Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Israel: ¿La tierra prometida?

· Inprecor n.º 88-89, octubre de 1991 · pp. 28-32 · 3.216 palabras

Israel

¿La tierra prometida?

Centro de Información Alternativa de Jerusalén

Los días de euforia, en que la inmigración masiva proveniente de la Unión Soviética se describía como un regalo de Dios y como el mayor milagro desde la tundacion de Israel, han pasado ya. Es cada vez mas evidente que se trata de un regalo envenenado y que el "milagro" amenaza con transformar a Israel en un infierno de pobreza y tensiones sociales.

Desde hace meses la prensa israelí multiplica las notas sobre recién llegados que vagan por las calles sin trabajo ni

Notas vivienda. De los dos millones de inmigrantes de la URSS que

1.- La línea verde era la frontera oriental de se esperaban hace tres años han llegado 250.000, que no

Estado de Israel antes de la guerra de 1967 la ocupación de Jerusalén-Este y la Cisjordatienen oportunidad de encontrar empleo ni una vivienda decente. La derecha israelí apoya esa inmigración masiva,

.- "Subida" de los judios a Palestina -tra ucción literal del árabe-. Cuando se fundó con el objetivo de aumentar la presencia judía convirtiendo en

Estado de Israel, en 1948, contaba con un hecho consumado la ocupación de los territorios pales-

650.000 ciudadanos judíos, o sea un tercio de los habitantes de Palestina. Este numero se tinos. "News from Within"

, la revista del centro de Intormamultiplicó por cinco en los 25 años siguientes, or medio de numerosas y masivas "aliyot cion Alternativa de Jerusalén, ha estudiado de cerca la difícil

La población actual del Estado de Israel, in cluidas las poblaciones árabes, es de 4'5 misituación de los recién llegados.

llones de habitantes.

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Nachla'ot es un viejo barrio de Jerusalén donde se instalaron judíos de origen kurdo y yemení en los años 20; tras la guerra de 1967, la mayoría de sus hijos prefirieron irse a las viviendas modernas más allá de la "línea verde"(1). Los apartamentos vacíos fueron alquilados entonces por estudiantes, a quienes gustaba el estilo anticuado del barrio y no preocupaba el hecho de que los servicios esten por lo general en el patio, que los techos sean endebles y que las cocinas se encuentren en un pequeño cobertizo exterior. Este año, los estudiantes no disponen ya de apartamentos en Nachla'ot: han sido ocupados en su totalidad por inmigrantes proceden-

La inmensa demanda ha traido a buen seguro un alza notable en los alquileres, mientras que la ayuda para vivienda recibida por las familias soviéticas durante su primer año en el país no es suficiente para cubrir el pago. Así, muchas familias comparten a menudo el mismo apartamento, y no es extraño encontrar a siete personas viviendo en dos pequeñas habitaciones. De Kiev a Nachla'ot Grisha y Tania, una pareja de Kiev, y Anatoly e Ida, de Leningrado, viven en un apartamento compuesto de dos viejas habitaciones de estudiante. La primera pareja terminó los cursos intensivos de hebreo y la segunda terminará dentro de dos meses. Grisha y Tania tienen dos hijos que viven con los padres de esta última, llegados a Israel hace diez años: "Como era imposible tener a los niños con nosotros los enviamos a Ashdod, con mis padres. Vienen a vernos una vez cada quince días" ¿Cómo hacen para vivir en esas condiciones?: "Nuestra situación es relativamente buena", dice Grisha. Haïfa tengo amigos que viven en una terraza, ocupando cinco de ellos una superficie de 30 metros cuadrados, y les cuesta 800 shekel al mes. He oído hablar de rusos, en Beer Sheba, que no tienen ningún alojamiento y duermen

La palabra mágica utilizada por las

"integración directa". Gracias a la actual ola de liberalismo, los nuevos inmigrantes -al contrario de lo que ocurría con los procedentes de la "aliya" (2)- no pasan por los "centros de integración"; no reciben ni apartamento ni subvenciones de la Agencia Judía. Después de un rápido trámite de registro en el aeropuerto de Lydda, pensado especialmente para varificar si son realmente judíos, los inmigrantes reciben una pequeña suma de dinero y se les pone en un taxi: momento en el que deben decidir por sí mismos su destino. Si no tienen familia ni amigos, pasan la primera noche en un hotel. Nadie les ayuda a buscar un apartamento y es fácil imaginar que son presas fáciles para los propietarios sin escrúpulos y las agencias inmobiliarias. "Nos han enseñado apartamentos condiciones mucho peores que éste, pidiéndonos 500 dólares mensuales, o incluso más. La situación es tan difícil que siempre encuentran a alguien que acepta, no importa el precio, porque lo principal es tener un techo. En la URSS ya era habitual que varias familias compartieran el mismo apartamento", expli-

Su hebreo es muy bueno para alguien que ha llegado hace tan sólo tres meses a Israel: "Decidimos que era fundamental que yo pudiera encontrar empleo, y dediqué mucho tiempo a estudiar el idioma, porque si no lo hablas no tienes ninguna oportunidad. Al contrario que otros, yo no trabajo durante el curso de idioma, pero Ida no estudia casi, porque decidió trabajar como vendedora en un almacén de calzado. De esta manera llegamos a fin de mes, porque si fuera por el dine ro que da la Agencia Judía sería imposible, ni siquiera para quienes no tienen Los rigores de la integración En Leningrado, Anatoly era ingeniero informático e Ida profesora de danza; Grisha era técnico aeronáutico y su mujer enfermera de cirugía. Terminaron los cursos de hebrero, pero Grisha siempre se ha expresado muy mal en esa lengua. No es sorprendente: transporta cajas en un supermercado durante ocho horas diarias, por menos de 1.000 shekels al mes. Sin embargo, no se queja: "Al menos, tuve la oportunidad de conseguir empleo. Muchos de mis amigos del curso de hebrero no encuentran nada. Los que aceptaron trabajar en la construcción para sustituir a los árabes no son eficientes y les despiden". El hecho de que ser empleados en detrimento de trabajadores árabes no preocupa a los nuevos inmigrantes venidos de la URSS. La mayoría no tienen opiniones políticas muy reaccionarias, pero desprecian a los arabes y se han instalado ya en el racismo que prevalece en Israel. Según Anatoly, "los Estados árabes sólo se preocupan de los árabes. El Estado de Israel debe velar por los judíos"

Pero, ¿podrá el Estado de Israel ocuparse de las centenas de miles de nuevos inmigrantes cuando su economía se encuentra en plena recesión? El alcalde de Kiryat Shmonah, Prosper Azran, es escéptico. Consiguió integrar a 1.800 inmigrantes soviéticos, que suponen un 10% de la población de la ciudad. Según sus propias estimaciones, el 80% de los inmigrantes soviéticos han pasado a engrosar las filas del paro y, en el norte, la tasa de paro es ya la mas elevada del país. "No dispongo de empleos ni de viviendas que ofrecerles, y no quiero ver a los inmigrantes vagar por las calles, como pasa en Carmiel y en el Alto Nazareth. A partir de ahora haré lo que pueda por detener el flujo de inmigrantes hacia Kiryat Shmonah.

Los problemas no afectan sólo a esta ciudad. Todos los días se oye hablar de inmigrantes que duermen en los parques públicos o mendigan en las esquinas de las calles, así como de mujeres que se prostituyen. Recientemente se descubrió que la tasa de suicidios entre los nuevos inmigrantes es muy elevada; la Agencia Judía ha llegado a crear una comisión de investigación específica, para comprobar si estos suicidios tienen relación con las dificultades de la "aliya" o si se trata de personas que ya antes eran inestables.

La simple mención de este problema encoleriza a Tania: "Cuando mostraron en la tele a la mujer que se había convertido en 'call girl', y todo el mundo pudo ver que hacía esto porque no tenia otra elección, Michael Kleiner, el presidente del comité de la "aliya" en la Knesset, respondió: 'quizas se prosti tuía ya en la Unión Soviética'. Cuando la gente se suicida porque está desesperada, se nos dice: 'puede que ya estuvieran locos antes'. Las autoridades israelíes son unos cínicos". Ida es más comprensiva hacia las instituciones de la inmigración: "No es culpa suya. Digan lo que digan, no pensaban que la

La tomar estas proporciones, y no han previsto nada para integrar a un millón de inmigrantes o más". La ley del mercado La inevitable conclusión a la que poco a poco van llegando los medios de comunicación es que no existe programa gubernamental alguno para la integración de la ola de inmigración masiva, y el término "autoabsorción" (sic) ilustra bien cómo el gobierno se desembaraza de sus responsabilidades. No sólo no han declarado el estado de emergencia -como fue el caso en los primeros años de Israel-, sino que no se hizo nada para animar a la población a participar en lo que los dirigentes del gobierno llamaron: "la más noble tarea nacional desde el establecimiento del Estado", ni siquiera se tomaron medidas tan elementales como la congelación de los alquileres o la instalación de campos para inmigrantes. Les dan algunos miles de dólares al año, les abren las puertas del curso de hebreo y a continuación les abandonan a

Así pues, no es extraño que un ardiente defensor del liberalismo, como Ran Kislev, se volviera de repente un nostálgico de los métodos de centralización, intervención y control del Esta-

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do de Ben Gurion. En un artículo titulado "La nostalgia del Mapal" (3), escribe: "En la base del actual fracaso está el concepto general de integración, en el sentido de que el gobierno no haga prácticamente nada para integrar a los nmigrantes, o, en todo caso, nada directamente; como si la integración se hiciera por sí misma o, más exactamente, gracias a las virtudes del mercado. Por el contrario, el gobierno debería, de una u otra forma, acelerar el proceso de construcción y crecimiento económico, a fin de permitir al mercado soportar esta carga suplementaria

_as instituciones responsables de la integración de los inmigrantes llaman a esto integración directa. De hecho, pueden así contentarse con dar dinero a os inmigrantes y procurarles cursos de aprendizaje del hebrero; eso es todo Los inmigrantes se ven obligados, con el dinero que se les da, a buscar un alojamiento por sí mismos, como si fuera su elección.

Este método muy liberal, tan de moda, libra a los inmigrantes del peso del aparato (burocrático). Lo que no tiene nada que ver con el modo que el Mapai utilizó para integrara las inmensas masas de inmigrantes durante los años 50 y 60 y que llevó a sus herederos, el Partido Laborista y el M'arach, a perder las elecciones en los años 70 (.'Se puede sacar en conclusión del actual fracaso que las fuerzas del mercado son algo excelente, pero que no son suficientes cuando una sociedad de 4'5 millones de habitantes, no demasiado sólida, debe absorber a un millón de inmigrantes. Si queremos continuar acogiéndolos -y creo que estamos obligados a hacerlo- no tendremos más 'emedio que volver a los viejos méto los odiados: la construcción de cam pos de caravanas, barracas prefabricadas o incluso tiendas de campaña -una especie de versión de los años 90 de los "ma'arabot" ("campamentos de tránsito", donde los inmigrantes de los años 50 y 60 pasaron a menudo varios años)- a gran escala; y enviar directa-

Beno la incen am grave a ge

continúan llegando rusos a Israel y por qué no intentan irse los que ya estár allí? En 1991, el número de inmigrantes será más bajo que el previsto por los responsables de la "aliya" en el gobier10 y de la Agencia Judía: sólo 200.00 le las 400.000 personas que se espe 3.- El Mapai era el Partido Laborista de Ben Gourion. 4.-"Ha'aretz", 4-4-91 5.- "Ha'aretz", 13-3-91 migrantes no mencionan el miedo al

Nos fuimos al "poblado de desarrollo" de Dimona, en el Neguev, a fin de oír directamente los motivos de los inmigrantes llegados de la URSS y ver cómo viven su integración.

Nuestros primeros encuentros confirmaron la famosa declaración del ministro de Integración, el rabino ortodoxo Isaac Peretz, que declaró, durante una visita a Moscú, que un tercio de los inmigrantes soviéticos no eran en absoluto judíos. Boris precisa algo más: "Cuando llegamos al aeropuerto de Lydda quedé registrado como judío, así como mi mujer y mis hijos. Pero ni mi mujer ni mis hijos son realmente judíos y, según la ley judía, tampoco lo soy yo, ya que sólo mi padre lo era. Cuando fui al consulado israelí en Moscú para obtener un visado, me preguntaron si uno de mis abuelos era judío. Respondí que sí y logré el visado para toda mi familia."

Al fin y al cabo la situación de Boris y de su mujer no es tan extraordinaria, ya que son agnósticos. Pero ¿qué se puede decir de Piotr y Tatiana, que crecieron en el seno de la iglesia ortodoxa rusa en la que, a su vez, ingresaron sus hijos? Al llegar a Dimona lo primero que hicieron fue preguntar al responsable de su integración dónde estaba la iglesia. Boris habló de otra pareja, en el Alto Nazareth, que utilizó la bolsa que había recibido para la circuncisión ritual de sus hijos para pagar su bautismo en una iglesia de Nazareth. Destino obligado La mayoría de los inmigrantes soviéticos recien llegados no alimentan ningún sentimiento particular hacia el judaísmo ni hacia el Estado de Israel. Fueron a Israel sólo para cambiar de vida: "Queríamos dejar la URSS y éste era el único medio. Antes, se podía pedir un visado para un reagrupamiento familiar en Israel, e ir después desde Viena a los Estados Unidos. Ahora es imposible: Shamir consiguió que Estados Unidos cerrara las puertas, y que Gorbachov pusiera vuelos directos a Israel. La única forma de dejar la URSS es ir a Israel".

No es pues sorprendente que estos nuevos inmigrantes no se sientan en su casa, ni que sus relaciones con los judíos marroquíes, que son la mayoría de la población de Dimona, no sean precisamente buenas: "No tenemos nada en común con los marroquíes; son primitivos, ruidosos y les falta educación. No queremos que nuestros hijos crezcan junto a ellos y que se les parezcan. Aqui, los niños gritan a sus padres y a sus maestros, no hay disciplina ni respeto; en la URSS no pasaba esto". Entonces, ¿por qué continúan allí?. Tatiana responde: "A la mayoría de nosotros nos gustaría irnos a otro

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país, pero es imposible: nos han hecho tirmar un documento en el que nos comprometemos a reembolsar una enorme suma de dinero para abandonar Israel. Y, para prevenir las fugas, las autoridades no nos dan pasaporte sino un salvoconducto y solamente para uno de los padres".

He aquí la paradoja: los inmigrantes llegados de la URSS son prisioneros en un Estado que debería ser su santuario. Pero esta contradicción es sólo aparente; la decepción comienza ya en la URSS, cuando las autoridades israelíes les obligan a inmigrar a Israel contra su voluntad, sobre la base de acuerdos secretos con Estados Unidos y el gobierno soviético, por los cuales los primeros se comprometen a presionar al segundo para que permita la emigración judía. Además, los soviéticos han prometido a las autoridades israelíes no permitir la emigración a otro sitio. Nada tiene esto que ver con la libertad de emigración, ni con una su puesta operación de sabotaje a los judíos víctimas del antisemitismo.

Hace algunos meses, el presidente del Comité del Kneset encargado de la "aliya" y de la integración dijo que sería necesario llegar a un acuerdo con Gorbachov para que permitiera emigrar a Israel a la comunidad judía de Turkmenistán, arguyendo que se encontraba en peligro. Cuando se le preguntó si conocía la opinión al respecto de la comunidad judía de esa región, tuvo que admitir que no. El periodista de la televisión israelí que fue al lugar en cuestión para comprobar si, efectivamente, había un pogrom contra los judios, tuvo que intormar que se trataba del grupo étnico mejor protegido y el que estaba más seguro de todo el Turkmenistán. Porvenir sombrio Pregunté a Boris y a sus amigos si se arrepentían de su decisión de emigrar a Israel. Lena, su mujer, respondió inmediatamente: "No me arrepiento de haber dejado la Unión Soviética, pero mi sueño es ir a Canadá. Israel no es un pais en el que se viva a gusto. No nay medios de existencia, ni de seguridad". Boris matiza: "Me gusta mucho Israel y querría que esta fuera mi nueva patria. Pero es difícil encontrar trabajo. Aun no pensando en trabajar en lo mio, quiero poder ocuparme correctamente de mi familia".

Les pregunté si habían avisado a sus amigos de lo que les esperaba en Israel y de las dificultades para encontrar un empleo y un alojamiento. "Hace dos meses dejamos de percibir la ayuda para la integración y desde entonces estoy buscando un trabajo. Soy ingeniero de obras públicas, pero nadie quiere contratarme, salvo como simple peón. Escribi a mis amigos y a mı tamilia en Kazan contándoles la verdad; les dije que las cosas están difíciles en Israel, y que creo que no van a mejorar de pronto. Si hubiera sabido todo esto quizás me hubiera quedado en la URSS. Les digo que esperen a que las cosas estén mejor, si es que alguna vez lo están". Tatiana dice haber escrito a su sobrina para que no pida visado mientras no encuentre un medio de viajar a Estados Unidos o a Alemania. Cada día los nuevos inmigrantes escriben a sus conocidos que quedaron en la URSS, pintándoles un cuadro de la situación que les lleva a pensárselo dos veces antes de emigrar a Israel, lo que explica la ralentización de la inmigración.

Pero para las 250.000 personas lle gadas hasta el momento, así como para las 250.000 que se esperan para el proximo ano, no hay un porvenir de color de rosa. Los expertos en el problema de la "aliya" empiezan a hablar de la inmigración masiva como de un peligro real. Pero es difícil imaginar que Estados Unidos, Canadá o Alemania vayan a acoger a medio millón de personas, aunque se trate de inmigrados "de calidad", es decir gente con conocimientos profesionales relativamente elevados.

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Si esta es la situación, se comprende Anatoly Scharansky, viene prediciendo inmigrantes de la URSS es responder a por qué diversos comentaristas predi- desde hace meses una catástrofe, y sus problemas de alojamiento y de cen una explosión social sin preceden- amenaza con crear un nuevo partido empleo, en detrimento de los sectores tes cuando se llegue a la tasa del 20% político compuesto de inmigrantes, que más débiles de la sociedad; es decir los de parados prevista; centenares de mi- luchará por obtener su parte del pastel. palestinos por una parte -tanto en Isles de personas sin techo, junto con la Si esta amenaza se concreta, asistire- rael como en los territorios ocupadosaparición de todos los fenómenos que mos a la aparición de conflictos inter- y, por otra, los judíos orientales: esto acompañan a la pobreza y se derivan étnicos como nunca conoció el Estado es lo que puede prender la mecha. de ella, como la criminalidad, la prosti- de Israel desde su fundación. Con los tución y las tensiones inter-étnicas. E recursos disponibles limitados, la unica inmigrante glorificado de los años 80, manera de mejorar la situación de los Traducción: A. Flórez.