Desde el final de la Guerra CIvil, Claudin es sin ninguna duda el más conocido disidente del PCE. A su muerte fue calificado de pionero del eurocomunismo e intelectual de izquierda por encima de los partidos; pasando de puntillas, como él mismo hizo, por su larga trayectoria de treinta años de funcionario y dirigente con enormes responsabilidades. Ahora parece llegado el momento de iniciar una
NOTAS: (1). Entre ellas anotemos la de Pelai Pagés (desde su fundación en abril de 1920 hasta el final de la dictadura de Primo de Rivera, enero de 1930), con un prólogo de Juan Andrade (Ed. Hacer, Barcelona, 1978); de Antonio Padilla, "El movimiento comunista español" (Ed. Planeta, Barcelona, 1979), que recoge importantes documentos; y sobre todo la de Joan Estruch: "Historia del PCE (1) 1920-1939" (Ed. Viejo Topo, Barcelona, 1978); "El PCE en la clandestinidad. 19391956" (Ed. Siglo XXI, Madrid, 1972). (2). Ed. Ruedo Ibérico, París, 1970, p. XII-XIII. (3). Prólogo al primer volumen de la historia de Joan Estruch.
Debate
Fernando Claudín.
Una introducción
crítica
valoración de conjunto sobre su vida y su obra. Fernando Claudín (Zaragoza 1913, Madrid 1990) fue, en una primera fase con la ipoda y a roma i.
amén de uno de los "funcionarios" más óvenes y preparados del partido desde nediados de los años treinta, y era e úmero tres" cuando encabezó jun on Federico Sánchez (Jorge Semprú de la democracia y el socialismo que :ondujo a su expulsión en 1964. Ulteri política oficial de Felipe González. Tres fases diferentes en las que Claudín representó a una cierta intelligentzia de izquierdas.
La biografía de Fernando Claudín se contunde con la historia del PCE, incluso después de su expulsión, cuando pasa a ser el nombre de una cierta disidencia. Sobre esta historia, capital en la del movimiento obrero y, por ende de todo el país (con una dimensión in. ternacional de primera magnitud), existen diversos estudios, aunque muy pocos tienen el marchamo del rigor crítico(1). A ellos nos remitimos al tratar el trasfondo de la trayectoria de Claudín, cuyos rasgos de dirigente político comunista oficial se enmarcan fehacientemente en los que son inherentes a la dramática y terrible etapa estaliniana, de la que posteriormente se convirtió
José Gutiérrez Alvarez en un duro crítico y sobre la que no quiso volver, rechazando de pleno cualquier investigación que le situara en la que seria la más larga experiencia de su vida política. Un estalinista convencido Cuando en los años posteriores a su expulsión Claudín era interrogado sobre una posible redacción de su autobiografía, solía responder con una ironía evasiva sobre el escaso interés que ésta ofrecía, consideración que se traducirá claramente en su extensa y peculiar biogratia politica de Santiago Carrillo, y en la que el "número tres" de toda una época casi desaparece, atenúa hasta lo increíble el peso de su propia huella y nos reconstruye un cristal en el que sus "pecados" (y por tanto muchos de los de Carrillo) no se reflejan.
Esta tentación es igualmente evidente en todos los escritos en los que se habla de su trayectoria como militante comunista que se extiende en más de tres décadas, y que se constriñe a los datos propios del telegrama, como ocurre, por citar un ejemplo, en el retrato que nos ofrece Semprún en su prólogo entusiasta a "La crisis del movimiento comunista", parco e idealista y tan similar a otros aparecidos después, por ejemplo, los publicados en El País después de su muerte: "Dirigente de la Juventud Comunista de Madrid, estudiante de Arquitectura, Fernando Claudín abandona hacia 1933 toda vocación individual, todo proyecto personal, para convertirse en un funcionario de la revolución. Su vida (...) se confunde entonces con la vida del movimiento
munista, con la historia de la revolución española. Los años de la república, la guerra cIvil, la derrota y la emigracion, a clandestinidad: episodios vividos muy pronto desde los más altos cargos de dirección politica. Del Madria de la Junta de Casado a la América del exilio -La Habana y Nueva York, México y Buenos Aires-, de la Tolosa de Francia y de la liberación al Moscú de los siniestros del apogeo del estalinismo, Fernando Claudín habrá estado en todos los lugares, en todos los puestos de cualesquiera que fuesen los riesgos y las dificultades, a los cuales le haya destinado el Partido (así, con mayúscula, naturalmente: el Partido, cuyas decisiones nunca se discuten porque "encarna la marcha de la Historia", porque "fuera del Partido no hay salvación", porque "más vale equivocarse dentro del Partido que tener razón fuera de él")..."(2):
Sobre este retrato es necesario efectuar algunas consideraciones para comprender más rigurosamente: provenía de la clase media, y sus conexiones con los movimientos sociales fueron partidarias, su punto de referensiempre la razón del partido, y es esta razón lo que Semprún define como "la historia de la revolución española"... Durante tres décadas la biografía de Claudín carece de matices pios. Había comenzado su vida militante en el comunismo, porque:
... En la Universidad buscabamos lo más radical. Entramos en la lucha política a través de la acción. Yo preparaba el ingreso en la Escuela Naval y después en Arquitectura. Es cuando entré
En las juventudes eran muy pocos, y pronto accedió a puestos de dirección, explica en una entrevista. El PCE empezo a remontar su crisis interna -derivada de su radical oposición a la República en nombre de un gobierno de los soviets, y de su denuncia sistemática de todas las demás corrientes obreras- en 1934-1935, período en el que fue "enviado a la Unión Soviética. Estuve muy poco tiempo en Moscú, y en 1935 regresé a España, donde me detuvieron y enviaron a cumplir el servicio militar. Durante la guerra fui uno de los dirigentes de las Juventudes socialistas y comunistas unificadas y director del diario 'Ahora'...
Claudín no especifica el sentido de su viaje a la URSS, aunque no es abusivo presumir que, como era propio en aquellos tiempos, se trataba de un viaje de formación -y seguramente de confirmación- para su ascenso a puestos de la máxima responsabilidad, en su caso para ser una pieza clave en los años que siguen, dentro del proceso que llevará a las JC a absorber a las Juventudes Socialistas y a su equipo dirigente (Santiago Carrillo, Federico Melchor, Ignacio Gallego, etc), y que dara PCE un peso muy superior al que había tenido hasta entonces. (Quizás no esté de más hacer notar aquí el doble enfoque clásico estalinista sobre la socialdemocracia y que Claudín aplicará una y otra vez en sus abundantes artículos relacionados con el PSOE, caracalgunos momentos como "socialtraidor" y cosas parecidas, mientras que en otros, como los que preceden a la unificación juvenil, se le convoca para formar el '"partido único" del proletariado).
Durante el curso de la guerra civil Claudín no sobresale especialmente, y su nombre en los libros sobre la cuestión se relaciona con sus escritos de su fase disidente, en concreto con el intenso y documentado
"La crisis del movimiento co, sugerentemente titulado revolución inoportuna" "voltaface" radical de su evolución ideológica, ya que en este trabajo contempla la guerra desde la óptica de su inicial vocación revolucionaria y el protagonismo predominante del movimiento obrero. Su enjuiciamiento de la política del Komintern y del PCE es muy seve-
Men un escrito ulterior -corriotro autor- llega a matizar mucho más:
"Cierto es que el PCE se opone al carácter esencialmente proletario que la revolución tiene en la zona republicana, pero no puede perderse de vista que la zona republicana era justamente eso, una zona, no la totalidad del escenario nacional, y que frente a la verdadera contrarrevolución, dueña militar de la otra zona, hasta la democracia revolucionaria burguesa más moderada tenía una significación revolucionaria. La cuestión crucial de cualquiera de las dos salidas revolucionarias hipotéticamente posibles eran vencer a la contrarevolución fascista, y el papel de primer orden que el PCE desempeña en esa coyuntura no se explica única -ni principalmente- por la incidencia que en el campo republicano tiene la política de la IC, adaptada a la política internacional de Stalin: alianza con los Estados democráticos capitalistas frente a la amenaza militar del fascismo alemán. Ese papel del PCE se explica, ante todo, porque el partido comprende las exigencias militares de la situación, y porque su propio caracter semi-militar (...) le hace especialmente apto para esa tarea"(3).
En los largos y oscuros años del exilio, el nombre de Claudín está ligado a numerosos cometidos de funcionamiento abnegado, cumple diversas misiones de importancia sobre las que existe todavía muy poca información, y su papel es más bien secundario -el único joven que ha ascendido a la cúpula del aparato es Carrillo-, hasta que en las postrimerías de 1947 regresa a la Unión So-
"formando parte del Buró Político hasta la muerte de Stalin". "años trágicos" de los que habla Semprún han sido también definidos por Claudín como "años esquizofrénidos definiciones que necesitan igualmente ser puntualizadas, ya que:
- Fueron realmente "trágicos" para las víctimas, para los que como Heriberto Quiñones, Jesús Monzón, Gabriel León Trilla o Joan Comorera -por no mencionar otros ejemplos "menores"-, entraron, de alguna manera (involuntariamente siempre), en discrepancias con los métodos de dirección monolíticos o con la exigencia periódica de una "depuración", inherentes al "Partido" estalinista...
- Las actividades de linchamiento moral y depuración fueron cumplidas sin hesitación por Claudín, que en todos los casos aportó su propia contribución, y realizó estas tareas sin doblez, o sea como un estalinista integral, sin fisuras, por lo que el concepto psicoanalítico sólo tiene un sentido ulterior mediante un lapsus cronológico, papio por cierto de las memorias cul-
Morán sitúa a Claudín como primer actor en uno de los ejemplos de "caza de brujas", lo trata de émulo de Vishinsky, el célebre fiscal de los procesos de Moscú, y ofrece para ello una apabullante acumulación de datos acusadores relacionados con la estancia de Claudín en Moscú como primer responsable de la agrupación comunista española. Los casos presentados por el escritor asturiano son abrumadores, sin embargo, desde la publicación de su libro (1986, aunque Claudín sabía de su existencia desde mucho antes, y según el testimonio de Morán su actitud no fue precisamente favorable a la aclaración de unos hechos que, con su evolución posterior, bien podría haber dado por superados), Claudín no ha desmentido ninguna de las cosas que se dicen sobre él por más que algunas son bastante fuertes (por ejemplo Morán habla de que Claudín llegó incluso a ejercer "el derecho de pernada"). Los caminos de la disidencia La crisis que Claudín va a protagonizar en 1965 tiene sus antecedentes en la vispera del XX Congreso del PCUS, cuando de acuerdo con Santiago Carrillo vivió un conflicto muy duro con la "vieja guardia", encarnada por el tosco Vicente Uribe que era el representante de Dolores Ibárruri, entonces secretaria general y que reșidía en Moscú. El tándem Carrillo-Claudín buscaba una renovación del partido, una dirección más próxima del centro de intervención -España-, y algunos planteamientos en los que está ya la huella de la política de "reconciliación nacional", que el Claudin posterior nunca cuestionará..
Estas posiciones las tuvo que detender Claudín en un pleno moscovita semejante -como tantos otros- a un juicio contra el disidente, sólo que era él quien hacia ahora el papel de reo. Dolo-
(4). Acción Comunista, nº 5, abril 1966, "Puntualizaciones", texto que viene a explicar el "Informe Secreto" publicado en el número 1 de la misma revista, enero 1965. El "dossier" más completo que se ha editado sobre la cuestión es el de Viejo Topo, "Documentos de una divergencia comunista" (Barcelona, 1978), recopilación e introducción de Fernando Claudín. (5). Claudín colaboró asiduamente en la revista y en la editorial, donde formó parte del equipo responsable (con Martínez, Juan Andrade y José Alvarez Junco) de la edición de las "Obras" de León Trotsky. Claudín fue, entre otras cosas, el traductor del ruso de los dos gruesos volúmenes de los "Escritos militares" de Trotsky. (6). "Miseria y grandeza del Partido Comunista de España, 1939-1985" (Ed. Planeta, Barcelona, 1986, p. 403). Consideraciones críticas aparte, este libro es la fuente más completa y rigurosa que existe actualmente sobre el PCE en la postguerra. Sin él no se podría reconstruir mínimamente la trayectoria de Claudín como "funcionario" del PCE. (7). El libro tiene los siguientes subtítulos: Teoría, política y partido a la hora del Manifiesto". "La prueba de la práctica". "Revolución y contrarrevolución". "Análisis global de la revolución y desarrollo de la teoría política". Fue editado en Madrid por Siglo XXI en 1976. (8). No es éste el lugar para ofrecer un muestrario de dichos prejuicios que aparecen abundantemente en el libro, sobre todo cuando trata de pasadas cuestiones como los acontecimientos de mayo de 1937 o la evolución política de disidentes como Semprún o Manuel Sacristán. También resulta evidente que mientras los años de clandestinidad son tratados fehacientemente, los años más recientes son liquidados sin mucha más fuentes que la posible perspicacia del autor que realiza su propio ajuste de cuenttas como ex-militantes del PCE. Hay que decir que Morán no oculta nunca su condición.
res Ibárruri trató de amedrentarlo, y el viejo equipo buscó la forma de separarlo de Carrillo evocando su procedencia comunista integral frente al pasado so ialdemócrata de Carrillo. En esta oca sión el "funcionario" de toda la vida sorprendió a sus antiguos camaradas con una oposición suicida, que encontró un inesperado aliado en el "Informe Secreto" que Jruschev dió a conocer a los principales dirigentes del comunismo nternacional, ellos Dolores Ibárruri. Dicho "Informe" iba a ser la primera piedra de la llamada "desestalinización" y tuvo la virtud de incidir en la secretaría general, de forma que el viento crítico contra el "culto a la personalidad" encontró su chivo expiatorio en... Vicente Uribe, una figura menor, al que Claudín recordó actividades "despóticas"
La crisis abierta con el XX Congreso del PCUS tuvo su natural traducción en el PCE, aunque Carrillo se apresuró a declarar que ellos no tenían nada que ver con los "excesos" y crímenes, que se imputaban más a Stalin que al estalinismo. Dolores Ibárruri fue desplazada del "poder absoluto" y convertida en la Presidenta del partido, en una reina que no gobierna, su puesto lo ocuparía ahora Carrillo sin ningún límite, y de la mano de éste, Claudín pasó a ser el "tercero" (el segundo de hecho) y por algunos años fue incondicional del secretario general aunque, a posteriori, notará algunas discrepancias tempranas -como la referida a la revolución húngara- que la documentación histórica desmiente, como se ha ocupado de verificar Morán: Claudín fue el redactor de algunos de los pronunciamientos del
Men los que se exalta la tarea "internacionalista" de los militares y los tanques soviéticos. Sin embargo, en los años siguientes Claudín iba a mostrar una mayor sensibilidad a las denuncias del estalinismo.
Detensor entusiasta de la concepciór carrillista de la huelga nacional pacífica destinada a acelerar la caída de la dic-
Claudín viaja clandestinamente a Madrid para dirigir la "jornada" de lucha en la capital. Testigos de la época lo recuerdan señalando sobre un mapa urbano cuál tenía que ser el recorrido de las masas (que no acudieron). Los hechos le hacen cavilar, y algunas cartas del interior (de Javier Pradera y de reconsideración de fondo que tiene en
- Un mayor distanciamiento de las posiciones de Jruschev -en las que Carrillo confía plenamente-, en la línea de Togliatti y de las tesis "policentristas"
- Un nuevo análisis de la realidad española basado en el reconocimiento de los cambios económicos que se habían operado bajo el franquismo y que se acentuarían en la década...
En las reuniones del Comité Ejecutivo, Claudin comienza a plantear sus di. ferencias en un debate sobre la cuestión agraria en el que enfatiza los cambios operados en el campo por el capitalismo, y señala que en el tiempo que Carrillo lleva al frente del partido nunca se han planteado divergencias. En un momento en que el debate se pone tenso, López Raimundo le pregunta si todavía no ha aprendido a tragar sapos con todos los que había tenido que tragar. Claudín le responde que también en esta cuestión hay momentos en que no se puede más. Poco después Claudín y Federico Sánchez serán excluidos del Comité Ejecutivo por... haber pretendido horizontalizar el debate. La dirección responde con la edición de un extractado manipulado en Nuestra Bandera y con una campaña al viejo estilo. En una de sus respuestas a la dirección, Claudín, Sánchez y Berenguer resumen así los puntos de diferencias:
"1. Consideramos que durante años hemos tenido una interpretación subjetiva, no científica, no marxista, de la realidad española. No hemos tenido suficientemente en cuenta los importantes cambios provocados por el intenso desarrollo capitalista-monopolista y por otros factores. La ausencia de un análisis objetivo, condición básica de toda política revolucionaria marxista, nos ha llevado a cometer graves errores de consecuencia inevitable, en nuestras consignas tácticas, en la concepciór estratégica de la revolución. Nuestros planteamientos críticos sólo tenían por objeto promover la elaboración colectiva de una nueva estrategia revolucionaria, adecuada a las nuevas contradicciones reales de la sociedad española
2. Consideramos que nuestro Partido no ha deducido las debidas enseñanzas de la trágica experiencia del estalinismo, que no ha realizado todos los cambios internos necesarios para liquidar radicalmente las deformaciones inculcadas en él durante aquel largo período. Ello le ha dificultado transformarse en un auténtico partido marxista, capaz de aplicar de manera autónoma el método marxista a la investigación de la sociedad española y a la elaboración de su acción revolucionaria. Hemos planteado la necesidad de crear las condiciones internas que aseguren la discusión real de los problemas en el seno del Partido, la participación real de todos los militantes en la elaboración de la política del partido"(4).
La expulsión será irreversible, Clauconvierte en un "maldito", pero los tiempos están cambiando. Su crítica extremo del "jornadismo" de Carrillo tiene un impacto indiscutible, lo mismo ocurre con sus plan-
"italianos", con lo que, cabo del tiempo, se podrá decir que Claudín fue "el primer eurocomunista" (título que se ha repetido en la prensa con ocasión de su fallecimiento). Sin
embargo esta denominación no es muy cierta, por más que en Claudin disidente se puedan encontrar rasgos de lo que luego sera el eurocomunismo -la socialdemocratización de los partidos comunistas-, su primera línea de trabajo será la de buscar un retorno a Marx, a la tradición marxista pre o antiestalinista.
Sin "modus vivendis" -al ser expulsado pierde su puesto de "funcionario"estable, Claudín dedicará en los años siguientes todos sus estuerzos al estudio. Le sirve de apoyo su larga experiencia y de sostén el trabajo sacrificade su compañera que también lo "libera" Un marxismo "laico" En el momento de la expulsión -y no "escisión" como escribió hace tiempo Antonio Elorza en Triunfo-, Claudín tenía 52 años y -cuenta Carrillo que le
"no había hecho nada de lo que le hubiera gustado hacer". Llevaba más de treinta años de "funcionario" y parecía hastiado de la vida partidaria que había conocido, de forma que se dedicó a su vocación de intelectual sin volver a contar con ningún carnet partidario más. Al PSOE le sirvió como "independiente", un concepto que, como muestra su caso, no tiene por qué sig-
Sus primeros trabajos de cierta envergadura siguen teniendo al PCE y el conflicto con su dirección como centro de enfoque. Inmediatamente publica lo que algunos llamarán el "Informe secreto" de Claudín, su "cuaderno azul" sobre "Las divergencias en el partido". la justificación teórica más extensa sobre la cuestión que fue difundida a partir del verano de 1965. Ulteriormente publica en el Horizonte español 1966, una extensa reflexión que titula "Dos concepciones de la vía española al socialismo", texto con el que inicia su colaboración en la editorial Ruedo Ibérico, que dirige José Martínez, en la que colabora toda la oposición de izquierdas al franquismo, con predominancia de los sectores críticos con el PCE(5).
Gregorio Morán, que ha historiado con minuciosidad toda la trayectoria anterior de Claudín desde el final de la guerra, liquidará esta nueva fase suya sumariamente, diciendo: temática del movimiento que había dedicado casi toda
(...) Tras su expulsión trabajará en un ambicioso proyecto, la historia del movimiento comunista internacional del que sólo publicará, en 1970, la primera parte (...) que abarca significativamente el período de la vida de Stalin. Corresponde también a la inclinación izquierdista de Claudín y su principal defecto como analista -la incapacidad síntesis y la espesura sintáctica- le obliga a reiteraciones premiosas que debilitan su esfuerzo. Su experiencia como "profesional de la revolución" y redactor inveterado de informes quiza hayan conformado su pluma. Llaman la atención, no obstante, algunas conclusiones chocantes y muy superficiales, como la crítica a los PPCC francés e italiano por no intentar la revolución en 1945. Su denuncia de Togliatti y la "svolta de Salerno", causan rubor, cuando más la referida guerra civil española en la que, en su afán revolucionarista, denuncia al PCE por no tomar el poder, inclinándose a las tesis anarcosindicalista y trotskysta de que habia que hacer revolución para ganar la guerra. Empañado todo con un antiestalinismo justificatorio de otras posturas anteriores, que le lleva a escribir que Stalin no movió un dedo durante la guerra a favor de la República. Una desmesura insostenible"(6).
La continuación reduce "Las dos vías" a una consideración sobre el fin de la revolución democrática en toda su variante en España, y la defensa de una concepción -de origen leninistaque afirma que más allá del capitalismo sólo queda la revolución socialista, al igual que limita el campo de su influencia a dos grupos de extrecomo Acción Comunista -ubicado en la tradición de oposición al estalinismo- y Bandera Roja, hasta su disolución en el PSUC...
dos vías" fue en su momento un auténtico revulsivo de las nuevas antifranquistas ya que elevaba considerablemente el listón del debate marxista, que resulta tanto más evidente si se repasan los textos-programas que escribe Carrillo, el único teórico autorizado del PCE Contiene una primera reflexión de ensobre los cambios estructurales del sistema económico en España desde la postguerra, y adelanta la premisa de que las tareas clásicas de la revolución burguesa se han cumplido en el país por lo que algunos llamarán "la vía prusiana", o sea sin una democracia parlamentaria. Claudin es tamoién el primer intelectual marxista de cierta talla que retoma ideas y planteamientos de autores que el estalinismo ha tenido como "malditos", caso notable de Trotsky al que Semprún se atrevió a decir que había leído delante de La Pasionaria durante el conflicto en el Comité Ejecutivo.
Este importante texto de Claudín como otros trabajos suyos pueden interpretarse desde un doble ángulo:
- desde la izquierda, en el sentido de que la tarea central del postfranquismo es la revolución socialista...
- desde la derecha, considerando que el desarrollo capitalista habia creado una "burguesía moderna" capaz de desembarazarse del franquismo...
En realidad Claudín nunca profundizó estas primeras incursiones estratégicas suyas y dedicó el grueso de su estuerzo ulterior a una reinterpretación de la historia comunista. Pero tanto en un terreno como en otro se puede decir que su influencia fue, al mismo tiempo, mucho más amplia y mucho más restringida -todavía- de lo que dice Morán. Más amplia lo fue por lo difusa, por la variedad de sus componentes teóricas y se puede decir que Claudín -con sus trabajos en la mayoría de las revistas independientes de izquierdas que aparecían en la época, desde El viejo topo hasta Tiempo de Historia y Zona Abierta en su primera etapa- era una referencia obligada para toda la izquierda desde los sectores más renovadores del PCE hasta la extrema izquierda, y por otro lado está claro que su influencia política-organizativa fue prácticamente nula, ya que hasta los grupos mencionados hacían una interpretación diferente y muy sui generis de sus tesis
Durante toda esta épocaa la actitud
"independiente" de Claudín parecía estar imbuida de una presunción casi aristocrática, desde la cual podía permitirse repartir juicios como "experto" por más que, en strictu sensu, sólo se representaba a sí mismo.
Esto se lo pudo permitir -o se lo pudo hacer creer- dos trabajos de gran envergadura que le encumbraron terreno muy poco asistido: el creación teórica marxista.
El movimiento obrero español, tan rico y profundo sobre todo en los años treinta, no había estado acompañado de figuras de altura intelectual indiscutible y apenas si puede contar en su seno con algunos dirigentes con rigor intelectual de talla. Los casos de Antonio García Quejido, Andreu Nin, Joaquín Maurín, Luis Araquistain, etc., son pequeñas montañas páramo. Esta deficiencia no se modificó en los años de resistencia a la dictadura, por más que en el terreno del análisis táctico o en la divulgación se dieran entidad, surme anane sacristan
, como Manuel Sacristán. E caso es que en este panorama, Claudín consiguió un prestigio enorme que se apoyaba tanto en sus escritos de los sesenta como en sus dos grandes libros de los setenta, la historia que menciona Morán y "Marx, Engels y la
Está claro que esta contribución no representa la revelación que Jorge Semprún quiere prometer en su prólogo a "La Crisis", la confirmación de un "marxismo laico" al que el actual ministro trata de fijarle un lugar superador polemizando con el "idealismo subjetivo y voluntarista de Trotsky (de sus epígonos, mejor no hablar, por respeto a la obra de Lev Davidovich)...". mente Claudín se apoya constantemente en las contribuciones de Trotsky y de sus "epígonos", al tiempo que "redescubre" todo el continente teórico que vivía aplastado por la noche oscura del estalinismo. Es un trabajo de una envergadura desconocida entre nosotros, y por lo tanto no se puede reducir a unos ejemplos "chocantes", que dicen más de los prejuicios de Morán que del propio Claudín(8). Un autor tan informado como Perry Anderson destaca esta obra como la más importante escrita por un antiguo "funcionario" comunista. Además, no es cierto que Claudín se incline a las posiciones anarquistas y trotskystas (Morán denota su superficialidad al atribuir este epíteto al POUM), ya que aunque considera muy altamente -sobre todo para un antiguo militante del PCE- estas corrientes, no deja de elaborar una concepción propia, lo mismo que hace a lo largo del libro. Elaboraciones polémicas en casi todos los casos, pero que no se pueden restringir a opiniones desenfocadas como la que se refiere a Stalin que se plantean de otra forma: no levantó un que no fuera al servicio de propia raison d'Etat. Lo que no es lo
En cuanto a "Marx, Engels...
puede decir que se trata de una lectura obligada para todo el mundo que esté interesado en la formación del pensamiento de los padres del marxismo, situados en el inicio de su madurez en un proceso revolucionario vivo.
hace notar la frescura de la célebre pareja, su capacidad para adecuar unas premisas teóricas al movimiento real.
Esta es seguramente la obra cumbre de Claudin, que produjo en los años setenta importantes trabajos como su introducción a los escritos económicos de Lenin -como parte de su colaboración con la editorial Siglo XXI-, o su prólogo a la controversia entre Kautsky y Lenin en la que viene a decir que aunque sólo con la democracia -que nunca será "pura" como decía el teórico austriaco- no se llega al socialismo, éste está condenado a la deformación si no se apoya en ella.
Un marxista jubilado
Claudín regresó a España el mismo año que murió Franco y fue uno de los primeros marxistas con posibilidades de legal a través de revistas como Triunfo o más tarde, en sus contribuciones semanales en las páginas políticas de Interviu donde prosiguió su labor de intelectual au dessou dels par-
De esta época es su libro munismo y socialismo", verdadero best sellers y en el que polemiza nuevamente con Santiago Carrillo. Su rigor crítico será mucho más severo con el PCE -al que acusa de no democratizar sus filas, de no renovar su dirección y de efectuar el giro eurocomunista con todas sus consecuencias- que con el PSOE, al que no deja de criticar igualmente cuando éste da primacía a los cauces parlamentarios por encima de los movimientos desde abajo. Claudín se trataba de profundizar el cauce abierto por la reforma de Suárez para hegemonizar las conquistas demo-
La éstas un contenido enérgico. Su análisis de la crisis capitalista que se está ya desarrollando va en el sentido de imperiosa necesidad por parte de la izquierda de garantizar y profundizar las adquisiciones sociales del pueblo.
No hay sin embargo en estas posiciones críticas ninguna voluntad sólida, confía una y otra vez en la posibilidad de adecuar los dos partidos tradicionales -sin desdeñar aportaciones extraparlamentarias- e incluso de superar su división histórica.
Por entonces se ha convertido ya en una entidad, en un personaje que parece indispensable para cualquier acto público cultural de resonancia convocado por la izquierda, para dar respuestas trascendentes a los medios de comuniación sobre los problemas del Este intelectual de izquierda_ consagrado , y aparece como un para los diarios y para la TVE. Seguramente en la grabación de algunos de los programas en los que participó es apreciar su curso hacia el
PSOE. El que escribe recuerda cierta precisión uno de 1984 en el que se juzgaba el centenario de Marx. Alli
Claudín siguió reclamándose del marxismo y juzgó la obra de Marx como un legado capital para la humanidad. Empero, en un momento dado le preguntaron sobre lo que podía significar el marxismo en la situación española del momento. Su respuesta fue bastante el marxismo no tenía que ver con lo que importaba entonces en el país, lo que había que hacer ahora era "modernizar" el "aparato productivo". Una respuesta que hubiera hecho las delicias de aquel "marxismo legal"
de la Rusia de finales del siglo XIX: el marxista olvidaba todo el continente
Marx para justificar una "modernización" cuyas propiedades eran beneficio-
Ulteriormente Claudín acabó por institucionalizar su personaje. estaria desde entonces mezclado con el de la Fundación Pablo Iglesias -el forjador de un partido creado para emancipar a la clase obrera a través de la revolución socialista-, y su labor iría relacionada con las actividades de esta institución integrada dentro del aparato ascendente del PSOE como partido gubernamental. Así, cuando fue necesaria su intervención, fue empleado contra lo que antes había representado en nombre de lo que había sido. En sus argumentos, su experiencia como comunista era el ejemplo de lo que no había que hacer, y para ello juzgaba la política del PCE en puntos como la OTAN o la huelga general -fruto de estuerzos muchisimo más amplios- con los rasgos del estalinismo, y sus tomas de posición eran tituladas como las de un importante "intelectual de izquierdas".
A la hora de su muerte sus títulos subrayados por los medios eran el de "pionero" del extinguido eurocomunismo y el de "intelectual de izquierdas", datos diluidos por sus compromisos finales y por su asimilación institucional. El caso de Claudín tiene una multitud de paralelismos entre los izquierdistas recuperados por el sistema que consisu prestigio -estoy pensando en casos tan próximos como Jorge Semprún o Mikis Theodorakis- cuando estaban enfrentados con el capitalismo y con gente como las que últimamente fueron sus mejores amigos.
Por eso sería una lástima que todo lo que tiene de interés su obra se pierda, que queda sepultada debajo del monumento oficial.