Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Euskadi: Sobre la identidad vasca

· Inprecor n.º 71, septiembre de 1989 · pp. 5-11 · 6.478 palabras

SOBRE LA

IDENTIDAD VASCA

El asunto de la identidad nacional vasca es como el Guadiana en su tramo inicial: de cuando en cuando desaparece (y aparece) pero sigue su curso aunque

Recientemente, quien más ha contribuído a que se hable de ello ha sido probablemente el Sr. Arzallus. 'Sobre todo, porque nos está recordando una y otra vez la famosa autocrítica del Arriaga que él mismo protagonizó hace poco más de un año, cuando afirmó aquello de que: "Euskadi es de todos los vas cos, y no sólo de los nacionalistas". Es también Arzallus quien suele mencionar a menudo que Txema Montero há dicho algo parecido al reconocer, en una entrevista de prensa, que "en Herri Batasuna debemos hacernos a la idea de que no somos todo el pueblo vasco".

Estas afirmaciones han sido interpretadas como un cambio notable del campo nacionalista. Lo cual es un indicio de cómo están aún las cosas. O, mejor dicho, de lo mal que han estado hasta hace bien poco. Reconocer que no es preciso ser nacionalista o abertzale para ser un vasco auténtico, para merecer la

Javier Villanueva condición de vasco-a auténtico, no deja de ser una gran perogrullada.

Pero tampoco es cosa de ponerse a repicar las campanas por ello. Si bien merced a esa matización se ha roto el binomio de vasco = nacionalista, no es mucho lo que se ha avanzado en cuanto a clarificar la propia noción de lo vas-

Buena prueba de ello es el testimonio de un columnista habitual de Egin, X. Mentaka, al comentar estas mismas cosas a primeros de enero de este año. Tras alegrarse de que por fin el PNV haya reconocido "lo que nunca admitió, que un comunista, un socialista, marxista, un iconoclasta, un anarquista, un luterano, o un punki, pudieran ser auténticamente vascos", se lamenta de que no haya ido más lejos el PNV, de que no haya clarificado la pregunta más importante y diferenciadora: "¿es auténticamente vasco un nacionalista español?". No sé si habrá advertido su autor lo inquietante de esa interrogación. Es más, casi se puede dar por seguro que no tiene voluntad tal vez de decir lo que dice. Pero lo cierto es que consigue desandar el camino andado al formular esa pregunta. Pues, aparte de volver a distinguir entre vascos auténticos y los que no lo son, confirma que lo vasco no puede concebirse sin la necesidad de unas muletas, en este caso ideológicas, en otros lingüísticas, etc.

Otro testimonio que arroja algunas sombras sobre este asunto se encuentra en la declaración de la coordinadora de sacerdotes de Euskal Herria (Euskal Apaizen Koordinakundea Mintzo) publicada en Egin el pasado 29 de diciembre, cuando se afirma del euskara que es un derecho y un deber "entre todos los vascos y los que con nosotros viven y trabajan". En dicho texto no se va más allá, no se define qué es lo uno y qué es lo otro, esto es, quiénes son vascos y quiénes no lo son pese al hecho de vivir y trabajar en Euskadi. Pero el mero hecho de trazar tal distinción a estas alturas, salvo que se refiera a los residentes ocasionales o salvo que se trate de un error involuntario en la transcripción

¿no es ya suficientemente ilustrativo e inquietante?

La prueba más contundente, empero, de los límites de la autocrítica del Arriaaa procede paradójicamente del propic PNV. Primero, porque el programa de PNV, que se ratificó precisamente en el teatro Arnaga de Bilbao hace un año, "Nacionalismo para el año 2.000", traza una definición sumamente problemática de quiénes son vascos: "todos aquellos que han optado por ser vascos, se hallan o desean integrarse en nuestro puoblo y lo conforman, identificándose con su ser y con su futuro" (pág. 39). Y, segundo, porque el PNV reprodujo entera-

Página 6

NOTAS:

(1). Me apoyo. especialmente autores como Mañaricúa, Caro Baroja o Mitxelena, de los que no puede decirse que vean las cosas vascas con orejeras antivascas o españolizantes. Y especialmente en Mitxelena, que trató este asunto en un excelente artículo hace no mucho: Los vascos y su nombre (1984).

(2). Así, por ejemplo, los vascones, várdulos, caristios y autrigones de los textos latinos y griegos; los navarros, guipuzcoanos, ses y vizcaínos, de las crónicas medievales;

la distinción de las tres provincias vascongadas que se pone de moda en siglos posteriores. E incluso mediante la generalización de un término particular, "vizcaíno", para designar a todo el pueblo vasco de un lado y otro del Pirineo, término que prevaleció durante mucho tiempo en la larga época moderna. (3). Según indica Mitxelena, este término procede del latín, probablemente a través de la lengua occitana. Va extendiéndose en Euskadi de norte a sur. En los siglos XVI y XVII tenía un sentido restringido: sexta merindad navarra". Pero, posteriormente, se va extendiendo y se impone en todo el territorio para designar en francés o en castellano tanto el territorio, el País Vasco, como sus naturales, los vascos y vascas, y lo que les es propio, lo vasco, las cosas vascas. (4). El historiador Andrés de Mañaricúa aporta un curioso testimonio personal acerca de la presencia contemporánea de tales distinciones "en el pueblo de habla vasca. Hace unos años llegué a tomar posesión de destino a un pueblo alavés situado en la frontera entonces de los dominios lingüísticos vasco y castellano. Me preguntaron, ¿es usted vascongado? Sabían que era vizcaíno; querían averiguar si sabía vascuence". Guipuzcoa y Vizcaya a la luz de su historia", pág. 25. Pero no deja de ser curioso que el mismo Manaricúa, unas pocas páginas antes, suscriba -sin aportar nada que confirme tal afirmación- la idea aquí criticada de que los vascos ancestrales se autodenominaron en virtud de la lengua que hablaban: euskaldunak y Euskal Herria. ¡También los historiadores tienen sus momentos de bajón profesio(5). Esto ocurre con las denominaciones, universalmente aceptadas, de muchos pueblos, cuyo origen no sólo se va borrando con el tiempo sino que, a veces, ni siquiera se conoce, o es totalmente arbitrario como, por ejemplo, ocurre con los rusos. Hoy, nadie tiene en cuenta que inicialmente el término rusos designaba a unos rubios suecos ("rhos": los remeros) que pululaban por aquellas tierras eslavas:

mente dicha definición en un manifiesto público con motivo del Aberri Eguna 88, esto es, apenas cuatro meses después de la dichosa autocrítica del Arriaga.

A la vista de tales testimonios, se impone por tanto una doble conclusión.

Por un lado, que algo se está moviendo

(y avanzando) en el terreno de las definiciones nacionalistas sobre la identidad vasca, tal vez porque se presiente que no encajan debidamente con la realidad.

Por otra parte, que ese movimiento es bastante limitado todavía, amén de vacilante y contradictorio pues no acaba de arrojar suficiente luz sobre las preguntas cruciales: qué se entiende por lo vasco, quiénes conforman el pueblo vasco. Si ya no hace falta ser nacionalista para merecer la condición de vasco, ¿qué significa esa exigencia de "optar por ser vasco"?; y ¿quién decide en qué consiste eso de "identificarse con su ser"?; y ¿quién otorga la condición de vascos a unas personas y se la retira a otras en virtud de que sólo "viven y trabajan con nosotros" pero no son vascas por lo vis-

Hay demasiadas preguntas y encierran interrogantes demasiado inquietantes todavía como para que se menosprecien estas cosas. Cuando menos, a la vista está que es un asunto nada trasnochado y todavía muy controvertido esto de la identidad vasca. Y que tiene en la actualidad más miga de lo que parece a primera vista. Mirando hacia atrás: la historia como argumento De tener en cuenta lo que nos dicen algunos con una rotundidad absoluta, el problema de la identidad vasca está ya resuelto desde hace muchos siglos; desde que los vascos tuvieron conciencia en tiempos remotos de poseer una lengua y un territorio lingüístico, razón por la que se llamaron a sí mismos en su propia lengua precisamente -según nos dicen- el país del euskara, Euskal Herria, y los que tienen el euskara, eus-

La pega de esta afirmación (que está de moda desde los años de la transición postiranquista, especialmente quierda abertzale) es que no está confirmada suficientemente, sino todo lo contrario, por los testimonios históricos que poseemos hasta la fecha. Al menos si vale para algo la investigación crítica de los científicos, lingüistas, filólogos, historiadores, antropólogos, arqueólogos... que han examinado lo que puede decirse con rigor a este respecto (1).

Repasando nuestra historia, lo primeque llama la atención es que de sobra afirmaciones tan rotundas sobre estas cosas, ya que no hay noticia documentada de la existencia de un nombre indiscutido e invariable, ni en euskara ni en romance, para designar a las gentes de este país vasco (y que fuera el equivalente de los términos vas-

'cos-vasco-vasca utilizados actualmen-

Es más, la mayor parte de los nombres utilizados para designar a nuestros antepasados, proceden de fuera, de cómo les han visto y denominado otras gentes. Y, además de provenir del exterior, resaltan curiosamente lo que los distingue entre sí y no lo común a todos

Por contra, no está documentada la existencia de un nombre común mediante el cual se manifieste su autorreconocimiento, hasta que se extiende y acepta en época ya bastante reciente el término castellano o francés vasco/basque (3). Justamente por esta razón, fué Sabin Arana quien intentó cubrir la carencia en euskara de un término equivalente mediante la creación de los neologismos. euzkotar (vasco) y Euzkadi (la colectividad de los vascos), a fines del si-

La afirmación, por otra parte, de que histórico y nacional del País (según reza el diccionario de Kintana) no tiene suficiente apoyo documental. Lo cual llama la atención poderosamente, pues es bien raro que lo histórico y popular dejen una huella tan exigua.

Está comprobado que nuestros antepasados tuvieron una conciencia clara de poseer una peculiaridad lingüística, el euskara, distinta de todas las demás lenguas vecinas. Y está confirmada, asímismo, la conciencia de una cierta comunidad (lingüística) entre los hablantes del euskara. Prueba de ambas cosas es la existencia del término erdara y su derivado erdalduna, para designar a la lengua no vasca en general y a los que no hablaban el euskara, presentes en documentos medievales navarros.

Pero tan cierto como lo anterior es que los vascos de la época medieval y de la época moderna tuvieron igualmente una clara noción de la existencia de una diversidad lingüística en su seno.

Así, en la Navarra medieval y de los siglos posteriores hay una distinción clara entre los bascongados (hablantes del euskara) y los romanzados (hablantes del romance navarro, primero, luego absorbido por el castellano), pero no consta que esa distinción acarrease el que unos u otros fueran menos navarros. Y lo mismo sucede en Alava o en Vizcaya, donde también se distingue a los bascongados y a los latinados sin que ello suponga prima (o merma) alguna a su condición de vizcaí-

Por idéntica razón, el término euskaldunak (o su equivalente durante mucho tiempo en romance, el término bascongado) tiene un contenido neutro, estrictamente linguistico, y durante un montón de siglos carece expresamente de las connotaciones étnicas o políticas que algunos pretenden otorgarle (proyectan-

Página 7

do sus deseos actuales a las realidades de entonces) (4). Es cierto que hay algunos escritores de parralde que parten de la igualdad entre lo euskaldun y lo vasco, pero según Mitxelena son una excepción; y, además, cuando utilizan ese término, euskaldunak, no se ocupan más que de una parte, sólo del país que no comprendía Bayona, Anglet, etc., según matiza.

Mirando pues hacia atrás salta a la vista lo mucho que hace falta violentar la historia para que encaje dicha noción (me refiero a la autodefinición lingüístico-territorial, Euskal Herria) en un pueblo real tan invertebrado y tan consciente de su diversidad linguística como el pueblo vasco de antaño. Con la historia en la mano, ni se puede fundamentar esa noción en el sentido en que se pretende, ni tampoco es demostrable siquiera que la parte de los vascos que podían autoidentificarse como euskaldunes usaran el término Euskal Herria de una forma generalizada para designar su evidente comunidad lingüística.

Toda esta disgresión histórica viene a

NISTA

cuento de un asunto sólamente: poner en solfa algunas argumentaciones que acompañan a los términos Euskal Herria/euskaldunak.

Un servidor no cuestiona ese juego de nombres. En absoluto. Entre otras muchas y contundentes razones, por un par de ellas. Primera; porque ambos términos encierran una verdad incuestionable: la vinculación de esta tierra y de sus habitantes con el euskara. Y segunda, porque Euskal Herria es un nombre universalmente aceptado por la población vasca en la actualidad (mientras hace noventa años competía con los términos Euskaria, Euzkadi, País Vasco-Navarro, etc.), junto al término Euskadi.

Es más, hoy en día puede decirse que tiene un sentido más amplio y más indeterminado que el estríctamente lingüístico. Es una forma de llamar al País Vasco que, si bien tiene un inicial contenido lingüístico -conocido para algunos y desconocido para otros-está adquiriendo un uso más aséptico, debido a una cierta difuminación de su acepción original (5).

Unicamente cuestiono, por consiguiente, la supuesta autoridad histórica que se pretende otorgarle al término Euskal Herria. Y lo hago, por otra parte, con la plena conciencia de que la argumentación con que se respalda y su verdadera motivación no pertenecen al campo de la historia. Tras la apariencia de una discusión de tipo histórico, que hay en realidad es una necesidad de acudir a la historia (y manipularla) para dirimir un problema político del presente.

Por eso conviene centrar la mirada en el problema político actual de la identidad nacional vasca. Pues, en definitiva, es la existencia de ese problema lo que ha motivado en algunos la necesidad de inventarse su historia particular del pueblo vasco. De manera que han acudido a la historia para dar más fuerza a la posición que ya tienen sobre el presente de la identidad vasca y sobre su futuro. Un lío de términos y de contenidos Los propios términos que usamos habitualmente para referimos al asunto de la identidad son ambiguos. Así, por ejemplo, el término vasco se aplica indistintamente a las personas y al idioma, según el diccionario. Pero ambas acepciones no tienen por qué ir juntas necesariamente. Cuando el diario Egin menciona a los futbolistas vascos, no se está refiriendo a los que son euskaldunes únicamente sino que incluye en ese lote, adémas, a los Valverde, López Ufarte, etc. En dicho caso tiene una acepción bastante amplia, por tanto; no sólo no implica un contenido lingüístico, sino que ni siquiera requiere el haber nacido aquí. Cuando nos referimos, sin embargo, a la lengua vasca o a los vascófonos, es obvio que el mismo término tiene una acepción distinta y que se emplea en estos casos para denominar al euskara y a sus hablantes.

En euskara, como ya dije, hay un par de términos bien precisos para distinguir los hablantes del euskara de los otras lenguas. Pero no hay un término equivalente al de vasco/vasca que sea indiscutible y esté universalmente aceptado. Cuando se utilizan palabras compuestas con el neologismo eusko está claro que tienen ese mismo amplio sentido que abarca a todas las gentes vascas o a todo lo vasco. Así, por ejemplo, nadie piensa en que los trenes de Éusko Trenbideak hablen euskara o que sean sólo para los euskaldunes. Pero otras gentes son partidarias de usar en su lugar el termino euskal y de utilizaro en un sentido distinto, más restrictivo. Quienes hablan de la euskal prentsa no creo que se refieran a El Diano Vasco o a El Correo Español, ni creo que estén pensando en el baloncesto quienes solicitan subvenciones para impulsar los euskal kirolak (nota: deporte vasco).

Página 8

(6). Durante 1988, esta discusión ha aparecido en no pocas ocasiones en los medios de comunicación. La Palma se la lleva, de todas formas, un artículo de Paulo Iztueta en Argia (1206 zbk/88-VII-10), en el que se afirmaba que ios Pío Baroja, Unamuno, Campión o Julio Urquijo no hicieron cultura vasca cuando escribieron sobre temas vascos en castellano; negaba asímismo que la estén haciendo hoy en día escultores como Chillida y Oteiza, por no ser euskaldunes en ambos casos, y sostiene, incluso, que los trabajos de investi gación realizados en erdara por escritores euskaldunes como Koldo Mitxelena o Resurrección María de Azkue tampoco deben ser considerados, en rigor, como aportaciones a (7). A comienzos de este siglo, Bilbao es una ciudad compuesta ya por un 50% de personas nacidas fuera de Euskadi, y ese porcentaje es ampliamente superado en la zona minera y fabril de la margen izquierda, donde la población se triplica en pocos años. En los años sesenta, hay otra explosión demográfica vinculada a la llegada, en unos quince años, de aproximadamente medio millón de personas, que se distribuyen por todo el territorio de Euskadi sur.

En ocasiones, la ambiguedad del término vasco puede despejarse a la luz del contexto en el cual se emplea. Pero eso no basta, frecuentemente, ya que su uso conlleva, además, una fuerte ideologización añadida. En cuyo caso, los términos ya no son ambiguos solaa) Todavía reina una considerable confusión cuando se habla de literatura o si se requiere restrictivamente una determinada condición lingüística (sólo en euskara), o ajustarse a una temática supuestamente autóctona...

b) Aunque el castellano y el francés son las lenguas maternas del 75% aproximadamente de la población, es un escándalo en determinados medios considerarlos como lenguas propias del pueblo vasco, junto al euskara y, en ese sentido, como lenguas también nacionales paradójicamente, en lugar de descalificarlas como lenguas invasoras; todavía parece de sentido común (?) tacharlas, cuando menos, de lenguas extrañas c) Hace unos meses, Xabier Arzallus lanzó una andanada de grueso calibre contra el concepto sociológico de lo vasco (según él, esa definición popularizada en la acción antifranquista que considera vascos a los hombres y mujeres que viven y trabajan en Euskadi) y abogaba por la exigencia de un requisito fundamental: el sentirse vasco, el identificarse con el ser vasco.

d) Si bien no siempre se explicita de una forma concreta, es muy frecuente la necesidad de adjetivar lo vasco con alguna muleta añadida; así, por ejemplo, lo vasco auténtico (lo cual sugiere, dicho sea de paso, la existencia de un código para distinguir lo auténtico de lo que no lo es y de unos guardianes que custodian el secreto de lo vasco). La identidad, un concepto resbaladizo De acuerdo con el diccionario de María Moliner, identidad es idéntico. En lenguaje matemático, es una igualdad que se verifica siempre. Y, aplicado a las personas, la certificación de que (una persona) es efectivamente la que dice ser. Reflexionando sobre su origen etimológico latino, Caro Baroja indica que identidad equivale a repetición, igualdad, invariabilidad, tanto referido a personas como a colectivos humanos. Según Casares, en el grupo de palabras afines a identidad se encuentran tales como igualdad, unidad, semejanza, homogeneidad, uniformidad, coincidencia, etc.

Atribuído a las personas, es un concepto resbaladizo, pues no está claro que uno sea idéntico a sí mismo a lo largo de toda su vida. Sólo lo es en un sentido muy relativo; y siempre y cuando se tenga en cuenta que hombres y mujeres somos seres en contínua mutación desde casi todos los puntos de vista. Pero más resbaladizo es aún aplicado a los colectivos humanos, a los pueblos, a las llamadas comunidades etni-

Por lo que puede saberse y hasta donde se pierde el rastro del miento, el cruce de sangre y la mezcla de culturas es la pauta seguida por la humanidad desde hace unos cuantos milenios; de manera que hoy está absolutamente desautorizado por la ciencia el concepto de una raza originaria, totalmente aislada de otras y sin mezcla alguna. El propio euskara es un buen testigo de la validez de esta afirmación en lo que hace a los antepasados nuestros que vivieron en estas mismas tierras. Y está de más recordar que el mestizaje del pueblo vasco se ha disparado en el último siglo con la industrialización de

Por otra parte, es obvio que el cáso

vasco es un ejemplo notable de reproducción a través de los siglos de una lengua, la única conocida de las civilizaciones preindoeuropeas por estas latitudes, y de una cierta comunidad humana o sociedad o pueblo o como se quiera llamar. Pero, debido a varios factores -entre otros, el propio condicionamiento geográfico y climático tan distinto o la existencia de áreas más intensamente influenciadas por la mezcla de gentes y culturas-, ya antes incluso de la romanisociedad vascona contenía una diversidad que se fue incrementando a lo largo de los siglos posteriores y

. diferente evolución lingüística de las partes meridionales y

El problema estriba, por consiguiente, en la dificultad de aplicar el concepto de identidad a pueblos como el nuestro, y en general a la inmensa mayoría de pueblos, que contienen dosis elevadas de diversidad, de mezcla, de evolución dispar, etc. Siendo así realmente, no ha de extrañar que sea una empresa ardua encontrar la identidad de los hombres y mujeres vascos, esto es, lo que les convierte en iguales, semejantes, homogé-

Tal vez por la imposibilidad de resolver ese asunto de un modo convincente, el concepto de identidad tiene, entre acordes con el contenido estricto de la

Así, por ejemplo, suele reducirse su contenido a lo que resulta más diferenciador respecto a otros pueblos. Lo cual

Página 9

nos da una idea bien estrecha de la identidad. De aplicarla al caso cubano, resultaría la paradoja de que el castellano no es un signo de su identidad por no ser suficientemente diferenciador y tratarse de una lengua compartida con bastantes pueblos americanos.

Otro uso o abuso muy corriente en estas tierras es la confusión, al hablar de la identidad, de análisis y proyectos, de realidades y deseos. Casi toda la literatura nacionalista, cuando dice que el pueblo vasco es esto o aquello, está claro que no pretende retratar la realidad del pueblo vasco tal cual es, sino que -proyectando su ideología y sus deseos- la define por lo que le gustaría que fuese, tal y como desea poder configurarla algún dia. Los problemas de la definición vasca Hace un siglo que Sabino Arana codificó de un modo preciso, en los siguientes cinco rasgos, la identidad nacional vasca:

1).- una raza pura, que debe preservarse de cualquier mezcla;

2).- la religión católica, Jaungoikoa (nota: Dios, literalmente "El señor de lo alto");

3).- lege zarrak, las viejas leyes;

4).- el euskara, su lengua ancestral, y 5).- los usos y costrumbres tradicionales.

LOs apellidos estrictamente vascos, sin huella de mezclas extrañas, el euskara, el catolicismo y el tradicionalismo eran, por consiguiente, las señas de identidad que componían la figura del vasco auténtico o del buen vasco. A lo que se añadía una identificación con el proyecto abertzale de hacer de Euskadi la patria de los vascos (o mejor, de los euzkotarras, esto es, de aquellos que cumplían los requisitos del vasco auténtico).

Hoy en día esta definición se ha depurado notablemente de algunos de sus contenidos más chocantes. Ya no desoierta los ecos racistas de antaño. Se ha laicizado por otra parte. Y está modernizándose a marchas forzadas, impulsos de una sociedad que se ha urbanizado y modernizado riamente en las últimas décadas.

En la actualidad, tras el proceso depurativo mencionado, el meollo de la identidad vasca reposa -para la generalidad del mundo nacionalista- en la existencia de una lengua, el euskara, y de un territorio, Euskalerria, vinculado a dicha lengua desde tiempos inmemoriales. El euskara es lo que le ha dado el distintivo de vasco a este pueblo a lo largo del tiempo. Y lo que le da hoy su identidad. Por eso, suele decirse a menudo en tales medios que la desaparición del euskara supondría el genocidio o desaparición del pueblo vasco.

Esta nueva codificación suaviza, claro está, los problemas contenidos en propuesta por Sabino Arana. Pero, si se mira bien, asimismo es harto problemáti-

Por un lado, comparte al cien por cien el exclusivismo y el esencialismo de la definición sabiniana. Esto es, sigue siendo una definición excluyente, que vale sólo para una parte (hoy minoritaria) de la población: para los euskaldunes; los demás quedan fuera. Y es esencialista, porque entraña la noción de unas esencias inalterables al paso del tiempo e independiente de la voluntad humana -la lengua y su espacio territorial- en las que reposa el ser vasco y que lo reproducen a su vez de generación en gene-

Pero hay otros problemas ademas

Es una definición arbitraria y reduccionista. De los muchos rasgos que podrían mencionarse, se ha elegido arbitrariamente lo que es más diferenciador, el euskara, aunque no sea realmente algo común y distintivo de todos los hombres y mujeres del país.

Queda claro, de otra parte, que sigue vinculada a una noción maniquea bastante religiosa, en el fondo) de vasco, todavía prisionera de la distinción de lo auténtico vasco, entre el buen vasco y el mal vasco, distinción que ha sido de disparates de cualquier tipo en la historia de tantos pueblos.

Dado que representa un tema crucial de la existencia nacional, va de suyo cuán dificilmente evitable es que no implique una idea absoluta y cerrada. La identidad nacional así definida es como un espejo en el que deben mirarse todos los ciudadanos y ciudadanas para confirmar si refleja o no el código establecido. Así como hay una única madre a la que se debe guardar fidelidad toda la vida, no puede darse mas que una única identidad y lealtad nacional.

Está, en fin, el hecho inquietante de que en la práctica hace falta, además, un requisito complementario para cumplir con lo codificado. Al margen de cómo se formule, sólo se adquiere plenamente la identidad vasca cuando es reconocido el abertzalismo de una persona por quienes están para acreditar esa condición en nuestra

Más allá de la crítica a las diversas formulaciones habidas en el último siglo, es preciso interrogarse sobre el por qué de ese problema de la identidad colecti-

¿Por qué surge? ¿En qué circunstancias o cuándo tiene lugar? ¿Quien lo plantea y con qué representatividad social? Y, sobre todo, tal vez la pregunta que permite penetrar más en el meollo del asunto: ¿cuál es, cuál ha sido la significación social de este problema?

La respuesta a todas estas interrogantes nos proporciona una información sustancial acerca del valor real de este asunto de la identidad nacional. Como en tantas otras cosas y ocasiones, hay que tener en cuenta no sólo lo que se dice sino, sobre todo, su dimensión práctica en la sociedad: a qué responde en general la reivindicación de una identidad nacional y qué movimiento social genera dicha reivindicación. La identidad y sus circunstancias La caracterización de la identidad vasca comienza a plantearse ya hace varios siglos, de la mano de algunos escritores del país, como Garibay o Larramendi, que cultivan la apologia del euskara y de los fueros. En el siglo pasado se convierte en uno de los temas centrales de la literatura fuerista, en autores como el vizcaíno Trueba, los navarros Iturralde y Suit, Campión y Navarro Villoslada, etc. La doble derrota en las dos guerras carlistas y la pérdida del sistema foral (aunque en Navarra pudo pervivir cercenado con la Ley Paccionada de 1841) son acontecimientos que motivan la mayor preocupación por la caracterización del país vasco. Sin embargo, hay que esperar a Sabino Arana para que lo relativo a la identidad vasca adquiera un planteamiento expresamente político y nacional: la reivindicación de una política nacionalista que haga posible la supervivencia de un pueblo diferenciado, pues está agonizando, y la plena restauración de sus peculiaridades.

En los últimos cien años ha habido dos instantes cruciales en la formulación de la identidad vasca. El primero es el que da lugar a la vida y obra de Sabino Arana, el momento fundacional, a finales del siglo pasado. El segundo tiene lugar hace treinta años y está protagonizado por la regeneración nacionalista que supone la aparición de ETA.

Dejando de lado las diferencias entre uno y otro, atendiendo sólo a lo que tienen en común, ambos momentos presentan un conjunto de circunstancias a).- Un cambio demográfico, debido principalmente a la recepción de personas emigrantes nacidas fuera de Euskadi (7).

b).- El cambio de la estructura social derivado de la industrialización del país y de la asalariamiento-proletarización de la mayoría de sus habitantes.

c).- Un cambio cultural; entra en crisis la vieja sociedad agraria; la población cambia de hábitos; se produce un gran mestizaje cultural.

d).- Aceleración del proceso de sustitución del euskara por el castellano y, especialmente, de los nuevos fenómenos culturales, como la generalización de la enseñanza y de los medios de comunicación; el euskara retrocede en extensión territorial y, sobre todo, en su valor social.

Página 10

(8). A la salida de las dos dictaduras habidas en este siglo, se repite también una situación en la que lo relativo a la identidad nacional está en el primer plano. En ambos casos, ese fenómeno está unido a las expectativas suscitadas por el cambio político. (9). Las causas de estos tres datos son complejas y multilaterales. Está claro que guardan relación con el comportamiento histórico de las propias clases dominantes vascas o con la intervención opresora del Estado español, pero no pueden reducirse únicamente a ambas cosas.

e).- La carencia de un poder político para afrontar esta avalancha de proble-

Lo común, por consiguiente, ›as épocas es una situación de crisis global de la comunidad vasca (8). En poco tiempo, se ve sacudida por tuertes transformaciones y se crea un problema real de identidad que afecta al conjunto de la sociedad. Se sabe lo que antes la definía (según los autores dos), pero precisa de una nueva defini

Con tanto cambio, ya no se sabe bien lo que es.

Habida cuenta de las circunstancias concretas, no ha de extrañar que la formulación de la identidad vasca tenga en ambas crisis un tinte agónico. No puede ser de otra forma, porque el primer mensaje de choque es una advertencia gustiada sobre el hecho de que este esapareciendo las peculiaridades o País Vasco con el tiempo, esa vivencia se v temperando debido, sin duda, a que sobrevienen después circunstancias menos dramáticas para la identidad reivindicada. Pero, en cualquier caso, la definición de la identidad vasca se construye en oposición a las innovaciones de la modernidad que diluyen las peculiaridades propias: así, en la crisis de hace un siglo se reivindican las lege zarrak por oposición al cambio cultural y de costumbres, y se invoca la religion Jaungoikoa, frente a la secularizacior de la vida; mientras que en la del franquismo se pone el acento en la reivindicación del euskara frente a la castellanización creciente, y en la vasquización frente a la invasión de lo español. Los árboles y el bosque La crítica a las definiciones excluyentes y reduccionistas de la identidad nacional es casi un lugar común en las definicio nes tradicionales de las corrientes marx. istas y liberales vascas. Hay en ambas un fuerte acento crítico, sin duda muy necesario. Pero, junto a ello, no siempre se puede decir, en su caso, que los árboles permitan ver el bosque.

En mi opinión, el bosque es la doble función práctica que la reivindicación de la identidad nacional ha cubierto y cubre en la sociedad vasca.

Lo primero a tener en cuenta, a este respecto, es que se trata de una definición ideológica, en el sentido de que expresa en realidad una voluntad, unos fines deseados, unos valores instrumentales para conseguirlos...

La identidad nacional se ha formulado como reacción ante una amenaza real de desaparición de lo que se entiende como pueblo. Y se ha hecho en un pueblo pequeño, y en nombre de lo que está aminorándose en su seno a marchas forzadas. No es el caso de la identidad alemana o francesa, o italiana, o inglesa, o española... vinculadas todas ellas a procesos expansivos. sa ratado untad deiensa de expresar una voluntad defensiva. creción práctica inmediata ha sido y es la solicitud de un esfuerzo colectivo para mantener sus peculiaridades, frenar la desvasquización, detener en particular la caída del euskara, etc.

Hoy mismo, aunque la retórica al uso contiene además otros significados (por ejemplo, la idea implícita de que sólo tiene legitimidad nacional el euskara, presente en consignas tan populares como "euskaraz eta kitto" (nota: en euskara y punto) o "Euskal Herrian euskaraz" (nota: En Euskalerria en euskara"), me parece evidente que la función práctica principal de esas mismas consignas es más limitada y consiste simplemente en apoyar al euskara, defenderlo frente a las inercias castellanizantes, legitimar su uso social sin más...(bien lejos todo ello de otras metas más ambiciosas que están también expresadas en la letra de lo que se dice y en la intención subjetiva de quien lo dice).

Por otra parte, la formulación de la identidad nacional que ha efectuado en concreto el campo nacionalista vasco, desde Sabino Arana a ETA, ha jugadoun papel decisivo en la lucha por la configuración del poder en Euskadi. Esto es lo segundo a tener en cuenta, ya que pocas veces se explicita abiertamente y lo normal es que esta otra función práctica quede solapada.

Resulta bastante complicado hacer un balance de la importancia práctica de una y otra. De cualquier manera, creo que puede ser válida la idea de que la primera función, eminentemente defensiva, ha sido determinante hasta la fecha y a lo largo de todo el siglo, mientras que la segunda está cobrando mayor relevancia en los últimos años, desde la salida del franquismo.

En la actualidad mantiene, en mi opinión, un valor doble y contradictorio. Por un lado, sigue reflejando en la práctica un impulso defensivo, especialmente frente a las tendencias castellanizantes. Pero en otro sentido, sanciona y refuerza la superioridad de una parte de la población, por razones de lengua e ideología, en la lucha por el poder.

Mientras lo vasco sea definido de una manera unilateral y reduccionista, sectores que responden a esa definición o se identifican con ella resultan beneficiados socialmente so capa de defender la identidad nacional. De manera que todo el asunto este de la identidad nacional es una magnífica inversión para el ascenso político y social de esa parte de la población; especialmente para sus mediadores profesionales, claro está, pues son los primeros a la hora del reparto.

¿Es posible formular de otra manera todo lo relativo a la identidad nacional, de modo que se sorteen los peligros de

Página 11

la definición nacionalista vasca sin incurrir en su contrario, en reforzar consciente o inconscientemente la definición españolista? Otro planteamiento En mi opinión, es posible hacerlo. Es más, es preciso realizar expresamente un gran esfuerzo para descontaminar la posición abertzale tradicional y depurara de los contenidos unilaterales, reduccionistas, etc., que he señalado lado y criticado anteriormente en este artículo.

creo que es válida la imagen de un Ulises que trata de alejar su barco, mediante un esfuerzo titánico, tanto del peligro de Escila como del de Caribdis. No porque uno y otro peligro sean iguales, que no lo son, sino porque ambos hacen zozobrar su barco.

Para realizar otro planteamiento distinto, lo primero es constatar y ordenar los datos del problema de la identidad. Son tres, sustancialmente:

a).- La debilidad de algunos elementos característicos del pueblo vasco, en concreto del euskara y de la cultura euskaldun, en la actualidad minoritarios en el conjunto de Euskadi.

b).- La existencia de una amenaza real de estancamiento e incluso de incremento de dicha debilidad.

c).- La pluralidad o diversidad lingüística y cultural del pueblo vasco real (9).

En segundo lugar, se impone una valoración de esa realidad desde una ideología o voluntad transformadora, antiopresiva, igualitarista, comunista, etc. (no hace falta recordar que siempre se hacen las valoraciones desde otros valores previamente seleccionados). En este caso se imponen, por consiguiente, dos proposiciones negativas o dos críticas de la realidad. Una, la de no admitir la lógica laminadora y uniformadora que ha supuesto el desarrollo de la modernidad realizada históricamente por el Estado capitalista español. Otra, la de estar en contra de la situación de desigualdad y marginación en que se encuentra hoy el euskara y la cultura euskaldun. Ambas cosas significan, desde luego, la no aceptación de la lógica de los hechos consumados. Si la historia nos ha dejado una mala herencia, está en nuestra mano la posibilidad de rectifi-

Lo tercero es introducir otra manera de afrontar los asuntos de la identidad nacional. Hay que entenderla no sólo como la respuesta a una agresión exterior sino también como la expresión de un conflicto interior del propio pueblo yaco codo a re do un por ana, realmente. de huir, por tanto, de la tentación de encerrar toda esa diversidad en un código de identidad, cosa imposible y que siempre conduce a formulaciones excluyentes y reduccionistas cuando se codifica. Se trata de huir, asímismo, de esa vivencia religiosa de la identidad, auténtica heredera de aquel planteamiento intolerante, vigente hace unos siglos en la sociedad vasca, de exigir la pureza de sangre, que irremediablemente desemboca en una dialéctica maniquea de los buenos y los malos vascos.

Por resumirlo en una idea, se trata de concebir la identidad colectiva de una manera más relativizada, cosa obligada siempre que se parta del pueblo real.

En cuarto lugar, hay que ir desterrando por completo la pretensión de encontrar la esencia de lo vasco. Vascos y vascas son las personas que viven de una manera estable en Euskadi. En un sentido político, debe ser un valor estrictamente igualitario: todos esos hombres y mujeres son igualmente ciudadanos vascos. En un sentido más general, debe ser un valor neutro, abierto a múltiples especificaciones de sexo, ideología, posición social, condición física, etc Mientras que en un sentido cultural ha de encerrar un contenido por fuerza diverso e irreductible. Dentro de ese contenido está el euskara, desde luego, con un valor real y simbólico muy especial. Pero ni es la esencia del ser vasco, ni

Yanzand

EUSKARE

gelreganatu/

euskal bahitu politiroes

puede reducirse lo vasco al euskara y a la cultura euskaldun.

En quinto lugar, un rasgo distintivo de la identidad nacional que está por construir es que el euskara llegue a ser un patrimonio individual de todos los hombres y mujeres de la sociedad vasca del futuro. Lo que exige trabajar ya desde las generaciones actuales es algo que favorece la comunicación entre las clases trabajadoras vascas, es coherente con la utopía igualitarista y merece la pena luchar por ello.

Es imprescindible incluir, por último, la necesidad de reflexionar expresamente sobre los problemas que acarrea un enfoque estatalista de la identidad colectiva. Aun reconociendo que es fácil enunciarlo pero bastante más complicado el realizarlo, mientras este mundo traidor siga rigiéndose por la ley del más fuerte, pienso que hay que huir del mimetismo estatalista que han introducido los Estados nacionales -codificando y vallando la identidad como si fuera una finca privada- en todas las luchas de liberación nacional en general. O