Viejos y nuevos debates
Vista desde Europa del Este y la URSS, la década de los ochenta parece condensarse en su último año. De repente, el mundo cambió y se trastocó nuestro marco de referencia.
Crisis del Este Pensábamos que la crisis del Partido/ Estado en la URSS y Europa del Este, la emergencia del pluralismo y el cuestionamiento del orden de Yalta serían arrastrados hacia una revolución que retomaria el curso abierto por Octubre:
el socialismo. A diferencia de esto, la agonía del estalinismo se da en un contexto en el que las distintas fuerzas quisieran, si no borrar Octubre, al menos cerrar una especie de parénte sis histórico. Cada vez con más frecuencia, se habla en la URSS de retomar el curso "normal" de la historia que el "voluntarismo" revolucionario (el "bolchevismo" o el "leninismo") habría violado dramáticamente. Junto a un neoliberalismo mucho más radical en el Este que en casa de la señora Thacher, la socialdemocracia parece reforzada por la crisis de los países llamados socialistas. El punto de vista menchevique aparece no sólo como una explicación del pasado sino como un retugio para el porvenir: se estaria pagando el precio de haber derribado al capitalismo antes de que dejara de crecer (hubiera sido necesario detenerse en la revolución de Febrero). Desde este punto dr vista, los ideólogos próximos a las más altas esferas de la burocracia explican sin tapujos su actual convicción: si surge algún día, el socialismo sólo podrá ser el producto "natural" de la evolución capitalista. Por tanto, las ideas socialistas únicamente se podrán defender cuando el capitalismo haya sido restaurado. Y aún entonces...
El asunto tiene mucha importancia, porque los argumentos son algo más que disfraces ideológicos que encubren la defensa de privilegios y poderes. Hay un verdadero desconcierto frente a un fracaso vivido como el fracaso de Octubre (el del intento de romper con el capitalismo) más que como el fracaso del estalinismo. No se trata de hacer el balance de una década: lo que está en cuestión es el fundamento mismo del combate socialista, aunque las revoluciones que derribaron el orden establecido en el Este hayan abierto nuevas posibilidades. Discutamos entonces sobre algunas cuestiones: ¿Estamos pagando el precio de una ruptura utópica? ¿Por qué se produce esa fuerte dinámica de restauración capitalista en la crisis actual y qué posibilidades tiene de agotarse? ¿Tal dinámica, no arroja nueva luz sobre la naturaleza de la burocracia y de esos Estados? mente, hay algo que salvar en todo Reabrir un debate cerrado "Si la URSS Termina sucumbiendo por los golpes asestados desde el exterior y por los errores de sus dirigentes -lo que esperamos firmemente que no ocurra-, seguirá vigente el hecho de que sólo la revolución proletaria permitió a un país atrasado obtener en menos de 20 años resultados sin precedentes en la historia. Eso es lo que cierra el debate con los reformistas dentro del movimiento obrero" (La revolución traicionada).
En los años treinta, cuando Trotski escribió estas líneas, los "resultados sin precedentes en la historia" eran una realidad. Trotski analizaba sus aspectos contradictorios pero, de entrada, ponía de relieve el alcance anticapitalista de la URSS (éste era el significado del concepto de Estado "obrero"). Volveremos más tarde sobre el lado negativo de su valoración (los desastres económicos de la planificación estalinista y la dictadura burocrática ejercida en nombre de los trabajadores y a costa de ellos). El incontestable desarrollo industrial de la URSS fue producto de vertiginosas mutaciones sociales y de la represión. Esto se ocultó y maquilló "en defensa de la fortaleza asediada", lo que facilitaba la consolidación del Partido/Estado. Novelas, películas, testimonios y debates procedentes de la URSS mostraban un estalinismo "popular" y el entusiasmo por la "construcción del socialismo", frente a un mundo capitalista en crisis y frente al fascismo. En otras palabras, a pesar de los crímenes de la contrarrevolución política estalinista, el carácter anticapitalista del Estado nacido de Octubre seguía constituyendo una fuente de crecimiento extensivo y un poderoso factor (mundial) de adhesión de las masas a los obietivos socialistas. El furioso esfuerzo industrializador se verá cien veces legitimado por la guerra y la victoria sobre el fascismo (en este periodo muchos partidos comunistas del mundo se reforzarron frente a la socialdemocracia -y al trots-
Catherine Samary kismo-, a pesar de ser el periodo más mostruoso en la historia de la URSS). Resulta lamentable que hoy el debate se reproduzca en el contexto inverso: el derrumbe económico de la URSS (y de los países de Europa del Este) y la transparencia sobre los crímenes de Stalin, mientras que el capitalismo "democrático" demuestra contar con grandes recursos de innovación en sus propias crisis. Pero hay que mirar más de cerca. Reabrir el debate para enfocarlo correctamente El hecho de que las rupturas con el capitalismo aparezcan como un fracaso no explica ni responde a los problemas planteados. De entrada, ¿el fracaso se debe a la ruptura o a lo que siguió? Y en este debate (que no se puede desarrollar aquí) es importante, so pena de caer en una visión fatalista de la historia, analizar los giros históricos o las alternativas que realmente se presentaron después de Octubre. Por la misma razón no sólo hay que volver sobre las dificultades encontradas, sino también sobre los errores que facilitaron la consolidación del estalinismo -particularmente sobre la cuestión de la democracia y sobre la cuestión nacional. Pero, de igual forma, hay que discutir sistemáticamente a qué conduce (y a qué ha conducido) la no ruptura en los países capitalistas desarrollados y en su
Trotski contempló la hipótesis de una nueva era de crecimiento capitalista. Pero supuso que sería el resultado de una profunda derrota del proletariado En otras palabras, en sus pronósticos sobre la URSS y sobre el capitalismo tendió a imaginar sólo casos "puros" (revolución socialista victoriosa o aplastamiento y victoria capitalista). Paradójicamente, el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial dio un margen de desarrollo tanto al estalinismo como a las burguesías mundiales llamadas democráticas, basado en su conflictiva alianza contra el fascismo. El mundo surgido de tal alianza y de poderosas luchas sociales, incluso revolucionarias, no fue ni el del aplastamiento del movimiento obrero ni el de la victoria de las
fuerzas realmente socialistas (es decir, ntiestalinistas у anticapitalistas espués de la guerra, para evitar c sis políticamente peligrosas, el capitalis no del "Estado-benefactor" debió "so cializar" un poco su modo de funcionamiento. Y pudo hacerlo mientras hubo expansión. Pero con la llegada de los años setenta la ofensiva liberal puso los puntos sobre las ies en cuanto a las leves "económicas"
Las conquistas obreras reformistas, logradas durante el periodo de crecimiento de la postguerra, fueron -y son hoy más que nunca- conquistas frágiles. De igual modo, sus beneficiarios son cada vez menos. El "Cuarto Mundo" de los marginados se extiende no sólo en el "Sur", también existe en e corazón mismo de las arandes potencias capitalistas. La década de los noventa estará marcada por la toma de conciencia del problema de la naturaleza y los desequilibrios del crecimiento capitalista de los anos ochenta. La larga historia del capitalismo demuestra todo menos una evolución "natural" hacia el socialismo, o incluso "sólamente" hacia la reducción de las desigualdades y un mayor humanismo. Las vías reformistas también están en crisis or otro lado, hubo revoluciones
(China, Yugoslavia, etc.) y profundas mutaciones sociales que no fueron simoles golpes de Estado u operaciones del ejército soviético -aunque estuvieran profundamente marcadas por el estalinismo. El hecho de que éste se hunda no borra fácilmente esas transformaciones socio-culturales. Luego discutiremos las dificultades de la restauración capitalista ligadas a las transformaciones anticapitalistas y a los valores igualitarios que dejan huellas durables (hay que tratar al margen el caso de la ex-RDA, pero similares características marcan el choque de dos civilizaciones en las que lo negro no es exclusivo de
De todo esto sacamos una concluión: a pesar del estalinismo, la ond le choque de Octubre fue profunda revoluciones y la permanencia de cuestionamiento al sistema capitalista nos brotaron -y reaparecerán- en fu ón del modo de crecimiento y de la ción de la percepción por las masas de las injusticias del sistema. El hecho de que el capitalismo desarrollado se demuestre incapaz de reducir las desigualdades en su interior (y "simplemente" traslade la pobreza a otras partes) abre una nueva era. La posibilidad de victoria está unida a la maduración política de las fuerzas sociales capaces de cuestionar esas injusticias. El carácter fundado y no utópico de sus luchas no es ninguna garantía de éxito, ni la rece ta para la construcción de una sociedad más justa y eficaz que satisfaga las mayores necesidades. También desde este punto de vista, más que creer que se puede borrar la historia, hay que estudiarla. Las visiones utópicas del socialismo en la URSS Si la idea de un crecimiento "natural" del socialismo a partir del capitalismo -y la concepción de las "etapas" por las que toda sociedad debe pasar- es falsa, es en cambio verdad que el nivel de desarrollo impone sus límites y contradicciones. En pocas palabras, no todo era (no todo es) posible en unas condiciones de desarrollo dadas.
Trotski criticó dos tipos de utopía. La primera era la visión compartida por los bolcheviques al comienzo de la revolución; la segunda se sitúa en oposición a la teoría y a la práctica estalinista de "la construcción del socialismo en un
. Del primer aspecto deriva una apreciación de la NEP más profunda que una simple retirada táctica, incluso si Trotsky y la Oposición de Izquierda combatieron la ingenua visión de una NEP sin conflictos y sin industrialización suficiente. En "La revolución traicionada", escribe: "El comunismo de guerra era, en el fondo, una reglamentación del consumo dentro de una fortaleza asediada. Hay que reconocer, sin embargo, que sus primeras intenciones eran más amplias. El gobierno de los Soviet esperó e intentó sacar de las reglamentaciones una economía dirigida tanto al consumo como a la producción. En otras palabras, pensó pasar poco a poco, sin modificar el sistema, del comunismo de guerra al verdadero comunismo. (...) Más tarde, las utópicas esperanzas del comunismo de guerra fueron sometidas a una crítica severa y justa en ciertos aspectos. El error teórico cometido (...) seguiría siendo completamente inexplicable, sin embargo, si se perdiera de vista que en esa época todos los cálculos se fundaban en la espera de una victoria próxima de la revolución en Occidente. (...) Sin duda, si la revolución hubiera triunfado en Alemania -y sólo la socialdemocracia impidió su triunfo-, (...) los destinos de Europa y del mundo se presentarían hoy día bajo una luz mucho más favorable". Pero enseguida añade: "Se puede asegurar, sin embargo, que, incluso bajo esta feliz hipótesis, hubiera sido necesario renunciar a la repartición de los productos por el Estado y volver a los métodos comerciales."
Dicho de otra forma, aunque la revolución socialista se hubiera extendido a Alemania, habría sido necesario recurrir al mercado. A fortiori, la URSS aislada no podía aspirar a realizar sola un sistema que superara el mercado. ¿Pero de qué sistema se trataba?
Por una parte, Trotski (como Lenin y el conjunto de los bolcheviques en los años veinte) no concebía a la URSS como una sociedad socialista, sino
"sociedad intermedia" entre el capitalismo y el socialismo. Lo que es verdad antes e incluso independientemente de la esclerosis burocrática: el socialismo sólo se puede concebir como algo más desarrollado que el capitalismo mundial. Es impensable alcanzar tal nivel sin la extensión mundial de la revolución y sin el desarrollo interno, cultural y material. La revolución abre, pues, una era en el curso de la cual el objetivo es concretar las precondiciones para una efectiva transformación socialista, al tiempo que se resisten las presiones del capitalismo mundial
Paralelamente, se comienza a reflexionar sobre la primera experiencia de planificación y sobre la economía de la transición post-capitalista. Antes de Octubre, los marxistas no contaban con ninguna receta al respecto (después tampoco, dicho sea de paso...). Sin duda alguna, detrás de los enfoques utópicos evocados por Trotski había una visión más o menos implícita de la planificación como una gran máquina capaz de extender sus engranajes (a escala planetaria, además). Por otra parte, esta perspectiva hipercentralizada eludía el problema de la burocracia y el de la cuestión nacional. Y también el conjunto de problemas planteados a la planificación por... los seres humanos: los engranajes que registran los datos, toman las decisiones y verifican la aplicación de las mismas no sin simples piezas de una máquina dotada de un "progama cientifico" de desarrollo. La "simple" supresión burocrática de la propiedad privada capitalista y del mercado no resuelve la cuestión del socialismo (incluso, al final, nos alejó de él): "Quienes reflexionaron se convencieron fácilmente de que la transformación de la formas de propiedad, lejos de zanjar la cuestión del socialismo, no hace más que plantearla", dice Trotski.
La contrarevolución estalinista ilustró dramáticamente el problema: después de 1927, la colectivización forzosa o la furiosa industrialización liquidaron físicamente al campesinado y a los nepmen reales o presuntos. La interrupción de la NEP se hizo suprimiendo definitivamente los mecanismos de mercado (ni las inversiones ni los precios estuvieron ligados a los costos y a la ley de la oferta y la demanda; el poder adquisitivo de la moneda, el rublo, sólo se utilizó en el sector de los bienes de consumo; la planificación en términos cuantitativos se esforzó por controlar la producción y la distribución del más pequeño botón). El emanciparse de los limites impuestos por la ganancia las fuerzas productivas conocieron un colosal crecimiento. Pero al mismo tiempo, la dictadura burocrática suprimió toda posibilidad de medición y control de los conflictos a través de procedimientos democráticos y los medios monetarios. Plan mercado democracia Para Trotsky, el plan y el uso de la tecnología occidental resultaban esenciales para el objetivo de la industrializa-
"Dos palancas deben servir para regular y adaptar el plan: una palanca política, creada por la participación real en la dirección de las masas interesadas, lo que no se concibe sin la democracia soviética; y una palanca financiera, resultante de la verificación efectiva de los cálculos a priori a través de un equivalente general, lo que es imposible sin un sistema monetario estable. Lejos de haber concluido, el papel del dinero en la economía soviética todavía debe desarrollarse a fondo. Considerada en su conjunto, la época de transición entre el capitalismo y el socialismo exige no la disminución de la circulación de mercancias sino, más bien, su extrema ampliación." Y más aún: " Una edificación socialista coronada por el éxito no se concibe sin la integración dentro del sistema planificado del interés personal inmediato y del egoísmo del productor y del consumidor, factores que sólo pueden manifestarse útilmente si disponen de ese medio habitual, seguro y flexible que es el dinero." Esta es, pues, la crítica de Trotsky a la planificación estalinista: pone la mira en la supresión de la democracia y de los mecanismos mercantiles en beneficio de un hipercentralismo burocrático forzosamente incapaz de controlar a un país de 160 millones de habitantes y a una economía compleja. Plan, mercado y democracia deben estar articulados.
El problema es: cómo. El enfoque de Trotsky es muy importante para la reflexión, pero insuficiente si no parcialmente falso frente a los problemas planteados. Por dos razones: los cambios producidos y también lo que ya en esa época no quedaba claro.
Entre lo que ha cambiado, en especial después de la era de Kruschov, la suspresión de los mecanismos mercantiles tuvo efectos socioeconómicos particulares (la protección social a nivel de los precios y el empleo). La reintroducción del mercado en las actuales circunstancias se haría en beneficio de mafias burocráticas que controlan vastos monopolios y en perjuicio de los trabajadores (deterioro del nivel de vida, pérdida del empleo, intensificación del trabajo sin garantía alguna de mejores posibilidades de consumo y con toda seguridad una inflación incontrolable).
Lo que no quedaba claro en la época en que Trotski escribía y que incluso
hoy en día debe ser objeto de una investigación teórica y práctica, es la función exacta atribuida a los mecanismos mercantiles -mas precisamente, a la moneda-, así como la cuestión de los estímulos materiales individuales у соlectivos que no resultan disgregadores. En todo caso, lo que resulta cierto es que la supresión del mercado por decreto burocrático en la URSS resultó una catástrofe, y que ninguna sociedad post-capitalista puede pasar por alto (sin daños) los medios de medición de costos, la reabsorción del despilfarro y la comparación con los costos mundiales -aunque para ello deba crear sus propios creteriors de medición. El consumidor, el usuario, debe tener posibilidades de escoger. Resumiendo un punto de vista que debe ser desarrollado, digamos que la dinámica de la sociedad de transición (si se quiere que efectivamente sea una transición hacia una sociedad más igualitaria) debe ser la del debilitamiento paralelo del mercado y del Estado a través del desplazamiento del control social (de los productores y de los usuarios, y a los diferentes niveles en que dicho control resulte eficaz según la naturaleza de las necesidades a satisfacer). Las relaciones de la oferta y la demanda y la medida mercantil de los costos pueden ser útiles en varios terrenos. Pero no son suficientes para decidir ni la organización del trabajo, ni las relaciones entre las comunidades, ni prioridades estratégicas, ni grandes decisiones sociales (el pleno empleo, el desarrollo regional, interdependencias y solidaridades aceptadas o no, nivel y calidad de vida actuales y futuros, ritmo de trabajo, etc.). Se trata, a fin de cuentas, del debate esencial sobre el contenido de una sociedad socialista autogestionaria en la que, a la luz de la experiencia, habría que superar (creativamente) la oposición entre marxistas y anarquistas pues entre ellos hubo un curioso "desencuentro" sobre la cuestión del mercado y el Estado (los segundos tendieron a suprimir el Estado y los primeros el mercado, subestimando en un caso los Reducir la diferencia de productividad con el capitalismo gro se verá facilitado por la extensión de la revolución. Pero a corto y mediano plazo, la adhesión popular al régimen y la capacidad de resistencia a las presiones exteriores dependen de la comparación que se hace entre la situación pasada y la presente, y de la mejora constatada de las condiciones de vida. "La lucha por el rendimiento del trabajo" es una apuesta en la relación de fuerzas mundial e interna. El cuestionamiento de la lógica del beneficio privado permite iniciar la industrialización de las ramas y regiones que el capitalismo abandonó. Pero el atraso cultural del país hace difícil la tarea. Además, los planes burocráticos que sacrifican la satisfacción de las necesidades de consumo, la colectivización forzada de la agricultura que proclama construir el socialismo destruyendo la propiedad privada y al campesinado, el hipercentralismo, la represión de la iniciativa individual y colectiva..., todo esto
"Caracterizar el éxito de la industrialización sólo por medio de índices cuantitativos es algo así como querer definir la anatomía de un hombre por su talla", nos dice Trotski al defender la opinión contraria a la propaganda estalinista sobre los pretendidos éxitos del "socialismo". Al respecto, traza un cuadro severo de la economía soviética (que incluso hoy día dice mucho): "El tractor constituye en orgullo de la industria so-
Pero (...) el 81% de los tractores sufren reparaciones a fondo y buen número de ellos están fuera de uso en medio de los campos". Más adelante precisa: "En las ramas de la industria ligera la situacion es peor todavia que en la industria pesada. Se puede así formular una ley bastante particular para la industria soviética: por regla general, los productos son peores cuanto más cerca están del consumidor". Y citando a Izvestia añade: "Construimos mal y caro. Todas las viviendas se usan sin cuidar su mantenimiento. Hacemos pocas reparaciones y
Trotski expresa muy claramente cuál es la opción ligada a tales resultados económicos: "En sí misma, la pregunta ¿quién vencerá?, no sólo en el sentido militar del término sino ante todo en el sentido económico, se plantea a la URSS a escala mundial. La intervención armada es peligrosa. Pero la intervención de las mercancías baratas (...) sería infinitamente más peligrosa."
En la época en que estas frases fueron escritas, Trotski decía que "la URSS está en ascenso partiendo de un nivel terriblemente bajo, mientras que los países capitalistas resbalan a partir de un nivel muy elevado". La relación de fuerzas, decía, no depende de la diferencia absoluta sino de la tendencia a la reducción de esta diferencia. Evidentemente, es importante el hecho de que el capitalismo "resbale" o, al contrario,
conozca un nuevo crecimiento. Pero en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial las dos partes crecieron. A partir del XX Congreso y de Kruschov, las prioridades del plan se modificaron y las reformas se intentaron haciendo creible, aunque no fundada, la ideología de "alcanzar" al capitalismo. Esto solo fueron palabras vanas: el deshielo Kruschoviano tuvo el contradictorio efecto de estimular corrientes socialistas reformadoras. Mil novecientos setenta y ocho marcará un giro en este terreno. ¿Por qué la actual dinámica "restauracionista"? En las crisis abierta tras la muerte de Stalin, la principal lógica de las reivindicaciones de oposición no fue la privatización sino la socialización de la propiedad en oposición a la estatización (a pesar de ciertas ambiguedades, éste era un tama querido a Solidaridad). En otras palabras, había una lógica de control social sobre los medios de producción y las decisiones, de purga a los burócratas sentidos como parásistos
En Europa del Este, como en otras partes del mundo, 1968 constituyó un periodo de radicalización hacia la izquierda (junio de 1968 en Yugoslavia, la Primavera de Praga, la izquierda socialista en Hungría y Polonia). Con todo, el nivel de vida y de desarrollo seguía siendo evidentemente inferior al de los países capitalistas de Europa (sin hablar de Estados Unidos). La dife-
Centre los sistemas existentes y los valores socialistas producía entonces exigencias socialistas antiburocráticas, particularmente entre la juventud (las luchas antiimperialistas en el mundo constituían un fermento de esta radicalización, sobre todo en Yugoslavia, a escala menor que en Occidente pero no por ello menos real).
El fracaso de 1968 y los tanques soviéticos en Praga marcaron un giro radical en las conciencias (represión y disgregación de las oposiciones socialistas, ascenso de la religión, esperanzas volcadas hacia Occidente en la defensa de los derechos del hombre). En este contexto político el peso de los fracasos económicos se multiplicó por cien. Como Trotski había previsto, lo importante era la tendencia a la disminución de la diferencia en el rendimiento del trabajo, la percepción del callejón sin salida del sistema (con el fracaso de las reformas) y por último la comparación con lo que pasa en los países
Los estragos y el costo del burocratismo se ahondaron bajo Brézniev. Pero incluso durante su reinado, a pesar del desastroso empleo de los recursos materiales y humanos, el crecimiento llegó hasta mediados de los setenta. La tendencia al estancamiento hizo imposible mantener al mismo tiempo la carrera de armamentos y el crecimiento del consumo y las inversiones productivas. Provisionalmente, la crisis del petróleo aumentó los recursos de la
URSS y amplio las importaciones y los créditos a los países del Este. Pero la década de los ochenta será la de la crisis de la deuda, en el Sur y en el Este, y la de la profundización de las diferencias. Si el capitalismo innova en la crisis, el burocratismo por el contrario es un obstáculo absoluto a la eficaz incorporación (para no hablar de la producción) de nuevas tecnologías. El hecho de que el nuevo crecimiento capitalista sea eminentemente frágil y desequilibrado no reduce nada el mortal peligro de la confrontación. El choque económico de la caída del Muro de Berlín así
•l hundimiento político de los reaíme nes de Europa del Este es un hecho. La transformación socio-económica será mucho más difícil.
La dificultad para construir partidos liberales o socialdemócratas creíbles en el Este -a pesar de su aparente victoria sobre el "bolchevismo" de los PCs en el poder- tiene una causa central: en las condiciones actuales la apertura al capitalismo tiene todas las posibilidades de producir, en lo esencial, una tercermundización de las economías afectadas, acompañada de formas dictatoriales de poder y de bárbaras regresiones por la que los "socialdemócratas" han estallado en múltiples corrientes, porque no basta con escupir sobre Octubre para saber qué hacer hoy para salir de la crisis. De ahí deriva una situación paradójica. Por un lado, la apertura desde arriba (y popular) al mercado y al capitalismo nunca ha sido tan grande; los cambios gubernamentales iniciaron transformaciones institucionales algunas veces importantes. Pero, por otro lado, con la excepción del caso alemán (porque ahí había un Estado, capitales y una burguesía capaz de incorporar a la parte Este), en todas partes los procesos restauracionistas se estancan: las reformas de la propiedad todavía se están haciendo (la palabra privatizacion recubre contenidos muy heterogéneos); y se hace presente el desafío de la liquidación del patrimonio en beneficio de la nomenklatura o del capital extranjero. Sin duda este último siente la tentación de apoderarse de nuevos mercados -pero todavía falta poder convertir las ganancias en moneda fuerte y, si hay que invertir, que las inversiones sean rentables. Los banqueros y los inversionistas tienen el mismo y preocupado juicio sobre el lio que representa hoy en día invertir en el Éste. Si a esto se agregan el clima sociopolítico eminentemente inestable y las largas décadas de prácticas no mercantiles que alimentan multiples resistencias, hay que concluir que del pla-
to a la boca se puede caer la sopa. Pero como la alternativa socialista tiene dificultades para formularse (en un contexto en el que hablar de socialismo suena a "conservadurismo comunista"), o más probable es un gran caos durante los próximos diez años. Burocracia y restauración capitalista A pesar de todo, se constata un importante giro de la burocracia en sentido restauracionista - y una restauración acabada en Alemania pacíficamente. Carecemos de perspectiva frente a una situación muy cambiante y todavía diferenciada. Hay que desconfiar, pues, de las generalizaciones abusivas o de las teorizaciones prematuras, sobre todo de las que confunden los programas proclamados y los saltos cualitativos reales. Con todo, se pueden adelantar algunas reflexiones.
Por una parte, hay que renunciar al razonamiento "lógico" debe haber simetría entre revolución y restauración. De entrada, el capitalismo existe y puede ejercer presión sobre y en una sociedad no capitalista, en cuanto que el socialismo está por construirse (y no puede desarrollarse en el capitalismo). Además, la ruptura con la lógica capitalista impone la destrucción de los viejos aparatos del Estado burgues; pero la restauración capitalista puede encontrar apoyos activos en el aparato del Estado obrero en crisis cracia de un Estado "obrero" es diferente de la del Estado "burgués" y en qué circunstancias una puede transformarse eventualmente en otra. Al resecto, Trotsky dice: "Si (...) un partido urgués derribara a la casta soviética dirigente, encontraría servidores entre los burócratas, los técnicos, los directores, los secretarios del partido, los dirijentes en general. (...) Probablemente a restauración burquesa tendría menos gente que echar a la calle que un partido revolucionario."
La burocracia defiende pragmática nente sus privilegios y sufre desde hace mucho tiempo por no poder transnitirlos a su progenie. Su defensa de la oropiedad estatal depende por tanto de conómica empujan a una parte sus ancial de la burocracia, a todos los n vale el la eral capital. este pal beral es más "rentable" cuando la carrera de obstáculos no parece demasiado dura y no se producen protestas populares (seguramente cuentan también las posiciones individuales alcanzadas por tal o cual burócrata: capacidad para prestar servicios bien pagados a los capitalistas preocupados por encontrar salidas en el laberinto burocrático, buena posición de mercado de tal o cual empresa o región...). Pero si la población empieza a percibir pragmáticamente los efectos reales de la apertura mercantil, entonces es mejor recurrir al discurso populista eventualemente obrerista, igulitario y antiliberal (y un poco antisemita y nacionalista si es ne-
Los márgenes de resistencia al capitalismo se redujeron brutalmente con la crisis abierta y el hundimiento del Partido/Estado; dentro del cual las reglas de promoción (y por tanto de acceso a los privilegios) estaban un poco más delimitadas: un burócrata "ascendía" si era capaz de concretar su parte del plan burocrático y, a ser posible, de superarlo -en medio de la calma social. Los dos aspectos del contrato eran facilitados por la ausencia de trabas mercantiles (en la condiciones del mecanismo burocrático de verificación del plan, se trataba de cubrir los objetivos de producción cualquiera que fueran los costos, cualquiera que fuera la calidad y cualquiera que fuera el uso efectivo de los bienes producidos: lo esencial era producirlos). Mientras el sistema siguiera teniendo márgenes de crecimiento, a pesar de sus trabas, la burocracia podía mantener sus privilegios en base al parasitismo de la propiedad estatal. La obligación de recurrir a mecanismos mercantiles, para intentar aumentar la eficacia sin cambiar lo esencial, introduce desequilibrios: las reformas mercantiles colocan a los directores y a los responsables industriales en una posición inestable, dado que no tienen la libertad de despedir y de gestionar (y de colocar sus ganancias); en otras palabras, de propiedad. La crisis hace inclinarse el frágil edificio. Cada vez más, los burócratas buscarán utilizar sus poderes de Estado para facilitar la privatización y la extensión de un mercado que parasitarán como parasitaron el plan. Haciéndolo intentarán estabilizar sus privilegios basándolos en la propiedad. Por mucho que hagan por reintroducir los engranajes del capitalismo, terminarán convirtiéndose en una burocracia burguesa. Los procesos en marcha ponen al orden del día la transformación de los Estados obreros (anticapitalistas) burocratizados en capitalismo de Estado. La conquista del aparato estatal por corrientes pro-capitalistas es una etapa evidentemente decisiva de este proceso. Que sólo puede acadar (estabilizarse) con una economía funcionando sobre la base de reglas capitalistas -las de la ley del valor. Lo que
aún está muy lejos de la realidad. Se puede esperar todo tipo de situaciones intermedias, con formas de dualidad de poder planteadas a distintos niveles (gobierno burgués pero aparato estalinizado manteniendo su posición y defendiendo otra lógica, en una economía con problemas para encontrar a sus capitalistas. ¿No se parece esto a Polonia? En Hungría y en Checoslovaquia, os gobiernos tienen un perfil mucho más moderado, en el marco de coaliciones inestables y de programas todavía poco definidos. Por el momento, en ninguna parte el proceso de privatización ha afectado realmente a la industria. En Bulgaria y en Rumanía, en buena medida se sigue dentro de los viejos marcos, en los que eventualmente se perfila un "estalinismo de mercado". En la URSS y en Yugoslavia la interpretación deberá estar atenta a las rupturas nacionales, porque es verdad que las repúblicas tienen cada vez más estrategias diferentes, en un marco que tiende a contederarse o estallar). ¿Hay algo que defender? La mayoría de las veces este debate se vuelve confuso por una errónea interpretación del concepto de Estado obrero burocratizado. A lo largo de esta discusión se ha visto que el nivel de desarrollo de las sociedades afectadas siempre fue inferior al de las sociedades capitalistas desarrolladas. Y, por otra parte, cada conquista anticapitalista se combinó con su gestión burocrática (ya se trate de nacionalizaciones, de la seguridad en el empleo, de la vivienda o de los servicios médicos baratos). Hay, pues, una falsa manera de entender el concepto de Estado obrero (en el pasado y hoy en día), que consiste en decirle a la gente de esas sociedades que viven mejor que en el capitalismo En el Este existe un rechazo visceral a las palabras carentes de sentido que la propaganda oficial cubrió de pintura negra o blanca (capitalismo, socialismo). La gente quiere vivir mejor, sin inflación, sin degradación de sus actuales condiciones de existencia, sin desempleo, con el derecho de las mujeres a decidir, con el derecho de los niños a tener guarderías de calidad y a estudiar, con el derecho a salir de vacaciones, a estar sano, y con el derecho a una jubilación digna, en una sociedad dotada de valores morales positivos. Siempre se puede alegar que el capitalismo no aporta nada de esto. Pero la experiencia resultará esencial. Las recetas mercantiles no producirán los efectos deseados. La gente espera vivir como en Suecia o en Alemania. Pero su futuro está en América Latina. Es cierto que a menudo debe vivirse la experiencia física de los efectos del mercado para que, pragmáticamente, la gente se convenza. Mientras tanto, de lo que se trata es de defender lo que la gente misma defiende, lo que los trabajadores, las mujeres, los artistas expresan ya en el Este de Alemania: el derecho al trabajo, el derecho a decidir, el derecho a una cultura no sometida a las reglas mercantiles, a la atención de calidad para todos, a la enseñanza gratuita, a la vivienda, a una naturaleza no contaminada. La privatización y el mercado no permiten esto. La gestión de la propiedaa por la burocracia, tampoco.
Hay que proteger la propiedad social a través del control y la gestión de los mismos interesados. Lo que defendemos es este derecho ahí donde hoy es posible si se derriba el poder burocrático, y que mañana puede ser prohibido si se restaura el capitalismo.
Esta es la lógica del "Grupo de iniciativa moscovita por un Movimento Popular Autogestionario de la izquierda unida" (anarquistas, socialdemócratas de izquierda, ecologistas, socialistas, plataforma democrática del PCUS) que acaban de reaccionar por primera vez de manera conjunta al proyecto de reforma. El Grupo denuncia la alianza de una parte del aparato burocrático con los liberales seudodemócratas para el mantenimiento del poderes opresores bajo nuevas formas ("rentables"). Estioccidental, se corre el riesgo de producir el "renacimiento de un capitalismo ruso semifeudal, autoritario, monopolista y salvaje", generando una grave regresión de la civilización. Frente a este peligro, todos los firmantes proponen unirse y luchar por "el derecho de los colectivos obreros a determinar -sin relaciones monetarias- las formas de propiedad, de gestión y de autogestión de sus empresas (...)"
"El derecho de los soviets locales a distribuir de manera transparente las tierras y los recursos naturales de su territorio bajo el control de las organizaciones sociales. (...)
"El derecho de las repúblicas y otras estructuras territoriales autónomas a determinar soberanamente su condición y el nivel de poder que estén dispuestas a delegar voluntariamente en órganos superiores."
Esta es la lógica que hay que estimular, impulsando al hacerlo la coordinación y el concirso de los colectivos obreros y de los soviets, de tal manera que se amplien y se unifiquen los criterios y las decisiones de gestión y de adopción de medidas de reestructuración acompañadas de garantías sociales a dificultad para la existencia de estas corrientes no se debe sólo al terrorismo y las presiones de las fuerzas que quieren imponer una sola alternativa: capitalismo o estalinismo. Está también en la fuerza de un capitalismo que, a pesar de su crisis, se beneficia de la ausencia de una resistencia mundial coordinada a su dictadura. Por otra parte, el debate debe apuntar a la necesidad de una internacional anticapitalista de masas haciendo el balance de los pasados fracasos y oponiéndose, de manera voluntarista y más que nunca consciente, al curso espontáneo y "normal", humana y ecológicamente desastroso, de las leyes del mercado capitalista mundial. Ahí está la verdadera apuesta.