Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Hungría

Del "comunismo" del gulash al capitalismo real

· Inprecor n.º 85, julio de 1991 · pp. 31-34 · 2.628 palabras

Del "comunismo" del gulash al

El caso húngaro muestra las particularidades de cada situacion nacional en las evoluciones actuales de Europa central y oriental. El proceso de reformas economicas hungaro es anterior al que se esta produciendo en otros países de Europa del Este. Al principio, el movimiento de transformación del sistema existente fue impulsado por la burocracia. Pero entró en crisis abierta en el decenio de los 80: crisis económica con aumento del endeudamiento, у crisis

Desde 1980-19 89, anico thel su de atiegana al poder a para los la poes ca conservadara en.

las elecciones de abril de 1990, hubo una inflexión en el sentido de un movimiento de transición hacia el capitalismo, marcado por polarizaciones internas en el aparato.

Hungría capitalismo real

Tras el aplastamiento por los soviéticos de la revolución de 1956 y un periodo de represión, los dirigentes húngaros se vieron obligados a llegar a una forma de modus vivendi con la población. Se admitió una flexibilización política limitada, simbolizada por la fórmula del secretario general del Partido, Janos Kadar: "Quien no está contra nosotros está con nosotros"; pero el partido único no vió limitado su poder. El compromiso cuasi explícito con la población se basaba en el mantenimiento del sistema político a cambio de mejores condiciones de vida que en el resto del bloque del Este: el "comunismo del gulasch". El "nuevo mecanismo económico" En condiciones de desmovilización popular, fueron introducidas, a partir de 1968, medidas de extensión del papel del mercado: el "nuevo mecanismo económico" (NME), que suprimía la gestión administrativa de la economía e instauraba una cierta autonomía de las empresas del Estado en sus decisiones de producción. En el marco de los objetivos generales de la planificación a largo plazo y de la política económica gubernamental, las empresas tomaban sus decisiones de producción en función de "reguladores", es decir de normas en materia financiera, de precios, de salarios y de comercio exterior. La inversión permanecía controlada por las instancias centrales. Por otra parte, el NME no afectaba a la propiedad del Estado (que no se trataba de privatizar, aunque las actividades privadas fueron progresivamente autorizadas),

Hungria, 1991 ni de la permanencia de Hungría en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) (aunque se intentó una mayor inserción en el mercado capitalista

Hubo retrocesos entre 1972 y 1978, pero, tras este periodo, se otorgó un papel cada vez mayor a los mecanismos de mercado. El modo de formación de los precios fue modificado y liberalizado, se instauró una diferenciación más importante de los salarios, disminuyó la parte de las inversiones de rama (encargados del control de las

Henri Wilno empresas que producían el mismo tipo de productos en las economías planificadas de tipo soviético) fueron efectivamente suprimidos, mientras las grandes empresas del sector estatal eran fraccionadas en unidades de tamaño más reducido. El sector privado fue autorizado, incluso fomentado en el comercio y la artesanía. En la práctica, el control de la burocracia central sobre la economía continuaba subsistiendo a través de una multiplicidad de reglamentos administrativos y el control en última instancia de las inversiones estratégicas; una ley de 1984 transfería

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los poderes de gestión de las pequeñas y medianas empresas (que representan el 75% de las empresas húngaras) del Estado hacia consejos de empresas nuevamente creados. En su conjunto, estas medidas apuntaban más al desmantelamiento del monopolio del Estado que a una lógica de autogestión

En un contexto en el que los trabajadores están pados por la búsqueda de un segundo empleo, los consejos de empresa no tienen prácticamente autonomía en relación a los dirigentes efectivos.

Durante este periodo, fue imponiéndose crecientemente entre los economistas la idea del mercado como regulador de la economía, lo que implicaba estructuras de monopolio; para una buena parte de entre ellos, se trataba aún de un "socialismo de mercado" o de un "socialismo de empresa", en el que los medios de producción no serían privados, sino gestionados por consejos de empresa. Pero cada vez más se desarrollaba una corriente liberal marcantil para la que la privatización era la única condicion del buen funcionamiento del mercado.

Seguía planteada, en este marco, la cuestión del poder político. En la Hungría de Kadar, se trataba siempre del poder (atemperado, pero persistente)

único en la vida política y las decisiones económicas generales. Todo balance serio (en una óptica socialista) del "nuevo mecanismo económico" debería tomar en cuenta la articulación de todos sus aspectos: el mercado, el papel de la burocracia central en materia económica y el mantenimiento del monopolio del partido.

Los resultados de esta política fueron más bien reducidos en el terreno económico y muy negativos en el terreno

La inversión industrial decayó en el sector estatal; hubo tambien casos de despilfarros y de mala orientación (industria extractiva y producción energética) de la inversión. La salida garantizada por las compras soviéticas animó a algunas empresas a continuar produciendo bienes de calidad mediore; pero en ciertos sectores, la indus ria húngara obtuvo algunos éxitos. E la agricultura, la situación era globalmente satisfactoria y permitía a Hungría escapar a los problemas de aprovisionamiento crónicos de otros países deL Es despilfarros de la gestión buroen po haino es orato o la.

Resultó de ello un fuerte deterioro del poder de compra de los salarios; sólo el desarrollo de las actividades privadas y la ocupación frecuente de un segundo empleo permitió el aumento del consumo de los hogares. El alza del nivel de vida medio fue acompañado de un deterioro de las condiciones de vida: autoexplotación por el segundo empleo, crisis de alojamiento, alza de los suicidios y enfermedades diversas. Más alla de los medios, hay que señalar el aumento del número de los marginados: en 1989, 1 millón de personas (el 10% de la población) vivían por debajo del umbral de pobreza y 1,5 millones estaban en el límite de ese umbral. Entre ellos, se encuentran los parados y los jubilados. Entre 1980 y 1987, el poder de compra medio de los jubilados bajó en más del 25%; una gran parte de ellos se vió obligado a coger un trabajo mal pagado, recurrir a la ayuda social de urgencia (un cuarto de ellos en 1988), incluso a robar (en 1987, la mitad de los robos cometidos por personas de edad eran bienes de primera necesidad). Durante este tiempo, los privilegiados del régimen y los nuevos ricos del sector privado se hicieron construir lujosas residencias en los barrios residenciales de Budapest.

La situación económica se deterioró a partir de 1985: el crecimiento se hizo negativo o casi nulo durante los años siguientes (con excepción de 1987); las cargas de la deuda cada vez más pesadas, superando ya el 50% de las facturas de la exportación. La política gubernamental se inspiraba cada vez más en las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional(FMI): el plan de austeridad de 1987 se tradujo en una nueva agravación de las condiciones de vida de la población. Esta política de austeridad forjará la crisis de legitimidad del régimen kadarista. El giro A partir de 1987-1988, aumentaron los enfrentamientos en los círculos dominantes del régimen burocrático con una serie de decisiones dirigidas en una lógica de restauración capitalista. Esta evolución se hizo bajo la presión del descontento popular y del aumento de las dificultades económicas, acentuando la fuerza de las presiones y la ingerencia del FMI. Se habían desarrollado ya movimientos sobre el tema ecológico y el problema de la pobreza; la glasnost en la URSS, la aspiración al fin del monopolio del aparato del Partido sobre los resortes esenciales del poder conjugaron con la reafirmación de la identidad nacional. Se desarrollaron importantes manifestaciones en marzo (con ocasión de la Fiesta Nacional) y en junio de 1988 (en el 30 aniversario de la ejecución de Imre Nagy, jefe del Gobierno durante la insurrección de

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Hungria, 1956 1956). Los grupos políticos de oposición comenzaron a estructurarse. El compromiso político del post-1956 comenzaba a agrietarse cada vez mas. En este contexto, se acentuaron las diferenciaciones en el seno del grupo dirigente: en abril de 1988, Janos Kadar emprendió la ofensiva contra los elementos reformadores, pero la Conterencia del Partido en mayo de 1988, le reemplaza por el primer ministro Karoly Grosz. A partir de septiembre de 1988, la lucha abierta reapareció con los reformadores dirigidos por Imre Pozgay y Rezso Nyers. Bajo su presión (teniendo como transfondo el descontento de la población), el Partido Socialista Obrero Húngaro (PSOH) reconoció la insurrección de 1956 como un levantamiento popular, aceptó el multipartidismo y emprendió (de junio a septiembre de 1989) negociaciones con la oposición para la puesta en pie de un régimen parlamentario. Una nueva Constitución fue finalmente proclamada en octubre de 1990. Esta huída hacia adelante no evitará la descomposición del ex-Partido Comunista que estalló en su Congreso de octubre de 1989: la mayoría reformadora formó el Partido Socialista Húngaro (PSH), mientras que una minoría con Karoly Grosz conservó el nombre de PSOH. En las elecciones de marzo y abril de 1990, el PSH obtuvo 8,5% de los votos, muy por detrás de los dos partidos vencedores: el Foro Democrático (42,3%) y la Alianza de

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los Demócratas Libres (23,8%). Estas dos formaciones se pronunciaron claramente por el regreso a una economía capitalista; el Foro Democrático es más prudente en los ritmos, su propaganda tiene aspectos más populistas y nacionalistas. Las medidas del nuevo Gobierno Los acontecimientos políticos tienen su vertiente económica y los dirigentes "comunistas" aún en el poder van a darle una inflexión a su política en un sentido restauracionista. El sistema bancario fue reformado en una lógica de competencia y se pusieron en pie los elementos de un mercado financiero. La liberalización de los precios y del comercio exterior se acentuó. La Ley sobre las sociedades, que entró en vigor en 1989, suprimió las trabas a la creación de empresas privadas (de menos de 500 asalariados) e instauró la posibilidad de poner en pie sociedades mixtas con capitales extranjeros, lo que abre la puerta a "privatizaciones espontáneas" de empresas nacionales en su beneficio. En enero de 1989, Y dirigidas por las direcciones actuales Gobierno anunció su intención de privatizar 51 empresas del Estado, que representan alrededor de la cuarta parte de la producción industrial.

Así, la coalición conservadora que llegó al poder tras las elecciones hereda de una Hungría ya dotada de lo esencial del marco jurídico para su mutación. Los problemas dominantes de la política económica residen en adelante en la privatización del sector estatal y en la gestión coyuntural y social de la transición. Las oscilaciones de la política gubernamental dan fe sin embargo que la cosa no es fácil. Los meandros de la privatización. Desde el comienzo, en efecto, se han manifestado divergencias en del Gobierno sobre los ritmos y las modalidades de la liberalización de la economía. Estas divergencias han llevado, a fines de 1990, a la dimisión del ministro de Finanzas, Ferenc Rabar, partidario de una acelaración del movimiento y de una reducción drástica de las subvenciones, que no obtuvo el apoyo del resto del gobierno en la preparación del presupuesto para 1991. En el trasfondo de este debate, hay temores sobre el estado de ánimo de la población. La huelga de los taxis y los chóferes que ha paralizado Budapest en noviembre de 1990 (y que ha obligado al gobierno a recular parcialmente en el alza del precio de los carburantes) ha constituído una advertencia. El poder parece, por el momento, seguir relativamente prudente sobre la declaración de quiebra de empresas deficitarias que se traduciría en despidos ma-

Sin embargo, la liquidación de siete sociedades sobreendeudadas ha ya sido decidida y hay despidos en curso en la siderurgia. Pero no sólo está el riesgo de reacciones populares, existe también incertidumbres sobre el camino a seguir para volver al capitalismo. El problema de las privatizaciones constituye un ejemplo de ello: ¿cómo avanzar hacia el capitalismo cuando no hay casi burguesía?

En septiembre de 1990 fue votada la Ley sobre la privatización del comercio al por menor: alrededor de 10.000 empresas deberían ser privatizadas. Por otra parte, el comercio privado esta autorizado en Hungría desde hace varios años: en 1988, alrededor del 30% de las empresas eran privadas. La privatización de las tierras agricolas se ve más difícil en razón de la insistencia de uno de los partidos de la coalición gubernamental sobre la restitución a los antiguos propietarios.

Pero la cuestión más compleja es evidentemente la de las grandes empresas (alrededor de 2.000, cuyas tres cuartas partes están gestionadas por consejos de empresa, dependiendo las demás de los Ministerios). Dos controvertidas cuestiones están ligadas a ello:

la apertura al capital extranjero (en efecto, el ahorro húngaro no podría, parece, cubrir más que aproximada-

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el 10% de esas privatizaciones, lo que es muy insuficiente, incluso añadiendo los recursos del sector privado paralelo) y, de otra parte, el lugar de las direcciones actuales de las empreeste proceso. Esta cuestión remite a un debate político y teórico que divide a economistas y políticos húngaros: ¿hay que dejar a los dirigentes actuales transformarse en "managers" de tipo capitalista?. Es decir dejarles total amplitud sobre la gestión de la empresa, la asociación con otras empresas húngaras o extranjeras, incluso la transformación de su estatus.

En el espíritu de sus defensores, esto permitiría alinear rápidamente la gestión de las empresas húngaras con las de las economías capitalistas clásicas. Esta posición suscita diversas oposiciones: algunos denuncian su aspecto inmoral (los privilegiados del régimen precedente se reclasificarían ventajosamente), otros (como Janos Kornai) subrayan que una econmía capitalista supone la existencia de una verdadera burguesía, y que ésta no se crea por arte de magia (la privatización debe ser un "proceso orgánico"); no se debe,

"vender a buen precio" el sector público a sus actuales dirigentes, sino apoyar (con la ayuda del crédito) el desarrollo de un verdadero sector privado capaz de comprar las empresas estatales.

En un primer momento, los dirigentes de empresa han jugado un papel esencial. Como he señalado antes, la Ley sobre las sociedades de 1989 da la posibilidad a los consejos de empresa (controlados por los cuadros dirigentes) de transformar a éstas en sociedades comerciales y establece las condiciones de apartura del capital de estas sociedades a los inversores extranjeros, lo que ha abierto la vía a "privatizaciones espontáneas". Las primeras operacioJozsef Antall nes se han desarrollado en condiciones poco claras y parecen haber estado marcadas a veces por una subvaloración de las empresas afectadas y por la preocupación de los dirigentes de sacar el mayor partido posible de su situación. ¿Cómo controlarles? Las protestas de la opinión pública han llevado a la creación en marzo de 1990, de una Agencia de la Propiedad del Estado, destinada a controlar los procesos de privatización. El producto de la privatización es repartido: el 20% queda en el presupuesto de la empresa, el 80% va al Estado. Son posibles tres modalidades de compromiso en una operación de privatización: la iniciativa puede venir de la Agencia de la Propiedad del Estado ("privatización activa"), de la misma empresa (privatización "espontánea") y del potencial comprador. En todos los casos, la decisión corresponde a la Agencia. Esta ha publicado listas de empresas de las que toma la iniciativa de proponer su privatización. Estas listas comprenden en lo esencial empresas en situación favorable. Más tarde deberían venir las firmas en posición más difícil.

Estamos, parece, en vísperas de un nuevo movimiento de péndulo. El nuevo ministro de finanzas, Mihaly Kupa, ha reclamado recientemente una aceleración de la privatización y ha criticado el comportamiento de la Agencia (acusada de estar más preocupada por salvaguardar los intereses del Estado que de vender). Ha anunciado una mayor apertura al capital extranjero planteando "una privatización parcial de la privatización". Esto parece querer decir que se dejara un mayor margen de maniobra a los dirigentes actuales de las em-