Un año después de los sangrientos acontecimientos de la plaza de Tiananmen, los vencedores de aquel golpe de tuerza siguen mandando y se estuerzan por hacer irreversible la nueva situación. Tras esta aparente determinación, es mas bien la incertidumbre la que prevalece a todos los niveles; el poder está nervioso y poco seguro de si mismo. Tan poco seguro que ni siquiera se atrevió a organizar el tradicional desfile del Primero de Mayo en
China
UN SISTEMA EN LA
INCERTIDUMBRE
Pekín. El único elemento significativo del año transcurrido es la vuelta sobre los problemas económicos de una forma que prolonga y amplía la política de austeridad decidida en 1988 y aceptada entonces por los reformadores. Pero incluso esta orientación, que ahoga el crecimiento, es contestada. Numerosos índices muestran que las borrascas que vienen de Europa del Este comienzan a ejercer su efecto sobre un mundo chino que no puede, en ningún caso, volver a la situación de antaño.
Conforme pasa el tiempo, los acontecimientos de 1989 adquieren matices un poco diferentes; hoy se mide mejor la amplitud de la fractura que se produjo en las altas esferas de la dirección, y el poderoso ascenso de la corriente conservadora durante los dos o tres años que precedieron a la explosión. : rante la primavera de 1989, el mundo exterior y la población china pudieron pensar que era posible, e inicuso probable, una victoria de la corriente reformista dirigida por Zhao Ziyang, visto con posterioridad parece claro que la suerte estaba echada antes del comienzo de la agitación. Numerosos testimonios de exiliados que formaron parte del entorno de los reformadores explican como, ya desde 1988, la ofensiva conservadora se había hecho irreversible.
La alta burocracia del partido saboteó activamente los proyectos de los reformadores; el aparato gubernamental, durante mucho tiempo su bastión, fue copado por Li Peng en 1988, convirtiéndose desde entonces en el centro de una resistencia abierta al reformismo. Peor aún, Deng Xiaoping cambió y empezó a tomar alguna distancia en relación a los reformistas.
Hablando claro, la reforma estaba abiertamente en crisis. Desde mediados de los años 80 había aumentado los peligros centrífugos e introducía un riesgo de estallido del país: China fue haciéndose progresivamente ingobernable. Las dificultades se acumularon en el sector industrial y en el campo, paradójicamente donde la reforma habia obtenido sus mayores exitos.
La gestión económica se demuestra cada vez más incontrolable, las provincias y localidades escapan al control del centro. La inflación y la corrupción provocan tensiones sociales en las ciudades. El régimen estaba perdiendo a toda velocidad los fragmentos de una legitimidad que recuperó penosamente en los mejores años de la reforma. En particular la corrupción minó lo que quedaba de crédito al poder. Había que reac-
Desde 1987-1988, hasta los reformamás encumbrados en el partido comprendían que era necesaria e indisuna rectificación económica. En 1988 las diversas corrientes poder aceptaron una política de austeridad y de lucha contra la inflación.
En 1988-1989 esta política, prevista para un corto período (alrededor de un año), fue prolongada al menos tres años más. El sector contrario a la reforma pasó entonces a la ofensiva; fueron reuniendo una coalición de fuerzas cada vez más irresistible, que llevó poco a poco a Deng a sus posiciones(1). Zao Ziyang, Primer ministro y Primer secretario del Partido Comunista Chino (PCC) (en sustitución del decidido reformador Hu Yaobang, purgado a comienzos de 1987 por un conglomerado heterogéneo apoyado por Deng Xiaoping) debió ceder a sus adversarios la dirección del gobierno y, rápidamente después, el poder real. Antes incluso del comienzo de los tumultos la jerarquía del partido comenzó a buscar un sucesor al muy debilitado "jefe" del PCC.
Roland Lew* Zhao Ziyang jugó entonces su órdago al acercarse a los estudiantes rebeldes. Quizá tomaba posiciones para futuras batallas, puesto que la que estaba librando sin duda la tenía perdida.
Pero China había ido muy lejos en la desmaoización y en el replanteamiento de los rasgos despóticos del socialismo real (identificados con el maoismo). y, además, estaba dirigida por un patriarca, Deng Xiaoping -formado en el rudo molde antiguo, pero con una sólida reputación de pragmatismo-. Entonces, ¿Por qué esta China oficial se crispó bruscamente multiplicando las pruebas de su voluntad de volver sobre sus pasos?
Un poco rápidamente: se ha achacado esta regresión a los ancianos, todos ellos militantes de primera hora, comunistas desde los años 20, que a pesar de estar oficialmente jubilados (salvo Deng) conservaban lo esencial del poder. Jefes que no podían aceptar lo evidente: empujar la reforma más lejos era abandonar el socialismo real paulatinamente (o rápidamente, como demostrarían a posteriori los acontecimientos de Europa del Este) y, por tanto, aniquilar la obra y las formas de poder del socialismo real, así como las ventajas y los privilegios sociales ligados a él.
La importancia de ese grupo es innegable. Dejaron la primera línea pero pusieron en su lugar a fieles allegados, "jóvenes" sexagenarios o septuagenarios como Yao Yilin, poderoso patrón de la Planificación que sustituyó a Chen Yun, reformador muy moderado convertido en el altanero guardián de los "principios" del socialismo real. Todos esos "grandes antepasados" siguieron en el centro del poder, presentes en las decisiones importantes del buró político, parece que mantenían también algún derecho de voto efectivo. En cierta medida, ade-
NOTAS: 1.- Ver L.Dittmer, "The Tiananmen Massacre", in Problems of communism, septiembre-octubre de 1989, p. 3 y siguientes. 2.- Ver Far Eastern Economic Review (FEER), artículos de los días 12 y 19 de octubre de 1989 y del 30 de noviembe de 1989. 3.- Ver Survey of World Broadcast (SWB), del 30 de noviembre de 1989, B2 p.3. 4.- Discurso de Li Peng en la conferencia nacional de la Planificación, 26 de diciembre de 1989, SWB/FE 29 febrero 1989. 5.- Los 39 puntos han sido publicados en el Renmin Ribao del 17 de enero de 1990. Ver también el comunicado de la sesión, texto más prudente, SWB del 11 de noviembre de 1989. 6.- SWB/FE:W0114 del 7 de febrero de 1990 y FEER del 22 de marzo de 1990. 7.- Ver Ta Kung Pao (Hong Kong) del 8 de abril de 1990. 8.- Discuso de Li Peng del 26 de diciembre, SWB/FE 29 de diciembre de 1989, B2, p.5. 9.- SWB/FE, B2, p. 1, del 7 de diciembre de 1989, y B2, p. 1 del 19 de diciembre de 1989. 10.- China Newsletter, Nº85, p.3 11.- FEER del 9 de noviembre de 1989. 12.- C. Aubert, "La crisis agrícola en China", Le courrier des pays de lEst, La documentation française, noviembre de 1989. 13.- FE/W/0123 del 11 de abril de 1990. 14.- Ver el punto 27 de la resolución en 39 puntos SWB/FE, B2, p.8, del 24 de enero de 1990.
más, consiguieron unir a sus puntos de vista a Deng, limitando su papel de arbitro y debilitando así de forma decisiva el campo de los reformadores.
La longevidad de estos revolucionarios supervivientes de tantas tempestades es impresionante. Ella ha hecho de los vencedores de 1949 los dueños de la situación 40 años después o, más exactamente, los dueños aparentes. Más allá de la lucha entre conservadores y reformadores Porque hay algo probablemente más decisivo que la resistencia física de estos hombres (y una sola mujer: la viuda de Zu Enlai, Deng Yingchao). Sin duda China sufre los mismos males que precipitaron la rápida caida del socialismo real en el Este, pero sus dimensiones determinan tanto las formas como la gesión de la crisis: Se podría hablar de sobredimensión a escala colosal de los problemas demográficos, de una sociedad mal articulada, así como de una unidad nacional siempre problemática de mantener y afectada por las consecuencias de la reforma económica, sin olvidar las dificultades, desde muchos puntos de vista inextricables, para pensar y poner en marcha un económico coherente. Pero si la retorma post-Mao se esforzó, a su manera, por responder a estos problemas, supuso a su vez una fuente de aceleración de la crisis e hizo dudar de la capacidad del régimen para gobernar toda China, para
Frente a esta exigencia, que ha obnubilado a todos los gobiernos y candidatos al poder durante el siglo XX (por no remontarse más lejos), las últimas divergencias significaban mucho más que el cara a cara entre reformadores y conservadores, con Deng Xiaoping en medio como punto de equilibrio. La fractura se remitía a interrogantes sobre la continuidad, e incluso la supervivencia de
El país estaba en crisis al comienzo de 1989, todos los observadores lo sabían o más bien sufrían sus efectos, pero nadie se esperaba la brutalidad del El nuevo equipo, urgido por el primer ministro Li Peng, Yao Yilin, y algunos intentó imponer una recentralización económica para hacer más duradera la política de austeridad iniciada en 1988, convirtiéndola incluso en el punto de partida del retorno a un control más estrecho del Estado y sus ministerios sobre las autoridades provinciales y locales(2). Se trataba de contener urgentemente una inflación amenazadora para el crecimiento económico y con efectos sociales potencialmente. explosivos en las ciudades.
La voluntad de recentralización y de afirmación de la autoridad estatal sobre economía parece evidente en todos lados, pero su realidad es más dudosa. La política de austeridad es innegable. Por otra parte era inevitable a fin de lievidente desbordamiento, en especial de las inversiones presupuestarias. y sobre todo extrapresupuestarias fuera del control de la autoridad central y a menudo irracionales (3). Se trataba también de frenar el recalentamiento de la economia.
En 1989, el crecimiento del Producto Nacional Bruto (PNB) fue sólo del 4% y el de la industria el 6,8%, la cifra más baja desde 1981. Para 1990 se han previsto objetivos de crecimiento modestos, un 6% en la industria y un 5% de la ren-
Los resultados más significativos se han obtenido reduciendo de forma drástica los flujos financieros, principalmente bancarios. Así se logró un cierto control de la inflación: mientras en 1988 era de alrededor del 30% (para una estimación oficial del 18,5%), en 1989 ha caido a cerca del 20%, lo que es aún mucho. El objetivo públicamente planteado es contener la subida de los precios por debajo del 10% en el espacio de tres años. Igualmente, se ha frenado la proliferación espectacular del sector privado y semiprivado. La periferia contra el "centro". Se está lejos de una verdadera recentralización y según el documento oficial más significativo sobre el tema, la resolución en 39 puntos adoptada en el pleno del Comité Central de noviembre de 1989, no se trata de volver por completo a la situación anterior. Además, se han necesitado meses para que ese texto, fruto de un compromiso evidente, se pusiera en circulación pública(5). No faltan los datos que confirman este penoso avance de la centralización. En primer muy revelador: para reimplantar el control absoluto del Estado se procede de la misma forma experimental y prudente que durante los primeros años de la reforma (entonces con objeti-
Se intenta recuperar poco a poco el viejo sistema. Asi, las autoridades cen"doble garantía" a 50 importantes presas del noreste. La comisión de Estado del Plan asegura directamente el aprovisionamiento completo de energía y materias primas a estas empresas, y corre a cuenta de ellas proporcionar una cuota precisa de producción, de impuestos y de beneficio(6). Las empresas estarán más controladas, pero ya no tienen que buscar laboriosamente (y a menudo de forma ilegal) una parte importante de sus insumos en el mercado libre. El futuro dirá como sale la experiencia. Lo importante es que en la fase actual se avanza prudentemente, a tientas, en la prueba y la incertidumbre de
las reacciones. Y hay que recordar que los experimentos de comienzos de los años 80 no fueron muy felices...
Por más que los dueños del país eliminaran al secretario general reformador, Zhao Ziyang, y quieran imponer sus decisiones en todos los terrenos, han encontrado una resistencia tenaz, encabezada sobre todo por autoridades regionales y locales que aprendieron a actuar a su antojo; ya ni siquiera es como a finales del período maoísta, cuando se "obedecía" sorteando las instrucciones. Actualmente, a penas se pone cara de aceptar las nuevas reglas, ni se intenta dar la impresión de someterse. Muchas autoridades regionales se han hecho demasiado fuertes para que el "centro" puede obligarlas fácilmente a dar prue-
El ejemplo que se cita más a menudo es el del gobernador de la provincia del Guandong -donde está Cantón, próximo a Hong-Kong- que mantiene una política de apertura, rayana en la dependencia, hacia esa ciudad-Estado capitalista. Claro que se trata del hijo de un prestigioso mariscal comunista hoy fallecido, Jianying, y que evidentemente goza de una red de apoyos importantes hasta en la cúspide del poder (algunos rumores en Hong-Kong hablan de posibles cambios en la jerarquía de la provincia)(7). Cada región protege sus propios intereses, incluso los más estrechos, contra el resto de China y contra el "centro", que muchas veces está desarmado ante la proliferación de egoísmos sólidamente apoyados en la estructura local y que a menudo hacen causa común con la población(8). De cualquier forma la nueva lógica económica, surgida de más de un decenio de reformas, ha ido demasiado lejos como para que un llamamiento al orden, o instrucciones desde arriba, puedan producir cambios en comportamientos localistas muy anclados ya. Los reiterados llamamientos desde la dirección del Estado no pueden modificar una situación que es producto de la inmensidad del país y de niveles cada vez más desiquales de desarrollo(9).
De alguna manera la situacion se na invertido. Cuando los reformadores estaban en el puesto de mando el aparato central saboteaba sus decisiones, mientras que las regiones más bien las apoyaban. Ahora las provincias y localidades obstruyen de forma más o menos pasiva, y el aparato central tiene dificultades para ejercer su autoridad. Un reciente informe oficial de la Oficina de Estadísticas no duda en describir la pérdida de iniciativa de los cuadros de empresa, incluso la pasividad que existe a todos los niveles a la espera de una política económica firme y poderosamente apoyada(10). La prudencia y reserva de los gerentes son tanto más comprensibles cuando el régimen proclama, por boca del propio Li Peng, la necesidad para el Partido de retomar directamente el poder en las empresas, es decir, de
Un grupo de estudiantes escucha a un joven dirigente en la conmemoración de Tiananmen en la Universidad de Pekin. volver a la situación de la época maoísta en la que el director estaba estrechasubordinado al secretario del PCC local: verborrea ideológica o verdadera ofensiva, nadie lo sabe exactamen-
El "centro" puede frenar los excesos de gastos con efectos inflacionistas y controlar mejor el comercio exterior, pero ya no tiene los medios para un verdadero dominio del tejido de la vida industrial. Por otra parte, expresa claramente su decisión de dar otra vez una sólida autoridad al Estado, pero afirma a la vez querer mantener la reforma, incluyendo su dimensión de extensión de la propiedad privada. El "centro" no siente ningún entusiasmo por esta reforma y menos aún una fascinación por la propiedad privada: sencillamente ya no puede hacer otra cosa. El gusano reformista está en todas partes, también sigue bien representado aún en la cumbre. Cuando Deng inclinó la decisión del lado de la represión, en junio de 1989, ni mucho menos dejó el camino libre a los conservadores. Fue él quien eligió como sucesor de Zhao Ziyang a un candidato de compromiso, Jiang Jemin, rechazando para el puesto supremo a Li Peng, que está totalmente identificado con los conservadores. Y Jiang Jemin, antiguo jefe de la ciudad industrial de Shanghai, favorece naturalmente a su ciudad, el único bastión firme con el que cuenta dentro de su frágil poder. Evidentemente la política llevada a cabo en Shanghai consiste, de acuerdo con la doctrina actual, en apoyarse en las grandes empresas del Estado; pero favorece, a la vez, una autonomización más amplia de ese centro industrial, reduce el corsé de las directivas estatales, intenta atraer el máximo de capitales extranjeros y desarrollar una bolsa financiera. En definitiva, tiende a una especie de capitalismo estatal, proyecto muy alejado de las intenciones de los vencedores de la primavera de 1989...
Pero lo que más se resiste a la reforma es la prácticas real de los cuadros a todos los niveles. No son partidarios de la vuelta a la centralización y al socialismo real. Son, sobre todo, el armazón herrumbroso de un aparato desconcertado y muy corrompido, que sólo piensa en parasitar y explotar lo más posible a una población que en gran medida sigue dependiendo de ellos. Esta burocracia ha hinchado considerablemente sus efectivos en los años 80 -un 60% entre 1982 y 1988, frente a sólo un 20% de aumento de la fuerza de trabajo globalen contradicción con la lógica de la reforma y con la indispensable austeridad presupuestaria(11). Sin duda no es un aparato con una coherencia económica, un sentido de Estado, de la continuidad y, menos aún, de una renovacion del funcionamiento del socialismo real.
Esta degradación es particularmente visible en el campo; si allí los cuadros no juegan ya en la práctica un papel funcional, viven sin embargo de las rentas del poder que hacen pagar muy ca-
Son ellos quienes deciden la atribu-
15.- SWB/FE/0761 del 11 de mayo de 1990. 16.- S. Rosen, "Political Education and Student Response: Some Background Factors Behind the 1989 Beijing Demonstrations", Issues and Studies, octubre 1989, p. 12 y siguientes. 17.- ibid, p. 19. 18.- SWB/FE/O 765 del 5 de mayo de 1990 В2, р.3 у 4. 19.- SWB/FE/0755 del 4 de mayo de 1990 В2, p.2. 20.- SWB/FE/0761 del 1 de mayo de 1990 в2, р. 1 у 2. 21,- SWB/FE/0755 del 4 de mayo de 1990 В2, р.2. 22.- SWB/FE/0758 del 8 de mayo de 1990 В2, p.7. 23.- Ver SWB/FE/ 0756 del 5 de mayo de 1990, B2, p. 1 a 6. 24.- J.T. Dreyer, "The People's Liberation Army and the Power Struggle of 1989", in Problems of communism, septiembre-octubre de 1989, p.42 y 43. 25.- Ver Ming Pao (Hong Kong) del 29 de diciembre de 1989. 26.- Ver China Newsletter Nº85, 1990, p. 9. 27.- Ver FEER del 25 de enero de 1990.
ción de las tierras a las familias (en principio la colectivización sigue siendo correcta). Fijan también el precio del "alquiler" -especie de "arrendamiento" de Estado- cuyo valor no ha sido nunca establecido nacionalmente. Todos los abusos son posibles en los pueblos, y normalmente se cometen...(12) Un confuso proyecto económico Las provincias y localidades tienen tendencia a ejercer un poder "feudal" sobre sus administrados y contra el "centro".
Use esfuerza, de forma no siempre irrazonable, por hacer prevalecer las exigencias de los intereses gloincluso por proteger a las regiones más desprovistas. Un informe oficial reconoce que, de 1985 a 1988, aumentó la diferencia entre regiones pobres y regiones ricas(13). No faltan los llamamientos en la prensa y las instrucciones oficiales instando a los cuadros locales a que dejen de inventar tasas y sobretasas abusivas, exigidas bajo todo tipo de pretextos falaces(14). Este comportamiento frecuente reaviva recuerdos muy desagradables de una época que creía pasada (la de las exacciones de la China republicana de 1912 a 1949).
Más de un oficial y de un ciudadano guardan en la memoria que la extorsión inmoderada por medio de impuestos tue una causa importante de la caída de la
En lo esencial, las autoriades de Pekín tienen una orientación económica incierta, reflejo de una relación de fuerzas no favorable unilateralmente a los conservadores, que les obliga a laboriosos compromisos con los reformadores y a tener encuenta el peso de la realidad, empezando por una dinámica económica que se les escapa. Todo se negocia y se pacta. Se forman poderosos agruecológicos para limitar la amplitud de proyectos de presas en los
Use esbozan verdaderos debates con argumentos razonables, le jos de los machacones discursos ideológicos y de la antigua prepotencia del poder central.
La represión que siguió a los acontecimientos de 1989 fue fuertísima, pero también muy corta y sin comparación posible con la que sufrieron las poblaciones durante el período maoísta. Hay que excluir una vuelta al pasado marcada por una represión de gran amplitud y que signifique el potente encuadramiento de una población pasiva. El régimen golpeó muy fuerte para trenar en seco a contestación. Igualmente, eligio las víctimas de forma muy selectiva, deliberadamente fuera del medio estudiantil al que se ha contenido pero sigue rebelde.
Para dar una impresión de vuelta a la el poder procede mente a una liberación por etapas: unas
600 personas liberadas en enero de
1990, alrededor de 200 en la primavera. Las autoridades reconocen que en Pekín 431 casos están aún "en investigación"(15). La cifra real es muy superior, pero sigue estando lejos de los millones de presos de los años negros del
Aplastando a sus opositores el régimen perdió lo que había ganado con mucho esfuerzo en la fase ascendente de la reforma. A comienzos de los años 80 se asistía, tras años de alejamiento, a una progresiva vuelta al PCC: en 1984, el 8% de los estudiantes de las universidades de Pekín eran miembros del Partido y el 11,5% en 1986. Aún más llamativo, casi el 25% de los diplonados se adhirieron en 1984, y cerca de una tercera parte en 1986(16). En esos medios el fenómeno respondía menos a la convicción -en las encuestas oficiales aparece un profundo escepticismo e incluso una fuerte desconfianza del mundo estudiantil hacia el régimen(17)- que a un cálculo: la esperanza de que un partido transformado, "modernizado" y pegado a las reformas económicas dejaría mucho sitio a los intelectuales y la futura capa de los expertos y de tecno-burócratas. Las presiones de muchos estudiantes solo tenían como objetivo acelerar ese proceso, apoyado por sectores no despreciables del aparato (incluído el secretario general Zhao Ziyang). Esta esperanza en la toma de poder era para muchos una motivación a la vez más precisa y más movilizadora, durante los sucesos de la primavera, que las vagas aspiraciones a la democracia. Incluso han podido desvelarse comportamientos poco democráticos de numerosos jefes estudiantiles, que a veces reproducían hasta la caricatura las mismas actitudes autoritarias de los odiados cuadros del PCC (hasta rodearse de guardaespaldas o multiplicar las purgas la masacre la ruptura ha sido profunda, pero sigue subsistiendo el proyecto tecnoburocrático. El aparato debe encontrar los medios para rehacer su relación con el mundo intelectual y estudiantil. Para lograrlo, a falta de visiones más innovadoras, se proponen a la juventud los valores de un patriotismo vago y muy clásico -que llega hasta la xenofobia-. A los intelectuales se les plantea el espejismo de las ventajas y el prestigio de la función de experto en un proyecto de modernización del pais, que el poder continúa haciendo suyo sin darle un perfil muy preciso (18).
Más directamente se trata de seducir, o al menos de dar confianza, a los numerosos estudiantes que viven en el extranjero con la esperanza de que vuelvan a la madre patria, provistos de sus preciosos conocimientos adquiridos en los grandes centros universitarios occi-
Pero por el momento la desconfianza es más fuerte y la inestabilidad social se ha generalizado, junto a un temor difuso
que nada tiene que ver ya con el miedo del pasado. La situación en las ciudades sigue siendo tensa y la violencia continúa muy presente. La delincuencia es un verdadero azote; sectores sociales у capas enteras escapan a cualquier control de las autoridades, por su parte el poder no se hace muchas ilusiones sobre la atmóstera de los centros urbanos (19). ( Inestabilidad social y política La palabra más importante desde hace meses es "estabilidad", el resto no son mas que discursos ideológicos trasnochados o viejos gestos verbales; como el llamamiento a voiver a las bellas costumbres de la crítica y de la autocrítica(20). Sin olvidar el editorial del Renmin Ribao (El diario de pueblo) que declara crudamente: "los principios del Partido son la esencia del periodismo socialista". El poder desnudo en toda su brutalidad (21).
O todavía más ridículo, la vuelta a la antigua imaginería, con un llamamiento a seguir el ejemplo de las santas figuras del pasado "rojo"; como el inimitable héroe del periodo maoísta, el bravo soldado Lei Feng, verdadera-falsa encarnación de la entrega, fabricada enteramente por la propaganda maoísta y objeto, desde hace no poco tiempo, de los chistes de una población desengañada y cínica. Que ese modelo, producto de las ingenuidades de una época maoísta caduca, sea exaltado por uno de más temibles conspiradores de la primavera pasada, Yang Baibang, no hace sino añadir lo despreciable a lo grotesconvicciones de antaño están muertas. Así es como debe entenderse, por ejemplo, la declaración de Li Peng afirmando que los empresarios forman parte de la clase obrera, del pueblo lla-
El llamamiento obsesivo y angustiante a la estabilidad expresa un objetivo importante y un temor evidente. Es como si el régimen jugara su última carta. Conoce el miedo de las masas al desorden, el espanto ante la vuelta de la violencia, como en la época de la Revolución cultural. No ignora el espanto de los cuadros del Partido y de la población urbana ante el riesgo de disgregación
De ahí viene la ecuación en la que se identifica el patriotismo con la democracia popular y el socialismo(23). De cierta forma el poder se presenta como el garante del orden frente al riesgo del caos; lo que es poco y mucho, a la vez. Poco, si se tienen en cuenta las maravillosas promesas del pasado. Muchísimo, dado que no hay otra alternativa. Esto supone Ignorar lo esencial de la actividad clandestina y lo que puede prepararse de forma subterránea; pero lo cierto es que el movimiento contestatario organizado, al menos en China, es débil. Al margen de los estudiantes y las universidades su tuerza apenas es constatable.
Los opositores o han huído, o están en prisión, o guardan silencio. exactamente, es probable que se dediquen a un trabajo de zapa sobre todo en el Partido. Porque sigue siendo en el Partido donde puede organizarse la resistencia más eficaz.
El ejército, importante factor de la realidad china, es una fuente de preocupaciones para los dirigentes. En principio todo está bajo control; la comisión militar del comité central, el verdadero centro del mando militar y uno de los lugares decisivos del poder en el país, es una ciudadela sólidamente ocupada por los "depuradores" de la Primavera.
El nuevo secretario general de esta comisión militar, el hombre encargado de la gestión cotidiana del ejército, no es otro que Yang Baibing (el mismo del elogio al valeroso soldado Lei Feng), figura de primera línea de la represión y hombre más activo en la represión de El espectro de Rumania Las reticencias son visibles en el seno del ejército, encargado de la sucia tarea de ser el brazo represor de los conflictos entre civiles(24). La joven generación de oficiales, formada por profesionales más que por "políticos", es sensible a lo que pasa en la sociedad. No es seguro que estos graduados no tengan contactos, alguien que les escuche en la alta jerarquía. Hubo que volver sobre el problema de los cuadros. militares en un proceso que hoy sigue su curso. Se comenta que 3.500 oficiales están sometidos a una investigación por su comDeng Xiaoping y Jiang Zemin portamiento -probablemente su inacción- durante los motines de Primavera. El espectro de Rumania asusta a los dirigentes, hasta el punto de que pusieron al ejército en estado de alerta a finales de diciembre de 1989, tras el derrumbamiento del régimen de Ceaucescu(25). No están seguros del comportamiento de un ejercito, antaño pretigioso, pero hoy traumatizado por ser visto como una fuerza de represión.
El ejército quiere cobrar su deuda ahora, que se pague su compromiso y su "esfuerzo" por medio de créditos suplementarios (desde hace un decenio su presupuesto está estancado o en baja). Logró un aumento de su presupuesto del 10% para 1990. Pieza clave de los futuros cambios, sobre todo en la difícil fase de sucesión del viejo Deng, no está controlado claramente por ningún clan, ni por ningún proyecto
La constante invocación a su papel como instrumento del Partido (de la "dictadura del proletariado") hace pensar en esa inseguridad
La fragilidad del poder también es evidente en sus relaciones con el mundo obrero. Era de esperar una política más atenta a las reivindicaciones obreras por parte de un equipo que hace gala de ortodoxia y debe buscar sus apoyos populares. De hecho se ha im puesto la política anterior, o mejor se ha pretendido imponer. equipo de Li Peng se esfuerza por limitar las alzas salariales, en la misma lógica que los retormadores, y también ha atacado el igualitarismo en las rentas; de ahí la tentativa de bloquear o suprimir las primas para hacer bajar el nivel de los salarios, cuyas subidas sobrepasan regularmente el aumento de la productividad del trabajo, pero sin alcanzar nunca a de los precios (16,6% de aumento de los salarios y alrededor del 20% de subida de los precios entre enero y octubre de 1989). Más aún, en septiembre de 1989 se decidió congelar el 10% del salario, colocado autoritariamente en bonos del Estado: es decir, un préstamo forzoso. El resultado no se hizo esperar; se desarrolló la agitación obrera bajo la forma de multitud de pequeñas presiones en las empresas y de manifestaciones (se habla de 500.000 manifestantes sólo en el primer semestre de 192). La productividad trabajo cayó brutalmente (menos del 3% de crecimiento en los nueve primeros meses de 1989, contra el 9% para el mismo período de 1988), lanzando así un serio desafío al poder(27) que retrocede y duda. Además, este último es consciente de que debe responder al grave problema de paro: fueron despedidos de 15 a 20 millones de los 135 millones que forman la población activa urbana y sólo una parte ha encontrado otro empleo. El paro urbano al menos ha pasado del 2% al 4% en 1989, afectando a unos 6 millones de personas (sin olvidar una posible pérdida de 15
28.- Ver The Economist, 10 de febrero de 1990. 29.- China Newsletter, Nº85, 1990, p.3. 30.- "La crisis china", Monde Diplomatique, diciembre 1988. 31.- C. Aubert, "La crisis agrícola China", Le courrier des pays de l'Est. La Documentación francesa, noviembre de 1989. 32.- China News Analysis, Hong Kong, 1 de enero de 1990, p.4 y siguientes, Remin Ribao del 22 de octubre de 1990. 33. - China Daily del 17 de marzo de 1990. 34.- Inside China Mainland, marzo 1990, p.9. 35.- FEER del 11 de enero de 1990.
millones de empleos en las industrias rurales en bancarrota)(28). Se aumentó el subsidio de paro, pero el problema, sigue intacto. A propósito de la actitud de los trabajadores se llega a hablar de
"fatiga mental", de letargo o incluso de desobediencia pasiva(29), de desmovilización social o económica. A finales de
1989 se comprobó una clara contracción del crecimiento industrial (0,7% en el último trimestre), que por primera vez en el decenio retrocedía en octubre. ¿Un silenciuo resignado?
_a política de austeridad fue criticada partir del Plenario de noviembre de 1989 y abiertamente puesta en cuestión en la cúspide del Estado.
El silencio campesino no implica hoy, como en la primavera de 1989, un apoyo al régimen, ni tampoco una simpatía por las ciudades y sus habitantes: los ntereses son demasiado distintos y no existe el diálogo. El silencio de la mayoría campesina es sin duda una baza para el PCC (el mundo rural representa más del:70% de la población), pero representa tambien una pesada hipoteca as causas del descontento son evidencampo conoció muchos éxitos no pocos desengaños después(30). nivel de vida real progresó un 124% de 1978 a 1984, pero solo alrededor del 5% entre 1984 y 1988, incluso podría haber bajado el 10% en 1989(31).
El campesino reacciona a su manera contra lo que no le gusta, poniendo en marcha una especie de huelga no declarada de la producción y de las entregas que contribuye a añadir fragilidad al régimen. La desconfianza es todavía mayor debido a los rumores que hubo en los pueblos sobre la posible intención del régimen de recolectivizar las tierras, hasta el punto de que fue necesario multiplicar los desmentidos en la prensa. La atmósfera no se ha distendido por la ambigua actitud de los cuadros en los pueblos, dejando en ocasiones crecer la duda(32). En un gesto favorable a la gente del campo, el poder pretende proceder a la nacionalización de las tierras (que todavía pertenecen a las colectividades), lo que sería una forma de garantizar la continuidad del proceso de descolectivización, y de proteger a los campesinos contra el poder de los pequeños jefes locales fijando reglas para el trabajo de la tierra (alquiler, concen-
Por ahora es sólo un proyecto, porque se ignora la reacción de los campesinos (la nacionalización podría ser vista como el inicio de una nueva colectivización progresiva). En la práctica, las autoridades retroceden ante todo lo que pueda suponer la ruptura del muy frágil equilibrio en el campo.
Las ciudades representan una amenaza permanente tan fuerte que el régimen no quiere añadirle una inestabilidad rural. La precaria paz y la tolerancia de los campesinos hacia el poder son su única fuerza y la razón de su supervi-
No es de extrañar entonces que, por razones tanto políticas como económicas, la agricultura se haya convertido en la prioridad de las prioridades (la primera de las diez enunciadas recientemente por Li Peng en la reunión de la Asamblea Nacional Popular).
A pesar de un buen año agrícola en
1989, que permitió superar por poco la cosecha record de 1984 (407,5 millones de toneladas de cereales en 1989), el mismo ministro de Agricultura, He Kang, piensa que el futuro no es glorioso.
Admite que será difícil lograr 400 kg. de cereales por habitante de aquí al año 2000, resultado alcanzado sin embargo en el expléndido año 1984(33). El poder utiliza esa inmensa mano de obra campesina para relanzar múltiples trabajos de irrigación: durante el invierno de 1990 se movilizaron 40 millones de citra no alcanzada desde hacía mucho tiempo(34). Pero el objetivo de 400 kilos por habitante es modesto, comparado con las normas interna-
Sea lo que sea su motivo la pasividad actual de los campesinos, que tan bien le viene a quienes están en el poder (y quizas a muchos opositores de las ciudades), no les permite medir el grado de aceptación o de rechazo de ese sector. Es una incertidumbre cargada de peli-
Esta situación, que prolonga en el mundo moderno un dato de fondo que atraviesa siglos de vida campesina tradicional, contribuye en gran medida a la ingobernabilidad de China.
Nada está decidido. Las dudas de los vencedores, su sensibilidad y su miedo ante las explosiones que se suceden en un país del Este tras otro demuestran su debilidad(35). Todo el mundo espera la sucesión para empezar la pelea. Se sopesan cuidadosamente las posibilidades de supervivencia de Deng Xiaoping, 86 años, o de Chen Yun, 85 años, jefe de fila de los conservadores y según se comenta a punto de pasar a mejor vida. Es como si el destino nacional se jugase con la supervivencia de unos viejos que se agotan física y políticamente. Mientras tanto, los protagonistas se preparan para un nuevo asalto y hay una incertidumbre total sobre la actuación de la sociedad. Si los dirigentes reales son muy viejos, sus herederos designados son poco claros (Jiang populares y a veces odiados (Li Peng). Período gris, que sigue a momentos sombríos, y prepara un próximo futuro también gris.
30 mayo de 1990 * Roland Lew es profesor en la Universidad libre de Bruselas y especialista sobre China.