La estrategia de liberación nacional asentada sobre la lucha armada de ETA está hoy en crisis y sus efectos salpican, al fin y al cabo, a todas las organizaciones y movimientos, armados o no, que estamos situados en el mismo lado de la barricada revolucionaria. Para encontrar las vías de acción más apropiadas a la nueva situación, hace falta, necesariamente, el concurso de todos por igual. El presente artículo es una critica a la estrategia de ETA que tan sólo aspira a contribuir a un debate presente de mil maneras en la izquierda vasca de nues-
NOTAS
1. Son públicas las opiniones contrarias a la lucha armada de algunos de los más cualificados dirigentes históricos de HB,actualmente dimitidos de sus funciones, como es el caso de Iñaki Esnaola, Txema Montero y Txillardegui.
2. Javier Sádaba publicó una serie de artículos críticos a la lucha armada de ETA en el diario El Mundo del País Vasco , con fechas 3 y 13 de julio, en los que, desde posiciones de izquierda radical, consideraba los atentados indiscriminados como reaccionarios.
3. Ver artículos de réplica a Sádaba publicados en el diario EL Mundo del País Vasco, los dias 11 y 22 de julio, y en Egin, con fecha 10 de septiembre.
4. Este es el cínico mensaje lanzado por Felipe González en su réplica a la reclamación del derecho de autodeterminación del PNV y CiU. Según él, la Constitución española no son tablas inmodificables de la "ley democrática", (lo que es cierto, dicho sea de paso), pero ni su Gobierno ni los poderes fácticos del Estado están dispuestos a modificarla.
5. El método de la Guardia Civil y también de la Ertzantza, consiste frecuentemente en tirar a matar, justificando después sus asesinatos de militantes de ETA en nombre de la "legítima defensa".
6. Ver el artículo de Anasagasti, parlamentario del PNV, en El Mundo del País Vasco, réplica al discurso del general Monzón que reclamaba para el Ejército el derecho constitucional a defender la unidad de la patria española.
7. Ver reflexiones de Arzallus en el diario
Deia del PNV, a propósito de la independencia de los Países Bálticos.
Debate
La estrategia de ETA
y la emancipación
nacional de Euskadi
tros dias. La crisis de los países del Este ha des truído todos los viejos mitos stalinistas que se vendieron como quintaesencia de la "doctrina" comunista. Pero esa caída no ha dado lugar, todavía, a una nueva izquierda capaz de sacar del lodo el mensaje libertario de los movimientos revolucionarios. Muy al contrario, la ola de conservadurismo que cubre hoy Europa está llenando ese vacio con la reedición del viejo culto al parlamentarismo burgués y a las "excelen-
Buena parte de la cultura política y de las ideas-fuerza que produjo el movimiento revolucionario del 68 arrastradas por esa ola, y están, también ellas, en crisis. El corte que se ha producido entre la resistencia de los movimientos sociales y los valores dominantes hoy en nuestras sociedades nos plantea la necesidad de corregir el viejo discurso en todo aquello que tenía de equivocado, y ésta tarea no puede hacerse sino al precio de derribar aquellos falsos mitos sobre los que se ha construído el pensamiento, la estrategia y la táctica de acción política de una buena parte de aquella izquierda.
Uno de esos mitos o idea-fuerza que ha acompañado la historia esta generación, se refiere a la lucha armada. La reflexión sobre ella, sobre su función en la estrategia revolucionaria, viene haciéndose ya, de unos años a ésta parte, en todos los movimientos guerrilleros latinoamericanos, profundamente influídos por el cambio de correlación
José Ramón Castaños de fuerzas internacional, y es sobre su base que, con mayor o menor fortuna en cada uno de ellos, se ha producido una reorientación general en paises tan importantes como Brasil, Uruguay, Colombia, El Salvador... No por ello han dejado esos movimientos de ser y de actuar como movimientos revoluciona rios. La adaptación de su estrategia a las nuevas condiciones demuestra, por el contrario, su vitalidad política y su capacidad para responder a los nuevos retos que plantea la nueva situación.
A contrapelo de ésta evolución, la lucha armada continúa siendo en Euskadi un mito en el que sigue creyendo buena parte del movimiento radical vasco, como si fuera el único asidero que permitiera sostener las banderas de la resistencia nacional y de la idea misma de revolución, o como la única terapia que puede actuar de abrelatas de una situación política emparedada entre la omnipotencia del Estado y la inditerencia de la mayoría social. La renovación de la izquierda vasca permanece bloqueada por el culto de ese mito, a la espera de una negociación política entre ETA y el Estado.
El debate sobre ésta cuestión está hoy presente en el interior de la izquierda abertzale, y aunque es poco lo que de él conocemos (1), no por ello debe mos suponer que este problema atecta tan sólo a los protagonistas directos de la lucha armada. Puestos ante esa tarea de renovación, no podemos responder que "no son esos nuestros peca-
dos" por el hecho de no practicar la lucha armada o de haber dejado de practicarla, y que deben ser ellos quienes ajusten cuentas con su propia estrategia política. Etica y política La confrontación ideológica entre el Estado y el movimiento revolucionario a propósito de la lucha armada, ha girado siempre alrededor de la relación entre ética y política: entre la atribución al Estado del derecho exclusivo al ejercicio de la violencia y la legitimidad democrática de los oprimidos de recurrir a la lucha armada contra ese Estado. Pero la cadena de atentados indiscriminados de ETA con coches-bomba, que han costado la vida a decenas de personas inocentes, ha llevado la discusión sobre ética revolucionaria al interior mismo del movimiento radical, donde se han levantado voces, como la de Sádaba por ejemplo, que no han dudado en calificarlas como "contrarrevolucionarias" (2).
En el otro extremo de la balanza, algunos portavoces cualificados del KAS, como Gorka Martínez, secretario general de HASI, Floren Aoiz, parlamentario y miembro de la Mesa Nacional de HB • Gil de San Vicente, articulista de EGIN, han salido en defensa de ETA justificando la acción armada como un mal necesario, obligado por las circunstancias de un Estado que se niega a la negociación política de la amnistia y de la autodeterminación nacional de Eus-
La acción armada de ETA no puede enjuiciarse sólo desde el punto de vista de la ética, como si ética y política estuvieran separadas entre sí, pero tampoco al margen de ella, como si la política fuese ajena a la razón ética. Y lamentablemente, mucho de ésto último hay en los argumentos esgrimidos por
ETA y por aquellos que han mediado en el debate sin otra intención que la de justificar su nueva línea de acción
El Estado de derecho y el derecho de los pueblos
Es en estos términos como está planteado el debate entre los "teólogos de la Constitución" y los teóricos de ETA.
El argumento del Gobierno, del PNV, de Eusko Alkartasuna, de Euskadiko
Ezkerra, de Izquierda Unida, de los sindicatos mayoritarios y de todos los grandes medios de comunicación de masas, resulta siempre, invariablemente, el mismo. Se supone que la Constitución y el sistema institucional disponen de los mecanismos necesarios para ser reformados desde dentro del propio sistema (4).Según esta teoría, el voto mayoritario de los españoles a fa.
vor de la Constitución, convierte al Estado en un estado de derecho que regula por el sistema de mayorias electorales la "convivencia democrática" entre los intereses contrapuestos que se expresan en la sociedad. En razón de ello, cualquier modificación que no sea mayoritariamente adoptada por esas instituciones, no está sujeta a derecho. La violencia contra ese Estado se nos presenta así como violencia toda la sociedad" y la muerte en atentado de alguno de los garantes de ese supuesto Estado de Derecho, miembro de la policía o el Ejército, como un asesinato contra todos los ciudadanos. En nombre de esa democracia se justifica la represión contra todos los movimientos sociales y políticos, y en la realización de ese fin al que llaman "preservación de la democracia" se justifica incluso el asesinato de los militantes de
La doble moral que subyace argumentación política no precisa de muchos comentarios. Basta poner en relación, por una parte, las desigualda les sociales existentes y la brutalidac policial contra quienes luchan contra ellas, y por otra parte esas proclamas que criminalizan todas las disidencias políticas que se expresan fuera de los argumento presenta bastantes vías de agua pese a su aparente contundencia, incluso para algunos padres del ordenamiento constitucional y estatutario, como puede apreciarse en la polémica cruzada entre los partidos nacionalistas moderados (PNV y CiU) con el Gobierno central, a propósito del derecho a la independencia
La pregunta lanzada al aire por Anasagasti en su polémica con el general Monzón (6) sobre donde reside la soberanía y en quién está la garantía del ordenamiento constitucional, refleja la contradicción en que se desenvuelve ese pretendido estado de derecho. Si la soberanía reside en el pueblo, no se debe dar al Ejército la función de garante del ordenamiento constitucional.
Y tratándose del derecho de autodeterminación nacional, ¿cómo delegar su ejercicio en otros pueblos que no sean aquellos que como el vasco, catalán o gallego son los que plantean un problema de convivencia en el Estado unitario español?
La misma lógica de argumentación de Anasagasti se vuelve así contra el emplazamiento sistemático que realiza su partido, el PNV, para que ETA abandone las armas y defienda el derecho a la independencia de Euskadi en unas instituciones desde las que resulta imposible ejercer el derecho de autodeterminación . Tampoco el argumento Arzallus (7) sugiriendo a ETA que siga el camino de las reivindicaciones pacífi-
"...como lo han hecho las nacionalidades del Báltico...", tiene otra finalidad que llevar al movimiento rupturista vasco al pantano de una legalidad institucional inamovible por la sola fuerza sola de las palabras y del derecho.
La conquista del derecho a la inde pendencia de las nacionalidades no puede hacerse sin alterar la legalidad constitucional, y ésta a su vez implica inevitablemente el recurso de la fuerza, sin que podamos prefigurar de antemano ni su intensidad ni las formas que adopte. A éste respecto, el comunicado de ETA a la opinión pública europea del pasado siete de agosto, tiene toda la razón. ¿Por qué, se pregunta, esa opinión pública aplaude con entusiasmo el derecho a la independencia de Lituania, Estonia, Eslovenia, Croacia, etc. y se silencia la negación de ese mismo derecho a Euskadi, Irlanda, Córcega, Galicia y Cataluña? ¿Por qué lo que es lícito y fundamental para otros pueblos, (la defensa de sus derechos, incluso por la violencia), no ha de serlo para el
En sus alegatos de defensa de ETA, tanto Gil de San Vicente como Gorka Martinez y Floren Aoiz, tienen razón al químicamente puro no existe.", o que recordarnos que "...la ética en estado *...la ética neutralista y aséptica es un cuento reaccionario... . No hay nada nuevo en éstas aseveraciones. Ellas tan sólo afirman la legitimidad de la viode "los de abajo" contra la violencia de "los de arriba". Pero el debate en el interior de la izquierda no está aquí, en la justificación ética de la violencia revolucionaria en general, por re ferencia al derecho universal de los pueblos, sino a partir de aquí, en el tipo de violencia concreta que se ejerce, en quién la ejerce, en qué momento se ejerce, y respondiendo a qué problemas y necesidades concretas de los movimientos de liberación nacional y social de nuestro pueblo. El fin y los medios
En "Su moral y la nuestra", la réplica de Trotsky a la moral burguesa de su época, se dice que "...el fin, la abolición de la dictadura del capital, justifica plenamente el medio empleado: el levantamiento en armas y la guerra civil..la lucha de clases lleva en germen la gueésta sólo es la forma última y más exacerbada de aquella...
en la cuestión más aguda, (el asesinato del hombre por el hombre), absolutos morales resultan inoperantes...La apreciación moral, lo mismo que la apreciación política, se desprende de las necesidades internas de la lucha...El medio empleado, (la guerra civil en éste caso) sólo puede ser justificado por el fin, cuando éste a su vez es un fin justificado...". La interdependencia dialéctica entre fines y medios resulta así de las necesidades internas a la propia lucha.
Esta forma de plantear los problemas relativos a la ética revolucionaria consti-
8. León Trotsky, Su moral y la nuestra, Editorial Fontamara.
9. Hay otros posibles precedentes históricos de acciones de este tipo en contextos muy diferentes al de Euskadi.
10. Ver artículo de la revista Tupamaros, reproducido en el número 10 de HIKA.
11. El artículo al que nos referimos tue publicado en el libro de la editorial EKIN, Euskadi en guerra, horizonte para la paz. No lleva firma, aunque tampoco existe duda sobre la autoría de ETA, considerando que habla de la lucha armada siempre en primera persona.
12. Manifiesto del KAS para el Gudari Eguna, dia conmemorativo de las milicias vascas del 36, publicado en Egin el 27 de septiembre.
13.- La candidatura municipal de EMK-LKI del pueblo gipuzkoano de Hernani fué anatemizada en pintadas murales como traidores, y varios días después, fué colocada una bomba en el bar de uno de los miembros de esa candidatura, bajo la acusación de servir de apoyo al tráfico de droga. Ni esto es cierto, ni tampoco puede desconocerse la relación entre la bomba y la acusación de "traidores".
14.- Ver artículo publicado en Egin el 13 de septiembre firmado por Ostarte, quien al parecer es una firma colectiva que expresa opiniones del entorno KAS.
15. En un intento de justificar a la Ertzantza, el Gobierno vasco ha publicado una encuesta de opinión, completamente amañada, que pretende "demostrar" que la mayoría del pueblo vasco aprueba el método empleado por su policia en detención del comando Bizkaia de ETA.
tuye, ciertamente, un argumento válido cuando se habla del derecho a la violencia en general, o de la necesidad de organizarla en concreto en el curso de los procesos revolucionarios. Pero en nombre de principios tan generales como éstos, se han cometido y se cometen demasiados despropósitos políticos y demasiados atentados a la ética revolucionaria, como para considerarlos suficientes en sí mismos, pues aún cuando los fines estén justificados, no todos los medios empleados por algunos movimientos revolucionarios son, por ello mismo, medios justificados (9). Algo de esto ocurre precisamente los métodos de acción de ETA, pues ni los atentados contra la policía y el ejército se desprenden "necesariamente" de las condiciones en que se desenvuelve actualmente la lucha revolucionaria en Euskadi, ni el fin último de esa lucha :el derecho a la independencia del pueblo vasco, puede justificar por sí mismo la cadena de atentados indiscriminados que ha segado innecesariamente la vida de múltiples personas in-
Si el problema de la relación entre ética y política fuese tan sencillo como el de elegir entre la violencia del estado y la violencia de ETA, o entre una ética burguesa ( cuyo tin ultimo es justiticar las injusticias sociales y la represión del estado en nombre de la democracia y de la libertad de mercado), y la lucha revolucionaria con su inevitable carga de violencia general, no habría ni dudas ni debates al respecto. El problema surge cuando esa relación queda alterada por la inadecuación de los métodos a los fines. En éste caso no estamos sólo en presencia de un error político, sino también de una perversión ética.
Los compañeros del MLN-Tupamaros han tenido la virtud de corregir una de las deficiencias del discurso ético que hemos heredado.La reflexión sobre su dilatada experiencia en la guerra de guerrillas les lleva hoy a decir que ...así como la burguesía conquistó el poder haciendo suya la máxima maquiavélica de que el fin justifica los medios..., para la clase obrera, para el pueblo y los sin tierra, esa máxima no sirve..., viene del arsenal ideológico del enemigo. Para los revolucionarios sirve la corrección de que el fin juzga los medios..." (10). Dicho de otra manera, si los revolucionarios tenemos como fin abolir la explotación del hombre por el hombre, no podemos utilizar como medios para ello ningún método indigno, (y los atentados indiscriminados e innecesarios lo son), porque ellos pervierten el fin y la causa por la que luchamos. En la lucha revolucionaria no todo es válido, ni siquiera en las condiciones extremas de la guerra civil, en las que resulta, hasta cierto punto inevitable la muerte de los no combatientes, o de personas inocentes, ajenas a la propia
El nuevo curso de la acción armada de ETA se ha justificado, no obstante, en razones políticas .La escalada de coches-bomba pretende forzar al Estado a la negociación política, y descansa en una teoria plenamente trabada que relacionada el derecho de los pueblos, el carácter militar de la resistencia nacional vasca, y el papel central de la lucha armada como forma de abrir una vía de salida a la negociación con el Estado. ¿Euskadi en guerra?
Bajo el título "Euskadi en guerra, horizonte para la paz", la editorial EKIN publicó en 1987 un extenso documento donde se establece una línea de continuidad entre la lucha armada de ETA, la resistencia antifranquista, la guerra del 36, las guerras carlistas y, más atrás aún, Roncesvalles (11). La conclusión final afirma que " ... la situación de guerra en la Euskadi de nuestros días viene dada por la confrontación entre las fuerzas extranjeras de ocupación sobre el territorio vasco, y las diferentes formas de resistencia nacional, aglutinadas por la más decisiva de todas ellas: nuestra acción militar..." . En otra parte de ese mismo documento se reconoce que un sector del pueblo vasco discrepa de sus métodos de lucha y no están conformes con los sacrificios que ello comporta, pero se concluye diciendo que "...por grandes que sean esas discrepancias, cuando nuestra vida o libertad peligran, entonces nosotros, los gudaris de hoy, somos protegidos y ayudados por nuestro pueblo, porque reconocen en nosotros a los hijos que Euskal Herria siempre se ha dado para su defensa...Nuestra guerra contra el Estado se convierte así en la guerra de todo el pueblo vasco por su emancipación nacional... Cuatro años después, el Manifiesto del KAS para el Gudari Eguna del 91 recurre también a la continuidad histórica con la resistencia antifranquista (12), y en su réplica a Sádaba, los dirigentes de HB antes mencionados, recuperan en términos parecidos esa misma línea
La piedra angular del discurso descansa siempre en la idea de un pueblo vasco que ha sostenido desde tiempos inmemoriales su derecho a la independencia con las armas en la mano . Un
...no acepta hoy el derecho del Éstado español al monopolio de la violencia..., y en el que existe un sector cualitativo del mismo que apoya la lucha armada de ETA ... de ahí se pasa a suponer que "...alrededor del núcleo que la realiza (ETA), se expanden núcleos concéntricos que defienden otras plasmaciones de la resistencia popular ...", citando entre ellas a "...las manifestaciones, las huelgas, los piquetes, los boicots, sabotajes,
", para concluir que "...la lucha armada es así parte y síntesis de otros medios y formas de resistencia popu-
lar...", resultando de todo ello que "...la izquierda abertzale es un contrapoder real, capacitado para acometer un proceso de negociación con el Estado...'. El discurso de la lucha armada se rodea así de una aparente coherencia entre el derecho universal de los pueblos a su independencia nacional, la continuidad histórica con las resistencias armadas del pasado y la justificación estratégica por reducción de la lucha armada al papel de coagulante de todas las otras formas de resistencia popular. El paralelismo entre esta construcción teórica y el movimiento revolucionario de El Salvador, es demasiado grande como para pasar desapercibido Pero ni Euskadi es El Salvador, ni ETA el FMLN, ni su relacción con el pueblo vasco es la misma que la de aquél con los movimientos populares salvadorenos. Historia y estrategia Todos los pueblos tienen historia, e historia épica, naturalmente. Todos han resistido alguna vez con las armas en la mano contra las agresiones externas, y el nuestro no es ninguna excepción al respecto .Tampoco está mal rescatar la historia del olvido para construir con ella la memoria colectiva de un pueblo. Pero esa relación de continuidad entre la acción armada de ETA y las resistencias armadas del pasado, sólo existe como construcción ideológica de la propia ETA, pues el pueblo vasco de hoy, las gentes concretas que lo integramos, no es el mismo pueblo, las mismas gentes de entonces, ni tampo co las circunstancias que empujaron a aquél pueblo a tomar las armas, son las mismas circunstancias en que hoy vive y se desenvuelve nuestro pueblo y nuestra lucha. Ese paralelismo histórico no puede establecerse siquiera por referencia a un período mucho más cercano, como es la resistencia contra la dictadura franquista. Las coordenadas de acción política en que nos movemos ahora, bajo las reglas del juego de la democracia parlamentaria, introducen un corte en las formas de acción política que no pueden obviarse en términos de estrategia política.
El hecho que la acción militar de ETA se realice en nombre de los derechos históricos del pueblo vasco, establece sin duda una relación de identidad entre ambos, pero en modo alguno autoriza a suponer que el carácter militar de su acción política convierte los conflictos realmente existentes entre los movimientos sociales y políticos contra el Estado, en una situación de guerra nacional contra ese Estado.
Esta construcción teórica de la realidad sustituye al pueblo concreto por el pueblo mitificado y a los movimientos realmente existentes, con sus reivindicaciones concretas y opiniones concretas, plurales en su expresión y muy desiguales en su conciencia y en sus objetivos políticos , en una totalidad llamada pueblo, que pasa a convertirse en una idea abstracta, en una figura imaginada y sacralizada. El pueblo real se sustituye así por una ideología.
El mecanismo de identificación es tan simple como irreal. Se procede primero a enunciar un derecho universal en el que se reconoce la mayoría del pueblo vasco, el derecho a la independencia nacional. Apoyándose en él, ETA levanta las armas contra el Estado. A su propia lucha la define como un conflicto de todo el pueblo contra la ocupacion extranjera. Y la aspiración a la paz del pueblo vasco la convierte en un proyecto de negociación con el Estado en el que ella se arroga la representacion de todo el pueblo. Todo el andamiaje de la lucha armada y de la estrategia de la negociación descansa así, ambivalentemente, entre la reivindicación del legítimo derecho a la independencia nacional y la percepción subjetiva de una realidad que identifica al pueblo en su totalidad con el MLNV ; es decir, con
La contradición en la que se asienta éste discurso ideológico resolverse mediante el ejercicio de segregar del pueblo a la parte de él que no se identifica o que no delegue su representación política en aquellos que se autoproclaman así mismos como el Movimiento de Liberación Nacional Vasco; con ello se nos amenaza ahora cada vez que afirmamos una línea de acción diferenciada de la de HB, como en las últimas elecciones municipales La lucha armada como aglutinante de la resistencia Si tomamos como referencia para el análisis a los movimientos de resistencia encuadrados en la Koordinadora Abertzale Socialista (KAS), todas sus organizaciones actúan en una perspectiva de confrontación con el Estado, tomando como base el apoyo a la estrategia de negociación de ETA. La lucha armada que es el epicentro de esa estrategia, resulta así el elemento aglude la acción de todas ellas. Incluso la fuerza electoral acumulada en HB está proyectada al mismo objetivo.
Pero ésta relación entre lucha armada y movimientos de resistencia sólo es aplicable al interior del KAS. Mas allá de sí misma, todos los intentos de ge neralización llevan al absurdo de tomar la realidad del KAS como la realidad de todos, o suponer que no existen otros movimientos de resistencia más que aquellos que se expresan políticamente alrededor de ETA-HB. La situación muestra sin embargo una fotografía muy distinta. Todo el mundo sabe que el nacionalismo moderado y los partidos y sindicatos reformistas son, lamentablemente para todos, ampliamente mayoritarios en la sociedad vasca, y que además de las organizaciones del existe una amplia gama de organizaciones que inciden sobre las problemáticas sociales, políticas y culturales, desde planteamientos pluralistas. no reducibles al mundo cerrado del KAS y de sus organizacione , y que cualquier pretensión de asimilarlos a ellas resulta no sólo pretencioso, sino tambien ridículo.
Algo parecido puede decirse de la pretensión de atribuir a ETA (el primer círculo concéntrico) el papel de eje vertebrador de todas las otras formas y métodos de lucha que se expresan en las movilizaciones obreras y populares, (el segundo círculo concéntrico). No terminamos de ver la relación que pueda establecerse, por ejemplo , entre las múltiples formas de autodefensa practicadas por los trabajadores de Euskaduna en su larga huelga contra el cierre del astillero, y la lucha armada de ETA. Ni en qué ha ayudado ésta última a los primeros para que pueda considerarse síntesis y expresión de ella. Tampoco vemos la relación entre una huelga y el secuestro del patrón, realizado en apoyo de los trabajadores por una organización externa a ellos mismos, ni entre la desobediencia civil, la autodefensa de manifestaciones frente a la intervención policial, o la insumisión de los jóvenes al Ejército, con los atentados de ETA sobre la cadena de mandos de la policía o contra los cuarteles de la Guardia Civil. ¿No será en realidad que esa relación no existe porque se trata simplemente de dos tipos de violencia en los que sus protagonistas son tambien distintos, como lo son sus causas, sus objetivos y su dialécti-
La pretensión de arropar la legitimidad de la lucha armada de ETA en la legitimidad de la violencia a que en ocasiones se ven confrontados los movimientos de resistencia, como si de las
dos caras de la misma moneda se tratara, resulta completamente gratuita y políticamente interesada. La teoría de os núcleos concéntricos y de la relación de interdependencia entre estos dos tipos de violencia no responde a la realidad sino a su deseo. Ambas expresan dinámicas distintas y a veces contrapuestas, como han señalado en más de una ocasión los protagonistas directos de la resistencia social cuando ha intervenido sobre ella la acción externa de la organización militar (14). Derrotas que se presentan como victorias En un analisis de coyuntura publicado en Egin el pasado 13 de septiembre bajo la firma de Ostarte (14), se analizan los dos acontecimientos políticos mas sobresalientes del verano: la intervención por vez primera de la Ertzantza contra ETA y la firma del pacto para la construcción de la autovía. En él se afirma que "...La policía vasca ha copiado los métodos de la Guardia Civil, y que la prisa del PNV por demostrar su capacidad de represión confirma que los argumentos democráticos quedan ya estrechos...que hay menos sitio para los defensores del poder central.... y que el PSOE tiene miedo por la tendencia inevitable a la negociación en peores condiciones que las de Argel...".
El enemigo queda descrito aquí en situación agónica, en tanto que los párrafos siguientes, dedicados a describir la situación del propio movimiento, lo presentan en una constante linea de fortalecimiento. Como muestra de ello se dice que "...la ofensiva del mov!miento popular ha roto el pacto antiabertzale con el acuerdo para la construcción de la autovia...' opinión mustra que "...el ecologismo vasco está más fuerte que nunca, y que las fuerzas populares consolidan la tendencia histórica hacia la soberanía y la reconstrucción nacional...".
En un observador neutral, estas palabras provocarían la risa o el sarcasmo.
Pero no somos observadores neutrales sino militantes comprometidos en las luchas de nuestro pueblo. Y mirándolas desde ahí, desde el barro de la resistencia en que estamos enfangados, como gusta decir a Gil de San Vicente, éstas palabras nos suenan a drama, y no sólo por el desenfoque que ellas encierran, sino por la mentira, por el ocultamiento de la verdad a ese mismo pueblo vasco y a ese mismo. movimiento popular en nombre del que se habla.
No podemos tomarnos éstos análisis a la ligera..Estamos obligados a tomarlos en serio porque la falsedad que proyectan, inducen al movimiento al que se
•dirigen a tomar las derrotas por victo-
Es cierto que los sucesos de Etxebarria revelan la intención del PNV y la función represiva asignada a la Policia Vasca, pero lejos de ser éste un sintoma de debilidad o de acorralamiento político, esa intervención descubre lo contrario: que el Gobierno vasco se siente con la suficiente autoridad moral y credibilidad política como para atreverse a lanzar a su policia aquello que le moleste: contra las "konparsas" de Bilbao en fiestas, contra los comandos de ETA o contra trabajadores en huelga. Esto es algo que no se hubiera atrevido a realizar en otras condiciones políticas. Se cuidó muy bien de hacerlo en los primeros años de la transición cuando el movimiento rupturista vasco era más potente de lo que es ahora. Y si lo hace en este momento no sólo es porque tiene ya una policía técnicamente preparada, que también, sino porque dispone de una policía políticamente convencida de su misión, y porque ese convencimiento tiene sus raíces en cambios políticos y culturales que actúan a contrapelo de las ideas revolucionarias. Porque, en una palabra, es plenamente consciente de que la mayoría social rechaza la violencia de ETA y se siente con la autoridad moral suficiente como para implicarla, incluso, en operativos policiales realizados por el método expeditivo del
No puede deducirse de aquí que la mayoría del pueblo vasco aprueba el asesinato de los militantes de ETA (que más quisieran ellos) (15), pero el hecho importante en política es que el rechazo de la mayoría al asesinato como medio de "combatir el terrorismo", no se expresa en disposición a movilizarse contra él, como ocurría en un pasado no lejano. Tenemos así un retroceso importante de la movilización política contra las fuerzas represivas, que contrasta vivamente con la cada vez mayor contestación social a la actividad de
ETA. Ese sólo dato nos indica el sentido en que se han modificado las rela-
Puede que las negociaciones de Argel entre ETA y el Gobierno se reanuden de nuevo, pero no será, como supone Ostarte, porque el Gobierno haya perdido relacciones de fuerza, todo caso, porque ETA modifique sus planteamientos.
Negociación política y correlación de fuerzas
La certeza en que la negociación política con el Estado va a producirse "inevitablemente" en los términos propuestos por ETA pretende apoyarse en que el pueblo vasco es mayoritariamente abertzale y en que la fuerza del sector radical terminará por arrastrarlo hacia posiciones favorables a la negociación.
Ahora bien, de éste dato general sólo puede sacarse como conclusión que la mayoría del pueblo vasco se siente con derecho a reclamar para sí el libre ejercicio de su autodeterminación nacional. Pero entre sentirse con derecho a ajercerlo y querer ejercerlo hay una enorme distancia política que no puede desconocerse a la hora de formular una estrategia revolucionaria, como pretende ser la estrategia de negociación po-
Sucede así que la mayoría del pueblo vasco toma el derecho de autodeterminación como un medio para afirmar su identidad nacional sin mostrarse dispuesta a pelear por el ejercicio etectivo de ese derecho. Esa reivindicación no expresa aquí y ahora la convergencia de movimientos sociales y políticos diversos, como en los casos conocidos de las Repúblicas Bálticas. Aparece como una idea abstracta, como un derecho cuya realización puede esperar a la evolución natural de los tiempos . Resulta de ello una conclusión harto dolorosa para el movimiento revolucionario, pero que constituye el punto de partida de su estrategia política. Y es que la distancia entre los intereses históricos del pueblo vasco y de la clase obrera: la independencia nacional y el socialismo, y sus intereses inmediatos, aquellos por los que están dispuestos a luchar en el presente, ha crecido hasta el punto de llegar a hacerse irreco-
En éstas condiciones políticas, la fuerza del movimiento rupturista vasco disminuye. Pese al esfuerzo que se realiza, no existe hoy la posibilidad de arrastrar a la mayoría social hasta la ruptura con el sistema y esa circunstancia empuja incluso a la pasividad de la minoría radical, que encuentra cada vez más dificultades para convertir en acción, en movimiento de lucha, las reivindicaciones políticas que formula por medio del voto a las candidaturas de
ETA pretende, al parecer, modificar ese desequilibrio en la correlación de fuerzas políticas por medio de una elevación de grado en la cadena de atentados, los coches-bomba, deslizando así su estrategia política hacia un curso militarista de consecuencias funestas para el movimiento radical vasco toma-
La dialéctica de la lucha armada
Quien marca las reglas del juego en la estrategia de la negociación es aquél que mejor relación de fuerzas posee.
Ignorarlo es un ejercicio de ingenuidad política que conduce a competir con el
Estado en su terreno, allí donde él es mas fuerte y se siente más seguro: en el terreno de la confrontación armada.
Aceptando entrar en ese campo de confrontación con el Estado, ETA se ve obligada a contestar golpe por golpe a sus consecutivas "vueltas de tuerca" de
la represión, o a sus reiteradas negativas a negociar en términos políticos. Se obliga a sí misma a demostrar que, pese a todo, el Estado es vulnerable y ella posee la suficiente capacidad operativa e influencia de masas como para continuar sosteniendo la oferta de negociación en términos políticos. No puede decirse que no lo haya logrado en parte. Su capacidad operativa ha quedado demostrada una vez tras otra, y los golpes represivos concentran la decisión de resistencia del movimiento en que se apoya. Pero queda atrapada, sin embargo, en una dialéctica pernicio sa de enfrentamiento entre poderes militares y apoyos políticos cada vez mas desiguales, pues se actúa sobre un escenario político en que los movimientos de masas, el pueblo concreto en nombre del que se actúa, permanece ajeno a la confrontación.
Ajeno no quiere decir neutral, porque en ese escenario de lucha cada cual busca legitimarse frente al otro. Y en esta batalla, que se dirime ya en el terreno de la ideología y de la política, es de nuevo el Estado quien moviliza tras sí a la opinión pública, apoyandose incluso en agentes sociales de la "oposición democrática", catos, iglesia, medios de comunicación,
La lucha armada desempeña así una función contraria a la que se le asigna en la estrategia de ETA, y son razones intrínsecas a ella misma las que explican sus resultados políticos. Este méto-
ASUE
do de acción política concentra la atención no sólo ni fundamentalmente en las situaciones de injusticia que denuncia, ni en las reivindicaciones que levanta, sino también, y a partir de un cierto grado de intensidad, la lucha armada concentra la atención sobre sí misma, trasladando el debate político de las reivindicaciones que formula, (la amnistia, la independencia nacional o cualquier otra) a la legitimidad del método por el que se reivindican. Y un método de acción política tan extremo como ese, sólo encuentra justificación social y legitimidad de la mayoria cuando todos los otros métodos son brutalmente reprimidos por un poder totalita-
No son éstas las coordenadas de la acción política en Euskadi. El movimiento de masas no tiene más límites para desplegar su acción que aquellos que provienen de su propia conciencia y de su propia voluntad política y si el pueblo vasco no emprende la vía de la insurrección política contra el Estado es porque su situación no resulta ser tan desesperada como para recurrir a una solución tan extrema como esa. ello nos describe un cuadro general que explica por qué no se puede pasar automáticamente del cuestionamiento de la legitimidad del Estado, a tomar las armas contra él, o a otorgar legitimidad y apoyo a la lucha armada realizada en su nombre.
En estas condiciones, ETA ha reforzado el papel de los coches-bomba en su acción militar. Esta escalada pretende, según explican sus mismos protagonistas "...demostrar al Estado que le resulta más cómodo negociar en términos políticos que soportar el coste de la armada.. Producida por su acción
.En nuestra opinión los resultados que se están obteniendo van más bien en sentido contrario. Tenemos así que, en lugar de empujar a las fuerzas policiales a que ejerzan presión sobre el Gobierno para que éste negocie, las empuja a reforzar la represión. En lugar de provocar fisuras entre las fuerzas políticas comprometidas en "la represión del terrorismo", las lleva a un mayor apiñamiento. En lugar de ganar nuevos aliados entre las bases del nacionalismo moderado, aprovechando las contradiciones entre su deseo independentista y su direción política, las empujan al lado contrario por rechazo de la lucha armada. Y, en lugar de cohesionar las fuerzas de izquierda revolucionaria de todos los pueblos sometidos al Estado, empuja a un alejamiento Recuperar la razón ética para recomponer la iniciativa política La asignatura pendiente que los coches-bomba de ETA nos ha dejado a todo el movimiento rupturista vasco consiste en la razón ética de nuestra lucha política. Sabemos que conquistar la soberania nacional supone romper la estructura del Estado centralista, y que eso es algo que exigirá, en algún momento del camino, una confrontacion generalmente violenta contra él. Ahí queremos llegar, pero la batalla no está planteada ahora en términos ofensivos sino defensivos No somos nosotros, el movimiento independentista y revolucionario quienes llevamos la iniciativa y para recuperarla resulta imprescindible recomponer la acción política de los movimientos de resistencia, a partir de sus propias reivindicaciones y en base a sus propias formas de acción política, realizadas hoy por métodos de desobediencia civil. Es desde ese planteamiento que se enfoca hoy el problema de la violencia y de los métodos de lucha. Y en ésta batalla política a medio y largo plazo por ganar la hegemonía en la
, resulta absolutamente imprescindible impulsar sólo aquellos mé todos de acción que puedan desplegarse desde dentro mismo del movimiento de que se trate. Sólo así recuperaremos la razón ética y la relación de identidad entre el movimiento revolucionario y los intereses concretos del movimiento de masas realmente existente.
A partir de ahí podrá plantearse en el futuro la posibilidad de pasar de la resistencia defensiva a la contraofensiva política.