Debates de estrategia
El texto que reproducimos a continuación sirvió de base al informe sobre América Latina presentado al XIII Congreso de la IV= Internacional. Por la importancia de los debates que hoy se producen entre la izquierda latinoamericana, nos ha parecido conveniente iniciar con el la publicacion de algunos
America Latina de los documentos debatidos en el citado Congreso. 1. Lo fundamental del proyecto de resolución sobre América Latina fue elaborado antes de que se produjeran tres situaciones políticas fundamentales: la caída del muro de Berlín y de una parte esencial de los regímenes burocráticos estalinistas de Europa del Este, la derrota del Frente Sandinista de Liberación Nacional en las elecciones de febrero de 1990 y el estallido de la guerra en el Medio Oriente. Estos tres elementos han tenido un peso trascendental en las discusiones sobre la necesidad de repensar una serie de aspectos de la estrategia revolucionaria. Nuestra corriente en América Latina no es ajena a esas discusiones. En tanto orgullosamente hemos participado -en especial en los últimos años- en las dinámicas de reorganización de la vanguardia revolucionaria y en tanto en varios paises nuestras fuerzas juegan un papel activo en sectores claves del movimiento de masas, nos hemos visto involucrados en
Desde hace varios años hemos dejaas de vecias luminosas de Trotsky
Sergio Rodriguez ción de fuerzas ha sufrido una modificación sustancial, en favor del imperialismo y de la burguesía asociada al mismo. El decenio perdido, del que nos habla la CEPAL, significado la implementación de una política económica que ha barrido con importantes conquistas sociales y económicas de nuestros pueblos. Esto ha traido como consecuencia una reestructuracion global de las relaciones productivas. Esta reestructuración tiene una diferencia central, entre otras, con la que se llevo a cabo en las metrópolis imperialistas, ya que esta última se realizó, por lo menos en parte, con el "financiamiento" (saqueo, diríamos nosotros) del llamado Tercer Mundo (pago del servicio de la deuda externa, deterioro de los mecanismos del intercambio comercial, fuga de capitales, ganancias remitidas a los países metropolitanos, etc.).
Ahora el imperialismo norteamericano busca culminar su obra a través de la Iniciativa de las Américas. La idea de una franja de libre comercio, desde Canadá hasta la Tierra del Fuego, pretende consolidar los procesos de "liberalización" económica que se han implementado en nuestros países. Con esto se pretende aprovechar, aún más, la existencia de una mano de obra barata y de un ejército de reserva industrial masivo -que presionará contra los nive les salariales y las conquistas sociales de las clases obreras de Canadá y los
Estados Unidos-, lo mismo que fijar los estándares de productividad del trabajo en función de las clases obreras de estos dos países, sin que esto repercuta en los niveles salariales de América Latina. Es decir, se busca infligir una derrota a la clase obrera de América desde el corazón mismo de la producción:
Si bien es verdad que este proyecto enfrenta un sin número de dificultades
(en especial el estallido de la recesión
en los Estados Unidos), mal haríamos en banalizarlo. Este proyecto requiere de una modificación de la tradicional forma de organización sindical y de las relaciones de trabajo. Aquí no podemos suspirar -como lo hacen los nacionalistas o las corrientes dependentistas de la izquierda- por las viejas organizaciones sindicales. No hay que olvidar que a traves de ellas se implementaron formas de control político sobre los trabajadores que permitieron la actual situación que
La reestructuración productiva es ya una realidad incontestable. Cualquier política que pretenda responder a esa ofensiva debe partir de este hecho. Será en la nueva organización del trabajo donde tendremos que buscar las respuestas que conduzcan a enfrentar al proyecto de Bush una integración de los trabajadores. Por lo pronto el tipo de coordinación alcanzada por los trabajadores automotrices de México, Estados Unidos y Canadá pone de manifiesto los primeros síntomas de la respuesta. Al Acuerdo de Libre Comercio -que busca internacionalizar la producción- debemos oponerle (en un primer momento de una manera propagandística) un acuerdo de libre intregración sindical.
3. El otro aspecto de la beligerancia imperialista podemos ubicarlo en el terreno político. La redefinición estratégica de la hegemonía imperialista en función del fracaso de los regímenes estalinistas de Europa del Este, la actitud totalmente entreguista de parte de la burocracia gorbachoviana y la crisis de los viejos proyectos nacionalista-populistas burgueses, le han dado manos libres al imperialismo norteamericano para implementar una ofensiva política que busca cambiar a largo plazo la correlación de fuerzas en función de varios objetivos: la caída del régimen cubano; la conversión de los viejos proyectos políticos nacionalista-populistas en neo-conservadores en lo político y neo-liberales en lo económico; el aislamiento y el estrangulamiento de las organizaciones político-militares; la utilización de la deuda externa como disciplinador político; la utilización de la supuesta lucha contra el narcotráfico como pretexto para reinstaurar la vieja política de presencia física directa a través de nuevas bases militares que cuenten ahora con un supuesto consenso democrático; la implementación de una campaña profundamente reaccionaria sobre los derechos humanos que por el momento ha logrado generar cierta confusión; el favorecimiento de una supuesta "reforma del Estado" bajo el tema de la "transición a la democracia".
4. La ideología de la "transición a la democracia" se ha basado en varios aspectos. El primero de ellos es la transformación del "Estado propietario" en "Estado solidario". Este aspecto ha constituido la cobertura a la desnacionalización de la economía y a la implementación de una política de austeridad que busca atacar al salario indirecto en función de una reducción sustancial de los servicios sociales, al tiempo que pone en pie una política de caridad que busca jugar con el hambre del pueblo (Programa Nacional de Solidaridad en México, Programa de Compensación Social en Perú). El segundo aspecto es la reorganización de la política de masas de los diversos regímenes que busca limitar al máximo la presencia y el peso de las grandes organizaciones sociales. El tercero lo representa la llamada Doctrina de Seguridad Nacional, que busca detectar las diversas zonas de conflicto social para instrumentar una política de concesiones y, si esta no tunciona, una de represión (el caso guatemalteco es revelador: de la política de aldeas setratégicas a la de tierra arrasada). El cuarto y último elemento se traduce en el intento de canalizar el descontento social hacia el terreno electoral e institucional, siempre con la amenaza de que si esto no da resultado el espectro de la dictadura militar puede concretarse de nuevo.
5. Es en el terreno social en el que la burguesía no ha podido implementar una modificación sustancial de la correlación de fuerzas. Si bien es verdad que en los últimos años hemos visto una actuación más discreta de las grandes organizaciones de masas, éstas siguen escapando al control directo y orgánico de los proyectos de "reforma del Estado" (desde luego, hay casos particulares: en México, por ejemplo, el gran ascenso de masas de 1988 no modificó directamente el dominio político del PRI sobre el movimiento obrero). Lo que sucede es que el ataque reestructurador ha sido de tal virulencia que las grandes
organizaciones de masas que han logrado escapar al control burgués no han podido formular una respuesta creíble y viable para el conjunto de la nación oprimida. Esto ha generado cierta paraincluso, un debilitamiento (éste es el caso de llamados a huelgas generales en Colombia, Peru e, incluso Brasil, llamados que no han encontrado las respuestas masivas de años anteriores). Sin embargo, lejos estamos de derrotas históricas de los trabajadores, como las vividas en el Cono Sur después de los diversos golpes militares.
Lo que sucede es que, desde el punto de vista de las clases dominantes y del imperialismo, las confrontaciones tienen cada vez mas un caracter politico y no un carácter estrictamente reivindicati vo, como ha querido ser visto por las organizaciones de masas. El otro aspecto que ha jugado en contra de los explotalos y oprimidos ha sido la dimensión de
Las diversas burguesías han aprovechado la crisis para los sectores de vanguardia de las luchas. Este es un fenómeno que comenzó en Bolivia y Perú, pero que ahora alcanza a la mayoría de nuestros países. Incluso Brasil -en las recientes luchas de la Ford y Volta Redonda- ha comenzado a vivir este proceso. La crisis económica, entonces, no sólo permitió una reestructuración productiva sino, también, su utilización por parte de la burguesia para echar de los sindicatos a sectores fundamentales de la vanguardia obrera y sindical con más de veinte años de experiencia. De alguna manera, esto ha traído como consecuencia una cierta perdida de peso de los sindicatos en la definición de los marcos políticos fundamentales de confrontación. Pero al mismo tiempo en el corazón mismo de las grandes urbes latinoamericanas, los trabajadores comienzan a responder a la reestructuración utilizando las nuevas estructuras de organización del trabajo.
6. En el terreno de la izquierda la siconsecuencia el cuestionamiento de la necesidad o, para ser más precisos, de la posibilidad de la revolución. Describamos rápidamente algunas de las expresiones más claras de este nuevo fenóa) La crisis de los partidos comunistas (PCs) de América Latina -dinámica mencionada en la resolución y ahora desarrollada en toda su dimensión-. Y su desarrollo ha alcanzado tal grado que los tres PCs que se planteaban como excepción hoy ya pueden ser ubicados en la misma categoría (si bien el PC Uruguayo mantiene una fuerza_política y electoral muy significativa). Tanto en Chile como en Colombia, los PCs han vivido una serie de rupturas. Sin embargo, lejos estamos de los años en que esa crisis se expresaba en función del desarrollo de corrientes "handalistas" (independientemente de la sinceridad o de la falta de ella que le otorguemos a la autocrítica de Handal, es indudable que la misma refleja las presiones del ascenso revolucionario que se vivía en varios países). Ahora las rupturas se han dado hacia la socialdemocracia. Si bien es verdad que un grupo de PCs reivindica la autocrítica de Handal y mantiene una posición bastante crítica de la perestroika, en lo fundamental se trata de los PCs más débiles de Amérib) La crisis de la visión estratégica del castrismo. Para la dirección cubana, el mundo estaba dividido en tres: el primer mundo, que representaba al imperialismo -en lo fundamental al imperialismo americano- y contra el cual había que organizar un combate sin cuartel en tanto responsable de la situación de miseria que han vivido nuestros pueblos; el segundo mundo, representado por lo que ellos llamaban campo socialista sobre el cual podían tener muchas críti cas pero al que siempre consideraron la retaguardia estratégica de la revolución (la revolución china, vietnamita o cubana resultarían imposibles de entender sin la existencia del PCUS); y el tercer mundo -el grueso de los países coloniales y semicoloniales-, que representaba la vanguardia la revolución antiimperialista y en el que se definiría lo fundamental de la correlación de fuer-
El mundo, entonces, tenía una gran coherencia. Un movimiento democrático como el de Checoslovaquia en 1968 o el de Polonia en 1980 era visto como factor de debilitamiento de la retaguardia de la revolución y, por tanto, como elemento de avance del imperialimo. En cambio, la búsqueda de un frente de las burguesías nativas de los países del tercer mundo en contra -aparentementedel imperialismo, en especial en aquellos países donde la revolución todavía estaba lejana, era fundamental. Esta visión del mundo se rompió en mil pedazos y se mostró profundamente equivocada. La dirección castrista de-
seaba legítimamente el desarrollo de la revolución antiimperialista. Pero la forma en que diseñó su teoría la ha llevado a un callejón sin salida.
Y esto resalta todavía más si observamos cuál ha sido la evolución de los movimientos democráticos en Europa del Este. En conclusión, podríamos decir que la evolución de los acontecimientos en los países confirman a Fidel Castro en su visión sobre el verdadero significado de ese proceso. Por otra parte, esto permite que en Europa del Este los movimientos democráticos vean a Fidel como un congénere de Ceausescu. Pero lo peor es que ambos están equivocados.
Todo esto ha traído como consecuencia un impresionante aislamiento de la dirección castrista, al mismo tiempo que la agudización de la ofensiva imperialista contra el Estado Obrero cubano. Para la izquierda latinoamericana el problema es enorme. La defensa del Estado Obrero cubano es, hoy por hoy, la tarea prioritaria. Al mismo tiempo, es imposible permanecer impasible ante los aspectos burocráticos del régimen cubano, a riesgo de perder toda posibilidad de credibilidad en nuestros propios países. Lejos estamos de los años en que Cuba y Fidel eran ejemplos incontestables en América Latina. Para ilustrar mejor esta nueva situación digamos algo muy simple: hace sólo seis años la propuesta de Fidel sobre el no pago de la deuda externa polarizaba la atención de las fuerzas políticas latinoamericanas; ahora es la Iniciativa de las Américas de Bush la que ha logrado ese efecto.
c) La crisis del modelo de transición implementado por los sandinistas. La derrota electoral sandinista ha tenido un efecto desastroso sobre la vanguardia revolucionaria. La posibilidad de la construcción de una nueva sociedad con democracia sufrió un duro revés. Dos aspectos centrales se demostraron como limitados: el modelo económico a implementar y el tipo de democracia a construir. En el primer aspecto, la transición en Nicaragua estuvo marcada desde el inicio por la necesidad de romper la dependencia con el imperialismo. En un pais tan pobre como Nicaragua, que no cuenta con una estructura industrial medianamente desarrollada (por eso es totalmente absurdo hablar de cuanto se nacionalizó de esta o aquella industria; de lo que hay que hablar es de cuánto representaban esas industrias en el Producto Nacional Bruto -si no hacemos eso, confundimos Nicaragua con Francia o Inglaterra y a la revolución permanente con la revolución simplemente anticapitalista-), los sandinistas pretendieron utilizar el sector agroexportador como sustituto del sector uno de la producción con miras a utilizar los beneficios para industrializar el país y para satisfacer las necesidades de consumo de las masas. Este modelo funcionó mientras no hubo guerra. Por eso el crecimiento de Nicaragua de 1979 a 1984 fue real. Una vez que estalló la guerra, todo el modelo entró en crisis. Lo fundamental del excedente económico fue utilizado para solventar los gastos de la guerra. En última instancia, en Nicaragua tenemos una demostración palpable de la necesidad de la extensión de la revolución. Sin esto y con el cambio en la correlación de fuerzas que se ha estado viviendo, cualquier modelo económico aplicado por los sandinistas hubiera estado condenado, tarde o temprano, al fracaso. En Nicaragua, pues, entró en crisis la visión de que es posible romper la dependencia en un solo
En lo que hace al segundo aspecto, el problema fundamental es que el sandinismo, ansioso de conseguir legitimación internacional, desmontó los elementos de poder popular (el consejo de Estado también desaparece en 1984) para privilegiar una democracia parlamentaria profundamente limitada. Esto no quiere decir que el ejemplo dado por los sandinistas de garantizar el sufragio universal y el pluripartidismo haya sido equivocado. Lo que sucedió es que no se construyó paralelamente un poder popular efectivo de representación directa de las organizaciones de masas. En su lugar se establecieron mecanismos de democracia plebiscitaria, tipo de democracia que simplemente permitía consultar a la población sin darle poder d) Las dificultades de la revolución salvadoreña. El desarrollo de la revolución salvadoreña, con diez años de duracción, ha significado toda una escuela de estrategia revolucionaria. La capacidad del FMLN para mantener y profundizar su enraizamiento en la conciencia nacional y antiimperialista de la población ha sido verdaderamente sorprendente. Sin embargo, la intervención norteamericana ha impedido un triumto revolucionario. Esta situación se ha complicado todavía más en función de los últimos acontecimientos internacionales. Esta revolución está en contradicción con el establecimiento de un nuevo or-
den internacional hegemonizado por el imperialismo Gorbachov. El FMLN se ha estorzado enormemente para poder mantener una estrategia revolucionaria al mismo tiemoo que para adecuarla a la evolucion de a correlación de fuerzas. La propuesta de desmilitarización en ese sentido responde plenamente a los sentimientos democráticos tanto de El Salvador como de los trabajadores a nivel internacional. Sin embargo, la revolución se ve cada vez más cercada. La derrota sandinista y el aislamiento cubano juegan a tondo e) La incapacidad de la izquierda revolucionaria para encontrar los elementos de ruptura en los momentos de confrontación global entre las clases. Tanto en Colombia como en Chile como en México, el sentimiento democrático de la población fue canalizado por corrientes reformistas socialdemócratas (el Partido Socialista Chileno y el M19) o por corrientes nacionalistas burguesas (el cardenismo). En todos estos casos el fenómeno ha sido profundamente contradictorio. En Chile, las masas sintieron la derrota de Pinochet en el referéndum y la llegada de Aylwin como un riunfo. Sin embargo, no resultaba evidente que esos dos aspectos fueran forzosamente unidos. La caída de Pinochet fue un triunfo de las masas; la llegada de Aylwin fue una derrota de la izquierda revolucionaria. En Colombia, el nicio del tin del bipartidismo significa un triunfo de las masas; la hegemonía del M19 sobre ese proceso significa una derrota de la izquierda revolucionaria. En México, la crisis del aparato de dominación priísta sobre la población significó, sin lugar a dudas, un triunfo de los trabajadores del campo y la ciudad; la hegemonía del cardenismo sobre ese proceso significó una derrota de la izquierda revolucionaria, en especial del PRT. Estos tres procesos han fotalecido la idea de proyectos políticos gradualistas, pluriclasistas, que son un gran obstáculo para germinar un pensamiento revolucionario. En cambio, el oportunismo y el sectarismo ante estos fenómenos han permeado las primeras reacciones de buena parte de la izquier7) La necesidad de una alternativa. Evidos no es nada sereilo, Sin eibargo, na visión gradualista y posibilista po arte de la izquierda latinoamericana li puede llevar a un callejón sin salida. La idea de que la revolución antiimperialista ya no es posible y a lo único que podemos aspirar es al desarrollo de un capitalismo socialdemócrata no tiene absolutamente nada de realismo; en el fondo, es una idea irrealizable. ¿Capitalismo socialdemócrata en Haití, vador, Nicaragua o, incluso en México, Brasil o Argentina? Efectivamente, como dijo Fidel Castro, "la revolución socialista no resuelve los problemas del subdesarrollo". Pero el capitalismo lleva más de 400 años creándolos. La respuesta a la aseveración de que la revolución no puede resolver los problemas del subdesarrollo la hacemos de la siguiente manera: es verdad que la revolución no resuelve en sí misma esos problemas, pero ¿acaso se pueden resolver sin la revolución? La revolución abre la vía para crear una sociedad más justa. El subdesarrollo es producto del saqueo imperialista y mientras éste siga existeiendo aquel no desaparecerá. ¿Acaso hay otras opciones para nuestros pueblos? Sin la revolución antiimperialista no existe la mínima posibilidad de salir del subdesarrollo y, sobre todo, de generar una verdadera soberanía nacional y de comenzar a crear un sis-
Para lograr lo anterior, es necesario enfrentar al imperialismo. Sabemos que la correlacion de tuerzas no es la mejor; sabemos que los aparatos burocráticos han jugado un papel nefasto para asegurar el dominio imperialista. Pero sabemos también que la revolución antiimperialista ayuda a cambiar la correlación de fuerzas incluso en las mismas metrópolis. No podemos esperar nada del imperialismo. El modelo que está implementando aliado a las burguesías asociadas es el mejor en la lógica del capital. Los proyectos de las burguesías nacionalistas de los 30s o los 40s no tienen la mínima posibilidad de aplicación. Entonces, a los revolucionarios nos toca luchar por romper ese proceso, por elaborar los elementos que permitan
Hace algunos años la izquierdaa latinoamericana poseía una estrategia revolucionaria que estaba al margen de lo institucional. Como hemos visto hoy, esa situación ha cambiado, sobre todo si tomamos en consideración que, a diferencia de lo que ha sucedido en Europa, hay algunas organizaciones de la izquierda revolucionaria que han conquistado un peso electoral significativo. Combinar la actuación política dentro de las instituciones con la lucha extraparlamentaria no ha sido nada fácil. Partir de una visión de acumulación de fuerzas sociales es la única posibilidad para comenzar a superar esa contradicción. Infligir derrotas a la burguesía en el terreno institucional se convierte entonces en un elemento importante para avanzar en la acumulación de fuerzas sociales. Mal
haríamos en oponernos a esta visión. Desde luego, la inserción en el terreno institucional trae como consecuencia una serie de vicios legalistas que a la larga se han convertido en taras para el movimiento revolucionario.
Por eso lo fundamental para nosotros es desarrollar una visión de construcción de un poder alternativo que poco a poco vaya creando las condiciones para avanzar hacia la ruptura. En América Latina le hemos llamado la construcción del Poder Popular. El Poder Popular significa luchar por conquistar la hegemonía dentro del mismo capitalismo. Se trata de crear una estructura de masas que, al margen de la legalidad o bien aprovechándola, va creando paulatinamente un poder alternativo que administra, en el mejor sentido de la palabra, la vida social. Este tipo de organización presenta los problemas reivindicativos de las masas, al mismo tiempo que reorganiza democráticamente la participación del pueblo y organiza la defensa del mismo contra el poder del capital. La política del poder popular puede alcanzar logros fundamentales en momentos en que estallan crisis de régimen. En esos momentos puede ser clave para encontrar los elementos rupturistas. Desde luego, no hay que confundir poder popular con una visión asistencialista, profundamente reaccionaria, que sirve más para legitimar el poder del Estado y una ideología supraclasista. Tampoco podemos confundirlo con una visión manipuladora que inhiba la autorganización de masas. Esto implica el abandono de una visión hegemonista sobre las organizaciones de masas (tentación siempre presente en la actuación de la izquierda latinoamericana en su conjunto). Si vemos a las organizaciones de masas como simbrazos del capitalismo, inevitablemente estaremos prefigurando la relación que existirá después de la toma del poder entre el partido y el Estado y entre el partido y las organizaciones de masas. En muchos sentidos, el tipo de estructuras de masas que se creen en la crisis revolucionaria determinará el tipo de democracia que se construirá posteriormente.
Por otro lado la implementación de la restructuración capitalista, por medio de la implementación de una política económica neoliberal, lo mismo que la necesaria lucha que tenemos que hacer en el terreno de la lucha por la democracia replantea de una manera muy clara la necesidad de diseñar una política de alianzas precisa. Tenemos que entrar a la disputa por dar una alternativa a la Nación oprimida. En ese terreno, las alianzas con fuerzas burguesas, pequeño burguesas, o socialdemócratas son inevitables. Tenemos que recorrer junto con los trabajadores este terreno.
La delimitación de estas alianzas se ubica en función de la necesidad de preservar la autonomía de la organización revolucionaria y la lucha por contruir en los marcos mismos de las alianzas una expresión organizativa del movimiento de masas independiente.
Estos son sólo algunos de los elementos que hoy conforman los debates estratégicos de la izquierda latinoamericana. En la práctica, la revuelta indígena en Ecuador, con todo lo que significó de desafío a los discursos sobre el supuesto fin de la historia, nos demuestra esa impresionante vocación de lucha y de emancipación de nuestros pueblos (por cierto, eso nos debe llevar a coordinar una verdadera campaña internacional, tanto europea como latinoamericana, contra el festejo humillante de la conquista española que ahora se nos quiere hacer pasar como el "encuentro de dos mundos").
En la reunión de Sao Paulo la izquierda latinoamericana demostró su voluntad de enfrentar la situación que actualmente guarda la correlación de fuerzas con una visión crítica y autocrítica. En esa reunión se comenzó el proceso de elaboración de un nuevo pensamiento liberado de dogmatismos y fantasmas.
Si el primer encuentro estuvo marcado por la caída del muro de Berlín, el próximo encuentro en México deberá tener como preocupación central la política imperialista y en especial, la guerra del Golfo. Esta guerra es una continua ción de la reestructuración productiva, si el imperialismo consigue cierto nivel de impunidad en su acción las consecuencias contra las masas latinoamericanas y en especial contra Cuba, El Salvador y Nicaragua serán terribles. Por eso noy, la oposición a la guerra imperialista y al mismo tiempo la defensa de Cuba serán los temas que dividan las aguas en el movimiento de masas en América
Estamos convencidos de que estos deberían ser los temas fundamentales y las conclusiones a nivel de tareas de esa próxima reunión.
La crisis ha sido dura, pero desde las selvas, montañas y calles de las monstruosas ciudades latinoamericanas se está forjando una reorganización teórica y práctica de los socialistas. Allí está nuestro lugar, allí es donde nos sentimos bien, formamos parte del pluralismo revolucionario. Desde allí continuaremos exigiendo lo posible, es decir, la revolución socialista, único mecanismo para que niños y jóvenes, obreros y campesinos, mujeres y pobladores dejen de vivir bajo la miseria y el hambre, única manera de refundar nuestras naciones de una manera autónoma, única menera, en síntesis, de -parafraseando el lema de campaña del PT brasileñovencer el miedo a ser felices.