OBRERO TRADICIONAL?
pronunciado por el historiador marxista Eric Hobswawn en ocasión de un acto de homenaje. Hobsbawn es autor de una amplísima obra, en gran parte y felizmente traducida al castellano, en la que ha estudiado especialmente las diversas expresiones y movimientos rebeldes precapitalistas y los orígenes de la clase obrera. El respeto que merece su
Hemos creído interesante dar a conocer este texto, que tiene un cierto tono de testamento, y que nos parece significativo de una visión de los.
problemas de la crisis actual sobre la base de la tradición marxista de
Nos encontramos con que 125 años después de Lasalle y 100 desde la fundación de la Segunda Internacional, los partidos socialistas y obreros se encuentran desorientados sobre el rumbo que tomar. En cualquier reunión de socialistas abundan las preguntas sobre el futuro de nuestro movimiento. Aunque creo que tales cuestionamientos están perfectamente justificados, también creo que deben extenderse a todos los demás partidos ya que se encuentran en posición similar.
¿Quién sabe que nos deparará el futuro? Es más, aparte de los musulmanes, cristianos o judíos, y otros fanáticos irracionales cuyo número se incrementa día a día ya que parece sér que la fe ciega es una de las pocas cosas fiables en un mundo que ha perdido el norte, ¿quién realmente lo sabe? ¿Saben lo que les espera en EEUU, donde están perseguidos por el fantasma del declive económico y político? ¿Lo saben acaso en Roma, donde a pesar de sus esfuerzos la iglesia católica se tambalea por momentos? ¿Lo saben en Jerusalén, en donde el sueño de liberación nacional judío se desvanece bajo las porras de los soldados israelíes?
El que no lo sepan en Moscú y, que, además ni siguiera finjan saberlo parece bastante obvio. Sin embargo, en la era Gorbachov, están ocurriendo cosas que habían sido declaradas imposibles por varias generaciones de apologetas de la guerra fría, a partir de sus teorías sobre el totalitarismo; esto demuestra que incluso los intelectuales e ideólogos de la guerra fría han llegado al final de su ca llejón sin salida
¿Quizás lo saben los economistas, verdaderos teólogos de nuestro tiempo disfrazados de expertos técnicos? Obviamente no. ¡Qué poco se oye hablar de monetarismo, cuando todavía a principios de los 80 dominaba el pensamiento económico de los gobiernos conservadores! ¿Cuándo fue la última vez que la Sra. Thatcher mentó los nombres de Friedman o Hayek, pese a que hace sólo diez años paseaban sus premios Nobel? ¿Lo saben los hombres de negocios? ¿Quién lo cree realmente? Er in, parece que nosotros en el movi miento socialista, nos rascamos la cabeza al confrontar un futuro que no viene descrito en nuestros manuales. Pero los demás no cuentan con mejores manua• les.
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¿ADIOS La New Left Review publicó en n° 173 la transcripción del discurso obra científica no significa obviamente una identificación con los puntos de vista políticos de su autor, veterano militante laborista. la que se reclama el viejo y gran historiador. HANET AS MOVIMIENTO Eric Hobsbawn UNIO SEC
Pero esto no es sorprendente, incluso si no tomamos en consideración el hecho de que los movimientos nacidos el siglo pasado arrastran con ellos un fuerte bagaje, que puede ser aplicado sólo de forma muy indirecta a un periodo que cubre desde la aparición del cañón de Krupp a la tecnología laser. El. punto crucial es el siguiente: en los 30 años transcurridos desde el final de la segunda guerra mundial, el mundo se transformado globalmente, radicalmente y de una forma fundamental tan veloz que todos los analisis previos, aunque fuesen en principio correctos, ser modificados y actualizados en práctica. No es esto con detalle. Por ponerlo en una frase, podríamos decir que, a escala mundial, la Edad Media terminó entre 1950 y 1970. Y, yendo un poco más lejos, me atrevería a decir que en lo que a Europa se refiere, esos 20 años vieron también el fin de la Edad Moderna. Fijémonos en lo que le ocurrió al campesinado durante esas dos décadas, y no sólo en Europa occidental y central sino también en partes del Tercer Mundo. Esta acelaración particular del desarrolio histórico hubiera requerido por sí misma una revisión fundamental de las interpretaciones previas, y en mi opinión, ésta será el problema fundamental para los historiadores de la última parte del siglo XX y principios del XXI. 30 años dorados Sin embargo, para una generación después de 1950, fue posible, o al menos era tentador, concebir esta evolución macro-histórica de forma lineal, o con una ultrasimplificación plemente como "crecimiento económicotecnológico" o algo similar. época de "boom global", no sólo de las economías capitalistas aunque de forma muy diferente de las socialistas, esos "3Ó años dorados" como los denominó un comentarista francés, desembocaron en una crisis mundial que ha durado ya 15 años.
No creo que se pueda esperar otra época de "Sturm und Drang económico" (*), por emplear el término de Parvus,
1990, y no conozco ningún pronóstico serio que sea más optimista.
Ocurre que es en esta época de crisis (que curiosamente empezó exactamente 100 años después del comienzo de la "gran depresión" de la era Bismarck), cuando las contradicciones, tanto internas como externas del período de postguerra, han aflorado y alcanzado prominencia mundial. Lo que ha quedado claro es la endeblez de los análisis y remedios políticos al uso, y la extrema dificultad de reemplazarlos con nuevas herramientas. Como ejemplo, nar la posibilidad de desindustrialización de las economías industriales más tradicionales como tendencia de futuro para nuestros países; y con esto no quiero significar un desplazamiento de la industria del Ruhr al Neckar, sino su abandono de todo el Occidente. Y es que las llamadas "nuevas naciones industriales" del Tercer Mundo son un fenómeno de la presente crisis. Permitidme recordaros que al principio de los 70, Corea del Sur era clasificada todavía como "país en vías de desarrollo" y su industria era descrita así: "productos alimenticios, textiles, madera, caucho y siderurgia incipiente". La crisis de la izquierda hoy día no es tanto su incapacidad para entender lo que ocurre, igual de bien que los otros, sino su falta de respuestas ante esta realidad. El capitalismo no necesita hablar mucho, mientras puedan evitarse crisis como la de 1931, y, después de todo, parece que algo han aprendido al respecto. Puede retroceder y encontrar explicaciones en la lógica del mercado, ya que, como me explicaba un millonario en Nueva York pocos días después del "crash" de la bolsa: 'Más tarde o más temprano el mercado se ajustará a su nivel, siempre y cuando podamos evitar una revolución en ese
Sin embargo de nosotros se espera que digamos bastantes más cosas.
La crisis de las viejas ideas, así como la necesidad de un nuevo pensamiento, les vienen impuestas a los socialistas por la realidad misma y por sus efectos en la práctica política. cambiado y debemos cambiar con él, y diría aún más: debemos cambiar más que nadie, ya que como partidos y movimientos estamos muy atrapados en la historia. Nos constituímos como movimiento de masas de repente, hace 100 años. En 1880 únicamente contaba con un partido socialista obrero de masas. 25 años después Sombart, consideraba el surgimiento a escala mundial de estos partidos de masas como un hecho tan natural, que intentaba buscar una explicación de por qué los EEUU eran una excepción.
Me gustaría apuntar cinco razones
Pesos nuevos movimientos han envejecido. En primer lugar, se forjaron sobre la base de una conciencia de clase proletaria entre asalariados y trabajadores manuales, que actuaba impidiendo la fragmentación de una clase de por sí fuertemente heterogénea. No creo que pueda afirmarse que los obreros que se adherían a los nuevos partidos formaran un grupo homogéneo. Sin embargo, lo que está claro es que en aquel entonces sus puntos eran mayores que los que les diferenciaban, exceptuando quizás los temas religiosos o nacionales. Si esta conciencia no hubiera existido, esos partidos de masas, cuyo único programa político era en ocasiones su nombre, dificlimente podrían haber emergido. Su proclama:
"Sois obreros, sois una clase y por ello debéis uniros al partido de los trabajadores", sin esa condición difícilmente hubiera tenido eco. Lo que ocurre hoy día no es que la clase obrera ya no exista, sino que la conciencia de clase no tiene ya ese poder de cohesión.
En segundo lugar, a pesar de que tanto en la teoría como en la práctica esos partidos fueron construidos con un diseño que se ajustara al proletariado, no eran partidos puramente obreros. Este hecho puede no parecer muy claro en el caso del altamente proletarizado SPD alemán, pero sí se ve con claridad en Escandinavia. Allí, debido al escaso nivel de desarrollo de la economía finlandesa, únicamente un pequeño centaje de los electores que en 1916 votaron a la socialdemocracia pueden haber sido proletarios. Como otros partidos socialdemócratas, el finlandés era un partido popular construído alrededor de un núcleo obrero. Por supuesto, no discutimos que en circunstancias males, los partidos de la socialdemocracia apenas podían atraer hacia sí más que a una minoría de votantes de otras
Tercero, la organización de masas del proletariado consciente, parecía estar aadherida de forma orgánica o lógica, a la ideología específica del socialismo, sobre todo en su vertiente marxista. Aquellos partidos de clase sin ideas socialistas eran vistos como formas de transición hacia un partido obrero socialista o como fenómenos periféricos sin
Cuarto, el auge súbito de los partidos socialistas de masas reforzaron la visión preconcebida marxista de que únicamente el proletariado industrial organizado y consciente de sí mismo como clase, podía actuar como el portador del Estado futuro. Además, al contrario de lo que ocurría en tiempos de Marx, el proletariado aparecía por todas partes destinado a convertirse en la mayoría de la población. El crecimiento del trabajo intensivo típico de la economía de la época reforzaba la confianza en la democracia, de la cual los socialistas figuraban como sus portaestandartes. Así. la cuestión sobre el agente que traería el socialismo parecía contener su propia respuesta.
Quinto, tales movimientos se formaron originalmente a partir de fuerzas de oposición que sólo después de la Primera Guerra Mundial estuvieron en condiciones de formar gobiernos, ya fuera en forma de nuevos sistemas revolucionarios, en el caso de los comunistas, o como sustentadores del reformismo capitalista en el caso de los socialdemócratas. Las dos alternativas significaron un cambio fundamental para el movimiento obrero. El cordón se rompe Queda claro que todas estas características estaban determinadas históricamente, sobre todo en cuanto a su con-
vergencia en el fenómeno internacional que constituyó el movimiento obrero socialista. Pero yo añadiría algo más; y es que todos los partidos comunistas y socialistas de cierta relevancia emergieron antes de la Segunda Guerra Mundial e incluso su mayoría, exceptuando China, Vietnam o Bengala Occidental, lo hicieron con anterioridad a la Primera Guerra Mundial. Desde de la Segunda Guerra Mundial no se han producido movimientos comparables en las docenas de nuevos estados creados en un mundo en transformación económica. Incluso en los casos en que nuevos movimientos proletarios de masas aparecen y son comparables en cuanto a estructura a los de comienzo de siglo, en la práctica muestran ser muy diferentes a sus predecesores; véase el caso de Brasil y Polonia. El cordón umbilical que durante un tiempo unía al movimiento obrero con la revolución social y la ideología socialista ha sido cortado. La revolución social más impresionante de la presente crisis mundial, es la iraní. Se puede explicar fácilmente por qué los partidos obreros europeos más importantes emergieron antes de 1917 y también la razón de su expansión en el Tercer Mundo gracias a los efectos de la revolución de Octubre y del movimiento comunista, durante el periodo de entreguerras. Lo que no tiene tan fácil explicación es la ausencia de tales fenómenos desde entonces. Se puede observar en algunos casos el fuerte declive de algunos partidos que tuvieron anteriormente gran influencia, por ejemplo en el caso de Oriente Medio. Me he referido a estos problemas porque, siendo historiador, siempre me he quedado perplejo ante cuestiones como por qué en Argentina, el primer movimiento obrero de masas se desarrolló sobre una base peronista y no socialista. Este caso particular indica que nuestros movimientos, el socialismo o el comunismo clásicos nacieron en una época histórica muy específica, que ya ha acabado.
Todo esto no implica que esos movimientos hayan dejado de ser viables en SUS bastiones originales. Más bien lo contrario. Esos partidos continúan siendo lo que fueron en el pasado, partidos obreros, aunque no exclusivamente. En la parte no socialista de Europa, están en el gobierno o son el principal partido de la oposición, excepto, si no me equivoco, en Irlanda y Turquía. En la Europa socialista son los partidos que constituyen el sistema, pero las situaciones son comparables. Durante el siglo pasado los partidos obreros socialistas han demostrado ser muy adaptables, y han •tenido ciclos de hundimiento y de resurgimiento, aunque esto se aplica más a os socialdemócratas que a los comunistas. Una y otra vez, se han remontado sobre las cenizas de sus predecesores y han llegado a ser centros de poder importantes, como lo muestra el caso del SPD alemán después del fascismo, el PSOE español o el PS de Mitterrand. La cuestión que se plantea con la pregunta: ¿Adios al movimiento obrero tradicional?,, no pone en cuestión si el SPD o el Partido Laborista tienen futuro, sino qué tipo de futuro les espera. Sin embargo, no debemos olvidar que existen otros factores además de la continuidad histórica, y que por tanto, otras organizaciones no están obligadas a seguir este curso de crisis y resurgimiento. Un ejemplo puede ser el PCF que parece estar en proceso de extinción como partido de masas: ¡lncluso los dioses son impotentes ante la estupidez política! Este caso muestra que la lealtad de los militantes es, en estos tiempos, condicional.
De las cinco características originales que he apuntado, únicamente dos guen teniendo validez: el partido clásico es un partido popular y es en potencia, un partido de gobierno. La vieja suposición de que la transición al socialismo se seguiría del desarrollo del proletariado industrial, no puede ser mantenida. La conexión entre el partido, la ideología socialista y. una cierta visión del futuro parece estar todavia viva, gracias a dios, a pesar de que desde los años 50, diversos líderes de partidos, incluso algunos de PCs occidentales, han dicho adiós al socialismo, y si todavía utilizan la palabra, tratan que su significidado se reduzca a ser algo más simpático que los otros partidos. Sin embargo, si todavía hay un lugar para los socialistas hoy día dentro de la política del bloque occidental, tal lugar se encueritra en los partidos de masas tradicionales y esto a pesar de las calificaciones de las sectas izquierdistas que tildan a tales partidos de apuntaladores del sistema. Además, contrastando con los EEUU en donde la única oportunidad para los socialistas es trabajar en el seno del Partido Demócrata, los partidos clásicos, todavía mantienen, al menos en teoría, una idea de una sociedad mejor y transtormada, la que refleja la fuerza de nuestra tradición histórica, más que la necesaria conexión entre los partidos existentes, la clase obrera y el socialismo. Conciencia de clase Es este el punto en el cual nuestros partidos enfrentan la crisis más seria. No es tanto un problema de desproletarización causado por el declive de la población industrial del viejo tipo como un problema de la desaparición paulatina de la solidaridad de clase. Esta segmentación de la clase obrera ha sido el foco de un gran número de estudios pero yo me voy a referir al caso específico del Partido Laborista británico, un caso en el cual el voto obrero tradicional ha caído más rápidamente que el tamaño polí•tico de la clase obrera. En 1987, casi 2/ 3 de los trabajadores especializados, 60% de la afiliación sindical, y más de la
mitad de los trabajadores no cualificados y semicalificados, votaron a partidos distintos del laborista y lo mismo ocurrió con los parados, entre los cuales apenas la mitad lo votaron. Por el contrario, el Partido Conservador acaparó un 50% de voto de origen obrero. Un fenómeno similar se ha dado en el caso del PCF, otro de los partidos que tradicionalmente se habían basado en la lealtad ciega del proletariado.
No hay lugar para, simplemente, lamentar esta pérdida de conciencia clase (aunque yo, como veterano marxista, lo haga) ni para retirarse a las escasas reservas naturales donde el viejo proletariado puede todavía contemplarse. La heroica gran huelga de los mineros británicos evocó una buena cantidad de romanticismo, pero hay que tener en cuenta la diferencia esencial entre 200.000 mineros y un país de 55 millones de habitantes. Además, más de la mitad de aquellos mineros de 1985 han desaparecido hoy como tales. En cuanto a las tesis de la izquierda romántica, la huelga probó exactamente las contrarias: incluso entre los mineros se dan casos de esquirolaje masivo. Reconforta un poco el ver que la conciencia de clase también ha sucumbido en otras clases: el 40% de las clases acomodadas votaron contra Thatcher en 1987, y este número se elevó a 2/3 entre las clases con educación universitaria. Sin embargo, la posibilidad de nuevas combinaciones políticas no compensa el hecho de que la clase obrera se está rompiendo en grupos con intereses diferentes y antagónicos y aún así, frente a todo esto, partidos que surgieron como defensores y representantes de los obreros y los pobres, no pueden perder esta función, al menos mientras tal defensa sea necesaria, y este es el caso; hoy día no hay "reconocimiento común de principios sociales" alguno, por lo menos en Gran
Afortunadamente, nuestros partidos no son, ni nunca han sido, partidos exclusivamente obreros con lo cual todavía pueden constituir pulares amplios o coaliciones con otros partidos o grupos sociales. Tampoco han perdido su capacidad potencial de llegar al gobierno. Hoy día no es la conciencia de clases lo que aglutina nuestro partido, sino que la existencia de nuestro partido aglutina a grupos y clases que, de otra manera, sucumbi-
Y esto creo que no es poco. Nuestro movimiento y la democracia en general se encuentran amenazados. Nos hemos acostumbrado tanto a la redemocratización, o liberalización, burgueses desde 1945, y hemos vaciado tanto de contenido a palabras como fascismo o neo-fascismo que resulta difícil recordar que el capitalismo en periodo de crisis puede recurrir otra vez a la derecha política. En mi país, la derecha nuestros errores, se le ha dado la oportunidad de eliminar al movimiento obrero, al Partido Laborista y a toda la izquierda, como factor importante de la política. Esto constituye uno de los objetivos más brutales del presente régimen. Lo mismo podría ocurrir en cualquier otro país, y la única resistencia que podemos oponer contra este peligro es una coalición de todos los demócratas en torno a los partidos de masas de izquierda que aún existen en Europa. Todo esto, gracias a dios, permanece todavía del movimiento obrero tradicio-
(traducido de la New Left Review ne 173). (*). Sturm und Drang, literalmente, tempestad e impetu, nombre dado al movimiento literario pre-romántico alemán de finales del siglo XVIII.