Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Tema

La cuestión nacional en la URSS: Fuerza y debilidad de una tradición marxista

· Inprecor n.º 77, julio de 1990 · pp. I-VI · 5.492 palabras

LA CUESTIÓN NACIONAL EN LA URSS

FUERZA Y DEBILIDAD DE

UNA TRADICION MARXISTA

Los marxistas han evolucionado y se han diferenciado en el análisis de la cuestión nacional, y ello desde antes de la toma del poder, en el contexto capitalista(1). La estalinización o la burocratización de las sociedades post-capitalistas plantean nuevos problemas ante los que no hay una única "solución", independiente del contexto y por encima de los pueblos interesados. Tal es la tesis fundamental de este trabajo. La actual crisis de los nacionalismos en la URSS es evidentemente el producto de múltiples causas. Suben a la superficie muchos aspectos culturales o de la vieja historia que a veces no conocemos o conocemos mal. No discutiremos sobre ellos, a fin de concentrarnos en lo esencial: la cuestión de la naturaleza y de la responsabilidad fundamental de la opresión estalinista en los conflictos actuales, y también la de los errores y debilidades del propio poder bolchevique y la del proyecto socialista.

No aceptamos meter en el mismo saco revolución y contrarrevolución, bolchevismo y estalinismo, la violencia o las medidas excepcionales en tiempos

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ENZO TRAVERSO Y CATHERINE SAMARY de guerra civil y la violencia institucionalizada de una dictadura consolidada. Pero los errores de la revolución facilitan las contrarrevoluciones y ayudan a los ideólogos reaccionarios a hacer tabla rasa con tirios y troyanos. Por esta razón nos interesa debatir sobre ello. Más allá de la revolución de Octubre, lo que nos interesa es la importancia de los problemas nacionales en las luchas contra la dictadura burocrática y por el socialismo.

El enfoque "nacionalista" de la cuestión nacional aísla ese criterio nacional del resto. Muy al contrario, si se quieren comprender las dinámicas contradictorias de los movimientos nacionales, los diferentes potenciales que conllevan -y los errores del movimiento obrero, generalmente ligados a enfoques unilaterales • atemporales-, hay que poner en evidencia la imbricación de la cuestión nacional en los contextos socioeconómicos, culturales y políticos en los que evoluciona. Aquí sólo podremos verter a este necesario análisis algunas observaciones.

En la Unión Soviética surgida de la revolución de Octubre, un país atrasado y rodeado por un mundo capitalista hostil, los problemas nacionales acumulados durante varios siglos de absolutismo tenían que tener un peso considerable en el parto de la nueva sociedad. Los bolcheviques eran conscientes de ello. Al mismo tiempo, mientras unos percibían estos problemas como un producto del pasado a marchitarse con el socialismo (según la tradición de Kautski, continuada por Lenin y Stalin), para otros, justo a la inversa, el advenimiento del socialismo permitía la expansión de culturas nacionales largo tiempo oprimidas (Rosa Luxemburgo, en continuidad con Bauer, compartía este punto de vista con Trotski). Pero las cuestiones culturales, lejos de emanciparse de las tensiones políticas y de clase, se mezclaban con ellas. Los posiciones de los marxistas se recomponían de diferente forma, según se tratase de emitir un juicio sobre el Estado a destruir o sobre el Estado a construir y defender en lo inmediato(1). La lucha política contra el imperio zarista, y también contra el pan-turquismo y el pan-islamismo les llevaba a utilizar como arma el derecho a la autodeterminación de las minorías oprimidas, aunque no tuvieran una visión clara del sistema a construir

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y del lugar que en él ocuparía la cuestión nacional en el futuro. Los bolcheviques heredaban además una visión del socialismo que prolongaba de modo unilateral y economicista las tendencias del capitalismo mundial a la centralización y a la internacionalización del proceso productivo. Por otro lado, en parte en nombre de esa visión, Rosa Luxemburgo (al margen de su analisis de las culturas nacionales) consideraba utópica y reaccionaria la separación del Estado polaco. La sutileza de juicio político de Lenin le permitió no cometer el mismo error.

La revolución de Octubre y la cuestión nacional soviético reconoció inmediatamente el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos del acuerdos de Brest-Litovsk, sancionó la separación de Finlandia, Polonia y los países bálticos. Se tomaron medidas para favorecer la lengua y la cultura de las nacionalidades oprimidas por el za-

En el transcurso de veinte las literaturas ucraniana y yiddish salieron por fin a la luz, animadas y ya no reprimidas por el Estado. Bajo el impulso en ocasiones muy enérgico de los responsables nacionales Bolchevique, estas medidas provocaron un formidable renacimiento cultural de varias nacionalidades (frecuentemente acompañado de cierto pluralismo político). En los años veinte las no-rusas fueron "desrusificadas". El bielorruso, reducido hasta entonces al rango de dialecto, fue promovido a lengua nacional. Decenas de pueblos de cultura oral, analfabetos, vieron como se les dotaba de lenguas escritas y literaturas. Los "alfabetos asiáticos", considerados demasiado aristocráticos, fueron reemplazados por alfabetos latinizados (como hizo también Kemal Ataturk). La medida sigue siendo controvertida: la latinización se acompañó de una instrucción en masa y a la vez se tradujo en el inicio de nuevas culturas, pero también supuso con frecuencia el empobrecimiento de las raíces culturales. Esto facilitó, a finales de los años veinte, el proyecto de crear literaturas "nacionales en la forma y socialistas en el contenido", cuyo efecto fue bloquear el desarrollo de las culturas nacionales minoritarias y abrir de hecho la vía a la rusificación. Esta dará un salto cualitativo con

77 Cuestión Nacional en la URSS la introducción del alfabeto cirílico para todas las lenguas no-eslavas, impuesta por Stalin a finales de los años treinta (medida que aun hoy provoca legítimas revueltas).

Las vacilaciones de los bolcheviques La política nacional de los bolcheviques -solos en el poder durante la guerra civil- demostró rápidamente sus límites, que debilitaron su posición en una situación que hacía decisivo ganar el apoyo popular fuera de Rusia. Su hostilidad de partida al federalismo y a la idea de la autonomía nacional cultural, en nombre del centralismo pregonado desde el segundo congreso de la socialdemocracia rusa (1903), les enajenó las simpatías organizaciones socialistas no-rusas del imperio zarista. Construyeron el nuevo régimen sobre un compromiso muy frágil con las diferentes naciones. El rechazo de los partidos comunistas ucraniano y judío, que se situaban fuera del Partido Bolchevique y pedían la adhesión a la Internacional Comunista base nacional, contribuyó posteriormente a reducir el entusiasmo provocado por la revolución de Octubre en las nacionalidades no-rusas. El conflicto del Alto Karabaj no sólo expresa antagonismos seculares, sino que cuestiona el orden establecido por el Ejército Rojo a principios de los años veinte. Esta región, reivindicada hoy por los azeri (musulmán) y armenio (cristiano), de población armenia, fue incorporada por los bolcheviques a la República de Azerbayán en 1923. Fue una concesión al régimen kemalista de realizada por supuesto en la perspectiva de una extensión de la revolución en Oriente. Pero, conociendo el genocidio del pueblo armenio -siempre negado por las autoridades turcas- que había tenido lugar en 1916, esta opción, cuyas consecuencias se siguen pagando hoy, resulta como mínimo dudosa y anti-democrática. El conflicto georgiano ilustra la misma fragilidad de principios dentro de una óptica de defensa del joven poder soviético, pero con una toma de conciencia y una evolución de Lenin contraria a la de Stalin.

La nominación de Stalin al puesto de Comisario para las Nacionalidades no fue casual. Su folleto de 1913, "El marxismo y la cuestión nacional", acusaba en cada página de nacionalismo a los socialistas austríacos, judíos, armenios, ucranianos y georgianos y definía las naciones en función de una serie de criterios normativos. Al inicio Lenin compartía con él una concepción muy centralista del Estado, pero mantenía una sensibilidad intransigente en cuanto al carácter reaccionario de la opresión gran-rusa. La constatación de que esta opresión se reproducía en el nuevo Estado y en los comportamientos burocráticos iba a alimentar una revisión crítica de su actitud tras la guerra civil. Aunque empírico y no muy sistemático, este giro se esbozó con bastante claridad en sus

En diciembre de 1922, Lenin reconocía que el nuevo régimen federal no había sido capaz de acabar con la opresión nacional ejercida por el nacionalismo gran-ruso. opinión era absolutamente indispensable no sólo imponer el respeto a la igualdad formal entre naciones, sino incluso una "cierta desigualdad" que tratara de corregir las injusticias de la vida real y del pasado; tratar de manera diterente a nacionalidades oprimidas y ex-dominantes parecía necesario para consolidar su porvenir en común en el nuevo Estado.

El "último combate" de Lenin Consideraba también la posible separación de ciertas repúblicas soviéticas, en el marco de una alianza únicamente diplomática y militar. Como bien ha mostrado el historiador Moshe Lewin, en su último combate Lenin se opuso al intento -más tarde realizado por Stalin- de transformar en sentido centralista la estructura federal del Estado soviético. Propuso establecer un turno de forma que la URSS fuese presidida sucesivamente por un ruso, un ucraniano, un georgiano, etc. En este sentido Lenin combatía decididamente la idea de Stalin (que él también defendió en el pasado) de no conceder a las diferentes nacionalidades (en principio siempre libres de separarse) más que una autonomía territorial en el seno de un Estado único (ruso). La oposición de Lenin al centralismo estalinista coincidía con la reivindicación de los comunistas de las repúblicas no-rusas, permitiéndoles establecer un compromiso que duraría hasta finales de los años veinte.

Lenin había criticado también los métodos autoritarios y burocráticos empleados por Stalin y Ordjonikidze durante la "sovietización" de Georgia. Propuso una alianza con el dirigente menchevique

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Jordania, que había presidido un efímero Estado georgiano antes de la intervención del Ejército Rojo y seguia abierto a una colaboración con el poder soviético. ¿Rechazaba la misma ocupación de Georgia y no sólo los "métodos" empleados por Stalin? La interrogante sigue abierta y nos inclinaríamos más bien por una respuesta negativa, en función del estado de ánimo dominante entonces, incluyendo a Trotski, en el enfoque de la defensa del joven Estado obrero.

Defensa del Estado obrero y derechos nacionales En efecto Trotski tuvo una gran indulgencia, dictada a su parecer por las exigencias de la guerra civil, respecto a la ocupación de territorios en los que se proclamaban repúblicas "soviéticas" gozando de un apoyo popular muy débil. En su libro "Entre el imperialismo y la revolución", escrito en 1922, en polemica con la socialdemocracia occidental, no ahorraba esfuerzos en defensa de la ocupación de Georgia. Tres años más tarde, en 1924, la resistencia georgiana a una intervención del Ejército Rojo no pedida ni deseada, se expresaba por medio de una última insurrección popular que fue rápidamente aplastada, dejando numerosas víctimas(4). Volviendo sobre este asunto, en 1940, Trotski jus

"sovietización forzosa" Georgia calificando de "prejuicios pequeño-burguesa" los derechos nacionales de sus pueblos, con respecto a los cuales debía tener prioridad la defensa

La ocupación del Caúcaso tuvo lugar en una fase en que la guerra civil había desorganizado el conjunto de la economía y de las fuerzas sociales del país, reduciendo la democracia soviética a una cáscara vacía. No se trata de subestimar la gravedad de la guerra civil, ni de contestar la necesidad en tales condiciones de medidas drásticas, a veces dolorosas. Pero con ello, en circunstancias evidentemente excepcionales, se justificó una defensa de la revolución que violaba principios de liberación nacional y social preconizados por esa misma revolución. demuestra que en realidad se trata de medidas contraproducentes desde el punto de vista de la propia revolución, y

Este debate afecta menos a ambigüedades sobre la cuestión nacional que al

77 problema de la democracia en la revolución y en defensa de es preciso demostrar la hipocresía de las críticas de los seudodemócratas del "mundo libre" a los revolucionarios. No es el carácter de aquella ofensiva lo que está aquí en juego, ni tampoco su muy limitada concepción de la democracia. El debate remite a las críticas que planteó Rosa Luxemburgo, desde punto de vista revolucionario, a propósito de las medidas de limitación de las libertades democráticas tomadas por los bolcheviques (aunque lo que ella entendía como medidas que podían acabar con la autoactividad de los trabajadores, esencial frente a la burocratización, no lo admitiera para la autodeterminación de los pueblos...); este mismo debate se debe tener respecto a la prohibición de fracciones en el partido y, en el mismo sentido, sobre la tendencia a erigir al partido (monolítico) como compendio del punto de vista histórico "justo" de un proletariado supuestamente homogéneo(6). Por supuesto, la paradoja reside en que realizar la democracia es más difícil cuanto más atrasada y amenazauna sociedad, pero es tanto más necesaria cuanto más frágil es poder en ella. Ganar a las nacionalidades no-rusas a la revolución socialista era un reto estratégico. El respeto a la soberanía nacional de las componentes de la URSS era esencial para su defensa, y después para su construcción. La dimensión real del problema puede verLa revolución traicionada y la degeneración patriotera de la URSS. La herencia del zarismo y los errores de los bolcheviques serán explotados por la contrarrevolución estalinista que tomará un contenido reaccionario gran-ruso específico, primero de hecho y después casi de derecho. A finales de los años treinta el papel dominante de la lengua rusa incluso era teorizado por los lingüistas soviéticos que, estimulados por el "Padrecito de los Pueblos", descubrieron las "lenguas mundiales"(7). Según esta profunda teoría científica, cada formación histórico-social tendría su propia "lengua mundial": el esclavismo antiguo el griego, el feudalismo el latín, el capitalismo el ingles y el socialismo, por supuesto, el ruso. En consecuencia, uzbeucranianos, moldavos, georgianos y el resto los pueblos "atrasados" deberían acogerlo con alegria, como un regalo del progreso de la historia (húnga ros, checos, alemanes orientales... fueron obligados a aprenderlo hasta que las actuales revueltas han hecho desaparecer esa regla).

Hay que reconocer a Trotski el mérito histórico de haber sido una de las pocas personalidades (y uno de los pocos marxistas) que denunciaron con vigor el renacimiento del nacionalismo gran-ruso bajo el estalinismo. En 1939, no se andaba con rodeos al caracterizar los estragos provocados por la opresión burocrática en la Ucrania soviética(8). Algunos años antes Trotski había alertado públicamente contra el antisemitismo que impregnaba la vida soviética. Calificaba a Birobidjan, región siberiana deshabitada e inhóspita donde el gobierno de Moscú decidió (sin consultar a nadie) construir un "Estado judío", de "farsa burocrática". (9)

En ese período inició una nueva reflexión, que concluyó con la reivindicación del derecho de autodeterminación para todos los pueblos oprimidos en una Unión Soviética burocratizada. Hacia finales de los años treinta consigna de una Ucrania socialista e independiente, que podía favorecer la unificación del movimiento nacional ucraniano de la URSS con los de los países colindantes (Polonia, Rumanía y Hungría): así pues, la formación de una Ucrania "obrera y campesina, libre e independiente" podía ser, en la óptica de Trotski, un punto de encuentro entre la revolución socialista en Europa y la liberación de la URSS de la dictadura esta-

En el contexto del apogeo estalinista y de los crímenes de la colectivizacion forzosa, la separación de Ucrania podía favorecer un proceso de revolución anti-

Men el seno de la propia URSS. Por el contrario, la guerra iba a permitir a Stalin rematar su dictadura.

El gran hermano ruso La evolución de las constituciones soviéticas es significativa del giro profundidad hacia la degeneración patrio-tera de la URSS tras la Segunda Guerra Mundial. En 1936, el Estado aparecía todavía como una federación de repúblicas oficialmente iguales entre sí. Seguía predominando la ideologia dominante en la revolución, que denunciaba el colo-nialismo gran-ruso. Pero Stalin, en su paranoia, ya reservaba los puestos clave para los rusos. Además,

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la política de colectivización forzosa, de liquidación física de los kulaks como clase, de represión de la religión y de las tradiciones culturales campesinas, de purgas políticas... había afectado a todas las poblaciones, rusas y no-rusas La gran diferencia para las nacionalidades no-rusas era que semejantes crímenes sólo podían entenderse a la vez como la violencia emanada de un poder ruso, que les oprimía como nacionalidad

Esta diferencia se ahondará al glorificar Stalin el papel de "vanguardia" jugado por la nación rusa en la lucha contra el fascismo; al mismo tiempo que pueblos enteros eran "castigados" deportación por crímenes nistas (como el conocido caso de los tártaros de Crimea), otros serían asimi-

Men el marco acuerdos concertados en el pacto Ri-

A partir de entonces hubo una jerarquía de naciones (las "buenas" y las "malas"); una "comunidad socialista", claro está, pero construída en torno a un "primogénito". El exámen retrospectivo de la historia se realizó en esa misma clave, destacando el papel civilizador del imperio ruso sobre otras nacionalidades. Así se comprende que hoy sea posible la existencia de la organización gran-rusa Pamiat: algunas de sus corrientes denuncian sobre todo la destrucción de los pueblos, la cultura y las glesias rusas por una revolución cuyo artífice fue un tal Lev Davidovich Bronstein (Stalin habría sido simplemente su ejecutor), mientras otras (a veces pueden ser las mismas) ensalzan el papel de Stalin, en especial al Stalin posterior a la Segunda Guerra Mundial, alabando la misión histórica del pueblo ruso y denunciando el liberalismo mercantil, a los judíos, al dinero y a Occidente.

El deshielo kruschoviano aumentó las posibilidades de autonomía cultural y regional y rehabilitó a los pueblos "castigados", solucionar las consecuencias su deportación. La hipótesis del rápido avance hacia la "victoria del comunismo, en 1980" suponia ideológicamente la doble desaparición de la clase obrera y de las naciones, en beneficio de "todo el pueblo (soviético)". La idea de una rápida fusión de las naciones "socialistas" proyectos de una planificación supranacional en el seno del COMECON. El proyecto tropezó con el irresistible ascenso de los "comunismos nacionales" que buscaban sus propias vias.

La Constitución dictada bajo Breznev bios®, que no obstante seguiría siendo la sordina a la "fusión de los pueperspectiva teórica. Ese tono menor irá

77 Cuestión Nacional en la URSS promoción "nacionales" al politburó, a la concesión más o menos formal (creían) de un margen de maniobra (por no decir "responsabilidad") a los cuadros de las repúblicas (los segundos eran normalmente rusos y los primeros las nacionalidades). Se cuidó el tener una buena proporción estadística en el Soviet Supremo; pero en el Presidium, Comités de Estado había un 90% de añadió al concepto de "Estado de todo el pueblo" el del "papel dirigente del Partido" (que hasta entonces nunca estuvo inscrito en la Constitución), como forma de evitar que esas concesiones atenuaran en lo más mínimo el centralismo político. En realidad, la era Breznev fue también la del ascenso de las mafias "nacionales", la de una corrupción desenfrenada y la del clientelismo en torno a los cuadros de las repúblicas, muy particularmente de las asiáticas. De hecho las estructuras regionales de la planificación central escapaban cada vez más del control del centro. Las tendencias a la rusificación de toda la vida pública y científica, relegando las lenguas nacionales a la vida privada, chocaron con la creciente resistencia de una intelligentsia cuyo papel del régimen también aumentaba, especialmente en Ucrania,

La lucha contra las mafias iniciada por Andropov y, después, la política de renovación de cuadros impulsada por Gorbachov (basada en cuadros rusos) contra los dirigentes más corruptos de la época brezneviana, tuvo que enfrentarse a poderosas camarillas que se apoyaban en las revueltas populares contra los poderes del centro "ruso" (las revueltas de Alma-Ata contra la destitución de Kunaiev, en 1986, fueron un significativo ejemplo de ello). Los estragos ecológicos de las políticas decididas por el centro alimentaron los primeros grandes movimientos de masas en Armenia y las repúblicas bálticas, y plantearon el problema de los niveles de toma de decisión y de control; es decir el problema del poder de las repúblicas. A su vez, la política de glasnost y la perestroika favorecían la exigencia de un examen retrospectivo de la historia y de la soberanía nacional, impregnado por el cúmulo socio-económicos inducidos por las reformas y por un balance global desastroso de la incuria burocráti-

En este terreno las estadísticas son bastante menos fiables que los sentimientos populares: cada uno puede hacer "su" estadística para "demostrar" (en el caso de las repúblicas ricas) que serían más ricas si el centro no hubiera impuesto sus planes productivos ni hubiera arrebatado recursos para redistribuirlos a los menos eficaces; y (en el de las más pobres) que han sido "colonizapor una estructura de producción que reproduce una división del trabajo "Norte-Sur". Ambos puntos de vista son parcialmente reales y compatibles. La planificación burocrática encubre dos tipos de transferencias difícilmente "medibles" de forma precisa. Por una parte, el apoyo sistemático a las ramas, regiones y sectores menos productivos y más costosos (y desde ese punto de vista, en detrimento de los más productivos). Por otra, las materias primas y la energía (procedentes de las repúblicas menos desarrolladas) se suministraban un precio administrativo inferior al del mercado mundial. El conjunto ha sido ineficaz, ese es el problema real: las subvenciones se han gestionado de modo desastroso, y sin control por parte de los interesados sobre los recursos puestos en común (lo que incrementó la desconfianza en cualquier centraliza-

Un balance desastroso El resultado no es que los más ricos se hayan empobrecido. Las repúblicas bálticas, Rusia, Georgia, Armenia y Bielorrusia mejoraron su posición respecto a la media, y las repúblicas asiáticas retrocedieron. Estas últimas han acumulado las desventajas. En primer lugar la demografía (a crecimiento absoluto el ingreso per cápita disminuye estadísticamente en países de gran natalidad). Las poblaciones eslavas en conjunto aumentaron un 18%, entre 1959 y 1979, mientras las poblaciones musulmanas crecían un 72% (y los uzbekos un 107,1%). A ello hay que añadir las tradiciones culturales musulmanas: que presionan contra el control de natalidad, el trabajo de las mujeres fuera del hogar y, más en general, contra la urbanización y el trabajo industrial (en otras palabras: una parte no despreciable de la producción no es "mercantil", sino dirigida al autoconsumo). Evidentemente, en estas condiciones el juicio cualitativo sobre el tipo de desarrollo planteado es más importante que los números: en este sentido fue un crimen la sedentarización forzosa de las poblaciones uzbekas nómadas decidida por Stalin. Un coloquio de sociólogos sobre

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el tema del desarrollo regional en la URSS, en 1986, insistía en la necesidad de aproximarse a la producción (ligera) de la vida familiar y del campo en las repúblicas asiáticas. El resultado del burocratismo ha sido impedir la superación de las estructuras tradicionales más atrasadas, a la vez que se daba una elevación considerable del nivel de instrucción que diferencia este "colonialismo" del colonialismo "clásico"): las consecuencias son impresionantes, especial entre los uzbekos, que tienen un porcentaje de estudiantes equivalente a la media estatal. A finales del siglo XIX, el 15% de las mujeres rusas estaban alfabetizadas, frente a un 1,2% de las mujeres uzbekas; hoy, el 45% de estudiantes uzbekos son mujeres (la media soviética es del 52%).(8)

En otras palabras, para los poderes el problema de la juventud musulmana es explosivo: una juventud masivamente escolarizada; por razones culturales mucho más reticente que el resto a la movilidad geográfica; confrontada a un paro creciente por la combinación de la insuficiente creación de empleo en relación al crecimiento demográfico, por la crisis de los sectores tradicionales de la industria local (en especial el agotamiento relativo de los recursos petroleros y los desastres ecológicos de la industria algodonera) y por la lógica misma de la reformas económicas, si es que se aplican. Al ritmo actual de crecimiento demográfico, para el año 2000 más de la mitad de los jóvenes en el ejército serán musulmanes. Los parados son jóvenes, en primer lugar y sobre todo jóvenes musulmanes. Los disturbios que produce la miseria encuentran fácilmente chivos expiatorios: el otro, el extranjero.

Desequilibrios

Retenemos de Lenin el tratamiento desigualitario a situaciones desiguales entre nacionalidades y entre lenguas: el ruso es lengua dominante y vehículo de opresión. Especialmente en el ejército es uno de los medios utilizados por el centralismo burocrático estalinista para imponerse. La rusificación no es sólo una política burocrática, es también un resultado socio-cultural que los francófonos de Quebec conocen bien en relación al inglés: la libre elección de lengua empuja a la elección de aquella que permitirá a los niños la mayor movilidad. Igualmente hay una ventaja real de comunicación y de progreso para el acce-

Cuestión Nacional en la URSS diversificadas al hablar la(s) lengua(s) más extendida(s), que también tiene(n) la ventaja de con más traducciones: la igualdad mortal para las lenguas minoritarias. En consecuencia hay un problema doble, una doble tendencia histórica progresista, y efectos perversos y opresores en cada una de ellas tomada aisladamente. La tendencia más peligrosa políticamente es la negación de las culturas nacionales minoritarias, ahogándolas, lo que una opresión política. Tendencia que debe ser conbatida con medidas conscientes de protección específica: una de esas medidas es el estatuto de la lengua de esas repúblicas, que debe ser hablada en la vida pública y científica y que exige fórmulas complementarias y de control. Pero también la otra tendencia debe ser conscientemente combatida: el ensalzamiento de una cultura específica contra las demás, la agresión que exigiría imponer una norma de identidad cultural inmovilizándola en una etapa particular de su desarrollo, el nacionalismo estrecho. Que el nacionalismo no supone lo mismo, según sea la reacción de defensa de una nacionalidad oprimida o la agresión de una nacionalidad dominante, es una evidencia conviene recordar. Sin embargo, ello no debe hacernos aceptar el nacionalismo, sea cual sea, incluso con respecto a las nacionalidaades oprimidas (otra cosa es la defensa de derechos nacionales). Por otra parte, esa tendencia desemboca rápidamente en la opre sión a otras minorías, y en nociones re trógradas de derechos que no proceden ya de la ciudadania, sino de la pureza étnica. Por supuesto es preciso estudiar caso a caso la manipulación sobre la población que hayan podido realizar los poderes centrales. El caso de las repúblicas bálticas no es sencillo: allí, los obreros no cualificados rusos son un apoyo claro de los poderes burocráticos conservadores frente a los movimientos independentistas. Su presencia se facilitó por medio de una política de ofertar viviendas con el empleo; pero hay detrás un problema más general, se trata de empleos no cualificados ligados a la industria pesada, típica en la URSS, que la población báltica cualificada rechaza.

URSS, una de clásicas de llevar la fuerza de trabajo donde hace falta para realizar el plan es proveerla, en esos sitios, de alojamientos y otros bienes escasos. Lo que en otras partes es un mecanismo socioeconómico, en las repúblicas no-rusas es interiorizado, evidentemente, como una forma de opresión nacional. Los marxistas rusos tienen la responsabilidad hacer entender a la clase obrera rusa esas repúblicas incorporadas a la fuerza que la independencia es legítima y que en allas no están "en su casa". Y a los independentistas bálticos les inteobrera... finalmente, se sienta en con ellos y se revuelva contra los burócratas. Para conseguirlo sería necesario que los frentes nacionales tuvieran también un programa dirigido a los trabajadores. Por desgracia la independencia tenderá más bien a acelerar la aplicación de las reformas mercantiles.

No hay racionalidad económica por encima de los intereses de los pueblos A este respecto nuestra posición es clara: 1. No condicionamos el derecho de autodeterminación (otra cosa es nuestro propio programa, que tampoco nos guardamos en el bolsillo); 2. En ningún sentido defendemos las formas y contenidos actuales de la planificación burocrática; 3. No hay ninguna "racionalidad económica superior" que justifique oponerse a la separación de la URSS de tal o cual república: la opción es en primer lugar política. La Unión, para ser viable (iy, a fortiori, socialista!) debe ser libremente consentida y reversible. El marco para el ejercicio de la soberanía de los pueblos de la manera más satisfactoria debe ser democráticamente determinado por los propios interesados.

Se puede pensar que mientras existan fuertes tensiones y desigualdades de desarrollo, fórmulas de relación confederativas (con derecho de veto para los Estados componentes) permitirían combinar del mejor modo posible opciones e inversiones supranacionales en una serie de terrenos, y control soberano en otros. La parte que marcaría los distintos niveles de poder sería evolutiva y dependiente de la confianza y de los balances. Los territorios deberían perder tendencialmente su rigidez y las fronteras hacerse transparentes... Entonces los derechos culturales se emanciparían de lo político y de lo económico.

Mientras tanto... Algunas repúblicas querrán dejar la URSS y otras no. El hecho de que el barco se hunda y la parálisis del centro refuerzan las tendencias a la explosión.

La defensa incondicional del derecho de autodeterminación, que afirmamos

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con fuerza contra toda represión burocrática, no da ninguna receta para la solución de conflictos multidimensionales. Menos aún una respuesta universal, independiente de repúblicas, de la evolución de las situaciones vividas y de la percepción, por parte de las poblaciones afectadas, de as ventajas e inconvenientes de cada mento, ni necesariamente el más poderoso en la evolución de esas opciones. Porque han surgido nuevas configura-

Ucrania es un ejemplo llamativo de ello: en comparación con la situación de los años treinta ya no es campesina ni está fragmentada. Sus movilizaciones obreras no se han subordinado a una lucha anterior por la independencia, sino al contrario. El pasado verano las movilizaciones de masas de los mineros rusos estimularon las de los mineros ucra-

Use constituyó el frente de masas ucraniano, el Rukh, los mineindependentistas. ¿Porque su concienNOTAS: (1). Ver Enzo Traverso, "Socialismo e una controversa marxista", II Ponte, XL, 1984/1. En Critique communiste, los artículos: "Marxisme et question nationale", nº 78, oc-

"Internationalisme, nationalisme et anti-imperialisme". Lowy, nº87, especial verano de 1989. Y Michael Lowy, C. Veil, G. Haupt, "Les marxistes et la question nationale", Mas-

(2). Lenin, "Obras", t. 33, p.379. A este respecto, ver Moshe Lewin, "Le dernier combat de Lénine", Editions de Minuit,

París, 1964; así como Antonio Moscato

"La question nationale dans l'histoire de

'URSS", en Quatrieme Internationale, n° 32-33, 1989.

cia política no está suficientemente desarrollada? Podría pensarse si en el congreso del Rukh no hubieran expresado su apoyo a la reivindicación de la soberanía de Ucrania (y a la protección de su lengua, aunque no a su uso exclusivo). ¿Entonces? Estamos ante una evolución socioeconómica y cultural ligada a varios factores: Para empezar, la feroz represión sufrida por Ucrania bajo Stalin (persiste el recuerdo y ha alimentado fuertes corrientes independentistas en Ucrania Occidental); hay, una proximidad lingüística y cultural entre el ucraniano y el ruso (a diferencia de las repúblicas bálticas); finalmente está el nacimiento de una clase obrera ucraniana, cuya historia y conciencia cubren un nuevo periodo histórico, en el

Yes ni mucho menos evidente que la obtención de los derechos nacionales, de los atributos de la soberanía y de la democracia, pase por la salida de la Unión: la revolución puede afectar a toda la Unión. La dialéctica centro-periferia, reformas desde arriba-movimientos por abajo nunca ha sido tan tuerte. (3). Ver P. Broue, "Trotsky", Fayard, Paris, 1988, pp. 324-335. (4). Var C. Urjewicz, "La Georgie a la croisée des chemins: archaismes modernite", en Herodote. Para un análisis más general del problema, ver S Afanasyan, "L'Arménie, l'Azerbaïdjan et la Géorgie, de l'independance a l'instau1923)", L'Harmattan, Paris, 1981. (5). Trotsky, Oeuvres, t. 23, p. 288. En "En defense du marxisme" toma por el contrario una postura de denuncia radical de la ocupación de los países bálti-

1939, considerando que trataba de una violación burocrática de los derechos de los pueblos, volvería contra la propia idea del socialismo, fueran cuales fueran las transformaciones estructurales realizadas por la

Los movimientos nacionalistas no desencadenaron la glasnost y la perestroika, al revés, son ellas las que han animado la expresión más o menos independiente de movimientos desde abajo Lo que no quiere decir que las presiones desde abajo no existieran antes: las reformas suponen una anticipación respecto a una creciente crisis que podía llegar a ser explosiva. Pero la articulación de los sucesos reales influye evidentemente en las condiciones políticas de las luchas (diferentes en la URSS y en Rumanía...). Su capacidad de iniciati va ha dado a Gorbachov márgenes de maniobra política y explica que los movimientos de masas armenio y bálticos se hayan reclamado de tiempo. Su fuerza no ha sido independiente del apoyo de una parte de los aparatos locales de la burocracia En poco tiempo, estos movimientos conquistaron lo que los grupos independentistas solo creían posible con la separación.

¿Es suficiente y satisfactorio? ¡Seguro que no! Pero el camino para ir "más lejos" depende de la respuesta a la prelónde ir? Es decir, qué hacer eranía, sea cual sea su forma burocracia (6). En su texto programático sobre la democracia socialista, cional ha vuelto sobre el papel central de la democracia pluralista económica y política para expresar la pluralidad de opiniones y puntos de vista (nacionales, sociales, políticos) que dividen al propio proletariado y a sus aliados campesinos

(7). Ver F. Gadet, J.M. Gayman, Y. Mignot, E. Rudinesco, "Les maîtres : de la langue" (con textos de Marr, Stalin, Polivanov), Maspero, Paris, 1979. (8). L. Trotsky, Oeuvres, t.21, p. 125.

(9). L. Trotsky, Oeuvres, t.13, p.297.

(10). Ver especialmente J.M. Chauvier,

"L'URSS, une société en mouvement",

Editions de l'Aube, pp.355-357.