La Europa capitalista en crisis y las tareas actuales de la IV Internacional Esta Resolución fue adoptada por el Congreso mundial por: 89 votos a favor, 12,5 votos en contra, 7,5 abstenciones y 4 NPV.
Mayo de 1968 marcó un giro fundamental de las re1. laciones de fuerzas entre clases en la Europa capitalista. Este giro se produjo dentro de un contexto de acentuación conjunta de la crisis del estalinismo y del imperialismo: la conmoción de la dominación burocrática y el nuevo resurgir de la lucha de las masas en los Estados obreros deformados (Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, China), el desarrollo de la revolución indochina y la aceleración de la lucha de liberación nacional en las colonias portuguesas. En un momento en que el Kremlin y el imperialismo firmaban acuerdos que ratificaban la división de Europa, instaurada en Postdam y Yalta (acuerdos de los cuatro en Berlín, tratado entre la RFA y la RDA, la URSS, Polonia), la clase obrera de la Europa capitalista y de las "democracias populares" volvía a poner en tela de juicio este statu quo. El periodo abierto en 1968 2. Los rasgos fundamentales de este giro y de la larga crisis que siguió en Europa capitalista se desprenden de la forma siguiente: 2.1. El nuevo ascenso de las luchas obreras traduce la modificación cualitativa de las relaciones de fuerzas entre las clases. Hunde sus raíces en la exacerbación de las contradicciones del modo de producción capitalista, después de más de dos deceníos de expansión que había reforzado socialmente a la clase obrera. 2.2. La Europa capitalista está marcada por una crisis profunda de todas las relaciones sociales e instituciones burguesas. Los primeros efectos de esta crisis se hicieron sentir anteriormente en mayo de 1968 y se han profundizado desde entonces. Una de sus expresiones más significativas fué la radicalización de la juventud, con su primer portavoz, el movimiento estudiantil. Este estaba nutrido, tanto por la crisis social del sistema de educación, como por el progreso del combate anti-imperialista de los pueblos cubano, argelino, indochino y africano.
Fué durante las movilizaciones estudiantiles cuando adquirieron forma los primeros signos del movimiento de liberación de la mujer, movimiento que alcanzará un gran desarrollo en los años siguientes. (Ver la resolución del Congreso Mundial, titulada: "La revolución socialista y la lucha por la liberación de la mujer"). 2.3. A principios de los años 1960 — Bélgica 1960-1961,
España en 1962, Francia en 1963, Italia en 1962, Gran Bretaña en 1962- la combatividad obrera conoció un nuevo impulso. Estas luchas expresaban la resistencia de los trabajadores frente a las reestructuraciones de los sectores en crisis estructural (minas) y el potencial de movilizaciones de las capas obreras concentradas en ramas en pleno desarrollo (metalurgia, automóvil, química y petro-química). Estas movilizaciones, aunque fueran seguidas de retrocesos o de pausas, anunciaban el giro de 1968-1969.
Mayo en 1968 en Francia y el otoño de 1969 en Italia no solo se expresan por la explosión del número de huelgas, por la amplitud de la participación obrera, por el ascenso impetuoso y semi-espontáneo del movimiento de masas, por la tendencia a enfrentarse a la burocracia obrera y a sus métodos, sino también por la naturaleza de las reivindicaciones y las formas de estas luchas.
Las reivindicaciones salariales siguen estando en el primer puesto, pero la reivindicación por un aumento igual para todos adquiere un lugar cada vez más relevante. A estas últimas se suma una puesta en tela de juicio de los aspectos más despóticos de la organización capitalista del trabajo (elementos de control obrero), de la función y del poder de la patronal, de las condiciones y de la inseguridad del trabajo. Ya empiezan a perfilarse luchas sobre el empleo y sobre la intensificación de la explotación mediante nuevas técnicas y nuevas formas de organización del trabajo. De forma más general, las batallas para defender y ampliar las libertades de actividad sindical en las empresas constituyen un rasgo permanente de la movilización obrera en la mayoría de los países de la Europa Capitalista. La ocupación de fábricas y las tendencias a la autoorganización (comités de huelga, comités de fábrica, etc.) —a pesar de todas sus limitaciones— dan cuenta de las aspiraciones de las masas y de la profundidad de la crisis de las relaciones de producción capitalistas. 2.4. La existencia o la maduración creciente de crisis pre-revolucionarias en Francia en mayo-junio de 1968, en Italia en el otoño de 1969, en Portugal entre marzo y noviembre de 1975, en España a finales de 1976,
así como la tendencia a la concomitancia de los ascensos revolucionarios entre 1974 y 1976 en estos cuatro países de la Europa meridional expresan en su forma más aguda la naturaleza del periodo abierto por el Mayo francés. El combate contra el imperialismo británico en irlanda del Norte, que se inició en octubre de 1968, se inserta en este contexto.
La revolución socialista está de nuevo al orden del día en la Europa capitalista, en un sentido no solamente histórico, sino más inmediato.
Sin embargo este ascenso obrero se ha desarrollado de forma muy desigual entre los diferentes países. Ha variado en función de las diversas experiencias efectuadas por los trabajadores en el periodo que condujo a 1968, de la diversidad de las tradiciones obreras y de la organización política, así como de las reservas históricas de las que disponían algunas burguesías. Además, está muy lejos de ser lineal. No obstante, en la mayoría de los países, las luchas obreras tienen tendencia a oscilar en torno a un nivel superior al del periodo anterior. Allí donde se produjeron retrocesos, las masas manifestaron una gran capacidad de recuperación. 2.5. Un refuerzo del movimiento obrero organizado se ha manifestado en todos los países de Europa capitalista. Los sindicatos han incrementado su influencia en las ramas industriales claves. La industrialización creciente del conjunto de las actividades económicas suscitó una proletarización creciente de los sectores de las llamadas 'nuevas clases medias". Estas capas asalariadas entraron en las organizaciones sindicales. Se identificaron progresivamente con la clase obrera (empleados de banca, de seguros, de servicios públicos, técnicos). La fuerza de atracción de las organizaciones de masa se ha afirmado y sus iniciativas, cuando corresponden a las necesidades y aspiraciones de las masas son seguidas ampliamente, incluso cuando el grado de sindicalización no es muy elevado (en Francia, por ejemplo). El reconocimiento legal y la formación de un importante movimiento sindical en Portugal, en España, así como su refuerzo en Grecia y en Turquía, han completado el dispositivo de combate de la clase obrera a escala europea. Esto constituye una ratificación organizativa del cambio de periodo. Conjuntamente con el reforzamiento del movimiento obrero organizado se han modificado, dentro de las organizaciones, las relaciones de fuerzas entre los aparatos burocráticos y una amplia capa de trabajadores avanzados.
Naturalmente, sigue habiendo insuficiencias importantes dentro del sistema de defensa de la clase obrera: la marginación o la no integración en los sindicatos de millones de trabajadores inmigrados; la débil tasa de organización de la mano de obra femenina, mayoritaria en algunas ramas (textiles, confección, sanidad, servicios), a pesar de los progresos efectuados. Estas brechas se han ampliado a continuación de la recesión y el estancamiento prolongado. 2.6. Esta progresión del nivel de organización de los trabajadores asalariados y el ascenso de las luchas también han encontrado una expresión en la tendencia general de crecimiento de los partidos obreros y en el incremento de su audiencia electoral entre los sectores de masas que accedían por primera vez al terreno político. Su influencia se extiende. Incluso si es más reducida que • durante el periodo anterior a 1968, su control sobre el movimiento de masas sigue siendo dominante, ante todo en el plano electoral y político de conjunto. No obstante, el proceso de politización que refleja su propio crecimiento mina potencialmente su influencia. Una capa creciente de trabajadores avanzados que han afilado sus armas en numerosas luchas, que disponen de una experiencia sindical, y muchas veces política, ha hecho su aparición. En varias ocasiones han rechazado las directrices de los aparatos burocráticos. Representan un factor decisivo para la construcción de un partido revolucionario dentro de la clase. En el plano electoral este fenómeno se ha expresado parcialmente en los resultados obtenidos en diversos países por las organizaciones centristas o trotskistas, en favor de las cuales se pronunciaron, incluso algunos obreros organizados o influenciados por los PS y PC. De esta forma traducían su protesta contra la orientación de las direcciones. 2.7. La modificación del equilibrio entre las clases ha provocado una serie de crisis de régimen y de gobierno (crisis del centro-izquierda en Italia, del bonapartismo gaulista en Francia, del gobierno conservador en Gran Bretaña en 1972-1974, del régimen CDU/CSU y de la "gran coalición" en RFA, disolución del Stormont en Irlanda del Norte, crisis de las dictaduras en España, Portugal y Grecia).
Las formaciones y partidos burgueses han sido atravesados por tendencias y, a veces, se han desgarrado. El motor de estos conflictos no se sitúa en las divergencias relativas a vías tecnico-económicas diferentes, en respuestas contradictorias sobre la forma de responder ai ascenso obrero. Este rasgo no solo se limita a las democracias burguesas. También se encontraban en Grecia, en Portugal o en España, antes de la desaparición de los regímenes dictatoriales y anunciaba su próximo fin.
Los limites de los ascensos impetuosos del movimiento de masas no se encontraron en la fuerza intrínseca de las instituciones de la burguesía. Claro está que esta última disponía de una experiencia política considerable en el manejo de todos los mecanismos de la democracia burguesa. Las reservas acumuladas durante la larga fase de expansión han podido aprovecharse así frenar el impulso de las movilizaciones. embargo, el elemento determinante residía en la política de los aparatos burocráticos, de los sindicatos y de los partidos. Con diversas variantes, han desarrollado su política de colaboración de clases, han fragmentado las movilizaciones y han limitado fuertemente su desarrollo. En todos los momentos fuertes de los ascensos obreros, han proporcionado lo esencial de sus municiones a la burguesía, entre otras cosas sosteniendo las instituciones de la democracia burguesa y alabando sus pretendidas virtudes para bloquear el desarrollo de comités de empresa que pudieran convertirse en consejos obreros. Para llevar a cabo estos objetivos, juegan con las ilusiones de las masas que identifcan las libertades democráticas con las ventajas obtenidas de la democracia burguesa. Estas ilusiones han sido reforzadas por los efectos combinados del estalinismo y del fascismo y porque la clase obrera ha conquistado desde 1945, numerosas ventajas dentro del marco de regímenes democráticos burgueses.
Así es como se ha confirmado que las direcciones reformistas representan el obstáculo central. para una victoria proletaria. A pesar de su oportunismo y de sus compromisos, la clase obrera solo estará en condiciones de desembarazarse de ellas cuando exista en su seno, previamente a grandes confrontaciones entre clases, un número importante de cuadros obreros reconocidos y organizados en un partido revolucionario , — capaz ya por su implantación y por su fuerza numérica de aparecer ante los ojos de amplias capas como instrumento de recambio -, y los elementos esenciales de una tendencia de lucha de clases en el plano sindical. La recesión capitalista en Europa, las contradicciones interimperialistas y la ofensiva de la burguesía 3. En 1974-1975, todas las grandes potencias imperialistas se vieron afectadas simultáneamente por la recesión: Es el resultado de una fase de caída de la
tasa de beneficio, localizable en el conjunto de las economías capitalistas, que se combina con una extensión de las capacidades excedentarias (sobreproducción), dentro de un número creciente de ramas industriales claves. Esta crisis de sobreproducción se entrelaza con el final del largo periodo de expansión consecutivo a los años 19481949.
Si bien su amplitud no puede compararse con la de 1929-1932, sus principales manifestaciones seguirán siendo un dato constante de los próximos años. trarrestados los efectos acumulativos de un nuevo arranque. Una nueva recesión, que afecta a los principales países imperialistas, vuelve a anunciarse.
Incluso en el punto más alto del relanzamiento, la producción industrial sigue estando ligeramente o bien por encima o bien por debajo del nivel alcanzado durante el último "boom" . El límite de la recuperación, combinado con las medidas de reestructuración y la subida de la productividad, hace que el paro se mantenga e incluso que crezca en la mayoría de los países. La inflación sigue siendo importante sobre todo si se la compara con la media de los años 1950-1960. 3.1. La recesión ha modificado el contexto en el que
Use desarrolla la lucha de clases en la Europa capitalista.
La burguesía ya no tiene las mismas posibilidades de hacer concesiones importantes para intentar atajar las movilizaciones. Económicamente se ve obligada a lanzar un amplio ataque contra las conquistas arrancadas por los trabajadores durante los años de expansión. Estos golpes deben darse prioritariamente en los sectores decisivos de la economía capitalista (industria, transportes, telecomunicaciones). Al principio de la crisis pudo seleccionar los sectores más débiles para iniciar su ofensiva. Actualmente debe dirigir su ataque en dirección del grueso de las filas obreras.
Esta batalla se libra en un contexto marcado por una nueva modificación de las relaciones de fuerzas entre las clases a escala internacional a expensas del imperialismo, resultante sobre todo del debilitamiento del capitalismo internacional debido a la derrota del imperialismo norteamericano en Indochina y a la primera recesión generalizada de la economía capitalista internacional desde 1937-
La recesión estalló dentro del marco de las relaciones de fuerzas entre clases que se modificaron en beneficio del proletariado a partir de 1968- 1969, en Europa capitalista. Con los desarrollos de la crisis económica y el lanzamiento de las políticas de austeridad, la clase obrera europea no ha sufrido ninguna derrota política de envergadura, similar a la de los años 45-47 ó incluso a la de 1958 en Francia. A pesar del paro, los ataques a su nivel de vida, los trabajadores siguen teniendo confianza en sus fuerzas y sus organizaciones de masas. La clase capitalista emprende pues su ofensiva a partir de una posición de debilidad, lo que explica su dificultad para trasladar a terreno social ciertos éxitos políticos parciales que ha podido obtener, así como la permanencia de la inestabilidad gubernamental.
La credibilidad de las proposiciones de reforma de las direcciones burocráticas está minada objetivamente por la gravedad y la duración de la crisis. Por otra parte, tienden todas ellas a optar por la austeridad presentándola como la única solución para salir de la crisis y "reformar el sistema". En esta nueva situación social y económica, los límites de una respuesta espontánea del movimiento de masas se hacen sentir. La necesidad de una salida política de conjunto impregna todas las movilizaciones obreras de importancia.
La recesión ha debilitado las posiciones de la burguesía. La clase obrera mantiene sus fuerzas para responder al ataque del capital. En ningún lugar ha sufrido serios fracasos, en ningún lugar ha logrado la burguesía imponer sus "soluciones" a la crisis. Por lo tanto las grandes batallas siguen estando ante nosotros. 4. La recesión, el relanzamiento rampante, la estagnación relativa del mercado mundial han exacerbado la lucha entre las potencias imperialistas para la búsqueda de salidas. Mientras que todas las burguesías imperialistas ponen el acento sobre un relanzamiento de las exportaciones como "solución a sus dificultades", sopla el viento del proteccionismo. Estas prácticas se suman a los obstáculos para una recuperación acumulativa.
La crisis de 1974-1975 ha suscitado esta ola proteccionista, pero lo esencial de los acuerdos comerciales internacionales se ha mantenido. A pesar de la amplitud de la crisis, la CEE ha resistido, no se ha desencadenado en su • seno el proteccionismo.
Ciertamente la crisis ha frenado la concretización o el desarrollo de diversos proyectos, ya sea la Unión económica y monetaria o el Fondo europeo de desarrollo regional. El origen de estas dudas y bloqueos reside efectivamente en las diferentes evoluciones de las situaciones sociales, económicas (entre otras, las tasas de inflación y la balanza de pagos) y monetarias de los países miembros.
La crisis de las dictaduras griega, portuguesa y española ha puesto al orden del día el problema de su entrada en la CEE. Las burguesías de estos tres países exigen su inserción rápida en el Mercado Común. Pero más de uno de los países miembros de la CEE son reticentes, y en su seno son fuertes las oposiciones a la entrada de estos tres candidatos.
No obstante, el mantenimiento del semi-estancamiento, las oposiciones. en el plano de los comerciales con los Estados Unidos, los efectos de la caída del dólar y las ventajas que constituiría la formación de un mercado que totaliza la cuarta parte del comercio mundial, pueden acelerar decisiones que van en el sentido de una integración progresiva de los tres países del sur de Europa, comportando cláusulas especiales sobre un largo periodo y siempres susceptibles de sufrir parones. Por el momento la mayor contradicción en la CEE consiste en la desincronización entre los progresos efectuados en la interpenetración comercial e incluso bancaria y la correspondiente en el campo monetario y político. No obstante, bajo el impulso del gobierno de la RFA, de acuerdo con el gobierno francés, se ha dado un paso en la integración mediante la creación del Sistema monetario europeo. La elección del Parlamento europeo, en 1979, cuyo poder es ampliamente ficticio, tiene como meta sin embargo el coordinar más abiertamente la política de las burguesías frente a los trabajadores que rehusan pagar la crisis, dar una fachada democrática a las decisiones reales tomadas por los comisarios europeos, y finalmente, abrir una vía a la integración de las organizaciones obreras con el fin de asegurar su colaboración en la política europea de la burguesía marcada también por el sello de la austeridad.
Pero, las disparidades de situaciones sociales, económicas y políticas seguirán siendo obstáculos para pasos decididos y eficaces hacia una integración europea incrementada. 5. La obtención de la independencia por parte de las
colonias portuguesas marcó una nueva etapa en la crisis histórica de las potencias colonialistas tradicionales de Europa. De 1948 a 1975, Gran Bretaña, Fran-
Paises Bajos, Belgica, España y Portugal, han perdido la casi totalidad de sus antiguas colonias.
Este retroceso de la dominación directa de las potencias imperialistas europeas no ha impedido la organización de una red de dominación indirecta. A medida que se reforzaban las principales economías capitalistas europeas, especialmente la de la RFA, se ampliaba el campo de acción de los imperialismos europeos, en competencia con los de los Estados Unidos y Japón.
Desde los años 1960, el rasgo dominante de la evolución histórica de las relaciones interimperialistas entre Europa y Estados Unidos, consistió en la modificación del equilibrio económico en favor de los imperialismos europeos y, entre ellos, el imperialismo alemán. Este cambio puede captarse en el debilitamiento de las posiciones de las grandes firmas americanas con relación a los trusts multinacionales de los diversos países europeos, durante los veinte últimos años, en sectores industriales importantes (química, automóvil, máquinas, equipamientos eléctricos, productos farmacéuticos). Estas transformaciones también se han traducido por el lugar adquirido por el imperialismo alemán dentro del comercio mundial. Desde 1974, obtuvo el primer puesto en la exportación de los bienes manufacturados en el mercado mundial y ha conquistado fuertes posiciones en el comercio con la URSS y las "democracias populares". La RFA y Japón se baten para conquistar el segundo puesto entre las potencias imperialistas en el plano económico. La RFA ha lanzado en los últimos años una verdadera ofensiva de exportación de capitales. La tasa de crecimiento anual de sus inversiones en el extranjero, desde 1970, se ha situado entre el 20 y el 30%. Se benefició del declive del dólar para incrementar sus inversiones en Estados Unidos, imitada en ésto por los Británicos, los Suizos, los Holandeses y los Franceses.
Con el imperialismo francés, la RFA se reparte actualmente los puestos de honor en el mercado de exportación de armas. Ocupa los primeros puestos en la instalación de infraestructuras nucleares, al lado de Francia. En este terreno compite seriamente con Estados Unidos.
La burguesía alemana ha multiplicado las intervenciones políticas con el fin de sostener las fuerzas capitalistas frente al ascenso de la clase obrera en Europa: este fue el caso en Italia, en Portugal y en España. La estabilidad social en la RFA ha dejado el campo libre a la burguesía y a su portavoz del momento, el SPD, para desplegar tales actividades. Pero el principio de la renovación militante de la clase obrera en la RFA, frente a la permanencia del paro y a las reestructuraciones en curso, podría restringir en el futuro el margen de maniobra del imperialismo alemán.
Sin embargo, a pesar de su arrogancia, las intervenciones del imperialismo alemán no han desempeñado en ningún lugar un papel determinante dentro del desarrollo de los acontecimientos políticos. La orientación de colaboración de clases que imprimieron los aparatos burocráticos fue lo que pesó de forma realmente decisiva. 5.1. Las potencias imperialistas europeas se han aprovechado de las instituciones de la CEE para garantizar todas las ventajas de la presencia imperialista en el marco de la pretendida descolonización. Los acuerdos de Lomé, en 1975, con 46 países de Africa, del Caribe y del Pacífico no solamente tenían como meta prolongar las adquisiciones de la convención de Yaoundé (1963) a nivel comercial, financiero e industrial, sino también establecer un sistema que asegurase a las potencias imperialis tas de la CEE un acceso regular a las fuentes de materias primas.
Si los regímenes militares latino-americanos ofrecieron posibilidades de inversiones a los capitalistas de Europa, Africa es un terreno de intervención directo y privilegiado para diferentes imperialismos europeos, especialmente francés, británico, alemán y belga.
Aprovechando las dificultades americanas después de la derrota en Indochina, el imperialismo francés ha afirmado sus pretensiones en Africa y ha multiplicado allí sus intervenciones militares. Ha podido utilizar el márgen que le concedían las dudas de Washington, para defender mejor sus propios intereses. Pero su grado de autonomía sigue estando en relación con la estrechez relativa de sus recursos. Su política, especialmente en el plano militar, se inscribe en el marco general del imperialismo dominante, el de Estados Unidos.
En cuanto a la RFA, si bien juega de forma especial la carta económica, no duda en proporcionar una ayuda y un entrenamiento militar tanto a Somalia, como a Irán, Argentina y Chile.
El imperialismo británico ha reforzado su ocupación militar en Irlanda del Norte. Un tercio de los efectivos combatientes del ejército británico se encuentra estacionado en los Seis Condados. Concentra sus esfuerzos en Africa del sur para evitar que la crisis de los regímenes de la región se profundice. Dada la importancia del problema para el imperialismo mundial - cualesquiera que sean las luchas de influencia entre Washington, Bonn-, a lo que se asiste en el sur de Africa es a una operación contrarrevolucionaria combinada.
Este nuevo despliegue de las potencias imperialistas europeas está amenazado sin cesar por la explotación de movilizaciones obreras y populares en los países semi-coloniales y por la profundidad y la amplitud de la crisis en el Africa austral (ver "La situación política mundial y las tareas de la IV Internacional"', resolución del XI congreso mundial). 5.2. Las contradicciones inter-imperialistas entre las potencias europeas, Japón y Estados Unidos han reci. bido un nuevo impulso a raíz de la crisis de 1974-1975 y de las oscuras perspectivas de la economía capitalista internacional. No obstante, la Europa capitalista, principal punto de contacto entre el bloque militar del imperialismo y el de los Estados obreros burocratizados, sigue estando dentro de la trama del sistema capitalista creado a finales de la Segunda Guerra Mundial. Fué elaborado por los Acuerdos de París de 1954, que aseguraron la integración de la Europa capitalista en la OTAN. Bajo este punto de vista, la hegemonía política y militar de los Estados Unidos sigue manteniéndose.
La RFA ha incrementado considerablemente su potencial militar en el campo convencional. Pero colocada en la avanzadilla del dispositivo militar imperialista frente a las fuerzas del Pacto de Varsovia, al no disponer de un potente dispositivo nuclear, solo puede situar su estrategia en el marco de la OTAN.
Francia, después de la decisión de De Gaulle, en 1966, de retirar al mando de la OTAN las fuerzas militares francesas, ha desarrollado su propio armamento nuclear. En la actualidad, incrementa de nuevo su colaboración, que nunca rompió del todo, con las instancias de dirección de la OTAN.
La OTAN sigue siendo por lo tanto, el marco insustituible de la política militar de las potencias imperialistas europeas. Como mucho intentan instaurar un equilibrio que les sea un poco más favorable en el Consejo Atlántico en el que los Estados Unidos conservan la dirección. También se comprometen en un esfuerzo de coordinación y de racionalización de su industria de armamento (armas, aviación, electrónica) que debe consolidar sus posiciones frente a los Estados Unidos, incluyendo la batalla en el mercado mundial de la venta de armas y de aviones.
6. El relanzamiento vacilante y el estancamiento relativo de las inversiones productivas se deben a que el crecimiento de la plusvalía no ha sido de una amplitud tal que pueda provocar un aumento suficiente de la tasa de beneficio. El origen de este fracaso para el capital es de orden social y político. El resultado es que, para la clase capitalista, el objetivo central a alcanzar, en los próximos años, será una subida sustancial y brutal de la tasa de explotación de la clase obrera, en primer lugar en las ramas decisivas de la economía.
La austeridad, respuesta del capital a la crisis de sus sistema fué y seguirá siendo la orientación fundamental de los gobiernos de la burguesía europea. Como de costumbre, la burguesía ha intentado hacer funcionar la crisis en su provecho, pero el grado de organización y la combatividad de la clase obrera han contrarrestado hasta ahora este mecanismo. Por este motivo es por lo que la burguesía debe centralizar sus fuerzas para atacar con más fuerza y llevar a cabo sus planes.
Recurre a la complicidad o a la colaboración de las burocracias de los PS y de los PC, así como de los sindicatos para llevarlos a buen fin. La aparición en el escenario político de los representantes de la patronal ha revelado a la vez de que forma busca la burguesía una solución rápida y las dificultades de encontrar esta solución debido a las relaciones de fuerzas entre las clases. 6.1. Un ataque —que combina una agresión a los salarios directa e indirecta y a los gastos sociales, con la reconstitución de un ejército de reserva industrial— va tomando forma, en grados diversos, en todos los países de la Europa capitalista. Esta combinación traduce la nueva dimensión de la estrategia patronal desde la crisis de 1974-1975. Los salarios directos constituían el primer blanco, ya que desde finales de los años 1960 hasta mediados de los años 1970, aprovechando una situación de pleno empleo, las movilizaciones obreras consiguieron aumentos salariales sustanciales. Finalmente, la patronal utiliza la amenaza del paro para acelerar e intensificar el trabajo.
Gran Bretaña y Portugal fueron los puntos avanzados de puesta en marcha de las políticas de austeridad.
A partir de julio de 1975, los gobiernos Wilson, y más tarde Callaghan, en colaboración con la Trade Union Congress (TUC) lanzaron la política de limitación drástica de los aumentos salariales. En 1979, el nuevo gobierno conservador de Margaret Thatcher, desencadenaba un nuevo gran ataque contra el nivel de vida de los trabajadores, el conjunto de los gastos e infraestructuras sociales y las organizaciones sindicales.
En 1977, las rentas reales de los asalariados descendieron al nivel de 1970. No obstante, en el sector industrial, desde el primer semestre de 1978 y en 1979, los trabajadores recuperaron lo que habían perdido, a nivel de los salarios reales, entre 1975 y 1977.
Fueron necesarios dos gobiernos sucesivos del socialdemócrata portugués Soares y la complicidad de hecho de la CGTP-Intersindical, para desencadenar, a partir de febrero de 1977 un ataque importante contra las adquisiciones de los trabajadores portugueses. A finales de 1977 ya se encontraban sus salarios a un nivel cercano al que existía la víspera del 25 de abril de 1974. Desde mediados de 1978, los gobiernos llamados de gestión técnica acentuaron aún más la presión sobre los salarios, llevándolos a niveles comparables a los de antes de la revolución.
Sin embargo, ni en Portugal, ni en Gran Bretaña se produjo un relanzamiento significativo de las inversiones.
En Francia, en España, en Italia o en Bélgica, la aplicación de los planes de austeridad no dieron los resultados esperados por la burguesía.
Los diversos planes Barre, que se han sucedido desde
1976, han logrado frenar el crecimiento de los salarios pero no han podido imponer un descenso significativo de los salarios reales.
En España, gracias a los buenos oficios de las direcciones del PSOE-UGT y del PCE-CC.OO., se pudo instaurar el Pacto de la Moncloa. Pero a pesar de las ventajas parciales políticas y económicas que pudo sacar la burguesía, estaba muy lejos de satisfacer al capital que exige medidas "'más firmes". El "Programa económico del Gobierno" propuesto por la UCD y la patronal en otoño de 1979, debe responder a estas exigencias.
En Italia, ha sido necesario que el PCI y las tres centrales sindicales tomen la cabeza de la campaña en favor de la austeridad para que los proyectos de los gobiernos demócrata-cristianos, reformulados una y otra vez, tomen cuerpo. Sin embargo, la resistencia obrera y las recaidas de todos los mecanismos de ajuste automático de los salarios y de las prestaciones sociales han limitado grandemente la baja de los salarios reales para los trabajadores de las principales ramas industriales. No es casualidad que los patronos y su gobierno concentren sus ataques contra este sistema de escala móvil ganado después de 1969.
En países como la RFA, Suiza y Austria, la política patronal, con la complicidad de la social-democracia y los sindicatos, se ha centrado sobre todo sobre una limitación del incremento de los salarios reales que es ampliamente inferior al incremento de la productividad industrial. Así es como queda asegurada una redistribución de las rentas en favor del capital.
Como en la mayoría de los demás países, la presión fiscal directa e indirecta ha atacado por primera vez desde hace veinte años al crecimiento del poder adquisitivo de los asalariados.
El ataque al salario indirecto (desmantelamiento de la Seguridad social, limitación de las prestaciones, aumento de las cotizaciones, fiscalización de las cargas sociales de las empresas en Italia y en los Países Baios) tiene como función el disminuir las "cargas sociales" de la patronal. También resulta atacado el salario social. Así se reducen los gastos en el campo de la sanidad, de la educación, de las viviendas sociales, y de forma más general de todas las infraestructuras sociales. Es otra forma de ataque al nivel de vida de los asalariados.
Todas estas medidas indican los proyectos reales de la burguesía para los próximos años. Sin embargo, para alcanzar los objetivos adecuados para un relanzamiento efectivo de la acumulación capitalista, sería precisa una redistribución de la renta nacional a expensas de los salarios y en favor de los beneficios de una amplitud y de una brutalidad que los planes actuales solo auguran tími6.2. La función de la crisis para la burguesía no es otra que la de acabar con el "pleno empleo" tos en el mercado del trabajo y por lo tanto sobre los salarios. La crisis debe reintroducir el paro permanente. He aquí una de las palancas sobre las que debe apoyarse el capital para hacer pasar, a medio plazo, sus planes de austeridad e imponer la "disciplina del trabajo".
En el punto más bajo de la recesión en las economías capitalistas europeas, según los datos oficiales, el paro atectaba a siete millones de trabajadoras y de trabajadores; en "pleno relanzamiento" millones. En la Europa de los « en 1977, afectaba a ocho
, el paro representaba un porcentaje del 2,9% de la población activa en 1974, del 5% en 1975, del 5,3% en 1977 y del 5,6% en
El origen de este paro es el siguiente: las inversiones de racionalización y de reestructuración capitalistas, propias de los periodos de crisis, suscitan un incremento de la productividad fuertemente superior al de la producción;
de esto se derivan no solamente despidos, sino también disminución drástica de la creación de nuevos puestos de trabajo industriales en un momento en que se restringen las salidas en los servicios. Así es como masas de jóvenes que llegan al mercado del trabajo no encuentran empleo. Las mujeres, o bien están apartadas de la producción (teniendo en cuenta especialmente las reorganizaciones en los servicios o la crisis en las ramas, como el textil, la confección); o bien siguen siendo "solicitantes de un puesto de trabajo" sin respuesta.
Trabajadores sin cualificación, jóvenes y mujeres son candidatos designados al paro. En la CEE, la proporción de mujeres dentro del número de parados declarados pasa del 29,2% en 1971 al 41% en 1977. En las mismas fechas, la proporción de jóvenes de menos de 25 años pasa, a su vez, del 27 al 37,4% mientras que solo representan el 17% de la población activa. Los trabajadores que han alcanzado cierta edad, incluyendo los tecnicos, también encuentran grandes dificultades para encontrar un puesto de trabajo después de su despido.
La recesión también ha puesto de relieve la utilización que hace el capital de los países imperialistas de los trabajadores inmigrados. Se han convertido en una parte estructural y permanente de la mano de obra en los países capitalistas altamente industrializados. En una serie de ramas (automóvil, siderurgia, minas, textil, construccion, etc...), en Francia, en la RFA o en Suiza representan mas del 25% de los trabajadores. Sirven de "amortiguador" frente a la explosión del paro. Francia, Bélgica, Suiza o la RFA exportan parados y disminuyen de esta forma el coste social y político de sus medidas llamadas anti-inflacionistas. Entre 1973 y principios de 1976, 1,3 millones de trabajadores inmigrados han perdido su puesto de trabajo (600.000 en la RFA, 300.000 en Suiza y en Francia). La mayor parte de ellos se han visto obligados a volver a su país de origen en donde ya hace estragos el paro y el subempleo. Algunas burguesías de los países imperialistas europeos han tomado medidas que permiten a la vez incrementar la flexibilidad del funcionamiento de este ejército de reserva industrial móvil y responder a las necesidades estructurales de mano de obra. La burguesía británica ha adoptado fundamentalmente la misma línea. Al mismo tiempo que intenta mantener para sí las ventajas de la Commonwealth, también querría deshacerse de todas las trabas legales que supone para una política de inmigración que responda de forma más estricta a los intereses de un imperialismo en declive. 6.3. La amplitud y la permanencia del paro empiezan a minar las ilusiones de amplias capas de asalariados y de jóvenes en la posibilidad del sistema actual para responder a las necesidades sociales fundamentales. El fracaso patente de las "políticas de empleo" de todos los gobiernos ha agrietado el mito propagado por la social
"Estado providencia". En efecto, el número de trabajadores que ha experimentado, a veces repetidamente, un periodo de algunos meses de paro es considerable; aquéllos que se instalan de forma duradera en el paro aumentan lentamente. Pero, a diferencia de lo ocurrido en 1930, todavía disponen de un número de gamovimiento obrero en los dos decenios anteriores. Además, la esperanza de encontrar un nuevo puesto de trabajo sigue estando aún presente en numerosos para-
No obstante, en los países afectados tardíamente por el "boom" de los años 1960 (Portugal, Grecia, España) y en algunas regiones subdesarrolladas o afectadas por la crisis estructural de una rama industrial (sur de Italia, Pais de Gales, Lorena en Francia, Hainaut belga, etc.) el paro ha empezado a debilitar estructuralmente a la clase obrera. Han aparecido amplios focos de miseria. También existen en las regiones suburbanas de las metrópolis industriales.
Finalmente, el paro de los jóvenes, las mujeres y los inmigrados ha creado un "mercado secundario del empleo"' (trabajo negro, trabajo precario, trabajo a tiempo parcial, trabajo a domicilio) que permite una ofensiva brutal del capital (inexistencia de toda protección social, arbitrariedad patronal, descalificación, ningún respeto por las condiciones de seguridad en el trabajo, prohibición o imposibilidad de una actividad sindical):
La reorganización internacional de la producción es una de las armas utilizadas por el capital para atacar empleo. Los grandes monopolios, a la búsqueda de bajos salarios, llevan a sus empresas bien hacia los países semicoloniales, bien hacia aquellas regiones de Europa en donde un índice alto de paro y un bajo nivel de sindicalización aseguran una alta tasa de explotación. 6.4. Otro aspecto de la política de austeridad está representada por: la rentabilización de los sectores industriales nacionalizados (entre otros en Francia, en Gran Bretaña, en Italia), la vuelta al sector privado de sectores nacionalizados rentables (en Portugal, esto representa un objetivo de primer orden para la burguesía), la rentabilización de los servicios públicos (correos, ferrocarriles), con las consecuencias que de ello se derivan sobre las prestaciones, sobre el empleo y los salarios de sus 6.5. Muchas veces, con la ayuda directa de la burocracia, la esfera de intervención de los órganos propios de los trabajadores a nivel de la empresa se ha reducido. Este fue el caso de las comisiones de trabajadores en Portugal a partir de 1976. En Gran Bretaña, la burocracia del TUC intenta perjudicar la libertad de acción de los shopstewards, debilitando sus competencias e integrándolos en estructuras de cogestión así como en el aparato sindical. En España, los comités de empresa, legitimados por las elecciones sindicales, se enfrentan a intentos de reglamentación restrictiva. En Italia, Los consejos de delegados están desprovistos de una parte de sus funciones por medio de una concentración de las decisiones en los ejecutivos controlados estrechamente por la burocracia. En Francia, en Portugal y en España, la patronal intenta restringir los derechos reconocidos a los delegados sindicales y multiplican sus despidos. El despido, en 1979 de 61 militantes obreros de la FIAT, así como el despido, en noviembre de 1979, de un delegado central de los shopstewards de la British Leyland suponen una nueva ofensiva de la patronal para asestar un golpe a la actividad sindical en Italia y en Gran Bretaña.
En algunos países, las burocracias sindicales han aceptado una prolongación de los periodos de aplicación de los convenios concluidos con anterioridad, difiriendo la renegociación, aceptando la fijación de periodos durante los cuales no puede tener lugar ninguna discusión salarial, etc. En todas partes se pone en tela de juicio, bajo diversas formas, la libertad de negociación salarial, y de forma más general de los convenios. El derecho de huelga, también está afectado.
La utilización de los cuerpos represivos contra los piquetes de huelga y la ocupación de las fábricas se ha extendido. En Bélgica, en Francia, en España, gendarmes, CRS y Guardia civil intervienen con frecuencia. En la RFA, con motivo de la huelga de los trabajadores de imprenta (1977) o en Gran Bretaña, cuando la huelga de Grunwick (1977), las fuerzas de la policía entraron en acción. En Portugal, la GNR intervino brutalmente contra los trabajadores agrícolas y los pequeños campesinos del Alentejo dentro del marco del ataque gubernamental contra las conquistas de la reforma agraria; del mismo modo reprimió a los trabajadores que ocuparon algunas empresas.
Finalmente, bajo el pretexto de "lucha contra el terrorismo" , se puso en vigor — a veces con el beneplácito de las direcciones reformistas — una legislación de excepción que constituye una amenaza directa contra los miembros
activos del movimiento obrero. Podría utilizarse a escala mayor en caso de retroceso de la clase obrera.
Una vez más, la crisis del capitalismo ha revelado la tendencia inherente de los regímenes burgueses a perjudicar los derechos democráticos y a reforzar sus aparatos represivos. Pero, por el momento, en ningún país europeo, la burguesía ha conseguido debilitar lo suficiente a la clase obrera o reunir fuerzas sociales y políticas entre las capas pequeño-burguesas, las llamadas nuevas capas medias, o entre los parados, que le permitirían lanzarse a una confrontación con el fin de imponer un régimen fuerte, incluso una dictadura.
Las organizaciones fascistas, aún aumentando sus actividades, no han conseguido reunir una base social de masas y tienen una influencia limitada, por el momento, exceptuando Fuerza Nueva en España, que saca su fuerza y sus recursos de los vestigios franquistas y se aprovecha de la cobardía de las direcciones reformistas.
Sin embargo, en la medida en que la crisis económica y social persiste, el resurgimiento de fuerzas de extrema derecha significativas y activas, que pueden adquirir diversas formas, sigue siendo un peligro para el movimiento obrero.
El clima de recesión y el ascenso del paro facilitan las campañas racistas y xenofobas que intentan acreditar la idea de que la raíz del paro se encuentra en la "superpoblación extranjera". Este ataque se lanza a propósito en el momento en que una serie de luchas por el puesto de trabajo (ocupaciones contra los cierres de empresas y reivindicaciones por importantes disminuciones del horario de trabajo) hacen surgir la conciencia obrera la convicción de que el paro no es una fatalidad.
La extrema derecha fascista se ha hecho el principal propagador de estos temas racistas y xenofobos, tal es el caso del National Front en Gran Bretaña o del Partido de fuerzas nuevas en Francia.
Por su parte, el Partido conservador británico, bajo el báculo de Margaret Thatcher, lanzó en 1978 una vasta campaña contra los trabajadores inmigrados con el fin de reconstruir su base entre las capas sociales intermedias y las capas atrasadas de asalariados. La resistencia obrera ante el ataque del capital 7. Los efectos de la recesión generalizada de 1974
1975 y del fin del periodo de expansión de la postguerra sobre la actividad y la radicalización política de las masas, dependen, por un lado, del conjunto de los beneficios obtenidos por los trabajadores, incluyendo en el terreno organizativo, durante el periodo anterior de desarrollo económico, y por otro lado, de la agudeza y de la propia duración de esta crisis. Además, la primera de reacciones obreras se vió fuertemente influenciada por el contexto político y social de cada país en el momento de la explosión de la recesión, lo cual explica la desigualdad en la respuesta obrera en Europa.
La clase obrera afronta la crisis con un peso social, que se ha incrementado en los ultimos decenios. El número de trabajadores asalariados ha aumentado fuertemente. La sindicalización se ha desarrollado tanto en las ramas claves de la industria como en numerosas ramas ligadas a la esfera de la reproducción o en la administración pública. En la nueva situación económica, la clase obrera que ha obtenido conquistas sustanciales durante los años anteriores, siente su fuerza.
Su poder de negociación contractual todavía es alto. La resistencia de las capas organizadas ante las medidas de despido colectivo es fuerte. Las garantías sociales en caso de despido hacen que la mayoría de los parados no se hayan visto precipitados hacia la pobreza, hacia los efectos disgregadores sobre la unidad y resistencia del conjunto de la clase, tal y como ocurrió en el periodo de entreguerras.
Además, en una serie de países se ha forjado, en el transcurso de las luchas de varios años, una capa de trabajadores avanzados. En ningún país de Europa, la clase obrera ha perdido una batalla decisiva antes y durante la recesión. El ataque contra el poder adquisitivo y sobre todo contra el empleo, aparece ante ella como una ver dadera agresión. La crisis no ha engendrado en el seno de la gran mayoría de la clase obrera el desaliento y la desorganización. Impulsa una radicalización política en el conjunto de países capitalistas con ritmos y formas de expresión muy diferenciados.
El mantenimiento o el crecimiento del paro en "pleno"' relanzamiento, la acentuación de la crisis de ramas enteras, el esfuerzo encarnizado de la patronal para expulsar trabajadores del proceso productivo, la agresividad del ataque gubernamental, modifican la mentalidad de capas cada vez más amplias de trabajadores. En formas más o menos diversas restablecen un lazo entre esta crisis, la anarquía capitalista y la política de los patronos y de su Estado.
De esta forma, en el propio seno de la clase obrera más numerosa de la Europa capitalista, la de la RFA, que había manifestado una notable pasividad ante los acontecimientos en el momento del cambio de clima coyuntural, empiezan a manifestarse cambios profundos. La crisis se presenta como algo estructural, permanente, al contrario de lo que afirmaban en un principio patronos y dirigentes sindicales. El continuo ataque contra las ventajas adquiridas - especialmente contra el empleo- transforma las reacciones de la clase obrera, incluyendo sus bastiones tradicionales (metalurgia). El temor a perder el puesto de trabajo no impide a los obreros responder con firmeza a los intentos de arrancarles conquistas consideradas como definitivamente adquiridas.
A escala europea, la radicalización política hunde sus raíces en la imbricación, por un lado de un ciclo de luchas de una clase obrera fuerte organizativamente, iniciado en 1968-1969 y, por otro lado, del fin del periodo de expansión económica del capitalismo a escala internacional. Esto implica que las posibilidades de canalizar el movimiento de masas mediante concesiones substanciales se han reducido a medio plazo. He aquí una de las diferencias importantes con la dinámica del ascenso obrero en la inmediata postguerra que iba a desembocar en una fase económica ascendente que permitiría a la patronal hacer concesiones a las reivindicaciones de una clase obrera que surgía de un periodo de derrota y cuyo nivel de vida era bajo. 8. Las líneas de fuerza de las reacciones y del estado de ánimo de la clase obrera resurgen en la evolución de los efectivos de las organizaciones sin. dicales, a pesar del aumento del paro.
Así, en Italia, de 1973 a 1977, las tres centrales sindicales (CGIL, CISL y UIL) han seguido conociendo un crecimiento de sus efectivos. En 1977, el índice de sindicalización de los trabajadores asalariados alcanzaba el 45,5% por 31% en 1967. Desde 1978, se manifiesta un estancamiento de los efectivos. La CGT ha conocido en Francia desde 1973 un estancamiento de sus miembros e incluso una erosión desde 1978, debido a su papel de correa de transmisión del PC, en el momento de las elecciones de marzo de 1978. Por el contrario la CFDT ha visto cómo se engrosaban fuertemente sus filas desde 1968, aún cuando sufra un estancamiento relativo desde 1976. Pero el rasgo más significativo de la evolución del movimiento sindical en Francia reside en la multiplicación de las secciones sindicales de empresas, cuyo ritmo de creación
se ha acelerado aún más entre 1974 y 1978. En la RFA, en 1978, a pesar del paro y la salida de los trabajadores inmigrados, los efectivos sindicales han alcanzado un nivel récord desde la Segunda Guerra mundial. La misma tendencia se revela en Gran Bretaña, en donde, de 1974 a 1977, el crecimiento de los efectivos del TUC fue de 14,7%; por otra parte, desde 1975 el número de shop stewards ha aumentado sensiblemente. de 1977, dió lugar a un proceso muy rápido de construcción de las centrales sindicales CC.O0. y UGT. Sin embargo, la política de colaboración de las direcciones sindicales y la suma fragilidad de su aparato (el patrimonio de la CNS sigue estando en manos del gobierno) han provocado un retroceso importante del número de afiliados desde finales de 1978. explosión de 1975 y el giro de noviembre del mismo año, la construcción del movimiento sindical adquirió todo su desarrollo. Cuenta con 2 millones de afiliados, de los cuales 1.600.000 están organizados en la CGTP-Intersindical; y esto para una población asalariada de 3 millones de personas. Una erosión se manifestó en 1979.
Incluyendo aquellos países en los que la actividad de las masas sigue estando a un bajo nivel, la reacción natural de los trabajadores frente a la crisis los lleva a unirse a las organizaciones sindicales.
Finalmente, la experiencia demuestra que cuando las organizaciones sindicales llaman efectivamente a la movilización, la respuesta de los trabajadores es generalmente masiva.
Para captar de una forma más completa la fisionomía del movimiento obrero cuatro años después del cambio profundo del clima económico, deben resaltarse cuatro fenómenos.
En primer lugar los sectores tradicionales del movimiento sindical se han debilitado. Este asentamiento es el producto de la crisis estructural que afecta a algunas ramas, a veces desde hace más de diez años (y que se ha profundizado con la recesión), de la reestructuración violenta mediante la introducción masiva de nuevas técnicas de producción, o de ambas a la vez (minas, textiles, calzado, siderúrgia, sectores navales, imprenta y prensa, construcción desde 1973/1974). Sin embargo la situación de la clase obrera está diferenciada por las mismas ramas; según los países, e incluso según las regiones de un mismo país. El potencial de respuesta, frente a un ataque masivo, es muchas veces importante, tal y como se reveló en RFA (imprenta) o en Francia (siderurgia o construc-
En segundo lugar, el aumento de los efectivos de las centrales sindicales está ligado parcialmente a la afluencia de miembros en sectores poco sindicalizados con anterioridad y que no disponían de una larga experiencia de lucha (por ejemplo, seguros, banca). En varios países, la tradición de lucha de clases es escasa, el grado de conciencia proletaria bastante desigual y el número de cuadros sindicales restringido.
En tercer lugar, los parados, y de forma más particular los jóvenes parados y las jóvenes paradas, no han sido organizados en las filas del movimiento sindical. Del mismo modo, los trabajadores inmigrados están muy poco sindicalizados o bien no forman parte activa de la vida sindical.
En cuarto lugar, si bien se comprueba que en todos los países existe un realce de la sindicalización de las mujeres, Sin embargo, en numerosas empresas y ramas con mano de obra mayoritariamente femenina, la sindicalización sigue siendo escasa.
Estos cuatro elementos no han mermado fundamentalmente la combatividad de la clase obrera en su conjunto. No obstante, pueden, a largo o incluso a medio plazo, abrir brechas en el sistema de defensa de los trabajadores. Constituyen un obstáculo para la realización de la unidad obrera. La patronal puede utilizarlos para intentar llevar a cabo maniobras de división del movimiento sindical. 10. La capacidad de resistencia y el mantenimiento de la combatividad obrera en la mayoría de los países capitalistas europeos también se reflejan en el desarrollo general del movimiento de huelgas, más allá de sus fluctuaciones coyunturales.
La expresión de esta tenacidad está moldeada por los cambios aparecidos en la situación económica y social. Los obstáculos producidos por la situación objetiva y planteados por los aparatos burocráticos, hacen mucho más dificil la iniciación de amplios movimientos semiespontáneos del tipo de los que tuvieron lugar en 1968-1969 e inmediatamente después. patronales más duros contra los salarios, las condiciones de trabajo e incluso los despidos. Otra es oponerse eficazmente a una política gubernamental de austeridad que se desarrolla en todos los terrenos, impedir los cierres de las fábricas en las ramas en crisis, hacer frente al avance general del paro o incluso dar una salida victoriosa a luchas contra los despidos masivos.
En estos terrenos, el movimiento semi-espontáneo de las masas encuentra su límite. A este nivel se hace sentir con fuerza la necesidad, para ir más allá de las victorias puntuales posibles, de una orientación de recambio a la defendida por aparatos que se hacen instrumentos de la política de austeridad en la clase obrera y sacan su fuerza esencial de su capacidad material de dispersar las oposiciones.
Por su debilidad numérica, por su heterogeneidad política y por su falta de organización en el seno de una tendencia de lucha de clase a nivel sindical, la vanguardia de los trabajadores, todavía no está en condiciones de ofrecer una solución de recambio coherente y creíble a la política de las direcciones.
Las oscilaciones del movimiento de huelga no coinciden por lo tanto mecánicamente con el estado de ánimo y la confianza de las masas trabajadoras en sus propias fuerzas.
La reacción de las diferentes clases obreras en Europa, dentro del marco de la crisis, fue muy diferenciada. En los Países Bajos, en Austria, en Suiza, en Suecia y en Noruega, la combatividad obrera no ha hecho progresos
En estos países, esta situación tiene su origen en una serie de factores más o menos afirmados según los casos: las reservas económicas de las que dispone la burguesía y que permitieron limitar en una primera fase el ataque a las condiciones de existencia de las masas trabajadoras; las ilusiones de la clase obrera en la posibilidad de mantener su nivel de vida gracias al poder de las organizaciones sindicales, a los mecanismos de la concertación y de la cogestión así como a la acción gubernamental de los partidos social-demócratas; un grado de combatividad y de conciencia del conjunto de la clase todavía bajo en el momento de la entrada en la crisis, en función de largas tradiciones de colaboración de clases, de la hegemonía de la ideología social-demócrata y parlamentaria, en las experiencias limitadas y fragmentadas de luchas desde 1968. No obstante, bajo el efecto de la crisis económica, numerosos militantes sindicales empiezan a poner en tela de juicio la orientación de los aparatos. Por el contrario, en Francia, en España, en Italia y en Portugal, el estallido de la crisis aparece en una fase ascendente mucho más clara de las luchas de masas. La ofensiva económica de los gobiernos y la resistencia patronal a las reivindicaciones de salarios y la disminución
del tiempo de trabajo aceleraron el movimiento de huelga, acentuaron la dinámica anticapitalista de las luchas obreras y profundizaron la radicalización política. Para amplias masas, la satisfacción de sus reivindicaciones empieza a aparecer como algo ligado a un cambio político.
Este desarrollo de la actividad obrera alcanzó un nivel muy alto en 1975-1976; pero la influencia de los aparatos reformistas, así como las consecuencias de su política influirán sobre el ritmo y la amplitud de la acción directa de las masas.
La clase obrera de estos países debe reajustar su dispositivo de combate frente a una nueva fase de la ofensiva económica de la burguesía que intenta trasladar al plano social los puntos que ha podido obtener en el plano polí-
En Gran Bretaña fué necesaria la colaboración estrecha entre un gobierno laborista y la burocracia sindical, incluyendo su pretendida izquierda, para hacer que la ola de huelgas entrase en los cauces de la política de concertación. En 1975 y sobre todo en 1976, el declive de las huelgas es claro. Pero el nivel de las luchas en 1977 y 1978 indicaba que el potencial de combate de la clase obrera todavía era grande; el número de días de huelga de 1979 —uno de los más altos desde hace diez años- lo
La capacidad de resistencia se manifestó también en Dinamarca (huelga política contra el gobierno en 1978), en Bélgica (movilización contra el plan de austeridad del gobierno en otoño de 1979) e incluso en la RFA.
En 1979, en Italia, en el momento de la renovación de los convenios de categorías tan importantes como son las de los trabajadores de la metalurgia y de la química, el grado de movilización y las formas de lucha reanudaron con la tradición de 1969.
Durante los primeros meses de 1979, y esencialmente sobre objetivos salariales, estalló en España una ola de huelgas que afectó a sectores importantes de la economía. En otoño, las movilizaciones obreras alcanzaron de nuevo cierto desarrollo.
En Francia, la clase obrera, que no se desmoralizó en profundidad por la derrota electoral de marzo de 1978, se niega a pagar los gastos de la crisis, lo que se demuestra con los movimientos de huelga de 1979 en la siderurgia, el metal, los servicios públicos (PTT, SNCF — Correos y Ferrocarriles -), etc.
La crisis impone a los trabajadores cierto número de reivindicaciones que se refieren esencialmente a la defensa del puesto de trabajo y del poder adquisitivo. Una tendencia a la homogeneización de las reivindicaciones sale a la luz en todos los países capitalistas europeos. Así, en menos de dos años, la reivindicación de las 35 horas o de las 36 horas, bajo la presión de una aspiración profunda de los trabajadores y de luchas sobre este objetivo, ha debido ser recogida por una gran parte de las centrales sindicales. Naturalmente, las direcciones tienen mucho cuidado para no hacer de esta reivindicación un objetivo de lucha inmediato y prolongan el calendario de su concretización.
El marco económico requiere objetivos defensivos, muchas veces las tradiciones reivindicativas del periodo anterior a la recesión se combinan con las necesidades de la lucha para el mantenimiento de lo adquirido. Frente a las medidas de ataque contra el puesto de trabajo se utilizan experiencias de lucha contra la organización capitalista del trabajo, y a veces con elementos de control obrero. En la defensa del poder adquisitivo, en el momento en que el paro tiende a acentuar las divisiones, se extiende la reivindicación de aumento uniforme de los salarios o del subsidio de desempleo.
Frente a la multiplicación de los cierres o los intentos de despidos colectivos, la exigencia de la nacionalización, particularmente en las ramas en crisis estructural, se plantea cada vez con más frecuencia. Aquí aparece la misma tendencia hacia una profundización del aspecto objetivamente anticapitalista de las reivindicaciones.
Un rasgo característico de los últimos años consiste en la integración en el seno del patrimonio reivindicativo de las organizaciones obreras de una serie de objetivos de luchas que responden a las necesidades específicas de las trabajadoras. Estas reivindicaciones se han desarrollado en seis terrenos: salario (a trabajo igual, salario igual), empleo (contra el estatuto de auxiliar, despidos prioritarios, eventualidad), formación profesional, condiciones de trabajo, equipamientos colectivos, aborto.
La participación creciente de las mujeres trabajadoras en las huelgas y en las movilizaciones, el peso incrementado de las reivindicaciones contra la explotación y la opresión de las mujeres trabajadoras, estimula la unión entre las luchas de defensa de las conquistas adquiridas y la nueva puesta en tela de juicio de las relaciones sociales burguesas. Esto hace converger en las filas del movimiento obrero las reivindicaciones defendidas, en un primer tiempo, por un movimiento que evolucionó al margen de las organizaciones de masa de los asalariados. La crisis del conjunto de las relaciones sociales y los movimientos de masas 12. El largo periodo de expansión del capitalismo introdujo un profundo cambio en la formación y la naturaleza de la fuerza del trabajo: incremento sensible de la escolarización en la enseñanza media y superior, necesidad de elevación del nivel de cualificación en numerosas categorías de asalariados, penetración masiva de las mujeres en las escuelas superiores e institutos universitarios, incremento del empleo femenino, desarrollo de los flujos migratorios de los países menos desarrollados de Europa del Sur hacia los centros industriales. La concentración rápida del capital redujo considerablemente las categorías de la pequeña burguesía tradicional. Todos estos cambios tienen repercusiones profundas en la conciencia de extensas franjas sociales. Los movimientos de la juventud escolarizada, de liberación de la mujer y las movilizaciones parciales de los trabajadores inmigrados expresan estos cambios.
La entrada de la economía de los países imperialistas en una fase de estancamiento de las fuerzas productivas tiene por lo tanto implicaciones que van mucho más allá de la esfera económica. Recesión y restricciones presupuestarias de los gobiernos burgueses agravan una crisis social global que traduce el declive histórico de todo un sistema y de un modo de producción. Además, una multitud de necesidades sociales que se afirmaron durante el "boom" son negadas hoy, a. veces brutalmente. 12.1. En el campo de la sanidad, las restricciones presupuestarias tales como el desmantelamiento de la Seguridad Social han puesto al desnudo la miseria del sistema sanitario en los países capitalistas más avanzados. Las movilizaciones de los trabajadores de la sanidad no solamente se han referido a las condiciones de trabajo del personal hospitalario, sino también a la organización capitalista de la sanidad. Esto ha facilitado la inclusión en las plataformas sindicales, de reivindicaciones (medicina gratuita y de calidad) que ponen en tela de juicio la organización sanitaria de la sociedad capitalista. Por otra parte, la interrelación entre estas movilizaciones y las relativas a los ataques contra la salud de los trabajadores en su puesto de trabajo desemboca en una contestación más radical de las relaciones sociales de producción.
UN CONVENIO
JUSTO
12.2. El desencadenamiento de la especulación inmobiliaria, la decadencia de estructuras urbanas, tanto como las limitaciones de los gastos públicos en favor de las infraestructuras y las viviendas sociales, han dado nacimiento a movimientos que unen las reivindicaciones sobre el habitat, los equipamientos colectivos y los transportes. Se organizan generalmente a nivel de barrios. Algunas veces se establecen lazos con organizaciones sindicales que conceden un lugar más importante a estos objetivos dentro de sus programas de reivindicaciones. 13. Desde 1974, la población escolar y estudiantil ha seguido creciendo generalmente, aunque aparezca una tendencia al estancamiento en algunos países desde 1978.
La composición social del medio estudiantil sigue modificándose, el porcentaje de la población universitaria de origen burgués disminuye, aunque los estudiantes procedentes de la clase obrera siguen formando una parte muy pequeña. Para hacer frente a sus necesidades, una parte cada vez mayor de estudiantes debe trabajar a medio tiempo. Las salidas se hacen cada vez menores dentro de un número creciente de ramas; el paro constituye un camino cada vez más frecuentado para entrar en la "vía profesional". El puesto de trabajo que encuentran muchos diplomados de estudios superiores o bien no corresponde a la formación que han recibido, o bien acarrea un desnivel importante entre su cualificación y la utilización de su fuerza de trabajo.
Los ataques contra el sistema de formación, la multiplicación selectiva de los niveles de formación en el marco de los estudios medios, la limitación muchas veces brutal del acceso a estudios superiores, han asestado un serio golpe a las ilusiones reformistas sobre la "democratización de los estudios" y "la igualdad ante la escolaridad". La parte de la juventud escolarizada que se ve afectada por las medidas de selección, por las perspectivas de paro y por la reducción de las ayudas sociales no deja de aumentar. Todo esto ha dado origen a movilizaciones de escolares y estudiantes que han tenido lugar en una serie de países.
Naturalmente el peso del paro, las amenazas de selección, la represión a veces, pueden provocar entre los escolares y los estudiantes la búsqueda de soluciones individuales y frenar con ello las movilizaciones. Además, la política de las direcciones reformistas hace más difícil el desarrollo de movimientos de masa que, habida cuenta de la situación económica y política gubernamental, se enfrentan rapidamente a la necesidad de un cambio político de conjunto. La orientación de las direcciones reformistas provoca así una división creciente de las filas de la juventud e incluso una marginación de algunos sectores de la juventud escolarizada y estudiantil. Este hecho se manifiesta de la forma más clara en Italia y también en España.
Sin embargo, en numerosos países -Francia, Italia, Bélgica, Portugal, etc. — se ha comprobado en estos últimos años, la posibilidad de explosión de la juventud escolar y estudiantil. El peso que tenían en estos movimientos las reivindicaciones ligadas a las condiciones materiales y el porvenir profesional de los escolares y los estudiantes, no solo indica una nueva etapa desarrollo de la radicalización de la juventud escolarizada desde 1968, sino también la necesidad, afirmada muchas veces, de una unión con el movimiento obrero.
Cualesquiera que sean las fluctuaciones de las movilizaciones escolares y estudiantiles en los diferentes países capitalistas, las corrientes reaccionarias no han podidó reconquistar posiciones importantes, a pesar, a veces, de algunas victorias parciales.
Los cimientos de la crisis ideológica en la juventud escolar y estudiantil siguen estando sólidamente implantados. Esta crisis toma múltiples vías de expresión. La participación de los escolares y los estudiantes en los movimientos contra la destrucción capitalista del medio ambiente o contra los peligros de la utilización civil de la energía nuclear es una de ellas. La radicalización feminista entre las escolares y las estudiantes, como rechazo de las normas hipócritas de la moral burguesa, es otra. Además, la participación de amplias capas de jóvenes en movilizaciones anti-imperialistas y anti-militaristas - aún siendo inferior a lo que fué en la primera mitad de los años 1970— sigue siendo un dato revelador de la permanencia de los cambios ocurridos desde principios de los años sesenta.
14. La lucha de la clase obrera, su rechazo creciente del poder patronal, su negativa a pagar los gastos de la recesión, su rechazo del paro como una fatalidad, han reforzado y extendido en amplios sectores de la juventud una rebelión contra las múltiples opresiones producidas y reproducidas por el propio funcionamiento del sistema. Este rechazo apunta hacia las instituciones de socialización y de reproducción social de la sociedad burguesa, particularmente la familia y la escuela. La incertidumbre que planea sobre el futuro de importantes franjas de jóvenes no puede sino exacerbar la crisis de los valores burgueses. rechazo ideología productivista, de la jerarquización, así como, de forma más general, de las normas sociales tradicionales se extiende.
El cambio de la situación económica hace resurgir con fuerza la incapacidad de la sociedad capitalista para responder a las necesidades económicas, sociales y culturales, a veces incluso elementales, de amplio sectores de la juventud escolarizada, de los jóvenes trabajadores o de los jóvenes parados. La política de austeridad asesta duros golpes a importantes franjas de la juventud. Paro y sobreexplotación (condiciones de aprendizaje, trabajos temporales, empleo aleatorio, trabajo negro, ciones salariales) resumen la situación de un gran número de jóvenes. Esto no hace sino poner aún más de relieve el estatuto de menor que les atribuye la sociedad burguesa: mantenimiento de la "mayoría de edad" a 18 ó 20 años, prohibición o limitación del derecho a organizarse en el plano sindical y político, represión sexual y discriminaciones sexistas en la escuela y en el trabajo, dependencia ante la familia con todas las coacciones que de ella se desprenden.
El potencial de radicalización de amplias capas de jóvenes sigue siendo importante. Las formas de expresión de esta radicalización tanto como su dinámica dependen fundamentalmente de la capacidad de la clase obrera en afirmarse como clase capaz de modificar radicalmente la
Las transformaciones del lugar de las mujeres en la sociedad, y de forma más específica en el proceso de trabajo, han creado una situación que hace similares los factores objetivos de su radicalización en el conjunto de los países capitalistas europeos. La crisis los ha exacerbado. Las agresiones a la educación, al puesto de trabajo, a los equipamientos colectivos pesan particularmente sobre las mujeres.
•El movimiento de mujeres que empezó su desarrollo en todos los países europeos desde principios de los años 1970, sigue estando todavía muy diferenciado, a la vez en su desarrollo propio y en su impacto así como en su aparición en el propio seno del movimiento obrero. Este es el resultado de una correlación compleja de factores ideológicos, culturales; sociales, institucionales y del desarrollo general de la lucha de clases.
Sin embargo, existe en todas partes una tendencia a que el movimiento de mujeres deje de ser totalmente externo al movimiento obrero, a sus luchas y a sus reivindicaciones. Su amplitud y su impacto social han acelerado su emergencia en el seno de las filas de las trabajadoras. Las iniciativas independientes de las mujeres en las organizaciones de masas de la clase obrera, especialmente los sindicatos, se han multiplicado desde 1975-1976.
Por un lado, el movimiento de mujeres está estimulado fuertemente y reforzado por el desarrollo de las lucha y de las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras organizadas sindicalmente. Por otro lado, la incidencia, en el movimiento sindical, del movimiento de liberación de la mujer y sus exigencias, contribuye en reforzarlo y en profundizar la conciencia anticapitalista de sus miembros.
El movimiento de mujeres mantiene toda su capacidad de movilización independiente. Las batallas por la libertad y la gratuidad del aborto, como contra las resistencias a aplicar los aspectos más favorables para las mujeres de las leyes que la burguesía se ha visto obligada a promulgar revelan este enorme potencial. El movimiento independiente de mujeres puede estimular la radicalización de amplias capas de mujeres, estudiantes y asalariadas, que siguen estando todavía ajenas a la actividad y a la organización del movimiento obrero. 15.1. No existe ningún factor social que impulsaría inevitablemente a los diversos movimientos sociales ya sea a entrar en conflicto con los trabajadores o sus organizaciones, o bien a diferir en sus intereses históricos y en sus luchas. Pero, ninguno de estos movimientos sociales, por sí mismos, puede asestar golpes decisivos a la dominación burguesa y a su Estado. Sin integrar sus fuerzas en el conjunto del dispositivo de lucha de los trabajadores, sin que el movimento obrero tome a su cargo sus reivindicaciones - respetando y defendiendo su independencia organizativa (movimiento de liberación de la mujer, por ejemplo) — el potencial anticapitalista que representa puede deshacerse y desviarse hacia iniciativas e ideologías que o bien los encerrarán en un ghetto o bien los reintegrarán en el marco del mundo burgués. Una de las condiciones imprescindibles para asegurar esta convergencia, es la emergencia de una dirección alternativa a la de los aparatos reformistas. El surgimiento de estos movimientos sociales —cuyo refuerzo está condicionado, en última instancia, por las relaciones de fuerzas entre las clases — es un factor suplementario de la prolongación de la inestabilidad social y de la crisis de dirección política burguesa.
Debido a la subida de los precios del petróleo en 1973 y frente a las presiones de los trusts para invertir en el sector electro-nuclear, los proyectos de construcción de centrales nucleares y la apertura de las obras se han multiplicado.
Esto no podía sino provocar el florecimiento de un movimiento de masas contra las centrales nucleares (Francia, RFA, Austria, Suiza, Dinamarca, Suecia, España, Bélgica).
Este movimiento de masas tiene sus bases en el peligro real que representa para la humanidad, habida cuenta del nivel general de los conocimientos tecnológicos y científicos, de la utilización de las centrales nucleares, en el sistema anárquico del capitalismo.
Este movimiento se ha alimentado con las denuncias de estos peligros dramáticos por parte de un gran número de personalidades científicas. Por primera vez en la historia del capitalismo, da lugar a un amplio debate sobre la organización del desarrollo de la sociedad. Oponiéndose a la apertura o a la implantación de instalaciones nucleares, el movimiento se enfrenta a la colusión entre el Estado burgués garantía del beneficio y los grandes trusts electro-nucleares. Hay aquí uno de los fundamentos concretos para imprimirle una dinámica anticapitalista. Además, tiende a desvelar la naturaleza de la democracia burguesa que tiene su límite fundamental en la propiedad privada de los medios de producción y en el derecho de una minoría de capitalistas a decidir, por sí solos, las inversiones que ponen en causa el propio futuro de la mayoría de la población.
Cualesquiera que sean sus variaciones coyunturales, este movimiento está apto para integrar en sus filas a importantes sectores de la población, y ello por un largo periodo.
Estos movimientos de masas contra las instalaciones nucleares han nacido generalmente fuera de las organizaciones obreras. Además, la ideología "anticrecimiento" y a veces anticientifica extendida en este movimiento, las posiciones de las direcciones reformistas que garantizan
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16.
(cuando no son las principales protagonistas, como en la RFA) las opciones de desarrollo del gran capital, así como la pretendida neutralidad de las tecnologías utilizadas, no pueden sino hacer difícil una conjunción espontánea entre las organizaciones de masas de los trabajadores y el movimiento antinuclear. Sin embargo el eco popular de reivindicaciones adelantadas por el movimiento - tal y como lo demostró el referendum en Austria en noviembre de 1978— así como los llamamientos lanzados por medios científicos y a veces por trabajadores y técnicos sindicados del sector electronuclear, multiplican las tensiones en el seno de los partidos reformistas y han obligado incluso a algunas de sus direcciones a mitigar su sostén abierto a los planes de desarrollo nuclear. En diferentes países, sectores del movimiento sindical y partidos reformistas han empezado a aportar su ayuda al movimiento antinuclear.
El movimiento contra las centrales nucleares solo podrá desarroliar su potencial de lucha contra el sistema que conduce a la utilización de estas tecnologías homicidas en la medida en forme parte activa de la lucha anticapitalista de la clase obrera. 17. Movilizaciones de pequeños y medianos agricultores, así como de trabajadores agrícolas han marcado, en diversos grados, la situación social y política de los últimos años en una serie de países capitalistas europeos (Portugal, España, Grecia, Italia, Francia en particular).
Más allá de los rasgos específicos que moldean la situación agraria en los diversos países capitalistas europeos, se destacan algunos rasgos importantes. Bajo el impacto de la penetración incrementada del capital en la agricultura y la política de los gobiernos, la población rural activa conoce un rápido declive, acelerándose aún más en estos últimos años. Una capa de pequeños agricultores no ha podido integrarase en el movimiento de modernización técnica de la producción agrícola. Forman una capa social pauperizada.
Ya sea que se encuentren en situación de aprovechamiento directo o de arrendamiento rústico, los pequeños agricultores que han intentado sumarse al avance de la agricultura moderna están endeudados y aplastados entre las firmas capitalistas situadas por encima de la producción (abonos, maquinaria agrícola) y las situadas por debajo (trusts del agro-alimentario). Se han convertido en un eslabón dependiente de la cadena de una verdadera industria agro-alimentaria. Sus condiciones de vida son cada vez más difíciles.
La explotación de los miembros de la familia se endurece. El tiempo de trabajo se prolonga. El pluriempleo se convierte muchas veces en el único medio de vida. El poder adquisitivo declina.
Las movilizaciones de los pequeños y medianos agricultores se han desarrollado en torno a reivindicaciones relativas a: el precio de compra de los productos y la seguridad de sus salidas, la función de las grandes empresas. de distribución y de conservas, la diferencia entre los precios de los productos agrícolas y la de los productos industriales, el crédito, los contratos de arrendamiento rústico.
Para los trabajadores agrícolas, las condiciones de vida (duración del trabajo, vacaciones, seguridad social, salario, etc.) y la garantía del puesto de trabajo están en el centro de sus luchas.
En España, en Portugal, en Grecia, en Irlanda, así como en el Sur de Italia, el problema agrario tiene un peso social y político cualitativamente superior al de los demás países de la Europa capitalista. En estos países la tendencia fundamental de las movilizaciones plantea el problema de una verdadera reforma agraria, tal y como fué el caso, de forma ejemplar, en Portugal.
Una característica nuęva de las movilizaciones campesinas durante los últimos años consiste en la unión, todavía muy fragmentaria bien es verdad, que se llevó a cabo en el momento de las luchas entre trabajadores industriales y trabajadores del campo.
No obstante, a pesar del proceso de diferenciaciones sociales acentuadas en el mundo agrícola, las organizaciones que incorporan a los pequeños agricultores siguen estando dominadas todavía ideológicamente por los representantes de la agricultura capitalista. Además, la orientación general de las direcciones reformistas del movimiento obrero y también el ejemplo nefasto de la colectivización de la tierra en URSS y en algunas "democracias populares", no pueden sino frenar la adhesión de los campesinos pobres a las luchas y a los objetivos de la clase obrera y retrasar así la conclusión de una alianza sobre una base anticapitalista. 18. Desde principios de los años 1970, se han reforzado, reavivado o nacido movimientos nacionales o regionales en el seno de varios Estados capitalistas europeos que acentúan la crisis social y de dirección política de la burguesía.
En España, a los movimientos nacionales históricos de Euskadi y Catalunya —que expresan de la forma más agu-. da la explosividad de la cuestión nacional - se han sumado movimientos diversos en Galicia, País Valenciano, Andalucía y en las islas Canarias. En Francia, se ponen de manifiesto en Córcega, en Bretaña, y también en Occitania y en Alsacia. En Gran Bretaña, en Escocia y en el País de Gales. En Italia, en Cerdeña. En Austria en Carintia. En Bélgica, las cuestiones valona y flamenca, siguen estando al orden del día, aún cuando los desarollos económico y social de los dos últimos decenios hayan modificado los términos históricos.
Estos movimientos tienen sus raíces muchas veces en el proceso de formación de los Estados burgueses de Europa que implicó una asimilación violenta de diversas nacionalidades que no obstante mantuvieron rasgos culturales y lingüísticos propios. Socialmente están alimentados en la mayoría de los casos por las disparidades del desarrollo y de la distribución de la riqueza social en el plano regional producidas por el tipo de desarrollo capitalista de los treinta ultimos años.
La larga fase de crecimiento suscitó una distribución geográfica dispar de las inversiones, una implantación selectiva de las empresas industriales en función de los costes salariales, una transferencia de recursos (capital y mano de obra) de una región a otra, de un país a otro. Las empresas multinacionales, particularmente desde la creación del Mercado Común, han desempeñado un papel motriz en la realización de este desarrollo desigual.
La crisis social generalizada liberó las fuerzas de rechazo de las opresiones culturales, lingüísticas y sociales que se combinaban con los efectos de subdesarrollo regional. Estos movimientos, ya sea que se presenten como nacionales o regionales, ya sea que reivindiquen la autonomía o la separación, constituyen para los trabajadores y los campesinos pobres y otros pequeñoburgueses que participan en ellos la envoltura de su indignación social.
Su raíz social y sus raíces históricas están muy diversificadas. Existen movimientos de origen reciente que reflejan esencialmente las desigualdades en el desarrollo económico con todas sus repercusiones sociales. Traducen así también su oposición a la centralización burocrática y discriminatoria de la administración estatal. A partir de la permanencia de rasgos culturales y lingüísticos distintos, formulan la oposición a la sobreexplotación y a la opresión en términos nacionales y disponen de una influencia de masa. La juventud forma una gran parte de las fuerzas vivas en estos movimientos que les ofrecen el terreno de su radicalización.
En Catalunya y en Euskadi existen movimientos nacionales que hunden sus raíces históricas en las contradicciones irreconciliables en el propio seno de la burguesía, creadas en el momento de la revolución burguesa y la formación del estado español. Sobre este telón de fondo es sobre el que se han desarrollado y evolucionado estos dos movimientos nacionales que combinan las reivindicaciones democráticas ligadas a la lucha contra el régimen franquista. El movimiento nacional en Caalunya y en Euskadi no puede asimilarse a aquellos otros salidos de crisis económicas regionales y estructurales. En efecto, Catalunya y Euskadi, con ritmos, y según modalidades diferentes, se han convertido en los puntos avanzados del capitalismo en el Estado español.
Algunas formaciones políticas que desempeñan un papel importante en varios de estos movimientos disponen de una base social pequeñoburguesa y burguesa. Por ejemplo es el caso en Carintia, en Escocia (con el SNP), en el País de Gales (con el Paid Cymru), en Córcega (UPC), en Valonia y en Flandes (con el RW y la VU), etc. Finalmente, en el seno de los movimientos nacionalistas históricos de Euskadi y de Catalunya, a partir mismo de su origen y de las formaciones sociales catalana y vasca, el peso de los partidos burgueses que son el PNV y CDC es muy importante. Se utiliza contra los intereses de las masas trabajadoras que se movilizan para defender sus derechos democráticos, sus aspiraciones nacionales y sus intereses de clase.
Algunos grupos, valiéndose de la estrategia de lucha armada, como ETA en Euskadi, desempeñan a veces un papel significativo en el marco de estos movimientos. Reflejan la exasperación de sectores de la población (que como en Euskadi, también se expresa en los resultados electorales obtenidos por la organización radical Herri Batasuna) y un enfoque pequeñoburgués que ponen el acento en las acciones de grupos restringidos frente a una orientación proletaria de movilización de masas.
La influencia de las formaciones burguesas, pequeñoburguesas y de su ideología sobre las masas posibilidades mantenerse cuanto que las direcciones burocráticas del movimiento obrero, con su política de colaboración de clases, no dan respuestas efectivas a los problemas sociamovimientos y movilizaciones, que no luchan efectiva- les que están en la base de la aparición de estos mente por las reivindicaciones democráticas y que se hacen los defensores de las instituciones estatales a las que se enfrentan muchas veces los movimientos nacio-
18.1. La lucha secular del pueblo irlandés contra la dominación británica tiene una importancia especial. Irlanda sigue estando dividida en dos estados desde 1921.
Uno de ellos, bajo el control directo del imperialismo británico, está aislado del resto del país; el otro está bajo las garras del imperialismo y bajo la dominación política indirecta. La obtención de la independencia formal por una parte de la isla representó una victoria parcial para el movimiento de liberación nacional. Pero la interrupción de este proceso permitió al imperialismo restablecer su control por medio de la burguesía irlandesa.
Un nuevo ascenso de la lucha del pueblo irlandés empezó a finales de los años 1960. Se basó en las discriminaciones puestas en pie por el imperialismo en el Norte, así como la represión que allí mantiene. Londres respondió a este levantamiento enviando miles de hombres para reforzar la ocupación militar de los Seis Condados. En
1972, se vió obligada a abandonar el régimen de Stormont. Entonces, la credibilidad de la burguesía católica del Norte — organizada en el Partido social-demócrata y el
Partido laborista- se derrumbó. Una gran parte de la población católica apoyó al Movimiento republicano.
Algunos sectores de algunas ciudades (los barrios "no go") cayeron bajo el control de la población católica. La burguesía del sur se encontró situada bajo una fuerte
No obstante la dirección pequeñoburguesa de la resistencia fue incapaz de organizar y dirigir a las masas para llevar a cabo un nuevo asalto al control imperialista de la isla. A pesar de sus profesiones de fe socialistas, las dos principales alas del Movimiento republicano desarrollaron una orientación errónea. Los Oficiales del IRA renunciaron al combate anti-imperialista y adoptaron una línea cada vez más reformista y economicista. Los Provisionales siguieron oponiendo su campaña "militar"' a la movilización de masas en objetivos sociales, económicos y anti-imperialistas. Algunas veces se opusieron incluso a tentativas de reunificación del movimiento de masas de la resistencia. De esta forma, dejaron el campo libre a algunos políticos burgueses que no tienen ningún interés en poner fin a la opresión nacional.
El imperialismo conquistó un margen de maniobra y propuso el sistema de "reparto del poder" en el marco de la división. Su finalidad consistía en integrar a las masas católicas en el seno del Estado de los Seis Condados dando a sus representantes burgueses la posibilidad de opinar sobre la manera de llevar los asuntos gubernamentales. Esta tentativa fracasó. El ala extrema de la burgue-
Legitimistasaudiencia entre las masas católicas. Una huelga reaccionaria de los trabajadores protestantes liquidó, en mayo de 1974, el sistema que acababa de ser instaurado.
Desde entonces, el imperialismo ha acentuado su represión contra las masas nacionalistas. A pesar de la desorientación producida por la inexistencia de una dirección revolucionaria proletaria, las masas mantienen sus capacidades de emprender combates tal y como lo demuestran las huelgas del Sur - en donde se profundiza la crisis económica y social — y las nuevas movilizaciones en el Norte.
Irlanda sigue siendo un país importante para el imperialismo británico. La lucha contra este último no es solamente central en la revolución proletaria irlandesa, sino que también es un elemento clave de la revolución en Gran Bretaña. La crisis de dirección política de la burguesía
19. La profundización de la crisis económica y social así como el alto nivel de combatividad de las masas trabajadoras han hecho tambalearse las formas de dominación de la burguesía dentro de su propio estado. Van acompañados muchas veces por una inestabilidad gubernamental, un desequilibrio en el plano parlamentario y una multiplicación de los conflictos en el seno de las
Para asegurarse un relanzamiento de las inversiones productivas, la burguesía tendría que tener las manos libres para llevar a cabo una profunda y brutal reestructuración del capital y elevar considerablemente el índice de explotación. La relación de fuerzas actual entre clases impide el cumplimiento, por lo menos a corto plazo, de esta empresa. Esta es la raíz de la crisis de dirección política burguesa.
La burguesía sigue estando prisionera de una contradicción fundamental. No dispone de reservas suficientes para desencadenar contra las conquistas obreras una operación de gran envergadura que los imperativos de la acumulación del capital exigen de forma urgente. No posee tampoco las reservas que le permitirían hacer concesiones suficientes para hacer más fácil la tarea de las direcciones burocráticas en su orientación de colaboración de clases. De esta forma, estas últimas tienen dificultades para sostener la política de los gobiernos, ya que no reciben nada a cambio. Deben hacer frente a los
conflictos con sectores de clase en los sindicatos que controlan y en sus propios partidos. Esto favorece también la inestabilidad política en el plano gubernamental.
Las disensiones en el seno de los partidos burgueses, y entre sí, participan de la crisis de dirección de la burguesía. Bajo los efectos de la alteración del marco económico, de la concentración y centralización aceleradas del capital frente a la impotencia de los partidos burgueses para ofrecer una salida a la crisis, durante la primera mitad de los años 1970, algunos sectores de la pequeña burguesía o de las "nuevas clases medias" retiraron sus votos a algunas formaciones que ocupaban desde hace mucho tiempo un papel dirigente. Dieron sus votos tanto a otros partidos burgueses, como a la socialdemocracia e incluso al PCI en Italia. Este hecho debilitó entonces las posiciones electorales de partidos bien situados (la DC italiana o los gaulistas en Francia), comprometidos muchas veces desplazamientos de votos introdujeron incertidumbre en el plano parlamentario. Las batallas de clanes en el interior de estas formaciones aumentaron. A veces, se entrecruzan también intereses contradictorios de sectores capitalistas y los de los aparatos políticos parasitarios del Estado. Desde hace dos años, se ha llevado a cabo cierto desplazamiento de los votos de la pequeña burguesía, lo cual ha permitido una nueva ganancia limitada de las posiciones electorales de las formaciones burguesas (Italia, Francia, Portugal). 21. Sin embargo, esta crisis de dirección política de la burguesia no se salda automáticamente para la clase obrera con un refuerzo de sus posiciones. Los fallos del sistema de dominación de la clase dirigente están tapados por las direcciones de los PS y de los PC. La integración desde hace largos años de la burocracia sindical en los diversos engranajes del aparato de Estado burgués los ha preparado para acudir en ayuda de los regímenes burgueses en dificultad o a la deriva.
La clase burguesa, que dispone de una experiencia politica secular, demuestra una vez más su destreza para recurrir a la predisposición de las burocracias obreras en impedir que se hunda el barco. Sobre esta base, la clase dominante puede hacer funcionar los mecanismos integradores de la democracia burguesa y utilizar los recursos económicos restantes para llevar a cabo algunos reajustes. Esta situación revela menos la fuerza se las instituciones de la democracia burguesa que la falta de conciencia, de organización y de dirección revolucionaria del 22. La burguesía intensifica el movimiento de centralización del poder emprendido desde hace mucho tiempo. La esfera de decisión efectiva de los parlamentos se reduce. El poder de los ejecutivos crece, y en su seno se afirma la preponderancia de una serie de comisiones o comités que tratan las líneas de fuerza de la orientación en los terrenos claves (política económica, industrial y financiera a escala nacional e internacional, política militar, aparato represivo). En este periodo de conmociones y de giros abruptos se pone de relieve mejor aún la función de estos órganos que se escapan a las incertidumbres de la vida política y parlamentaria y que aseguran una representación directa de los intereses del gran capital. Pero, una buena parte de las decisiones tomadas en estos cenáculos se vuelven a poner no obstante en tela de juicio por la realidad testaruda de las relaciones de fuerza entre clases.
A partir de ello, la colaboración de los partidos reformistas es una pieza maestra para asegurar la eficacia mayor de este poder centralizado. Con su asentimiento o por su acción, la clase dirigente prepara el arsenal legislativo, judicial y represivo propio a una confrontación con los trabajadores y su vanguardia, una vez que se hayan reunido las condiciones políticas.
Así, comprobamos de qué forma la función y la organización del Estado burgués en el periodo del declive del capitalismo, se unen a las dos tendencias de fondo de la política burguesa: una de ellas va en el sentido de una integración abierta de los aparatos de las organizaciones obreras, la otra en el de un refuerzo de los instrumentos de represión. Un movimiento pendular y una combinación existen entre estos dos aspectos. 23. Una crisis aguda de las instituciones del Estado burgués se desarrolla. Es el resultado de la modificación de las relaciones de fuerzas entre clases y de sus subproductos: la conmoción de las relaciones sociales, la incapacidad de la clase dominante para salir de la crisIs — y a veces de su semi-parálisis de iniciativa, así como del clima de corrupción que reina en los círculos dirigentes-, la radicalización de las nuevas capas asalariadas empleadas por un estado que ha ampliado considerablemente su campo de intervención. En grados diversos afecta al ejército —soldados e incluso suboficiales-, a la policía, a la magistratura, sin hablar de las instituciones escolares de la mass media, o de las Iglesias. La crisis fiscal que corroe a la mayoría de los Estados, con las restricciones presupuestarias que de ella se deriven, contribuye a exacerbarla.
Esta crisis de las instituciones del Estado burgués es una causa y también un efecto de la crisis de dirección política de la clase dominante. Sin embargo hay que combatir la ilusión de que esta crisis pueda conducir a una parálisis de las iniciativas reaccionarias y represivas del Estado así como de las capacidades de maniobra de una burguesía experimentada. No lleva en absoluto a una especie de disgregación de la función de reproducción de una estructura social determinada, la de la dominación del capital sobre el trabajo, función propia del Estado burgués. Como mucho, esta crisis puede proporcionar la ocasión de acentuar la denuncia de los límites cualitativos de la democracia burguesa (ver las tomas de posición de los "sindicatos de la magistratura"' en Francia y en Italia) de enseñar la necesidad y el significado de la destrucción del Estado burgués. La crisis de dirección proletaria 24. El periodo abierto en 1968-1969 se prolonga mucho más de lo que lo hicieran los periodos similares de crisis en el pasado.
A medida que esta situación continúa, que los engranajes de la sociedad burguesa se atascan, que crece el descontento entre las masas, que se perfilan en el horizonte los enfrentamientos, las direcciones burocráticas - para defender sus propios intereses - levantan el muro de la colaboración con la burguesía, con el fin de intentar escapar a cualquier batalla frontal, canalizar y fragmentar un avance obrero.
Para ayudar a hacer pasar esta política, ante todo en los países en los que los trabajadores han cuestionado de forma más abierta el orden burgués, las direcciones sindicales y las de los PS y los PC, debido a la recisión; tomaron por su cuenta los temas de los economistas y políticos burgueses sobre la austeridad, han hecho desaparecer muchas veces de su propaganda las referencias al "paso pacífico al socialismo" e incluso algunas veces lanzaron una campaña ideológica enfocada a demostrar que es imposible que la clase obrera liquide al capitalismo y derroque al Estado burgués.
Un exámen sobre la actividad de las masas, los objetivos que se han asignado amplias capas de vanguardia durante sus luchas, del contraste entre éstas y la
orientación de las direcciones reformistas, de los desbordamientos limitados pero efectivos del marco fijado por los aparatos, lleva a una conclusión bien diferente. Revela la importancia, para la evolución de estos diez años de la lucha de clases, de factores tan concretos como los partidos y los sindicatos, su programa, su dirección, su control mantenido sobre la clase obrera en ausencia de un partido revolucionario que hubiera reunido, el momento de las diversas oleadas de lucha, a un número importante de cuadros obreros que dispusieran de una autoridad en las empresas, las organizaciones de masas y capaces de ofrecer una dirección a una oposición sindical de lucha de clases.
La característica del periodo no está en la sumisión de las masas a los objetivos de los aparatos reformistas, aún cuando hubieran conservado una influencia ampliamente mayoritaria sobre estas últimas. La dominante, es la crisis de dirección proletaria; ella es la que bloquea la transformación de las crisis pre-revolucionarias en situaciones revolucionarias. El ejemplo portugués lo ha confirmado. 25. Para proteger los mil lazos que han tejido con la sociedad burguesa, las direcciones reformistas han acudido en ayuda de una clase cuya dominación era cuestionada o estaba en peligro.
Así, los dirigentes de la social-democracia, en la RFA, en Gran Bretaña, en los países escandinavos, en Bélgica, en los Países Bajos, en Suiza, en Portugal, así como en España, se han hecho los defensores encarnecidos de la "economía de mercado", de la rentabilización del sector público, de la limitación del salario directo e indirecto y de los gastos públicos, de las restricción del derecho de huelga.
En la casi-totalidad de estos países desempeñaron un papel determinante en la adopción de una política de austeridad por parte de las direcciones de los sindicatos, a
Debido a las exigencias de la aritmética parlamentaria Y, sobre todo, debido a la desconfianza de los capitalistas en la propia capacidad de la social-democracia (a causa de sus lazos con la clase obrera y los. sindicatos) de adoptar el tipo de medidas anti-obreras que corresponde a la gravedad de la crisis económica, los partidos socialdemócratas han sido rodeados de vigilantes liberales (RFA, Dinamarca) o bien han sido integrados en gobiernos de coalición más amplios (Países Bajos, Bélgica, Por-
Las direcciones de los partidos comunistas han ido también en auxilio de los regímenes burgueses en dificultad o al borde de la quiebra. Si ponemos a un lado los aspectos propiamente italianos del "compromiso histórico", la línea de los partidos comunistas de Europa occidental se mueve en este marco estratégico. Si bien el contexto político internacional es diferente, si el periodo mismo no es en absoluto similar y si bien las causas determinantes de esta orientación no son idénticas, no es menos cierto que las líneas de fuerza de la estrategia siguen siendo las trazadas por la Internacional estalinista en su VIl congreso (1935).
Bajo la influencia de la agresividad creciente del capital, se ha despertado en el seno de las masas trabajadoras una tendencia a emprender una respuesta unitaria y a avanzar objetivos anticapitalistas. La función misma de la política de los PC es la de desviar este movimiento hacia objetivos y formas de gobierno compatibles con los intereses de la burguesía, con la supervivencia de la propiedad privada y de sus instituciones estatales.
lado, la burguesía no se veía coaccionada por un ascenso impetuoso. No quería pagar el precio de ello y movilizó sus filas con firmeza frente a esta eventualidad, sostenida en ello por el imperialismo americano. Por otro lado, en el contexto económico presente, las direcciones de los PC veían con recelo su acceso al gobierno sobre la ola de un movimiento reivindicativo de amplitud que hubieran debido estimular para obligar a la burguesía a renunciar a su oposición, a su participación en el gobierno.
Incluso se adelantaron para desarticular la movilización. La división política, sindical y la existente entre las diversas categorías en lucha es un instrumento importante de esta operación. Las peripecias de la Unión de la Izquierda en Francia o del Compromiso Histórico en Italia beben en este sentido de una fuente idéntica.
Evidentemente, en caso de explosiones masivas que pudieran volver a poner en tela de juicio el marco del régimen capitalista; la entrada de los PC en una coalición gubernamental sigue siendo un medio que puede servir para canalizar el movimiento de masas y, por este hecho, asegurar el mantenimiento en el poder de la clase dominante. 26.1. La política del PCI, desde 1973 a 1978, ilustra perfectamente la lógica del "compromiso histórico". De hecho, Berlinguer pasa de la perspectiva de un gobierno de coalición con la Democracia Cristiana al apoyo puro y simple a un gobierno demócrata cristiano. El PCI se convirtió en el principal defensor público de una política de austeridad, de mantenimiento del orden público, de la autolimitación de las huelgas, de la restricción de la libertad de acción sindical. Esta política contribuyó a debilitar las posiciones conquistadas por la clase obrera en 1975-1976. Dejó el campo libre a una democracia cristiana carcomida cuyo fin no era otro que desgastar al PCI en una interminable espera en el umbral del gobierno, al servicio de la "Unión Nacional", lo cual por otra parte se tradujo en el retroceso electoral del PCI, en Junio de 1979. 26.2. En España, las direcciones burocráticas permitieron
La Juan Carlos y Suárez efectuar la transición entre el régimen franquista y uno de democracia burguesa parlamentaria, cuyo eje es el ejército, el aparato de represión heredado del franquismo y la monarquía. En 1975, el régimen franquista estaba agonizando: el capitalismo español estaba hundido en el marasmo, el ascenso de las luchas obreras se acentuaba y la delicada cuestión de la sucesión fue planteada por la muerte de Franco. La burguesía se debatía en una crisis de dirección política aguda, prisionera entre los gruñidos del "búnker" y el impulso del movimiento de masas. Se vió obligada a diferir todas las iniciativas de cualquier tipo en el plano económico, a pesar de la gravedad de la recesión.
La reforma del franquismo se jugará desde entonces en dos escenas aparentemente separadas. Pero todo pasó como si los protagonistas de cada una de estas escenas conociera el guión de la otra. Las luchas de masas obligaron a veces a modificarlas, pero el desenlace buscado por las dos partes — por el gobierno Suárez y por las direcciones reformistas- permaneció inalterable: había que evitar el enfrentamiento, salvar el régimen capitalista. • En cada etapa decisiva, las direcciones del PSOE y del PCE ampliaron su política de colaboración de clases. Después de haber fusionado la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática para formar la Coordinación Democrática, en marzo de 1976, instalaron la comisión de enlace de la oposición democrática, en setiembre de 1976, reagrupando a la casi totalidad de los partidos burgueses de oposición.
Los aparatos burocráticos se esforzaron en fragmentar los movimientos de huelgas que adquirieron una gran extensión a fines de 1976. Negociando directamente con Suárez, el PCE y el PSOE facilitaron la primera victoria
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26.
política de la monarquía en ocasión del referéndum sobre la Ley de Reforma Política (diciembre de 1976); su apoyo a la nueva constitución (Referendum de Diciembre de 1978) confirmó esta orientación.
Las elecciones de Junio de 1977, en las cuales la UCD consiguió la mayoría relativa, reforzaron las posiciones gubernamentales. Pero los resultados reflejaron también la amplitud de las movilizaciones proletarias. En los grandes centros industriales, los partidos obreros lograron una neta mayoría. En el otoño de 1977, el movimiento huelguístico se intensificó. El pacto social se convierte desde entonces en el objetivo número uno de la burguesía. Los aparatos burocráticos se plegaron a ello. En Octubre de 1977 firmaron el pacto de la Moncloa, lo cual abrió el camino al Gobierno de la UCD para lanzar, en 1979, su programa económico y proponer un Estatuto de los trabajadores antiobrero, que niega • limita los derechos sociales y sindicales más elementales.
Con ocasión de las elecciones sindicales (comienzos de 1978), la política de división aplicada por las direcciones de UGT-PSOE y CC.OO.- PCE se articulan con la de la "unidad nacional": ello desorienta a los trabajadores y no hace sino limitar y parcializar las respuestas a la política de austeridad.
La UGT-PSOE ofrecen la "negociación" para oponerse al nuevo plan económico del Gobierno y no se oponen al Estatuto de los Trabajadores. Las CC.OO., proclamando su oposición, se niegan a coordinar y generalizar una respuesta. 26.3. En Portugal, el papel de las direcciones del PS y
PCP en el ascenso revolucionario explicita perfectamente la función de la política de colaboración de clases: contener el impulso del movimiento de masas, desorientarlo, reducir su independencia y hacer sus objetivos compatibles con la supervivencia de la economía de mercado y de las instituciones del Estado burgués.
Inmediatamente después del 25 de abril de 1974 las direcciones del PS y del PCP se niegan a llamar a la formación de una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal y proporcional. Le concedieron el tiempo a la burguesía para que esta última pudiera organizar sus fuerzas políticas a la sombra de la jerarquía militar. En nombre de la "unidad nacional"' el PS y el PCP participaron en los diversos gobiernos de coalición apoyaron a Spinola, incluso después de la tentativa de golpe de estado civil de setiembre de 1974 y se plegaron a los dictados del "pacto partidos-MFA".
Después de las elecciones de abril de 1975, renunciaron a traducir al plano gubernamental la mayoría obrera absoluta de la que disponían en la Asamblea Constituyente. Eran perfectamente conscientes que un gobierno del PS y del PC sin los militares, reforzaría la ofensiva unitaria de las masas y alentaría a la clase obrera a actuar políticamente de forma independiente.
Frente al surgimiento masivo de comisiones de trabajadores y de comisiones de barios, después de la respuesta de masas al golpe de Estado abortado del 11 de marzo, la dirección Soares se puso a la cabeza de la contraofensiva burguesa. En nombre de la lucha contra el "anarco-populismo", Soares tendió a quebrar el movimiento de autoorganización que se desarrollaba entre los trabajadores y también en el ejército. Adoptó abiertamente la defensa de la democracia burguesa y de la propiedad privada. La campaña del PS amplió la división introducida en el seno de las masas trabajadoras por las maniobras sectarias del PCP.
La orientación de este último hacía el juego a la del PS. En nombre de la defensa de la revolución democrática y nacional, la dirección Cunhal subordinó el ascenso del movimiento de masas al apoyo del MFA, es decir, a un sector del ejército imperialista en crisis. La dirección del PCP saboteó la formación de comisiones de soldados buscando someterlas al MFA. Intentó transformar las comisiones de trabajadores en instrumento de la "batalla de la producción"': La multiplicación de sus maniobras sectarias, los atentados al derecho de expresión de otras tendencias del movimiento obrero y la manipulación de coordinaciones embrionarias, especialmente bajo el quinto gobierno provisional, se convirtió en un obstáculo para la ampliación y centralización de estos órganos potenciales del poder obrero. Las direcciones del PS y del PC, cada una a su manera, han hecho todo por bloquear el desarrollo y la coordinación de las comisiones de trabajadores y de soldados e impedir que se transformen en amplias organizaciones de frente único. Así, las masas no pudieron sacar todas las ventajas posibles de la crisis extrema del aparato del estado burgués para reforzar posiciones. El desnivel fue mantenido entre esta crisis de las instituciones estatales y el nivel de desarrollo de la autoorganización. La burguesía se aprovechó de ello para reagrupar sus fuerzas, para recuperar su capacidad de iniciativa, como habría de demostrar el 25 de noviembre de 1975. Se encontró entonces en situación de restaurar su poder y volver a poner en marcha los mecanismos de la democracia burguesa parlamentaria y del régimen
La política de los grupos centristas osciló entre el ultraizquierdismo y el seguidismo con respecto al MFA, el PCP e incluso al Vº Gobierno. A veces combinó los dos aspectos. Facilitaron así la tarea de las direcciones del PS y del PCP.
Por su caracterización del PS como partido "social-fascista", por su sectarismo y su desprecio de los principios de la democracia obrera, por las ilusiones que difundieron sobre el MFA, contribuyeron a reforzar la división de las filas obreras. Su incapacidad para desarrollar una política correcta de frente único y su incomprensión de la natu raleza de clase del gobierno fueron un obstáculo político importante para la organización y la movilización de las masas, que buscaban respuestas diferentes de las dadas por las direcciones del PS y del PCP. También su aventurerismo facilitó la operación del 25 de noviembre de 1975.
A continuación, no solamente los Gobiernos del PS iniciaron la política de austeridad, sino que también dieron la base legal (en Agosto de 1977) para un ataque contra la Reforma Agraria, que desarrollaron los Gobiernos dirigidos por Nobre da Costa, Mota Pinto y María de Lourdes Pintasilgo. Por otra parte, por su apoyo y su abstención, PS y PC permitieron la formación de estos Gobiernos antiobreros, pese a que disponían de una mayoría en el Parlamento. Durante los últimos, años, la división se mantuvo como una constante de su política. 26.4. En Francia, se trataba para las direcciones reformistas de prevenir la repetición del Mayo de 1968, que las había tomado por sorpresa, de transformar en su provecho la maduración de la radicalización y asegurar su control. Es a este fin que respondió la constitución de la Unión de la Izquierda sobre la base del programa común de gobierno firmado en 1972. Era una coalición entré dos partidos obreros y un pequeño partido burgués, el Movimiento de los Radicales de Izquierda. Este programa no cuestionaba ni los mecanismos esenciales de la economía capitalista, ni la constitución bonapartista nacida del golpe de estado del 13 de mayo de 1958.
Los partidos reformistas van a utilizar los éxitos electorales alcanzados durante las elecciones presidenciales (1974), cantonales (1976) y municipales (1977), para desalentar y parcializar la respuesta de la clase obrera a los ataques patronales y gubernamentales. En nombre de la ampliación de la Unión de la Izquierda, los aparatos rebajaron el nivel de las reivindicaciones. Apelaron a la paciencia de los trabajadores alegando la victoria próxima de marzo de 1978. La unión de la izquierda subordinó la movilización, la actividad y la organización de los trabajadores a las perspectivas parlamentarias y de colaboración
de clases.
La conjunción entre los efectos de la recesión, que evidenciaban la impotencia de las propuestas de reforma contenidas en el programa común y la profundización de la radicalización y de la politización de los trabajadores, introdujo un elemento de desequilibrio en los proyectos de las direcciones del PS y del PCF. En efecto podía resaltar de ello un cuestionamiento del control exclusivo de la burocracia del PCF sobre la CGT, una oposición acentuada a la dirección de Maire en la CFDT, como dificultades en las relaciones entre esta última y el PS.
La dirección del PS dió entonces garantías a la burguesía reafirmando su respeto de los imperativos de la "economía de beneficio", "del medio económico internacional" de la competencia interimperialista. La burocracia de la CFDT tomó el relevo privilegiando las reivindicaciones llamadas cualitativas en detrimento de las llamadas cuantitativas, lo que anunciaba el "recentrado" de 1979.
La dirección del PCF concentró el fuego sobre el pretendido "giro a la derecha" del PS. Con la misma facilidad con que atacó demagógicamente la austeridad preconizada por Mitterrand, se cuidaba mucho de organizar cualquier respuesta de amplitud contra la austeridad practicada por Barre. La burocracia de la CGT le siguió las huellas y alineó la central sindical tras las posiciones del PCF. La división de las filas obreras después de varios meses de intercambio de insultos fue profunda, pues los aparatos sindicales fueron los promotores y se aprovecharon de ello para renunciar a toda movilización:
La división destilada por las direcciones del PCF y del PS, especialmente desde setiembre de 1977 tuvieron por efecto no solamente sofocar la contraofensiva obrera, sino también trabar la dinámica electoral de la Unión de la Izquierda. La campaña electoral se inició bajo el signo del rechazo de Marchais de comprometerse al desestimiento a favor de los candidatos mejor votados del PS en el segundo turno. Para justificar esta orientación, el PCF se proclamaba como el único partido de la clase obrera. Tomó a su cargo abiertamente el riesgo de la derrota electoral de la Unión de la Izquierda a fin de proteger sus intereses de aparato burocrático que podía ser perjudicado por los efectos en la clase obrera de una gestión gubernamental en periodo de crisis económica profunda. La estrecha victoria de la UDF y del RPR, en marzo de 1978, fue el producto de esta política de división y colaboración de clases del PCF y del PS.
Desde marzo de 1978, la voluntad unitaria de las masas se manifestó con ocasión de las elecciones parciales, dándole la mayoría a los partidos obreros, a costa del PCF y en provecho del PS, esta tendencia se confirmó en las elecciones a los Consejos Generales en marzo de 1979.
La política de división de las direcciones sindicales estalló de nuevo, en la primavera de 1979, cuando se negaron a centralizar la lucha de los siderúrgicos y a organizar una ofensiva de conjunto contra el paro y los planes del Gobierno Barre.
Después de haber organizado la división, la han utilizado como pretexto para desmovilizar a los trabajadores. Acusaciones mutuas entre PS y PC, revisión a la baja de los objetivos por la CFDT y la CGT unidalizaciones limitadas y fragmentadas, pretendidas todo eso, de hecho, manifiesta la voluntad de las direcciones de adaptar su política a la crisis del capitalismo con el fin de evitar un enfrentamiento con el poder.
26.5. En un contexto de polarización de clases creciente, la política de las direcciones reformistas, no habiendo provocado hasta ahora ninguna derrota significativa de la clase obrera, ha tenido en todo caso una serie de efectos negativos que permitieron a la burguesía volver a ganar un poco de terreno en ciertos países y de infringir
1n6 algunas derrotas al movimiento obrero.
Esto se ha concretado en el curso de los tres últimos años por:
al repliegues parciales de las movilizaciones, en ciertos países, respecto a las que habían tenido desarrollo durante los años precedentes (1974-1976); la aceptación sin resistencia efectiva de medidas de reestructuración que implican despidos masivos (por ejemplo en la British Leyland en Gran Bretaña);
b) fracasos y retroceseos de los partidos obreros en elecciones legislativas (Francia, Portugal, Gran Bretaña, Italia);
c) el estancamiento y, en ciertos casos, el retroceso del número de los adherentes a los sindicatos (Italia, España, Portugal, Francia);
d) el declive de la fuerza de atracción del movimiento obrero sobre capas radicalizadas, a menudo surgidas de la pequeña burguesía como también sobre el movimiento estudiantil que ha conocido a veces una crisis profunda;
e) la aparición en sectores de la juventud de ideologías que, intentando oponerse a las ideas dominantes, entran contradicción los objetivos generales movimiento obrero;
f) un declive de la influencia del marxismo entre los intelectuales y un impacto de la ofensiva burguesa antimarxista. Un periodo de cambios bruscos 27. Durante los diez últimos años, en el curso de luchas cuya línea frecuentemente cortó bajo un cierto ángulo la de las direcciones reformistas, se ha forjado una capa de trabajadores avanzados.
En parte, se renueva y se amplía en las experien cias de luchas sindicales y políticas del conjunto de la clase obrera. Así surgen nuevos dirigentes que se ponen a la cabeza de las luchas y ganan la confianza de los trabajadores en sus empresas, en sus sindicatos, y a veces estimular movilizaciones significativas. a menudo, rompen con las los burócratas. De manera parcial se oponen a su orientación de colaboración de clases.
Estos trabajadores de vanguardia, obligaron más de una vez a la burocracia a operar giros de adaptación para sindicales mostraron sus cartas a favor de la austeridad, generalmente estos trabajadores han manifestado su rechazo frente a esta capitulación, lo que ha llevado a sectores intermedios de los aparatos sindicales a rechazar también la política de las direcciones centrales. Pero en ninguna parte estas oposiciones tuvieron una coherencia política, una consistencia organizativa, una autoridad reconocida en toda la estructura sindical, ni aún en amplios sectores, que les proporcionara los medios para oponerse eficazmente a los aparatos burocráticos y hacer creíble, en la práctica, otra estrategia.
Esta debilidad se reveló claramente, cuando se planteó la cuestión del poder, en forma de recambio gubernamental. Para una parte esencial de esta capa de trabajadores, las soluciones políticas propuestas por las direcciones reformistas seguirán siendo el marco de referencia de una solución política de conjunto. Tal fue el caso de Portugal durante el verano y el otoño de 1975; en Italia durante las elecciones de 1975 y 1976; en Francia en vísperas de las elecciones de marzo de 1978; en España durante el periodo del pacto de la Moncloa; en Gran Bretaña, cuando en otoño de 1975 el gobierno laborista decretó sus medidas antiobreras.
En todo caso son numerosos los que han comenzado a extraer un balance de la estretegia de los PS, de los PC y de las direcciones sindicales y de sus resultados en el plano político global y en el de la situación material del proletariado. La orientación de las burocracias no es percibida solamente como un freno a la organización democrática de las luchas, a su extensión, a su continuación o a la profundización de sus objetivos. Comienza a ser vista bien como una ayuda directa al mantenimiento de los regímenes o gobiernos existentes (España, Portugal, Italia, Francia, Bélgica), bien como una gestión leal de los intereses de la burguesía o incluso como un medio ineficaz de defender las conquistas frente a una patronal cada vez menos dispuesta a la apertura (R.F.A., Gran Bretaña, Dinamarca).
Las limitaciones de esta vanguardia obrera en el plano sindical y político provienen, en parte, de la débil implantación actual de las organizaciones marxistas revolucionarias en los sectores clave del proletariado industrial y por consiguiente, de un reagrupamiento muy reducido de cuadros obreros revolucionarios en sus filas, aptas para contrarrestar los efectos negativos en el plano político y teórico que ha provocado un largo periodo de dominación incontestada de los aparatos socialdemócrata y estalinista.
Si el programa de las organizaciones marxistas revolucionarias no logra enraizarse más en la clase, el proceso de organización de esta capa de trabajadores de vanguardia en el seno de una tendencia clasista quedará limitado, y el potencial de las corrientes que evolucionen de derecha a izquierda en los partidos reformistas no se concretará. Las direcciones burocráticas no tendrán que hacer frente al desafío de una dirección alternativa. 27.1. Todo esto explica porqué los aparatos reformistas
Than podido llevar adelante hasta ahora su empresa de salvamente del sistema capitalista. Trotsky escribía al respecto: "Al igual que los liberales, nuestros sabios admiten tacitamente, el axioma según el cual cada clase tiene la dirección que se merece. En realidad, la dirección no es en absoluto el 'simple reflejo' de una clase o el producto de su propia capacidad creadora. Una dirección se construye a través de enfrentamientos entre las diferentes clases o de fricciones entre las diferentes capas en el seno de una misma clase. Pero, tan pronto como aparece la dirección se eleva inevitablemente por encima de su clase y corre el riesgo, por ello, de sufrir la presión y la influencia de otras clases. El proletariado puede 'tolerar' durante largo tiempo a una dirección que ha sufrido ya la total degeneración interna, pero que no tuvo la ocasión de manifestarse en el curso de grandes acontecimientos. Es necesario un gran golpe histórico para revelar manera aguda la contradicción que existe entre la dirección y la clase. (...) Pero, aún cuando la vieja dirección ha revelado su propia corrupción interna, la clase obrera no puede improvisar inmediatamente una dirección nueva, sobre todo si no ha heredado del período precedente sólidos cuadros revolucionarios capaces de aprovechar el derrumbamiento del viejo partido dirigente (...) Cuando se trata de una nueva dirección, las posibles opciones son muy limitadas. Solamente poco a poco, y sobre la base de su propia experiencia, a través de diversas etapas, las capas más amplias de las masas terminarán por convencerse de que la nueva dirección es más firme, más segura, más leal que la antigua. No cabe duda que, en el curso de una revolución, es decir, cuando los acontecimientos se suceden a un ritmo acelerado, un débil partido puede rápidamente convertirse en un partido fuerte, con la única condición de que comprenda lúcidamente el curso de la revolución y cuente con cuadros probados que no se dejen confundir por palabras, ni aterrorizar por la represión. Pero es necesario que tal partido exista mucho antes de la revolución, en la medida de que el proceso de formación de cuadros exige plazos considerables y que la revolución no da tiempo para hacerlo". (Clase, partido, dirección; Cuestiones de teoría marxista, 1940).
27.2. Los tantos obtenidos por la burguesía gracias a la ayuda de los aparatos burocráticos no implican ninguna modificación cualitativa de la relación de fuerzas.
Pero el contexto político resultante — golpe de mano del
25 de noviembre de 1975 en Portugal; bloqueo de la situación política después de junio de 1976 en Italia; firma del
Pacto de la Moncloa y apoyo al proyecto de constitución (octubre de 1977, julio de 1978) en España; derrota electoral de la Unión de la Izquierda en Francia en 1978; victoria electoral de los conservadores en Mayo del 79 en Gran
Bretaña- facilita la puesta en práctica de planes gubernamentales antiobreros y hace más dificil un contrataque general de los trabajadores.
Pero la resistencia proletaria sigue siendo fuerte y algunas respuestas de un ramo o de un sector importante pueden obtener algunas ventajas y son susceptibles también de provocar crisis en el plano político. Toda lucha seria en torno a un objetivo parcial puede desembocar rápidamente en una batalla de conjunto. El desarrollo de luchas en un ramo industrial afectado menos intensamente por la crisis puede rápidamente estimular el comienzo de movilizaciones de sectores obreros que estuvieron ya haber obtenido resultados significativos. Esto refleja el estado de ánimo del conjunto de la clase obrera. Los esfuerzos desplega. dos por los gobiernos para integrar a las organizaciones de una política contractual, no obstante el endurecimiento de la patronal, reflejan a su manera la naturaleza del periodo.
La burguesía no puede pues, a corto plazo, cambiar a su favor el equilibrio de fuerzas instaurado desde hace años. La burguesía necesita de los aparatos reformistas políticos y sindicales para contener al movimiento de masas, para tratar de agotar a la larga una resistencia obrera que la crisis debe servir para corroer, antes que arriesgarse en la batalla frontal. Podría también lograr algún éxito relativo en la aplicación de sus planes de austeridad, pero en cada nueva etapa de esta ofensiva pueden producirse profundas sacudidas.
La incapacidad de las dos clases principales para imponer a corto plazo su solución de conjunto en un contexto de crisis económica, social y política, que tiende a proprolongado de importantes luchas de clases, periodo crisis pre-revolucionarias, ofensivas burguesas de envergadura en ciertos países y por bruscos y rápidos cambios políticos. Es en el curso de estos enfrentamientos que, por una parte, la burguesía intentará reunir las fuerzas necesarias para realizar plenamente sus proyectos y que, por otra parte, existirá la posibilidad de avanzar en el camino de la resolución de la crisis de la dirección proletaria.
La vanguardia obrera va a atravesar, pues, numerosas fluctuaciones agudas. Hay aquí un terreno favorable para el aprendizaje de la estrategia y la táctica, en momentos en que se agrieta la fachada de las organizaciones reformistas mayoritarias en la clase. Este periodo ofrece muchas posibilidades para una mayor implantación en la clase obrera, de las secciones de la IV Internacional, para el reclutamiento y la formación de cuadros obreros revolucionarios y la aplicación de una política consciente y a largo plazo, de formación de equipos de dirección de estas secciones. La crisis de las organizaciones del movimiento obrero 28. Un amplio abanico de diferenciaciones de la conciencia de la clase obrera se ha desplegado durante
esta última década. Capas de asalariados han accedido por primera vez a un nivel de conciencia sindical. Otros han alcanzado una conciencia política elemental, llegando a afiliarse a un partido obrero. Sobre la base de sus experiencias de lucha, franjas de trabajadores inscriben su adhesión a estos partidos y su actividad sindical en la perspectiva de un cambio radical de la Algunos de ellos no aceptan más las campañas de los aparatos contra las organizaciones centristas, marxistas revolucionarias y sus militantes. Practican ya, y a veces reclaman, la unidad de acción con estos últimos. Sin embargo, su trayectoria política no los ha llevado todavía su confianza en las direcciones reformistas, aunque militan por un cambio de la vida interna y de la línea de su partido.
En realidad, estos niveles de conciencia son más numerosos y su imbricación más rica que la enumeración aquí. Lo esencial es que el reforzamiento, las contradicciones internas, y el surgimiento de corrientes de oposición en los partidos y sindicatos tenga su origen en este proceso de transformación de la conciencia de las masas trabajadoras.
La implantación y la audiencia que han ganado las organizaciones centristas y marxistas revolucionarias en la clase es también parte integrante de esta remodelación del estado de ánimo del proletariado. Con este telón de fondo se desarrolla una crisis generalizada de las organizaciones obreras burocráticas, partidos y sindicatos. Provienen de la interrelación entre dos factores: la crisis del imperialismo y la del stalinismo.
La crisis del imperialismo mina las bases materiales del reformismo. La estrategia y los métodos de acción de las burocracias sectores significativos de la clase. tienen cada vez más dificultades para comienzan a mostrarse ilusorios para burocráticos escapar del callejón sin salida donde lo condujo la coexistencia de un clima de coyuntura económica degradada y una fuerte combatividad obrera.
La nueva etapa de la crisis del stalinismo trajo aparejada, en la mayoría de los partidos comunistas europeos, el fin del monolitismo del "movimiento comunista internacional".
Uno de los rasgos importantes de esta fase de recomposición del movimiento obrero reside también en la adaptación de las corrientes u "oposiciones de izquierda"
veces han encubierto esta capitulación con un discurso sobre la "austeridad de izquierda" como instrumento de reforma. El vacío dejado por el repliegue de estas corrientes tiende a ser llenado hoy por una nueva generación de militantes que han participado en numerosas luchas o las han dirigido. Por último, la juventud, que no sufre el peso de las derrotas del pasado y que está preocupada por su futuro, expresa una gran desconfianza hacia las prácticas burocráticas orientación de colaboración de clases de los PS y de los direcciones reformistas, y la ideología pequeño-burguesa dudas sobre la eficacia de la de las
PC y un neto rechazo de la barbarie imperialista, como de la dictadura burocrática. Los partidos socialistas y los PC se enfrentan pues con dificultades para organizar amplia y sólidamente a la juventud estudiantil y trabajadora. Por otra parte, son numerosos los elementos críticos en el seno de las organizaciones de la juventud de la socialdemocracia y de los PC.
La Socialdemocracia
29. La función objetiva de la socialdemocracia se ha confirmado una vez más durante este periodo.
Su papel contrarrevolucionario no se limita a propagar la ideología burguesa y pequeño-burguesa en las filas del proletariado, a canalizar el empuje de los asalariados y a integrar a los trabajadores y sus organizaciones en los socialdemócratas preconizan, ya sea la cogestión a la mecanismos del sistema capitalista. Los partidos alemana, a la sueca o a la inglesa, ya sea la "autogestión" a lo Rocard, que no es sino una gestión corresponsabilizada; ya sea el tipo de "control obrero" preconizado por el partido socialista portugués en 1974 1975.
La socialdemocracia, en su papel de escudo del orden burgués, tomó más de una vez medidas directas de represión contra los trabajadores.
En la tradición de su defensa del imperialismo — que la condujo a masacrar a los pueblos de las colonias que luchan por su liberación - la socialdemocracia ha tomado la batuta del neocolonialismo. Desde Suecia a la RFA, pasando por Suiza y Bélgica, da facilidades a los grandes trusts para la exportación de capitales a los países capitalistas subdesarrollados. Esta asistencia a las superganancias imperialistas se encubre también bajo la máscara de la "ayuda al tercer mundo".
En Asia y en América Latina, desempeña el papel de embajadora democrática de las potencias imperialistas europeas. Trabaja para forjar soluciones de recambio (creación de PS apoyado sobre sectores de la burguesía local, o integración de partidos burgueses en la Segunda Internacional), a las dictaduras, siempre susceptible de ser quebradas por las explosiones populares.
Esta misión de agente político del imperialismo, adquiere mayor significación en vista del impacto y del peso que las luchas de clases en Europa capitalista tienen en el equilibrio de las fuerzas a escala mundial. 29.1. Los partidos socialdemócratas sirven a la burguesía imperialista pero se apoyan en los trabajadores.
Son los "lugartenientes obreros del capital". De ello resulta que su lugar en el aparato del estado y sus múltiples relaciones con la sociedad burguesa dependen ampliamente de las relaciones de fuerzas entre las clases, como del grado de organización y actividad de los trabajadores.
Estos dos elementos determinan, en última instancia, las fluctuaciones electorales del PS sueco o del SPD.
Desmovilizar por un largo periodo a los trabajadores y negarse a llamarlos a un apoyo activo como lo hizo el SPD en ocasión de la campaña de 1976; puede entrañar una erosión de su audiencia electoral.
Esto vale igualmente para explicar el crecimiento desde inicios de los años 70 de los PS francés, español y portugués. Además, los siguientes factores esclarecen más precisamente su renacimiento.
Primero, franjas importantes de trabajadores entran por primera vez en la vida política bajo los efectos de una crisis que sucede repentinamente después de 20 años de expansión capitalista. Una parte de ellas se vuelcan hacia el PS, al que los lazos históricos con el movimiento obrero la presencia en ciertas luchas y sus profesiones de fe confieren la imagen de un gran partido de los trababadores, susceptible de introducir reformas que asegurarían el mantenimiento o la mejora de su nivel de vida.
Segundo, la experiencia traumatizante del fascismo y del estalinismo convierte en candente la cuestión de las libertades democráticas y de la relación entre democracia y socialismo. Los partidos socialdemócratas han podido demagógicamente canalizar estas aspiraciones democráticas.
Tercero, la extensión de sectores tales como el de la distribución, de los bancos, seguros, enseñanza secundaria y superior, como más ampliamente la tendencia a la introducción del trabajo intelectual en el trabajo productivo (técnicos, ingenieros), dió nacimiento a nuevas capas
de trabajadores asalariados, en las cuales los PS encuentran una parte de su base social. Estas categorías generalmente no poseen una tradición de lucha de clases. Gozan de una posición material privilegiada. Son particularmente sensibles a la ideología difundida por los PS sobre las posibilidades de utilizar el aparato del estado para introducir reformas gracias a "un mayor rigor en la política económica" y a la "utilización de competencias" desaprovechadas por un sistema arcáico de jerarquías.
Cuatro, frente a la imagen y al modo de funcionamiento promovido por las direcciones burocráticas de los PC, los PS han aparecido abiertos a un debate más amplio, a la expresión de una abanico de opiniones, comprendiendo la existencia de corrientes públicas. Naturalmente, preservando al máximo posible esta fachada democrática, las direcciones socialdemócratas se aseguran un estricto control de todos los centros de de-
Como producto de décadas de incrustación en el aparato del estado burgués, estos partidos obrero-burgueses sufren un cambio en el equilibrio de los diversos componentes de su dirección. Si las relaciones con los sindicatos - con excepción de Portugal - siguen siendo el principal nexo con la clase obrera, el lugar conquistado por el conjunto de funcionarios del estado, ministros, consejeros y tecnócratas es cada vez más preponderante. Esta transformación en el seno de los PS repercute en diversos niveles. La degeneración ideológica se ha profundizado aún más. Las direcciones están cada vez más políticos burgueses, para socialdemocracia es el trampolín de su carrera.
La independencia adquirida por estos sectores de dirección de los PS frente al movimiento obrero sigue siendo, no obstante, relativa. Su electorado continua siendo mayoritariamente asalariado. Esto puede conducir a estos partidos, en ciertas circunstancias, a apelar a la movilización de la clase obrera. Se ha visto en la RFA en 1972, cuando la tentativa de golpe parlamentario de Barzel. En Bélgica, cuando el PSB renegociaba su entrada al gobierno (huelga de febrero-marzo de 1977). En Portugal, en julio de 1978, Soares, frente al ultimatum del CDS y a su destitución por el presidente Eanes, agita la amenaza de la movilización en la calle frente a la amenaza de la derecha. Ciertamente, renunció de prisa y pagó, en el terreno electoral, en Diciembre del 79, el precio de una política de austeridad, de desmovilización y división de los trabajadores. 29.2. La coherencia interna de la social democracia puede ser resquebrajada si en un momento dado se produce un desequilibrio acentuado entre el nivel de actividad, de conciencia, de organización de la clase y la función objetiva cumplida por su dirección. Así las tensiones internas en el partido laborista, por una parte, y la calma que reina en la socialdemocracia austríaca, por otra, tienen su origen en el nivel diferente de combatividad y de organización de los trabajadores británicos en comparación con el de la clase obrera austriaca.
Aprehender este mecanismo fundamental permite a la vez evitar académicos debates sobre el "grado de aburguesamiento" de la socialdemocracia y de aprovechar todas las ocasiones del diálogo con los trabajadores influenciados y organizados por ella. Las formas que adoptan las contradicciones entre el papel cumplido por las direcciones y la expresión de la radicalización obrera en las filas y en la periferia de los partidos socialdemócratas, varían también si estos últimos poseen desde hace tiempo la hegemonía sobre la clasé obrera o se deben hacer frente a la competencia del partido comunista en la direción de los sindicatos.
En países como Noruega, Suecia, la RFA, Austria, Dinamarca, Gran Bretaña o Bélgica, Holanda y Suiza, los partidos socialdemócratas ejercen una influencia política y sindical sobre la aplastante mayoría del proletariado o sobre una parte decisiva de él.
En estos PS, las tensiones y las oposiciones internas pueden estar causadas por: los conflictgos entre los sindicatos y la gestión gubernamental del partido, o entre sectores sindicales y las esferas dirigentes del partido como de los sindicatos; el desarrollo de movimientos huelguísticos salvajes dirigidos por los cuadros obreros de base de estos partidos: la crítica de las fracciones parlamentarias, que se resista ante la adaptación, muy frecuente de la cúspide del partido, a las necesidades del Capital.
En Francia, en Portugal, en España y en Italia, los partidos socialistas se ven obligados a tener en cuenta a los partidos comunistas. Su adaptación circunstancial a un ascenso de masas, sus declaraciones demagógicas tienden a poner en aprietos a los PC, no cambiando en nada su naturaleza socialdemócrata. Electoralmente, estos partidos buscan conquistar las bases más amplias posibles a fin de adquirir una posición clave de toda combinación gubernamental. adquirido una potencia electoral significativa (Francia, España, Portugal), continúan en una posición inestable. Se ven abocados a un dilema que atraviesa las filas del partido y de los sindicatos: alianza que incluya al PC o coalición con partidos burgueses excluyendo al PC.
Estas opciones contradictorias alimentan debates y provocan enfrentamientos internos en torno a la estrategia política de conjunto y sobre cuestiones como la unidad de los partidos obreros y del gobierno (lo que se ha confirmado en el PSOE y el PS portugués).
Estos PS tienen necesidad de dotarse de un equipo sindical sin el cual les es imposible imponer su política, adquirir credibilidad a los ojos de la burguesía como candidatos al gobierno, y disputar perdurablemente a los PC su influencia en el movimiento obrero. Esta empresa es aleatoria (como lo demuestra la audiencia muy reducida en la clase obrera del a UGTP, lanzada en Octubre del 78 en Portugal), y cuando se ve coronada por el éxito, como en España con la UGT o aún parcialmente en Francia con la CFDT, continúa siendo frágil. Estos PS no poseen una implantación militante estable en las empresas que podrían servirle de columna vertebral para una fracción sindical.
En estos PS, las corrientes que tienen sus raíces en los sindicatos pueden convertirse en portavoces de una oposición, combinando un cuestionamiento de la estrategia política y de la línea sindical de la cúspide del partido. En grados diversos, se encuentra esto en España, en Portugal y en Francia.
En general, bajo el impacto del desarrollo de la lucha de clases, pueden surgir en los PS corrientes que se desplacen hacia la izquierda.
Las actuales "tendencias de izquierda" que hacen alardes de desarrollar una estrategia original de recambio a la de las direcciones socialdemócratas, están bastante influenciadas por el gradualismo, reducen todo a "proceSOS" , a "movimientos" y eluden el fin: la conquista del poder. Con esto liquidan de hecho la estrategia y, al menos, replantean la cuestión de la revolución socialista como una combinación de modificaciones de la organización del trabajo, del modo de vida, de las instituciones (''descentralización", "regionalización") y una "hegemonía" cultural de los partidos obreros que transformaría la conciencia de las masas.
Tienden así a colocar un signo de igualdad entre las rupturas parciales y coyunturales que un movimiento de masas puede introducir en ciertas esferas periféricas de las instituciones estatales burguesas (por ejemplo, la escuela), y las rupturas efectivas en los terrenos centrales: el poder privado de decisión sobre las inversiones, el funcionamiento de la economía de mercado, los vínculos con el mercado capitalista mundial, los aparatos de represión del estado burgués (ejército y policía). La
crisis revolucionaria y la dualidad de poderes son descartadas por estas tendencias en beneficio de un ilusorio "proceso prolongado de reformas de estructura". Los partidos comunistas
En el marco histórico de extensión de la revolución mundial, el resquebrajamiento del sistema stalinista se produce en tres planos interdependientes: la degradación de las relaciones de la burocracia del Kremlin con la de los partidos comunistas en el poder, la crisis del control de la burocracias sobre la sociedad en los estados obreros degenerados y deformados; las tensiones entre el PCUS y los PC de los países capitalistas.
La política del "socialismo en un solo país" condujo, entre otras cosas, a transformar los partidos comunistas en instrumentos de la diplomacia del Kremlin y a estimular en su seno las tendencias chovinistas. La instalación progresiva en los ayuntamientos, los gobiernos y consejos regionales, en los engranajes de la estado como en los aparatos burocráticos de los sindicatos, en la dirección de una vasta red de cooperativas (PCI) y por último, la infiltración en las capas de funcionarios, ampliaron la integración de los PC europeos en la sociedad burguesa. Se encuentra aquí la base material de las tendencias centrífugas nacionalistas en esta parte del "movimiento comunista obrero internacional", por la cual toman distancia las burocracias de los PC (eurocomunistas) con relación del Kremlin, la razón de los conflictos limitados entre su dirección y la del PCUS, como las disensiones entre ellas.
En la conferencia de Berlín de junio de 1976, apoyados por el PC rumano y la Liga Comunista Yugoslava, el PCI, el PCE y el PCF pusieron en cuestión la utilidad misma de tales reuniones, última instancia comunitaria desde la disolución del Kominform. 30.1. Por una parte, los PC mantienen aún lazos con la burocracia soviética aunque en algunos casos sean muy débiles; por otra parte, dependen cada vez más de la base conquistada en la sociedad burguesa. Los procesos de mutación que sufren la mayoría de los PC de Europa capitalista — a excepción del PC portugués, del PC de la RFA, agencia de la RDA y del PC austriaco - refleja esta situación contradictoria en la cual se encuentran sumer
De manera creciente desde 1968, las direcciones de los PC multiplicaron la toma de distancias y las condenas contra las medidas de represión más conocidas en la URSS y en las democracias populares. Han sido llevadas a cuestionar públicamente el carácter de modelo que la burocracia soviética quiso conferir al "'socialismo real".
La dominación burocrática y la represión stalinista no eran ignoradas por ellas. Fueron obligadas a adoptar esta actitud por cuatro razones. Primero, la sensibilidad democrática de amplias franjas del movimiento obrero de Europa Occidental se ha profundizado en el curso de las luchas. En estas ocasiones las masas han expresado la voluntad de tomar en sus manos directamente el aparato de producción, una fuerte tendencia a la autoorganización, un poderoso empuje antijerárquico y han exigido el respeto de la democracia sindical. Así, las direcciones de los PC no podían continuar encubriendo totalmente la dictadura burocrática y la supresión de toda democracia en la URSS y en "Europa del Este" , sin arriesgarse en pagar un precio elevado. Segundo, la competencia con los PS les obligó igualmente a convertirse en "defensores de las libertades democráticas" y no solamente en Europa capitalista. Tercero: la preocupación por ampliar su credibilidad como partido de gobierno a los ojos de la burguesía, los obligó a demostrar una cierta autonomía con respecto al Kremlin. La burocracia de los PC de Europa Occidental que se apoya ampliamente sobre sus propias bases materiales no está dispuesta más a ser descalificada por un simple gesto del Kremlin. La suerte de Dubcek les confirmó sus prevenciones hacia los amos de Kremlin.
La orientación estratégica de los PC se nutre de las revisiones estalinistas que eran necesarias para justificar la defensa del orden burgués y las maniobras diplomáticas del Kremlin. En este sentido, la línea del "compromiso histórico" en Italia y de la "Unión del pueblo en Francia", se inscriben en la continuidad de la política de "unión nacional" aplicada en estos dos países tras la segunda guerra mundial.
No obstante, el vacío creado por el abandono de la referencia al "socialismo en la URSS" como fin de alcan zar y modelo a seguir, obliga a las direcciones de los partidos comunistas a franquear un nuevo paso en la sistematización de su revisión del marxismo. Deben dar una cobertura ideológica a su práctica extrema de colaboración de clases. Deben consolidar su identidad política. Deben forjar los cuadros en un crisol modificado.
Después de haber cumplido la formalidad de retirar del programa el concepto de dictadura del proletariado —que, desde hacía tiempo, era totalmente extraño a su práctica y a su línea- lanzaron una ofensiva ideológica revisionista sobre otros aspectos. Con toda lógica, el ataque se dirige hacia dos puntos esenciales: la naturaleza del Estado burgués que habría perdido o podría per der todo contenido de clase, y el origen de la crisis del capitalismo. El fin es evidente: justificar una "solución" a esta crisis en el marco de la economía del mercado. El PCI y el PCE actúan como avanzadilla en este terreno.
En el seno de los partidos comunistas, la ola de reclutamiento posterior a 1968 y la renovación de los efectivos redujeron considerablemente el peso relativo de los miembros formados en la escuela de la resistencia y de la guerra fría. En el aparato y en las direcciones, la presencia de gestoras de ayuntamientos, regiones, cooperativas y empresas públicas o mixtas, se acrecentó con relación a los sectores directamente surgidos del movimiento obrero. Militantes provenientes de la "intelligentsia"' ocupan muchos más puestos que en el pasado. La mezcla entre las referencias a las tradiciones históricas del partido a la Revolución de Octubre, a la URSS y las nuevas posiciones, convierten en inestable la educación política de los miembros. La cohesión ideológica de las filas es difícil de cimentar. 30.2. Las direcciones de los partidos eurocomunistas pretenden romper con el estalinismo. Sin embargo, se niegan a cuestionar elementos decisivos de su filiación con la casta burocrática y el patrimonio "teórico" stalinista. Su determinación a tomar distancia cada vez mayor con la burocracia soviética como con su pasado, y la necesidad de no divorciarse completamente con esta URSS surgida de la revolución de octubre, refleja el dilema en el cual los encierra la crisis del estalinismo en el
Cualquiera que sea la amplitud de las críticas dirigidas contra el régimen represivo de la burocracia y el cuestionamiento de la validez universal del "modelo soviético" las direcciones de los PC, en tanto que tales, continúan hasta hoy caracterizando a la URSS y a las democracias populares como "estados socialistas". Rechazando toda concepción de un estado obrero basado sobre consejos obreros democráticos, los dirigentes justifican la existencia de esta "variante del socialismo" , por la herencia de la sociedad zarista, el "atraso cultural" "la ausencia de una revolución industrial y de una burguesía esclarecida" Este género de argumentación objetivista posee para ellos un doble mérito. Sirve para respaldar una estrategia de transformación gradual de las democracias burguesas parlamentarias: Les permite combinar el rechazo del "mo-
delo de la URSS" con una legitimación de los proyectos reformistas del tipo Dubcek sostenidos por fracciones de la casta burocrática.
Ninguno de los partidos eurocomunistas ha cesado de reivindicarse de la teoría del "socialismo en un solo país"
con sus implicaciones, en especial la coexistencia pacifica. En este terreno desde la conferencia de Moscú en
1969 a la de Berlín de junio de 1976, la permanencia y no el cambio de los análisis de la situación internacional, continúa siendo la característica. Según estos PC, la
URSS y el "campo socialista" representa una fuerza decisiva para quienes luchan "contra el imperialismo, por la independencia y la paz, por la democracia y el socialismo". La buocracia soviética y la de los PC reconocen la convergencia de sus intereses en la defensa del statu quo internacional. La primera teme ver sus bases minadas por los efectos de una apertura revolucionaria en
Europa capitalista. Los segundos, quieren salvaguardar su aparato y sus innumerables lazos con la sociedad burguesa y tratan de lograr un "compromiso histórico" con el capital. Además, las direcciones del PCI, del PCE, del PCF, como la del PC portugués comprenden bastante bien su papel en el mantenimiento del statu quo internacional. Su política de "unión nacional'' y de apaciguamiento del movimiento de masas se inscriben en este marco. Pero tienen conciencia de la importancia de mantener lazos con la burocracia en el poder para la negociación de sus relaciones con la burguesía. Estos lazos pueden diferenciarse, no pasar más por el canal único del Kremlin —a fin de ampliar su margen de maniobra- y tomar el camino de Bucarest, de Belgrado, de Budapest y aún de Pekín. No obstante mantienen tales lazos en el plano político e ideológico, e incluso material.
El acuerdo en torno a las opciones principales de la politica internacional, entre la burocracia del Kremlin y las direcciones de los PC, expresa esta realidad.
No obstante, los antagonismos entre los proyectos internacionales del Kremlin y las opciones en política nacional de los PC de Europa capitalista podrían provcar conflictos; incluso sobre cuestiones internacionales. Las declaraciones oficiales de Berlinguer sobre la OTAN y sobre todo la proclamada solidaridad de uno de los principales miembros del BP, Giancarlo Pajetta, con la política del gobierno Andreotti, sobre el cuerno de Africa, testimonian la agudeza de este problema.
Si las direcciones de los PC eurocomunistas condenan las relaciones que el PCUS había entablado con ellas, se cuidan muy bien de denunciar públicamente el régimen interior del PC de la URSS. Continúan reivindicando los meritos del centralismo burocrático, presentandolo fraudulentamente como centralismo democrático.
La estrechez de sus críticas en este terreno proviene del peligro que constituiría para su propia supervivencia política y para la estabilidad de su aparato, cualquier reconocimiento del derecho de tendencia o de fracción, del derecho al debate interno y público. 30.3. Los desgarramientos que atraviesan los PC de Eu-
Tropa Occidental difieren de las sacudidas precedentes por la interacción entre los efectos generales de la crisis del reformismo y aquellos particulares a la nueva fase de la crisis del estalinismo.
La cohesión política de los partidos estalinistas se apoyaba en la articulación entre la afirmación del papel del PC como único partido dirigente de la clase obrera, como reunificador del pueblo bajo la bandera de las tradiciones y del interés nacional y, en fin, como defensor de la "patria del socialismo", patrón según el cual debía ser modelado el socialismo en cada país. Invocar este "modelo socialista"', así como los imperativos de la "defensa de la URSS" , permitía hacer avalar más fácilmente los compromisos con la burguesía y justificar simultáneamente sus pretensiones de encarnar, exclusivamente ellos, la defensa de los intereses de la
La obligación de abaridonar la referencia al "modelo socialista de la URSS" , sacude todo el edificio de los PC.
El peligro acecha pues a aquellas direcciones cuya orientación de colaboración de clases es más claramente similar, en lo fundamental a la de los PS. El rechazo permanente de toda similitud con la socialdemocracia por parte de los Carrillos o los Berlinguer es una forma de confesar este peligro.
Para sustraerse de esta incómoda posición política y para preservar sus propios intereses de aparato, los PC redoblan el sectarismo. Reiteran sus declaraciones de ser el único partido de la clase obrera, especialmente al nivel de empresa, y los verdaderos defensores de los intereses nacionales. Además, más allá de todas las críticas, los lazos históricos, políticos, ideológicos y materiales de los
PC con la burocracia soviética, aún si no revisten más la forma de una sumisión al Kremlin, constituyen aún un aspecto importante de su identidad de burocracia obrera frente a la de los partidos socialdemócratas.
Este sectarismo entra en contradicción con sus profesiones de fe en favor del pluripartidismo y, de rebote, suscita contradicciones en sus propias filas.
El credo democrático de los PC resulta también inválido por su comportamiento sectario y burocrático en los organismos de masas. Ahogan toda democracia en los sindicatos que controlan y multiplican las manipulaciones para asegurar su control sobre los movimientos de masas. En este terreno comienzan también a pagar un precio como lo demuestran los debates en la CGT francesa antes y después de las elecciones de 1978. El mismo fenómeno se abre camino en las CC.OO. españolas.
Sin cesar, las direcciones de los PC reafirman su "adhesión a la independencia de cada partido, el respecto al principio de la no ingerencia en los asuntos internos, su igualdad de derechos". Al mismo tiempo proclaman la necesidad de "reforzar y proseguir la cooperación fraternal y la solidaridad recíproca". Estas proclamaciones deben servir hoy, a sus militantes, como sucedáneos del internacionalismo. Los dirigentes eurocomunistas utilizan sus reuniones internacionales para apoyarse en sus delicadas negociaciones con Moscú. Les sirven también para perfilarse como los partidos de la clase obrera frente a la socialdemocracia. No obstante, su chovinismo y la creciente adaptación de los PC a la defensa de los intereses de cada una de sus burguesías, causan abiertos antagonismos entre ellos. A pesar de sus intentos de encuentran en la imposibilidad de armonizar sus violines en varios terrenos (trabajadores inmigrantes, elecciones al Parlamento europeo, entrada de algunos países a la CEE).
Estas fricciones y querellas públicas no hacen sino "colaboración a escala europea", ante los ojos de una minar la credibilidad de sus afirmadas intenciones de capa de adherentes que sienten la necesidad de la coordinación de sus combates a partir de su experiencia sindical.
Las perspectivas de acceso al gobierno, que parecían al alcance de la mano para más de un PC de masas a mediados de 1970, se han alejado. Por ahora, las burocracias de los PC se limitan a hacer cualquier cosa para mantener su audiencia electoral, estrechar su control sobre los sindicatos y desarrollar un proyecto de política de "unidad nacional", cuya concreción es aleatoria. Una crisis de estrategia se abre en los PC. Los discursos sobre la "nueva estrategia eurocomunista'' comienzan ya a tomar cuerpo, tanto en el seno del PCI, del PCE o del PCF.
En el terreno sindical, la línea de los PC se enfrenta a una oposición entre sus militantes obreros. Esta resistencia de los militantes sindicales de los PC no toma la forma
inmediata de un cuestionamiento política de las direcciones. No obstante, hace más difícil su aplicación; empuja a cuestionar el ahogo de toda democracia sindical que implica obligatoriamente una política a favor de la austeridad o una práctica que no permite ninguna respuesta seria, alimenta discusiones, fragmentadas pero permanentes, sobre la eficacia de los caminos escogidos por las direcciones. Por último, puede desembocar sobre un cuestionamiento de la estrategia política global de los PC frente a la crisis.
En el último periodo han estallado en diversos PC movimientos de protesta conducidos por militantes feministas. La reticencia de los burócratas a entablar una batalla efectiva por la satisfacción de las reivindicaciones del movimiento de mujeres - espe cialmente la libertad y gratuidad del aborto - provocó la rebelión a iniciativas independientes de sus militantes en el movimiento de masas (PCI, PCE, PCF). Tales diferencias fueron también causadas por el lugar y los derechos concedidos a estas militantes, que generalmente se afiliaron directamente a los movimientos de mujeres desafiando las directrices de los PC, como también por las manifestaciones más groseras de machismo en el interior mismo de los PC. 30.4. Las posiciones públicamente adoptadas por diversos militantes o grupos de militantes contra elementos de la línea y del régimen interno, son el signo más visible de la crisis que se abre en los PC.
No existen aún corrientes políticas cristalizadas. El abanico de opiniones es muy extendido. Algunos opositores se inspiran abiertamente en el gradualismo bernsteiniano. Ponen en duda la justeza de la creación de la III Internacional y preconizan la reunificación orgánica de los PC y PS. Más de uno de ellos se encuentran en las esferas dirigentes del PCI o del PCE; abiertamente toman partido por un proceso de socialdemocratización.
Otros tratan de conciliar la transformación gradual del
Estado burgués y la intervención directa del movimiento
Para ello sirven los platos recalentados del austromarxismo. Otros rechazan la liquidación de la dictadura del proletariado y las innovaciones teóricas sobre el
Estado. Pero rechazan la concepción de un estado de consejos obreros democráticos y el derecho a la exis tencia de varios partidos, o en el mejor de los casos, guardan silencio sobre estas cuestiones. Esto permite que acerquen corrientes nostálgicas del
Todas estas oposiciones carecen de consistencia. En el mejor de los casos pueden objetar puntualmente el análisis sobre el Estado burgués o el capitalismo de los monopolios. Todas avalan no obstante, la estrategia del frente popular. Aún aquellas que quieren hacer una crítica de izquierda se resisten a retomar las normas del centralisdemocrático defendidas por Lenin y Trotsky. retoman las declaraciones de las direcciones sobre la inutilidad o lo perjudicial de un "centro internacional único". Con esta cobertura, rechazan la necesidad de una Internacional y abrazan la teoría del "socialismo en un solo país"
La crisis de los PC no puede ser reducida a la irrupción de estas corrientes limitadas esencialmente aún a los medios intelectuales de los PC. No son sino los percusores de fuerzas que se agitan en las profundidades de los partidos eurocomunistas y que pueden surgir bajo otras formas o emprender otros caminos (especialmente las oposiciones sindicales).
No obstante, la existencia de las actuales corrientes de opinión favorece el renacimiento de una discusión, que es uno de los factores favorables para la maduración de verdaderas corrientes críticas que se desplacen hacia la izquierda. Disponen actualmente de un cierto margen de maniobra, pues el aparato, después de todas promesas de no reincidir en los errores pasados, no puede recurrir a las purgas de antaño. El centralismo monolítico encuentra pues, resquebrajado. Pero sería ilusorio creer que no utilizará todos los medios para aislar, sofocar y excluir las oposiciones cuando se le presente la ocasión. 30.5. EI PCUS interviene más o menos abiertamente en la crisis actual de los PC. Lo que exaspera a los burocratas de Moscú son las condenas, reiteradas por las direcciones de los PC, de la represión en la URSS, las declaraciones sobre el carácter inseparable de la democracia y del socialismo y sobre el derecho de huelga, así como el principio proclamado sin cesar de la "no ingerencia en los asuntos internos de cada partido". Todas estas declaraciones tienden a expresar el reconocimiento, por parte del movimiento obrero de Europa occidental, de las luchas y reivindicaciones de los trabajadores de la URSS y de las democracias populares en torno a la independencia sindical y el derecho de huelga. Alientan los procesos centrífugos en el interior mismo de las burocracias de Europa orientai.
A pesar de estos serios inconvenientes, que explican el vigor de los ataques de Moscú, el PCUS no desea romper con los PC eurocomunistas. Sus vínculos con ellos, aún le permiten legiada con una parte importante del movimiento obrero de Europa capitalista. Los puede utilizar en su política internacional, entre otros, con el "tercer mundo".
La burocracia soviética duda a su vez en fomentar escisiones, pues sus consecuencias son más que aleatorias. Aún prefiere actuar con flexibilidad a dos niveles: el primero, entablar la polémica y atizar el descontento de los nostálgicos del periodo del monolitismo estalinista; el segundo, tratar de conciliar con unas direcciones que "respeten los intereses generales de la URSS".
La evolución de la crisis de los PC no será lineal. Desde 1967/1968, una serie de escisiones afectaron numerosos PC: los PC griego, austriaco, suizo, noruego, como últimamente los PC sueco, finlandés y británico. A pesar de su importancia numérica, generalmente limitada, estas escisiones acreditan el resquebrajamiento del monolitismo de los PC. Esta crisis será uno de los rasgos característicos del periodo y dejará su sello en la recomposición política del movimiento obrero. Las organizaciones centristas y mao-estalinitas 31. Desde 1968/1969 existe un terreno favorable para la aparición en el escenario político de organizaciones que se definieron como "fuerzas antirreformistas"
Generalmente fueron el fruto de la conjunción entre núcleos de militantes salidos de los partidos socialdemócratas o comunistas durante los años 1960 y sectores de la juventud radicalizada.
Durante un periodo, tuvieron un cierto eco en sectores del movimiento de masas, pues se oponian a las direcciones de los partidos reformistas (movimiento estudiantil, movimiento anti-militarista, anti-imperialista ciertas movilizaciones en el terreno social: transporte, vivienda).
A fines de los años 60 y comienzos de los 70, a veces jugaron un papel significativo en el apoyo o impulso de luchas obreras radicales a nivel de una empresa. Generalmente, los rasgos ultraizquierdistas dominaban su orientación política, sin excluir posiciones oportunistas frente a la política de los partidos obreros tradicionales.
Estas organizaciones tropezaron con problemas de estrategia puestos al orden del día por la recesión y por sus efectos en el terreno político. Desde su origen sufrieron una crisis ante todo programática que generaimente
se prolongaba en una erosión organizativa: La incapacidad de las organizaciones centristas y maoestalinistas para responder a la política de los aparatos burocráticos, constituyó el foco central de la conmoción que habrían de 31.1. En Italia, frente a la estretegia del "compromiso histórico"' del PCI, las organizaciones centristas (Lotta Continua, Avanguardia Operaria y Manifesto- PDUP) ignoraron durante un tiempo el problema gubernamental, el de la salida política. luego la formación de un "gobierno de izquierdas". Este slogan recubría una perspectiva de alianza partidos obreros (PC| y PSI) y partido burgués representativo de sectores capitalistas importantes: Partido Republicano. A la política de alianzas con fuerzas burguesas, formulada por el PCI, oponían de hecho otro sistema de alianzas con otras fuerzas burguesas. Sus argumentos se basaban en una simple aritmética parla-
En España, el PT, la ORT y el MC ingresaron en los organismos de coalición entre partidos obreros y fuerzas burguesas y nacionalistas burguesas: unos en la Junta Democrática, otros en la Plataforma de Convergencia Democrática. Todos se reencontrarán en la Coordinación Democrática. Previamente organizaciones habían integrado en todos los cártels regionales permitían presagiar la formación de estos frentes: las "mesas democráticas" y la Asamblea de Catalunya.
En respuesta a la política de unidad nacional del PCE y del PSOE, y a las propuestas de gobierno "de concentración democrática" de Carrillo, el PT agitó el slogan de "gobierno de salvación democrática", la ORT el de "gobierno de las fuerzas obreras y populares" y por último, el MC, el de "gobierno de unidad de la izquierda". Estas fórmulas justifican combinaciones con las fuerzas burguesas (para el PTE y la ORT), ante todo en las nacionalidades, o bien les dejan la puerta abierta (para el MC).
En Francia, desde 1976, el PSU se plegó a la Unión de la Izquierda. La OCT, caracterizando al PS como un partido burgués y al PC como entrando en la misma ca tegoría, si bien manteniendo "relaciones diferentes con la clase obrera", Ilama a votar a la Unión de Izquierda en 1978, es decir, indistintamente por los candidatos del PCF, del PS, los radicales y gaullistas de izquierda. 31.2. La actitud de estas organizaciones frente a los partidos reformistas, las condujo en su mayoría a la bancarrota política y a veces, organizativa.
Fueron incapaces de comprender las relaciones dialécticas entre el desarrollo desigual de la conciencia de clase y de los partidos tradicionales del movimiento obrero. Se dieron de narices con el crecimiento espectacular del PS en Francia, en Portugal y en España, con el mantenimiento en medio de la crisis del control de la clase obrera por parte de la socialdemocracia en los países de Europa del Norte o, también, con los progresos de la influencia
En la mayoría de los casos manifestaron una total incomprensión de estos
Creyendo así eliminar las dificultades, los calificaron de partidos burgueses y a veces de partidos "socialfascis-
La posición de la burocracia china sobre el "socialimperialismo ruso"' y sus diversos análisis sobre el "capitalismo de Estado"' en la URSS llevaron naturalmente a las organizaciones maoístas a ver en los PC partidos burgueses o
"social fascistas"
De estos dos desconocimientos —crecimiento contradictorio de los partidos reformistas y su naturaleza - se deducía lógicamente la ignorancia de una política de Frente Unico. Esta ausencia de método y de criterios para abordar el problema central del proyecto de los reformistas, los redujo a zigzaguear del sectarismo triunfalista a la adaptación, bien atribuyendo méritos al PC contra el PS, bien al PS contra el PC.
En diversas ocasiones, muchas de estas organizaciones se orientaron hacia un desbordamiento espontáneo y prolongado de los partidos tradicionales por las masas y también al inminente desmoronamiento de los PC. Partiendo de esta perspectiva, aportaron su grano de arena a la división obrera.
De la caracterización efectuada de los partidos tradicionales por parte de las organizaciones maoístas, resulta la división o el abandono del movimiento obrero organizado a las direcciones reformistas.
Para ellas, los PS representan, en el mejor de los casos, a la burguesía democrática con la cual es posible una alianza contra el fascismo y el "socialfascismo". Los PC siguen siendo el enemigo principal, en cuanto agencias del socialimperialismo ruso. Tales son los fundamentos de una línea de "reconstrucción del movimiento obrero" en torno de cada una de estas organizaciones. El sectarismo que de ellas emana, es tanto más grande, en cuanto no tienen divergencias sustanciales con una línea del tipo de Frente Popular o Unidad Nacional defendida por los PC. Esto las conduce, frecuentemente, a dividir el movimiento sindical (PTE y ORT en España, PCP (ML) en Portugal, etc.) y a intentar construir "sindicatos rojos", o llamados "de clase".
Para la mayoría de las organizaciones surgidas después de 1968 y a las cuales el maoísmo y su mito de la "gran re. volución cultural proletaria" les proporcionaban su matriz política, la política exterior de la burocracia china y las peripecias de sus luchas internas van a ampliar su crisis política o acentuar su degeneración en sectas mao-stalinistas. Todo el sistema de referencia sobre el cual funda. mentaban su visión del mundo se ha dislocado aún más como consecuencia de los conflictos entre Vietnam y Camboya, Vietnam y China, entre China y Albania. 31.3. Desde 1976/1977, toma cuerpo un realineamiento político entre estas organizaciones y corrientes centristas de diversas procedencias.
Una de las líneas maestras de este proceso se apoya en el análisis que algunas de ellas hacen del periodo abierto en 1968. Tienden a atribuir a la fuerza intrínseca de la democracia burguesa y de sus instituciones la causa de los fracasos y de las limitaciones encontradas en el ascenso del movimiento de masas. Así soslayan el papel de los aparatos burocráticos en el desarrollo de la lucha de clases. Pero esta posición entraña una lógica desastrosa. Si el análisis es correcto, hay que tener entonces una estrategia tendiente a "introducir contradicciones en el seno de las instituciones del estado burgués" y a llevar allí
El gradualismo toma la delantera y se trata de subordinarle, el movimiento de masas. De allí se pasa rápidamente a una orientación que presta una creciente atención a las sirenas del eurocomunismo, al menos en sus versiones de izquierda.
Este fenómenos amenaza con ampliarse aún más en el futuro. Confirma la crisis estratégica de las organizaciones centristas. Para cubrir su retirada, más de una lanza una ofensiva sobre "la crisis del marxismo". Los PC que han comprendido esta evolución han optado conscientemente por librar un ataque ideológico en esta dirección.
Por las esperanzas frustradas el 25 de Noviembre de 1975 en Portugal, de las elecciones del 20 de junio de 1976 en Italia, por el fracaso electoral de marzo de 1978 en Francia, otra tendencia toma cuerpo en el interior o en la periferia de las organizaciones centristas. Se expresa en una retirada del terreno político y tiende a fetichizar los
movimientos de masas en torno a cuestiones como las centrales nucleares o el medio ambiente.
A esta posición se agrega un cuestionamiento de la posibilidad objetiva de construir un partido revolucionario en el actual periodo.
En Italia, la disolución de Lotta Continua (en 1976) indica la eclosión en gran dimensión de estas posiciones. El "movimiento de 1977"' en Bolonia, Roma y en otras ciudades fue otra expresión de ello. En otros países este fenómeno caracterizó la vida interna de varias organizaciones.
Las organizaciones mao-estalinistas acentúan su curso sectario. Siguiendo las líneas divisorias de los enfrentamientos entre China y Albania, fueron atravesadas por nuevas escisiones y profundas divisiones existen entre ellas a escala europea. La lógica del "socialismo en un sólo país", una vez más, hace sentir sus efectos.
Conforme a los imperativos de la diplomacia de Pekín, estas organizaciones reclaman el reforzamiento de la encontrarse al lado de los sectores más reaccionarios de la burguesia.
Rápidamente, algunas de ellas, o fracciones en su interior, podrán proceder a revisiones desgarrantes, tanto sobre la naturaleza de China que se convertiría en capitalista luego de la liquidación de la "banda de los cuatro"' como sobre la misma posibilidad de la existencia del socialismo.
La desocupación masiva de la juventud, comprendiendo la juventud estudiantil, y la marginación social que de ellos se deriva, la disgregación y la pérdida de la influencia de las organizaciones centristas, y sobre todo, la política de austeridad de los aparatos burocráticos, dieron nacimiento a una corriente calificada de "autónoma", una de cuyas fracciones tomó el camino de "la acción militar".
Una parte de esta corriente tiene analogías con aquello que Lenin describía así en la "Enfermedad Infantil": "Pequeños burgueses 'rabiosos' ante los horrores del capitalismo... La inestabilidad de estos revolucionarios, su esterilidad, la capacidad que tienen para cambiar rápidamente en sumisión, en apatía, en vana fantasía... todo esto es de pública notoriedad". Alejarse del movimiento obrero, formar coro con la campaña anticomunista de la burguesía y cultivar el nihilismo constituyen características que en ellos toman la delantera.
Los "grupos armados" que provienen de la misma corriente, por sus acciones y su ideología, tienden a oponerse abiertamente a veces directamente al movimiento obrero y sus organizaciones.
Este fenómeno afecta prioritariamente a Italia, pero según la evolución social y política, podría alcanzar una extensión análoga en otros países.
En el curso de esta crisis y en la redistribución de cartas, en el interior de las organizaciones centristas y maoístas y entre ellas, todas las cuestiones importantes de estrategia son ampliamente debatidas.
En ese contexto, se desprenden una serie de militantes que expresan sus dudas sobre el conjunto de la orientación pasada y están abiertos a las explicaciones y respuestas que dan los trotskistas. Las organizaciones trotskistas 31.4. Las dos corrientes que se sitúan en la tradición del trotskismo y que no son miembros de la IV Internacional están representadas por el Comité de Organización para la Reconstrucción de la Cuarta Internacional (COR-
CI) y "LUTTE OUVRIERE". • El CORCI no dispone de ninguna sección significativa en Europa capitalista fuera de su organización francesa, la OCI, que representa la componente determinante del CORCI.
EI CORCI fue creado en 1972, después del estallido de una corriente que rechazó en 1963 la reunificación de lo esencial de las fuerzas que se encontraban en la Cuarta Internacional cuando su escisión de 1953.
Este rechazo de la reunificación se basaba sobre desacuerdos profundos que se referían a la comprensión del proceso de la revolución permanente en Argelia y en Cuba y las conclusiones prácticas que se derivaban de ello para la actividad de apoyo y solidaridad con estas revoluciones en marcha. el CORCI - y la OCI — no han caracterizado jamás al Estado cubano como un Estado obrero.
Durante su evolución, la OCI ha desarrollado un análisis de la burocracia y del estalinismo que la lleva a comprender la crisis de los PC como la simple reflexión de los conflictos entre las diversas fracciones (entre las cuales una "fracción restauracionista'') de la burocracia soviética. Tiende a introducir una diferencia cualitativa entre los PS, "partidos obreros-burgueses parlamentarios" reformistas y los PC "contrarrevolucionarios". Esto en la práctica, lleva a la OCI y a las organizaciones del CORCI a cometer errores oportunistas respecto a la social democracia (en Portugal, en Francia, en Alemania, en España, en Bélgica).
Las organizaciones del CORCI en Europa, niegan el carácter de sindicato obrero de organizaciones sindicales tan importantes como la DFDT (Francia), la CILS (en Italia), la CSC (en Bélgica), las CC.OO. (en España), lo que tiene graves implicaciones en la lucha por la unidad de las filas obreras.
En fin, la OCI adopta un enfoque del frente único que combina llamamientos a la unidad con la realización de ''Comités por la Unidad", "Asambleas democráticas", que no tienen por objetivo movilizar sobre reivindicaciones concretas al conjunto de los trabajadores y elevar su nivel de conciencia, sino que son instrumentos sustituístas con el objetivo del reclutamiento. De esta concepción del frente único se deduce, a menudo, un enfoque sectario y manipulador de la intervención en el movimiento de masas. Igualmente, se niega a construir un movimiento de masas independiente de mujeres:
En 1977-1978, la OCI supo captar el sentimiento unitario entre los trabajadores cuando la ruptura de la Unión de la Izquierda; su campaña por el desestimiento tuvo un eco innegable, pese a que ella puso en segundo plano toda batalla por el programa.
Para justificar, después de 1963, su proyecto de "reconstrucción de la Cuarta Internacional", el CORCI desarrolló una orientación sectária hacia la Cuarta Internacional combinada con la construcción de una fracción internacional (que funciona según las reglas de la unanimidad y no del centralismo democrático) dentro de la cual los debates desembocaron más de una vez en rupturas organizativas.
Sin embargo la naturaleza del periodo en Europa y las tareas que se deducen de ello para los marxistas revolucionarios, plantean en el seno del CORCI la cuestión de sus relaciones con la Cuarta Internacional y sus secciones y el problema de la reunificación de las fuerzas que se proclaman del trotskismo. • "Lutte Ouvriere" ', organización francesa, nunca se ha comprometido efectivamente en la construcción de la Cuarta Internacional. Todas sus tentativas de organizar una corriente internacional no centralizada a través de ''conferencias abiertas" se han saldado por fracasos.
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Esta situación ha alimentado una visión "nacional" de los desarrollos de la lucha de clases a escala mundial y ayuda a reforzar su incomprensión del ascenso revolucionario, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en los revolución socialista, según esta organización, se ha pro- países coloniales y semi-coloniales (donde ninguna ducido) y de la profundización de la crisis del estalinismo en los países de Europa del Este que, con excepción de la URSS, no son considerados como Estados obreros. En su intervención política, LO liquida de hecho toda orientación de frente único, con su prolongación al nivel de la consigna de gobierno, y su economicismo la lleva a relegar a un segundo plano las reivindicaciones transito-
Sobre la base de una cierta evolución política de su intervención, LO mantiene relaciones de colaboración con la LCR (sección francesa) que puede suministrar la base para una modificación de su enfoque de la construcción de la Cuarta Internacional. El movimiento sindical 32. La extensión de los sindicatos, que en general reagrupan un porcentaje del proletariado más elevado que en todo su pasado implica al mismo tiempo que abarcan a trabajadores de muy diferentes niveles de conciencia y de tradiciones muy desiguales.
Trotsky subrayaba: "Cuanto más amplias son las masas (organizadas), tanto más cerca En este sentido, están los sindicatos de haber realizado su tarea. Pero lo que la organización gana en extensión, lo pierde en profundidad. Las tendencias oportunistas, nacionalistas, reexpresión de que los sindicatos abarcan no solamente a la en los sindicatos y en su dirección son la vanguardia, sino también a las grandes reservas. Así, el lado débil de los sindicatos proviene de su lado fuerte".
(La ofensiva económica de la contrarrevolución y los sindicatos, 1933). En el periodo actual, el movimiento sindical constituye;
pues, el crisol donde amplias capas puedan hacer su experiencia y elevar su conciencia. Es allí donde las masas pueden acceder a la vanguardia. Pero la extensión misma de los sindicatos hace que este proceso no pueda ser sino largo y contradictorio. Inicialmente, la mayor parte de los burócratas percibieron la crisis económica como un accidente en el camino. Debieron abandonar sus ilusiones: la crisis era duradera. En consecuencia, en todos los países han intentado negociar -directa o indirectamente- la gestión de esta crisis con la patronal y el gobierno. Más allá de las resalta de la práctica de las direcciones en el curso de los diferencias ideológicas, es este el rasgo común que últimos años. En este plano, el paralelismo entre el DGB alemán y la CGIL italiana salta a la vista.
Como corolario de la participación en los planes de la burguesía, la burocracia sindical debe consolidar los instrumentos adecuados para domesticar las filas sindicales y sus fracciones más activas. En todos los sindicatos las direcciones se esfuerzan en limitar el poder de decisión de los órganos de base. Intentan vaciarlos de la posibilidad de intervención al nivel del conjunto del sindicato y tratan de que el aparato tome el control de
En otros países tratan de impedir la aparición de tales instancias de base o de oponerles órganos de participación en los cuales la burocracia dispone de un peso determinado. Por último, las direcciones sindicales no vacilan en adoptar medidas de exclusión contra los militantes críticos.
32.1. Esta orientación no prospera sin provocar oposiciones y contradicciones en el interior de las organizaciones sindicales y en el seno de sus aparatos. Primero, la participación en la "gestión de la crisis" se enfrenta a las experiencias acumuladas en un pasado y a las necesidades más inmediatas de los trabajadores. La determinación de la patronal de no hacer concesiones significativas revela el vacío de fórmulas tales como "reformas de estructura"' o mejoras cualitativas que jalonan los discursos sindicales. Salario, empleo y prestaciones sociales aparecen más importantes a los ojos de los trabajadores que los proyectos de cogestión o de participa ción. Segundo, desde 1968/1969, en una serie de países (Italia, España, Francia, Portugal, Gran Bretaña, Bélgica, Diaccedido a puestos sindicales de responsabilidad a nivel namarca), una nueva generación de militantes ha de las empresas en el plano local o en algunas federaciones. Son más sensibles a las exigencias de las masas, más receptivos a los impulsos de las bases y frecuentemente toman la cabeza de las respuestas. Una parte de entre ellos está enraizada en las unidades de base de los sindicatos, en el lugar de trabajo. Tejen así una estrecha red que tiende a no coincidir siempre con las estructuras del aparato sindical (delegados de personal en Francia, delegados de taller en Italia, shop-stewards en Gran Bretaña, por ejemplo).
Son un elemento constante de fricciones de la máquina burocrática y punto de apoyo a las diferenciaciones internas del equipo de dirección sindical.
La circunstancia de que tal capa de militantes no sea daneses, suizos y austríacos explica también el mayor más que embrionaria en los sindicatos alemanes, suecos, control burocrático en el movimiento sindical en estos paises. Tercero, la burocracia no debe tener en cuenta, solamente, las presiones de las bases. Puede encontrarse bajo el fuego de verdaderas provocaciones de la patronal y del gobierno que la obligan a reaccionar, a movilizar a los tra bajadores para defender su influencia y sus cimientos.
Esto se vió en la RFA, en Bélgica, en Dinamarca.
Cuarto, tras décadas de integración y de "paz social".
algunos aparatos sindicales sufren una esclerosis en extremo grado. Esto provoca una especie de crisis de dirección que puede salir a luz en oportunidad de las huelgas salvajes en respuesta a brutales agresiones de la patronal. Entonces se pueden dar importantes desbordamientos de los aparatos sindicales. Pero la experiencia muestra - en la RFA, en Suiza, en Suecia - que la capacidad de adaptación y aún de utilización de los sectores de izquierda hasta entonces sindicatos, permite una recuperación bastante rápida de marginados en los la burocracia. Sin embargo, estos movimientos pueden ser el trampolín para el surgimiento de nuevos cuadros e incluso de oposiciones entre los permanentes sindicales.
Quinto, una serie de discordancias surgen como consecuencia de los rasgos nuevos propios a los recientes desarrollos de los sindicatos: el crecimiento de su tamaño; la modificación de su composición (sindicalización de mujeres y de inmigrantes); el lugar central que éstos ocupan en un contexto estructurado para una política de austeridad que afecta a todas las facetas de la vida social y política. Se refleja así en los sindicatos el conjunto de los problemas nacidos de la crisis generalizada de la sociedad burguesa. Por lo tanto, su plataforma debe cubrir un número creciente de materias discutidas en su seno. El abismo entre economía y política tiende a ser suprimido. Hay allí un catalizador de importantes contradicciones internas.
Bajo los efectos de la crisis y de la ofensiva patronal, franjas intermedias de la burocracia (en la RFA, por ejemplo) pueden jugar un papel importante en el aliento a las luchas obreras (huelga metalúrgica en 1978 en la RFA) y
oponerse a los sectores más duros de la burocracia sindical central. El apoyo que pueden dar a movilizaciones sobre diversos temas (nuclear, aborto, especialmente)
pueden ser decisivos para evitar su aislamiento y asegurar la unión con el movimiento obrero organizado.
En el vacio político creado por la orientación de
"unidad nacional"' de los partidos reformistas, un sector sindical y aún una federación en un momento dado puede convertirse en la representante activa de la oposición obrera a la estrategia de las direcciones reformistas. Es lo que pasó en Italia, en Diciembre de 1977, cuando la FIM organizó la huelga general de los metalúrgicos, o en 1978, cuando adoptó una plataforma reivindicativa en oposición a la política de austeridad de las direcciones del PCI y
La presión unitaria expresada durante el ascenso de las luchas obreras y confirmada frente a la ofensiva del capital durante la crisis, y alli donde existen varias centrales sindicales, ha planteado el problema de la unidad de acción o el de la unificación sindical (Francia,
Italia, Bélgica, por ejemplo). El carácter unitario y de democracia directa de los órganos constituidos curso de las grandes luchas (comisiones de trabajadores en Portugal en 1975, comités de empresa en España en
1976-77, consejos de delegados en Italia en el 69-70)
alimenta la exigencia de la unificación sindical.
32.2. La concentración y la centralización internacional del capital - cuya expresión son las empresas multinacionales-, la ampliación del Mercado Común, la intensificación del flujo migratorio de mano de obra y la similitud de la política gubernamental y patronal, constituyen la base objetiva para el establecimiento de lazos más estrechos entre los sindicatos de Europa capitalista.
La Confederación Europea de Sindicatos (CES) fue creada en 1973; reagrupaba en 1979 a los sindicatos de dieciocho países, que comprenden cuarenta millones de trabajadores. En abril de 1978, la CES lanzó una jornada de lucha simbólica contra el paro.
Esta organización está impregnada, al más alto grado, del carácter burocrático de las direcciones que la componen. Tiene un carácter más formal que real.
La FSM -que reunía además de los sindicatos de Europa del Este a los dirigidos por los PC en Europa capitalista — sufrió las consecuencias de la crisis del estalinismo. De las confederaciones de los países capitalistas, solamente la CGT francesa es aún miembro. Desde el último congreso de la FSM en 1978, la CGT está en vías de ruptura con la organización con sede en Praga. La CGIL sólo tiene el estatuto de observadora. Por otra parte, es miembro de la CES a la cual la CGT, las CC.OO. y la CGTP solicitan su adhesión.
La CES, a pesar de todas sus limitaciones, expresa las necesidades y posibilidades de una coordinación efectiva de las luchas obreras contra la austeridad en Europa y contra las maniobras de las multinacionales. Los ejes de una estrategia revolucionaria 33. En el conjunto de Europa capitalista, con diversos grados de agudeza, la recesión y sus prolongaciobajadoras que el sistema capitalista no está en condicio- nes hacen más evidente a los ojos de las masas tranes de responder al conjunto de sus necesidades económicas, sociales y culturales. En más de un país, las exigencias más elementales de una parte importante de la población no están en absoluto satisfechas.
Comienza a imponerse la idea entre un número creciente de asalariados de que la única solución para satisfacerlas reside en una organización racional de la economía, en un control directo del aparato de producción por la clase obrera, en un gobierno de los trabajadores.
La ofensiva del capital pone en evidencia la precariedad de las conquistas del proletariado durante los años anteriores. Los resultados de las luchas obreras son cuestionados sin cesar, mientras que la burguesía continua disponiendo de los medios de producción de la fuerza de trabajo y de la máquina del Estado, poder político del capital.
La experiencia del ascenso revolucionario en Portugal mostró igualmente que los trabajadores no podían transformar las relaciones de producción a nivel de las empresas (ocupación y control obrero) dejando intacto el poder estatal. La burguesía rápidamente se apoyó en esto para reconquistar sus posiciones en las fábricas y en los campos. El modo de producción capitalista posee una estructura que liga indisolublemente las relaciones de producción y la maquinaria estatal.
Todo esto indica el callejón sin salida al que conduce una estrategia cuyo horizonte se limita a la acumulación de reivindicaciones inmediatas y que no impide a la burguesía retomar con una mano lo que se vió obligada a dar con la otra. Todo esto indica el callejón sin salida al que nos conduce una estrategia que reduce la conquista del poder a una serie de modificaciones de las condiciones de los asalariados en su lugar de trabajo. Todo esto indica el fracaso de una estrategia que confía en la transformación gradual del Estado burgués y de sus instituciones.
La crisis generalizada de las relaciones sociales burguedemuestran la madurez de las condiciones objetivas para sas y las movilizaciones de las capas oprimidas la reconstrucción socialista de la sociedad. En efecto, una señal de que una sociedad ha cumplido su papel histórico y está madura para ser reemplazada, reside en el hecho de que no solamente la clase revolucionaria —la que jugará el papel determinante en la construcción de un nuevo orden social: el proletariado- sino otras capas sociales no tienen nada más que esperar de lo progresivo de la sociedad actual. Corresponde a la clase obrera dar respuesta a las necesidades de estas capas. Incumbe a la vanguardia indicar las vías que permitan integrar el potencial revolucionario de todos los oprimidos en una lucha común con el proletariado por el socialismo. proyecto se enfrenta a la política de los reformistas que Este proponen alianzas, en base a la conservación del orden social, con las "capas medias" o con los partidos que pretenden representarlas.
La crisis de las relaciones de producción no se manifiesta únicamente a nivel de empresas (oposición a la organización capitalista del trabajo), sino que afecta también al Estado burgués nacional en los países imperialistas. Desde hace mucho tiempo, el desarrollo de las fuerzas productivias ha sobrepasado el marco estrecho de este Estado. La concentración y la centralización del capital son cada vez más internacionales. La internacionalización de la propiedad del capital y de toda la vida económica produce a su vez una internacionalización de la lucha de clases. Las luchas de los mineros, de los siderúrgicos, de los trabajadores de la petroquímica o de los portuarios, o la necesidad inmediata de una respuesta a las maniobras de la burguesía a nivel de la CEE, testimonian que no puede haber otra estrategia socialista que la internacional.
La amplitud y el alcance de las luchas obreras en una serie de países de Europa capitalista han sentado las bases para reducir el desnivel entre la madurez de las contradicciones internas del sistema capitalista y el nivel de conciencia de las masas trabajadoras. Sin embargo la desproporción existente entre los factores objetivos y el factor subjetivo — nivel de conciencia de la clase, su organización, su dirección - ha permitido que el ascenso del movimiento de masas pueda ser fragmentado o
canalizado por los aparatos burocráticos. No obstante, sectores más o menos amplios de militantes obreros desconfían de manera creciente de las direcciones reformistas. Esta desconfianza se transformará en una adhesión a un partido revolucionario si las organizaciones de la IV Internacional son capaces de luchar eficazmente por un programa que responda a las tareas centrales objetivamente planteadas por la etapa presente de la lucha de clases.
Para ello, la presencia y la intervención de una vanguardia trotskista en las fábricas, en los lugares de trabajo y en el seno de los sindicatos es prioritaria.
Por encima de las fluctuaciones coyunturales, quedan por librarse las batallas decisivas. El proletariado dispone de fuerzas que le permitirán salir vencedor de estas pruebas. En la situación actual, no es el momento de hacer una retirada estratégica, sino de preparar una contraofensiva estratégica en el curso de las luchas por la defensa y la extensión de las conquistas de las masas trabajadoras y por las reivindicaciones de todas
"La tarea estratégica del próximo periodo - periodo prerrevolucionario de agitación, de propaganda y de organización - consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas y la inmadurez del proletariado y de su vanguardia. (...) Es recesario ayudar a las masas en el proceso de su lucha cotidiana a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa socialista de la revolución. Este puente debe incluir un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones y de la conciencia actuales de amplias capas de la clase obrera, que conduzcan invariablemente a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado". (Programa de transición).
Este programa debe manifestar los intereses y las tareas objetivas de la clase obrera en el periodo. No debe partir de su mentalidad en un momento dado, sino basarse en las necesidades de las masas de cara a la crisis económica, social y política del capitalistmo.
Estas necesidades objetivas han sido modeladas por las tres décadas transcurridas de desarrollo de las fuerzas productivas con el conjunto de sus efectos en el plano social, económico y cultural. Estas necesidades no se han petrificado desde hace medio siglo. En el curso de los movimientos de masas, manifestado bajo nuevas formas (reivindicaciones detendidas por el movimiento de liberación de la mujer) o han surgido por primera vez (movimiento contra las centrales nucleares, contra la destrucción del medio ambiente).
La política de austeridad hace resurgir las necesidades del proletariado en tanto que vendedor de su fuerza de de relieve la necesidad de una defensa de los derechos etc.). Pero la forma bajo la cual se presentan estas necesidades hoy resulta de las condiciones sociales económicas del periodo pasado y de las conquistas de las luchas desde 1968-1969. Hay en ello una base que aumenta la actualidad y el eco de las reivindicaciones transitorias.
34.1. En la elección de las reivindicaciones concretas, de su formulación y de las formas de acción a poner en práctica en un contexto preciso, es necesario tener en cuenta el nivel de conciencia de las evolución en el curso mismo de las experiencias de lucha.
Por ejemplo, la exigencia de las 35 horas de trabajo sin reducción de salario, aparecida en múltiples congresos sindicales, permite explicar hoy la reivindicación de escala móvil de horas de trabajo y de salarios. Es a partir de esta reivindicación como se puede emprender una batalla, hacer progresar la idea fundamental de repartir entre todos el trabajo disponible y de esta manera la conciencia de los trabajadores puede elevarse y responder a las condiciones objetivas. Una lucha eficaz contra el paro impone tal reivindicación que indica la organización socialista de la sociedad.
Partiendo de las condiciones objetivas, la organización revolucionaria propone las reivindicaciones transitorias, las mide en la práctica, comprueba su audiencia entre las masas para seleccionarlas mejor, para organizar campañas de propaganda y agitación. No renuncia plantear las reivindicaciones que la situación exige aunque éstas se enfrenten a los prejuicios o el atraso de las masas trabajadoras.
La lucha por las reivindicaciones exige ante todo la movilización directa del proletariado y de sus aliados. No debe someterse a los avatares electorales .o a combinaciones parlamentarias como lo hacen permanentemente los aparatos burocráticos. Solo una acción independiente de las masas puede permitirles construir una relación de fuerzas favorable, tener confianza en su capacidad de llevar sus candidatos al poder, de captar para su causa los sectores vacilantes del proletariado y de las capas oprimidas y en fin neutralizar sectores de la pequeña burguesía, ganar los sectores oprimidos y
A partir de las reivindicaciones democráticas y de las reivindicaciones más inmediatas de defensa del puesto de trabajo, salarios, de las condiciones de trabajo o de las relativas a cuestiones sociales y políticas, es preciso intentar también elevar el nivel de organización -incluido el sindical- de la clase, de la creación de. estructuras democráticas (comités de huelga, de lucha de fábrica, etc.) con el fin de aumentar la eficacia del combate y enriquecer la práctica de lucha de clases de un número creciente de trabajadores.
Partiendo del mismo punto puede hacerse una propaganda y hasta agitación por el control obrero, en la perspectiva de demostrar cómo y hasta qué punto el régimen capitalista está en la raíz de las dificultades que sufre el proletariado, y para hacer evidente a sus ojos la incompatibilidad de este control con la dirección de la producción por los capitalistas.
En su punto más alto, las movilizaciones en torno a las reivindicaciones del programa de transición, conducen a una comprensión combinada de la necesidad de la sindical, de la organización política autónoma frente a la burguesía, del establecimiento de un gobierno de los trabajadores, de la formación de consejos obreros que forjen la unidad más amplia de los trabajadores en la acción y que son incompatibles con el mantenimiento de las instituciones del Estado burgués, por el derrocamiento del capitalismo y por el advenimiento del
La intervención del partido revolucionario y su influencia creciente son factores indispensables para la maduración política de este proceso.
Esta estrategia se opone enteramente a la de los aparatos reformistas que tiende a canalizar el movimiento de masas o a destruirlo para evitar cualquier enfrentamiento, no obstante inevitable, a partir de la resistencia obrera al ataque patronal y gubernamental. La estrategia basada en el programa de transición tiene en cuenta la inevitabilidad de tal prueba de fuerza. Busca en el curso de múltiples combates que preceden este enfrentamiento forjar una dirección y preparar una amplia capa de trabajadores para hacer frente a las tareas ligadas a la necesidad de derrocar el sistema y de reemplazar el Estado burgués por un Estado de consejos obreros democráticamente elegidos.
La lucha contra la austeridad
35. En un contexto de crisis económica y de imposición de austeridad, las movilizaciones de masas pueden partir de reivindicaciones inmediatas o democráticas y desembocar rápidamente en reivindicaciones transi-
A partir de ello, no sólo hay que buscar combinar las reivindicaciones, momento en el cual algunas se hacen caducas y cuando hay que poner el acento en otras. La naturaleza misma del periodo con sus variaciones repentinas y abruptas, en el plano social y político, exige evitar la rutina en la determinación de las consignas y de las formas de organiza-
Además el método del programa de transición es contrario a la linea que opone las reivindicaciones calificadas como "revolucionarias" a las reivindicaciones calificadas como "reformistas"; al contrario, opone una orientación de lucha de clases a la colaboración de clases. En efecto, en esta época de descomposición de la sociedad burguesa, este método permite aprovechar las reivindicaciones inmediatas más elementales y a partir de aquí presentar una alternativa a las ideas difundidas por los aparatos burocráticos y a los métodos de lucha y de organización subordinados a la colaboración de clases.
35.1 La respuesta obrera a la política de austeridad de los gobiernos, a los golpes asestados por la patronal y a los atentados a los derechos democráticos será el pilar en torno al cual se organizará la batalla entre las clases en los próximos años.
Las secciones de la IV Internacional desarrollan un trabajo de explicación sistemática contra difundidas por las direcciones reformistas, políticas y sindicales, sobre la naturaleza de la crisis económica. Denunciamos las explicaciones sobre la necesidad que tendría el movimiento obrero de "administrar la crisis con
, sobre el deber de proponer una versión propia de que permitiría escapar del desbarajuste capitalista sin romper con la economía de mercado, sin atentar al mismo tiempo contra los intereses de los traba-
Nos valemos de todos los hechos de la vida económica y social para demostrar que la crisis está inmersa en las contradicciones del capitalismo y que solo el derrocamiento de este sistema permite a las masas escapar de ella.
En el mismo orden de ideas, hay que denunciar todas las leyes y proyectos que tratan introducir la cogestión, la codecisión u otras formas de de consolidar o de participación encubiertas bajo el lema de la "democracia industrial"'. Es posible demostrar con ayuda de ejemplos concretos, que estas "soluciones" no ofrecen de ninguna manera un instrumento de defensa eficaz del puesto de trabajo, del nivel de vida o de las condiciones de trabajo, sino todo lo contrario. La cogestión llevará forzosamente, en una economía de mercado, a atar a los trabajadores a la rentabilidad de "su" empresa, a introducir en sus filas la competencia capitalista contra los principios elementales de la solidaridad de clase. Es por tanto un instrumento de división de los trabajadores y de debilitamiento de la clase en su conjunto, frente al ataque patronal.
Hay que oponerle - partiendo de las reivindicaciones inmediatas de los trabajadores, de la denuncia del secreto impuesto a los delegados en los órganos de cogestión y del poder ficticio de estos últimos -una estrategia de lucha que haga de la movilización y del control obrero los instrumentos seguros para hacer realidad las reivindicaciones y defenderlas.
Para hacer frente a las divisiones agravadas por la política de austeridad, de la que son cómplices las direcciones reformistas, la formulación de reivindicaciones unitarias es un elemento clave de toda respuesta eficaz. Hay que emprender una campaña sistemática para que las organizaciones de la clase obrera asuman las reivindicaciones de los sectores del proletariado más violentamente golpeados por el ataque del capital y sometidos a múltiples trabajadoras, inmigrantes, parados, jóvenes con empleo precario y aprendices). Para hacer progresar esta perspectiva, los trotskystas apoyan las movilizaciones y reivindicaciones específicas de estas capas más explotadas y oprimidas.
Luchan además para que las organizaciones de masas del proletariado apoyen las movilizaciones en terrenos como la escuela, la sanidad, la vivienda, los transportes, contra las centrales nucleares, o por el derecho al aborto, etc., y asuman estas reivindicaciones. Las secciones de la
IV Internacional militan para que las organizaciones de los trabajadores actuen unitariamente con los diversos movimientos sociales de masas o que los comités de movilización se batan por objetivos que favorezcan el desarrollo de lucha anticapitalista y la elevación del nivel de conciencia general del proletariado. En efecto, no es sino formando parte integrante de estas luchas como la clase trabajadora podrá superar las divisiones originadas por el capitalismo y movilizar todas sus fuerzas.
Realmente es necesario utilizar como trampolin para la intervención de secciones, las reivindicaciones inmediatas y todas las luchas contra la austeridad, por restringidas que éstas sean. No es menos cierto que hay que explicar que estas luchas no podrán hacer fracasar las medidas gubernamentales si no desembocan en una verdadera movilización conjunta nacional. Sobre la base de batallas de masas deben ser propagados la extensión, la centralización de las luchas y un plan de acción de las organizaciones obreras contra la crisis. Esta es una vía para concretar el objetivo de una movilización a escala nacional y de la huelga general.
lucha contra la austeridad debe encuadrarse en el marco de soluciones políticas que dan un sentido y una salida a las movilizaciones nacionales. Sólo un gobierno de los trabajadores puede permitir la introducción de cambios reales y ofrecer una salida a la crisis favorable a los intereses de todos los trabajadores. Poner el acento sobre estas respuestas políticas globales permite también influ enciar y convencer a los militantes obreros que pierden sus ilusiones en la orientación de las direcciones reformistas, que podrían encerrarse en una agitación sindicalista y economicista, o ser atraidos por soluciones políticas propuestas por corrientes reformistas de izquierda o centristas.
Así, insertando nuestra lucha contra la austeridad en una perspectiva política global dispondremos de un ins trumento para ganar a nuestras filas a los trabajadores que buscan una alternativa a la política de colaboración de clases de los aparatos reformistas. 35.2. En la situación actual, una respuesta de clase a guientes temas principales. Su enumeración no es, evi- la austeridad articula alrededor de los sidentemente, exhaustiva.
La lucha contra toda política de rentas, de acuerdos y de "paz social negociada" será central en el próximo período. Los trabajadores no pueden tener las manos libres para defender eficazmente su nivel de vida y entablar una lucha para imponer sus soluciones contra la clase dirigente si no rechazan todas estas formas de colaboración de clases.
De esto se desprende el rechazo de cualquier limitación de salarios, de toda subordinación del aumento de salarios al de la productividad, de convenios colectivos de una duración cada vez mayor y de toda claúsula de "paz social" que se introdujera en ellos.
Sobre esta base, es posible organizar una lucha efectiva para la defensa y el aumento del poder adquisitivo de los trabajadores; por un salario mínimo garantizado en base a un presupuesto tipo sindical; por aumentos iguales para todos; por la aplicación del principio "a trabajo igual, salario igual"', especialmente para las traba-
jadoras; por la escala móvil de salarios basada en un indice de precios elaborado por las organizaciones sindicales; por la subordinación a esta escala móvil de los impuestos indirectos y de las diversas prestaciones sociales (jubilación, subsidios familiares y de paro, etc.); por la supresión de todos los impuestos indirectos que afecten al consumo de las masas; por la aplicación de índices a los baremos fiscales para los impuestos que afectan a los salarios; por un impuesto directo muy progresivo sobre el conjunto de las rentas y del capital; contra el desmantelamiento de la seguridad social y las restricciones de los gastos sociales.
Frente a la decisión del capital de reconstruir un gran ejército de reserva industrial, la lucha contra el paro se convierte en una tarea prioritaria para el movimiento obrero. No se puede hacer fracasar el ataque contra el empleo sin movilizaciones muy concretas, utilizando todos los recursos adquiridos por la experiencia de la lucha del movimiento obrero a escala internacional.
La lucha contra el paro comienza por la lucha contra el derecho patronal al despido. Esto significa por ejemplo: derecho de veto a los trabajadores contra los despidos; ningún despido sin rehabilitación previa en las mismas condiciones de salario y en la misma región.
La reabsorción del paro exige una disminución masiva del tiempo de trabajo. El objetivo de las 35 horas semanales, sin disminución de salario, debe ocupar un lugar central en las reivindicaciones a propugnar. Esta disminución del tiempo de trabajo acompañada de una reducción de los ritmos y de un aumento de plantillas puede asegurar una seria disminución del paro. Junto con esta consigna puede hacerse una explicación sistemática sobre la necesidad de efectuar importantes trabajos públicos para responder a las necesidades sociales, no satisfechas, de las masas trabajadoras y de las capas más desheredadas (equipamientos colectivos, sociales, hospitalarios, viviendas, trabajos para la protección del medio ambiente, etc.)
Al mismo tiempo que la lucha contra el paro, hay que prestar la mayor atención a todos los medios adecuados para organizar a los parados en el marco de los sindicatos. La inexistencia de una organización de parados, llevará a la larga, a debilitar las organizaciones sindicales y puede ofrecer oportunidades para organizar campañas racistas y fascistas. Hay que poner en pie reivindicaciones especificas para los parados, tales como la gratuidad de los transportes públicos, una moratoria sobre sus deudas (crédito al consumo y a la vivienda), una indemnización igual al salario mínimo reivindicado por los sindicatos para los jóvenes y las mujeres que buscan su primer empleo, mantenimiento del salario anterior para los parados, formación profesional pagada.
Cada reivindicación concreta en defensa del aumento del poder adquisitivo y contra los ataques al empleo puede ser dirigido hacia el control obrero y la organización de los trabajadores para su puesta en práctica (Comités de Fábrica, Comités de trabajadores-consumidores, Comités de parados en el marco del Sindicato,
Comités Sindicales democráticos, etc.) Por ejemplo. para participar directamente en la elaboración de un índice sindical único, el control obrero de los precios en la producción y en el consumo es una necesidad inmediata.
Lo mismo sucede para asegurar la aplicación del principio
"a trabajo igual, salario igual"'. Para reducir estos ritmos, para oponerse a todo despido, para hacer aplicar las 35 horas, para imponer el empleo de las mujeres, de los jóvenes y de los inmigrados, para aplicar la escala móvil de horas de trabajo...es necesario un control obrero sobre las condiciones de trabajo, sobre el volumen y sobre la composición de las contrataciones, sobre los stocks, las demandas, la capacidad de producción de las máquinas, sobre la formación profesional, sobre los libros de contabilidad. Toda iniciativa de control obrero y de organización de los trabajadores necesaria para llevarlo a la práctica constituye el verdadero comienzo del aprendizaje de la democracia obrera y de la gestión obrera.
vencer la crisis y el paro, es necesaria una global, un verdadero plan obreras, que conduzcan a una planificación de la producción, a una organización de ramas enteras de la economía bajo el control de los trabajadores. Para esto hay que expropiar al capital. Frente a las maquinaciones capitalismo, de los especuladores, de los banqueros, de las multinacionales, hay que abolir el secreto comercial y bancario e instaurar un sistema bancario unificado así como el monopolio del comercio exterior.
Uno de los pilares de este plan reside en la nacionalización de las industrias clave, una nacionalización sin inpequeños accionistas) popularizar esta reivindicación, es posible por ejemplo,
Men las exigencias de ocupan una empresa y reclaman la seguridad del empleo, en la decisión patronal de despedir habiendo obtenido ayudas diversas del estado burgués, la investigación y la denuncia de un patrón descubierto en flagrante delito de fraude fiscal. o de sabotaje de una empresa a fin de "justificar" su cierre. Es posible partir de las reivindicaciones sindicales que piden la nacionalización de ciertas industrias. Pero para acabar con la dominación capitalista de la economía hay que atacar los fundamentos de un sistema basado en la apropiación privada de los grandes medios de producción y de cambio de los grandes bancos. Esto programa tiende a la nacionalización de todos sectores claves para la vida social y económica.
En la batalla por las nacionalizaciones, el control obrero es el único medio eficaz para hacer fracasar a los saboteadores, como lo ha demostrado la experiencia de la revolución portuguesa en 1975. Es por otra parte un instrumento que permite establecer las necesidades reales de extensión de las nacionalizaciones contra las trampas legales tendidas por los trusts entre las diferentes sociedades y filiales. Por último es una herramienta fundamental para hacer efectuar un balance de los recursos de un país y de las necesidades de las masas trabajadoras. La organización de los trabajadores para ejercer el control obrero les compromete, en el transcurso de la lucha de clases, a dar los primeros pasos para la gestión de los Las reivindicaciones democráticas 36. La lucha en la unidad y sin exclusiones para la defensa de los derechos democráticos es una tarea de máxima importancia. El movimiento obrero es el primer afectado por las amenazas o las medidas restrictivas de las libertades democráticas. Luchamos sin tregua por la formación de un frente único contra la represión y contra todas las jurisdicciones de excepción que afectan siempre a los militantes obreros: legislación anti-huelga, vetos profesionales, restricciones a la libre circulación de las personas y de las ideas, medidas de censura, supresión del derecho de asilo, tribunales militares.
Nosotros organizamos campañas por la disolución de los cuerpos represivos o contra su constitución. En general defendemos encarnizadamente y tratamos de extender todos los derechos de organización, de expresión, y de reunión del movimiento obrero en el campo sindical y político y denunciamos la dominación capitalista sobre los medios de comunicación de masas.
El desarrollo del movimiento de liberación de la mujer ha visto claro también la importancia de la movilización de masas —que tiende a adquirir una dinámica anticapitalista — contra todas las formas de opresión sexista y por una serie de reivindicaciones democráticas (aborto, contracepción, divorcio, derechos jurídicos iguales para las mujeres, supresión de la legislación reaccionaria sobre la familia, etc.)
La dureza de la ofensiva patronal contra los trabajadores inmigrados, la importancia de su integración en el sistema de lucha de los trabajadores, el rol que pueden jugar en las movilizaciones y la necesidad de una respuesta contra los manejos xenofóbicos y racistas dan una importancia muy particular a la reivindicación "iguales derechos sindicales y políticos para todos los trabajadores, inmigrados o no".
Las movilizaciones de los jóvenes han puesto tambien de relieve la aspiración de un amplio sector de la juventud a acabar con una serie de vejaciones y discriminaciones (derecho de voto, responsabilidad jurídica, contracepción y aborto, derecho a la formación profesional, etc.)
Las movilizaciones de los homosexuales contra las diversas medidas de represión, las discriminaciones profesionales y sociales son parte integrante de la lucha por las libertades democráticas y contra estas manifestaciones reaccionarias de la ideología dominante.
En algunos paises (Italia, España, Portugal, Irlanda del Sur por ejemplo), bien se plantea aún el problema de la separación completa de la Iglesia y del Estado, bien se mantiene una influencia preponderante del clero en el sistema de educación. En estas condiciones pueden surgir reivindicaciones contra el oscurantismo religioso por la enseñanza laica. Tales exigencias se combinan a veces con reivindicaciones sobre el derecho de aborto, a la información sexual, al divorcio.
Una de las expresiones más crudas del declive del capitalismo y de la decadencia de la democracia burguesa, reside en la utilización de la tortura como un instrumento de represión contra los militantes obreros, anti-imperialistas o nacionalistas. Los métodos científicos utilizados a este respecto por el ejército británico en Irlanda, indican hasta qué punto la burguesía, para salvar sus privilegios, esta dispuesta a pisotear sus propios códigos y a utilizar los métodos "menos civilizados"
Esta sociedad que segrega violencia por todos sus poros, multiplica las agresiones contra aquellos que encierra por "delincuencia" (reformatorios y otros centros de educación vigilada, prisiones).
Las presiones reaccionarias, frecuentemente orquestadas por los gobiernos, a favor del restablecimiento o mantenimiento de la pena de muerte son elocuentes a este respecto.
Es deber de las secciones de la IV Internacional denunciar constantemente todos estos atentados contra los derechos humanos, proponerlo en el movimiento sindical, en los partidos obreros y a las asociaciones profesionales (sindicatos de la magistratura, agrupamientos de médicos progresistas), iniciativas concretas para sacar a la luz estas transgresiones de los derechos fundamentales de la persona y todas las complicidades con estas prácticas por parte de los miembros del cuerpo médico, de la magistratura y de la policía. 36.1. Las luchas extraparlamentarias por consignas democráticas pueden constituir un canal para hacer asimilar a las masas trabajadoras parte del programa de transición y conducirlas, según métodos de lucha análogos, a rebelarse contra el estado burgués y la propiedad capitalista. Las consignas democráticas son pues instrumentos de movilización de masas para mejorar la relación de fuerzas entre las clases.
Esta concepción se opone completamente a una orientación defendida por los PCs y ciertos grupos centristas que se limitan a levantar algunas consignas democráticas particularmente en el terreno político con el pretexto que la lucha por el socialismo no está a la orden del día, y subordinan su realización a maniobras parlamentarias. Sin embargo renuncian de hecho a entablar una lucha eficaz por estas reivindicaciones democráticas. Nuestra concepción se enfrenta también a las ideas según las cuales las ilusiones democrático-parlamentarias constituyen trabas a las acciones directas de amplias masas. De hecho, las movilizaciones extraparlamentarias por temas democráticos pueden conducir a luchas de una amplitud que no dejan preveer a primera vista las ilusiones en la democracia burguesa producidas por la historia y la política de los reformistas. Hay aquí un ejemplo clásico de las relaciones dialécticas entre la situación objetiva, la experiencia adquirida de la lucha de clases y el desarrollo contradictorio de la conciencia de clase.
Enfocamos la lucha por los derechos democráticos desde el punto de vista de la defensa de la independencia política de la clase obrera y de sus organizaciones, así como del mantenimiento y de la extensión de todos los derechos adquiridos por el movimiento obrero en el seno de la democracia burguesa. Toda identificación entre derechos democráticos y régimen democrático burgués debe ser combatida. No se trata de mantener viva una democracia burguesa decadente e imperialista, de proteger sus instituciones, sino de acabar con la dominación de la burguesía bajo todas sus formas con el fin de reemplazarla por un gobierno de los trabajadores y una democracia socialista de los consejos obreros.
Mientras se lucha por tal o cual eslogan democrático hay que tener cuidado de desenmascarar todas las formas de mistificación democrática. Precisamente porque los trabajadores atribuyen una gran importancia a los derechos democráticos es necesario denunciar todas las limitaciones de la democracia burguesa.
Al mismo tiempo que se hace una campaña centrada sobre cualquiera de las reivindicaciones democráticas, que pueden ser el pilar de la actividad de masas, es necesario, a partir del ritmo de la movilización no aislarlas de las reivindicaciones transitorias. Hay que priorizar la puesta en práctica de los métodos proletarios de lucha para su realización y no aceptar someter la movilización extraparlamentaria a las artimañas parlamentarias. En algunos casos, estas consignas -por ejemplo la de elecciones inmediatas a Asamblea Constituyente en abril de 1974 en Portugal - pueden servir para trazar una linea divisoria inmediata entre una política de coalición y de unidad nacional por un lado y una linea de independencia de clase por otro. Las consignas democráticas centrales a nivel político corresponden a un momento de la actividad de masas contra lo que se levanta como un obstáculo en el camino de su emancipación sin que esté claro el resultado final de esta movilización. En general es por esto que dejamos abiertas, por ejemplo, las condiciones exactas de instauración de una Asamblea Constituyente. Es por esto también que combinamos consignas democráticas y reivindicaciones transitorias que permiten superar el marco de la sociedad capitalista. El curso mismo de la lucha de clases por estas reivindicaciones indicará la etapa siguiente. 36.2 En varios paises de Europa capitalista, han ocupado
Run espacio creciente las luchas ligadas a cuestiones históricas de nacionalidades, por distintos movimientos de carácter nacional. En estos países, la revolución tiene pues planteada la tarea democrática de la autodetermináción nacional y la satisfacción de una serie de reivindicaciones propias de estos movimientos.
En el acercamiento a estos problemas, los trotskystas no parten de principios abstractos y formales sino en primer lugar de una clara comprensión de las circunstancias históricas, sociales y económicas existentes en el nacimiento de cada uno de estos problemas, después, de una clara distinción entre los intereses reales de las masas trabajadoras y los supuestos "intereses nacionales" que encubren los de la clase dominante y por último de la realidad efectiva de la movilización popular.
La tarea de las secciones de la IV Internacional es defender el derecho a la autodeterminación de las minorias nacionales. Apoyamos la lucha por todas las
reivindicaciones concretas que la acompañan en el plano político, cultural y lingüistico, incluyendo, en ciertas condiciones la de la independencia.
Por ejemplo, la sección británica de la IV Internacional se pronuncia por la reunificación y la independencia de Irlanda, luchan por la retirada inmediata del ejército de ocupación británico de Irlanda del Norte. Se pronuncia por el derecho a la autodeterminación de Escocia, contra hat se do es lacones en a eni
La británico.
La sección de la IV Internacional en el Estado español se pronuncia por el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas, particularmente de Euskadi, de Catalunya, de Canarias y de Galicia y por el derecho a la autonomía de las regiones por ejemplo en Andalucía. Sin embargo nosotros explicamos a los trabajadores que una unidad económica, con una amplia autonomía para las nacionalidades, presentaría ventajas en todos los terrenos tanto sociales como económicos y culturales. Así la rama vasca (LKI) de la sección española propone una Federación que permitiría asegurar una autonomía en el marco de una unidad económica.
En la medida que el fundamento económico y social de muchos de estos movimientos reside en el desarrollo regional desigual y en una crisis económica regional acentuada, es de máxima importancia elaboración de un plan obrero para salir de la crisis, un conjunto de reivindicaciones específicas que respondan a sociales, linguísticas y culturales de estas regiones.
Visto el peso del proletariado en la mayor parte de las regiones donde surgen estos movimientos y vista política centralista y represiva del estado burgués, dinámica anticapitalista proletaria tiende a tomar delantera. Luchando sin reticencia por los derechos democráticos planteados por las masas, articularlos con un conjunto coherente de reivindicaciones transitorias. Apoyando y participando sin restricciones en estas luchas y poniendo en primer plano las cuestiones sociales - ¿quién dispondrá de los medios de producción, qué sucederá con la tierra, quien decidirá las orientaciones y políticas?-, combatir las ilusiones nacionales pequeñoburguesas. Estas últimas pueden representar un obstáculo para la independencia política de la clase obrera, pueden dividir al proletariado de un pais en "sectores nacionales" y a partir
De ello se deduce que las secciones de la IV Internacional luchan conjuntamente por el derecho a la autodeterminación, por la independencia política de la clase obrera y por el frente único de los partidos obreros frente a los conservadores y el SNP de Escocia, contra el PNV y la
UCD en Euskadi). Paralelamente buscan la unidad de acción con las organizaciones nacionalistas radicales con el. fin de estimular la movilización independiente de las
Impulsan la solidaridad obrera en otras partes del país con las movilizaciones por las reivindicaciones ligadas al derecho de autodeterminación. Alientan igualmente toda confluencia que se efectúe entre los trabajadores y los pequeños campesinos en el curso de estas luchas en las regiones desfavorecidas y empobrecidas por la política del capital.
La unidad de clase, el Frente Unico y los aliados del proletariado
37. La unidad del proletariado, construida en la acción,
Yes la clave de una estrategia hacia la revolución socialista en los países imperialistas europeos.
La unificación de sectores clave del proletariado -esencialmente los de la industria, los transportes y las comunicaciones- constituyen la llave maestra de la construcción de esta unidad y de la adhesión a la causa proletaria de las capas oprimidas y explotadas de todos aquellos que no tienen intereses objetivos en el mantenimiento de la propiedad privada de los grandes medios de producción.
Una orientación de alianza con las llamadas capas medias en base al 'respeto de la propiedad privada de los medios de producción y de la economía de mercado, como consecuencia de una política de colaboración de clases provoca la división en las filas de los trabajadores asalariados. En efecto, una parte de entre ellos, incluso para defender sus reivindicaciones elementales —contra los despidos, por ejemplo- se ven abocados a querer acabar con la propiedad capitalista.
Tienden inmediatamente a negarse a subordinar sus intereses a las condiciones de una alianza con los "sectores antimonopolistas" o incluso con la burguesía monopolista, como es el caso del "compromiso histórico" italiano. La orientación de los aparatos rompe por lo tanto sus aspiraciones, puede desmoralizarles e impedir que ganen a su causa a las franjas más atrasadas.
Otros sectores obreros, que no afrontan las mismas dificultades, que no disponen de la misma experiencia de lucha y que no han sido todavía ganados a una práctica de independencia de clase pueden esperar resultados de una política así. Pero su esperanza será frustrada con los consiguientes riesgos de desgaste de sus fuerzas.
demuestra por tanto que toda estrategia de
Se alianzas, sobre una base conservadora, con las "capas medias", que toda política de colaboración de clases introduce una ruptura en el seno mismo del proletariado. La unidad de los trabajadores está así indisolublemente ligada a la independencia de clase. 37.1. Esta estrategia es contraria a cualquier subordinación de la movilización propia de las capas explotadas y oprimidas por la satisfacción de sus reivindicaciones, a la realización previa de la unidad de las organizaciones obreras y de sus direcciones. Al contrario, todo movimiento de masas real puede ser un catalizador de la unificación del proletariado.
Por ejemplo, la lucha y la organización de los parados contribuye por un lado a dar confianza en su fuerza a sectores del proletariado tendencialmente marginados por la crisis y por el otro a plantear en las organizaciones de masas de los trabajadores, el problema de la unificación del proletariado.
Es más, la entrada en acción de los trabajadores inmigrados por la defensa de sus reivindicaciones específicas constituye también la base para plantear en términos prácticos la necesidad de una integración de clase, es decir, la inserción de los inmigrados en el mecanismo de lucha de todos los trabajadores. En estas movilizaciones, nosotros defendemos las reivindicaciones y las formas de acción que facilitan la conexión con el movimiento obrero.
37.2. La alianza con los sectores de la pequeña burguesía
- pequeños comerciantes, pequeños campesinos, artesanos — continua siendo un problema importante. La alianza con los pequeños campesinos sigue siendo una cuestión estratégica en primer lugar en base al peso social que tienen en una serie de países (Irlanda, Portugal, Grecia, España, sur de Italia, ciertas regiones de Francia).
pero también en base a su papel en el aprovisionamiento de las concentraciones urbanas en el seno de la mayoría de los países de Europa.
Hay que convencer a los pequeños campesinos, a los artesanos y comerciantes - muchos son expropiados por el gran capital — que la expropiación de los expropiadores no busca confiscar la pequeña propiedad. Se trata de demostrar que en el marco de un plan de soluciones obreras a la crisis están reunidos los medios de respuesta a sus propias necesidades. En Portugal, en los sectores de los campesinos del norte, de los pequeños comerciantes y de los artesanos, la esperanza de recibir créditos a largo plazo y a intereses muy bajos en el momento de la nacionalización de la banca condujo a una predisposición favorable durante un periodo, hacia la naciente revolución. Lo mismo sucedió cuando la nacionalización, acompañada del control obrero, del trust de la petroquímica portuguesa (Sacor) indicó la posibilidad
—realizada a pequeña escala- de entregar abonos a precios y en condiciones crediticias sin precedente.
Por todos los medios hay que probar ante estas capas, que no hay antagonismos entre, por una parte el control obrero sobre los bancos y la industria, la supresión del secreto bancario y comercial, el monopolio del comercio exterior, la creación de un sistema bancario unificado, y por otra parte, la distribución de las tierras, la posibilidad de explotarlas (abonos, máquinas), buenas condiciones de crédito, de compra de materias primas y de distribución de los productos, para los artesanos, los pequeños comerciantes y los pequeños campesinos, lo que puede estimular su organización en cooperativa sobre una base voluntaria.
Una serie de reivindicaciones obreras pueden responder también a las necesidades más urgentes de estas capas: la mejora o la creación de un sistema real de seguridad social, el desarrollo de infraestructuras colectivas y sociales (hospitales, viviendas, guarderías, etc.) la educación y la formación profesional en todos los campos (artesanal, industrial, agrícola).
La determinación del movimiento obrero de responder positivamente a problemas socio-económicos cruciales, tales como la destrucción del medio ambiente, el despilfarro capitalista del potencial energético, tales como la anarquía de la investigación científica y su subordinación a los estrechos imperativos de los monopolios como del complejo militar-industrial, tales como la miseria sistema de salud pública, puede atraer al lado de los trabajadores a fracciones de las "nuevas capas medias asalariadas" (ingenieros, científicos, profesores universitarios, médicos de hospitales, etc.)
Para forjar la unidad del proletariado en la acción y hacer progresar a la clase obrera en el camino de la independencia de clase, la táctica de frente único ocupa un lugar importante.
La estrategia de unificación del proletariado para la conquista del poder no puede ser reducida únicamente a esta táctica. Requiere un conjunto complejo de acciones, de métodos, de consignas combinadas entre sí.
De todas formas, la táctica de frente único obrero se destaca hoy entre las tareas a llevar adelante por las secciones en razón de los factores siguientes: la ofensiva económica de la burguesía; la división objetiva que ésta engendra en las filas de la clase obrera con la complicidad de los aparatos burocráticos; los atentados cada vez mayores a las libertades democráticas; la división impulsada directamente por las direcciones reformistas en el plano sindical y político; la necesidad de movilizaciones de envergadura para hacer fracasar la política de austeridad de los gobiernos y de la patronal en el curso de las cuales amplios sectores de masas pueden hacer la experiencia de la validez de la alternativa política que nosotros levantamos; la urgencia de ofrecer un punto de centralización a las luchas de diversos movimientos sociales.
La táctica de frente único no se reduce a los acuerdos entre organizaciones mayoritarias del movimiento obrero.
Sin embargo, estos acuerdos son frecuentemente decisivos para movilizar a la clase, vistos los sentimientos unitarios provocados por el ataque del capital que animan a las nuevas capas de trabajadores que entran en lucha.
Este aspecto adquiere toda su agudeza en los países donde las divisiones del movimiento obrero (PS,PC) se repercuten desde los partidos, pasando por las empresas, hasta los sindicatos.
No hay que oponer este nivel de frente único a la unidad de acción en la base o sectorial, bajo diversas formas. Lo importante es partir de las necesidades objetivas de las masas trabajadoras y dotar esta actividad de una orientación en dirección a las organizaciones obreras, en la cúspide y en la base.
Los trotskystas no adoptan una actitud de espera que someta sus iniciativas al acuerdo previo de las organizaciones obreras mayoritarias o a un compromiso entre ellas. Solos o con otras organizaciones pueden y deben impulsar las movilizaciones. Pero la formulación de las consignas y la elección de las formas de acción combinarán el doble objetivo de : ampliar al máximo la movilización integrando si es posible a los militantes y sectores de las organizaciones tradicionales; mantener el criterio de frente único respecto a estas últimas aunque las posibilidades de su realización sean escasas.
Las diferenciaciones en el seno de los partidos reformistas así como las modificaciones de las relaciones de fuerza entre aparatos y vanguardia obrera pueden aumentar las posibilidades de concretar las propuestas de unidad de acción a todos los niveles avanzados por las secciones.
En función de las relaciones de fuerza y de la situación política concreta, la propaganda y la agitación por el frente único obrero pueden tener como centro prioritario el frente único entre las organizaciones mayoritarias de la clase en el terreno nacional; por ejemplo la unidad del PS y del PC y de las organizaciones sindicales que dirigen para luchar contra un plan de austeridad. 38.1. Nosotros popularizamos sin cesar nuestro progra-
Bma en su conjunto y lo oponemos al de los reformistas.
Pero esto no sería suficiente para sustraer amplias capas de trabajadores de la influencia de los reformistas e incluso de los centristas. Sólo la experiencia adquirida en la acción puede hacer progresar la conciencia de franjas importantes de la clase obrera. Esta les hace medir en la práctica el obstáculo que la política reformista representa para el desarrollo del movimiento en el cual están comprometidos.
Desde luego, nosotros no hacemos de la aceptación de nuestro programa una condición para la realización del frente único. Basamos nuestras iniciativas de frente único en las tareas que se desprenden de las necesidades de las masas dictadas por la situación objetiva. Con este fin levantamos reivindicaciones inmediatas, democráticas o transitorias que permitan la unidad de acción de las masas y de las organizaciones del movimiento obrero dentro y fuera de la empresa. Hacemos campaña al mismo tiempo para que las organizaciones obreras rompan con la burguesía. Esto puede tomar diversas formas según los países, la situación del movimiento: ruptura con un partido burgués, contra las restricciones del derecho de huelga, contra la participación (de los sindicatos o de los par-
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38.
tidos) en los órganos de cogestión en el terreno económico, etc. Nuevamente, aunque esta ruptura no pueda ser completa mas que sobre la base del programa revolucionario y que los trotskystas lo expliquen públicamente, no hacen una precondición para promover movimientos en este sentido.
En el marco de esta batalla por la unificación de la clase obrera y por su independencia política, nosotros defendemos la necesidad de la construcción del partido revolucionario como factor que favorece la acción unida de las masas y sus iniciativas en el plano político.
La táctica de frente único no es un fin en sí, sino un medio para movilizar a las masas, ganar una influencia sobre ellas y arrancarlas al control de las direcciones reformistas. Nuestro fin continúa siendo el desarrollo de las movilizaciones unitarias de amplias masas y militantes, democráticamente organizados. El punto culminante de esta unidad de clase es concretizado en la puesta en pie en la extensión y la coordinación de consejos y de comités. Es entonces cuando el poder de la clase dominante, a nivel de estado y de gobierno, será efectivamente cuestionado. La cuestión del gobierno 39. La cuestión del gobierno de los trabajadores o del gobierno obrero y campesino ocupa un lugar primordial en la batalla por la independencia política del proletariado.
En la fase actual, esta consigna tiene una doble función. Primero, da una perspectiva política a las luchas parciales y facilita la tarea de hacer desembocar las reivindicaciones de masas en el terreno político, de politizar las reivindicaciones económicas y sociales, de educar al mayor número de trabajadores a pensar en términos políticos. Debe estimular las iniciativas de los trabajadores en el terreno político. Debe conducir a las masas trabajadoras en su lucha por las reivindicaciones del programa de transición, a romper con los partidos de la burguesía, a desafíar su dominación, a constituir su propio gobierno, a establecer su propio poder. Segundo, es un instrumento para precipitar la ruptura con las direcciones reformistas, para desenmascarar su política de colaboración de cla-
Hay que levantar una consigna de gobierno a partir de los problemas concretos económicos, sociales y políticos. Los trabajadores se movilizan por objetivos reivindicativos que afectan a sus condiciones materiales de vida, por la defensa de sus derechos democráticos, por cuestiones sociales de envergadura. Pueden también esperar la obtención de una mayoría parlamentaria. Los trotskystas afirman claramente que luchan con ellos por la satisfacción de sus exigencias y que por ejemplo harán todo por ayudarles a conquistar una mayoría obrera en el parlamento. Pero para levantar a los trabajadores, para mejorar las relaciones de fuerza que permitan alcanzar estos objetivos, es necesario dar a las masas trabajadoras una consigna capaz de unificarlas, de fortalecerlas: la del gobierno de los trabajadores.
Al mismo tiempo explicamos, sobre la base de ejemplos sacados del programa y de la actividad tanto presente como pasada de los partidos obreros tradicionales que no tenemos ninguna confianza ni en la voluntad de las direcciones reformistas de luchar efectivamente por obtener la satisfación de las reivindicaciones de masas, ni en la eficacia de los medios parlamentarios para alcanzarlos.
Sin embargo estamos dispuestos, puesto que las masas depositan aún su confianza en estos partidos y direcciones a hacer la experiencia con ellas de un gobierno de estos partidos. Pero para asegurar el desarrollo de las movilizaciones ponemos el acento en la necesidad de una ruptura de todos los lazos de los partidos obreros mayoritarios con la burguesía. Mostramos que estas movilizaciones presentan la única garantía para conseguir las exigencias económicas y sociales, para derrocar al gobierno burgués y reemplazarle por un gobierno de estos partidos con motivo de eleccones o por la acción directa, para estar preparados a exigir de este gobierno la satisfacción de sus reivindicaciones, como para responder a las tentativas de la reacción.
Las secciones de la IV Internacional no hacen de la adopción de su programa un requisito previo o una condición de la lucha por un gobierno del o de los partidos mayoritarios de la clase obrera. Pero al mismo tiempo, desarrollan una agitación constante en torno a las reivindicaciones transitorias que en su opinión deberían formar el programa de un gobierno obrero que permita el acceso al poder de los trabajadores. Además los trotskystas insisten en la importancia de la organización unitaria e independiente de las masas (comités, consejos) para lograr sus exigencias y sus aspiraciones y para tomar todas las iniciativas necesarias para la defensa de sus intereses frente a la política del gobierno. 39.1. La perspectiva general de orientar políticamente a la clase obrera frente a la burguesía y de denunciar pedagógicamente la política de colaboración de clases de los PCs y de los PSs, puede concretarse bajo múltiples formas, según la situación de los distintos países, las relaciones entre los partidos reformistas y la clase, el nivel de conciencia y de actividad del proletariado.
En los países donde una parte importante del proletariado mantiene vínculos o está todavía fuertemente influenciado por los partidos burgueses (Grecia, Países Bajos, Bélgica, Suiza, Irlanda por ejemplo), una doble batalla se hace indispensable. Por una parte es necesario en diversas ocasiones (elecciones, referendums, debates parlamentarios, conflictos sociales), explicar por qué, con el fin de favorecer su lucha, es urgente que los trabajadores retiren su apoyo a los partidos burgueses, voten por sus partidos de clase y les apoyen. Esta retirada del apoyo de fuerzas obreras a un partido burgués puede concretarse también en una consigna que reivindique la ruptura de los vínculos que atan los sindicatos a un partido burgués y la creación de un partido obrero que se apoye en estos sindicatos (por ejemplo, la CSC en Bélgica). Por otra parte, hay que llevar una campaña para que los partidos obreros contribuyan a esta desvinculación de los partidos burgueses, retomando activamente las exigencias de todos los trabajadores. Paralelamente es indispensable acompañar esta propaganda de una agitación para demostrar que una política de independencia de clase pasa por la ruptura de la "paz social"' y el desarrollo de la
En los países donde la socialdemocracia forma el gobierno sola, hay que exigir que dé satisfacción a las exigencias de los trabajadores que la han mandatado y no a los imperativos del beneficio capitalista.
Simultáneamente, los trotskystas, contra la amenaza esgrimida, por ejemplo, por las direcciones del SPD o del Partido Laborista británico, de la vuelta al poder del CDU/CSU o de los Conservadores, explican que los trabajadores deben luchar por sus reivindicaciones pues las movilizaciones representan el mejor medio para luchar contra el retorno eventual de los partidos burgueses al gobierno. Esto debe combinarse con una campaña sobre un conjunto de reivindicaciones que permitan hacer frente a la política de austeridad del capital y del gobierno.
En una situación como la que se dió en Gran Bretaña en 1977-1978, para determinar su actitud sobre la cuestión gubernamental en vista de los acontecimientos electora les, los trotskystas partian de las consideraciones siguientes. La burguesía no ha logrado modificar las
relaciones de fuerzas entre las clases, pero ha obtenido algunas victorias gracias a la colaboración | de las direcciones burocráticas. La fuerza de la burguesía no está por tanto en el vigor de sus propios partidos, sino en la politización limitada del conjunto de la clase obrera y la debilidad de su vanguardia. En estas condiciones, una derrota laborista no representaría de ninguna forma un paso adelante para los trabajadores. Al contrario, un gobierno conservador optaría por una política más reaccionaria, no solo en el terreno económico sino en el terreno social y de los derechos democráticos. Sobre esta base nacerían nuevas ilusiones entre las masas comprendiendo una parte de los trabajadores avanzados, sobre el rol y la naturaleza de un gobierno laborista. Es por tanto la tarea de los trotskystas, en el momento de las elecciones, llamar a un gobierno del Partido Laborista al que los trabajadores exigirán la satisfacción de sus reivindicaciones. Adoptarán una actitud análoga en Alemania frente al SPD, poniendo el acento en la necesidad de romper la coalición con los liberales.
En los países donde PS y PC detentan la mayoría de la clase obrera (Italia, España, Portugal, Francia) entablamos la batalla siguiente. Contra la política de austeridad, se trata de construir la unidad de los trabajadores y sus organizaciones sobre la base de reivindicaciones que respondan a las exigencias de los trabajadores, derrocar el gobierno burgués, de imponer un gobierno de los partidos mayoritarios de la clase obrera, el PS y el PC. Para realizar esta unidad en la acción, PS y PC deben romper políticamente con la burguesía, con sus partidos, con sus instituciones, con la defensa de sus intereses. 39.2. Según las circunstancias, la utilización en nuestra propaganda de una consigna gubernamental puede tener como fin principal preparar a los cuadros obreros a hacer frente a los problemas políticos centrales que las masas encontrarán en el curso mismo de su lucha. Desde luego, tal consigna ocupa un lugar importante en la propaganda pero las reivindicaciones y las consignas que corresponden a las tareas de los trabajadores en su respuesta inicial a la ofensiva del capital deben estar en primer plano.
Por el contrario, la propaganda y la agitación por la consigna gubernamental y por un sistema de reivindicaciones transitorias pueden ocupar el primer lugar en la intervención. En caso de crisis gubernamental, de convocatoria electoral, o de una lucha generalizada, es posible que la agitación sobre la consigna solamente del gobierno, tome circunstancialmente un rol central. La consigna de ruptura de alianzas entre partidos de la clase obrera y partidos burgueses no puede resumir en sí misma la cuestión de la ruptura de la clase obrera con la clase buguesa. Sin embargo esta consigna debe permitir explicar concretamente a los trabajadores cómo estas alianzas entre las direcciones reformistas y uno o varios partidos burgueses son los medios para aplicar una política de colaboración de clases, cómo se oponen al avance de las exigencias obreras y a la mejora de las relaciones de fuerzas en favor de los trabajadores.
Nuestro criterio de utilización de la consigna gubernamental está guíado por la voluntad de explicar a los trabajadores la necesidad de romper políticamente con la burguesía. La forma de levantarla debe tener estrictamente en cuenta la situación política concreta, la dinámica del movimiento de masas, la posibilidad o no de que los trabajadores se comprometan a corto plazo con una lucha extraparlamentaria contra un gobierno de los partidos burgueses o de coalición, etc. Situación prerrevolucionaria y crisis revolucionaria 40. Mayo 1968 en Francia, el otoño de 1969 en Italia y especialmente el verano y el otoño de 1975 en Portugal han demostrado que una crisis prerrevolucionaria no se puede reducir a un movimiento huelguístico, a una huelga general, sino que es el producto de una interrelación entre la acción directa de las masas que entran en la escena política, y una crisis de los mecanismos de dominación burguesa que no pueden reducirse a una crisis gubernamental.
Cuanto más aumenta el grado de iniciativa propia de las masas trabajadoras más se multiplican las experiencias de autoorganización — a nivel de las empresas y de las localidades-, y el control obrero que desborda el marco estricto del lugar de trabajo, más se amplía el terreno donde se ejerce un comienzo de poder proletario. A partir de aquí se agudizan los confictos no solamente con el aparato represivo del Estado burgués, utilizado para hacer retroceder al movimiento de masas y de las bandas armadas, sino también con las instituciones de la demoCracia burguesa representativa.
Burguesía y direcciones reformistas tratan de oponer la legitimidad de estas instituciones a la naciente soberanía de los comités o de los consejos, con el fin de reducir su esfera de poder, de ahogar su desarrollo y finalmente liquidarlos. La apertura de tal situación conduce inevitablemente a enfrentamientos más o menos generales que unas veces desembocan en un retroceso del movimiento de masas, que puede ser momentáneo, y otras en avances decisivos hacia una centralización efectiva de los órganos de poder obrero y del surgimiento de una verdadera situación de doble poder. 40.1. Así, a partir del grado de actividad de las masas y de la crisis de la sociedad burguesa en cada país, los marxistas revolucionarios prepararán conscientemente a los obreros avanzados para hacer frente a las tareas planteadas por el surgimiento de una situación prerrevolucionaria.
Para ello insistirán en: * la democracia sindical, la elección de comités de huelga responsables ante las asambleas generales de los huelguistas y revocables por ellas; * la coordinación y la generalización de las luchas obreras parciales con el fin de superar su falta de eficacia y para hacer de ellas el instrumento de lucha contra la política gubernamental de austeridad; * la posibilidad de coordinaciones locales, sectoriales, regionales, de comités de huelga, de comités de lucha, de comités de fábrica, hasta el llamamiento a la convocatoria de una asamblea nacional de comités de huelga; * la ampliación de las tareas de los diversos comites (de huelga, de fábrica, comités sindicales, etc.) más allá de la gestión propia de la lucha o del estricto territorio de la empresa hacia funciones que implican una dimensión de contestación del poder del Estado (organización de servicios públicos durante una huelga general, organización de la vigilancia popular como en septiembre de 1974 y marzo de 1975 en Portugal, organización del abastecimiento, etc.); * la necesidad de proteger las luchas y las organizaciones de los trabajadores contra la acción de las bandas armadas y de las fuerzas represivas de la burguesía que no dudará en utilizar todas las formas de violencia para mantener su dominación. * la importancia vital de que las organizaciones del movimiento obrero apoyen totalmente la lucha de los soldados contra la jerarquía militar y por sus derechos democráticos.
A partir de un cierto grado de desarrollo de las estructuras de autoorganización (consejos obreros de diversos tipos) y de la extensión de su campo de intervención, su
coordinación y su centralización a escala regional y nacional se convierte en una tarea primordial. Deben basarse en las necesidades objetivas de los trabajadores: extensión y articulación del control obrero (vinculación entre los sectores bancarios, industriales y agrícolas), establecimiento de un plan de soluciones obreras a la crisis, organización de la respuesta contra la represión o los manejos reaccionarios, así como el sabotaje económico, etc.
Esto debe venir acompañado de una orientación de frente único que ponga en primer plano la defensa de la independencia y de la unidad de acción de la clase. El llamamiento al frente único de las organizaciones políticas y sindicales mayoritarias de la clase -condición para mantener y consolidar la acción unida de las masas trabajadoras - debe combinarse con la explotación de todas las posibilidades de concretarlo a nivel de comités, de consejos.
En la prolongación de esta orientación de frente único, la propaganda y la agitación por una consigna gubernamental deben popularizar la necesidad para la clase obrera de enfocar la solución de sus problemas en términos de poder.
Para asegurar el desarrollo de las estructuras de autoorganización, para garantizar la unidad de las clase obrera, la lucha por el respeto más estricto de la democracia obrera en el seno de los comités, de los consejos, tienen una importancia capital. 40.2. La aparición de una situación de doble poder implica un proceso combinado de descomposición del poder burgués — aunque se mantenga una autoridad central de la burguesía basada en el aparato represivo del Estado- y de emergencia del poder obrero que para afirmarse exige estar centralizado.
Pero el derrocamiento del poder estatal de la burguesía y la afirmación del poder de los consejos exigen previamente que la crisis de legitimidad, a los ojos de las masas, de las instituciones burguesas alcance un punto de ruptura. Es necesario que las masas hagan la experiencia práctica de luchas y de movilizaciones durante las cuales puedan comprobar los límites que ponen a su libertad de acción las instituciones burguesas y donde se pone de manifiesto el carácter represivo del régimen burgués, defensor de la propiedad privada. Es necesario que en sus luchas puedan hacer el aprendizaje de formas superiores y nuevas de democracia.
en el sentido de una reducción del ámbito sobre el cual se ejerce directamente el control del poder central de la burguesía (telecomunicaciones, transportes, medios de comunicación de masas, red bancaria, etc.).
El proceso de descomposición del aparato de Estado capitalista alcanza también al ejército. Bajo el impulso de las movilizaciones obreras, del trabajo antiimperialista en el seno del ejército burgués y de la lucha por los derechos democráticos de los soldados, pueden aparecer comités de soldados que pongan fuertemente trabas al funcionamiento del aparato militar y permitan ganar los soldados a la causa de los trabajadores.
Contra la violencia legal e ilegal que la burguesía desatará, las masas deben organizarse para la protección de sus actividades, de las organizaciones obreras, de sus loconsigna de la creación de milicias obreras.
Una situación de doble poder conduce inevitablemente a un enfrentamiento decisivo entre las clases; la suerte de la sociedad depende de su resultado. La condición irremplazable para asegurar la posibilidad del establecimiento del poder de los consejos reside en la existencia de un partido revolucionario arraigado en la clase obrera industrial, capaz de arrancar la dirección política de la aplastante mayoría del proletariado a los aparatos reformistas.
Las tentativas de refuerzo y de centralización del poder de la clase capitalista a nivel de Europa no pueden más que estar en contra de los intereses de la clase obrera, del desarrollo de sus luchas y de la revolución socialista.
Nuestra propaganda contra la Europa de los monopolios y de los bancos, contra las instituciones europeas de la clase capitalista debe ser desarrollada a partir de la perspectiva de los Estados Unidos Socialistas de Europa. Tal orientación se basa a la vez en las exigencias de las masas trabajadoras y en la necesidad histórica de superar el marco del Estado nacional que es, desde hace decenios, una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas en Europa.
La lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa plantea inmediatamente la cuestión de la dialéctica entre la revolución socialista en Europa capitalista y la revolución política en los Estados obreros burocratizados. El ascenso de las luchas obreras en las "democracias populares" posee hoy un enorme eco entre los trabajadores de Europa occidental. Contribuye a agravar la crisis de los PCs y a su vez, crea nuevas posibilidades para las iniciativas de solidaridad de los trabajadores de Europa capitalista con la lucha antiburocrática. Además las reivindicaciones surgidas en el transcurso de las movilizaciones de masas en Checoslovaquia, en Polonia, en Yugoslavia, en Rumania, etc., comienzan a concretar ciertos aspectos del programa de la revolución política. Estas luchas permiten también explicar los vínculos fundamentales existentes entre los objetivos históricos de la clase obrera de los países capitalistas y los de los trabajadores de los Estados obreros burocratizados. Igualmente, las luchas anticapitalistas y la larga discusión que se desarrolla en el movimiento obrero occidental sobre las relaciones entre democracia y socialismo contribuyen a reforzar la lucha antiburocrática. Revolución política y revolución socialista están dialécticamente ligadas.
En la Alemania dividida en dos Estados que responden a sistemas sociales diferentes, el de la RFA y el de la RDA, es donde esta cuestión aparece de forma mas tangible. La división de Alemania ejerce todo su peso en el mantenimiento del statu quo; permite frenar el ascenso de la actividad del proletariado más poderoso de Europa. Pero cualquier impulso de las movilizaciones de masas en una parte de Alemania repercute sobre la otra y generalmente sobre Europa entera.
Nosotros unimos el fin de la división de la nación alemana a la unificación socialista de Alemania, basada en la revolución política en RDA y en la revolución social en RFA. En efecto, nos oponemos a cualquier unificación que desmantele los fundamentos económicos del Estado obrero de la RDA.
Defendemos la consigna de retirada de las tropas de ocupación de la RFA y de la RDA, respectivamente las tropas aliadas, en particular las fuerzas americanas, y las de la URSS. En efecto, esta doble ocupación militar tiene como misión asegurar de una parte y de otra, en esta región clave de enfrentamiento entre el campo imperialista y los Estados obreros burocratizados, la estabilización de la situación social y política. Llegado el caso, su objetivo es impedir tanto la revolución socialista en la RFA como la revolución política en la RDA.
La presencia de poderosos ejércitos dotados de un gigantesco armamento nuclear en las dos partes de Alemania, representa un peligro de guerra nuclear, con las consiguientes consecuencias catastróficas para el futuro del conjunto de la humanidad.
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41.
La construcción de las secciones de la IV Internacional 42. La construcción de las secciones de la IV Internacional y la defensa del conjunto de su orientación política exigen concentrar sus fuerzas en torno a campañas centrales. La implantación en la clase obrera y el trabajo de masas sistemático no están en contradicción con esta orientación. Estas campañas de gran intensidad permiten combinar la difusión de los análisis y de las posiciones generales de los trotskystas con la defensa de las reivindicaciones y de las consignas que corresponden de los trabajadores y cuya adopción favorece la elevación del nivel de su conciencia y de su actividad. Hacen converger las fuerzas de las secciones con los objetivos prioritarios. Dotan a las secciones de un marco de intervención unificado. Facilitan el reclutamien-
Estas campañas se articulan a diversos niveles. * Las secciones deben desarrollar una propaganda y una agitación específica en torno a consignas o reivindicaciones que sinteticen su respuesta ante los acontecimientos políticos y sociales que caracterizan la coyuntura. La prensa de las secciones y la publicación de un material adecuado juegan un papel importante en el lanzamiento y el progreso de tales campañas políticas. Son numerosos los ejemplos: campañas por la disolución de la Asamblea Nacional y por un gobierno PS-PC en Francia después de las elecciones municipales de marzo de 1977; campaña por las elecciones inmediatas y por una Asamblea Constituyente en Portugal después del 25 de abril de 1974; campaña contra la política de "compromiso histórico" y por un gobierno PS-P.C en Italia después de las elecciones regionales de 1975; campaña por una huelga general organizada por el frente común sindical a principios de 1977 en Bélgica; campaña por la amnistia total de todos los presos políticos y la disolución de los cuerpos represivos en España en 1975, etc. * Las secciones pueden tomar la iniciativa de frente único orientada hacia los partidos mayoritarios de la clase obrera, las organizaciones sindicales y los grupos centristas, con el fin de constituir organismos unitarios o cártels que favorezcan la lucha por ciertas consignas. Emprenden esta tarea con todas las personas u organismos que estén dispuestos a cumplirla. No someten el lanzamiento de tal campaña a la posibilidad previa de incluir en ella a los partidos obreros mayoritarios. La experiencia prueba una vez que esta acción unitaria es puesta en práctica, ejerce un poder de atracción sobre los sectores influenciados u organizados por los partidos reformistas. Esto puede obligar a estos últimos o a algunos de sus sectores a unirse a tales campañas si las secciones multiplican estas iniciativas de agitación prolongada en favor del frente único de las organizaciones de la clase obrera. * Estas campañas pueden tener repercusión en las organizaciones de masas, en los sindicatos, los militantes de las secciones se esfuerzan por hacer adoptar mociones y hacer tomar iniciativas que permitan reforzar estas movilizaciones. Estas propuestas deben contribuir a estimular una discusión durante la cual podrán ligar la explicación de la validez de las consignas propuestas con su programa político de conjunto. 42.1. Los rasgos comunes que revelan la evolución de la lucha de clases en Europa capitalista, más allá de sus desigualdades, indican la posibilidad para las secciones de emprender campañas en torno a diversos temas. A título de ejemplo: * Una campaña por una respuesta coordinada de los salarios a escala europea contra las maniobras de los trusts multinacionales por una coordinación permanente de los delegados sindicales de las compañías multinacionales.
* Una campaña por una ofensiva común de las organizaciones sindicales a escala europea por las 35 horas sin disminución del salario, como medida inmediata de lucha frente al paro. * Una campaña en favor del derecho al aborto libre para todas, comprendidas las menores y las inmigrantes, y para que existan posibilidades materiales de que este derecho sea ejercido, debe proporcionar la base de una reactivación del movimiento de mujeres y de su unión con las organizaciones obreras. Esta campaña puede dar forma a amplias iniciativas unitarias que pueden coordinarse a escala europea. * El desarrollo de un movimiento de masas desde 1974
1975, contra la construcción o la puesta en marcha de centrales nucleares o por la desactivación de centrales en funcionamiento, ofrece grandes posibilidades de intervención coordinada por las secciones.
Con nuestra intervención nos esforzamos por desarroIlar un movimiento de masas — estructurado democráticamente y apoyado por las organizaciones obreras — capaz de hacer surgir todo el potencial de movilización que puede suscitar esta lucha. Las formas de acción deben estar subordinadas a este objetivo.
Intentaremos también, por diversas formas tácticas (moratorias, referendums, etc.) implicar al movimiento obrero organizado o sectores de éste, en estas luchas y ampliar el movimiento antinuclear. Combinamos la oposición a la construcción o puesta en marcha de centrales nucleares y de planta de recuperación, nuestra reivindicación de clausura de las plantas en servicio, con las consignas de nacionalización bajo control obrero del sector de producción de energía y de reorientación de este último. Unimos estas reivindicaciones con todas aquellas que intentan aclarar el embrollo de los intereses capitalistas privados y de la participación estatal en la construcción de centrales (apertura de libros de cuentas, etc.) con aquellas que permitan tomar todas las medidas de control referentes a la seguridad de los trabajadores y la lucha contra la polución. * Una campaña para denunciar el rol represivo del ejército utilizado contra los pueblos en lucha en los países semicoloniales y contra la clase obrera en los Estados imperialistas de Europa. Impulsamos la formación de comités de soldados, independientes de la jerarquía militar, formados en base a la defensa de la libertad de organización y de expresión de la tropa. En los sindicatos, tomamos todas las iniciativas que puedan favorecer la ligazón de estos comités con el movimiento sindical. Combatimos para que el movimiento obrero asuma la defensa de los soldados en lucha por sus derechos. * En varios países de Europa el desarrollo de la crisis ha vuelto a dar un cierto vigor a las organizaciones de extrema derecha o fascistas. Cualesquiera que sean los límites actuales, estas organizaciones constituyen no obstante un peligro real que las secciones de la IV Internacional deben combatir permanentemente.
La actitud de los trotskystas en este terreno se basa fundamentalmente en la necesidad de movilizar al movimiento de masas por la lucha antifascista. Esta línea de acción de masas es ajena a una orientación que sustituya la amplia movilización por la actividad de algunos grupos de militantes. Se opone también a la línea de los partidos reformistas que ocultan generalmente su pasividad bajo estridentes declaraciones exigiendo del Estado burgués que reprima a los fascistas. Trotsky estigmatizaba así esta actitud: "los trabajadores no pueden dejar que el puño de acero del Estado burgués sustituya la lucha que ellos deben librar a través de sus propias organizaciones y su propia prensa. Hoy, el Estado puede aparecer "amablemente" dispuesto ante la organizaciones obreras; mañana el gobierno puede caer, caerá en manos de los elementos burgueses más reaccionarios. En este. caso, toda la legislación restrictiva en vigor se volverá contra los
trabajadores. Sólo los aventureros, que no piensan mas que en función de los intereses del momento, pueden negarse a evitar este peligro"'. ("La clase obrera y la libertad de prensa", 1938).
En esta lucha, no debemos dar pretextos para la restricción por la burguesía de cualquier derecho de expresión o de organización —aunque estos sean utilizados por las organizaciones de extrema derecha o fascistas- que servirá de hecho para luchar contra la clase obrera. La lucha contra la peste fascista debe ser tarea de las organizaciones obreras unidas en la acción y arrastrando a las masas. * La reanimación de la actividad militar y política del imperialismo europeo, especialmente en Africa así como la explosión de un movimiento de masas en paises dominados por el imperialismo marcan la importancia de las movilizaciones antiimperialistas.
Las secciones de la IV Internacional deben mantener una propaganda permanente sobre estos problemas y cada vez que sea necesario, trabajar por la constitución de comités unitarios Las. sec ciones de los países donde la burguesía interviene militarmente contra la lucha de liberación de un pueblo, tienen además la responsabilidad particular de tomar iniciativas para la constitución de organizaciones de masas que exijan la retirada inmediata de las tropas imperialistas y defiendan el derecho de estos pueblos a disponer de sí mismos. Las intervenciones militares en el Zaire, en el Líbano, en el Chad, en Mauritania, y las respuestas que tales intervenciones provocaron son ejemplos de este tipo de trabajo internacionalista, en el cual las organizaciones de la juventud unidas a la IV Internacional pueden también desempeñar un papel motor. La lucha por la retirada de las tropas británicas de irlanda es otro ejemplo.
En el marco de nuestras campañas antimilitaristas y antiimperialistas, propagamos la consigna de ruptura de los vínculos de cada Estado con la OTAN y de ruptura de todas las alianzas interimperialistas en el seno mismo de la Europa capitalista. * La represión estalinista de la que son víctimas los trabajadores, intelectuales y militantes, especialmente las minorías nacionales, en la URSS y en las "democracias populares" reclama una campaña en favor de los derechos democráticos en los Estados obreros degenerados o deformados. Pronunciándose por la liberación de todas las víctimas de la represión burocrática, nos empeñamos especialmente en impulsar la organización por el movimiento obrero de los prisioneros políticos que se reivindican del socialismo y del comunismo. Un ejemplo de estas campañas fue la que se lanzó con éxito por la liberación de Rudolf Bahro; es con la misma fuerza con que debe ser organizada la solidaridad con Petr Uhl y sus camaradas prisioneros en Checoslovaquia. Desarrollamos una campaña particular dirigida a los PCs y los sindicatos que controlan con el fin de que se pronuncien a favor de la liberación inmediata de estos prisioneros. Nos empeñamos también en ganar el apoyo de las organizaciones obreras para una acción por el derecho de huelga y la independencia sindical en los Estados obreros burocratizados. * El número de víctimas de la lucha de clases, prisioneros y torturados, aumenta constantemente. El trabajo de defensa de los prisioneros políticos, desarrollado desde hace muchos años por las secciones de la IV Internacional en los comités unitarios de lucha contra la represión, debe ser periódicamente reanimado por campañas centrales sobre casos particularmente simbólicos que permitan sensibilizar amplios sectores del movimiento obrero con este trabajo de elemental solidaridad de clase. La defensa de las organizaciones de la IV Internacional o de sus militantes debe ocupar evidentemente un lugar prioritario en los esfuerzos de los militantes trotskystas.
Campañas electorales
43. En el periodo actual, en el seno de los países capitalistas de Europa, las consultas electorales reflejan claramente la polarización entre las clases. Colocan en el centro de los debates todas las cuestiones políticas, sociales y económicas clave: problemas de gobierno, de política de austeridad, de alianzas entre partidos burgueses y partidos de la clase obrera, etc.
Por regla general, debemos aprovechar tales situaciones, presentar candidatos a fin de difundir nuestras soluciones políticas de conjunto, ampliar nuestra audiencia y construir nuestras secciones.
Debemos insistir de forma simple y pedagógica, en los elementos decisivos del programa que reponde a la crisis social y económica. Las campañas electorales deben ser la oportunidad para nosotros de popularizar la orientación de independencia política de la clase obrera, especialmente en términos de gobierno de los partidos obreros mayoritarios.
Además recurriremos a todos los ejemplos de lucha, de manifestaciones de opresión, y de los acontecimientos sociales y económicos que permitan ilustrar la actualidad de un sistema de reivindicaciones transitorias.
Según las circunstancias, puede ser útil concluir una alianza electoral con otras organizaciones del movimiento obrero. Una tal decisión táctica no debe conducir a excluir de una plataforma electoral común, los elementos decisivos de nuestras soluciones políticas de conjunto, y mucho menos plegarnos a una plataforma electoral que incluya soluciones políticas que den un aval a fórmulas de colaboración de clases. Como tampoco, concluir acuerdos que incluyan, por ejemplo una caracterización de clase errónea de los partidos obreros mayoritarios, que puedan impedirnos llegar con nuestro programa a las filas de estos partidos y a las masas en general.
Cuando las secciones no presentan candidatos o solamente lo hacen en ciertas circunscripciones o no se presentan en la segunda vuelta, en las elecciones a dos vueltas, se pronuncian en general por un voto de clase en favor de los candidatos de los partidos obreros. Esta consigna de voto no implica ni la aprobación, ni el apoyo crítico al programa o a la orientación de estos partidos. Se basa, por una parte, en la defensa de una política de independencia de clase que se expresa en esta ocasión por un voto de clase y, por otra en un juicio sobre los efectos objetivos de una posible derrota electoral de los partidos burgueses o de un refuerzo, siquiera en este terreno, de los partidos de la clase obrera. La consigna de voto es una cuestión táctica, pues su formulación está evidentemente ligada al análisis de la situación política concreta. El único principio reside en nuestro rechazo absoluto de votar a favor de formaciones burguesas o pequeño-burguesas, pues esto se opone a una política de independencia de clase. La intervención sindical 44. La tarea prioritaria de las secciones de la IV Internacional consiste en ligarse al movimiento de centenares de millares y de millones de trabajadoras y trabajadores -ante todo en los sectores decisivos de la industria-, que buscan en los sindicatos los instrumentos de defensa de sus intereses y de lucha por la protección y mejora de su nivel de vida frente a la ofensiva patronal y gubernamental.
El trabajo sindical de los trotskystas tiene por fin reforzar la organización sindical, incrementar el espíritu de lucha de los trabajadores afiliados, de hacer de los sindicatos herramientas eficaces del combate diario y permanente de proletariado contra la explotación capitalista, a fin de preparar a amplias masas obreras — a través
de la experiencia de la gestión y dirección de sus luchas — para tomar en sus manos la dirección y la gestión de toda la sociedad. Cualesquiera que sean las diversas tácticas dictadas por las condiciones específicas de lucha, nuestro trabajo tiene por perspectiva elevar el nivel de conciencia de los afiliados, armarlos con un programa y una dirección, hasta evidenciar ante ellos el irreconciliable antagonismo entre sus intereses y aspiraciones de terminar con la explotación y la opresión, por una parte, y por la otra, la política de colaboración de clase de los aparatos múltiples mediaciones, también en el terreno sindical, los militantes marxistas revolucionarios se orientan desde el punto de vista de que únicamente la revolución socialista puede dar solución a las necesidades fundamentales de las masas trabajadoras.
La combinación entre tal orientación y una tenaz actividad en el curso mismo de las luchas en que se encuentra empeñado el movimiento sindical, puede ganar para los militantes trotskistas la estima de amplias capas de trabajadores sindicados así como la confianza política de los elementos más avanzados insertos en los sindicatos. El trabajo sindical es un elemento esencial en la construcción de un partido revolucionario del proletariado. Su desarrollo permite medir los avances realizados en este sentido. 44.1. El eje de nuestra estrategia sindical es la defensa encarnizada de la independencia del movimiento sindical frente al Estado burgués. Esto implica:
1) Una batalla por el derecho de organización y actividad sindical en la empresa, una lucha por el derecho de huelga contra las medidas que tiendan a restringir la libertad de acción y de negociación de los sindicatos, contra el sistema de preaviso de huelga y de conciliación obligatoria antes de la iniciación de un conflicto laboral, contra las multas por 'uso abusivo" del derecho de huelga, contra el arbitraje obligatorio impuesto por vía legislativa, contra los referéndums organizados por el Estado para decidir sobre la continuación de una huelga, contra las restricciones al derecho a organizar piquetes de huelga,etc.
2) Un combate por la democracia sindical a todos los niveles, incluido el derecho de tendencia; esto es necesario para movilizar toda la fuerza de la base sindical contra la patronal y el gobierno y para demostrar la potencia de
Denunciamos cualquier limitación por la burocracia sindical del derecho de huelga que tiene a legitimar el argumento de que las luchas de los trabajadores están en el origen de la profunda crisis del sistema capitalista. En este marco, las secciones prestarán atención especial al combate contra las tentativas de los burócratas de expulsar de las filas sindicales a los militantes revolucionarios.
Para defender con eficacia estos dos elementos centrales de nuestra estrategia sindical, es necesario ligarlos completamente a nuestras propuestas de acción contra la política de austeridad.
Ante todo, el sindicato debe convertirse efectivamente en el arma de todos los trabajadores y trabajadoras. Es por ello que somos partidarios de que las organizaciones sindicales asuman las reivindicaciones formuladas por todas las capas explotadas y oprimidas.
Batallamos por la plena participación de las trabajadoras, de los inmigrantes, de los parados, de los jóvenes trabajadores, en la vida sindical, y defendemos su derecho a disponer de instancias propias para la discusión y elaboración de sus reivindicaciones específicas, facilitando así la movilización del máximo de fuerzas frente a la ofensiva del capital. Al mismo tiempo denunciamos los intentos burocráticos de burlar las exigencias de las mujeres trabajadoras, de los inmigrantes o de los jóvenes, encerrándolos en el ghetto de unas comisiones sindicales que funcionan en punto muerto, separadas de las instancias regulares del sindicato, que a su vez se vacían y son más fáciles de someter a la tutela de los aparatos.
El empuje instintivo de los trabajadores a forjar su unidad, en los momentos de ascenso de las luchas, para mejor hacer frente a los ataques capitalistas, plantea con mayor fuerza la cuestión de la unidad de acción y de la unificación sindical.
En los países donde existen varias confederaciones sindicales nacionales, los trotskistas luchan en todos los sindicatos en que militan por la unidad de acción entre ellos, a todos los niveles. Asimismo, luchan por la transformación en auténticos sindicatos de las organizaciones corporativas de determinados sectores asalariados (asociaciones de enfermeras, organizaciones de empleados) y por su integración en las centrales sindicales.
Igualmente avanzan la perspectiva de la constitución de una central única independiente y democrática, de los trabajadores. Las burocracias sindicales perpetuan la división organizativa con el fin de defender sus privilegios de aparatos separados y de frenar la organización de una respuesta de conjunto de todos los trabajadores asala-
Los militantes marxistas revolucionarios insisten constantemente en la necesidad de la democracia en los sindicatos; sin embargo, no hacen del derecho de tendencia una condición previa para la fusión sindical. 44.2. Los mismos problemas a que se enfrentan ios trabajadores en sus movilizaciones por sus reivindicaciones inmediatas, así como la orientación general de los aparatos burocráticos, ponen de manifiesto la insuficiencia de las críticas parciales contra tal o cual aspecto de su línea.
Además, el reflejo en los sindicatos de los problemas políticos generales subrayan la necesidad de una alternativa global a la política de colaboración de clases de las direcciones. Por último, la fuerza de los aparatos se basa en su capacidad para mantener la fragmentación de las oposiciones a su política.
Todos estos factores señalan la importancia de una estrategia de construcción de una tendencia de lucha de clases a fin de arrebatar la dirección de los sindicatos a los aparatos del PS y del PC, para asegurar su independencia completa frente al Estado burgués y para hacer de ellos instrumentos de la emancipación del proletariado.
No existe en ningún sindicato europeo una verdadera tendencia de lucha clasista, ni aún en su estado inicial. A pesar de ello, amplias capas de trabajadores buscan nuevas respuestas a los problemas a que se enfrentan y pueden ser ganados a esta perspectiva.
En numerosos sindicatos se ha esbozado la constitución de reagrupamientos de militantes opositores que manifiestan su oposición a la línea de los aparatos. Se han manifestado en el plano local, regional o al nivel de toda una federación. Su grado de organización es muy variable.
Estas oposiciones se han expresado con ocasión de congresos sindicales. Son impulsados a veces por direcciones intermedias, con motivo de las discusiones que preceden a la renovación de un convenio o durante el debate sobre la orientación del conjunto de los sindicatos frente a la política de austeridad.
Por ejemplo, en Italia, han aparecido bajo la forma de la organización de iniciativas que reunían a centenares de delegados de empresas (en marzo de 1977, en Milán), para discutir una alternativa frente a la política de las direcciones confederales. Igualmente, amplios reagrupamientos de delegados se pronunciaron a favor de las mociones que se oponían a la plataforma propuesta por
los tres sindicatos durante las asambleas regionales de preparación del congreso sindical de enero de 1978, que debía adoptar una posición abiertamente favorable a la austeridad.
De nuevo, corrientes de oposición se han manifestado cuando las movilizaciones por la renovación de los contratos de trabajo en 1978.
En Francia, estas oposiciones se revelaron durante los congresos de la CFDT. Existen de manera más permanente en distintas federaciones de la CGT y de la CFDT.
En Portugal, con ocasión de las elecciones de las direcciones sindicales, en varias federaciones se formaron reagrupamientos de oposición alrededor de listas de candidatos con plataformas de oposición a la línea de las direcciones reformistas.
En España, durante los congresos de la UGT y de las CC.OO. (1978), un importante porcentaje de delegados se reagrupó en torno de mociones en contradición más o menos abierta con la orientación general propuesta por la burocracia. El potencial de oposición entre los delegados sindicales de empresas y también de las direcciones intermedias se manifestó con motivo de las discusiones sobre la firma del pacto de la Moncloa o de las que precedieron a su renovación o sobre el programa económico del Gobierno y el Estatuto de los Trabajadores.
En Gran Bretaña, en Bélgica, en Dinamarca y aún en la RFA, se ha desarrollado el mismo tipo de fenómeno, bajo formas más restringidas y con un grado inferior de politización.
El desarrollo de estas corrientes opositoras no pueden desembocar, por simple crecimiento numérico, en la formación de una verdadera tendencia. No hay que confundir una coyuntural oposición contra una dirección o un simple reagrupamiento de militantes revolucionarios en un sindicato con una tendencia de lucha de clases. Esta última exige una orientación y una plataforma de lucha de clases alternativa a la política de colaboración de clases de los reformistas, como también un grado relativamente elevado de organización y de dirección. No puede sino resúltar de un proceso de diferenciación interna - incluso en el interior de las direcciones sindicales- que permita reagrupar a sectores enteros de los sindicatos, y hacer aparecer en la lucha una dirección revolucionaria alternativa creíble a los ojos de afiliados. La maduración de este proceso depende de la interconexión de los siguientes factores: los progresos en la conciencia de la vanguardia obrera lograda en el curso de la intensificación de la lucha de clases, las relaciones de fuerzas entre esta vanguardia y burocráticos, la capacidad de los militantes obreros organizados en las filas de nuestras secciones para ganar cada vez más trabajadores avanzados a tal orientación.
Sin embargo, la aparición de las corrientes de oposición descritas más arriba es un eslabón importante en la formación de una tendencia de lucha de clases. En efecto, proponen reivindicaciones que forman parte del programa de lucha de clases, muestran la necesidad y la posibilidad de organizarse para formular propuestas alternativas a la política de colaboración de clases de las direcciones; revelan la importancia clave de la lucha por la democracia sindical en los procesos de transformación de los sindicatos en un instrumento de combate eficaz para todos los trabajadores; permiten a capas importantes de trabajadores avanzados elevar su nivel de conciencia y afirmarse como potenciales dirigentes revolucionarios de los sindicatos.
En la fase actual, nuestra intervención sindical debe prestar una atención particular a los diversos casos de reagrupamientos de oposición,. Teniendo en cuenta los ritmos posibles de su evolución luchamos por precisar y completar su base programática, por mostrar que la batalla contra el aparato burocrático pasa prioritariamente por la definición de una estrategia alternativa concreta de
120 lucha contra la política del capital y del gobierno, para evitar la inclinación a perpetuar actitudes de "oposición permanente" y para defender nuestro objetivo estratégico, que consiste en dar una dirección revolucionaria al movimiento sindical. De ello se desprende que estas corrientes deben organizarse en base a las estructuras sindicales y cuando las relaciones de fuerzas con la burocracia lo permitan, ganar posiciones dirigentes. La tendencia de lucha de clases que luchamos por construir comprenderá a los actuales dirigentes sindicales ganados a esta perspectiva, a partir de que las instancias en las que se encuentran, presenten sus posiciones al conjunto del sindicato.
Lucharán por conquistar la dirección de los sindicatos a todos los niveles a fin de exprear todo el potencial de la movilización y de la organización sindical en la lucha anticapitalista. Esta tendencia no es una estructura separada del sindicato que resultaría del reagrupamiento sobre una plataforma revolucionaria, lanzada por algunos militantes, de miembros que afirmaran su acuerdo político con ella. En nuestra intervención con miras a estimular estos procesos de diferenciación, para hacer progresar la formación de reagrupamientos que cuenten con elementos de un programa de lucha de clases, podemos hacer blogues progresistas. Igualmente, ante una confrontación en el aparato sindical entre un sector crítico y las direcciones, podemos aportarle un apoyo a aquél a partir de nuestra valoración sobre la importancia de este conflicto para la evolución del conjunto del sindicato, por una parte, y por la otra, sobre los puntos precisos sobre los cuales se entabla esa batalla. Lo esencial, en situaciones como éstas, consiste en negarnos a ocultar nuestra propaganda sobre las resuestas que se correspondan a las exigencias de la lucha anticapitalista y en el firme mantenimiento de la propia organización de nuestra fuerza en el sindicato.
Podemos también contribuir a acentuar estos procesos de diferenciación y de cuestionamiento de una orientación de colaboración de clases, impulsando iniciativas y reagrupamientos en torno a temas tales como la lucha por el derecho al aborto o contra la construcción o puesta en marcha de centrales nucleares.
Cualesquiera que sean las formas impuestas por la represión burocrática, la lucha por la aparición de una tendencia de lucha de clases incluye la explicación política de nuestra concepción de la democracia sindical: Corrientes sindicales basadas sobre plataformas sindicales diferentes y no en base a la referencia a un partido político; aplicación por los sindicatos de la democracia obrera en el movimiento de masas, aceptando las decisiones democráticas de los comités de lucha, de los comités de huelga o de fábrica y de las asambleas soberanas del personal. En estas estructuras democráticas los sindicatos deben desempeñar un papel motor.
El papel clave del trabajo sindical en la construcción de las secciones de la IV Internacional, implica que sea puesto bajo la responsabilidad directa de la dirección cotidiana de la organización. Esta estrecha relación entre la dirección política de una sección y la intervención sindical debe facilitar al conjunto de las militantes sindicales la tarea de desarrollar en su intervención el conjunto de la línea política de la organización. Esto no significa adoptar una posición ultimatista o sectaria, sino que, a partir de los problemas concretos planteados en la vida sindical, ser capaces de popularizar con respecto a los otros militantes sindicales, los análisis y orientaciones políticas de los trotskistas.
Además, a fin de evitar la adaptación a posiciones economicistas o a las ideologías pequeño-burguesas, es importante que sea difundida una educación política sistemática y que los militantes estén organizados en fracciones sindicales, lo que ayudará a acrecentar la eficacia de su intervención permitiéndoles actuar colectivamente.
La intervención en dirección a los PS y los PC 45. La orientación de las secciones europeas de la IV
Internacional en dirección a las masas influenciadas u organizadas por los partidos reformistas y, en consecuencia, a estos partidos mismos, tiende a presentar una estrategia alternativa a las de las direcciones reformistas.
De ninguna manera, esta orientación se opone a una intervención que tienda a desarrollar el movimiento de masas en terrenos donde los reformistas tienen menor presencia o son ignorados. Al contrario, el surgimiento de estos movimientos puede facilitar nuestra intervención en dirección a los partidos reformistas y acentuar sus tensiones y debates internos, con crecientes posibilidades de concretar el frente único. 45.1. En los países donde el partido socialdemócrata dispone de una influencia hegemónica o muy amplia en la clase obrera, es inevitable que un cambio en la actividad de los trabajadores y en el clima político se exprese en las filas mismas de este partido. Pueden surgir debates, conflictos internos, corrientes nacionales o locales más o menos estructuradas. Esto hace aún más importante una decidida orientación de frente único en base a propuestas concretas de unidad de acción planteadas en diversos terrenos.
de organización de los partidos socialdemócratas facilitan la realización de esta unidad en el terreno local o regional. Igualmente la naturaleza de las relaciones entre las organizaciones de la juventud socialdemócrata y los partidos favorecen la materialización de acciones comunes con éstas. Sobre estas bases puede resultar muy fructífero un debate de orientación con las oposiciones o corrientes críticas. En estos debates, debe ser puesto el acento sobre una crítica a la línea actual de las direcciones, ligándolas con un balance histórico de la socialdemocracia y de su función en salvaguardia de la sociedad capitalista. Se trata, pues, de luchar contra todas las ilusiones de reorientación o de degeneración de estos partidos.
Es esencial en los debates con las . "tendencias de izquierda" de la socialdemocracia, hacer valer el conjunto de nuestras respuestas estratégicas y nuestras críticas, con el fin de demostrar la necesidad imperativa de la construcción de un partido revolucionario. 45.2. La nueva etapa de la crisis del stalinismo abre posibilidades muy importantes para la intervención y el desarrollo de las secciones de la IV Internacional.
En los PC, los debates versan sobre: la historia de la Internacional comunista, su estalinización y la de los PC, la naturaleza del "socialismo real"' en la URSS y en las "democracias populares", , la política internacional de la burocracia del Kremlin. Tales debates van acompañados de interrogantes crecientes sobre la línea y la práctica actuales de las direcciones de los PC frente a la política de austeridad de los gobiernos. Ademas, las tentativas de las esferas dirigentes de los PC de darse una nueva legitimidad a los ojos de los militantes, en momentos en que se instalan relaciones conflictivas con la burocracia soviética, los obligan a revisar la historia oficial de sus partidos, del PCUS y de la III Internacional. Así, se ven forzados a reevaluar el papel de las diversas corrientes y tendencias en el PC de la URSS como a abordar el problema de rehabilitación de dirigentes del Partido Bolchevique liquidados por Stalin. De tal manera,
Use sumergen en nuevas contradicciones dificilmente disimulables a pesar de sus esfuerzos en encontrar formulaciones sibilinas.
La táctica de frente único debe ser un instrumento privilegiado de una ofensiva de las secciones en dirección a los PC. Debe permitir a las secciones ser reconocidas como una corriente del movimiento obrero y crear las condiciones propicias para un debate sobre la línea del PC, partiendo de la experiencia de la unidad de acción a diversos niveles.
Debemos entablar una prolongada batalla polémica orientada hacia los PC, sabiendo establecer constantemente la relación entre su política actual de colaboración de clases sus orígenes en la contrarrevolución thermidoriana y el ascenso del estalinismo.
Las secciones puede aprovechar las declaraciones autocríticas de las direcciones para sacar a luz las contradicciones de una gestión que consiste en enumerar una serie de "errores" sucesivos cuyo origen sería siempre accidental y que serían ajenos a una línea específica. Así, los PC, afirmando haber roto con el estalinismo, no efectúan ninguna crítica real de su propio "pasado" estalinista. El acento debe ser puesto en esta incoherencia a la que no pueden escapar.
Es desde el mismo ángulo que las secciones deben llevar una sotenida campaña por la rehabilitación de la "vieja guardia" bolchevique, y en primer lugar de Trotsky. Esta campaña debe ser la oportunidad para exigir a las direcciones de los PC que reclamen públicamente al gobierno soviético y al PCUS la rehabilitación de los dirigentes del partido bolchevique asesinados por Stalin; de subrayar que una verdadera rehabilitación requiere el reconocimiento explícito de la ruptura entre el partido de Lenin y Trotsky y el dirigido por la burocracia estalinista, es decir, la discontinuidad del leninismo y el estalinismo; exigirles poner a luz los métodos imperantes para la liquidación de los opositores en su propio partido; mostrar los lazos entre la eliminación de los dirigentes que defendían las ideas y llevaban un combate contra la usurpación burocrática de Stalin y la liquidación de los principios democráticos del centralismo revolucionario en el partido ruso y en la Ill Internacional.
Mientras se elevan voces en los PC reclamando más democracia y cuando en el seno mismo de los aparatos estos discursos son a veces retomados tácticamente, las secciones deberán llamar la atención contra todas las ilusiones que asimilen la "democratización" de los PC y una pretendida reorientación revolucionaria. Insistirán en las raíces de la política de colaboración de clases de las direcciones de los PC y en los vínculos existentes entre su desconfianza burocrática del movimiento de masas y el centralismo democrático que implica el derecho a tendencia y de fracción, clarificando la función de la centralización política a escala nacional a internacional y por una estrategia revolucionaria de la conquista del poder por el proletariado.
Las críticas hechas por las direcciones o los dirigentes de los PC eurocomunistas al régimen de la URSS y de, las "democracias populares" deben ser desarmadas por su incoherencia teórica. Pero se trata sobre todo de hacer una prueba práctica llevando una doble campaña. Primero, exigiendo que los PC pongan en claro su apoyo a las principales reivindicaciones aparecidas en los comienzos de las revoluciones políticas en la RDA en 1953, en Polonia y Hungría en 1956 o en Checoslovaquia en 1968, a saber, la separación del partido del Estado, el reconocimiento del derecho de huelga, la independencia de los sindicatos, la supresión de la censura, la supresión de la policía política, el derecho a la existencia de varios partidos, por la integridad de los derechos civiles y democráticos, el poder y la democracia de los consejos, etc, Segundo, interpelándolos sobre su respeto, en su propio pais, de la democracia obrera en los sindicatos y comités de huelga, sobre el mantenimiento de vetos hacia otras corrientes del movimiento obrero, etc.
Frente a las corrientes críticas que hacen su aparición
en los PC, las secciones debe entablar un debate sobre los problemas estratégicos fundamentales. Se orientarán a demostrar concretamente la oposición irreductible entre una estrategia revolucionaria y la orientación pasada y presente de estos partidos burocratizados. A partir de allí, plantearán la imposibilidad de reorientar estos partidos y la necesidad de la construcción de un partido y de una internacional revolucionarios, aptos para arrancar a los trabajadores de la influencia de las direcciones retormistas de los PC. En caso de represión burocrática contra las oposiciones o corrientes críticas, debemos aportarle apoyo contra estas medidas, sin hacerles concesión política alguna. 45.3. Una tal orientación hacia los trabajadores organizados o influenciados por los partidos reformistas mayoritarios debe ser concebida a largo plazo. El periodo permite a las secciones reforzar su intervención independiente, mejorar las relaciones de fuerzas con los partidos obreros tradicionales y acrecentar así el impacto de sus concepciones políticas entre sectores de estos partidos. Corresponde a las direcciones de las secciones otorgar la máxima importancia a la formación política del conjunto de los militantes, a fin de prepararlo para este trabajo sistemático, que exige también un material propaganda adecuado.
En algunas circunstancias, un trabajo de fracción puede ser promovido en estos partidos o en sus organizaciones de juventud. Tal trabajo requiere una gran estructuración y preparación política de los militantes.
Puede ser inciado a veces, con mayores posibilidades de éxito en las organizaciones de la juventud, y puede ser tomado a su cargo por las organizaciones de la juventud de las secciones. En Gran Bretaña, la naturaleza del partido laborista impone desarrollar un trabajo de fracción a largo plazo en combinación con un trabajo sindical, en los sectores clave de la industria y con un refuerzo de la aparición independiente de los trotskystas. Proletarización y construcción del partido 46. Las relaciones de fuerza entre las clases, asi como
Centre los aparatos burocráticos y los trabajadores avanzados, y la combinación entre experiencias de lucha y politización, otorgan posibilidades importantes a las secciones de la IV Internacional para cumplir decisivos progresos en su implantación en el seno de la clase obrera, ante todo en el proletariado industrial.
En muchos países, la mayoría de nuestros camaradas son miembros de los sindicatos, pero aún quedan por construirse sólidas fracciones sindicales en la industria. Las secciones deben centralizar y planificar sus esfuerzos para asegurar un progreso cualitativo de su implantación en sectores clave de la clase, comprometiendo en ello a militantes reclutados en el periodo anterior. En muchos paises, muchos de nuestros militantes no están aún enraizados en la clase obrera industrial. Deben ser persuadidos para que hagan este giro sin demora. Si las direcciones no organizan conscientemente esta etapa, estos camaradas naturalmente tendrán la tendencia a trabajar en sectores no industriales, frecuentemente a causa de su formación. Es necesario proporcionarles motivaciones políticas subrayando la contribución capital que pueden aportar hoy al reforzamiento cualitativo de nuestro trabajo en el seno del proletariado, perspectiva que los empujó a comprometerse en la construcción del partido revolucionario.
Orientarse hacia el crecimiento de nuestra implantación en la clase obrera industrial, es el resultado de nuestra perspectiva política para acrecentar la eficacia de una táctica de frente único como para realizar una intervención eficaz en dirección a los partidos reformistas, por ejemplo.
Si nosotros no nos dedicamos a esta tarea corremos el riesgo de ver nuestra actividad reducirse a la de comentaristas, al margen de los grandes combates de clase que tendrán lugar.
La construcción de fuertes fracciones en los sindicatos industriales ayudará a nuestro trabajo en todos los terrenos, incluido en los sindicatos de empleados de banca, de enseñantes y otros sindicatos de empleados, de los trabajadores hospitalarios, etc. Como lo afirma el proyecto de tesis titulado "La situación política mundial de la IV Internacional", construir tales fracciones puede "
... incrementar de manera sensible el éxito de las campañas políticas del partido - como Trotsky lo señalara en sus discusiones en torno al programa de transición -, demostrando a los trabajadores cómo hay que pensar de manera social y actuar de manera política. Ello estimulará los esfuerzos para construir las alas de izquierda de lucha de clases. Acentuará los progresos del trabajo similar entre los aliados del proletariado, ayudará a desarrollar los vínculos con las luchas de las capas superexplotadas, mujeres, jóvenes, nacionalidades oprimidas, trabajadores emigrados. Agudizará la sensibilidad de la organización hacia el estado de ánimo de los trabajadores y estabilizar a las secciones y su trabajo"
Esta proletarización no puede efectuarse al mismo ritmo y con idénticos medios en todas las secciones. Su aplicación dependerá de la situación social y política y del nivel de acumulación de nuestras fuerzas. De todas manera, significa que desde ya debe existir una preparación organizativa y política consciente para operar esta transformación. Un esfuerzo centralizado y decidido será necesario para reorientar nuestros recursos y nuestros miembros en esta perspectiva, privilegiando el trabajo sindical en el funcionamiento de las direcciones centrales, ayudando a los camaradas a encontrar empleo y a reclutar en los sectores clave, estableciendo un sistema educativo de material interno y de propaganda que permitan asegurar la homogeneización política de nuestros camaradas obreros, haciendo de ellos cuadros políticos de la clase obrera, asegurando un funcionamiento que permita a los trabajadores y trabajadoras participar plenamente en la actividad normal de la organización.
El fin consiste en construir partidos de cuadros obreros bolcheviques, portavoces de todos los oprimidos, cada vez más reconocidos como dirigentes naturales de su clase y de sus aliados, por los compañeros de trabajo y de barrio, como capaces de presentar soluciones de conjunto a todos los aspectos de la crisis económica, social y política capaces de unificar al proletariado y ganar a su lado a sus aliados potenciales; capaces de dirigir las masas hacia la toma del poder.
Simultáneamente a estos esfuerzos sistemáticos de implantación en la clase obrera, debe desarrollarse la intervención de masas en la juventud, donde las posibilidades de reclutamiento son importantes. Por ello, hay que prestar gran atención a la ayuda por parte de las secciones a las organizaciones existentes de la juventud o estudiar la posibilidad de creación de tales organizaciones. Asimismo, el trabajo en el medio universitario, en las organizaciones estudiantiles, debe continuar teniendo una dimensión importante para la construcción de las secciones. 48. El programa es la base de la acción del partido.
Asegura la cohesión de sus filas, una orientación estratégica común sobre la cual se puede organizar la vanguardia. Es en este sentido que las secciones de la IV Internacional representan el embrión del partido revolucionario a construir. El programa de la IV Internacional constituye la síntesis de las experiencias de la clase obrera
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a escala internacional. La capacidad de las secciones de la Internacional y del partido mundial de enriquecer esta síntesis a la luz del desarrollo de la lucha de clases, es la prueba, a su vez, de sus estrechos vínculos con las grandes movilizaciones del proletariado y de las capas oprimidas, como de la validez del método del programa de transición.
Sobre la base de este programa se trata de construir una dirección capaz de ponerlo en práctica, de aprehender todas las oportunidades, de dar pasos adelante en la construcción del partido, comprender rápidamente los cambios de situación política, de hacer progresar la elaboración política y teórica. De lo que se desprende que la construcción de una dirección no puede ser sino el producto de un proyecto consciente a largo plazo.
La formación de tal dirección implica que su unidad se hace sobre la base del programa y del desarrollo de una comprensión común de las tareas estratégicas de construcción del Partido y no sobre un coyuntural. Debe ser una dirección colectiva cuya función es la de ampliar el número de cuadros responsables capaces de dirigir la actividad de la organización en su conjunto. De ahí que uno de los aspectos del trabajo de una dirección consiste en otorgar una atención permanente a la formación de un conjunto siempre más amplio de cuadros, a la integración regular de militantes a tareas de responsabilidad nacional e internacional, centrando sus esfuerzos prioritariamente en la formación de cuadros femeninos y obreros. Para ello, es imperativo que las direcciones desarrollen un método, basado en criterios objetivos, de trabajo en común.
El establecimiento de una dirección que se forme y funcione según estos criterios es la condición sine qua non para que el partido dirija la actividad de todos sus sectores de intervención, que asegure la centralización política permitiendo al mismo tiempo acrecentar su eficacia en la acción y elaborar su línea gracias a una discusión democrática en su interior. Solamente así podrá ser combatido el sectorialismo que amenaza con hacer perder a un sector de la organización, la perspectiva política revolucionaria de conjunto y conducir al desarrollo de posiciones que entran en contradicción con el programa y la línea general de la organización.
La construcción consciente de las direcciones es, en el fondo, un aspecto del proceso de proletarización, que exige una concentración de energías y una centralización politica creciente.
El reforzamiento del aparato de las organizaciones, bajo la responsabilidad directa de la dirección política, debe contribuir a acrecentar la ayuda dada a la intervención diaria en los sindicatos, en las empresas y en la aparición política central.
Las secciones deben lanzar campañas políticas de verdaderos planes de reclutamiento; este reclutamiento será facilitado por la cohesión organizativa y la homogeneidad política de las secciones que deben permitirle volcarse resueltamente hacia el exterior.
La construcción del partido revolucionario no puede ser el producto de un crecimiento lineal de sus fuerzas. Necesariamente pasará por reagrupamientos y fusiones. Esto refleja los procesos de diferenciación de los niveles de conciencia de las masas y la recomposición de las fuerzas del movimiento obrero que de ellos se deduce.
Pero todo proceso de fusión en la perspectiva de un reforzamiento cualitativo del partido sobre la base del programa de la IV Internacional, necesita por una parte, la proyección resuelta de la línea política de la sección y por otra, una batalla política que en nada es contradictoria con la búsqueda de la unidad de acción y con la flexibilidad en la preparación de posibles fusiones.
En esta etapa, las unificaciones pueden facilitar nuestra intervención en dirección a los partidos obreros, constituyendo un polo de atracción para los militantes obreros, incluso en el seno de los partidos de masas.
49.1. En diversos países, la crisis de las organizaciones centristas y su evolución política pueden dar actualidad a las ofensivas de reagrupamiento orientadas hacia
Hay que evitar en este caso un enfoque abstracto solamente basado en las declaraciones y documentos circunstanciales de estas organizaciones centristas. Ante todo, hay que tomar la de su desarrollo, la dirección de su movimiento y leer sus posiciones bajo este enfoque. Además hay que saber apreciar concretamente cuestiones de fuerzas, la homogeneidad política y organizativa de estos grupos y también la cohesión y la preparación política de la sección. De esto depende no el enfoque político general sino las modalidades específicas y los ritmos de una ofensiva de reagrupamiento o de fusión.
El éxito de estas operaciones está condicionado por la claridad de sus intenciones establecidas desde el comienzo por la sección. No se trata de negociar aspectos esenciales de su programa, sino de determinar las vías de una acción y de debates comunes que aceleren la evolución en curso en estas organizaciones centristas y, después de un cierto tiempo, coloquen la discusión programática sobre otras bases. No hay pues recetas hechas para las fusiones y reagrupamientos. Para evitar el sectarismo hay que partir precisamente de una conjunción entre la afirmación clara de nuestro programa, la valoración de las tendencias del desarrollo político de estas organizaciones, y la capacidad de proponer, sobre esta base, las iniciativas comunes adecuadas. 49.2. EI SWP británico, a pesar de sus alianzas con los centristas ultraizquierdistas en Portugal y en Italia, no se ha comprometido en una vía idéntica. Durante el último decenio, evolucionó hacia posiciones revolucionarias en la lucha de clases. Se reivindica de los cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista, pero tiene desacuerdos importantes con el Programa de Transición. Una organización unificada, formada por la sección británica de la IV Internacional y el SWP, daría nacimiento a un importante polo de atracción para los militantes en Gran Bretaña. Nosotros somos por consiguiente favorables a comprometer una batalla política para ganar al SWP a la IV Internacional.
La situación mundial y más específicamente, la crisis conjunta del imperialismo y el estalinismo, abren objetivamente nuevas perspectivas que permiten proseguir la política sancionada por el Congreso de reunificación de 1963, unificando al movimiento trotskista mundial en la IV Internacional, es decir las organizaciones que se reclaman del trotskismo, en particular el Comité de Organización por la Reconstrucción de la IV Internacional (CORCI) y la corriente animada por LO.
Durante todo un periodo, el CORCI se aproximó a la IV Internacional y aceptó discutir con ella sobre la base de los proyectos de resolución para el XI Congreso Mundial, en la perspectiva de una fusión. La víspera del Congreso Mundial, sin embargo, el CORCI hizo bloque con una corriente que trataba de escisionar la IV Internacional. Se lanzó entonces a una campaña contra la IV Internacional, acusándola de "liquidacionismo" y de otros crímenes Evidentemente, una modificación del curso actual del CORCI se impone, antes que una discusión fructífera pueda reanudarse y que puedan ser planteados progresos hacia una fusion.
Dando prioridad a una maniobra sectaria y una política de corto alcance, el CORCI optó por ventajas frágiles y limitadas, dando la espalda a la necesidad objetiva de la unificación de las fuerzas del trotskismo.
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nacional como partido mundial de la revolución socialista y en un cierto número de países conduciría a un reforzamiento notable de las secciones. Una tal fusión podría, en efecto, comenzar a modificar las relaciones de fuerzas entre los marxistas revolucionarios y las direcciones reformistas y acentuar los procesos de diferenciación en curso en las organizaciones reformistas o centristas. Estos procesos no podrán encontrar una salida en el plano organizativo y político mas que en la medida en que exista una organización cuantitativamente más fuerte que las organizaciones trotskistas mejor implantadas en el proletariado, capaz de reagrupar no solamente individuos, sino corrientes numéricamente importantes.
Bélgica
CSC:
CGTB:
RW:
Reunión Valona.
VU:
Unión del Pueblo.
Córcega
UPC:
Unión del Pueblo Corso.
Francia
CFDT:
Trabajo.
CGT:
OCT:
PSU:
Partido Socialista Unificado.
RPR:
Reunión por la República.
UDF:
Italia
CGIL:
(relaciones con el PCI).
CISL:
(católica).
UIL:
Democrático Italiano).
FLM:
(Sindicato Unitario).
Una fusión con estas fuerzas podría reforzar la IV Interactuales y cualitativamente
La fusión en el seno de la IV Internacional de las organi-
Léxico de las siglas empleadas
Confederación de Sindicatos Cristianos.
Federación General del Trabajo de Bélgica.
Confederación Francesa Democrática del
Confederación General del Trabajo.
Organización Comunista de Trabajadores.
Unión por la Democracia Francesa.
Confederación General Italiana del Trabajo
Confederación Italiana Sindical del Trabajo
Unión Italiana del Trabajo (relaciones con el
Partido Socialista Italiano y el Partido Social
Federación de Trabajadores de la Metalurgia como internacional.
sobre las estratégicas tareas
Internacional, de clases a escala mundial.
Portugal
CDS:
Centro Democrático y Social.
CGTP:
Portugueses.
MFA:
PCP (m-l):
nista).
PSD:
Partido Social Demócrata.
UGTP:
ses.
España
CC.О0.:
Comisiones Obreras.
CDC:
MC:
Movimiento Comunista.
ORT:
res.
Partido Demócrata Cristiano.
PDC:
PNV:
Partido Nacionalista Vasco.
PSOE:
PT:
Partido del Trabajo.
UCD:
UGT:
República Federal de Alemania
CDU:
Unión Democrática Cristiana.
Unión Socialcristiana.
CSU:
DGB:
SPD:
zaciones que se reclaman del trotskismo sólo podrá ser el resultado de una batalla política que permita a la vez clarificar los acuerdos y desacuerdos posibles en el terreno programático, las convergencias políticas, sus relaciones con la intervención en la lucha de clases y, en fin, la concepción de la organización revolucionaria a construir, según el centralismo democrático tanto a escala nacional
Por consiguiente se trata de proceder según el método empleado en la unificación de 1963: a partir de un acuerdo centrales, verificar el contenido real de un acuerdo sobre el programa de la IV es decir la comprensión común de los acontecimientos y de las tareas que se deducen de la experiencia y de los grandes acontecimientos de la lucha
Confederación General de los Trabajadores
Movimiento de las Fuerzas Armadas.
Partido Comunista Portugués (Marxista Leni-
Unión General de los Trabajadores Portugue-
Convergencia Democrática de Catalunya.
Organización Revolucionaria de Trabajado-
Partido Socialista Obrero Español.
Unión de Centro Democrático.
Unión General de Trabajadores.
Federación Alemana de Sindicatos.
Partido Socialdemócrata de Alemania.