Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Euskadi: El papel central de la Nación

· Inprecor n.º 71, septiembre de 1989 · pp. 12-13 · 2.021 palabras

EL PAPEL CENTRAL

NOTAS: (1).- Una aclaración sobre esta cuestión del Estado, antes de seguir adelante. Estamos hablando del nacionalismo clásico, del de toda la vida". De los nacionalismos históricos, europeos y anticoloniales. Y del vasco. El que existió y existe. El de HB; y el del PNV. Aclaración necesaria porque hay corientes de pensamiento y aún políticas -en cierto modo EE-, que creen que se puede ser una Nación sin necesidad de un poder político propio pleno. No es cuestión de aquí en un debate académico-semántico sobre si tales concepciones merecen el calificainteresa señalar que son posiciones marginales frente al nacionalismo "ortodoxo", frente al nacionalismo vasco dominante ayer... y hoy. (2).- En ambos ejemplos se solucionan, además, los problemas, simultáneamente al surgimiento político de la Nación. Ni siquiera hay que esperar una temporada. Es automático. 3) Hausnartzen, "Negociación". Herri Batasuna. Septiembre de 1.988. Pág. 12, barra (4) - Idem, pág. 12. (5).- Reconozco, sin embargo, que también me resulta imposible de creer que algunos militantes-dirigentes del MLNV se crean que la Alternativa KAS va a solucionar todos los (6).- Curiosamente, el PNV ha sufrido, grandes rasgos, una evolución inversa. Ha desdibujado -0, al menos, habla en menor medida de ellos- sus perfiles nacionalistas más marcadamente esencialistas. Puede razonarse este reajuste desde varios enfoques. Así, por ejemplo, necesidades de voto de nacionalistas, pactos con el poder central, etc. Pero creo que también hay otra práctica en el poder político. Poder limitado, subordinado, compartido, etc. Pero poder, al fin y al cabo. Ejercicio cotidiano del mando que le ha hecho comprobar la autonomia con que se presentan determinados... y muy importantes problemas económicos y socio-culturales; qué variantes en el marco nacional pueden influir en su resolución, pero que en modo alguno las determinan. Agradecería que lo dicho no se interpretase en ningún caso como un aplauso a la desactivación independentista del PNV, o como un elogio a su "realismo" político. Tan sólo trato de ejemplificar cómo, ineludiblemente, el ejercicio del poder hacer producir graves fisuras en el carácter "central" de la definición nacional clási-

DE LA NACION

Mi intención es comentar los recientes artículos de Javier Villanueva sobre Identidad vasca. Y vaya por delante que me parecen una muy seria aportación al debate sobre la cuestión nacional, entre otras razones porque ayudan a clarificar y protundizar en un tema en el que se han dado demasiados bandazos y no pocas ambigüedades.

Sin embargo, creo que falta señalar en su análisis un aspecto, a mi entender bastante clave, para tener una visión más completa de esta compleja cues-

Me refiero al papel central que se otorga a la Nación en los proyectos nacionalistas abertzales. Pudiera parecer obvia esta constatación, en cuanto que debería darse por supuesto que lo más importante para el nacionalismo cualquier nacionalismo- es la Nación, su Nación. Quizás sea evidente, pero no por ello debe olvidarse, especialmente si, al profundizar en esta casi tautologia, se pudieran extraer conclusiones signifi-

¿Qué quiere decir "papel central de la Nación"?

Quiere decir que para el nacionalismo en general y para el abertzale en particular, lograr su Estado-Nación constituye el final del trayecto. Lograr que la nación sea realmente una nación en cuanto que obtiene la soberanía política (capacidad plena y excluyente de autogobierno a través del Estado correspondiente) es el objetivo, el horizonte definitivo del nacionalismo (1).

Afirmar que el nacionalismo agota su discurso político en la consecución del Estado-Nación quiere decir que la Nación soberana es la fuente de la felicidad colectiva. Es la condición necesaria y, suficiente para alcanzar sus nacionaes un sereno bienestar, una convivencia armónica. La Arcadia, el final de las tinieblas es la Nación. Ciertamente, el nacionalismo no afirma que dichas maravillas aparezcan simultánea y automáticamente en el momento en el que surge la nueva Nación soberana. Pero sí afirman, y a veces muy expresamente,

Pedro Ibarra el nuevo y propio Estado-Nación generará inevitable e imparablemente, por encima de las concretas y contradictorias voluntades y deseos de los individuos, más allá de los específicos condicionamientos sociales, económicos y culturales, una comunidad libre y justa; y la plena autorealización personal de os nacionales que en ella viven.

Este discurso se sostiene otorgando a la concepción nacional una definición nacional esencialista. La Nación -en nuestro caso la Nación vasca- tiene una esencia propia y autónoma, independiente de las conciencias y actitudes específicas de las personas que en ella habitan. Y evidentemente es una esencia buena. Los valores que la componen no son indiferentes. Son positivos, y son mejores que los de otras naciones: Por

Men el momento en que la nación pueda expresar, poner en práctica, esos valores, a través del Estado, los bienes en ella contenidos -y tanto tiempo reprimidos- explotarán, y surgiendo de sí misma cubrirán -nos cubrirán- a todos. Como una lluvia benéfica, salvadora.

Admito que he forzado la imagen. Sin mala intención. Sólo para explicarme mejor. Pero otras imágenes o consignas de nuestra realidad cotidiana expresan también muy claramente esta concepción. Por ejemplo, el cartel de HB del reciente 8 de marzo, "Las mujeres tenemos alternativa", en la que la A es el logotipo de la alternativa KAS. La interpretación es literal: en el momento en que se logre la soberanía nacional (altemativa KAS) los problemas de las mujeres desaparecerán. O pintadas del tipo "KAS = Trabajo". Misma conclusión: se acabará el paro cuando la Nación vasca obtenga poder político real (2).

Ejemplos refrendados por afirmaciones programáticas. Cito textualmente:

"Para nosotros acumular tuerzas significa proyectar el programa de la alternativa (se refiere a la Alternativa KAS) a todas las problemáticas de la sociedad vasca, situando su marco de resolución en el contenido de aquella, es decir, proyectar la alternativa para conseguir

Página 13

que desde todas las problemáticas, aparezca como la única solución, la referencia obligada, mediante la movilización en torno a ella, la lucha de masas y su articulación con la lucha institucional."

Cabe hacer una valoración exclusivamente táctico-estratégico de tales ejemplos, y especialmente de la declaración transcrita. Efectivamente, se dice "aparezca como la única solución". Ello podría interpretarse en el sentido de que sólo se trata de que la gente se crea -aunque no sea verdad- que va a solucionar sus problemas en el momento en que se restablezca la soberanía nacio-

Simple apariencia para acumular fuerzas (tal como se señala en el párrafo transcrito) con el objetivo de quebrar al Estado español e inciar más tarde la ción de una Nación socialista construc- compleja, difícil

Pero creo que hay más razones para optar por una interpretación esencialista -centralista-.

Primero: nada se dice en todo el conjunto del texto de donde se ha sacado esta cita (Folleto de formación de HB) sobre el carácter exclusivamente aparente de dicha única solución, y que en tal sentido deberá explicarse al personal, más tarde, que sus problemas, después de conseguirse la Alternativa KAS, no podrán resolverse todavía. Que habrán de seguir luchando para solucionarlos. Que esta lucha deberá ser de este u otro tipo, etc. Ninguna referencia a estas cuestiones. Sólo una escueta mención en la que se afirma que UPHB, después del nuevo marco, deberá liderar "el proceso de autodeterminación • construcción del Estado Socialista lasco Independiente" (4), sin mas expll• caciones ni detalles de qué es construir el socialismo.

Segundo: me resulta muy difícil creer que HB esté engañando deliberadamente al público diciendo -y no creyéndoselo- a mujeres, trabajadores, ecologistas y jóvenes, que pasarán a mejor vida cuando se logre la Alternativa KAS. Pero me resulta ya imposible creer que tal tergiversación se presente a sus propios militantes y adherentes, a quienes va dirigido el texto citado.

Creo, en esta línea, que el conjunto del MLNV ha asumido este carácter central-esencial de la Nación (5). Aunque probablemente esta convicción sea, sin embargo, el resultado de una evolución. Ciertamente ETA, KAS y HB siempre priorizan la liberación nacional sobre a social. Pero una cosa es jerarquizar en tiempo e intensidad etapas de lucha, y otra muy distinta es derivar natural y mecánicamente la solución de los problemas sociales de los éxitos logrados en el enfrentamiento nacional. En este sentido, me atrevería a afirmar que la acumulación de fuerzas focalizada exclusivamente, a lo largo de estos últimos años, en la consecución de la Alternativa KAS, ha provocado una transformación ideológica en el seno de la izquierda abertzale. De afirmar la necesidad estratégica de un primer paso nacional, para abrir así, en mejores condiciones, una fase de lucha para modificar, bajo la óptica socialista, la realidad económica cultural, etc., a autoconvencerse del carácter esencialmente virtuoso (y, por tanto, propagador por sí mismo, de la felicidad generalizada) del deseado marco nacional propio. De necesidad a virtud (6). Sus consecuencias Me parece certeramente ajustada la crítica que se hace en los artículos que comento, a los rasgos esencialistas, unilaterales, reduccionistas y exclusivistas que se otorgan en el nacionalismo vasco a la Nación vasca. Pero añado que tales caracteres derivande su conceptualización central, tal como antes se ha descrito. Efectivamente, si se afirma que la nación tiene un potencial benéfico generador por sí mismo, mediación de los individuos que la componen, de un completo abanico de soluciones, no puede sostenerse al mismo tiempo el carácter plural, democrático e igualitario de la identidad nacional. Resulta incoherente afirmar que la nación soberana eliminará por definición todas las injusticias, y, simultáneamente, definir la nación como la confluencia de voluntades de todos y cada uno de los individuos que en ella existen, Porque resulta obvio la pluralidad existente entre tales individuos en el cómo resolver tales injusticias (y hay muchos nacionales que no tienen ninguna intención de eliminarlas). Luego existirá conflicto y lucha en el proceso postnacional de construcción de la libertad y la igualdad. Luego de automatismo, nada.

Si queremos convencer y convencernos de lo contrario; si queremos hacer creíble que la Nación, por sí sola, provoca la paz justa, hemos de otorgar a la misma virtudes propias, eternas y, por egoístas voluntades personales. por su carácter objetivo y esencialmente bueno, deberá imponerse, y se impondrá, como fuerza superior autosuficiente a los deseos e intereses -inferiores y plurales- de los individuos.

Ello nos lleva a un inexcusable efecto. Objetivizar, fijar la identidad de la Nación, para otorgarle una virtualidad superior y çentral, exige excluir. Cuestión de sentido común. Si la Nación sólo ha sido, y puede ser, de una manera, no se puede afirmar que esa manera es la que sea todos los que en Ello sería introducir el demonio pluralista y liquidar el eje central. Sólo puede haber una caracterización, una identidad, y cómo en la realidad hay varias, debe elegirse. Y, de la elección, algunos (¿muchos?) quedarán fuera.

En conclusión: reducción, unilateralidad, exclusivismo, etc., son consecuencias lógicas de la concepción central de la Nación en el nacionalismo. NacionalismoIndependentismo Y, para acabar, una breve reflexión desde la izquierda marxista. Desde este campo puede haber, y hay, varias y serias razones para avalar una opción independentista. Y no sólo estratégicas, como la de considerar que en un proceso de autodisolución del Estado y paralela puesta en pie de una sociedad protagonista, solidaria y libre de toda explotación (éste y no otro es el programa marxista) es más posible en un marco nacional no-dependiente del Estado español. También las hay de fondo. El reconocer que la construcción plural, democrática e igualitaria de una identidad nacional es un saludable ejercicio del derecho a la diferencia y por tanto es, en sí mismo, un valor (no el valor) positivo para una mejor convivencia y autorealización de los hombres; y el admitir, en esta dinámica, que difícilmente puede lograrse esta autoconstrucción sin una situación de pleno autogobierno.

Pero creo que desde un enfoque marxista debe criticarse, sin matices ni tacticismos, las definiciones centralistas esencialistas, antidemocraticas, etc.) de la Nación, inherentes a la cosmovisión nacionalista. Y así, rechazar tajantemente el discurso político que otorga al establecimiento de la Nacion Vasca la eliminación de todas nuestras frustraciones, opresiones y explotaciones. Afirmar, por el contrario, que un nuevo marco nacional vasco puede ser un camino (nuevamente un, no el exclusivo camino) para construir, lenta y complejamente, y sin ninguna certeza científica de lograrlo, una nueva sociedad li-

Nada usts. Y nada menos gobernada.