Yugoslavia
LOs MEANDROS DE
LA DEMOCRATIZACIÓN
Branka Magas Se acentúa la crisis política yugoeslava. La descomposición de la Liga de los Comunistas Yugoslavos (LCY) se aceleró con la interrupción de su XIV congreso, el 23 de enero ultimo, y la ruptura de los comunistas eslovenos, que han decidido, el 4 de tebrero, transformarse en formación política independiente y denominarse Liga de los Comunistas-Partido del Resurgimiento Democrático. Una semana después el partido croata decidió a su vez cambiar de nombre, adoptando el de Liga de los Comunistas-Partido de los Cambios Democráticos y amenaza también con romper con la LCY.
Por otra parte, la șituación en Kosovo sigue siendo muy tensa, los enfrentamientos entre la población albanesa y las fuerzas del orden han provocado 2/ muertos en el mes de enero. El gobierno ha decidido enviar tropas del ejercito y el 21 de febrero se decretó el toque de queda.
A pesar de las tensiones, el proceso de democratización continúa, especialmente con la aparición de multitud de nuevas formaciones políticas independientes en todo el país.
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Cada día, llueva o granice, Dragan Blagojevic sigue en su rincon del pasaje cavernoso que serpentea bajo la esta• ción principal de Zagreb, rodeado de montones cada vez más altos de publicaciones poco habituales: revistas de estudiantes, satíricas, boletines culturales, tiras dibujadas y, además de todo esto, diarios y revistas de los nuevos partidos, llegados de todas las regiones de Yugoslavia. Las autoridades federales aprobaron recientemente un sistema de representación política multipartidista; la Asamblea de Croacia se apresuró a redactar un nuevo proyecto de ley electoral que autoriza a los partidos de oposición a disputar el poder la primavera próxima. Pero los padres de la patria todavía no permiten la difusión de la prensa alternativa en kioskos y librerías.
El volumen de la mercancía de Dragan aumenta inexorablemente. Nadie sabe cuántos partidos hay actualmente en Yugoslavia. Cada día surgen nuevas organizaciones y grupos de iniciativa; su fundación es debidamente anunciada por la prensa -aunque no todos sean le galizados y la actitud de las autoridades varíe de una región a otra-. Actualmente as formaciones políticas pueden dividir e a grosso modo en cinco categorías El espectro político 1. El bloque oficial formado por las Ligas de los Comunistas de las Repúblicas, las Alianzas de la Juventud Socialista y las Alianzas Socialistas de los Trabajadores. En el último período se están transformando rápidamente en organizaciones autónomas, al menos en Eslovenia y Croacia, sus homólogas en el resto de Repúblicas (especialmente las organizaciones de la juventud de Bosnia-Herzegovina, de Serbia y de Macedonia) están preparadas para 2. Los bastante más numerosos nuevos partidos nacionales, que comprenden entre otras: la Alianza Campesina, la Alianza Democrática y los democratacristianos, en Eslovenia; el Partido Campesino, la Unión Democrática y los democratacristianos, en Croacia; los Partidos Radical Serbia; la Alianza Democrática, en Ko sovo; el Partido Democrático, en Montenegro; la Unión Democrática de Mace-
4. Una legión de "iniciativas ciudadanas" no organizadas en partidos: como la Acción Verde, los Comités de Verificación de Helsinki, y distintos comités para los derechos humanos. Aquí se puede situar también a la Asociación por una Iniciativa Democrática Yugoeslava; primera golondrina de la primavera democrática y única organización "alternativa" estructurada en toda Yugoslavia. 5. Los últimos, pero sin duda no los menos importantes, son los sindicatos independientes de obreros de la industria y del transporte, que demostraron su fuerza a mediados de enero, cuando una huelga de camioneros incomunicó el país de punta a punta durante dos
Dejando aparte estos sindicatos, la mayoría de las nuevas formaciones políticas han sido creadas por intelectuales, y cuentan con decenas, centenas, o a lo más con algunos millares de miembros. Los Demócratas de Kosovo son los únicos que, a pesar de la represión (o a causa de ella), han alcanzado en pocos días los 200.000 afiliados.
¿Cómo comprender la política de este Estado multinacional, situado entre el Mediterráneo, Europa Central y el Este? Un escritor de Kosovo, Shkelzen Maliqi, intenta hacerlo insistiendo en la desigualdad, o más bien en la "no simultaneidad", de los diferentes esquemas de desarrollo que operan en el país. Esto se puso de manifiesto sin rodeos en el reciente XIV Congreso de la LCY (suspendido y con pocas posibilidades de reanudarse algun dia), cuando los delegados eslovenos lo abandonaron en masa, exasperados por la incapacidad de sus colegas serbios para comprender la naturaleza de los profundos cambios actualmente en marcha en la Europa del Este. Los eslovenos fueron apoyados por sus colegas croatas, también confrontados a elecciones libres en la primavera en las que temen ser derrotados por los bloques nacionalistas, virulentamente anti comunistas.
El partido serbio, por el contrario, representa en sí mismo una formación nacionalista. Además, ya ha organizado y ganado unas elecciones (fraudulentas) el año pasado, y por tanto no sufre una presión inmediata para aplicar el reciente compromiso de la LCY de instaurar un sistema multipartidista, aunque se encuentre enfrentado a una oposición democrática creciente en su propio país. Falta de sincronización El resto del Estado está adaptándose lentamente a la nueva era, inaugurada por Eslovenia pero desarrollada más dramáticamente, uno tras otro, en todos los países vecinos (con la excepción ¿por cuánto tiempo?, de Albania). El mismo desfase aparece también en el violento contraste entre el reconocimiento de hecho de la libertad de aso-
ciación prácticamente en todos lados, y la prolongación del estado de excepción en Kosovo; donde se continúa disparando contra quienes se manifiestan por la democracia. La supresión violenta de la autonomía de la provincia, el último año, y los repetidos baños de sangre que la siguieron, han desacreditado profundamente a la dirección del partido y otorgado un papel central a la cuestión nacional albanesa en el destino de la naciente democracia yugoeslava.
Esta dialéctica de libertad y represión refleja la profundísima falta de sincronización entre los desarrollos políticos y económicos de las regiones yugoslavas, heterogéneas nacionalmente. parte, Eslovenia ha realizado con éxito su proceso de industrialización, transformando su base social que ya está preparada para el salto a la era de la tecnología de la información. Este hecho, más aún que la solidaridad nacional frente a las amenazas serbias, es el cimiento de la notable unidad de proyectos entre los comunistas eslovenos y su vociferante oposición.
En el otro extremo, Kosovo es un país del Tercer mundo en vías de desarrollo. Terriblemente pobre, recientemente urbanizada, con una tasa de paro elevadísima, esta provincia tiene una población cuyos derechos nacionales indudablemente siguen amenazados, pero con todos los elementos constitutivos de una sociedad moderna, diferenciada verticalmente, con una inteligentsia -y esto es un elemento decisivo- compuesta por universitarios que luchan por la libertad de expresión, creación y organización. A pesar de sus grandes diferencias, Eslovenia y Kosovo están no obstante unidas en lo referente a la democracia.
Yugoslavia era un pais esencialmente agricola cuando el partido comunista tomó el poder, en 1945. El compromiso del Partido de asegurar un desarrollo económico rápido, la educación de toda la población y la emancipación nacional -todo en nombre de una clase obrera que aún no era la capa social dominante- iba acompañado de la certeza en que un sólido centralismo, representado por un partido dirigente monolítico, sería capaz de superar las diferencias y desigualdades entre las distintas nacionalidades y regiones. Esta idea ha demostrado ser falsa, debido a razones tanto subjetivas como objetivas. Ahora le toca a la naciente democracia yugoeslava demostrar que otros esquemas pueden funcionar mejor.
Aquí nos encontramos de nuevo frente a un problema que actualmente se ha hecho habitual en la Europa del
Este. Y es que el quid de la cuestión de los nuevos partidos está en que, tras la reivindicación general de democracia (que significa esencialmente el fin del gobierno de la Liga de los Comunistas)
proponen pocas cosas concretas a una población que lucha por sobrevivir, en medio de una crisis estructural política y económica que dura ya un decenio. ¿Se otorgará a estos partidos el beneficio de la duda? ¿Servirá de excusa la juventud de la democracia yugoeslava a la debilidad de sus programas? Los electores responderán a esta pregunta en primavera (excepto en Serbia). Nacionalismo y federalismo Se va a pedir a los ciudadanos que decidan no solamente sobre las modalidades del sistema político y económico de Yugoslavia en su conjunto, sino también sobre la naturaleza misma de la Federación yugoeslava. El resultado depende de manera crucial del partido en el poder. Si la Liga de los Comunistas (ipor no hablar del Ejército Yugoslavo del Pueblo!) cumple su compromiso de organizar elecciones libres y democráticas; entonces muy probablevencerán los "bloques de izquierda" -formados por los partidos "oficiales" y sus diferentes aliados, los Verdes y la Iniciativa Democrática Yugoslava (si decide participar en la batalla electoral). Si no, quienes se beneficiarán plenamente serán las fuerzas centrífugas de los nacionalismos enfrentados. Sin embargo hay una cosa cierta: cualquiera que sea la hora que marquen los diferentes relojes nacionales, en este Estado multinacional la sincronía también se ha puesto en marcha y eventualmente impondrá los valores y las as-
La Liga de los Comunistas, antes or-
Austria Eslovenia LIUBIANA ZAGREB Croacia Bosnia-Herzegovina
Van
Adriático
¡Italia gullosa de su unidad, está hoy irremediablemente dividida en componentes nacionales. El mapa político yugoslavo está resquebrajado por la paranola y las agresiones, los dirigentes de las distintas Repúblicas mantienen una encarnizada guerra de propaganda a través de los medios de comunicación bajo su control. Belgrado ha dejado de facto de funcionar como una capital federal, retomando un papel meramente provincial como centro de Serbia. El Partido serbio, a través de una campaña de prensa sabiamente orquestada, acusa a los dirigentes eslovenos y croatas de traicionar al Estado; antes fue denunciado a su vez (y con sobrada razón) de ser el último baluarte del estalinismo, junto a Albania. En todas partes se proyectan hacia el pasado los conflictos nacionales, mientras se utiliza la historia a tontas y a locas al servicio de los intereses políticos de unos y de otros. Vuelta a los antiguos valores En las manifestaciones de Belgrado se hacen llamamientos a tomar las armas y, las mismas voces, se acusa a los desarmados manifestantes albaneses de "terroristas" -todo ello en nombre de la pretendida gloria de Serbia, y de su dominación sobre Kosovo que se remonta al siblo XIV-. Recientemente, una petición reclamando la restitución de la estatua de un proscrito croata del siglo XIX en la plaza principal de Zagreb re:Hungría
Rumania
Voivodina
• NOVI SAD BELGRADO YUGOSLAVIA SARAJEVO Servia Montenegro LOGRAD
Kosovo SKOPIE Macedonia Grecia : Albania
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Bulgaria
cogió 70.000 firmas en un día. Los restos del último rey de Montenegro, muerto en el exilio poco después de la
Primera Guerra Mundial, fueron traídos al país el año pasado y enterrados con todos los honores
El discurso público, que ha perdido sus resonancias de lucha de clase y sus referencias a las normas del Siglo de las Luces europeo, se está convirtiendo en algo cada vez más nacionalista. Es evidente que un sucedáneo de recetas económicas de charlatanes a lo Friedman no basta para llenar el vacio moral e ideológico creado por la desaparición de las aspiraciones fundamentales. En su lugar, el nacionalismo se infiltra inexorablemente en el cuerpo político, bajo la forma de retórica populista o como preocupación más por los intereses particulares de la nación y del Estado. Este fenómeno coexiste con un agudo sentimiento de ansiedad, producido por el súbito descubrimiento del profundo retraso del país respecto a Occidente.
El debate constitucional, que rodea la actual reformulación de las Constituciones de las Repúblicas y de la Federación, permite la expresión de las diferencias nacionales en el lenguaje racional de la jurisprudencia. La profundidad de estas diferencias quedó ilustrada por la conmoción que ha provocado la nueva Constitución eslovena, a causa de su insistencia en la carácter cambiante del poder, inicialmente en manos de un partido que funcionaba de manera centralista, plantea problemas especiales en este Estado multinacional. Mientras que en e pasado, la República yugoeslava y sus componentes se definían como la expresión del poder de una sola clase, la nueva identidad del Estado evoluciona en el terreno inexplorado de la ciudaabstracta y de una identidad nacional un poco más concreta (y múltiple). El resultado es que el carácter del Estado común ha llegado a ser un tema al rojo vivo, una fuente de intensos debates, tanto en las cancillerías de las Repúblicas como entre los intelectuales en el sentido más amplio. Examen de identidad En esto Yugoslavia no es una exlares, ni socialistas; mientras que Rumanía incluso abandona el término lepública. En Yugoslavia, como en I Inión Soviética, el debate se centra e tonomía más amplia de las nacionalidades. Pero Yugoslavia difiere de la
Unión Soviética en el hecho de que el
Estado ha tenido una mayor legitimidad ante casi todas las nacionalidades; en que ha reconocido más los derechos nacionales individuales; y en que el gobierno federal, excepto en Kosovo, no ha degenerado nunca en un centralismo despótico. Esto explica por qué, a excepción de la Nueva Alianza Democrática de Kosovo, no existen en
Yugoslavia organizaciones estrictamente nacionalistas, como los Frentes populares soviéticos. No hay llamamientos abiertos a la secesión, a excepción de grupos marginales. Es pues prematuro hablar de desintegración de Yugoslavia.
Pero si es relativamente falso considerar Yugoslavia como un estado artificial, es también erróneo considerar que todas las manitestaciones de las diferencias nacionales están fuera de lugar.
Es inevitable que las nacionalidades que componen el Estado tengan una visión diferente del Estado federal, y ningún compromiso federal tiene posibilidades de funcionar si no es lo suficientemente flexible para adaptarse a ello. ¿Centralismo o federalismo? La línea de división fundamental en el actual debate sobre la Constitución opone a los que creen en la soberanía absoluta de cada una de las naciones y a los que consideran al Estado central como el último depositario del poder. Por razones tanto históricas como pragmáticas los primeros tienden a encontrarse en Eslovenia, en Kosovo, en Croacia y en las regiones de Voivodina pobladas por minorías nacionales; mientras que la segunda opción es popular en Serbia y en Montenegro
En el resto de Repúblicas las actitudes están más matizadas. La aspiración de Macedonia a un Estado yugoslavo fuerte, capaz de resistir las reivindicaclones territoriales de sus vecinos, está motivada por el miedo tradicional a la dominación serbia en el interior de Yugoslavia; lo que la conduce en general a alinearse con Eslovenia y con Croacia en las cuestiones constitucionales que afectan en a todo el país. Mezclada étnicamente, Bosnia-Herzegovina sería candidata, en caso de explosión de Yugoslavia, a dividirse entre Serbia y Croacia e intenta por tanto mantenerse neutral con respecto a Zagreb y Belgrado; aunque su grupo étnico más importante -los musulmanes de Bosniatienen miedo a la hegemonía serbia y la empujan a una alianza con Croacia.
Este miedo a la dominación serbia, con frecuencia irracional, tiene raíces históricas. Persiste a pesar de que hoy los serbios sólo son algo menos de la tercera parte de la población total de Yugoslavia. Pero la República federal
yugoeslava nació, al menos tan en reacción a la antigua hegemonía serbia, como resistencia a las fuerzas de ocupación durante la última guerra mundial. La definición de la Federación como libre asociación de naciones soberanas tiene también raíces profundas. En esta verdad se apoyan los que insisten en la soberanía nacional.
Por su parte, los serbios, muchos de los cuales viven fuera de Serbia, ven en la centralización el instrumento que les permite mantener su propia unidad nacional. Sin embargo lo que es cierto para los serbios lo es también para prácticamente todo el resto de nacionalidades. Las fronteras de las Repúblicas no coinciden con las fronteras étnicas. La dispersión geográfica de las nacionalidades; la necesidad continua e incluso creciente de aportar ayuda económica a las regiones menos desarrolladas; y la necesidad de una reestructuración económica sensata: son factores que sugieren que deberá encontrarse una vía intermedia entre los dos campos. Compromiso indispensable La idea de un parlamento con dos cámaras, una representando a cada nacionalidad y otra a todos los ciudadanos de la Federación, tiene partidarios en toda Yugoslavia. La próxima etapa de la lucha constitucional se desarrollará, sin duda, alrededor de la distribución del poder entre las dos cámaras. Una cosa es cierta: para que la democracia sobreviva en Yugoslavia el acuerdo final no puede imponerse por la fuerza. Deberá formularse como la dejación voluntaria al centro federal, por parte de las Repúblicas, de algunas de sus prerrogativas. La Constitución, en última instancia, no es una cuestión técnica sino política. Como tal deberá ser aceptada por cada una de las nacionalidades.
La escalada de violencia en la provincia de Kosovo demuestra que la fuerza es un instrumento inútil cuando se aplica a los conflictos nacionales. Slobodan Milosevic, el actual dirigente de Serbia, llegó al poder prometiendo que el problema de Kosovo -planteado exclusivamente en función de los intereses nacionales serbios- sería automáticamente resuelto con el dominio total de Serbia respecto a esta provincia. Los acontecimientos del último año demuestran hasta qué punto era una fanfarronada. La supresión de la autonomía de Kosovo, en marzo de 1989, tuvo que llevarse a cabo por las fuerzas armadas y en un contexto de huelga general; al precio de un número de vidas albanesas que nun-
Un año después la provincia está bajo la ley marcial, el número de víctimas albanesas es de 80, por lo menos, y no es previsible el fin de la violencia. Como la policía antidisturbios no consigue controlarlo todo y las divisiones nacionales
Slobodan Milosevic, líder serbio se hacen cada vez más profundas, la inseguridad de la población de Kosovo, tanto serbia como albanesa, ha aumentado en proporciones muy inquietantes.
La Yugoslavia de hoy está obligada, una vez más, a reflexionar sobre su política hacia la importante y creciente población albanesa que hoy es ya la tercera en número, justo después de serbios y croatas. No está nada claro que los actuales dirigentes, propensos a tomar medidas inadecuadas y tardías, sean capaces de resolver el problema. La lista de ocasiones perdidas en Kosovo es demasiado larga; pero hasta comienzos de 1988 los políticos albaneses locales estaban preparados para un compromiso que hubiese evitado la tragedia. Sin embargo, la dirección serbia, en torno a Milosevic, queria una capitulación rápida e incondicional y forzó a las autoridades federales a imponer un gobierno militar. En este proceso, la profundidad de la crisis que hace estragos en el partido dirigente aparece hoy a plena luz del día.
La población albanesa está convencida ahora de que no hay futuro en Serbia, y de que la autonomía total de Kosovo en la Federación es la única solución. La última posibilidad de una solución política está en la reciente propuesta del gobierno federal: una enmienda a la Constitución para instituir un Estado legal, elecciones libres y un sistema multipartidista. Tal desarrollo constitucional respondería a las aspiraciones democráticas nacionales de los albaneses. En una provincia donde mas del 90% de la población tiene este origen, toda elección honesta y libre conduciría a restituir una administración dominada por ellos. Pero mientras Milosevic controle Serbia no es posible esperar la convocatoria de esas elecciones.
Kosovo y con ella Yugoslavia han entrado en un círculo vicioso. Las manifestaciones albanesas reivindican la supresión de la ley marcial, la democracia, elecciones libres, la liberación de los presos políticos y la destitución de funcionarios odiados. Pero, a causa de esas manifestaciones, Serbia insiste en mantener el estado de excepción en Kosovo, y amenaza con el envio de voluntarios armados. La importancia de esta amenaza puede medirse por el hecho de que Eslovenia y Croacia parecen hoy guardar silencio, después de aceptar inicialmente la legitimidad de las reivindicaciones de los manifestantes albaneses; el motivo de este cambio fueron las manifestaciones masivas, en Belgrado y Titogrado, donde se hizo un llamamiento a tomar las armas.
Además, mientras se mantenga la ley marcial las elecciones libres son una ilusión. Por ello, los intelectuales que dirigen en Kosovo la Allanza Democratica, La Iniciativa Democrática Yugoslava y los Comités por los Derechos Humanos, han pedido a la población que no se manifieste en la calle. La tragedia de Kosovo consiste también en que su población, que no tiene dirigentes, no esta en condiciones de descifrar las intrigas de los políticos yugoeslavos. Frustración popular La indiferencia del gobierno federal ante el derrumbamiento económico de la provincia, ante el crecimiento del paro y su importancia actual, ante las purgas masivas de enseñantes, funcionarios y gestores albaneses y, finalmente, ante las brutalidades a las que ha sido sometida la población durante un año de ley marcial, han creado una enorme frustración popular. La interrupción del XIV Congreso del Partido, a mediados de enero, es una prueba de que la ley marcial continuará aplicándose en Kosovo, a pesar del nuevo compromiso del partido en la democratización de la vida política. Las manifestaciones comenzaron tan pronto como la delegación al Congreso emprendía el viaje de vuelta.
En marzo de 1989, cuando se produjo la detención de Azem Vllasi, el antiguo dirigente del Partido en la Provincia, la Liga de los Comunistas contaba con unos 100.000 miembros en Kosovo; hoy sólo existe sobre el papel. Ha aparecido recientemente un nuevo equipo de dirigentes populares, sobre todo en la Alianza Democrática de Kosovo, que cuenta con más de 200.000 miembros; el gobierno haría bien en entablar negociaciones con ellos. Si fracasa, significará la apertura del problema de la unificación albanesa al margen de Yugoslavia.
Hasta ahora ni las manifestaciones ni
Tirana han hecho llamamientos en este sentido. En una Europa en la que ahora se espera la unificación de las dos Alemanias, sería difícil esgrimir cualquier argumento de principio contra ella. Los cambios de fronteras internacionales llevan en sí mismos sus propios peligros.
Lo que ocurre en Kosovo no afecta sólo a Yugoslavia y Albania, sino a la paz de