Hay golpes de Estado que pretenden "restaurar el orden
República: Libertad, Igualdad y Fraternidad, por terminos que no dejan lugar a equívocos: Infantería, Caballería y Artillería"
Por el contrario, hay otros golpes que solo consiguen inercia y el peso del pasado -que aplasta a sus aterrorizados autores- que son desbordados desde sus primeros pasos. Su resultado es poner en marcha un ampio y complejo
Dossier ex-URSS
Después
de la caída
perturbado". '18 de Brumario" "perturbar el desorden" mecanismo, el "nuevo desorden" historia y la geografía. El fracasado golpe de la "banda de los ocho", ", tan rancio como los petrificados símbolos del viejo régimen, se integra sin lugar a dudas en la segunda categoría. La paradoja de este tipo de goldes es que, para legitimar su accion de uerza, los conservadores deben utilizal necesariamente lo esencial del mensaje de quienes intentan derrocar (en este caso, Gorbachov). Con ello, esa gente sólo consigue echar el cierre definitivo a un museo ya desierto. "Hombres grises" contra "modernos hombres de negocios" gencia decretó que: "Todos los órganos
Charles-Andre Udry . Por ejemplo: parafraseando a Karl Marx en el
, se trataría de sustituir "las divisas de la
", porque traducen hasta tal punto la ", marcando una ruptura en la dirigentes responsables de la URSS, de las repúblicas de la Unión, de las repúblicas autónomas, de los territorios, regiones, ciudades, barrios y pueblos deben asegurar el absoluto respeto del Estado de Emergencia". Entre el 19 y el 21 de agosto este Comité demostré una sorprendente incapacidad para hacer aplicar el Estado de Emergencia para el que se había autoproclamado. Aunque todavía es difícil tener una visión clara sobre el engranaje bloqueado de su realización, resulta bastante más sencillo entender las razones del golpe, asi como del vigor y la amplitud del rechazo que suscitó.
Ya se ha dicho todo sobre la especificidad de este golpe en relación a otros, como el de Jaruzelski en Polonia en diciembre de 1981. El testimonio de Vladimir Yakovlev, director del semanario de Moscú "Kommersant", fechado el 22 de agosto, expresa bien el "ambiente" vivido por una parte del sector que dio su apoyo material y activo a Boris Eltsin y se opuso al golpe: "Ahora que el golpe ya ha sido superado, parece evidente que aquí se produjo alguna cosa extraña. ¿Se trataba de un golpe de Estado?, ¿de un pronunciamiento? En los acontecimientos de los últimos días hay algo sutil, como un perfume de pieza de teatro. La mañana del 19 de agosto los tanques entraron en la ciudad, y se dieron por satisfechos con aparcarlos en las calles. Las comunicaciones telefónicas internacionales conti-
Una multitud de moscovitas celebra el fracaso del golpe nuaron funcionando sin trabas. Nunca se hizo aplicar el toque de queda decretado: como de ordinario los coches recorrieron las calles de la ciudad durante toda la noche, sin que nadie intentara ni siquiera detenerlos. Nosotros imprimimos nuestro periódico, en teoría clandestino, en una imprenta del centro de Moscú. Los tanques estaban situados a la puerta, sin embargo los soldados no mostraron el menor interés por lo que estábamos haciendo. Tampoco preguntaron por qué las máquinas funcionaban a pleno rendimiento" (1).
No se trata fundamentalmente del relato de un periodista. Vladimir Yákovlev simboliza lo que el corresponsal en Moscú del "Financial Times", John Lloyd, caracteriza como "élite de los negocios" que "indica la formación de una clase capitalista diferenciada, con sus propios intereses y prioridades"(2). Hay que procurar no dejarse despistar por esta fórmula. En el interior de esta clase en formación, de contornos imprecisos, se encuentran sobre todo muchos miembros influyentes del viejo poder; y no tanto "nuevos empresarios", muchos de los cuales son modestos fabricantes de alfileres o espe-
Dentro del profundo cambio que desde hace algunos años se viene realizando en la URSS, se produce la reconversión social de un sector significativo de la casta que ocupaba el poder; pero otros sectores, incapaces de profesión, siguen inmersos en una completa parálisis. Los inversores occidentales, que comprueban la fiabilidad de los proyectos de futuro tomando toda clase de precauciones, se relacionan con ese primer sector de aprendices de la "modernidad". En su mayoría se agrupan en la Asociación por las Joint Ventures (sociedades mixtas) o en el Congreso de Asociaciones de hombres de negocios de Rusia, que condenaron el golpe del 19 de agosto. Uno de los redactores del diario de Moscú "Nezavissimalia Gazeta", M. Yasentin, afirmaba que "si la lucha se prolonga, las Asociaciones de hombres de negocios podrán aportar a las demócratas, a Boris Eltsin, un substancial apoyo material" (3).
Surgieron de los centros de decisión y del partido, siguen al frente de las corporaciones y las empresas del Estado -incluso de las empresas del complejo militar-industrial- o de las nuevas estructuras puestas en pie en la era Gorbachov; mantienen estrechas relacciones con el ejército, los ministerios e incluso el KGB. Por ejemplo: Arkadi Volski, que preside los destinos de la Unión Científica e Industrial (UCI) -agrupación de los directores de las grandes empresas, de los bancos y de las asociaciones corporativas- es miembro del comité central del PCUS, resultó elegido para el Congreso de Diputados del Pueblo y, actualmente, es una de las cuatro personalidades encargadas de coordinar las actividades gubernamentales a escala de lo que queda de la Unión. El 20 de agosto, la UCI tomó posición contra el golpe, apoyó la actitud de Eltsin resistiendo desde el Parlamento ruso, y Volski dice haber negociado directamente con sectores militares de élite contra la intervención.
Esta última afirmación, aunque sólo fuera una verdad a medias, serviría para ilustrar que la recomposición social, económica y política que se produjo durante los tres últimos años, en un clima de crisis generalizada, afectó incluso a los tres "pilares" del poder del viejo aparato del Estado-Partido: el ejército, el KGB y el ministerio del Interior. La reconversión también se preparaba, de forma particular, dentro de estas instituciones clave -los países que antes fomaron parte del entorno soviético fueron su campo de pruebas- en las que aparecieron divisiones internas, opciones diferentes y contradictorias Se produjo por tanto la pérdida de la disciplina jerárquica, no eran de ningún modo los instrumentos más fiables para dar un golpe de Estado. Los conspiradores olvidaron que la historia no se hacía en las circunstancias ideales que ellos habrían elegido, sino en las circunstancias reales a las que debían enfrentarse. La anemia burocrática El aspecto "técnicamente" chapucero del golpe impacta muchísimo. Pero podría ser el resultado de que los conspiradores, prisioneros del aislamiento social y personal al que les condenaba el
1199 Tribune de 'Expansion", 23 de agosto de 2.- "Financial Times", 28 de agosto de 1991; ver también el artículo de Jean-Marie Chauvier en "Le Monde Diplomatique, abril 1991. 3.- "Nezavissimaia Gazeta", 22 de agosto de
991; reproducido por "Courrier International
2-28 de agosto de 199 4.- Reproducido por "Libération", 28 de agosto de 1991. 59" Novedades de Mosci", 28 de julio de desmoronamiento acelerado del régimen burocrático, se habían convertido en auténticos ciegos que esperaban el mantenimiento de su posición y privilegios del pasado. Hasta el punto de creer que sus órdenes serían cumplidas, como "un puño de hierro". ¿Vivían en porque supuestamente aparecieran otro mundo, encerrados en si mismos? "Nezavissimalia Gazeta" publicaba, el 28 de agosto, una entrevista con Serguei Kurguinian, uno de los ideólogos que asesoraban a Valentín Pávlov, antijove pel KB. Des, yes de describir xdel KGB. Después de describir a su manera el derrumbamiento del sistema burocrático, el hecho de que nadie hiciera el menor caso de los Pávlov o Pugo (ex-ministro del Interior), Kirguinian concluye: "Así nació la anemia de la conciencia burocrática -la pérdida de referencias, la destrucción de toda coordinación- en medio de una crisis gravísima sólo era capaces de repetirse debo restablecer el orden"(4). Mucha gente, por razones evidentemente distintas, siguieron sin es-
En un solo día, los comandantes de once importantes guarniciones del ejército anunciaron que apoyaban a Boris Eltsin. Después, los gobiernos de muchas repúblicas tomaron posición en contra del golpe... prefigurando así la dinámica centrífuga y las proclamaciones de independencia que se multiplicarían una vez derrotada la "banda de los ocho". Con el transcurso de las horas se multiplicaron las vacilaciones y aplazamientos en los centros militares de decisión; una mayoría de los oficiales se declaraban contrarios al golpe o neutrales. Incluso en el KGB responsables de las tropas especiales anti-terroristas (Alfa) se negaron a intervenir contra la Casa Blanca (el Parlamento ruso). La dirección del Comité de Estado no era suficientemente creíble, ni siquiera para conseguir que los guardianes del orden reprimieran a ojos cerrados en aplicación del Estado de Emergencia. Algunos conspiradores "cayeron enfermos" al segundo día del golpe, después de haber declarado "ofiialmente enfermo" a Gorbachov. L livisión era un hecho Los límites de la movilización popular Después de constatar todo lo anteriormente dicho y de intentar entender el contexto socio-psicológico en el que actuaron los golpistas, se mantiene, por utilizar la fórmula de Churchill, una es rio": ¿Por qué los golpistas se lanzaron a tamaña aventura sin tener asegurado por la fuerza represiva del PCUS y el aparato de re presión: "A través de su aparato, que se mantiene en pie, el PCUS domina todavía el KGB, el ejército y al conjunto de fuerzas del orden. Conserva el monopolio de las imprentas. Sin esa fuerza de su aparato, la sociedad y quizás también el Presidente habrían olvidado ya las reuniones plenarias del PCUS, que ya no marcarían los grandes titulares de la actualidad"(5).
La agonía del PCUS como partido político fue sancionada, en junio pasado, por las elecciones presidenciales de la Federación rusa (16% de votos) y por la multiplicación de las escisiones. Pero quedaba el aparato. Esto puede explicar que los golpistas organizaran su iniciativa al margen del PCUS como tal. Pero: ¿Por qué subestimaron hasta tal punto las divisiones y grietas abiertas en el propio aparato represivo? ¿Contaban con que el gran descontento de la población (brutalmente golpeada por la disolución económica) y del ejército (seriamente afectado y sometido a la pérdida de prestigio social) podría hacer aceptable el "hecho consumado"; siguiendo las viejas tradiciones de los cambios en la cúspide del poder burocrático? Muchas de estas preguntas siguen sin una respuesta clara.
El llamamiento a la huelga general lanzado por Boris Eltsin se difundió indirectamente, el 19 de agosto, cuando en televisión preguntaron a Yanáyev, prototipo de burócrata sin futuro de la administración civil, su opinión sobre la convocatoria realizada por el presidente ruso. Se realizaron algunas huelgas, sobre todo en la cuenca minera del Kuzbas donde hay experiencias de movilización desde hace dos años. En general la respuesta fue limitada, aunque en Leningrado y Moscú diversas empresas se declararon dispuestas a parar. Casi no hay información sobre la aceptación de la convocatoria a escala mas amplia
La movilización popular fue sianificativa en las dos grandes metrópolis, Leningrado y Moscú, y traduce un claro y significativo rechazo al miedo sobre todo entre capas de la juventud. El ejemplo dado por la población lituana defendiendo el Parlamento de Vilna -cuando su presidente Lansbergis fue sitiado-, estimularon sin duda la iniciativa de la población de Moscú que acudió a proteger el Parlamento ruso. Lo convirtieron en un centro alternativo de poder, con una importante fuerza simbólica. Era un acontecimiento histórico en la lucha contra el régimen burocrático. Más aún cuando a Boris Eltsin no se le impidió instalarse en él, incluso pudo convocar una asamblea del Parlamento ruso para el 21 de agosto. Esto último hace pensar que su información sobre el fracaso casi seguro del golpe de Estado le llevaron a tomar una decisión que, en un contexto "normal" de Estado de Emergencia, significaría en-
tregar los diputados a la policía en lugar de dejarles organizar la resistencia en sus circunscripciones.
En una población como Moscú, con 9 millones de habitantes, la convocatoria de 150.000 personas en los momentos mas importantes de la movilización, y de 10.000 a 20.000 normalmente, demuestra los límites evidentes de la movilización. Aquí reside uno de los problemas para el futuro desarrollo social y político del movimiento en la Federación rusa y en más de una república. Volveremos sobre esto. Un primer balance de este golpe chapucero explica más el fracaso por su debilidad intrínseca -cuyo aspecto técnico sólo es una faceta- que por la resistencia popular. Gorbachov titiritero Las amenazas de golpe y el pavor al caos creciente acompasaron la oscilación de las alianzas de Gorbachov con los liberales (a veces calificados de radicales) y los conservadores. Sin duda ambas categorías son muy simplistas y sumarias, y no delimitan bien las líneas de división entre las fuerzas y corrientes políticas en presencia.
Durante los últimos años Gorbachov demostró su talento de equilibrista, todavía ahora lo reivindica. Los dos polos opuestos sacaban alguna ventaja dejándole actuar. Los liberales porque desde su papel a la cabeza del PCUS estimulaba reformas que les favoreclan, esforzándose por controlar el aparato del Estado-Partido. Los conservadores, que a falta de alternativa propia apoyaban la perestroika, porque contenia el empuje reformista radical y servía de mediación eficaz en el plano de las negociaciones internacionales. Por tanto, cuando fue avanzando la crisis social y económica, mientras se reforzaban las fuerzas centrífugas que actuaban sobre la Unión, según los acontecimientos agudizaban el enfrentamiento de las principales opciones... la posición centrista de Gorbachov veía reducirse su base: la cuerda sobre la que hacía equilibrios se iba deshilachando. Con el paso del tiempo, sus intentos de recuperar el centro equivalían a sacar un billete para una estación en ruinas.
Desde julio de 1989, después de adoptar las propuestas liberales del plan de reforma económica, Gorbachov denunció "las amenazas que planean sobre la perestroika". El Congreso de Diputados de marzo de 1990 le atribuye un poder presidencialista y suprime formalmente el "papel dirigente del partido" (artículo 6º de la Constitución). En marzo, en mayo y finalomente en julio de 1990, durante el 23 Congreso del PCUS, anunció un impulso a las reformas económicas. Las repercusiones prácticas fueron nulas y, ante el riesgo de explosiones populares, retrocede. Intenta deslizarse, de nuevo, hacia el centro. Paralelamente la corriente liberal ha ido consolidando sus posiciones en el trascurso de los distintos procesos electorales: en marzo en Ucrania, Bielorrusia y Rusia; en mayo de 1990 Eltsin resultó elegido presidente del Parlamento de la Federación rusa, a pesar de la oposición de Gorbachov, y rompe con el PCUS durante el 23 Congreso. A ello se añadirá la proclamación en cascada de la soberanía de distintas repúblicas -y de la independencia de las repúblicas bálticas-, que obligarán a Gorbachov a indicar, en el mes de junio de 1990, la apertura de "negociaciones sobre el nuevo Tratado
En el otoño de 1990, se produce un deslizamiento hacia posiciones conservadoras. Gorbachov, sometido a fuertes presiones, alerta "contra el baño de que producirán quienes ponen en cuestión la unidad económica y militar de la Unión, en un discurso ante oficiales del ejército el 13 de noviembre. La escalada conservadora se refuerza: Kriuchov, jefe del KGB, advierte contra las "maniobras de desestabilización exteriores"; Yanáyez es elegido vice-presidente de la URSS; Valentín Pávlov es nombrado Primer ministro, el 14 de enero de 1991; el 26 del mismo mes se promulga un decreto reforzando los podres del KGB. Los golpistas están ya en sus puestos. Gorbachov no estuvo al corriente de la intervención del ejército, que asesinó a 14 personas en Lituania el 7 de enero... El Tratado de la Unión espoleta del conflicto Sobre un fondo de desagregación económica el conflicto se fue agudizando. Gorbachov, aliado de hecho con los conservadores, se convirtió en el látigo de los liberales. El 19 de febrero de 1991, Boris Eltsin reclamó la dimisión del Presidente porque "engaña al pueblo". A partir de intereses sólo muy parcialmente coincidentes, los liberales intentaron apoyarse en las huelgas mineras de marzo y abril, y en la movilización de los trabajadores de Bielorrusia en abril. A finales de este mes "Novedades de Moscú" titulaba: "Todo el país está en huelga". Sin duda era una exageración, pero ilustra bien el tipo de operación que realizaban los liberales. Las reivindicaciones del movimiento huelguístico no sólo eran materiales sino también políticas: por ejemplo se pedía la dimisión de Gorbachov, de su gobierno y del Parlamento soviético. De esta forma la corriente liberal, que cuenta con el apoyo de Eltsin, va conformando una base que desborda los límites de sus apoyos tradicionales. Se trata de contrapesar la amenaza de las fuerzas represivas. Eltsin no dejó de alinearse, en el último momento, con las decisiones que ponen en cuestión el ejercicio del derecho de huelga. Pero sus viajes a visitar a los huelguistas y sus demostraciones simbólicas difuminarán esa "medida jurídica".
Tras la elección por sufragio universal de Boris Eltsin como presidente de la Federación rusa, Valentín Pávlov, nuevo primer ministro de la Unión, reclamó que se le concedieran "poderes extraordinarios". La maniobra fue rechazada por el Parlamento el pasado
5.- Ver en "Novedades de Moscú", 4 de agosto de 1991, el artículo dedicado al marical Ajikromiev, que se suicidaría tras el golpe. 7.- "Financial Times", 22 de agosto de 1991. 8.- "Le Monde Diplomatique", abril de 1991. 9.- "|/ Manifesto", 21 de agosto de 1991. 10.- "Financial Times", 27 de agosto de 1991. 11.- "La Repubblica", 24 de agosto de 1991.
21 de junio, a pesar de contar con el apoyo de Yázov, Kriuchov y Pugo(6), que mas tarde participarian en el goipe. _a prueba de fuerza definitiva se preciitó a cuenta del entrentamiento sobre al Tratado de la Unión. La declaración a este respeto efectuada por Gorbachov y los presidentes de nueve repúblicas, el 23 de abril de 1991, significaba un nuevo cambio de las alianzas. El Tratado debía ser firmado el 20 de agosto.
Algunos liberales se oponían a ello, porque no habia sido discutido por e ›arlamento y en esas condiciones si firma representaba el reforzamiento del "presidencialismo" de Gorbachov y Eltsin. Ademas, contaba con el rechazo frontal de algunos movimientos nacionalistas, como el del Rukh ucraniano. Por otra parte, el Tratado implicaba el reconocimiento de hecho de la independencia de las seis repúblicas que se negaban a firmarlo, daba un enorme margen a Ucrania para su negociación (en esta república su adopción se haría en dos etapas) y significaba la puesta en cuestión de una serie de prerrogati-
. Por tanto no es extraño que su rechazo terminara por convertirse en el crisol donde se fundirían unos golpistas cuyos intereses no eran totalmente idénticos, pero que estaban atraLa medicina de moda Con la pretendida intención de sacar a los Países del Este de su crisis, se han puesto de moda las terapias de cho. que. Sus resultados están siendo muy diferentes de los esperados por la mayoria de estos pueblos. Análogamente, bien podría suceder que la victoria sobre los golpistas, tan importante para la población y las fuerzas democraticas, no termine conduciendo a lo que estas gentes anhelan.
Desde el mismo 22 de agosto, co mentaristas avispados e interesados •pretenden fijar las tareas que deberia emprender Boris Eltsin: puesto a utilizar su popularidad para imponer unas reformas de mercado que resultarán impopulares, es el único que puede hacerlo; se ha convertido en un hombre con el que Occidente puede hacer negocios"(7). Los consejeros económicoś de Eltsin -desde Yavlinski, autor del "plan de los 500 días", hasta el americano J. Sachs, que ha inspirado el plan Balcerowicz en Polonia después de aplicar sus recetas en Boliviason adeptos, especialmente dogmáticos, de las medidas mas rudas y brutales de "introducción del mercado libre". Medidas que están lejos de haber logrado el éxito, ni siquiera en Polonia donde han permitido reducir a la mitad Más en general, es necesario plantearse la pregunta enunciada por Jean-Marie Chauvier: "¿Cómo se puede explicar el clarísimo deslizamiento a la derecha (en el sentido occidental) de los pensadores de la izquierda progresista (en el sentido soviético)?"(8). Constatar la inserción social de los círculos financieros y de negocios que apoyan a Eltsin y otras figuras liberales -en menor medida a las democráticas- facilita parte de la respuesta. Hemos señalado, al principio del artículo, sus implicaciones sobre la reorganización de las relaciones de fuerza políticas y las divisiones
Un grupo de jóvenes anarquistas levanta sus manos y canta en la plaza Roja de Moscú
Además, sería falso imaginar la existencia de amplios movimientos o partidos democráticos, aunque Shevardnazde pretenda consagrar toda su energía a la construcción de un gran movimiento a favor de las reformas democráticas. Los liberales se apoyan sobre todo en aparatos "renovados" y "depurados" y en diversas estructuras de poder. En el vacío creado por el hundimiento del enorme andamiaje del Estado-Partido (cuya constatación definitiva es la dimisión de Gorbachov del puesto de secretario general, su petición de disolución del PCUS y la suspensión de sus actividades) el lugar preponderante, en "una escena política poco articulada", pasan a ocuparlo los jefes carismáticos y los símbolos, como ha subrayado Rossana Rossanda(9).
Las fuerzas nacionalistas de carácter chovinista pueden conquistar espacios; dada la posición de fuerza actual de sus símbolos, que pesan en lo profundo de una memoria deformada por años de sometimiento bajo la bota del régimen burocrático. Pueden desequilibrar más de un acuerdo sobre la nueva Unión, aunque estén dictados por imperativos económicos que reconocen varios de los dirigentes de las repúblicas. Eltsin tampoco deja de recurrir al discurso gran-ruso y amenaza con la "rectificación de fronteras" (hay pendientes 76 problemas fronterizos) frente a las iniciativas de las repúblicas que desafían, de facto, el nuevo poder de la Federación rusa. De aquí pueden surgir las más extrañas alianzas. El vice-presidente del grupo Soyuz -formado por miembros del PCUS partidarios de un "orden a lo Pinochet" para imponer el mercado- piensa que muchos de sus adherentes pactarían en este terreno
Finalmente, entre los liberales no se estiman mucho los valores de autorganización social; se aprecián bastante más los decretos (necesarios a veces en las actuales circunstancias), las órdenes y las prohibiciones. Circunstancia que esta haciendo crecer en los círculos de intelectuales democráticos las murmuraciones de que, tras el fallido golpe conservador, puede estarse preparando con mejores modales un "gol-
Y aquí se sitúa con acritud el problema de la actividad social directa, que desborde la decisiva ruptura con el mutismo de millones de habitantes de las repúblicas más desarrolladas. Qué harán las decenas de millones de personas que están realzando la experiencia sucesiva del fracaso patente de la perestroika; del naufragio del golpe del 19 de agosto, con sus efectos destructores sobre una parte del aparato del EstadoPartido vector fundamental del poder autoritario; de los nuevos planes neoliberales de reforma económica; de las sucesivas proclamaciones de independencia de las repúblicas... ¿Desembocará todo esto en una nueva fase donde, frente a los miles de problemas de abastecimiento, de servicios sociales, de vivienda... las energías sociales se expandirán para resolver estas urgencias inmediatas y, a la vez, introducir un elemento de voluntad democrática у social colectiva en la definición de las opciones vitales para el futuro de la población? En un contexto de numerosas incógnitas geopolíticas y cuando los contornos de la Unión a redefinir siguen siendo vagos la respuesta a esta pregunta es determinante. De ello se olvidan la mayoría de los observadores supuestamente "democráticos". Sin duda es esta una actitud que viene de arriba. Shevardnardze, en una entrevista publicada por un diario italiano, expresaba sus prisas porque, después de los famosos tres días, los nuevos sectores claves pudieran dirigir. Decía: "La Revolución tuvo lugar y ya ha termina-