Hace unos meses, Margaret Thatcher tuvo que dimitir para que su partido conservara una posibilidad de ganar las próximas elecciones. Esta dimisión ha sido posiblemente una secuela
, y sin duda también de la creciente inflación y, en general, el estado económico del pais... Pero, ciertamente, tambien ha jugado un papel la cuestión europea, que divide protundamente a la clase dirigente britanica hasta el punto de haber provocado una crisIs
Europa Occidental
La apuesta de la Unión Monetaria del "poll tax"
abierta en el Partido Conservador y en el Gobierno.
El caso británico es, posiblemente, el más espectacular teniendo en cuenta la radicalidad de las posiciones mantenidas por Margaret Thatcher. Pero en otros países la derecha tradicional se ha dividida también sobre este tema. Por otra parte, a menudo es esta incapacidad de algunos partidos de derecha para responder positivamente a este desafío lo que ofrece a la socialdemocracia el campo libre para presentarse como la única fuerza política europea coherente.
No obstante, hay que decir que esta situación es muy desigual según los países. La derecha alemana, por ejemplo, no está, evidentemente, fuera de juego a la hora de asumir plenamente la unificación europea. En otras palabras, las "derechas" europeas responden de manera diferente a esta cuestión en función de las presiones que se ejercen sobre ellas por parte de diversos sectores capitalistas. En los países en los que el mercado único de 1992 provocará una brutal reorganización del tejido económico, levantando todos los proteccionismos y liberando la competencia extranjera, algunos sectores de la derecha tradicional se aventuran a una crítica más o menos sistemática del proyecto de unión económica y monetaria. Lo cual no les resulta fácil, en la medida en que deben conciliar los intereses de una parte de su electorado con los de la gran industria y la banca. Pero ninguno de estos partidos puede pasar tranquilamente de sus relaciones con los pequeños y medianos empresarios, ni de una parte del electorado pequeñoburgués, a quienes el porvenir europeo inquieta. Por lo tanto, tienen que jugar con las dos barajas y encontrar una escapatoria haciendo responsables únicamente a la burocracia de Bruselas y a la Comisión Europea de los problemas que, según ellos, surgen de una unificación económica demasiado rápida. Es la clásica denuncia de "euro-dirigismo".
Sin embargo, todo eso conduce en realidad a la imposibilidad de un bloque
Las contradicciones del Estado "nacional" Lo que inquieta al maximo a personas como Thatcher en Gran Bretaña o Chi vención en la regulación de las relaciones sociales. La multiplicación de las decisiones, medidas y reglamentaciones que van siendo anunciadas como provenientes de "Bruselas" tienden a minar ciertos "consensos sociales" basados en la aceptación de las instituciones "nacionales". O bien estas últimas no aparecen ya como eficaces y creíbles, y, en contrapartida, el problema por resolver es el de la legitimidad "democrática" e politas de los funcionarios de Bruselas, en cuyo caso algunos eligen defender los valores "nacionales" contra los "liquidadores de la patria".
A fin de cuentas, esta falta de solución clara al problema de la transterencia parcial de soberanía de los Estados a las instancias comunitarias plantea serios problemas. Se puede ver ya en lo que se refiere a la pérdida total de cre dibilidad de ciertas políticas agrícolas El informe Delors.
ESE
NOTAS ina a ca, o lo el pone en sarrollo sociaso modelo escandinavo a veces sea presentado como la prolongación lógica del Acta Unica, firmada en diciembre de 1986, este nuevo proyecto requerirá una modificación del tratado
El plan Delors prevé tres "etapas" para llegar a la unión monetaria integral. La primera, en la que estamos, abierta el 1 de julio de 1990, tiene por objeto la convergencia de las políticas económicas y monetarias de los Estados miembros. Se abre con la libre circulación de capitales (cláusula prevista en el Acta Unica para la apertura del "gran mercado" de 1992). Debería permitir, en principio, la entrada formal de todas las monedas de la CEE en el Sistema Monetario Europeo (SME).
La segunda fase se presenta como una transición: una "fase de aprendizaje" que conduce a una toma de decisión colectiva, en la que la responsabilidad de las decisiones incumbe siempre, a todos los niveles, a las autoridades nacionales. Se tratará de una aproximación progresiva antes de instaurar una norma monetaria común, la puesta en común de una parte de las reservas de cambio, la reducción de los márgenes de fluctuación autorizados de las paridades relativas. Se pondría en marcha un órgano supranacional en el que se encuadrarían las políticas monetarias para coordinar la actividad de los bancos
La tercera etapa sería, finalmente, la de las paridades fijas irrevocables, la puesta en marcha de un banco central europeo único (bautizado ya como Eurofed), haciendo del ECU la moneda única del conjunto de la Comunidad. Las reservas monetarias de los bancos centrales serian puestas asimismo en
Este nuevo proyecto era en realidad una opción abierta desde el principio por los riesgos del Acta Unica. La libertad de establecimientos de bancos y de aseguradoras y la libertad de prestación de servicios abren, en efecto, una situación de extrema competencia, en especial debido a la existencia de fiscalidades diferentes en unos y otros países respecto al ahorro y al capital. Todo producto financiero ofrecido en un país, en las condiciones de éste, por un orga nismo bancario cualquiera, puede ser ofrecido libremente bajo la misma forma en todos los demás países de la Comunidad. Desde el momento en que el Acta Unica permita esta libre circulación de capitales, pueden producirse de golpe desequilibrios muy importantes por de competitividad o de movimientos de fondos en búsqueda de una colocación más rentable. Eso sin hablar de los ataques especulativos, siempre posibles, contra tal o cual moneda.
Existe, pues, un riesgo objetivo de pérdida de control, por parte de los Estados, sobre las masas monetarias. El desorden de la "libre circulación" necesitaba, pues, un nuevo orden monetario.
Y el riesgo de dar un resbalón no podrá descartarse definitivamente en el seno de la CEE hasta que no se alcance la tercera etapa del plan Delors. Progresos limitados ¿Cuáles son los progresos realizados en este sentido? En junio de 1989 la peseta española entró en el SME con un derecho momentáneo de fluctuación del 6% frente a otras divisas. En septiembre, la peseta y el escudo portugués pasaban a formar parte de la "cesta" que define al ECU.
En enero de 1990, la lira italiana, que participaba hasta entonces en el SME con un margen de paridad en torno al 6%, se hizo "mayor de edad" entrando en el renglón de base del 2,25%.
En mayo de 1990, el franco belga establecía una paridad fija con el marco alemán, a continuación lo hacía el florín holandés y en estos momentos el gobierno francés está pensando hacer pronto lo mismo.
Así pues, incontestablemente, en los últimos meses se ha visto un reforzamiento del papel del SME y una tendencia hacia las paridades relativas estables para algunas de las monedas interesadas. Y en octubre fue el turno de la libra esterlina para entrar en el SME, a pesar de las baladronadas anteriores del gobierno de Thatcher.
Estas evoluciones vienen dadas, esencialmente, por realidades industriales y comerciales concretas. Las interdependencias se acentúan, por ejemplo, con una parte de los intercambios exteriores globales en el seno de la CEE que sobrepasan por ahora el 50% del total de intercambios realizados por estos países. La cuestión monetaria es así la concreción lógica de todos los demás procesos europeos llevados a cabo desde hace tiempo. Pero el ECU mantiene un desarrollo privado aún muy modesto al no tener hasta ahora ningún tipo de funcionalidad en las transacciones generales: para ello hay que "romperlo" y optar entre una moneda u otra, con los gastos y los riesgos que ello conlleva. El plan Delors se fija como objetivo superar definitivamente esta dificultad.
Sin embargo, nada de esto permite por el momento reabsorber las contradicciones ocasionadas por el Acta Unica. Examinemos algunas de ellas:
* En tanto que el asunto no esté más avanzado, los riesgos inherentes a la separación entre movimientos de capitales y estallido institucional puede provocar graves problemas. Es el caso de la desigualdad e inestabilidad de las tasas de interés, fuente de los movimientos especulativos. Cuando, a principios de 1990, subieron los intereses en la RFA, el gobierno holandés decidió sacar al florín de su paridad fija con el marco.
* Y algo más problemático aún. En la Comunidad actual, los bienes y los capitales pueden circular sin retricción, mientras que los bienes de producción no cuentan con la misma movilidad. Los capitales son más móviles que las fábricas; las fabricas lo son más que la fuerza de trabajo. En consecuencia no se puede obtener "espontáneamente" un ajuste de los costes salariales a los diferenciales de la productividad
* Nadie sabe todavía cómo podrán ser controlados y regulados los déficits presupuestarios de cada Estado, tarea necesaria, sin embargo, durante la segunda fase de construcción de la UEM. Originalmente, el plan Delors preveía un control muy rígido desde Bruselas, pero nada permite pensar que la transferencia de competencias políticas que ello implica haya alcanzado un nivel tal. Todos los Estados tienen sus tradiciones en materia de control de la masa monetaria, políticas salariales, etc. No hay ningún indice de precios que se establezca con los mismos parámetros que otro. Además, nadie sabe exactamente cómo van a ser socialmente aceptadas, en algunos países, las draconianas políticas de reducción de los déficits (1).
* La amplitud de los problemas podría desembocar eventualmente en una UEM a dos niveles o en dos tiempos, reagrupando primero a países como la RFA, Francia, Dinamarca, Benelux y eventualmente Italia, en caso de que ésta consiga reducir su déficit presu-
A nivel nacional, existen importantes diferencias de resultados económicos entre unas regiones y otras. Pero, hasta el momento, los Estados han podido limitar los efectos desestabilizadores gracias, por ejemplo, a la relativa libre circulación de la mano de obra que en la mayoría de los países no choca con la cuestión lingüística. Han podido, asimismo, dedicar a ello medios nada despreciables para incentivos económicos y
Pero nada de esto existe hoy a nivel
2. "Financial Times", 26-11-90.
Se puede constatar, por ejemplo, con nferencia de Schengen sobre la lit
4. "Le Monde", 30-10-90.
5. Jacques Delors desearía un retraso menor.
6. "Le Monde", 30-10-90.
7. "Le Monde", 21-11-89 europeo. Los fondos de compensación no representan aún más que una suma irrisoria, la libre circulación de la mano de obra pertenece al terreno de la ficción y los diferenciales de inflación siquen siendo muy tuertes entre al menos los grupos de países. En tales condiciones no se ve cómo las importantes diferencias de resultados económicos entre Estados no van a llevar a corto plazo a la CEE ante una difícil elección: una UEM de dos velocidades según los grupos de países, o la aplicaciór Iraconiana de planes de reestructura ción que pueden desembocar en fortísimas tensiones sociales.
Es en cualquier caso significativo que en vísperas de la conferencia sobre la UEM, se propague la idea de un sub grupo de países que iría más rápido El presidente de Ba co Central altar, mente la idea de las "dos velocidades
Banco de Francial subgobernador del
Pero hará falta regular la distancia en re el terreno propio del Acta Unica (col
Lo como salan do a direnes
niveles y hacer con ellos un conjunto coherente? (3) Una moneda única La proposición británica de tener una moneda común junto al mantenimiento de piada Paras gobierno ha aer de trataba de intentar mantener el contro nacional sobre la masa monetaria. yecto Delors es un trayecto en el que no se quiere ninguna discontinuidad con el fin de evitar cualquier etapa que pueda constituir una detención en pre cario en el curso del proceso
¿Qué calendario? El plan Delors fijaba para el 1 de enero de 1993 la entrada en la segunda etapa. Esto no concitaba, ni mucho menos, la unanimidad, teniendo en cuenta las trampas a evitar y las dificultades a resolver de aquí a entonces. El ministro español de Economía, Carlos Solchaga, se destacó especialmente en este debate pidiendo que el paso se diera en 1994, alegando que España tenía necesidad de ese tiempo para poner al dia su nivel de competitividad con el de los países más avanzados. Los alemanes tueron quienes dieron conclusion a este punto: Helmut Kohl confirmó, en efecto, el pasado 17 de octubre, en una entrevista con una cadena de televisión francesa, que habría que elegir 1994 para la apertura de una segunda etapa de la unificación monetaria. Al hacerlo, abría un debate en el seno del "stablishment" alemán sobre los ritmos del proceso. El Consejo Europeo del 28 de octubre ratificaría esta fecha.
En cuanto a la tercera etapa, su horizonte no está definido. Las conclusiones del Consejo de octubre estipulan que los Doce tocarán el tema tres años después de entrar en la "segunda etapa", "a fin de preparar la decisión relativa al paso a la tercera fase que llegará en un plazo razonable" (4). Mitterrand subrayaría que, por su parte, desearía un plazo de cuatro a seis años, lo que llevaría a una unificación monetaria real alrededor de 1999 (5). Pero las incógnitas del recorrido son aún demasiado empezando por los efectos de la recesión americana y británica. ¿Quién dirige? En todo caso, nada de todo esto regula la cuestión de las intituciones y los Estados. Paralelamente a la Conferencia sobre la unión económica y monetaria, tendra lugar en diciembre de 1990 una conferencia sobre la unión política. El comunicado del Consejo Europeo de Roma, en octubre pasado, fijaba para esta reunión el objetivo de retorzar la capacidad de acción de la CEE, extendiendo sus competencias a otros sectores complementarios de la integración económica que son esenciales para la cohesión social. Todo esto para alcanzar lo más rápido posible una política común en materia de exterior y seguri-
Hoy se puede constatar, a la luz de la crisis del Golfo y de la cuestión de los "rehenes" cuán difícil es para los Doce definir sus intereses comunes.
Pero lo más complicado continúa siendo el asunto de las instituciones, que se encuentra en estos momentos en un lío total. Primer problema: ¿cuál puede ser el reparto de competencias entre la Comisión de Bruselas y los Estados nacionales? Segundo: ¿cuál debe
ser la responsabilidad del Parlamento Europeo? Por su parte, este último da lugar a una fuerte corriente que quiere crear un verdadero poder legislativo europeo, lo que restaría una parte importante de sus prerrogativas no sólo a la Comisión, sino también a los Parlamen-
Lo que se aplica hoy es el llamado principio de subsidiariedad. Las instituciones supranacionales no toman decisiones más que en aquellos aspectos en los que es necesaria una decisión general para un equilibrio de conjunto. Esta profesión de fe sirve para tranquilizar a los paladines de la soberanía nacional, pero en realidad el entramado de interdependencias es tal hoy en día que resulta cada vez más difícil tomar decisiones nacionales que no estén, como mínimo, sujetas al gran proyecto europeo. Progresivamente, todo dependera de las opciones macro-económicas que se elijan a nivel europeo por la Comisión y los gobiernos (empezando por los presupuestos y las políticas salariales).
En la mayoría de los Estados las instituciones parlamentarias se ven ante una política de hechos consumados y no pueden actuar más que a posteriori de las decisiones europeas (7). Así, se habla ya de una posible segunda Cámara europea que permita a las representaciones nacionales encontrarse directamente (una especie de Senado). Es, por ejemplo, la proposición de Chirac en Francia o del conservador Michel Heseltine en Gran Bretaña. Pero esta posibilidad, al reforzar la mediación de los parlamentos nacionales, conduciría a una reducción de la autoridad de la Comisión de Bruselas.
Los socialistas franceses, por su parte, han preferido proponer una Asamblea de parlamentarios europeos, constituida por representaciones de la Asamblea de Estrasburgo y las Cámaras nacionales, que se reúna antes de las grandes tomas de decisión europeas. Es lo que se ha hecho en Roma, a finales del pasado noviembre, para, al parecer, preparar las conferencias gubernamentales de diciembre sobre la UEM. Doscientos cincuenta y ocho diputados y senadores "nacionales" y sus colegas 'europeos" se han reunido para debatir, entre otras cosas, el famoso "déficit de mocrático" de las instituciones euro-
¿Senado europeo o conferencias interparlamentarias regulares? En realidad, tras estas dos posibles opciones hay dos proyectos radicalmente diferentes: el de una especie de confederación, atractiva para una parte de la derecha europea (la "Europa de las Naciones"), y el de un proyecto federal a largo plazo, sostenido principalmente por los so-
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cialdemócratas y los cristiano-demócraEl ilusionismo liberal El Acta Unica, propiamente dicha, es una profesión de fe ultraliberal. Muchos han querido ver en ella la señal irrefutable de una tendencia histórica hacia la reducción del Estado. Son en realidad tendencias contradictorias que operan a este nivel entre, por una parte, las necesidades de una reorganización mundial del capital y, por otra, la cuestión de los medios políticos para la regulación económica y la preservación de las relaciones sociales. Apenas se puso en pie, el Acta Unica puso a sus autores ante el problema de un nivel superior de instituciones para-estatales para responder a las nuevas necesidades europeas. La desregulación de los servicios públicos corre pareja con su privatización: abrir los mercados, realizar alianzas y proceder a nuevas concentraciones. Pero no ha sido el signo de un cambio de funcionamiento del capitalismo contemporáneo. El papel de las instituciones, del aparato de Estado, constituye más que nunca la piedra angular del sistema. Las tesis liberal-burguesas de estos últimos años dan fe de ello con el debate actual sobre la importancia del control político
8. A diferencia de otros casos, como el francés, en los que el banco central esta bajo las órdenes del gobierno. 9. Esto no impide a la misma gente proponer un sistema de banco central basado en el modelo americano: doce bancos coronados por una estructura federal... Si tal fuera la decisión, haría falta que, en última instancia, los doce bancos fueran independientes respecto a sus autoridades "nacionales" respectivas. Algo más fácil de decir que de hacer.
de los trastornos ocasionados por el
Volvemos a encontrar este asunto de las instituciones a propósito del estatuto del futuro Banco Central europeo. Los bancos centrales de los diversos países europeos tienen actualmente diferentes relaciones con sus Estados y sus autorilades políticas. Asi, parece haberse al anzado un acuerdo para que el futur Eurofed sea totalmente independiente, como lo es el Bundesbank alemán, por
¿Qué parte hay de doctrina y que parte de pragmatismo en esta elección? Se puede comprender bien que no habiendo resuelto nada del problema de las instituciones políticas de la futura UEM, los Estados europeo sean incapaces de ofrecer otra alternativa para el eventual Eurofed. Así pues, éste será "independiente" porque tal es la posición de los alemanes... y porque nadie sabe cuál podría ser, en caso contrario, la institución europea de tutela (9). Recesión sí o recesión no Otra particularidad del proyecto de UEM es la de querer utilizar este proceso para evitar la onda recesiva proveniente de Estados Unidos. La crisis de los años treinta condujo al hundimiento del Gold Exchange Standard basado en la libra esterlina, lo que había potenciado los brotes proteccionistas. Se necesitó toda una transición, desde el reforzamiento del dólar a partir de 1934 hasta los acuerdos de Bretton Woods, en
1944, que confirman la hegemonía mundial americana, para reencontrar un nuevo equilibrio monetario internacional.
Nos hallamos ahora en una situación al mismo tiempo análoga y diferente. En tanto que la crisis capitalista no está en absoluta resuelta y que la amenaza de recesión se refuerza, la pareja Alemania-CEE intenta con la UEM una operación monetaria audaz para resolver en beneficio propio los movimientos en curso en la economía mundial.
En la medida en que la única auténtica moneda de reserva internacional es el marco y no el franco ni la libra, la formación de una moneda europea que cumpla un papel clave en la reorganización del sistema monetario mundial se hará sobre la base de la divisa alemana. Es por eso que muchos invocan al respecto una "zona del marco" mejor
La idea consiste también en que, gracias a la unificación, la demanda alemana sobre el mercado europeo pueda dar lugar a un crecimiento global de la CEE que permita escapar a la ola recesiva. Pero la operación depende tanto del azar que es imposible decir si la economía alemana será capaz al mismo tiempo de resolver la operación UEM y la de la absorción de la RDA. Los costes reales de esta última son un misterio, o al menos un motivo importante de controversia. Lleva consigo un importante riesgo de inflación (a pesar de la decisión del gobierno federal de reducir el gasto público).
En el actual estado tormentoso de la economía capitalista, el desafío de la
UEM para volver a estabilizar el sistema monetario internacional aparece, pues, como una prueba de velocidad.
Un reto estratégico para el movimiento obrero. Podríamos tomarnos con alegría las dificultades a las que hace frente la burguesia europea para construir su unidad. En cualquier caso, seria sorprendente que la buena vieja regla de las contradicciones del capitalismo no estuviera a la orden del día en esta cuestión crucial. Sin embargo, es mucho más serio preguntarse si el movimiento obrero y el conjunto de los movimientos sociales van a ser capaces de tomar rápidamente el camino de la contraotensiva y de utilizar en su favor los factores de inestabilidad ligados a esta transición.
Es forzoso constatar que las principales (por no decir únicas) iniciativas de carácter reivindicativo a nivel europeo son las de los sindicatos del campo, lo que quiere decir fuerzas fundamentalmente burguesas y pequeño-burguesas. Favorecidos por la existencia desde hace mucho tiempo de una política de precios agrícolas claramente europeo, los sindicatos de agricultores han podido adoptar un cierto número de respuestas internacionales. El sindicalismo obrero, por su parte, está bien lejos de ello, por razones que tienen que ver con el conservadurismo y el chovinismo de sus burocracias. El peso de la socialdemocracia en el actual movimiento sindical europeo hace aún más difícil cualquier reacción independiente.
Sin embargo, se ejerce presión más allá incluso de sus esferas dirigentes. La construcción europea, tal y como se ve hoy, tiende a presentarse como de "sentido común", El movimiento obrero, al hablar del cual aquí entendemos a la vez las direcciones reformistas y el estado de organización y de conciencia de los trabajadores, está a años luz de lo que seria necesario hacer sin tardanza para responder a la ofensiva europea de las clases
Se combinan numerosos tactores y no es posible decir "a ciencia cierta" si los burgueses europeos serán capaces de realizar este proyecto de UEM. Pero, mejor que hacer futurología, es preferible enunciar un cierto número de parámetros ya existentes:
* Los sectores dominantes del capital, por razones estrictamente "europeas" y a causa de las reestructuraciones mundiales, quieren llegar a esta unificación económica y monetaria.
* Parte de las contradicciones y dificultades con que se encuentra el proyecto podrán, sin embargo, solucionarse si el movimiento obrero no opone ningún obstáculo al proyecto capitalista europeo en su conjunto. Una parte de las soluciones se encontrarán así en la capacidad de la patronal y de los gobiernos para hacer recular todavía más al movimiento obrero y hacer pagar el preclo de su Europa a las poblaciones.
* Una fuerte recesión mundial podría retardar el proyecto pero no forzosamente arruinario. Las razones estructurales de la unificación permanecerán a largo plazo.
* Si el proyecto no se culmina, especlalmente en las fechas previstas, eso no impedirá que las numerosas medidas parciales puestas ya en pie impliquen un duro golpe a las conquistas sociales y a la capacidad política de la clase * Aquí y ahora, en esta etapa del proyecto europeo de la burguesía, el movimiento obrero y los revolucionarios se ven confrontados a problemas estratégicos nuevos. ¿Cómo luchar hoy en Europa? ¿Qué formas de solidaridad continental hay que buscar? ¿Qué proyecto político y organizativo debe tener la izquierda revolucionaria si quiere responder a estos nuevos retos?
(Traducción: Antonio Flórez)