Las fuerzas americanas en Irak han dado su luz verde al régimen de Sadam Husein para la represión sangrienta de la rebelión del sur, apoyada por Teherán.
En efecto, el Ejército americano habría podido, sin ningún problema, cerrar herméticamente el camino hacia el sur a todos los refuerzos iraquies provenientes del norte y el centro; incluso habria bastado con estipular esta prohibición de movi mientos en las condiciones de alto el fuego, ante un régimen iraquí que, preocupado de nuevo casi exclusivamente por el aplastamiento de su pueblo, ha aceptado dócilmente todas las condiciones fijadas por Bush en Washington y Nueva York y por Schwarzkopf en Safwan. De la misma forma, habría bastado con indicar a Bagdad la prohibición de toda utilización de su espacio aéreo con fines militares, para impedir que los helicópteros del Ejército iraquí intervinieran contra la rebelión po-
La decisión real de las fuerzas americanas ha sido exactamente la contraria. Han permitido a Sadam Husein desplazar sus tuerzas, sus tanques y sus helicópteros sobre el conjunto del territorio iraquí, incluso hacia Basora. Les han permitido, y continúan permitiéndole, aplastar el levantamiento popular, en el sur y en el centro, con un horrible baño de sangre. Las raras informaciones que se filtran a través del telón de acero nuevamente echado por los baasistas -con, también aquí, la complacencia de la coalición- dan cuenta de carnicerías con armas pesadas y de centenares de ejecuciones masivas de los insurgentes,... Nada sorprendente, en definitiva, viniendo de uno de los regímenes más sanguinarios del mundo.
Ante las protestas realizadas en los EEUU por los que habían creído en el mito de la cruzada democrática contra un "nuevo Hitler", Bush se ha visto obligado, el 13 de marzo, a "confesar alguna preocupación" (sic) sobre la utilización de helicópteros; pero algunos días antes el general Brandter, de Pentágono, declaró que los EEUU autorizaban incluso a Sadam Husein a utilizar aviones contra la rebelión, si conseguía repatriarlos de Iran, dado que no amenazaban a las tropas de la coalición (International Herald Tribune, 11 de marzo de 1991). La "preocupación" de Bush sobre los helicópteros, ínfima respecto a la que expresó el mismo día sobre la "inestabilidad" de Irak, había sido precedida por la advertencia a Irak sobre la utilización de armas químicas. Fiel al modelo "convencional" establecido por el Pentágono, el regimen iraquí se ha limitado a bombardear las zonas insurgentes con napalm...
Pero las fuerzas americanas van más allá de dejar a la dictadura baasista reprimir a su gusto la sublevación de la población. También le sirven de "escudo del desierto", en cuanto que disuaden directa e indirectamente a Irán de aumentar su ayuda a la rebelión. Según el análisis del International Herald Tribune del 6 de marzo de 1991: "Los EEUU, Arabia Saudí y otros países de la coalición constituyen una importante fuerza de disuasión contra todo intento iraní de ganar un punto de apoyo en Irak, en particular si Teheran violara la integridad territorial iraquí."
De la misma manera, Turquía, aliada de Washington en el norte de Irak, disuade enérgicamente a los kurdos de ir demasiado lejos en su combate contra Bagdad. El presidente turco Ozal ha amenazado más de una vez con intervenir en el Kurdistán iraquí si éste manifestara veleidades separatistas. Desde el comienzo de la ofensiva de la coalición, el Parlamento de Ankara ha votado poderes especiales de guerra, autorizando el envío del Ejército turco al norte de Irak, si fuera necesario. El límite fijado por Ozal a los kurdos de Irak no es otro que la autonomía que Bagdad les ha ya acordado, en teoría, desde hace 21 años y que Sadam Husein les ofrece hoy reactivar.
La oposición al derecho de los kurdos a constituir un Estado
Sadam Husein sirve al "nuevo orden" independiente parece la idea mejor compartida de la región. Los EEUU, Irán, Siria, Arabia Saudí, todos proclaman bien alto su acuerdo con "la integridad territorial de Irak". Sadam Husein sabe que, del lado de los kurdos, los peligros son limitados; sabe también que cualquiera que sea el avance de las fuerzas kurdas, no pueden imponerle más de lo que aceptó en 1970. Por otra parte, es consciente de que los kurdos, minoría nacional, no pueden ser aspirantes al poder
Por el contrario, el peligro en las regiones pobladas por árabes chiítas, mayoritarios en Irak, es mucho mayor, especialmente a causa de la intervención de Teherán en apoyo de los insurgentes. Por eso el tirano de Bagdad ha elegido, en una primera etapa, desguarnecer el frente norte de las tropas de élite, para aplastar la rebelión en el centro y en el sur. Para ello, se ha aprovechado del salvoconducto expedido por las fuerzas americanas. En esta batalla por la supervivencia de la dictadura, Sadam se apoya en primer lugar en su guardia pretoriana, la Guardia Republicana, y en sus servicios policiales, que por otra parte son el objetivo de duras venganzas populares en todos los lugares donde se ha producido la sublevación. En segundo lugar, el déspota busca impedir la descomposición del resto de su Ejército. Con este fin, ha decretado una amnistía para los desertores y ha concedido primas mensuales al conjunto de sus tropas, en particular a los soldados de la Guardia que ya están disfrutan de condiciones muy privilegiadas (sueldo, equipamiento, ventajas sociales,...). La cohesión del resto del Ejército se mantiene, con un éxito limitado, por el propio terror baasista contra la población. Las familias de soldados son tomadas como rehenes, limitando las posibilidades de rebelión de todos aquellos cuyos padres viven en territorio bajo control baasista. La ejecución sistemática de los rebeldes culmina la disuasión de cualquier intento de re-
Las perspectivas de la revuelta son también sombrías por el apoyo de hecho aportado por los EEUU al régimen de Bagdad. Lo cual ha hecho decir, con razón, a una personalidad de la oposición democrático-burguesa iraquí, en un artículo publicado en The Washington Post (13 de marzo de 1991): "Los EEUU, tras de la hoja de parra de la no ingerencia, esperan que Sadam masacre a los insurgentes, con la esperanza de que podrá ser derrocado más tarde por un oficial conveniente." Las masas árabes y kurdas que se rebelan contra la tiranía baasista no encuentran hoy ninguna solidaridad significativa por parte de las poblaciones de los demás paises arabes, que incluso les son hostiles en algunos casos, por motivos reaccionarios, por espíritu confesional anti-chíita o chovinismo anti-kurdo. Esto confirma trágicamente lo que podía temerse sobre la graves ilusiones existentes entre las masas árabes, incluyendo fuerzas de izquierda, sobre el sentido real de las acciones del déspota iraquí.
Simétricamente, las almas caritativas que en Occidente apoyaron la cruzada democrática "anti-fascista" de los imperialistas se callan hoy con el pretexto de que Sadam ha encontrado a alguien más "fascista" que él: los "integristas" que amenazarían con hacerse con el poder en Bagdad
Hoy como ayer, el apoyo real al pueblo de Irak exige luchar a la vez por la retirada inmediata de las tropas imperialistas; por el levantamiento de todos los embargos, sanciones, indemnizaciones de guerra impuestas al pueblo iraquí; por el apoyo a los pueblos árabes y kurdo de Irak en sus luchas contra la tiranía baasista; por el apoyo al pueblo kurdo en su lucha de emancipación nacional y por su derecho a la autodeterminación.
S.J. 4 de marzo de 1991