Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Euskadi: Identidad nacional: ¿Pero de qué estamos hablando?

· Inprecor n.º 71, septiembre de 1989 · pp. 25-27 · 2.135 palabras

Algunos apuntes al cierre -provisionalde esta polémica; no todos referidos a opiniones aparecidas, pero una vez destapada la olla unas cuestiones nos conducen a otras hasta que al final el agua se desborda. 1. Se suele considerar como una verdad absoluta, tanto por sus defensores como por sus detractores, la existencia de un "mundo" o de un "universo nacionalista". Ya la forma misma de plantearlo traslada el centro de la cuestión al terreno ideológico. Pero la ideología no es algo que está al margen o por encima de las realidades materiales y sociales; por lo menos cuando no se trata de individuos sino de fenómenos sociales. Las ideologías no se suelen encontrar sobrevolando por el cielo, más bien corresponden a intereses, a experiencias, a comportamientos, a proyectos de determinadas clases, grupos, organizaciones, a sus dinámicas concretas. como un todo, de cuya sustancia participan grupos burgueses y sectores populares, procesos de institucionalización y resistencias armadas,...

laro está que pueden encontrarse uen número de referencias comunes algunos códigos de conducta primaria, una cierta imaginería compartida... Cómo no: hay una historia concreta de cómo han ido formulándose las ideas y las reivindicaciones nacionales, a la par de sus procesos sociales y del desarrollo de sus propias contradicciones internas. Y en esta historia hay continuidades pero también desplazamientos y •rupturas. Desplazamientos: el nacionalismo burgués ha ido actualizando ! nodernizando su discurso, lo que resul taba necesario para mantener aspiraciones de hegemonía social, convirtiendo al viejo aranismo en una reliquia sentiutilizando un símil geológico, la que se produjo con el surgimiento del nacionalismo revolucionario de ETA. Ruptura política, en radicalización independentista y en las formas de lucha; y que en su momento (sería fácil documentarlo) no coincidió con un mismo grado de ruptura en el terreno de la ideología. Pero en todos estos 30 años la "falla" política ha podido ir asentándose con una verdadera ruptura también en el terreno de las ideas, de la ideología, hasta el punto de que el nacionalismo revolucionario actual se fundamenta, para muchos, desde posiciones marxistas y progresistas. Con muchas ambigüedades, con contradicciones, pero más allá de la anécdota no se puede hablar, de ninguna manera, de una ideología común al nacionalismo burgués y al nacionalismo revolucionario, ni por tanto se puede actuar por analogía.

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2. "dun estamos natado realmener

qué estamos hablando realmente. la pregunta, la respuesta sera más ( la respuesta será más ( menos contundente, más o menos problematizada, más o menos manipulada

Así, si preguntamos: ¿existe acaso un "ser vasco", algunos rasgos comunes a todos los y las habitantes de esta tierra, a lo largo de los siglos, con gencia actual y con previsible proyec ión hacia adelante?, la respuesta ser indudablemente Pero formulando la cosa de otra manera, puesta debería ser bastante más comcomo es cierta también la propia? Claro que si, como lo es que asta lengua está en retroceso desde hace muchos siglos, y para una gran parte de la población es ajena a su práctica cotidiana. ¿Una cultura diferenciada? Nadie podrá negar los rasgos culturales, folklóricos, tradiciones, psicologías de grupo... ni tampoco que hay evolución y cambios, penetración de otros valores y elementos culturales, modernización y conflictos. Ni desde el punto de vista exclusivo de la historia, ni de la cultura, de la lengua, de la geografía, de la antropología,... se puede dar una respuesta contundente que fundamente inequívocamente la identidad na cional. Cuando se ha pretendido hacerlo, los resultados han sido de un lamentable simplismo, paraisos perdidos, troncos originarios y todo eso.

Y sin embargo, hay elementos de hisde comunidad,... que justifican y fundamentan, ya desde un pasado remoto, una "identidad" diferenciada; y que en ciertas coyunturas, bajo el impulso de unos determinados grupos sociales, han adoptado la forma de una no es algo unívoco, se plantea de manera diferente desde los diferentes sectores e intereses sociales; y la dad nacional" se combina con otras "identidades", de clase, de género, etc. Parece muy acertada esa actitud de evitar nuevas codificaciones (definir lo que es vasco y lo que no lo es), que conducen a exclusivismos. Todas las anteriocodificaciones y encorsetamientos (del euskaldun fededun al rechazo de lo punk como cultura "ajena"), han desempeñado una determinada funcionalidad política y se han acabado rompiendo, aunque no sin coste y conflicto. Es mejor adoptar una posición abierta, pero positiva, porque esa conciencia de diferencialidad, esa "identidad", tiene una base cierta, y es lo que está detrás del hecho nacional y de sus expresiones 3. La definición de la nación vasca, por razones históricas, ha venido de la mano de corrientes nacionalistas, primero la aranista, luego las que han girado en torno al nacionalismo radical. Hay que constatar el hecho, pero no sacar la conclusión que la nación y lo nacional sean un producto del nacionalismo. Nuestro reto (y también nuestro déficit) es cómo nos aproximarnos a la idea de nación partiendo de nuestra manera de pensar marxista, mos desde otras bases y cómo desarrollamos un proyecto nacional diferente.

Sin necesidad de forzar la historia, de buscar esencias o absolutos, reconocemos cómo una colectividad con rasgos diferenciales ha llegado a desarrollar una conciencia propia, dotarse de una forma nacional y sustentar una reivindicación capaz de desatar las mayores y nás creativas energías; cómo a parti de unos datos más o menos "objetivos" de comunidad diferenciada, y en una determinada coyuntura histórica, se ha levantado un movimiento colectivo de afirmación propia, con una dinámica de enfrentamiento con el actual estado. Esta forma de plantear las cosas quizás pueda resultar encontramos el fundamento de la nacionalidad vasca en la legitimidad histórica de un pasado inveterado, sino en la realidad de un movimiento de lucha y de afirmación, en la constatación voluntad colectiva (que no unánime).

Una corriente comunista revolucionaria, ¿puede tener entre sus señas de identidad la afirmación de lo nacional? Puede y debe, creemos: es condición para su implantación, para su conexión con los sentimientos de la gente y sus motivaciones de lucha, para su capacidad de liderazgo social. Esto tiene sus evidentemente; aunque es un reto del que no se puede pasar. 4. Al hablar de la "identidad" nos estamos refiriendo a cosas componentes de la nación, el territorio, la lengua.

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En cierto sentido podría decirse que la vieja discusión sobre "quién es vasco/ a" está ya teóricamente resuelta, por lo menos en los programas políticos y en las afirmaciones más sustentadas. lucha nacional vasca se ha empapado, superando algunas formulaciones primitivas, de conciencia y espíritu democrá-

Pero aunque resuelto en la teoría, sigue presente como tema de recelo o de admiración, tal como se detecta en alguno de los artículos de esta polémica. La razón es simple: Euskadi no existe como realidad política, es un proyecto, que está en la cabeza y en la voluntad de la gente que quiere materializarlo. Ningún italiano, por poner un ejemplo poco arriesgado, se interroga sobre su identidad. Euskadi existe en la medida en que hay gente que lucha por ello, lo cual genera una escala de valores sociales relacionados con lo nacional. Es esto, y no ninguna perversión ideológica del nacionalismo, lo que provoca esa especie de estima social hacia quien se identifica con la nación vasca, o ese rechazo hacia quien lo rechaza. RH negativo, el ruralismo, ...; hoy también subsiste este tipo de apreciación en algunos medios más bien próximos al nacionalismo burgués. Los objetos de valor del nacionalismo más moderno y nás consecuente son otros: la identifi. cación con la nación, con sus simbologías de lucha, con el euskera (aunque desgraciadamente esa estima no siempre conlleve compromisos por parte del estimante). Nosotros, como comunistas, que también tenemos y fomentamos unos determinados valores sociales (la actitud hacia los oprimidos/as, el militantismo, la inquietud intelectual, etc.), ¿no debemos alentar también la estima y la autoestima hacia todo lo que representa el despertar de un pueblo oprimido, la recuperación de una lengua, etc., etc.? Parece claro que así debe ser, sin que esto tenga nada que ver con diferenciar "vascos auténticos" de segunda", con ningún esclusivismo, sino con una ordenación de valores basada en una práctica revolucionaria y en un movimiento social. 5. Aunque el tema de la territorialidad no se ha planteado en este debate, lo citamos de pasada porque guarda alguna relación con la cuestión de la "identidad". Parece evidente que el marco actual de la nación vasca no viene definido por las viejas fronteras históricas, geográficas o lingüísticas, ni corresponde a ninguna anterior unidad política (inexistente, a no ser que retorzamos la historia). Hay gente que lo argumenta así, qué duda cabe. Pero esto no da ninguna razón a pensar que exigir enérgicamente la unidad nacional, incluyendo a Nafarroa y los territorios de Iparralde, sea una muestra de "esencialismo".

La Euskadi de los siete, o de los seis,.

herrialdes, resultado de unos procesos históricos concretos, ha sido identificada, desde el origen mismo del movimiento de emancipación nacional vasco, como la base territorial de la nación; esta identificación ha ido tomando cuerpo, extendiéndose, siendo objeto de lucha y reivindicación permanente. La defensa del conjunto de la territorialidad de la nación vasca es patrimonio de todos y todas los que luchan por la liberación nacional, mientras que es cuestionada por quienes defienden a los actuales Estados. ¿No son éstas razones suticientes para sustentar un criterio de territorialidad, apoyado en datos objetivos (aún incompletos) de "identidad" propia, y sustentada en una voluntad colectiva?

Naturalmente, este planteamiento de partida no resuelve los problemas políticos: cómo conseguir que este proyecto unitario gane el apoyo de la población navarra y no pueda ser visto como una imposición (lo que, aún en el caso improbable de triunfar, acarrearia graves consecuencias para el futuro de la nueva nación); cómo articular luchas y organizaciones en marcos y dinámicas dispares, etc. 6. En torno al euskera se sitúa, en cambio, una buena parte de la discusión. ¿Euskera idioma propio, nacional? ¿Discurso de la igualdad o de la supervivencia? ¿Bilingüismo o monolingüismo como programa? Es una discusión compleja, con muchas vertientes, y aquí sólo vamos a referimos a un par de

El mos hecho al hablar del territorio, es la identificación que se ha producido (y profundizado) despertar nacional y la voluntad de recuperación del euskera como el idioma propio de Euskadi. Este y no otro es, pensamos, el significado de considerar al euskera como idioma nacional, categoría que excluye -por definición- al castellano o al francés, aunque ciertamente sean utilizados hoy día por una gran mayoría del pueblo. No es un prejuicio ideológico, sino una consecuencia politica.

Se insiste, en alguno de los artículos, en un criterio igualitarista. Aceptémoslo, siempre que identifiquemos correctamente el sujeto: pues no se trata de la igualdad de derechos o de posibilidades entre euskaldunes y erdaldunes, sino de la igualdad de derechos y de posibilidades entre las lenguas, entre euskera y castellano (o francés). Y al hablar del "derecho del euskera" por delante del "derecho de los euskaldunes" no estamos contraponiendo el idioma abstracto a unas gentes concretas, pues el idioma no deja de ser, cogiendo prestada una expresión que Marx dedicaba al capital, una realidad humana "concentrada", que condensa y recoge tantos estuerzos, individuales y colectivos, pasados, presentes y futuros. ¿Es posible que el euskera pueda ser un idioma en igualdad con el castellano si no dispone de un espacio geográfico en donde sea idioma necesario, de uso en todas las funciones sociales? ¿Es posible asegurar esa "necesariedad" en el ámbito de una "reserva", marginal, por otra parte inexistente dado que el proceso de sustitución por el castellano sigue avanzando incluso en las áreas más euskaldunes? Las respuestas parecen claras, en favor de una territorialidad donde sea idioma hegemónico, excluyendo el bilinguismo a no ser como fase transitoria (de sustitución de un idioma por otro).

Claro que señalar un horizonte no resuelve mayormente los problemas concretos de la euskaldunización, aunque no deja de tener algunos efectos positivos (desmontar ideologías-trampa que de hecho sustentan la continuidad del modelo actual, estimular y orientar esfuerzos). Y en este sentido, habrá que poner en el centro la búsqueda de un nuevo consenso social en torno al euskera, la utilización de procedimientos democráticos y no coercitivos (aunque todo lo que se refiere al idioma no deje de ser enormemente subjetivo: al gobernador le parece discriminatoria una exigencia de euskara para una oposición, al funcionario le resulta atentatono a sus "derechos" un plazo de euskaldunizaión,...),) una pianiticacion global, una re ación estrecha entre recuperación lin güística y movilización social, unos compromisos de las vanguardias, etc.

en fin, y como punto final, el hecho de que toda esta polémica se haya desarrollado íntegramente en castellano, aún cuando formalmente nada habría impedido utilizar el euskera, señala como problema grave que el euskera no es hoy día instrumento de elaboración política, lengua de creación; y que no se trata ya tanto de derechos. formales cuanto de esfuerzos, voluntarios y voluntaristas. D