Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Tema

En defensa de la planificación socialista

· Inprecor n.º 71, septiembre de 1989 · pp. I-XVI · 16.136 palabras

la planificación socialista

En su libro La economía del socialismo factible, Alec Nove critica los métodos de la economía marxista, que serían desorientadores o irrelevantes para la construcción del socialismo, y rechaza el objetivo de la política marxista -el socialismo sin producción de mercancíasque sería una tarea imposible de realizar.

Toda respuesta efectiva a estas objeciones debe seguir el mismo procedimiento que utilizó Marx en su estudio de la formación del capitalismo.

Nada sirve partir de un ideal final o de un objetivo normativo a alcanzar: hay que tomar como punto de partida los elementos de la nueva sociedad que se desarrollan ya en la antigua y las leyes y las contradicciones internas del modo de producción capitalista y de la sociedad burguesa tal como existe.

¿Cuál ha sido la tendencia histórica fundamental del desarrollo capitalista a partir de la revolución industrial? Un crecimiento de la socialización objetiva del trabajo.

Todas las leyes, íntimamente ligadas unas a otras, del modo de producción capitalista -la búsqueda constante de un aumento de la intensidad y de la productividad del trabajo; la búsqueda incansable de nuevos mercados; la tendencia a introducir innovaciones tecnológicas para economizar la fuerza de trabajo (aumento de la composición orgánica del capital); la concentración y la centralización del capital; la caída tendencial de la tasa de ganancia; el estallido de crisis periódicas sobreproducción y de sobreacumulación; la tendencia implacable a la internacionalización del capital -todo esto lleva a ese resultado.

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ERNEST MANDEL

En defensa de

1. La socialización objetiva del trabajo ¿Qué es la socialización objetiva del trabajo? Se trata en primer lugar, de una interdependencia creciente propios procesos de trabajo y las opciones de la producción de los bienes que consumimos. Esta interdependencia afectaba en el siglo XIV a algunas centenas de personas de la población media de un país de Europa o de Asia. Hoy comprende a millones de personas. La socialización objetiva del trabajo implica algo más importante aún. Supone una ampliación espectacular de la organización planificada del trabajo. Cuando la industrialización progresa, no es el mercado sino el plan quien predomina en el seno de la empresa. A medida que la empresa es más grande, mayores son la escala y el volúmen de tal plan. Con la aparición del capitalismo monopolista, el plan se extiende de la fábrica a la empresa, es decir, en los casos tipicos, a una institución que comprende varias fábricas. En la época del desarrollo de las sociedades multinacionales, el plan se hace internacional y atecta, en el terreno jurídico, a múltiples empresas.

La consecuencia a largo plazo de este proceso en el capitalismo tardío es una reducción drástica del trabajo asignado en el mercado respecto al trabajo asignado directamente. La razón principal del declive de la asignación del trabajo en el mercado no es la intervención creciente del Estado en la economía, ni la emergencia del Estado del Bienestar, ni las conquistas de las luchas de la clase obrera, aunque todo ello ha contribuído a ese resultado final. Reside en la lógica interna del capitalismo y en su dinámica propia de acumulación y de competencia.

Ciertamente, la asignación directa del trabajo puede ir acompañada por una contabilidad monetaria, como ocurre en la Unión Soviética, en China o en Europa oriental. Pero esto no lo identifica con la asignación por el mercado. Cuando General Motors produce las piezas sueltas de sus camiones en la fábrica X los componentes del vehículo en la fábrica Y y realiza el montaje en la fábrica Z, el que un ordenador que calcula los costes de una forma minuciosa haga acompañar el transporte de las piezas esas piezas a la fábrica Z. Una venta implica un cambio de propiedad y como consecuencia de ello una fragmentación efectiva de las decisiones que reflejan una real autonomía de la propiedad y de los intereses financieros. No es el mercado, sino el objetivo planificado de producción de camiones lo que determina el número de piezas que deben ser fabricadas. La fabrica que produce las unidades no puede "quebrar" porque suministre "demasiadas" piezas a la fábrica de montaje.

Por supuesto, seguimos bajo el reino de la economía de mercado capitalista ya que todos estos procesos están típicamente limitados al estadio de bienes intermedios, que no llegan al cliente final (decimos aquí "cliente" y no "consumidor" porque el cliente puede ser una firma que compra máquinas o el Estado que compra armas). Pero su funcionamiento recurre, cada vez más, a mecanismos que no son los del mercado, no sólo en la esfera de la producción, sino también en la de la circulación. El que esta socialización del trabajo bajo ei capitalismo esté además ligada al desarrollo de formas políticas de asignación

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del trabajo no determinadas por el mercado hace las contradicciones del proceso en su conjunto aún más explosiHemos utilizado el término "plan". Pero el propio concepto debe ser precisado. El plan no implica una asignación "perfecta" de los recursos ni una asignación "científica" o "más humana". Implica simplemente una asignación "directa", ex ante, que se opone en este sentido a la asignación por el mercado, que se realiza ex post. Son dos formas de asignación de los recursos fundamentalmente diferentes, incluso si se combinan a veces con formas precarias e híbridas que no se reproducen automáticamente. Tienen una lógica interna esencialmente diferentes y determinan leyes de desarrollo diferentes. Engendran motivaciones diferentes entre los productores y los organizadores de la producción y se expresan a través de valores sociales

Las dos formas de asignación del trabajo han existido en la historia a escala muy amplia y duradera y son pues, una y otra, perfectamente realizables. sido aplicadas bajo las formas más variadas y con los resultados más sos. Se puede tener un plan" despótico" y un plan "democrático" (quienes niegan esto no han estudiado nunca un pueblo bantú precolonial). Se puede tener un plan "racional" y un plan "irracional". Se puede tener un plan basado en la rutina, las costumbres, la tradición, la magia, la religión, la superstición (los planes dictados por los magos, fakires y todo tipo de analfabetos). Se puede tener -lo que es peor- un plan dirigido por generales: cada ejército está basado, en efecto, en una asignación a priori de los recursos. Se puede ver también un plan organizado bajo una forma a medias racional por tecnócratas, o, al nivel más elevado de la inteligencia cientitica, por obreros y especialistas desinteresados. Pero cuaestos planes comportan una asignación de los recursos (incluída la fuerza de trabajo) a priori, por medio de una decisión deliberada de algún organismo social. En el polo opuesto, está la asignación de los recursos por las leyes del mercado, que contrarresta o corrige posteriori las decisiones fragmentarias tomadas anteriormente por organismos privados; que actúan independientemen-

También, la economía de mercado, en el sentido de distribución de los recursos ex post, se ha manifestado histo-

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71 ERNEST MANDEL ricamente bajo formas muy variadas. En principio, puede haber economías mercado con una libre competencia "perfecta", aunque en la práctica esto se encuentre difícilmente realizado. Puede haber economías de mercado caracterizadas por el predominio de monopolios poderosos, capaces de controlar amplios sectores de actividad y, consecuentemente, de fijar los precios durante largos períodos. Unos mercados pueden coexistir con formas duras de autocracia como por ejemplo, el absolutismo, del siglo XVIII y el zarismo del XIX, por no hablar de los regímenes militares o de las dictaduras fascistas del siglo XX. Pueden también coexistir con formas avanzadas de democracia parlamentaria, como ha sido el caso dusegunda mitad de este siglo, aunque sólo en una veintena de países entre los ciento cincuenta que comprende el mundo capitalista.

La economía de mercado puede agravar la miseria de las amplias masas mediante un retroceso de su nivel de vida: asi ocurrió en la mayor parte de los palses occidentales durante una gran parte el siglo XVIII y del Xix, y luego en El pa oriental. En el siglo XX, le ha llega do el turno al hemisferio sur. Pero el mercado puede también, en determinadas condiciones, permitir aumentos sensibles del nivel de vida medio de la mayoría de la población, como en los países occidentales durante los treinta años que precedieron a la Primera Guerra Mundial y en el cuarto de siglo posterior a la Segunda. Pero, en todos estos casos, es siempre el principio del quien domina, es decir una asignación de los recursos a posteriori según las fluctuaciones de las ventas y de las rentas (de la ganancia, bajo e capitalismo).

Históricamente, la economía de mercado ha alcanzado su nivel mayor de extensión durante la transición de la pequeña producción campesina a las fases iniciales de un capitalismo basado en empresas relativamente en el mundo del "laissez-faire" de mediados del siglo XIX. A continuación, los principios puros de la asignación por el mercado se han enfrentado cada vez más a las exigencias de producción racional en el seno de las grandes fábricas y de las grandes empresas.

Los dos sistemas diferentes de asignación de los recursos son ampliamente idénticos y estructuralmente ligados dos formas diferentes de adaptación de la producción a las necesidades. Toda sociedad humana está orientada en último análisis hacia el consumo, porque sin el consumo de los productores (es decir la reproducción de su fuerza de trabajo) no habría producción, ni supervivencia humana. Estas necesidades pueden ser dadas al comienzo, establecidas ex ante por un organismo social dominante cualquiera y la producción se organiza para satisfacerlas. O bien se consideran desconocidas o, en quier caso, inciertas y se supone que es mediante gastos de la "demanda efecti-

Tras la Segunda Guerra Mundial en la economía que pretendía regular los ciclos y del Estado del Bieesta demanda era considerada burguesa convencional como dependiente en cierta medida de las decisiones y de la intervención de los poderes públicos. Pero, durante el último decenio, ha habido en el mundo capitalista una dura reacción contra las ideas y las técnicas keynesianas con una rehabilitación sin límites del mercado y de la producción de mercancías como valores de civilización. Este cambio ha tenido también una influencia en la izquierda. Hoy, el conjunto del pensamiento socialista (que es más viejo que Marx, pero al que éste dió una exprecientífica sistemática) que representa una crítica de la producción de mercancías y del mercado como tal y una desmitificación histórica de una sorie de concepciones que remontan a Hobbes, Locke y Smith, está en peligro de ser rechazado de una forma indiscriminada. No sólo los intelectuales y los políticos conservadores, sino también numerosos socialdemócratas de izquierda y eurocomunistas, redescubren y reintroducen en su pensamiento axiomas burgueses que no tienen ninguna base empírica o científica. La conclusión lógica de tal cambio de opinión es una pérdida de confianza en la posibilidad de una planificación consciente y una aceptación, cuando no un culto, al mercado que golpean en el corazón mismo de la causa del socialismo.

La importancia real de los debates actuales no está en saber en qué medida el intercambio de mercancías es necesario inmediatamente después de una revolución anticapitalista. Está en determinar si el objetivo a largo plazo del socialismo, es decir una sociedad sin clases, cuya construcción puede durar un siglo, merece ser alcanzado y por qué lo merece. Es la cuestión fundamental para todos los teóricos socialistas desde Babeuf y Saint-Simon, a Engels y Rosa Luxemburg. También lo es para noso-

Cualquier tentativa de responder a Alec Nove y a otros defensores del "so-

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de mercado" se enfrenta con una dificultad. Estas personas analizar y corregir las graves distorsiones de las economías la Unión Soviética, en Europa oriental y en China. Es una preocupación legítima y necesaria. No pensamos que esas sociedades son, de ninguna ciedades socialistas. No pensamos tampoco que el socialismo, tal como Marx al alcance de la mano. En ninguno de esos paises es deseable, ni realizable, una supresión radical de las relaciones de que subsisten. Pero el sentido del libro de Nove es explicar que el "socialismo marxista", en su definición clásica, no está a la orden del día en ninguna parte y que desde el comienzo no fue sino un proyecto utópico. En otros términos, la argumentación de Nove no se refiere sólo al período de transición con sus problemas económicos específicos, sino a la naturaleza misma del socialismo. La experiencia de la Unión Soviética con todo su lastre histórico de atraso, de destrucciones provocadas por la guerra y de desorden burocrático, es utilizado para dar peso a los argumentos clásicos contra la planificación socialista como

Planteamos la siguiente pregunta: ¿es que los problemas particulares de economías como la de la URSS no dependen parcialmente de la inmadurez de las condiciones de una socialización generalizada? Pero, por el contrario, en los países avanzados hay tendencias objetivas que revelan la existencia de recursos materiales, técnicos y humanos necesarios para una planificación. Podemos también constatar el precio pagado en esas sociedades por la ausencia de una planificación. Indudablemente todo programa realista que intente luchar contra el paro masivo, la sobreexplotación de las mujeres trabajadoras y de las minorías étnicas, o las consecuencias de la irresponsabilidad ecológica de las grandes empresas y de los gobiernos, deberá basarse en prioridades sociales completamente nuevas, fijadas por una socialización auténtica y una planificación democrática. El propio Marx no rechazaba la producción de mercancías bajo el socialismo por simples razones de eficacia económica o por confianza ciega en el proletariado

Sería absolutamente erróneo renunciar a la enorme contribución de la tradición socialista que culmina en sus escritos, sólo porque esta contribución es reivindicada fraudulentamente por los partidarios soviéticos de la centralización burocrática; no rechazamos los principios de los derechos humanos porque esos

71 ERNEST MANDEL principios sean invocados también por capitalistas reaccionarios. ¿ Demasiadas decisiones? Veamos ahora cuáles son algunas de las principales objeciones que Nove plantea contra la concepción marxista clásica de una planificación socialista.

Partiendo de su conocimiento indudaque en todo momento doce millones de bienes diferentes se están produciendo en la Unión Soviética y que sólo el mercado puede cumplir la tarea de buirios racionalmente. El número de decisiones a tomar es sencillamente demasiado grande para que cualquier asociación democrática de productores pue-

En primer lugar, hay que precisar que las cifras de Nove incluyen un número enorme de bienes intermedios y de piezas sueltas, así como tipos de equipamiento especializados, que el común de los ciudadanos no ven ni consumen jamás. Incluyen igualmente una gran cantidad de variantes del mismo bien de correspondería en las sociedades occidentales a diez tipos diferentes de detergentes o a treinta tipos de pan. Gentes normales no consumen normalmente más que uno o dos de estos tipos de bienes. Hay que tener esto encuenta para delimitar la dificultad de la que habla Nove. En realidad, el mercado no "distribuye" en los países capitalistas avanzados millones de mercancías. En el mejor de los casos, consumidores privados no compran sino algunos millares de bienes diferentes a lo largo de su vida (para muchos de ellos, se trata incluso de una estimación exagerada). No tienen el tiempo "millones" de bienes ni de responder a millones de "señales del marcado" para elegirlos. La idea -tan querida por los economistas liberales como por Stalinsegún la cual las "necesidades de consumo" son ilimitadas y su satisfacción exige un "número ilimitado" de bienes es ridícula. ¡Es imposible consumir un número ilimitado de bienes en un espacio de tiempo limitado y, desnuestra estancia en la

Tierra es muy limitada!.

La situación no cambia mente en lo que concierne a los bienes de producción, incluídos los bienes intermedios. Como ya hemos subrayado, la parte fundamental de los bienes intermedios no se distribuye mediante el mercado. Son producidos por encargo.

Esto es evidente y vale también, aunque se señale menos a menudo, para mayor parte de las grandes máquinas.

Las turbinas hidro-eléctricas para presas no se compran en el mercado: son encargadas con indicaciones muy precisas. Incluso si esto se realiza sobre a base de ofertas públicas, no es lo mismo que una distribución por el mercado. Las diferentes ofertas no conducen a diferentes productos efectivamente fabricados entre los que se puede elegir. Desembocan en la elaboración de un único producto que es automáticamente utilizado. El mismo procedimiento puede ser adoptado sin introducir ningún mecanismo formal de mercado. En lugar de examinar ofertas en seria posible calcular los competencia, costes totales diferentes en unidades de producción diferentes y optar por la oferta más barata a condición de que todas las exigencias técnicas y de calidad

Llegamos así a una conclusión más bien sorprendente. Ya hoy, en los países capitalistas más avanzados, lo esencial de los bienes de consumo y de los bienes de producción no es producido en función de "señales de mercado" que cambian bruscamente de un año a otro, incluso de un mes a otro. Lo esencial de la producción corriente corresponde a modelos de consumo y a técnicas de producción dadas que son en una gran medida, cuando no lo son por completo, independientes del mercado. ¿Cómo se ha producido esto? Es justamente el resultado de la socialización objetiva creciente del trabajo.

¿Por qué el problema de la distribución de los recursos, en lo que se retiere a los productos que son conocidos, en gran medida de antemano, no podría ser resuelto por los productores asociados con la ayuda de los modernos ordenadores que pueden calcular "millones" de ecuaciones? Claro está que las costumbres de los consumidores no son inmutables. Cambios tecnológicos a largo plazo pueden radicalmente transformar el abanico predominante de bienes de consumo, asi como la torma de producirlos. Hace un siglo, los carros tirados por caballos eran elementos de producción estandarizados. Hoy, han sido reemplazados por los coches. Hace un siglo no se utilizaba casi el cemento, el acero, el vidrio, o el aluminio, en la construcción de casas. Ahora, casi no se utilizan ni la madera, ni los ladrillos...

Sin embargo, cambios de esta naturaleza sólo se producen a una escala masiva a largo plazo. Y lo que es más importante, el empuje hacia tales cambios no proviene nunca del mercado o del consumidor. Proviene del innovador y de la unidad de producción asociada. No ha habido nunca de decenas de mi-

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les de consumidores gritando: "Querido Henry Ford, ¡dános automóviles!, ¡Amigos de la Apple Corporation, dadnos microordenadores!". Lo que ha habido son negocios Marx subrayó la necesidad del cambio y la innovación tecnológica constante, determinada tanto por la competencia intercapitalista como por la lucha de clases entre el capital y el trabajo, mas de medio siglo antes que Schumpeter) por el lanzamiento de nuevos productos para crear la demanda necesaria y vender mercancías lo más posible.

2. Penuria y abundancia El problema de la complejidad extrema asignación en las economías inde ia dustriales avanzadas tal como lo presenta Nove, es en una gran medida ilusorio. Nadie niega que una planificación socialista democrática se enfrentará a dificultades prácticas propias, algunas de las cuales pueden ser fácilmente previstas y otras, por el momento, mucho menos. Pero no hay ninguna razón para creer que serán insolubles en el sentido técnico indicado por Nove. En cualquier caso, su crítica de la concepción marxista del socialismo no se limita a los métodos de construcción de una sociedad sin clases, sino que concierne a la definición del objetivo mismo. En efecto, la precondición de la abundancia, sobre la que estaba fundada la idea que Marx tenía del comunismo, es según Nove, irremediablemente utópica: "Definamos la abundancia como lo que es necesario para satisfacer las necesidades al precio cero, de forma que nadie razonable esté descontento o desee alguna cosa más (o, al menos, algo más que sea reproducible). La abundancia juega un apel crucial en la visión que Marx tiene del socialismo-comunismo. Suprime los conflictos sobre la asignación de los recursos puesto que implica, por definición, que hay bastante para todo el mundo y consecuentemente, no hay alternativas que se excluyen mutuamente... No hay ninguna razón para que individuos o grupos diferentes luchen entre ellos, se apropien para su propio uso de lo que está a la disposición de todo el mundo. Tomemos por ejemplo el aprovisionamiento de agua en las ciudades escocesas. Implica evidentemente costes: hay que emplear fuerza de trabajo para construir tanques y canalizaciones, para purificar el agua, para hacer reparaciones y asegurar el mantenimiento... Hay sin embargo una gran cantidad de agua. No es necesario regular su uso por "un racionamiento sobre la base del precio", se puede disponer de ella en cantidades suficientes para todos los usos. No se "vende en el mercado" bajo ninguna forma y su aprovisionamiento no está regulado por ninguna "ley del valor" o por ningún criterio de ganancia. No hay competencia por el agua, no hay conflictos por este tema... Si los demás bienes fueran libremente disponibles como el agua en Escocia, se desarrollarían actitudes humanas nuevas: el instinto de posesión desaparecería: los derechos de propiedad igual que los crímenes relacionados con la propiedad desaparecerían igualmente*. (The Economics of feasible Socialism Nove y sus contradicciones Nove comienza diciendo que "abundancia" significa ausencia de conflicto para la asignación de los recursos. A continuación reduce la "asignación de los recursos" a las necesidades de consumo. En efecto, no habría "abundancia" de agua en Escocia, si cincuenta centrales eléctricas comenzaran a trabajar allí. En otros términos, Nove parte de la premisa tácita de que lo que es "abundancia" está determinado por las necesidades corrientes de los consumidores locales y sólo por ellos, permaneciendo iguales las restantes condiciones. para expresarlo de otra forma, considera como adquiridas y permanentes las costumbres de los consumidores (y los modelos de producción que se derivan de ellas). No explicita su premisa porque si lo hiciera, se vería obligado a negar su afirmación inicial según la cual la abundancia es imposible y el socialismo de Marx irrealizable.

Hay otra contradicción en su argumentación. Por un lado, Alec Nove explica que para asegurar la "abundancia" de agua de los habitantes de Escocia, hay que emplear fuerza de trabajo (para construir presas, conductos,, asegurar el mantenimiento etc.). Ahora bien, la fuerza de trabajo es "relativamente escasa". La misma fuerza de trabajo que se emplea para construir conductos o depósitos podría ser utilizada con objetivos alternativos (construir terrenos de centrales eléctricas o incluso misiles). Sin embargo, por razones misteriosas, a pesar de la inevitabilidad, en general, de "conflictos" para "la asignación de los recursos", el agua puede ser distribuída gratuitamente que Nove y otros economistas, sociólogos y filósofos, misántropos, proclaman entre la penuria global de los recursos y los modelos específicos de comportamiento humano es, y es lo menos que puede decirse, empíricamente no probado. El ejemplo que plantea él mismo demuestra que es perfectamente posible que la gente no esté determinada por el instinto de posesión hacia bienes particulares, en circunstancias particulares, con tal de que se den un cierto número

¿Cuáles son estas condiciones? ¿Por qué el "racionamiento sobre la base del precio" no es necesario en el caso del consumo de agua de los ciudadanos de Escocia? Es chocante que Nove no lo mencione, cuando economistas marxistas y economistas liberales podrían encontrarse fácilmente de acuerdo en este tema, que explica perfectamente por qué no se podría decir lo mismo en la hipótesis de una multiplicación potencial de centrales eléctricas en la región. La razón está en que la elasticidad marginal de la demandaa de agua es igual a cero o incluso negativa para el consumidor privado medio. Hay probablemente "derroche" debido a que el agua se distribuye gratuitamente. Pero ese derroche es inferior a lo que costaría hacer pagar ese bien particular (instalación de contadores, contratación de personal de control, envío de facturas, etc). La demanda estable y previsible (tendencialmente incluso decreciente) es el elemento empírico operacional clave. Todo el resto se deriva de ahí.

Si se puede concebir una abundancia de agua en el marco de una penuria persistente del conjunto de recursos, ¿por qué no podría decirse lo mismo a propósito de otros bienes o servicios similares? ¿Acaso el agua escocesa es verdaderamente el único bien para el que la elasticidad de la demanda es igual a cero o negativa? Es aquí donde la concepción marxista del socialismo-comunismo toma todo su sentido. Gracias al aumento de la riqueza social, el crecimiento de las fuerzas productivas y la aparición de instituciones post-capitalistas, el número de bienes y de servicios caracterizados por tal inelasticidad de la demanda, y consecuentemente susceptibles de ser distribuídos gratuitamente, puede aumentar progresivamente. Cuando entre el 60% y el 75% de todos los bienes de consumo y de servicios sean distribuídos bajo tal forma, este proceso acumulativo habrá cambialo profundamente la "condición huma-

Otro razonamiento erróneo se ha deslizado en la conclusión de Nove. Parece sugerir que los "derechos de propiedad" derivan inevitablemente de la "penuria". Pero para que la penuria engendre tales derechos, hacen falta instituciones so-

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ciales específicas que hagan posible, faciliten, mantengan y defiendan la apropiación privada de los medios de producción y priven de ella a la masa de los productores igual que les privan de su base natural (la tiera, el agua, el aire). Estas instituciones están a su vez ligadas a clases sociales específicas que defienden sus intereses específicos contra clases con otros intereses. La "penuria" existía también en un poblado bantú tradicional pero no determinó "derechos de propiedad" de la tierra durante milenios. Si los habitantes de Escocia o de Gran Bretaña, de turopa o de una Federación Socialista mundial) decidieran democráticamente no dar derechos de propiedad a potenciales inversores en la energía hidroeléctrica, ninguna ley misteriosamente transformar el agua de propiedad pública en propiedad privada como resultado de la penuria. Podrían verse obligados a pagar el precio de una energia mas cara (es decir gastar más recursos materiales y humanos para la producción de energía) para concretara la opción de disponer de agua limpia y gratuita. Pero sería su opción y su derecho como consumidores y como ciudadanos.

Por la misma razón, es igualmente erróneo deducir de la penuria un "instinto humano de posesión" genérico. Tal instinto no existe bajo una forma general. Hay más bien inclinaciones específicas hacia este instinto, ligadas más a la intensidad relativa de necesidades específicas que a la penuria de bienes en general, o incluso a la penuria de bienes particulares. Un Rolls-Royce es muy bonito. Es también muy escaso. Muchos conductores (y con seguridad la mayor parte de los fanáticos de los coches) querrían tener un Rolls-Royce. Pero la inmensa mayoría de la población no corre para obtenerlo. Por consiguiente, el de posesión", puede declinar mucho antes de que la "penuria" en general haya desaparecido, igual que ha declinado en el puebio escocés en lo que concierne al agua. Es suficiente que las necesidades más intensamente sentidas sean satisfechas o que haya sobre ese terreno una saturación del consumo. Marx ha basado su concepción del es completamente realista y concebible.

3. La jerarquía de las necesidades Respondiendo a la crítica de Nove hacia la herencia marxista hemos introducido

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71 ERNEST MANDEL el concepto de "intensidad relativa de las necesidades". Esta noción tiene numerosas implicaciones importantes para una discusión sobre la planificación socialista. En Occidente, la intensidad variable de las necesidades se expresa hoy por comportamientos diferenciados hacia los bienes que tienen un precio (e incluso hacia los que no lo tienen). Pero esto no debe ser medido necesariamente en dinero. Se puede verificar empíricamente los cambios en los modelos de consumo físico cuando la renta disminuye bruscamente (como ocurre para mucha gente durante la actual depresión). Rasgos característicos bastante comunes aparecen claramente. Algunos gastos son en efecto cortados antes que otros. En el marco de cada categoría importante de consumo, unas variedades de bienes se reducen mientras que otras aumentan (se consume más cerdo y menos carne sin grasa). Los gastos en salud se muestran más rígidos que los de los productos de belleza.

No se trata de preferencias debidas al azar. Uno de los progresos más importantes determinado en el conocimiento por el capitalismo -esto es, en cierto sentido, hacer un cumplido al capital- es que, como consecuencia del aumento del nivel de vida de las clases medias, y posteriormente de capas más amplias de la población, disponemos ahora de una gran cantidad de datos empíricos sobre las costumbres de consumo, que se muestran notablemente similares en • muchos países. Se puede así constatar un orden objetivo de prioridades común a centenas de millones de personas durante numerosos decenios. Cualquier investigación seria sobre las necesidades humanas debería partir de tales datos. De esta investigación resulta lo que el estadístico prusiano Engel había años. A medida que, como consecuencia del crecimiento económico, se diversifican las necesidades, se puede observar una jerarquía bien definida. Hay necesidades fundamentales. Hay necesidades secundarias. Hay también necesidades de lujo o marginales.

Grosso modo, (estamos dispuestos a correcciones, pero sobre la base de datos empíricos y no de especulaciones metafísicas), podemos incluir primera categoría: alimento de ase y bebidas, vestidos alojamiento confort correspondiente (agua corriente, calefacción, electricidad, aseo, muebles); gastos para la educación y la salud; transportes para ir al trabajo y un mínimo de gastos para las distracciones necesarias para la reconstitución de la fuerza de trabajo a un nivel dado de ritmo y de stress del trabajo. Estas son necesidades, que, según Marx, ser satisfechas para que un asalariado medio pueda continuar trabajando a un nivel de esfuerzo dado. Pueden ser subdivididas en necesidades fisiológicas mínimas y necesidades histórico-morales adicionales. Varían en el espacio y en el tiempo. Sus fluctuaciones dependen de cambios importantes en la productividad del trabajo medio. Dependen variaciones en la relación de fuerzas entre las clases sociales en lucha. A cada momento dado, en cada pais dado, son datos ob ¡etivos que se reflejan también en la conciencia de la gran mayoria de la población. No pueden ser alterados de forma arbitraria (incluso mediante "fuerzas de mercado") sin perturbaciones violentas del marco social y económico.

En la segunda categoría de bienes y de servicios, podríamos incluir la mayor parte de los alimentos y de las bebidas suplementarias, de los vestidos, de los objetos sofisticados de la casa, los bienes y servicios más elaborados en el campo de la cultura y del tiempo libre y los medios de transporte privados (distintos de los medios de transporte públicos). Todos los demás bienes de consumo y servicios forman parte de la tercera categoría, la de gastos de lujo. Por supuesto, es difícil fijar fronteras precisas entre estas tres categorías de necesidades. El paso gradual de necesidades (y de bienes y servicios que satisfacen estas necesidades) de la segunda a la primera categoría depende del crecimiento económico y del progreso social (principalmente de los resultados de la lucha de clases del proletariado). Las vacaciones pagadas para todo el mundo son una conquista reciente de la clase obrera que se remonta a la ola de ocupación de fábricas de 1936-37 y a sus repercusiones en el mundo industrializado. La distinción entre la tercera y la segunda categoría es una cuestión tanto socio-culturales como de fenómenos de masas que puedan

Si todos estos puntos merecen ser subrayados, el modelo general que se esboza es muy claro. La jerarquía de las necesidades humanas tiene evidentemente una base fisiológica y una base socio-histórica. No es ni arbitraria ni subjetiva. Puede encontrarse en todos los continentes, en las condiciones más diversas, aunque sea bajo una forma no sincronizada a causa del desarrollo desigual y combinado del crecimiento económico y del progreso social. La jerarquía de las necesidades no es el resultado de ningún diktat de las fuerzas del

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mercado, ni de las burocracias ni tampoco de expertos iluminados. Se expresa por el comportamiento espontáneo o semiespontáneo del consumidor. El único "despotismo" que existe es el de la gran mayoría. Las minorías "excéntricas" -que frecuentemente no son tan poco numerosas en términos absolutosno forman parte del modelo Pero la ley de los grandes números tiende a contrapesar las excepciones y a mantener en el espacio y en el tiempo un modelo que indica una jerarquía definida de las necesidades de la mayoría aplastante de los consumidores.

Esta jerarquía tiene un aspecto aún más importante. La elasticidad de la demanda tiende a cero o se hace negativa descendiendo la escala de las prioridades, en cada nivel sucesivo del crecimiento económico.El mismo fenómeno se produce en lo que concierne a las categorías más importantes de productos. El consumo, por cabeza de habitante, de alimentos de base (pan, patatas, etc) en los países industrializados más ricos disminuye hoy muy sensiblemente tanto en cifras absolutas como en porcentaje de los gastos nacionales en términos monetarios. Lo mismo pasa con las frutas y legumbres del país, la ropa interior de base, los calcetines, como los muebles elementales. Las estadísticas indican también que, a pesar de la diferenciación creciente de gustos y de productos, el consumo global de de vestidos y de tiende a estar saturado e incluso a decliModelos de consumo Estos hechos refutan la idea burguesa y estalinista según la cual las necesidades de la gente ordinaria aumentarían sin límites. La saturación de las necesidades de base es una tendencia verificable en Occidente no sólo porque éstas disminuyen una vez que se alcanza un cierto nivel, sino también porque hay un cambio de motivación. Modelos racionales de consumo reemplazan el deseo pretendidamente instintivo de consumir cada vez más. Aquí, lo que es "racional" no tiene necesidad de ser dictado (no debe ser dictado) por las fuerzas mercado, por planificadores burocráticos o por expertos omniscientes.

El consumo alimenticio es un ejemplo elocuente de este proceso. Desde tiempo inmemorial la humanidad ha vivido a borde del hambre. Incluso en nuestro siglo tal ha sido la suerte de la gran myoría de la población del planeta.

estas condiciones, es natural que los seres humanos estén obsesionados por

71 la idea de comer. Cinco años de restricciones severas en la alimentación en mundial habían bastado para provocar una verdadera explosión de glotonería, desde el momento en que una especie alimenticio ilimitado" posible de nuevo, a partir de 1945 (en algunos paises europeos mucho más tarde). ¿Cuánto tiempo ha durado esta reacción? Menos de veinte años más tarde (juna generación!) las prioridades han cambiado de una forma espectacular. La regla se ha hecho comer menos y no más. La salud se ha convertido en algo más importante que la glotonería. Este cambio no ha sido "impuesto" como un "nuevo modelo de consumo" por médicos o por la industria de la salud. Ha sido estimulado por el instinto de autoconservación. Antes que la industria de la salud apareciese, tal mentalidad existía ya por otra parte entre los ricos que realizaban el "socialismo para ellos mismos".

El modelo de consumo de los enfermos o la gente con mala salud es análogo. Es bastante evidente que nadie se divierte en hacerse extirpar órganos porque la cirugía sea gratuita. El fuerte aumento en el consumo de medicamentos tras la guerra, como el consumo de prótesis dentales y de gafas tras la introducción del servicio de salud gratuito en Gran Bretaña, no ha sido principalmente debido a una aceptación pasiva de las presiones de la publicidad irresponsable de las industrias farmacéuticas. Es el resultado de la acumulación de un retraso en la satisfacción de neelementales. Desde el momento que ese retraso se reabsorbe y que se alcanza un cierto nivel, cualquier campaña sistemática que tenga como fin ilustrar los efectos negativos de un consumo excesivo de medicamentos dará muy probablemente los resultados apetecidos. Por otra parte, se puede sin optimismo excesivo constatar campaña sobre los efectos nocivos del tabaco ha dado lugar a un indudable declive en el consumo de cigarrillos a pesar de los esfuerzos publicitarios de

Dos conclusiones se derivan de estas reflexiones. En la medida que la "penuria" está cada vez más limitada a los bienes y servicios menos esenciales, es perfectamente posible reducir el papel del dinero en la economía en su conjunto. Los bienes y los servicios, que no tienen un precio, se hacen más numerosos que los bienes y los servicios comprados. La suposición según la cual los consumidores no pueden determinar sus necesidades más que indirectamente, por la asignación de sus rentas monetarias a la compra de diferentes bienes y servicios es absurda: ¿por que los individuos tendrían necesidad de dar un rodeo monetario para darse cuenta de sus necesidades? Tienen por el contrario necesidad de una cierta cantidad de de vestidos, de ocio, con ciertas preferencias, y se dicen: "Tengo tanto dinero para satisfacer mis necesidades, eso quiere decir que no puedo satisfacer todas y que debo elegir". No es porque tienen dinero por lo que se pasean diciendo: "Gracias al dinero que tengo en mi bolsillo y al escaparate que está ante mí, comprendo ahora que tengo hambre". El medio más simple y al mismo tiempo el más democrático de adaptar los recursos materiales a las necesidades sociales no es interponer lel dinero entre los dos, sino verificar las necesidades de la gente, sencillamente preguntándoles cuáles son esas necesi-

Cierto, los países capitalistas avanzados de hoy están compuestos de millones de seres humanos diferentes con sus propios gustos e inclinaciones individuales. En la transición al socialismo, toda standarización uniforme de la producción a la manera del capitalismo será tendencialmente reducida. cierto nivel de satisfacción -o de saturación- de las necesidades, se produce naturalmente un cambio de un consumo pasivo a un consumo activo, como también una individualización de las necesidades exige una Grosso modo, habrá probablemente dos categorías de nuevas necesidades. Por una parte, las que serán desarrolladas por minorías audaces e imaginativas, ansiosas de experimentar nuevos productos y servicios. Pero la producción masiva de nuevos bienes no será automáticamente el producto de nuevas invenciones. La mayoría de la población deberá hacer una elección consciente.

El 20% de la población no tendrá derecho a imponer la generalización de nuevos bienes a todos los ciudadanos, incluso si ellos podrían incrementar su propio trabajo para asegurar la producción de esos nuevos bienes.

Por otra parte, habrá casos en los que la mayoría optará por diferentes nuevos bienes o servicios. Un reajuste fundamental del plan general será necesario para adaptarse a las nuevas necesidades. En la historia del siglo XX, tales revoluciones en el consumo han sido relativamente raras. Las tres más importantes han sido las del automóvil, de los electrodomésticos y los productos de plástico que han cambiado radicalmente la vida de centenares de millones de

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transformaciones de masas se producirán no de forma despiadada y anárquica sino racionalmente y humanamente, por vez primera bajo el orden y el control de los propios afectados.

Todo esto constituirá la base objetiva del debilitamiento de la producción de mercancías y del intercambio monetario. Al mismo tiempo la intensidad de los conflictos sociales podrá disminuir, tal de que existan instituciones gracias a las cuales la satisfacción de las necesidades esenciales para todo el mundo se convierta en una experiencia cotidiana automática, habitual, evidente. Eso será la base subjetiva de la extinción del dinero y de la economía de mercado.

En efecto, los conflictos sociales son extremadamente cuando lo que está en juego es la alimentación, la tierra, las formas de trabajo fundamentales, la educación y la salud elementales, los derechos humanos y las libertades esenciales. Pero no hay ejemplos de millonarios que se peleen a muerte entre ellos para poder entrar en las playas reservadas en las Bahamas o guerras mundiales que estallen por poseer pinturas importantes o por la obtención de puestos en el consejo de admninstración del Banco Chicago ge. Intrigas políticas ocasionales, rrupción a gran escala e incluso el asesinato pueden ser empleados para resolver conflictos sobre la asignación de "recursos raros". Tales actuaciones no pueden ser comparadas a los horrores del hambre irlandesa, de la Gran depresión o del sistema de castas indú. Si tales conflictos, provocados por el hambre, el paro y la discriminación desaparecen, tendremos un mundo diferente, con otros modelos de comportamiento y otras estructuras mentales. Si el instinto de posesión se limita a los productos de lujo y a la competencia a disputas por disponer de puros habanos, se tratará de conflictos cualitativamente diferentes a los que se producen hoy. Y no duda-

Men afirmar que ese mundo será mejor para el 99% de sus habitantes. ¿Tiranía sobre las necesidades? Sin embargo, hay personas que no aceptan estas conclusiones. En efecto, desde el momento en que utilizamos el concepto de una "jerarquía de las necesidades sociales", en cual ciertas exigencias tienen prioridad sobre otras, surge una gran desconfianza, especialmente a partir de la experiencia de las economías burocráticamente centralizadas de nuestra época. ¿Con qué derecho, en nombre de qué autoridad y con

EMA

71 ERNEST MANDEL qué resultados inhumanos, puestas tales prioridades a seres huma"camino hacia la servidumbre"?

En un libro recomendado por Nove "La dictadura sobre las necesidades", Ferenc Feher acusa a los dirigentes de la URSS, de China y de los países de Europa oriental de ejercer una tiranía total sobre las necesidades de sus pueblos. El argumento es muy válido, pero es también parcial y contradictorio. La contradicción reside en el concepto que aparece constantemente en la obra no ólo de Ferenc Feher, y Agnes Hellei sino también de Ota Sik, Branko Hor vath, Wlodimierz Brus y otros partidarios del "socialismo de mercado". No es por misma noción se plantee también en los escritos de los neoliberales más preparados teóricamente y los más consecuentes intelectualmente, por no hablar de los liberales clásicos como von Mises, von Hayek o Friedman. Se trata del concepto de cialmente reconocidas". Para todos estos teóricos, independientemente de sus importantes divergencias, la penuria de recursos es el fundamento sobre el que debe ser construída la teoría económica (toda la teoría económica). Sin embargo, la penuria de recursos implica automáticamente que todas las necesidades individuales no pueden ser satisfechas. Es la premisa tácita de la fórmula "necesidades socialmente reconocidas": las necesidades individuales no son automáticamente reconocidas por la sociedad. Sólo una parte de ellas está recoindividualista consecuente debe concluir que la fórmula "necesidades socialmente reconocidas" en cualquier caso, una tiranía de la sociedad sobre las necesidades individuales. Esto vale tanto para una economía de mercado como para una economía planificada. La tiranía es inevitable. La única cuestión consiste en saber las formas específicas que tomará y cuáles serán sus consecuencias políticas.

Para los liberales, como para los partidarios del "socialismo de mercado", es evidente que el despotismo del mercado -"el racionamiento determinado por el bolsillo"- es menos penoso para los individuos y menos nocivo para la libertad personal que el despotismo de un plan o el racionamiento sin más. Esto puede aparecer como plausible si se comparan casos extremos en el hemisferio septentrional, por ejemplo el racionamiento por las diferencias de renta en la Suecia del Estado del bienestar y el racionamiento por las decisiones del Gosplan en la Unión Soviética en la época de Stalin. Pero estos casos extremos constituyen históricamente más la excepción que la regla. Si se considera el racionamiento medio histórico bajo el capitalismo por las relaciones de mercado y las diferencias de renta, que se ha caractenzado últimos ciento cincuentadoscientos años por una gran miseria de masas y una desigualdad extrema de las rentas, la conclusión no es en abso-

Cuanto menos son satisfechas las neelementales por la distribución corriente de las rentas, más indiferentes son las personas a las formas específicas que toma esta falta de satisfacción. Según informaciones recientes, un cura católico ha declarado en Santiago de Chile que tras la devaluación del peso chileno los pobres de la ciudad (50% de la población) no pueden siquiera comprar pan con su renta monetaria. Milton Friedman y sus Chicago boys tendrán problemas para convencerles de que son "más libres" que los ciudadanos de la Alemania Oriental, que no carecen de alimentación de base, cualquiera que sea la tiranía ejercida sobre sus demás necesidades elementales. El contemporánea constituye otro ejemplo de esta verdad. Cuando el hambre hace estragos en el Sahel, ¿se podría condenar una distribución de alimentación mediante el racionamiento, considerándola como una asignación "dictatorial" y afirmando que la venta de esos alimentos implicaría más libertad? Si una epidemia estalla en Bangladesh, considerarse censurable distribución contingentada de medicamentos frente a su venta en el mercado? En realidad, es mucho menos costoso y más razonable satisfacer las necesidades elementales, no por la vía indirecta de la asignación por el dinero en el mercado, sino por una distribución directa de todos los recursos disponibles. Por el contrario, el dinero y el mercado son instrumentos que permiten una mayor libertad del consumidor en la medida que las necesidades elementales están ya satisfechas. En efecto, la libertad del consumidor implica la elección del consumidor y, frente a necesidades efectivamente elementales, el consumidor no tiene ninguna elección. No se elige entre el pan y una plaza para un avión, la educación elemental y un segundo televisor, la salud y un tapiz persa. El dinero, como instrumento de libertad para el consumidor, no es eficaz más que para las decisiones sobre bienes relativamente superfluos, en un alto nivel de igualdad de las rentas. Como medio de determinar las líneas fundamentales de asignación de recursos, es más bien injusta e ineficaz.

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Ciertamente, democráticamente dar la prioridad a la satisfacción de las necesidades elemenautomáticamente los recursos disponibles para la satisfacción de las necesidades secundarias o de lujo. En este sentido, no se puede evitar una cierta "dictadura sobre las necesidades" mientras las necesidades insatisfesean completamente marginales. Pero es precisamente en este terreno donde se pueden verificar las ventajas políticas del socialismo. En efecto, •¿es más justo sacrificar las necesidades elementales de millones de personas o las necesidades secundarias de algunas decenas de miles? Esto no quiere decir que se pretenda una frustración en materia de las necesidades más sofisticadas que se han desarrollado con el propio progreso de la civilización industrial. La perspectiva socialista se orienta hacia una satisfacción gradual de necesidades cada vez más numerosas y no a su restricción al nivel mas elemental. Marx no ha abogado nunca a favor del ascetismo o de la austeridad. Al contrario, el concepto de personalidad plenamente desarrollada, que está en el centro de su concepción del comunismo; comporta una gran variedad de necesidades humanas y su satisfacción. La desaparición progresiva de nes de mercado y del dinero implicará la extensión gradual del principio de la asignación de los recursos ex ante a un número cada vez mayor de bienes y de servicios, con una variedad más amplia que la que existe hoy bajo el capitalis-

4. La tiranía sobre los productores Los ciudadanos de los países industrializados no sólo son consumidores. Durante la mayor parte de su vida, son ante todo productores. Pasan, como media, al menos nueve o diez horas en el trabajo y desplazándose para ir y venir del trabajo. Dado que la mayor parte e la gente duerme ocho horas, esto les deja seis horas para el consumo, el reposo, el tiempo libre, las relaciones sexuales y las relaciones sociales.

Hay que constatar aquí una doble coacción, de la cual los partidarios de la "libertad del consumidor" no se preocupan excesivamente. En efecto, a medida en que se multiplica el número de las necesidades a satisfacer en el marco de una población dada, más trabajo se exige de los productores,

71 ERNEST MANDEL de la tecnología y de la organización del trabajo. Si las decisiones sobre las cargas de trabajo no son adoptadas consciente y democráticamente por los propios productores, les son impuestas de una forma dictatorial, ya sea por la legislación del trabajo inhumana de Stalin, o por la ley despiadada del mercado de Cualquier partidario de una mas humana y mas justa, ¿no debería sentir tanto rechazo esta tiranía como hacia la que se ejerce sobre las necesidades de los consumidores? El sistema de "premios y castigos" a través del mercado, ingenuamente elogiado por tantos sectores de la izquierda en nuestros dias, es simplemente un despotismo apenas disfrazado hacia el horario y los esfuerzos, y en consecuencia hacia la vida entera de los productores.

Tales recompensas y castigos, implielevadas o rentas más bajas, trabajos "mejores" o trabajos "peores". Implican también despidos periódicos, la miseria del paro (incluída la miseria moral de tener el sentimiento de no servir para nada), la aceleración de los ritmos, la esclavitud de los controles y de las líneas de montaje, los etectos dañinos del ruido, la exclusión de cualquier conocimiento del proceso de producción en su conjunto, la transformación de los seres humanos en simples apéndices de las máquinas y de los ordenadores ¿Por qué sería obvio que millones de personas tengan que someterse a estas coerciones para asegurar un aumento del 10% de la satisfacción de sus necesidades al 50%, o incluso al 20% de sus contemporáneos? Pues esto es exactamente lo que la economía de mercado les obliga a hacer si quieren estar en condiciones de atender a las necesidades de su familia y de ellos mismos. Lo menos que se puede decir es que el asunto no está nada claro. ¿No sería más razonable renunciar al video, al segundo coche (e incluso al primero, si hay transportes públicos adecuados), y trabajar diez horas por semana menos, con mucho menos stress, si la satisfacción de todas las necesidades elementales no está amenazada con esta reducción? ¿Quién sabe lo que los productores decidirían si fueran efectivamente libres para elegir, es decir, si la alternativa no fuera una caída en la satisfacción de sus necesidades y un incremento catastrófico de la inse-

En una economía de mercado -en cualquier economía de mercado, bien sea una economía mixta o una economía "socialista" de mercado-, los productores no pueden tomar libremente estas decisiones. Son tomadas independientemente de ellos, bien por patronos, bien por "leyes objetivas" sobre las que no tienen ningún control. Sin embargo, este despotismo no es una fatalidad. En el supuesto "rey" está desnudo. No hay ninguna razón imperativa que impida a los productores de una comunidad libre decir: "Somos un millón. Si trabajamos 25 horas por semana utilizando durante veinte millones de horas de trabajo un equipo dado y respetando una organización de trabajo determinada, somos capaces de satisfacer nuestras necesidades elementales ahora y en un futuro previsible. Podemos intentar por medio de una racionalización de la tecnología y de la organización del trabajo, reducir nuestro tiempo de trabajo a veinte horas por semana en los esta es la prioridad fundamental. Haj aún necesidades suplementarias por satisfacer, pero no estamos dispuestos a trabajar mas de cinco horas al día actualmente y más de cuatro horas al día en veinte años para satisfacer esas necesidades adicionales. Así pues, decidimos que la semana de trabajo será de 25 horas hoy y gradualmente se reducirá a 20 horas durante los próximos años, incluso si esto implica que algunas necesidades no serán satisfechas" ¿Sobre la base de qué principios se podría impedir a los productores el dere cho a decidir sobre este tema?

5. La cooperación informal objetiva Nove no aborda nunca esta cuestión. Podrá ciertamente responder que su libro contiene una respuesta tácita. En efecto, en él explica que, aunque el mercado tiene sus inconvenientes, la única alternativa a él como fuerza organizativa consecuente de la economía, es una poderosa burocracia centralizada. Este es uno de los hilos conductores de su libro. Se trata de un prejuicio dogmático que queda por demostrar. En realidad se puede probar empíricamente que esto es cada vez más falso, tanto en el Oeste como en el Este, incluso antes de que se realice cualquier forma de socialismo "marxista". Nove no toma en consideración que la contradicción creciente entre la socialización objetiva del trabajo y la fragmentación constante del procedecisión, puede ser cada vez menos dominada tanto por el mercado como por la planificación burocrática-

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mente centralizada. Lo que hundimiento de estos dos sistemas poco eficaces e irracionales es que son atajados, en la práctica, por miles de actos cotidianos que van en el sentido de una cooperación informal objetiva.

¿Qué significa esto? Para comprender el problema, es necesario introducir una distinción importante. Las relaciones monetarias no se identifican completamente con las relaciones de mercado: pueden ser relaciones de cuasi-mercado o de pseudo-mercado. En estos casos, la misma forma monetaria esconde contenidos completamente diferentes. Ahora bien, una economía de mercado es una economía guiada por las fluctuaciones de los precios. Los "actores económicos", consumidores o empresas, reaccionan a las señales del mercado. Si tal reacción no se produce, es difícil probar que la señal es económicamente importante (salvo si se trata de un axioma que no tiene necesidad de prueba, es decir de un dogma revelado). ¿Qué nos dicen sobre esto los estudios sobre el comportamiento real de los consumidores, incluyendo a los que pertenecen a la clase obrera en los países capitalistas avanzados? Indican que la gran mayoría de los bienes corrientemente producidos son comprados en tiendas o distribuidores habituales, independientemente de las fluctuaciones de los precios: esto es válido al menos para el 80% del consumo de un consumidor medio.

De hecho, los consumidores consideran que su tiempo (y a menudo sus costumbres, el deseo de charlar con los vendedores que conocen o con otros clientes) es más precioso que diferencias marginales en el precio. general, sólo cuando se producen catástrofes económicas (aumento del 300% del precio del petróleo o caída del 30% la renta como consecuencia del paro) los modelos de consumo responden a las señales ortodoxas del mercado -e incluso en este caso, ésto no vale para todos los bienes y los servicios. Está probado que, en el comportamiento económico cotidiano, han prevalecido en muchos terrenos las respuestas habituales no determinadas por el mercado sobre reacciones de mercado. Incluso en un barrio obrero, una oferta repentina de manzanas baratas puede ser considerada sospechosa (¿se tratará de un producto de una calidad inferior o de un truco publicitario?). Un aumento en los precios de los viajes de vacaciones puede estimular, más que reducir, los gastos de este tipo mientas la venta

Tales relaciones económicas no implican una real economía de mercado, ni

71 una planificación burocráticamente centralizada. Representan de hecho formas nea. A menudo, pueden permanecer relativamente estables durante cluso durante decenios. Ciertamente,

User cambiados a voluntad los individuos o por las familias y lo son con frecuencia, pero sin que ninguna fuera exterior dicte esos cambios o ningún acontecimiento económico importante se derive de ello.

Lo mismo sucede en lo que se refiere a numerosas transacciones entre

Una búsqueda desenfrenada para reducir los gastos en materiales en un 5% no tiene ningún sentido para una gran firma, aunque sólo sea porque los abastecedores habituales tienden a aseuna calidad razonable de los productos, garantizada por la experiencia, lo que es. más importante de pequeñas diferencias de precio. Así se actúa hoy en los países capitalistas y los países "socialistas", basándose en las costumbres, la rutina y la cooperación natural que se deriva del conocimiento reciproco y los resultados previsibles.

Se podría plantear una objeción: estos millones de actos de cooperación voluntaria, aunque no están guiados por señales del mercado o por directivas bu-

Use apoyan y son posibles gracias a fuerzas poderosas de centralización económica, sea el mercado o un plan económico. La cooperación rutinaria no regula más que operaciones descentralizadas relativamente pequeñas.

Esta objeción contiene un grado de verdad. Su fuerza reside en el contraste entre, por un lado, esos millones de clientes de pequeños almacenes que no se preocupan de pequeños cambios de precios, y por otro lado, de firmas como Nestlé o Carnation que están obligadas por el mercado a prestar la mayor atención a los precios de venta de la leche, so pena de arriesgar una quiebra. ¿No es el mercado el que ha obligado efectivamente a esos gigantes a fusionarse?

Sin embargo, la red de distribución propia de Nestlé está completamente racionalizada y su producción de leche condensada está igualmente automatizada y racionalizada. De hecho, el "mercado" no juega en este terreno ningún papel económico mínimamente significativo puesto que Nestlé, como monopolio, puede naturalmente imponer precios de venta basados en costos de producción medios, más un margen de ganancia preestablecido. En cualquier caso, las personas tienen necesidad de leche y la consumen en cantidades más o menos predeterminadas. Así, los únicos elementos económicos significativos a este propósito residen en saber qué proporción de la renta nacional (o del producto nacional bruto) será consagrado al consumo de leche y qué parte de los recursos productivos será destinado a la producción y a la distribución de leche en condiciones óptimas dietéticas e higiénicas. En el marco de las técnicas avanzadas que ya existen, todas las demás fluctuaciones son absolutamente insigni-

La industria de la electricidad proporciona un ejemplo aún más significativo. Una red nacional de energía -de hecho la red internacional de la CEE con algunos otros países- no tiene necesidad de las fuerzas del mercado o de una burocracia centralizada para funcionar normalmente. La elasticidad marginal de la demanda puede ser calculada con bastante precisión sobre la base de series estadísticas. La carga máxima en momentos determinados en el curso de un año puede ser prevista de antemano. Pueden mantenerse reservas suficientes para hacer frente a cualquier peligro de interrupción brusca o a cualquier aumento constante de la demanda. El resultado es que la distribución regular de la energía eléctrica entre centenares de millones de consumidores no tiene necesidad, esencialmente, de fuerzas del mercado ni de grandes burocracias.

User regulada por ordenadores basándose en los datos estadísticos disponibles. En realidad lo que se vuelve cada vez mas irracional es hacer pagar estos bienes (al menos para los consumidores privados y las empresas medias; las industrias poco numerosas que son grandes consumidoras de energia podrían continuar pagando). Si el pago fuera suprimido, sería posible eliminar el 90% de las burocracias existentes de este sector, tanto en el Este como en el

Esto no puede ser generalizado en lo que concierne a todos los bienes y los servicios. Los problemas de centralización son técnicamente de tal naturaleza que la rutina no podría reemplazar a organismos de decisión. La división global de los recursos (a escala nacional e internacional) entre las diferentes ramas de actividad y los diferentes sectores de la sociedad debe ser regulada por una acción deliberada. Pero, justamente, la tendencia hacia una cooperación de hecho cada vez más amplia entre la gente normal, que se ha desarrollado junto a la socialización objetiva del trabajo, muestra que hay un camino entre el Scilla de las fuerzas ciegas del mercado y el Caribdis de las gigantescas

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burocracias centralizadas: la autogestión democráticamente centralizada, es decir, articulada, basada en la cooperación consciente y libre.

6. Las innovaciones у sus motivaciones ¿Pero no podría conducir esta solución" a una idealización de la rutina y de la costumbre, es decir a un estancamiento económico? Ciertamente no en el dominio de la producción, donde el interés de los productores de reducir su tiempo de trabajo y de mejorar su medio crearía un estimulante intrínseco a la disminución de los costos. Se podría quizá registrar una mayor lentitud en el flujo de nuevos bienes de consumo. Un cambio en la tendencia actual no tendría, sin embargo, repercusiones significativas. Incluso los consumidores más ricos han podido después de todo vivir felices en un pasado reciente, sin disponer de juegos electrónicos o de te-

Sólo una concepción misantrópica de la humanidad puede medir el progreso o la salud relativos sobre la base del número creciente de chismes de una utilidad democracia socialista marcará un crecimiento en la civilización más bien que en el simple consumo, es decir una ampliación de la gama de las actividades y de las relaciones humanas significativas: educar a los niños y ampliar la formación, ocuparse de los entermos y de los disminuídos, desarrollar un trabajo creativo, practicar las artes, y las ciencias, hacer experiencias amorosas, explorar el mundo y el universo. ¿Es que una sociedad que daría la prioridad a la lucha contra el cáncer y las enfermedades cardíacas, al estudio del desarrollo del carácter y de la inteligencia de los niños, a la comprensión de las neurosis y de las psicosis, sería tan limitada y aburrida respecto al mundo, alegremente dinámico, en el que vivimos actualmente? ¿Es que la libertad de tener una salud mental y física más duradera y mayor seria menos importante que la libertad de comprar un segundo televi-

La ausencia de la competencia en el mercado no implica de ninguna manera una falta de innovación de los productos. A lo largo de toda la historia, en efecto, la mayor parte de los descubrimientos y de las invenciones importantes han sido realizados fuera del marco mercantil. Cuando se comenzó por primera vez a utilizar el fuego, la ganancia

EMA

71 La agricultura y la utilización de los metales no han sido creados por el mercado. La imprenta no fue inventada en función de la ganancia. La mayor parte de los grandes progresos médicos -de Jenner a Pasteur y de Koch a Fle-

Than sido impulsados por la esperanza de una compensación financiera. El motor eléctrico nació en laboratorios universitarios y no en una empresa que trabajara por la ganancia. Incluso el ordenador, sin hablar de los ingenios espaciales ha sido proyectado con objetivos públicos (aunque fueran militares) y no para enriquecer a un accionariado privado. No hay la menor razón para suponer que la progresiva desaparición de las relaciones de mercado y de las recompensas monetarias conducirá a la desaparición de las innovaciones tecnológicas. En efecto, el impulso hacia estas innovaciones reside en algo más profundo que la competencia mercenaria. Reside en la propensión natural de los productores a economizar su trabajo y en la curiosidad intelectual y científica espontánea de los seres humanos.

No hay tampoco ninguna razón para aceptar la muy extendida noción según la cual la igualdad social es un obstáculo paa la eficacia económica. La prueba de lo contrario puede ser proporcionada por los kibutz israelitas en los que vive actualmente la tercera generación de que se desenvuelven en un medio caracterizado por una ausencia de relaciones monetanas, terreno de la producción como en el del consumo. Es evidente que el kibutz no es una comunidad socialista. Por el contrario, es un poblado militar de colonos, una cuña clavada contra la población palestina con todas las tensiones y corrupciones que tal papel comporta. Además, está integrado en el marco de una economía capitalista que le subvenciona y por consiguiente se liga cada vez más en el exterior a las relaciones entre el capital y el trabajo. Pero justamente a causa de estas condiciones poco propicias, es tanto más significativo que la simple abolición de la moneda y de las relaciones de mercado en el seno del kibutz haya dado tantos resultados análogos a los que habían previsto Marx y Engels. A pesar de la desaparición de recompensas y de sanciones monetarias, las gentes del kibutz producen normalmente y eficazmente, de una forma más eficaz, como media, que la economía de mercado que le rodea. Ninguna forma nueva no monetaria de desigualdad económica, de privilegios, de explotación o de opresión ha aparecido. La violencia y e crimen han casi desaparecido. No hay prisión o campos de trabajo "correccionales". El nivel medio de salud, de cultura y de bienestar es notablemente superior al de la sociedad israelí en su conjunto. Hay una libertad política y cultural ilimitada. Todo esto está confirmado no sólo por defensores del sistema, sino también por observadores muy críticos como el sicoanalista Bruno Bettelheim, el liberal Dieter Zimmer y el sociólogo Melford Spiro. Hay ciertamente muchos conflictos entre las generaciones y los sexos. El kibutz no es una utopía realizada. Las inclinaciones y los comportamientos indivudalistas no han desaparecido como resultado de una igualdad socioeconómica. Despues de todo ¿por qué tendrían que desaparecer?. El rasgo de una sociedad sin clases no será una similaridad de los individuos que formen parte de ella, sino la mayor diferenciación entre el mayor número de individuos en su seno. El objetivo del socialismo no es la socialización de la persona, sino el desarrollo más amplio de la personalidad única de cada indivi-

7. La autogestión articulada El problema de la motivación a favor de la eficacia, la cooperación y la innovación no es en absoluto insoluble en una democracia socialista. Una dificultad más inmediata reside en la institucionalización de la propia soberanía popular. ¿Cómo se puede combinar un maximo de satisfacción de las necesidades de los consumidores con un mínimo de trabajo de los productores? Alec Nove inción, que ningún marxista serio podría poner en duda. Pero registrar una contradicción real -en este caso, la imposibilidad de producir bienes y servicios hasta el infinito en horas de trabajo humano que tienden a una o cero horas por semana, salvo que exista una robotización "total" que está aún en las brumas de un futuro lejano- no. significa que es imposible aumentar de espectacular la satisfacción de las necesidades de todos los seres humanos reduciendo al mismo tiempo de una forma no menos espectacular el peso y la alienación del trabajo de los productores directos. Un sistema de autogestión articulada puede ir muy lejos en la realización de estos objetivos. mos y sus instituciones fundamentales podría funcionar como sigue.

Congresos regulares -digamos para

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simplificar, anuales- de pronto como sea posible, internacionaes-, determinarían la división de la renta nacional en sus grandes líneas, partiendo de alternativas coherentes discutidas anteriormente por todos los ciudadanos en elecciones de delegados al Congreso. Las opciones -es decir las principales consecuencias previsibles opción- deberán ser claras: trabajo medio por semana; necesidades a satisfacer prioritariamente para todo el mundo por una asignación de los recursos garantizada (distribución "libre"); volos recursos destinados "crecimiento" (fondo de reserva + consumo de la población adicional + inversión neta en función de las alternativas tecnológicas claramente precisadas); volúmen de los recursos que quedan para bienes y servicios "no esenciales", a distribuir por mecanismos monetarios; política de precios de los bienes y servicios distribuídos por medio del mercado. El marco global del plan económico podrá pues ser establecido sobre la base de alternativas conscientes de la mayoría

Partiendo de esas elecciones, se esbozará entonces un plan general coherente utilizando cuadros input-output e inventarios indicando los recursos disponibles para cada rama de la producción (sectores industriales, transportes, agricultura y distribución) y de la vida social (educación, salud, comunicaciones, defensa, si es aún necesaria etc.). congresos nacional e internacionales no irán más allá de estas instrucciones generales y no se ocuparán de dar precisiones para cada rama o unidad de producción o región.

Organismos de autogestión -por ejemplo los congresos de los consejos obreros de la industria alimenticia, de la industria del calzado, de las industrias de la electrónica, del acero o de la energíadeberán dividir el tiempo de trabajo previsto por el plan general entre las unidades de producción existentes y/o proyectar en el próximo periodo la creación de unidades de trabajo adicionales, si la realización de los objetivos de producción lo hiciera necesario con el tiempo de trabajo dado. Fijarían la media tecnológica (que lleva al nivel tecnológico óptimo sobre la base de los conocimientos existentes)- es decir la productividad media del trabajo o los "costos de producción" medios- de los bienes a producir, pero sin suprimir las unidades menos productivas mientras la producción global no pueda satisfacer todas las necesidades y mientras que no se puedan garantizar nuevos empleos a los produc-

71 tores afectados en condiciones aceptables por ellos.

unidades de producción de coeficients técnicos que se derivan de las decisiones precedentes determinarán en una gran medida el conjunto de la producción. En las de consumo, el conjunto de la producción será determinado por consultas consejos obreros y congresos de consumidores elegidos democráticamente por la masa de los ciudadanos. Se presentarán modelos diferentes -por ejemplo, tipos diferentes de zapatos- y los consumidores podrán criticarlos y reemplazarlos por otros. Exposiciones y hojas publicitarias serán instrumentos de verificación. Se podrán organizar referéndums de consumidores y sobre esta base se podrán elegir los modelos de los bienes de consumo. Con relación al mecanismo del mercado, la gran ventaja de tal sistema residirá en que los consumidores tendrán una influencia mayor sobre las alternativas de producción de conjunto (con la supresión de la sobreproducción), que se harán empíricamente óptimas tras algunos años. El balance de las preferencias de los consumidores y de la producción real tendra lugar antes de la producción y no después de la venta, con la producción de un stock necesario de reservas sociales producidas adicionalmente.

Los consejos obreros de fábrica serán entonces libres de transferir estas decisiones de las ramas al nivel de la unidad de producción según sus preferencias -organizando la producción y los procesos de trabajo de forma que se realice toda la economía posible del tiempo de trabajo. Si pueden alcanzar los objetivos de producción trabajando veinte horas por semana en lugar de treinta, tras haber sometido sus productos a verificaciones de calidad, podrán obtener una reducción del tiempo de trabajo sin ninguna reducción del consumo La superioridad de la autogestión Alec Nove explica: "En ninguna sociedad una asamblea elegida puede decidir por ciento quince votos contra setenta y tres la asignación de diez toneladas de cuero o si hay que producir cien tonelasulfúrico" (op. cit,p.77). En nuestro modelo de autogestión articulada, ninguna asamblea deberá tomar dos decisiones de esta naturaleza y al mismo tiempo, y ninguna asamblea "central" o ningún comité de planificación tendrá que tomarlas. Pero, ¿por qué los congresos de consejos obreros de la industria del cuero no podrían decidir por mayoría (más probablemente por consenso, tras una discusión) la asignación del cuero (si la decicantidades más pequeñas debe ser dejada al consejo de fábrica, es otra cuestión) una vez que los objetivos de consumo respecto a los productos de cuero han sido fijados por otros organismos? ¿Es que los delegados de un congreso como este no podrían decidir sobre el tema mejor que cualquier tecnócrata o que un ordenador, puesto que conocen su industria y pueden tener en consideración una cantidad de imponderables que ningún mercado, ni ningún comité de planificación central introducirá en sus cálculos salvo, en la mejor de las hipótesis, por pura casuali-

De hecho, gigantescos errores en la asignación de los recursos, que ninguna asamblea obrera consciente cometería, son cometidos continuamente en economía de mercado. Determinadas empresas planificaron la construcción de una presa en Itaipu, Brasil, por un precio de cinco mil millones de dólares. El coste es hoy de 18 mil millones y la

Yes aún definitiva. En el trust norteamericano de máquinas agrícolas algunos nuevos productos han debido ser varias veces rediseñados, a pesar de una competencia muy dura, a causa de divergencias endémicas entre los técnicos del diseño y los de la fabricación. Durante una reciente recesión, la firma de automóviles bávara BMW ha descubierto bruscamente que podía reducir sus stocks corrientes de materias primas y de piezas de recambio en más del 50%. Estos ejemplos se podrían multiplicar a voluntad.

Organismos de autogestión podrán también tomar a su cargo la administración de los servicios públicos, la vivienda, la salud, la educación, las telecomunicaciones, los transportes o la distribución. En estos terrenos también habrá consejos elegidos por los ciudadanos que deberán ser consultados antes de que las decisiones tomadas sean aplicadas. Organismos regionales y locales utilizarán los recursos asignados de esta forma, con un máximo de libre iniciativa, pero asegurando una explotación óptima con el objetivo de satisfacer a los consumidores y de reducir el esfuerzo de los productores. Tal sistema dará un contenido concreto a la concepción marxista de la desaparición gradual del Estado. Permitirá al menos reemplazar de un sólo golpe la mitad de los ministerios actuales por organismos de autogestión. Implicará igualmente una reducción drástica del número de los fun-

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cionarios, incluso en el terreno de la planificación. Esto significará al mismo tiempo que millones de personas podrán no sólo ser consultadas, sino también participar realmente en las decisiones y en la gestión directa de la economía y de la sociedad. La división social del trabajo entre administrados y administradores, entre dirigentes y dirigidos comenzará a desaparecer.

La administración ya no será monopolizada al "nivel central", igual que la autogestión no empresa. Habrá una combinación de niveles centralizados y de niveles descentralizados. La gran masa de los ciudadanos implicados en el proceso de toma de decisión no serán permanentes profesionales de esa actividad. Puesto que las decisiones en cuestión tendrán una influencia directa sobre el bienestar y las condiciones de trabajo, presumir que no tendrán una actitud indiferente frente a sus responsabilidades, sino que se comprometerán seriamente en el proceso de administración. La reducción de la semana de trabajo y el potencial de información y de comunicación de los ordenadores constituirá la base material principal de una

¿Cómo se podrá determinar la renta monetaria adicional de las unidades de producción y de distribución más allá de a asignación garantizada de bienes y servicios gratuitos? Esta renta dependerá de un índice de control de calidad y de la satisfacción de los consumidores en un marco dado, con un coeficiente sobre el stress en el trabajo (quienes trabajan en las minas y demás lugares de producción insalubres tendrán remuneraciones más elevadas). Por lo que se refiere a los bienes intermedios, la regularidad de las entregas formará parte del índice. Tal sistema tendrá la ventaja de no crear obstáculos al flujo libre y honesto de informaciones recursos y las potencialidades de las unidades de producción y de distribución porque la fuerza de trabajo gestionaria no tendrá ningún interés en esconder la realidad. Nove insiste mucho en que no se puede garantizar por adelantado un flujo honesto de las informaciones. Pero tiende a olvidar la causa principal de la transmisión de datos falsos en las sociedades como la URSS, es decir, el interés material de los dirigentes industriales, al depender sus rentas de la realización y la superación del plan. No se puede suprimir las consecuencias sin suprimir la causa. Además, un flujo de informaciones por ordenador que acompañe automáticamente el fiujo de bienes puede ayudar mucho a reunir

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71 ERNEST MANDEL los datos correctos que sirvan para una planificación democráticamente centrali-

¿Cómo podrá articularse a escala mundial tal sistema? Hay que subrayar de entrada que autogestión democrática no significa que todo el mundo decide sobre todo. Si se partiera de tal hipótesis, la conclusión sería evidente: el socialismo no es posible. Pero no se trata de eso. Algunas decisiones pueden ser tomadas mejor a nivel de taller, otras a nivel de fábrica, otras a nivel de barrio, al nivel local, regional, nacional, continental y finalmente guiendo a Nove nuestra discusión se ha colocado en el terreno nacional. ¿Qué decisiones podrán y deberan tomarse a mente cuatro terrenos. El primero se refiere a todas las decisiones que implican una redistribución de conjunto de los recursos humanos y materiales necesarios para asegurar la desaparición rápida de los males sociales y culturales del subdesarrollo (hambre, mortalidad infantil, enfermedades y analfabetismo). El segundo conciere a la prioridad de la asignación de recursos naturales efectivamente raros, a propósito de los cuales sólo la población del globo en su conjunto tiene el derecho de decidir. El tercero incluye todo lo que se relaciona con el medio ambiente natural y el clima del planeta. Finalmente, se trata evidentemente de las decisiones que conciernen a la prohibición de las armas destrucción masivas, de la fabricación de drogas tóxicas, etc.

De estos parámetros globales, se derivan las obligaciones en relación a los disponibles para la planificación y la satisfacción de las necesidadeberán decidirse en cada continente y en cada país. Por ejemplo, en cuanto se haya fijado la cantidad global de toneladas de acero a utilizar en América, Europa o Asia, los productores y los consumidores de estas regiones serán libres para asignarlos según su propia elección. Si a pesar de todos los ambiente u otro tipo de problemas, quieren mantener el predominio de los coches privados y continuar polucionando sus ciudades, estarán en su derecho. Los cambios en los comportamientos de consumidores a largo plazo son en general lentos. Es poco probable que los obreros de EEUU renuncien a sus coches privados inmedespués de la revolución socialista. Pero la regla de que fuerzas sociales distintas de ellos mismos puedan imponer cambios en sus costumbres de consumo es peor que la prolongación durante algunos decenios del smog en Los Angeles. La emancipación de la clase obrera -que representa hoy por primera vez en la historia la mayoría absoluta de la población mundial- no puede ser realizada más que por los propios obreros, tal como son, no gentes de otro mundo, sino seres humanos concretos con todas sus debilidades. Hacia el socialismo Un sistema como éste de asignación consciente de los recursos, de planificación democrática centralizada y de autogestión será mucho más eficaz que una economía de mercado (capitalismo monopolístico) o que una economía autoritaria (burocráticamente centralizada). En efecto, habrá mecanismos correctivos intrínsecos que las otras dos alternativas no poseen. No creemos que "la navoría tiene siempre razón", com tampoco creemos que el Duce, el Papa o el partido tienen siempre razón. Todo el mundo comete errores. Esto también será válido para la mayoría de los ciudadanos, la mayoría de los productores y la mayoría de los consumidores. Pero habrá una diferencia fundamental en relación con el pasado. En todo sistema que implique una desigualdad de poderes -desigualdad económica, monopolio político o combinación de los dos-, los que toman las decisiones sobre la asignación de los recursos raramente son los que sufren las consecuencias de sus errores, y nunca los que más las sufren. Por el contrario, si la masa de los productores/consumidores vota mayoritariamente una asignación de recursos errónea, serán ellos mismos los que pagarán el precio de su error. A condición de que exista una democracia política real, una real información y una elección real, es difícil creer que la mayoría opte con continuidad por la muerte de sus bosques, la caída del consumo de alimentación indispensable, una reducción de la cantidad de alojamientos o la disminución de los trabajadores de los hospitales, sin corregir rápidamente los errores que conduzcan a tales resultados.

El sistema que hemos esbozado no os aún el socialismo "puro" tal como Marx y Engels lo concibieron. Es aún un sistema de transición hacia el socialismo -incluso si va claramente hacia el socialisno y no hacia un futuro desconocido o hacia el capitalismo- porque comprende aún un sector regulado por el dinero y el empresas privadas y cooperativas sobreviven en la producción a pequeña escala (agricultura, arteservicios, etc). Las empresas no serán prohibidas: en efecto, puesto que todos los ciudadanos gozan de un

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nivel de consumo mínimo garantizado, no hay ninguna obligación de vender su fuerza de trabajo a empresarios y los contratos son efectivamente voluntarios. El "auto-empleo" doméstico podrá ser extendido en la medida en que los ciudadanos recibirán todos los útiles elementales para producir en su tiempo libre lo que quieran para su propia satisfacción o para sus familias o sus vecinos. Las posibilidades de iniciativas individuales aumentarán enormemente.

8. La miseria "mixta", una crítica general Alec Nove ha propuesto un modelo con cinco sectores de "socialismo factible": una combinación de empresas de Estado, empresas socializadas, cooperativas, pequeñas empresas privadas y empresas individuales. A primera vista, las diferencias entre este esquema y el modelo que acabamos de esbozar pueden parecer relativamente pequeñas. Sin embargo, a pesar de algunas coincidencias, los dos modelos divergen en tres aspectos esenciales: El primero se refiere a la naturaleza de las unidades de producción o de distribución predominantes. Para Nove, el cálculo de costes individuales implica una rentabilidad individual de las unidades implicadas, es suscripción anual:

310 FF Dirigir toda la correspondencia a: INPRECOR, 2, rue RichardLenoir, 93108 Montreuil, Francia

71 ERNEST MANDEL decir que las rentas de los grupos o personas implicadas deben estar en relación con las diferencias de los costes calculados en dinero (o en valor) de los inputs y de los outputs. En otros términos, estas unidades son empresas independientes. No estamos de acuerdo con este planteamiento. Para nosotros, si se ligan las rentas de las personas o de los grupos a las "ganancias", se introducen ncitaciones poderosas a la irracionalidad económica con el riesgo de graves problemas sociales, puesto que decisiones que tienen consecuencias generales para toda la comunidad son tomadas en función de intereses particulares y fragmentados. Por la misma razón, no creemos que los acuerdos entre productores y consumidores deban basarse en recompensas o sanciones monetarias.

En otros términos, las relaciones de mercado reales, es decir, el intercambio. de mercancías regulado en dinero, deben ser esencialmente limitadas a las relaciones entre los sectores privado y cooperativo por un lado y el consumidor individual o el sector socializado por el otro. La consecuencia de ello será que, en los países industrialmente avanzados, estas relaciones no tendrán más que un papel secundario en la producción y el consumo. La dinámica de la transición irá hacia la desaparición progresiva de la producción de mercancías y no hacia su ampliación. Edición internacional en francés

Numéro 250 5 octobro 1987 PHILIPPINES d'un milhont NICARAGUA Interview de Tomas BORGE en chulo libre Une economie HAITI MEXIQUE en construction Un parti 12FF. 05FB-4FS

En segundo lugar, Nove hace una dis tinción entre un "sector de Estado" cen tralizado, en el que la autogestión por los productores sería imposible a causa de la escala y de la complejidad técnica de la producción, y un "sector socializado" de empresas menos integradas en donde la autogestión sería realizada. Parece también suponer que diferencias de rentas serían indispensables en los dos casos, incluso quizás también en el sector cooperativo. Nove escribe: "Las diferencias de rentas (una especie de mercado del trabajo) representan la única alternativa conocida a la dirección del trabajo: es esencial aqui evitar toda confusión. Cualquiera podría decir que, en el marco de una comuna o de un buen kibutz se puede tener una igualdad completa y una rotación en el trabajo... Pero esto no puede ser realizado a nivel de la sociedad entera, en parte porque no es aplicable más que a un número limitado de personas que se conocen recíprocamente y que pueden encontrarse todos los días, y en parte porque tales comunas no atraerían más que a entusiastas que aman tal estilo de vida" (op.cit.p.211). El argumento parece inspirarse en el buen sentido, cuando en realidad está basado en una serie dogmas y de prejuicios no probados.

No es cierto que la única opción esté entre una "dirección del trabajo" despótica y un mercado de trabajo. La distribu-

Correspondance de presse Internaionale

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ción cooperativa del trabajo es una alternativa real. No es tampoco cierto que grandes complejos no pueden ser administrados sin diferencias de rentas. En el siglo XIX y a comienzos del siglo XX, sindicatos e iglesias compuestas por decenas y centenares estaban a menudo gestionadas por personas que no tenían ningún privilegio material. Esto vale también, como Nove mismo subraya, para grandes organizaciones científicas, por no hablar de grandes cooperativas de producción. En otro lugar, Nove indica correctamente que pocos profesores preferirían trabajar como basureros, incluso si estuvieran mejor pagados. En realidad, la experiencia general va en sentido contrario a su suposición. Se trata de un argumento que vale más bien para trabajos desagradables, sucios o pesados, y no para un trabajo administrativo o cualificado (a condición de que la sociedad pague la formación profesional).

Finalmente, la debilidad principal en la argumentación de Nove reside en otra parte, es decir en la antitesis que ve entre "un pequeño número de personas" y "grandes organizaciones". En efecto, las "grandes organizaciones no estructuradas" es decir, atomizadas, no existen. Una fábrica moderna, un banco, un hospital o una escuela superior no pertenecen ciertamente a tal categoría. las instituciones de este tipo están en realidad basadas en pequeñas unidades de cooperación social objetiva: equipos de trabajo, oficinas, departamentos, categorías, etc. ¿Por qué que estas pequeñas unidades se administren ellas mismas y elijan delegados (incluso por rotación) que podrían administrar unidades mayores, que a su vez administrarían el conjunto? Las precondiciones de una autogestión democrática deben ser comprendidas en la forma en que funcionan las células reales de las instituciones no democráticas existentes, a saber en las relaciones de trabajo de un pequeño número de persoconocen, se encuentran y tienen necesidad unas de las otras todos los días; que, en otros términos, no pueden hacer su trabajo sin una cooperación recíproca. Por consecuente, contrariamente a lo que afirma Nove, estimamos que el alcance de la autogestión es, en principio, universal más que sectorial, y que las recompensas monetarias y los privilegios materiales no son indispensables para el ejercicio crático de responsabilidades administrativas, sino, por el contrario, lo dificultan.

La tercera diferencia fundamental entre el modelo de Nove y nuestro proyecto concierne al papel de la competencia.

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71 ERNEST MANDEL Nove es consciente de los efectos destructivos y corruptores que tiene la competencia bajo el capitalismo. Pero quiere mantener en su socialismo los estimulantes monetarios. Explica pues que hay que distinguir entre formas "benignas" y formas "indeseables" de la competencia (op.cit.p.204-5). Los ejemplos que toma para clarificar esta distinción demuestran en realidad que ésta tiene muy poca importancia desde el punto de vista económico. Es en que una competencia por una plaza en la orquesta nacional de Escocia, por la victoria en una carrera en los Juegos Olímpicos, o incluso por la elección del consejo obrero en una empresa socializada no tiene nada que ver con la competencia para vender en el mercado petróleo, acero, aviones o misiles. La primera variedad de "competencia" no ha provocado nunca, por lo que sabemos, a miseria de millones de personas (quizá haya causado la miseria individual, pero el socialismo marxista no tiene ninguna ilusión de poder resolver todos los casos de esa naturaleza). La segunda variedad, por el contrario, ha provocado no sólo el paro masivo y caídas drásticas del nivel de vida, sin hablar de la extensión periódica de la pobreza, sino también guerras con millones de muerNove recurre cada vez más a una casuística involuntaria porque defiende la concepción convencional del mercado. La combinación de "mercado" y de "socialismo" en su pensamiento le conduce inevitablemente a contradicciones desconcertantes. Acusa a los marxistas de tener una concepción utópica del socialismo. Lo que no comprende, es que su propia hipótesis -un nivel más elevado de rsponsabilidad social libremente aceptado por los individuos en un marco social que sigue marcado por la lucha de todos contra todos para conseguir la recompensa financiera y el enriquecimiento- constituye el summum de la utopía. Esto recuerda, bajo una forma mitigada, la propuesta ingenua (o cínica) de los dirigentes soviéticos según la cual, la URSS podría avanzar hacia la creación del "hombre socialista" manteniendo desigualdades de renta y de poderes, así como el conflicto universal por las ventajas materiales privadas. Nove es ciertamente prisionero de un falso dilema. La lógica de su error puede comprenderse en el párrafo siguiente: "Admitamos que hay dieciseis, o más firmas

(socializadas o cooperativas) que producen un bien o un servicio. Supongamos trate de vestidos de lana, de pasta dentífrica, de rodamientos, de hoteles de vacaciones y otros productos. Basan su actividad de producción en negociaciones con sus clientes. Estos pueden elegir de quien obtener los bienes y los servicios que necesitan. Y aquellos pueden obtener de sus proveedores, a los que pueden elegir, lo que necesitan para su producción. Tienen un interés intrínseco en satisfacer a sus clientes. Nos gustaría esperar que la motivación de la competencia no será principalmente monetaria. Pero no podemos presumir que la masa de la población actuará sólo por la satisfacción de triunfar, que no habrá necesidad de estimulantes materiales e incluso de medidas disuasorias" (op.cit.p.204).

Estamos completamente de acuerdo con la primera parte de esta argumentación. Nos limitamos a precisar que en el caso de la producción de los bienes de equipo más sofisticados, no habría dieciseis suministradores. Pero la segunda parte no se deriva en absoluto de la primera. Es presentada como una especie de suplemento o de anexo cuando no tiene ninguna base ni conexión.

Nove supone en realidad que las personas no puede actuar más que o bien de forma completamente desinteresada • bien por estimulantes monetarios privados. Esta alternativa no es la unica posible. ¿Por qué se deben excluir medidas disuasorias no monetarias y no determinadas por el mercado? La experiencia cotidiana da fe de su importancia incluso bajo el capitalismo. Después de todo, si más del 99% de conductores de coches, respetan los semáforos, no es ante todo por evitar las multas sino porque quieren conservar la vida. Este instinto sano de autoconservación tiene alguna relación con otro instinto humano común, el deseo de reducir al mínimo el trabajo molesto, mecánico, aburrido y no creativo que se considera sencillamente como tiempo perdido de nuestra existencia. Disminuir el tiempo de trabajo organizándolo mejor es siempre un estimulante muy poderoso.

Pero además, Nove parece haber olvidado la posibilidad de un "dividendo social". ¿Por qué una cantidad adicional de bienes y servicios gratuitos no estaría ligada al resultado global anual del conjunto de la sociedad, transparente gracias a un debate público y a las telecomunicaciones? ¿És que todos los productores y los distribuidores no se verían estimulados a aumentar la canti-. dad y a mejorar la calidad de su producción, a racionalizar su organización del trabajo si este aumento dado en la cantidad de bienes y servicios efectivamen-

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te producida y consumida estuviera ligada, por ejemplo, a una extensión específica de vacaciones y viajes gratuitos para todos (si tal opción fuera mayorita-

Después de haber construido una polaridad artificial de las motivaciones subevas que de empuja hacia los estimuindividuales, continúa ignorando las objetivamente irracionales de una combinación entre una vasta economía de mercado y un sector de bienes y servicios gratuitos y de propiedad social. En si la ganancia sigue siendo mecanismo fundamental de asignación de los recursos, no hay ninguna razón que las consecuencias bien conocidas bajo el capitalismo, no reaparezcan. Es significativo, que, cuando Nove aborda la cuestión de los riesgos de los estimulantes monetarios, sus ejemplos sean muy marginales. No habla del gigantesco derroche provocado por la producción en función de la ganancia, es decir de la capacidad de producción excedentaria, de la sobreproducción, del paro, de la destrucción de bienes y de equipos. Todos estos fenómenos típicos golpean a productores. y consumidores mucho más que los costes pretendidamente excesivos derivados de la ausencia de "la disciplina de las ganancias y de las pérdidas". Es esta una lección que hemos aprendido cotidianamente gajo el capitalismo. Ha sido aprendida desgraciadamente también en sociedades post-capitalistas. La experiencia práctica en esas sociedades -sobre todo en Yugoslavia y en Polonia, pero veremos otros ejemplos- demuestra que las tentativas de corregir las distorsiones de una planificación burocrátimás en mecanismos de mercado condutras algunos combinación creciente de los males de la burocracia y de los males del mercado, acentuando los unos a los otros, en vez de atenuarse mutuamente.

Esta conclusión es válida igualmente para la China, que es sin embargo el caso más favorable para los partidarios del "socialismo de mercado", porque cuanto más atrasado es un país, más necesarios siguen siendo en él los mecanismos de mercado, sobre todo en la

No hay ninguna duda que el abandono de la desastrosa herencia del Gran Salto adelante -la ción completamente irracional y mixtifila introducción inmediata progresos en el campo chino. ductividad y la producción han aumentado y un excedente creciente está apare-

71 ERNEST MANDEL ciendo. Ha sido el resultante de la liberación de enormes energías productivas del campesinado, probablemente el mas experimentado del mundo, con una tradición de dos mil años de agricultura intensiva sin equivalente en la mayor parde los países occidentales, por no hablar de Europa oriental. Pero el excedente de cereales va a la par con un excedente de mano de obra rural debido a que menos personas pro-

¿Qué pasará con este excedente de población en quince, veinte o treinta años? Si se deja al mercado, el resultado será la emergencia de un paro gigantesco (el problema del paro es ya serio en las ciudades). Sólo una industrialización planificada podrá absorber el excedente de la población rural y solo una industrialización planificada demo-

By no burocráticamente puede alcanzar tal resultado sin provocar en los campos los desastres que la colectivización forzada -reacción de pá nico a las consecuencias del crecimiento del mercado- provocaron en la Unión

Ignorando el alcance de todas estas consecuencias negativas del mercado, Nove nos ofrece una justificación positiva, es decir el que el mercado dispersaría el poder de decisión y representaría pues una muralla contra la tiranía. Es indudablemente la justificación liberal tradicional del mercado. Pero se trata de una conclusión falsa bajo un camuflaje socialista. Su aceptación al mismo tiempo de las diferencias de rentas en favor de los administradores lo aclara.

En efecto, si los administradores sacan ventajas materiales de sus posiciones en la dirección, tienden inevitablemente a transformar estas posiciones en una adquisición permanente, es decir a apegarse a ellas con todos los comporeconómicamente irracionales y políticamente opresores que se derivan de ello. El poder tiende a estar mo-

La dispersión de poderes que Nove plantea no puede ser realizada si el ejercicio del poder no está separado de los privilegios materiales. no es una profesión de fe, sino una conclusión empírica sacada de toda la historia que se conoce de la humanidad. Cuando poder y privilegio van unidos, la lógica aleja de la democracia y empuja hacia el monopolio de la información, del conocimiento y del control por una pequeña minoría. Nove quiere promover un socialismo democrático. Pero como acepta las ventajas monetarias para los dirigentes, no es por casualidad que termine hablando de la necesidad de un Estado fuerte (op.cit.p.229). A pesar de la dureza de su crítica del "socialismo realmente existente", concluye con dos propuestas que están desagradablemente más cercanas a la realidad del orden burocrático de la URSS que al socialismo marxista. Es significativo que utilice casi los mismos términos de la burocracia polaca criticando el rechazo de Solidaridad a aceptar una disminución del nivel de vida de los obreros polacos (op.cit.p.178). Por ahí, olvida que la responsabilidad de la desorganización económica no incumbe a las reivindicaciones obreras y a las huelgas, sino a la gestión burocrática antes y después de 1980. No toma en consideración tampoco las contradicciones insolubles entre la autogestión de los trabajadores y el "socialismo de mercado" que estallan hoy en Yugoslavia. Si las "leyes económicas objetivas" que actúan a espaldas de los productores -esto es justamente lo que significa la ley del valor- deciden en última instancia en materia de producción y de empleo, entonces los obreros no pueden determinar la gestión, ni a escala de la fábrica, ni a escala locai, ni nacional, y la autogestión es un cuen-

¿No hay otra alternativa? El objetivo de este artículo es afirmar que felizmente existe una tercera solución: la autogestión democráticamente articulada y centralizada, el autogobierno planificado de los productores asociados. La soberanía popular no dependen de la presunción de una armonía preestablecida o perfecta entre los intereses generales y los intereses particulares de los miembros de una comunidad. Por el contrario es seguro que habrá conflictos de interés entre productores y consumidores, unidades técnicamente más avanzadas y unidades menos avanzadas, personas más activas socialmente y personas menos activas, regiones económicamente y culturalmente más desarrolladas y regiones menos desarrolladas. La autogestión democrática es justamente un sistema para evitar que estas contradicciones socaven cualquier plan racional o cualquier cooperación social provocando nuevos conflictos de clases y una nueva violencia sangrienta. El "socialismo de mercado", por el contrario, no es ni una solución a los males capitalistas del libre mercado, ni a los de la parodia burocrática del socialismo. La economía mixta que propone no es sino una miseria mixta. La economía de un socialismo realizable y deseable sin producción mercantil reemplazará a uno y a otra. Contrariamente a la convicción de

En último análisis, nuestro debate toca al problema central de la historia

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humana: ¿tiene la humanidad la posibilidad de determinar su propio destino y eri qué condiciones? ¿Es que la autoemancipación y la autodeterminación serán para siempre un sueño no realizado, con todos los efectos que se derivan de ello? Si las ciencias sociales y la práctica social no consiguen ejercer sobre la evolución social un control comparable

71 ERNEST MANDEL al que las ciencias naturales han alcanzado hasta ahora sobre la naturaleza, entonces los progresos de las ciencias naturales podrían explotar contra nosotros y destruirnos.

En el viejo debate sobre las potencialidades de la razón y el peso muerto de la fatalidad -que es, en última instancia, un conflicto entre el conocimiento y la superstición-, las "leyes del mercado" no representan sino el destino ciego, bajo el ligero camuflaje de una "racionalidad" parcial.

¿Acaso la comprensión por la humanidad de las leyes de su propia evolución sigue siendo un fruto prohibido que nunca se podrá degustar?.