Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

China

¿Quién gobierna?

· Inprecor n.º 88-89, octubre de 1991 · pp. 33-36 · 2.234 palabras

El segundo aniversario de la masacre de Tiananmen se ha desarrollado sin demasiadas dificultades para el régimen. La situación parece bajo control. Sólo aquí o allá, en los campus universitario, hubo manifestaciones de estudiantes rechazando el olvido y al poder represivo.

La atmósfera en Pekín es menos pesada que el año pasado, la presencia militar menos agobiante. La oposición organizada, esencialmente en el exilio en Francia y en los Estados

Unidos, busca aun su cohesión y puntos de apoyo en China. Sin embargo, todo indica que los vencedores del enfrentamiento de la primavera de 1989 no están de fiesta, incluso que están a

China

¿Quién gobierna?

la defensiva (1). Los problemas que acosaban al pais siguen ahí. Las mismas fuerzas están presentes, continúan su sorda lucha, reformadores contra conservadores. La victoria de los conservadores no fue tal. La derrota de los reformadores no era definitiva; vuelven a ganar terreno, a hacer oir su voz. Por lo esencial, no obstante, la situación política sigue bloqueada por la presencia de ancianos que permanecen entre bambalinas, conservando gran influencia en el poder. Durante ese tiempo, el mundo social y la vida económica continúan su camino sin pena ni gloria, como si nada o casi nada hubiera sucedido una primavera de 1989. El poder fuerte y militarizado surgido de la represión, parece sigularmente desprotegido frente a la China que avanza y que comienza a imponerse.

De hecho, desde el otoño de 1990, se han multiplicado los datos que revelan hasta qué punto el equipo del primer ministro Li Peng está más bien a la defensiva. No consigue adquirir un gramo de legitimidad. Ha intentado, varias veces, que las instancias dirigentes del Partido Comunista Chino (PCC) asuman una condena a la política de reformas y a los reformadores, acusados de ser responsables del desbordamiento popular. Nada que hacer: Li Peng no logra obtener el apoyo de Deng Xiaoping, que es consciente del aislamiento de una camarilla completamente identificada con las masacres de junio de 1989. El balance de los conservadores Son más bien los reformistas quienes están a la ofensiva. Sacan partido de la falta de consenso entre los viejos dirigentes; esos octogenarios que no saben ya muy bien cómo responder a los acuciantes problemas del país. Deng

Xiao-ping, el primus inter pares, defiende las reformas de las que es el principal arquitecto. Con ese apoyo, la corriente reformadora multiplica sus iniciativas y consigue frenar las ofensivas más abiertas de sus adversarios.

Pero cuentan menos las batallas en la cumbre que el peso de la realidad del país; la irresistible presión de las fuerzas sociales y las exigencias económicas. El mundo social y económico que avanza no tiene nada que ver con

Roland Lew el aparato osificado que domina al partido. El más fuerte no es necesariamente quien está en el primer plano.

El ascenso del poder de los conservadores se alimentaba de las crecientes dificultades que encontró la reforma. La política de austeridad que impusieron en 1988, primero hizo de ellos los dueños del poder económico; más tarde los acontecimientos de la primavera de 1989 les dieron la oportunidad de eliminar al secretario general retor-

Página 34

mador, Zao Ziyang, y ocupar el terreno político. Ahora, las dificultades económicas y el descontento social resultante de su programa de austeridad les obligan a soltar lastre. Marasmo económico Si la política de austeridad redujo mucho la inflación en 1990, su amenaza sigue siendo actual (6% en el primer trimestre de 1991, en las grandes ciudades). El paro urbano, que disminuyó de forma sensible en los años 80, vuelve a ser amenazador. Estimado en un 2% durante el período 1983-1988, alcanzó oficialmente el 3,5% en 1989 y es en realidad mucho mayor; lo que aumenta el riesgo de relanzamiento de la agitación urbana, tan temida por el régimen. Tras la explosión popular de 1989, el poder compro la paz social aumentando considerablemente las rentas urbalas, sin preocuparse mucho de la pro ductividad del trabajo: 9,5% de aumen to real para los tres primeros trimestres de 1990. A la inversa, la gente del campo ha sufrido una pérdida del poder de compra de un 3,3% en 1989 y de un 4,4% en 1990.

Las industrias del Estado siguieron estancadas en 1990; lo esencial del

1989 sólo es un paréntesis, o el espasmo de un régimen arrastrado a una lenta agonía. Una mutación subterránea, a veces visible, transforma un aparato burocrático en plena delicuescencia, pero también en plena reconversión. Para salir del aislamiento que siguió a la represión -para atraer capitales extranjeros- hay que tener algunos gestos. Los veredictos relativamente clementes en los recientes procesos a conocidos contestatarios de la primavera de 1989(2) es sin duda uno de esos gestos (para los opositores de base, la situación es bastante menos favorable). La designación para puestos relevantes de personas reputadas si no por su reformismo al menos por su pragmatismo, revela esa necesidad de tranquilizar al mundo exterior. Uno de ellos, Tian Jiyun, cercano al secretario general destituido, vuelve al primer plano para dirigir el sector de la agricultura. Una de sus primeras medidas fue anular la conferencia agrícola que debía discutir las medidas para relanzar una cierta colectivización de la vida ruUna democracia fragmentada. El capitalismo sigue sin ser algo deseado en la China de 1991, pero no deja de progresar en sus formas legales y menos legales; ni de minar una lógica estatalista más asfixiada aún por ser defendida por unos jefes odiados. Incluso la ciudad de Shangai, al margen de los cambios durante mucho tiempo y bastión de las grandes industrias del Estado, sueña con convertirse en el

Página 35

centro financiero y comercial internacional que en otro tiempo fue. La presión de los hechos económicos y de las tendencias de fondo se hace cada vez más irresistible. Frente a ella el vacío ideológico y de convicciones de los cuadros del PCC es total. Hay ciertamente un problema a todos los niveles de supervivencia del régimen, y sobre todo de los depositarios del poder. Pero no se habla del socialismo bajo la forma que sea, al margen de una desgastada fraseología, simple ritual que ni siquiera pretende ser tomado en serio. La continuidad de China; la estabilidad social y la unidad del país; el tipo de gestión estatal; las distintas variantes de nacionalismo; el grado de apertura al mundo exterior; el modelo a copiar del extranjero... todo eso constituye el verdadero debate, cuyas importantes riencias más o menos sibilinas.

Sectores enteros del aparato del PCC se preparan o están ya en una lógica de reconversión social. Sin duda hay diferencias en los procesos de reconversión que se están dando actualmente. El parasitismo burocrático, tan extendido, tiene otras implicaciones para el futuro del país que las formas privadas de capitalismo más o menos confesado que ciertos sectores del partido practican o apoyan. Conflictos de intereses, importantes tensiones y diferenciaciones sociales atraviesan un aparato que ya no es homogéneo.

Buena parte de esa recomposición de la élite se juega en las provincias Por otra parte, en sus relaciones con los numerosos poderes regionales es donde las autoridades centrales encuentran más dificultades, incluso una invencible resistencia. La primera tarea de la política de recentralización, de volver a agarrar las riendas tras 1989, intentaba sin embargo disciplinar a las provincias; limitar la importante autonomía económica que algunas de ellas han conquistado, sobre todo las zonas costeras, desde hace una decena de años. Asunto perdido para el equipo de Li Peng. La batalla se concentró sobre el muy delicado tema del reparto de las rentas fiscales entre el centro y las provincias. Actualmente coexisten las tuaciones más opuestas, producto del regateo negociador cuando no directamente de la relación de fuerzas. Las autoridades provinciales protegen celosamente, y con éxito, el poder y las rentas que ellas mismas se concedie¿Quién gobierna el país? La actual situacion de bloqueo era particularmente chocante en el pleno del comité central de diciembre de 1990, que debía discutir sobre las futuras opciones del octavo plan quinquenal (1991-1995) y del plan decenal. Las fórmulas utilizadas en los textos preparatorios eran tan generales que podían ser interpretadas como un manifiesto por la reforma o, al contrario, como un programa a favor del refuerzo del poder central y de la economía planificada.

La sesión de la Asamblea nacional popular (el "parlamento" chino) de marzo de 1991, encargada en principo de fijar las opciones de los dos planes, se caractrizó por la misma falta de definición, la misma incapacidad de tomar

Esta confesión de debilidad favorece la reaparición de los

Recientemente han vuelto a ocupar puestos oficiales algunas personalidades reformistas marginadas en 1989, como Hu Qili, antiguo responsable de ideología; lo que permite prever un cierto desbloqueo a su favor del proceso político. Volvemos a encontrarnos así en una situación familiar en los años finales de Mao: quienes obstentan el primer plano del poder son débiles, están minados por múltiples ofensivas de la sociedad a todos los niveles y sobre todo por numerosos poderes locales. En primer lugar están condenados por su carencia de legimidad popular. Tampoco la situación aconómica es mucho más animada que entonces.

El discurso de Li Peng a esa sesión de la Asamblea Nacional Popular presenta un balance económico poco triunfalista. El déficit del presupuesto alcan-

URSS GANISTAN Urumqi

Kashgar KISTAN с H

NEPAL DIA BANGLADESH

BIRMANIA VIETNAM Совало Indico TAILANDIA LAOS za la cifra record de 15 mil millones de yuans para 1990; en realidad estará cerca de los 50 mil millones de yuans. Una tercera parte de las rentas del gobierno se dedican a absorber las pérdidas de las empresas del Estado, esas mismas empresas que se dice "deben convertirse en el escaparate de un socialismo revitalizado". No tiene pues nada de extraño que los conservadores estén en plena descomposición. Un extraño poder fuerte Un claro signo de la debilidad de este extraño poder fuerte es el reciente empréstito lanzado por el gobierno. Dos años antes este empréstito forzado se sacó a los trabajadores, bajo la forma de un descuento directo de los salarios, lo que equivalía a una disminución de las rentas. Este proceder autoritario es hoy inconcebible. Hay que seducir al potencial prestamista, darle un interés atractivo (10%). La operación se hace, como en Occidente, por medio de un sindicato de bancos encargado de gestionar y colocar el empréstito, y no por el gobierno cuya imagen sigue siendo desesperantemente negativa. pueden imponer lo que quieren y en las condiciones del poder. El éxito del empréstito y la eficacia de los bancos empujan hacia la profundización de la refundición del sistema bancario, y por consiguiente a la reforma general. MONGOLIA

/Pekín} COREA DEL SUR TAIWAN

Página 36

En suma: hay agitación y maniobras en la cúspide, pero se sabe que nada decisivo pasará mientras se mantenga la media docena de octogenarios que en realidad tienen el poder. En gran medida, la fuerza de este régimen sin mu-

Yes la debilidad de su oposición. Relativamente silenciosa en China, en su mayoría está en el extranjero, donde por el momento se pierde en rivalidades en las pequeñas asociaciones de oposición o en oscuros arreglos de cuentas, cuando no trata sencillamente de aprovecharse de su notoriedad para adquirir algunas vantajas ma-

Situación típica del exilio, contribuye a reducir la credibilidad de la única contestación que puede expresarse abiertamente. En el interior la atmenos de contestación masiva que de repliegue sobre sobre los pequeños asuntos. O sobre la protección de intereses y conquistas, como antes de 1989; cosa que el mundo obrero sigue haciendo de forma notaconrolate, como se gua (o mile.

nes de residentes ilegales en las ciudades o la importante mobilidad rural, que contrastan con el sistema de fijación de la población al uso en la época maoísta. El mundo social se mueve y se frag menta, lo que hace mucho más difícil la tara a go que se a echo sacila.

mente imposible. La angustia del cambio La China de hoy ha cambiado profundamente con relación al muy rígido período maoísta. Su fragmentación no hace menos difícil la elaboración de un proyecto de oposición capaz de reagrupar fuerzas importantes. Desde este punto de vista el futuro es bastante in-

No sólo el régimen actual teme la desestabilización social, este es un temor compartido por muchos opositores. Así no estraña nada que auténticas as piraciones democráticas (no sólo discursos de fachada) sean tan difíciles de encontrar entre los sectores oficiales como en los de oposición. Cuarenta años después del inicio del poder "comunista", cuando se siente próximo su fin, sólo están en sus comienzos la maduración social, la organización consciente de las clases y sobre todo del mundo obrero; haciendo que sea poco probable la rápida emergencia de una oposición coherente y con fuertes raíces sociales

Es la consecuencia de complejos factores de un movimiento de conjunto más bien caótico de la sociedad china del siglo XX, o más exactamente, de los retrasos en la constitución del campo social moderno; retrasos acentuados por la política del poder "comunista", que ciertamente dedicó considerables esfuerzos al desarrollo del país, a la vez que negaba y rompía (o más bien frenaba) la evolución y la estruturación de las clases modernas. Frente a esta carencia, la futura crisis china corre el riesgo de quedar marcada, una vez más, por el sello del autoritarismo, de la negación de la autonomía de acción de las clases: y esto sea quien sea el vencedor de un enfrentamiento más o menos importante.

12 junio 1991