Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Crisis del Golfo: Palabras de paz, hechos de guerra

· Inprecor n.º 80, diciembre de 1990 · pp. 10-12 · 1.985 palabras

La propuesta hecha el 30 de noviembre por George Bush para enviar a su secretario de Estado, James Beker, a Bagdad, a discutir "cara a cara" con

Sadam Husein, resultó aun mas sorprendente porque ponia tin a un mes de noviembre cargado de preparativos de guerra, militares y políticos. Mientras que Bagadad anunciaba el 6 de diciembre la liberación de todos los rehenes, la

Notas:

diciembradie 199 Horald Tribune, 12 de

(2). The Wall Street Journal Europe, 26 d noviembre de 199

(1). Citado en Newsweek, 10 de diciembre de

Lt, mirado a Herald Tribuna, 3 de

(5). International Herald Tribune, 1-2 de diciembre de 1990.

El conflicto del Golfo Pérsico

Palabras de paz,

hechos de guerra

administración norteamericana sigue poniéndolo cada vez más difícil. En efecto, tres meses antes de la oferta de Bush, Washington había anunciaun reforzamiento considerable de las ya impresionantes fuerzas americanas desplegadas en el teatro de operaciones. Sus efectivos pasarían de 230.000 soldados, a principios de noviembre, a 430.000 en enero; a ello habría que añadir el centenar de miles de soldados de las tropas suplementarias árabes, europeas, o de otras regiones. Según los planes iniciales estos 200.000 nuevos combatientes americanos, una parte de los cuales saldría de la Guardia Nacional, deberían asegurar el relevo de las tropas ya desplegadas. Estaba previsto organizar una rotación de efectivos, indispensable para una permanencia a largo plazo y sólo compatible con una estrategia "pacífica" de estrangulamiento por vía del bloqueo. El reforzamiento del dispositivo militar La administración Bush, simplemente, transformó las tropas de relevo en reuerzos, sembrando el desconcierto en tre una parte de la jerarquía militar to mada por sorpresa. Los jefes del Pentágono están inquietos por la moral de sus tropas estacionadas en Arabia saudita, que dan crecientes pruebas de su falta de simpatía por unos anfitriones puritanos y oscurantistas. Por otra parte, tienen enormes dificultades par asegurar la logística del cuarto de millón de soldados ya sobre el terreno, desplegados en un tiempo record incomparable con el utilizado para la acumulación de fuerzas en Vietnam, entre 1961 y 1969. El Pentagono utiliza ya mas de 100 buques de transporte para abaste cer a sus tropas del Golfo, región que a su vez debe importar la práctica totalidad del consumo alimentario de sus

Salah Jaber A finales de noviembre, la prensa americana recogía que los refuerzos de efectivos iban a ser acompañados de un crecimiento importante de las fuerzas de choque aérea concentrada por los Estados Unidos en la zona. El número total de los aparatos de la fuerza aérea y de la marina disponibles en la región del Golto pasaran de 1.600 1.900 unidades. Estos 300 aparatos añadidos incluyen un segundo escuadrón de aviones de bombardeo "invisibles", los F-117 Stealth, el avión más caro y más sofisticado del arsenal del Pentágono. Ademas, "las unidades de apoyo en tierra a las fuerzas aéreas han comenzado a almacenar las piezas de repuesto y municiones necesarias para la realización de muchos centenares de salidas de combate al día"(1)

A estos problemas de logística hay que añadir el incremento de los gastos militares que ello representa, para un Estado endeudado más allá de todo límite tolerable (6 billones de dólares). Para el año fiscal 1991, que comienza en octubre de 1990, la administración Bush prevee ya un déficit presupuestario record de 254.000 millones de dolares. ¡Sólo en el mes de octubre, es decir antes del envio de los nuevos refuerzos, los gastos militares deducidos del presupuesto sobrepasaron los 24.000 millones de dólares, aumentando un 17% sobre el mes anterior (20.500 millones)(2). Como puede verse se está muy lejos de la reducción del déficit presupuestario federal en 50.000 millones de dólares, prometida en el clima de reducción de los gastos militares, sobre la base del desarme, que reinaba antes de la invasión de Kuwait por Sadam Husein.

Evidentemente tanta prodigalidad tiene una racionalidad económica: pretende evitar la angustia de la recesión al sector militar y paramilitar, cuyo peso es decisivo en la economía de los Esta-

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dos Unidos. Pero lograrlo depende en una muy gran medida del financiamiento exterior, lo que sólo puede agravar el problema de la deuda americana. Esto es lo que quiso evitar la administración Bush imponiendo a sus aliados y a sus ricos protegidos -Alemania, Japon y las monarquías del Golfo- una contribución directa a la financiación de su intervención contra Irak. Así, el informe presupuestario mensual para ciona entre sus entradas 1.630 millones de dólares provinientes de la "Cuenta de Cooperación para la Defensa" (Defense Cooperatión Account), que no es otra cosa que los fondos constituidos por el pool de ricos agradecidos a Washintong. Pero esta partida complementaria cubre menos de la tercera parte del incremento de los gastos de octubre de 1990 en relación a octubre de 1989 (cerca de 5.000 millones). Por tanto el resultado final es el déficit record previsto para el nuevo año fiscal, es decir, la agravación de un problema que pesa enormemente sobre la econonia mundial, y en relacion al cual la

Tercer mundo sólo es un pequeño asunto. Este conjunto de consideraciones explican porque la estrategia del bloqueo de larga duración, las "sanciones" según el eufemismo en vigor, es una opción exluida de hecho por Washington. de la administración expresan su convicción de que el embargo no será suficiente para hacer retroceder a Sadam Husein, hablan simplemente de la imposibilidad de Estados Unidos de proseguir a largo plazo su actual esfuerzo. Mas francamente, Henry Kissinger decia lo mismo en su comunicación ante el Comité de la fuerzas armadas del Senado americano(3): "La presencia de una gran tuerza ejerce una presion so-

Husein, pero igualmente hace más difícil mantenerla por un periodo indefinido. Por lo tanto tendremos que tomar una decisión... en los próximos meses".

En este espítiru, el de la decisión a medio plazo, es en el que se han enviado los refuerzos. Su dimensión fue fijada en común por el general Powell, jefe del estado mayor inter-armas, y el

Schwarckoff, las fuerzas desplegadas en el Golfo. Y se corresponde a su estimación de las necesidades para un "golpe ofensivo", según la fórmula empleada por Bob Woodward, celebre informador del Washington Post(4), que explica: "E objetivo politico fijado por el presidente Bush (...) es 'expulsar al ejército irakí de Kuwait. En consecuencia, la tarea de los militares será realizar ese objetivo rápidamente y con el mínimo de pérdidas, lo que implica una potencia de fuego masiva". Decapitar al enemigo Según Voodward, el general Powell y el secretario de defensa, Dick Cheney, son los defensores de la nueva doctrina militar del Pentágono, puesta en práctica durante la invasión de Panamá en diciembre de 1989. Siempre según el periodista del Washington Post, sus elementos serían los siguientes: "secreto, 'decapitación' simbólica de la dirección enemiga y el choque aplastante de la fuerza de combate, que deberá ser hasta tal punto formidable que parezca invencible (...) Esta doctrina significa una reacción y un rechazo del gradualismo de Vietnam".

Más precisamente, en el específico caso de la confrontación con el ejército iraquí, que es evidentemente más poderoso que el de Noriega, el Pentágono querrá alcanzar su objetivo con el mínicombates terrestres. en principio y sobre todo, con su fuerza choque aérea, y preveen: "días puede ser que semanas- de bombardeos aéreos intensos, ininterrumpidos, destinados a destruir las defensas aéreas iraquíes, pulverizar las fortificaciones terrestres y aterrorizar y desmoralizar a las tropas iraquíes"(5).

En su edición del 5 de diciembre, la revista Newsweek describía más en detalle este mismo plan de los generales

"La ofensiva comenzará con un bombardeo aéreo masivo. A la hora H, los aviones militares eliminarán las defensas aéreas y los misiles con cabeza química iraquíes dirigidos hacia Israel, al igual que los enlaces del mando de Sadam con sus fuerzas. Las posteriores salidas de castigo irán dirigidas a destruir la aviación iraquí en tierra y en el aire, y a aplastar las fortificaciones de las tropas iraquíes. La US Air Force cree que puede mitad de las fuerzas de Sadan en una semana. En Bagdad, los cuarteles generales de Sadan serán reducidos a cenizas. Pero, en general, los objetivos civiles y la industria no militar serán perdonados. En el Pentágono, los estrategas militares creen que Bush ordenará una pausa en los bombardeos después de varios días, para dar a Sadan la posibilidad de rendirse".

Será entonces, según los planes elaborados en Washington, cuando intervendrán las fuerzas terrestres en Kuwait. El ataque será frontal y terrestre, según las informaciones de Newsweek, después de que la opción de un ataque aerotransportado y naval por el flanco se ha demostrado impracticable (los ejercicios de desembarco de los marines en Arabia saudita fueron lamentables). Washington preferiría -por razo nes políticas, pero sobre todo para minimizar sus propias pérdidas en vidas humanas- que las tropas egipcias y sauditas jugaran el papel principal en esta fase terrestre. Sin embargo estos países parecen poco entusiasmados por la idea y son poco fiables militarmente. Todo dependerá por tanto de la fase aérea de este escenario, lo ideal para el Pentágono sería que esta fuese suficiente para obligar a Sadam Husein

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a la rendición, para provocar su caída ), al menos, la desmoralización y des bandada de sus tropas, poco inclinadas a ir una vez más a la masacre para no lograr ningún resultado, como en la guerra contra Iran. Mascarada "pacifista" re último. La fecha límite para la reti rada iraqui de Kuwait, el 15 de enerc

Use corresponde perfectamente con el plazo del que tiene necesidad e Pentágono para enviar los nuevos refl contexto glar en of que Bush hizo el 30 de noviembre, su oferta de discusión, y en ese sentido es necesario in-

De hecho, el presidente americano se enfrentaba, desde septiembre, dentra de los a erosión del a yo a su en sue eximante anga ma de las fuerzas armadas del Senado. Y esto sucedía después de un mes de ctubre marcado por la ofensiva polític e los partidarios árabes y mundiale solución de compromiso que permitiera a Sadam Huseim retirarse de Kuwait sin perder la cara

Bush debía actuar sin pérdida tiempo: debía, a la vez, demostrar que (6). International Herald Tribune, 3 de diciembre de 1990 no quería la guerra y que, de haberla, se haría tomando todas las precauciones para que se desarrollara en las mejores condiciones para su ejército. Debía responder tanto a quienes le reprochaban no explorar realmente las posibilidades de un arreglo sin efusión de sangre, como a quienes le achacaban tomarse a la ligera la guerra contra Irak y subestimar las fuerzas de este país. De aquí que haya enviado refuerzos, siguiendo la doctrina de la superioridad aplastante y fulminante vez, haga una oferta de discusión.

Es evidente que Bush espera ardientemente que Sadam Husein capitule amenaza que pesa sobre él, ahorrándose una guerra que sigue siendo muy arriesgada a pesar de los planes del Pentágono. La mínima de Washington es que el dictador iraquí retire sus tropas de Kuwait sin contrapartidas, lo que implica que se someta por entero a la voluntad de Estados Unidos y sus aliados, puesto que de otra forma no lograría los medios financieros para asegurar la supervivencia de su régimen. Incluso en este caso, como afirmaba Dick Cheney en una entrevista televisada, en presencia de un Irak que dispone de un enorme potencial militar, y que ha demostrado sus intenciones rrollar incluso armamento nuclear, misiles balísticos, etc (...) Sería importante que la comunidad internacional elabore un conjunto de sanciones que contemespecíficamente estas tecnologías"(6). Sin embargo, si Sadam Husein no capitula, lo que está lejos de ser evidente dada su trayectoria en esta materia, entonces será la guerra Bush, en ese mismo discurso del 30 de noviembre, declaraba ante la opinión pública americana: "Os aseguro que si debe emprenderse la acción militar esto no será un nuevo Vietnam (...) No será una guerra prolongada". En efecto, los de sus generales se parecen más a un nuevo Hirosima.