La dimensión romántica
¿El romanticismo es esencialmente un movimiento conservador y reaccionario o contiene también potencialidades revolucionarias, por su oposición al capitalismo y a la sociedad burguesa? Estas preguntas y, de una manera más concreta, la relación entre el marxismo y el romanticismo constituyen el tema de este artículo.
La primera dificultad que encontramos es la ambigüedad misma del fenómeno romántico. Inaprensible, contradictorio y proteiforme, esta nebulosa parece escapar a toda definición, a toda caracterización precisa. Sin querer cerrar el debate, y a título de hipótesis de trabajo, me parece que uno de los rasgos más importantes del romanticismo en tanto que corriente socio-política (por otra parte, inseparable de sus manifestaciones culturales y literarias) es la nostalgia de las sociedades precapitalistas y una crítica ético-social o cultu-
Etimológicamente el término romanticismo, contiene esta referencia al pasado, más concretamente a la literatura de lengua "romance" de la Edad Media. En estas condiciones, ¿por qué extender el concepto de nostalgia romántica, como nosotros lo hemos hecho, al conjunto de las formaciones precapitalistas? Esta objeción es especialmente pertinente en lo que concierne al romanticismo alemán "clásico" ya que para éste, el paraíso perdido es, con toda claridad, la sociedad feudal de la
Sin embargo, me parece que el romanticismo puede y debe ser definido respecto a una referencia más amplia, por las razones siguientes:
Una referencia amplia 1) En Rousseau, que es sin ninguna duda el gran precursor del romanticismo, no encontramos ninguna simpatía por el feudalismo, sino todo lo contrario. Lo mismo puede decirse en el siglo
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Michael Lowy del marxismo
| XIX, para los populistas rusos, representantes por autonomasia del romanticismo económico. Así podríamos multiplicar los ejemplos.
2) La referencia a la época medieval es en sí misma ambigua, en la medida que la sociedad medieval contiene diferentes estructuras sociales: de una parte, claro está, instituciones jerárquicas como las órdenes militares y las religiosas, etc.; por otra parte, restos de la comunidad rural gentílica (la Marca germánica) igualitaria y colectivista.
3) Las diferentes sociedades precapitalistas, a pesar de sus diferencias claras, contienen rasgos comunes que las distinguen radicalmente del modo de producción capitalista. Como señala Claude Lefort, "cuando tomamos como referencia al capitalismo (...) todas las demás formaciones sociales revelan su parentesco (1)."
En la visión romántica del mundo, este periodo precapitalista se muestra engalanado con una serie de virtudes (reales, relativamente reales o imaginarias) como, por ejemplo, el predominio de los valores cualitativos (valores de uso o valores éticos, estéticos y religiosos), la comunidad orgánica entre los individuos o también el rol esencial de los lazos afectivos y de los sentimientos -en contraposición a la civilización capitalista moderna fundada sobre la cantidad, el precio, el dinero, la mercancía, el cálculo racional y frío del beneficio, la atomización egoísta de los individuos. Cuando esta nostalgia es el eje central que estructura el conjunto de la "Weltanschauung" (concepción del mundo), nos encontramos ante un pensamiento romántico en sentido estricto, como por ejemplo en la Alemania de comienzos del siglo XIX. Cuando se trata de un elemento entre otros de un conjunto político-cultural más complejo, podemos hablar de una dimensión romántica (como por ejemplo en Lukács en 1922-23).
La matriz común
No obstante, esta matriz común define un campo de ideas, un universo espiritual que está lejos de ser unívoco: utili-
"hermafroditismo ideológico" para designar metafóricamente esta ambivalencia, esta doble naturaleza del romanticismo anticapitalista que lo recorre y lo divide desde su origen. En efecto, la mayor parte de los investigadores y de los historiadores de las ideas están de acuerdo en atribuir una doble paternidad intelectual al romanticismo del siglo XIX: Rousseau y Burke (2). Es decir, a la vez el precursor más eminente de 1789 y de la igualdad jacobina y el enemigo más acérrimo de la Gran Revolución en todas sus manifestaciones. Es cierto que en el romanticismo alemán "clásico" de principios del XIX, la reacción contra la Revolución Francesa es la tendencia dominante, pero, incluso en este caso, no podemos olvidar que, en su juventud, autores como Kleist, Friedrich Schlegel y muchos otros simpatizaron activamente con la Revolución y que Hölderlin nunca renegó de su ardiente
Confrontados a estas contradicciones, a esta inconstancia e inconsistencia, ciertos autores como Carl Schmitt concluyen demasiado rápidamente que "el abigarrado tumulto del romanticismo se disuelve en el simple principio de un ocasionalismo subjetivizado, y la misteriosa contradicción de las diversas orientaciones políticas del así denominado romanticismo político, se explica por la insuficiencia moral de un lirismo, para el cual no importa qué contenido puede ser la ocasión de un interés estético" (3). Desde mi punto de vista, esta interpretación es falsa, no solamente porque es incapaz de explicar a los pensadores estrictamente políticos de la corriente romántica (Adam Müller, etc.) cuya dimensión estética es muy
todo porque ignora que detrás del "tumulto abigarrado" hay un núcleo sólido, un invariante esencial, que es precisamente la referencia idealista al pasado precapitalista y una rabiosa crítica de ciertos aspectos del capitalismo y/o de
Otros autores, principalmente Jacques Droz, es sus obras (por otra parte excelentes) sobre el romanticismo político, tienden a reducir el fenómeno a sus aspectos conservador y contrarrevolucionario (4). Pero esta interpretación implica que las simpatías republicanas de los jóvenes Schlegel y Kleist sean consideradas como un episodio biográfico exterior al romanticismo y que Holderlin no sea incluído en el aná
En realidad, esta ambigüedad se reencuentra en el neo-romanticismo de fin del siglo, por ejemplo en el asombroso itinerario del amigo de Lukács, el escritor Paul Ernst, que pasa del ala más de izquierdas del Partido Socialista a una visión del mundo ultra-conservadora, próxima al fascismo. O, el itinerario del sociólogo Robert Michels, participante activo (poco antes de Lukács) del Círculo Marx Weber de Heidelberg, que se transforma, de sindicalista revolucionario antes de la guerra, en simpatizante declarado del fascismo italiano (5). Se encuentran también, claro está, itinerarios en sentido contrario
Este "tumulto abigarrado", estas metamorfosis políticas sorprendentes, esta heterogeneidad profunda solo son en realidad las diferentes vías de desarrollo posible a partir de la matriz común que define el romanticismo en tanto que tal: la nostalgia de las sociedades precapitalistas. Nos parece posible ordenar un poco este rompecabezas político-cultural, esbozando una tentativa de tipología de las principales figuras del romanticismo. Se trata, claro está, de "tipos ideales" (en el sentido weberiano del término) que pueden combinarse y articularse de diferentes maneras en la obra de cada
"Tipos ideales"
1) El romanticismo del pasado o "retrógrado", que busca restablecer el estado social anterior. Este término me parecen más adecuado que "reaccionario"
que es demasiado restrictivo, por su referencia directa a la reacción contra la Revolución Francesa. Para esta corriente, cuyo representante más coherente es Novalis, no se trata de conser-
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Michael Lowy var el status quo, sino de volver hacia atrás, a la Edad Media católica, antes de la Reforma, el Renacimiento y el desarrollo de la sociedad burguesa.
2) El romanticismo conservador que, contrariamente al anterior, desea simplimente el mantenimiento de la sociedad y del Estado tales como existían en los países no contaminados por la Revolución Francesa (Inglaterra y Alemania a fines del XVII) y el restablecimiento de las estructuras que existían en Francia en 1789 -estructuras que comportan ya una articulación específica de formas capitalistas y precapitalistas. Burke, con su célebre panfleto sobre la Revolución Francesa (1789), puede ser considerado como el primer gran representante de esta corriente
3) El romanticismo desencantado, para el cual, la vuelta atrás es imposible, cualesquiera que hayan sido las cualidades sociales y culturales de las sociedades precapitalistas; el capitalismo industrial, a pesar de sus errores y el declive cultural que implica en ciertos aspectos, es un fenómeno ireversible, al que hay que resignarse. Esta posición es claramente la de los sociólogos alemanes del periodo de entresiglos, como Tönnies y en cierta medida el
4) El romanticismo revolucionario (y/o utópico) que rechaza a la vez la ilusión de la vuelta hacia las comunidades del pasado y la reconciliación con el presente capitalista, buscando una salida en la esperanza del futuro. En esta corriente -donde podemos encontrar muchos pensadores socialistas, de Fourier a Gustav Landauer y Ernst Bloch- la nostalgia del pasado no desaparece. pero se transmuta en tension uturo post-capitalist
El romanticismo revolucionario se dis tingue también de las otras corrientes románticas por el tipo de sociedad precapitalista que le sirve de referencia: no se trata de un sistema feudal y sus instituciones (nobleza, monarquia, iglesia, etc). La edad de oro precapitalista varía según los autores, pero no es la que reivindican los románticos del pasado o los conservadores: es un "estado natural" más o menos mítico en Rousseau • Fourier, el judaísmo antiguo de Moses Hess, la Grecia antigua en Hölderlin, el joven Lukács y muchos otros, el "comunismo inca" en el marxista peruano Josá Carlos Mariátegui, las comunidades rurales tradicionales en los populistas rusos y Gustav Landauer, etc.
Martin Buber tenía, a propósito del pensamiento de Gustav Landauer, una fórmula que me parece que explica notablemente, el espíritu de esta variante muy particular del romanticismo: "La perspectiva es, en última instancia, una conservación revolucionaria: la selección revolucionaria de los elementos del ser social dignos de ser conservados y dignos de servir para la nueva construcción" (6). A veces, se trata de elementos que ya no existen y la propuesta no es una conservación, sino una forma de renacimiento. Lo esencial es esto: la revolución (o la utopía) debe incorporar ciertos aspectos, ciertas dimensiones, ciertas cualidades humanas, sociales, culturales y espirituales de las sociedades precapitalistas. Esta dialéctica sutil entre el pasado y el porvenir pasa frecuentemente por una negación radical, apasionada e irreconciliable del presente, es decir del capitalismo y de la sociedad burguesa indus-
Una relación compleja ¿Cual puede ser la relación entre el marxismo y el romanticismo revolucionario definido en estos términos? ¿Son contradictorios o son posibles entre ellos afinidades y convergencias?
Marx, a primera vista, parece no haber sido tocado por la gracia romántica. En nuestra libro "Por una sociología de los intelectuales revolucionarios", hemos categóricamente proclamado que "el socialismo de Marx no tiene nada que ver, ni socialmente ni ideológicamente con el romanticismo anticapitalista; sus raóces están en un sector muy diferente de la pequeña burguesía, jacobina, iluminista, democrático revolucionaria, antifeudal y "francófila", cuyo genial representante literario es Heinrich Heine, ese acérrimo enemigo del romanticismo (7)".
Esta afirmación ha sido criticada por ciertos investigadores americanos (Paul
Breines, Jeffrey Herf) que han puesto en evidencia el carácter unilateral de nuestra posición y la importancia de las raíces románticas del pensamiento de
Marx (8). Tras una reflexión, me parece que Breines y Herf tienen razón: existe en Marx una dimensión romántica indiscutible, incluso si ésta no es el aspecto dominante de su pensamiento. Breines escribe que Marx "ha logrado una fusión entre las corrientes de crítica social romántica y la de los iluministas-utilitaristas". Esta observación me parece muy clarificadora, a pesar que, en lugar de "fusión" sería más correcto hablar de "superación" en el sentido dialéctico del término alemán "Aufhebung". En realidad la fórmula que nosotros hemos utilizado en nuestra obra -Marx antiro-
mántico, porque era jacobino y próximo de Heine- es en ella misma contradictoria: ¿acaso el propio jacobinismo inspirado en Rousseau no contiene un componente esencialmente romántico?. Y Heinrich Heine, el amigo de Marx y adversario implacable del romanticismo conservador, ¿no tenia, tambien, una fibra romántica?. Como confiesa el mismo: "A pesar de la guerra a muerte que he hecho al romanticismo, he sido toda mi vida un romántico y más de lo
Si Heine no puede ser considerado verdaderamente un romántico, otros escritores que han influído de manera significativa en la visión del mundo de Marx y Engels lo son indudablemente. Es el caso, por ejemplo de Thomas Carlyle, cuya crítica mordaz y cáustica del capitalismo tendrá un impacto profundo sobre sus ideas. Engels escribirá en 1844 un informe entusiasta de "Past and Present" (1843), donde cita de forma aprobatoria las filípicas contra el mamonismo, la religión del dios Mamon que dominaba Inglaterra. A pesar de que critica las opciones conservadoras del autor, reconoce una relación decisiva entre éstas y el valor de la obra: "Thomas Carlyle es originariamente un tory (...). Es seguro que un whig no habría podido escribir un libro que fuera a medias tan humano como 'Past and Present' (10)." En cuanto a Marx, leerá en 1845 el pequeño libro de Carlyle sobre el cartismo, tomando bastante notas; entre los párratos anotados, se encuentra esta imagen maravillosamente romántica del capitalismo industrial: "Si los hombres han perdido la creencia en un Dios, su único remedio contra un ciego No-Dios, de Necesidad y Mecanismo, contra una terrible Máquina a Vapor Mundial, que los encierra en su vientre de hierro como un monstruoso toro Faloris, sería, con o sin esperanza, la 'revuelta' (11)."
En un artículo de 1850, Engels vuelve a Carlyle; aunque rechaza los escritos más recientes, esboza un análisis de sus obras de los años 40, que es muy clarificador: "Thomas Carlyle tiene el mérito de haberse dirigido (a través de sus escritos), y a veces de un modo incluso 'revolucionario', contra la burguesía, en una época donde las concepciones, gustos e ideas de ésta dominan enteramente la literatura inglesa oficial. Así, en su historia de la Revolución Francesa, en su apología de Cromwel, en el panfleto sobre el cartismo, en 'Past and Present'. Pero en todos estos escritos, la crítica del presente está estrechamente ligada a una apoteosis extraordinariamente poco his-
88 Michael Lowy tórica de la Edad Media, cosa muy frecuente, por otra parte, entre los revolucionarios ingleses, por ejemplo Cobbet y una parte de los cartistas (12)." Esta opinión contiene dos proposiciones que nos parecen fundamentales para un enfoque marxista del romanticismo: 1)la crítica romántica del presente capitalista está "estrechamente ligada" a la nostalgia del pasado, y 2) esta crítica puede ganar en ciertos casos en una dimensión autenticamente revolucionaria. En otros términos, Engels capta aquí la ligazón dialéctica, dentro de la concepción del mundo del romanticismo revolucionario, entre nostalgia del pasado y esperanza del porvenir.
Aún más importante que la de Carlyle será la influencia que ejercerá sobre Marx y Engels la obra literaria del más despiadado crítico de la civilización capitalista: Honoré de Balzac del que Engels confiesa haber aprendido "más que en el conjunto de todos los historiadores, economistas y estadísticos profesionales de la época" (13).
Claro está, la lectura que hace de
Balzac es fuertemente selectiva: tanto Engels como Marx rechazan las ilusiones en el pasado presentes en los dos escritores. Pero les toman sin dudarlo su crítica romántica del capitalismo, crítica profundamente carleada de valores éticos y socio-cultura-
Alvin Gouldner tiene pues razón al insistir sobre los "importantes componentes románticos" del pensamiento de Marx, y Ernest Fisher al señalar que éste ha integrado en su obra "la revuelta romántica contra un mundo que ha transformado todo en mercancía y ha degradado al hombre a la condición de objeto..(14)". Esta componente se encuentra, por ejemplo, en el Manifiesto Comunista donde, aunque caracteriza a todas las corrientes románticas anticapitalistas como "reaccionarias", Marx y Engels insisten en el valor de su crítica social. Incluso el socialismo "feudal", esa mezcla sui géneris entre "ecos del pasado" y "ruidos del futuro", a pesar de su "impotencia total para comprender la marcha de la historia moderna", tiene el mérito indiscutible de "golpear en el corazón de la burguesía con una crítica amarga y mordaz". En cuanto al "socialismo pequeñoburgués" (Sismondi y su escuela), a pesar de sus limitaciones se constata que "analiza con una gran perspicacia, las contradicciones inherentes a las condiciones modernas de producción. Puso al desnudo las hipócritas apologías de los economistas. Demostró, de una manera irrefutable, los efectos destructores del mecanicismo y de la división del trabajo, la concentración del trabajo y de la propiedad de la tierra, la superproducción, las crisis, la desaparición irremediable de la pequeña burguesía y de los pequeños campesinos, la miseria del proletariado, la anarquía de la producción, la desproporción vergonzosa en la distribución de la riqueza (15)". impresionante reconocimiento de una deuda intelectual! En realidad, toda la crítica anticapitalista de este romanticismo "pequeñoburgués" es integrado por Marx y Engels en su visión de la sociedad burguesa -incluso si ellos rechazan sin ambigüedades como utópicas y/o reaccionarias las soluciones positivas que le son propias. Por otra parte, Marx y Engels no esconden su admiración por el rol histórico "eminentemente revolucionario" de la burguesía conquistadora y sus realizaciones económicas superiores a las piramides de Egipto y a los acueductos romanos, realizaciones que en su opinión preparan las condiciones materiales para la revolución proletaria. El enfoque escogido por Marx y Engels a propósito de Sismondi plantea un problema importante desde el punto de vista de la sociología del conocimiento: la posibilidad, para los pensadores que se sitúan desde el punto de vista del pasado, de acceder a un conocimiento de ciertos aspectos del presente de una manera más profunda, que los que se identifican de manera inmediata y acrítica con ese presente. Marx volverá a este tema en varias ocasiones, principalmente en las Teorías sobre la plusvalía.
Por consiguiente, me parece que el análisis de Breines sobre el Manifiesto es muy pertinente: "En el Manifiesto y en los escritos anteriores de Marx, la revolución industrial capitalista y el conjunto universal de relaciones objetivas que ha creado, son analizados como simultáneamente liberadoras y opresoras (...).La Ilustración y sus sucesores utilitaristas han señalado el primer aspecto del cuadro; la corriente romántica, el segundo. Marx ha sido el único que ha transformado los dos en una sola visión crítica (16)". Sin embargo, desde mi punto de vista, Breines se confunde cuando afirma que en los escritos de Marx y Engels de la segunda mitad del XIX se desarrolla solamente la raíz iluminista-utilitarista, mientras que el romanticismo se marchita. A mi modo de ver, esto está lejos de ser evidente. A partir de los años 1860, Marx y Engels manifiestan un interés y una simpatía creciente por ciertas formaciones sociales precapitalistas. Es fundamentalmente el descubrimiento de la
obra de G. Maurer (el historiador de las antiguas comunidades germánicas) У más tarde el de Morgan lo que va a estimular su revalorización del pasado Gracias a estos autores, ellos descubren una formación precapitalista ejemplar, distinta del sistema feudal exaltado por los románticos "clásicos": la comunidad primitiva. Marx manifiesta claramente esta opción política de otro pasado, en una carta a Engels del 25 de marzo de 1868, donde escribe a propósito del libro de Maurer: "La primera reacción contra la Francesa y la filosofía de las Luces a la que está ligada ha sido naturalmente verla bajo un ángulo medieval, romántico, e incluso gente como Grimm no están exentos de ello. La segunda reacción -que corresponde a la orientación socialista, a pesar de que estos sabios no pueden sospechar que están ligados a ella- consiste en ir por encima de la Edad Media a la época primitiva de cada pueblo. Y las gentes se sorprenden al encontrar en lo más antiguo lo más moderno, e incluso igualitarios a un punto que haría estremecerse a Proudhon (17)"
Engels también quedará impresionado por las investigaciones de Maurer, que van inspirarle entre otros textos, un pequeño ensayo sobre la antigua Marca (comunidad rural) germánica, ensayo que propone como programa socialista para el campo "un renacimiento de la Marca" (18). El va más lejos que Maurer, que le parece todavía demasiado influenciado por el evolucionismo de la Aufklärung: en una carta a Marx del 15 de Diciembre de 1882 se queja de la persistencia en Maurer del "prejuicio de la filosofía de la Luces según el cual hace falta que a partir de la oscura Edad Media tenga lugar un constante progreso hacia algo mejor; esto impide no solamente ver el carácter antagonista del proceso real, sino también algunos reveses (19)". Este párrafo nos parece una síntesis notablemente precisa de la posición fundamental de Engels (y Marx) sobre esta problemática: 1) rechazo del progreso lineal e ingenuo (cuando no apologético) que considera la sociedad burguesa como universalmente superior a las formas sociales anteriores; 2) comprensión del carácter contradictorio del indiscutible progreso traído por el capitalismo; 3) reconocimiento de que la sociedad industrial/capitalista representa, en ciertos aspectos, un retroceso (desde el punto de vista humano) con relación a las comunidades del pasado.
Por otra parte, esta última proposición es uno de los temas centrales de
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Michael Lowy El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado; partiendo de los estudios de Morgan sobre la "gens", Engels insiste en el retroceso que significa, en cierta medida, la "civilización" en relación a la comunidad primitiva: "¡Qué admirable constitución la de esta organización gentilicia! Sin soldados, ni gendarmes, ni policías, sin nobleza, ni reyes ni gobernadores, sin jefes ni jueces, sin prisiones, sin procesos, todo funciona perfectamente (...). Todos son iguales y libres -incluídas las mujeres- y si comparamos su situación a la de la inmensa mayoría de las sociedades de nuestros días, la distancia es enorme entre el proletariado o pequeño campesinado de hoy día y el antiguo miembro libre de gens(20)." Los criterios que permiten a Engels hablar de retroceso son, en primer lugar, sociales: la libertad, la igualdad; pero son también éticos: la disolución de la gens (por la propiedad privada) es inevitable, pero eso no significa que no sea una "degradación", una "caída original desde lo alto del candor y de la moralidad de la vieja sociedad gentilicia (21)."
Es en la lucha contra el populismo ruso cuando va a nacer, con Plejanov, un marxismo radicalmente antirromántico, iluminista, evolucionista y beatamente admirador del "progreso" capitalista industrial. Esta tendencia se apoya, claro está, sobre ciertos textos de Marx y Engels, pero no hay nada mas revelador de la diferencia entre el marxismo des-romantizado y el pensamiento de Marx, que el estudio atento de los escritos del autor de El Capital sobre la comuna rural rusa. Sin compartir todas las concepciones de los narodniki, Marx creía al igual que ellos en el rol socialista futuro de la comuna rusa tradicional (obschtchina); para él, como escribirá explícitamente en la carta que dirige a Vera Zasulitsch, el 8 de marzo de
"esta comuna es el punto de apoyo para la regeneración social de Rusia, pero para que pueda funcionar como tal, hace falta eliminar, en primer lugar, las influencias corruptas que la rodean por todos lados y a continuación asegurarle las condiciones normales de un desarrollo espontáneo (22)."
La problemática romántico-revolucionaria de la unión entre el pasado (precapitalista) y el porvenir (socialista) se manifiesta aquí de una manera particularmente clara- aunque por supuesto, en la necesidad para la comuna rusa de apropiarse de las conquistas técnicas de la sociedad industrial europea. El provenir iba a mostrar el carácter ilusorio de esta esperanza, pero el razonamiento de Marx contiene un "núcleo racional" eminentemente fértil.
Progreso y destrucción El borrador de la carta a Vera Zasulitsch contiene también algunas notas sobre el desarrollo de las comunidades rurales pre-capitalistas en la India que son reveladoras de la concepción de Marx y de su evolución desde los años
En 1853, Marx definía el papel de la colonización inglesa en India a la vez como mostruosamente destructiva y al mismo tiempo progresista (por la introducción del ferrocarril, etc.) forma el progreso de "este ídolo pagano odioso que sólo bebía el néctar en el cráneo de sus víctimas (23)". No obstante, en la carta de 1881, Marx escribe lo siguiente: "En cuanto a las Indias orientales por ejemplo, todo el mundo, salvo Sir H. Maine y otras personas de la misma especie, saben que allí, la supresión de la propiedad comunal de la tierra no era más que un acto de vandalismo inglés, empujando al pueblo indígena no hacia el progreso, sino hacia atrás (24)". Esta afirmación no es contradictoria con la de 1853, pero aquí el acento está en el aspecto (humanamente) regresivo del capitalis-
Sin duda, sólo hemos presentado aquí un aspecto del pensamiento de Marx y Engels. No tenemos que perder de vista el sentido de las proporciones y olvidar que para ellos el capitalismo industrial como sistema mundial había jugado un papel progresista, no solamente por el desarrollo, a una escala sin precedentes, de las fuerzas productivas, sino también por su socialización parcial (gracias a la cooperación, el mercado mundial, etc.), dos condiciones que crean la posibilidad objetiva de una transformación socialista de la economía y de una sociedad sin clases sociales en la cual "cada uno obtendrá según sus necesidades". La dimensión romántica anticapitalista se articula y se combina con esta otra orientación, resueltamente modernista y apasionadamente antifeudal, que conduce a la "Aufhebung" (negación-conservaciónsuperación) tanto del pasado pre-capitalista como del presente burgués.
La dimensión romántica-revolucionaria del marxismo tiende a desaparecer a fines del XIX y comienzos del siglo XX, no solamente del marxismo ruso (bajo la influencia de Plejanov), sino en general del marxismo de la Il interna-
cional (25). Una de las raras excepciones es Rosa Luxemburgo, que conecta directamente con las precauciones de Marx y Engels sobre las comunidades primitivas.
El tema central de su Introducción a la economía política (manuscrito inacabado publicado por Paul Levi en 1925) es el análisis de esta comunidad que ella designa como "sociedad comunista primitiva" y su oposición a la sociedad de mercado capitalista. Como señala con razón Ernest Mandel, en el prólogo a la edición francesa: "la explicación de las diferencias fundamentales entre una economía basada en la producción de valores de uso, destinada a satisfacer las necesidades de los productores, y una economía basada en la producción de mercancías, ocupa la mayor parte de la obra (26)". Como Engels y Marx, Rosa estudia con pasión los escritos de Maurer y se maravilla del funcionamiento democrático e igualitario de la Marca y de su transparencia social: "No se puede imaginar nada más simple y más armonioso que este sistema económico de las antiguas Marcas gemánicas. Todo el mecanismo de la vida social está como a cielo abierto. Un plan riguroso, una organización robusta contienen aquí la actividad de cada uno y la integran como un elemento del todo. Las necesidades inmediatas de la vida cotidiana y su satisfacción igual para todo, este es el punto de salida y el objetivo de esta organización. Todos trabajan para todos y deciden entre todos (27)". Rosa insiste sobre la universalidad del comunismo agrario como forma general de la sociedad humana, en una cierta etapa de su desarrollo, que se encuentra también entre los pueblos germánicos y eslavos, así como en los indios, los incas, los mexicanos, las cabilas y los hinduessa Luxemburgo, se inspira también, -como Engels en El Origen de la Familia...- en la clásica obra de Morgan, pero ella desarrolla a partir de este autor toda una visión grandiosa de la historia, una concepción innovadora y atrevida de la evolucion milenaria de a humanidad, en la cual la civilización actual "con su propiedad privada, su dominación de clase, su dominación masculina, su Estado y su matrimonio obligatorio" aparecen como un simple paréntesis, una transición entre la sociedad comunista primitiva y la sociedad comunista del futuro. La idea romántico-revolucionaria de unión entre el pasado y el futuro aparecen así de manera clara, incluso de una manera más explicita que en Marx y Engels: "La
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noble tradición del pasado lejano tendía así las manos a las aspiraciones revolucionarias del futuro, el círculo del conocimiento se cerraba armoniosamente y, en esta perspectiva, el mundo actual de dominación de clase y de explotación que pretende ser el non plus ultra de la civilización, el fin supremo de la historia universal no era más que una minúscula etapa pasajera en la gran marcha hacia el futuro de la humani-
En esta perspectiva, la colonización europea de los pueblos del Tercer Mundo le parece esencialmente una empresa socialmente destructiva, bárbara e inhumana; es el caso, fundamentalmente de la ocupación inglesa de la India, que ha destrozado y dispersado las estructuras agrarias comunistas tradicionales, con consecuencias trágicas para los campesinos: los antiguos lazos fueron rotos, el tranquilo aislamiento del comunismo separado del resto del mundo fue quebrado y sustituído por las disputas, las discordias, las desigualdades y la explotación. El resultado es, por un lado, grandes latifundios, por otro, millones de propietarios sin recursos. La propiedad privada hizo su entrada en la India y con ella el tifus, el hambre, el escorbuto, que se convirtieron en huéspedes permanentes de las llanuras del Gan-
En La acumulación del capital, Rosa examina de nuevo el papel histórico del capitalismo inglés y se indigna del desprecio criminal que los conquistadores europeos manifestaron hacia el antiguo sistema de regadío: el capital, en su ciega voracidad "es incapaz de ver lo suficientemente lejos para reconocer el valor de los monumentos económicos de una civilización más antigua", la política colonial produce el declive de este sistema tradicional y en consecuencia, el hambre comienza a partir de 1867, a hacer millones de víctimas en India (30). En cuanto a la colonización francesa en Argelia, se caracteriza, desde su punto de vista, por una tentativa sistemática y consciente de destrucción y dislocación de la propiedad comunal (31).
De este análisis se desprende su solidaridad con el combate de los pueblos colonizados contra las metrópolis imperialistas, combate en la que ella ve la resistencia tenaz y digna de admiración de las viejas tradiciones comunistas contra la búsqueda del beneficio y contra la "europeización" capitalista. Aquí se esboza la idea de una alianza entre el combate anticolonial de los pueblos indígenas, y el combate anticapitalista del proletariado moderno como convergencia revolucionaria entre el viejo y el nuevo comunismo....(32).
Por el contrario, a propósito de la comuna rural rusa, Rosa Luxemburgo tiene una visión mucho más crítica que la de Marx; a partir de los análisis de Engels que constataba a finales del XIX el declive de la obschtchina y su degeneración, Rosa muestra, con este ejemplo, los límites históricos de la comunidad tradicional y la necesidad de su superación (33). Su vista se vuelve con determinación hacia el futuro, y se separa aquí del romanticismo económico en general y de los populistas rusos en particular, para insistir sobre "la diferencia fundamental entre la economía socialista mundial del porvenir y los grupos comunistas primitivos de la prehisEl punto de vista de Lukács Contrariamente a Rosa Luxemburgo, y a Marx y Engels, la referencia pre-capitalista en el joven Lukács no es el comunismo primitivo ni una formación económica determinada, sino sobre todo ciertas configuraciones culturales el universo griego de Homero, la espiritualidad (literaria y religiosa) rusa, el misticismo cristiano, hindú o judío. Aquí y allá, podemos encontrar también alguna mención al catolicismo medieval, especialmente en relación al arte de un Giotto o de un Cimabue, pero no se trata de una referencia central. De otra parte, Lukács estaba mucho más próximo que Rosa Luxemburgo al romanticismo alemán "clásico" y sobre todo al neo-romanticismo de principios del siglo XX (Paul Ernst, Georg Simmel, etc.).
Con su adhesión al Partido Comunista Húngaro (diciembre de 1918), esta dimensión romántica no va a desaparecer; durante todo un periodo, va a combinarse con una visión marxista del mundo, en una fusión ideológica profundamente original y sutil, cuya expresión más acabada es el ensayo "La antigua y la nueva cultura", publicada en el momento del triunfo de la revolución húngara de los consejos de 1919. El tema de esta obra es el contraste entre la cultura de las sociedades del pasado y la "no cultura" del capitalismo. El análisis de Lukács no distingue entre los diversos modos de producción precapitalista; se refiere a las "épocas que han precedido al capitalismo" como un todo que presenta (frente a la "revolución capitalista") ciertas características comunes; en primer lugar, un "espíritu artístico" (künstlerische Geist) que domina toda la actividad producti-
va: desde el punto de vista del carácter humano de la creación, la impresión de un libro no era, en lo fundamental, diferente de su escritura, o la pintura de un cuadro del acabado de una mesa; de otro lado, la Kultur nacia de una manera lenta y orgánica a partir de la tierra abonada del ser social, y esta organicidad le daba un carácter armonioso y grandioso. Los ejemplos de cultura orgánica que Lukács menciona son Grecia y el Renacimiento: por tanto, la Edad Media parece descartada, pero, en realidad, el análisis de Lukács se aplica también a la cultura medieval. Con la llegada del capitalismo "todo ha dejado de ser evaluado por sí mismo por su valor intrínseco (por ejemplo, artístico o ético) por no tener valor más que como una mercancía vendible o comprable en el mercado". Con esta mercantilización general cesa toda posibilidad de cultura en el sentido estricto de la palabra: el capitalismo es destructor de cultura (Kultur zerstörend). Es cierto que en las épocas precapitalistas la cultura estaba reservada a las clases dominantes, pero en el capitalismo incluso ellas están sometidas al movimiento de la mercancía y son incapaces de una auténtica creación cultural. Con el comunismo surge, por primera vez, una cultura abierta a todos, una "cultura nueva" que aparece a los ojos de Lukács en primer lugar como una restauración cultural; gracias a la abolición del capitalismo y del carácter mercantil de los productos, el desarrollo orgánico "vuelve de nuevo a ser posible", las actividades sociales pierden su función de mercancía y su finalidad
"les es destituída" (35).
Estas afirmaciones muestran de manera clara que para Lukács (en 1919) la sociedad comunista reanuda el hilo de la continuidad cultural roto por el capitalismo; la nueva cultura aportada por la revolución anticapitalista del proletariado se une intimamente a la cultura antigua de las sociedades pre-capitalistas, el porvenir tiende un puente hacia el pasado, por encima del abismo abierto de la no-cultura capitalista. Esta problemática tipicamente romántico-revolucionaria aparece así, bajo una otra forma en la conferencia que Lukács dará en 1919 sobre el cambio de tunción del materialismo histórico. A partir de la distinción hegeliana entre el espíritu objetivo (las relaciones sociales, el derecho, el Estado, etc.) y el espíritu absoluto (filosofía, arte, religión), Lukács señala que las sociedades precapitalistas se caracterizan por el rol decisivo del espíritu absoluto: por ejemplo, la religión en la época del cristia-
88 Michael Lowy nismo primitivo (señalemos de pasada nuevamente la tendencia de Lukács a evitar la referencia a la Edad Media). En el capitalismo, por el contrario, todas las fuerzas sociales activas existen solamente como manifestaciones del espíritu objetivo (él mismo determinado por la base económica): la propia religión se convierte en una institución social como las otras (la Iglesia), comparable al Estado, el Ejército o la Escuela. Con el comunismo, comenzará un periodo donde de nuevo el espíritu absoluto -es decir, la filosofía, la cultura y la ciencia- dominaría la vida económica y social (36).
En Historia y conciencia de clase (1923), la dimensión romántica está más atenuada, pero sigue siendo una de las articulaciones fundamentales del universo teórico de Lukacs.
Es a finales de los años 20 cuando el pensamiento de Lukács realizará un giro hostil hacia el romanticismo, lo que no ocurre sin contradicciones y cambios bruscos. Se tiene la impresión de que durante unos cuarenta años su alma va a desgarrarse entre una tendencia "Aufklärer" y democrático liberal y un "demonio romántico anticapitalista" del cual no logra liberarse. La que domina es la primera, pero en ciertos momentos, la segunda remonta a la superficie. En el marco de este artículo no podemos examinar todos los jalones de este itinerario atormentado, tortuoso y bastante opaco: nos limitaremos a señalar algunos ejemplos entre los más
En 1928, Lukács escribe un informe muy elogioso del libro de Carl Schmitt, del cual acepta sin ninguna objeción la tesis -en nuestra opinión muy superticial- del "ocasionalismo" y de la ausencia de contenido político del pensamiento romántico (37). Siguiendo los pasos de Schmitt, insiste sobre la "incoherencia" de los románticos, sobre la "insignificancia" de su actividad política, sobre su subjetivismo anticientífico, su esteticismo exagerado, etc. Esta orientación antiromántica va a precisarse en 1931 en un artículo sobre Dostoievski, donde condena al escritor ruso -que había sido el principal inspirador de su periodo romántico mesiánico hasta 1918 -como "reaccionario" y como el representante "de un sector de la oposición pequeñoburguesa, intelectual, romántica, anticapitalista" por la cual "se abre una gran avenida hacia la derecha, hacia la reacción (hoy día hacia el fascismo) y por el contrario un sendero estrecho y difícil hacia la izquierda, hacia la revolución (38)". Con este artículo, aparece por primera vez un tipo de análisis que encontraremos en la mayor parte de los articulos posteriores de Lukács sobre el romanticismo anticapitalista: por una parte, el reconocimiento del carácter contradictorio del fenómeno; por otra parte, una tendencia (a veces exagerada) a considerar la predisposición reaccionaria, e incluso fascista, como el polo dominante. No es casualidad si este ensayo levantó la indignación de su amigo, ese romántico revolucionario por excelencia que es Enst Bloch, provocando un distanciamiento en sus relaciones, seguido algunos años más tarde de su polémica alrededor del expresionismo (1934-35), que es en realidad una polémica sobre el romanticismo.
No obstante, algunos años más tarde (1936), en un artículo sobre Dostoievski, no solamente va a "rehabilitar" al gran escritor ruso, sino que también va a desarrollar un análisis particularmente lúcido y penetrante de la dimension revolucionaria del romanticismo anticapi-
Toda la obra de Dostoievski, escribe, manifiesta "una revuelta contra la deformación moral y espiritual de los hombres resultado del desarrollo del "capitalismo". Frente a esta degradación,opone el sueño, la nostalgia de una edad de oro (simbólicamente representada por la Grecia arcaica, tal como la ha imaginado Claude Corrain en su cuadro Acis y Galatea) caracterizado por la armonía entre los hombres: "Este sueño es el auténtico núcleo, el verdadero contenido en oro, de la utopía de Dostoievski, un mundo en el cual (...) la cultura y la civilizacion no serán un obstáculo al desarrollo de alma humana. La revuelta espontánea. salvaje y ciega de los personajes de Dostoievski se hace en nombre de esta edad de oro, y siempre ha tenido, cualquiera que haya sido el contenido de la experiencia espiritual, una intención inconsciente hacia esta edad de oro.
Esta revuelta es la grandeza poética e históricamente progresista de Dostoievski, aquí surge, verdaderamente, una luz en la oscuridad de la miseria de
San Peterburgo; una luz que alumbraba los caminos para el provenir de la humanidad (39)". La edad de oro del pasado que ilumina el camino hacia el futuro: podríamos difícilmente imaginar una fórmula más feliz, más impresionante y más precisa para resumir la concepción del mundo romántico-revolucionaria por la cual Lukács manifiesta aquí una innegable simpatía y afinidad
Esta simpatía se manifestará de nuevo en una serie de artículos que Lukács
escribirá en Moscú en 1939-41 y que quedarán largo tiempo sin publicar. Su punto de partida son algunos de los textos de Marx y Engels sobre el romanticismo anticapitalista: el párrafo sobre el socialismo feudal en el Manifiesto, los artículos sobre Carlyle, etc.; él insiste sobre los méritos que los dos autores reconocen a esta corriente y en su crítica del capitalismo, y analiza, a este propósito, la obra de algunos escritores como Balzac, Tolstoi, Walter Scott, etc.
En polémica con ciertas críticas literarias soviéticas (Kirpotine, Knipovitch), que oponen el pensamiento burgués, "progresista" a las concepciones cionarias" de Balzac, Lukács rechaza esto que el designa como una tradición ideológica liberal-burguesa "la mitología de una lucha entre 'Razón' y 'Reacción'' o, en otra variante, el mito del combate del "ángel luminoso del progreso burgués contra el negro demonio del feudalismo (40)". Para él, la crítica despiadada de Balzac (o de Carlyle) contra el capitalismo es profundamente clarificadora, en particular en relación a su papel destructor de la cultura (41). No obstante, este aspecto crítico no puede ser mecánicamente separado del conjunto de la visión del mundo de Balzac o de Carlyle (y principalmente de su ideología conservadora según el viejo método proudhoniano de la disociación entre el "buen" y el "mal" lado de los hechos económicos y sociales (42).
En estos escritores la crítica lúcida del capitalismo está estrechamente ligada a la Edad Media: Balzac es tan penetrante gracias a su anticapitalismo
Nos tentaría atribuir esta calurosa revalorización del romanticismo anticapitalista por Lukács en 1939-41 a la concreta coyuntura política del periodo: pacio germano-sovietico, hostilidad abierta de la URSS a las "democracias capitalistas". Ciertas referencias a la actualidad en el texto parecen confirmar esta hipótesis: por ejemplo, Lukács acusa a sus adversarios de no haber superado la ideología del Frente Popular, es decir "la sobreestimación de la democracia burguesa, la actitud no crítica a su respecto". No obstante, según él "estas faltas toman hoy día un significado mayor. Como vió Engels proféticamente, desde los años 80, ha aparecido de nuevo una situación en la que la democracia burguesa es el baluarte y el lugar de reunión de todo lo que es reaccionario (44)". Pero esta hipótesis no permite comprender el ensayo sobre
88 Michael Lowy Dostoiesvki, escrito en plena época del Frente Popular.
Un itinerario atormentado En cualquier caso, desde el fin de la guerra, Lukács va a alejarse de nuevo del romanticismo, desarrollando una serie de análisis que a veces parecen confundirse con una versión sofisticada del combate mítico entre el "angel burgues de las luces" y el "negro demonio feudal" del cual hablaba tan irónicamente en 1941. Por ejemplo en 1945, en un ensayo sobre Thomas Mann, describe la trama de La montaña mágica como "el duelo intelectual entre los representantes de la luz y las tinieblas, entre el demócrata humanista italiano Settembrini y el alumno judío de los jesuitas Naphta, propagador de un sistema de tendencia católica prefigurando el fascismo (...)", reduciendo así de una manera grosera y simplificadora la ideologia romántica religiosa-comunista, paradojica y contradictoria del atractivo personaje Naphta a una "demagogia reaccionaria y anticapitalista (45)". Наcia la misma época (1946) en su Breve historia de la literatura alemana señala el carácter obscurantista y enfermizo del romanticismo, principalmente en Novalis, e insiste en que: "la crítica del romanticismo es una de las tareas más actuales de la historia de la literatura alemana. Esta crítica nunca podrá ser suficientemente rigurosa (46)". Esta concepción estrecha, recorre el conjunto de los escritos de la postguerra de Lukács; alcanza su apogeo con El asalto a la razón (1953) que presenta toda la historia del pensamiento alemán, de Schelling a Tönnies y de Dilthey a Simmel como una inmensa confrontación
"Reacción" y la "Razón" y todas las corrientes románticas "desde la escuela histórica del derecho hasta Carlyle" conduciendo necesariamente a "una irracionalización general de la historia" y, más tarde, a la ideología fas-
Será solamente mucho más tarde, en los últimos años de su vida, cuando Lukács volverá a aproximarse al romanticismo de una manera más matizada y más abierta. Es el caso fundamentalmente de su prefacio de 1967 a la reedición de Historia y conciencia de clase, donde reconoce que "el idealismo ético, con todos sus elementos románticos anticapitalistas" le ha aportado "algunas cosas positivas" y que estos elementos "con múltiples y protundas modificaciones" fueron integradas en su nueva visión del mundo (marxis-
Este itinerario tortuoso y contradictorio, del cual no poseemos aún todas las claves -y que muestra el pensamiento de Lukács, como el de Hans Castorp, el héroe de La montaña mágica, oscilando constantemente entre dos polos: el de un "Settembrini marxista" o el de un "Naphta revolucionario"- testimonia las dificultades de Lukács para superar las antinomias de su propio pensamiento y afrontar el desafío romántico.
Lukács y Rosa Luxemburgo son dos ejemplos particularmente significativos -muy distintos en su modalidad concreta- de integración de ciertos temas románticos revolucionarios en una problemática en su conjunto marxista. En nuestra opinión, el interes de estas iniciativas está muy lejos de lo puramente
Herbert Spencer, el sicofante prolijo y polivalente de la industria capitalista escribía hace un siglo que la llegada de la sociedad industrial produciría necesaria e inevitablemente la desaparición del militarismo y de las guerras.
Hoy día, después de dos guerras mundiales, de Auschwitz e Hiroshima, la relación tradicional entre desarrollo técnico e industrial y "progreso" aparecen mucho más problemáticas y cada vez es más difícil negar que había en ciertas formaciones pre-capitalistas aspectos (especialmente desde un punto de vista cultural y social) superiores a la civilización industrial capitalista.
En este momento, no solamente la humanidad se encuentra, gracias al "progreso técnico" permanente de un holocausto atómico, sino que se acerca a pasos de gigante a una catastrófica ruptura del equilibrio ecologista del planeta. En cuanto a los Estados llamados socialistas (URSS y China) aparecen cada vez menos como una real alternativa a ésta civilización y buscan, por el contrario, imitar lo más fielmente posible las técnicas, los métodos de producción y las formas de consumo de las sociedades capitalistas in-
De ahí, la importancia, en nuestra opinión, de encontrar la dimensión romantico-revolucionaria del marxismo y de enriquecer la perspectiva socialista del futuro con la herencia perdida del pasado precapitalista, con el tesoro precioso de los valores cualitativos, comunitarios, culturales, éticos y sociales que han sido ahogados desde la llegada del capital, en las "aguas heladas del cálculo egoísta".
En un ensayo de los años 20, ("Cultura socialista"), Thomas Mann propuso un pacto entre la concepción romántica
de la cultura y las ideas sociales revolucionarias, Grecia y Moscú, Hölderlin у Marx (49). Moscú dejó de ser el centro de la revolución, pero esta propuesta, en su espíritu general, nos parece que abre un fértil campo, todavía no explorado, para un renacimiento del pensamiento marxista y de la imaginación revolucionaria.
Michael Lowy. 1979 (traducción de Juan Tortosa).
NOTAS
1. Claude Lefort, "Marx, d'une vision de l'histoire à l'autre" en Les formes de l'histoire, essais d'anthropologie politique, Gallimard, Pans, 1978, p.210
2. Ver por ejemplo, John Bowle, Western Political Thought, Methuen, London, 1961, Book 3, Chapter IX: "The Romantic Reaction: Rousseau and Burke".
3. Carl Schmitt, "Politische Romantik", Verlag von Duncker und Humblot, München und Leipzig, 1925, Zweite Auflage, p.227.
4. Ver Jacques Droz, "Le Romantisme allemand et l'Etat", Payot, 1966, p.294 y sgs.
5. No podemos desarrollar en este texto un análisis del romanticismo anticapitalista y de sus raíces históricas y sociales en Alemania. Aconsejamos a este respecto a nuestra obra: "Por una sociología de los intelectuales revolucionarios". (edición española, Siglo XXI,
6. Martin Buber, Pfade in Utopia, Verlag Lambert Schneider, Heidelberg, 1950, VI.
7. Michel Lowy, Por una sociología ... p28 (edición francesa).
8. Paul Breines," Marxism, Romanticism, and the case of Georg Lukács: notes on some recent sources and situations", Studies in Romanticism n 16, Fall 1977, pp. 475-476; y Jeffrey Herf, "Review of M. Lowy, Pour une sociologie des intellectuels", Telos, n 3, Fall
9. Citado por G. Lukács, "Heine et la revolution de 1848"; Europe, mai-juin, 1956, p.54.
Lukács, que en la obra de Heine se encuentra
"una interpenetración incesante y dialéctica, llena de contradicciones, de tendencias románticas y de tendencias a la superación defi-
10. F. Engels "Die Lage Englands", 1844, en Marx, Engels, Werke Dietz Verlag, Berlin,
11. Thomas Carlyle, Chartism, London,
1840, p. 34, anotado por Marx en el cuademo
Excerpthefte B35AD89, a. Este cuaderno inédito se encuentra en Marx-Engels Archief del
Instituto Intemacional de Historia Social Amsterdam, donde hemos podido consultanto.
12. En Marx, Engels, Werke, 7, Dietz Ver-
88
lag, Berlin, 1961, p.255. 1888, en Marx, Engels, Briefwechsel, Dietz Berlin, 1953, p.481. El término "romántico" no designa aquí un género literario, sino la visión del mundo social y político de Balzac. Esential Mar p. 33 y Errer and Herder.
15. Marx, Engels, El Manifiesto comunista.
16. Paul Breines, op.cit, p.476. de la propiété privée et de l'Etat, Editions Sociales, Paris, 1975, p.328-29. pecto antiguo que tuvo su época, sino bajo una forma rejuvenecida" Engels, "a Marche", 1882, en L'origine de la famille... p.323. Engels se apresura a añadir: "Es uno de los aspectos de la cosas. Pero no hay que olvidar que esta organización estaba llamada a la rui-
21. Ibid., p106.
22. Marx, Engels, Briefwechsel, p.408. rence and Wishart, London, p.90. por la polémica antipopulista y orientado en una dirección antiromántica. Esto es claro soideológico contra los narodniki estaba en su cismo económico: Sismondi y nuestros sisa l'economie politique", Ed. Anthropos, Paris,
28. Rosa Luxemburgo, op. cit, p.91 social. Cfr. ibid. pp. 157-58.
London, 1951, p. 376.
31. Ibid, p. 380.
13. Engels, Carta a Miss Harkness, abril de 14. Alvin Goldner, For sociology, Allen Lane 17. Anexo a Engels "L'Origine de la tamille, 18. Engels añade claro está: "no en su as-
19. Marx, Engels, Briefwechsel, Dietz Ver-
20. Engels, L'origine de la famille... p105
"The future Results of the Britsh Rule in India", 1853, en On Colonialism, Law-
24. Anexo a L' origine de la famille, p.333.
25. Todo el marxismo ruso estaba marcado bre todo a fines del XIX, cuando el combate apogeo. Ver, por ejemplo, el célebre documento de Lenin "Para caracterizar el romanti-
26. Prefacio a R. Luxemburgo, "Introduction
29. Ibid, p.80. Este párrafo puede producir una visión demasiado idilica de la estructura social tradicional de la India: en todo caso, en otro capítulo de este libro, Rosa Luxemburgo reconoce que la existencia, por encima de las comunas rurales, de un poder despótico y de una casta de religiosos privilegiados, instituye relaciones de explotación y de desigualdad of Capital", Routledge and Kegan Paul Ltd.,
32. Rosa Luxemburgo, "Introduction a l'eco-
33. "Con la comunidad rural rusa, el agitado destino del comunismo agrario primitivo llega a su fin, el círculo se cierra. La comunidad agraria, en sus principios, producto natural de la evolución social, garantiza lo mejor del progreso económico y de la prosperidad material e intelectual de la sociedad, se convierte en instrumento del atraso político y economico.
El campesino ruso azotado por los miembros de su propia comunidad al servicio del absolutismo zarista, es la más cruel crítica historica de los límites estrechos del comunismo primitivo y la expresión más llamativa de que la estructura social también está sometida a la regla dialéctica: la razón se transforma en sinrazón, el bienestar en calamidad." Introduction...
34. Introducción a l'economie. p. 133.
"Alter Kultur und neue Kulher", 1919, in "Taktik und Ethik", Luchterhand, 1975, Neuwied, pp. 136-142.
"Der Funktionswechsel des Historischen Materialismus", 1919, en "Taktik und Ethik", pp. 116-122. La versión de este ensayo que será publicado en 1923 en Historia y conciencia de clase está muy modificada. Por otra parte es interesante comparar esta idea de Lukács con la tesis desarrollada por Rudolf Bahro sobre el papel de una práctica artística y político-filosófica como dimensión decisiva de una auténtica sociedad comunista y como condición indispensable para poner fin al estado de subordinación (subalternitat) de los hombres. cfr. Rudolf Bahro, L'AItemative, Stock, 179, pp. 268-69.
37. Lukács, "Rezension: Carl Schmitt, Politische Romantik", 1928, en Geschichte und Klassenbewustsein, Luchterhand, Neuwied, 1968, pp.659-96
38. Lukács, "Uber den Dostojewski Nachlass" Moskauer Rundschau, marzo 1931. Lukács compara el itinerario de Dostoievski desde la conspiración revolucionaria hacia la religión ortodoxa y después hacia el zarismo, con el de Friedrich Schlegel, el romántico republicano aliado a Mettemich y a la iglesia ca-
39. Lukács, "Dostoievsky", en Russische Revolution, Russische Litteratur, Rohwolt, 1969, pp. 148-49. En esta edición, el artículo está fechado en 1943, pero en realidad ya había sido publicado en ruso en la revista Li teratumij Kritik nº 9, 1936.
40. Lukács, Escritos de Moscú, Editions sociales, Paris, 1974, pp. 243,257.
41. Ibid, pp. 149-159.
42. "Según el método de Kirpotine, haría falta cortar cuidadosamente a Carlyle en una
"buena" y en una "mala" mitad y después de haber expulsado al cien por cien la "mala"
parte, estaríamos condenados a enfrentarnos al enigma insoluble: ¿de donde viene la "buena" mitad?". Lukács, op.cit. pp.234-35.
43. Ibid, pp. 150-235.
44. Ibid, p. 167.
"A la recherche du bourgeois"
1945 en Thomas Mann, Maspero, 1967, p. 37.
"Brève histoire de la littérature allemande", 1946, Nagel, Paris, 1949, p.94.
47. Lukács, Die Zerstörung der Vernunft,
Aufbau Verlag, Berlin, 1955, p. 105.
48. Lukács, "Vorwort", 1967, Geschichte und Klassenbewustsein, Luchterhand, 1968,
49. Thomas Mann, "Kultur und Sozialismus"
en Die Forderung des Tages, Berlin, 1930, p.