Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Oriente Medio

El "nuevo orden árabe" y el obstáculo israelí

· Inprecor n.º 85, julio de 1991 · pp. 24-30 · 6.574 palabras

EL "nuevo orden árabe"

NOTAS 1.-Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Arabes Unidos, Kuwait, Oman y Qatar. 2.-"International Herald Tribune", 8-3-91. 3. - "IHT", 29-4-91. 4.-El material soviético reemplazado fue vendido o enviado por Egipto a aliados tales como los mujaidines afganos o a los propios Estados Unidos, que utilizan armas soviéticas para el entrenamiento de sus tropas.

Oriente Medio y el obstáculo israelí

La operación "Tormenta del Desierto" estaba concebida como etapa decisiva hacia un reordenamiento político del Oriente árabe bajo la hegemonía de Estados Unidos. A la guerra americana debía suceder una "pax americana", cuyos elementos han comenzado a ponerse de manifiesto desde el final de las operaciones militares contra Irak. En el centro de este montaje está la alianza de las seis monarquías (1) miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), con Egipto y Siria como principales Estados árabes miembros de la coalición anti-iraquí.

El peligro principal para esta "pax americana" regional es, paradójicamente, el Estado de Israel: la intransigencia del gobierno de la derecha sionista, dirigido por Isaac Shamir, ha dificultado en gran medida los esfuerzos desplegados por el secretario de Estado norteamericano, James Baker, para la puesta en pie de un entendimiento árabe-israelí bajo el patronazgo de Estados Unidos. La Declaración de Damasco Los representantes de los ocho Estados árabes aliados, reunidos en la capital siria los días 5 y 6 de marzo de

"Declaración de que proclamaba un "nuevo orden árabe", , cuyo parentesco con el "nuevo orden mundial" de Bush es evidente incluso en el nombre. Los dos principales aspectos de la Declaración son de orden militar y económico. A tenor de la acción común contra Irak, las tropas egipcias y sirias -35.000 y 20.000 soldados respectivamente- presentes en los territorios de Arabia Saudita y Kuwait se mantendrán allí, e incluso se incrementarán (Siria piensa doblar sus efectivos) y desplegarán en otros Estados del Golfo. Estas tropas, según la Declaración, constituyen "el núcleo de una fuerza de paz árabe puesta en pie para garantizar la seguridad y la integridad de los Estados arabes de la región del Golfo". Por más que esta alianza militar se abstendrá de ser "dirigida contra ninguna de las partes", está claro que la seguridad y la integridad de las monarquías del Golfo no están amenazadas actualmente, ni real ni potencialmente, más que por los dos aspirantes a la hegemonía en esta

Salah Jaber región: Irak, que acaba de sufrir el tratamiento ya conocido, e Irán, que se ve reforzado por la destrucción de su adversario.

De hecho, estos dos Estados se han venido disuadiendo el uno al otro de alterar la estabilidad del orden imperialista y reaccionario en el Golfo. Cuando Irak era una fuente de subversión nacionalista, el Irán del Sha le controlaba. Más tarde, cuando, después de febrero de 1979, Irán se convirtió en centro de la subversión jomeinista, fue Irak quien se erigió en "defensor de la puerta oriental de la nación árabe", llevando a cabo contra su vecino una guerra devastadora de ocho años, con el apoyo financiero de las monarquías petroleras árabes. El giro de Irak contra Kuwait y el enfoque de las ambiciones de Sadam Husein en dirección a sus vecinos árabes situaron a Iran y a Irak, por primera vez desde que existen estos Estados en su forma actual, en el campo de los adversarios del orden imperialista tradicional en el Golfo. Esta situación inédita requería la reestructuración del sistema de protección de los pilares locales de este orden. Se imponía un contrapeso exterior a la doble amenaza iraquí-iraní. La intervención masiva de tropas imperialistas, en particular las de Estados Unidos, tenía como propósito hacer lo que ninguna fuerza local estaba en condiciones de hacer: destruir el potencial militar iraquí. Igualmente, era su intención crear las condiciones políticas e incluso psicológicas necesarias para esa reestructuración. Pero, por razones políticas mezcladas con consideraciones religiosas, la permanencia prolongada de fuerzas masivas occidentales en Arabia Saudí era una opción muy improbable. El mantenimiento de su presencia en un suelo que es considerado por decreto religioso (fatwa) como una gigantesca mezquita, corría el riesgo de transformarse en objeto del resentimiento antioccidental, nacionalista o religioso, de las masas Nuevo sistema de seguridad en la zona En consecuencia, Estados Unidos y sus ricos protegidos del Golfo pusieron a punto un nuevo sistema de seguridad adaptado a las realidades nuevas y a

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las tradicionales. Este sistema consiste en tres escalones, dejando como último recurso la intervención militar norteamericana directa. El primer nivel esta constituido por las propias fuerzas de las monarquías del Golfo, que se verán considerablemente reforzadas en el próximo periodo. Los efectivos del ejército saudí se doblarán o triplicarán, hasta llegar a los 100 ó 150.000 soldados en activo, con el probable recurso masivo a mercenarios egipcios, pakistaníes y, posiblemente, marroquíes. El pequeño ejército de Kuwait será igualmente ampliado en los mismos términos.

La clave de todo esto está, sin duda, en el gran mercado garantizado para la industria militar de Estados Unidos, tras la demostración en vivo de la eficacia de sus productos durante la "Tormenta del Desierto". El nuevo sistema de seguridad regional Las ventas ya apalabradas por Washington sólo con Arabia Saudita ascienden a la bonita cifra de 10.000 millones de dólares. Probablemente alcanzaran la misma cantidad con Kuwait, que necesita reconstituir gran parte de su arsenal. Respecto a quienes, por ingenuidad o por devoción al Estado de Israel, critican estas ventas de armas y les oponen las propias declaraciones de la administración Bush sobre la necesidad de un control armamentístico en esta región del mundo, hay que recordarles que esa misma administración, con una gran dosis de hipocresía, apostilla que es necesario establecer un equilibrio de fuerzas entre los países árabes de la región (y no entre éstos y el Estado de Israel): "El oficial (del Departamento de Defensa) declaró que la Administración está decidida a aumentar los arsenales de los Estados árabes amigos del Golfo -países que, según añadió, tienen individualmente menos poderío que Irak-. La Administración consideraría la limitación regional de armamento, dijo, sólo en este contexto" (2).

En definitiva, lejos de promover un desarme regional que englobara al Estado sionista, Washington no "consideraría" la congelación de la exportación de armas hacia la región más que despues de haber elevado el poder militar individual de sus aliados más seguros hasta un nivel disuasorio para un potencial enemigo comparable a Irak (en clara referencia a Irán). Las únicas armas que la administración Bush está dispuesta a prohibir desde ya son las de tipo NBC (nucleares, bacteriológicas, químicas), así como los misiles balísticos de un alcance superior a los 150 kilómetros (3). Se continuará vendiendo el resto del armamento, incluídos los ingenios sofisticados, a los socios árabes de Washington. Más allá de consideraciones comerciales, Estados Unidos desea realmente consolidar la capacidad de resistencia autónoma de sus protegidos, de cara a enfrentamientos a nivel interno o externo, extrayendo las lecciones oportunas de la gran vulnerabilidad demostrada por ellos en el curso de la "crisis del Golfo". Por lo demás, las ventas previstas no amenazan con modificar la relación de fuerzas regional, dominada claramente hoy en día por el Estado de Israel. Para nadie es un secreto que éste dispone de un importante arsenal de armas NBC y de misiles de alcance diez veces superior al establecido como límite por Washing

Lo irónico de la situación está en que sea el propio Israel quien pida hoy la congelación de la capacidad militar regional -no un desarme equilibrado- con vistas a consolidar la ventaja que ha logrado con la destrucción de Irak; ahorrando a la economía israelí, comprometida por la inmigración de los judíos de la URSS, el coste de una continuación sin fin de la carrera de armamen-

El segundo nivel de protección de las monarquías del Golfo está constituído

"fuerza de paz árabe". De los dos componentes de esta fuerza, el Egipto de Mubarak es sin duda el más seguro actualmente. Ha sido rearmado masivamente por Estados Unidos desde la firma de su tratado de paz con el Estado de Israel, en 1979. El objetivo era reemplazar la dependencia estructural del ejército egipcio de la URSS mediante una integración en el dispositivo americano, pasando por maniobras conjuntas anuales ("Bright Star"), así como por la renovación del arsenal militar (4). La última entrega de este programa de rearme sometida este año a la votación en el Congreso de Estados

Unidos, comprende 46 aviones de la gama alta de los F-16 con su dotación de bombas y misiles.

En cuanto al ejército sirio, continúa estrechamente ligado a Moscú por su material. Su "americanización" no es previsible en un futuro inmediato. Para ello, habría que llegar primero a un tratado de paz sirio-israelí similar al de Camp David y asegurar, por éste o por otros medios, la irreversibilidad de la alianza siria con Estados Unidos. De momento, Damasco es un aliado estrechamente vigilado por parte de Washington, que espera que los intereses económicos del Estado sirio aconsejen a Hatez el-Asad, convencido adepto de la "realpolitik", la decisión de recalar resueltamente en el lado americano, en estos tiempos de bancarrota soviética

El tercer nivel, el último recurso, es la intervención directa del ejército norteamericano, en particular el despliegue directo de tropas. Antes de la invasión de Kuwait por Irak, el dispositivo militar americano para la región descansaba en gran medida en su aliado israelí y en los ejércitos egipcio y saudita integrados en el sistema regional del Pentágono. Este está dirigido por el CentCom (Central Command), cuyo cuartel general está en Tampa, Florida, y cuyo jefe no es otro que Norman Schwarzkopf. El CentCom podía contar asímismo con los aliados turcos, pero disponía también de sus propias fuerzas de intervención: las bases americanas de Turquía y de Diego García en el Océano Indico; la flota americana en el Golfo, con facilidades en Bahrein, y las flotas próximas, incluída la del Mediterráneo; y la Fuerza de Despliegue Rápido que opera desde Europa y Estados

La operación contra Irak puso de relieve la falta de agilidad del despliegue

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5.-Esto supone también, dicho sea de paso, que los ejércitos aliados se doten de material americano.

6.-La población agipcia aumenta en un millón de personas cada nueve meses.

7.-"IHT", 11-4-91.

8.-"IHT", 6-4-91.

americano en Arabia Saudita y la gran vulnerabilidad de la primera fase. Los comentaristas militares han subrayado, retrospectivamente, que si Irak hubiera tomado la iniciativa de intervenir en territorio de Arabia Saudita en agosto, para impedir la acumulación de fuerzas de la coalición, Estados Unidos se habría visto enfrentado a una tarea mucho más difícil. El Pentágono ha extraído la lección de esta experiencia. Aunque Schwazkopf confirmó el pasado 24 de marzo que su ejército no tenia intención de dejar una fuerza terrestre masiva permanentemente en la región del Golfo, también anunció que se establecerá en la región un puesto avanzado de mando americano, dependiente del CentCom, probablemente en Bahrein. Este puesto se encargará de la coordinación del dispositivo aliado regional y de la organización de maniobras coniuntas árabe-americanas terrestres, navales y aereas, lo que supone una presencia frecuente, aunque no permanente, de tropas estadouniden-

A cambio, se verá reforzada la flota americana en el Golfo. Y, sobre todo, el despliegue directo de fuerzas americanas sobre el teatro de operaciones, en caso de urgencia, será mucho más fácil contando con el establecimiento previo del material americano. Están previstos dos emplazamientos: Turquía y, por supuesto, Arabia Saudita. En cada uno de estos países se depositara el armamento de una división fuertemente equipada, de manera que sus efectivos puedan llegar al punto preciso en pocos días. La capacidad mejorada de intervención rápida americana, añadida a la capacidad de despliegue a medio plazo demostrada por el extraordinario esfuerzo logístico llevado a cabo desde agosto de 1990 a enero de este año, que es posiblemente el único logro verdadero de Estados Unidos en la guerra contra Irak, son suficientemente ntimidatorios de cara a las potenciales amenazas, desde el punto de vista del

El "nuevo orden"

económico regional

Este sistema de tres niveles tiene, como cualquier sistema de seguridad, una función disuasiva al tiempo que otra defensiva y represiva. Los señores del orden imperialista saben que estas dos funciones no bastan para asegurar la estabilidad que ansían. Son perfectamente conscientes de la necesidad de complementarlas con una acción preventiva, tanto más cuanto que los dos primeros niveles no son absolutamente

Las fuerzas armadas de las monarquías del Golfo no han brillado nunca por su eficacia. En cuanto

Egipto y Siria, independientemente de la fiabilidad de sus gobiernos a los ojos de Washington, están expuestos constantemente a riesgos de levantamientos populares que pueden extenderse a sus fuerzas armadas. Su relativa fragilidad política proviene sobre todo de la precariedad de sus respectivas situaciones socio-económicas. Al contrario que las monarquías petroleras del Golfo, que se cuentan entre los países con mayores ingresos (PNB por habitante), estos dos países, en especial Egipto, sufren un grave deterioro del nivel de vida de su población (6), lo que se convierte en una fuente permanente de tensiones políticas y sociales.

Es un problema de la misma clase que el que empujó a Irak a invadir Kuwait, desengañado de la posibilidad de ser financiado por los ricos "países hermanos". Sadam Husein reaccionó, ante la negativa kuwaití a seguir manteniendo su régimen, desarrollando una retórica nacionalista que llamaba a un reparto equitativo de las riquezas de la nación árabe entre todos sus componentes. Por su parte, Siria habia arrancado regularmente fondos a las monarquías petroleras del Golfo mediante una extorsión político-terrorista en nombre de la confrontación con el Estado

La "Tormenta del Desierto" modificó radicalmente este contexto en el que unos Estados ricos, pero vulnerables, cedían ante la presión de otros Estados pobres, pero militarmente fuertes y determinados a ejercer un chantaje. La enérgica intervención de Estados Unidos a favor de sus ricos protegidos ha creado unas nuevas condiciones, en las que las monarquías petroleras se sienten a salvo de cualquier amenaza regional gracias a la protección americana. A pesar de esa ostentosa protección, estas monarquías también han sido fuertemente presionadas por Washington para que continuen dispensando ayuda financiera a los Estados árabes que acepten alinearse con la "pax americana". No se trata ya de la sumisión a las necesidades de unos Estados que no consiguen dominar la subversión, sino de fondos destinados a la consolidación del orden reaccionario, especialmente en los Estados que ofrecen sus servicios como mercenarios.

El segundo aspecto de la Declaración de Damasco nos lleva precisamente a este aspecto de la cuestión. Se funda, por una parte, en "el respeto del principio de soberanía de cada Estado árabe sobre sus recursos naturales y económicos". La Declaración, por otra parte, habla de "reforzar la cooperación económica" entre los firmantes, para extenderla después a otros Estados árabes. La innovación al respecto consiste en que la ayuda de los Estados ricos se adecuará a unas condiciones similares a las que rigen la financiación de los países del Este por parte de los países imperialistas. La finalidad de la

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"cooperación económica" está definida en la Declaración: "animar al sector privado (...) a participar en el proceso de desarrollo (...) y permitir a las pequeñas y medianas empresas obtener frutos de la cooperación...". Dentro del espiritu general de esta concepción renovada de la financiación árabe, se han tomado ya, o están en vias de tomarse, medidas concretas: una retribución especial a Egipto y a Siria por sus buenos y leales servicios, y un mecanismo de financiación regional. Siria ha recibido dos mil millones de dólares, que han servido de gran ayuda para un régimen como el baasista al borde de la quiebra. Las necesidades de Egipto son mucho más importantes, en función de sus 55 millones de habitantes y su gran miseria, pero también por las graves consecuencias económicas de la crisis del Golfo en un país con más de dos millones de habitantes trabajando en Irak y en Kuwait, y para el que la mayor fuente de divisas es el turismo.

Las monarquías petroleras arabes y Estados Unidos han hecho un especial esfuerzo por rodear con algodones al barril de pólvora egipcio, ansiosos por salvaguardar a su aliado más dócil. Los primeros han anulado cerca de siete mil millones de dólares de deudas contraídas por Egipto. Washington ha hecho otro tanto con la deuda militar. Además, la administración Bush y sus aliados petroleros ejercen presiones sobre el FMI y las otras instituciones imperialistas para que den un trato de favor a Egipto, bajo el control del Fondo. Cerca de un 30% de los 40.000 millones de dólares de deuda gubernamental egipcia van a ser anulados, y el resto modificará sus plazos. El FMI y el Banco Mundial acordarán dos nuevos préstamos a El Cairo de 300 millones

Este tratamiento de favor, añadido a la generosidad del Club de París y de Washington respecto a la Polonia de Walesa (anulación del 50% y del 70% de la deuda, respectivamente), no dejará de incitar a los países más endeudados, entre ellos el trío latinoamericano (Brasil, México y Argentina), a reclamar facilidades similares. La respuesta anticipada del subsecretario norteamericano del Tesoro, David Mulford, según el cual Polonia y Egipto son "únicos, política y económicamente"(7), indica bien a las claras que tanto la anulación de la deuda como la continuación de la financiación imperialista son concebidas, mas que nunca,

Las condiciones políticas que Egipto satisface son evidentes. En cuanto a las condiciones económicas, el FMI ha sido el encargado de dictarlas. Como de costumbre, incluyen la supresión de la subvención a los precios de bienes y servicios de primera necesidad. El gobierno de Mubarak ha prevenido ya a la población de que debe esperar fuertes alzas en los precios de la electricidad, gasolina y otros productos derivados del petróleo, entre ellos el transporte, y de los artículos alimenticios básicos, incluidos el pan y la carne. Cada una de las tentativas egipcias de atenerse a los dictados del FMI han provocado revueltas populares, como en la mayor parte de los países del Tercer Mundo sometidos al mismo dictado.

Para amortiguar este golpe, las monarquías petroleras del Golfo están dando ya prioridad a los trabajadores egipcios en la captación de mano de obra árabe, en detrimento de los palestinos, yemeníes y de la gente de los países que no apoyaron à la coalición anti-iraquí; de todos ellos han sido ya expulsados de los países de la coalición más de dos millones de personas. El número de egipcios que trabajan en Arabia Saudita aimentó cerca de un 50% en tres meses, pasando de 684.000 en diciembre de 1990 a cerca de un millón actualmente. El embajador egipcio en Riad declaró que las autoridades sauditas están decididas a reservar a partir de ahora a los egipcios la mitad de todos los visados de trabajo que acuerden(8). Este es el principal beneficio sacado por El Cairo de su ac titud política: la inmigración en el Golfo, como es bien sabido, absorbe en parte el paro y constituye la principal fuente de divisas (por transferencias familiares) de varios países. Un proyecto idílico Además, Egipto y Siria serán los principales beneficiarios del Programa de Desarrollo puesto actualmente a punto por las seis monarquías del CCG, para el cual se constituirá un fondo de 15.000 millones de dólares, una tercera parte del cual debera estar disponible inmediatamente. Este programa, dentro del espíritu de la Declaración de Damasco, será llevado mediante métodos inspirados en las relaciones entre el FMI y Europa del Este, en función de la similitud estructural entre unas economías en las que el sector estatal es dominante. Se pondrá el acento en la expansión del sector privado, de forma que se consolide un "nuevo orden árabe" fundado en la libre empresa y en la combinación de capitales del Golfo, mano de obra de sus aliados árabes y capitales y tecnología imperialista, bajo patronazgo americano.

Este proyecto idílico es casi utópico, en vista de la extraordinaria complejidad de los problemas sociales y políticos de la región, buena muestra de la cual es la evolución de la situación en Irak. El principal escollo en el que la "pax americana" corre el riesgo de naufragar en lo inmediato es, a buen seguro, el contencioso árabe-israelí. Este ha sido, desde hace una veintena de años, el principal factor de inestabilidad política en la región árabe y el principal catalizador del resentimiento antiamericano de las masas árabes. Para Estados Unidos, la oposición política entre sus aliados y clientes árabes, por un lado, y el Estado sionista, su socio militar privilegiado, por otro, ha sido el principal

La Declaración de Damasco no podía omitir mencionar este contencioso. Aparentando reiterar la posición árabe oficial ("Conferencia de paz internacional bajo vigilancia de Naciones Unidas" y regulación del conflicto sobre la base de las resoluciones de la ONU para "poner fin a la ocupación israelí de los territorios árabes y garantizar los derechos nacionales del pueblo palestino"), la Declaración introducía dos concesiones evidentes a Washington: por una parte, la "conferencia internacional" no era ya una exigencia, sino únicamente un "marco adecuado"; por otra, no se hacía ya mención de un Estado palestino, sino solamente de los "derechos nacionales" palestinos.

El discurso-programa de la posguerra del Golfo, pronunciado por Georges Bush ante el Congreso de Estados Unidos, el 6 de marzo, algunas horas después de la publicación de la Declaración de Damasco, se hacía eco de él. Reafirmaba la adhesión de su administración a las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU y al principio de intercambio de paz por territorios -es decir, la retrocesión por parte de Israel de los territorios ocupados en 1967 a cambio del reconocimiento por los Estados árabes del Estado sionista y de sus fronteras, у garantías para su seguridad. Se comprometía igualmente a tener en cuenta los "legítimos derechos políticos de los pa-

El discurso de Bush daba la señal para una nueva serie de giras regionales de su secretario de Estado, James Baker, al estilo de Kissinger, con la diferencia de que la estrategia de "pequeños pasos" tan querida por este último, tendente a obtener acuerdos por separado con cada Estado árabe y el Estado sionista, no está ya en el orden del día. Porque, en efecto, el frente de los Estados árabes limítrofes con Israel está hoy bajo hegemonía americana, una vez que Siria se ha pasado con armas y bagajes a ese campo. La "Tormenta del Desierto" ha creado un clima político excepcionalmene favorable para los designios de Washington en Oriente Medio, en un momento en que Moscú abdica, por unos puñados de dólares, de toda pretensión de rivalizar con su

En estas condiciones, la anterior oposición norteamericana a una regulación global, con participación de la URSS, no tiene razón de ser. Muy al contrario es la administración Bush la que desea hoy un "package deal" (acuerdo global. NdR.) con todas las partes arabes concernidas y la aprobación de la URSS.

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La razón de ello es que el terreno de acuerdo entre Washington y sus socios árabes, con la bendición de Moscú, es actualmene más amplio que nunca. Estos socios, incluyendo a Siria y a la dirección de la OLP, han abandonado toda pretensión nacionalista árabe. En el mismo terreno de entendimiento se sitúa la fracción moderada del "establishment" sionista: laboristas y otros, comprendidos miembros del Likud (bloque de la derecha sionista en el poder), partidarios de una retirada parcial de los territorios ocupados, a cambio de un acuerdo de paz con garantías. El obstáculo israelí Hay cuatro cuestiones que acotan este terreno: dos cuestiones fundamentales, la del Golan sirio ocupado y anexionado por Israel en 1981, y la de los territorios palestinos ocupados, comprendiendo a Jerusalén Este; y otras dos cuestiones de menor entidad: el marco de negociaciones y el problema de la representación palestina. El contencioso egipcio-israelí ha sido liquidado, y el hecho de que Egipto haya tomado parte en el proceso da testimonio de la solución a o que desde hace tiempo es el quinto problema, y el más espinoso.

En efecto, el problema del reconocimiento del Estado de Israel, de la garantía para sus fronteras y de la "normalización" de las relaciones con él ha sido ya regulado por El Cairo, colmando las aspiraciones del gobierno sionista. La reintegración plena y entera de Egipto al redil árabe y su estrecha alianza con los miembros árabes de la coalición anti-iraquí, sin cambio alguno en sus relaciones "normalizadas". con Israel, subrayan el hecho de que tales relaciones, que habían valido al gobierno de Sadat un boicot por parte de sus iguales árabes, son aceptadas hoy por estos últimos, incluyendo a Siria, que así lo ha hecho saber a James Baker.

Hafez el-Asad se ha mostrado siempre dispuesto a contener los sentimientos nacionalistas de la población siria cuando así cuadraba a sus intereses. Desde su intervención en favor del campo cristiano reaccionario de Líbano en 1976, hasta su reciente implicación con las fuerzas americanas contra Irak, el dictador de Damasco ha mostrado en concreto a Washington que él respetaba las clásulas de los acuerdos que firmaba, a riesgo incluso de tener que enfrentarse a su pueblo. Su actitud hacia Estados Unidos no ha sido nunca arbitraria, sino modulada siempre en función de su política regional.

Cada vez que Estados Unidos ha entrado en la vía de los acuerdos separados, primero egipcio-israelíes, después libano-israelíes (1983) y jordano-palestino-israelíes, amenazando con aislar a Siria en una posición de gran debilidad de cara a Israel, Damasco se ha opuesto a ello. Por el contrario, cada vez que Washington se ha pronunciado por un acuerdo global árabe-israelí, dentro del espíritu de la Conferencia de Ginebra consecutiva a la guerra de octubre de 1973, el poder sirio le ha ofrecido su colaboración. En cada caso, las relaciones sirio-norteamericanas han repercutido en el escenario libanés.

El conjunto de factores políticos y económicos, regionales y mundiales, determinan a Hafez el-Asad a alinearse hoy en el campo de Estados Unidos y de sus ricos protegidos árabes. Esta es la única opción sensata para los intereses de la dictadura burocrática burguesa que dirige. La aquiescencia tácita de Damasco a la paz egipcio-israelí indica igualmente una disposición a darse por satisfecho con un arreglo sobre el Golán ocupado, idéntico a aquél en virtud del cual Israel ha restituido el Sinaí a

Egipto: desmilitarización del territorio y garantía americana, con dispositivo de

Esto es exactamente lo que busca

Washington ahora (9): retirada israelí y desmilitarización del Golán, extension del mandato de las Fuerzas de las Naciones Unidas al conjunto del territorio sirio ocupado hoy y dispositivo de alerta, probablemente americano (Israel querría que fuese suyo, pero esto es difícilmente aceptable por Siria). El prin-

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cipio de un compromiso de esta naturaleza sobre el Golán fue defendido recientemente por el ministro israelí de Asuntos Extranjeros, David Levy, el ministro de Sanidad, ehud Olmert y el Jefe de Estado Mayor, general Dan Shomron, que hizo una estruendosa declaración en ese sentido un mes antes de retirarse de su vida activa.

Estos hombres, que no tienen nada de "palomas", , piensan que el interés estratégico de una paz con Siria es mayor que el mantenimiento del ejército sionista en el Golán. Saben también que la decena de millares de colonos israelíes instalados en la meseta siria no están aferrados a ese territorio árido, y aceptarían voluntariamente abandonarlo a cambio de una compensación financiera adecuada, como la que Estados Unidos ha procurado a los ex-colonos del Sinaí. Piensan, en fin, que un acuerdo sobre el Golán ahorraría un acuerdo sobre Cisjordania (10). El "frente de rechazo" israelí, dirigido por el ministro Ariel Sharon, hoy ministro de la Vivienda, y el ministro de Defensa Moshe Arens, ha puesto el grito en el cielo contra la idea de un compromiso sobre el Golan, arrastrando tras su estela a Shamir. Algunos diputados laboristas se han unido a los "refuzniks" del Likud, pero su oposición es mucho más fácilmente desmontable. Los territorios palestinos ocupados Por el contrario, sobre la cuestión de los territorios palestinos, Cisjordania y Gaza, los laboristas sionistas se sitúan mayoritariamente en el terreno del compromiso favorecido por Washington. La solución promovida oficialmente por la administración republicana, desde el "plan Reagan" de septiembre de 1982, es la de "un autogobierno de los palestinos de Cisjordania y Gaza en asociación con Jordania", de la cual se había hecho eco el acuerdo concluido en Amman entre el rey Hussein y Yasser Arafat, en febrero de 1985, para una confederación jordano-palestina у una delegación común en las negociaciones con Israel (11).

Estados Unidos continúa aferrado a esta fórmula de acuerdo que ofrece, a sus ojos, el máximo de garantías para el control de los territorios palestinos, У que parece aún más creíble dado que la dirección palestina aprobó lo esencial de la misma. Por ello, el rey Hussein continúa siendo, para Washington, una pieza clave de la "pax americana" en la región. La desavenencia entre las dos partes, surgida a raiz de la condena jordana de la agresión contra Irak, no podía durar mucho. De hecho, la administración Bush sabía fehacientemente que el rey Hussein, para salvar el trono, no hacía más que adaptarse a la fuerza a los sentimientos de "su gente". El aumento de popularidad que le ha valido su actitud, tanto entre los jordanos como entre los palestinos, ha sido muy bien recibido de cara al proceso diseñado por Washington (12).

Se comprende así la irritación de la administración cuando el Congreso votó, el mes de marzo pasado, una moción suprimiendo la ayuda económica y militar norteamericana a Jordania 35 y 20 millones de dólares, respectivamente). Bush y sus hombres tuvieron que explicar a los diputados que había un error por su parte en la apreciación de la actitud jordana. El Congreso terminó por dar al presidente poderes para restablecer esta ayuda, siempre que pudiera certificar que iría en interés del acuerdo pacífico regional (13).

La otra pieza maestra de este proceso es, por supuesto, la OLP. Es cierto que Estados Unidos interrumpió, mucho antes de la crisis del Golfo, el diálogo oficial que había establecido con la organización palestina; y que se ha sentido muy poco inclinado, después, a restablecerlo, incitando incluso a sus aliados árabes a boicotear política y financieramente a la OLP. Desde este punto el reciente encuentro entre el ministro francés de Asuntos Extranjeros y Yasser Arafat -pobre intento de devolverle el lustre al gobierno de Mitterrand ante las poblaciones árabes, especialmente las del Magreb y la población inmigrante en Francia, y de asegurar la participación de Paris en el proceso regional pergeñado por Washington- no ha hecho otra cosa que irritar a la administración Bush. Esta sabe que la OLP, o más exactamente la dirección de Arafat, hegemónica en las instituciones de la Organización, es la más "moderada" de las direcciones palestinas. No ha aparecido ninguna otra dirección más aceptable políticamente para Washington y que al mismo tiempo esté dotada de un mínimo de representatividad, a pesar de años de esfuerzos, especialmente por parte del rey Hussein, en encontrarla. El propio

Hussein lo reconoce ahora, siempre que puede, que no es su intención sustituir a la OLP, sino únicamente trabajar en común con ella. Las concesiones de Arafat

Hussein tiene tanta más necesidad de colaborar con la Organización cuanto que su reino debe hacer frente a la radicalización de los palestinos que residen en él y que son la mayoría de la población. Esta radicalización está aumentando debido al grave problema de los centenares de miles de palestinos huídos de los Estados árabes del Golfo, sin recursos propios y con menos recursos aún para las familias de Jordania que vivían de sus transterencias.

La precaria estabilidad del reino de

Hussein es una razón más que lleva a

Washington a no ignorar a la OLP.

Por todo ello, la administración Bush espera asegurar, en la medida de lo posible, el aval de la dirección de Arafat al acuerdo que quiere apadrinar. La reunión con los notables de la burguesia palestina de los territorios de 1967, dirigidos por Faisal al-Husseini(14), que está estrechamente ligado política y financieramente a la dirección Aratat, es una muestra dada por James Baker de que él valoraba este aval como indispensable, y con él el de la dirección de la OLP que les respalda, contra la aspiración del gobierno de Shamir de pasar, pura y simplemente, por encima de los palestinos.

Por el contrario, la luz verde dada a estos mismos notables por la dirección Arafat para reunirse con Baker, apenas unos días después del fin de la espantosa masacre de iraquíes por el ejército americano, cuando en tiempos más tranquilos la Dirección Patriótica Unificada de la Intifada había ordenado el boicot al predecesor de Baker, Georges Schultz (15), muestra bien a las claras que la derecha hegemónica en las instancias de la OLP está decidida a ir hasta el final en su política de concesiones permanentes a Washington, con la esperanza de obtener un lugar en la "pax americana" regional. Por otra parte, Arafat no dudó en declarar "positivo" el discurso de Georges Bush del 6

Esta política, y en especial la vía libre dada a los notables para negociar con Baker, es condenada continuamente por la izquierda de la OLP: el FPLP (Frente Popular para la Liberación de Palestina), dirigido por Georges Habache, y el FDLP (Frente Democrático), dirigido por Nayef Hawatmeh. Estos grupos se han opuesto en vano a las decisiones de Arafat en las instancias de la Organización. Las secciones de ambos Frentes en los territorios ocupados han denunciado violentamente la reunión con el secretario de Estado americano, explicando que los esfuerzos de éste están dirigidos a instaurar un acuerdo entre el Estado sionista y la reacción árabe, a expensas de los derechos elementales del pueblo palestino (16). Un comunicado de la sección "del

Estado Palestino" del FDLP, fechado el

12 de marzo pasado, afirma que "la aceptación por algunas personalidades palestinas de la invitación de Baker a reunirse con él supone una colaboración con el plan americano-israeli dirigido a aislar a la OLP, y siembra la confusión entre las masas palestinas que continúan apoyando con todas sus fuerzas a Irak contra la agresión americana, máxime cuando las fuerzas de la agresión americana y sus aliados continúan ocupando una parte del territorio de Irak y ejerciendo un chantaje sobre su puebio". Sin embargo, continúa siendo un gran peligro, como en 1989 y

1990, que el principal beneficiario de los compromisos de la dirección Arafat

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17.-"Inprecor" francés n° 281, 6-2-91.

18.-Estados Unidos desearía solucionar el problema de Jerusalén Este declarándolo

"ciudad abierta" bajo control internacional, proyecto apoyado por el Vaticano.

19,-"Financial Times", 24-4-91.

sea la corriente integrista palestina, especialmente Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica). En etecto, esta corriente agita una bandera nacionalista, anti-occidental y anti-judía, que le hace aparecer como la única alternativa radical en la OLP, frente a una izquierda marcada por la contradicción entre su propio discurso radical, anti-imperialista y anti-sionista y el compromiso permanente de sus dirigentes en el exterior con la dirección Arafat (17). Radicalización en Cisjordania y Gaza Los factores de radicalización de la población palestina bajo la ocupación israelí son hoy más fuertes que nunca, gracias a la combinación de la brutal caída de las transferencias de trabajadores palestinos inmigrados del Golfo y la reducción a menos de la mitad de los trabajadores palestinos en Israel, por decisión del gobierno Shamir. Los palestinos de Cisjordania y Gaza viven hoy una profunda recesión económica y social, agravada más aún por el descenso de las transferencias de la OLP, cuya financiación por las monarquías del Golfo se ha visto interrumpida. El agotamiento económico de los palestinos por parte del gobierno Shamir, cuyo colmo ha sido el aislamiento casi permanente infligido a Cisjordania y Gaza durante la guerra contra Irak, está directamente dirigido a provocar su emigración forzosa. La remodelación ministerial que ha añadido a la extrema derecha gubernamental sionista, favorable a la guerra del Golfo, a un partidario declarado de los "traslados" femismo consagrado para designar la expulsión masiva de palestinos fuera de sus territorios- indica bien a las claras que no se trata de una catástrofe imaginaria, sino de una voluntad existente y operante ya hoy, bajo la forma de lo que se podría llamar una "expulsión de baja intensidad".

El obietivo de esta operación es do. ble: por una parte, claramente, la inmigración masiva de judios de la URss. Con la ignominiosa colaboración de Moscú, Washington y las organizaciones judías norteamericanas, el poder sionista obliga literalmente a los judíos de la Unión soviética, candidatos a la emigración, a presentarse en Israel, contra la voluntad de la inmensa mayoría que desea establecerse en Norteamérica. Mediante este método, el gobierno Shamir preveía que la inmigración soviética pase de 185.000 personas en 1990 a 400.00 este año, esperando un aporte total de un millón de personas en el futuro. El otro objetivo es, por supuesto, la colonización de los territorios ocupados. Se combina con el primero, que crea en Israel una presión socio-económica susceptible de llevar a un número creciente de israelíes a aceptar los numerosos privilegios ofrecidos a los candidatos a la colonización. El ministro de Vivienda, Ariel Sharon, es el más beneficiado: con el nombre de Proyecto Inmigración, prevé construir más de 10.000 nuevas viviendas para colonos en los territorios de 1967, cerca de 7.000 de ellas en Cisjordania, 2.000 en Jerusalén Este y 1.000 en el Golán. Sharon no se contenta con aumentar los asentamientos existentes; crea incluso otros nuevos, violando así las promesas hechas antaño a Washington. Controlar a Israel En comparación con estos actos del gobierno Shamir, la inflexibilidad sobre las cuestiones de procedimiento de la "conferencia internacional", rebautizada ahora como "regional", y sobre la participación de los palestinos de Jerusalén Este en las negociaciones (18), no es más que una expresión superficial de la oposición fundamental a toda perspectiva de restitución de los territorios árabes ocupados en 1967. James Baker ha manifestado su descontento y el de su administración, con la que se alinea frente a la actitud de la derecha sionista. Constata amargamente que, como se afirma al comienzo de este artículo, el Estado de Israel, el aliado privilegiado y mimado de Estados Unidos, se ha convertido hoy en día en el principal obstáculo para la "pax americana" en Oriente Medio. Sin embargo, Washington no tiene ninguna intención de tirar la toalla: sus intereses son demasiado importantes en esta parte del mundo.

La administración Bush intentará saltar el obstáculo ejerciendo un chantaje económico sobre el poder sionista. Este practica una política marcadamente por encima de sus medios. La absorción de inmigrantes procedentes de la Unión soviética le plantea enormes problemas económicos, que hacen que haya tenido que revisar a la baja, en 200.000 ó 300.000 personas, la inmigración prevista para este año. La economía israelí y el nivel de vida de la población están en un pronunciado declive. El Banco Central de Israel ha hecho sonar la alarma: el paro podría alcanzar al 20% de la población activa a corto plazo y provocar una emigración masiva, anulando los efectos de la inmigración proveniente de la URSS (19). Por ello, Estados Unidos tiene buenas razones para esperar poder someter a su niño revoltoso de Oriente Medio. Probablemente, Washington intentará provocar la división del gobierno Shamir y crear las condiciones para una vuelta al poder de una coalición más "moderada", incluyendo a sus dóciles aliados, los laboristas. En cualquier caso, lograr la "pax americana" no es cosa de un par de días y será frágil, si es que llega a

Traducción: A. Flórez.