Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Brasil: La estrategia de la pinza

· Inprecor n.º 84, mayo de 1991 · pp. 27-30 · 2.689 palabras

La estrategia de pinza

Ya hemos dado cuenta del difícil momento de transición que vive el Partido de los Trabajadores (PT) brasileño. La nueva realidad nacional e internacional le obliga a replantearse una

Sobre este proceso reproducimos la opinión del director del periodico em lempo, publicación de la Tendencia Democracia Socialista del PT, en este artículo tomado de la revista Teoría у

Brasil: debates en el PT buena parte de sus principios politicos y organizativos. debate. Hay una aparente contradicción en los términos en que se desarrolla el debate en torno al socialismo y la estrategia para alcanzarlo. Porque el PT es un partido esencialmente pragmático: se enfrenta a los problemas que la realidad le plantea y que puede resolver. Pretender moldear al partido para un plan futuro parecería, de esta manera, un esfuerzo destinado a deshacerse como nube dentro de sus duras realidades políticas y organizativas.

Este carácter pragmático forma parte de la naturaleza del PT, un partido que surge en el auge de la crisis del movimiento socialista internacional y un partido que nace sin modelos, sin referencias "luminosas" en el plano mundial. La relación que establece con los trabajadores es más diversa que una delimitación estricta, típica de un partido de cuadros.

Pero el hecho es que el "futuro" está llamando a nuestras puertas. El peso de nuestra indefinición estratégica atraviesa hoy todos los planos de nuestra actividad en la lucha de clases: se expresa claramente en el trabajo dentro de las administraciones populares, cuyas intenciones políticas transformadoras son minadas por el peso de las opciones administrativas; hace tocar fondo al movimento sindical dirigido por petistas, movimiento cuyo horizonte economicista y sus métodos de organización y lucha corporativos se vuelven impotentes incluso para ejercer una acción eficaz de defensa de los salarios y de los empleos; recorta nuestra actividad parlamentaria, generalmente sitiada y autonomizada e incapaz de ligarse orgánicamente al movimiento real de la lucha de los trabajadores; se vuelve, en fin, en contra del propio proceso de construcción del partido, que acumuló enormes carencias organizativas y profundos desequilibrios entre la dirección y la base y entre el crecimiento de su influencia y la capacidad para organizarla.

Por ello mismo, el debate de naturaleza programática y estratégica que hoy enfrentamos sólo tendrá valor si, en

TRABALHADORES COM! BAKSIL La calle al parlamento vez de especular a duras penas sobre el futuro, sirve para ejercer la crítica de nuestro movimiento, de sus avances y de sus atrolladeros. Lo que se exige que nos proporcione opciones viables, comprensibles y coherentes para superar dichos obstáculos. Hay una relacción directa entre nuestro objetivo de construir una democracia socialista y nuesto campo estratégico: la lucha política de masas, a partir de una posición política independiente de los trabajadores, que busca construir una hegemonía socialista en la sociedad.

Esta opción estratégica difiere mucho de la posición que fue mayoritaria durante décadas en la izquierda brasileña -la noción de una revolución de carac-

Juarez Guimaraes /VU

ERACÃO DOS SALAL

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SULA RESIDEN

ter democrático-burgues, defendida por el Partido Comunista Brasileño (PCB), que adolece de significar de hecho la inmediata pérdida de independencia política de los trabajadores-; así como de las propuestas foquistas o sectarias, que acaban por sustituir el movimiento real de los trabajadores por la acción de una vanguardia popular y heroica. Precisamente porque se trata de una opción de lucha por la democracia socialista, esta opción estrategica exige la ruptura con el Estado burgués. Esto es, exige el desmantelamiento de sus estructuras de represión y de los innumerables mecanismos de la burocracia a través de los cuales el gran capital hace valer sus intereses. Exige, ade-

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más, la creación de una nueva legalidad asentada en una nueva concepción de representación política y de ejercicio

Para dirigir este proceso de ruptura, los trabajadores tienen que preparar desde ahora las condiciones políticas y nateriales que les permitan vencer l iolencia que las clases dominante desencadenarán en defensa de sus pri vilegios. Los trabajadores no hacen ninTienen, por e contrario, interes en reapor el contrario, interés en realizar las transformaciones sociales con el menor uso posible de violencia, y en su propuesta de democracia inscriber a defensa estratégica de los derecho: humanos y de las libertades democrátias que las clases dominantes sistema icamente violan. Pero se reservan e derecho legítimo de responder a la violencia de las minorias dominantes contra la voluntad transformadora de las masas trabajadoras. Hipótesis central La creacción de esta posibilidad de ruptura con el Estado burgués debe ser entendida como un proceso consciente de construcción de una dualidad de sulado, centro de pe des burgais, eses es, por la combinación del avance so ore la institucionalidad con la creaciór lel poder popula sta hipótesis central establece ui

Jerzas se hace a través de la confror ación armada con la institucionalida que se ga ge desente superar el also dilema entre "guerra de movimientos" | como fases sucesivas en el tiempo. Adopta la visión de una confrontaciór de masas prolongada contra el Estado y el gran capital, una "guerra de movidentro del Estado burgués. La equivocación básica de esta visión es la de encarar la máquina del Estado burgués como si fuese neutra, en querer hacer de una estructura construida para oprimir y alienar el poder de los trabajadores un instrumento-llave para la transformación social.

En el plano de la economía, el desdoblamiento de este error consiste en encarar la lucha de clases a partir de una óptica de "distribución", abandonando cualquier perspectiva, en un futuro previsible, de socialización de los medios de producción. La tentativa de conciliar las ambiciones "distributivistas" con la dinámica capitalista acaba siendo formulada a través de una aproximación a teorías keynesianas y neo-

Acaba ocurriendo, de este modo, una "división del trabajo" entre partido y sindicato: el primero se concentra en una dinámica de disputa electoral que tiende a dislocar su centro de gravedad hacia la vida parlamentaria; el segundo se agota en una dinámica economicista que tiende a institucionalizar y a hacer verticales sus estructuras.

El error de carácter izquierdista consistiría en establecer un programa maximalista, combinado con la pretensión de crear el poder popular al margen de la coyuntura, sin considerar la relación entre su desarrollo y la crisis de institucionalidad burguesa. Por lo general, esta visión izquierdista está asociada a la incapacidad de concebir el carácter de masas y democrático del partido. Cinco elementos El principal problema a dilucidar es la dinámica, la dialéctica que es necesario establecer entre estos avances sobre la institucionalidad burguesa y la construcción de formas de poder popular. Podemos apuntar cinco elementos estratégicos que condicionan la posibilidad de victoria de los trabajadores: la construcción del partido revolucionario, la creacción de los organismos de poder popular, la formación del bloque antimonopolista, la ocupación de posiciones en la institucionalidad, y el enfrentamiento del problema militar.

A partir de esta perspectiva, el partido revolucionario debe cumplir el insustituible papel de "articulador de pinza", esto es, debe dirigir el doble movimiento de los trabajadores -en la institucionalidad y en las luchas sociales- sobre los centros de dominación burguesa Para ser capaz de cumplir esta función, el partido no sólo tiene que construir la crítica programática de la instituicionalidad burguesa sino, además, tener su centro de gravedad organizativo junto al proceso de creación de los organismos de poder popular.

De todos los elementos estratégicos, la construcción del partido revolucionario es el elemento fundamental, pues ejerce un efecto directo sobre los otros.

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Es el principal instrumento de construcción de la hegemonía, momento de síntesis de la estrategia y la táctica.

Los organismos de poder popular corresponden a la incorporación de decenas de millones de personas al proceso de la lucha de clases. Son la fuerza orgánica de la revolución. Constituyen los instrumentos de aprendizaje de las grandes masas en el arte de gober-

El ritmo y las formas de construcción del poder popular deben estar sincronizados, subordinando la acumulación de los trabajadores al campo institucional. Deben articularse con la lucha por la construcción de una hegemonía demo-

Su masificación sólo ocurrirá en el proceso mismo de gestación de una crisis revolucionaria. De lo que hoy se trata es de construir embriones, de realizar un esfuerzo concentrado para superar los límites corporativos de organismos de naturaleza meramente reivindicativa y para conquistar la legitimidad de las organizaciones populares que actúen y luchen contra el poder del capital y del Estado.

El movimiento obrero tiene todo el interés en que la polarización de la lucha de clases no ocurra sólo de forma estrictamente clasista, sino que forme un bloque antimonopolista que aísle los núcleos de resistencia del gran capital. Esto significa emprender conscientemente la lucha por la hegemonía en el campo de los sectores sociales a los que interesa la democracia: la cohesión del enorme bloque de los asalariados -incluyendo su diferenciación-, la atracción de la pequeña burguesia urbana y rural, además de la neutralización de los sectores del capital medio.

La hipótesis estratégica que estamos adoptando, la disputa y toma de posiciones en la institucionalidad burguesa, ofrece a los trabajadores mejores condiciones para dialogar, expresar intereses y atraer sectores sociales que, desde el punto de vista estrictamente clasista, difícilmente serían polarizados.

El cuarto elemento, la acumulación de fuerzas en la institucionalidad burguesa, integra el proceso de construcción de la hegemonía, de alteración de la correlación de fuerzas entre clases sociales y de aislamiento del gran capi-

La misma tiene un sentido de negación evidente; se trata de ir minando los mecanismos de control y reproducción del gran capital, impidiendo que pueda mover el aparato de estado cohesionado e integrado en contra del poder popular. Pero también debe tener un sentido positivo: la toma de posiciones en los campos parlametario y ejecutivo por parte de los trabajadores tiene que ir creando referencias nuevas de ejercicio del poder. Por lo tanto, la misma toma de posiciones en la institucionalidad debe ir acompañada de una

El movimiento de los Sin Tierra, fortalecer ese brazo de la pinza práctica que supere sus límites y distor-

En el problema militar es en el que la utilidad de esta construcción estatégica aparece más claramente. En un proceso de dualidad de poderes, los trabajadores tienen pocas oportunidades de victoria si se enfrentan al aparato bélico del Estado burgués disciplinado y entero. Si no se desarrolla una lucha democrática de masas que lo deslegitime, que lo divida o neutralice; si no se avanza en un proceso de desmilitarización del aparato estatal las clases dominantes pueden resolver una crisis de régimen a través de las armas, como ya lo hicieron en otros periodos.

Esta presión democrática tiene que combinarse desde ahora con las iniciativas del movimiento obrero y popular (tácticas de masa contra la represión, estructuras de autodefensa, creación de redes y estructuras de autodefensa creación de redes y estructuras al abrigo de la represión policial, etc.), iniciativas que, en una coyuntura de formación de los organismos de poder popular, pueden y deben transformarse en una acumulación propia en el campo Desviaciones y tensiones A partir de esta visión estratégica procuramos caracterizar el origen de los atolladeros de nuestro movimiento a los que hicimos alusión al inicio del articu-

Estos tienen su origen en el hecho de que nuestro movimiento político está tensionado por la desviación estratégica de derecha -reformista o socialdemócrata- que caracterizamos líneas atrás. Utilizando la imagen de como si la misma estuviese desequilibrada: su brazo izquierdo (la construcción del movimiento socialista de masas) se ve reducido y subordinado a su brazo derecho (la ocupación de posiciones en la institucionalidad). Cuando sería necesario hacer exactamente lo

Esta tensión socialdemocratizante o este desequilibrio de "pinza" fiesta hoy a través (y por causa) de cuatro aspectos globales. El primero de ellos es nuestra debilidad hegemónica, nuestra dificultad en crear un campo de masas para una visión del mundo so-

Esta insuficiencia es particularmente grave en el momento en que vivimos una guerra ideológica intensa y de largo alcance con el neoliberalismo, que utiliza la crisis de los regímenes del Éste Europeo para torpedear la conciencia socialista en formación.

Esta debilidad hegemónica también se hace presente en la vertiente marcadamente economicista de nuestro movimiento, es decir, en su incapacidad para abordar los grandes temas de las relaciones humanas, de comportamiento, de los valores culturales y éticos, de la relación con la naturaleza. Llama la atención el desfase entre la extensión de la influencia social que conquistamos (incluso dentro de la intelectualidad) y la ausencia de un movimiento cultural que integre nuestras propuestas de transformación del Estado en un nuevo sistema de valores humanos.

Esta debilidad se manifiesta todavía más en lo precarios que resultan los intrumentos de lucha por la hegemonía

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medios de comunicación de masas, entidades culturales que hemos sido capaces de crear hasta ahora.

El segundo aspecto es la insuficiencia programática de nuestro partido - que inevitablemente se desdobla en el horizonte reivindicativo de los movimientos sociales que dirigimos- en dos terrenos que son claves. El primero de ellos es el de la definición del poder popular que queremos construir, de los principios de organización del Estado y de institucionalidad necesarios para la transición al socialismo. La ausencia de una definición clara de esos principios termina por hacer que las críticas que sobre la institucionalidad vigente -Constitución, parlamentos, ejecutivos- se confundan muchas veces con una moralización de estas instituciones, con la propuesta de correción de las distorsiones de su funcionamiento (corrupción, privilegios, etc); propuesta insuficiente.

El otro terreno es el de los cambios estructurales de la economía brasileña que debemos proponer. El sexto Encuento Nacional del PT, realizado en

1989, aprobó el documento Directrices para una acción de gobierno, documento que precisa las raíces "antimonopolistas, antiimperialistas y antilatitundistas" de nuestra propuesta. Estos indicadores fundamentales, sin embargo, no fueron concretados en un programa claro a ser enfrentado al neoliberalis-

El proceso de maduración del capital monopolista en Brasil, ocurrido en las décadas de los setenta y ochenta, tradara la lucha de fayas impaciones oara la ses apenas fueron entendidas parcialmente por los trabajadores. No hay tradición de conciencia

Brasmonopolista en

Esta limitación programática, a su vez, se liga al tercer aspecto, que se fue haciendo cada vez más fuerte en estos últimos años: la pérdida de dimensión de la totalidad y de la necesaria integración de os diversos plano le nuestro movimien to, esto es, la creac ción de una cierta dinámica autonomizada de lucha parlamentaria, de actividad sindical y, más recientemente, de las administraciones populares.

El resultado es una creciente tensión de adaptación de las actividades y formas organizativas de nuestro movimiento político a las respectivas institucionalidades. Economicismo, parlamentarismo y adminitrativismo son los demonios que hoy nos rondan.

Por último el cuarto aspecto del desequilibrio: la dinámica de institucionalización que inhibe el proceso de formación de los embriones de poder popular, en la medida en que presiona para la corporativización de las entidades y los movimientos. Es innegable que hoy existe una enorme falta de compás entre la influencia electoral del PT, el grado de su incidencia en la lucha de clases y los niveles de auto-organización ya alcanzados por los trabajadores. Renovación profunda Al identificar las contradiciones estratégicas de nuestro movimiento político, lo que estamos haciendo es, simplemente y como marxistas, entender que la lucha de clases no se desarrolla en una sola dirección, por una sola vía. Es importante notar que cuando los trabajadores realizan un esfuerzo de destrucción del poder, las clases dominantes realizan varios movimientos y presiones con el objetivo de neutralizarlo e, incluso, integrarlo.

No estamos diciendo que el PT viva hoy una dinámica ya definida de integración en la sociedad capitalista o a

-stado burgués. Lo que estamos identi ficando son las tendencias de la lucha de clases que pueden y deben ser combatidas y superadas por una política consciente de los trabajadores.

Esa es la forma de volver al desafío pro puesto inicialmente tégica central en un ser capaces gemonía socialista en la lucha contra gran capital y el Estanuestro movimiento necesita pasar por una renovación profunda en el campo ideológico, programático y organizativo. La lucha fraterna y constructiva por esta renovación, diversos aspectos, constituye el campo de trabajo creativo de los revolucionarios movimiento, en el pe-