Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

U.R.S.S.: Para discutir con Boris Kagarlitsky

· Inprecor n.º 76, mayo de 1990 · p. 16 · 835 palabras

La entrevista con Boris Kagarlitsky realizada en noviembre de 1989 por David Seppo nos interesa por varios motivos. Por un lado, por las informaciones que da sobre las actividades de la izquierda marxista en la Unión Soviética, por otro por sus juicios sobre la clase obrera y las cuestiones nacionales. Es en este último punto donde tenemos un desacuerdo que merece ser subrayado nuevamente (el debate se había iniciado a propósito de un artículo del mismo camarada, en el número 283 de la edición francesa de Inprecor, el 6 de marzo de 1989). El punto de vista de Kagarlitsky es por otra parte dominante entre la izquierda marxista en Rusia (ver igualmente la carta de Piotr Laskine)

Precisemos primero que esto no crea un problema entre nosotros. Hay un acuerdo sobre el derecho a la autodeterminación, y por lo tanto a la libre separación de las repúblicas no-rusas. Kagarlitsky y sus camaradas llevan una campaña contra el chovinismo gran-ruso de Pamiat (la organización de extrema derecha rusa) y su antisemitismo. También estamos de acuerdo en subrayar la insuficiencia del programa concreto de los movimientos nacionales de las repúblicas no-rusas con respecto a los trabajadores. También hay, evidentemente, acuerdo sobre la denuncia de los crímenes políticos del pasado estalinista.

Sin embargo, la relación entre la conciencia nacional y social entre los obreros no rusos es un problema complejo que es preciso analizar concretamente y que se presenta, aparentemente, en diferentes formas según de qué república se trate. En Armenia y en Lituania, las reivindicaciones nacionales han. tomado la delantera en las movilizaciones de masas. El carácter masivo de los frentes no deja lugar a dudas, y es asimismo claro que disponen de un amplio apoyo obrero. La situación es

El problema se complica cuando existe, como en Estonia, una clase obrera rusa y la divergencia esta en la forma de tratar esta cuestión. Los obreros rusos no están, ciertamente, en posición "dominante" en Estonia (se trata de trabajadores no cualificados que ocupan puestos rechazados previamente por los estonios) y han ido allá para encontrar trabajo. Pero, "el centralismo burocrático ha facilitado el proceso financiando de manera planificada los contratos y el alojamiento de estos trabajadores" y hay, por lo demás "una situación dominante (de la lengua) rusa al nivel de la Federacion, y a veces regionalmente". Además, la asimilación forzada de las repúblicas bálticas (y de Moldavia) a la URSS, se cree que gracias a los acuerdos secretos Stalin-Hitler -tal y como ha sido ampliamente revelado, incluso en la prensa soviética- impone un reconocimiento particular de los sentimientos nacionales que se expresan allí. En cuanto al Cáucaso, donde existe una lucha pluridimensional, es preciso evitar los juicios temerarios, a fortiori, en una entrevista concedida sin vocación de expresar a través de ella un análisis exhaustivo. Remontándonos a los orígenes del problema, ya el poder bolchevique en los años 20 cometió errores graves. La responsabilidad de la burocracia central (ante todo la rusa) y local en la putrefacción de la situación actual en el Cáucaso es abrumadora. La reciente intervención militar de Gorbachov en Azerbaidjan muestra que, incluso en estos tiempos de "glasnost", las minorías nacionales de la URSS tienen buenas razones para desconfiar de la brutalidad y del cinismo del Estado central. La propia prensa liberal soviética ha denunciado esta "expedición punitiva" (ver "Novedades

En general, la izquierda rusa tiene tendencia a analizar principalmente las manipulaciones burocráticas y los puntos de vista liberal-mercantilistas tras los movimientos nacionalistas. Hay que tenerlo en cuenta. Pero no es necesario utilizar dos pesos, dos medidas. Los frentes populares bálticos no son homogéneos. Por el contrario (como el propio Kagarlitsky explica en la entrevista), la izquierda marxista rusa se ve obligada a estar alrededor, e incluso a veces a colaborar puntualmente con sectores del aparato y fuerzas liberal-mercantilistas no menos manipuladoras...

El tono que se emplea en las críticas hacia los movimientos nacionales minoritarios es igualmente muy importante. Toda arrogancia, sobre todo viniendo de Rusia, no puede por menos de ser percibida por las naciones oprimidas como una manifestación de chovinismo de la nación dominante, manifestación que, por otra parte, es una de sus características.

Al abordar la cuestión nacional en la URSS, es pues necesario (sobre todo cuando se está en Rusia) poner primero acento sobre los crímenes estalinistas y denunciar, más allá del Pamiat, el chovinismo gran-ruso y las manipulaciones del aparato central. El papel de la izquierda en Rusia consiste sin ninguna duda en explicar este pasado a la clase obrera rusa (especialmente en Estonia) y hacerle admitir lo necesario respecto a la prioridad de las lenguas minoritarias y, más allá, el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas, no solamente de palabra, sino también en la práctica. A los marxistas de esas naciones oprimidas corresponde, por su parte, criticar más explícitamente las debilidades de los movimientos nacionales y poner en pie, especialmente en las repúblicas bálticas, un programa que pueda también ganar la confianza y la adhesión de los obreros rusos.

Catherine Verla/Erdal Tan