Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Europa: La Carta Social Europea

· Inprecor n.º 73, diciembre de 1989 · pp. 27-34 · 5.805 palabras

presentandose en esta campaña como los detensores incondicionales

NOTAS: 1) Europa sin fronteras. Los socialistas y el porvenir de la CEE. Recopilación de artículos de dirigentes socialistas; EPO, Anvers, 1989. En la mismo libro el holandés Win Kok escribe: "Los socialdemócratas se enfrentan hoy al desafio de definir un nuevo sistema de relaciones de trabajo que permita al modelo social propio de Europa continuar desarrollándose en sentido positivo".

El reto imposible de la socialdemocracia

LA CARTA

SOCIAL EUROPEA

Durante las últimas elecciones europeas, los partidos socialistas y socialdemócratas tuvieron la ocasión de hacer grandes discursos demogógicos sobre el tema de la dimensión social de la actual construcción de Europa. Campeones absolutos del Acta única, los socialistas intentaban responder a las inquietudes de su electorado frente a los profundos cambios que se están produciendo, de una "Europa social".

de la Comunidad Económica Europea (CEE) durante seis meses, promete hacer avanzar el aspecto social del Acta única.

Aprovechando las divisiones y temores que provoca en numerosos partidos de derecha la integración europea, los socialistas abogan por una Europa unida, capaz a la vez de satisfacer las necesidades capitalistas del "gran mercado", y de defender las conquistas sociales.

Pretenden levantar la Europa de los pa-

'onos y, al mismo tiempo, defender lo tereses de los trabajadores. Pero, ant las dificultades objetivas de este proyecto, no acaban de aceptar del todo el desafio.

Jacques Delors, presidente de la Comisión de Bruselas, escribe: ¿Y si Europa se ha convertido en el lugar y el medio actual para el cumplimiento de la intuición socialdemócrata? ¿Y si la dimensión europea se impone, frente a las mutaciones internas o externas que han conducido a desgastar el modelo?

(...) Porque el proyecto socialdemócrata está hoy enfrentado a dos desafios que, conjunta e independientemente, amenazan su avance: el desafio externo de la mundialización y el desafio interno planteado por aspiraciones y comportamientos nuevos"(1). Por lo tanto, apenas han pasado las elecciones europeas y los discursos se hacen más moderados y realistas.

En el inicio de la demostración de la tesis socialdemócrata se encuentra el informe Cecchini, que llegaba a la conclusión de que la liberalización del mercado representa una ganacia para las enpresas de entre 175 y 225 mil millones de ecus. Sobre esta base se llaga a la conclusión de que es posible crear

Claude Gabriel . Por otro lado, Francois Mitterrand, presidente 1,8 millones de nuevos puestos de trabajo, a medio plazo, y más tarde un total de 5 millones. Esto haría posible apoyarse en la racionalización económica que implica el Acta única, para impedir la profundización de las. desigualdades, el retroceso de las conquistas y para poder atacar el problema del paro. Dudas y temores Los sondeos de opinión realizados a principios del 89 han hecho aparecer el aumento de las dudas y temores entre los asalariados, en lo que concierne a las consecuencias de la integración europea. En efecto, los trabajadores comienzan a percibir en la práctica los peligros que entraña el Acta única. Se trata, por ejemplo, de las fusiones de empresas y reestructuraciones industriales justificadas por los patronos en función de los desafios europeos, y que conducen inexorablemente a nuevos despidos. Las perspectivas, teóricas y lejanas, del informe Cecchini no pueden convencer por lo tanto a aquellos y aquellas que, en la práctica, sufren los primeros efectos dramáticos del gran mercado. Por el contrario, los demagogos del "reto social" apenas se conmueven por la multiplicación de los acuerdos entre empresas, las ofertas públicas de compra (OPA), y el desmantelamiento industrial que contribuyen a debilitar la resistencia obrera. Los partidos socialdemócratas no son siempre insensibles a la perplejidad del electorado po-

Página 28

2) Le Monde, 8 de febrero de 1989. 3) Le Monde 8 de junio de 1989. 4) Ibidem. 5) Europa sin fronteras... Op. cit. 6) Con relación a esto se pueden leer las propuestas de F. Chalamet y F. Murillo (coautores del informe "Por una Europa social") en el número de mayo-junio de la revista Projet. 7) Para acabar con el paro en Europa. Le Découverte, París, 1989, pág 67. 8) Por ejemplo, sobre 212 empresas europeas que suscribieron acuerdos de investigación, más del 50% lo han hecho con empresas no europeas. Sobre 197 filiales conjuntas constituidas en la CEE, entre 1982 y 1985, el 41% de ellas lo fueron con empresas de países exteriores a la CEE (Philippe de Voot, "La empresas de alta tecnología en Europa"). Entre 1980 y 1984, las inversiones exteriores de empresas europeas se han dirigido en un 38% a Europa y en el 61% a Estados Unidos • Japón (fuente: Eurostat). Por ejemplo, proyecto de compra por la firma francesa Michelin de la empresa americana Uniroyal, por un total de 4 mil millones de francos.

to the

SUPPORT

YOUR

TENANTS

ASSOCIATIEN

10 ul en cuanto al proyecto europeo.

nfasis dado durante la campaña ele toral a la dimensión social responde a esta atención. Los sindicatos defienden la fortaleza Pero las direcciones socialistas se en frentan también ahora a otro envite: las presiones y criticas que provienen de as mismas burocracias sindicales. A las que sin duda preocupa su propia credi bilidad ante sus adherentes, que ver con inquietud multiplicarse los ataques realizados en nombre de Europa.

Así hemos visto explicar a Apolinar Rodríguez, dirigente de la UGT del Estado español: "Nosotros nos distanciamos cada vez más de un gobierno que olica una política neoliberal para re onder a las preocupaciones de la o tronal frente a la construcción europea" (2). Jean Kaspar, de la CFDT francesa, explica por su parte: "El problema no es saber que Europa queremos. La CFDT no aceptará una Europa reducida a un simple espacio económico de reestructuraciones, de OPAs"(3). El mismo toque de alarma se extiende ahora en todas las direcciones sindicales. Algunas se convirtieron hace mucho tiempo a la CEE, otras más recientemente, pero hoy todas están preocupadas por el porvenir, con razón.

Se preguntan sobre todo por el porvenir de su lugar institucional en una Europa en la crece la centralización del capital, y donde las relaciones codificadas entre los sindicatos y el aparato de Estado nacional van a perder una parte de su funcionalidad. Si algunas direcciones sindicales se expresan así, no es por el deseo de combatir ferozmente por las reivindicaciones obreras. El "realismo" la colaboración de clases tienen mas importancia para ellas, desde hace mucho tiempo, que cualquier otra consideración. Responde, mas bien, a que las restructuraciones europeas van a sacudir las relaciones institucionales del "contrato social", lo que aprovechan tas burocracias para que se las vea alzar la voz y pedir garantías. Deseos y realidades Las contradicciones aparecen. entonce, entre los deseos y las realidades. Porque las direcciones sindicales esperan encontrar, a nivel europeo, el equivalente a la integración que han conseguido a nivel nacional, pero sus amigos de los partidos socialistas no lo entienden siempre del mismo modo; sobre todo cuando tienen responsabilidades en el gobierno, o más aún en la Comisión de

En efecto el tono de las propuestas no es el mismo entre los socialistas que están en el poder y los que no. Por ejemplo, Laurent Fabius, cabeza de lista del partido Socialista francés en las elecciones europeas, no es de los que se apuran por las viejas tradiciones socialistas. "El desarrollo convergente de la izquierda y de Europa -dice- traerá ciertamente replanteamientos. Y al mismo tiempo puede ser fecundo para las fuerzas de izquierda, porque nos obliga a interrogarnos sobre algunos de nuestros planteameintos tradicionales: papel del sector público, eficacia de las políticas de redistribución social, modalidades de la acción educativa, etc." (4).

Por otra parte las burocracias sindicales no son las únicas que se inquietan. En los partidos socialdemócratas apare-

Página 29

cen, ahora, a diversos niveles según el país, el temor a que la dinámica emprendida por el Acta única no rompa demasiado rápidamente el viejo consenso, y con ello se vaya a comprometer la paz social. Incluso creyendo firmemente en las extrapolaciones optimistas del informe Cecchini, no se podrá ignorar en lo sucesivo que la restruturación capitalista ocasiona cierres de empresas y reducción de plantillas. De ahora en adelante los imperativos de la desreglamentación y de la apertura de los servicios públicos a la libre concurrencia, produciran reacciones tan importantes y tan significativas conmo las huelgas de enfermeras en toda una serie de países

Por ello, incluso el dirigente laborista británicoa Neil Kinnock, del que se conoce su nuevo credo europeo, declara que: "si 1992 se centra exclusivamente en la libre circulación de mercancias, de capitales y de mano de obra, lo que el mercado único instaurará será, en realidad, la libre circulación de la pobreza, del paro y de la depresión" (5). La ambición socialista Estos toques de atención conducen, evidentemente, a la contestación del proyecto comunitario. La socialdemocracia en su conjunto está volcada definitivamente en la "construcción europea", en conformidad con los deseos del capitalismo. Pero consciente de las nuevas contradicciones que aparecerán, incluso en sus propias filas, pretende reconstruir a nivel europeo las condiciones de compromiso social de las que ha sido Foto de familia: jefes de gobierno y estado reunidos en la cumbre de Rodas hasta ahora el portavoz a escala nacional. En efecto, defendiendo la perspectiva de garantías sociales en el seno del Acta única, un ciero número de dirigentes socialistas explican que la "bonificación social" es una baza para la competitividad industrial frente a Estados Unidos y Japon. Según ellos la puesta en marcha de nuevas "relaciones de trabajo", gracias a la construcción europea, constituirá una fuerza "innovadora y productiva" (6). El dirigente socialista austriaco Bruno Kreisky, escribe: "De lo que tenemos necesidad no es de un capitalismo de especulación, sino de un capitalismo "atemperado" (...) el consenso es un proceso acumulativo" (7).

Una parte de la socialdemocracia intenta revitalizar, en el marco comunitario, un neo-keinesianismo que está en crisis a nivel nacional. Sin embargo, defiende sin demasiada convicción una especie de modelo de desarrollo europeo. Para ello es necesario considerar la integración económica comunitaria como un objetivo realizable a corto plazo. De aquí que exista entonces una fuerte tentación de proponer un espacio económico protegido. Pero no es precisamente esta la intención del Acta única, que responde también a una internacionalización creciente de la economía mundial. El gran mercado significa "apertura del mercado" (hasta un eventual retorno a resticciones proteccionistas). Para manejar la fuerza de trabajo la patronal no tiene ningún escrúpulo en intentar adaptarse, a veces al modelo japonés (por ejemplo en el automovil) e incluso a modelos del Terecer mundo.

El error de este tipo de razonamientos consiste en hacer creer que el gran mercado constituye fundamentalmente un proyecto de tejido industrial europeo homogéneo, frente a la competencia de japoneses y americanos. Según este razonamiento a la misma patronal europea también debería interesarle jugar la carta de una especificidad europea, a saber, la combinación de una fuerte productividad, de un alto poder de compra y de una importante protección social. Lo que significa olvidar que la puesta en marcha del gran mercado no se corresponde simplemente con el desfio de la competencia Europa/América o Europa/ Japón. A esta primera dimensión se superpone la de una reorganización mundial del capital. Así se explica que muchas grandes firmas europeas hayan realizado ya alianzas intereuropeas para algunas de sus actividades, pero también hacen alianzas con empresas americanas o japonesas para otras actividaUna "ética patronal"

marcha hacia la den Acaciónide de la

marcha hacia la unificación de no significa en absoluto que este a punto de constituirse una especie de ética patronal europea. Es una utopía dirigirse a la patronal para conseguir una gran proyecto social europeo específico, fuente de nuevos equilibrios. La patronal no parece inmutarse -sus motivos tienepor el crecimiento del trabajo precario, por la presión en favor del trabajo en domingo, o del trabajo nocturno de las mujeres, por los ataques a la Sanidad, etc. Nada nos devuelve la imnagen virtuosa de un capitalismo "europeo" que

Página 30

9) La otra innovación (más o menos reciente segun los casos) por parte de los socialistas es la conjunción de los temas social y ecológico en sus advertencias contra un gran mercado demasiado liberal. Para que esto pudiera ser elogiado es necesario demostrar la ausencia de demagogia electoralista por su parte, sobre todo cuando asistimos a un fuerte crecimiento del voto verde. El mejor medio para hacer esa demostración sería que los gobiernos controlados por estos partidos tomasen medidas radicales en este tema; poniendo en practica esa correcta idea según la cual hay una relación entre la defensa y la protección de las conquistas sociales, y la defensa del entorno. 10) Con relación a esto ver los temores expresados en el informe de la Comisión europea para el empleo, presidida por Bruno Kreisky, en: Para acabar con el paro en Europa, La Découverte, París, 1989, pág 53. 11) Pueden citarse, entre otros ejemplos, la instalación de la Volkswagen en el Estado español o el cierre de la fábrica de Peugeot en Belgica. 12) Ver, por ejemplo, la reciente lucha de Peugeot, en Francia. 13) Por ejemplo, en Volkswagen del Estado español se intenta la flexibilidad del trabajo en fin de semana, cuando ya ha sido rechazada por los trabajadores alemanes. 14) Artículo 118 B. 15) Lo que incluye el libre acceso a los empleos públicos, y el derecho de los parados a continuar cobrando sus indemnizaciones si cambian de país de residencia. El artículo 118 A. del Tratado estipula: "Los Estados miembros se comprometen a promover la mejora, en especial de los centros de trabajo, para proteger la seguridad y la salud de los trabajadores, y se fijan como objetivo la armonización, en el sentido del progreso, las condiciones existentes en este terreno". 16) Informe de Manuel Marín, vice-presidente de la Comisión europea, 7 de septiembre de 1988. 17) Libération, 29 de agosto de 1988. 18) Le Monde, 8 de junio 1989. En el informe titulado: "La dimensión social del mercado interior", que constituye la primera aproximación sistemática al problema por parte de la administración de Bruselas, ya figuraba escrito, en 1988, que entre una legislación demasiado apremiante y el dejar estos temas a su propia inercia, "puede existir una via intermedia, más matizada". Europa social, número especial.

busca su eficacia y su competitividad en el bienestar social de los asalariados

Esta ambición reformista resulta todavía más asombrosa cuando además depende de una salida rápida de la crisis y de un fuerte crecimiento económico. Entonces. ¿En que se convertirán estas bellas palabras si el crecimiento económico global en la CEE se mantiene estancado por debajo del 4% en los próximos años? (10). Una apuesta considerable La puesta en marcha del Acta única hace correr a los trabajadores distintos tipos de peligros sociales:

- las restructuraciones industriales y la nueva competencia en el sector de los servicios (públicos o privados) ocasionarán despidos, cambios en el estatus y las condiciones de trabajo, congelación

- el riesgo de un progresivo aliniamiento sobre las condiciones más ventajosas para la patronal en la CEE, segun ciertas ramas, o según la situación global de algunos países especialmente los de la Europa del Sur. El peligro de "dumping social", con lo que puede entrañar de re-localización de empresas hacia las zonas que permiten la reducción de los costes sociales de produc-

-los etectos de la desigualdad creciente de las condiciones de vida y trabajo entre grandes regiones, por un

ABU 35 HOURS lado las que experimentan un crecimiento acumulativo y por otro las que sufren el proceso inverso;

- la agravación de la presión fiscal sobre los salarios, porque algunos estados pretendan compensar la baja de ingresos producida por la reducción del IVA, o impedir la fuga de capitales reduciendo la imposición sobre los beneficios del capital;

- los intentos hechos en algunas ramas de la producción, utilizando la reorganización europea para acelerar la modificación de la organización del trabajo: flexibilidad, contratos a tiempo parcial,

- el hecho de que el "gran mercado" permita la libre implantación de empresas no europeas: la entrada a fondo de las firmas japonesas en países como Gran Bretaña, el Estado español o Francia, augura presiones suplementarias en el terreno de las condiciones de trabajo (12);

A todo ello hay que añadir los riesgos de debilitamiento de las capacidades de reacción y de defensa de los movimientos obreros nacionales, en relación a la "multinacionalización" creciente de las grandes empresas y de las políticas decididas por la Comisión de Bruselas. Competencia entre trabajadores Globalmente, la agravación de la competencia entre trabajadores europeos constituye el mayor peligro para sus conquistas sociales: presión sobre los sitemas de protección social, sobre las formas de representación de los trabajadores en las empresas y sobre los salarios y las condiciones de trabajo (13). Por lo tanto, esta competencia objetiva entre clases obreras en el seno de la CEE pone en juego problemas de Derecho y de legislaciones nacionales. No implica solamente las relaciones entre los asalariados y sus patronos, atañe también a la historia específica de los Estados y a sus tradiciones nacionales.

El Acta única busca acelerar la integración económica, contando con los procesos de competencia para racionalizar el aparato económico. ¿Por qué iba a escapar la gestión de la fuerza de trabajo a este credo de la competencia? ¿Por qué iba a aceptar la patronal, sin la presión de las luchas sociales, reglamentos restrictivos en este terreno, cuando toda la filosofía del Acta única niega las directrices administrativas?

El Acta única prevé, en materia social, "un dialogo ... que puede desembocar en relaciones convencionales" (14). ¿"Carta", o "declaración"? La Comisión de Bruselas estudió inicialmente dos problemas "sociales". En primer lugar el de la libre circulación de

Página 31

(previstos por la Comisión de Bruselas para una "carta social europea")

1) libre circulación de trabajadores (en particular residentes próximos a las fronteres o

2) empleo y remuneración (en particular, definición de un "salario de referencia justo"

3) mejora de las condiciones de vida (sobre la base de "acercarse en el progreso"

incluyendo el ajuste y la flexibilización de la jornada laboral a partir de la definición de un tiempo de trabajo semanal máximo, pero también de todas las formas de empleo atípicas: contratos temporales, trabajo estacionario, a tiempo parcial, de fin de sema-

4) protección social (incluyendo la determinación como un derecho de un salario míni-

5) libertad de asociación y de negociación colectiva (en particular a nivel europeo, "si

8) información, consulta y participación (se pone el acento sobre todo en la consulta a los asalariados de las empresas multinacionales para la introducción de nuevas tecnologías, y en caso de restructuraciones que tengan incidencia sobre el empleo);

trabajadores, que en realidad es una condición necesaria para un vasto mercado europeo del trabajo (15). Inmediatamente, el inventario de riesgos sociales, con el fin de "desvelar a tiempo las consecuencias que la creación del mercado interior podría tener sobre el empleo de categorías de personas o de regiones determinadas, para prevenirlos, en la medida de lo posible, o al menos adoptar las medidas compensatorias necesarias" (16). Noble misión sin duda, pero en suma muy modesta.

El debate toma otra dimensión cuando se hace necesario responder a la cuestión de una eventual legislación social europea. ¿Cuál puede ser, en efecto, la amplitud de una verdadera reglamentación social común en el seno de la CEE, teniendo en cuenta las motivaclones neo-liberales del Acta unica y las diferencias de la situación en cada Estado?

En 1981 el gobierno socialista francés lanzó la idea de un "espacio social" europeo. Después ha corrido mucha agua y, en 1989, Jacques Delors reconocia: Si hubiera propuesto el espacio socia habría provocado una guerra de religión, y Europa estaría aún en pleno estancamiento" (17). Que conste en acta. Delors no hace sino seguir las orientaciones de la patronal europea, ferozmente opuesta a una legislación social comunitaria.

A esta toma de posición ha seguido un debate terminológico un poco extraño, unos hablan de una declaración de principios, de una "base común", otros reclaman un texto de obligado cumplimiento con valor jurídico. Respondiendo a los sindicatos, que piden garantías formales, el mismo Delors replicaba: "Yo nunca he dicho que será una directiva. Una declaración solemne tendría un va-

Los trece "derechos fundamentales"

empleados en otro Estado miembro de la CEE);

para los trabajadores temporales);

mo para los parados);

las fuerzas sociales lo consideran deseable");

6) formación profesional;

7) igualdad de trato entre hombres y mujeres;

9) protección de la salud y la seguridad en los centros de trabajo;

10) protección de los niños y adolescentes;

11) garantía de un salario mínimo para las personas ancianas;

12) protección de minusválidos;

13) protección de los consumidores.

Página 32

19) La Confederación europea de sindicatos (CES) agrupa 35 confederaciones de 21 paises de Europa occidental. Dice contar con 44 millones de personas asociadas, es decir el 40% de los trabajadores y trabajadoras de Europa occidental. La CGT francesa y la C S. de Comisiones Obreras del Estado español han visto, hasta ahora, rechazados sus intentos de adhesión. La CES se fundó en 1973 y se trata, en lo esencial, de una simple coordinación de sindicatos. 20) Se refiere al Congreso realizado por la CÉS en la capital sueca, en 1988, durante el cual J. Delors se pronunció a favor de una base común, "negociada por los interlocuto res sociales y traducida rápidamente en legislación comunitaria". Le Monde, 8 de junio de 1989. 21) Europa social, Vol 1, suplemento 7/88, Bruselas. 22) Val Duchesse, castillo de la región de Bruselas donde se realizó una primera reunión de este tipo, en noviembre de 1985. 23) El proyecto de directivas del holandés Vredeling, sobre la necesidad de consulta a los trabajadores de un mismo grupo multinacional europeo, duerme desde hace años en los archivos. 24) En este artículo dejamos voluntariamente al margen la cuestión de los Fondos Sociales y los Fondos Regionales, encargados en principio de suministrar los medios de compensación a los estados miembros, para remediar los costes sociales o las dificultades regionales inducidas por el gran mercado. Es de destacar, sin embargo, que se trata de mecanismos parciales, que actúan a posteriori y cuyo uso en el marco de los estados ha demostrado ya su muy limitada eficacia. 25) Boletín del IRES, número 20, París, 1989, pág 86.

lor moral considerable" (18). Ernst Breit, presidente de la Confederación Europea de Sindicatos (CES)(19), en mayo últino, explicaba por su parte al diario Le Monde: "Si el señor Delors se pronuncia claramente en favor de una declaración

Peso significa que ha dicho exactamente lo contario de lo que afirmó hace un año en Estocolmo"(20). Un potaje indigesto En un informe que sintetiza muchas semanas de reflexión sobre los aspectos sociales del gran mercado, se puede leer este indigesto potaje: "Si se admite que los costos del trabajo serán diferensar entonces de la idea del "cimiento común" a la idea de la "autovía", que indica la dirección general en la que deben ir todos los países, con velocidades variables. Se puede pensar en una "convergencia dinámica", que tomará su tiempo, pero al menos es necesario que la convergencia sea real" (21).

¿Qué quiere decir esta cacofonía? Que se encaminan, por el momento, a una declaración de Jefes de Estado y de Gobierno. Sólo en junio del 90 la Comisión propondrá una serie de medidas de puesta en marcha y una posible "carta". Por ahora se limita a plantear 13 derechos fundamentales (ver recuadro adjunto) con una formulacion ambigua y general. La legislación obligatoria está prevista únicamente para el derecho a la sanidad y la seguridad en las empresas. Sobre el resto, para el que no se ha establecido un carácter jurídico, será necesario el acuerdo unánime de los Estados, permitiendo a cada uno de ellos la posibilidad del veto, o de imponer un compromiso sobre bases míni-

Ya existen una serie de reglamentaciones establecidas que están en vías de adopción. Conviene sin embargo detallar sus límites, a fin de comprender la dimensión del vacio jurídico actual.

En primer lugar, esta limitación concierne a la normativa sobre condiciones de trabajo (salud y seguridad en los centros de trabajo), lo que permite de paso limitar los riesgos de competencia deseal. Las directivas sólo fijan mínimos, sin determinar ningún sistema de control, y no se aplican mas que si: "la práctica y/o la legislación en vigor en los países miembros lo permiten".

A continuación viene todo lo concerniente a la garantía de los derechos sociales, así como a las estructuras de participación y de información de los trabajadores. Este es precisamente el trasfondo que tiene el debate "carta",

• "declaración". Sobre estos mismos problemas es sobre los que igualmente hace propaganda de su orientación la nueva presidencia francesa de la comunidad. Pero como de costumbre, después de mucha verborrea radical en los medios de difusión, los dirigentes tranceses defienden ahora que la posible "carta" pueda ser adoptada eventualmente bajo la forma de ... recomendaciones, y que sería necesario dejar a los gobiernos la iniciativa de integrarias en su Derecho nacional: "En lugar de jugar a la política del todo o nada, es mejor jugar al censenso entre los implicados" añade el ministro de Trabajo.

Del mismo modo, también hay la intención de crear un estatuto de sociedad anónima europea (SAE) para las empresas que están implantadas al menos en dos países, que se beneficiarían de ventajas fiscales especiales. Dicho estatuto debería permitir una representación conjunta de trabajadores de los diversos Estados, según un modelo que falta por determinar. ¡Pero hace ya trece años que este proyecto de SAE esta en cartera!

Más en general, el tereno de las relaciones convencionales, previsto por el artículo 118 B del tratado (en el caso de que "los implicados lo consideren deseable"), sigue apenas esbozado. Por el momento está al nivel del deseo de "dialogo entre las partes sociales", sobre el modelo de reuniones de Val Duchesse entre la patronal y la CES (22).

Los sindicatos y todos los trabajadores tienen interés en lo que salga, algún día, en lo referente a acuerdos interprofesionales y de negociación colectiva de rama a nivel de toda la CEE (23). Pero la patronal europea sigue estando decididamente en contra, porque esto comprometería rápidamente los deseados efectos del Acta única en materia de ventajas comparativas y debilitamiento del movimiento obrero.

En suma el conjunto es muy modesto (24). Y nadie osa pronosticar a corto plazo un gran progreso. En efecto, los temores son de lo más diverso. Obstáculos objetivos y temores subjetivos La socialdemocracia (principalemente) justifica los retrasos en la puesta en marcha de la pretendida Europa social en el obstáculo que representan los gobiernos de la derecha liberal, empezando por el de Thatcher. Si bien es verdad que esta última ha denunciado sin descanso los proyectos de reglamentación social de obligado cumplimiento, no se podría explicar el actual embrollo sólo por la testarudez de la "dama de hierro"

La argumentación del veto británico sir ve, por el momento, para ocultar la hipocresía de una socialdemocracia que en realidad pretende conciliar lo inconciliable. No hay por tanto ninguna duda de que la socialdemocracia sigue las normas dictadas por la patronal para la revalorización del capital, y así continua rán. Esto es lo que explica el progresi-

Página 33

vo deslizamiento del gobierno socialista en el tema de la "carta social", y la guerra de salón que gente como Delors pretende sostener frente a los liberales.

La argumentación referida al Derecho, las legislaciones y los Estados es más seria. En este caso se trata de que la puesta en marcha progresiva de una legislacion europea planteará, inevitablemente, la cuestión de las prerrogativas y las especificidades nacionales. ¿Dónde comencara el terreno de la jurisdicción nacional y dónde el de la europea? ¿Cómo unificar tal diversidad de situaciones y cómo satisfacer a todo el

Volvemos sobre la contradicción a la que se enfrenta hoy la clase dominante: avanzar en la integración europea sin ser por el momento capaz de resolver la cuestión del Estado europeo. En efecto, es muy significativo que "en la parte consagrada por el tratado (el Acta única) a los derechos e intereses de los trabajadores, no se gana mucho con la obligación de establecerlos bajo una forma obligatoria, si a esto se añade una cláusula restrictiva que excluye estos temas de la posibilidad de un voto por mayoría" (25). "División de tareas" Frente a este dilema Delors concibe el porvenir bajo la forma de una división de "tareas". Según él: "La vía europea no consiste en vaciar de su substancia a los poderes nacionales, sino por el contrario en recrear un margen de autonomía que les permita asumir sus tareas esenciales ... La vía europea permitirá a un Estado resituado asumir, de nuevo, su misión de coherentizar y orientar". Y propone una división entre, por una parte, un escalón comunitario (macroeconómico) y un escalón nacional, válido para "la incentivación presupuestaria, fiscal y para fiscal, las más aptas para transformar las pesadas estructuras del mercado de trabajo", y, por otra parte, el escalón regional "donde se realizaría el ajuste fino de la oferta y la demanda de empleo".

Pero del proyecto a su realización hay todo un margen. Porque si se trata de separar al ejecutivo europeo de la paternidad de todas las medidas concernientes a las "pesadas estructuras" y al "ajuste fino" del mercado de trabajo ¿Cómo se pretende entonces decir que se quiere, al mismo tiempo, dotar a la Comunidad de una verdadera legislación social obligatoria para todos?

Pero las dificultades no se acaban simplemente con las contradicciones internas de la burguesía. Las legislaciones nacionales representan historias específicas, donde se encuentran las tradiciones y las conquistas particulares de cada movimiento obrero. Por ello, con relación al difícil proyecto de las SAE los mismos sindicatos están divididos sobre las posibles opciones de representación de los trabajadores, en particular entre los "modelos" alemán (de cogestión), francés y británico.

El gran designio socialdemócrata de dotar al Acta única de un complemento social aparece cada vez más como una simple profesión de fe. No se puede, a la vez, felicitarse del carácter estimulante de las nuevas competencias que hace nacer el gran mercado, y querer limitar la competencia social que enfrentará a los trabajadores, según la desigualdad de sus situaciones, entre un país y otro o una región y otra. La "virtuosa" competencia que instaura el Acta única engloba, evidentemente, la competencia entre condiciones de trabajo, entre salarios, entre sistemas de protección social.

Dos pasos atrás Mientras que la gran patronal europea hace avanzar la puesta en marcha del Acta única, la CES y el movimiento obrero en general están paralizados y en la más completa confusión. La socialdemocracia es la primera responsable, en especial cuando un Delors juega a ilusionista ante el Congreso de la Confederación de sindicatos británicos (TUC), en 1988, explicando que la Europa social acabaría por ejercer una presión sobre el gobierno Tatcher. La dirección laborista puso entonces cara de no creerse que fuera suficiente jugar esta carta para defender los intereses de los

Página 34

trabajadores y obtener nuevas conquis-

Nada es más venenoso para el movimiento obrero que la idea de que, para rechazar las amenazas que se ciernen sobre sus conquistas sociales, bastará esencialmente con hacer presión sobre las instituciones europeas. Esto es tomar por dinero contante y sonante los melifluos discursos de los "camaradas

, en especial de los que están más implicados en la administración europea, y pensar que se puede negoclar con la patronal sin someterla a la presión de las luchas sociales. La patronal prepara importantes ataques contra los trabajadores; pretende poner en cuestión algunas conquistas fundmentales, no directamente, sino dando un rodeo a través de algunas desreglamentaciones. Por tanto la apuesta es muy importante, porque de este periodo de transición surgiran las tuturas relaciones de fuerzas entre las clases. Creer que el arma esencial de la que disponen los trabajadores es la presión en el seno de las instituciones europeas, por no hablar de la cogestión de la construcción comunitaria, es una ilusión suicida.

La formulación de las nuevas conquistas sociales a nivel de toda Europa pasará por la lucha. De la buena voluntad de la patronal no se sacara nada, y muy poco más de la gestión gubernamental socialdemócrata. Los trabajadores comenzarán a oponerse a las consecuencias de la integración europea en sus propios países, aunque es posible que sin discernir de forma inmediata los aspectos que están determinados a escala europea. Pero tomarán conciencia, poco a poco, de que esos mismos problemas se les plantean al resto de asa lariados y asalariadas de la misma empresa o rama de la producción en la CEE. La solidaridad y después la coordinación de las luchas aparecerán entonces como una necesidad incuestionable, con el objetivo de hacer fracasar 26) En efecto, la implantación de los sindicatos en las pequeñas y medianas empresas constituye un serio problema para el movi-

Numerosos comentaristas han explicado en los últimos años que el movimiento sindical debía cambiar sus objetivos y sus formas de organización, debido a que se multiplicaba el número de empresas de sub-contrata y de servicios, y a que se profundizaba la segmnentación de la producción. La realidad es mucho más contradictoria, y sólo se podrá aceptar esta filosofía amalgamando todas las teorías de la desaparición de la clase obrera industrial. Crear las condiciones de un nuevo internacionalismo

Hay, sin ninguna duda, una caída de las plantillas de las grandes empresas, y un crecimiento de las mismas en las pequeñas y medianas empresas(26). Pero esto no indica nada sobre el curso actual de la centralización del capital. Sin embargo es de esto último de lo que el movimiento obrero debe extraer sus objetivos

La multiplicación de las fusiones y compras, en Europa y fuera de ella, pone en evidencia por el contrario la urgencia de una concentración similar de las fuerzas obreras y sindicales. GEC y Siemens, al lograr el control de Plessey han "comprado" 26.000 trabajadores. La reciente fusión de Daimler-Benz y de MBB ha producido un grupo industrial que emplea a 380.000 trabajadores. Por tanto no es el momento de la atomización del movimiento sindical pais a país, región a región, empresa a empresa, sino al contrario, del impulso para romper los prejuicios y recrear las condiciones de un nuevo internacionalismo, para la multiplicación de los lazos entre los trabajadores.La burocracia sindical evidentemente no seguirá esta dirección. Porque supondria que estaban dispuestas a elegir el campo de la lucha, de la democracia y de la transparencia; y el de la ruptura definitiva con las opciones socialdemócratas. El movimiento por tanto está forzado, objetivamente, por la propia dinámica de las luchas. Este fue el caso de la confluencia en las luchas de las enfermeras en seis países de Europa. Hoy, por ejemplo, parece necesario que los metalúrgicos británicos emprendan una lucha por las 35 horas, entonces, ¿por qué no aprovecharlo para que en toda la metalurgia europea se desarrolle una lucha conjunta y coordinada sobre este objetivo? O