industria de bienes de consumo durable en los paises relativamente industrializados ha traído consigo el desarrollo de nuevos sectores del proletariado concentrado en grandes complejos industriales. Como se vió en la semiinsurrección en Córdoba, Argentina, en 1969 y en las enormes huelgas de Brasil en mayo y noviembre de 1978, iniciadas por los trabajadores automotrices, y en la serie de huelgas generales en las ciudades y provincias cuya chispa fueron las luchas de los mineros metalúrgicos y los trabajadores de los astillereos en Chimbote, Perú, en 1978, los trabajadores en estos centros industriales comienzan a definirse como la vanguardia de la clase.
Los trabajadores en los grandes centros industriales y mineros son los que están mejor preparados para afirmar su fuerza, con confianza en sí mismos, actuando tanto a través de las estructuras oficiales del sindicato como por medio de comités ad hoc en las plantas.
Estos sectores de la clase obrera pueden movilizarse desafiando a las clases dominantes en todo un amplio frente económico y político y comenzar a impugnar efectivamente el control de los burócratas sindicales para combatir a los patrones.
La continua extensión de la tecnología y la resultante proletarización de los empleados oficinistas también han ensanchado el sector organizado de la clase obrera. Estos trabajadores, organizados en nuevos sindicatos que freantiguos sindicatos, muchas veces han llevado a cabo ejemplo, los maestros, los bancarios y los trabajadores de la salud en Colombia. A pesar de que su peso social y su importancia política es menor a la de los trabajadores industriales, también están jugando un papel en esta etapa de recuperación de la combatividad de la clase obrera. En Perú, por ejemplo, se dieron grandes huelgas de los trabajadores de la salud y de los hospitales, así como de los mineros del cobre y metalúrgicos en diciembre de 1977. En julio de 1978, los maestros y los trabajadores de la salud estuvieron en la primera línea, y en agosto y septiembre los empleados públicos se movilizaron junto con los mineros y trabajadores metalúrgicos. La ola de huelgas de obreros industriales en Brasil en mayo y junio de 1978 fue seguida en agosto y septiembre por grandes luchas de maestros y empleados bancarios. En México en 1977-78, golpeados duramente por una crisis económica y un intento por parte del gobierno de imponer medidas de austeridad, los trabajadores electricistas, de teléfonos, ferrocarrileros y mineros han sido la punta de lanza de una respuesta obrera al ataque de la burguesía. Esto ha presionado considerablemente a la poderosa y corrupta burocracia que controla los sindicatos. Como resultado de esto, el "charrismo", sin abandonar su línea agresiva, incluso de violencia física contra las bases, ha tenido que adoptar una postura verbal más agresiva ante la patronal y ha amenazado con llamar grandes movilizaciones por primera vez en cuarenta años. Los trabajadores están siendo atraidos a los sindicatos, y los buscan transformar en instrumentos de lucha contra los patrones.
14. Es necesario una dirección consecuentemente proletaria para reemplazar a los burócratas colaboracionistas de clase y convertir a los sindicatos en instrumentos de lucha revolucionaria. Este proceso no será automático ni meramente espontáneo. En la medida que no surja una alternativa clasista de masas, las antiguas direcciones, a pesar de sus traiciones, sèguirán apareciendo ante los trabajadores como su único recurso y las burocracias podrán reafirmarse con la ayuda, claro está, de los gobiernos burgueses. Incluso en los países donde los sindicatos han sido aplastados, como en Brasil, Uruguay y Chile, aún quedan elementos de las viejas burocracias sindicales ellas mismas víctimas de la represión y, por lo tanto, capaces de preservar cierto prestigio ante los trabajadores; estas burocracias son una carta en la mano de los capitalistas, y la jugarán cuando sea necesario en el futuro. En otros países, aún cuando exista un recrudecimiento de las luchas proletarias, o donde se esta dando un resurgimiento después de las derrotas, se puede observar que la recuperación de las burocracias desacreditadas marcha a la par con el desarrollo de un espíritu combativo de la clase obrera: éste es ya parcialmente el caso de lo que sucede con la dirección sindical peronista en Argentina y es el caso de la dirección de Lechin entre los mineros bolivianos. En Peru, mientras que el APRA ha sido singularmente incapaz de restablecer su posición, otrora hegemónica, en los sindicatos, el Partido Comunista sí ha podido mantener su control del aparato del principal centro sindical, la Confederación General de Trabajadores de Perú (CGTP).
Por otra parte, la experiencia de luchas obreras ha tenido como resultado el desarrollo de una nueva capa de activistas y organizadores. Esta capa la componen muchos delegados y comités de fábrica, representantes de coordinadoras, activistas de varias corrientes sindicales y en algunos casos dirigentes de los sindicatos de las fábricas individuales. En su conjunto representan la dirección reconocida de la clase en los centros de producción. En diversas ocasiones se ha visto que tienen un peso decisivo en los momentos claves de la lucha de clases en cuanto a la formación de las actitudes de sus compañeros de trabajo y en el desarrollo de organismos de lucha. En muchos casos esta capa ha podido tener continuidad a lo largo de los años, a pesar de los altibajos de las organizaciones de masas. Esta vanguardia proletaria ha podido actuar, en cierta medida, como la "memoria" de la clase. transmitiéndole las experiencias adquiridas en la lucha a una nueva generación de militantes.
Entre los ejemplos de este fenómeno están el núcleo dinámico de la corriente conocida como el "peronismo clasista" en Argentina, que mantuvo formas clandestinas de organización en las plantas durante las dos décadas de proscripción política del peronismo; la vanguardia de los mineros en Bolivia, que ha evitado la consolidación de varias dictaduras en ese país; los sectores de vanguardia de los mineros del carbón y del cobre y de los trabajadores metalúrgicos en Chile; los mineros metalúrgicos de vanguardia y las tendencias militantes clasistas en los sindicatos en Perú; los sectores más combativos de los trabajadores electricistas, telefonistas, ferrocarrileros y mineros en México.
Pero estas tendencias clasistas carecen de claridad política y estabilidad organizativa. El proceso de organizar la lucha contra la clase dominante y de remover a los falsos dirigentes para reemplazarlos con una dirección clara y consecuentemente proletaria que incluya las capas combativas descritas anteriormente, requiere de la participación y dirección política de partido marxista revolucionario.
15. En la interrelación entre el partido marxista revolucionario, la vanguardia militante del proletariado y la clase en su conjunto, el partido le presta atención especial a la vanguardia. Pero el programa y la política en torno a las
cuales busca organizar a esta vanguardia no son nada diferentes al programa y política que plantea para la clase en su conjunto. El objetivo es simplemente impulsar un programa de acción que le permita a la vanguardia proletaria, organizada en una ala consecuentemente clasista, organizar, movilizar y dirigir a la clase y sus aliados contra los ataques de la clase dominante, y en el curso de este proceso reemplazar a los burocratas que propugnan la colaboración de clase.
Es necesaria la movilización en torno a un programa amplio de acción, que corresponda a los problemas más agudos de todos los obreros y los oprimidos, para enfrentarse a la ofensiva patronal. Tomando como punto de partida la defensa de los sindicatos, de las condiciones de trabajo y del nivel de vida de las masas, este programa apuntará al control obrero de la producción y a un gobierno de los obreros y campesinos. Los trabajadores deben aprender a pensar en términos sociales y a actuar políticamente; para comprender las grandes cuestiones sociales y políticas a las que se enfrentan todos los oprimidos y explotados, para defender sus intereses tanto como los de los trabajadores y para unirlos y conducirlos a la acción independiente en el campo político tanto como en el económico. Al defender los intereses de la clase obrera y de todos los oprimidos, y al luchar por movilizarlos en este sentido, surgirá una corriente consecuentemente proletaria que podrá convertir a los sindicatos y a las otras organizaciones de masas en instrumentos de lucha revolucionaria.
Este será un proceso desigual. Inicialmente surgirán CAPITULO V LA MOVILIZACION DE LOS ALIADOS DE LA CLASE OBRERA
16. El capitalismo penetró los sectores de la agricultura destruyendo o absorbiendo las economías agrarias primitivas. Pero este fue un proceso incompleto. De manera que hoy en día existe una extensa gama de relaciones sociales en el campo, desde aquellas en las que los campesinos sobreviven en una base agrícola de subsistencia, que incluye en algunos casos formas prehispánicas de subsistencia, hasta las modernas empresas agrocapitalistas.
Las contradicciones que se desarrollaron en América Latina han unido a las empobrecidas masas campesinas, al proletariado agrícola, al semiproletariado y a los trabajadores migratorios contra el bloque de las clases dominantes compuesto de los terratenientes, la moderna burguesía agraria y las compañías propiedad de los imperialistas. Todos ellos en el marco de la dominación financiera imperialista.
El objetivo principal de las masas campesinas que no pueden subsistir por medio del cultivo de sus pequeñas parcelas (los minifundistas), o de los que han sido despojados, sigue siendo la tierra. Todas las reformas agrarias burguesas, hayan sido logradas mediante movilizaciones de masas, como en Perú, o iniciadas desde arriba por regímenes burgueses con el propósito de modernizar la agricultura, han demostrado su incapacidad total de satisfacer las necesidades de la mayoría de los campesinos latinoamericanos. Como resultado de esto se dan constantemente las ocupaciones de tierra.
tendencias y iuchas combativas en torno a algunos, pero no todos, los puntos de un programa completo de acción. Los marxistas revolucionarios apoyarán estas luchas como un paso adelante, a la vez que buscarán ganar adherentes a un programa de acción más avanzado y más completo.
Un ejemplo de la desigualdad de este proceso es el desarrollo de la Tendencia Democrática de los trabajadores electricistas mexicanos, que ha estado en la vanguardia de muchas luchas. En 1975, un mitin masivo de trabajadores electricistas en México, iniciativa de la Ten-
Democrática, declaración Guadalajara que planteaba una amplia plataforma sindical de reivindicaciones económicas y de democracia sindical, pero que no rompía claramente, al nivel político, con el gobierno burgués del PRI. Al mismo tiempo que los marxistas revolucionarios apoyan los avances de la Tendencia Democrática, libran una batalla para que rompa con el PRI y adopte un programa de acción que se dirija a las necesidades de todos los oprimidos.
La construcción de una tendencia consecuentemente proletaria requiere la dirección del partido marxista revolucionario. Esto, a la vez, requiere que el partido mismo está enraizado en los sectores claves de la clase obrera, particularmente entre los obreros industriales, quienes serán la piedra de toque de una dirección consecuentemente proletaria para la clase en su conjunto. En el curso de la lucha por forjar de esta manera una dirección clasista, el partido crecerá hasta ser un partido proletario de masas.
Las reformas agrarias logradas por las revoluciones boliviana y mexicana tampoco han podido satisfacer las necesidades de las masas. La reforma agraria en México fue la más radical de todas las reformas agrarias llevadas a cabo bajo el capitalismo en América Latina. La tierra que los campesinos conquistaron en sus luchas fue declarada propiedad de la nación por el gobierno burgués; estas tierras (los ejidos) se suponía recibirían protección legal para que no volvieran a pasar a manos de latifundistas —mientras la tierra estuviera bajo cultivo, le pertenecería a quien la trabajaba, quien la podría arrendar o traspasar a sus herederos, pero no vender. Pero los ejidatarios no pudieron resistir el avance arrollador de la agricultura capitalista mecanizada ni, como fue el caso especialmen te en el norte de México, de los crecientes "agrobusiness" vinculados al imperialismo, el cual mantiene su dominación mediante el control de la maquinaria agrícola, los fertilizantes químicos, la industria alimenticia y la venta de los productos. Así, los ejidatarios se han visto cada vez más forzados a "arrendar"' sus parcelas a los "agrobusiness", y luego a trabajar como asalariados agrícolas. En el Estado de Sonora se arriendan el 70% de los ejidos, en Sinaloa más del 40%. En México en 1970, 2,5 millones no poseían tierra (comparado con los 1,5 millones sin tierra en 1950).
De manera que la realización de una nueva reforma agraria se presenta como una de las tareas del campesinado mexicano. Esta se deberá basar en lo logrado anterior-
mente, pero ir mucho más lejos. La revolución socialista en Cuba es el único ejemplo de una reforma agraria que ha tenido éxito en América Latina.
Millones de campesinos en América Latina ven amenazada su existencia ante el avance de las empresas agrícolas capitalistas a gran escala y los procesos de modernización en el campo, que se llevan a cabo para beneficio del imperialismo.
Han surgido por toda América Latina una enorme masa de campesinos pauperizados, escasamente sobreviviendo al margen del proceso de producción. Emigran a las ciudades en grandes números, ensanchando las filas de los desempleados y los pobres de las urbes, o se quedan en el campo como un ejército de reserva de trabajadores
migratorios que serán usados para satisfacer las necesidades temporales de la agricultura capitalista.
En varios países la clase dominante ha iniciado una contrarreforma agraria cuyo propósito ha sido cambiar los limitados logros de los periodos anteriores. Por ejemplo en Chile, Pinochet no solamente devolvió a sus antiguos dueños casi todas las tierras que les habían sido expropiadas a los grandes propietarios durante el gobierno de Allende sino que también ha tomado medidas para revertir las distribuciones de tierra llevadas a cabo anteriormente bajo gobiernos demócrata cristianos. Los marxistas revolucionarios, al mismo tiempo que explican el carácter limitado de las presentes reformas agrarias, defienden lo que las masas ya han conquistado.
Una reforma agraria radical es necesaria hoy más que nunca. Esta requiere no sólo la nacionalización de las gigantescas haciendas y latifundios y la distribución de la tierra a los que no la tienen, sino también el establecimiento de los mecanismos necesarios para ayudar a los pequeños agricultores, tales como la concesión de crédito barato a los pequeños propietarios, el desarrollo de proyectos de irrigación y otros tipos de ayuda tecnologica. Las medidas para romper el control de los intermediarios que se benefician de los campesinos y que deben mantener los precios bajos, son especialmente importantes para forjar la alianza entre los obreros y los campesi-
El proceso contradictorio de la expansión capitalista en el campo está creando un sector cada vez más numeroso de trabajadores agrícolas, principalmente en los sectores de la ágricultura y de la ganadería más vinculados con el desarrollo del "agrobusiness". En muchos casos el trabajo es temporal, y los trabajadores agrícolas son condenados por el resto del año a una existencia marginal como desempleados o trabajando parcelas minimas.
tono o ato andin pueden a armad
Estos trabajadores pueden ser movilizados junto con de lucha en torno a la tierra. También pueden ser movilizados en torno a reivindicaciones especificamente relacionadas con su posición como trabajadores agrícolas (aumento de salarios, salarios por hora en vez de a destajo, límites al día de trabajo, prestaciones de servicio derecho a la organización sindical, el cual ha sido uno de los ejes principales de los ataques de la clase dominante.
Los regímenes burgueses han empleado una variedad de métodos en sus intentos para impedir la organización de los campesinos en su lucha por la tierra. Estos van desde la represión abierta como el caso de Chile, donde se prohíbe cualquier tipo de organización campesina independiente, a la manipulación de las organizaciones agrarias como en el caso del "Pacto campesino-militar" en Bolivia y la Confederación de Asentamientos Campesinos en Panamá, en ciertos casos el gobierno ha fomentado el desarrollo de direcciones campesinas locales vinculadas a él.
Bajo estas condiciones la lucha por la independencia de las organizaciones campesinas ante las manipulaciones de la burguesía y los terratenientes es un paso fundamental en la lucha por la liberación de las masas campesinas en América Latina.
Casos ejemplares de este tipo de luchas fueron las luchas que libraron los sindicatos campesinos en los valles de Convención y Lares en Perú en 1962-63, las de las Ligas campesinas en el noreste de Brasil en 1961-62, y las luchas de 1975-76 de los campesinos mexicanos que hoy se organizan en la Coordinadora Campesina Revolucionaria Independiente.
Las luchas guerrilleras basadas en ascensos de las masas campesinas han sido endémicas en América Latina como en Colombia en 1948 y después. Son algo bien diferente a las aventuras foquistas de los años 60, en las que pequeños grupos de guerrilleros trataron de establecerse en el campo. Pero en la mayoría de los casos, aún las guerrillas vinculadas a las masas campesinas han demostrado su incapacidad de impulsar a las masas de campesinos y semiproletarios a avanzar hacia organizaciones nacionales, hacia la independencia política del Estado burgués y hacia la unidad orgánica con el proletariado en las ciudades.
Solamente bajo la dirección del proletariado se puede forjar la alianza entre los obreros y los campesinos y avanzar en la lucha victoriosa contra el enemigo común, la burguesía.
Esta alianza basada en reivindicaciones democráticas, adquiere cada vez más una dinámica anticapitalista. Los ciclos de las luchas campesinas tienden a coincidir con los de las luchas obreras. No es posible, sin embargo, sellar esta alianza en forma espontánea. La acción de los revolucionarios, programa que expresa la convergencia fundamental de las dos clases en su lucha contra la burguesía y su Estado, es fundamental. El coronamiento de la acción y de propaganda de los revolucionarios es el gobierno obrero y campesino.
17. La lucha contra la opresión nacional y el racismo dentro de América Latina constituye un punto clave en la lucha de clases, y en varios países es de importancia decisiva para la revolución socialista.
Existen dos grupos principales de pueblos nacionalmente oprimidos en América Latina: los negros y los indios. Cada uno de estos grupos tiene muchos componentes.
a) Los indios. Existen casi 30 millones de indios en América Latina, en su mayoría concentrados en lo que fueron los centros de las civilizaciones precolombianas: México y Guatemala; Perú, Bolivia y Ecuador. En otras partes tienen importancia numérica en ciertas regiones.
Y en todas partes su lucha tiene un gran peso moral, debido a la historia del continente.
Los indios en su mayoría continúan viviendo en el capa más pobre de los trabajadores agrícolas, aparceros, campesinos pobres y sin tierra. Un creciente número de ellos, sin embargo, se han visto forzados a emigrar a las ciudades y vivir en las barriadas, en las favelas, las colonias populares y campamentos urbanos. Sus bajos ingresos, su analfabetismo, infantil, sus promedios vida...todos estos hechos y otros más demuestran la agudeza de la opresión contra los indios. El despojo de sus tierras, la supresión de sus lenguas y otras herencias culturales, su carencia de derechos cívicos (tales como el derecho al voto) refuerzan y ayudan a perpetuar SU extrema explotación. Es esencial que el movimiento obrero comprenda la lucha contra estas terribles condiciones de vida de los indios: su lucha por la tierra, etc.
En aquellos países donde la población indígena es baja, como en Chile y Argentina, su existencia ha sido deliberadamente ignorada por los regímenes burgueses, y no se ha llevado a cabo ningún tipo de medidas que permitan a los indios, si así lo desean, preservar sus lenguajes y culturas. Los indios que habitan en las selvas (tal vez un millón) son los que más sufren. En Brasil y Paraguay, la clase dominante los ha visto como obstáculos desarrollo capitalista de la región, siendo, por lo tanto, víctimas de la más salvaje represión, incluso del genoci-
dio, hambrunas intencionales y epidemias producidas artificialmente. En Paraguay todavía existen hoy indios que son forzados a vivir bajo condiciones de virtual esclavitud.
Las revoluciones en México y Bolivia trajeron las consigo reformas sustanciales para los indios. Pero la política del "indigenismo" desarroliada bajo los auspicios de los gobiernos burgueses es esencialmente paternalista mediante el uso de proyectos de servicio social y la preservación de ciertos aspectos de la cultura indígena, se busca integrar al indio a la sociedad capitalista. Dada la ausencia de mejoras socioeconómicas y significativas, esta política ha fracasado y en algunos casos le ha cedido el terreno a medidas represivas, como por ejemplo la masacre de los indios mexicanos en el Estado de Hidalgo,
México en 1977.
La opresión de los indios sólo será abolida mediante su movilización independiente, como parte de un auge revolucionario más amplio. Las revoluciones en México y
Bolivia, los. mismo que el ascenso en Guatemala al principio de los años 50, fueron acompañados de movilizaciones indígenas, que se manifestaron principalmente en las medidas de reforma agraria y en los avances iniciales para la eliminación de la discriminación contra las lenguas nativas, así como también en las luchas contra otras formas tradicionales de su opresión. Esto trajo como resultado una mayor participación de los indígenas en la vida política en el curso de esas luchas. Ejemplo aleccionador de la manera de impulsar las movilizaciones indígenas es el de los movimientos campesinos en Perú en 1962-63. Mientras que hasta entonces el movimiento obrero se había limitado a dar apoyo verbal a los indios, Hugo Blanco y otros líderes vieron la necesidad de desarrollar una dirección autóctona quechúa que pudiera fomentar en Convención y Lares el orgullo y la confianza en su propia fuerza y de esta manera organizar la lucha por la tierra de la manera más eficaz.
b) Los negros. Los negros llegaron a América Latina como esclavos y en la actualidad continúan siendo víctimas de todo un sistema de prácticas racistas aún después de la abolición legal de la esclavitud. Esto los ha convertido en minorías que sufren la opresión nacional en el continente.
La concentración más grande de la población negra es en Brasil según cifras de 1950, el 11 por ciento de todos los habitantes se identificaron como negros y el 26,6 por ciento como mulatos. En ciertas regiones importantes del país estos dos grupos juntos conforman la mayoría de la población. La clase dominante brasileña es tan sensible a esta cuestión candente en un país de 115 millones de habitantes, que desde 1950 se han eliminado totalmente de los censos todas las referencias que indiquen la raza.
La opresión racial es un factor inherente a la estructura social del capitalismo en Brasil. La población blanca tiene un monopolio de los mejores trabajos, viviendas servicios sociales. En las áreas rurales del país los negros conforman los sectores más pobres y más oprimidos de los campesinos y trabajadores. Las estadísticas del censo de 1950 en lo referente a la educación presentan esta opresión en la manera más dramática. Los que se idențificaron como negros formaban solamente el 4,2 por ciento de los diplomados de escuelas primarias, el 0,6 por ciento de los diplomados de escuelas secundarias, y el 0,2 por ciento de los diplomados de las universidades. Los que se identificaron como de raza mixta formaban solamente el 10,2 por ciento de los diplomados de escuelas primarias, el 4,2 por ciento de los diplomados de escuelas secundarias y el 2,2 por ciento de los diplomados de universidades.
Todavía está por desarrollarse un movimiento negro de masas en Brasil, y cualquier intento de los negros a orgaactitud hostil del gobierno. Sin embargo, bajo el impacto nizarse independientemente se ha enfrentado con la de la revolución africana y de las luchas de los negros en
Estados Unidos han surgido las primeras expresiones de un movimiento negro. El 7 de julio de 1978, más de 1.000 negros se manifestaron en Sao Paulo contra la opresión racial. Se ha formado una organización llamada el Movimiento Unido Contra la Discriminación Racial, siendo la primera organización de este tipo desde 1937, año en que el gobierno de Vargas prohibió al Frente Negro. Otra manera en que la renaciente conciencia nacionalista negra se manifiesta, es mediante el trasplante de ciertos aspectos culturales de los negros en Estados Unidos.
La opresión nacional de los negros es también una cuestión importante en América Central, las islas del Caribe, Ecuador, Colombia y Venezuela. Los trabajadores negros son importantes en ciertas industrias, como en aquellas relacionadas al funcionamiento del Canal de Panamá. Hasta en países donde los negros son un sector muy pequeño de la población, a menudo viven concentrados en ciertas regiones en las que por lo tanto tienen mayor peso social, como en el área de Limón en Costa Rica y la costa pacífica y atlántica de Colombia.
Además de la cuestión de la opresión en el trabajo, la vivienda, la educación, etc., se deben tener en cuenta tres particularidades:
1. En América Central hay muchos negros cuyo primer idioma es el inglés, el cual es suprimido en las escuelas y en los medios de comunicación.
2. Uno de los legados del colonialismo británico en la Guyana y en el Caribe, especialmente en Trinidad, y del colonialismo holandés en Surinam, se manifiesta en las tensiones existentes entre las poblaciones negras y las de origen hindú, ambas estando oprimidas.
3. Además de influencia de la revolución africana y de la lucha de los negros en Estados Unidos (y también en Gran Bretaña), el impacto de la revolución cubana es de gran importancia en el área del Caribe. Las profundas medidas llevadas a cabo en Cuba para eliminar la opresión racial contra los negros resaltan ante las prácticas racistas en los países capitalistas de la región.
El racismo es un componente integral de la sociedad de clases en América Latina a todos los niveles. Existe una escala de color, según la cual aquéllos que se aproximen más a las normas raciales europeas ocupan posiciones de privilegio con relación al resto. La base de este racismo generalizado es la discriminación institucionalizada que se ha usado contra las poblaciones indígenas y negras.
Las direcciones reformistas del movimiento obrero han traicionado a los pueblos oprimidos negros e indios de América Latina. Los marxistas revolucionarios son los únicos que apoyarán las luchas de los negros e indios que luchará contra su opresión en donde y cuando sea que ésta se manifieste.
Teniendo en cuenta el peso social de las minorías nacionales oprimidas, prestar gran atención a este tema y elaborar una política correcta para la lucha por la eliminación de la opresión racial son puntos claves para el éxito de la revolución socialista. • La experiencia histórica ha demostrado que el ascenso de las luchas contra la opresión nacional es acompañado por un orgullo creciente y una autoconfianza reforzada de parte de los oprimidos y por una insistencia también creciente de parte de los oprimidos de la necesidad de solucionar sus problemas de acuerdo a sus intereses. Aunque
es prematuro predecir las formas políticas exactas que serán necesarias para garantizar el fin del racismo y de la opresión nacional contra los indios y los negros, la revolución socialista tendrá que suministrar los medios requeridos para lograrlo; incluida la posibilidad de autonomia territorial o estados autónomos. Sólo reivindicando estos derechos de autodeterminación podrán los marxistas revolucionarios ganar a los oprimidos racialmente para el combate por el socialismo.
Existe otro aspecto de la cuestión nacional en América Latina: los guatemaltecos en el sur de México, los colombianos en Venezuela, los haitianos en la República Dominicana, los paraguayos y bolivianos en Argentina y otros. Todos son víctimas de la discriminación basada en su raza o en su nacionalidad. La lucha contra esta opresión es un aspecto importante de la lucha por la unidad de la clase obrera.
El contingente más importante de trabajadores inmigrantes latinoamericanos son los mexicanos en Estados Unidos, junto con los puertorriqueños, los colombianos, los dominicanos, los haitianos y otros. En Gran Bretaña y en Canadá hay un gran número de negros del Caribe y en Francia también hay trabajadores inmigrantes de las Antillas. Las luchas contra la deportación o la discriminación de estos y otros trabajadores migratorios es un medio a través del cual se puede educar y establecer vínculos con el movimiento obrero en los países imperialistas y de asestarle duros golpes a las potencias imperialistas.
18. Las recientes e inmensas concentraciones de gente pobre en las ciudades son un factor social de importancia inmensa. Netzahualcóyotil, por ejemplo, una de las "colonias populares" de la ciudad de México, ha crecido en los últimos veinte años, de una zona de invasión ilegal de tierras a ser una población de más de 2 millones de personas. La mitad de la población de Lima metropolitana vive en las barriadas o "pueblos jóvenes" que rodean la capital peruana.
En Puerto Rico, la "vitrina de la democracia" según Washington, decenas de miles de personas viven en los arrabales, en casas de cartón, hoja de lata o madera, sin servicios sanitarios, agua o electricidad. Ejemplos similares son comunes a todas las ciudades del continente.
Hay dos puntos claves de importancia especial para los pobres de las ciudades:
a) Empleos. La gran masa de los pobres de las ciudades, muchos de los cuales han sido forzados a emigrar recientemente del campo por falta de tierra o de trabajo, se encuentran desempleados o subempleados en las ciudades. Siendo el desempleo un problema estructural creeciente (en Lima, por ejemplo, casi el 50% de la fuerza de trabajo en la ciudad era considerada como desempleada o subempleada en 1977), no hay perspectivas para su resolución bajo el sistema capitalista.
b) Vivienda y servicios públicos. El rápido crecimiento de estas enormes concentraciones urbanas se ha dado sin una planificación urbana ni de crecimiento industrial equilibrado. Por lo tanto hay una falta crítica de vivienda y de servicios tales como agua, electricidad, alcantarillado, transporte, educación, salud, etc.
Estas concentraciones son una dinamita social que puede estallar fácilmente, como sucedió en Lima en febrero de 1975, cuando, después de un año de rápidas alzas en los precios, las masas se aprovecharon de un conflicto entre el ejército y la policía para desencadenar una ola de saqueos e incendiar las oficinas de los periódicos gubernamentales. La falta de transporte público barato ayudó a que estallara una explosión popular en Managua, Nicaragua, a fines de 1977. (Importantes áreas residenciales obreras construídas después del terremoto de 1972, están situadas tan lejos de la zona industrial que los trabajadores tenían que gastar hasta el 15% de sus ingresos en transporte).
Una tarea fundamental del movimiento obrero es dar dirección y orientación política al descontento de las masas urbanas. El potencial para las iniciativas obreras en esto quedó demostrado en el paro cívico nacional y de un centenar de paros cívicos regionales y locales en el mismo periodo en Colombia, organizados por el movimiento sindical en septiembre de 1977, y por los éxitos de las sucesivas huelgas generales en Perú en 1977-78.
19. Como en el resto del mundo semicolonial, la opresión de las mujeres en los países latinoamericanos ha sido más intensa en comparación con los países capitalistas desarrollados. Los sistemas sociales y económicos relativamente atrasados no les han permitido a las mujeres obtener las posibilidades de independizarse económicamente, lo cual significa la preservación de muchas más prácticas sociales arcáicas dirigidas contra las mujeres y para preservar la familia, incluso la familia numerosa. Dos de las características específicas de la opresión de la mujer en América Latina son el peso de la Iglesia Católica y la omnipresencia de la práctica e ideología social • del
Transformaciones objetivas,, tales como las discutidas anteriormente en cuanto a la situación económica y social en América Latina, están sentando las bases para el desarrollo de un movimiento de las mujeres. Entre estos cambios se incluyen: la expansión de la educación para las mujeres y su participación en el proceso de producción fuera del hogar; el creciente proceso de urbanización; el deterioro de las relaciones tradicionales socioeconómicas en el campo; el debilitamiento de la ideología católica tradicional; y la influencia del nuevo movimiento internacional de liberación de la mujer.
Los enraizados prejuicios contra la participación de mujeres en la vida polírica ha impedido el desarrollo de un movimiento de liberación de la mujer que se pueda comparar al que ha surgido en los países capitalistas desarroIlados. Es sólo una cuestión de tiempo, sin embargo, para que se desarrolle este movimiento. La agudeza de la opresión y el gran peso social que tiene este sector social ha creado la posibilidad para el desarrollo de un movimiento masivo de la mujer, con gran potencial político.
Ya se pueden ver las primeras indicaciones del desarrollo de un movimiento de la mujer en América Latina:
a) El surgimiento en muchos países de grupos de mujeres que se consideran francamente organizaciones feministas. Aunque sean pequeños y su composición. y ámbito de acción sean principalmente estudiantiles o pequeñoburgueses, sin duda alguna se desarrollarán organizaciones feministas entre las mujeres de las clases explotadas.
b) La creciente participación de las mujeres en la vida política. En este proceso han aparecido algunos grupos específicamente de mujeres, como los comités de amas de casa en las áreas mineras de Bolivia, los comités de mujeres dentro de la Tendencia Democrática de los trabajadores electricistas en México. Estos hechos reflejan un creciente nivel de confianza por parte de las mujeres. Aunque estos grupos no estén organizados como grupos francamente feministas, y aunque no tengan como eje necesariamente cuestiones de la mujer, sí anuncian el surgimiento de un movimiento masivo de liberación de la mujer.
Se desarrollarán una serie de luchas particulares de las
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mujeres en torno a diversas cuestiones. Dentro de los puntos claves que se podrían enumerar están: plenos derechos cívicos y jurídicos (derecho al divorcio e igualdad jurídica); el derecho al aborto y contra la esterilización forzada; a guarderías infantiles; contra la discriminación en las oportunidades de empleo y en el propio trabajo; igualdad de salarios por igual trabajo, y contra la discrimi-
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N MURR nación en el trabajo. 20. En contraste con los maestros, los trabajadores de la salud, los técnicos y los varios tipos de empleados oficinistas quienes viven por medio de la venta de su fuerza de trabajo y forman parte del proletariado, la pequeña burguesía urbana, hablando en términos estrictos, está compuesta de varias capas como son los artesanos, los tende-
ros, los propietarios de pequeñas empresas, los ingenieros y científicos muy calificados, los administradores en el gobierno y en las grandes empresas y los profesionales liberales. Estos sectores no son aliados consecuentes del proletariado, pero muchos podrían ser ganados a su lado.
La importancia de estos sectores para la lucha de clases fue demostrada en Chile en el periodo de Allende. A medida que se intensificó la polarización de clases, y a medida que se profundizó la crisis económica (incrementada por el sabotaje de la economía por parte del imperialismo y la burguesía chilena), estas capas pequeñoburguesas no vieron más que la conciliación y las vacilaciones por parte de los principales partidos obreros, el PC y el PS. No vieron que los partidos obreros presentaran una solución clara a la crisis. Poco a poco se alejaron del proletariado y se unieron a la histeria anticomunista de la derecha. Las huelgas reaccionarias de los propietarios de camiones y de los tenderos, ocurridas en octubre de 1972 y julio de 1973, y la manifestación contra Allende en septiembre de 1973 en la que participaron mujeres de clase media, fueron momentos significativos en el proceso que culminó en el golpe de Pinochet.
Esta experiencia no tiene que repetirse en otras partes. Aunque algunos sectores de la pequeña burguesía, especialmente en las capas más altas y en aquéllas más intimamente ligadas a la tarea del mantenimiento de las relaciones de producción capitalista no se pueden ganar al movimiento obrero, las clases medias pueden ser divididas. Una clara solución obrera a la crisis económica puede ganar a los artesanos, los pequeños comerciantes, los tenderos, camioneros, etc. al lado del proletariado. La perspectiva de poner sus conocimientos al servicio del pueblo puede ganar a los médicos, ingenieros y cientificos, como ha sido el caso con muchos médicos rurales que han apoyado las luchas campesinas. La audacia política de una dirección proletaria capaz puede lograr atraer a su lado a amplios sectores de la clase media urbana y neutralizar a los otros.
21. La importancia de ganar a los marineros y soldados rasos a la causa del proletariado también fue evidente en la experiencia de Chile. A medida que se intensificó la crisis en ese país, se desarrollaron divisiones entre los cuerpos de oficiales, con tendencias crecientes hacia un golpe reaccionario, y los marineros y soldados, atraídos hacia sus hermanos proletarios y campesinos. Pero el PS y el PC tenían vanas esperanzas que la mayoría de los oficiales permanecerían leales al régimen de Allende. Estos partidos permanecieron al margen mientras que los soldados rasos y los marineros, especialmente los marineros de Valparaíso, trataban de organizarse contra el golpe que se avecinaba y por tanto fueron víctimas de la represión de los oficiales. Las bases fueron abandonadas por los partidos obreros y por el gobierno que luchaban por defender. Esto selló el desenlace reaccionario.
Mientras que el movimiento revolucionario de los trabajadores busca ganar a su lado a las bases de las fuerzas arCAPITULO VI UN BALANCE MARXISTA REVOLUCIONARIO DE OTRAS CORRIENTES POLITICAS
23. La estrategia de la guerra de guerrillas que, debido en parte a una incomprensión de la dinámica de la revolumadas, no busca tratar de ganarse a la policía ni a los cuerpos represivos especializados como la Guardia Nacional en Nicaragua. Estas fuerzas policíacas no están formadas por campesinos u obreros temporalmente uniformados. A pesar de que individuos en la policía pueden ser influídos por las luchas obreras y campesinas, la abrumadora mayoría de la policía no lo será. Han sido corrompidos y transformados a lo largo de los años, convirtiéndose en capas sociales hostiles al proletariado y sus aliados, quienes deben tomar las medidas adecuadas para defenderse de estas fuerzas represivas policíacas.
22. Como producto de la creciente falta de trabajadores calificados, técnicos, de servicios y administración, ha habido una expansión tremenda en la educación superior en muchos países de América Latina. Las inmensas universidades como la Universidad Nacional Autónoma de México, con más de 200.000 estudiantes, es ejemplo vivo de la transformación que ha ocurrido. Bajo el antiguo sistema universitario "liberal" la composición del estudiantado se limitaba en su mayoría a los hijos de la élite de la burguesía y de las altas capas de la pequeña burguesía. En la universidad de masas del presente, muchos estudiantes provienen de las capas bajas de la pequeña burguesía y los sectores privilegiados del proletariado.
Sin embargo, el desarrollo económico no ha ido a la par con el crecimiento de la educación, de manera que la perspectiva con la que se enfrentan estos jóvenes es muchas veces la del desempleo. Concentrados en grandes números, y teniendo muchos vínculos sociales con los sectores menos privilegiados de la sociedad, radicalizados por las cuestiones sociales más amplias como también por sus propias perspectivas sombrías en el capitalismo, el estudiantado puede jugar hoy un papel más importante que nunca como aliado del proletariado y de las masas oprimidas.
Las luchas estudiantiles surgen constantemente en torno a una gran variedad de cuestiones. En Brasil en 1977-78 las rebeliones estudiantiles masivas a nivel nacional fueron la punta de lanza de la lucha por los derechos democráticos. En Panamá en 1977-78, los estudiantes estuvieron al frente de la lucha contra los tratados del Canal de Panamá. En la República Dominicana en 1977, los estudiantes se manifestaron contra las medidas de austeridad que hacían peligrar el presupuesto para la Universidad de Santo Domingo. En México, en 1977, enormes contingentes de estudiantes participaron en las manifestaciones de apoyo a las huelgas de los trabajadores universitarios. En 1978, los estudiantes de secundaria en Perú se unieron en apoyo a la combativa huelga de maestros que duró 80 días.
Los estudiantes deben vincular sus luchas y sus necesidades con el movimiento obrero. Sectores claves donde esto puede suceder son: la lucha por empleos, las luchas de los maestros y empleados de la educación, las iniciativas que el movimiento obrero tome en las luchas sociales más amplias. ción cubana, fue impulsada por un gran número de militantes revolucionarios en América Latina durante la
década de los años sesenta, ha demostrado ser un fracasO.
Las corrientes guerrilleras cobraron importancia través de América Latina en el período que siguió a la revolución cubana. Esta revolución y las perspectivas de repetir sus éxitos en otras partes de América Latina, inspiraron y radicalizaron a toda una generación. Muchos rechazaron la teoría de la revolución por etapas que, debido a la influencia stalinista, hasta entonces predominaba en la izquierda. Vieron en Cuba la confirmación de la posibilidad de la revolución socialista, aún frente a los intentos de los imperialistas a aplastar la revolución. Rechazaron la vía pacífica y la colaboración de clases promovidas por los stalinistas y o por otras corrientes reformistas.
Pero la estrategia guerrillera, en sus variantes rural y urbana, continuó las necesidades preocupaciones de las masas. La característica principal de la línea guerrillera fue su dependencia total en actos ejemplares de pequeños grupos. Las corrientes guerrilleras no lograron forjar un programa apto para dar dirección al proletariado y para unir a éste con los campesinos y las masas oprimidas en una lucha consecuente contra las clases dominantes. Cayeron víctimas del incremento de la represión. Se aislaron de las masas en el momento en que se desencadenaban inmensas movilizaciones proletarias.
Esto sucedió por ejemplo en Argentina, en donde el PRT desarrolló una lucha prolongada de guerra de guerriIlas en ese país altamente urbanizado y proletario; esta estrategia incluía el concepto del establecimiento de un poder dual por medio de un control sobre áreas geográficas; la revolución fue concebida como una guerra de liberación nacional, según ellos, ya en marcha en las acciones guerrilleras.
La dirección castrista buscó extender la revolución por toda América Latina. Pero malinterpretando las lecciones de su propia revolución, en la que las movilizaciones masivas de los obreros y los campesinos derrocaron al Estado capitalista, los castristas usaron su enorme prestigio para promover la línea que en vista de las condiciones políticas explosivas los actos de pequeños grupos armados impulsarían a las masas a la acción. La generación de revolucionarios que encontró inspiración y que se radicalizó gracias al ejemplo de la dirección cubana, siguió la linea de ésta y se perdió o fue aplastada en el curso de actos valerosos pero políticamente inoperantes. parte de la responsabilidad por estas derrotas recae sobre la dirección castrista.
Algunos elementos de las corrientes guerrilleras, cuyas divergencias con los partidos comunistas se limitaban al aspecto de la lucha armada versus la vía pacífica, siguieron aceptando la teoría de la revolución por etapas y otros puntos fundamentales de la estrategia stalinista. Esto explica la facilidad con la cual muchos partidarios de la guerrilla, como Héctor Béjar en Perú y la ALN en Brasil, colaboraron después con fuerzas políticas burguesas y reformistas.
La experiencia del marxismo revolucionario, que ha sido confirmada por las experiencias de las últimas dos décadas, incluso en el caso de la revolución cubana, surge del hecho de que la revolución no será obra de una vanguardia armada, apartada de las masas, sino del proletariado consciente, organizado y a la cabeza de millones de masas explotadas. Es ésta la única fuerza que puede enfrentarse a las fuerzas represivas del Estado burgués.
Así, la guerra de guerrillas es incorrecta como estrațegia; es una táctica subordinada a la movilización de masas y a la construcción de un partido leninista.
La historia ha demostrado que en su camino hacia la revolución socialista, los trabajadores tendrán que defenderse contra una violenta contrarrevolución burguesa y que la organización de esta autodefensa no puede considerarse aparte de la organización y movilización de las masas. La autodefensa, como actividad de las masas, no puede ser impuesta desde afuera del movimiento.
que corresponder al grado de movilización, organización y conciencia de las masas. El partido tiene que concebirla y dirigirla de tal manera que sean las masas quienes, organizadas democráticamente, decidan sobre las medidas necesarias para su autodefensa. La autodefensa contra las amenazas cotidianas que confronta la clase obrera es una forma esencial por la cual ésta se prepara para defender un gobierno de los trabajadores contra la contrarrevolución burguesa. Depender de las acclones de pequeños grupos de militantes organizados al margen de las estructuras del movimiento de masas, e ignorando las tareas políticas centrales, conduce al aisla-
Las lecciones de Chile nos enseñan mucho en este sentido. Los trabajadores chilenos se organizaron a escala masiva y construyeron sus propias estructuras de organización y de movilización, los cordones industriales, que podrían haberse convertido en instrumentos de poder obrero. Los obreros, sin embargo, todavía seguían a la dirección política del PC y el PS, y estos partidos impulsaron la política de colaboración de clases, de subordinar el proletariado al gobierno burgués de Allende, en el cual participaban. En vez de orientarse hacia la creación de un gobierno obrero-campesino basado en los cordones, aconsejaron que se confiara en el gobierno que dependía de y que incluía a algunos de los generales que más tarde llevarían a cabo el golpe. De manera que las masas quedaron sin dirección frente a la contrarrevolución y cayeron víctimas de la ofensiva de los militares. Con una orientación hacia un gobierno obrero-campesino, el curso adecuado de la autodefensa contra el golpe hubiera sido claro; el armamento de los trabajadores a través de sus propias organizaciones como los cordones, y el desarrollo y el crecimiento de consejos similares en las fuerzas
EI MIR, el MAPU y los sectores del ala izquierda del PS con un enfoque similar no presentaron una estrategia revolucionaria alternativa ante la línea de Unidad Popular del PC y el PS; de hecho, generalmente apoyaron al gobierno de Allende, aunque trataban de flanquearlo por la izquierda, y se demostraron incapaces de proveer la dirección que las masas necesitaban en el instante crucial. Pretendían prepararse como una organización de vanguardia, que podría emprender la lucha armada después del golpe de estado y dieron así la espalda a la tarea candente de preparar a las masas a organizar sus organismos de defensa contra el golpe que se avecinaba a través de las organizaciones de masas tales como los cordones industriales. Aunque se jactaron de su "especialización" en actos armados, su respuesta a pequeña escala fue totalmente ineficaz, y ellos también fueron aplastados por el
Una de las tareas de los marxistas revolucionarios en América Latina es la explicación de las lecciones cruciales de Chile con respecto al curso correcto a través del cual los trabajadores pueden organizarse para defenderse contra la contrarrevolución burguesa. Sólo una clara comprensión de esto puede prepararlos para las tareas concretas que surgirán en la medida en que la lucha de clases se exacerba y para evitar otra aplastante derrota como la de Chile.
Todos los gobiernos burgueses latinoamericanos — ya sean dictaduras militares o democracias burguesas- han usado tradicionalmente métodos represivos muy duros
contra cualquier movimiento de masas que han desbordado los canales establecidos del reformismo y el populismo. Pero como la victoria de la revolución nicaraguense ha demostrado, la lucha contra estos regímenes burgueses, una vez que ha hecho una raíz profunda en las masas, toma una dinámica que va a la confrontación con el aparato del Estado burgués (el ejército, la policía, el sistema judicial, etc), a través de la combinación de huelgas generales, el armamento de las masas y la insurrección popular.
La victoria del FSLN y el pueblo de Nicaragua en julio de 1979 no fue la obra de una minoría heróica o una élite de especialistas en lucha armada. Fue la culminación de un proceso en el que las masas trabajadoras profundizaron su autoorganización y recurrieron a diversas formas de lucha contra la dictadura de Somoza.
Estas formas incluyeron huelgas generales y levantamientos armados en las ciudades que involucraron a masas plebeyas de las ciudades, jóvenes y sectores de la pequeña burguesía; ocupaciones de tierra de los campesinos pobres, dirigidos e impulsados por el FSLN, y acciones de guerrilla de creciente eficacia. En el curso de la lucha de masas se organizaron comités en los lugares de trabajo y en los barrios, así como en el campo, para emprender no sólo la autodefensa armada, sino también algunas tareas administrativas en algunos sectores (tareas sanitarias, de atención médica, de distribución de alimentos, etc.). La victoria final vino con la insurrección popular en las ciudades.
Una de las tareas de los marxistas revolucionarios en América Latina es explicar las lecciones anteriores que muestran que la insurrección de las masas fue la clave de la victoria en Nicaragua.
24. La IV Internacional promovió una orientación política incorrecta en América Latina durante varios años. La más clara y desarrollada expresión de esta línea incorrecta contenido en los siguientes informes y resoluciones sobre América Latina fue adoptada por voto mayoritario en los congresos mundiales de la IV Internacional en 1969 y 1974 (noveno y décimo congresos mundiales - tercer y cuarto congresos mundiales después de la reunificación):
a) En el Congreso Mundial de 1969; el informe y la resolución sobre América Latina.
b) En el Congreso Mundial de 1974: el informe y la resolución de balance y orientación de la revolución boliviana; el informe y la resolución sobre Argentina; crisis política y perspectivas revolucionarias; y el informe y la resolución sobre la lucha armada en América Latina.
Como resultado de esta línea equivocada, muchos camaradas y partidos de la IV Internacional se desarmaron politicamente ante la extensión de la falsa idea de que un pequeño grupo de revolucionarios capaces y audaces podrían poner en práctica un proceso hacia la revolución socialista. El proceso de enraizamiento de nuestros partidos en la clase obrera y en las masas oprimidas fue detenido. La linea que se siguió no sólo redujo las posibilidades de ganar cuadros de las tendencias guerrilleras al programa marxista revolucionario, sino que además produjo acciones aventureras y pérdidas en nuestras propias filas. Las consecuéncias para nuestro pequeño movimiento fueron muy graves en Argentina y Bolivia.
Por consiguiente la IV Internacional revoca esta línea errónea adoptada en los congresos mundiales de 1969 y 1974. La línea de la presente resolución sobre América Latina reemplaza por tanto, la línea anterior.
Una de las tareas centrales para la educación de las fuerzas marxistas revolucionarias en América Latina es hacer una evaluación crítica de toda esta experiencia. Hoy t91 que ha terminado el debate, los documentos podrán ser examinados de una manera educativa como parte de la historia de nuestro movimiento.-
25. Durante el período inicial que siguió a la revolución cubana, los partidos comunistas sufrieron una serie de contratiempos debido a la ola de radicalización que produjo y fortaleció a las corrientes de la izquierda de los PCs
— proceso alentado por la dirección castrista. En algunos casos, notablemente en Venezuela, los PCs quedaron marginados o aislados, pero en la mayoría de los países los stalinistas pudieron mantener un número significativo de cuadros y aparato e influencia en los sindicatos y otras organizaciones de masas.
Preservando esta base, los PCs se pudieron recuperar parcialmente de sus reveses iniciales debido a:
a) El fracaso de la estrategia guerrillera, que no dejó tras sí organizaciones fuertes y que condujo en última instancia a desilusión de muchos cuadros guerrilleros y a un giro por parte de éstos hacia el reformismo en su variante PC, al que veían como la única alternativa coherente.
b) La debilidad de los partidos marxistas revolucionarios, tanto organizativa como políticamente. Estos no tuvieron la fuerza suficiente como para atraer al creciente número de militantes revolucionarios que comenzaban a hacer una revaluación de la línea guerrillera. Tampoco tuvieron la fuerza suficiente para presentarse como una alternativa viable a la izquierda de los PCs, que fuera capaz de ganar a las masas que comenzaban a radicalizarse nuevamente bajo el impacto del reciente auge en la lucha de clases en los centros proletarios urbanos.
c) Después del fracaso de la estrategia guerrillera, la dirección cubana tomó medidas para salvar las rupturas anteriores con los partidos comunistas latinoamericanos. Este giro de los cubanos quedó plasmado en la Conferencia de Partidos Comunistas Latinoamericanos en La Habana en 1975, donde fue adoptado un documento conjunto hacia América Latina, compatible con las posiciones tradicionales de colaboración de clases de los PCs. Los partidos comunistas lograron recobrar en parte la autoridad que habían perdido, gracias al prestigio de estar asociados con la dirección cubana.
d) En algunos países —Guatemala, El Salvador, Paraguay, Chile y Uruguay, por ejemplo- los PCs, a pesar de haber sufrido una brutal represión bajo las dictaduras burguesas, lograron avances relativos en el movimiento obrero como resultado de su papel en la resistencia. En otras partes, como en Perú y México, los PCs se beneficiaron del desgaste del apoyo a las corrientes nacionalistas burguesas dentro de la clase obrera. El PC argentino, también busca aprovechar este fenómeno. En Panamá y México, los stalinistas han podido aprovechar las condiciones del levantamiento de ciertas restricciones a los derechos democráticos.
Todos los partidos comunistas latinoamericanos persiguen la política contrarrevolucionaria de apuntalar al orden burgués. Bajo varias formas —"frente popular". "frente antifascista" "unidad democrática", etc. - el denominador común es la búsqueda de alianzas con uno u otro sector de la burguesía. Algunas de las traiciones stalinistas han sido totalmente vergonzosas; por ejemplo, el PC argentino da apoyo a la dictadura militar de Videla, alegando que es el mal menor en Argentina y porque el régimen ha expandido sus relaciones comerciales con la Unión Soviética.
Sólo los PCs mexicano y dominicano han avanzado tímidamente en la dirección de los PCs "eurocomunistas"'. Los otros partidos stalinistas latinoamericanos siguen defendiendo la tradicional postura acrítica hacia la
burocracia soviética.
A pesar de haberse recuperado parcialmente de sus reveses anteriores, los partidos comunistas del continente, incluso cuando son muy fuertes, no gozan de una influencia predominante en el movimiento obrero. Corrientes a la izquierda de los stalinistas, incluyendo los marxistas revolucionarios, tienen abierta la posibilidad de competir con los PCs y de ganar esta influencia. Esto se vio dramáticamente en las elecciones en Perú en 1978, en las que la lista del Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP) recibió el doble del número de votos que los recibidos por el PC. Aunque el PC peruano es todavía mucho más fuerte que los trotskistas en cuanto a su tamaño y su peso en los sindicatos, se enfrenta a un desafío cada vez mayor.
La política de los PCs contra los trotskistas se lleva a cabo ya sea por medio de tácticas que buscan hacer caso omiso de nuestra existencia, o respondiendo a nuestras ideas políticas por medio de la calumnia y la violencia, como en Costa Rica. Sin embargo, conforme vamos creciendo, a los stalinistas les resultan contraproducentes dichos métodos; los trotskistas les pueden asestar golpes
En varios países la fuerza creciente de los marxistas revolucionarios nos ha permitido forzar a los PCs a realizar acciones conjuntas, como por ejemplo en la asamblea constituyente en Perú y en la campaña por el registro de los partidos obreros en México. Este tipo de acciones de frente único avanzan la lucha de clases y también contribuyen a la creación de un ambiente favorable a la discusión objetiva de nuestros respectivos puntos de vista dentro del movimiento obrero.
26. El maoismo tuvo poca influencia organizada en la mayoría de los países latinoamericanos durante el período inicial del rompimiento entre Moscú y Pekín. Pero creció a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta conforme aumentó la desilusión entre los partidarios de la variante castrista-guevarista de la guerra de guerrillas. La línea maoista fue adoptada como una alternativa por aquellos que seguían pensando que la lucha armada era la cuestión central y permanecían hostiles a los PCs pro soviéticos. La demagogia populista de los grupos maoistas y su énfasis en la "guerra popular" parecía dar respuesta a la cuestión de cómo vincularse a las masas.
El maoismo creció principalmente en Colombia, Perú, Brasil, Bolivia y la República Dominicana. Pero los diversos grupos maoistas, aún en su periodo de auge, nunca lograron unirse en una sola organización. Con el deterioro del maoismo a finales de los años 60 con motivo de la crisis de la casta burocrática china, esta fragmentación se hizo aún más evidente. Muchos grupos maoistas estallaron en mil pedazos, perdiendo miembros e influencia. Impulsados a un caos ideológico por las maniobras de la política exterior y los giros internos de la burocracia china, algunos de estos grupos evolucionan de la ortodoxia maoista hacia el centrismo, mientras que otros se refugian en las posiciones pro albanesas. Las tendencias maoistas son más débiles que los partidos comunistas pro Moscú, pero en algunos países tienen mayor fuerza que los marxistas revolucionarios y debilitados, un serio desafío a nuestras organizaciones. En Bolivia, a diferencia de otros países, los maoistas sí pudieron fortalecerse en el período reciente, agrupando a la mayoría de las corrientes en una sola organización, el Partido Comunista (Marxista-Leninista).
Los maoistas impulsan una política stalinista de colaboración de clases, siguiendo las mismas líneas fundamentales que los partidos comunistas pro Moscú, si bien con un sectarismo más pronunciado, por ejemplo, escindiendo el movimiento sindical. Este sectarismo hace difícil obligar a los maoistas participar en acciones conjuntas con otras corrientes del movimiento obrero. De cualquier manera, este objetivo puede lograrse con cierto éxito, como se vio en la lucha por la inscripción del FOCEP para participar en la campaña electoral en Perú en 1978.
27. Bajo el impacto de la revolución cubana y la radicalización de los años sesenta y principios de los años setenta, surgió en América Latina toda una gama de grupos centristas de diversos orígenes: por ejemplo, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria en Perú, que evolucionó del populismo burgués pasando por el maoismo; y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria en Chile, en cuya creación participó un sector del movimiento trotskista.
Con una línea política que ha oscilado entre posiciones revolucionarias y posiciones reformistas, organizaciones centristas son políticamente inestables por definición y, de corta duración. Nunca han podido organizar una estructura continental o regional que' perdure. El intento más importante en este sentido fue la creación de la Junta Coordinadora Revolucionaria en 1974, que agrupaba al MIR chileno, el PRT, ERP argentino, a los Tupamaros uruguayos y al FLN boliviano. Este proyecto se demostró de corta duración en la medida que sus integrantes entraron en crisis. La mayor parte de los grupos centristas importantes que surgieron en los años sesenta y setenta han desaparecido o caído definitivamente en el reformismo. El MIR de Chile, víctima tanto de la severa represión como del comprobado fracaso de su estrategia política, se encuentra en crisis abierta, agrava da por un giro pro Moscú de parte de la dirección. El PRTERP también dió un giro de este tipo. Otros grupos centristas que siguen siendo importantes, como el MIR de Venezuela, están sufriendo presiones reformistas de tipo tanto socialdemócrata, como stalinista.
Aunque las organizaciones centristas son heterogéneas políticamente, con acciones que van desde el ultraizquierdismo hasta el oportunismo, algunas se dirigirán hacia las posiciones revolucionarias bajo el impacto de la lucha de clases. Esto presentará posibilidad de realizar acciones conjuntas. A la vez que es necesario destacar el adaptarnos a ellos o el ceder en lo programático, sería un error que los marxistas revolucionarios adoptasen una actitud sectaria hacia corrientes centristas de izquierda, o que llegaran a la conclusión fatalista de que no queda otra posibilidad más que se degeneren y caigan en el reformismo. Por lo contrario, experiencias recientes han confirmado la posibilidad de ganar formaciones centristas de izquierda al marxismo revolucionario. Ejemplo de esto son el Bloque Socialista y los Comandos Camilistas en Colombia.
28. Los partidos reformistas de tipo socialdemócrata han existido en alguna época u otra en la mayoría de los países de América Latina. Pero con excepción de Argentina, Uruguay y Chile, no se han construido partidos socialdemócratas fuertes que hayan perdurado, con orígenes proletarios y basados en la clase obrera. El Partido Socialista argentino se desplomó, perdiendo terreno ante los peronistas en los años cuarenta, mientras que en Uruguay el impacto del ascenso de la postguerra en América Latina y después la revolución cubana provocaron rompimientos entre el partido y su base en la burocracia sindical derechista. Para fines de los años sesenta, la socialdemocracia organizada se había convertido en un fenómeno marginal en ambos países. Sin embargo, en Chile el PS adoptó una postura más izquierdista que el PC y atrajo hacia sí a corrientes influenciadas por la revolución cubana. Logró implantarse en la Central unica de Trabajadores (CUT) con una base equivalente a la del PC y contando con un electorado mayor.
La Segunda Internacional en los años recientes ha
hecho grandes esfuerzos para expander su influencia en América Latina, incluyendo la profundización de sus relaciones con partidos burgueses. Por ejemplo, en una reunión internacional en Caracas en mayo de 1976 asistieron dirigentes socialdemócratas, tales como Romulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez de Acción Democrática de Venezuela, Victor Raul Haya de la Torre, dirigente del APRA peruano y Ricardo Balbín del Partido Radical argentino. Esto fue seguido por un congreso mundial de la Segunda Internacional en Ginebra en noviembre de 1976 en el que por primera vez se prestó gran atención al problema de vincularse con Asia, Africa y América Latina. En ese congreso, el Partido Revolucionario Dominicano y el Partido de Liberación Nacional (PLN) de Costa Rica, ambos partidos burgueses, fueron aceptados formalmente como miembros de la Segunda Internacional y se establecieron vínculos muy estrechos con el Partido Independentista de Puerto Rico, un partido con composición peuqeño burguesa. La tendencia fue profundizada a lo largo de esta línea en la conferencia internacional de Vancouver a fines de 1978. La creciente influencia de la socialdemocracia en América Latina se ha desarrollado como consecuencia de la penetración incrementada del capital imperialista europeo. Los socialdemócratas están subordinadas al imperialismo y a la burguesía nacional y promueven una linea antiproletaria que debe ser desenmascarada con el objetivo de hacer avanzar el marxismo revolucionario.
Esta orientación de la Segunda Internacional representa un intento por parte de los dirigentes de los partidos socialdemócratas de facilitar el aumento de la intervención económica y política de los diversos imperialismos europeos en América Latina, poniéndose al servicio de sus propias clases dominantes imperialistas. La orientación tiene dos aspectos: 1) el tratar de establecer partidos socialdemócratas basados, de ser posible, en las burocracias sindicales; 2) el atraerse a los partidos y figuras burguesas populistas nacionalistas y liberales, en particular cuando tengan control sobre algunos sindicatos. La Segunda Internacional espera sacar provecho de las crisis de los partidos burgueses nacionalistas, pero las perspectivas para el crecimiento de los partidos socialdemócratas en América Latina son bastante reducidas debido a la oposición de la burguesía y al hecho de que ésta no puede otorgar concesiones económicas a los trabajadores.
29. La desintegración de la estructura social en el campo, junto con el mpacto de la creciente urbanización sobre las relaciones sociales, ha tenido grandes repercusiones sobre los niveles inferiores de la iglesia católica romana. Un sector ha intentado desarrollar una expresión ideológica para la radicalización de amplias capas del campesinado, la pequeña burguesía urbana y parte del proletariado. Un ejemplo de lo anterior son los curas y estudiantes católicos radicalizados que ayudaron a organizar las Ligas Campesinas en el noreste de Brasil. El arzobispo de Recife, Helder Cámara, intentó canalizar esta radicalización hacia el reformismo social-cristiano. En cambio Camilo Torres en Colombia rompió con las posiciones social-cristianas y se pronunció a favor de la revolución socialista.
En los países donde las organizaciones del movimiento de masas han sido aplastadas o paralizadas por dictaduras, en muchos casos ha sido posible que debido a la radicalización de sectores de la Iglesia, las organizaciones obreras inclusive las más combativas, y políticamente avanzadas, operen bajo la protección de las estructuras de la iglesia. Así ha ocurrido en Brasil, Argentina, Chile y
América Central.
Los marxistas revolucionarios no deben descuidar este campo de acción. Deben buscarse los caminos y los medios para realizar acciones comunes con los activistas católicos en defensa de la calse obrera y de las masas oprimidas. Durante el curso de tales acciones comunes es posible ayudar a los elementos más avanzados a superar posiciones social cristianas y avanzar hacia una política proletaria, el socialismo científico y el movimiento marxista revolucionario.
30. La posición que la IV Internacional adoptó con relación a Cuba en síntesis es la siguiente:.
a) La revolución culminó con el derrocamiento del capitalismo en Cuba y el establecimiento de un Estado obrero. Esto significó un avance histórico para las masas sociales inmediatos en gran escala e hizo de Cuba un cubanas, que redundó en beneficios económicos ejemplo para toda América Latina.
b) La dirección castrista de la revolución provino de capas radicalizadas de la pequeña burguesía, independiente del estalinismo. En el proceso de la realización de las masas cubanas en una revolución socialista, actuó como una dirección revolucionaria.
c) El Estado obrero cubano careció, desde un principio, de instituciones de democracia obrera, especialmente de consejos democráticos de los trabajadores como base fundamental del gobierno. Aunque desde el principio existieron deformaciones burocráticas en Cuba, fueron de gran importancia ni tan profundas que indicaran la existencia de una casta burocrática endurecida o la necesidad de emprender una revolución política.
Después de casi veinte años, se hace necesaria una nueva evaluación de los logros y problemas a los que se enfrenta la revolución cubana. Este documento no intenta realizar tan importante evaluación, pero las dos cuestiones claves a considerar son las siguientes:
a) ¿Existen privilegios económicos parasitarios para la capa dirigente y en qué medida se han reforzado dichos privilegios? Para cambiar el análisis previo habría que probar que existe una capa burocrática cristalizada, cuyos intereses son contrarios a los de los trabajadores de Cuba y del mundo. Habría que mostrar cómo se realizó este cambio cualitativo. Si se demostrara ello, la conclusión sería entonces que esta casta sólo podría ser derribada por un proceso de revolución política.
b) ¿Debe la IV Internacional seguir actuando en base de la suposición de que la dirección cubana, bajo el impacto de los avances revolucionarios en la lucha de clases, especialmente en América Latina, y bajo la influencia de una
IV Internacional fortalecida, presenciará diferenciaciones en su seno y que componentes importantes puedan evolucionar, hacia una política leninista y hacia normas de democracia obrera?
31. En su política internacional la dirección castrista desde un comienzo fue objeto de las presiones que emanaban tanto del imperialismo yanqui como de la burocracia soviética, cuyos propósitos eran impedir que los cubanos continuaran impulsando el desarrollo revolucionario.
La dirección castrista, sin embargo, desafió estas presiones y buscó extender el ejemplo de la revolución cubana por toda América Latina y también en Africa. La dirección cubana impulsó la estrategia de la guerra de guerrillas, estrategia fundamentalmente inadecuada, que terminó en el fracaso.
El retraso en la extensión de la revolución y el fracaso de la línea guerrillera incrementó los efectos de las presiones objetivas del imperialismo norteamericano y de la burocracia soviética.
Como resultado de estas presiones, la dirección castrista tomó algunas posiciones contrarias al internacio-
nalismo proletario; en particular, apoyó la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968 (aunque Castro haya hecho críticas fuertes a Moscú en esa ocasión). Errores cometidos anteriormente fueron reforzados y continuados, en particular el apoyo a regímenes burgueses como el de Díaz Ordaz y Echeverría en México, Velasco en Perú y Torrijos en Panamá, y el no buscar oportunidades para impulsar la lucha de clases en los países imperialistas avanzados. En lugar de sus intentos iniciales de alentar corrientes alternativas a la izquierda de los partidos comunistas de América Latina, la dirección cubana pasó a entablar relaciones de colaboración y a llevar a cabo acuerdos políticos con los PCs de América Latina, como se vio en la conferencia de los partidos comunistas latinoamericanos en La Habana en 1975.
La dirección de Castro desempeñó un papel importante en Africa negra a mediados de los años setenta. Sin importarle el posible mejoramiento de las relaciones económicas y diplomáticas con Washington y corriendo el riesgo de nuevas medidas agresivas, incluso militares, contra la propia Cuba, la dirección de Castro desafió al imperialismo de EUA y envió considerables recursos para ayudar a la derrota de la intervención militar imperialista en Angola. Los invasores surafricanos fueron expulsados de Angola y se le dio un gran impulso a la lucha de libera. ción de Africa de! Sur. Nuevas amenazas imperialistas fueron lanzadas contra Cuba, oponiéndose a su CAPITULO VII LA ESTRATEGIA DE LOS MARXISTAS REVOLUCIONARIOS EN AMERICA LATINA
32. Los cambios económicos y sociales señalados anteriormente demuestran que después de un período en el que destacó el papel de las luchas campesinas o de los experimentos pequeño burgueses de guerra de guerrillas, la tendencia del desarrollo revolucionario en América Latina está orientándose en términos generales según las siguientes líneas: la clase obrera comienza a ponerse a la vanguardia, comienza a encabezar las luchas de las masas campesinas, de los pobres de la ciudad, de las minorías nacionales oprimidas, de las mujeres y de todas las capas oprimidas y explotadas de la sociedad. Esto concuerda con la experiencia de la revolución rusa, la cual demostró que la ciase obrera, teniendo una dirección capaz, puede llevar a todos los oprimidos a la victoria. El éxito de esto depende de la construcción de partidos proletarios, revolucionarios y de masas, basados en un programa leninista de lucha. Los partidos de la IV Internacional son núcleos de revolucionarios que aspiran a transformarse en estos partidos de tipo leninista.
Los puntos centrales de la estrategia marxista revolucionaria se encuentran en las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista y La agonía de muerte del capitalismo y las tareas de la IV Internacional (el "Programa de Transición"). Tomando como punto de partida la necesidad de defender los derechos democráticos y las conquistas sociales de la clase obrera y las otras capas oprimidas, y la necesidad de luchas por nuevas conquistas, este programa avanza una clara línea de independencia clasista y una serie de reivindicaciones inmediatas, democráticas y de transición fácilmente comprensibles, que pueden llevar finalmente a la movilización de las masas para la revolución socialista.
Son tres los ejes que se intervinculan en esta estrategia en América Latina en la actualidad: 1. Las demandas que expresan las necesidades más sentidas de la clase obrera, involucramiento en el cuerno de Africa.
El contraste entre la posición de Cuba revolucionaria y la contrarrevolucionaria del imperialismo de EUA entre los pueblos insurgentes de Africa, no puede ser más dramático.
La creciente agresión imperialista contra la revolución africana y la escalada de amenazas imperialistas contra Cuba hace imperativo que todas las fuerzas antiimperialistas y marxistas revolucionarios se conjuguen en defensa de la revolución africana, con un fuerte apoyo al derecho de independencia del pueblo de Eritrea. El gobierno cubano, debe rechazar participar en cualquier intento del Dergue de restablecer el dominio etiope en Eritrea o en cualquier invasión de territorio eritreo. El reconocimiento cubano del derecho de los eritreos a decidir su propia suerte fortalecerá la defensa del Estado obrero cubano contra el imperialismo.
El incremento de las amenazas imperialistas contra Cuba indican una vez más que la defensa de la revolución cubana es una tarea clave del movimiento obrero y revolucionario en América Latina.
La revolución cubana y sus avances siguen siendo una fuente de inspiración y acción para los puebios de América Latina. Los marxistas revolucionarios, en sus acciones y en su propaganda, son continuos defensores y propagandistas de esta experiencia. entre las cuales la independencia de clase es la fundamental; 2. Las demandas democráticas, que corresponden ante todo, a las necesidades de los obreros y los sectores más oprimidos de la sociedad, principalmente los campesinos, los habitantes marginados de las ciudades, las minorias nacionales oprimidas y las mujeres; 3. Las demandas que surgen contra la dominación imperialista de los de América latina.
Las luchas consecuentes por demandas que se centren alrededor de esos ejes rápidamente conducen a la confrontación con los regímenes burgueses y toman una dinámica anticapitalista. En la actualidad en América Latina sólo la clase obrera puede encabezar las luchas democráticas y antiimperialistas en una dirección auténticamente anticapitalista.
En base a estos puntos centrales, muchas de las tácticas particulares variarán de país a país. Pero hoy día, en la elaboración de un programa revolucionario, es necesario prestar gran atención a un problema sobresaliente en la experiencia de la lucha de clases en América Latina: mientras que repetidas veces han habido extraordinarias movilizaciones de masas, y mientras que la voluntad de lucha de las masas ha sido tremendamente elevada, las organizaciones de la clase obrera y sus aliados se han visto gravemente debilitados debido a su subordinación política a la clase capitalista.
La clave a la superación de esta contradicción tiene dos aspectos: a) La creación de partidos obreros de masas independientes de la burguesía; b) La transformación de los sindicatos en instrumentos consistentes en la lucha de clases.
33. Los planes de austeridad de la burguesía impulsarán a los trabajadores a buscar formas de lucha contra ellos.
La experiencia muestra que los trabajadores que luchan se orientarán, primero que todo, hacia las organizaciones de masas existentes, en particular, los sindicatos. Sin embargo, los sindicatos, las organizaciones obreras más poderosas en la actualidad, están controlados en la mayoría de los casos por direcciones burocratizadas y conciliadoras, las cuales constituyen el obstáculo que impide que los primeros desarrollen todas sus potencialidades para detender los intereses de la clase obrera y de sus aliados de los ataques de la clase dominante. Por lo tanto, la nécesidad de construir una dirección alternativa clasista y consecuentemente proletaria, que logra transformar los sindicatos en instrumentos poderosos de lucha, es una tarea crucial. En este proceso se estimulará el desarrollo de otros instrumentos de lucha, como los comités de huelga, los comités de fábrica, los comités de acción, y la creación, en los ascensos revolucionarios, de los consejos de obreros, campesinos y soldados que puedan desafiar al poder del Estado burgués.
La dirección clasista se construirá fundamentada en un claro programa de acción destinado a unificar, independientemente de la burguesía, al proletariado de acuerdo a sus intereses de clase y a movilizar a todos los sectores oprimidos alrededor de los obreros. En este proceso de construcción de la alternativa consecuentemente proletaria, surgirán diversas tendencias militantes clasistas y se desarrollarán luchas parciales que convergirán hacia el mismo objetivo. Es necesario generalizar y profundizar tales procesos para que pueda surgir una corriente clasista de izquierda, madura políticamente, y para que luche y se convierta en la dirección mayoritaria de los sindicatos.
Algunos de los ejes fundamentales que definirán la plataforma de estas direcciones clasistas son los siguientes:
a)Por la democracia sindical. La corrupción de la burocracia sindical, la supresión de la democracia en la vida interna de los sindicatos y el uso que hace de la violencia contra la base obrera, todo ello surge de los vínculos de la burocracia con la burguesía y su Estado. El requisito fundamental para la movilización del poderío del movimiento sindical contra la patronal es garantizar que las bases tengan en sus manos todo el poder de decisión de sus organizaciones. La democracia sindical no sólo incluye el derecho de voto, sino también el derecho de pleno acceso a la información que afecta a los trabajadores, la realización regular y frecuente de congresos nacionales y demás reuniones de los miembros, de remover dirigentes, de formar tendencias, etc. El funcionamiento democrático interno, desde la elección de la dirección hasta la definición de la política, no es un principio moral abstracto, sino un requisito necesario para garantizar que la fuerza de los sindicatos sea usada plenamente. Sólo una base sindical consciente de sus intereses y de sus tareas es capaz de desplegar toda la fuerza de la organización y de atraer a la lucha a los aliados no sindicalizados. el dé los trabajadores electricistas en México. A finales de 1971, el Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (STERM) que agrupaba a una minoría militante de los electricistas organizados en el país, fue atacado duramente por los burócratas "charros" del sindicato electricista mayoritario, el Sindicato Nacional de Electricistas Similares y Conexos de la República Mexicana (SNESCRM). Los trabajadores del STERM se movilizaron y demandaron solidaridad a las más amplias capas de obreros, estudiantes, desempleados y campesinos, que se identificaron con la lucha contra los charros. Estos debieron retroceder y propusieron un compromiso de unificación que fue aceptado. En el nuevo sindicato electricista unificado, Sindicato unico de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM), el deseo de más democracia interna se demostró contagioso, los cual condujo a la creación de la Tendencia Democrática, que fue capaz de lanzar un serio desafío a los charros, los obreros electricistas y sus aliados se movilizaron en grandes manifestaciones que llegaron a integrar a más de 150.000 personas en los años de 1975-76. Estas movilizaciones fueron el inicio de uno de los períodos de luchas obreras más combativas de los años recientes en México.
Una de las conquistas organizativas del movimiento obrero en argentina, donde los sindicatos han tenido gran fuerza pero son férreamente controlados por la burocracia peronista, son los Cuerpos de Delegados y las Comisiones Internas. Estos comités de fábrica, considerados como órganos de todos los obreros y sometidos en gran medida al control de las bases, fueron los que articularon las combativas luchas obreras del período entre 1969 y 1976.
En ambos casos, la lucha por la democracia sindical se centró correctamente alrededor de la cuestión de cómo convertir a los sindicatos en instrumentos efectivos de lucha contra los patrones.
b) Por plenos derechos sindicales. El derecho elemental de huelga y de organización es una conquista fundamental que se ve constantemente pisoteada, no sólo por los patronos individuales, sino también por el Estado burgués. Los ejemplos en que la policía y el ejército han roto huelgas y en que se prohibe a los trabajadores públicos sindicalizarse, son numerosos. En los paises gobernados por dictaduras, los sindicatos virtualmente no tienen derechos.
Para contrarrestar el control o la represión gubernamentales, surgirán una serie de organismos como las comisiones obreras que se han desarrollado como comités ad hoc en algunas de las fabricas más importantes de Brasil. Estos organismos pueden ayudar a regenerar a los sindicatos o convertirse en los embriones de la organización sindical independiente, especialmente en la medida en que cobren una existencia y vida interna regulares.
En México, la lúcha contra la interferencia y el control gubernamentales de los sindicatos toma la forma, en algunos casos, de oposiciones democráticas sindicales, a través de las cuales las bases luchan por recuperar el control de los sindicatos de los charros, burócratas sindicales vinculados a la burguesía.
Otro eje fundamental es la lucha contra los intentos por parte de la clase dominante de imponerles a los sindicatos el arbitraje obligatorio (con el Estado burgués, por supuesto, como árbitro final), para extraerles garantías de que no irán a la huelga o compromisos para la aceptación de las medidas de austeridad del gobierno, incluídos los topes salariales.
En otro nivel, es necesario emprenser la lucha contra la interferencia imperialista descarada en el movimiento obrero, frecuentemente llevada a cabo en complicidad con la dirección burocrática de la AFL-CIO norteamericana:
c) Por la ampliación y el fortalecimiento de las organizaciones sindicales. Con la excepción de Argentina, Chile, México y Brasil y de algunas industrias específicas de otros países - como los mineros en Bolivia — la organización sindical en América Latina históricamente ha sido muy débil, incluyendo sólo a una parte pequeña de la clase obrera. En los años recientes, sin embargo, la organización de los obreros en sindicatos reconocidos en Perú se elevó de 500 en 1955 a 5.000 en 1978, siendo en Lima donde este crecimiento se concentró, ya que allí el 25% de la fuerza de trabajo está actualmente sindicalizado. Pero esta es todavía una debilidad del movimiento obrero latinoamericano. El objetivo de reorganizar a los sindicatos en Brasil, Chile y Uruguay y de construir un fuerte movimiento sindical independiente y combativo en países como Colombia, Venezuela, Ecuar
dor y en América Central es de una gran importancia. En Perú, México y Argentina, fuertes sectores de la clase obrera deben todavía organizarse en sindicatos.
Vinculada a la tarea de la sindicalización está la de organizar las unidades básicas de los sindicatos de acuerdo al criterio del lugar de trabajo, y no sólo bajo el criterio geográfico o industrial, como usualmente es el caso. Las unidades de planta de los sindicatos, en las cuales los trabajadores se pueden reunir y decidir democráticamente sus problemas, son esenciales para que se ejerza el poder de las bases. La carencia de esta forma de organización fue en muchos casos una debilidad de la Central Unica de Trabajadores (CUT) de Chile en 1971-73.
Igualmente importante es la necesidad sindicatos industriales, en vez de los sindicatos por fábrica o por gremio que, a excepsión de Argentina, han predominado en América Latina. Esta es la debilidad de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), por ejemplo, y de muchos sindicatos en Puerto Rico. La única forma de organizar efectivamente a las nuevas grandes plantas industriales es partiendo de los sindicatos industriales, en particular en los casos en que toda la fuerza de trabajo de la planta puede ser incorporada al sindicato.
d) Por la unidad sindical. En Colombia tenemos un ejemplo claro de cómo la división del movimiento sindical —en este caso la existencia de cuatro grandes federaciones sindicales, así como de varios sindicatos importantes no afiliados a ninguna de las anteriores — es un gran obstáculo para organizar efectivamente a la fuerza de la ciase obrera. Cuando los sindicatos se pueden unificar en la acción, como ocurrió en septiembre de 1977, se le da un poderoso impulso a la lucha de clases y las más amplias capas de la población pueden ser atraídas a la lucha. La presión de las bases obligó a la dirección de la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC) y de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), las grandes centrales vinculadas a los partidos Conservador y Liberal, al llegar a un acuerdo con la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia (CSTC), la Confederación General de Trabajadores (CGT) y otros sindicatos independientes para emprender grandes movilizaciones planeadas por estos últimos, constituyéndose el Consejo Nacional Sindical y el primer pliego de peticiones unificado. Este acuerdo sentó el clima para la huelga nacional.
En Perú, la presión de las bases fue esencial para lograr el éxito de las grandes huelgas generales de julio de 1977 y febrero y mayo de 1978. Estas huelgas fueron la consecuencia de la unidad de acción de la Confederación General de Trabajadores de Perú (CGTP), dominada por los stalinistas, los grandes sindicatos independientes y las federaciones más pequeñas (la Confederación de Trabajadores Revolucionarios de Perú y la Confederación Nacional de Trabajadores).
Un error común de muchas corrientes de oposición antiburocrática en los sindicatos ha sido la formación de sindicatos separados. A pesar de que estos puedan a veces organizar sectores de la clase obrera, en general están separados del conjunto de la clase obrera. En otros casos, los sindicatos independientes han surgido en algunos sectores de la clase obrera debido al fracaso de las grandes centrales sindicales de llevar a cabo su tarea de organización de campañas de sindicalización. La lucha por la unidad sindical incluye la necesidad de llevar a los sindicatos independientes hacia el movimiento sindical organizado más importante.
En general, será necesaria la movilización de las bases para imponer una unidad sindical duradera en los países en que el movimiento está fuertemente dividido. La lucha por la unidad sindical en Colombia y en Perú está vinculada estrechamente con la lucha por la independencia política de la clase obrera.
e) Por la unidad de la clase obrera. La sociedad capitalista ha creado una serie de divisiones dentro de la clase obrera en América Latina: los empleados y los desempleados; los sindicalizados y los no sindicalizados; los calificados y los no calificados; los hombres y las mujeres; los trabajadores de las nacionalidades opresoras y los trabajadores de las minorías oprimidas; los trabajadores manuales y los empleados de oficinas; los trabajadores de las ciudades y los del campo; los viejos y los jóvenes; los ciudadanos y los inmigrantes.
Las clases dominantes tratan de preservar las divisiones exietentes esperando que los demás privilegiados con relación a los demás les vuelvan la espalda a sus compañeros. De esta manera se, debilitaría la solidaridad y la unidad obrera, y con ello la fuerza del movimiento en general. En América Latina un gran problema es evitar que los sindicatos se conviertan en los bastiones de los obreros calificados, relativamente privilegiados, insensibles al destino de las más amplias capas de trabajadores pobres y no calificados.
Los ataques de la política de austeridad que conduce la burguesía, golpean más duramente a los sectores más oprimidos y explotados de la clase obrera. Al mismo tiempo, la capacidad de la burguesía para asestar estos golpes a los sectores mencionados le facilita el ataque a los sectores obreros más poderosos. Así, el interés de todos los trabajadores reside en que la más amplia unidad de clase se pueda dar para luchar contra la austeridad.
Una caracterización fundamental de una dirección clasista y consecuentemente proletaria de los sindicatos será su posición firme en cuanto a superar estas divisiones dentro de la clase obrera. Este objetivo sólo se puede lograr sobre la base de la defensa consecuente de las demandas de los sectores más oprimidos. Esto implica luchar no sólo contra la discriminación dondequiera que esta ocurra, sino también luchar por la puesta en práctica de programas especiales para superar los efectos de discriminaciones pasadas. En muchos casos, esta lucha política se dará contra los prejuicios más profundos de los sectores más privilegiados. Pero esta lucha es fundamental para superar dichos prejuicios. Un ejemplo entre muchos es la lucha de las obreras textiles argentinas por obtener una representación proporcional en los comités de fábrica.
Ya que los sindicatos latinoamericanos agrupan generalmente solamente una parte de la clase, frecuentemente sólo una parte minoritaria, la tarea de unir a los trabajadores sindicalizados y no sindicalizados se vuelve fundamental. Una de las principales maneras en que este objetivo se puede cumplir es por medio de la creación de comités de fábrica en las plantas; estos pueden comenzar a surgir, por ejemplo, a partir de las luchas en torno a las condiciones de trabajo, la seguridad y la aceleración de los ritmos de trabajo, o en luchas políticas de un contenido más amplio.
En la gran planta de Volkswagen en Puebla, México, los obreros tomaron la iniciativa para organizar y coordinar los comités departamentales de fábrica en torno a tales cuestiones. Estos comités reforzaron la capacidad de lucha de los obreros y del sindicato, el cual previamente había sido débil.
En los períodos de ascenso, el ejemplo de los comités de fábrica, en tanto organismo que unifican a todos los obreros, se puede extender a un nivel más amplio, más allá de los límites de la fábrica.
Formaciones aún más avanzadas aparecerán, tales como los cordones industriales en Chile y la Asamblea
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VEIDO
Popular en Bolivia, al principio de los años setenta. La lucha para transformar los sindicatos no se contradice, sin embargo, con la perspectiva de organizar formaciones clasistas más amplias, tipo soviético, sino que es un complemento necesario de ellos y se inscribe en esa perspectiva. f) Que los sindicatos tomen la iniciativa en todas las cuestiones sociales y políticas. Si los sindicatos han de transformarse en instrumentos combativos de la lucha de clases, deben romper el estrecho marco que los limita a ocuparse sólo de los intereses económicos de sus propios miembros. Deben solidarizarse y vincular sus luchas con las de los campesinos y las minorías nacionales oprimidas, de las mujeres, los desempleados y las masas urbanas pauperizadas. Esta política también incrementará la fuerza de los sindicatos.
Los sindicatos, bajo una dirección clasista y consecuentemente proletaria, en tanto Baristituyen las organi-
E FIN DEL
SHIBRAS
zaciones obreras más poderosas en la actualidad, deben desempeñar un papel clave en la lucha por los plenos derechos democráticos y contra el imperialismo. Con la posibilidad que tienen de establecer relaciones internacionales con sindicatos en otros países, pueden lograr que la solidaridad con las luchas de sus países se extienda por toda América Latina. Además, pueden desempeñar un papel fundamental en la tarea de separar a los obreros de los países imperialistas de sus propias clases dominantes y de lograr que apoyen las luchas de los oprimidos y explotados de América Latina.
g) Por la independencia política de clase. La debilidad política más importante del movimiento obrero de América Latina es la ausencia de partidos obreros de masas, con la excepción de Chile, en donde el PC y el PS sí lograron una influencia mayoritaria dentro de las masas, pero promoviendo siempre una política de colaboración de clase. En algunos países, en donde los sindicatos son más fuertes, como en Argentina y México, su fuerza
nunca ha sido usada plenamente debido a su subordina.
ción a los partidos nacionalistas burgueses: las organizaciones peronistas y el PRI. En Bolivia, el poderoso sindicato minero ha sido atado, por medio de la burocracia de
Lechin, al Movimiento Nacionalista Revolucionario
(MNR), el partido nacionalista burgués del país.
La experiencia colombiana en 1977-78 ofrece una ilustración clarificadora de la magnitud del problema. Los sindicatos fueron capaces de llamar a la realización de un paro cívico nacional a escala masiva que desafió a la clase dominante en toda una serie de cuestiones cruciales tanto al nivel económico como social. Pero esta demostración de fuerza independiente no se tradujo en la arena política.
centrales sindicales principales siguieron directamente vinculadas a los partidos políticos burgueses y la cuarta, dirigida por el PC, promovió el frente-populismo como su estrategia política. En las elecciones de 1978, a excepción de las relativamente pequeñas. campañas por los candidatos socialistas postulados por UNIOS (Unidad Obrera y Socialista) y el PST (Partido Socialista de los Trabajadores), no se presentó ninguna otra alternativa de clase importante y, por tanto, las masas no pudieron expresar su repudio a la clase dominante al nivel político. El resultado fue un golpe para las masas que habían emprendido, sólo meses antes, una lucha mili-
La lucha por la independencia política de clase se puede emprender en torno a un paso inicial, como es la lucha dentro de los sindicatos mexicanos contra la afiliación obligatoria al PRI. Se puede continuar en una forma más avanzada, como en Brasil o Argentina, a través de la lucha de los sindicatos para organizar un partido obrero de masas. Se puede dar en una situación en que se plantea el rompimiento con la clase dominante al nivel de gobierno durante un período prerevolucionario, como era crucialmente necesario en Chile durante el régimen de Allende para adelantar la tarea de desarrollar todo el potencial de los cordones industriales como formaciones de tipo soviético que organizaran a los obreros para la toma del poder. Pero cualquiera que sea la forma apropiada en un momento dado, se trata de una cuestión central que siempre debe plantearse.
El eje unificador de la lucha por una dirección consecuentemente proletaria en el movimiento obrero es la lucha por la independencia de clase con respecto a la burguesía, en particular, la lucha por la construcción de partidos obreros de masas que desafían a la clase dominante en todos los niveles políticos. Esto será el mejor modo de permitir que la clase obrera encabecé las luchas de todos los sectores oprimidos de la sociedad, en particular, para forjar una fuerte alianza entre los obreros y campesinos pobres contra el enemigo de clase común. Sólo la clase obrera, organizada independientemente, puede encabezar esta lucha, pero debe atraer hacia sí a las masas campesinas. El combate por esta perpectiva es fundamental para avanzar en la movilización de las masas hacia el derrocamiento de los gobiernos capitalistas y su reemplazo por gobiernos obrero-campesinos.
34. El objetivo final en el curso de la lucha por la independencia política de la clase obrera es la construcción de ur! partido marxista revolucionario de masas capaz de conducir la revolución socialista a la victoria. Pero las organizaciones marxistas revolucionarias todavía son pequeños núcleos y no se pueden presentar ante las amplias masas como una alternativa creíble a los partidos burgueses. Tampoco es probable que en las primeras fases de los próximos ascensos de la lucha y la radicalización de los trabajadores, estos núcleos se transformen en partidos obreros de masas.
Por esto, la forma en que posiblemente se expresará la recesidad de la independencia de clase será a través de las organizaciones que los trabajadores consideran hoy en día como sus instrumentos de clase. En algunos casos esto significará la presión a los PCs (u otros partidos obreros que sean considerados como partidos propios por amplios sectores de los trabajadores) para que rompan con la colaboración de clase y emprendan un camino independiente. Sin embargo, a excepción de Chile, los PCs representan sólo una fracción de la clase y no tienen gran autoridad ante ella. En la mayoría de los casos, las únicas organizaciones obreras con carácter de masas son los sindicatos. De este modo, la lucha por la independencia política de la clase obrera tiende a convergir con la presión a los sindicatos en este sentido; esto es, para que los sindicatos tomen la iniciativa en la creación de partidos obreros de masas.
Esta no es una fórmula universal para aplicar en cada país y. en cada situación, pero la experiencia pasada y presente señala que es una perspectiva clave que es necesario impulsar. Los trabajadores han presionado muchas veces a sus sindicatos para que impulsen iniciativas que desborden los límites económicos y para que se enfrenten a la burguesía en el frente político más amplio. La deficiencia de estas acciones políticas hasta ahora es que sólo han sido temporales y parciales.
Un ejemplo de lo anterior es la huelga general de junio de 1975 en Argentina, la primera que se enfrentó a un gobierno peronista. La huelga logró derrumbar al odiado ministro López Rega, hombre fuerte del régimen y consiguió un considerable aumento de salarios. Pero aunque la burocracia sindical peronista fue obligada por la presión obrera (especialmente encarnada en los comités de fábrica) a convocar oficialmente la huelga general, sí fue capaz de impedir que ésta se convirtiera en una movilización política generalizada contra el gobierno peronista.
En estos casos, la necesidad de hacer que la ruptura con la burguesía sea permanente y completa es una tarea crucial.
Los acontecimientos de 1978-79 en Brasil y Bolivia también confirman la tendencia de las organizaciones sindicales a tomar cada vez mayores compromisos políticos. El movimiento por un Partido de los Trabajadores (PT) - claramente diferenciado de la burguesía - es impulsado por una capa de dirigentes y cuadros sindicales que han participado de lleno en las enormes luchas y huelgas que ha emprendido el proletariado industrial del sur de este país. Es una expresión directa de este impulso de organización clasista.
En Bolivia, la Central Obrera (COB) ha sido el polo de oposición y resistencia más importante de la serie de golpes de estado que se han sucedido en este país desde principios de 1978 en que cayó la sangrienta dictadura de Bánzer. Precisamente esta acción ha impedido la estabilización de los militares. Pero la COB debe expresar esta oposición en forma más adecuada y acabada, esto es, a través de un partido clasista.
La exhortación para que los sindicatos se movilicen políticamente de ninguna forma significa tener confianza en las direcciones conciliadoras que dominan actualmente al movimiento obrero organizado. Por lo contrario, la lucha para que los sindicatos inicien la construcción de partidos obreros de masas se vincula con la lucha más amplia por la creación de una dirección alternativa que pueda transformar a los sindicatos en instrumentos combativos de la lucha de clases. En otras palabras, la lucha por la creación de partidos obreros de masas se vincula con la lucha por un programa global de acción capaz de unificar a la clase obrera y sus aliados contra la dominación capitalista.
Como sucede en todos los niveles de la lucha de clases, es posible que el movimiento emprendido por los sindica-
tos en dirección de la independencia política sea desigual, especialmente en la medida en que las direcciones burocráticas mantengan su dominio. Pero todo paso en tal dirección, a pesar de lo parcial y defectuoso que pueda ser, merece nuestro apoyo.
Cualquiera que sea la dirección inicial de tal partido obrero de masas, su propia formación impulsará una dinámica que será muy difícil confinar al colaboracionismo de clases. En el proceso del establecimiento y crecimiento de tales partidos obreros de masas y de forjar un programa de lucha de clases, la influencia política de los marxistas revolucionarios crecerá y llegarán a una posición en que podrán competir por la dirección de la clase en su conjun-
De esta forma, los dos procesos —la construcción del partido marxista revolucionario y la construcción de un partido obrero de masas basado en los sindicatos- no son contradictorios, sino complementarios.
Las elecciones para la asamblea constituyente de 1978 en Perú nos dieron un atisbo del potencial de tal desarrollo. A pesar de las trabas antidemocráticas, más del 20 por ciento de los votos. fueron a los candidatos de la clase obrera; el 12 por ciento fueron para el Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP) y su posición clasista. Esta fue una de las expresiones electorales más claras que se hayan visto en América Latina en favor de la pendiente, no necesariamente beneficia a los reformistas. De esta manera, un partido obrero de masas no será dirigido a fortiori por ellos. La dirección se decidirá en la lucha. En condiciones en que los PCs u otras fuerzas conciliadoras no sean excepcionalmente fuertes, los marxistas revolucionarios se pueden colocar en una posición favorable desde el principio para competir por la dirección del partido obrero de masas.
Desde el punto de vista de la educación política, la experiencia del FOCEP también suministra una lección positiva que se puede contraponer a la de la Unidad Popular en Chile y a la del Frente Amplio de Uruguay. Estas dos últimas experiencias no fueron ejemplos de la independencia política de la clase obrera, sino de la colaboración de clases.
Tanto la UP como el FA fueron bloques políticos multiclasistas que incluían a fuerzas burguesas. El desenmascaramiento de lo incorrecto y estéril de promover un voto por los bloques multiclasistas es una tarea importante en el proceso de propaganda de la independencia política de clase.
Un partido obero independiente de masas lanzará candidatos a las elecciones. Pero estas no serán la razón de su existencia. El partido que necesitamos no es un partido electorero, sino una organización que moviliza a los obreros y a sus aliados en la acción: en las huelgas, las manifestaciones, etc., un partido que desafía a la clase dominante en todos los aspectos políticos de la vida nacional. Dentro de este contexto, las participación en las elecciones es útil para los fines propagandísticos.
La educación política en favor de un partido obrero de masas es inseparable de la propaganda a favor del establecimiento de gobiernos obrero-campesinos como alternativas a los gobiernos capitalistas existentes. Así, un partido obrero de masas se tendrá que presentar como el vocero de todas las luchas sociales progresistas y el líder de todas las clases oprimidas en particular del campesinado.
35. Las condiciones sociales y políticas existentes en
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América Latina no permiten el desarrollo de aperturas democrático-burguesas éstables y de larga duración. Por ello, la lucha por los derechos democráticos es uno de los principales ejes de la lucha de clases en la región.
La lucha por los derechos democráticos concierne directamente a la organización y a la movilización del movimiento obrero; por ejemplo, el derecho de huelga y de organizar sindicatos. Constituye una parte integrante de la lucha por la reorganización y la recomposición del movimiento obrero en los países sometidos a las dictaduras militares. Es un factor en la lucha por la sustitución de las direcciones burocráticas clasistas en las organizaciones. de masas. En síntesis, las libertades democráticas suministran las condiciones más favorables para la defensa de las condiciones de vida y la promoción de la organización de los trabajadores.
La lucha por los derechos democráticos implica la necesidad de que las masas tomen medidas de autodefensa contra los ataques legales y extralegales de la burguesia. La necesidad de formas de autodefensa surge naturalmente en la medida que los ataques terroristas del ejército, la policía o las bandas paramilitares ligados a los anteriores se producen contra las manifestaciones populares, los sindicatos, las huelgas y otras actividades sindicales, de los barrios y las acciones de protesta en general de la población. El recurso de la autodefensa toma lugar dentro de un proceso a través del cual las masas logran adquirir conciencia cada vez más profunda de sus intereses, profundizando y ampliando sus luchas democráticas, sindicales y civiles de todo género.
La forma específica de la autodefensa organizada por el movimiento de masas ya sea a través de piquetes o formas de autodefensa armada, es una cuestión táctica. Uno de los aspectos más importantes y efectivos contra los ataques legales y extralegales es la preparación politica: a través del apoyo masivo amplio, el uso de formaciones políticas defensivas y otros métodos de intervención y lucha política proletaria que hagan más difícil la represión de la burguesía. En esto, como en todas las demás actividades de masas, los marxistas revolucionarios proponen las medidas apropiadas a la situación concreta.
En la lucha por los derechos democráticos, son posibles diversas formas de acciones comunes que reivindiquen demandas específicas entre la amplia gama de las fuerzas políticas que se despliegan en el movimiento de masas. Estas oportunidades deben buscarse sin sectarismos. Estas actividades comunes, en algunos momentos, será posible realizarlas también con grupos burgueses, como en el caso de la defensa de los presos políticos: Alianzas de este tipo son valiosas siempre y cuando no impidan o confronten la independencia organizativa y política de la clase obrera, subordinándola a las fuerzas burguesas.
La importancia que tiene la lucha por los derechos democráticos fue meridianamente palpable en Argentina en 1975-76. En la medida en que la lucha de clases se intensificaba y exacerbaba, el peligro del golpe militar contra el régimen democrático-burgués se hacía cada vez más patente. De hecho, los derechos democrático burgueses habian sido severamente socavados incluso en el período anterior al golpe, cuando el gobierno de Isabel
Perón se fue desplazando cada vez más hacia la derecha, preparando de esta manera el terreno para su propio derrumbamiento. El objetivo principal del golpe fue arrebatar a las masas las conquistas democráticas que habian logrado y aplastar asi su movimiento.
Ante estos peligros, entendiendo que seguramente estas experiencias se repetirán, es vital para el movimiento obrero movilizarse contra la como la lección de Chile lo demuestra palpablemente. Es posible tener acuerdos tácticos limitados con cualquier tipo de füerzas para evitar que un régimen democrático- burgués sea derribado por un golpe militar. Pero es un gran error identificar esto con un apoyo político al régimen democrático-burgués, con alianzas a largo plazo o con la adopción de programas o estrategias políticas comunes de carácter global con fuerzas burguesas. La tarea es presentar una línea de independencia de clase y promover el uso de métodos de lucha proletarios y de autodefensa. Esto debe constituir un elemento constante de la propaganda marxista revolucionaria de América
En algunas situaciones, la crisis obliga a las dictaduras a buscar una salida a través de aperturas electorales.
Estas coyunturas, a pesar de lo restrictivo que otrecen grandes oportunidades para organizar al movimiento de las masas trabajadoras.
En general, las campañas por candidatos obreros independientes en las elecciones ofrece una oportunidad para elevar el nivel de comprensión de las masas. La participación de los marxistas revolucionarios en las elecciones o en los parlamentos burgueses en el caso de que sean elegidos, no significa la legitimación de las pretensiones democráticas de la burguesía. Por el contrario, esta participación puede utilizarse como una tribuna para desenmascarar el verdadero carácter del dominio burgués y para ayudar a las masas a romper con las instituciones burguesas y abandonar sus ilusiones en la ideología democrático-burguesa.
La crisis de las dictaduras pone a la orden del día la consigna de la asamblea constituyente. El movimiento obrero deberá usar frecuentemente la lucha por la asamblea constituyente como un medio para contraponer la soberanía popular a la dictadura militar y para plantear la necesidad de un gobierno obrero-campesino.
La consigna por una asamblea constituyente también se puede utilizar efectivamente en países que no estén sometidos por dictaduras militares descaradas, pero en las cuales las masas estén en condiciones de ver rápidamente la importancia de luchar por la soberanía popular. lucha contra la aplicación continua de "estados de emer-
, contra las leyes reaccionarias de todo tipo que coartan los elementales derechos ciudadanos, contra la censura de prensa, por la legalidad de los partidos obreros, contra los crimenes políticos y las torturas de los disidentes políticos, obreros y campesinos, etc...i se puede entonces generalizar en la consigna por una asamblea constituyente.
La experiencia de Perú en 1978, en la que los marxistas revolucionarios aprovecharon, utilizándola efectivamente, la apertura que se abrió alrededor de las elecciones para una asamblea constituyente, ofrece muchas lecciones para el movimiento obrero.
La dictadura militar peruana, enfrentada a un gran ascenso de la lucha de clases en los años de 1976-78, decidió convocar a elecciones para la asamblea constituyente: De acuerdo a los planes del régimen militar, el objetivo era que esta asamblea redactara el proyecto de una nueva constitución, ostensiblemente para preparar el camino a un gobierno civil dos años más tarde. Esta operación no era una garantía real del restablecimiento de los derechos democráticos, sino más bien una maniobra de la clase dominante para neutralizar al movimiento de masas y ganar tiempo.
En estas condiciones los marxistas revolucionarios fueron capaces de llegar a amplias capas con una política independiente de clase en base a las siguientes líneas:
a) La participación en las elecciones por medio del FOCEP, que se mantuvo independiente de la burguesía y que contrapuso la lucha de clasaes a la colaboración de clases. Al mismo tiempo, desenmascararon el carácter fraudulento de la asamblea contituyente, tal y como era concebida por los generales, y denunciaron el carácter
CHILE
antidemocrático de las elecciones: los requisitos legales para presentar candidaturas, constituian un obstáculo para la participación obrera; la negación del voto a los analfabetos, en su mayoría indios y otros de los sectores más oprimidos; y la deportación de los dirigentes de las masas populares, incluídos algunos candidatos. De esta manera, los marxistas revolucionarios se mostraron como los defensores más fuertes y consecuentes de los derechos democráticos.
b) Los marxistas revolucionarios fueron capaces de utilizar la campaña electoral como una tribuna de propaganda para el planteamiento de las soluciones consecuentemente proletarias para los problemas candentes del momento. Estas incluían la propaganda por una constitución socialista y por un gobierno obrero y campesino.
c) Después de la elección de los diputados obreros, la propia asamblea constituyente se utilizó como tribuna. Fue posible entonces promover que la asamblea constituyente no estuviera limitada por las restricciones impuestas por el gobierno militar, que ejerciera sus poderes en favor de las masas, repudiando por ejemplo, la deuda externa, ordenando la instalación de los activistas sindicales despedidos y dando la tierra a los campesinos. Fue posible delinear una política para desenmascarar a los usurpadores militares de la soberanía popular, así como de los partidos burgueses que dieron un apoyo indirecto a la continuación de la dictadura militar. Se pudieron hacer proposiciones en la asamblea constituyente para derrocar al gobierno militar, para que la asamblea declarase soberana, convocando a elecciones generales basadas en sufragio universal y para contraponer el gobierno obrero campesino a todas las formas de dominación burguesa.
De esta forma fue posible combinar una defensa consecuente de los derechos democráticos con demandas específicas vinculadas a los intereses de clase de los obreros, de los campesinos y de todos los oprimidos.
En la medida en que los partidos burgueses, que constituian la mayoría de la Asamblea Constituyente, dudaron o rechazaron estas propuestas, empezaron a perder la confianza de las masas. Esto fue particularmente importante en el caso del APRA que tenía un amplio apoyo popular. Era pues necesario, buscar medios para ayudar a las masas a romper con el APRA, y comprender la necesidad de un partido obrero de masas y de un gobierno obrero y campesino.
Así se pudo utilizar la Asamblea Constituyente para hacer avanzar la idea de la unidad de clase entre los diputados de todos los partidos obreros, contribuyendo a dar un importante ejemplo al conjunto del movimiento de d. El objetivo esencial de esta intervención no era el de marcar puntos en el terreno electoral o parlamentario, sino el hacer presión para la plena utilización y ampliación de las libertades democráticas, y conseguir que la tribuna que es el parlamento, se convierta en un instrumento de educación, de organización y de movilizaciones extraparlamentarias de masas.
36. Con la excepción de Cuba, todos los países al sur del Rio Bravo están dominados por el imperialismo mundial, en especial por el norteamericano. Existen todavía, colonias de los imperialistas norteamericano, inglés, francés y holandes, destacando en particular, Puerto Rico, donde los imperialistas norteamericanos tienen cerca de 20 mil millones de dólares en inversiones, y que ha usado la isla como una base militar del imperialismo de EUA en América Latina. La lucha por la plena liberación nacional contra la dominación imperialista y la superexplotación es una cuestión candente en la política de las masas latinoamericanas. Por lo tanto, la lucha antiimperialista constituye una parte fundamental de la lucha general de las masas
Las tendencias nacionalistas burguesas latinoamericanas se han presentado como los campeones del combate antiimperialista y sobre estas bases han podido desoriendel movimiento de masas. El peronismo en Argentina, el MNR en Bolivia, el APRA en Perú, la AP en Venezuela, y el PRI en México son los ejemplos clásicos. En los últimos años algunos sectores militares, como los encabezados por Torrijos en Panamá, Torres en Bolivia, y Velasco Alvarado en Perú, se han reivindicado como fuerzas antiimperialistas. Pero ninguna de las tendencias nacionalistas burguesas nunca ha sido capaz de romper completamente con el imperialismo; ni lo harán, por temor a que las masas emprendan un curso que ellos no puedan controlar.. En el mejor de los casos, usarán la presión de las masas para arrancarle algunas concesiones a los imperialistas.
La experiencia de Cuba muestra que una lucha consecuente por la independencia del imperialismo debe convertirse inexorablemente en una revolución socialista. Pero las masas llegarán a esta comprensión de la dinámica de la lucha antiimperialista a través de su propia experiencia. La clase obrera, por lo tanto, debe organizarse para colocarse a la cabeza del movimiento antiimperialista y debe contraponer, al programa y a la dirección nacionalista burguesa, un programa y una alternativa consecuentemente proletaria. De esta forma, se logrará superar la brecha entre la conciencia antiimperialista de las masas y la comprensión más profunda requerida de la necesidad de la revolución socialista y sus formas de lograrla.
En la medida en que las tendencias nacionalistas burguesas clásicas se han demostrado incapaces de romper con el imperialismo y que el sector hegemónico industrial del nuevo bloque de poder se alía abiertamente con el imperialismo, la bandera de las reivindicaciones antiimperialistas tiende a quedar cada vez más en manos de las fuerzas obreras, pero sólo a condición de que una dirección consecuentemente proletaria surja a la cabeza de esta lucha antiimperialista.
Tal dirección tratará de lograr la unidad en la acción con cualquier tipo de fuerzas que estén dispuestas a participar en acciones específicas contra el imperialismo. Acuerdos tácticos ad hoc pueden ser realizados con elementos pequeño burgueses a condición que participen de hecho aunque en este último caso no probable que tales acuerdos sean de larga duración. Se puede dar apoyo crítico a medidas prácticas, distintas de la mera retórica, contra el imperialismo gobiernos burgueses (por ejemplo, nacionalización de compañías imperialistas).
La diferencia radical entre la concepción consecuentemente proletaria y la burguesa o reformista del antiimperialismo es que éstas detienen la lucha en nombre de la "unidad"' al nivel que es aceptable para la burguesía nacional.
Por el contrario, una dirección clasista será no sólo el campeón más consecuente e intransigente de las luchas antiimperialistas, sino que promoverá al mismo tiempo los intereses de clase del proletariado y de las masas oprimidas.
Las luchas antiimperialistas se desarrollan generalmente en la forma de movilización alrededor de temas y problemas específicos. Las formas organizativas usadas para llevar a cabo y dirigir estas movilizaciones serán general-
mente frentes ad hoc para la acción que no mantienen una existencia permanente. Pero la orientación a la acción antiimperialista es un eje permanente de la estrategia revolucionaria en América Latina.
Las consignas principales a incluir en las acciones antiimperialistas son:
a) Defensa de Cuba contra las amenazas militares y las presiones económicas de Estados Unidos. Cese del bloqueo económico. Fuera el imperialismo yanqui de la base naval de Guantánamo. Por el reconocimiento diplomático de Cuba por todos los gobiernos latinoamericanos.
b) Independencia para Puerto Rico, Por el desmantelamiento incondicional e inmediato de las instalaciones militares de EUA en Puerto Rico. Por la salida inmediata de la marina yanqui de la isla de Viequez. Independencia para todos los países que siguen sometidos a la opresión colonial de los imperialistas norteamericano, inglés, francés, y holandés.
c) Reincorporación total de la zona del canal a Panamá. Salida de todas las fuerzas militares norteamericanas del territorio panameño. Abrogación de los tratados Torrijos-
Carter.
d) Retiro inmediato de América Latina de todas las misiones militares y policíacas así como de las bases imperialistas. Cese de la intervención de la CIA. Cese del financiamiento y del armamento imperialista de las dictaduras.
e) Repudio de la deuda externa. Contra los privilegios CAPITULO VIII LAS TAREAS INMEDIATAS DE LA IV INTERNACIONAL EN AMERICA LATINA HOY
37. La tarea estratégica central de la IV Internacional en América Latina es la construcción de partidos revolucionarios enraizados en las masas trabajadoras.
La lucha por la construcción de estos partidos es, en última instancia, la de superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas para la revolución socialista en América Latina, como ha sido evidente en los repetidos ascensos revolucionarios que han tenido lugar en la región, y la carencia de una dirección marxista revolucionaria del proletariado capaz de dirigir las masas a
Aunque las fuerzas de la IV Internacional todavía son débiles con relación a la magnitud de las tareas que nos proponemos realizar, y aunque hemos sido duramente golpeados por la represión en varios países, podemos contar favorablemente con las aperturas que se abren en el próximo período. Si se aprovechan estas oportunidades, se darán pasos decisivos en la resolución de la crisis de dirección revolucionaria en América Latina.
La realización de esta tarea implica la combinación de tres procesos: a). La defensa y el enriquecimiento sistemático del programa marxista revolucionario; b) La formación y la educación teórica y práctica de cuadros marxistas revolucionarios; y c) La conquista de una influencia de masas. ( La situación política y económica, así, como la lucha de clases, de los países de América Latina varía consideraeconómicos especiales en el comercio y las inversiones.
Contra las maniobras y el chantaje económicos del Fondo
Monetario Internacional.
f) Expropiación de todas las empresas imperialistas.
Defensa de las empresas nacionalizadas contra la penetración económica del imperialismo.
g) Contra las deportaciones de los trabajadores latinoamericanos de Estados Unidos. Defensa de las luchas de los latinoamericanos en Estados Unidos, de los antillanos en Inglaterra, Canadá y Francia.
h) Apoyo a las luchas antiimperialistas del mundo.
La diversidad y el desarrollo desigual existentes en
América Latina se integran en un ámbito social y económico unificado por la evolución histórica del continente.
La dominación imperialista tiende a exacerbar las cionarios tienden a unificar a los pueblos de América
Latina. Las masas darán pasos gigantescos realizando la unidad económica y social de sus recursos regionales y haciendo de la tendencia a la unidad una realidad viviente.
La revolución socialista tendrá su propio ritmo y peculiaridades en cada uno de los países de América Latina.
Pero la culminación del proceso revolucionario se dará con la organización de la federación de las repúblicas socialistas latinoamericanas, los Estados Unidos Socialistas de América Latina. Este es el objetivo programático e histórico del movimiento trotskista latinoamericano. blemente entre uno y otro país. Así, cada partido de la iV internacional debe tomar en consideración la situación concreta que enfrenta en su propio país al aplicar nuestra orientación estratégica común. Dentro de este ámbito, sin embargo, se pueden establecer líneas generales para nuestro trabajo.
A continuación señalamos algunas de las tareas inmediatas más importantes de los partidos de la IV Internacional en América Latina:
a) El enraizamiento de la clase obrera. Para conquistar una influencia decisiva entre los obreros y las masas explotadas y oprimidas, y para conducirlos a la victoria sobre las clases dominantes, se requiere de un partido que no sólo sea proletario en su programa, sino también en su composición. Sólo un partido de este tipo puede ganar el respeto de los obreros por su papel de dirección de la lucha de clases, por la forma en que les enseñe a los obreros y a sus aliados a pensar socialmente y a actuar politicamente. Sólo tal partido puede comprender plenamente las necesidades y las preocupaciones de los obreros, ofreciéndoles la orientación en concordancia con ellas.
El desarrollo de partidos enraizados en la clase obrera hará que nuestro trabajo avance en todos los sectores del movimiento de masas y entre los aliados del proletariado; los campesinos y los trabajadores agrícolas, las minorías nacionales oprimidas, los pobres de la ciudad, las mujeres y la juventud.
Tal y como lo demuestra el análisis anterior de las tendencias sociales y políticas de América Latina, la clase obrera, en particular su sector industrial, está cada vez más en el centro de la lucha de clases. Por eso no es sólo, estratégicamente correcto, sino también es el momento adecuado, de hacer un gran esfuerzo para la construcción de nuestros partidos de composición proletaria. El PST argentino ha avanzado bastante en este proceso, y en otros países, como en Brasil y en México, los trotskistas también han dado pasos en este sentido.
Es especialmente importante desarrollar fracciones partidarias que funcionen en las industrias en que los obreros han desempeñado un papel de vanguardia en la lucha de clases. La IV Internacional, al reivindicar una dirección consecuentemente proletaria para la clase obrera de acuerdo a los ejes desarrollados anteriormente en este documento, ganará influencia y cuadros en próximo período. Las células o fracciones en las industrias más importantes no surgirán espontáneamente, pero el esfuerzo consciente de la dirección puede ser el factor que superará este obstáculo y permitirá que nuestros partidos realicen el giro hacia el enraizamiento de sus cuadros en la clase obrera industrial. Lo crucial es inspirar y convencer a nuestros partidos de la posibilidad y la necesidad política de tomar medidas en esta dirección.
b) La conquista de influencia política en las luchas de los campesinos, las minorías nacionales oprimidas y los pobres de la ciudad. La mayoría de nuestras organizaciones no tienen todavía las fuerzas para desarrollar una amplia base en estos movimientos aunque algunas oportunidades específicas surgirán en las cuales los marxistas revolucionarios se verán activamente involucrados, como sucedió con los trotskistas mexicanos en su participación en el movimiento campesino de Sonora y de otros lugares, las iniciativas del FOCEP en Perú en la organización de los habitantes de la periferia de Lima y la experiencia de los trotskistas costarricenses en las luchas de la comunidad negra de Limón. Todas las organizaciones de la IV Internacional pueden, sin embargo, desarrollar actividades de solidaridad con estas luchas y presentar nuestras soluciones programáticas a los problemas que confrontan, de acuerdo a las proposiciones desarrolladas en este documento.
En los sindicatos y en las demás organizaciones de masas, nuestras fuerzas pueden proponer acciones que impulsen las alianzas entre los obreros y los campesinos. Una atención especial se le deberá prestar a la organización de los trabajadores agricolas y migratorios.
c) Continuar la participación activa en el movimiento estudiantil y en los sectores más amplios de la juventud. Esta ha sido una de las principales arenas del trabajo politico y el reclutamiento de nuestras organizaciones hasta la fecha, y continuará ofreciéndonos oportunidades considerables para nuestro crecimiento. La experiencia del movimiento estudiantil en México y en Brasil ilustra estas oportunidades y señala la necesidad de que los marxistas revolucionarios intervengan en la forma organizada más efectiva posible. La formación de organizaciones juveniles independientes del partido sería una ayuda considerable en nuestro trabajo estudiantil y juvenil en general. Nos permitiría, igualmente fortalecer nuestro trabajo en el seno de la juventud obrera y entre los estudiantes de las escuelas técnicas.
d) Participación en el naciente movimiento de liberación de la mujer. Nuestras organizaciones cuentan ya entre sus filas con muchas camaradas experimentadas políticamente que pueden desempeñar un papel dirigente en el desarrollo y orientación del movimiento de liberación de la mujer que hoy surge en América Latina. Los marxistas revolucionarios se encuentran en una excelente posición para lograr triunfos en este campo en comparación
1 AR con otras tendencias políticas de izquierda que ignoran o subestiman al movimiento de la mujer. Pero este potencial político solo se realizará si todo el partido - hombres y mujeres— asume la responsabilidad de dirigir nuestro trabajo en el movimiento de la mujer e integra el problema de la liberación de la mujer a todos los niveles de su trabajo político. La dirección partidaria deberá desarrollar programas internos de educación sobre este tema y asegurar que se combate cualquier manifestación del machismo dentro del partido.
e) Defensa de los derechos democráticos. organización de amplias campañas internacionales defensa de las víctimas de la represión en países bajo el yugo de las dictaduras como las de Argentina, Chile y Uruguay es una tarea fundamental. Esta clase de campañas de defensas son de gran valor para evitar que las dictaduras actúen impunemente. Aún bajo condiciones menos restrictivas, las campañas de defensa son de gran importancia, como en México, en donde decenas de miles de personas se manifestaron en julio y octubre de 1978 exigiendo la libertad de todos los presos políticos y el cese de los actos represivos del gobierno.
Importantes victorias se han ganado como resultado del trabajo llevado a cabo por nuestro movimiento en este sentido. Por ejemplo, la campaña en defensa de los militantes socialistas brasileños encarcelados y en defensa del conocido dirigente campesino trotskista peruano, Hugo Blanco.
La lucha por la legalización de las organizaciones trotskistas es una parte importante de nuestra lucha por los derechos democráticos en América Latina. Como lo demuestran las experiencias de Brasil y de México, no sólo se trata de un procedimiento legal, sino principalmente de lanzar una gran campaña política, lo cual en sí mismo ayuda a construir la organización.
f) Campañas internacionales de solidaridad. Son de gran valor político y educativo las campañas de solidaridad internacional en favor de los ascensos revolucionarios como los de Perú y Nicaragua en 1977-78. Igualmente importante es popularizar sus lecciones. Otros desarrollos revolucionarios en el mundo tienen profundo impacto en América Latina y requieren iniciativas especiales. En especial, la defensa de la lucha revolucionaria en Africa, vinculada con la defensa de Cuba, contra el imperialismo.
Será cada vez más importante la colaboración entre las diferentes organizaciones trotskistas de países afectados. por las repercusiones de los mismos acontecimientos políticos, como en los casos de las acciones conjuntas llevadas a cabo por los trotskistas de Estados Unidos y Panamá contra los tratados Carter-Torrijos sobre el canal de Panamá, o el de los trotskistas de Puerto Rico y Estados Unidos por la independencia de Puerto Rico.
La defensa de los millones de trabajadores indocumentados mexicanos, colombianos, haitianos y de otros países en Estados Unidos es de gran importancia, especialmente en vista del incremento de la represión de Washington, que deporta a casi un millón de trabajadores cada año. El caso de Héctor Marroquín y su lucha contra el peligro de ser deportado a México ha sido importante para denunciar ante la opinión pública esta situación. En
Europa Occidental hay varios cientos de miles de refugiados políticos que son un sector fundamental no sólo para llevar a cabo campañas de defensa de los derechos democráticos en América Latina, sino también en defensa de los latinoamericanos en Europa.
g) Campañas electoraies. En el seno de las organizaciones del movimiento de masas, hacemos la propuesta de que impulsen candidaturas obreras, y popularizamos vigorosamente las campañas clasistas independientes
cuando surjan, al mismo tiempo que promovemos un claro programa clasista para ella, Esto es prioritario, y va a la par con los análisis precedentes que fundamentan la necesidad de construir partidos obreros de masas capaces de desafiar a la clase dominante en todos los niveles políticos.
En los últimos años nuestro movimiento en América
Latina ha adquirido más experiencia en la construcción de campañas electorales trotskistas. Estas campañas nos ofrecen un medio para popularizar nuestras ideas y ganar influencia como una corriente política seria ante las masas. Las campañas electorales también nos ayudan a preservar nuestros derechos legales.
La selección de los candidatos puede ser muy útil para la popularización de la imagen de los partidos trotskistas como participantes activos en todos los frentes de la lucha de clases. Estas han sido las experiencias del PST argentino en su campaña electoral de 1973, de los trotskistas del FOCEP en Perú en 1978, de la campaña de
UNIOS y los candidatos del PST en Colombia en 1978, y de la OST en Costa Rica en 1977. Los partidos impulsaron las candidaturas de dirigentes conocidos por sus actividades revolucionarias e identificados con las posiciones de las organizaciones marxistas revolucionarias en los movimientos sindicales, campesinos, de la mujer y otros. A través de este tipo de campañas, nuestro movimiento y algunos de sus dirigentes se han dado a conocer ante las masas en sus respectivos países, así como en otras partes de América Latina. electorales con otros sectores proletarios y socialistas, En ocasiones será posible participar en alianzas con la condición de que las bases de tales alianzas sean claramente independientes de la clase capitalista, presenten una clara línea clasista opuesta a la colaboración de defender su propio programa sin ninguna clase de res- clases, y que los marxistas revolucionarios pueden tricciones. Los marxistas revolucionarios apoyan todo paso real hacia la independencia política de clase que emprendan sectores importantes de la clase obrera, incluso si estos esfuerzos son acompañados por debilidades programáticas.
38. Las fuerzas del movimiento trotskista en América Latina han sufrido serias divisiones en los últimos años. Esta es una de las consecuencias nocivas de las luchas fraccionales en el seno de la IV Internacional. El proceso de unificaciones de 1976-77 en México, que condujeron al surgimiento del PRT unificado, ofrece un ejemplo de cómo se resolvió este problema. En Colombia y Perú se han dado pasos importantes para la unificación de nuestras divididas fuerzas.
Pueden darse grandes pasos en la construcción del partido revolucionario si se evitan las escisiones no principistas y se impulsan las unificaciones principistas, de tal modo que la IV Internacional pueda dirigirse a las masas con la autoridad de organizaciones unificadas en cada pais. cionales para lograr unificaciones exitosas, incluyen a- Nuestras guías tradicuerdos básicos sobre el programa y sobre los ejes de trabajo más importantes, así como la garantía de la existencia de democracia interna. Dentro de este contexto, hay amplio margen de discusión y debate sobre cuestiones teóricas y sobre cuestiones tácticas menos inmediatas. También son posibles nuevos reagrupamientos. Como producto de la crisis del nacionalismo pequeño-burgués y de las estrategias centristas y reformistas, agrupaciones con perspectivas revolucionarias se orientarán hacia nuestras posiciones anticapitalistas, socialistas. Los marxistas revolucionarios deberán aprovechar al máximo las oportunidades que se presenten para participar activamente con estas corrientes, teniendo como objetivo ganarlas a nuestro movimiento.
A medida que nuestras organizaciones crezcan, será cada vez mayor la necesidad de garantizar normas sólidas de funcionamiento organizativo, que incluyan una prensa regular y frecuente y el financiamiento autosuficiente adecuado que permita y garantice la puesta en práctica de importancia es la necesidad de desarrollar trabajo de las principales tareas partidarias. De particular equipo en la dirección del partido, así como en todos los niveles de la organización para potenciar las capacidades y los conocimientos disponibles.
Es una responsabilidad de las direcciones el lograr que se creen las condiciones para que se pueda funcionar en un marco de represión. Pero el objetivo central continua siendo el de buscar todas las formas de funcionar lo más abiertamente posible:
Concentrarse en las tareas políticas más apropiadas, reforzar nuestras capacidades de intervenir en la lucha de clases, definir normas organizativas estrictas, son tres aspectos fundamentales de la construcción del partido, intimamente ligados y que se complementan.
Para desarrollar los cuadros capaces de pensar por sí mismos y de actuar conscientemente en la lucha de clases se necesita una educación práctica y teórica continua. Se requerirá dedicar atención especial para que los compañeros obreros, las mujeres y los miembros de las minorías nacionales oprimidas logren desarrollarse como dirigentes del partido. Para lograr esto se debe garantizar una vida partidaria interna totalmente democrática.
Estas sólidas normas y estructuras organizativas son de vital importancia debido a que nuestro movimiento en América Latina, como consecuencia de la inestabilidad política de la región, frecuentemente se encuentra en condiciones que exigen ajustes bruscos en su funcionamiento. En algunos casos estas condiciones incluyen la represión más dura.
Deben hacerse esfuerzos específicos para permitir a todos los militantes participar en la vida de la IV Internacional. Deben hacerse esfuerzos comunes para publicar una revista y boletines de discusión internacional en cas-
(1) Este punto (17 B) plantea nuevos problemas importantes al movimiento marxista revolucionario debemos discutir a fondo. La línea general de este punto, que que subraya la importancia de la lucha contra la opresión racista que sufren los negros en América Latina y que define nuestra orientación para luchar contra esta opresión, forma parte de la línea general de esta resolución que se presenta a voto. La caracterización de esta opresión específica como una opresión nacional y de los Negros como una nacionalidad oprimida o una minoría nacional, y en consecuencia, su derecho a un Estado o varios Estados independientes, se incluyen en este texto para lanzar la discusión, pero esta caracterización no se presenta a voto.