Como se ha podido comprobar en las últimas semanas la situación en Nicaragua es muy compleja y esta lejos de haberse estabilizado; en ese marco la actuación del EPS puede llegar a ser fundamental. El artículo que publicamos a necesariamente polemica, de un colaborador napitual en estas
Notas 1.- "Inprecor" francés 307 y 310 (20-4-90 y 16-90) 2.- "El Semanario", 28-2-91 3.- Oficiosamente, Javier Pichardo habría sido acusado de mantener relaciones con la derecha y su periódico, "La Prensa"; de querer "autonomizar" el ejército del aire y de haber querido reprimir a los huelguistas de julio. Oficialmente, sólo ha sido acusado de tener "una particular concepción" del ejército. 4. - "Inprecor" francés 313 y 314 (13-7-90 y 14-9-90) 5.- "Nicaragua Desde Adentro", nº 6, 15-7-90 6.- Según Humberto Ortega, antes de la toma del poder "el FSLN estaba dividido en tres tendencias y no por simples divergencias tácticas; hubo diferencias de contenido estratégico con la tesis de la Guerra Popular Prolongada, que dirigía Tomás Borge, y con la llamada Proletaria (dirigida entre otros por Jaime Wheelok y Luis Carrión. Ndlr). Si una de esta dos tendencias hubiera triunfado en la discusión, no habríamos tomado nunca el poder en Nicaragua. Ha predominado la tendencia más justa, la tendencia "tercerista", "insurreccional", que nosotros dirigimos. Actualmente, asistimos a la misma cosa". Entrevista concedida a "Brecha", de Uruguay, el 17-8-90, citada por "La Prensa" del 12-9-
Humberto Ortega y Violeta Chamorro
Nicaragua
El dilema del ejército sandinista continuación recoge la opinión, paginas sobre este delicado tema.
Más de un año después del traspaso de poderes del 25 de abril de 1990, entre el Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN) y la Unión Nacional
Opositora (UNO)(1), los pilares del Estado revolucionario están en vías de desmantelarse, sin que se vea como se puede detener el proceso, y mucho menos invertirlo.
El desarme de la población civil, llevado a cabo por el Ejército Popular
Sandinista (EPS), ha alcanzado propor-
Eric Toussaint documentada y ciones importantes: decenas de millares de armas han sido recuperadas y el general Humberto Ortega atirma que "La reconciliacion nacional se impone gradualmente, dejando a un lado a las minorías extremistas de izquierda y de derecha, se ha ganado la paz y nosotros estamos por consolidarla mediante el desarme total de los civiles (...); la reduccion y protesionalizacion de las Fuerzas Armadas es evidente, la Asamblea Nacional funciona de manera
democrática, aislando a los extremistas"(2).
Los efectivos del EPS han pasado de 90.000 en febrero de 1990, a 28.000 a finales de diciembre de 1991, habiendo sido licenciados 5.000 oficiales. Al mismo tiempo asistimos a la marginación de algunos de sus elementos de izquierda (la exclusión del coronel Pichardo de la dirección del ejército del aire y de los cuadros del EPS, en agosto de 1990, es representativa de un movimiento más amplio)(3).
La Policía Sandinista, rebautizada Policía Nacional, está bajo las órdenes directas del gobierno, que la utiliza para llevar a cabo un número creciente de acciones contra los huelguistas. Ha habido depuraciones en su seno y la moral de sus oficiales sandinistas está a cero. Pero todo esto no le basta al gobierno, que multiplica los nuevos cuerpos policiales, reclutando antiguos contras. Ahora se plantea constituir una "guardia urbana y rural" (nombre que recuerda el de la siniestra Guardia so-
El Area de Propiedad del Pueblo (APP, sector nacionalizado) está en vías de privatización, con la aprobación de los sandinistas, desde la firma de los acuerdos de concertación de octubre de 1990. Las empresas agrícolas e industriales son devueltas a sus antiguos dueños o vendidas. El sistema bancario, estatalizado en 1979, podría ser también parcialmente privatizado, en contradicción con la Constitución, pero de acuerdo con una parte de los sandinistas. En fin, el monopolio de Estado sobre el comercio exterior se ve Resistencia popular El sistema de salud, la educación y los servicios culturales están cada vez peor. El sistema de televisión sandinista (STV) ha sido desmantelado, y los sandinistas no cuentan más que con algunas radios privadas (sólo una tiene cobertura nacional) y un programa de Televisión de corta duración -que puede ser suspendido por el gobierno, como ya ocurrio temporalmente durante las huelgas de julio de 1990-.
Este proceso de desmantelamiento de los pilares del Estado revolucionario no se está haciendo en frio: las medidas contrarrevolucionarias han tenido que afrontar varias oleadas de huelgas con ocupación de tierras y empresas y levantamientos de barricadas(4).
Aunque estén a la defensiva, las organizaciones populares juegan un papel reivindicativo de un raro vigor en la historia de Nicaragua. Pero, como podía intuirse desde la huelga general de julio de 1990, esta actividad social no es suficiente para clarificar la estrategia del FSLN en la actual fase; sus errores de juicio sobre la coyuntura nicaragüense e internacional pesan en su crisis interna.
La llave de la situación la tienen en gran medida las decisiones que tomará el Frente durante su primer congreso, en julio de 1991. Tras la derrota electoral, se planteó la cuestión del mantenimiento o no del EPS. La burguesía, si bien hegemonizaba de nuevo el gobierno, no disponía de una fuerza armada capaz de imponer una derrota definitiva a las masas populares. ¿Al servicio de quién? La abolición del EPS figuraba en el programa de la UNO. Pero ¿con qué podía remplazarse? ¿Cómo encontrar una fuerza capaz de ocupar el puesto de un ejército salido de una auténtica revolución; cuyos cuadros, del primero al último, provenían de la guerrilla antisomocista? ¿Un ejército que había combatido con éxito la agresión exterior y la contrarrevolución armada interior? Abolir el Ejército Sandinista y sustituirlo por la Contra era imposible: la guerra civil habría sido inevitable, dado que la UNO había prometido la desmovilización de la contrarrevolución.
La burguesía se dio cuenta de que, si bien tenía el gobierno, no controlaba de igual forma la base del Estado, que le era extraña y hostil y que era poderosa. La UNO decidió entonces contemporizar, ya que no tenia otra elección. Los sandinistas, a cambio de la promesa de no recurrir al ejército para reconquistar el terreno perdido, obtuvieron el mantenimiento del EPS y de su estructura de mando. Humberto Ortega permaneció en su puesto de comandante en jefe.
No obstante, el FSLN tuvo que hacer concesiones: la presidenta Violeta Chamorro recibió el poder de dirigir el ejército cuando quisiera y de destituir a H Ortega; los efectivos del EPS fueron reducidos drásticamente; los cuadros del ejército, empezando por Humberto Ortega, debían abandonar su militancia en el FSLN. Por último, la UNO puso a prueba la fiabilidad del EPS, confiándole misiones de mantenimiento del orden frente al movimiento popular. Estas concesiones abrieron un debate en el
Aparentemente, si bien nadie propuso utilizar al ejército para retomar el poder a corto plazo, uno de los sectores sandinistas más críticos respecto a la línea política seguida por H. Ortega (militantes provenientes de la antigua tendencia Guerra Popular Prolongada, GPP), que edita la revista "Nicaragua Desde Adentro" , ha declarado: "No puede negarse que el hecho de que los jefes del ejército y una parte de las tropas sean sandinistas constituye una ventaja para el FSLN -más allá de que los militares, formalmente, no pueden militar en el Frente- porque esto significaría que, en última instancia y llegado el caso, el FSLN tendría bajo sus ordenes una fuerza militar organizada que podría apoyar una eventual sublevación popular contra el gobierno". Esta perspectiva ha sido totalmente excluida por Humberto Ortega, así como por otros dirigentes sandinistas.
"Nicaragua Desde Adentro" explicaba: "Sin embargo, no será menos obvio que la subordinación del ejército al poder ejecutivo establece de manera implícita su apoyo a ese sector hegemónico de la burguesía, privilegiando así su carácter profesional y constitucional frente a su origen político sandinis-
El texto insistía, a continuación, en el hecho de que el EPS iba a ser objeto de una lucha entre el gobierno burgués y el FSLN, en la que el gobierno buscaria sobre todo "seducir" a los cuadros clave del ejército. El ataque, apenas velado, contra la línea de H. Ortega se amplió con una crítica muy dura a la estrategia militar y política del EPS en los años 80 y a la línea económica aplicada a partir de 1988, bajo iniciativa del sector próximo a los hermanos Ortega. Este ataque, hecho público por gente cercana al comandante Tomás Borge, tiene sin duda que ver con los duros comentarios de Humberto Ortega referidos al antiguo ministro del Interior(6).
Pero no está claro que esta alternativa a la línea económica y política de los años 80, expuesta por el sector próximo a Borge, fuera defendida por ese mismo sector de manera sistemática dentro de la dirección del FSLN. El hecho de que el 25 de abril de 1990 Humberto Ortega decidiera continuar al frente del ejército, abandonando sus tareas en la dirección del Frente, fue criticado por partidarios de la antigua tendencia GPP. Según estos, H. Ortega podía haber sido sustituido por su segundo, el comandante Cuadra, a la cabeza del ejército. A Ortega se le reprocha haber preferido su papel de hombre de Estado y jete militar al de miembro de una dirección colectiva. Más allá de esta crítica, no se tienen noticias de ninguna línea alternativa defendida por un sector de izquierda. El EPS en el banquillo EI EPS se vio especialmente puesto a prueba con motivo de la huelga general de julio de 1990, cuando se levantaron centenares de barricadas en Managua respondiendo a un llamamiento del Frente Nacional de Trabajadores (FNT), que agrupa a las organizaciones sindicales sandinistas. El ejército tuvo que abrir todos los días, con excavadoras, las principales arterias de la capital, pero sin enfrentarse en ningún momento con los trabajadores, que le dejaban hacer lo que le habia ordenado el gobierno. Cuando el ejército se retiraba,
RIMEROS MUERTOS, N
12-Wicaragua Desde Adentro", nº 13-14, 308.- En un primer momento, el EPS había pedido un presupuesto de 131 millones de cordobas-oro, que quedó reducido a 78'1 millones, lo que representó un duro retroceso. El presupuesto de Defensa para 1991 se ha reducido en un 56% en relación al de 1990. Ver "Envío", Managua, febrero de 1991 9.- "Envío", Managua, febrero de 1991 10.- "Inprecor" francés 326, 15-3-90.
los militantes sandinistas reconstruían las barricadas, a veces con ayuda de militares vestidos de civiles... El problema no era que el gobierno pecara de ingenuidad, sino que la movilización era muy fuerte y el ejército estaba demasiado de uñas como para que la UNO le ordenara atacar a los huelguistas. Fue necesario que la dirección nacional del FSLN hiciera uso de toda su influencia sobre el gobierno, por una pare, y sobre el FNT, por otra, para qur se llegara a un compromiso (insuficien te) y se pusiera fin a la huelga
Con motivo de la firma de los acuerdos H. Ortega dio seguridades al gobierno, señalando que el EPS seguiría sus ordenes y las de presidencia, que organizaría el desarme de civiles (las barricadas se defendían durante la noche por gente armada), pero precisó que el EPS no abriría jamás fuego contra trabajadores.
Se agilizó el ya iniciado desarme de civiles, que está aún lejos de terminar: decenas de miles de armas continúan en manos de la población, gran parte en manos de militantes sandinistas. Godoy y sus "chicos" Algunos meses más tarde, el EPS tuvo niente esta vez de la derecha. viembre de 1990 tuvo lugar una sublevación de autoridades locales de la Región V, los departamentos de Boaco y Chontales -en el centro del país, región ganadera pobre, antiguo feudo de la Contra donde la UNO resultó ampliamente mayoritaria en las elecciones de 1990-, apoyados por antiguos contras en armas. Cortaron la carretera estratégica que une Managua con la Costa Atlantica, por la ciudad de Rama, bloqueando 300 kilómetros de carretera La acción fue orquestada por la extrema derecha de la UNO, dirigida por el vicepresidente de la República, Virgilio
Los alcaldes reivindicaban la destitución del ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo (eminencia gris de Violeta Chamorro y defensor del compromiso con los sandinistas), del ministro del Interior, Carlos Hurtado, y del general Humberto Ortega; la retirada del EPS y de la policía de la Región V; la reducción del presupuesto de Defensa; la constitución de una policía rural, formada por ex-contras; el desarme de civiles; la asignación de tierras a antiguos contras, en detrimento de la APP y del EPS; atribución de funciones reales a Virgilio Godoy (debido a sus divergencias con el clan Chamorro-Lacayo-César, Godoy no ejerce, efectivamente, ninguna función en el ejecutivo).
El responsable militar de esta sublevacion era Arístides Sánchez, agente de la CIA y antiguo consejero de la Contra, que finalmente fue detenido y "expulsado" a Estados Unidos sin condena alguna(7). Esta acción estaba destinada a desestabilizar al gobierno de Violeta Chamorro y a obligarle a golpear más duramente al EPS. Chamorro y el EPS tuvieron que aceptar una re-
TIERRAS A SOMOC
ducción del presupuesto dedicado a este último, más importante de lo pre-
La "rebelión de los alcaldes" tuvo repercusión en los debates y las votaciones de la Asamblea Nacional. En un primer momento, sólo los 33 diputados sandinistas habían votado a favor del presupuesto de Defensa presentado por la presidenta, mientras que la UNO en pleno votó en contra. Chamorro tuvo que utilizar entonces su derecho de veto para salvar el voto negativo de la mayoría. Esto le permitió ganar tiempo y negociar con los dirigentes del grupo parlamentario de la UNO, lo que condujo a una reducción suplementaria de 8'5 millones de córdobas-oro en el presupuesto militar. Sólo a ese precio pudo tinalmente Violeta Chamorro conseguir el acuerdo de la Asamblea.
La presidenta habría declarado a los dirigentes parlamentarios de la UNO que "la destitución del general Humberto Ortega forma parte de mis proyectos, pero en un plazo indeterminado"(9). A tenor de las discusiones con la presidenta, uno de los líderes de la derecha de la UNO, A. Ubilla, explicó a "La Prensa", el 7 de enero de 1991: "Debemos ser conscientes de que las ventajas de que dispone el sandinismo no son producto de la simple voluntad de Doña Violeta Chamorro. Su gobierno ha nacido sin armas, sin soldados, sin policías y sin dinero, y se ha tenido que enfrentar a un partido derrotado que dispone de todo lo que le falta al gobierno. Hay que hacer gala de una gran sutileza y paciencia para dirigir los intereses de la nación".
Evidentemente, diagnosticaba con acierto: comprendía que el Estado revolucionario no está desmantelado del todo y que eso lleva su tiempo; pero seguramente piensa también que ese desmantelamiento está en vías de realizarse y que el clan Chamorro-Lacayo no dirige tan mal el proceso. De hecho, el EPS ha pagado caro las sublevaciones armadas de los alcaldes y la indisciplina de los diputados de UNO.
En diciembre de 1990, gracias a la ayuda de la Unión Soviética, la administración Bush pudo probar que el FMLN salvadoreño había podido utilizar misiles SAM 7 y SAM 14, suministrados por los soviéticos al EPS en 1986, para abatir, en noviembre de 1990, helicópteros suministrados por Estados Unidos al ejército de El Salvador(10). La crisis de los misiles El ministro de Exteriores de la URSS declaró públicamente que esperaba que las autoridades nicaragüenses pusieran fin a tales acciones. Para salir del apuro la dirección del EPS encarceló a cuatro oficiales sandinistas que habían donado armas (sin ánimo de lucro) y a once salvadoreños. Por otra parte, en un comunicado del 1 de enero de 1991, el EPS acusaba a Joaquín Villalobos, dirigente del FMLN, de haber organizado el desvío de los misiles.
El 4 de enero, una nueva declaración añadía, de manera igualmente inaceptable, que "este pequeño grupo de oficiales, cegado por sus pasiones políticas y guiado por argumentos extremistas, atentaron contra el honor militar y contra la lealtad a la Institución y al mando militar; lo que equivale a atentar contra los intereses sagrados, patrióticos y revolucionarios de Nicaragua". La crisis de los misiles supuso un golpe que descorazonó a muchos militantes sandinistas, que tienen en lo más alto de su escala de valores el deber de la solidaridad internacionalista. La Juventud Sandinista y el FNT han denunciado la actitud del EPS (y la de la dirección del FSLN que le apoyaba).
La decisión del EPS de condenar a los militares internacionalistas profundizó la crisis abierta en sus filas tras la destitución, en agosto de 1990, del coronel Pichardo, jefe de la aviación y responable también de una ayuda, juzgada intempestiva, al FMLN. Y embargo, la época en que el EPS se planteaba como un deber ayudar al pueblo salvadoreño no esta tan lejana... ¿Perderá ese espíritu el ejército sandinista, a fuerza de "realpolitik" Debilidad y vitalidad del FSLN El anclaje revolucionario del FSLN sigue vivo, pero ha sido fuertemente cuestionado por algunos de los líderes que dirigieron la política de austeridad aplicada por los sandinistas a partir de 1988, política basada en la búsqueda de un consenso con la burguesía a espaldas de los intereses de los sectores populares. Estos dirigentes practican un discurso reformista moderado que no tiene en cuenta la miseria de los nicaragüenses, que sufren un capitalismo que no tiene nada de moderado. Algunos, incluso, se han convertido en los apóstoles de un co-gobierno con la UNO o, en todo caso, con sus sectores más moderados.
Los militantes que detienden el anclaie revolucionario del Frente pueden apoyarse en la importante movilización social que dirigen. Pero, aparentemente, no dan prueba de tanta coherencia y tanto espíritu ofensivo como aquellos que defienden una línea moderada.
En ese sector moderado se encuentran, particularmente, el exministro sandinista Alejandro Martínez Cuenca; Edmundo Jarquín (vicepresidente del grupo parlamentario sandinista); Rafael Solís (ex-secretario de la Asamblea Nacional); Herty Lewites (ex-ministro de Turismo); apoyados todos ellos por Sergio Ramirez (ex-vicepresidente de la
| República y actual presidente del grupo parlamentario, cercano a Humberto Ortega y al comandante Victor Tirado, dos ex-terceristas). Todos ellos desarrollan una política que está en contradicción flagrante tanto con el programa histórico del FSLN de 1969, (al que consideran caduco) como con la declaración de El Crucero, adoptada por la Asamblea sandinista en junio de 1990, después de la derrota electoral. Durante varios meses, sus posiciones no han sido desautorizadas ni por la dirección del Frente como tal ni por ninguno de sus miembros. Esta situación es inquietante y provoca repetidas críticas de muchos militantes, que lamentan la ausencia de posiciones claras por parte
La radical declaración hecha por Daniel Ortega en nombre de la dirección, el pasado 10 de abril, parece indicar una inflexión a la izquierda. Pero, se trata en realidad de un giro decisivo o sólo intenta presionar al gobierno y frenar el descontento de la base y de nuchos cuadros de cara al congreso de
El carácter público, crítico y polémico del debate que se desarrolla en el FSLN al acercarse su primer congreso, atestigua la vitalidad de un partido que diriguió una autentica revolución popular, que ejerció el poder en condiciones de gran adversidad y fue puesto a prueba por la derrota electoral de tebrero de 1990. El déficit democrático El FSLN pago duramente la insuficiencia de debates internos democráticos durante 11 años de ejercicio del poder. El verticalismo, resumido en la consigna "¡Dirección Nacional, ordene!", cimentó las relaciones entre ésta y la Asamblea Sandinista (120 miembros, reforzados por las incorporaciones de la reunión de El Crucero), las direcciones de las organizaciones sandinistas de masas, la dirección de la organización juvenil, y las estructuras intermedias y de base. Este verticalismo ha sido justificado, sin razón alguna, en virtud del estado de guerra.
Otro elemento viciado de funcionamiento es el lazo intimo entre el Estado y el partido. Finalmente, la incapacidad o la negativa para adoptar una plataforma marxista clara y dar una formación en este sentido a sus cuadros y a sus militantes también ha pesado negativamente (aunque, en realidad, quienes se reclaman del marxismo no son legión
Todo esto impidió al Frente evitar o corregir a tiempo los graves errores cometidos durante los años en que ejerció el poder: la mala comprensión de la cuestión campesina; los errores frente a las minorías indígenas de la costa atlántica; los lazos con las organizaciones
11. Todas las citas están tomadas del artículo de Gioconda Belli publicado en la edición del 14 de febrero de Barricada. 12. El Proyecto de Estatutos del FSLN, sometido a la discusión de los militantes con miras al congreso, confirma la posibilidad de ser miembro del Frente cualquiera que sea la pertenencia de clase: "Arto. 4. Son miembros del FSLN todos los ciudadanos nicaragüenses -sin distingo de credo religioso o condición económica- que acepten su platatorma programática y sus estatutos" (Barricada internacional, abril de 1991). Esta disposición fue inmediatamente criticada en la prensa por varios militantes. 13. Ventana, número 453, 15 de enero de 14. Herty Lewites, antiguo ministro sandinista de Turismo, es uno de esos millonarios. En 1988-1988 puso en marcha un progama de privatización de una parte de la infraestructura turística. Recientemente declaró: "... cuando nosotros perdimos (las elecciones), yo me sentí como golpeado. Entonces yo dije: voy a demostrar que yo soy un sandinista que me puedo hacer millonario. Porque el reto ahora es, sin estar en el gobierno, llegar a hacer dinero, esa es un bonito reto como militante del Frente Sandinista. Ahora, indiscutiblemente, el Frente no ha definido, partiendo de su Dirección Nacional, qué es lo que en realidad está buscando. (...) Yo lo que le pido al Frente Sandinista es lo siguiente: zapatero a tus zapatos. Si yo llego a a nivel personal no me voy a sentir mal. "El Semanario, 7 de marzo de 1991. 15. Ver Inprecor francés, números 313 y 314, correspondientes al 13 de julio y al 14 de septiembre de 1990. 16i Nicaragua en concertación, publicación oficial del gobierno nicaragüense, Managua 1990.
de masas, a menudo concebidas como meras correas de transmisión; la incapacidad y la negativa para desarrollar el control obrero y popular, al tiempo que daba demasiado peso a tecnócratas y administradores; el exagerado desarrollo del aparato militar y sus privilegios materiales; las medidas tipo Fondo Monetario Internacional (FMI) aplicadas a partir de 1985 y, sobre todo, de 1988, y las desigualdades sociales y la recesión que las mismas acentuaron; el hecho de que lo fundamental del modelo democratico se fue limitando progresivamente a su versión burguesa (Asamblea Nacional; poder presidencial; no revocabilidad de los electos; supresión del Consejo de Estado, donde estaban representadas las organizaciones de masas); el retraso respecto a los problemas de la religión y la iglesia (cuando al principio el Frente tenía una aguda comprensión de la cuestión); y el triunfalismo de la campaña electoral de ¿Frente o partido? Participando en el debate público, Gioconda Belli, escritora y militante sandinista, se preguntaba si el FSLN era un frente, o un partido o las dos cosas a la vez: "para algunos, el FSLN es o era una organización estructurada alrededor de una ideología de izquierda, con una base marxista; para otros, el FSLN es un partido donde tienen cabida "todos los nicaragüenses que amen su patria, sin distingo de si son propietarios, cristianos, evangélicos o campesinos pobres'. Ambas posiciones han sido avaladas por la dirección nacional y, sin embargo, ambas representan opticas muy diferentes que, en la práctica política, deberían conducir a la estructuración de formas organizativas también diferentes; puesto que en una concepción marxista leninista, la comunidad ideológica dentro del partido es una condición sine qua non, sobre la que se basa la posibilidad de estructurar un determinado programa que, históricamente, impulsa la toma del poder por los trabajadores (...). La otra posición, por él contrario, corresponde más a una estructura de frente o de partido electoral; todos pueden cobijarse bajo la bandera del sandinismo y tanto pro. pietarios como asalariados deben esperar que el partido represente sus antagónicos intereses" (11).
Belli se inclina abiertamente por un partido revolucionario capaz de establecer un frente, sobre todo en periodos electorales. Por otra parte, señala las nefastas consecuencias derivadas de la confusión entre partido y frente: "la 'disciplina partidaria' es una ilusión, precisamente porque al no existir la comunidad ideológica como base consciente de la disciplina, ésta no se entiende de la misma manera por todos y cada cual la interpreta a su manera. (...) la apelación a la disciplina (...) se convierte en una simple palanca de poder, un mecanismo represivo que en la partido' pasa a ser un dogma que se acata por temor y no por convicción y en vez de ser una "línea' a ser enriquecida, deviene en una camisa de fuer-
Expone también los efectos resentidos en materia de formación: "esta problemática de la doble estructura de frente y partido de vanguardia, se expresó (...) en los primeros años 80, cuando (...) la educación partidaria se desideologizó y se convirtió en el mecánico y pobre estudio de la problemática coyuntural, lo que determinó una práctica coyunturalistas (...)."
Muestra a continuación, la contradicción que existe en el hecho de que a partir de 1989, el FSLN adopte un progama esencialmente electoral, dirigiéndose a todos los sectores en edad de votar, sin por ello renunciar a su orientación socialista, según la cual los trabajadores deben ser hegemónicos. Y concluye con un llamamiento a los militantes: "Sin negar lo que de válido y recuperable puede haber, hay que ver también los efectos negativos e ir avanzando hacia una síntesis ya que, en la actualidad, el nivel de heterogeniedad de esta esquizotrenia entre trente y partido, no le permite al FSLN ser un partido que garantice la hegemonía del proyecto social en beneficio de los trabajadores, ni ser un frente amplio que, conservando una línea de profundas transformaciones sociales, pueda a la vez apelar al voto de amplios sectores de la población." ¡De todo hay en el FSLN! Abordando el mismo tema que Belli. Rosario Murillo, directora de Ventana, suplemento cultural de Barricada, poetisa y antigua compañera de Daniel Ortega, da un acusador tetimonio del estado actual del FSLN: "En él (el Frente) han tenido cabida sandinistas y no sandinistas. Millonarios y paupérrimos(12): Almas de dios y almas del diablo. (...) Sí, señores, el Frente Sandinista es, actualemte, un Frente y como Frente, donde alcanza de todo, es, en estos momentos, un montón de mierda" (13). Murillo señala la necesidad del proyecto y de la práctica revolucionarias: "Ser revolucionaria, roja, comunista, compañera, camarada, aspirar a la revolución en Nicaragua, en el tercer (y en todo el) mundo, es cuestión de alma, vida y
Ataca luego al ala moderada del Frente, que tomando como pretexto la crisis del llamado campo socialista manda a las calendas griegas la perspectiva revolucionaria: "Hay quienes sienten todo esto como cursilería barata. Y ahi ultramodernos que ahora tran-
sitan por el chic anti-radical. Por el centro, dicen. Para llegar más rápido... Se puede saber, adónde...? El mundo, es cierto, ha cambiado. Los soviéticos reniegan de sus propias mentiras o verdades; ya no quieren llamarse soviéticos, ni socialista, ni Rojos. Pero la revolución no es la extensión en el mundo del modelo soviético, y eso lo entendió muy bien Nicaragua y el sandinismo (...) Se acabó el comunismo en los países del Este...? qué bien! Pero, acaso alguna vez Nicaragua estuvo en el Este...? Acaso hubo alguna vez comu-
A continuación, describe con más precisión a los que denuncia: "Hemos hablado del Frente Sandinista y de su amplitud, que algunos llaman diversidad ideológica. En él los millonarios aspiran a hacer millones, para ayudar dicen, (como patrones, evidentemente) a los demás(14). En él también hay políticos electoreros, que aspiran a la politiquería de maquillaje pretendiendo con viejos métodos -que ahora llaman modernos- engañar a los demás."
Finalmente concluye su dura sátira con la referencia al Congreso: "Y los que somos del Frente tendremos que definir este año, si éste va a ser Frente de sandinistas o de revomcionistas: de pragmancos o de parasitos; de camaleones-matamamas o de verdades: de millonarios o de trabajadores (...) Quién puede asegurar este Frente Sandinista...? lógicamente que sólo aquellos que vengan de, o hayan optado por, el pragmatismo de la sobrevivencia física y de la dignidad humana, el de la cruda y desnuda realidad, que es también, paradójicamente, el de las esperanzas y los sueños. De allí que nuestras expectativas revolucionarias para el Congreso estén cifradas en que los derechos de las mayorías empobrecidas estén plenamente representados, por ellos mismos y por quienes asuman con una sola cara, su defensa." Pacto social y concesiones ¿A qué práctica del FSLN responde la voluntad, más arriba expresada, de ver al sandinismo adoptar un perfil y una práctica de clase netos? Para verlo, volvamos sobre los conflictos sociales que estallaron cuando la UNO accedió al poder(15).
Los trabajadores de la ciudad y el campo, organizados en la FNT, intentaron contener los ataques gubernamentales a través de varias huelgas. Los movimientos de mayo y junio de 1990, sacudieron a la dirección sandinista y el acuerdo que les puso fin fue negociado, en parte, bajo la mesa. Los representantes de los asalariados no participaron en todas las discusiones. Trinchera, el semanario de los sindicatos sandinistas, criticó fuertemente este hecho. En el curso de la Asamblea
Sandinista de El Crucero, realizada en junio de 1990, la Dirección Nacional, frente a las críticas de los militantes comprometidos en las luchas, puso a consideración un texto radical que se reconciliaba con la línea de "gobernar desde abajo". Sin embargo, entre las conquistas revolucionarias inviolables, no se mencionaba ni el sector nacionalizado ni el armamento de las masas.
El compromiso alcanzado con el gobierno en junio de 1990 se vio rápidamente cuestionado por nuevas medidas antisociales. La huelgas de julio significaron un salto cualitativo en el enfrentamiento entre el poder de la UNO y los sindicatos sandinistas. EI FSLN se puso entonces del lado de los huelgistas, al tiempo que recomendaba la conciliación. Se llegó, así, a un nuevo compromiso. Pero unas semanas más tarde el gobierno mostró que no estaba dispuesto a poner en práctica los acuerdos, y las privatizaciones se pusieron en marcha. En septiembre, en un clima social nuevamente degradado, el gobierno inició conversaciones con el fin de llegar a un pacto social. Este fue firmado el 26 de octubre con los sindicatos sandinistas, los sindicatos pro-UNO, y unas cuantas tederaciones patronales, con exclusión de la principal, el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP). Las privatizaciones Estos acuerdos, explícitamente destinados a dar confianza al FMI, al Banco Mundial, a algunos gobiernos europeos y, sobre todo, a los Estados Unidos, sancionaron una concesión central por parte sandinista: "El Gobierno, al privatizar empresas del Estado, tomará en cuenta los derechos adquiridos de los trabajadores, así como el derecho a participar en la propiedad de las mismas, (...) podra autorizar el funcionamiento de Instituciones Financieras Privadas (...); autorizará licencias de exportación a Asociaciones de Productores y particulares" (16).
De esa manera se ponían en entredicho tres importantes conquistas de la. revolución: la existencia del Area Propiedad del Pueblo, la nacionalización del sistema financiero y crediticio, y el monopolio del Estado sobre el comercio
Estas concesiones de los sandinistas fueron objeto de fuertes críticas por parte de un sector de izquierda del Frente: "No obstante que el Frente Nacional de los Trabajadores (...) haya firmado los Acuerdos de concertación, hay evidencias de que las bases de los trabajadores y sectores populares no están de acuerdo con el punto de las privatizaciones. (...) ese gesto de conciliación implica una concesión en aspectos de principios y de concepciones
17. Nicaragua desde adentro, Managua, 30 de diciembre de 1990. 18. "Nuestra propuesta es la privatización en beneficio de los trabajadores: pero otras fuerzas se ponen en movimiento para adueñarse de las propiedades. Esto será decisivo para el FSLN, el futuro revolucionario y la estabilidad del país" (Daniel Ortega en Barricada, 11 de abril de 1991. 19. Ver Inprecor francés, números 326 y 328, correspondientes al 15 de marzo y 12 de abril de 1991. 20. Barricada, 26 de diciembre de 1990. 21. Barricada, 22 de enero de 1991. 22. El Semanario, 7 de marzo de 1991. 23. También tuvo que ver la publicación por parte del Frente de un texto confidencial del Banco Mundial en el que se constataba que "el gobierno está comprometido a la total privatización" (Barricada, 1 de abril de 1991). Este documento indicaba claramente la muy particular naturaleza del Estado dirigido por Chamorro: "Existe preocupación (...) acerca de que, dada la naturaleza de las dificultades políticas actuales y al hecho de que los partidarios del régimen anterior aún controlan las oficinas legales, incluyendo la policía, no será fácil hacer cumplir los derechos de propiedad." Si estos círculos capitalistas tienen razones para inquietarse, no les queda otra que consolarse porque, como dijo Antonio Lacayo, "Se ha repartido un equivalente a la décima parte del territorio de la república de El Salvador a los antiguos dueños que habían sido confiscados" (La Prensa, 4 de febrero de 1991). En su momento, lo que inquietaba a Lacayo era que el nivel de la ayuda estadunidense resultaba inferior y de lejos, a "los que Nicaragua recibia (hasta 1990) del bloque socialista y de la Unión Soviética en 24. Barricada, 11 de abril de 1991 fundamentales de la revolución. (...)
Por supuesto que el derrumbe del modelo socioeconómico de los países del Este europeo representa para algunos una desventaja para reivindicar lo progresivo de la propiedad social, colectiva, sobre los medios de producción -y para otros, una magnífica ocasión para deshacerse de un concepto con el que nunca estuvieron plenamente identificados. Pero no fue el concepto lo invalidado en esos países, sino la forma adoptada y en todo caso nadie puede negar que en nuestras condiciones el APP representan un eje potencial de socioeconómico
Los autores del texto formulan enseguida una reflexión crítica sobre la politica de los sandinistas en el poder "Quizás sean errores cometidos alrededor de las formas de gestión y tipo de relaciones que impulsó el gobierno sandinista en torno a las empresas del APP y que limitaron en el trabajador su identificación como propietario social de las empresas, lo que ahora está facilitando que renuncien con facilidad a su
Finalmente, señalan las consecuencias que la aceptación de las privatizaciones traerá para el programa del FSLN: "En última instancia cabe preguntar: ¿Cuál es la posición del FSLN sobre la propiedad social? Hasta hace poco la respuesta estaba implicita en la idea de preservar el APP. Ahora los hechos señalan otra dirección. Discutirlo en el Congreso quizás sea demasiado tarde, más aún, en los hechos ya se habrá impuesto la inversión conceptual que supone sustituir la reivindicación, de los trabajadores y de todo el pueblo, de la propiedad social sobre los medios de producción -cuya forma embrionaria es el APP- por la reivindicacion de la propiedad privada."
Cualquiera que sea la posición que el congreso del FSLN adopte, lo que sí es seguro es que los trabajadores y el FNT (apoyados por el FSLN) van a intentar limitar los daños demandando que algunas privatizaciones se hagan a su favor(18). Pero, amén del hecho de que en la mayor parte de los casos no han ganado el pleito, lo cierto es que la propiedad privada de los trabajadores de toda o de una parte de la empresa no va a resolver nada. Si el APP es desmantelado y la recesión se mantiene, los colectivos de trabajadores deberán administrar la empresas en un ambiente totalmente hostil, y deberán efectuar despidos e, incluso, el cierre Se oye hablar de "co-gobierno"... Aunque firmados en aras de la paz social, los acuerdos de octubre de 1990 fueron seguidos de dos ofensivas de la derecha: "la rebelión de los alcaldes", en noviembre, y la del grupo parlamentario de la UNO, en diciembre(19). Los sandinistas debieron hacer nuevas concesiones respecto al ejército.
Esto no impidió al grupo parlamentario sandinista unirse a una parte del grupo parlamentario de la UNO para elegir a Alfredo Cesar presidente de la Asamblea nacional -unos días más tarde, este ex-jefe de la contra, allegado a Violeta Chamorro, se unió al ala ultra de la UNO en contra del compromiso alcanzado por la dirección del ejército y la presidencia en torno al presupuesto de defensa. César no rompió su alianza con los extremistas hasta que estuvo seguro de ser electo gracias al apoyo de los sandinistas. Para arrancar una solución de compromiso, los sandinistas aceptaron una reducción adicional del presupuesto militar, que fue finalmente adoptado por 69 votos a favor (36 diputados del FSLN y 33 del grupo César de la UNO) y 21 en contra (del sector del vicepresidente Godoy). Unos días más tarde, César era elegido. De esa manera la presidencia de la Asamblea quedó constituida por cuatro miembros de la UNO, cercanos a César, y dos del FSLN.
Esta táctica parlamentaria estimuló, con gran perjuicio para la base militante sandinista, la tesis del co-gobierno sostenida por el ala moderada del Frente, Rafael Solís, uno de sus portavoces, escribió respecto a la actitud del FSLN durante la rebelión de los alcaldes: "Por primera vez el FSLN jugó una política inteligente y no se confrontó directamente con los rebeldes, respaldando más bien -aunque discretamente- al gobierno, lo que contribuyó a la solución pacífica del problema y a la vez ha contribuido aún más a forjar este 'co-gobierno' a que nos referíamos anteriormente. El 'co-gobierno', a mi juicio, no tiene porqué ser malo, ni tiene porqué ser rechazado por los sandinis-
Solís opone esta actitud "constructiva" a la adoptada anteriormente: "El FSLN aprovechándose de errores cometidos por el gobierno y ante la presión (...) se embarcó en la asonada de julio (la huelga general), que a mi juicio tuvo repercusiones negativas no sólo para el país, sino para el sandinismo mismo." Para Solís, hay que convencer a los trabajadores de seguir sacrificándose, diciéndoles que los sindicatos sandinistas, la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC) y la Central Sandinista de los Trabajadores (CST), levantan reivindicaciones exageradas.
Sergio Ramírez, jefe del grupo parlamentario sandinista, es más prudente. En una entrevista concedida a Barricada, el periodista Xavier Reyes Aiba resume así la posición de Ramírez: "Lo que ahora existe entre el Frente Sandinista y el gobierno (...) es un entendimiento político global que tiende a bus-
car puntos de encuentro en asuntos En marzo de 1991, Jarquín y el resto el modelo oligárquico capitalista conocique tienen que ver con la estabilidad del ala moderada especulaban sobre el do, imponiendo un neosomocismo, un nacional"(21). éxito del plan económico de la UNO: neocapitalismo, o bien el país sigue
Ramírez reconoce que el apoyo del "Si durante el mes de julio, la situa- avanzando para encontrar nuevas forgrupo palamentario sandinista a la can- ción económica ha mejorado, el debate mas de desarrollo económico y social didatura de Alfredo César fué "un asun- en el Frente Sandinista va a ser menos que preserven las conquistas básicas to obviamente negociado entre el Fren- complejo.(...) Vamos a estar menos de la revolución. (...) El gobierno está te Sandinista y el gobierno". tensionados por posiciones extremas". bajo la influencia de la política de Esta-
Fue esta corriente la que empujó al dos Unidos, que se creen con derecho El Congreso se acerca a gobernar Nicaragua a través de este bierno (el 19 de marzo se firmó un recurso. Edmundo Jarquín, vicepresidente del acuerdo en este sentido). Esta ala es- Las fuerzas de extrema derecha grupo parlamentario del FSLN, declaró peraba que el FMI y el Banco Mundial sienten igualmente que éste es su gounos meses más tarde, que había que concedieran finalmente importantes lí- bierno, que busca eliminar el sandinisapoyar, en contra de la opinión del neas de crédito. mo sin respetar el verdadero juego FNT, el plan de choque del gobierno de Cinco semanas más tarde el fracaso democrático. (...) Es la contrarevolución marzo de 1991, Agregó: "Creo, ade- del plan(23) estaba présente, sin lugar buscando ganar terreno. Ya no es la más, que si nosotros estariamos (sic) a dudas y para muchos, en el discurso contrarrevolución armada, pero ésta se en el gobierno, estaríamos haciendo más radical de Daniel Ortega: "La polí- expresa para que el gobierno avance algo igual o muy parecido en materia tica de ajustes estructurales determina- en el desmantelamiento de la revolude estabilización" (22). rá el futuro del país. O bien se retoma ción" (24).
El calvario del pueblo
Durante la campaña electoral, la derecha prometió que, de llegar al poder, haría bajar sensiblemente la inflación, relanzaría el empleo y reactivaría la economía, todo en 100 días. Para ello acudió a métodos clásicos tipo Fondo Monetario Internacional (FMI), agravando las medidas de austeridad aplicadas por lossandinistas a partir de 1988.
En 1990 el gasto público se redujo fuertemente, así como el crédito a las empresas. El gobierno intentó, de esa manera, disminuir la masa monetaría en circulación para bajar la inflacción. Las consecuencias fueron nefastas: ahondamiento de la recesión, multiplicación del quiebre de empresas, despido de decenas de miles de trabajadores de los sectores público y privado (30 mil según los sindicatos) y degradación en picada de los sistemas de salud y educación. Por sexto año consecutivo, el Producto Interno Bruto (PIB) cayó; la inflación, lejos de ser bloqueada y a pesar de la recesión, llegó a cerca de 14.000% en 1990 (contra 1.600% en 1989). Venturas y desventuras del córdoba-oro La introducción de una nueva moneda, el córdoba-oro, puesta progresivamente en circulación para ciertas operaciones, era el arma de choque contra la inflación.
De lo que se trataba era de dejar que el viejo córdoba (identificado con el sandinismo) se devaluara al máximo para luego sustituirlo por el córdoba-oro (identificado con el nuevo régimen), moneda que, en función de que contaría con la confianza del público, permitiría detener la inflación -el córdoba-oro debía cambiarse a la par del dólar.
Esta operación también resultó un completo fracaso. Unos meses después de su puesta en circulación, la nueva moneda se cambiaba a cinco por un dólar en el mercado negro.
Por otra parte, el gobierno disminuyó los impuestos a la importación. De esa manera, el mercado nacional se vio invadido por productos de los países vecinos, y se agravó la crisis del sector productivo abasteciendo el mercado interno -en 1990 las importaciones de bienes de consumo aumentaron 74%, mientras que los bienes de producción bajaron 25%-, sin mejorar el poder de compra de la inmensa mayoría de la población. Por el contrario, Nicaragua se ha convertido en el país más caro de América Central(1).
Para medir la magnitud de la recesión basta citar unas cuantas cifras: en 1990, la producción industrial bajó 8,4%; la construcción, 36%; la agricultura destinada al mercado interno se ha caido, literalmente, de narices (baja de 40% para el maiz, de 74 y 30% para las dos variedades de arroz, y de 12% para el frijol).
El ministro responsable del plan de los 100 días, Francisco Mayorga, dimitió en el otoño de 1990. El fracaso de su plan (como el del plan de austeridad de 1988) procedía, sobre todo, de un error de diagnóstico: la hiperinflación no se debe, en primer lugar, a un exceso de liquidez o de demanda solvente (y esto, contrariamente a los dogmas del FMI, según los cuales la gente dispone de un poder de compra excesivo en relación a la cantidad de mercancias disponibles): entre mayo y diciembre de 1990, la masa real de los medios de pago en circulación disminuyó 60%: hubo, pues una formidable contracción de la demanda, lo que no impidió que la inflacción acumulada llegara a 5.900% durante el mismo periodo, según un artículo de Pedro A, Rodríguez aparecido en El Nuevo Diario. La sucesión de devoluciones y el ritmo de la inercia de la inflación obligan a los comerciantes y a los productores a integrar la previsión de las devaluaciones posteriores a sus precios de venta; es decir, prefieren vender menos productos a un precio superior que vender más productos con pérdidas o con un bajo rendimiento.