Las dificultades económicas y las tensiones sociales crecen en Cuba. Las dudas, las inquietudes, las incertidumbres sobre el futuro se han expresado en las asambleas de preparación del IV Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC), que debía celebrarse durante el primer semestre de 1991 y que fue atrasado por la guerra del Golfo, la celebración del congreso constituye un dilema para la dirección, que debe responder a las expectativas suscitadas y, sobre todo, tranqulizar a quienes se preguntan si el país puede sobrevivir y cómo. La dirección del PCC esta obligada a responder a la impaciencia creciente que se manitiesta entre la juventud y la
NOTAS. *1.- Antonio Maceo, general negro, fue uno de los principales dirigentes de las guerras de la independencia contra España a fines del siglo XIX. El 11 de febrero de 1878, se hizo en El Zanjón una reunión entre los españoles y los insurrectos para establecer las condiciones de la paz y poner fin a la guerra. Se trataba, de hecho, de una verdadera capitulación puesto que no se reconocía ni la independiencia ni la liberación de los esclavos. En marzo de 1878, Maceo reunió a 1.500 oficiales y soldados en Baragua contra la paz deshonrosa y a favor de proseguir la lucha. 2.- Informa a la Asamblea del PC en La Habana, AFP, febrero 1991 3.- Llamamiento al Congreso. 4.- Ver Inprecor francés N. 328, 12 de abril de 1991. 5.- Guardian Weekly, 17 marzo 1991. 6.- Ver sobre esto el estudio de Paolo Paranagua. "Carta de Cuba a una Europa infiel. Posición política del cine cubano", en la revista británica Framework de mayo-junio 1991 7.- Próximamente en las ediciones Acte Sud (otoño 1991)
Cuba
Vísperas del IV
congreso del PCC
intelectualidad. Convocado bajo el signo de la proclamación de Maceo rechazando la claudicación del Pacto del Zanjón (1), el IV Congreso se inscribe en la tradición de las guerras de independencia, de las luchas por la dignidad y la soberania nacionales: "Por la defensa de los principios revolucionarios, patrióticos e internacionalistas sin dogmas ni esquemas extraños" (2), en el momento en que los imperialistas "creen asistir a una crisis definitiva e irreversible del socialismo"(3).
Ante el hundimiento de lo que aún recientemente se llamaba en Cuba el "campo socialista", Fidel Castro organiza la vuelta a las fuentes -profundamente nacionales- de la revolución. Pero este llamamiento a la resistencia, en una situación económica alarmante(4), no puede evitar los debates más fundamentales: históricos -cómo se ha llegado hasta aquí y por qué no se ha analizado antes la situación de los países del Este-, políticos y económicos. Como subrayaba el Granma del 10 de febrero de 1991, el congreso debía tratar prioritariamente "el desarrollo económico y la democratización de la sociedad", incluída la "democratización del Partido", suscitando un "amplio diálogo nacional". En estos términos han debatido las asambleas locales, a menudo muy animadas, y casi siempre mucho más allá de los límites fijados.
Si se sabe poco sobre el desarrollo de algunas asambleas provinciales, se conocen, por el contrario, los debates impulsados en La Habana por intelec-
Janette Habel tuales y profesionales de diferentes sectores: en la universidad, entre los periodistas, escritores y artistas, y por el Instituto del Cine. Lejos de limitarse a preocupaciones sectoriales, estas reuniones abiertas del Partido han reflejado exigencias políticas más generales. En estos medios, relativamente favorecidos -tienen, entre otras, la posibilidad de viajar, privilegio reclamado por la mayoría de los jóvenes-, la ampliación de los derechos políticos está en el centro de las discusiones. Las críticas no excluyen ni a la prensa, ni a las instituciones (incluído el propio Fidel Castro), ni al PCC. Se ha puesto en cuestión el carácter muy formal de los Organos del Poder Popular (OPP) y de la Asamblea nacional; esta última, cuyas direcciones provinciales y la representación nacional son elegidas por sufragio indirecto, está, de hecho, directamente controlada por le PCC. Las instancias de base locales, cuyos delegados son en principio revocables, están reducidas a tareas de gesión municipal.
El problema del partido único no se aborda, en cambio, el monolitismo, la falta de respeto a las diferentes opiniones y la imposibilidad de expresarlas son criticados con dureza; más aún, los problemas de la corrupción, la doble moral y la hipocresía son mencionados constantemente.
Se sañala a la hipercentralización económica como la responsable de las dificultades de la vida cotidiana. Se oyen voces que reclaman la legalización de ciertas actividades privadas;
mercados campesinos libres y diversas producciones artesanales que existen clandestinamente y sin ningún control, porque la ineficacia del sector estatal es tal que la vida cotidiana se convierte en un infierno.
Como han subrayado diversas intervenciones en las asambleas de debate, encontrar un fontanero para reparar canalizaciones averiadas es una hazaña y se paga a precio de oro. La prohibición oficial no impide ni el enriquecimiento ni la corrupción, sino que pone trabas a cualquier control social y favorece la desviación de recursos a gran escala desde el sector estatal. Ahora bien, es vital hacer más transparente un sistema económico cuya opacidad burocrática favorece, en última instancia, el desarrollo anárquico y especulativo del pequeño comercio y del artesanado, que era precisamente lo que se quería combatir. Puede pensarse que autorizando estas actividades se podría, al menos, controlar su desarrollo y sus precios. El malestar de la intelectualidad En ausencia de toda explicación oficial y de un análisis coherente de la crisis de los países del Este, que tendría necesariamente consecuencias sobre el sistema institucional cubano, las interpretaciones van en todos los sentidos.
Intelectuales de los que se pensaba que no harían la sombra de una crítica pública ante extraños (la crítica privada ha existido siempre), expresan hoy su amargura. Es el caso, entre otros, del escritor Lisandro Otero, que fue durante un tiempo presidente de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC) y cuya última novela, El arbol de la vida, fue publicada en México pero no en Cuba: "La revolución es terrorífica, bella, desgarradora. Es el fin de algo y el comienzo de otra cosa. En Cuba, la revolución nos permitió hacer una nación de lo que no era sino una colonia". Pero, ¿sobrevivirá la revolución. Según Otero: "Es muy difícil de decir. Hay numerosos y muy graves problemas. La gente actualmente está muy movida y muy inestable. Algunos se vuelven violentos. Crecen la irritación y la ansiedad. Los burócratas no hacen nada, porque así esperan conservar sus em-
Por otra parte, no se ven pintadas, no hay manifestaciones. La gente está nerviosa, pero no ha alcanzado aún un punto de ruptura (...). El partido único no puede funcionar. Antes, en la época de Batista, había catorce partidos. Aquello tampoco funcionaba bien. Tenemos necesidad de algo intermedio. Queremos discusiones, ideas, una nueva dialéctica; no queremos ya este autoritarismo. Tenemos necesidad de estimular la iniciativa personal. El problema con el socialismo es que todo es muy
A la pregunta de si se considera enfrentado al régimen, responde: "No me considero un disidente. Creo aún en muchas cosas ligadas a la revolución. No soy víctima ni de hostigamiento ni de coerción. solamente se olvidan de poner tu nombre en la lista. Vivo en una especie de nada social. El vacío. Escribo mis memorias. Pienso que van a crearme bastantes problemas, pero el artista debe hablar en su propio nombre. Hay que tener cerca de sesenta años para hacer algo así!"(5). Apertura y estereotipos Los intelectuales están molestos. El caso de Otero, escritor antes ortodoxo, no es un caso aislado. Desde que el Instituto cubano de los artistas y técnicos del cine (ICATC) disfruta de una real autonomía de decisión(6), la alegoría política crítica atraviesa las mejores películas cubanas; la sátira de la burocracia, del discurso oficial y de los resortes del poder aparece en películas como "Segundos papeles", de Orlando Rojas, o "Alicia en el país de las maravillas", de Daniel Días Torres, realizada en colaboración con el gran escritor cubano Jesús Díaz. Alicia está en el pueblo donde se reeduca a los "tronados" (expresión popular que designa a los burócratas que han perdido su puesto, porque la jerarquía del partido así lo ha decidido) y hace allí la experiencia siniestra de los horrores del lu-
No es sorprendente que una de las más largas asambleas generales de preparación del IV Congreso (duró tres días) tuviera lugar en el ICAIC, en presencia de la inmensa mayoría del personal -militantes o no del PCC, es decir, de varios centenares de personas-. Los cineastas cubanos tienen una larga tradición crítica; sufrieron la intolerancia y las concepciones inspiradas en el realismo socialista que impregnaron el decenio negro, de 1975 a 1985, durante la cual películas como "Techo de de Sergio Giral, o novelas como "Las iniciales de la tierra" Jesús Díaz(7), fueron puestas en el indice durante varios años. Pero hay que subayar que en este terreno, como en otros, la represión no fue comparable a la que reinó en Europa del Este. Estos artistas son también conscientes de que el nacimiento de un cine atóctono, internacionalmente reconocido, está ligado a la revolución; el cine del exilio no ha dado prácticamente nada.
Sin embargo, la apertura actual de la que disfrutan los artistas y los intelectuales -en particular en el terreno de las ciencias humanas, como muestran las investigaciones críticas que reflejan revistas como Cuadernos de Nuestra América o Casa de las Américas- sigue borrada de la prensa política ligada al PCC. El periódico oficial Granma, cuando se encuentra (lo que es difícil con las actuales restricciones de papel), si-
8.- Granma, 17 febrero 1991.
9.- L'Humanité 26 abril 1991.
10.- Inprecor 328, 12 abril de 1991.
gue siendo un bastión del teque-teque (consignas estereotipadas) e incluso una revista como Bohemia sigue siendo muy pobre. Evidentemente, el control es bastante más estricto en el terreno más directamente político de la prensa diaria o semanal. Castro había denunciado hace algunos años el "síndrome del misterio" que sufrían los periodistas cubanos; ahora bien, si este síndrome no ha desaparecido la responsabilida es del monolitismo impuesto por el partido único, que impide cualquier debate público, y no de los periodistas. Una juventud rebelde La juventud es otro sector sensible. El aparato paga hoy el precio de una importante contradicción: las generaciones nacidas tras la victoria revolucionaria han disfrutado de una educación de masas -decenas de miles de jóvenes van a la universidad-, la elevación del nivel cultural es impresionante. La juventud cubana tiene el nivel de formación más elevado de América Latina, pero al mismo tiempo se enfrenta a una sociedad bloqueada. Sus aspiraciones se enfrentan a la rigidez institucional, a los prejuicios machistas aún muy vivos, a los bloqueos culturales... La promoción social, factor importante de la generación anterior, es más difícil con la crisis. Esto provoca la marginación de ciertos sectores de la juventud y su apoliticismo.
Según el anuario estadístico de Cuba, el suicidio ocupa el sexto lugar entre las causas de mortalidad: las más vulnerables son las jóvenes precozmente embarazadas y cuyas familias llevan mal esta situación(8).
Son también muy inquietantes incidentes como el recogido en L'Humanité, diario del PCF, según el cual la policía intervino un concierto de rock en la Casa de la Cultura del distrito de Playa, en La Habana: "Muchos vaqueros y gritos desgarrados. Pelos largos y algunos pendientes, también adolescentes normales, fans del rock. Varios grupos cubanos participaban en el concierto: Horus, Red, Metal Oscuro. La Casa de la Cultura organiza regularmente estos conciertos y presta sus locales a los grupos para que puedan ensayar, sin problemas particulares. Varios centenares de jóvenes asistían al concierto cuando la polícia intervino desalojando el local"(9). La juventud contra el inmovilismo Según la versión oficial, la policía intervino para poner fin a una pelea; la corresponsal de L'Humanité, poco sospechosa de animosidad política, señala diferentes versiones y que oyeron frases hostiles al gobierno y, por primera vez, se habrían lanzado piedras contra la policía. Las anteriores intervenciones policiales, motivadas en general por el alcohol, nunca tuvieron tal amplitud; aunque se detecten tensiones entre jóvenes policías venidos del campo y una juventud urbana que, fenómeno casi planetario, adopta un atuendo muy americanizado, que gusta muy poco a una dirección cuyo antiimperialismo radical se ha extendido a la critica del conjunto del "American way of life"
Roberto Robaina, secretario de la Juventud Comunista, confirma que la juventud cubana se rebela contra cualquier estereotipo, incluidos los revolucionarios: "La generación actual no piensa sólo en divertirse" debe "buscar la forma de ser capaz de jugar el papel de generación continuadora, en el periodo actual, de la obra
revolucionaria". Esa juventud no es homogénea "y me molesto cuando alguien encuentra que es malo ser crítico, pues creo que traduce una falta de confianza hacia los jóvenes de hoy, a los que enseguida se acusa de inmadurez"
Hay un desfase, una distancia entre generaciones cuya radicalización se ha hecho en un contexto histórico totalmente opuesto: para la generación castrista, el apogeo de las luchas de liberación nacional y la victoria sobre el neocolonialismo; para las nuevas generaciones, el derrumbamiento del campo llamado "socialista" y la puesta en cuestión de los valores de los que decía ser portador. La dirección del PCC corre el riesgo de pagar caro la ausencia de pluralismo, y el monolitismo y la esclerosis de instituciones y organizaciones que resultan de ello. A falta de mecanismos de debates, de estructuras de intercambio y de discusión, los jóvenes pueden terminar cultivando el cinismo y despolitizándose. Riesgo aún mayor cuando el periódico de la JCC, "Juventud Rebelde", que había conseguido realizar una cierta apertura, frenó considerablemente su aparición a causa de la escasez de papel proviniente de la URRS.
Lo mismo ocurre con al Federación de Mujeres Cubanas (FMC), dirigida por Vilma Espín, quién, a pesar de su pasado heroico en Sierra Maestra, sólo recientemente fue elegida miembro de un buró político hasta entonces enteramente masculino. La FMC está muy cuestionada, sobre todo por su actitud poco ofensiva con el machismo ambiental; retomó con evidente retraso la radicalización feminista y los problemas de las jóvenes adolescentes, en un contexto de cambio radical y explosivo de las costumbres sexuales. En este terreno también el foso entre generaciones es enorme; lo mismo ocurre con la homosexualidad, hoy tolerada. Fidel y el culto de lo homogeneo
La sociedad cubana ha sufrido en treinta años una mutación colosal: su población casi se ha doblado, está urbanizada (un 70% vive en las ciudades, el
20% en La Habana); en un pais que tenía un 25% de analfabetismo en
1959, los libros se arrancan de las manos. En estas condiciones es una aberración querer seguir imponiendo estructuras fijas, importadas de la URSS, no respetar la diversidad de corrientes de opinión, las manifestaciones críticas de la juventud, los fenómenos culturales nuevos por heréticos que sean.
Toda la concepción de partido único/ partido de Estado (no exento de corrupción, además) está en cuestión, en un contexto en el que las verdades absolutas ya no son de recibo y cuando las contradicciones entre las palabras y los actos -la doble moral- es cada vez más perceptible. Pero la dirección del país -que reacciona de forma diferente, según se trate de sectores del aparato o del núcleo fidelista- parece paralizada por el inmobilismo, lo que sin duda explica el retraso del IV Congreso. Sin embargo los acontecimientos se aceleran bajo la presión del exterior y de la misma población, no se podrán retrasar indefinidamente los cambios necesarios si se quieren evitar conmociones más
La opinión general (incluido el sector más lúcido del exilio) es que ninguno de los grupos disidentes es verdaderamente representativo. Dependientes a menudo de los grupos más reaccionarios de Miami, no representan por ahora una amenaza real para el régimen. Los críticos más ofensivos gravitan dentro del PCC o en su alrededor, lo que debería favorecer la expresión del pluralismo en la revolución sobre los dos grandes problemas del momento: la política económica y la democratización institucional. Sobre ambos hay ya al menos dos respuestas: la de Fidel y la de los burócratas, cuya primer interés es salvar sus privilegios.
Dada la difícil situación que atraviesa el país, cuando el acuerdo con la URSS firmado tras un duro proceso (10) no se respeta totalmente, el dirigente cubano, pragmático y empírico, está dispuesto a aceptar concesiones importantes en términos de privatización. Castro no tiene sólo una contradicción. Su denuncia de los "mecanismos capino concierne a los acuerdos con los trust extranjeros; las empresas mixtas se extienden, con consecuencias en materia de desregulación del trabajo y desigualdades, contradicción explosiva en última instancia. Condena, por el contrario, el enriquecimiento de los artesanos y campesinos, sin señalar que esas actividades privadas podrian suponer una mejora de la vida cotidiana y una suavización de las tensiones so-
El proceso de "rectificación" ha sido abordado de todas las formas posibles, no queda gran cosa del proyecto inicial.
Fuera del control del dirigente cubano se tomaron una serie de iniciativas económicas; el monopolio de los discursos es una cosa y la práctica otra -"siempre está hablando" dicen en privado algunos tecnócratas-. Realmente no se han propuesto políticas económicas alterna-
Por el contrario, en el terreno político pasa algo distinto. La concepción fidelista de la desburocratización tiene va rias consecuencias: de una parte, es una desburocratización por arriba, autosin control real de las masas y por tanto frágil; por otra parte, desestabiliza profundamente al aparato que esquiva el golpe y se protege -a menudo eficazmente- de las ofensivas del dirigente cubano, que no toma las medidas que permitirían llevar a cabo una lucha eficaz contra el cáncer burocrático que roe al país. La prueba de ello es la suerte que han corrido las medidas de restricción de puestos, en contra del número excesivo de burocratas, tomadas en el marco de la preparación del congreso y el eficaz reciclage de cierto número de ellos (se han adoptado ya medidas de reducción de un 50% de puestos). Igualmente, el cambio en la modalidad de elección de los responsables del PCC -elección directa y secreta- ha tenido consecuencias en la base, localmente, pero parece que lograron poco impacto provincial o nacionalmente. Además, la relación de fuerzas establecida en el terreno local sigue siendo en gran medida formal, dado que la elección no se hace en base a una plataforma ni a un mandato. Los delegados de base, a menudo nuevos, incluso cuando han sido elegidos democráticamente no han tenido mucha influencia en las asambleas provinciales del Partido.Como prueba la forma de tratar los debates políticos, a pesar de las declaraciones iniciales.
El primero de julio de 1990, Granma reproducía una larga nota del buró político: "el Partido Comnista es favorable a un amplio debate nacional (...) La defensa del socialismo no puede ir pareja con una posición cerrada o de resistencia. Si hablamos de rectificación, no podemos defender a ultranza nuestros métodos actuales". El llamamiento al debate debería permitir "un funcionamiento más democrático de las instituciones políticas y del Estado". La nota subrayaba que "la calidad de la reunión no podrá medirse en ningún caso 'como hacíamos en el pasado' por el nivel de unanimidad o la ausencia de cuestiones consideradas problemáticas o divergentes. No deberemos quejarnos si puntos de vista hasta ahora reprimidos o inhibidos, se manifiestan hoy publicamente, porque nos ofrecen la posibilidad de discutir, de aportar elementos nuevos y evitar la confusión y los erro-
El PCC y el debate
Ocho meses después, en febrero de
1991, el informe a la asamblea del Partido en La Habana sintetiza lo ocurrido en el resto de asambleas. Redactado tras la celebración de 11.337 reuniones de base, para registrar las opiniones de aproximadamente un millón de personas, el informe subraya que una persona de cada quince "ha dado su opinión abiertamente"; han aparecido ciertas
"propuestas neoliberales y capitalistas", consideradas por el documento como
"cuantitativamente sin importancia", hechas por "ingenuidad política, por confusión o inspiradas por posiciones abiertamente opuestas a la política del partido". Según el informe, algunos "se
11.- Mate Amargo, 13 marzo 1991
12.- Inprecor n.295 del 16 octubre 1989 (ed.
1i3.- Jacobo Timerman, El País, 16 diciembre
1991.
14.- Antiguo policía de Batista, encarcelado durante mucho tiempo en Cuba, que simuló una parálisis en la prisión. Fue liberado por la intervención de Mitterrand, por intermedio de
Regis Debray. Es responsable de la delegación norteamericana en la Comisión de los derechos humanos en Ginebra.
15.- La Plataforma democrática incluye a demócratas cristianos, liberales, socialdemócratas y conservadores, apoyados todos por sus correspondientes internacionales.
16.- Cambio 16, Madrid. Entrevista reproducida en Courrier International, 18 abril
1991.
han pronunciado por la privatización de la producción y de los servicios, por la instauración de una economía de mercado, por el restablecimiento de los mercados libres campesinos y, en casos muy limitados, por el pluripartidis-
En algunos casos hubo, "una falta de combatividad o una cierta ingenuidad" por parte de los comunistas y revolucionarios y "tuvo que procederse a analisis en los organismos de base del Partido, para clarificar la esencia de estas propuestas (...) De forma general las explicaciones dadas han sido comprendidas; sin embargo, fue necesario aplicar medidas disciplinarias a militantes y hacer críticas a células que no fueron capaces de defender la política del Partido". En esas condiciones el amplio debate nacional puede perderse y el IV Congreso reafirmar una línea que se resuma en hacer, como se dice en Cuba, "más de lo mismo".
El informe termina en cuatro negaciones: no a la privatización, no a la economía de mercado, no al pluripartidismo, no a las reformas capitalistas "en-
Castro no da ninguna impresión de ir por el único camino que permitiría poner en cuestión los desaguisados de la burocracia: la denuncia de sus privilegios, de su cinismo y de su corrupción.
Para ello tendría que darse un poder de control real a las masas populares (inxesistente en las OPP vaciadas de su sustancia, como reconoce una encuesta oficial y pública), medida ligada a la puesta en cuestión del partido único... y del modo de dirección paternalista instaurado por el castrismo. Ahora bien, esta concepción es cada vez más contestada, incluso si se piensa que no es por puro interés en su propio poder que el comandante en jefe la defiende, sino en nombre de una concepción ideológica de conjunto, mezcla de militarismo, de defensa de la revolución asimilada al monolitismo y de incompresión de la diversidad social, política y cultural de un país como Cuba. Ese culto de lo homogéneo es lo que está ligado a la defensa del partido único. Entre la espada y la pared Es cierto que algunos dirigentes latinoamericanos ponen en cuestión esta visión -por ejemplo: Fernandez Huidobro, dirigente de los Tupamaros-, para ellos, "Fidel es el líder de la oposición y muy a menudo un líder en minoría" (11). Huidobro pone el dedo en la llaga: para él, Fidel combate "contra algo que no se puede agarrar, que está por debajo de él, pero por encima del pueblo y que parece invulnerable. Algo grueso, espe-
so, viscoso, grosero". Pero, ¿porqué tras 30 años, esta burocracia, pues de eso se trata, es invulnerable?. Las críticas cada vez más numerosas contra Fidel Castro, a veces incluso públicas -lo que es nuevo-, no son todas inocentes. Aquí también el infierno está empedrado de buenas intenciones. Profundamente inquietos por su suerte desde el asunto Ochoa(12) -traumatismo importante en la historia de la isla-, algunos burócratas empiezan a pensar que en la coyuntura actual su suerte podría estar en peligro, si el descontento popular acababa por desencadenar contra ellos la ira de Fidel, cuya popularidad, aún real, permitiría tomarles como chivos expiatorios. Por esa razón, algunos altos funcionarios empiezan a pronunciarse en privado por reformas económicas en el sentido "perestroikista" y por cambios políticos; por una mayor apertura que permitiera relativizar el papel de Fidel y aumentar el suyo. Esta orientación, que no hace mucho carecía de credibilidad hoy si la tiene, dado el cambio de planteamiento en curso en la comunidad cubana exi-
La emigración cubana representa una potencia económica y política en Florida; un millón y medio de cubanoamericanos viven en Miami. Hasta épocas recientes el objetivo de la "vieja guardia en el exilio" era provocar una invasión de la isla por los marines o lograr, con la ayuda de la CIA, el asesinato tantas veces fracasado de Fidel Castro. Esas sectas de extrema derecha no dudaron en organizar represalias, atentados y asesinatos contra los que llaman "dialogueros", los partidarios del diálogo y de la "reconciliación nacional", que no consideran Miami como su ciudad y que suenan con volver a "su" isla.
Este sector, antes minoritario, se está haciendo hegemónico por varias razones. De una parte, porque los soviéticos multiplican los contactos para negociar una salida económica y pacífica que aligere el peso que representa Cuba para la URSS; la "querra fría" ha terminado, la isla ya no les interesa, pero quieren organizar una transición aceptable y pacífica que conserve su imagen en el Tercer Mundo. Por otra parte, la esperanza de un derrocamiento violento de Fidel desde el interior no es de las más probables: como subraya Timerman, en El País, "ya no se cree, en Miami, que la agravación de las condiciones de vida en la isla provoque una rebelión contra Castro"(13). Los "gusanos" de Miami Las hipótesis contempladas desde hace dos años no se han confirmado: son poco creíbles ideas como la de un comando suicida o el arresto de Castro por un grupo de militares y su posterior envío a la URSS, en el marco de un complot fomentado por los soviéticos (idea que surgió tras la ejecución de Ochoa en julio de 1989). Enfín, y este es un cambio importante, los viajes y los contactos que se han desarrollado entre familias del exilio y del interior (la mayoría de las familias cubanas tiene un miembro exiliado en Florida) han contribuído a un cambio: muchos cubano-americanos temen una salida violenta a la crisis y los "dialogueros" no son favorables a una intervención americana -la repetición de una guerra del Golfo no les entusiasma-. Pero en una situación de guerra civil: "los Estados Unidos podrían intervenir. Seria desastroso verles dar el poder a un Endara, (el presidente de Panama impuesto tras la expedición americana,ndlr) incluso más delgado, que se llame ValladareUna cosa está clara: las premisas para una eventual negociación pasan por el hecho de que esta deberá tener lugar entre cubanos. "La transición hacia la libertad y la democracia debe ser discutida por todos los cubanos. El destino de la nación debe decidirse en Cuba y entre cubanos, no en Moscú ni en Washington", declara la Plataforma democrática cubana, creada en Madrid en agosto de 1990, con el aval del gobierno español. Por primera vez, el gobierno de Felipe González tomó contacto con opositores castristas(15). Cuando el Estado español figura a la cabeza de los interlocutores europeos de Cuba; esta decisión sin duda no es ajena al asunto de las embajadas de julio de 1990. Según la plataforma, las fuerzas políticas que deberian participar en ese diálogo son las siguientes: "Una representación amplia de los grupos, movimientos y partidos que intentan promover cambios políticos y sociales en Cuba; una amplia representación del exilio; una delegación del gobierno cubano; observadores internacionales que den su aval a las negociaciones". Una relación de fuerzas entre corrientes políticas particularmente dosificada.
Para el exilio hay varias salidas: La mejor sería un gobierno de coalición (jeventualmente presidido por Fidel!), y de la misma forma que Humberto Ortega sigue ai frente del ejército en Nicaragua, se podría contemplar que Raul Castro quedara a la cabeza del ejército. Miami tendría un lugar determinante y reforzaría su papel de polo económico, invirtiendo en la construcción de hoteles y de residencias secundarias para cubanos de Florida, que vendrian a pasar a Cuba sus fines de semana, sin contar con la ayuda familiar "que a imagen de los turcos, griegos o portugueses", proporcionarían los cubanos del exilio.
En realidad este planteamiento sólo es para una primera etapa. Viendo que la perspectiva de un derrocamiento armado del régimen desde el exterior era improbable, la comundiad de Miami saca las lecciones de lo que ha pasado en Europa del Este y prepara una transición progresiva y el cambio sin prisas del régimen, que espera minar por sus propias contradicciones
Es cierto que existen contactos entre La Habana y los dirigentes más moderados del exilio. Pero ¿qué condiciones ha puesto Cuba para la apertura de un diálogo?: el fin del embargo americano, la restitución de la base militar de Guantánamo (más urgente cuando la URSS disminuye por primera vez la entrega de armas). La apertura política es posible -respetando el régimen social cubano- si se dan garantías de que cesaran todas las medidas de hostigamiento y las agresiones. Como dice Carlos Aldana, secretario del comité central y responsable de relaciones internacionales: "Queremos hacer más eficaz el sistema, más democrático más capaz en el terreno económico. Si se nos dejara tranquilos, si se aceptase a Cuba tal cual es -lo que seria una hermosa expresión de pluralismo mundial, puesto que el pluralismo consiste en aceptar varias formas de gobiernose vería entonces si nuestro sistema es capaz de autoperfeccionarse en el sentido de una mayor democracia. Empujándonos, hostigándonos, calumniándonos y sometiéndonos a todo tipo de presiones, no se nos puede exigir avanzar en esa dirección más de lo que el sentido común y el instinto de supervivencia nos aconsejen". (16). Presiones y aislamiento El pulso se anuncia difícil: los aliados de Cuba en América Central están acorralados, el Estado español y los principales gobiernos latino-americanos apoyan el "diálogo" versión Miami, y ya vemos lo que ocurre con la URSS. La evolucion de la situacion en Albania y en Corea del Norte, la apertura econó mica en Vietnam (ante las presiones combinadas de los soviéticos y de Washington), muestran la dificultad de resistir cuando se está de espaldas a la pared; por otra parte, el "modelo" chino -apertura económica y represión tipo Tianamen- no es concebible en Cuba.
El gobierno cubano no puede ignorar los riesgos del engranaje de una negociación cuya contrapartida económica es aleatoria -sabe lo ocurrido con las promesas de ayuda a Panamá y a Ni-
En una situación tan ardua, hay que esperar que la dirección castrista tomara la delantera para no dejarse imponer, en las peores condiciones, una democratización institucional a todas luces necesaria, que yan no dominaría. Es también una condición imperativa para preservar la movilización de las masas, la credibilidad del sistema, en definitiva la revolución que los fidelistas quieren defender a toda costa.