Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Euskadi: A modo de recapitulación

· Inprecor n.º 71, septiembre de 1989 · pp. 23-25 · 2.349 palabras

A MODO DE

RECAPITULACION

Reitero mi convicción de que este asunto de la identidad nacional es un tema casi inagotable. Y francamente complejo. Basta enfrentarse, para confirmar su complejidad, a un par de preguntas aparentemente muy sencillas de contestar: qué es lo vasco?; quiénes son los vascos-vascas? Ambas preguntas plantean la interrogante de si hay una forma genuina de ser vasco, un patrón arquetípico, que dé pie a establecer unas categorías distintas bien sea dentro de la población de Euskadi (entre los que son vascos-vascas y quienes no lo son) o bien dentro de su cultura en general (lo que es vasco y lo que no lo es).

En los artículos anteriores critiqué unas cuantas respuestas a esas preguntas, bastante típicas de un tipo de pensamiento muy actual en nuestra sociedad. Resumo en pocas palabras el alcance de aquella crítica:

a) no comparto una concepción de la identidad nacional que define el ser vasco no por su existencia real, en cierto modo impura y cambiante tanto ayer como hoy, sino por otras cosas diferentes: unas parcialmente reales, otras francamente extrapoladas, y algunas hasta o bien inventadas o bien sumamente etéreas e inasibles para cualquier simple mortal.

b) tampoco comparto y me parece muy problemático el horizonte político que se deriva de esa definición.

Aunque luego volveré con más detalle sobre estas cosas, me siento muy distanciado de unas definiciones que dejan con el culo al aire a una buena parte de la ciudadanía vasca actual. De ahí que las tachase de reduccionistas y excluyentes. En cuanto a otro concepto que utilicé para (des)calificarlas, el esencialismo, se me ha indicado la conveniencia de retirarlo de la circulación, lo que hago gustosamente (1). El valor de la diferencia

Circula por estas latitudes otro uso de la identidad aplicada a los pueblos o na-

LA Javier Villanueva ciones: la personalidad que se deriva de su diferencia con otros pueblos. Segúr esta acepción, la identidad nacional des. cansa en las peculiaridades propias, tanto más cuanto más diferentes sean. En nuestro caso, por consiguiente, la personalidad nacional la da el euskara. Es lo más diferenciador. Como gustan en decir algunos, el euskara "es lo que realmente nos hace vascos. Porque, sin euskara, seríamos españoles o franceses", según dicen.

Por impropio que sea con respecto al diccionario este uso de la identidad, lo cierto es que se ha impuesto socialmente. Cosa bastante además. Ya que cuando se quiere distinguir al pueblo vasco de otros, se piensa espontáneamente en lo que le diferencia y se cifra su personalidad precisé mente en ello; de manera que la propia conciencia de la identidad nacional surge de la toma de conciencia de su diferenciación, del hecho de percibirse un nosotros distinto de todos los demás. En el caso vasco, por otra parte, se da una circunstancia que aumenta la sensibilidad por la diferencia: el no estar asegurada la permanencia de su diferenciación en el futuro, dada la minorización del euskara y la carencia de un poder político no dependiente de los estados español y francés para todo el territorio vasco.

Tal acepción de la identidad nacional plantea sin embargo un par de problemas de cierta entidad.

En primer lugar, y mirando hacia atuera, hacia otros pueblos, genera una tendencia a acentuar las diferencias y a borrar lo que hay en común con los pueblos vecinos. En el caso vasco, esta obsesión por levantar falsas fronteras históricas, sociales y culturales, amén de distorsionar la realidad o de producir tácticas políticas equivocadas, suele rayar en el ridículo no pocas veces.

En segundo lugar, y mirando hacia adentro, hacia el propio pueblo vasco, genera una tendencia a descalificar aquellas peculiaridades que no resaltan su diferencia nacional. De modo que o bien se consideran extrañas al pueblo vasco o bien sólo se admiten transitoriamente... hasta que la reconstrucción nacional las haga desaparecer. Por ejemplo, el castellano.

Tanto la una como la otra tienden a imponer una forma única de ser vasco, un patrón único de ser vasco; patrón que, por fuerza, es excluyente, dada la diversidad del pueblo vasco real. Este es el aspecto problemático, negativo, de esa noción de la identidad. Sin olvidar, de otra parte, que es inseparable de un proceso histórico positivo: cuando la defensa de la diferencia se traduce en una acción social por revalorizar el euskara frente al Estado, frente a las inercias castellanizantes de la sociedad vasca y frente a sus propios hablantes euskaldunes... o cuando se concreta en el deseo de separarse del Estado centralista español. Pueblo vasco y lengua Comparto la opinión de que la relación entre pueblo o nación y lengua es diversa, ha de examinarse en concreto y que no puede reducirse a una ley general. Pero, cuál es la relación concreta en nuestro caso?

La primera consideración, por mi parte, es que el euskara es una realidad exclusiva de los vascos. Viene a ser como una planta que se da únicamente en estos lares, entre nosotros, y carece por tanto de otros territorios y otros hablantes (lo que no ocurre con el castellano, el francés o el inglés). En ese sentido, puede decirse con toda razón que es la lengua propia o la lengua nacional por excelencia del pueblo vasco, aunque no sea la lengua común de todas sus gentes y sólo lo posea hoy, paradójicamente, una parte minoritaria. De ahí que el futuro del euskara dependa únicamente de la población vasca.

En segundo lugar, el euskara es lo que materializa de forma más evidente e indiscutible la diferenciación nacional.

Para la mayoría de la sociedad actual, que ha vivido bajo el franquismo, el euskara materializa además la experiencia muy reciente aún de opresión nacional.

Unido a lo anterior está, en tercer lugar, el papel destacado que ha jugado el euskara en la extensión de la conciencia nacional. Trascendiendo su estricta dimensión lingüística (minoritaria), el euskara se ha convertido en un signo nacional aceptado por la inmensa mayoría de la población. Y ha sido de hecho, en las dos últimas décadas y especialmente entre las generaciones más jóve-

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(1). La retiro para que no se desplace la dis cusión sobre las ideas que critico a una discusión sobre palabras. Pero, llámese como sea, lo que critiqué, y sigo manteniendo ahora, es una noción del ser vasco que reposa en unos elementos inalterables al paso del tiempo y que están por encima de la voluntad humana. De otra parte, y para los lectores de ZUTIKI, debo precisar que el uso que un servidor y otros hemos venido haciendo de ese concepto -el esencialismo- en la crítica a los diversos nacionalismos, tiene más que ver con la corriente existencialista (que lo acuñó para señalar la separación entre la esencia y la existencia) que con Popper, por lo que me ha sugerido un colega experto en la materia. (2). El ejemplo tal vez más acabado de evolución diferente lo encontramos en Navarra, donde se aprecian distintos ritmos históricos, como ha señalado repetidamente Caro Baroja, entre sus zonas norte, centro y sur, a lo largo de toda su historia conocida. Pero también está presente, por indicar sólo lo mas evidente, en un límite septentrional también bastante romanizado y de fuerte influencia gascona (en Bayona, Barcus, etc.) asi como a lo largo de toda su frontera occidental limítrofe con la Rioja, Castilla y Cantabria.

nes, un agente impulsor y unificador de la conciencia nacional vasca.

El otro dato definitivo de la realidad lingüística actual es la presencia abru nadoramente mayoritaria del castellano en la sociedad vasca de Hegoalde (y del francés en (parralde).

Pues bien, mis discrepancias a este respecto con un pensamiento abertzale muy típico, y no sé si también con X. Erize, se resumen en dos cuestiones, intimamente unidas ente sí.

La primera, en cómo se define la presencia del castellano en nuestra sociedad. Tal vez sea conveniente en esta época, para no herir susceptibilidades, darle un título. Pero cuando se deje claro, en cualquier caso

La segunda tiene que ver con esa ideología que asigna al euskara el papel de único y exclusivo propietario del territorio vasco; como si el hecho de ser una lengua exclusiva del País Vasco le diera el derecho a ser la única lengua legítima de Euskadi.

Advierto, por si acaso, que estas re: flexiones nacen de la preocupación por el status social de la gente del pueblo que es castellanoparlante y no de un afán de defender la lengua castellana. Me parece obvio que el castellano, que lleva camino de convertirse en la segunda lengua planetaria en número de hablantes, tiene cuerda para rato y no precisa de ninguna ayuda por nuestra parte. Se vale por sí mismo, de su propia inercia, de sus ventajas sociales y de estatales. Pero reitero, en sentido contrario, que la defensa de esa gente del pueblo pasa por su euskaldunización al plazo que sea posible, ya que la situación de monolingüismo va en su detrimento social. El conflicto interior vasco actual al esta atravesado completamente po plural, diversa, del puebl vasco actual. Es verdad que nadie niega irontalmente este hecho. Es más, ni si aketos y sobre la pureza de la raz asca confirmaba a su manera la rea Dan la razón así a aquello que dijo Renan once años antes de que Sabino

Respecto al pasado predomina la amnesia sobre lo que molesta. Y molesta, en suma, el hecho de que la pluralidad esté presente desde los tiempos más remotos que se conocen (2). En lo que hace al presente, suscita la duda sobre la dimensión práctica que pueda adquirir algún día ese proyecto político uniformador para Euskadi que está tan arraigado en determinadas ideologías vascas.

En cuanto a las causas de la pluralidad, se falsifica su dimensión histórica, como si fuera una cosa más bien reciente y no del pasado. Y se olvida asímismo la existencia de una distinta evolución interna de unas y otras zonas del País. Sólo se admite la teoría de las como las invasiones demográficas de finales del siglo pasado y de los años sesenta o las relacionadas con las presiones políticas y administrativas del poder estatal.

De manera que se pone de manifiesto la incapacidad de concebir la nación vasca, sea en el presente, sea en pasado, mas que en términos unifor-

En mi opinión, este asunto está muy mal planteado. Dejando de lado la discusión sobre el pasado, hay que entender que la pluralidad actual no es una anomalía nacional o un hecho extraño e impuro o una deformación de la realidad nacional vasca, etc. sino que debe entenderse como una dato sustancial a las sociedades modernas que son sumamente abiertas, complejas y diversas.

Y hay que asumir, por ello, que es una sociedad en conflicto: a) un conflicto exterior con un poder estatal que pretende frenar o impedir el desarrollo de nuestra nacionalidad; b) un conflicto también consigo misma, un conflicto interior vasco, que no es sólo de carácter social, o entre clases, simplificando las cosas, sino también nacional. Por ser una sociedad moderna y abierta, ha de asumirse por tanto que es inevitable la existencia de opciones diversas sobre las cuestiones nacionales más capitales. Sobre la lengua y la cultura, derivado de diente aún la confirmación mayoritaria del territorio nacional que reivindicamos

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La sociedad vasca del futuro

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IDENTIDAD NACIONAL: ¿PERO

DE QUE ESTAMOS HABLANDO?

Por otro lado, hay quienes elogian la mayor riqueza de la pluralidad para una sociedad; de modo que teorizan, por ejemplo, la conveniencia de un futuro necesarimente bilingüe para Euskadi (o trilingüe) y apuestan por ello en consecuencia.

Por mi parte no comparto tales ideas sobre la pluralidad. Creo que los pueblos son lo que son, más o menos homogéneos, más o menos diversos, debido a múltiples causas. Y creo que, por ser así, no son ni mejores ni peores, ni más perfectos nacionalmente ni más imperfectos. Advierto, además, que no veo ninguna razón consistente en favor de que la izquierda radical vasca tenga un modelo general, ya preestablecido sobre esta cuestión. Ni el modelo plura lista, ni el modelo uniforme. Ni el modelo bilingüe, ni el monolingue.

Considero, de otro lado, que el futuro de la identidad vasca, y más en concreto en lo relativo al euskara, está eminentemente abierto en todos los sentidos, para bien y para mal. Me refiero, claro está, a un futuro bastante lejano: el que van a configurar las generaciones que hoy tienen menos de 20 años y las siguientes a ellas, ya que las generaciones adultas actuales son mayoritariamente castellano-parlantes y sus condicionamientos lingüístico-culturales resultan prácticamente insuperables en las circunstancias presentes.

Con todo, abierto realmente en ambos sentidos si las generaciones presentes no nos limitamos a dejar vivir el euskara, lo que equivale a dejarle morir como repetía a menudo Mitxelena. De ahí que nuestra faena sea la de combatir las desigualdades concretas en que hoy se encuentra el euskara practicamente en todos los campos de la vida. Y, muy en particular, la de socializar su conocimiento y uso por las nuevas generaciones, especialmente las que llegan a la red de escualas transferidas o escuela pública por un criterio estricto de igualdad social en el acceso al euskara.

Quedan aún muchos temas pendientes. Así, por ejemplo, entre otros, el valor de los mitos en la construcción de la dentidad nacional vasca y desvelar por en que senti do conviene criticarlos. qué el mundo abertzale más radical se siente incómodo con estos asuntos y o bien hace mutis o bien considera que es una discusión ya superada hace bastante años. O qué consecuencias políticas y sociales concretas tiene todo esto en a sociedad vasca que se esta contigurando actualmente; o sus diferentes implicaciones en territorios como el navarro o lparralde donde las posiciones vasquistas son aún minoritarias. Y un largo etcetera

Como no es posible abordarlos ahora, termino reiterando la conveniencia de formular la identidad nacional desde posiciones críticas con el legado que nos ha dejado, tras un siglode andadura, la doctrina nacionalista. Y la crítica significa en este caso la tarea de decantar esa herencia para depurarla de unos cuantos contenidos bastante problemáticos y discutibles. D

Etorre mental. Rupturas: una auténtica