Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

EE.UU.: La ofensiva latinoamericana de la administración Bush

· Inprecor n.º 75, marzo de 1990 · pp. 18-23 · 5.268 palabras

LATINOAMERICANA DE

El periodo que va desde comienzos de noviembre de 1989 hasta finales de febrero de 1990, es decir de la ofensiva del

Estados Unidos, ha abierto un proceso de cambio importante pero contradictorio en la situación centroamericana. Á ella ha intentado dar respuesta la administración Bush, aplicando su pasado. Pero lo ha hecho buscando superar al mismo tiempo situación internacional, en la que la URSS ha dejado de jugar mejorar su correlación de fuerzas no sólo en Centroamérica, sino también en la Cuenca del Caribe y Sudamérica. Estos escrito antes de las elecciones nicaragüenses y dando por elecciones tendrá una considerable influencia en la política exterior de Bush. Pero éste será tema de un próximo artículo.

EE.UU.

LA OFENSIVA

LA ADMINISTRACION

BUSH

FMLN en San Salvador a la celebración de elecciones en

Nicaragua, pasando por la invasión de Panamá por los nueva política surgida del Acuerdo Bipartidista de marzo sus condicionantes internos y sacar partido de la nueva el papel de superpotencia, para recuperar la iniciativa y son los temas que analizaremos en este artículo, que está segura la victoria sandinista en ella. El resultado de estas

La combinación de la aplicación del Acuerdo Bipartidista, la invasión de Panamá, las negociaciones del Plan Brady y los Acuerdos de Cartagena para la lucha contra el narcotráfico han conseguido dar un marchamo propio a la política latinoamericana de la administración

Bush, rompiendo en buena medida con la imagen y los límites que le imponían la herencia de la administración Reagan.

Así, en el frente interno, la opinión pública norteamericana ha pasado de condenar en un 72% el apoyo norteamericano a la Contra, en el momento de las elecciones presidenciales, a aprobar en un 74% la invasión norteamericana de

G. Buster Panamá. Ello abre una discusión importante sobre hasta qué punto se ha agotado el "síndrome. Vietnam", que se tratará más adelante.

Por lo que se refiere al Congreso, Bush ha recuperado un importante margen de autonomía para conducir la política exterior frente a la mayoría demócrata, limitando los efectos del "síndrome Iran-Contra Gate". Los momentos culminantes de este proceso han sido los debates sobre la ayuda a El Salvador en junio, el silencio de toda oposición a la continuación de la ayuda humanitaria a la Contra en noviembre, la imposición presidencial de su política hacia China y finalmente el ahogo, en la

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unanimidad del triunfo, de las críticas a la invasión de Panamá.

A través de una política de presiones bilaterales, jugando con las ayudas económicas y militares y la renegociación de la deuda externa a través del Plan Brady, la administración Bush ha reducido notablemente el margen de maniobra de los presidentes centroamericanos en el proceso de paz regional. Y ello ha tenido repercusión directa en los sistemas de hegemonía de las oligarquías locales: las elecciones en Costa Rica y Honduras han dado la victoria a los candidatos de la derecha conservadora, más dúctiles a las preocupaciones de Washington. Los objetivos norteamericanos han sido:

- Consolidar internamente el gobierno Cristiani y buscarle una legitimidad inter-

- Sustituir en la preocupación de la opinión pública internacional el problema de la desmovilización de la Contra por el de la limpieza de las elecciones de febrero en Nicaragua.

- Ejercer presión sobre Honduras para que acepte los costes internos e internacionales que le ocasiona la existencia de la Contra en su territorio, con el menor desgaste para sus relaciones bilaterales con Tegucigalpa - Mantener la fachada democrática en Guatemala, frente a la tentación golpista permanente del Ejército y el aumento sustancial de violaciones de los dere-

El mayor éxito en este terreno han sido los Acuerdos de San Isidro, de 12 de diciembre, en los que los cinco presidentes centroamericanos ponían en un mismo plano a la Contra y el FMLN y otorgaban su apoyo a Cristiani.

La administración Bush ha puesto sordina a las críticas de los países latinoamericanos, con la excepción de Perú, y sobre todo ha conseguido evitar hasta el momento la expresión conjunta de las mismas a través del Grupo de los Ocho de la OEA, a pesar de las crecientes divergencias que existen en relación con Centroamérica y la condena de la invasión de Panamá de la casi totalidad de estos países. Ello le ha permitido llegar a afirmar que una cosa son las condenas públicas de los latinoamericanos -producto de "un enfermizo síndrome intervencionista"- y otra las muestras de comprensión que manifiestan en privado. El método utilizado ha sido la negoclación de la deuda externa con México, Venezuela y Brasil, y las promesas formuladas en igual sentido a Menem, congelando un proceso de solidaridad latinoamericana que se inició con la Guerra de las Malvinas. Bush recupera la iniciativa Al recuperar la iniciativa, la administración Bush ha podido ir construyendo un nuevo lenguaje para expresar el despliegue de su hegemonía en el Hemisferio, en nombre del "bien común": por ejemplo, la lucha contra el narcotráfico o la defensa de los bosques tropicales. A pesar de las críticas y problemas internos que genera a los gobiernos latinoamericanos la orientación de los EEUU en estos temas, en especial la militarización de la lucha contra la cocaína, han llegado al convencimiento de que por razones de política interna norteamericana, son prioritarios para Bush y el Congreso y que hay que dar pruebas de "voluntad de cooperación" si se quiere obtener ayuda en otros terrenos. crea asi una cadena de chantaje permanente por parte de los EEUU cuyas manifestaciones son patentes en México con el caso Camarena, en Perú con los operativos de la DEA en el Alto Huallaga, en Colombia con las extradiciones y finalmente con el despliegue de la mari na de guerra norteamericana en el Caribe Sur, con el coletazo del ametrallamiento del carguero cubano "Herman". Pero a pesar de todas las protestas sobre la "soberanía nacional", Colombia, Perú y Bolivia aceptaron en Santa Cruz el borrador norteamericano sobre la lucha contra el narcotráfico que firmarán los presidentes de estos países en la Cumbre de Cartagena.

La invasión de Panamá ha tenido en este sentido importantes efectos a dos

- Estratégicamente, creando condiciones políticas y psicológicas más favorables para nuevas intervenciones en América Latina. En un horizonte de conflictos económicos y sociales crecientes como el que se vislumbra en todos los países de la zona, es fundamental para mantener la hegemonía norteamericana al menor costo, no solamente predicar la doctrina Monroe, sino estar dispuesto a aplicarla y que los demás lo sepan. - Tácticamente, al reducir la búsqueda de soluciones autónomas de las oligarquías locales frente a la amenaza popular y guerrillera. Esa desconfianza sobre la capacidad última de intervención militar de los EEUU, nacida del fracaso de la Contra, alimentó en buena medida el proceso de paz centroamericano.

Por su situación interna, la URSS ha dejado de jugar un papel de superpotencia en América Latina, o se ha reducido exclusivamente a la ayuda económica básica para Nicaragua y Cuba, y al mantenimiento de los acuerdos que cerraron la crisis de los misiles de 1962 Frente a ellos, la administración Bush viene ejerciendo una presión contínua con la amenaza de que, de mantenerse los niveles de ayuda (que impiden, según la versión norteamericana, la crisis final del sandinismo y el castrismo, y permiten las ofensivas del FMLN) tendría repercusiones en el ambiente y los ritmos de negociación bilaterales en otros campos. Por eso cuando tras la invasión de Panamá la protesta soviética no ha pasado de la lamentación de los comunicados, la asimetría entre los EEUU y la URSS se ha hecho trágicamente patente. El surgimiento de contratendencias Estos avances de la política norteamericana están haciendo surgir una serie de contratendencias internas y externas que son también parte de las características de esta segunda fase, y subrayan su naturaleza transitoria:

-El cambio en la opinión pública norteamericana puede obedecer mas que a la superación del "síndrome Vietnam" a la imagen de confianza y gestor del consenso nacional que ha sabido construirse Bush, en especial en el terreno de la política internacional. Tras el escándalo del Iran-Contra Gate, la política de apoyo a la Contra de Reagan se identificó con el peligro de una nueva intervención militar directa en el Tercer Mundo de los EEUU que obedecía, más que a los intereses nacionales, a un uso antidemocratico de las prerrogativas del Ejecutivo frente al Congreso.

La invasión de Panamá se ha llevado a cabo alegando, no razones políticas sino la lucha contra un pervertido narcotraficante, Noriega: una operación de policía para devolver el triunfo electoral robado en junio a Endara. Los medios de comunicación norteamericanos han convencido a su opinión pública que la operación ha contado con el apoyo casi unánime del pueblo panameño, minimizando las víctimas y daños civiles, coninevitables en una operación de restablecimiento del orden público. Sobre la base de este discurso, pero sólo en estos términos, la opinión pública norteamericana ha apoyado la invasión. Sin embargo, ante la perspectiva de una resistencia encarnizada que provoque bajas norteamericanas -núcleo esencial del síndrome Vietnam- y un rechazo internacional sostenido está por ver cual sería la actitud de esa misma

En este contexto hay que entender los esfuerzos que realizará la administración Bush para establecer una conexión entre Noriega, Fidel Castro y el narcotrafico, a partir de las declaraciones del ex-cónsul de Panamá en Nueva York, Blandon, con el objetivo de criminalizar a la revolución cubana, especialmente tras las dudas surgidas después del caso Ochoa sobre las garantías jurídicas del juicio y la razón de la rápida ejecución de los implicados.

Para mantener o no el síndrome Vietnam en la opinión pública norteamericana será esencial la actividad del movimiento de solidaridad con Centroamérica, que aunque ha perdido apoyo social, se mantiene y ha reactivado su militancia en los últimos meses, con manifestaclones y todo tipo de presiones sobre el Congreso, en una explosión de indigna-

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ción tras el asesinato de los jesuítas en El Salvador. Su base unitaria y el papel esencial que juegan en él católicos y protestantes pueden permitirle recuperar influencia social en el caso de que la administración Bush busque nuevas ocasiones para intervenciones exterio-

Si el síndrome Iran-Contra Gate ha desaparecido en la opinión pública, en la mayoría demócrata del Congreso se mantiene con la preocupación por la creciente autonomía del Presidente republicano en política exterior -precisamente en año de elecciones legislativasy la búsqueda de los medios para volver al equilibrio "ideal" de los Acuerdos Bipartidistas. La unanimidad que rodea la invasión de Panamá esconde esta lucha interna, cuya primera manifestación fue la crítica pública de McGovern, seguida de la escaramuza del debate sobre el levantamiento de sanciones a China. Su escenario principal será el debate sobre a ayuda a El Salvador

En América Latina, empujados por la presión interna que pedía una crítica más dura y efectiva de la invasión norteamericana de Panamá, los gobiernos han expresado su frustración agitando la

Hor tengo onas como a E

Naciones Unidas para contrapesar las presiones bilaterales de los EEUU. México y Venezuela se han negado a reciir la visita y las explicaciones del vice

Quayle para mostrar la concordancia de sus expresiones públicas y

Al mismo tiempo, aumentaron las declaraciones de países latinoamericanos y europeos defendiendo el caracter de nocrático de las elecciones nicaragüenses y apoyando en este sentido las atirmaciones positivas del ex-presidente Carter y los observadores de Naciones Unidas y la OEA, cuando todo el mundo laba por segura la victoria del FSLN

Por último, los viajes de Salinas de Gor tari y Collor de Mello a Europa han puesto de relieve el miedo a que la CEE

/ los partidos socialdemocratas pierdar nterés por el conflicto centroamericano como consecuencia de los cambios en Europa Oriental, y el deseo del Grupo de los Ocho de no quedarse solos frente a los EEUU. El proceso de paz en la encrucijada Hace aproximadamente un año, los Acuerdos de Playa del Tesoro febrero de 1989, significaron una importante victoria diplomática sandinista. El acuerdo alcanzado con la oposición civil sobre el proceso electoral llevó a Daniel anunciar el adelanto de las elecciones al 25 de febrero de 1990 y debilitar las acusaciones sobre la "naturaleza antidemocrática" del FSLN, que habían sido la base hasta entonces de la presión permanente de los EEUU en la zona. El eje del problema se desplazó al principal peligro que amenazaba a ese proceso democrático nicaragüense:

Los Cinco Presidentes acordaron preparar en 90 días un plan para su desmovilización y repatriación que aprobarían en la siguiente Cumbre. La noticia pilló por sorpresa al Departamento de Estado. Pero su reacción fue rápida. El responsable de los Asuntos Interamericanos, Bernard Aronson, volvió a visitar todas las capitales aliadas poniendo en duda la voluntad democrática del FSLN y asegurando que la única garantía para que se llevase a cabo un proceso electoral "limpio", era el mantenimiento de la Contra, y la amenaza de su posible reactivación militar. La prueba definitiva de la perfidia sandinista era su apoyo logístico al FMLN, que. "amenazaba al gobierno democrático de Cristiani en clara violación de los Acuerdos de Esquipulas

Pero la presión norteamericana no fue suficiente para frenar el proceso de paz, aunque sí para introducir el argumento de que la repatriación debería ser voluntaria, convirtiendo a la Contra en juez último del carácter democratico del proceso electoral nicaragüense.

El 7 de agosto, en Tela, los centroamericanos volvieron a dar un nuevo paso adelante, aprobando el plan de desmovilización de la Contra, e invitaron al Secretario General de Naciones Unidas y a la OEA a crear una Comisión de Apoyo y Verificación (ONUCA) para llevarlo a cabo a partir del 6 de septiembre. En relación con El Salvador, los acuerdos incluían un llamamiento al fin de las hostilidades, pedían a Cristiani que crease las condiciones que permitiesen una posible vuelta del FMLN a la vida civil, y a éste último que se comprometiese a negociar la paz. No otra cosa pedía el propio FMLN desde antes de la victoria electoral de ARENA, por lo que los acuerdos de Tela reforzaron claramente su propuesta negociadora.

Pero la correlación de fuerzas que había permitido todos estos avances diplomáticos se agotó con los propios Acuerdos de Tela. En las semanas que quedaron de agosto, y en septiembre y octubre, los EEUU desencadenaron una verdadera contraofensiva de presiones bilaterales y de propaganda internacional para redirigir el proceso de paz de acuerdo con sus intereses. Y esta contraofensiva fue la señal que esperaba la extrema derecha y el ejército salvadoreño para lanzarse contra el movimiento popular que estaba creciendo en San Salvador, al amparo del espacio abierto por el proceso diplomático.

Los EEUU bloquearon en Naciones Unidas la creación de la Comisión de Verificación, exigiendo negociaciones directas entre el Gobierno de Managua y la dirección de la Contra. EI FSLN, de-

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mostrando su seguridad política, aceptó una vez más, hasta que se hizo patente que los EEUU sólo trataban de ganar tiempo y que las exigencias de la Contra carecían de toda voluntad negociadora. Mientras tanto, tres mil contras se infiltraban en secreto en Nicaragua -en una campaña que por carecer de apoyo logístico sólo podía tener una finalidad terrorista- para bloquear el proceso elec-

En el principal escenario propagandístico de esta contraofensiva del Imperio, la cumbre presidencial de San José con ocasión del centenario de la democracia en Costa Rica, Daniel Ortega y los sandinistas tuvieron que recurrir a la "ira evangélica de los pobres" y provocar un escándalo internacional anunciando el fin de la tregua militar con la Contra y una ofensiva del EPS para acabar con los ataques terroristas de los "luchadores de la libertad". El escándalo tuvo éxito, aunque sólo temporal, y volvió a centrar la atención internacional en la falta de cumplimiento de los acuerdos de desmovilización de la Contra, desplazando a segundo plano las acusaciones norteamericanas de que el FSLN estaba manipulando el proceso electoral en Nicaragua. Pero la prueba de que la correlación de fuerzas estaba cambiando, incluso en el plano diplomático, fue el anuncio de los líderes del Congreso de los EEUU de que extenderían automáticamente, sin debate, la ayuda humanitaria a la Contra después del 30 de no-

En El Salvador, la escalada terrorista de los escuadrones de la muerte fue aumentando, hasta el atentado contra la sede de FENASTRAS. El asesinato de los cuadros del movimiento popular cerraba definitivamente el espacio semilegal abierto y las posibilidades de negociación. Ya no le quedaba otra alternativa al FMLN que restablecer el equilibrio de fuerzas, sin el que las posibilidades de negociación son nulas, con una ofensiva militar, respondiendo a la represión en su propio terreno.

Tras la victoria electoral de Cristiani, esta ofensiva era inevitable. La situación centroamericana parecia exigir un nuevo sacrificio táctico del FMLN, retrasándola hasta después de las elecciones nicaragüenses, para no aumentar las presiones internacionales sobre Managua. Pero una vez que éstas se dieron en su forma más brutal con la contraofensiva imperialista de septiembre-octubre, pararla en seco se convirtió en una cuestión de sobrevivencia para el FMLN y el FSLN, demostrando la unidad del proceso revolucionario centroamericano, a pesar de sus muy diferentes ritmos. La "ofensiva del Tet" centroamericana Con el apoyo logístico de Nicaragua y Cuba. la Comandancia del FMLN lanzo a comienzos de noviembre una ofensiva general en todos los frentes, pero dirigida especialmente a las grandes ciudades, San Salvador y San Miguel. Como en la ofensiva del Tet vietnamita de 1968, el objetivo no era el derrocamiento militar del régimen, sino dar un salto cualitativo en el proceso político-militar del campo revolucionario que:

-Situara el equilibrio militar a un nivel más favorable al FMLN;

-Reafirmara el peso político y militar del FMLN como un poder alternativo en El Salvador, y por lo tanto la necesidad de aceptarlo como actor imprescindible en la negociación de una salida política del conflicto;

-Defendiera al movimiento popular de la represión de los escuadrones de la muerte y lo dotase de una capacidad de defensa militar permanente en las ciudades, capaz de combinarse con diferentes niveles de autodefensa popular;

-Dividiera el bloque de alianzas reaccionario, creando contradicciones entre por una parte la Tandona y la extrema derecha de ARENA y el proyecto de Cristiani, cuyo principal apoyo son los EEUU; y por otra entre el Gobierno y las fuerzas derrotadas en las anteriores elecciones, sobre todo la Democracia

-Planteara las limitaciones de la estrategia contrainsurgente norteamericana, reabriendo el debate en el Congreso de los EEUU sobre la ayuda militar y econòmica a Cristiani, y forzar así la nego-

La audacia táctica, el valor de los militantes del FMLN y el apoyo popular recibido, se vieron dramáticamente acompañadas del terror generalizado contra la población que desencadenó el Ejército, bombardeando desde el aire los barrios populares, y el terror selectivo que acabó con las vidas de Ellacuría y otros cinco jesuítas. A pesar de las bajas sufridas, el FMLN ha podido reclutar un número superior de nuevos combatientes y sólo el futuro podrá decir si ha conseguido la totalidad de los objetivos que se fijó, aunque es evidente que ya no queda en El Salvador otra alternativa que una salida política. Hasta el propio Jefe del Comando Sur, General Thurman, ha tenido que reconocerlo así poco después de la invasión de Pana-

En el mismo contexto regional, pero en una situación política totalmente diferente, el FSLN desarrollaba su campaña electoral, cuyo resultado tendrá una importancia estratégica no sólo para Centroamérica, sino también para Cuba, sometida como nunca al acoso del Imperio en medio de una crisis política y social larvada. A finales de noviembre, el cansancio de la guerra, agravado por

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los nuevos ataques terroristas de la Contra, y los efectos del plan de estabilización económica habían reducido el apoyo social a los sandinistas. Para ganar, el FSLN, necesita no sólo movilizar a toda su base, sino también convencer a un sector importante de las capas nedias y del campesinado que es la unica salida nacional para el país. Y elk trente a una oposición , la UNO, cuyo único programa es prometer, si ganan, una lluvia de dólares en ayuda nortea-

Pero el proyecto político-electoral sandinista hubiera resultado imposible de haber quedado definitivamente bloqueado el proceso de paz centroamericano y la sucesión de cumbres presidenciales. Esta fue la primera reacción de Cristiani, con el apoyo de los EEUU, tras la ofensiva de noviembre del FMLN, anunciando incluso la ruptura de relaciones con Nicaragua. Finalmente, la presión de Honduras y Costa Rica, por intereses propios diferentes, apoyándose en los países del Grupo de los Ocho y la CEE, permitió una nueva Cumbre en San Isi-

En ella, Nicaragua obtuvo un apoyo político esencial para que las Naciones Unidas pudieran desplegar a las tuerzas militares de ONUCA, que en la práctica hace responsable de la violencia a los EEUU y su mantenimiento de la Contra. Pero Ortega tuvo que aceptar un paralelismo entre la desmovilización de la Contra y la del FMLN, tras un llamamiento a un alto el fuego inmediato en El Salvador y el retorno al diálogo.

Paralelismo que es en realidad impracticable, debido a la naturaleza distinta del FMLN y la Contra. Esta última es una fuerza mercenaria agotada política y militarmente, cuya desmovilización depende en última instancia del fin de la ayuda de los EEUU, el costo interno que provoca en Honduras y la puesta en práctica del plan de paz. EI FMLN por el contrario se encuentra tras la ofensiva en su mejor momento y no existe fuerza capaz de desmovilizarlo. La Comisión de Verificación no puede hacer otra cosa que vigilar el compromiso nicaragüense de no apoyar logísticamente al FMLN. Por otra parte éeste mismo habia pedido reiteradamente un alto el fuego despues de iniciar la ofensiva de noviembre, porque ello le supone ventajas militares y políticas obvias, a lo que se negaron rotundamente los

El aspecto más duro de las concesiones que tuvo que hacer el FSLN fue el apoyo enfático a Cristiani y su gobierno pocas semanas después del asesinato de los jesuítas. Este apoyo levantó una ola de indignación en Cuba y en sectores importantes de la izquierda latinoamericana. Fue un precio moral y político altísimo el que tuvo que pagar el FSLN. pero fue el precio que la dirección sandinista consideró necesario pagar para asegurarse una victoria electoral legitimada internacionalmente, a partir de la cual pudiera rentabilizarse la ofensiva de noviembre del FMLN e imponer el proceso negociador en El Salvador. Panamá, pobre Panamá La política de los EEUU en Panamá durante la administración Reagan y los primeros meses de la administración Bush ha sido la de asegurar su hegemonía política y económica en el país, a través de impulsar la articulación de un "gobierno amigo" que gestionase los Acuerdos Carter-Torrijos de acuerdo con los intereses norteamericanos. Ello no exigia poner en cuestión el equilibrio social y político interno de Panamá, basado en el bonapartismo de las Fuerzas de Defensa (FDP), que entrenadas por el Comando Sur, aseguraban un consenso popular basado en el clientelismo y el reparto de una parte de los inmensos beneficios que obtenía la burguesía fi-

Pero el ascenso del torrijismo minó este pacto político-social. Creó una maquinaria política propia que desplazó a la oposición a los partidos tradicionales de la burguesía, mientras las FDP fueron exigiendo y quedándose con un trozo mayor del pastel para sí mismas y para mantener su clientelismo populista. Finalmente, el enfrentamiento entre la burguesía tradicional y el FDP se hizo inevitable, en un momento en el que el lavado de millones de dólares del narcotráfico en el sistema financiero hacían de Panamá una economía artificial, pero extremadamente próspera desde una

En un primer momento, Noriega apareció como un obstáculo personal para la redefinición del pacto bonapartista en términos más favorables a la burguesía tradicional y los EEUU. Washington empezaba a mirar con clara desconfianza las consecuencias del populismo torrijista, en especial su búsqueda de alianzas tácticas con Managua y La Habana para crear un contrapeso con el que reforzar su posición negociadora cara a los EEUU. El golpe de Estado de Noriega tras las elecciones de junio -que habían dado la victoria a la oposición- cerró toda posibilidad de negociación interna, como demostraron las dos misiones mediadoras de la OEA.

La orientación norteamericana fue entonces provocar una escisión entre Noriega y un sector de las FDP que estuviera dispuesta a llevar a cabo la negociación para un restablecimiento del pacto político-social. Pero la polarización era ya extrema y Noriega, que había rentabilizado en términos personales el populismo nacionalista, la única garantía que le quedaba a las FDP de que las condiciones a negociar se respetarían después de la formación de un gobierno civil. Ello explica no sólo que fuera el punto de la salida de Noriega de

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Panamá el que hiciera fracasar la mediación de la OEA, sino también que el golpe quirúrgico de un sector de las FDP encabezado por Giroldi el 3 de octubre, fracasara al negarse a entregar a Noriega, que había sido detenido, a las tropas norteamericanas del Canal.

Ya no le quedaba a los EEUU otra alternativa que la intervención para defender sus intereses. En el momento más oportuno, cuando el bloqueo económico agravara suficientemente la crisis interna, pero antes de que los plazos previstos para el cumplimiento de los Acuerdos Carter-Torrijos convirtieran los incumplimientos norteamericanos en una causa del nacionalismo latinoamericano, que atectase a sus relaciones con todo el Hemisferio. Los preparativos de la invasión se iniciaron en septiembre con un cambio en la jefatura del Comando Sur, sustituyendo a Woerner, que se oponía a esta orientación, por Thurman. Y se concretaron en el esquema de invasión masiva y desarticulación completa de las FDP después del fracaso del golpe de Giroldi. Las intervenciones a puerta cerrada de Baker y Thurman en el Congreso y la consecuente aprobación de 3 millones de dólares para un plan conspirativo de la CIA para derrocar a Noriega (con la única condición de que no estuviera explícitamente previsto su asesinato) crearon el ambiente de complicidad necesario con la mayoría demócrata que limitara sus críticas en caso de fracaso, y la obligara a la aprobación unánime de cualquiera que fue ran las consecuencias de la invasión, si triunfaba. Merece la pena subrayar que el plan se desarrolló a través del Consejo Nacional de Seguridad y el Pentagono, excluyendo al Departamento de Estado. Este siguió dando todo tipo de seguridades a los gobiernos latinoamericanos de que una invasión era cosa del pasado, como declaró públicamente Aronson en Lima, en presencia de Alan García, el día antes de los hechos.

La resistencia de los Batallones Dignidad y de sectores de las FDP careció de toda efectividad al hundirse desde el primer momento la estructura de mando: eso fue lo que dio de sí la dirección bonapartista que representaba Noriega y el Estado Mayor de las FDP. Esta ha sido una lección para toda la izquierda latinoamericana ante futuras tentaciones de subordinar políticamente su independencia a alianza con sectores populislas, en nombre del nacionalismo.

Los resultados de la invasión han sido la destrucción completa de las FDP Y del pacto político-social bonapartista. Canal y la interpretación de los Acuerdos Carter-Torrijos ha quedado en manos de los EEUU, una vez que el gobierno Endara no tiene otra legitimidad que su juramento en una base del Comando Sur y ha renunciado a toda fuerza de defensa que no sea policial o contrainsurgente. El precio que había pedido por ello, 1.500 millones de dólares, ha sido rebajado a 1.000, y ésta será la ayuda norteamericana para la reconstrucción de los barrios populares destruídos y la refinanciación del sistema financiero y comercial de Panamá. Pero esta especie de contrarrevolución política burguesa que ha ocurrido por mediación norteamericana, tendrá la positiva consecuencia de enfrentar directamente mañana a la clase obrera y las capas populares con la burguesía cipaya, abriendo la oportunidad de que crezca una izquierda clasista independiente sobre las cenizas del torrijismo. Conclusiones provisionales Tras apuntalar la capacidad militar del Ejército salvadoreño, la principal preocupación de los EEUU tras la ofensiva del FMLN ha sido reimponer a la extrema derecha y el Estado Mayor la dirección política del Gobierno Cristiani. Pero ello no basta ni para dar credibilidad internacional a Cristiani, ni para impedir que el Congreso de mayoría demócrata mande una señal de castigo reduciendo la ayuda norteamericana en febrero. La resistencia de los partidarios de una "solución final guatemalteca" se pueden medir por el asesinato de Hector Oquelí en Guatemala y las presiones internas para limitar el alcance de la investigación del asesinato de los jesuitas. Los ataques de la aviación a los campos de refugiados demuestran que el ejército no sabe ya cómo debilitar al FMLN sin atacar directamente a la población. Para mantener su credibilidad, Cristiani tiene que abrir la perspectiva de la negociación

Su viaje a Washington en la primera semana de febrero, a pesar del apoyo explícito personal que recibió de Bush, no impidió que pocas semanas después dos senadores demócratas del peso de Kennedy y Kerry presentaran una propuesta de ley para cortar totalmente la ayuda militar y económica a El Salvador, si no comenzaban inmediatamente las negociaciones, poniendo además seis condiciones, entre ellas la depuración del Ejército, uno de los puntos esenciales de la plataforma del FMLN.

Por su misma radicalidad, la propuesta Kerry-Kennedy no puede ser la base de la ofensiva demócrata en este tema. Pero pocos días después, el presidente demócrata de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, Dodd, presentaba con un sector moderado (Sanford, Biden, Bumpers y Sassers) una propuesta que prevé una reducción de un 50% de la ayuda militar. La Casa Blanca ha pedido para el Gobierno salvadoreño 91 millones en ayuda militar y 284 de ayuda económica para 1991.

El otro gran acontecimiento regional es el resultado electoral en Nicaragua. Estos dos temas obligarán a una nueva definición de la política norteamericana en Centroamérica y abrirán su tercera

Para refrozar sus márgenes de maniobra, es probable que Bush busque traer a primer plano otros conflictos en los que cuenta con un consenso amplio con la mayoría demócrata del Congreso. Uno de ellos es la lucha contra el narcotráfico, escenificada en la Cumbre de Cartagena. La significación de la propuesta norteamericana,, con la militarización de la represión de cultivadores y traficantes, esconde un nuevo intento de recortar la soberanía de los países productores y dar una cobertura "aceptable" a la presencia militar directa en Latinoa-

La firma de los acuerdos para la refinanciación de la Deuda Externa de México, y el avance de la negociación del Plan Brady para Costa Rica, Brasil y Venezuela está vertebrando una reestructuración general de mercados en el Hemisferio, bajo la batuta inflexible del capital norteamericano, obsesionado en asegurarse materias primas baratas y mercados para la exportación de manufacturas ante el proteccionismo de la Europa del 92 y la hegemonía japonesa en el Pacífico. Este aspecto económico de la doctrina Monroe vuelve a estar de triste actualidad, como se ha podido ver en la ruptura del acuerdo del café, que está suponiendo pérdidas de cientos de millones de dólares para muchos países latinoamericanos.

Pero el tema que aspira al estrellato de la política de la administración Bush en América Latina y sin duda el más peligroso, es Cuba. Para sectores muy importantes de la administración, el colapso del estalinismo en Europa del Este y la URSS, abren la oportunidad de completar la política de bloqueo de treinta años, y corroer a través del hambre y la falta de aprovisionamientos la base social y política del castrismo

Estamos pues en momentos decisivos para el conjunto de la izquierda latinoamericana, en especial para la de Centroamérica y el Caribe.

14 de febrero de 1990