¿Qué tenian en comun el dirigente de la revolucion ae
Octubre y un oscuro literato aleman, irreductiblemente
Afinidades y divergencias marxistas
Walter Benjamin y
León Trotsky refractario a cualquier forma de militancia política?
Hace ahora cincuenta años que, con unas pocas semanas de diferencia entre el uno y el otro, hallaron la muerte dos figuras centrales de la cultura y el pensamiento marxista de este siglo: León
Trotsky y Walter Benjamin. El primero, exiliado en México, había sido asesinado por un agente estalinista mediante un golpe de piolet; el segundo se suicidó en Port Bou, en la frontera española, por miedo a ser entregado a los nazis que acababan de ocupar Francia, país que había constituído su tierra de exilic desde 1933. Este doble aniversario nc es en absoluto producto de la casualidad: víctimas, respectivamente, del estalinismo y del fascismo,
Trotsky y
Benjamin representaban a niveles diferentes la lucha por la utopía comunista en un mundo que se hallaba a un paso
Enzo Traverso de sumergirse en la catástrofe. Esta es la razón por la que sus muertes se nos presentan tan fuertemente cargadas de significado simbólico.
Nunca llegaron a encontrarse a lo largo de sus vidas, y nadie, en 1940, relacionó sus muertes. La noticia del asesinato del ex-jefe del Ejército Rojo dió la vuelta al mundo; en cambio la muerte de Benjamin pasó completamente desapercibida, inclusive para sus amigos más íntimos que no tuvieron conocimiento de ella hasta mucho tiempo después. Se podría decir que ambos eran marxistas, pero sin lugar a dudas Benjamin no hubiese escrito jamás una obra de análisis social y político como "La Revolución Traicionada", ni Trotsky hubiese hecho lo propio con respecto a un texto tan fuertemente impregnado de
mesianismo y religiosidad como las "Tesis sobre la filosofía de la historia". Podría añadirse que ambos eran judíos, pero ¿qué pueden tener en común un campesino judío de un pueblo ucraniano y la familia judía de un marchante de arte berlinés? Este aspecto sólo resultaba relevante para las autoridades nazis que odiaban al "judío bolchevique"
Trotsky y perseguían a Benjamin, culpable tanto de ser hebreo como marxista.
Afinidades
Sus orígenes, su formación cultural, sus experiencias políticas, en definitiva sus vidas, fueron profundamente distintas.
No obstante se pueden hallar ciertas correspondencias significativas en su proceso intelectual y, de una manera más genérica, en su pensamiento político. El nombre de Benjamin no aparece nunca en los escritos de Trotsky y desconocemos si el revolucionario ruso exiliado tuvo alguna vez la oportunidad de leer las páginas literarias de la "Frankfurt Zeitung"; por el contrario, sabemos que Benjamin leyó con interés muchas de las obras de Trotsky, y que dicho conocimiento le impresionó vivamente. En 1926 había leído "¿A donde va Inglaterra?" y al año siguiente, en un artículo dedicado a la "nueva literatura rusa", citaba con admiración la crítica al "Proletkult" que Trotsky desarrolla en "Literatura y Revolución" y que, en multitud de aspectos, coincidía con su propia opinion al respecto. Ambos compartían la opinión de que el deber de la revolución no consiste en crear una nueva "cultura proletaria", sino y por el contrario, en articular las condiciones que permitieran a los explotados la asimilación de la cultura acumulada en el devenir histórico, a lo largo de un pasado caracterizado por a dominación de clase (por lo tanto, en este sentido, una cultura "burguesa"). Durante su juventud, ambos rindieron homenaje a la tradición literaria clásica al dedicar sendos estudios críticos de una gran calidad, respectivamente a Goethe y Tolstoi; posteriormente compartieron un interés común hacia Freud y con respecto a la vanguardia artística y literaria, muy especialmente el movimiento surrealista. En su conocido manifiesto "Por un arte revolucionario e independiente", redactado en México en colaboración con André Breton, Trotsky introduce (o al menos se le atribuye tal inclusión) un planteamiento que confirma vigorosamente el principio de libertad total en el proceso de creación artística. Este razonamiento nos recuerda de forma inmediata las consideraciones realizadas por Benjamin en 1929 con respecto al surrealismo, movimiento en el que redescubría "una idea radical de la libertad" que Europa parecía haber perdido tras la desaparición de Bakunin.
En una carta dirigida a Gretel Adorno, en la primavera de 1932, llegaba a escribir con referencia a la autobiografía y a la "Historia de la Revolución Rusa" de
Trotsky, que "hacía años" que no había asimilado nada "con una tensión similar:
que incluso quita la respiración". En el transcurso de su viaje a Moscú, entre diciembre de 1926 y febrero de 1927, en un periodo en el que el PCUS estaba sumido en, y agitado por, la lucha de la Oposición de izquierdas contra Stalin, no se interesó excesivamente por los asuntos internos de Rusia. Radek y
Lunachartski no le habían producido una gran impresión, y no conseguía se guir de cerca las animadas discusiones de sus amigos respecto al conflicto fraccional que estaba destrozando al partido en poder, dado que las mismas se desarrollaban en lengua rusa. No obstante, parece ser que sí se había formado una cierta opinión sobre la cuestión, ya que, en su "Diario de Moscú" destaca que en la Unión Soviética el régimen intentaba "frenar la dinámica del proceso revolucionario" y que el país, "lo quisiera o no", ya había "entrado en la via de la restauración."
En 1937 leyó "La revolución traicionada" que había sido objeto de una crítica favorable por parte de "Cahier du Sud"; la reflexión de Trotsky fué afrontada en distintas ocasiones en las discusiones mantenidas con Beltolt Brecht en Dinamarca. Brecht, bajo la influencia de Karl Korsch, mostraba una cierta simpatía hacia las críticas trotskistas al
By objetivista que consideraba al socialismo como un producto ineluctable de las leyes naturales' de la historia... estalinismo y a la teoría del "socialismo en un solo país". Durante una conversación, había llegado a definir a la URSS como una "monarquía obrera", Benjamin la comparó con las "fantasías grotescas de la naturaleza surgidas del fondo del mar en forma de pez cornudo o de cualquier otro monstruo". Su desconfianza respecto al estalinismo se incrementó con la desilusión generada por el Frente Popular francés y por la derrota de la República española, hasta llegar a transformarse en un rechazo radical tras el pacto germano-soviético de 1939, estigmatizado en las "Tesis" mediante la denuncia de los políticos que "ahondan su propia derrota y traicionan su propia causa". La simpatía de Benjamin por Trotsky ha sido subrayada por distintos testigos que se relacionaron con él durante los años treinta. Werner Kraft, Brecht estaba Stalin, Benjamin estaba con Trotsky";
Jean Seltz le recuerda como un defensor de un "marxismo abiertamente antiestalinista; demostraba una gran admiración hacia Trotsky".
Pero esta singular afinidad entre dos figuras tan diferentes como el fundador de la Cuarta Internacional y el autor de
"Paris, capital del siglo XIX", no quedaba limitada a la simpatía por el surrealismo y a la crítica de la URSS burocratizada bajo Stalin.
Convergencias
En sus escritos se adivina un análisis muy parecido, bajo diversas perspectivas, con respecto a la socialdemocracia y al marxismo positivista de la Segunda trenada co na hora Ninguno de los dos se de rechazar y negar una concepcion evolucionista y objetivista que consideraba al socialismo como un producto ineluctable de las "leyes naturales" de la historia y atribuía al movimiento obrero simplemente el rol de consolidar sus propias conquistas, a la espera pasiva de la llegada automática de un nuevo orden. Dicha pasividad se había transformado rápidamente en el conservadurismo burocrático de los aparatos y en el terror más absoluto con respecto a cualquier ruptura revolucionaria. Antes de la Primera Guerra Mundial, los socialdemócratas rusos, alemanes y austriacos criticaban la teoría de
Trotsky sobre la revolución permanente "Ninguno de los dos se frenaba a la hora de rechazar y negar una concepción evolucionista debido a su caracter "utópico", censurándola por no respetar las "leyes objetivas" del desarrollo social, así como por querer transformar la revolución rusa democrática, anti-absolutista y "antifeudal" en revolución socialista. Contrariamente a la linealidad y simplismo evolucionista de la inmensa mayoría de los marxistas rusos, con Plejanov a la cabeza, Trotsky pensaba que no había ninguna ley "de bronce" de la historia que condenase a la sociedad rusa a padecer un largo periodo de desarrollo capitalista antes de la conquista del poder por parte del proletariado. A despecho de su aparente inmovilismo, la formación social rusa estaba sometida a un desarrollo desigual y combinado carac terizado por la superposición del universo arcaico de los mujik y la modernidad "occidentalistas" de los intelectuales de Moscú y de San Petersburgo considera-
ban que la idea de construir el socialismo en la Rusia de los zares constituía apostaban todas sus bauna herejia, de una burguesía liberal inconsistente. La revolución de Octubre, que confirmó la teoría de la revolucion permanente de Trotski, fué vista como una aberración de la historia por parte de muchos socialistas formados en la escuela de la Segunda Internacional. En 1921, con ocasión del III Congreso de la Internacional Comunista, Trotsky había escrito que "la fe en la evolución automática constituye el elemento más sigtunismo®. Mas adelante, en referencia a
Más adelante, en referencia a la obra de Kautsky, sostendría que el marxismo de la Segunda Internacional se había ido formando en el seno de una época de desarrollo "orgánico" y pacífico del capitalismo, aproximadamente entre la derrota de la Comuna de París y la primera guerra mundial, ! que, en consecuencia, estaba estigmati ado por ese periodo. La guerra, la cr sis del capitalismo y el ascenso de la reacción habían acabado bruscamente con las ilusiones ciegas en un creciBenjamin, que no habia accedido a narxismo a través de los libros de Kautsky, sino más bien gracias a una obra heterodoxa como la "Historia y conciencia de clase" de Lukács, formula por primera vez su crítica de la social-
...yenao en contra del tetichismo de la técnica del fatalismo histórico, del naturalismo y el cientifismo de la socialdemocracia, Benjamin redescubrió la figura de Auguste Blanqui..." democracia en un ensayo de 1937 sobre el historiador y coleccionista alemán
Eduard Fuchs. Escribe que, a finales del siglo pasado, una forma de determinismo evolucionista y una fe ciega en el progreso se habían adueñado de la socialdemocracia, la cual estaba ya inmersa en una concepción de la historia como desarrollo orgánico, continuo, no susceptible de ser frenado. Ironizaba con respecto al positivismo ingenuo del socialista italiano Ferri, que consideraba que la táctica del movimiento obrero se desprendía de las "leyes naturales", diferenciaba los procesos sociales en "psicológicos" y "patológicos", y atribuía las "desviaciones anarquistas" de la izquierda a un mal conocimiento de la geografía y de la biología. "La concepción determinista" -añadía Benjaminestá por lo tanto acompañada por un optimismo indestructible". En consecuencia "el partido tenía una escasa predisposición a arriesgar todo aquello que había conseguido conquistar. La historia presenta trazos La victoria no se podía escapar". Dicha crítica de la idea de progreso y del fatalismo reformista tendrá su formulación más explícita y acabada en 1940 en las "Tesis", con estas palabras: "Según era imaginado por el cerebro de los socialdemócratas, el progreso era, primero, un progreso de la humanidad misma (y no sólo de sus actitudes y de sus conocimientos), y era, en segunda instancia, un progreso ilimitado (en correspondencia con el caracter infinitamente perfectible de la humanidad) y, en tercer lugar, era considerado como esencialmente continuo (en el sentido de automático y que sigue una linea recta o una espiral)". Precisamente yendo en contra del fetichismo de la técnica, del fatalismo histórico, del naturalismo y el cientifismo de la socialdemocracia, Benjamin redescubrió la figura de Auguste Blanqui, cuya actividad revolucionaria no "presuponía en modo alguno la fe en el progreso", sino que se fundaba más bien en el deseo de "eliminar la injusticia presente".
Como recuerda él mismo en su autobiografía, Trotsky se había formado en la escuela anti-positivista de Antonio Labriola y había hallado una hostilidad explícita por parte de Plejanov desde el momento mismo de su llegada a Suiza, a principios de siglo. A partir de entonces, manifestó una notable desconfianza con respecto al neo-kantismo de los austro-marxistas con los que había mantenido relación durante un cierto periódo, en la época del exilio vienés (1907-1914). Sin embargo, y a despecho de su crítica del positivismo de la
Segunda Internacional, su formación intelectual era la de un marxista ruso, rigurosamente "aufklärerisch" y racionalista, razón por la cual la herencia de "las
Luces" resultaba manifiestamente más importante que las fuentes románticas de las que Benjamin había extraído los elementos de su crítica a la modernidad industrial y capitalista. Esto hace que sea aún más notable y sorprendente esa analogía respecto a la oposición de ambos a la socialdemocracia. En un texto elaborado para el 1º Congreso de los Amigos de la Radio, en 1926, en el que no faltaban observaciones un tanto ingenuas sobre las potencialidades de la técnica -cuya presencia es patente
por otra parte, en un estudio como "La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica", escrito por Benjamin en 1935-, Trotsky se distanciaba de una visión determinista de la historia dominada por la idea de progreso: "Los ensayos liberales -escribe- generalmente han pintado el conjunto de la historia de la humanidad como una sucesión lineal y continua de progresos. Estaban equivocados: la marcha del progreso no es rectilínea, es una curva discontinua, zigzagueantes; en ocasiones la cultura progresa, en otras declina."
En una conocida interpretación alegórica del cuadro de Paul Klee, "Angelus Novus", Benjamin comparó el progreso con una acumulación continua de desperdicios y ruinas, con una catástrofe ninterrumpida que el angel de la historia, arrastrado por la tormenta, con las alas desplegadas, impotente e invadido por el horror, ve crecer ante sí. Lo que, equivocadamente, había sido considerado como una marcha trinfal de la humanidad hacia el progreso, en realidad no era sino la marcha triuntal de los vencedores hacia el fascismo y hacia la guerra. A finales de los años treinta, y sobre todo en 1940, los escritos de Trotsky contienen alusiones cada vez más frecuentes a los peligros de una aniquilación total de todas las conquistas fundamentales de la humanidad, en el caso de que se produjese una victoria definitiva del nacionalsocialismo en Europa. El resultado no sería otra cosa que "un régimen decadente que habría supuesto el crepúsculo de la civilizaUn formidable salto Absolutamente similar fué la reflexión de ambos con respecto al uso profundamente antihumanista y socialmente nocivo de la técnica en el marco del capitalismo. Ya en 1930, en la crítica al libro de Ernst Junger "Krieg und Krieger", Benjamin subrayaba el hecho de que el nacionalsocialismo concebía la técnica como un "fetiche del crepúsculo" en lugar de presentarla como la "llave de la relicidad". Trotsky, por su parte, esplicitaba en el "Programa de Transición" que el capitalismo tardío tendía cada vez más a transformar las fuerzas productivas en fuerzas destructivas. En 1940, al principio de la guerra, escribía que "entre las maravillas de la tecnología que ha conquistado el cielo y la tierra para el hombre, la burguesía ha conseguido transformar nuestro planeta Benjamin y Trotsky consideraban que la revolución suponía una profunda ruptura de la continuidad histórica. Desde la perspectiva del crítico alemán, aquella se presentaba como "un formidable salto en el pasado" capaz de liberar a los oprimidos y a los vencidos de la historia, permitiéndoles actuar en el presen-
Get al der Tububre die dunt angedelito Persan int nad Biebe Enterizbeil rigeabandig vellte. Se trataba de introducirse dialécticamente en el pasado, devolviéndoselo a sus propias víctimas; la tarea de la revolución consistía en reavivar el pasado y arrancarlo del "continuum" de la historia. De forma análoga, para Trotsky, la revolución no tenía absolutamente nada que ver con el tiempo "homogéneo y vacío" del historicismo. En el prefacio a la "Historia de la Revolución Rusa", la define como "una irrupción violenta de las masas en los ámbitos en los que se deciden sus propios destinos". Las analogías se patentizan de una manera muy clara en las palabras de Isaac Deutscher sobre el Trotsky historiador: "La revolución es para él, ese momento, breve pero cargado de significados, en el que los humildes y los oprimidos tienen finalmente oportunidad de hacer uso de la palabra, y, a sus ojos, este supone la recuperación liberadora de siglos de opresión. EI vuelve a este periodo con una nostalgia tal que confiere a su reconstrucción una intensa luminosidad". En consecuencia, podemos encontrar en estos dos autores una concepción cualitativa del factor tiempo, en contraposición al criterio temporal uniforme de os positivistas; no obstante la crítica del historicismo y la idea de progreso era mucho más radical en Benjamin. Para Trotsky, al igual que para Marx y para toda la tradición del marxismo clásico, la revolución debía hacer avanzar a la historia. La comparaba con un motor en el que las masas en acción representaban el vapor, y los bolcheviques, su dirección, el cilindro. En cambio Benjamin concebía la revolución como el adveni-
PERSONENBESCHASITUNG Berul Gebantiort Getal Ganda Pibe de Viste de Верей miento de una nueva era que interrumpiria el curso de la historia. En lugar de nacerla progresar, por ende, debería
'frenarla". Al contrario de Marx, que de finía las revoluciones como "locomotoras de la historia", Benjamin hallaba en ellas el "freno de urgencia" que podía bloquear la marcha del tren hacia la catástrofe. Divergencias Y es precisamente esto lo que nos induce a tomar en consideración la diferencia fundamental que subsiste entre la visión del mundo de Benjamin y la de Trotsky: la religiosidad y mesianismo del filósofo alemán, por una parte, y el ateísmo radical del revolucionario ruso, por otra. Este, que declaró en su testamento el deseo de morir siendo un "marxista, materialista dialéctico, y en consecuencia, ateo irreductible", dría jamas haber concebido la revolución como la derrota del "anticristo" o como el anuncio de la llegada de una era mesiánica. La intención de Benjamin consistía en eliminar las barreras entre religión y política, para reinterpretar el materialismo histórico bajo el prisma del mesianismo hebreo. Desde su perspectiva, al planear la utopía comunista de una sociedad sin clases, Marx daba una visión laica de la imagen de la humanidad redimida en una "era mesiánica". El comunismo no era resultado sino la superación dialéctica de la historia.
Se produce otra divergencia importante por lo que respecta a sus concepciones de la relación entre sociedad y naturaleza. Referente s esto, el pensa-
miento de Trotsky se caracteriza por estar embebido de una forma de productivismo, presente ya en algunos escritos de Marx, que había venido marcado de manera profunda toda la tradición del "socialismo cientifico" de la Segunda Internacional. En las páginas de "Literatumente la aspiración del hombre a dominar la naturaleza: "La ubicación actual de las montañas, de los ríos, campos, de las praderas, de las estepas, de las selvas y de las costas no se puede considerar definitiva. La humanidad ha realizado ya cambios no exentos de importancia en el mapa de la naturaleza; simples ejercicios de escolares al lado de lo que está por llegar.(...) El hombre socialista dominará completamente la naturaleza, incluídos los faisanes y los esturiones, por medio de maquinas. Decidirá en qué lugar las montañas deben ser derrumbadas, cambiara el curso de los ríos, aprisionara a los océanos" Se trata de consideraciones del que la dimensión ecológica se halla
By es más correcto considerar a Benjamin y a Trotsky como dos figuras bien diferenciadas ausente de manera fundamental.
La reflexión de Benjamin con respecto a esta problematica se nos presenta cual y facunda en contra de la con acción socialdemócrata del trabajo en tan to instrumento de "exploración de natu raleza", Benjamin no duda en revalorizar las potencialidades de las utopías fourieristas que, a pesar de su ingenuidad, se le presentan cargadas de un "sorprendente sentido común". Descubrió, con cierto apasionamiento, los escritos de Johann Jakob Bachoten, el teórico del matriarcado; estudios le permitieron hallar en las sociedades sin clases del pasado -el comunismo primitivo- las huellas de una experiencia cósmica natural, perdida en la modernidad La herencia intelectual del Bachofen, interpretada en clave mística, había formado parte del patrimonio del nacionalismo alemán (Stefan George y Ludwig Flages), pero al tiempo también había inspirado los trabajos elaborados por Engles a Lafargue, de Bebel a Fromm.
Benjamin pensaba que la sociedad comunista del futuro no debería ni explotar ni dominar a la naturaleza, sino más bien reestablecer un equilibrio armónico entre el hombre y su ambiente. No se trata pues de adscribir a Benjamin al trotskismo ni de borrar las divisiones teóricas e intelectuales que le separan del revolucionario ruso.
No obstante, a pesar de las diferencias, sus ideas presentaban también afinidades sorprendentes y permanecen como portadoras de una riqueza que
Según Terry Eagelton "Las 'Tesis' son un documento revolucionario excelente; sin embargo hacen referencia a la lucha de clases en términos de conciencia, de imágenes, de memoria y de experiencia, manteniendo un silencio practicamente absoluto, con respecto al problema de sus formas políticas". Concluye con la afirmación de que "aquello que en Benjamin se limita a ser una imagen, en Trotsky se transtorma en estrategia política". Sin duda hay un elemento de verdad contenido en esta consideración, pero ver las concepcio"...Es más útil en el seno de la constelación del marxismo..." nes políticas del revolucionario ruso como si se trataran de la continuación de la filosofía del crítico alemán, significa resolver el problema de su relación mutua de manera un tanto simplista. Es más útil y es más correcto considerar a Benjamin y a Trotsky como dos figuras bien diferenciadas en el seno de la constelación del marxismo. Las correspondencias que hemos intentado evidenciar en sus escritos, suponen la prueba de que el marxismo puede enriquecerse contemporáneamente mediante una crítica romántica del progreso y con un análisis científico y racional del capitalismo (así como de las sociedades post-capitalistas), ante todo cuando ambos se unen en la perspectiva comunista de la superación de la realidad pre-
Benjamin y Trotsky constituyen dos fuentes fundamentales de inspiración para un pensamiento crítico y revolucionario cuya intencionalidad es la de intervenir en el mundo de ahora, de finales del siglo XX.
(Traducción: Alejandro Miguel Novaira)