Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Tema

Mercados y socialismo

· Inprecor n.º 72, octubre de 1989 · pp. I-IV · 3.901 palabras

Mercados y socialismo

(En el TEMA de nuestro número anterior publicamos un trabajo de Ernest Mandel, "En defensa de la planificación socialista", polemizando con el libro de Alec Nove, "La economía del socialismo factible" (Siglo XXI). Publicamos ahora la respuesta de Nove y a continuación la réplica de Mandel que ha cerrado, por el momento, esta polémica, publicada originalmente en las páginas de la New Left Review. Alec Nove es profesor en la Universidad de Glasgow y publicó el libro a que nos referimos, que ha tenido resonancia internacional, en 1985. Su familia es originaria de la URSS; su padre fue un militante menchevique, encarcelado después de la revolución por el gobierno bolchevique. Durante un cuarto de siglo se ha dedicado a estudiar los problemas de la URSS y su libro es el resultado de estos estudios. El libro trata tres grandes temas: las contradiciones de la sociedad soviética; las experiencias "reformistas" en Yugoslavia, China, Hungría y Polonia; los rasgos generales de lo que Nove llama "socialismo factible", que sería un modelo alternativo tanto frente al llamado "socialismo real", como frente al socialismo tal como fue concebido por Marx, que para Nove es una utopía. En su respuesta a Mandel, Nove utiliza la ma yor parte de las ideas centrales de su libro).

Estoy reconocido a Ernest Mandel por su seria crítica de mis ideas sobre el "socialismo de mercado". Por una coincidencia, he recibido el mismo día el texto de un ataque a mis ideas proveniente de la Nueva Derecha: "Socialism, The Grand Illusion (Socialismo, la gran ilusión), de Crozier y Selden. Los autores lamentan, como Mandel, la mezcla

72

NOVE / MANDEL ALEC NOVE de plan y mercado pero, por supuesto, desde el punto de vista opuesto. Digo esto con el objetivo de subrayar que no soy un partidario del laissez-faire, y soy completamente consciente de las imperfecciones y límites del mercado. Un papel mínimo del Estado y la búsqueda sin límite de la ganancia privada no aseguran el bienestar de la sociedad, y, de hecho, quienes defiendan tales concepciones deben deformar las ideas reales de Adam Smith invocando su nombre

Mandel no niega que el intercambio de mercancías pueda mostrarse necesario inmediatamente después de una revolución anticapitalista y que, en esta fase, el plan y el mercado puedan coexistir en "formas transitorias híbridas". Perece pues que para él, igual que para Marx, la transición al socialismo implica una eliminación gradual del mercado Aqupí reside nuestro desacuerdo. Este desacuerdo puede depender de algo que podría ser una confusión de definición por mi parte. Mandel tiene mente razón al constatar que en la época del "capitalismo tardío" existen sociedades gigantescas caracterizadas por grados multiples de integración vertical. en el seno de las cuales la "asignación" jerárquica "directa" reemplaza al mercado. Yo mismo he abordado este problema en mi libro "La economía del socialismo factible". ', subrayando que, a la vez, subsisten miles y miles de peque nas y medianas empresas. Debemos partir de la idea de que la economía de escala -en el terreno de la tecnología, de la informática y de la organizaciónconoce numerosas variantes, y lo mismo pasará muy probablemente en el marco del socialismo considerado desde una perspectiva realista. Por eso nos parece correcto examinar varias categorías de productores. Pero Mandel se equivoca cuando traza la línea de demarcación entre plan y mercado, entre ex-ante y ex-post. Por supuesto, un gran número de bienes son producidos antes de ser encargados. Por supuesto, la línea de división entre el plan y el mercado no es la línea de división entre el prêt-a-porter y la ropa a la medida. Mandel dice que no es el mercado, sino el objetivo planificado de la producción de camiones el que determina el número de piezas que deben ser fabricadas. Sin embargo cualquier manual de economía nos explica que la demanda de piezas (o de otros componentes) depende de la demanda del mercado en lo que concierne a los camiones. Con toda evidencia, una planificación por adelantado, es decir una anticipación ex-ante, es la regla de una economía capitalista de mercado, se base sobre análisis de mercado o sobre contratos negociados anteriormente. En una economía socialista es de imaginar también que los barcos y los componentes de las centrales eléctricas se producirán por encargo y que, por el contrario, los zapatos, las camisas y las legumbres se producirán avanzando hipótesis sobre la demanda de los consumidores, hipótesis que podrán mostrarse falsas y que exigirán una verificación ex-post. Por supuesto, el mercado, la producción de mercancías existen cuando los bienes son producidos para el mercado, para el intercambio y no para el uso, y esto es cierto independientemente del grado de integración vertical en el proceso productivo de tal o cual otro bien.

Mandel pregunta: ¿es pertinente utilizar pruebas extraídas de la experiencia soviética? Ciertamente, factores específicamente rusos o soviéticos -el atraso,

Página II

la "perversa gestión burocrática"- han jugado un papel. Pero hay lecciones que sacar, por ejemplo, en lo referente a la escala, la complejidad, los conflictos entre intereses parciales e interés general, plan, los criterios de inversión, cios tando desde el punto de vista teórico como práctico, los estimulantes del trabajo, las contradicciones cultura, la influencia de las necesidades

Men los planes y en la producción, el papel de la política regional, etc. Dado que el balance soviético en lo que concierne a estos problemas y algunos otros (incluído el de la polución) deja mucho que desear, sería absurdo ignorar la experiencia soviética porque se ha decidido previamente caracterizar-

Así, si hoy existen en la Unión Soviética varios tipos y variedades de bienes y de servicios, producidos y proporcionados por centenares de miles de empresas (industriales, transportes, de distribución, etc.), y si la complejidad pura y simple de una planificación sin mercado engendra tanto la burocracia como la ineficacia, no es muy satisfactorio apelar a la "democracia" como remedio. El derecho de las diferentes capas sociales a organizarse en grupos de presión, por deseable que sea, no puede sino complicar aún más la tarea de la planificación. Mandel nos explica que el común de los mortales no elige de hecho entre millones de bienes y de servicios y que las exigencias de la gente siguen siendo las mismas y pueden ser en gran medida previstas. Claro está que una imprevisibilidad total haría la vida imposible en cualquier sociedad. Pero debemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿por qué hay en la Unión Soviética (como en problema es que, mientras Mandel y yo mismo no elegimos entre miles de zapatos y miles de lugares de vacaciones, esos miles de zapatos y esos miles de lugares de vacaciones existen etectivamente para elección de otras personas. En cuanto la economía sobrepasa el nivel de subsistencia, la gente desea alimentos más diversificados (por retomar la idea de Mandel) y lo mismo es cierto también en lo que se refiere a los zapatos y las vacaciones, etc. A mayor variedad de outputs (productos), mayor variedad de los inputs (medios de producción), y más difíciles son las tareas de los planificadores centrales. Mandel pregunta: ¿por qué planificadores centrales? ¿Por qué mi insistencia sobre la escala en general? ¿Es que ignoro que el todo se compone de varias partes a

72

NOVEMANDEI. las que corresponde decidir? Sobre este tema creo que Mandel, y quienes piensan como él, tienen una especie de ceguera. Voy a explicarme.

En primer lugar, en una economía industrial moderna con interconexiones múltiples, hay una lógica centralizadora de planificación sobre la base de una evaluación consciente de las necesidades de los "productores asociados". Las que se derivan de ello en materia de producción y de asignacioreflejar (cualesquiera que sean los medios) las prioridades fijadas por la "sociedad" o sus representantes. Una vez que han sido tomadas las decideben ser aplicadas, lo que implica la utilización de recursos producidos en numerosas regiones de un país o fuera del país. Salvo si se parte de la hipótesis de que la "abundancia" existe ya, y por ello ningún problema de elección alternativa se plantea, debe existir un organismo que asigne los recursos eligiendo entre utilizaciones alternativas. Sí, es el mercado el que lo hace, y lo hace de una forma imperfecta. Pero la existencia de innumerables lazos contractuales horizontales libremente negociados, libera al centro de un peso que sería insoportable en otras condiciones. No es extraño pues, que recomendaciones en este sentido sean planteadas por los reformadores soviéticos más cerca-

¿Tertium datur? (¿Hay una tercera solución?) Mandel me critica porque no considero más que dos alternativas, la asignación administrativa y el mercado (compra y venta). E insiste: tertium datur. Subraya también que el hombre es tanto consumidor como productor con la libertad de elegir libremente en los dos casos. Por supuesto, pero hay que ser consciente de las implicaciones. Hay incluso actividades que por su propia naturaleza, no pueden estar descentralizadas; por dar dos ejemplos, la red eléctrica, la red ferroviaria. La "autogestión" a nivel local (una central eléctrica, el segmento de una línea ferroviaria) debe estar rigurosamente limitada por razones evidentes. La cuestión de saber si hay un aumento demanda de electricidad o de transporte y si hay que tomar decisiones en consecuencia, debe ser abordada a un nivel jerárquico más elevado, tanto hoy como en una eventual sociedad so-

Por ello trato a esos sectores como sectores que deben ser planificados centralmente. Sin embargo, estimo que en lo esencial la economía debe estar descentralizada de forma que las personas sean libres, en la medida de lo como consumidores y como productores. Es extraño ver, que, según Mandel, "el medio más sencillo y al mismo tiempo el más democrático de adaptar los recursos materiales a las necesidades sociales no es interponer la monecesidades de la gente sencillamente preguntándole necesidades"(p.17). Sin embargo, las dificultades son bastante ¿Cómo se puede descubrir por ese medio la intensidad relativa de las necesidades de la gente, que es revelada, aunque imperfectamente, por la voluntad de pagar? ¿Cómo abordar el problema planteado por el hecho previsible de que los deseos en su totalidad corren el riesgo de sobrepasar los medios de satisfacerlos? En lo que concierne a la calidad, ¿quien podrá decidir, por ejemplo, si hay que dar filetes más baratos? Finalmente, ¿qué solución los ciudadanos que estimen que sus son satisfechas? ¿Y qué poderes permitirán a los planificadores asegurar que sus decisiones sean aplicadas? No es una respuesta decir que algunas necesidades urgentes reción para los hambrientos y medicamentos para los enfermos deben tener prioridad sobre los objetos de lujo. Absolutamente de acuerdo; pero el mundo es un poco más complicado. Como el propio Mandel explica, nos gusta tener ali-

Estoy alejándome de mi punto fundamental. Consideremos desde más cerca la lógica de un mecanismo decisorio descentralizado, independientemente del hecho de que la decisión pertenezca al consumidor, al productor, a un eventual innovador, a un ayuntamiento o a una oficina local de planificación específica. Todos tienen una cosa, una exigencia en común: necesitan de un cierto número de inputs. Algunos -por ejemplo, el agua o la energía eléctrica- pueden ser proporcionados centralmente en cantidades fácilmente previsibles. Otros, miles y miles de inputs, deben ser producidos y entregados por un cierto número de otras empresas. Estas, a su vez, no pueden proporcionarlos más que a condición de obtener los medios de producción necesarios y de disponer de un control sobre los bienes y los servicios que van a producir, de forma que puedan proporcionar lo que el cliente demanda efectivamente. En el contexto actual, podemos dejar de lado la cues tión, en sí importante, de las condicio-

Página III

nes en las que se tomarán efectivamente las decisiones, el grado de autogestión o de participación en el marco de la unidad de producción. El punto esencial es que se trata de una decisión descentralizada que exige inputs para ser realizada. ¿Cómo se obtendrán en el mundo de Mandel? Teniendo en cuenta que cada decisión implica varios inputs diferentes, proporcionados por un cierto empresas diferentes entre ellas, que tienen a su vez necesidad de inputs diterentes, ¿cómo no comprende las enormes dificultades que surgen? E uso de los ordenadores puede acelerar los cálculos y ayudar a realizar el equilibrio material. Pero son seres humanos y no ordenadores quienes decidirán prioridades y juzgarán en materia de nuevas propuestas o innovaciones.

Mandel podría responder que un innovador eventual debe enfrentarse a problemas incluso hoy, aunque no fuera más que en la búsqueda del capital necesario. Pero si este obstáculo se supera, es mucho más fácil obtener los inputs comprándolos. Mandel imagina una bastante vaga, que para mi no tiene ningún sentido, o se sitúa en un mundo de abundancia, en el que la posibilidad de satisfacer todas las necesidades razonables existe y esas necesidades pueden ser precisadas en detalle ex-ante. O bien existe un equilibrio estático en el marco del cual no hay ninguna razón para cambiar los modelos de producción y de consumo, ni las redes de oferta existentes.

Ciertamente, el hombre es tanto un consumidor como un productor. Por eso me he ocupado en mi libro del concepto de "preferencias de los productores". Sí, es posible que la gente prefiera tener más tiempo libre si la propensión humana a obtener cosas no fuera estimulada por la publicidad comercial. Puesto que Mandel cita sobre este tema un pasaje de mi libro, predica a un convencido. Sí, el paro es un mal y lamento también los excesos de disciplina autoritaria. Mandel presupone que incluso la existencia limitada de relaciones de mercado conduciría a toda una serie de consecuencias indeseables. No tengo inconveniente en admitir que ese peligro existe, igual que una asignación no basada en el mercado puede provocar una deformación burocrática; De hecho, mi argumento es que no sólo puede, sino que debe pro-

Como he intentado demostrar en mi libro, marxistas como Charles Bettelheim e Isaak Rubin producción de mercancías" estaba íntimamente ligada a la autonomía, al carácter separado de las unidades de pro-

72 NOVE/MANDEL ducción. Cuanto más pretende el plan abarcarlo todo, menos se hace posible elegir en materia de outputs, de inputs, de socios a nivel de la empresa de producción, y eso es válido independientemente del grado de democracia en la elección de la asamblea que decide el plan. Estimo también que cualquier ciudadano o grupo de ciudadanos que desee, asumiendo los riesgos correspondientes, proporcionar un bien o un servicio que considere necesario, debería ser en principio libre de hacerlo y debería obtener los medios materiales necesarios y sacar de ello una renta (ganancia) si triunfa. Esto forma parte de los derechos y libertades de los productores que serían violados si una "policía socialista" recibiera la orden de arrestarlos. Si los bienes y los servicios en cuestión fueran proporcionados en una medida satisfactoria por el sector público, esta posibilidad no existiría. He comprobado que en la Unión Soviética los campesinos no ofrecen su mantequilla en el mercado si hay suficiente, al precio oficial, en los almacenes del Estado.

Yo también creo que la gente debe tener la posibilidad de decidir dónde y tiempo trabajar. Eso puede no tener mucho sentido en el caso del trabajo en cadena o en industrias de procontinuo. Pero, incluso hoy, la mayor parte de la gente no está implicada en tales actividades. En cualquier caso, esto no debería impedir a unos ciudadanos optar por vender bienes y servicios, lo que tampoco está en contradicción con esa amplia gama de cooperación informal de la que habla Mandel o con la formación de comunas de consumidores o de productores por parte de quienes deseen vivir y trabajar de

Mandel afirma que la producción de energía eléctrica no tiene necesidad de un mercado o de una burocracia centralizada para funcionar sin problemas. De hecho, se trata de un sector que yo he señalado varias veces como "planificable": se trata de una mercancía homogénea, de una demanda ampliamente previsible ex-ante. Sin embargo, este sector está y debe estar centralizado, en Francia, en Gran Bretaña, o en la Unión Soviética, justamente porque sólo el centro dispone de las informaciones sobre las cargas máxima, hoy o en cinco años, que los sistemas integrados deben estar en condiciones de satisfacer. Los gestores de una central local no pueden saber de qué tiene necesidad el

Mandel explica correctamente que muchas invenciones de las que se ha beneficiado la humanidad han sido realizadas sin el estimulante de las relaciones de mercado y de las recompensas monetarias, y estoy de acuerdo en que Pasteur y Fleming estaban inspirados por motivaciones más nobles. A un nivel mucho más modesto, ni Mandel ni yo hacemos este debate con el objetivo de ganar dinero. Sin embargo, la aplicación a gran escala de los descubrimientos, e incluso de la producción de la New Left Review, exigen la compra y el uso de inputs, de medios de producción que tie nen utilizaciones alternativas. Mandel no aborda nunca efectivamente la cuestión de saber cómo los medios de producción pueden ser producidos o asignados. Por supuesto, se puede uno imaginar una reunión de delegados que discuten, por ejemplo, sobre la utilización del cuero. Pero incluso productos muy simples exigen un gran número de inputs, a veces altamente específicos; ¿cómo podría garantizarse que las reuniones de delegados en las que están en discusión millares de inputs necesarios lleguen a una coherencia de inputsin una pirámide jerárquica autoridad, salvo si los inputs pueden ser comprados y si la pirámide se hace así inútil? ¡Ay!, tertium non datur.

No tenemos necesidad de argumentar sobre la importancia de los sectores en los que el criterio de la ganancia debe ser aplicado: la salud, la educación, el alojamiento público, los correos, el transporte urbano público, la protección del ambiente, el abastecimiento de agua, el alumbrado y la limpieza de las calles, el cuidado de los parques, etc., no se dan (no deberían darse) con el objetivo de ganar dinero. Sin embargo, tema también, debemos constatar que las autoridades públicas deben estar en condiciones de disponer de los medios materiales necesarios para aplicar sus decisiones democráticas. En caso contrario, como sucede en la Unión Soviética, un soviet local decide construir o reparar una escuela, pero no puede encontrar los materiales de construcción necesarios, que tienen una limitada y que son racionados por una oficina lejana.

Está claro en mi libro que soy, en principio, favorable a la autogestión. Me doy cuenta de sus limitaciones en sectores a gran escala que gozan de una fuerte posición monopolística: en primer lugar, la ausencia de competencia, es decir de elección para los usuarios, puede determinar un poder abusivo del productor, de donde se deriva la necesidad de una reglamentación central; en segundo lugar, es posible que no haya ninguna base racional para un proceso decisorio independiente de las unidades

Página IV

subordinadas, como en el caso ya citado de una central eléctrica que forma parte de una red general.

Rectificación económica Errores pueden cometerse en cualquier sistema, Mandel y yo estamos de acuerdo en ello. Estoy también de acuerdo en que un mercado no regulado puede provocar bancarrotas a gran escala y un paro masivo, que constituyen medios poco económicos de tomar acta de un error. Por eso polemizo con los ideólo gos de Chicago y todos los que están afectados por la enfermedad de las pri-

Pero es completamente fantasioso creer, como lo hace Mandel, que una democracia real garantice que la mayoría vote por las correcciones necesarias. Eso presupone que la acción necesaria sea clara. En una economía centralizada, es extremadamente difícil saber quien o qué es responsable de tal o cual disfuncionamiento, y las correcciones (en ausencia de abundancia) implican normalmente una transferencia de recursos de una asignación a otra. Sin duda Mandel comparte la ilusión de Bujarin según la cual los "productores asociados" comprenderán claramente lo que hay que hacer sobre la base de las indicaciones proporcionadas por "los áridos datos del cálculo estadístico". De hecho, es una receta que plantea el riesgo de politizar demandas conflictivas en lo que concierne a los recursos. Sin embargo, Mandel opone a eso los desastres que prevé si "sociedades independientes sus decisiones "en función de intereses fragmentados". Si los intereses son específicos -normalmente lo son- y si las personas actúan sobre la base de una

72 NOVE/MANDEL comprensión necesariamente limitada y parcial de lo que les parece lo mejor, resultará de ello contradicciones en cualquier caso, y la alternativa a la independencia es la dependencia, la subordinación jerárquica. Desde mi punto de vista, esto es en una cierta medida inevitable, pero busco los medios que miniefectos de tal situación por una autonomía en relación con el mer-

A Mandel no le gusta la competencia que, sin embargo, como he señalado en numerosas ocasiones, es una consecuencia inevitable de la elección de los usuarios. La New Left Review está en competencia con otros periódicos para ganar lectores. Un restaurante, un teatro, los que producen camisas o componentes electrónicos tienen necesidad de clientes y estos deben tener el derecho de buscar otros suministradores si no están satisfechos. Mandel espera con impaciencia la eliminación de los estimulantes monetarios. Yo, también, prefiero formas más elevadas de motivación como el compromiso, la lealtad, el orgullo del trabajo bien hecho, el sentimiento de servir a la comunidad. Comparto con él el desprecio por la mentalidad yuppie. Pero la disponibilidad del de compra es, y seguirá siendo probablemente, uno de los estimulantes más importantes, incluso si no es el único. El dinero proporciona también una unidad de medida indispensable para establecer la relación entre los costos y el resultado, así como la intensidad de las necesidades. ¿Por qué es "utópico" imaginar una combinación del "deseo de una ganancia material" y de una "responsabilidad social libremente aceptada"? Por lo que a mi se refiere, siento que estoy influenciado por las dos motivaciones. ¿Por qué un cirujano capaz y responsable no podría hacer todo posible por curar a sus pacientes, sin pedir de entrada cuánto van a pagarle, y a la vez desear pasar unas vacaciones con su familia en Madeira? Mandel habla de un "dividendo social" que aumenta para toda la comunidad si se trabaja bien. Esto puede ocurrir en una pequeña comunidad en la que todos se conocen. En un país de cien millones de hael problema de quienes quieren recibir sin dar nada: no hay ninguna ligazón visible entre el esfuerzo y el resultado, y el efecto de estimulación estaría demasiado diluido.

Mandel cree que incluso si nos basamos en el mercado de forma limitada, iríamos inexorablemente a las "capacidades excedentarias, a la sobreproducción y al paro". No necesariamente, si el Estado utiliza de forma consciente sus poderes de planificación para evitar tales peligros. No niego que ese peligro existe. No creo tampoco que las recompensas monetarias para los gerentes desemboquen en "una asignación permanente y un comportamiento opresivo", sobre todo si los gerentes son responsables ante la fuerza de trabajo (que debe estar dispuesta a pagar más por tener un buen gerente). En la Unión Soviética, se ha subrayado que el hecho de que los gerentes estén mal pagados hace difícil convencer a personas capacitadas para que acepten ese trabajo. Mi punto de vista es que sólo las recompensas y las ventajas salariales (sean basureros o los profesores) pueden estimular el esfuerzo necesario, ni más ni menos. Finalmente "el autogobierno de los productores asociados" a escala de un gran país, por no hablar del mundo, es para mí una consigna y no un programa práctico. Sobre este punto bastante sustancial seguimos en desacuer-