Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

URSS

Gorbachov en busca de identidad

· Inprecor n.º 77, julio de 1990 · pp. 24-27 · 2.513 palabras

Gorbachov junto a Popov, alcalde de Moscu, durante la celebración del Primero de Mayo, antes de abandonar la tribuna Unión Soviética GORBACHOV EN BUSCA DE LEGITIMIDAD

David Seppo El 14 de marzo pasado, una reunión del Congreso de Diputados del Pueblo especialmente convocada enmendó la Constitución soviética por 1.817 votos contra 133 y 61 abstenciones, creando una presidencia tuerte. El presidente tendra poder, entre otras cosas, para decretar la ley marcıal, ejercer el derecho de veto sobre las decisiones del Soviet Supremo (veto que podrá ser modificado por una votación de dos tercios), proponer leyes y hacer que las adopte el Parlamento por procedimientos de urgencia. A continuación, el Congreso procedió a la elección de Gorbachov para este puesto por 1.542 votos a favor, 368 en contra y 76 abstenciones. Vitalii Korotich, redactor jefe de la revista liberal "Ogoniok", , declaro, medio en broma medio en serio, que hoy por hoy Gorbachov es "oficialmente dictador" (1)

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A primera vista, hay razones para que este desarrollo de los acontecimientos le dejen a uno perplejo. S. Sergeev, presidente del Comité de Revisión Constitucional del Congreso justificó este cambio por la "parálisis del poder" (2). Pero de hecho Gorbachov poseía ya estos poderes. Tomando el ejemplo de los problemas de las nacionalidades en la Unión Soviética, que tan a menudo se citan para explicar la necesidad de poderes excepcionales, la realidad es que Gorbachov ha esperado tanto antes de intervenir en el bloqueo de Armenia por parte de Azerbaidjan, no porque no pudiera hacerlo, sino a causa de una decisión o de una indecisión personal. Una vez que se decidió lo hizo con rapidez y fuerza y no encontró oposición alguna por parte del Parlamento soviético. En lo que concierne a las repúblicas bálticas, descartado el uso de la fuerza, dado que no resolvería nada y sería una medida poco apoyada por el resto de la Precipitación Otra razón esgrimida a menudo para justificar los poderes excepcionales es la economía soviética. Por supuesto es cierto que, en medio de la cólera y el espanto de la mayoría de la población de a pie, la economía da cada vez más la imagen de una película del Oeste y de bandidaje generalizado. El escándalo en el que estaba implicada la empresa ANT, una "joint-venture" entre el Estado y una cooperativa, que estalló a finales de 1989, es típico de la actual escena económica soviética. Esta empresa, que empleaba a más de 5.000 personas en 150 sectores diferentes en toda la Unión Soviética, fue creada en principio para ayudar a la industria de defensa a reconvertirse a la producción civil. Pero, como empresa que busca obtener beneficios, ANT descubrió que era mucho más fácil y lucrativo comprar a bajo precio material militar soviético y venderlo en el extranjero, muchas veces a título de "deshecho", a cambio de divisas fuertes. La ANT fue cogida con las manos en la masa cuando intentaba exportar a Occidente doce carros de combate T-72 y 200 toneladas de titanio estratégico. Varios funcionarios gubernamentales de alto rango, que estaban involucrados en el escándalo han sido apartados de sus funciones o severamente reprendidos. Las acusaciones se dirigen ahora contra el mismísimo Primer Ministro(3).

El caso de la ANT no es más que la punta del iceberg del proceso social, en vias de intensificación, de fusión de la economía sumergida con los productores del sector estatal que disfrutan de situación de monopolio. Pero el problema no está en una falta de poder gubernamental. Y ello porque ha sido el propio gobierno quien ha dado una autonomía mayor a las empresas en su búsqueda de "ingresos a precios de coste". Igualmente, es el gobierno quien ha legalizado en gran sumergida. Esto representa una acumuación primitiva en el más amplio sentido del término. Es posible preguntarse hasta qué punto consciente o de pura estupidez, pero no tiene ninguna relación con la poder. Nadie en el gobierno tiene la intención de volver a implantar una planificación y una regulación centrales y fuertes de la economía. Por el Gorbachov ha formalizado y acelerado su desmantelamiento, que ya estaba claramente en marcha durante el periodo de Breznev.

Así pues, ¿por qué esa precipitación por establecer un nuevo sistema presidencial con poderes extraordinarios? Una respuesta a este misterio reside en el hecho de que al menos una parte muy significativa de diputados liberales, como Vitalii Korotich, apoya un poder presidencial fuerte. Así, Nicolai Shmelev, sin duda el más conocido de los economistas liberales, no solamente ha aprobado estas medidas, sino que expresó su temor a que Gorbachov no sea "lo bastante firme" en la utilización de su poder para "aumentar drásticamente el papel de la empresa privada en la econ-

La mayor parte de estas personas están unidas en torno al Grupo Inter-regional del Congreso, y se han erigido en demócratas combativos. Fueron ellos quienes llamaron a una huelga general en visperas del segundo Congreso de Diputados del Pueblo, en noviembre pasado, para pedir la abolición del artículo 6º de la Constitución que consagraba el "papel dirigente" del Partido. La declaracion de su movimiento de ción democrática", publicada en "Ogoniok", llamaba a todos los oponentes al totalitarismo a unirse a ellos(5).

Pero, ya hacia mediados de 1989, algunos de los intelectuales liberales más radicales comenzaron a declarar públicamente lo que muchos de sus colegas se habían contentado con decir en privado: su reforma de mercado, que según afirman es la única base económica para una democracia política, no puede ser introducida por medios democráti-

"Imaginemos que nuestro líder decide introducir el mercado", se plantea el historiador y escritor liberal I. Kliamkin, "¿podrá hacerlo con el apoyo de las masas? ¡Seguro que no! Nuestra población se opondría en un 80%. El mercado significa la diferenciación de ingresos y de intereses. Hay que trabajar duramente para ganarse la vida" (nótese el juicio implicito, muy extendido entre la "intelligentsia" liberal, según el cual los trabajadores se oponen al mercado porque soa cretosa lamino es la cla se obrera: ella es socialista, y la reivindicación fundamental del socialismo es la igualdad. Para los trabajadores, la reforma económica es un medio para atacar la justicia social". Los trabajadores frente a las reformas La huelga de los mineros ha sido interpretada unanimemente por los portavoces oficiales y por los periodistas como un movimiento de apoyo a la reforma económica. Pero, incluso sin tener un conocimiento particularizado de la actitud de los trabajadores, la forma rutinaria en que se ha hecho esta declaración bastaría para poner en duda su validez. Sin embargo, Kliamkin no ha participado en esta letanía. Admite que los trabajadores quieren realmente modernizar la gestión económica, pero que también la justicia social. Para Kliamkin estas dos reivindicaciones son incompatibles. Y así concluye que el desmantelamiento de las viejas estructuras políticas que frenan los cambios necesarios es esencial: "no para desarrollar la democracia, sino para reforzar el papel del dirigente de la reforma"(6).

Durante el segundo Congreso de Diputados del Pueblo, Eltsin, uno de los más inteligentes políticos liberales, atacó la timidez del programa económico gubernamental, tachándolo de compromiso entre los intereses del aparato y los del pueblo. Sin duda hay una oposición conservadora en el aparato. Pero está dividida y en plena desbandada, como lo atestigua la relativa facilidad con la que Gorbacohv abolió el artículo 6°. Durante los nueve últimos meses los conservadores han comenzado a jugar la baza del populismo, pero no esperan

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"Gorbachov, el pueblo ya no confía en tí"

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NOTAS:

1) New York Times, 14-3-90

2) New York Times, 13-3-90

"Vse na prodazhy", Pra-

3) G. Lomonosov, vitel' stvennyi vestnik, número 6, 1990. New

York Times, 15-3-90

4) New York Times, 13-3-90

5) Ogoniok, número 8, 1990

6) Citado en E. Berard-Zarzicka, "Por una perestroika autoritaria", Les temps modernes, febrero 1990

7) Inprecor, edición francesa, número 293,

18-9-89

8) Nedelya, número 52, 1989

9) New York Times, 14-3-90

10) Pravda, 28-1-87 ganar una base de masas significativa, dado que están desacreditados por su pasado y carecen de un programa en positivo. Ademas, movimiento populista puede acabar volviéndose contra ellos mismos. el temor a una "explosión social" que el nuevo poder presidencial tiene por función impedir. Este temor no es nuevo. Ha sido ya la causa del repetido apla-

Boris Yeltsin clave de la

Lo que frena realmente la reforma es zamiento de la reforma de los precios, que es sin ninguna duda el elemento reforma de mercado que pretende el gobierno. Una liberalización de los precios conduciría a una inflación galopante y a una caída muy importante del nivel de vida, afectando duramente a quienes menos pueden hacerle frente. Ahora se anuncia que esta reforma será aplicada en 1991.

De igual forma, la oposición popular

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es el obstáculo principal para el establecimiento de un sector privado a gran escala. Está muy extendida la hostilidad hacia las cooperativas, que son auténticas empresas privadas que por regla utilizan trabajo asalariado. julio los mineros reivindicaron el cierre de cooperativas de bienes intermedios y, después de la huelga, los comités de trabajadores comenzaron a cerrarlas.(7)

Resumiendo los resultados de una encuesta de opinión sobre la propiedad privada, un sociólogo liberal concluyó que: "la propiedad privada, en la forma más extendida en los países con economia de mercado, sólo es apoyada por el 25-30% de la gente. La mayoría, aun sin oponerse a la propiedad privada, desearía que quedara a una escala limitada, bajo formas y en esferas de actividad igualmente delimitadas". Sugiere que se introduzcan más bien formas de propiedad de grupo, basadas en el arrendamiento de los trabajadores, con recompras de empresas por los trabajadores y con un accionariado, a fin de que la gente se habitúe a la propiedad privada, porque "unas transformaciones más radicales llevan consigo un riesgo de explosión social. La conciencia de las masas es, quizás, simplemente incapaz de soportar tal trastorno"(8) El fantasma de la anarquía Tal y como indicaba Kliamkin, el principal obstáculo a la introducción de las relaciones mercantiles es la concepción de la justicia social que tienen los trabajadores. Un problema particular es la quirido", que se traduce en ruso por "ingreso no trabajado". El ingreso que proviene del empleo de personal asalariado y de la "especulación", es decir la compra y la venta sin aporte de trabajo suplementario significativo que justifique la diferencia de precios, es por lo tanto considerado como no ganado. Muchos trabajadores, incluso entre los más favorables al mercado, que dicen apoyar a los liberales, rechazan la desregulación de los precios, el "ingreso no adquirido", el paro, la pobreza y la privatización de los servicios fundamentales.

La huelga minera de julio intensificó de forma significativa los temores del gobierno y de la "intelligentsia" liberal respecto a una "explosión social". Casi inmediatamente comenzaron a aparecer artículos agitando el fantasma de la anarquía, del baño de sangre y de la guerra civil. Esta campaña consiguió generar un sentimiento de ansiedad y de temor bastante importante, en particular entre la población no trabajadora. El objetivo era preparar psicológicamente el terreno para la política de "mano de hierro". De hecho la huelga de los mineros era extremadamente pacífica, organizada y tiendo así los prejuicios más corrientes, según los cuales los trabajadores representarian una masa ignorante, sada y fascistizante. Pero esto sólo consiguió asustarles aún más, pues una clase así no podrá ser desarmada mediante manipulaciones y maniobras divisocomo admite Kliamkin, que la incesante presión ideológica de los liberales sobre años, no ha conseguido realmente "liberar a los trabajadores de sus estereotipos del pasado", es decir, no ha conseguido arrebatarles sus valores y sus actitudes socialistas.

Si bien en sí mismos los nuevos poderes del presidente no son verdaderamente nuevos, sí pueden verse como parte de una operación que pretende dar una nueva legitimidad a Gorbachov. No es casualidad que la misma sesión que votó a favor de un sistema presidencial aboliera también el artículo 6° de la Constitución. El sistema presidencial se concibe como la legitimación del uso del poder de Estado para hacer avanzar la reforma económica del go-

Gorbachov no quiere basar su legitimidad en el partido. Porque la legitimidad del partido no sólo ha sido grave mente erosionada, sino que descansa sobre una ideología socialista está en la reforma de Gorbachov. En su calidad de presidente Gorbachov puede afirmar que posee un "mandato democrático" (aunque el Congreso que creó la Presidencia esté muy lejos de ser un órgano democrático. Solamente dos tercios de sus miembros fueron elegidos por sutragio universal y en un contexto de partido único). Por supuesto Gorbachov quiere también liberarse de los conservadores del aparato del partido. La rehabilitación y el elogio de la Iglesia rusa por parte del Estado -los sacerdotes dan ahora cursos de educación religiosa en algunas escuelas- forman parte de la misma operación. Recientemente, Eltsin, con su olfato característico, ha comenzado a coquetear con el nacionalismo ruso, que hasta ahora venía siendo el feudo de los conservadores(9).

Los poderes presidenciales deben en-

Men el contexto del intento de Gorbachov, en octubre de 1989, de prohibir las huelgas durante quince meses. El Soviet Supremo lo aceptó para los sectores mineros fundamentales, para la energía, el transporte, la industria química y la metalurgia. Esto se produjo justo después de que el Soviet Supremo congelara los salarios en todos los sectores de la industria pesada. Paralelamente promulgaba una ley sobre la "solución de conflictos laborales", que los trabajadores percibieron como una ley sobre "cómo no hacer huelga". El gobierno presentara pronto un nuevo proyecto de ley sobre empresas del Estado, que restringirá la mayor parte de los amplios poderes democráticos dados por la ley de 1987 a los colectivos de trabajadores, entre ellos el derecho a elegir a sus gestores (hay que decir que este derecho a la autogestión sólo ha sido aplicado en muy raras ocasiones).

Esta evolución contrasta agudamente con la posición original de Gorbachov, hace tres años, cuando declaraba que "el bienestar de los trabajadores dependerá de la capacidad de los gestores Los trabajadores deberán, pues, dotarse de los medios reales de influir en la elección de los directores y de controlar sus actividades"(10). Es la demostración de que el gobierno se ha dado cuenta de que su reforma de mercado es incompatible con la autogestión. El poder de los trabajadores, aun cuando esté limitado al nivel de la empresa, representaría un grave obstáculo al cierre de las empresas, a los despidos y a la tentativa de ligar los salarios a los beneficios de la empresa. Sinceridad política Gorbachov anunció que esperaba utilizar sus poderes presidenciales para hacer avanzar rápidamente la reforma trabajadores soviéticos a decidir si su situación social, que cada vez empeora más, -inflación, penurias, corrupción galopante- es el resultado de una reforma insuficientemente avanzada, como dicen el Gobierno y los liberales, o el resultado de la reforma misma. A la Unión Soviética le está llegando rápidamente la hora de la verdad política. Cualquiera que sea la salida final delimitará por fin claramente los campos políticos y disipará cualquier ilusión entre los trabajadores soviéticos sobre quiénes son sus verdaderos amigos y cuáles son los objetivos reales de la "perestroika" hecha