Las revoluciones burguesas
1. ¿Qué fueron las revoluciones burguesas? Para los marxistas, en la Europa occidental de los siglos XII y XIII, con el movimiento de las comunas y particularmente con la lucha de las ciudades italianas (las mayores y más ricas de Europa de entonces) contra el Emperador y la nobleza alemana e italiana se abre una época de nueve siglos de revoluciones burguesas. De esta lucha victoriosa nace en la Italia del Norte medieval, no un estado burgués, sino un archipiélago de repúblicas urbanas independientes en las que durante tres siglos ningún poder real podrá asentarse.
Esta larga época culmina con la revolución francesa de 1789-1815 y se cierra en Europa occidental con las revoluciones de 1848, con el fracaso de la revolución alemana de 1848-1849.
Por no citar más que las revoluciones más relevantes, antes de la revolución francesa se intercalan: el movimiento de independencia de la Liga de las Ciudades y Comunidades de Montaña suizas en los siglos XIV y XV; la crisis revolucionaria francesa de 1356-1358, que va desde el intento de toma del poder por los Estados Generales hasta la insurrección campesina de los "Jacques"; la crisis revolucionaria inglesa de 1380-1381,
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ROBERT LOCHHEAD
ROBERT LOCHHEAD
Rasgos generales
marcada por esa pre-Reforma que fue el movimiento de los "Lollards" y la insurrección campesina de Wat Tyler; la Guerra de los Campesinos alemana de 1525, que fue bastante más que una insurrección campesina. La revolución de los Países Bajos de 1566-1609 es la primera en fundar una especie de Estado burgués moderno. Aparentemente fracasada, la revolución inglesa de 1640-1660, desencadena por vez primera la transformación de las instituciones de un gran reino. Por el contrario, las demás crisis revolucionarias contemporáneas -la Fronde en Francia 16481653, la revolución catalana 1640-1652, los alzamientos de Nápoles y de Sicilia 1647- no consiguen derrocar al absolutismo. Inglaterra, principal potencia comercial y después industrial del mundo durante más de dos siglos, servirá de modelo a los filósofos de la Ilustración que van a crear el universo cultural de la revolución francesa.
En su apogeo, esta ola transformadora se extiende con más o menos éxito y participación a los países de Europa occidental y meridional: revoluciones ligadas a la revolución francesa que concluyen en anexiones (Bélgica, Renania) o en repúblicas hermanas (Batava, Helvética, Cisalpina), independencia de Bélgica (1830), insurrecciones y campañas que llevan a la unificación de Italia (1848-49 y 1859-1870), serie de revoluciones de la Península Ibérica a lo largo del siglo XIX (desde la Constitución democrática proclamada en Cádiz en 1812, hasta la monarquía constitucional establecida por las Cortes en 1876). Este ciclo de revoluciones se extendió más allá de Europa occidental, en primer lugar en sus colonias: la revolución de los trece Estados Unidos de América de 1776-1783, la llamada revolución de los "Jacobinos negros" en Santo Domingo/Haití de 1791-1802, los movimientos de independencia de Latinoamérica de 1809 a 1822.
En Japón, el Antiguo Régimen, único sistema extra-europeo que realmente merece la denominación de feudal, en sentido estricto, enfrentado al desafío mortal del expansionismo europeo y norteamericano, es derrotado por la revolución Meiji de 1867-1889, verdadera revolución burguesa. Este ciclo de revoluciones se cierra con las revoluciones mexicana de 1910-20 y rusa de 1917 que, cada una a su manera, inauguran otro capítulo, el de las revoluciones en los países semi-coloniales y subdesarroIlados en el siglo del imperialismo.
Estas revoluciones raramente produjeron resultados desprovistos de ambigüedades; varias abortaron o fueron aplastadas, particularmente las que, injustamente dejadas en la oscuridad, no son frecuentemente citadas. Sin embargo ninguna dejó de producir profundos resultados. Todo este proceso de nueve siglos, proceso diverso y prolijo, parió los Estados burgueses modernos.
Las revoluciones burguesas estallaron bajo el efecto de las tensiones que el desarrollo de la economía mercantil y después del capitalismo, en el propio seno de la sociedad feudal, hacía sufrir
al antiguo régimen, feudal y absolutista, confrontado al limite de sus capacidades de adaptación.
Las clases y partidos actores de estas revoluciones normalmente no dispusieron de programas sistemáticos de reforma o de transformación del Antiguo Régimen. Con frecuencia, los ideales de las clases insurrectas se expresaban en términos de vuelta a un pasado mejor, totalmente mítico por otra parte. A partir de una conmoción inicial del Antiguo Régimen que les coge de improviso, todos los actores defendieron sus intereses particulares e improvisaron ante acontecimientos que se desarrollaban progresivamente y tomaban una dinámica que nadie había querido ni previsto. Pero, a fin de cuentas, lo que mal que bien se impuso fué la extensión creciente de las relaciones mercantiles en principio, el capitalismo después, en todos los terrenos de la vida económica y el creciente peso económico, social, y por lo tanto político, de la burguesia a expensas de la nobleza del Antiguo Régi-
Las transformaciones jurídicas e institucionales que caracterizan la transición del Antiguo Régimen al Estado burgués moderno pueden ser resumidas como
1) Liberación de los siervos de su servidumbre personal y conmutación a dinero, en lugar de prestación en trabajo de los cánones a sus señores.
2) Reparto de los feudos de los señores en pequeñas propiedades campesinas o transformación directa en explotaciones agricolas capitalistas.
3) Transformación jurídica del derecho de propiedad condicional, típico del régimen feudal, en derecho de propiedad absoluta, típico de la economía mercantil, más tarde capitalista.
4) Supresión de los privilegios de la nobleza y del poder judicial y estatal de los señores en sus señoríos.
5) Garantías jurídicas de protección de las personas y de su propiedad ante la arbitrariedad señorial y real.
6) Restricción del poder y de las haciendas de la Iglesia y libertad religiosa y de conciencia. Abolición del impuesto pagado a la Iglesia, el diezmo.
7) Igualdad ante la Ley y fin del acceso privilegiado de la nobleza a los cargos oficiales: "la carrera abierta al talen-
8) Disminución, supresión incluso, de las trabas institucionales a la libre actividad de los artesanos, comerciantes, manufactureros e industriales, en particular la libre compra de la fuerza de trabajo y la libre venta de mercancias y servicios producidos; supresión de la
73 R. LOCHHEAD organización corporativa de los oficios y de las aduanas interiores.
9) Disminución de la censura ideológi10) Racionalización de la división territorial, de los pesos y medidas, de la enseñanza, del régimen tributario, de la legislación civil y penal.
11) Limitación o incluso supresión del poder real, por medio de representaciones nacionales elegidas, al principio por sufragio censal, después por sutragio
Estas transformaciones en modo alguno se realizaron de forma lineal; según los países, lo fueron por combinaciones, formas y ritmos diferentes. Algunas se realizaron poco a poco por el simple juego del desarrollo de la economía de mercado, después capitalismo, en el seno del Antiguo Régimen. Algunas fueron realizadas por el Absolutismo en sus reformas racionalizadoras, centralizadoras, mercantilistas.
Pero todas las revoluciones establecieron una aceleración de esas transformaciones y tuvieron como contenido y como reto la puesta en pie, o el intento de puesta en pie, de estos programas de reformas, en torno a los cuales se produjeron conflictos de clases y de
Il. Algunos aspectos del
Antiguo Régimen de Europa Occidental La sociedad feudal se estabilizó en Europa hacia el año mil. Se caracterizaba entonces por la división de la sociedad en dos clases sociales:
-- Casi toda la población está compuesta por campesinos que trabajan en tierras de los nobles y les deben partes de la cosecha y servicios en trabajo. Estos campesinos no son libres, no pueden abandonar la tierra de su señor: son siervos. Pero gozan de derechos y garantías mucho mayores que los de los esclavos. Los señores no pueden echarlos de sus tierras.
-- Algunos porcentajes de la población son nobles que reciben tierras de un soberano, feudos, a condición de servirle militarmente. En la cúpula de la pirámide de la nobleza están los reyes de los diversos reinos de Europa.
Junto a estas dos clases fundamentales existía la Iglesia, institución más antigua que el feudalismo. La Iglesia constituye una vasta burocracia; es el mayor terrateniente. Su jerarquía está abierta de una forma privilegiada (aunque no exclusiva) a los nobles. La Iglesia provee al feudalismo de justificaciones religiosas -una ideología- y de los intelectuales que precisa.
El feudalismo, como cualquier otro modo de producción, nunca existió en estado puro. Se combinó con relaciones sociales preexistentes, marginándolas:
-- Mercantiles, o capitalistas: las ciudades nunca fueron reducidas a la nada. En Italia estuvieron las mayores de Europa occidental. En la periferia de la Europa feudal, Grecia es ya una réplica comercial, incluso antes de la estabi-
-- Esclavistas: en el sur mediterráneo.
-- Tribales: en el Este y el Norte, por ejemplo en Escocia y en Frisia.
-- "Alodiales": campesinos libres, propietarios de sus tierras y exentos de cánones feudales; un poco en todas partes y muchos en las regiones montaño-
El Antiguo Régimen era una sociedad muy parcelada en la que el poder estaba infinitamente fragmentado en una miriada de entidades territoriales, señoríos, a su vez subdivididas, ciudades, conventos; con un embrollo jurídico de títulos de propiedad, de cartas de privilegios, de tratados de alianzas particulares. En numerosos intersticios de este orden social, frecuentemente interviniendo unos contra otros, dejándose frecuentemente también intervenir, la burguesía pudo hacer de las ciudades, cuando se desarrollaron, desde los siglos XI, XII y XIII, islotes republicanos, que se gobernaban a sí mismos, gozando de cierta independencia.
Desde finales de la Edad Media, en los siglos XVI y XVII, el feudalismo perdió alguna de sus características iniciales por las transformaciones que conoció Europa occidental:
-- En su mayoría, los campesinos ya no son siervos. Personalmente emancipados, conmutados sus cánones en dinero, se han convertido en arrendatarios libres que trabajan una tierra que pertenece a un señor al que pagan "censos anuales". Estos campesinos "censatarios" son también llamados "enfiteutas" porque el derecho a su tierra es eterno y nereditario pero relativo, cargado de 'servidumbres" o de "derechos feudales" que son los pagos al señor de los "censos", derechos de matrimonio, de suce-
El campesinado es un conjunto muy heterogéneo: verdaderos siervos (todavía existen en el siglo XVIII), censatarios, pero también aparceros, granjeros,
pequeños propietarios, criados, asalariados agrícolas, parados y vagabundos
Con frecuencia, al final de ciclos de revueltas campesinas y con el reforzamiento del aparato del Estado real, el absolutismo, y con la tendencia a la desaparición de soberanos intermedios, los señores feudales adquieren de facto, después a veces de jure, un derecho de propiedad absoluto de sus tierras que, hablando con propiedad, dejan de ser feudos ya que el feudo era una especie de préstamo hereditario a cambio del
Con el desarrollo de la economía mercantil, esta evolución lleva consigo que los lazos feudales de vasallaje en general dejan de ser obligaciones entre personas para convertirse en obligaciones ligadas a la tierra. Se venden y se compran señoríos con los derechos feudales que dan los ingresos, pero, del mismo modo, se vende o se compra la tenencia de un campesino censatario La tierra se convierte en mercancía, lo que en sentido estricto del término no lo era en el feudalismo. La tenencia censataria tiende igualmente a dar paso a cortos contratos de arrendamiento o 2. La sociedad urbana del Antiguo Jurídicamente es burgués el ciudadano de un burgo, de una ciudad. (Esta definición es diterente de la utilizada por los marxistas hoy, para quienes es burgués todo capitalista, ya explote al asalariado en la ciudad o en el campo).
La estratificación social de una ciudad del Antiguo Régimen es típicamente la siguiente, de arriba a abajo:
1) Los patricios son un pequeños número de familias, de origen comerciante o financiero lo más frecuente, definidas por un acceso privilegiado, oficialmente inscrito, al gobierno municipal. Son familias registradas en una lista nominativa. Los patricios viven noblemente, algunos son ennoblecidos, han adquirido señoríos en el campo, entre ellos hay señores feudales de origen establecidos en *la ciudad, son aliados por matrimonio a nobles. El patriciado es la crema de la
Con frecuencia, los patricios son los burgueses más ricos, pero no
2) La gran mayoría de la población urbana está formada por la reunión de los gremios de oficios: carniceros, comerciantes, albañiles, pañeros, orfebres, curtidores, panaderos, cerveceros, barqueros, vidrieros, etc.
Bajo el techo del maestro artesano vi-
73 ven no sólo su mujer y sus hijos, sino también servidores y sirvientas, y sobre todo sus obreros oficiales, que son asalariados, pero miembros del gremio y pueden ambicionar llegar a ser maestros un dia, y sus aprendices cuyos pa• dres pagan al maestro por darles su for.
Los maestros artesanos ricos, y algunos son muy ricos, comerciantes, orfebres, banqueros, carniceros, pañeros, corresponden directamente al sentido moderno de la palabra "burgués". Algunos dan trabajo a más oficiales de los que pueden alojar bajo su techo y estos oficiales, cuya esperanza de llegar a ser maestro se reduce, tienden a convertirse en simples asalariados; algunos burgueses poseen verdaderas manufacturas, algunos son patrones de numerosos trabajadores a domicilio.
La mayoría de los miembros de los gremios es pobre, pero con cierto desahogo: pequeños maestros artesanos, oficiales bien instalados. Muchos poseen en los alrededores de la ciudad haciendas no despreciables.
3) El pueblo llano reúne a los pequeños oficios artesanales no organizados en gremios: pequeños vendedores ambulantes, aguadores; servidores y sirvientas; jornaleros de la construcción o del puerto, obreros de las manufacturas,
Hasta el primer tercio del siglo XIX, los obreros, es decir los asalariados en el sentido moderno, siguen siendo una muy pequeña minoría en un océano de
En el Antiguo Régimen y ya en la Edad Media, las luchas sociales y políticas en las ciudades fueron con mayor frecuencia un conflicto a tres bandas:
-- burgueses de los gremios, a quienes también se llamó la oligarquía de los gremios, y
-- plebeyos, como se llama a la unión heteróclita de la base de los gremios, los pequeños burgueses, y el pueblo lla-
No hay ningún límite preciso que separe a burgueses de plebeyos. Habitualmente, burgueses y plebeyos están juntos, frecuentemente bajo la dirección de algún brillante disidente del patriciado que se dota de una tropa de reserva para imponer algún proyecto o ajuste de cuentas. A veces los plebeyos desbordan a los burgueses. Esta lucha de clases y de capas provocó una alternancia en el tiempo entre regímenes municipa les exclusivamente patricios y regímenes municipales más democráticos en los que el poder lo detentan los gremios, es decir generalmente su élite.
Esta alternancia está entrecortada por episodios bastante cortos aún más democráticos, de municipalidades relativamente más plebeyas, impuestas por una insurrección plebeya. Es el orígen de la reivindicación del sufragio universal. Con mucha frecuencia, un compromiso entre patricios y corporaciones se institucionaliza duraderamente por un gobierno municipal constituído por varias instancias deliberadoras, una reservadaa los patricios, otra a los delegados de las corporaciones, con una asamblea de ciudadanos más amplia que se reúne de vez en cuando, pero bastante ra-
Una revuelta municipal plebeya que eche a los patricios de la municipalidad; una revancha de los patricios ayudados por la nobleza o por el poder real, o utilizando demagógicamente al pueblo llano; jetes de los gremios puestos en el poder a través de una revuelta plebeya que termina por instalarse hereditariamente, convirtiéndose a su vez en patricios: estos son los ritmos de la lucha de clases urbanas durante siglos. Luchas de asalariados, las hubo, con huelgas, pero nunca hubo hasta el primer tercio del siglo XIX una clase obrera que jugara un papel social social y político propio y autónomo, distinto del movimiento general de los plebeyos. Las ciudades tienen una milicia "burguesa" formada por burgueses acomodados.
Por medio de la entrada en un patriciado municipal, por la compra de tierras, incluso señoríos, las cúpulas de la burguesía se integraron de nuevo sin cesar, durante siglos, en la sociedad feudal. Es una banalidad decir que en su conciencia individual, el burgués sonaba, no con instaurar una república burguesa, sino simplemente con llegar a 3. Los Estados Generales En el siglo XIII, los reyes convocaron con ciertos intervalos de tiempo, asambleas de diputados de las tres "ódenes" • "Estados": el primero es el clero, el segundo la nobleza, el tercero, o "Tercer Estado" el resto de la población. En cada una de las asambleas de los dos primeros Estados, había plazas reservadas por derecho a grandes personajes: obispos, abades, duques, condes, etc. Los delegados del bajo clero, es decir curas de parroquia, y los de la pequeña nobleza eran elegidos por una especie de voto "democrático" en cada región. En el Tercer Estado, sólo algunas ciudades tenían derecho a enviar diputados. Según el régimen municipal de cada ciudad, el modo de elección de los
diputados era más o menos "democrático". La gran masa de la población, los campesinos, no estaba representada en absoluto. Sólo Suecia tenía una cuarta cámara, de diputados de campesinos, el "Cuarto Estado".
Cada Cámara deliberaba separadamente. Una decisión se tomaba por pluraridad de las cámaras. Así los votos eran siempre 3 a 0, ó 2 contra 1. Oficialmente, el rey no podía crear un nuevo impuesto, ni suprimir una antigua ley, sin el acuerdo de los Estados Generales. Según los reinados y las épocas, los Estados Generales eran fuertes o débiles. Fuertes cuando el rey debía convocarlos con frecuencia y no le concedían subsidios más que si aceptaba sus condiciones. Débiles cuando el rey
Durante las sesiones de los Estados Generales se enfrentan el rey que quiere más fondos y menos control, la nobleza que quiere verse exenta de impuestos (y lo logra en varios reinos), la burguesía que quiere limitar los impuestos y plantea condiciones a su pago, exige controlar su percepción y gasto, exige una política conforme a sus intereses económicos. A veces, burguesía y nobleza se ponen de acuerdo para intentar controlar el gobierno real. Este control tomaba forma de comités perma-
Estados que existieron con poderes variables en diversos reinos. Uno de los más poderosos, cuyo nombre ha sobrevivido hasta nuestros días, fue la "Generalitat" de Catalunya.
En el siglo XIII, la creación de los Estados Generales suponía el reconocimiento por parte del rey, la nobleza y el clero, únicos asociados hasta entonces a la dirección de los asuntos públicos, de la importancia y la fuerza de la burguesía. En efecto, siendo obtener impuestos el fin del gobierno real, sus relaciones con la burguesía, que lentamente se convierte en la clase que posee y manipula las mayores riquezas, son decisivas.
Rica, gobernando las ciudades, controlando el crédito (reyes y nobles son grandes prestatarios), controlando el comercio y las producciones artesanales y manufacturadas de las que la sociedad feudal no podía prescindir, poseedora de tierras, señorios incluso, disponiendo de una fuerza de presión importante en los Estados Generales, clase más instruída de la sociedad, proveedora de funcionarios y a veces ministros al rey, la burguesía era en el Antiguo Régimen una clase social a la vez protundamente integrada y poderosa. no oprimida. En cierta medida,se puede
73hablar de la nobleza y la burguesía como "las clases poseedoras".
Por supuesto, a estos sectores, de entrada minoritarios, de la burguesía que se lanzan a negocios de manutacturas y comerciales nuevos y chocan con la severa reglamentación del mercado en el Antiguo Régimen, las cosas les podían ir de otro modo: mercancías que está prohibido importar, mercancías que está prohibido exportar, aduanas interiores, monopolios de ciertas actividades detentados de derecho por algunos, precios impuestos, porcentaje de beneficios obligatorios, lugares de compra y venta impuestos, lugares de trabajo impuestos, reglamentos de los gremios que limitan el número de asalariados autorizados, etc, etc. Estos burgueses "modernos" son una pequeña minoría que choca sin cesar con los estrechos márgenes del régimen, y cada vez más, a medida que sus negocios toman amplitud. Salvo que lleguen a ser poderosos, no obtienen de la administración real ninguna derogación. Ya que patricios, o también nobles, para quien es más fácil obtener derogaciones, se lanzan también a negocios "modernos"
La burguesía del Antiguo Régimen era muy diversa, pero no es posible designar en ella una capa que hubiera deseado una transformación de la sociedad o hubiera empujado con coherencia y constancia en tal sentido. Algo ya desde los siglos XII y XIII, pero sobre todo entre lossiglos XV y XVII, el poder real se reforzó progresivamente. Se dotó de una burocracia, de tribunales, de representantes en las provincias distintos de los grandes señores, impuestos permanentes, de un ejército permanente, de una diplomacia. A partir del XV y sobre todo en los siglos XVi y, XVII, restringió los poderes "estatales de los nobles sobre sus tierras y la autonomía de las ciudades. Es lo que se ha llamado el absolutismo.
Si a pesar de siglos de resistencia armada y de complots, la nobleza aceptó finalmente el Estado absolutista e incluso participó en él, es porque el poder real resultó ser indispensable para proteger a la nobleza contra:
-- las rebeliones campesinas cuya represión exigirá verdaderos ejércitos
-- los intentos de conquista de las no-
La nobleza pudo resistir al endeudamiento gracias a la parcialidad de los tribunales y gracias a las pensiones y regalos del rey a los tratamientos de funciones, civiles y militares, en la administración real. Durante varios siglos, el Estado absolutista prolongó la existencia de la nobleza redistribuyéndole así ingresos obtenidos a través de impuestos al campesinado, y también a la burguesía y al pueblo llano urbano.
Además, el refuerzo del absolutismo no es anterior, sino contemporáneo a las revoluciones burguesas. Aceleraciones del refuerzo del absolutismo fueron la reacción a intentos de instauración de una monarquia constitucional, por ejemplo en Francia por Carlos V después de 1355-58 o por Luis XIV tras la crisis revolucionaria de La Fronda de 1648-53. El refuerzo del absolutismo sirvió así como respuesta al desafío constitucional expresado por los Estados Generales. La revolución francesa de 1789 y la revolución rusa de 1917 derrocaron viejos absolutismos agotados. Pero las revoluciones de los Países Bajos de 1566-1609 o inglesa de 1640-60 derrocaron absolutismos jóvenes que intentaban reforzarse y que desestabilizaron el régimen por sus propios estuerzos de reSobre la reforma protestante Las revoluciones de los siglos XVI y XVII se realizaron en el lenguaje de la Reforma protestante. Pero sería totalmente abusivo ver en el protestantismo algo así como la ideología de la burguesía en su lucha contra el feudalismo. La Reforma protestante es un fenómeno demasiado complejo como para ser analizado en el presente artículo.
Evidentemente, el contenido del protestantismo presenta aspectos que le ligan al desarrollo del universo burgués en el propio seno del Antiguo Régimen. Pero como todos los fenómenos religiosos, e incluso todos los fenómenos culturales, la Reforma fue social y políticamente ambigua. Sirvió de bandera religiosa a todo tipo de clases y partidos y con frecuencia a la nobleza. Los principes de Alemania del Norte y los reyes de Escandinavia se sirvieron de ella para reforzar sus débiles y tardíos absolutismos a costa de la demasiado poderosa Iglesia.
Pero es cierto que, tanto la Reforma en el siglo XVI como la Ilustración en el XVIII, fueron una nueva cultura que expresó cierta pérdida de legitimidad del orden establecido de las cosas ante muchas clases sociales diferentes y sobre todo ante los intelectuales, y formulo valores nuevos, concepciones nuevas para organizar la sociedad, aunque sin ninguna homogeneidad
Por otra parte, la llustración es direc-
tamente heredera de la Reforma. Tienen en común un racionalismo crítico y una confianza en la libertad de reflexión del individuo. La llustración sustituyó por un lenguaje racionalista laico el lenguaje religioso que hasta entonces había sido el único en el que la gente en Europa debatían sobre la sociedad, expresaban sus preocupaciones y sus esperanzas.
La posición de la Iglesia era tal en el Antiguo Régimen que, forzosamente, las revoluciones burguesas debían confrontarse al problema de la religión. La revolución inglesa de 1640-1660 fue la última en hacerlo en términos religiosos. Pero los términos laicos en los que lo abordó la revolución francesa no le simplificaron el problema de la Iglesia y la
Ill. Los grandes mecanismos de las revoluciones burguesas Bajo la diversidad de sus formas, etapas y recovecos, las revoluciones burguesas dejan traslucir algunos mecanismos comunes. El conflicto de las mismas clases sociales produjo manifestaciones semejantes. 1. La crisis del absolutismo y la unanimidad por la monarquía constituComo todas las revoluciones, las revoluciones burguesas estallan ante la sorpresa general de todo el mundo, sin haber sido realmente queridas ni previstas por nadie. Bruscamente, el absolutismo no consiguió gobernar como antes y su autoridad no se aceptó como antes. absolutismo entra en crisis bajo el peso de contradicciones lentamente acumuladas a largo plazo y la mayoría de las veces por el efecto desencadenante de un obstáculo coyuntural: crisis económica, guerra perdida, bancarrota del Esta-
Las revoluciones burguesas comienzan con una sacudida del poder real provocada por un movimiento de oposición general de todas las clases de la sociedad. No fueron tanto las revueltas populares, siempre salvajemente reprimidas, quienes hicieron tambalearse al principio al Estado real, sino la oposición y la exigencia de reformas manifestadas por amplios sectores de las clases poseedoras, en una situación de gran crisis y tensión de la sociedad.
73 F. LOCHHEAD Frecuentemente, esta exigencia de reformas se presenta como voluntad de evitar así explosiones sociales aún peoa) Esta exigencia de reformas interviene también en la influencia sobre las mentalidades en todos los tipos de capas sociales de un vasto movimiento de deas nuevas y adquiere una relativa hegemonía, aunque confusa, y deslegitima a ojos de muchos al orden establecido y pone al descubierto los defectos del Absolutismo. El éxito de una nueva contra-cultura, aunque lleno de ambigüedades, prepara las mentalidades a cambios, dejando suponer que serían graduales, aceptados por la propia realeza en un gran movimiento de refor-
-- en el siglo XVI la Reforma protes-
-- en Inglaterra antes del 1640: el puritanismo y la "Ilustración baconiana" (del nombre de Francis Bacon, 15611626, filósofo humanista protestante que clasificó las ciencias y analizó las causas de error, y desarrolló una visión optimista del progreso de la razón, de las ciencias y de las técnicas);
-- en el siglo XVIII, antes de la Revolución Francesa, la Ilustración;
-- en el siglo XIX, el liberalismo y el prestigioso ejemplo de la Revolución b) Frente al paralizado Absolutismo, una gran parte de todas las clases de la sociedad reivindica una monarquía constitucional que limite los poderes del rey por medio de los Estados Generales. La reforma constitucional es esperada y acometida en un relativo ambiente de unanimidad nacional.
* Países Bajos, 1566: oposición de los grandes señores feudales al fortalecimiento del absolutismo; petición de la nobleza en pro de una moderación de las persecuciones contra los protestantes ("compromiso de la nobleza"); reivindicación general de la reunión de los Estados Generales.
* Países Bajos, 1576: toma del poder por parte de los Estados Generales; unánime aprobación de la "Paz de Gand" y de la solución constitucional que ésta promete.
* Inglaterra, 1640-1641: reunión del Parlamento entre el entusiasmo general y aprobación unánime de la legislación anti-absolutista votada en 1641 por la Cámara de los Comunes.
* Francia, 1789: esperanza general ante la reunión de los Estados Generales; deseo unánime de una monarquía constitucional; transformación de los Estados Generales en Asamblea Nacional; declaración de los Derechos Humanos;
inicio de la Constitución.
* Alemania-Austria, 1848: alzamientos generales de Viena y Berlín en marzo, reunión del parlamento alemán en Frankfurt y de la Constituyente en Viena. Inicio de la Constitución. 2. El decisivo papel de los Estados Para desencadenar una verdadera revolución que sea más que una ola de manifestaciones reivindicativas y de revueltas insurreccionales aisladas, es preciso que tome el relevo una institución que pueda a la vez ser canal de expresión de las insatisfacciones y reivindicaciones y portadora de una legitimidad tradicional que haga de ella un contra-poder frente al gobierno real. Contra-poder que pueda emprender legítimamente, si es preciso sin el acuerdo del rey, el inicio de reformas constitucionales. Por esta razon la reunión o la petición de reunión de los Estados Generales, o de una Asamblea nacional o Constituyente, por emplear términos más modernos, jugó un papel tan decisivo para iniciar las revoluciones burguesas. En la monarquía feudal europea, la pretensión del rey de hacer la ley hacía correr forzosamente un riesgo de contestación a sus prerrogativas en cada reunión de los Estados Generales. En la Edad Media, los reyes pudieron utilizar los Estados Generales contra los grandes barones separatistas, pero los absolutismos se construyeron sobre el espaciamiento, más tarde supresión, de los Estados
Había un movimiento intrínsecamente republicano en la propia institución de los Estados Generales. La prerrogativa principal de los Estados Generales era votar los impuestos. Desde la Edad Media, la burguesía había insistido en esta prerrogativa con la consigna: "No tasación sin representación". De ahí a nombrar un comité permanente encargado de vigilar la utilización de los impuestos recaudados no había más que un paso que fué frecuentemente franqueado o intentado; de ahí a reivindicar la representación en los Estados Generales de todos los contribuyentes y la elección democrática de los diputados había una trayectoria que los plebeyos intentaron numerosas veces a través de los siglos, iniciando la larga marcha hacia el sufragio universal.
En la crisis revolucionaria de los Países Bajos en 1566, el rey sabía perfectamente lo que se hacía al rechazar obstinadamente reunir los Estados Generales a pesar de la exigencia unánime de esta reunión. En Francia, los últimos
Estados Generales antes de 1789 se habían reunido en 1614. Algunas reivindicaciones que se habían expresado en ellos sólo fueron realizadas por la Asamblea Constituyente en 1789-1790. Durante la crisis revolucionaria de La Fronda de 1648-53, y a la muerte de Luis XIV en 1715, no faltaron voces que reclamasen la reunión de los Estados Generales. El gobierno real era perfectamente consciente del precio de cualquier reunión de los Estados Generales 3. La adhesión de los nobles opositoTodas estas revoluciones vieron a grandes, y menos grandes, señores feudales rebelarse contra su rey al lado de la burguesía, de los campesinos y plebe-
Estos grandes señores intentaron cabalgar las movilizaciones de masas para hacerlas servir a sus propios fines, principalmente controlar el gobierno, y salvar lo que pudiera ser salvado entre la conmoción general. En cuanto el movimiento salió de los límites moderados en los que querían limitarlo, se distanciaron o se volvieron contra el movi-
En la sociedad feudal había varias razones de la frecuente insubordinación, del aventurerismo y de las divisiones de la nobleza. Pero especialmente, por la generalización creciente de la economía monetaria y del capitalismo en la globalidad de lavida económica, una minoria de la nobleza, desde la Edad Media, se "aburguesó", adquirió intereses y actividades económicas semejantes a las de la burguesía.
Entre nobleza y burguesía es materialmente posible un compromiso ya que sus propiedades respectivas, generalmente, no se interfieren. La base material de este compromiso es una defensa conjunta de la propieda privada y de los privilegios de lariqueza frente a las masas explotadas, abandonando el noble sus poderes señoriales sobre las tierras, de las que así "sólo" conserva la propiedad económica. Los nobles feudales podían convertirse en hacendados y capitalistas. Muchos llegaron a serlo. Esta es la base del abandono aparentemente generoso de sus derechos feudales por parte de la nobleza francesa la noche del 4 de agosto de 1789, por otra parte bajo la presión de la insurrección 4. ¿Puede el ejército real reprimir al movimiento?
73 La crisis revolucionaria sólo puede durar y profundizarse porque las fuerzas de represión del absolutismo, que tantas insurrecciones campesinas y plebeyas aplastaron, se ven coyunturalmente impedidas para actuar y/o enfrentadasa fuerzas militares que defienden al movimiento social. Es una situación de doble
* Países Bajos, 1566: el gobierno de Bruselas apenas tiene tropas profesionales, la disidencia de la nobleza hace difícil la movilización de las "Bandes d'ordonnances" nobles y las milicias urbanas dejan actuar a los insurrectos.
* Países Bajos, 1576: el ejército real, que no ha cobrado, se amotina en masa. Las municipalidades, los Estados provinciales y los Estados Generales reclutan sus propias tropas para defenderse contra los saqueos de los regimientos amotinados sin control de auto-
* Inglaterra, 1640-1642: el ejército real es vencido por los escoceses y el rey ya no tiene dinero para pagar. La milicia burguesa de Londres toma a su cargo la defensa del Parlamento contra el intento de golpe de Estado del rey en enero de 1642. Las insurrecciones campesinas y plebeyas en provincias frenan durante el verano de 1642 la movilización inducida por el rey de tropas basadas en la "gentry" (pequeña nobleza) y provee de nuevas tropas al ejército de Pariamento. En la guerra civil las cuestiones militares son cuestiones políticas El parlamento carece de caballería y oficiales; en 1643 muchos oficiales nobles desertan; pero la mayoría moderada del Parlamento rechaza armar al pueblo. Desde finales de 1642, Cromwell recluta en el Este por cuenta propia un ejército politizado formado por plebeyos y campesinos acomodados, con oficiales nuevos de origen modesto. El ejército de Nuevo Modelo, constituido a su imagen y semejanza, marca la diferencia y vence al ejército real en 1645.
* Francia, 1789: en Junio la nueva municipalidad de París ha creado una milicia burguesa, la Guardia Nacional. En julio los regimientos de los Guardias franceses, con los que el rey intenta reprimir la agitación parisina, confraternizan con la población y se desarticulan.
* Francia, 1792-1793: la supervivencia del régimen ante la intervención de potencias extranjeras se pone en peligro dada la deficiencia del antiguo ejército real y la traición de sus oficiales nobles; es salvado por la creación del nuevo ejército de la República surgido especialmente de la leva masiva del 1792-1793 que incorpora al ejército a "sans-culottes" politizados.
* Alemania-Austria, 1848-1849: en ciertos aspectos es un contra ejemplo significativo. Al principio, el ejército prusiano permanece al margen de los acontecimientos, pero se mantiene tacto en su conjunto, aunque algunas unidades confraternizan con las insurrecciones, sobre todo las milicias de reserva territoriales (Landsturn). De las insurrecciones nacen las guardias nacionales burguesas y las legiones académicas (estas últimas formadas por estudiantes). Pero los gobiernos elegidos por la Asamblea Nacional de Frankfurt se imponen no tratar de separar del ejército prusiano a los elementos tavorables a la revolución y contestar a su Estado Mayor reaccionario. En 1849, el ejército prusiano aplastará las insurrecciones democráticas de Sajonia y del Palatinado.
El ejército austriaco está ocupado en Italia, pero victorioso ahí y reforzado después por tropas reclutadas en las regiones eslavas subdesarrolladas, está disponible para aplastar la insurrección de Viena en octubre-noviembre de 1848 y la insurreccion hungara de 1849 con a avuda del elercito del absolutismo ruso. 5. Las clases poseedoras desbordadas por la explosión plebeya y campesina. El movimiento de rebelión de las clases ricas y el desmoronamiento, o al menos parálisis, del poder real permiten que el descontento por largo tiempo contenido por las clases pobres, plebeyos de las ciudades y campesinos, exploten. Nobleza levantisca y burguesía son empujados hacia adelante y después desbordados por un alzamiento popular. Por su parte el rey y el resto de la nobleza preparan la contra-revolución violenta.
Surge un radicalismo político popular que reclama la abolición de la realeza, el sufragio universal, la reforma de la justicia, de la administración y del sistema de impuestos, una reforma agraria.
* Países Bajos: en 1566, revuelta de los "iconoclastas"; más tarde, en 15771579, manifestaciones populares que fuerzan a los Estados Generales a romper con el gobernador del rey y a nombrar al príncipe de Orange teniente-generalde los Países Bajos, comunas insurreccionales de Bruselas, Gand, Brujas, Arras, Amsterdan.
* Inglaterra 1647-1750: gran ola de agitación de los niveladores. (nota: el llamado por sus enemigos "partido de los niveladores" representó al ala democrático radical en la revolución inglesa. Su programa encarnaba las aspiracio-
nes de los movimientos plebeyos de la ciudad y el campo. Su principal dirigente
* Francia: julio de 1789, explosión de alzamientos campesinos y manifestaciones urbanas. En 1791 grandes manifestaciones durante la huida del rey a Varennes; los jacobinos radicales y suprograma político. El 10 de agosto de 1792 la insurrección de los sans-culottes derroca a la Asamblea Legislativa y al rey e impone el sutragio universal y la republica. 2 de junio de 1793: la insurrección derroca al gobierno de los girondinos.
* Alemania-Austria, 1848-1849: insurrecciones obreras en Viena en mayo y 6. El cuestionamiento de la propiedad privada En todas las revoluciones burguesas, la movilización de los plebeyos fue siempre percibida por los ricos como amenaza de que los pobres iban a adueñarse de sus riquezas, como amenaza a su propiedad, Incluso si los plebeyos, propiamente hablando, no lanzaban ninguna reivindicación cuestionando la propiedad privada; este fue el caso más frecuente, ya que hasta la aparición en la escena política, en el siglo XIX, de la clase obrera, los propios plebeyos siempre habían sido en su gran mayoría pequeños propietarios de sus medios de producción, aunque estaban obligados, al menos en las ciudades, a comprar sus alimentos, cuyo precio cotidiano supuso durante siglos de Antiguo Régimen mas de la mitad de sus ingresos cotidianos. Esta es la causa de la recurrencia y la importancia de las revueltas contra las alzas del precio del pan... y contra los panaderos. La miseria creaba además un latente peligro de pillaje.
Por lo que respecta a las luchas sociales agrarias, los ataques contra el derecho de propiedad de los grandes hacendados, feudales o burgueses, que los movimientos y reivindicaciones de sus arrendatarios suponían, son bastante claros en todas las revoluciones bur-
* En la revolución de los Países Bajos de 1566-1609, así como en todas las revueltas municipales en el Antiguo Régimen, los alzamientos plebeyos tendentes a quitar el ayuntamiento a los patricios, o seaa la oligarquía de los gremios, ponían en cuestión todas las ventajas materiales e ingresos que estos extraían del control de los asuntos municipales, particularmente las ventajas fiscales.
* En la revolución inglesa de 1640-1660, el programa de los niveladores,
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aunque sobre todo político y legal, y a pesar de su gran cuidado por respetar la propiedad privada, contenía no obstante reivindicaciones cuyo costo económico para los ricos no era despreciable; además de las reivindicaciones agrarias, una más general: la abolición del diezmo, que del que frecuentemente se apropiaban laicos, el rechazo a los impuestos indirectos y la propuesta de un impuesto sobre los ingresos. Finalmensu reivindicación de elegibilidad de todas las autoridades públicas ponía en peligro muchas ventajas adquiridas; y la perspectiva del sufragio universal era para los ricos un riesgo futuro de voto por la mayoría de los pobres de leyes dirigidas contra ellos, empezando por
* En la Revolución Francesa, la dictadura jacobina robespierrista de junio de 1793 a julio de 1794 fue el primer gobierno de la historia de las revoluciones burguesas que emprendió el intento de satistacer las reivindicaciones económicas de los plebeyos por medio de una política gubernamental de control del mercado: el bloqueo de los precios (ipero también de los salarios!) y la estricta reglamentación de los abastecimientos. Es la política encarnada por la ley del "máximo general" del 29 de septiembre de 1793. Exitosa al principio, los precios bajaron y sobre todo el Asignado se estabilizó, esta política fracasó, ya que en una sociedad de pequeños artesanos y comerciantes, terminaba por chocar violentamente con los intereses no sólo de los burgueses sino también de los pequeñoburgueses, incluso muy pequeños, mientras que el bloqueo de los salarios le hacía perder también el apoyo de los más pobres sans-culottes, los asalariados. Fue el "terror económi-
* En la revolución alemana de 1848-1849, las reivindicaciones económicas de los plebeyos de entrada fueron cualitativamente más peligrosas para los poseedores dado que los obreros suponían ahora una proporción masiva de los plebeyos y se organizaban en "sociedades obreras". El temor de la burguesía por su propiedad fue tanto más violento y se extendió con fuerza hasta las filas de la pequeña burguesía.
En todas las revoluciones burguesas, un ala izquierda de los plebeyos, extremadamente minoritaria, cuestionó el principio de la propiedad privada y desarrollo una perspectiva comunista mas o menos explícita. Las condiciones de su época no podían dar ninguna esperanza realista de realización de su proyecto y les condenabana seguir siendo una pequeña minoría que hacía propaganda de sus ideas, actuando en el seno del movimiento plebeyo en los límites de sus reivindicaciones generales. Pero en el contexto de su época, fueron los propulsores del movimiento comunista que sólo se desarrolló verdaderamente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, siendo la bisagra las revoluciones de 1848
* Países Bajos, siglo XVI: los anabap-
* Inglaterra, 1649: Gérard Winstanley y los poceros.
* Francia, 1792-1793: Jacques Roux y los "Enragés" y más tarde, en 17951796, Gracchus Babeuf y la "Conjura de
* Ălemania 1848-1849: diversos grupos anarquistas y socialistas, y la Liga de los Comunistas, a la que pertenecían Karl Marx y Friedrich Engels. 7. Hacia el cuestionamiento de la opresión de las mujeres En todas estas revoluciones burguesas. la movilización plebeya significó también una participación importante de las mujeres en las masas revolucionarias. Los acontecimientos pusieron en marcha y politizaron también a las mujeres. Y desde la revolución inglesa del siglo XVII, la emancipación legal de la mujer se debatió en el seno del vasto debate de ideas a que dio lugar cada una de estas revoluciones. Los espíritus más consecuentes previeron que la lógica tanto de la libre conciencia religiosa individual del protestantismo, como de los Derechos Humanos y del sufragio universal, llevaría inevitablemente a plantear tarde o temprano la cuestión de su aplicación global a las mujeres, su igualdad con los hombres y, por lo tanto, su emancipación.
Pero a fin de cuentas, las revoluciones burguesas apenas aportaron mejoras a la condición de las mujeres. Más exactamente, vieron cómo los embriones de esfuerzos por la emancipación de las mujeres, frecuentemente surgidos de la reflexión de autores, hombres y mujeres, pertenecientes a medios intelectuales frecuentemente surgidos de clases superiores, a veces plebeyos, chocaban brutalmente contra el firme patriarcalismo de los burgueses y, una vez pasado el periodo de las grandes movilizaciones, de los plebeyos sublevados. En la revolución inglesa y más tarde en la revolución francesa, la idea del sufragio universal apareció en principio no sólo como idea de sufragio universal masculino, sino más precisamente como idea de sufragio de todos los cabezas de familia... La larga marcha de las mu-
jeres por su emancipación civil, moral y política (ipor no hablar de la emancipación económica!) no comenzó seriamente hasta la segunda mitad del siglo XIX.
* Países Bajos 1583-1584: las mujeres burguesas y plebeyas juegan un papel importante en la movilización popular por la defensa de las comunas radicales en las grandes ciudades de Flandes sitiadas por el ejército real.
* Inglaterra 1640-1660: el puritanismo valoriza la libertad de conciencia religiosa, también de la mujer; las mujeres juegan un papel importante en las comunidades de puritanos disidentes radicales en las que adquieren un status igual al de los hombres; numerosas mujeres firman las peticiones democráticas, particularmente la de los niveladores, y participan en manifestaciones callejeras; en la abundante literatura contestataria que se publica, hay publicaciones feministas y varias mujeres escritoras; las sectas de los familistas y cuáqueros practican el matrimonio y el divorcio por declaración mutua ante la comunidad; John Milton escribe "La doctrina y la disciplina del divorcio" en 1643 para proponer un derecho al divorcio por consentimiento mutuo, ante el gran escándalo de los conservadores; como otros puritanos radicales, valoriza la dignidad de la libre opción de los esposos y del amor físico en la inclinación mutua; los divagadores experimentan el amor libre; Lucy Hutchinson fue un personaje político importante entre los Independientes; las mujeres eran predicadoras en las sectas plebeyas; Margaret Fell fue una de las organizadoras de los cuaqueros, organizo una "petición de las mujeres" en 1659 y publicó en 1667 Women's Spaking Justifield (Justificación de la toma de palabra de las mujeres); entre los cuáqueros una cierta idea de la emancipación de la mujer (asambleas regulares de mujeres en la comunidad etc) permaneció viva tras la Restauración de 1660.
* Francia 1790-1795: Condorcet (1743-1794), enciclopedista y republicano, propone en 1790 el derecho de voto a las mujeres en "Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía"; en 1791, Olympe de Gouges (17481793) publica su manifiesto "Los derechos de la mujer"; en 1793 la Convención instituye el divorcio por consentimiento mutuo; los jacobinos de la Montaña permiten la creación, en junio, en los medios sans-culottes, de la Sociedad de las Mujeres Republicanas Revolucionarias (entre cuyas personalidades están Claire Lacombe y Pauline Léon), y más tarde la disuelven, en octubre, por decisión de la Convención, en el
ATEMA
73 R. LOCHHEAD marco de las medidas contra las manifestaciones de consumidores/as contra el precio de los comestibles. Tras la caída de Robespierre, el régimen de restauración burguesa de los termidorianos y del Directorio abole el divorcio por consentimiento mutuo; las mujeres pagaron un precio importante en la represión de los últimos alzamientos sans-culottes de 1795; en 1804, el Código Civil de Napoleón volvía a cerrar la tapa del patriarcado sobre las muje-
Entre los animadores del movimiento democrático radical inglés de finales del siglo XVIII, movimiento de apoyo a la Revolución Francesa, se encuentra una importante teórica de la emancipación de la mujer: Mary Wollstonecraft (17591797), autora de "A vindication of the rights of woman" (Una defensa de los derechos de la mujer, 1792).
1848-1849: al igual que en la revolución francesa en 1789 y como en la revolución francesa de 1848, se multiplican los clubs feministas. Como en las dos revoluciones francesas, estos clubs son rápidamente prohibidos, al tiempo que los democratas radicales, que por otra parte no forzosamente los apoyan, retroceden ante los conservadores. La gran personalidad feminista de la revolución alemana de 1848-1849 es la sajona Louise Otto (1819-1895). Desde principios de los años 1840, publicaba diversas obras en defensa de un punto de vista feminista y demócrata-radical. Durante largo tiempo editó "Die Frauenzitung" (El periódico de las mujeres) y en 1865 fundó en Leipzig la Unión General de las Mujeres Alemanas (Allgemeine Deutsche Frauenverein). Las mujeres alemanas adquirieron el derecho de voto con la revolución 8. Las clases poseedoras quieren frenar la revolución y reprimen al movi-
En lugar del poder real paralizado o limitado a una parte del reino, los Estados Generales, en sesión permanente, se encuentran al frente del Estado. Las divisiones de la nobleza, o su extravío y exilio, la fuerza social y la riqueza de la burguesía, aseguran a esta última una mayoría aplastante en la asamblea. Las cúpulas más conservadoras de la burguesía son mayoritarias en ella. Los Estados Generales, más o menos deseosos de tomar el poder, deciden un mínimo de reformas destinadas a limitar duraderamente el poder real, buscando a la vez un compromiso. Este compromiso se basa en el proyecto de una monarquía con el poder limitado por una asamblea representativa reservada a los ricos. El compromiso es imposible cuando por una parte el partido realista lleva a cabo una guerra feroz y por la otra las movilizaciones populares empujan hacia medidas más radicales y democráticas. Frente a la amenaza de un radicalismo popular, la gran mayoría de la burguesía se asusta, reprime, defiende encarnizadamente el sufragio censal, busca un arreglo con el rey.
* Países Bajos 1576-1583: los Estados Generales, reunidos desde 1576, comienzan por negociar durante varios meses con el representante del rey. Después del reinicio de las hostilidades en julio de 1577, confían su ejército a los grandes señores valones que no luchan seriamente contra el ejército real, se dejan vencer y prefieren volverse contra la comuna radical plebeya de Gante, a la que los Estados Generales y el principe de Orange no defienden y tratan también por su parte de reprimir. En octubre de 1578, la nobleza valona y los Estados de Artois, Hainault y Flandes valón, es decir la burguesía de Lille y Arras, aplastan la insurrección plebeya de Arras y en mayo de 1579 firman su sumisión al gobernador del rey.
* Inglaterra 1644-1645: la mayoría presbiteriana del Parlamento teme la movilización plebeya y negocia con el rey, apremiada por poner fin a la guerra civil. En 1647, vencido el rey, intenta buscar un arreglo con él y licenciar al
1653-1658: los sucesivos parlamentos dominados por las clases ricas intentan en vano forzar al gobierno de Cromwell a abolir la tolerancia religiosa, reprimir a las sectas populares, imponer un calvinismo conservador y autoritario y licenciar al ejército, demasiado cercano a los
En Inglaterra, tras la muerte de Cromwell, el resurgimiento del radicalismo republicano y democrático en el ejército es asfixiado por el general Monck y el rey Carlos !! reinstalado en 1660.
Francia 1789-1791; la Asamblea
Constituyente vota una constitución rigurosamente censal. El 17 de julio de 1791, la Asamblea Constituyente, la municipalidad de París, La Fayette que manda la Guardia Nacional, ordena disparar en el Campo de Marte contra los manifestantes que reclaman la deposi-
Los girondinos, que dominan el gobierno desde 1792 a junio del 93, consideran acabada la revolución, se oponen a la deposición y después a la condena del rey, se oponen a las reivindicaciones económicas de los sans-culottes y
quieren poner fin a su presión.
Roberpierre definió perfectamente el mecanismo del desbordamiento de la burguesía que la empuja hacia la derecha; él mismo participaba en la organización del desbordamiento.
"Así es como entre vosotros están los parlamentos, los nobles, el clero, los ricos que han puesto en movimiento la revolución; enseguida apareció el pueblo. Se arrepintieron, o al menos quisieron parar la revolución, al ver que el pueblo podía recuperar su soberanía". (Discurso en el Club de los Jacobinos, el 2 de enero de 1792).
En Francia, los sans-culottes y su organización (las secciones parisinas), reprimidos y desanimados ya por los robespierristas, fueron derrotados entre el verano de 1794 y el invierno de 1795 por los "termidorianos". Las últimas insurrecciones de los sans-culottes, llevados a una defensiva desesperada, en abril y mayo de 1795 (jornadas de Germinal y Prairial), fueron aplastadas por
* Alemania-Austria, 1848-49: en mayo de 1848, en Viena, el gobierno liberal disuelve la legión académica y se apoya en el ejército contra la guardia nacional burguesa. En agosto, la guardia nacional reprime y masacra al movimiento de los obreros de Viena. Las insurrecciones democráticas en Frankfurt, Baden y Colonia de septiembre de 1848 son reprimidas por la Asamblea Nacional y el
Octubre-noviembre 1848: en la Viena revolucionaria sitiada por el ejército imperial, reforzado por tropas croatas, checas y por el ejército ruso, el gobierno liberal-democrático reprime a los obreros y rechaza llamar en su auxilio al movimiento nacional húngaro. El primero de noviembre, Viena es tomada por el ejército imperial.
En mayo de 1849, la Asamblea nacional de Frankfurt no apoyó las insurrecciones de Saxe, Bade y del Palatinado, no derroca al ejecutivo que conspira con los príncipes. Finalmente, la Asamblea es abandonada por su derecha, y su ala izquierda, ante el avance del ejército prusiano, debe refugiarse junto a la insurrección democrática renana, definitivamente aplastada por el ejército pru9. La solución intermedia impuesta por el partido que quiere utilizar la radicalización popular Los episodios de avances más eficaces y fructíferos que las revoluciones burguesas conocieron, fueron obra de partidos dispuestos a utilizar la radicaliza-
73 ción plebeya; que en vez de volverse frontalmente contra los plebeyos insurrectos, se pusieron al frente, canalizaron su fuerza para tomar medidas enérgicas contra la contrarevolución realista y emprender una reforma de las instituciones. Este tipo de partido no surgió de los plebeyos, sino que se constituyó a partir de grupos muy minoritarios de intelectuales racicales y de líderes militares y políticos surgidos de la baja nobleza, de la burguesía, incluso de la Iglesia, pero sin ser en absoluto representativos de ellas. Este tipo de partido consigue agrupar tras él a un bloque, una alianza, que reune a los plebeyos y a algunos sectores minoritarios pero consistentes de la burguesía y de la nobleza, sobre todo la baja nobleza. Apunta a un compromiso entre la burguesía y los plebeyos cuya fuerza de movilización utiliza, mientras intenta embridar esta movilización, limitarla, con frecuencia reprimiéndola parcialmente a fin de preservar los intereses de los ricos y evitar que no basculen totalmente hacia el
* En la revolución de los Países Bajos de 1566-1609, fueron el príncipe de Orange y el partido orangista quienes Jugaron este papel y aseguraron a la revolución la permanencia de una dirección capaz de maniobrar, a pesar de todos los aspectos conservadores de su política. A su izquierda, la dirección alternativa que representaron los líderes de la insurrección plebeya de Gante de 1577, con el tandem del partido disidente de Hembyze y el noble orangista "de izquierda" Ryhove al frente, representa también una dirección de esta naturale-
* En la revolución inglesa, son los independientes, Cromwell y sus amigos políticos. A su izquierda, los republicanos y aún más a su izquierda los niveladores. Los republicanos fueron asociados al poder de 1647 a 1653, más tarde de nuevo en 1659-1660, pero nunca tuvieron poder para realizar su programa. Por su parte, los niveladores nunca tuvieron la posibilidad de acceder al poder y fueron derrotados. Pero los republicanos, así como el grupo dirigente de los niveladores, eran burgueses y pequeños
* En la revolución francesa, finalmente, jacobinos de todas las tendencias; puesto que la revolución francesa entre 1789 y 1794 es el ejemplo clásico de acceso al poder (en lucha mortal) de sucesivos equipos, dispuestos cada uno a ir más allá en la utilización del alzamiento sans-culottes y a hacer mas consin que los verdaderos representantes de los sans-culottes accedan nunca al poder.
Las profundas diferencias de estos equipos de estas tres revoluciones expresan la profunda transformación gradual, material y cultural, de la Europa Occidental de los siglos XVI al XVIII. En esta serie, que va desde el gran señor feudal Orange hasta el pequeño noble campesino, pero aburguesado, Cromwell, y también al pequeño abogado urbano Roberpierre, se revela la lenta emergencia de la sociedad europea del universo feudal que todavía impregna profundamente a las más antiguas revo-
Todos estos partidos se vieron en el mismo equilibrio inestable, haciendo concesiones a la izquierda y reprimiendo a la derecha, después concesiones a la derecha y reprimiendo a la izquierda. Todos causaron la caida final de su propio régimen, o estuvieron a punto de hacerlo, porque reprimiendo la movilización plebeya, debilitaron o desanimaron a la única fuerza social susceptible de apoyarles contra las clases dominantes.
Orange, embridando a los calvinistas radicales de Gand en 1579, mientras hacía concesión tras concesión a la gran nobleza valona y al duque de Anjou, disgustó a los plebeyos, los desmovilizó, lo que facilitó la caída de las ciudades de Flandes en 1584 y estuvo a punto de suponer la reconquista de todo el país por el ejército real.
Cromwell, al romper las esperanzas de los plebeyos entre 1649 y 1653 y al excluirlos del derecho al voto, privó a su propio régimen de la única base social susceptible de preservarlo contra la re-
Los propios robespierristas habían refrenado, decepcionado y reprimido de tal modo a los sans-culottes que ya no hubo alzamiento sans-culottes para acudir en su apoyo cuando fueron derrocados por la Convención el 10 de Thermidor-28 de julio de 1794.
En varias revoluciones rápidamente aplastadas faltó este tipo de partido intermedio enérgico, dejando frente a frente a los plebeyos aislados y a la contra-revolución. Fue el caso de las revoluciones alemanas de 1525 y de 1848-1849 y también de otras revoluciones burguesas derrotadas en los siglos
En contraste con la energía y determinación de Cromwell y de los jacobinos, y del propio principe de Orange, los líderes democráticos alemanes de 1849 mostraron lamentables vacilaciones y mucha pusilanimidad. Marx y Engeis realizaron una mordaz crítica de esta gente, de quienes habían esperado que llegaran a ser los jacobinos de la
revolución alemana (ver "Revolución y contrarrevolución en Alemania", de Freidrich Engels). 10. El dilema de los liberales: entre la reacción y el desbordamiento popular Así pues, el desarrollo de todas las revoluciones burguesas fue condicionado por una lucha de clases que dividió al
"campo anti-absolutista" burguesía y plebeyos. La burguesía desea una reforma antifeudal de la sociedad, pero teme por encima de todo a la movilización e iniciativas del pueblo que ponen en peligro su control político (la cuestión del sufragio) y tienden a cuestionar también sus bienes (la cuestión de la propiedad). La burguesía sólo acepta la solución, ciertamente ideal en teoría para ella, de la instauración de una república burguesa si la movilización popular puede ser contenida o reprimida. Si no, prefirió en todas las ocasiones renunciar a sus reivindicaciones de reforma y reconciliarse con rey y nobleza, que se encargaban de aplastar los alzamientos plebeyos.
Así, durante dos o tres siglos, el miedo que la burguesía tenía al radicalismo social retrasó el derrocamiento del Antiguo Régimen. Esto aparece particularmente en las derrotas de las revoluciones de mediados del siglo XVII: la catalana de 1640-1652, las de Nápoles y de 1647, la francesa de La Fronde de 1648-1653.
Así pues, lo que se llama una revolución burguesa victoriosa sería una revolución en la que la sustitución del absolutismo por una monarquía constitucional o una república burguesa puede realizarse, y sobre todo mantenerse, conservando la adhesión de la burguesía, porque el alzamiento plebeyo, que va demasiado lejos para ella, puede ser contenido o aplastado sin necesidad de aliarse con las fuerzas de la reacción nobiliaria y realista: pero esta es una solución real y teórica que nunca se concretó tal cual.
Aquí reside el dilema histórico de los liberales en tanto que partido decidido a abatir a la vez al absolutismo y al Antiguo Régimen y a reprimir el desbordamiento plebeyo. Es el partido de la monarquía constitucional si es posible, a falta de una república conservadora y, sobre todo, del sufragio censal. En la revolución inglesa de 1640-1660 hay que buscar entre los presbiterianos; en la revolución francesa entre los partidarios de la monarquía constitucional y entre los termidorianos. En Inglaterra y en Francia es el partido que tras la restauración de la monarquía, impone pro-
73 gresivamente una monarquía constitucional moderada, al estilo de Ashley Cooper bajo Carlos II en Inglaterra en los años 1670, y de La Fayette y Benjamin Constant bajo Luis XVIII en Francia en los años 1820. Social y políticamente moderados, encarnando al liberalismo económico, los liberales lo tenían todo para ser por vocación el partido por excelencia de la burguesía. Y sin embargo, cuantas veces la mayoría les abandonó y dejó aislados, para aliarse con la reacción francamente "pasadista" y contra-revolucionaria por miedo al desborde plebeyo y después, en el siglo XIX, por miedo al proletariado.
Este incómodo dilema de los liberales aún se presenta hoy en día en la tenaz desaprobación retrospectiva del conjunto de la opinión pública burguesa a estas revoluciones que, sin embargo, les llevaron al poder.
Todas las revoluciones burguesas concluyeron, cada una a su manera, en un compromiso entre burguesia y nobleza, dejando a esta última un lugar subordinado en lo sucesivo, pero totalmente dorado. Un régimen muy conservador se había estabilizado, garantizando la seguridad a los poseedores, pero diferente del "Antiguo Régimen" feudal: la República de las Provincias Unidas desde 1581-1587, la Restauración inglesa de 1660-1688, la Francia del Directorio desde 1795, más tarde del Imperio, la Alemania bismarckiana unificada y reorganizada por las reformas del canciller Bismarck entre 1862 y 1871. Tras la derrota de la revolución alemana, 1848-1849, estas reformas son, por una parte una adaptación de la Alemania retrasa-
Europa capitalista y burguesa por el particular medio de una revolución por arriba, una modernización efectuada por los representantes del absolutismo; pero son también, tras una gran revolución, aun derrotada, un compromiso que la nobleza prusiana y Bismarck firman con la burguesía liberal, compromiso institucionalizado por la Constitución Imperial de 1871.
Todas las revoluciones burguesas fueron derrotadas para los plebeyos Desbordadas por el radicalismo plebeyo, las clases poseedoras debieron reprimirlo, a duras penas, para llegar a una solución conservadora que, no obstante, señalaba el declive del Absolutismo y de la nobleza y el ascenso de la burguesía. Pero para llegar a esta solución burguesa conservadora, había sido necesario revocar al "Antiguo Régimen" feudal. El alzamiento popular proveyó la fuerza social necesaria que sirvió de ariete para derribar la antigua fortaleza.
11. En el siglo XIX, entrada en escena del proletariado En las revoluciones burguesas del siglo XIX, que cierran la burguesia se echa precipitadamente en brazos de la nobleza y del Estado real. Ejemplo clásico de ello es la revolución alemana de 1848-1849. Hasta entonces, el proletariado, los obreros asalariados, siempre había estado en minoría en el campo plebeyo. El desarrollo industrial les dió la mayoría. E desbordamiento de la burguesía por los plebeyos se convierte en su desbordamiento por la clase obrera. Aparece un nuevo "compañero de juego" mucho más formidable que los pequeños artesanos de los siglos XVI y XVII o que los sans-culottes: por su número, por sus medios de acción que le permiten bloquear la producción y los transportes por medio de la huelga, por sus reivindicaciones que cuestionan el propio derecho a la propiedad privada de los medios de producción y de cambio. La burguesía, aterrorizada, sólo tiene una preocupación: impedir y reprimir. Al mismo tiempo, la industrialización ha roto definitivamente el viejo sueño plebeyo de una república democrática de pequeños propietarios, campesinos, artesanos, comerciantes. Cogida entre los dos gigantes, la pequeña burguesía duda y oscila. soñando con imposibles vías medias. Se abre una época de revoluciones pro-
IV. La revolución permanente Así pues, en todas las revoluciones burguesas se ve, en grados diversos, a la burguesía, desbordada por las clases sociales más oprimidas y más pobres, buscando llegar a un compromiso con la antigua clase dominante para volverse contra el pueblo insurrecto. Las propias conquistas de la revolución burguesa no fueron aseguradas más que por un movimiento revolucionario que tendía a superar el marco burgués de la revolución.
Este es el punto de partida de la teoría de la revolución permanente elaborada por Marx en el siglo XIX, retomada por Trotsky en el siglo XX. Ambos extraen de este fenómeno consecuencias para la acción consciente del partido de la clase obrera.
Para Marx, en las revoluciones de su tiempo, la tarea de la revolución burguesa, instaurar una república democrática,
sólo puede ser realizada por el proletariado al frente de la nación, a la cabeza de la pequeña burguesía y del campesinado. Y en la propia corriente de la revolución, el proletariado choca con la burguesía. La revolución es permanente porque vive un transcrecimiento en revolución proletaria.
"Mientras los pequeños burgueses demócratas quieren terminar la revolución lo más rápidamente posible, y tras haber obtenido como mucho la realización de las reivindicaciones arriba expresadas, nuestro interés y nuestro deber es hacer la revolución permanente, hasta que todas las clases más o menos poseedoras hayan sido expulsadas del poder, hasta que el proletariado haya conquistado el poder público... Carta del Comité Central a la Liga de los Comunistas, 1850).
Trotsky retoma la idea en el diferente contexto del imperialismo que supedita en un mercado capitalista mundial unificado diversas sociedades pre-capitalis-
Aplica en primer lugar la idea a la Rusia zarista en 1905. Una revolución burguesa es inminente y debe derrocar al viejo absolutismo. Pero será el proletariado, "anormalmente" numeroso y moderno, quien la realizará y pasará di rectamente a la realización de una revo-
"Nuestra burguesía liberal actúa de forma contra-revolucionaria incluso antes de llegar al punto culminante de la revolución...
Al entrar al gobierno, no en calidad de rehenes impotentes, sino más bien como fuerza directriz, los representantes del proletariado, por este mismo hecho, suprimen cualquier frontera entre el programa mínimo y el programa máximo, dicho de otro modo, ponen al orden del día el colectivicmo...' y Balance y perspectivas de 1904 a 1906" que Trotsky cita en su libro de 1929, "La revolución permanente").
En 1929 Trotsky generaliza la concepción de la revolución permanente a los países coloniales. En estos países, como en la Rusia zarista, la dominación imperialista combina en el interior de una misma formación social la industria moderna y estructuras pre-capitalistas, une en una comunidad de intereses capital imperialista, burguesia indigena y viejas clases dominantes "feudales" Precisamente porque en estos países chocan de frente "siglos diferentes", tan explosiva la situación social en ellos. Las transformaciones democráticas realizadas en Europa por las revoluciones de los siglos XVII, XVIII y XIX, quedan por realizar en estos países, pero la burguesía, confrontada a un proletariado "anormalmente" numeroso no lo hará.
"Para los países con un desarrollo burgués retrasado y, en particular, para los países coloniales y semi-coloniales, la teoría dela revolución permanente significa que la verdadera y completa solución de sus tareas democráticas y de libenacional sólo puede ser la dictadura del proletariado, que se pone a la cabeza de la nación opride sus masas campesinas dictadura del proletariado que ha tomado el poder como fuerza dirigente de la revolución democrática se ve inevitable y muy rápi-
¿Han existido
Al terminar el siglo XIX, en el seno del marxismo se había impuesto una concepción de las "revoluciones burguesas" que, recogiendo una tradición conmemorativa de movimientos democráticos burgueses, o pequeño-burgueses, o incluso socialdemócratas, se vulgarizó ampliamente, influenciando en numerosos países a toda una cultura histórica dominante, al tiempo que confería al concepto "revolución burguesa" una etiqueta de procedencia marxista, de ortodoxia marxista incluso. Cierta tradición marxista Según esta concepción, la burguesía, habiéndose reforzado y enriquecido por el desarrollo del comercio y después del capitalismo en el propio seno de la sociedad feudal, se rebela contra los obstáculos que ésta coloca ante el desarrollo del capitalismo. El desarrollo de las fuerzas productivas entra en conflicto con las relaciones de producción dominantes (1). La burguesía se pone al frente de la nación oprimida para derrocar al Absolutismo y al feudalismo. Abole los privilegios de la nobleza, realiza una reforma agraria, la igualdad ante la Ley, asienta la independencia, la unidad, la identidad nacionales, y edifica una república parlamentaria extendiendo el derecho de voto: la democracia "burguesa" justamente. Y abre el camino a la industrialización. Así pues, en la sociedad feudal del Antiguo Régimen, la burguesía, que era una clase oprimida, fue una clase revolucionaria. Realizó su damente situada ante tareas que la fuerzan a hacer profundas incursones en el derecho de propiedad burgués. En el curso de su desarrollo, la revolución democrática se transforma directamente en revolución socialista y se convierte así en revolución permanente". (Tesis 2 y
"La revolución permanente", 1929).
Esto no es una exposición de la teoría de la revolución permanente. Tan sólo una indicación. Pero era preciso señalar la relación directa entre las revoluciones burguesas de siglos pasados y los problemas de la revolución en el "Tercer Munlas revoluciones burguesas?
revolución, impuso su dictadura sobre las ruinas de las instituciones absolutistas y feudales y se convirtió en la nueva clase dominante de la nueva sociedad capitalista. Después, limpiado el terreno, se encontró frente a la clase obrera engendrada por la industrialización. Y la lucha de este proletariado, que es a su vez la nueva clase revolucionaria, lleva en su seno la revolución socialista.
Se puede encontrar una de las fuentes de esta concepción -que podría calificarse como "vulgata" marxista, a imagen de la versión latina expurgada de la Biblia que antaño difundía la Iglesia Católica- en el folleto de Engels de 1880, "Del socialismo utópico al socialismo científico", que fue el manual standard de formación marxista del joven movimiento obrero de la 2ª Internacional. Los partidos socialdemócratas de antes y despues de 1914 y luego los partidos comunistas vieron florecer innumerables análisis, grandes y pequeños, de las revoluciones burguesas siguiendo este esquema clásico. En la práctica, este esquema clásico resultó ser muy rico desde el punto de vista explicativo y un fructífero programa de investigaciones para toda una generación de estudios históricos marxistas.
En su origen, Marx y Engels tomaron este esquema explicativo de los historiadores franceses de primeros de siglo, Augustin Thierry y François Guizot, que en sus estudios de las revoluciones francesa e inglesa inventaron el concepto "lucha de clases" (2). Estos a su vez proseguían una tradición de análisis de
la decadencia del feudalismo causada por los progresos del comercio y la industria, que fue la de la llustración. Por ejemplo en el siglo XVIII la de Voltaire, admirador del modernismo inglés y uno de los maestros de pensamiento de los revolucionarios franceses. De Voltaire, este análisis puede remontar en el siglo XVII a James Harrington, su más brillan-
El desarrollo de la historiografía universitaria desde finales del siglo XIX ha producido una ingente masa de estudios sobre todos los aspectos de las "revoluciones burguesas" y en general de la transición del Antiguo Régimen, desde la Edad Media, hasta la sociedad capitalista y las "democracias modernas" que caracterizan a los países capitalistas, o más precisamente a los países imperialistas de Europa Occidental, de Norteamérica y Japón. En esta nueva historiografía universitaria la interpretación marxista de las revoluciones burguesas puede enorgullecerse desde la Segunda Guerra Mundial de varias aportaciones científicas imponentes: las de Georges Lefèbvre, Albert Soboul, George Rudé en el estudio de la revolución francesa, las de Christopher Hill o Brian Manning en el de la revolución inglesa. Al mismo tiempo, estas aportaciones siguen teniendo una audiencia minoritaria, lo que por otra parte entra en el orden de las cosas si se considera que las relaciones de fuerza ideológicas apenas pueden eludir las relaciones de fuerza sociales y políticas generales. (nota: De Christopher Hill están editadas en castellano sus obras "La revolución inglesa de 1640". Cuadernos Anagrama; "Orígenes intelectuales de la revolución inglesa". Crítica. De George Rudé, ropa en el siglo XVIII: la aristocracia y el desafío burgués". Alianza Universidad; "Revuelta popular y conciencia de claLa nueva polémica anti-marxista Desde hace una treintena de años, esta historiografía universitaria marxista se ha visto confrontada a una polémica anti-marxista de nuevo tipo. Los nuevos historiadores que polemizan contra la concepción marxista de las revoluciones burguesas adoptan un punto de vista desligado, conscientemente no partidario. Son historiadores que tienen en su haber imponentes análisis de los acontecimientos en debate, opiniones políticas más bien democráticas, liberales o socialdemócratas, o apolíticas personalmente. Su anti-marxismo se preocupa por los matices y por la apertura (lo que no excluye ciertos coqueteos con inter-
73 R. LOCHHEAD pretaciones contrarrevolucionarias); rinden tributo a Marx, gran pensador del siglo XIX, pero llegan a la conclusión de que el marxismo no es más que una religión del siglo XIX, más bien arbitraria, y que el concepto de "revolución burguesa" más bien carece de sentido.
Así, en Inglaterra no deja de estar de actualidad una polémica a propósito de la revolución inglesa y en Francia una polémica análoga sobre la revolución francesa se ha agudizado algo más recientemente. Para muchos de estos historiadores, las revoluciones "burguesas" sencillamente no han existido como tal. Evidentemente, es groseramente simplificador resumir en una amalgama sus puntos de vista, que por supuesto no son homogéneos. Nos arriesgamos a hacerlo bajo la forma de las siguientes
1ª. El capitalismo se desarrolló gradualmente en el seno de la sociedad del Antiguo Régimen y progresivamente eliminó al feudalismo propiamente dicho; pero ni la revolución inglesa de 1640-60, ni la revolución francesa de 1789-1815 tuvieron vínculos de causalidad directos con esta evolución gradual.
2°. Las instituciones de la democracia "burguesa" fueron obtenidas, o concedidas, por medio de luchas políticas, y no sociales, por piezas y trozos, en Inglaterra a partir de la reforma parlamentaria de 1832 y en Francia a partir de la Carta del 4 de junio de 1814 y, sobre todo, de las tres jornadas de la "revolución"
3ª. Las revoluciones inglesa de 1640-60 y francesa de 1789-1815 fueron explosiones confusas provocadas por causas fortuitas, diferentes en los dos casos. En dichas explosiones todos los actores, mal que bien, improvisaron, más mal que bien. Los marxistas juntan bajo el concepto de "revolución burguesa" acontecimientos totalmente dispares. Manipulan la verdad histórica para hacerlos encajar en la misma camisa de fuerza conceptual.
4ª. Los proyectos de transformaciones democráticas radicales que esas revoluciones vieron experimentar, lejos de ser expresión de necesidades de capas o clases en ascenso, tueron expresión del ideal común, estrictamente político, partidos compuestos por personas de los más diversos orígenes sociales
5°. Lejos de ser anti-feudal o anti-absolutista, y aún menos revolucionaria, la burguesía del Antiguo Régimen estaba profundamente integrada en la sociedad del Antiguo Régimen, por la compra de tierras, incluso señoríos, el ennoblecimiento, los pequeños y grandes cargos en la burocracia real, el financiamiento de los empréstitos reales, la recaudación de impuestos. Lejos de ser parteras del capitalismo moderno, estas revoluciones, tanto en Inglaterra como en Francia, vieron a los burgueses más modernos, muy poco numerosos por banqueros y grandes industriales, alinearse al lado de los realistas contra la revolución.
6ª. Lejos de ponerse al frente de la nación oprimida, la burguesía se vió violentamente controntada a alzamientos campesinos y plebeyos, con frecuencia más dirigidos contra ella que contra la nobleza, que reprimió con crueldad. Lejos de querer realizar una reforma agraria favorable a los campesinos, poseía demasiadas tierras, y en particular señoríos, como para no temer las reivindicaciones anti-feudales del campesinado
Los alzamientos campesinos fueron autónomos y no bajo dirección burguesa; y frecuentemente más dirigidos contra el comerciante, banquero o gran empresario agrícola capitalista que contra el señor feudal o el recaudador del im-
7ª. Lejos de luchar por innovaciones en el sentido del libre mercado capitalista, los alzamientos campesinos y plebeyos llevaron a cabo luchas defensivas para preservar a instituciones del pasado minadas por el progreso del capitalismo: los concejos de pueblos, los gremios de oficios, por ejemplo.
Más de una vez los marxistas han asimilado a los plebeyos urbanos del Antiguo Régimen, por ejemplo los sans-culottes, a proletarios en el sentido moderno, a una clase obrera, cuando en realidad eran pequeños propietarios, artesanos, tenderos, con propiedades nada despreciables a veces.
8ª. Lejos de hacerse contra la nobleza "feudal", estas revoluciones vieron a numerosos nobles tomar parte en los alzamientos y partidarios de las soluciones más revolucionarias. Esto demuestra que lo determinante no es los "intereses de clase" ", sino la seducción de ideas políticas nuevas.
98. Lejos de parir al capitalismo industrial, esas revoluciones vieron a los partidos en presencia enfrentados por la propiedad de la tierra, valor feudal donde los haya.
10ª. Lejos de hacer progresar la economía capitalista, las revoluciones "burguesas" provocan un retraso económico tal que serán necesarios muchos años para recuperar simplemente los niveles productivos de antes de la revolución. ¿Eran marxistas Marx y Engels? Todos los grandes historiadores marxis-
tas de las revoluciones burguesas produjeron su obra afrontando estas objeciones, y de hecho la calidad de sus aportaciones interpretativas originales fue determinada en gran medida por su confrontación al desafío combinado de esas nuevas objeciones y de nuevas elucidaciones empíricas. Por otra parte, varias de dichas obieciones remiten a antiguos debates en el propio seno del marxismo, entre sus diferentes tradiciones, e incluso a contradicciones o tensiones del pensamiento ya presentes en Marx y Engels.
Ya es hora de llevar a cabo una necesaria puesta a punto de la interpretación marxista de las revoluciones burguesas, porque vulgatas ha habido muchas. La "burguesía-clase-revolucionaria-que-se-pone-al-frente-de-la-naciónoprimida" no es más que un mito. La ortodoxia stalinista, que suscitó no obstante algunos estudios de estas revoluciones muy respetables desde el punto de vista científico, le añadió el mito suplementario de la burguesía industrial, la capa más revolucionaria de la burguesía. Varias objeciones, citadas más arriba en forma de tesis, remiten a incontestables dificultades de interpretación de acontecimientos que fueron muy
Marx y Engels nunca realizaron análisis sistemáticos de las revoluciones burguesas "clásicas" a su parecer: la de los Países Bajos en 1566-1609, la inglesa de 1640-1660 y la francesa de 1789-1815. Las observaciones al respecto, dispersas en varias obras de Marx, particularmente en sus grandes estudios de historia inmediata sobre las luchas de clases en Francia de 1848 a 1871, manifiestan una gran flexibilidad y prudencia en la utilización del concepto "revolución burguesa" y, sobre todo, un gran respeto a las especificidades de tiempo y lugar, un "análisis concreto de una situación concreta". De modo particular, en diversas ocasiones Marx tomó en sus manos esos espinosos problemas clásicos de la historiografía de las revoluciones burguesas, como, por ejemplo, la apreciación del episodio de dictadura jacobina de 1793 a 1794 o la interpretación de la radical diferencia entre la evolución agraria de Francia, donde la revolución parceló la gran propiedad aristocrática para dar lugar a un océano de pequeños campesinos propietarios que subsistió hasta mediados del siglo XX, y de Inglaterra, donde los campesinos fueron masivamente expulsados tras la revolución, asegurando hasta nuestros días la supervivencia de la gran propiedad aristocrática, aunque transformada por el arrendamiento siste-
_ TEMA —
R. LOCHHEAD desde finales del siglo XVII, a empresarios agrícolas capitalistas.
Marx no tuvo ocasión de zanjar estas cuestiones. Los escritos de Marx y Engels aportan pistas para el análisis de las revoluciones burguesas, pero no la base elaborada de un cuerpo de doctrina científica sobre el particular, a diferencia por ejemplo de la economía política. Así, Marx y Engels siempre dudaron entre un análisis de 1793-1794 como dictadura del partido más consciente y más revolucionario de la burguesía, loss jacobinos robespierristas, explotando el impulso sans-culottes, revolución burguesa con métodos plebeyos", o como desbordamiento de la burguesia por parte de los plebeyos dirigidos por intelectuales de origen burgués o noble, minoritarios y no representativos de la burguesía.
Al contrario, los estudios, éstos sistemáticos, de Marx y Engels sobre la revolución alemana de 1848-1849, o inspirados por ella, como "La guerra de los campesinos de Alemania" (la de 1525) de Engels, desarrollan un esquema interpretativo a fondo, muy distinto del dogma "marxista" clásico de la "burguesía-revolucionaria-que-se-pone-al-frentede-la-nación-oprimida". Esta interpretación insiste en la interpenetración de intereses, parcial por supuesto, entre burguesía y nobleza, en la autonomía de los alzamientos campesinos y plebeyos, en la incómoda situación de la burguesia entre la nobleza y los plebeyos, en su propensión a renunciar en cierta fase a sus objetivos de reformas para aliarse con la represión real y nobiliaria que restablece el orden y salva a los poseedores mal que bien reunificados.
La monumental obra del patriarca de los historiadores marxistas de la revolución inglea, Christopher Hill, desarrolla un modelo de interpretación totalmente marcado por el sello de una ciencia marxista sutil. Es debido a lo que han tenido que luchar los historiadores ingleses con la particularmente compleja y ambigua realidad de esa revolución, aparentemente fracasada, que se nos muestra difuminada por su manSuperar el esquema standard Todo ha sucedido como si, desde la Il internacional, se hubiera impuesto un esquema standard de la "revolución burguesa" inspirado en un esquema de la revolución francesa (proclamado esquema "normal"): un esquema de la revolución francesa, a su vez simplificador, que incorpora elementos que sólo a ella pertenecen. Este esquema standard también fue impregnado por la imagen inmediata de la lucha de clases proletariado-burguesía en la sociedad capitalista de los siglos XIX y XX: los sans-culottes de 1793 son vistos a veces, de forma anacrónica, como proletarios modernos(3). O los niveladores, a los que Edouard Bernstein, en su estudio de la revolución inglesa (1899), notable por otra parte, asimila a precursores del movimiento obrero, viendo en Cronwell al líder consciente de la burguesía, interpretación que no resiste a la crítica, pero que Trotsky retoma con toda naturalidad en 1925 en su estimulante evocación de la revolución inglesa, "¿A
Ahora bien, los estudios de George Rudé sobre las masas revolucionarias demostraron que si bien los proletarios (obreros de manufacturas, parados, jornaleros) evidentemente constituyeron una fracción lentamente creciente del pueblo urbano en la evolución que va del siglo XVI al XIX, su movilización no adquirió carácter político propio, diferenciada del conjunto plebeyo en el que estaban mezclados hasta entonces, antes de los años 1790 por lo que respecta a inglaterra, ni antes de los años 1830 en el continente europeo; incluso aunque sus luchas reivindicativas económicas o profesionales (por ejemplo sus huelgas) fueran por supuesto ante-
El curso del "esquema standard", aunque, hay que reconocerlo, expresado a veces en forma de variantes que no carecen de riqueza sutil ni de sólidas bases empíricas, fue decuplicado por la larga hegemonía intelectual del Partido Comunista Francés en la historiografía de la revolución francesa. (A estas alturas de la reflexión, es legítimo plantear la pregunta de por qué los historiadores del PCF no aprovecharon esta larga hegemonía para traducir al francés, desde los años 1950 y 1960, las obras de Christopher Hill y George Rudé, ambos sin embargo historiadores comunistas en esa época, de las que hasta hoy casi nada es accesible al lector francés).
El modelo interpretativo que ha servido de guía en la redacción del presente trabajo se basa en el de Engels en "La guerra de los campesinos" y en el de Christopher Hill, en cierta forma ligado a de la teoría de la revolución permanente de Leon Trotsky que precisamente extrae una de sus originalidades de la interpretación hecha por Marx de la revolución alemana de 1848-1849.
La tesis aquí defendida es que este modelo resiste mejor el desafío de las objeciones "universitarias" antes citadas. La interpretación de las luchas sociales
y políticas en los países capitalistas contemporáneos en términos exclusivos de lucha de dos clases fundamentales, burguesía y proletariado, es ya una terrible simplificación, aún cuando la población está realmente compuesta por una mayoría de asalariados enfrentados a una minoría de capitalistas. La sociedad del Antiguo Régimen era infinitamente más compleja y las luchas sociales y políticas en ella eran de una multipolaridad que es peligroso despreciar. Cuántas veces ha hecho el absolutismo el papel de plebeyo contra la burguesía o la nobleza, o la burguesía contra la nobleza; cuántas veces ha hecho la nobleza el papel de plebeyo contra el absolutismo aliado con la burguesia, etc., etc., y cada vez sobre la base de intereses materiales muy concretos de cada uno de los actores de esta lucha de clases. Así, cualquier análisis serio deberia reintegrar a un actor demasiado olvidado que sin embargo era familiar a Marx y Engels: el movimiento constitucionalista nobiliario o republicanismo nobiliario, que no se confunde con la insubordinación de la nobleza ante el absolutismo. Este movimiento nobiliario jugó más de una vez el papel de aliado-competidor complejo del movimiento anti-absolutista Los retos del concepto "revolución Entonces, la cuestión que finalmente se plantea es por qué deberían obstinarse los marxistas revolucionarios en defender el concepto mismo de "revolución burguesa". ¿Por qué razón obstinarse en ver en todas estas revoluciones tan distintas un mismo fenómeno subyacente? ¿Por qué no contentarse con estudiar cómo buscaron los oprimidos abrirse el camino de su liberación a través del revoltijo de constelaciones de fuerzas favorables o desfavorables en flujo constante a través del tiempo y del es-
Porque lo propio de un comportamiento científico es buscar la recurrencia de un pequeño número de factores simples bajo apariencias infinitamente variadas; porque el reto científico es explicar la transición entre la estructura social y política de los paises europeos en la Edad Media, cuya relativa homogeneidad nadie niega, y la estructura social y política de los mismos países en los siglos XIX y XX, cuya relativa homogeneidad tampoco niega nadie. El estudio comparativo revela precisamente que cada uno de estos países vio interrumpida esta transición por un acontecimiento de gran conmoción, un acon-
73 tecimiento de ruptura, las revoluciones en cuestión. Estas revoluciones sobrevinieron en los diferentes países en distintos estados de su evolución; tomaron formas propias a las particularidades de cada país y a la constelación internacional de las fuerzas del momento; la formulación de los programas sociales, políticos y culturales en presencia se hizo. en el idioma del tiempo, durante siglos en el idioma de la religión, más tarde, en el siglo XVIII, en el idioma laico de la llustración... Estas muy diferentes revoluciones tuvieron no obstante suficientes mecanismos comunes que se trata, precisamente, de explicar.
Y el estudio comparativo pone de manifiesto ejemplos de países que nunca alcanzaron, o sólo lo hicieron por vias tortuosas y más tarde, ese estado de país capitalista "moderno" con democracia "burguesa", Rusia y el Estado español en particular. El mejor argumento en favor del concepto "revoluciones burguesas" estriba en el estudio de aquellas que fracasaron, abortaron o semifracasaron y de las duraderas consecuencias que ello tuvo en la estructura económica y social del país: Alemania entre 1848 y 1919, el Estado español entre 1808 y 1939, el Mezzogiorno italiano desde 1860 hasta hoy.
En el concepto "revoluciones burguesas" lo que tienen que defender los marxistas es su funcionalidad como parteras de la sociedad capitalista moderna, su funcionalidad, por tanto, en la posibilidad de comprender los mecanismos de la historia que, a lo largo de los nueve últimos siglos, ha producido el tipo de formación social en la que vivimos en los países imperialistas.
Las revoluciones burguesas no fueron queridas por una "clase revolucionaria" o por un "partido revolucionario". Lo propio de las revoluciones es estallar ante la sorpresa de todos sus actores. Todas las revoluciones tienen mecanismos detonadores contingentes. Como Trotsky explica en su "Historia de la revolución rusa", si Alejandro III no hubiera muerto prematuramente, si Rusia no hubiera perdido la guerra de 1905 con Japón, si una vez más Alemania y Francia se hubieran puesto de acuerdo en el verano de 1914, en 1917 no habría habido revolución rusa pero ningún detonador hace estallar una bomba desprovista de explosivos. Una sociedad entra en crisis revolucionaria porque el Antiguo Régimen ya no tiene elasticidad ni mecanismos compensadores para aguantar el stress de las contradicciones acumuladas. Y, tanto a mediados del siglo XVI en los Países Bajos, como a principios del XVII en Inglaterra, a finales del XVIII en Francia o en los años 1840 en Alemania, el Antiguo Régimen estaba sobrecargado de contradicciones que ya no conseguía digerir. Y el combustible fue precisamente la expansión de la sociedad burguesa en el interior de un orden social, político, jurídico, cultural, religioso, feudal y absolutista, que se había instalado en tiempos pasados como intento de solución a otros problemas. La revolución fue "burguesa" en primer lugar por esta razon Ciertamente, la burguesía no fue la clase que "se-pone-al-frente-de-la-naciónoprimida". Su caracterización como revolucionaria en el Antiguo Régimen debe ser seriamente relativizada. Designar en su interior una capa más verdaderamente revolucionaria es una cuestión no resuelta en absoluto de la interpretación marxista. Más bien se debería caracterizar el papel de la burguesía como de reformista. Lo que una mayoría determinante en su seno había llegado a desear era acuerdos limitados, una cierta forma de monarquía constitucional, la "carrera abierta al talento" y ya no al nacimiento, liberalizaciones de mercados, una racionalización de las leyes y de ciertas instituciones estatales, derecho de voto, ampliado tal vez, pero estrictamente censal. Fue desbordada por la explosión campesina y plebeya, que no deseaba ni digería. Y en la tormenta, como todo el mundo, im-
Pero una vez sometido el monstruo popular, la burguesia tue con toda naturalidad la clase dominante a fin de cuentas, por su riqueza y su lugar en la economía. Porque ya nada podía ser como antes de la tormenta. El Estado absolutista, ya fisurado, estaba en ruinas y la nobleza había perdido enormemente. La economía de mercado podía extenderse a través de todas las brechas del derrumbado viejo orden de las cosas y la burguesía era, evidentemente, la clase que se aprovechaba de ello, por montones de razones económicas muy sencillas que se resumen en el poder del dinero. Es cierto que la nobleza pudo preservar sus buenos restos al reconciliarse con la burguesía en el frente unido de los poseedores contra los plebeyos. Pero el porvenir de los antiguos nobles supervivientes ya no era como señores feudales, sino como grandes hacendados capitalistas
Esta es la segunda razón por la que la revolución fue burguesa.
La tercera razón es que precisamente ese reformismo de la burguesía al principio, por tímido que fuera, marca la di-
ferencia entre una revolución burguesa y una simple insurrección plebeya, rápidamente bañada en sangre, como las que el Antiguo Régimen conoció
Todas estas revoluciones viven en su inicio una movilización campesina o plebeya que consigue estremecer al Estado absolutista porque encuentra un relevo en este reformismo burgués (o/y un reformismo nobiliario), dispuesto por un instante, en cierta medida, a jugar la carta popular para arran-
Finalmente, el concepto "revolución burguesa" es útil para sugerir que, incluso si bien el movimiento democrático plebeyo fue derrotado en cada ocasión, estas revoluciones no son simplemente, como cuentan algunos historiadores anarquistas, una melancólica sucesión de heróicos sobresaltos populares, siempre aplastados por los malos.
Fueron etapas de un progreso concreto. Como explica el Manifiesto comunista, abriendo el camino a la transformación de la mayoría de la población en asalariados/as, creaban la primera clase social de la historia con posibilidades de abolir un día la propiedad privada y, en consecuencia, la desigualdad social; abriendo el camino a la democracia "burguesa", a los Derechos Humanos, a las libertades individuales, a fin de cuentas creaban mejores condiciones para la lucha de los explotados y de los oprimidos contra sus explotadores y
Bajo esta formulación revisada, el vieo esquema clásico de las "revoluciones burguesas" aún es reconocible en ciertos aspectos. Habrá sido como una especie de aproximación demasiado grosera a una realidad más frondosa.
Así pues, las revoluciones burguesas, como clase de revoluciones que marcan un acontecimiento de ruptura violenta y creadora en la evolución que conduce desde el Antiguo Régimen feudal europeo hasta el Nuevo Régimen capitalista y parlamentario de la Europa contemporánea, existieron. A pesar de la demasiado grosera aproximación que fue el esquema standard de la "burguesía-clase-revolucionaria-que-se-pone-al-frentede-la-nación-oprimida", que se trata de revisar en beneficio de un modelo interpretativo más diferenciado. Pero como cualquier aproximación, este esquema clásico ha tenido una funcionalidad explicativa en el esfuerzo de describir justamente el carácter funcional, no furtuito, recurrente de un país a otro, de estas revoluciones. Larga duración e historia política
73 R. LOCHHEAD
Hoy está de moda utilizar las investigaciones de los historiadores de la larga duración para demostrar la futilidad de las ambiciones de los revolucionarios de antaño y minimizar el alcance de la acción política, tanto hoy como ayer. ¿Por qué esforzarse para la revolución si ésta nada puede contra la demografía, la ecología, la geografía, las tradiciones culturales milenarias? Y así, la historia de las revoluciones se reescribe borrando los momentos decisivos en los que la acción colectiva consciente hizo inclinar la balanza y sustituyéndolos por la lenta evolución de las mentalidades. La historia social de la larga duración, surgida ella misma de la historia de los hechos económicos, de la historia de la vida cotidiana, de las relaciones sociales de la masa de habitantes, ha corregido con toda razón la historia hecha de sentos y mártires,, reyes y reinas, generales, presidentes, asesinatos y grandes batallas, que se enseñaba hace no tan-
Pero al tirar al bebé con el agua del baño, la historia social de la larga duración pareció deslegitimar toda historia política, cualquier historia de las revoluciones en particular. ¿Qué importancia tienen esas breves crisis de cinco, diez, veinte años, frente a las largas permanencias materiales? Ahora bien, una buena comprensión histórica precisa un matrimonio equilibrado de la historia social de la larga duración y la historia po-
Este es el momento de recordar que la obra, también fundadora de la Escuela de los Anales, Felipe II y el Franco Condado de Lucien Febvre, publicada en 1912, no es solamente un estudio de la vida económica, social y moral del Franco Condado en el siglo XVI. Es también un estudio del impacto de la revolución de los Países Bajos en una provincia vinculada a ellos y una descripción de las luchas políticas que en algunos años modernizaron sus instituciones absolutistas.
Las largas permanencias o las lentas evoluciones de la vida material y moral de una sociedad tienen mucho peso y parecen diluir en sus inercias los conflictos de intereses, las luchas de clases o capas sociales, las polémicas de partidos, que no obstante las atraviesan. Pero la dilución es sólo aparente. Se acumulan tensiones, lentamente, en un sistema que, resistiéndose a cambiar, se ve poco modificado por ellas en un primer instante; pero la elasticidad del cuerpo social tiene un límite y alcanzado éste el sistema se bloquea, se alcanza un punto de ruptura: las luchas sociales se amplifican en un brusco paroxismo que ve a toda la propia organización de la sociedad debatida y cuestionada en la lucha de partidos opuestos:
es una revolución. Es cierto que no escapa a los grandes pesos materiales y morales y que no todo es posible. Pero durante un breve momento de algunos años tiene lugar una lucha por el poder cuyo desenlace no está predeterminado.
Un pequeño número de desenlaces diferentes es posible; habrá ganadores y perdedores no fijados de antemano. Durante ese breve instante, la intensidad de la movilización de las masas, su mejor o peor percepción de un objetivo mas o menos inteligentemente formulado, el valor colectivo e individual, algunos regimientos más, mejores cañones, uno o dos dirigentes más hábiles, el refuerzo de un aliado, un subterfugio, pueden ser decisivos. Y decidir el desenlace de la lucha de crear después nuevas realidades materiales o morales que durarán e influirán a su vez en la duración, instituciones, mentalidades que mezclaran sus permanencias y sus influencias
En la revolución inglesa de 1640-1660, los campesinos fueron derrotados; en la revolución francesa de 1789-1815, los campesinos vencieron. En consecuencia, los universos agrarios francés e inglés fueron proyectados duraderamente, hasta nuestros días, en dos vías divergentes, con todas sus consecuencias en las mentalidades y en el desarrollo económico del país: por un lado el universo de la pequeña propiedad campesina francesa, de un pequeño campesinado propietario, numeroso en Francia hasta estos últimos años; por el otro, el universo de las grandes haciendas inglesas, a la vez aristocrático y empresarial, que marca con sus rasgos el campo inglés actual.
En la revolución inglesa de 1640-1660, para aplastar a los plebeyos insurrectos fue preciso restaurar al rey, salvaguardar formas medievales y renegar en apariencia de todos los ideales y las transtormaciones de la revolución. En la revolución francesa, la consolidación de la dominación de los poseedores tomó la forma del régimen de Napoleón con todo lo que reintegraba de las creaciones institucionales y del espíritu de sistema de los jacobinos.
Las formas de estos dos Estados burgueses, el inglés y el francés, se han proyectado duraderamente hasta nuestros días en dos vías divergentes que moldean las instituciones, tradiciones y mentalidades políticas: por un lado, en Inglaterra, una monarquía parlamentaria pomposa e hipócrita, instituciones estatales compuestas por piezas y trozos
improvisados a lo largo de siglos, que mezclan lo medieval con lo moderno; por el otro lado, en Francia, el Estado napoleónico... o gaullista... o jacobino como se le llama de buen grado, con sus instituciones sistemáticas y su impresionante burocracia tecnocratica, al cual se adosa una república parlamentaria más bien autoritaria.
Del mismo modo, los movimientos obreros de ambos países llevan inscritos en sus caracteres particulares la duradera huella de esta historia divergente. En Inglaterra, un movimiento obrero basado en un amplio movimiento sindical formado a principios del siglo XIX, que heredó pocas cosas del movimiento democrático de una revolución burguesa ya muy antigua; movimiento obrero que combina vastos movimientos reivindicativos económicos con una fascinación dócil de amplias masas populares por la
En Francia, un movimiento obrero que por su parte heredó directamente, treinta años después de la revolución francesa, fórmulas políticas sans-culottes, y robespierristas; un movimiento obrero en el que lo político precedió y
73 R. LOCHHEAD domina a lo sindical; un movimiento obrero que comparte con la burguesía francesa cierta tradición jacobina hecha de espíritu de sistema estatal y de la tradición de una movilización política socialmente heterogénea y verbalmente desmesurada.
Así pues, con el ejemplo de esta comparación clásica entre Inglaterra y Francia descubrimos que, en este equilibrio a encontrar entre la historia social de la larga duración y la historia política de las revoluciones, el estudio de las revoluciones burguesas aparece como un momento insoslayable del esfuerzo de comprensión del presente.
NOTAS
(1). Esta cuestión de la transición económica del feudalismo al capitalismo es objeto de un rico debate. Ver especialmente: Maurice Dobb, "Studies in the Development of Capitalism", Londres, 1946 (Estudios sobre el desarrollo del capitalismo. Siglo XXI); Maurice Dobb,
Paul Sweezy y otros, "Du féodalisme au capitalisme: problèmes de la transition", Paris, Maspéro, 1977. El debate vuelve en Robert Brenner, "The Agrarian Roots of European Capitalism", en T.S. Aston bate. Agrarian Class Structura and Eco nomic Development in Pre-Industrial Europe", Cambridge University Press, 1985. La cuestión del papel motor del desarrollo de las fuerzas productivas es abordada en Isaac Joshua, cachée du Moyen Age", Paris, La Brèche, 1988. (2). Ver: Ernest Mandel, "El lugar del marxismo en la historia", Cuadernos de Estudio e Investigación, nº 1,, 1989. (3). Daniel Guérin no siempre evita esta asimilación de los sans-culottes a prole tarios cuando describe a los "plebeyos" en su por otra parte notable estudio del conflicto entre el movimiento popular y los jacobinos robespierristas (Daniel Guérin, "Les Luttes de classes sous la Première république. Bourgeois et Brasnus", Gallimard, Paris, 1973).