socialismo de mercado
Hay que estar agradecidos al profesor
Nove por llevar el debate a lo esencial, evitando disgresiones y aspectos secundarios. Nuestra discusión no se refiere a la estrategia más adecuada para asegurar inmediatamente un crecimiento económico rápido y una igualdad social crepaíses relativamente menos desarrollados; tampoco a la(s) causa(s) del disfuncionamiento creciente de las economías gestionadas burocráticamente de la URSS y los demás países de Europa oriental, o a las próximas etapas de esos países. Tampoco a determinar el camino para romper con el capitalismo en Occidente, ni al descubrimiento de algunas "leyes generales" que regularían la transición del capitalismo al so-
Nuestro debate se refiere sólo a dos cuestiones: ¿es realizable el socialismo tal como había sido concebido por Marx, es decir como una sociedad gestionada por los productores libremente asociados en la que la producción de mercancías (economía de mercado), las clases sociales y el Estado han desaparecido? ¿Es deseable ese socialismo como precondición necesaria para la emancipación y el autodesarrollo del mayor número de seres humanos? Mi respuesta es categóricamente "sí" a las dos preguntas. El profesor Nove responde por un "no" categórico a la primera y por un "no" más bien dubitativo a la segunda.
Esto no significa que las otras cuesanteriormente importancia para sobre el peso relativo que debe atribuirse a los mecanismos de mercado, aquí y ahora, tanto en el Este como en el Oeste. Es perfectamente posible que partidarios convencidos del "socialismo de Marx", concebido como una sociedad sin producción de mercancías, se pronuncien a favor de una expansión, y no de una restricción, de los mecanismos del mercado en sociedades post-capitalistas, como hizo Trotsky a comienzos de los años treinta. Volveremos sobre ello. Pero esta es una cuestión completamente diferente a preguntarse si una
NOVE/MANDEL
El mito del
ERNEST MANDEL | sociedad sin producción de mercancías es posible y deseable. Si no respondemos en primer lugar a ello, por ejemplo, al problema del objetivo final de la actisocialista, nos encontraremos en la situación del duque de Richelieu, que no sabia hacia donde se dirigía, pero que sin embargo, había decidido ir allí.
Economía de mercado y fluctuaciones económicas El profesor Nove comienza por una declaración sobre las lecciones de la experiencia soviética. Escribe: "Mandel pre-
¿es pertinente utilizar pruebas extraídas de la experiencia soviética? Ciertamente, factores específicamente rusos o soviéticos -el atraso, "la perversa gestión burocrática"- han jugado un papel. Pero hay lecciones que sacar, por ejemplo, en lo referente a la escala, la complejidad, los conflictos entre intereses parciales e interés general, los indicadores de la realización del plan, criterios de inversión, los precios desde el punto de vista tanto teórico como practico, los estimulantes del trabajo, las contradicciones en la agricultura, la influencia de las necesidades de los usuarios en los planes y la producción, el papel de la política regional, etc. Dado que el balance soviético en lo que concierne a estos problemas y algunos otros (incluído el de la polución) deja mucho que desear, sería absurdo ignorar la experiencia soviética porque se ha decidido previamente caracterizarla como "no socialista" (1).
Nadie puede afirmar que hay que "ignorar" la experiencia soviética porque evidentemente no es socialista, es decir, no ha culminado en una sociedad sin clases(2). Por el contrario, hay que estudiarla lo más atentamente posible, aunque sólo sea para intentary evitar las múltiples trampas en las que la mala gestión burocrática ha hecho caer a la economía soviética.
Nuestra divergencia con Nove sobre este tema afectasobre todo a que la mayor parte de las lecciones que quiere sacar de la experiencia soviética deben ser situadas en el marco del atraso relativo, del aislamiento y de la gestión burocrática de la URSS. El problema está en determinar en qué medida los defectos de la economía soviética derivan de los "principios de la planificación centra-
Men sí misma y en qué medida son más bien el resultado de un atraso y de un despotismo burocrático que pueden ser evitados en condiciones más maduras.
Tomemos un ejemplo: en qué medida las famosas colas son el producto de la penuria relativa provocada pretendidamente por cualquier forma de "planificación centralizada" o en qué medida son provocadas más bien por decisiones de inversiones erróneas que han obstaculizado sistemáticamente la distribución y la agricultura en relación a la industria, sobre todo a la industria pesada. Una tal desproporción no es racional. Tampoco es la consecuencia automática de toda planificación centralizada. Al contrario es la prueba de una gestión burocrática errónea, desequilibrada, "no planificada", incoherente, que provoca despilfarro, es decir de una ausencia de planificación o de una planificación insuficiente. Puede ser evitada en un sistema de gestión obrera democrática planificada, es decir, centralizada, en países industrialmente avanzados y a escala internacional.
Todo esto no tiene nada que ver con ningún rechazo a tener en cuenta la experiencia concreta oponiéndole un dogmatismo "socialista" (ique ciertamente sería no marxista!). Al contrario. Pero para esbozar modelos de comportamiento posibles en un mundo socialista, hay también que tener en cuenta la cantidad formidable de datos estadísticos sobre el comportamiento de los consumidores y de los productores en los países más desarrollados y no sólo los que se refieren a la URSS. De hecho, considero que hay que cambiar de arriba a
abajo las cosas. En el debate sobre el socialismo "realizable", , son los fanáticos de las ventajas "eternas" de la economía de mercado quienes de dogmatismo obstinado oponiendo tendencias cada vez menos importantes (referidas al pasado, o a las economías más atrasadas) a lo que ha avanzadas durante los últimos cuarenta
Por otra parte, esto tiene otro efecto boomerang sobre la tesis de Nove. Según él, "un mercado no regulado puede provocar bancarrotas a gran escala y un paro masivo que constituyen medios poco económicos de tomar acta de un error. Por eso polemizo con los ideólogos de Chicago y todos los que están afectados por la enfermedad de las privatizaciones". Pero, ¿por qué olvida Nove más de doscientos años de tentativas prácticas de "regular" los mercados, que han sido todas incapaces de evitar periódicamente la crisis y el paro masivo? ¿Por qué se esconde tras la fórmula apologética según la cual "un no regulado puede producir, etc." cuando hemos conocido ese fenómeno en todas las economías de mercado de los países occidentales, al menos durante veintiún ciclos desde 1825 y lo conocemos ahora por la 22ª vez? ¿Es lógico sacar lecciones de sesenta años de economía planificada "real" en la Unión Soviética y rechazar sacar las lecciones de ciento economía internacional de mercado "real" en el mundo occidental?
Los límites de la "regulación de mercado" El que ninguna economía de mercado haya podido evitar catástrofes periódicas como quiebras masivas (destrucción/desvalorización de capital y de bienes de equipo), paro masivo, declive periódico del nivel de vida y ascenso periódico de la miseria moral millones de personas, no es fruto del azar, sino que es algo relacionado con la verdadera naturaleza del sistema económico.
La producción para el mercado es una producción para consumidores desconocidos, en cantidades desconocidas y con resultados finales (precio de venta y ganancias) desconocidos. Nove estima que esto no confirma la diferencia entre la asignación ex-ante y la asignación ex-post del conjunto de los recursos sociales existentes, en relación a las necesidades sociales reconocidas. En nuestra opinión, se trata de una con-
72 clusión por lo menos extraña. Es precilo propio del mercado que ni las unidades de producción ni las unidades de consumo conozcan por adelantado las decisiones recíprocas. Pero el taller que produce ejes para una tabrica de automóviles, ¿no conoce por adelantado el número de ejes de que tiene necesidad la fábrica?
Cuando Adam Smith y otros clásicos explican que la "mano invisible" del mercado permite equilibrar la oferta y la demanda, dan por sentado que esto se produce siempre post factum, a posteriori. Si los precios libremente establecidos no fueran para los "agentes econóseñales que les condujeran a modificar su comportamiento, ¿cuál sería su utilidad a los ojos de los partidarios de la economía de mercado? Pero implica la necesidad de corregir decisiones precedentes (cambiar las cantidades producidas, adaptar sus calidades, transformar las técnicas de produccion, modificar las relaciones entre capital fijo las relaciones entre inputs, implica pues una incertidumbre fundamental de las decisiones a priori.
Nove afirma que el producto final de una fábrica de automóviles es después de todo una mercancía vendida en el mercado y que su venta es incierta. Esto es totalmente cierto. Pero, en vez de debilitar nuestra argumentación, la refuerza a propósito de la diferencia entre asignación de recursos a priori y asignación de recursos a posteriori o, si se prefiere, entre asignación determinada directamente y asignación determinada posteriormente por el mercado
Si la venta de coches baja de 2 millones a 1,5 millones, el mercado impone una reasignación de los recursos. Pero el mercado no puede imponer la producción de un millón de ejes o de siete millones de ruedas para un millón de coches. En el seno de la empresa, es el técnico, y no el mercado quien decide. La asignación de los remente de la decisión de producir un número x de coches. No oscila en fun-
"estadísticas de venta interdepartamentales" ni de "ganancias". Y en el seno de la economía privada en su conjunto, la asignación a priori de los recursos se deriva de prioridades sociales deliberadamente elegidas.
Los ciclos económicos se derivan de un modo inevitable de la incertidumbre ligada inextricablemente a la economía de mercado. No se puede reducir la producción o introducir nuevas técnicas revolucionarias de producción con el objetivo de economizar trabajo(3) sin provocar paro. No se puede provocar bruscamente caídas considerables de los precios (de los márgenes de ganancia y de la tasa de ganancia) sin provocar bancarrotas. Todos estos males inevitables de la incertidumbre del mercado están fuertemente agravados por la propiedad privada y la competencia. Esto hace inevitables los "excesos" y los errores de revisión de inversiones que, a su vez, acentúan la amplitud de las fluctuacioempresa puede permitirse actuar con el objetivo de asegurar el "bien general" o el máximo. Bajo la presión de la competencia, todas las empresas están obligadas a aumentar las inversiones cuando "las cosas marchan bien" (es decir cuando los mercados y las ganancias están en expansión) y reducirlas cuando estalla una crisis, sin preocuparse de los efectos globales que ese comportamiento tendrá sobre la economía en su conjunto. Así se pasa periódicamente de in-
"excesivas" (pleno sobrecalentamiento), a inversiones "insuficientes" (paro masivo).
"Una regulación del mercado", es decir una intervención del sector público no puede neutralizar estas fluctuaciones más que en dos casos tipos. En un primer caso, esta intervención corrige las fluctuaciones después de que se hayan producido. Estas fluctuaciones no son pues evitadas, sino que encuentran límites mayores que los que se producirían sin la intervención del Estado. Además, la corrección no será eficaz más que si inversiones públicas representan una parte enorme -y creciente- de las inversiones en su conjunto y si el sector público está ampliamente al abrigo de las repercusiones del ciclo económico, en otros términos, si ya no está, esencialmente, determinado por el mercado. En un segundo caso, la intervención evita males como el paro mediante un aumento de las inversiones privadas. Pero, incluso haciendo abstracción de los efectos perversos de este comportamiento sobre la economia en su conjunto, es imposible prever precisamente (iy a tiempo!) la caída de las inversiones privadas justamente porque ésta es unba consecuencia de su carácter in-
Por consiguiente, una "regulación del mercado" eficaz es sencillamente imposible: el análisis teórico confirma la experiencia histórica. Querer mantener una economía de mercado a un nivel significativo y evitar al mismo tiempo el paro masivo y bancarrotas múltiples, es lo mismo que querer la mantequilla y el dinero de la mantequilia. Mejor, comer
la mantequilla y al mismo tiempo venderla. No se puede tener una economía de mercado sin que la lógica del mercado se imponga. Y esta lógica implica fluctuaciones económicas inevitables.
La conclusión es evidente: el "socialismo de mercado" es un mito que no corresponde a ninguna realidad presente o futura. En la medida que el mercado conserva un peso significativo, no hay aún socialismo. Y en la medida que hay socialismo, los fenómenos mercantiles están desapareciendo.
Prioridades sociales
By recursos limitados Esto es aún más cierto dado que en que los recursos globales son siempre limitados. Toda utilización de estos recursos por el sector público, o con objetivos de satisfacción directa de las necesidades fuera del mercado, reduce automáticamente su utilización por la producción para el mercado.
Ahora bien, el propio Nove ha señalado que "la salud, la educación, el alojamiento público, los correos, el transporte urbano público, la protección del medio ambiente, el abastecimiento de agua, el alumbrado y la limpieza de las calles, el cuidado de los parques, etc, no se dan (no debieran darse) con el objetivo de ganar dinero". Si añadimos a ello los servicios culturales y de información y el alimento y el vestido básicos, se cubren el 70-80% de los gastos civiles en la mayor parte de los países industrializados del mundo, lo que no deja más que un sector limitado de los recursos a disposición del mercado.
Estamos firmemente convencidos de que por razones sociales y psicológicas extremadamente importantes la alimentación básica, el vestido, el alojamiento para todo el mundo y los bienes culturales deben estar incluídos en la lista de los bienes y servicios cuya distribución debería estar concebida con vistas a la satisfacción de las necesidades, bajo la forma de valores de uso, es decir, sin ligazón con las relaciones dinero-mercado.
Durante miles de años, la humanidad ha vivido bajo la amenaza del hambre, de la incertidumbre sobre el futuro, de la enfermedad, de las epidemias, de las catástrofes naturales declive catastrófico doy de un brusco grado de satisfacción de sus necesidades. No hay más que dos mecanismos económicos fundamentalmente diferentes que puedan garantizar la seguridad económica a largo plazo: o bien la acumulación de grandes sumas de dinero (de fortunas) mediante un esfuerzo individual o bien una organización social que automáticamente a todo individuo la sade sus necesidades esenciales, independientemente de su condición o de sus esfuerzos individuales.
El primer mecanismo comportamiento social (así como valores sociales y, si se quiere, una ética egoísmo, la agresividad, una alienacion creciente, en detinitiva, la ley de la jungla. Esto no vale sólo para la sociedad capitalista, aunque es cierto sobre todo para esta sociedad. Se aplica igualmente en el marco de la pequeña producción mercantil precapitalista. Y se aplica también indudablemente a la producción mercantil parcial postcapitalista, como lo demuestran claramente los casos de la URSS, de la Europa oriental y de Chi-
Esto puede ser inevitable mientras las condiciones materiales no permitan una desaparición radical de las relaciones mercantiles y monetarias. Pero representa indudablemente un mal social que impone a millones y millones de seres humanos graves privaciones físicas, mentales y morales(4). Esto Igualmente a una desorganización social creciente y a peligros globales mortales. Cuando los cuatro caballos del Apocalipsis -la destrucción nuclear; la destrucción de los ecosistemas y de la biosfera; el hambre en el Tercer Mundo; la pauperización masiva de las víctimas de la "sociedad dual" en los países industrializados- nos amenazan cada dia mas, la humanidad no puede tolerar ya las dosis actuales o dosis análogas de comportamientos competitivos y agresivos. Una organización social que estimule la ética opuesta, la ética de la cooperación, de la solidaridad y normas morales universalmente aplicadas (en primer lugar, el desarme total) se ha convertido en una condición indispensable de la supervivencia física de la humanidad. Un comportamiento de cooperación -es decir, el socialismo- o la muerte: esta es la alterde la humanidad actualmente. Creer que 'se puede estimular sistemáticamente un comportamiento de cooperación a escala mundial sin una seguridad material y una satisfacción de las necesidades fundamentales para todo el mundo, es la peor de las utopías. Creer que se pueda garantizar la satisfacción de las necesidades mediante una aventura individual y la competición universal y que se pueda al mismo tiempo estimular la cooperación la solidaridad y el respeto de las normas morales universales, es una vez más, creer en Papá Noel.
El mismo argumento a favor de las prioridades socialmente válidas y contra las prioridades impuestas por el merca do se aplica al caso de las iniciativas privadas de los productores por Nove: "Cualquier ciudadano o grupo de ciudadanos que desee, los riesgos correspondientes, proporcionar un bien o un servicio que considere necesario, debería ser, en principio, libre de hacerlo y debería obtener los medios materiales necesarios y una renta (ganancia) si triunfa. Esto forma parte de los derechos y libertades de los productores, que serían violados si una "policía socialista" recibiera la orden de arrestarlos. Si los bienes y los servicios en cuestión fueran proporcionados en una medida satisfactoria por el sector público, esta posibilidad no existi-
Es llamativo que tras doscientos años de crítica socialista del trabajo asalariado, Nove, inspirándose en el credo liberal, no comprenda la ligazón evidente los diferentes mecanismos que permiten a la "libre empresa" funcionar de una forma satisfactoria para algunos, decir para una minoría decreciente(5). Dejemos de lado el caso de la agricultura de subsistencia o del trabajo artesanal a pequeña escala en pequeñas comunidades que, con el desarrollo de la tecnología moderna, no pueden sino ocupar un lugar marginal. La pequeña producción individual y cooperativa, con objetivos creadores, científicos, estéticos, lúdicos, ecológicos, no es, por definición, un actividad para la ganancia. Tales actividades serán estimuladas en una comunidad socialista. Una vez que las necesidades elementales de todos hayan sido satisfechas, tales actividades absorberán probablemente una proporción creciente del tiempo humano disponible y de los recursos materiales. Por ello mismo, reducirán y marginarán los recursos disponibles para la producción privada para el mercado y la ganancia.
La historia real de la formación de la "libre empresa" capitalista con una alta tecnología y trabajo asalariado, no implica que gentes cada vez más numerosas obtengan "los medios materiales nece con ese objetivo. Por el contrario: gentes cada vez más numerosas son privadas de los "medios necesarios" para producir por su propia cuenta (ante todo, son apartados del libre acceso a la tierra). La "libre empresa" con el trabajo asalariado en interés de una pequeña minoría ha sido formada destruyendo la "libre empresa" sin trabajo asalariado en interés de la gran masa. Antes de que existieran mecanismos económicos capaces de asegurar la reproducción nor-
mal de un trabajo asalariado masivo -las leyes de apropiación de los productos y de reparto de las rentas específicas del modo de producción capitalista- éste ha sido impuesto por la violencia, las guerras, las conquistas, la opresión generalizada. de la violencia física directa por la presión económica no cambia naturaleza injusta del proceso y ello tanto más en la medida que la presión económica en sí misma no puede funcionar duraderamente sin la intervención periódica de la represión física.
Lo que era cierto ayer será cierto también mañana. Ninguna reintroducción de un mercado de trabajo real en una comunidad socialista será posible sin una presión forzada, económica y política, hacia la masa de productores. Mientras estos tengan la garantía de medio de consumo adecuado -la satisfacción de todas sus necesidades fundamentales y un nivel creciente de confort y de cultura-, no habrá ni los recursos ni los estímulos para asegurar los "medios materiales necesarios", a "libres capitalistas" que utilicen trabajo asalariado (lo que es diferente a los empresarios individuales que trabajen con sus propias manos).
Para garantizar este régimen, no será En una comunidad socialista, el conjunto de las instituciones y de los valores condicionará necesariamente, sin ninguna duda, a la gente contra la búsqueda del enriquecimiento individual. Pero la salvaguarda más poderosa estará representada por el poder efectivo de los productores libremente asociados en todas las unidades de producción productoras de bienes de producción y por su decisión de asegurar un nivel mínimo decente para todo el mundo. Los aspirantes a capitalistas deberán ofrecer sasustancialmente más elevados que la renta anual garantizada. No habrá mucha oferta ni mucha demanda. Sólo destruyendo esta libertad de la necesidad para la gran mayoria, unos grandes empresarios podrian encontrar una masa suficiente de trabajadores
¿Se trataría de un "despotismo de la mayoría"? Se le puede llamar como se quiera. Desde el punto de vista de la minoria, todo regimen mayoritario puede ser llamado "despótico". Pero las "limitaciones" impuestas a candidatos a empresarios capitalistas serán modestas, al menos en relación a las privaciones que el capitalismo impone a la humanidad. Ellos también tendrán la garantía de un nivel de consumo medio garantizado. No deberán renunciar sino a algunos iu-
72 jos adicionales. Dispondrán también cada vez más de un tiempo libre que podrían utilizar para actividades individuales o cooperativas, incluyendo actividades productivas. Puesto que el despotismo alternativo del trabajo asalariado, con su lógica infernal y destructiva, impone privaciones mucho más graves el "despotismo mayoritario" aparece ciertamente como un mal menor en el esfuerzo por crear una sociedad justa.
Dinero, satisfacción de las necesidades y prioridades sociales El profesor Nove reafirma que las relaciones de mercado no pueden ser suprimidas más que en lo que se refiere a los servicios sociales y algunos bienes homogéneos como el agua y la energía eléctrica. No responde a nuestro argumento según el cual pueden extinguirse también en lo que se refiere a todos los
Men los que la elasticidad de la demanda tiende a cero o incluso se hace negativa. El que haya decenas de de pan o centenares de modelos de zapatos no impide prever el consumo global de estos bienes sobre la base de los datos estadísticos existentes. Si su producción no está ya organizada para la ganancia, sino que se basa en la elección y los pedidos previos de los consumidores -además con un control de calidad público y contrastado-, el resultado será una gran satisfacción de los consumidores y una variedad de productos mayor que con el sistema de mercado. Podríamos dar de ello numerosas pruebas: limitémonos a mencionar algunas.
En primer lugar, mercado, los costes de distribución son aumentados considerablemente a costa de los consumidores porque los diferentes intermediarios imponen sus margenes de ganancia y porque los costes de una publicidad a menudo engañosa, manipuladora y frustrante recaen también sobre los consumidores. Recientemente, la Asociación comercial belga de los hoteles, restaurantes, bares (Horeca) ha reconocido que el precio real del café propiamente dicho por una taza que cuesta 35 francos (belgas) no es más que de 50 céntimos. Según el mensual francés Sciencie et Vie Económique (marzo 1988), un kilo de judías verdes vendido en 25 francos franceses al consumidor no porporciona más que 2,5 francos al productor y 12,70 francos a los intermediarios, por no hablar de los transportes. Una reducción de los costes de distribución a los gastos materiales y a las rentas de consumo de los empleados de este sector permitiría un aumento sustancial de las unidades de distribución, un acceso mucho más fácil de cada consumidor a esas unidades y una satisfacción superior de las necesidades verificadas de los consumidores gracias a una variedad de la producción mayor que con el sistema de ganancia y todo ello a menores costes para la co-
En segundo lugar, con el sistema de ganancia, no es el coste medio, sino el margen de ganancia, lo que decide si un producto se produce o no. Nove plantea imprudentemente el problema de la publicación de la "New Left Re-
', es decir, la libertad de la prensa que "exigen la compra y el uso de inputs, de medios de producción que tienen utilizaciones alternativas". Pero si el Estado puede decidir hoy a priori asignar el 6% de los recursos a la producción y al mantenimiento de armas, si en el "socialismo de mercado" de Nove la colectividad decide asignar X ó Y% de los recursos nacionales a la educación, a la salud, al transporte y al alojamiento público, etc., ¿por qué debería dejar al asignación de los recursos necesarios para una prensa libre y variada? ¿Por qué la comunidad no podría decidir a priori asignar el 0,5, el 1 ó el 1,5% de los recursos disponibles para que haya suficientes imprentas, papel, etc., de forma que cada grupo de conpueda tener los periódicos, los semanarios y los mensuales de su elección, incluso con tiradas más bajas que en la situación actual, para hacer posible una mayor diversidad (pluralismo) de la prensa? La alternativa es justamente una limitación de la libertad de la prensa por un control centralizado, sea por el gran capital, sea por el Estado, sea por los dos a la vez. Hace aproximadamente dos años, las implicaciones del sistema de mercado para la libertad de prensa han sido ilustrados de forma inquietante en Francia. Un declive de apenas el 5% en las ventas de un gran periódico como Le Monde, ha amenazado con privar a más de un millón de personas de su lectura cotidiana preferida. ¿Es verdaderamente la mejor forma de asegurar la elección de los consumidores y la diversidad?
En tercer lugar, en el marco de una producción basada en la ganancia, ciedades monopolísticas u oligopolísticas tienen interés en reemplazar un producto por otro, independientemente de las preferencias de los consumidores, si el segundo deja prever un aumento de
las ganancias, incluso cuando el primero sigue siendo aún rentable. Así los consumidores pueden ser privados de la mercancía que desean por la sencilla razón de que ya no se produce. Esto ha comenzado a realizarse en el terreno de la generación de los discos LP que es sacrificada a la de los discos compac-
Es pues falso que las relaciones de mercado garanticen una mayor soberanía de los consumidores en una comunidad rica desde el momento en que las necesidades elementales son satisfechas. Lo cierto es precisamente lo con-
Es bastante significativo que ni Nove ni otros mercado, Partidarios del "socalismo de hagan muchos comentarios sobre la tendencia inevitable de la competencia en el mercado a eliminar a los más débiles, es decir a desembocar en la formación de monopolios, lo que a su vez conduce a crear monopolios aún más grandes (hoy esencialmente multinacionales). Este proceso de concentración y centralización del capital ha acompañado regularmente el desarrollo de la economía de mercado ya antes del capitalismo industrial, es decir, al menos desde hace 400 años. ¿Es que esta experiencia práctica de una "economía de mercado real" puede ser ignora-
Nove reitera que "el dinero proporciona también una unidad de medida indispensable para establecer (...) la intensidad de las necesidades". cluso desde el punto de vista individual, microeconómico, esta afirmación es por lo menos dudosa.
Gastar una cantidad de dinero adicional para vacaciones más costosas en vez de comprar un piano para los hijos, depende de una multiplicidad de factores entre los que el coste de los diterentes bienes juega un papel clave. Sobre este tema la teoría del valor es muy pertinente. El que se gaste menos dinero por libros que por un piano no prueba que la necesidad de un piano sea más o menos intensa que las necesidades costes para construir un piano son más
Si a nivel microeconómico la afirmación de Nove ya es dudosa, es completamente falsa desde el punto de vista macro-económico. Mientras el poder de compra -la demanda global- esté dividida desigualmente, la producción se orienta hacia los sectores en los que hay más dinero y en los que se pueden realizar ganancias más rápidas y no hacia aquellos en que la necesidad es más intensa. Nadie argumentará seria-
72 NOVE/MANDEL mente que la necesidad macroeconómica de una residencia secundaria es más intensa que la necesidad de alojamiento para quienes no lo tienen. Sin embargo ,las residencias secundarias y los alojamientos de lujo son construídos, a gran escala, mientras que hay millones de personas sin alojamiento, incluso en los países más ricos, por no hablar del resto del mundo. Y ¿qué podríamos decir de la necesidad de alimento entre los pobres del Tercer Mundo en relación a la intensidad de la necesidad de un segundo aparato de televisión o de un ordenador personal en las clases medias ricas de Occidente? Sin embargo, en el marco de los mecanismos del mercado, se asignan muchos más recursos para la segunda necesidad que para la primera.
Si la afirmación anteriormente mencionada es falsa desde un punto de vista macroeconómico, aún lo es más desde un punto de vista macro-social, que adiciona todos los costes sociales de ciertas decisiones, impuestas por las fuerzas del mercado, y sus implicaciones en lo que concierne a diferentes necesidades que existen al mismo tiempo, es decir, que aborda el problema de las prioridades sociales. El dinero no es una unidad de medida racional aquí, salvo si se acepta la lógica última inhumana del análisis "costo-ganancia monetaria" calculando el "valor" de las vidas y de las muertes de millares de seres humanos, en base a la capitalización de sus "ganancias" futuras (¡incluídas las de los niños cuyas profesiones y ganancias futuras son aún desconocidas!).
El ejemplo más desastroso en este asunto es el de los automóviles privados. La utilización de un coche individual como medio de transporte entre el domicilio y el lugar de trabajo, como que entre el domicilio y los centros comerciales(7), representa un derroche monstruoso, y aún más si se tiene en cuenta que la mayor parte de las plazas de los no se utilizan. El resultado de esta utilización es que las calles están constantemente embotelladas y las ciudades cada vez más polucionadas, por no hablar de las masacres, comparables a guerras, que provocan chóferes irres ponsables(8). ¿No sería preferible organizar los transportes urbanos de forma que la gente pueda desplazarse gratui-
Men pequeños autobuses muy frecuentes, y todavía mejor, en autobupropulsión eléctrica? ¿Por qué no podría asignarse a priori para tales transportes gratuitos el 2-3% de los recursos sociales disponibles? ¿Si esto se realizara, quién compraría aún coches privados y gasolina? No habría ninguna necesidad de "policía" para "prohibir" tales compras.
Incluso si esto ocurriera junto a desequilibrios graves en la producción de escala de autobuses y de coches y si empresas públicas fueran, desde un punto de vista macroeconómico, menos eficaces que las empresas automóviles privadas de hoy -hipótesis que en nuestra opinión no está demostrada-, tal reducción radical de la absurda marcha hacia una parálisis polucionada significaría economías gigantescas de recursos materiales y de vidas humanas. La satisfacción de los consumidores, es decir la satisfacción de las necesidades estaría asegurada. El dinero jugaría un papel exactamente opuesto al que se le atribuye, es decir un papel de disuasión y
Una vez más, ¿con qué derecho un mercado" podría prohibir a una comunidad el optar mayoritariamente por tal sistema de transportes públicos gratuitos, confortable y eficaz, que sería gestionado de forma ampliamente descentralizada y no tendría necesidad de ninguna estructura burocrática o, en todo caso, exigiría mucho menos burocracia que los gigantescos monopolios privados del automóvil? ¡Hay una tercera solución! Negando que exista una alternativa viable y deseable tanto a la centralización burocrática como al "socialismo de mercado", Nove rechaza una tercera alternativa porque según él una asignación de los recursos centralizada (esencialmente asignación de los medios de producción) es inevitable en una economía contemporánea. En particular, escribe: "Incluso productos muy simplesos exigen un gran número de inputs, a veces altamente específicos; ¿cómo podría garantizarse que las reuniones de delegados en las que estan en discusion miilares de inputs necesarios lleguen a una coherencia de input-output de conjunto sin una pirámide jerárquica de autoridad, salvo si los inputs pueden ser comprados y la pirámide se hace así inútil? ¡Ay!, tertium non datur".
Es una vuelta al punto de partida, como si toda la discusión precedente no hubiera tenido lugar. En primer lugar, el mercado no lleva de forma necesaria a una coherencia "input-output". Capacidades de producción excedentarias y penurias coexisten periódicamente provocando sucesivamente booms y crashs. Las fluctuaciones económicas,
propias desde hace dos siglos de la "economía de mercado realmente existente", , proporcionan la prueba de las
"incoherencias" input-out-
En segundo lugar, la mayor parte de estos elementos (grandes producción) no se suministran en función de fluctuaciones de los precios. La "compra" no es sino formal, no determina de forma alguna las diferentes alter-
Los elementos son producidos por pedido, en general sin una competencia a nivel de los precios, y dependen de estipulaciones técnicas, de prioridades sociales(9) fijadas anteriormente. No hay conflicto salvo en el caso de errores graves (mala calidad, no respeto de los plazos de entrega, aumento flagrante de los precios). En el 99% de los casos, estos conflictos no serán pentinamente por el mercado.
En tercer lugar, la asignación central inevitable, dados los límites de estos recursos y la necesidad de prioridades- no se identifica de ninguna manera con una asignación detallada, ni tampoco con una asignación en función de las fluctuaciones de los precios, es decir por el mercado. Nove no responde a nuestro argumento según el cual una autogestión articulada es perfectamente posible. Un congreso nacional (o internacional) de delegados no deberá decidir democráticamente más que sobre la proporción de la renta nacional a asig nar a cada uno, digamos, de los veinte sectores industriales clave, eligiendo entre diferentes variantes coherentes input-output. La planificación más detalada por rama, por ejemplo, de la industria del acero o de la del cuero será confiada a congresos de delegados de esas industrias (en los que los consumidores también estarán representados). Decisiones aún más detalladas se tomarán por consejos de delegados a escala regional, local o de empresa. Las posibilidades alternativas en relación a unos recursos limitados no serían en absoluto ignoradas; serían discutidas democráticamente a niveles diferentes.
Tal sistema de instituciones no conlleva la emergencia de estructuras jerárquicas. Por el contrario garantizaría la soberanía de los productores-consumidores, es decir la autodeterminación, la libertad en el sentido real del término, en relación tanto a la tiranía de las fuerzas ciegas del mercado, como a la de burócratas arrogantes. Que se nos diga por qué esto no funcionaría. ¿Es que supondría una excesiva politización? Quizás. Pero una politización en una so-
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NOVE/MANDEL ciedad libre, caracterizada por el pluralismo político, el libre acceso a los medios de comunicación, una publicidad y el control público, sería indudablemente un mal menor en relacion al gigantesco derroche que se deriva actualmente del paro masivo o de la mala gestión burocrática. (10)
Sobre la libertad humana Volvemos aquí al corazón del debate. En nuestra opinión, la discusión no se refiere esencialmente al máximo de eficacia económica posible (¿es que esta eficacia es verdaderamente medible en ausencia de una definición más precisa que la que dan de ella, en general, los economistas?). La discusión se refiere al máximo de libertad humana posible o a la emancipación de las obligaciones, limitaciones impuestas a los individuos desde fuera, ya sean económicas, políti-
Es una discusión autodeterminación concebida como el objetivo de la existencia huma-
Es evidente que si las necesidades humanas elementales de todos los seres humanos no están satisfechas, la libertad y la autodeterminación son impo-
La eficacia medio para garantizar la satisfacción de estas necesidades a todo el mundo, sin distinción ni discriminación, todo su sentido en un tal contexto conceptual. Pero como objetivo permanente del esfuerzo humano, más allá de toda otra consideración o motivación, se hace irracional, y cada vez más contra-
El debate afecta pues a una cuestión precisa: cuando las necesidades fundamentales están satisfechas, la eficacia económica máxima debe continuar reinando soberanamente, mente de sus costes individuales y sociales, o debe subordinarse a otros obtiempo de trabajo (el tiempo de trabajo durante toda la vida adulta), la reducción radical de la división social del trabajo entre administradores y administrados, el desarrollo automático de tiempo libre creador, la protección del medio ambiente, la lucha contra las enfermedades físicas y mentales, etc.
Todos los que afirman que esto utópico, afirman en realidad que la humanidad está condenada a ser sometida a la tiranía de las "leyes económicas objetivas" y de la desigualdad social en contexto. Además, estiman que el rechazo a aceptar tales imposiciones conduciría a niveles inaceptables de satisfacción de las necesidades.
Esta es una nueva versión de la superstición del pecado original. En la base de tal prejuicio, está el mito del Homo Economicus que no es sino una tentativa de teorizar como típica de la existencia humana, más allá del tiempo y del espacio, el modelo de los burgueses competitivos (grandes y pequeños), que no es más que una adquisición relativamente reciente de la historia huma-
Tal concepción no tiene ninguna base científica.
El socialismo de Marx, tal como el profesor Nove y yo mismo lo interpretamos, significa esencialmente la emancipación de los productores libremente asociados de su obligación de utilizar los recursos materiales y humanos según "leyes económicas eternas". Se trata de una sociedad en la que estos productores-consumidores determinarán libremente sus prioridades tanto sociales como económicas. Si quieren renunciar a un segundo aparato de televisión para aumentar su tiempo libre o trabajar de forma menos fatigosa, tendrán todo el derecho del mundo de hacerlo. Nadie les impondrá tales preferencias: ni expertos, ni sabios filósofos, ni líderes carismáticos, ni partidos. Toda la historia ha demostrado que toda esa gente esta lejos de ser omnisciente. Los productores deberán ser libres para decidir libremente en función de su conciencia y de su sensibilidad. Cuando se habla de plasocialista, es de esto de lo que se habla.
NOTAS
(1). Todas las referencias a Alec Nove se refieren al artículo "Mercados y Socialismo", que apareció en el n° 161 de la New Left Review (enero-febrero de 1987) y que reproducimos en las páginas anteriores. (2). La cuestión de saber si debe seguirse con la definición clásica marxista (e incluso premarxista) del socialismo como una sociedad sin clases en la que ya no hay producción de mercancías o si debe adoptarse una definición más limitada que identifica el socialismo con la desaparición de la propiedad privada de los medios de producción ha sido abordada en nuestro artículo "Burocracia y producción de mercancías" publi-
cado en Quatrième Internationale n° 24 de abril de 1987. (3). Esto implica casi siempre un aumento sustancial a medio y largo plazo del volúmen de los productos que deben ser vendidos a la tasa media de ganancia. De donde proviene la naturaleza doble de toda teoría de las crisis, que debe analizar no sólo la producción de valor, sino también la realización de la ganancia, no sólo la dinamica y la es tructura del valor (cantidades de trabajo), sino también la demanda monetaria (el poder de compra) engendrada por la dinámica de la producción y su estructura de clase, así como las relaciones proporcionadas (o desproporcionadas) en(4). Según el Sunday Times (28 de febrero de 1988) uno de los responsables al más alto nivel de la República Popular China habría declarado en 1987 que se había juzgado a 5.200 mercaderes de mujeres, 150% más que en 1986 y esta cifra no representa más que una parte del total. ¡Ahí tenemos una "trata de blancas" bajo el "socialismo de mercado" y en medida creciente! ¡Debe uno extrañarse si los vendedores de muchachas que vienen de regiones atrasadas pueden cobrar 5.000 yuanes por cada mujer, cuando el salario medio es de 20 yuans por mes aproximadamente? ¿Es realista pensar que tales comportamientos desaparecerán mientras la avidez privada y la promoción privada por el dinero sean predominantes? (5). Recordamos que los productores y los empresarios independientes representan menos del 10% de la población activa en los EEUU, en Gran Bretaña, y
-72 NOVE/MANDEL en Suecia y menos del 15% en numerosos otros países. (6). Los casos de monopolio se multiplican en lo que se refiere a las mercancías, que deben satisfacer necesidades de consumo sociales, refutando el mito que circula ampliamente. Sus implicaciones y su dinámica potencial son alarmantes. El profesor M.F. Perutz explica en el número de marzo de Vew York Review of Books que mien tras en 1964 había en los EEUU veinte firmas que producían vacunas, en 1984 su número había caído a cinco. Esta reducción se ha producido cuando los progresos en materia de biología molecular permitian ya producir vacunas contra la malaria, la hepatitis B, el cólera y otras enfermedades muy extendidas en el mundo, y hay una necesidad desesperada de vacuna contra el SIDA. Su posición casi monopolítica ha permitido a las firmas que subsisten aumentar bajo diferentes pretextos el precio de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina de 16 céntimos a 10 dólares. (7). Los coches particulares son un medio de autonomía (libertad) desde el punto de vista del tiempo libre. Pero esta necesidad podría satisfacerse mediante coches no privados puestos a disposición de quienes los utilicen realmente cuando los necesiten. Esto implicaría una reducción macro económica considerable de los recursos asignados con este fin. (8). Una crítica global muy brillante de la utilización de coches privados está en el libro de Winfried Wolf "Eisenbahn and Autowahn" (Rasch and Rohring, Hamburg 1987) que debería traducirse a otras lenguas. (9). Los preparativos en curso para la creación del "mercado libre común" de los doce países de Europa occidental revelan como las prioridades sociales se imponen bajo el capitalismo y hasta qué punto la idea de una economía dominada por el mercado es irrealizable y por tanto falsa. Estos preparativos conciernene entre otras cosas a la fijación de trescientas "directivas internas de mercado" que deberían regular la vida cotidiana y el comercio de 350 millones de personas y que abarcan cosas tan diferentes como los controles veterinarios, los cosméticos, los pesticidas, las gruas, la cantidad de agua, la profundidad del relieve de los neumáticos, el peso de los camiones, la seguridad de los juguetes, los seguros de vida, la polución de asbesto, los teléfonos móviles, el ruido de las podadoras del cesped, las reglas de seguridad, las cualificaciones en la (10). M. Eberle, antiguo vicepresidente de Procter and Gamble, ha dicho: "En una fábrica manufacturera, usted tiene de golpe informaciones a disposición de la gente que hace marchar las máquinas; esto ya no está reservado a los dos o tres niveles más elevados de la jerarquía. Los supervisores no se dan cuenta de la fuerza de esas informaciones antes de que estén a disposición de los obreros. Entonces su resistencia es enorme". (International Herald Tribune, 15 de febrero de 1988). He aquí una confirmación de que la época de los ordenadores, es decir la tercera revolución tecnológica, favorece en amplia medida la gestión obrera.