democracia , pluralismo en el marxismo clásico
Los nombres de Leon Trotsky y de Rosa Luxemburg han sido asociados a menudo, a veces con razon y a veces equivocadamente. Se ha dicho, lo que es talso, que compartian antes de 191/ la misma concepción de las perspectivas revolucionarias en Rusia, defendiendo la idea de la revolución permanente. Se ha señalado también, más adecuadamente, que sacaron conclusiones tácticas similares de los acontecimientos de 1905; que compartían la misma vigilancia precoz hacia el dearrollo del conservadurismo y la inercia organizativa en el seno del socialismo europeo; que creian ambos que para combatir ese veneno el antídoto más eficaz era la lucha de masas. Partidarios convencidos de la autoactividad de las masas, confiaban en ella para contrarrestar la burocracia del partido.
Debate
Partido,
Probablemente estos dos revolucionarios son más frecuentemente asociados porque criticaron a Lenin de forma semejante en 1904, tras la escisión entre bolcheviques y mencheviques, y ello precisamente en nombre de la autoactividad de las masas. Sobre esta cuestión versa mi estudio. En efecto, si la exis tencia de esta crítica es ampliamente conocida, no ocurre lo mismo con los textos en los que se llevó a cabo, lo que hecho generalmente imposible el análisis de lo que tenían en realida de común, tanto en su alcance general como en los detalles de la argumentación. Ha sido necesario esperar unos setenta y cinco años para que "Nuestras Tareas Políticas", ', de Trotsky, sea traducido y publicado en las principales lenguas con excepción de algunos especialistas, europeas. Hasta hace no se conocía este texto mas que de forma indirecta: algunas de las ideas que se expresan en él, algunas citas, sobre todo un pasaje sobre la lógica del "substitucionismo", a menudo mencionado y generalmente sacado de la obra de Isaac Deutscher.
El destino de "Nuestras Tareas Políticas" no tiene nada de sorprendente, si se sabe hasta qué punto la difusión de los escritos de Trotsky ha podido depender de sus discípulos. No consideraban en efecto su republicación como una prioridad, lo que era conforme a la actitud del propio Trotsky, reticente hacia esta obra. No se encuentra, de hecho, más que una pareja de referencias directas a este libro en los escritos de los últmos años de su vida. Trotsky habla, en la primera, de la falta de madurez de este texto y del carácter inexacto de su crítica de Lenin, incluso admitiendo que describe con justeza la menépoca, imbuídos de los principios del centralismo hasta el punto de no fundar ya su acción en el apoyo de los traba-
En la segunda referencia da un juicio severo, sin reservas. en 1939, que sobre el problema de la organización, "Nuestras tareas políti-
"desarrollaba puntos de vistas cercanos a los de Rosa Luxxemburg", que califica de "errores"(1).
Es cierto que su obra se parece mucho a "Cuestiones de organización de la Socialdemocracia rusa", de Luxem burg. Basta compararlas para convencerse de ello. No voy a estudiar el conjunto de estos puntos comunes, sino consagrarme al análisis de un aspecto particular e importante de esta convergencia. No pretendo determinar en qué Trotsky y Luxemburg se equivocaban, o en qué sus críticas podían estar justificads, cuales eran sus puntos débiles en relación a Lenin, o el carácter premonitorio de sus escritos en lo que hace a la evolución posterior del Partido bolchevique. Todo esto ha sido ya más de una vez hecho. Querría más bien iluminar una ambiguedad que se manifiesta en sus posiciones, en sintonía con algo indiscutiblemente válido, y que afecta al concepto de partido -referido a la cuestión de la representación política de la clase obrera-. Añadiré
Norman Geras. también que esta ambiguedad, muy a menudo presentada como una característica específica de la idea leninista de vanguardia revolucionaria, remite en realidad a una ortodoxia mas antigua que Lenin compartía con sus críticos marxistas. Precisemos a continuación que no busco invalidar sin recurso posible el marxismo revolucionario como tal. Pero existen claramente algunas cuestiones que no han sido más que imperfectamente tratadas y resueltas en la doctrina clásica, incluso cuando ésta reivindica con fuerza la democracia socialista y habla en nombre de la autoemancipación de la clase obrera.
Comencemos por un pasaje sacado de las "Cuestiones de Organización", en el que Rosa Luxemburg subraya la naturaleza "contradictoria" de la lucha por el socialismo: "El avance universal del proletariado hasta su victoria es un proceso, cuya particularidad consiste en que aquí, por vez primera en la historia, las masas populares imponen ellas mismas y contra todas las clases dominantes su voluntad, que debe estar fundada en él más allá de la sociedad presente, sobrepasando ésta. Sin embargo, las masas no pueden formar esta voluntad en otra parte que en la lucha cotidiana con el orden existente, es decir sólo en ese marco. La fusión de la gran masa popular con un objetivo que va más allá de todo el orden existente, de la lucha cotidiana con el derrocamiento revolucionario, es la contradicción dialéctica del movimiento socialdemocrata que debe avanzar consecuen-
NOTAS. (1). Trotsky, Stalin, tomo 1, 10/18, Paris 1977, › 130. "Le trotskysme et le PSOP" (1939) Jeuvres ILT, Paris 1986, vol 21, p. 276 (2). "Questions d'organisation de la socialdémocratie russe". en Trotsky, Nos tâches politiques, Belfond, Paris 1970, p. 224 (3). "Réforme sociale ou révolution", en Luxemburg, Oeuvres, I, Maspero, Paris, 1976, (4). Trotsky, Nos tâches politiques., p. 161 (5). Ibid., p. 125-7. (6). "Questions d'organisation", p.225 (7). Nos Tâches politiques, p. 122. (8). "Questions d'organisation", p.212 (9). Nos tâches politiques, pp. 149-150 y 1 (10). Ibid, pp. 126-128. (11). "Questions d'organization" p 210-6 (12). Ibid. p. 224-5 Ver también "Reforme sociale ou révolution". p. 89. (13). Trotsky, Rapport de la délégation sibérienne, Spartacus, Paris, 1969, p. 64.
temente entre dos escollos: el abandono del caracter de masas y la renuncia al objetivo final, entre la recaída en la secta y la caída en el movimiento de re-
No era la primera vez que Rosa Luexpresaba así esta idea. Volvía, casi al pie de la letra, sobre un de su precedente "Reforma o revolución", obra célebre en la que salcuentas con el revisionisSe puede pensar que Trotsky conocía al menos uno de estos textos, pues hace alusión a Rosa en su polémica contra Lenín(4). Tenía presentes estas líneas cuando redactó "Nuestras tareas políticas", o sencillamente retomaba un elemento familiar de la herencia marxista -el tema del proletariado a la vez producto y sepulturero del capitalismo; formado por él, en su seno, y sin embargo portador de su superación
Sigue siendo cierto que hay un paralelismo llamativo entre la forma en que Luxemburg definía el doble escollo del reformismo y del sec-
By la que Trotsky, en Rusia, comparaba a los "economicistas" y a quienes acusaba de "sustitucionismo". La lógica del "sustitucionismo". Trotsky aborda esta cuestión desde el punto de vista de la conciencia y de los intereses objetivos de los trabajadores: "Entre estos dos factores -el hecho objetivo de su interés de clase y su conciencia subjetiva- se extiende el terreno inherente a la vida, el de los enfrentamientos y golpes, errores y decepciones, vicisitudes y derrotas. La perspicacia táctica del partido del proletiariado se sitúa por entero entre estos dos factores y consiste en acortar y facilitar el camino de uno al otro... El partido se apoya en el nivel de conciencia actual del proletariado; tomará parte en cada acontecimiento político importante, esforzándose en orientar su dirección general hacia los intereses inmediatos del proletariado y, lo que es aun mas im portante, esforzándose por realizar su inserción en el proletariado por elevación del nivel de conciencia... Cuanto más grande es la distancia que separa los factores objetivos y subjetivos... más natural es la aparición en el Partido de "métodos" que, bajo una forma u sólo manifiestan una especie de pasividad ante las colosales dificultades de la tarea que nos incumbe. La renuncia política de los "economicistas", igual el "substitucionismo político" de sus antípodas, no son sino una tentativa del joven partido socialdemócrata de "trampear" con la historia".
Para Trotsky, ni los "economicistas".
"políticos" se enfrentaban verdaderamente al problema: la elección de una táctica que permitiera llenar el vacio entre la conciencia del proletariado y el socialismo. Los "economicistas" se limitaban a tomar en consideración sus intereses subjetivos, remitiéndose para todo lo demás al desarrollo natural de los acontecimientos, marchando en consecuencia "arrastrados por ellos", la "cola de la historia". Los "políticos" tomaban como punto de partida los intereses objetivos de la clase obrera, y
, seguros de ello, actuaban en su lan
intentando transformar la historia su propia cola"(5).
Rosa Luxemburg, por su parte, reprochaba a Lenin y a sus partidarios en términos muy similares, señalando irónicamente que: "el 'mí' del revolucionario ruso... se proclama de nuevo el demiurgo omnipotente de la historia",
"subjetivsmo que ya ha jugado a menudo alguna mala pasada el pensamiento socialista en Rusia". (6). Pero hay algo más importante que estas similitudes literarias fortuitas verdadera convergencia En sus contextos vos, estos dos pasajes de Luxemburg y Trotsky tienen, de hecho, el mismo alcance teórico. Tienen la ambición de presentar una concepción de fondo más adecuada que la de Lenin, tomando el contrapie de sus tesis, término a término, en tres cuestiones interdepen-
La primera de estas tres parejas de términos contradictorios está expresada en la consigna de Nuestras Tareas Políticas: "¡Viva la autoactividad del proletariado! -¡Abajo el sustitucionismo político!"-(7). Se ha destacado ya tantas veces, que se ha hecho banal. Basta con señalar aquí que tanto Luxemburg como Trotsky acusaban a Lenin de sectarismo. En el espacio político - definido de forma dinámica- entre por una parte el proletariado, su conciencia y sus luchas y, por otra parte, el objetivo final del socialismo, le acusaban de estar demasiado alejado del primero por sus certidumbres, y demasiado seguro de sus medios para alcanzar el último. Para Rosa Luxemburg, el movimiento socialista era el primero en la historia en basarse en la "organización y la acción directa de las masas", pues "no existe tactica ya elaborada en todos sus detalles que un comité central pudiera enseñar a sus tropas, como en un cuartel". Ahora bien, daba a entender que las tesis de Lenin implicaban precisamente la existencia de tal comité
Trotsky, era preciso
Igualmente, para "buscar la garantía de la estabilidad del partido en su base, en el proletariado activo y actuando de forma autónoma". Denunciaba las concepciones "absolutamente fantásticas" "puramente racionalistas" para las que el partido: sólo podría desarrollarse gracias al "comité central (que) saca lógicamente de las premisas conocidas deducciones nuevas en materia de táctica y de organi-
zación" (9).
pareja de términos tradictorios no es sino el corolario institucional de la primera. Opone las exigencias de la democracia socialista a las del centralismo organizativo de Lenin. Aquí también, el punto de vista de las críticas a Lenin es suficientemente conocido para no entretenernos en ellas. El pasaje más célebre de "Nuestras Tareas Políticas" es el que prevé que: "la organización del partido" va a 'sustituir" al propio partido, luego el comité central a la organización del Partido y finalmente un "dictador" al pasaje sigue inmediatemante al que presenta el "sustitucionismo" el "economicismo" como hermanos gemelos(10). Las reflexiones de Luxemburg sobre lo que llama el "ultracentralismo" de Lenin no son diferentes. Ve en él "un espíritu estéril de vigilante" que intenta "controlar la actividad del partido, y no fecundarla; a estrechar el movimiento más que en desarrollarlo; en yugularlo, no en unificarlo" (11).
Rosa y Trotsky se reclamaban bos, contra Lenin, de las normas de la democracia socialista. Ahora bien, aunque este tema también aparezca como familiar sigue siendo problemático, y es precisamente de él del que quiero haeste artículo. Para ello, nos hace falta llegar a la tercera y última pareja de los aludidos términos contradictorios. Por lo que se, hasta ahora ha recibido bastante menos atención que los precedentes. Se trata, podríamos decir, de la oposición entre dos concepciones politicas, una histórica y otra formalista. Es en Trotsky donde he encontrado los términos precisos de esta antítesis, pero veamos en primer lugar como Luxemburg aborda el problema. Refuta la idea de que el oportunismo no seria mas que un cuerpo ex traño, introducido en el seno del movimiento obrero por fuerzas que representan a la burguesía. Comparte, sin embargo, el punto de vista según el cual el oportunismo mina la independencia de clase del movimiento obrero, le somete a las ambiciones y a los intereses burgueses. Admite también que en su raíz se encuentran sobre todo los numerosos elementos no proletarios, que gravitan alrededor de la socialdemocracia en una sociedad capitalista en vías de descomposición; aunque añada que el deber de la socialdemocracia no es expulsarlos sino aprender a integrarlos correctamente a una política socialista revolucionaria, tomando en cuenta las causas de su descontento. Dicho esto, sostiene que el oportunismo tiene también como fuente la naturaleza misma de la lucha por el socialismo, como aparece claramente en el pasaje de las "Cuestiones de organización... " citado al comienzo de mi artículo. Juzga, en términos marxistas, que el fundamento irremplazable de este combate es la "voluntad" de la clase obrera. Ahora bien, esta voluntad política se forma y se desarrolla en el seno de la sociedad burguesa y en luchas que no pueden dejar de estar influenciadas, positiva y negativamente, por este marco original Ideas falsas y errores se engendran así, o al menos se fomentan. Sólo al calor de la experiencia el movimiento socialista puede hacer su aprendizaje. El subjetivismo de Lenin. Tenemos que hacer una reflexión "dialéctica". Cuando aparece en "Reforma o revolución", remite al "Dieciocho Brumario", de Marx, que presenta la autocrítica implacable como una parte integrante de la revolución proletaria. Sea lo que sea, Rosa Luxemburg reprocha a Lenin, en nombre de este argumento, la "llusión completamente a histórica" seqún la cual sería posible protegerse de una vez por todas de las ofrece efectivamente "armas destructoras" contra tales errores, "no pueden ser prevenidos a priori" pues "provienen de las condiciones sociales" en las que se baña el movimiento obrero. Visto bajo este oportunismo aparece como "un producto del propio movimiento obrero", como "un momento inevitable de su evolución histórica". En Rusia, debe ser en una gran medida la consecuencia del "tanteo y la experimentación de nuevas tácticas, hechas "inevitables" por condicio-
"singulares y sin precedentes". Es pues, "tanto más raro", según Rosa, creer que se pueda desde el comienzo "prohibir en un movimiento obrero... el nacimiento de corrientes oportunistas mediante tal o cual formulación de los estatutos de organización", que se pueda exorcizarlo "mediante tales métodos oficinescos"(12).
Se encuentra el mismo argumento, más elaborado, en el joven Trotsky. Ya en 1903, antes de la primera aparición del texto de Luxemburg, su "Informe" sobre el segundo congreso del Partido ruso (que condujo a la escisión entre bolcheviques y mencheviques) hacía referencia al "formalismo Lenin. Por una parte, Trotsky designaba precisamente en él lo que Luxemburg deploraba en las páginas que acabamos de estudiar: el "sueño burocrático", "el descubrimiento del más seguro remedio estatutario contra el oportunisreglas de funcionamiento del Partido(13). Pero, de forma más general, se enfrentaba a un comportamiento sectario provocado por una re-
14). Ibid, p. 61-62
15). Nos tâches politiques, p-128. 92
(16). Trotsky, Programme de Transition. La
Brèche, Paris, 1978, p. 19-20, 59-61.
(17). Nos tâches politiques, p. 52-53.
(18). Nos tâches politiques, p. 57,72-73, 79,
148 y sig
(19). Trotsky, Nos tâches politiques, p.50;
Luxemburg, "Questions...
", p 224, "Réforme sociale ou révolution" p. 86-87
Rosa Luxemburgo en 1907, durante un mitin contra las amenazas de guerra acción demasiado unilateral contra el "economicismo". Pensaba que los partidarios de Lenin sólo se fijaban en la forma y no en la sustancia de la política y de la organización revolucionarias, no viendo, sobre todo, en la atención concedida por los "economicistas" a las luchas cotidianas más que un error puro y simple. Escribía que "para muchos camaradas, la 'política' y el 'centralismo' no tienen más que un valor puramente formal, no son sino la antítesis del 'economicismo' y del 'diletantismo". Señalaba que la agitación política se llevabaa cabo con la ayuda de fórmulas estereotipadas "demasiado poco ligadas con la vida concreta y las exige el claras de mismo as rece
"el centralismo mismo aparece para muchos camaradas, no como la síntesis de las tareas locales y nacionales sino de forma abstracta, como una forma que se basta a sí misma" Trotsky insinuaba que numerosos bolcheviques no eran sino "economicistas" que habían reemplazado su error original por su contrario, sin por ello abandonar el terreno de la abstracción. Resumía su punto de vista en estos términos: "Si antes, durante el período 'economicista', estos camaradas no podían sionales particulares quiteses , ore.
servian, con as tareas generales de la política de clase que ignoraban, hoy, en la época
"política", se demuestran incapaces de ligar las tareas de la lucha revolucionaria política (que en el fondo sólo reconocen formalmente) con las reivindicaciones inmediatas, cotidianas, y en particular, con las necesidades profesionales, limitadas. Si antes, en el tiempo del 'diletantismo', no podían o no querían ligar en su conciencia las tareas de detalle local con la necesidad de crear un aparato central de combate, común a todo el partido, ahora, en pleno 'centralismo', hacen total abstracción, en sus juicios y sus resoluciones sobre aparato, de toda la complejidad práctica y del carácter concreto de las tareas que debe llevar a cabo el Partido; tareas con las que el aparato organizativo debe estar de acuerdo, tareas que son las que permiten a este aparato la existencia. Por esta razón... el 'centralismo' unilineal, es decir, puramente formal, de Lenin tenía como más cálidos partidarios a algunos ex-'economicistas"(14). Las raíces históricas del oportunismo. No es ciertamente necesario insistir aqui sobre la similitud entre los argumentos adelantados por Trotsky en su "informe", y la forma de la qué le hemos visto hablar del "sustitucionismo"
en "Nuestras tareas políticas". Caracteriza el método bolchevique •como la pretensión de utilizar "la fuerza abstrac ta de los intereses de clase del proletariado y no la fuerza real del proletariado consciente de sus intereses de clase". Le opone otro planteamiento para el cual: "el partido sólo es capaz de crecer y de progresar continuamente mediante la interdependencia" de lo que llama "la voluntad" y "la conciencia"; sólo comenzando a existir "allí donde, sobre la base de un nivel de conciencia dado, organizamos la voluntad politica utilizando métodos tácticos que corresponden al objetivo gene-
Aquí, lo que merece ser tratado un que existe entre estos dos escritos de juventud, y el documento programático que Trotsky escribirá tres decenios más tarde, para la conferencia de fundación de la Cuarta Internacional, en 1938(16). La continuidad que se afirma entre estos escritos es a menudo ignorada, particularmente por los discípulos del autor, pues, mientras polemiza contra Lenin en los primeros, redacta el último como leninista convencido. Es un error actuar así. En esta cuestión, sobre todo, hay en efecto una similitud profunda tanto en la forma como en el contenido del razonamiento. Trotsky parece haber afirmado con la misma fuerza, en su juventud y en su madurez, la necesidad de descubrir cómo establecer el lazo, entre, de una parte, el programa y la organización revolucinarias y, de otra parte, las reivindicaciones inmediatas y la concienca popular de la clase obrera.
Volvamos ahora a la tercera pareja de térmnos contradictorios, la que opone concepciones formalistas e históricas. Una buena parte de la sustancia de "Nuestras tareas políticas" afecta precisamente a este problema táctico extremadamente complejo. Trotsky acusaba entonces a Lenin y sus partidarios de descuidar esta cuestión fundamental, dando pruebas de un espírtu sectario, creyendo que la sabiduría y el éxito político les serían concedidos por su conocimiento de la doctrina marxista. Está claro que Trotsky no ponía en cuestión los méritos de esta última, pero rechazaba cualquier pretensión de ser su poseedor exclusivo. Ante todo, ponía en cuestión, como Luxemburg, la dea de que el marxismo podría constituir una protección total y permanente contra los errores políticos. A decir verdad, algunos pasajes entre los más convincentes de su texto -y cuyo interés sobrepasa su marco histórico inmediato- tratan sobre este asunto. Señalaba que, hasta entonces, en todos los conflictos internos a la socialdemocracia rusa, cada corriente se había reclamado de los intereses de clase del proletariado para afirmar la legitimidad de sus posiciones. Era el tributo que pagaba al marxismo un sector de la intelligentsia revolucionaria. Todos acusaban ritualmente a sus adversarios de "traicionar inconscientemente a la clase burguesía. Trotsky reconocía que había en ello un cierto aspecto positivo. Reclamarse de un valor común tiene una función regu-
Esto autoriza la existencia y superación de divergencias que no provocan escisiones. Pero no dejaba de calificar como "primitiva" esta forma de discutir; cada nueva tendencia "lanza el anatema" sobre las demás y afirma que no representan nada más que una "grosera desviación del camino... una de errores". Se rebelaba contra esta costumbre, que permitía barrer de un revés corrientes políticas enteras, y preconizaba el recurso al "punto de vista histórico" en las cuestiones que interesaban al desarrollo interno del Parti-
Trotsky no negaba la existencia de tendencias políticas atestiguan los reproches que dirigía a los "economicistas" ques. Pero intentaba comprender existencia en función de la experiencia histórica concreta del movimiento ruso. Admitía, en consecuencia, que tenían un cierto carácter inevitable. A la vez que ponía en guardia contra la peligrosa dinámica de tales errores, reconocía que estas tendencias manifestaban también rasgos positivos -los "economidemostraron ser capaces de despertar a "amplias capas del proletariado" y llevar a cabo un verdadero trabajo de masas, incluso si no se trataba aún de una intervención política propiamente socialista; la Iskra había llevado a cabo una lucha tenaz para ganar al marxismo y a la causa del proletariado a una parte de la intelligentsia, aunque exageraciones típicamente bolcheviques y su acción no esdirectamente hacia el proletariado. Para Trotsky, una u otra de estas tendencias recientes habría significado, simplemente, rechazar una cultura política adquirida al esfuerzos. Por un ado, "cada período segrega su propia rutina y tiende a imponer sus propias tendencias al movimiento en su conjunto". En este marco las desviaciones y errores se producen y amenazan con afectar al movimiento si éste no. es puesto en guardia: una forma de acción política válida, pero específica, puede ser poco hábilmente puesta en práctica más allá de su campo legítimo de aplicación, o demasiado tiempo mantenida Volviendo a las palabras de Trotsky: "cada proceso parcial en la lucha de clase general del proletariado... rrolla sus propias tendencias inmanentes; sus propios métodos de pensamiento y tacticas, sus propias consignas y su propia psicología específica...
Cada proceso parcial tiende a sobrepasar sus límites (definidos por su naturaleza) y a imprimir su táctica, su pensamiento, sus consignas y su moral, al movimiento histórico entero desencadenado por él. Los medios se rebelan contra el fin, la forma contra el contenido" (18).
Nos encontramos ante una dialéctica de conjunto, en la que la experiencia, la experimentación y el error permiten ajustes y correcciones críticas, a la vez que el entorno social y la inercia del propio movimiento engendran concepciones falsas. Trotsky y Luxemburg se reivindican, contra Lenin, de esta dialéctica, en nombre de una sensibilidad histórica que juzgan más aguda, como si este último, completamente ocupado en asegurar su control sobre la socialdemocracia rusa, ignorara hasta su existencia, o quizás, simplemente, se negara a verla. Muchos son quienes piensan que así era Lenin. También son muchos quienes ponen en duda o niegan la pertinencia de este retrato. Dicho esto, hay un aspecto de la argumentación de Trotsky y Luxemburg que merece ser atentamente analizado, independientemente del juicio que se tenga sobre los defectos y méritos de Lenin. Este aspecto interesa en primer lugar a cualquier reflexión marxista contemporánea sobre la democracia socialista, aunque fuera seriamente limitada por la ortodoxia entonces en vigor.
Oponiendo sus posiciones a las de Lenín, sobre las corrientes "economicistas" y oportunistas, Trotsky y Luxemburg hablan de tendencias reformistas que les son profundamente antipáticas, contrarias a su propia naturaleza, y cuyas concepciones rechazan categóricamente. Desde su propio punto de vista teórico, se trata de tendencias políticas cuya lógica interna conduce a sus partidarios, en último romper con la causa proletaria, incluso con el propio proletariado, y a embarcarse en una vía burguesa cada vez más lejos del socialismo(19). Y sin embargo, ambos juzgan que sería demasiado unilateral y ahistórico contentarse con tal caracterización. Se niegan a no ver en estas corrientes más que traidores o cuerpos extraños al movimiento obrero. Están en el error, pero este error tiene como fuente el propio movimiento, es un elemento de su propia experiencia y no algo impuesto desde el exterior. No hay intrusión ilegítima. El movimiento tiene el derecho de cometer errores; tal es por otra parte su destino, tan confrontado está a obstáculos de todo tipo -materiales, políticos e ideológicos- que debe reflejar su existencia. Formulemos la misma idea de forma diferente. Estas tendencias pueden tener errores, factores de división, y seguir siendo sin embargo una componente legítima del movimiento obrero. Pueden expresar la exageración in-
(20). "Questions d'organisation", p.212-213, (21). Nos tâches politiques, p. 141, 170 (22). Ibid,p. 198-202. (23). "La revolution russe", en R. Luxemburg, Oeuvres II, p. 83-84. (24). Ver Monty Johnstone, "Marx and Engels and the Concept of te Party", en Ralph Miliband and John Saville (eds). The Socialist Register 1967, London, p. 122; y David McLellan, The Thought of Karl Marx: An Introduction, London, 1971, p. 167. (25). Carta de Marx a Ferdinand Freiligrath; 29 febrero de 1960, Marx Engels Correspondance, tomo VI, 1860-1861, Editions sociales, Paris 1978, p. 99-100, 106.
justificada de una verdad parcial, o algo que no resiste la crítica marxista. Pero no son sin embargo abstracciones teó ricas. Son corrientes reales, que exis• por una decisión burocrática impuesta desde arriba, aunque mente fundada. Sólo pueden ser realmente superadas por procedimientos El pluralismo marxista riza la expresión de puntos de vista diferentes, incluso cuando se piensa que podrian comprometer (en lo inmediato o tendencialmente) el objetivo mismo del socialismo. No voy a defender más adelante este principio pluralista. Me contentaré aquí con apoyarle con el balance de los países del "socialismo realmente existente". Este balance habla por sí mismo y muestra, ejemplo negativo, la importancia de tal pluralismo, -importancia confirmada, positivamente esta vez, por una vasta literatura de filosofía política y moral-. Este principio no es invalidado porque a menudo esté defensa de la propiedad privada. Tampoco cuando es incorporado a una perspectiva claramente socialista, como en lo que a mí Puede ser liberado de toda justificación del capitalismo. Ninguna forma auténtica de democracia es posible sin su res. peto. Lo que querría estudiar ahora es la traducción institucional del principio democratico_y pluralista, tal y como lo enfocaban Trotsky y Luxemburg en su polémica con Lenin. Qué normas institucionales proponian concretamente, si es que proponian alguna -sobre la or. ganización y la representación de la clase obrera, la responsabilidad de los dirigentes políticos...- que pudieran dar cuerpo a su planteamiento general.
Como se podía prever, visto el conban por oponer a Lenin su propia consegún ellos, del centralismo socialdemócrata. Debía, para ellos, reposar en la voluntad y la iniciativa de los militantes de base del Partido y no ser simplemente dictado desde arriba por un organismo dirigente. Para Rosa Luxemburg: "no habría que fundarse ni en la obediencia ciega, ni en una subordinación mecánica de los militantes bajo un poder central... Es, por decirlo así, un "autocentralismo"... el reino de la mayoría en el interior de su propio partido". Debe asegurar "la coordinación, la unificación del movimiento, pero en ningún caso su
sumisión a un reglamento rígido"(20). Trotsky, por su parte, deplora esta forma de pensamiento en el que la "cúspide de la organización" aparece como el centro de la conciencia social-demócrata, y, por debajo, no hay sino "ejecutantes disciplinados de las funciones técnicas". El centralismo, para no ser autocrático, "supone la participación activa de todos los miembros en la vida del Partido entero"(21).
Por otra parte, Trosky evoca esquemáticamente lo que podría ser la democracia proletaria en el período transformación socialista. Refiriéndose a la experiencia de la Comuna de Paris, considera que "para preparar a la clase obrera para la dominación política", hay que "cultivar su autoactividad, la costumbre de controlar activamente, permanentemente, a todo el personal ejecutivo de la Revolución". Además, defiende explícitamente la exigencia del pluralismo. Denunciando las concepciones organizativas blanquistas y la noción jacobina de dictadura, señala que el proletariado en el poder se verá concon problemas "colosales" "Las tareas del nuevo régimen tan complejas que sólo podrán ser resueltas por la competencia entre diferentes métodos de construcción económica y política, por largas "discusiones", por la lucha sistemática, lucha no solo del mundo socialista con el mundo capitalista, sino también lucha de las diversas corrientes y diversas tendencias en el interior del socialismo: corrientes que no dejarán de aparecer inevitablemente en cuanto la dictadura del proletariado plantee, por decenas, por centenares, nuevos problemas insolubles por adelantado".(22) No se encuentran observaciones comparables, sobre la fisonomía del poder proletario, en el ensayo de Luxemburg. anticipan sin embargo a puntos de vista que ella misma expresará en 1918. La ironía de la historia quiere que Rosa critique entonces a Trotsky, y no sólo a . Lenin, por razones que nos son bien
"La condición que implica tácitamente la teoría de la dictadura según Lenín y Trotsky es la siguiente: un levantamiento socialista es algo para lo que el partido de la revolución tiene bajo la manga una receta preparada... Desgraciadamente, o si se quiere feliz-
Tierra nueva. Mil las correcciones y la apertura de nue Sólo la experiencia vías. Sólo una vía ardiente y sin trabas se difracta en mil formas vas, en mil improvisaciones.... ella misma todos sus errores"(23). Dos ideas sobre el partido. Sin embargo, si nos atenemos a las obras que nuestros autores escribieron hasta 1904, hay que reconocer que más allá de las indicaciones muy generales mencionadas antes, sólo se encuentra disposición institucional, que cabe entera en una corta frase: "el Partido del proletariado". Subrayo intencionalmente artículo definido, pues corresponde bien a lo que Trotsky y Luxemburg pensaban sobre ello. A pesar de su compromiso pluralista, bastante extrañamente, no contemplaban la existencia mas que de un único partido que representara los intereses de la
Hay ahí una forma de abordar el problema y una terminología que se encuentra, desde el origen, en estado endémico, en el marxismo, desde Marx y Engels hasta las modas intelectuales de hoy. Afectan incluso a quienes no pueden ser sospechosos de
Cuento con enfrentarme a esta concepción, y vale más precisar enseguida mi intención para evitar ser confundido con críticos de otra natura-
No quiero sugerir que el marxismo clásico era portador de una visión monolítica del poder proletario, que Marx, Engels y sus discipulos mas proximos tenían de la transición al socialismo una concepción que no dejara oposición política, a las diferencias de opiniones y a la disidencia. No era ese el caso. Hemos visto que Trotsky deabiertamente lo contrario, y no hay ninguna razón para considerar sus opiniones atípicas. Se ha dicho a menudo, con razón, que nada en esta tradición comprometía a sus representantes a adoptar la noción de Estado-partido único; sin embargo, nada expresa tampoco la exigencia de pluralidad de partidos. Estamos confrontados en este terreno a un silencio de hecho. En consecuencia, puede parecernos normal considerar que las reflexiones de Trotsky sobre el pluralismo autorizan la multiplicidad organizativa. Pero, no obstante, no se puede ignorar que los marxistas, en esta época, no tenían la costumbre de pensar en estos términos. En lo esencial sus opiniones tendían, por el contrario, a identificar en un solo partido político la representación de los intereses de la clase obrera. El acento se ponía sobre la unidad organizativa. Se puede ciertamente recurrir a diversos argumentos históricos, ideológicos para explicar esta identificación y para mostrar que no había ahí nada de reprensible. Queesta tradición ha engendrado una forma de lenguaje hoy asociado a otro universo conceptual y político, represivo, y que ha perjudicado grave-
La la causa del socialismo. Es bueno pues que los marxistas echen una mirada crítica sobre sí mismos y reconozcan no sólo los factores históricos de los que son producto, sino también sus propias limitaciones teóricas.
. Abordamos aquí una cuestión que nos es ya familiar. Se ha hecho común señalar que en muchos terrenos Marx no dijo casi nada -o nada muy preciso-. Es el caso sobre todo de la dictadura del proletariado y esto fue así más o menos hasta 1917. Marx y sus discípurazones para proceder así: evitar complacerse en especulaciones. No hay pues nada de particularmente nuevo en reconocer la existencia de esta laguna teórica. Pero hoy ya no es posible invocar tales motivaciones antiespeculativas para no llenarla. En lo que concierne a la representación política del proletariado, no se puede ya aceptar sin otra forma de proceso toda la herencia del marxismo clásico. Hay que preguntarse particularmente sobre una cierta manera de tratar este asunto, una forma de pensar y de hablar del partido como una entidad única. Está ahí toda una experiencia histórica, que ha aportado una respuesta burocrática y autoritaria a este problema, que aclara cruelmente las carencias doctrinales ine pasades o plantea bastantes interrogantes. hace falta, por ejemplo, saber si algunos viejos tics linguísticos no traicionan una cierta concepción de la democracia obrera, que se comprendía en la época en la que fue formulada, pero que no deja de ser demasiado limitativa.
Se nos podría objetar que los escritos de Marx y Engels no contienen una conepción unívoca del partido, sino que utilizaban ese término de forma bastante fluida. En efecto, fue precisamente en su época cuando la noción moderna de partido comenzó a tomar forma; otros lo han señalado antes que yo. Marx y Engels le dieron sentidos diferentes(24). No pretendo pues que en sus obras utilizaran este término en una sola acepción. Me limito a decir que se tiene derecho a pensar que están en el origen de un cierto esta palabra -un uso particularmente interesante vista la cuestión aquí tratada-. Entre otras, definían el partido de dos formas diferentes -ambas en relación con el objeto de nuestra discusión. El propio Marx lo distingue claramente en una carta de 1860. Escribía entonces: "desde que la Liga (de los comunistas) fue disuelta... en noviembre de 1852, ya no he pertenecido nunca... a ninguna asociación secreta o pública;... por consiguiente, el partido, en ese sentido completamente efímero del término, ha dejado de existir para mí desde hace ocho años". Añadía también que la Liga de los comunistas "no fue más que un episodio en la historia del partido que surgió de todas partes y de forma completamente natural del suelo del sociedad moderna" precisando, al final de la carta, que entendía con ello "el partido en el sentido amplio e histórico del término"(25). Tomemos pues acta de que el término de partido tiene dos acepciones, una histórica, en el sentido amplio y otra organizativa, en el sentido estrecho. Evidentemente, en su
(26). Marx, Engels, Manifiesto drl Partido Comunista, Editons Sociales, Paris 1975, p. 45-46. La parte de la frase que dice "propios de un espíritu de secta" está omitido en la versión francesa de este texto, pero existe en su versión inglesa. Ver la nota a pie de página del pasaje citado. (27). Ibid., p.46. (28). Nos tâches politiques, p. 47,111, 186. (29). Luxemburg, "Questions d'organisation", p.210,223. Trotsky, Nos tâches politiques, p. 186. (30). "Questions d'organisation", p. 213. Según la definición de Lenín: "El jacobino ligado indisolublemente a la orgnaaización del proletariado, consciente de sus intereses de clase, es justamente el socialdemócrata revolucionario" ("Un paso adelante, dos pasos atrás". Oeuvres choisies, Ediciones Progreso, Moscú, 1968, vol I, p 410). (31). Nos tâches politiques, p. 49 (32). Luxemburg, "Questions d'organisation", p.210, ver también p. 208-9. Trotsky, Nos tâches politiques, p. 161, Rapport de la délégation sibérienne, p. 85.
significación amplia puede incluir una pluralidad de organizaciones diferentes etine, por así decirlo, un campo ente vasto conflicto histórico. La encarnación institucional del partido puede entonces ser múltiple, y también cambiante. Por el contrario la otra significación, estrecha, remite más bien a una organización política específica.
Ahora bien, pienso que se pueden encontrar, en Marx y Engels, las premisas deslizamiento entre estas dos acepciones. El partido en el sentido estrecho puede entonces ocupar el lugar del partido en el sentido amplio, y lo que no era sino una parte del movimiento obrero se confunde en adelante con su totalidad. Vanguardia y partido. Voy ahora a intentar delimitar estas dos nociones de partido refiriendome no ya a una carta personal, sino al más conocido de los documentos, el Manifiesto omunista. El pasaie concernido es ci
Raquel en que los padres de materialismo histórico definen la relación entre los comunistas y la clase obrera en su conjunto. A primera vista. contradice frontalmente la argumentación que acabo de presentar. Este texto habla en efecto de los "demás partidos obreros", subrayando el que los comunistas no forman uno que sea "distinto", que les sea "opuesto". "No tienen intereses que diverjan de los in-
Las "tesis de los comunistas" no son sino "la expresión general de las condiciones reales de una lucha de clases existente". Este punto de vista es parte xplica lo que distingue a los comunis as de los demás partidos de la clasi obres: "ponen por delante los intereen las "diferentes fases" del combate contra la burguesía, "representan siempre los intereses del movimiento en su totalidad". Por consiguiente, fracción más resuelta de los partidos obreros de todos los países, la fracción que arrastra a todas las demás", tamla que tiene la ventaja teórica de una "inteligencia clara de las condiciones, de la marcha y de los resultados del movimiento proletario"(26). En una palabra, lo que distingue a los comunistas es que son la
Debo, una vez más, tomar mis precauciones para que mi análisis no sea confundido con otro, muy común. La noción de una vanguardia proletaria no lleva necesariamente en ella una lógica autoritaria o sustituísta. Se somete a un control democrático permanente, menos cuando está estrechamente asociada al método antisectario que se encuentra en el corazon mismo del materialismo histórico de los orígenes. E socialismo es el producto de tendencias inherentes al capitalismo y, sobre todo, de las luchas de la clase obrera, o no es sino un sueño -la invención de "tal o cual reformador del mundo"-(27). No debè ser una verdad impuesta de buen o mal grado a los trabajadores, sino ser descubierta por ellos mismos, cuando sea necesario, gracias a su propia experiencia política. Por ello pelea una capa del proletariado políticamente activo, organizado y consciente; los intereses objetivos que pretende defender; el saber político que está decidida a desplegar; el titulo mismo de vanguardia; todo esto debe ser políticamente merecido. La representación de la clase obrera se gana democráticamente.
Sin embargo, sean cuales sean las circunstancias históricas, la identificación de la vanguardia con una tendencia política única es un asunto mucho más dudoso. En efecto, implícitamente, tiende a dar validez a dos postulados complementarios y muy discutibles. De un lado, implica que esta corriente política es capaz de representar, de forma adecuada y completa, los intereses de la clase obrera en su conjunto. Que no tiene pues necesidad de oposición crítica de las demás corrientes para ayudarla a remediar sus propios límites, para corregir sus faltas y evitar la osificación de sus concepciones políticas Que, siempre, dominará el saber hasta el punto de poder llevar su trabajo a buen puerto. Por otra parte, implica que la vanguardia misma puede prescindir del pluralismo político: que sus funciones no deben ser compartidas, como era el caso, por varias tendencias separadas por divergencias de orientación, pero que quieren todas defender -o incluso defienden efectivamente- los intereses de la clase obrera. Que no hay que preguntarse como tales corrientes políticas deben entrar en relación unas con las otras, pudiendo cambiar las modalidades en función de la situación: en tanto que secciones separadas de un mismo partido; bajo la forma de un frente unido entre diversos partidos; participando en conjunto en un gobierno revolucionario de coalición; en competencia en las estructuras democráticas de un Estado proletario.
Pienso que no es util llevar más ade lante estos presupuestos hipotéticos, en lo que concierne a Marx y Engels, pues por su parte no formularon nunca estas cuestiones de esa manera. Pero hay que decir que el papel atribuído a los comunistas en el Manifiesto es muy ambicioso, a pesar de su modestia, por otra parte auténtica. A posteriori, bastante natural ver esta pretensión
conjugarse con los dos postulados de los que hemos hablado. Desde Marx y la Liga de los comunistas hasta nues tros días, ¿qué personas, cias políticas u organizativas se han mostrado capaces de tener gencia clara" de las "condiciones" y de la "marcha", y "de los resultados generales del movimiento proletario"? Cuales quiera que sean los méritos históricos de Marx y Engels, de Lenin y del Partido bolchevique de su tiempo, de Rosa Luxemburg y de Leon Trotsky - respeto que se les estamos obligados a confesar que esta ambición es irrealista. Es inconcebible por las mismas razones que hemos mecionado precedentemente y que John Stuart Mill, en una lengua política diferente pero no menos elocuente o convincente, había señalado hace Una democracia socialista auténtica. Volvamos a Luxemburg y Trotsky y veamos lo que resulta del "partido del proletariado" que este último menciona de forma repetido en "Nuestras tareas políticas"(28). Como se podía pensar, hay en sus escritos fórmulas que recuerdan claramente los pasajes de Marx y Engels que hemos mencionado. Para Luxemburg, la "misión de la socialdemocracia" es "representar.. los intereses globales del proletariado, como clase"; lleva más lejos esta idea: la socialdemocracia es "la representande clase del proletariado". Por su parte, Trotsky se hace eco del Manifiesto escribiendo que la "verdad" de la socialdemocracia no es sino la "expresión teórica de la lucha de clase cada vez más amplia y profunda del proletariado"(29). Pero la identificación de la parte con el todo, de la socialdemocracia con el movimiento obrero, aparece ahora bajo una forma más clara. Así, respondiendo a una afirmación muy conocida de Lenin, en "Un paso adedos pasos atrás", Rosa escribe que "la socialdemocracia no está ligada a la organización de la clase obrera, es el propio movimiento de la clase obrera(30). Trotsky hace de esta identificación una cuesitió de definición. Evocando una frase del manifiesto adoptado por el primer congreso del Partido ruso,
"que no se podría decir mejor. La socialdemocracia 'quiere conscientemente ser y permanecer' el movimiento de clase del proletariado... Ayer como hoy, la socialdemocracia sigue queriendo conscientemente 'ser y permanecer' el Partido de clase del proletariado, es decir ser y permanecer justamente un partido socialdemócrata"(31).
Hay que tener presente histórico, amplio, de la noción de partido, pues es probable que su influencia esté aún presente en esta forma de hablar de la socialdemocracia. Visto el contexto, es en cualquier caso evidente que ni Luxemburg ni Trotsky intentan imponer un exclusivismo rigido y no quieren reducir el movimiento a una corriente política homogénea. Lo cierto es lo contrario: la socialdemocracia es suficientemente amplia para ser políticamente diversa. Queda que entienden también la noción de partido del proletariado en su acepción estrecha y organizativa, y no sólo en su acepción amplia e histórica. En efecto, consideran la socialdemocraica como una estructura política unitaria y defienden en consecuencia el principio del centralismo. Cuales quiera que sean las divergencias que puedan tener con Lenin, no se enfrentan sobre este tema. Rosa consi-
"la fuerte tendencia a la centralización" de la socialdemocracia es la consecuencia del proceso de centralización del capitalismo y del Estado burgués. Trotsky explica que "el centralismo organizativo es un instrumento poderoso de la lucha de clase del proletariado". Luxemburg habla de un "partido obrero homogéneo y compacto" y Trotsky de "una organización de combate única"(32). A fin de cuentas, se ve que la representación del proletariado se asocia ahora con una organización determinada: el partido en el sentido "estrecho" ha usurpado el lugar del partido de la clase obrera en el sen-
"amplio" e "histórico".
Es preciso, para acabar, resituar esta cuestión en su contexto histórico y dar pruebas de realismo político -comenzando por tener en cuenta ciertos datos empíricos-. Era perfectamente normal hablar de crear un partido proletario en Rusia, donde no existía aún ninguna organización ampliamente implantada en la clase obrera. Era también natural hablar del partido proletario en Alemania, donde sólo existía una sola organi-
Por otra parte, la idea de partido unitario no implica, en si misma, la aversión del socialismo pluralista y diverso. No expresa más que una aspiración a asegurar la unificación máxima y la coordinación de las fuerzas proletarias, confrontadas al centralismo del Estado Sin embargo, hay que señalar dos aspectos en este terreno. En primer lugar, esta voluntad de coordinación está perfectamente justificada en toda estrategla revolucionaria que quiera ser eticaz, frente a la centralización política de la burguesía. Pero no se deriva de ello de forma necesaria que debe realizarse en todo tiempo y lugar bajo la forma de un partido socialista único, y no de una alianza entre partidos socialistas. La noción de partido no debería convertirse en ideológicamente normativa hasta el punto de excluir esta última posibilidad, y cerrarse así a toda posibilidad de una vanguardia proletaria múltiple de una representación política vehiculizada por varias organizaciones de la clase obrera. Pasemos al segundo aspecto que hay que señalar: los socialistas no deberían nunca transformar sus ideas en un dogma rígido, pues lo más normal es que estas ideas tengan fecha histórica. Ocurre así con la noción de "partido del proletariado", una organización determinada. En la mayor parte de los países, corresponde experiencia histórica real. Pero generalizándola y transformándola en
Use limita artificial y peligrosamente el dearrollo potencial de la socialdemocracia. Las fracciones en el seno de un partido son potenciales partidos, las tendencias potenciales fracciones y los agrupamientos, aun intormales, potenciales tendencias -en nombre de tales argumentos, según una lógica muy conocida, los límites permitidos pueden comenzar a estrecharse-. Si la democracia socialista quiere verdaderamente ir más allá de la democracia burguesa, entonces debe reconocer, sin ambiguedad ninguna, el pluralismo organizativo. Lo que significa que una vez que el Estado burgués haya sido derrocado, habrá lugar para toda organización que respete una legalidad socialista claramente democrática.