Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Euskadi: Negociación

· Inprecor n.º 65, diciembre de 1988 · pp. 14-23 · 7.774 palabras

Este trabajo fue publicado como una serie de artículos en ZUTIK!, el periódico editado por LKI, entrando en polémica con los analisis, los mantenidos por la corriente KAS en algunos documentos recientes.

Euskadi planteamientos estratégicos y tácticos sobre la negociacion

1. LA HORA DE LA NEGOCIACION

El análisis más inmediatista de las perspectivas negociadoras, por parte de la gente de KAS, ha ido evolucionando. De una cierta eutoria y seguridad en el proceso abierto (la insistencia en la "irreversibilidad" del mismo, por ejemplo), se ha pasado a una actitud más cauta y realista, reconociendo que este proceso todaría no existe, que es un objetivo por lo grar, y que para ello se requiere contrarrestar la politica del Estado que se orienta justamente en la dirección contraria, esto es, que no tiene intención de llegar a una negociación política. No hace muchos meses se veían las cosas de muy distinta manera. En alguna ocasión ha sido la propia ETA quien ha corregido las falsas ilusiones que se iban extendiendo en su corriente. Este mayor realismo no puede dejar de ser considerado como una rectificación positiva.

NEGOCIACION

J. Madoz

Pero hay algo que se mantiene, y es la perspectiva de que a un medio plazo, un medio bastante más corto que largo, esa negociación va a poder materializarse, se entiende que exitosamente. Si en lo inmediato hay que prepararse para momentos duros, tal vez muy duros, la perspectiva no lejana es la de poder mponer la negociación política. El corto y el medio plazo

Este análisis se apoya, entendemos, en tres elementos fundamentales: la crisis en que se encuentra sumergido el régimen de la reforma en Euskadi; el interés internacional en resolver este problema antes de la plena incorporación española a la CEE; y la capacidad de avance demostrada por lo que se ha

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venido en llamar MLNV. La conjunción de estos tres factores haría que el gobierno español esté forzado a dar una salida al conflicto vasco en un plazo de tiempo bastante acotado elecciones generales y europeas, acta única europea, olimpíadas y toda la parafernalia del 92). Si el MLNV es capaz de superar los nuevos obstáculos que se le van a interponer, podría encaminarse hacia una verdadera negociación política. Si hemos sabido interpretar todo lo que se ha dicho y escrito últimamente, éste es el calculo. Pero las premisas no son tan evidentes como para conducir a tal resultado. La crisis de la vía estatutaria

El marco político e institucional, instaurado ahora hace diez años como resultado de una particular "negociación" de los poderes del Estado con el PNV fundamentalmente, ha fracasado, a consecuencia del desgaste que le ha producido la lucha del MLNV y de sus propias contradicciones internas. Este es el análisis del KAS, acentuando a veces el tono catastrofista (la absoluta inoperatividad de la reforma en Euskadi, la extrema inestabilidad de las instituciones, etc.), en otras ocasiones en forma más matizada, aunque siempre con contundencia.

Sin duda, hay muchos puntos de coincidencia con esta valoración. También nosotros hemos hablado de crisis de la via estatutaria, aunque habría que matizar en qué sentido y con qué alcance. Pues este fracaso no es absoluto, ni ha dejado de operar efectos contrapuestos sobre el proceso político; y no se puede deducir que estemos al borde de una situación catastrófica para las fuerzas del

Ha fracasado el intento de integrar los conflictos nacionales, el franquismo, en un nuevo marco unitarista español. De hecho, tras diez años de experiencia de Estado de Autonomias, se puede decir que la conciencia diferencial vasca y la insatisfacción nacional han aumentado, la aspiración independentista ha ganado puntos. El estrecho entramado institucional autonómico no ha dado una satisfacción mínima a las aspiraciones nacionales (soberanía, lengua, etc.) e incluso ha acentuado no pocas de las tensiones (Nafarroa, por ejemplo). Particularmente, ha fracasado el intento de acabar con la resistencia

También ha habido una crisis del Estatuto como vía de gestión de determinados intereses burgueses, los intereses del nacionalismo de derechas. Más aún, el empantanamiento de la experiencia estatutaria, consecuencia como bien señala KAS del embate del nacionalismo radical y de los propios límites y contradicciones, ha acabado arrastrando a la crisis y escisión del partido sobre cuya hegemonía se hizo posible el proyecto, el PNV. En todos estos sentidos se puede hablar de crisis.

Pero la política autonomista ha tenido también otros efectos. En especial, ha

Euskadi institucional, con unas áreas de poder y mangoneo nada despreciables, con unos sectores sociales y bases de apoyo notables, que son un colchón ante cualquier crisis política. El peso de este chollo autonómico se ha visto con ocasión del Pacto de

Gobierno. Hay una conciencia partidos fundamentales del sistema de la importancia que tiene mantener el funcionamiento institucional y la apariencia de gobernabilidad, aunque sea en medio de la desilusión colectiva y de una credibilidad escasa. El Estatuto ya no suscita ningún entusiasmo, es evidente, aunque tampoco está en el punto de mira de la mayoría de la población, más allá de su cuestionamiento por parte del sector más radical y con-

No estamos en las puertas de un desplome del marco estatutario, o de un conflicto con el centralismo de tales características que produzca un desgarro del entramado institucional. El sistema ha creado mento vascongado es una nada, no provoca la menor expectación (sólo lo hizo cuando acudió Yoldi), pero tampoco les importa. EI gobierno vascongado sobrevive en medio de continuas tensiones, que expresan a su manera la crisis. Pero ésta no es abso-

El caso de Nafarroa es algo diferente, porque la tenía otro carácter (palanca para dividir a Euskadi, bandera del españolismo)

y otras bases de soporte navarristas serán seguramente las más desprestigiadas e inútiles del mundo occidental, pero su grado de cuestionamiento directo todavía es bastante limitado. Este ante una crisis política de envergadura, como se ha podido comprobar en unos pero esa situación todavía no existe.

En fin, hay que preguntarse por el alcance que esta crisis de gobernabilidad en Euskadi, no total aunque real, tiene sobre las estructuras del Estado. Euskadi es la excepción conflictiva en una Transición que ha obtenido éxitos, para la burguesía se entiende, en casi todos los otros terrenos. El Estado puede coexistir con esta situación conflictiva vasca, soportarla, aún con ciertos costes, mientras la cosa no vaya más allá: esto es, mientras no haya una mayor profundización de la crisis vasca, particularmente con la incorporación de nuevos sectores a la lucha (y el movimiento obrero como el primero de ellos), o una extensión a otras partes de la geografía del Estado o una combinación de ambas. Para el Estado el problema vasco es molesto, en ocasiones muy molesto, es tuente de tensiones y desgastes. Pero no es, todavía, un cáncer que obligue a una intervención quirúrgica, ni siquiera a una negociación política de fondo.

E incluso cuenta con algunos elementos a su favor, en los que apoyar sus cálculos a largo plazo. La prolongación de una situación de inestabilidad produce cansancio en algunos sectores (incluso en sectores de izquierda), desmovilización y desánimo. Y en la actual sociedad

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vasca se pueden encontrar, con cierta extensión, estas actitudes. El factor internacional. 1.992 como fecha mágica

A la hora de justificar una perspectiva negociadora se concede gran importancia a la situación y las presiones internacionales. Se considera que el mantenimiento de un foco conflictivo como el vasco, dentro del proyecto de la CEE y la OTÁN es un elemento de desequilibrio de importancia capital. Se argumenta también con complejos y sorprendentes de bloques (eles lico Yos prategis acuerdos de desarme parcial", que forzarían a la OTAN a intentar resolver los "focos de inestabilidad en la propia retaguardia europea"). De todo ello se pretenden deducir presiones internacionales sobre el gobierno español para resolver establemente el conflicto, introduciendo en el mismo consideraciones políticas, lo que obligaría a la negociación. Nos parece que hay bastante desenfoque en esta

Por una parte, la entrada formal del Estado Español en la OTAN y la CEE es una fecha importante, pero no deja de ser una más en un largo proceso de integración política, económica y militar en el capitalista occidental que viene de bastante atrás. Este nuevo paso no tiene por qué dar un alcance o resonancia cualitativamente diferente a los focos de conflicto ya existentes, experiencias (Irlanda, por ejemplo) deberían habernos enseñado a comprender. Más todavía, el proyecto político en marcha, que es el de una Europa de Estados superpuestos, en ningun caso superados, supone un extremado respeto por los intereses de cada Estado, por lo menos en lo que se refiere a sus "asuntos internos": aumentará en cambio la ayuda de los demás para que cada uno de los Estados resuelva a su manera sus propias contradicciones. La "política de Estado", reforzada por la colabora ción de los otros Estados colegas, va a ser la base de este marco europeo. En definitiva, el proceso de integración supone dificultades adicionales a los movimientos de liberación nacional existentes (cooperación policial y represiva, ideología antinacionalitaria, etc.).

Es verdad que el conflicto nacional Euskadi-Estado Español tiene mensión considerablemente mayor que otros conflictos nacionales existentes en la Europa occidental, tal vez con la excepción de Irlanda. Sin embargo, la persistencia del problema vasco, pese a su agudeza, y pese a ser nuestro querido y particular caso, no dejará de ser un conflicto relativamente perspectivas "contagio", tales que hagan recapacitar las políticas de Estado o de la Comunidad en su conjunto? Las experiencias de acción coordinada entre movimientos nacionales minoritarios son positivas e interesantes, pero de un alcance todavía muy reducido (y a ello contribuye la misma desigualdad de los conflictos actuales o potenciales).

Las posibilidades de enlazar con otro tipo de movimientos sociales, dada la situación del movimiento obrero (y su particular deseducación de décadas ante los nacionalismos) o el retroceso experimentado en los últimos años por el movi-

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miento pacifista, no son demasiado cla-

Se podría pensar en otro tipo de contagio: la extensión del terreno de operaciones armadas a otras capitales europeas; pero en una situación de mucho mayor aislamiento de los activistas, en países con cierta experiencia en ser utilizados como teatros de operaciones (lo que, todo hay que decirlo, no siempre les ha venido mal a la hora de reforzar sus tendencias autoritarias), el efecto de esta hipotética extensión no podría ser equivalente al que puedan tener algunas de las acciones y comandos de ETA en territorio del Estado español.

En cambio, para los intereses de los Estados y las clases dominantes europeas, el riesgo de "contagio" sería mucho mayor si una lucha radical con formas armadas, en un contexto de cierto aislamiento, impusiese una negociación política a un Estado europeo, más todavía si consigue imponer un cambio de marco político. Este sí que sería un factor perturbador y absolutamente desestabilizador para la estable geografía polí-

La política que lleva el gobierno González hacia Euskadi, y en particular hacia la resistencia radical vasca, coincide bastante con los intereses y los deseos de los sectores dominantes y de los otros gobiernos de esta Europa de los monopolios capitalistas y de los militares de la OTAN. Sobrarían los ejemplos. Al gobierno español no se le exige por parte de sus socios europeos ninguna "solución" para poder incorporarse de pleno derecho a las instituciones e instancias comunitarias; de haber "presiones", más serian del propio Gonzalez hacia sus colegas que al revés.

Por ello, la importancia que se le concede a la fecha 1.992 (acta única europea, olimpiadas, exposición internacional, etc.) como "horizonte temporal" del gobierno del señor González para resolver el conflicto vasco, nos parece exagerada. Claro que el gobierno preteriria co-

Men esa fecha con una menor contestación en Euskadi. Pero de ahí a darle el carácter de fecha mágica hay toda una distancia. Fuerza y debilidades de la resistencia vasca

El MLNV, analiza el KAS, ha venido avanzando en todos estos últimos años (desde el rechazo vasco a la Constitucion, los sucesivos avances electorales etc.) y ha sido capaz hasta ahora de ir Superando los sucesivos listones que le ha colocado el Estado; la superación de los nuevos listones por venir le abrirá el camino de la negociación.

Por nuestra parte queremos destacar la importancia enorme que tiene la consolidación de un sector resistente y radical en Euskadi, el mantenimiento de sus distintos frentes de acción, el acierto político en muchas ocasiones y, en todas, la voluntad de resistencia y de firmeza que ha demostrado.

Pero también debemos comprender las limitaciones actuales de esta resistencia, en cuanto a dimensión, base social, capacidad de acción... En particular, hay que tener en cuenta que la resistencia en este último período se ha vertebrado casi exclusivamente en el campo de la lucha nacional: ahi es donde ha logrado éxitos indudables, como son el cuestionamiento del marco político, un avance de la conciencia nacional, la estabilización de un sector de votantes y simpatizantes, etc. Pero la dimensión social de esa resistencia, más allá de la vanguardia, es escasa. No se trata sólo ni principalmente de responsabilidades o aciertos de KAS, sino ante todo de la situación de un movimiento obrero maltrecho y sin perspectivas de recuperación, de una mala situación también de otros movimientos sociales. Son datos que no desvalorizan lo obtenido y el capital de lucha acumulado, pero que deben ser tenidos en cuenta para no tener una valoración irreal de las fuerzas y las perspectivas. El propio KAS es consciente de la lentitud del proceso de acumulación de fuerzas. Tenemos una fuerza que resiste, y no es poco, pero no todavia una fuerza capaz de imponer un cambio en la correlación de fuerzas con el Estado. En fin, tampoco habría que olvidar la debilidad de los aliados en los que el movimiento vasco pueda apoyarse, dentro del Estado español o a escala euro-

Hay cierta tendencia a ver los avances y problemas desde el punto de vista fundamental de la acción armada. Así,

HT1117 cuando tras cada nuevo salto represivo reaparece la actividad de ETA, aunque no se haya conseguido articular una respuesta suficiente a otros niveles, se considera que ese nuevo listón ya ha sido superado por el MLNV. Esto es parcial. Hay que tener en cuenta además que la propia acción armada que se esta desarrollando en Euskadi es limitada, en objetivos y capacidad operativa, es una acción de hostigamiento, sin perspectivas (al menos a medio plazo) de un trascrecimiento. El Estado sabe perfectamente que no puede impedir la continuidad de esa acción, sólo limitar su alcance o producirle dificultades, en tanto subsista el conflicto político: su problema es cómo limitar y coexistir con una cierta actividad armada. Si no se entiende esto, cabe el riesgo de dar una importancia exagerada a hechos (como el secuestro de Revilla, cuyo valor consiste en demostrar que ETA sigue teniendo capacidad de acción) que objetivamente no lo tienen tanto; y también el riesgo de una magnificación de su fracaso si salen mal. Y el éxito o fracaso de las acciones militares no tiene por qué coincidir con la situación de avance o no del movimiento de liberación (como parece con la mayor prudencia por verlo desde lejos, el caso actual de Irlanda, donde una reanimación de acciones del IRA no guarda correspondencia con la fuerza de a resistencia, a diterencia de momentos anteriores).

En este pulso de ETA hay que considerar también los avances de las fuerzas del sistema. La actitud de responder con movilizaciones a cada atentado (no importa sólo el que numéricamente no sean comparables), el compromiso de los otros partidos nacionalistas en este

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terreno, ..., son bazas relativamente recientes para el gobierno. El objetivo de los sucesivos "pactos antiterroristas" no es, como se analiza con cierta unilateralidad, el de disciplinar las filas del bloque reformista bajo la hegemonía del PSOE, para tener las manos libres a la hora de negociar, sino sobre todo el efecto acumulativo de ir ganando terreno en la batalla de la opinión pública, no sólo en el Estado sino ya también en Euskadi, ir creando la imagen del aislamiento del terrorismo, la "unanimidad" contra ETA.

En definitiva, pensamos que no se puede tener como perspectiva única la de un avance ilimitado de la actual resistencia, lo que se llama MLNV (en un sentido amplio o reducido, como un fenómeno social o como unas siglas), ai margen de una recuperación del movimiento obrero (no inmediato) y de otros movimientos sociales y políticos. ello, hay que pensar en una etapa larga, difícil, en que los avances seran necesariamente limitados, y los riesgos de conocer retrocesos también serán reales. Prepararse para una etapa difícil

En contraste con los análisis generales, la valoración que KAS hace del momento actual y las perspectivas inmediatas refleja una gran lucidez. Se hace una caracterización acertada de lo que busca el gobierno González con el juego de los contactos/negociaciones, que es precisamente el de no negociar, sino el de esmovilizar políticamente al MLNV. et‹

A final de la etapa policial de las "ne gociacionis, to represicore poco del que ya se tienen algunos datos. Al igual

Use analizó la involución represiva ontra refugiados del año pasado (la aran redada del 3 de Octubre y la serie de entregas a manos de la policía española), el próximo endurecimiento represivo sería una nueva muestra de la falta de salidas del gobierno PSOE, en definitiva una muestra de su debilidad. Por ello, si el MLNV es capaz de superar esta nueva etapa, resistiendo con uñas y dientes y respondiendo en todos los terrenos, si se supera este nuevo y mas elevado listón, se podrá llegar por fin a la negociación política

Pero esta previsión peca de simplismo. Al gobierno, por utilizar el símil tan empleado de los listones, le quedan no última sino muchas barreras que poner antes que considerar que la cosa ya no tiene otro remedio que ponerse a

¿Cuestión de tiempo?

Para KAS, en definitiva, si bien las perspectivas inmediatas no son demasiado halagüeñas, a medio plazo la previsión sigue siendo la de la negociación política que abra un cambio radical en la situación política, un nuevo régimen jurídico político. No se habla ya de "irreversibilidad", ciertamente (o se le da otro sentido: "irreversibilidad" del reconocimiento de ETA como fuerza política). Pero se sigue considerando que el tiempo juega en contra del gobierno y en

Nosotros no lo vemos así de claro. Es cierto que hay una situación de tensión entre dos fuerzas que no han conseguldo, en los últimos tiempos, avances sustanciales respecto del enemigo. El Estado no ha conseguido abrir brechas en el campo de la resistencia vasca. Pero tampoco ésta ha conseguido abrir brechas en el Estado, en sus aliados, imponer conquistas y crear frentes nuevos... ¿Puede mantenerse prolongadamente esta situación? No lo sabemos. Pero el factor tiempo juega de manera compleja, y no necesariamente en favor nuestro.

Lo que sí vemos es que no existen las condiciones políticas, esto es, ni un grado de crisis tal en el aparato del Estado (por más que se dé una cierta crisis de gobernabilidad en Euskadi, y más aún, una crisis de legitimidad del Estado en Euskadi), ni unos factores internacionales, ni una correlación de fuerzas tal que un movimiento de resistencia nacional como el que tenemos actualmente pueda imponer un cambio en el regimen político y jurídico, por medio de una ne gociación política (ni, por supuesto, por otra vía).Esto es, no creemos que la negociación pueda ser, con las fuerzas de que disponemos y que se nos enfrentan, la "salida" realista a la situación. Hay que pensar en una perspectiva a mucho más largo plazo, de resistencia prolongada y sin grandes ilusiones en lo inmediato, una resistencia dura y arriesgada (porque cuando las expectativas inmediatas se frustran, los efectos pueden ser muy negativos).

NITYAK

KATY

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2. LA ESTRATEGIA

DE LA NEGOCIACION Empecemos por aclarar lo que entendemos por "estrategia". Se podría decir que es la forma de conseguir los objetivos últimos,la viabilidad misma de estos objetivos (la independencia y el socialismo, o la liberación nacional y social; no sería difícil ponerse de acuerdo sobre ello). No se puede predecir cuál será el proceso, se hace camino al andar; pero nos guiamos por algunos mojones, por algunas indicaciones (que se apoyan en la teoría, en las experiencias históricas e internacionales, y sobre todo en la experiencia propia). Estas son las referencias estratégicas, las que mantienen la armonía entre la lucha de cada día y los objetivos y perspectivas finales. Esta "estrategia", fuera seguramente de los momentos revolucionarios, no puede consistir más que en algunas (tal vez no muchas) ideas generales, y en algunos pronósticos, aun más generales; y en ningún caso puede ser una maqueta de los acontecimientos y las luchas por llegar. Como tales referencias son bastante genéricas, y sometidas a permanente comprobación.

Hay distintas tradiciones entre las corrientes revolucionarias sobre la importancia a conceder a estas cuestiones estratégicas. En la nuestra ha habido cierta inclinación a dar una gran importancia a los análisis y definiciones generales, en detrimento de lo particular; somos muy autocríticos en la revisión que hacemos de nuestro pasado y, aunque no sea éste el objetivo del artículo, no está de más dejar constancia de ello. Para la corriente nacionalista revolucionaria vasca la tradición es la inversa, y los aspectos más generales y estratégicos han quedado habitualmente relegados (es muy difícil encontrar elaboraciones teóricas), o simplemente deducidos directamente de una práctica, con todas las limitaciones de coyunturalidad. Viene esto a cuento de que la preocupación puede no ser compartida; aspectos o formulaciones que para unos pueden revestir un gran valor, para otros pueden no tenerlo, siendo en cambio más sensibles a una rectificación por via empirica.

Pero no deja de ser verdad que la teoría, una vez formulada, cumple algún papel, incluso para los mayores adversarios de lo teórico. Lo que se condifica, se codifica por algo, y tiene alguna operatividad. Más todavía, como veremos, cuando lo teorizado es una vía gradualista, a través de la cual es muy posible (aunque no seguro) que se cuelen perspectivas ilusorias. Por ello tiene interés no circunscribirse a los análisis inmediatos o a medio plazo, sino también a los razonamientos de fondo que pretenden dar coherencia al planteamiento político. Una sucesión de cambios revolucionarios

Si en otras geografías, y aquí mismo en otros momentos, la negociación ha tenido un alcance táctico, de mayor o menor importancia, cada vez más está siendo presentada como la piedra angular de una estrategia propia. Podría resumirse ésta como una guerra de desgaste prolongado frente al Estado, en el curso de la cual los avances en la acumulación de fuerzas pueden ir traduciéndose en una serie de cambios revolucionarios, sucesivos y graduales, hasta llegar a la consecución de los objetivos finales. La negociación sería el método por el cual cada nueva correlación de fuerzas se plasma en nuevas conquistas y cambios. Así, la acumulación actual, resultado de una larga etapa de luchas, podría o debería imponer a través de la negociación un nuevo marco político, expresado en la Alternativa KAS; ese nuevo marco no es, todavía, ni independencia ni el socialismo, sino un primer cambio revolucionario, en cuyo contexto habría que defender las conquistas y proseguir la acumulación de fuerzas para imponer nuevos procesos negocia dores, nuevos marcos y nuevas conquistas parciales.

Este proceso, que se considera especitico para la realidad vasca, no aclara cuáles son los rasgos y objetivos conseguibles en la siguiente etapa, ni cuál la adecuada combinación de formas de lucha en la misma (tan sólo el papel de ETA como garante de las conquistas), ni cuantas etapas completan el proceso. También es novedad la "gradualidad" misma que se establece dentro de cada "cambio revolucionario", que supone una serie de cambios menores dentro de un proceso temporal más o menos diferido.

Esta definición estratégica se contrapone expresamente a otras, como la de una victoria militar (obviamente descartada) o un proceso insurreccional rápido. Digamos que la descripción que se hace del "insurreccionalismo" resulta bastante unilateral, en términos predominantemente militares, y con ritmos muy acelerados de autoorganización; muy ajena a la perspectiva que desde algunas otras posiciones, la nuestra entre otras, se ha expuesto. Las dificultades para una estrategia revolucionaria en Europa

Las razones para descartar otra estrategia que no sea la negociadora se refieren a las características del proceso político en un país capitalista desarrollado, con una realidad social que dificulta la

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"penetración ideológica" entre la población. Las dificultades para una estrategia

Men un país de Europa con una complejización de las estructuras de poder y de dominación social, son más que ciertas. Por ejemplo, cómo combatir el hecho de que los me-

"consenso" (la democrática burguesa) prevalezcan sobre los de "coacción", incluso en el caso de una nacionalidad oprimida como la

Men que la coacción ocupa un particularmente importante; pero no se puede dejar de constatar, tambien aquí, la importancia de esos mecanismos de dominación "consensuada".

No hay respuestas sencillas. Desde nuestros planteamientos hemos intentado formular el combate contra esta enorme estructura de poder, como una combinación entre una prolongada "lucha de trincheras" (con lentos procesos de acumulación y múltiples frentes de combate. reivindicativo, ideológico, etc.) y una guerra de "movimientos" (en determinados momentos en que se puede plantear la lucha directa contra el Estado). Son aspectos de esa "guerra de posiciones" el tratar de ganar influencia en la mayoría de la clase trabajadora, en con las direcciones reformistas, habitos o tradiciones de maria sa

By tradiciones organizativas; el desarrollo de viejos y nuevos movimientos sociales y políticos, su interrelación y confluencia... Pero existe la posibilidad. como ha ocurrido históricamente, de que se abran situaciones de crisis en el poder de los Estados y de fuertes convulsiones sociales y políticas, situaciones en las que sea posible pasar de la resistencia a la ofensiva y en las que una organización de vanguardia podría encaminar la lucha hacia un poder revolucionario. La forma que mejor se corresponde a esta perspectiva nos parece la de un movimiento insurreccional, de autoorganización y movilización (donde caben muchas combinaciones de formas de lucha, procesos de masas y de minorias,

_a condición es la concentración de una fuerza social poderosa, la extensión de la movilización a nuevos sectores, a nuevos frentes, a nuevas problemáticas: es la rebelión de las y los oprimidos y explotados, de amplias capas de la población, lo que puede permitir agrupar las fuerzas necesarias para derrotar a un enemigo tan poderoso. Toda esta visión es demasiado general, demasiado hipotética e imprecisa. Y sin embargo, pensamos que es el camino más acotado para un viaje tan complejo e incierto.

¿Es posible encontrar un atajo a un camino tan largo y lleno de virajes? KAS cree que sí: reconoce las dificultades para enfrentarse a ese tremendo poder del estado capitalista español y para ganarse a la mayoría de la población a una vía de autoorganización y movilización con posibilidades de victoria; pero viable, en cambio, ir imponiendo una sucesión de conquistas parciales, auténticos cambios de marco político; apoyándose en un movimiento revolucionario que tiene unas limitaciones evidentes en cuanto a extensión y profundidad y donde el elemento más importante es el accionar de una minoría armada; y confía conseguir por esta vía un avance continuado, hasta la independencia y al

Es justo y deseable intentar servirse de la correlación de fuerzas existentes en cada momento para lograr conquistas parciales, a defender después y a utilizar como puntos de referencia: los éxitos del movimiento revolucionario pueden convertirse en nuevas trincheras, que transforman los campos de lucha y favorecen nuevos avances. Si se trata de esto, no cabe más crítica que la del acierto en la valoración de las fuerzas y sus posibilidades (lo que hemos intentado hacer en la primera parte de este artículo). Pero si se quiere abrir con ello una nueva vía de transformación revolucionaria de la sociedad, el desacuerdo es con el planteamiento de fondo. Porque mientras la estructura del Estado permanezca intacta, cualquier cambio no es sólo reversible, sino también asimilable para el poder, y susceptible de ser utilizado en su favor para llevar al movimiento revolucionario

Nos parece ilusorio pensar en una vía de conquistas y reformas sucesivas, hasta llegar a conseguir los objetivos finales: hoy el nuevo marco jurídico-político, mañana la autodeterminación y la independencia, pasadomañana el socialismo. Este cálculo es irreal. Recuerda a aquél de los viejos "reformistas" de comienzos del movimiento obrero (que no tienen nada que ver, en cuanto a voluntad de cambio y en integridad moral, con los actuales servidores del Estado), quienes pensaban en un avance gradual e indefinido del movimiento revolucionario a base de conquistas parciales. Lo que fallaba a aquellos era la comprensión de la naturaleza del Estado capitalista. Lo que falla a los análisis que estamos comentando es también una comprensión de la naturaleza de un Estado que ha fortalecido y complejizado sus mecanismos de dominación sobre el conjunto de la sociedad. El problema del enfrentamiento con el poder del Estado, y de conseguir para ello la movilización de una mayoría social, aparece como el central e inesquivable en una estrategia revolucionaria. Liberación nacional y socialismo, ¿dos fases?

Es ya un lugar común afirmar que liberación nacional y liberación social son dos aspectos de una misma lucha. Si frases como ésta fueron polémicas hace veinte años, hoy día casi cualquier militante nacionalista revolucionario podría reivindicarlo como parte de su visión del mundo. Pero no es cuestión de ideolo-

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gía, sino de estrategia y de política, y en este sentido sentido sigue habiendo un debate pendiente.

El objetivo de la lucha en esta etapa es, para la corriente KAS, el cambio del marco jurídico y político, en los términos su Plataforma, nuevo marco donde podrian abrirse vías de solución a una serie de problemas, pero todavía un marco político en el seno de las actuales estructuras de poder; en un posterior momento de esta etapa, o en una etapa posterior, podría ejercerse la autodeterminación y lograr la independencia; mientras que la lucha por el socialismo queda pendiente para una etapa futura. No hay duda que KAS es una corriente que se basa en planteamientos revolucionarios y socialistas. Esto no está en discusión para nosotros. Sí, en cambio, la forma de articulación de la lucha nacional y social, su etapización. Y esto desde un doble punto de vista, el de la naturaleza del poder al que se enfrenta el movimiento de liberación nacional vasca, y el de la fuerza social que necesita agrupar para conseguir sus objeti-

La burguesía española, y también la vasca, necesitan un Estado sólido, pero dicho Estado, tal como se ha formado históricamente y como está hoy constituído, tiene uno de sus soportes en la unidad territorial española. La reivindicación nacional cuestiona precisamente dicha unidad, y de ahí la gravedad del conflicto y la dificultad de su solución, desde un punto de vista burgués. A diferencia de los conflictos coloniales, donde la metrópoli puede llegar a desentenderse de una parte del territorio, tal vez con muchos traumas, pero manteniendo lo fundamental, el desgajamiento del Estado español tendría otros efectos y otra envergadura. Por ello hay que pensar que la burguesía va a defender con uñas y dientes esa unidad; y también la burguesia nacionalista vasca va a anteponer sus intereses de clase a su compromiso nacional. Por ello no se puede pensar en una lucha meramente democrática contra el actual Estado, sin atacar también a la naturaleza burguesa del mismo.

Y por otra parte, si consideramos el conjunto de fuerzas sociales que se necesitan para poder imponer al Estado y a la burguesía el derecho a la autodeterminación y la independencia, concluímos que su movilización sólo resultará posible si llegan a entender que el proceso de la libertad nacional, es el mismo en que podrán conquistar sus reivindicaciones; esto es, si ven la lucha nacional estrechamente unida a la social, sin aplazamientos ni etapizaciones. Una visión militar de la relación de fuerzas

Cuando la corriente KAS expone teóricamente cómo se construye la correlación de fuerzas, ofrece una combinación acertada de distintos sectores sociales у campos de trabajo político (organización, movilización popular, citas electorales, acción militar, etc.). Pero en el terreno más práctico, cuando se formula la idea misma de estrategia de negociación o se trata de su viabilidad concreta, esta correlación de fuerzas tiende a ser tratada de forma unilateral, fundamentalmente en términos militares, esto es, por la capacidad de ETA de mantener un nivel operativo; o también, por la suma entre esta capacidad operativa militar, el avance electoral de HB y la capacidad de convocatoria a algunas manifestaciones

En una situación de cierta congelación de la relación de fuerzas, donde ni el Estado ha sido capaz hasta ahora de imponer un retroceso significativo en la nacional, ni ésta tiene las fuerzas suficientes para imponer cambios fundamentales, en esta situación de relativo equilibrio, el mantenimiento de una actividad armada que conecta con el estado de ánimo de una amplia corriente de masas, puede llegar de alguna manera a reflejar o concentrar esta acumulación. Es el caso de la pugna actual del Estado por derrotar a ETA, como forma de dar un golpe al movimiento de resistencia en su conjunto. Esto es cierto. También lo es que pueden darse otras situaciones, en que una actividad militar exitosa no se corresponda con la fuerza y presión de un movimiento. Lo militar sólo puede ser entendido en relación al conjunto, en absoluto como el factor determinante.

Pero en la consideración de la relación de fuerzas no siempre se tiene suficientemente en cuenta un elemento de importancia capital: lo que podríamos llamar la "resistencia social" esto es, el grado e impacto de la conflictividad social, el desarrollo organizativo y la madurez de cada uno de los movimientos sociales, la integración que se produce, o no se produce, entre luchas nacionales y movilización de base (la incidencia en as tabricas, la dinámica de las huelgas generales, ...), etc., etc. En la situación movimiento de resistencia vasca sobran los ejemplos que demuessocial. Sin esta consideración, los análisis de la acción armada, la evolución de los votos o los asistentes a la manifa central y legal, pueden ser significativos para valorar los avances o retrocesos que se producen dentro de una situación estancada, pero no expresan acertadamente la fuerza social de que se dispone ni las posibilidades de profundización del El lugar dependiente de los movimientos sociales

La diferente perspectiva estratégica tiene una repercusión bastante directa en un tema tan concreto como es la posición ante los movimientos sociales. Podríamos decir, con cierta simplificación: si se tiene una perspectiva de acumulación de fuerzas a largo plazo, de desarrollo de un conjunto de fuerzas sociales y políticas como base para poder plantear un enfrentamiento radical con un Estado enormente poderoso, entonces el respeto de las peculiaridades y reivindicaciones de cada sector, de cada movimiento social y político se vuelve una cuestión fundamental, una condición para el ensanchamiento y masificación del frente de lucha; la presentación de perspectivas de conjunto necesita apoyarse en la especificidad y autonomía de cada parte. En cambio, si se tiene una concepción en la que la limitación de las fuerzas de que se dispone actualmente puede contrapesarse con la presión por una salida negociadora, parece claro que el papel de cada movimiento y de cada sector deba ser ante todo el de punto de apoyo de este objetivo central de lograr una negociación para un cambio de marco.

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La misma debilidad de las fuerzas disponibles presiona en el sentido de acentuar esta dependencia. Hemos criticado en otras ocasiones la utilización de la negociación como una "aspirina" que sirve para curar todos los males; todos los problemas de todos los movimientos: esta crítica se entiende mejor a la luz de esta diferente perspectiva estratégica.

El cambio de marco jurídico político, tal como lo plantea la alternativa KAS en la actual relación de fuerzas; no puede ser una solución a problemas como el del paro, la droga, la marginación de la

, la dominación patriarcal, cada uno de los cuales está motivando novimientos y respuestas particulares

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3. LA POLITICA

DE LA NEGOCIACION Queda otro terreno de discusión, la concepción misma del proceso negociador (qué, quién, cómo, con qué garantías, ..., lo que podríamos llamar las "circunstancias" de la negociación). hecho de que la corriente KAS, por encima de exageraciones o ilusiones que se han podido crear en algunos momentos, ha venido manteniendo una posición firme en cuanto a que la base de la negociación sea la plataforma conocida como "Alternativa KAS", rechazando entrar en una discusión y en cálculos sobre una hipotética negociación "a la baja". Esta entereza ha impedido a las fuerzas del sistema abrir grietas en esta corriente, a pesar de la descomunal manipulación y las sucesivas maniobras. Para mayor mérito, esta afirmación se hace en condiciones enormemente duras, en una situación de cerco y acoso, donde el Esta. do cuenta con bazas nada despreciacomo son el chantaje sobre las condiciones de vida de un colectivo de varios cientos de presos políticos, el tráfico de refugiados, las presiones internacionales, etc. No vamos a hacer aquí la descripción, de sobra conocida, de cuál ha sido la política del gobierno socialista hacia el sector radical de la lucha nacional vasca. Pero no está de sobra insistir en que este sector se ha mantenido firme y combativo, sin claudicar en ningún El proceso negociador

Pero si esta actitud es inequívocamente clara, la previsión sobre cómo vaya a to avance, habrá mejores condiciones para luchar por cada una de estas cuestiones. Pero no otra cosa. No es verdad que los mecanismos legales, institucionales, ... que se puedan establecer, bajo una estructura social que —aún en el caso de que la negociación llegase a buen puerto— se mantendría igual, sean una vía de solución a problemas como los citados. Presentarlo así introduce confusión y dificulta la comprensión de la necesaria relación entre la lucha nacional y la lucha de emancipación social en su conjunto; opera por tanto en un senti-. do contrario al de una ampliación cualitativamente significativa del campo revolucionario, que requiere un esfuerzo consciente por impulsar la autonomía y las reivindicaciones de cada sector y de cada colectivo. La estrategia de la negociación resulta demasiado estrecha para ello. ser el proceso negociador, y en conse cuencia el papel que se parece estar dispuesto a jugar, no lo son tanto. La negociación es definida como un proceso gradual y progresivo, de cierta duración, en el que a partir de que se establece un determinado acuerdo se suceden algunos logros evidentes y otros menos evidentes procesos evolutivos, que en su conjunto constituyen un cambio del marco "politico-jurídico". Concretamente, hay aspectos (como el de la salida de los presos) que tienen materialización inmediata o casi; y otros (los problemas de fondo de la autodeterminación o la integridad territorial, esto es, Nafarroa) que requieren un tiempo, y cuya plasmación requiere una combinación de mecanismos institucionales y de compromisos

No es difícil objetar, y es de suponer que la corriente KAS también lo haya tenido en cuenta, que en un proceso tan distendido y gradual el Estado puede dar gato por liebre a las aspiraciones expresadas al reivindicar una negociación. Puede responder con algunas "concesiones" inmediatas (o incluso también con cierta graduación o escalonamiento de ellas), y toda una serie de compromisos no del todo definidos, calendarios de desarrollos institucionales y legislativos, promesas de que tales cosas caben dentro de un juego democrático-institucional, ... que en su conjunto no supongan en absoluto un cambio de marco jurídico-político sino más bien un desarme de la corriente radical. Particularmente en los temas de fondo del conflicto — la autodeterminación, la integridad nacio-

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nal, la soberanía, etc.— no caben esperar soluciones de raíz, pero no son de descartar toda una serie de medidas políticas intermedias, que pueden ser utili-

Men favor de las opciones moderadas, y para quitar protagonismo a las radicales.

Es un juego absolutamente posible, ya sea dentro o tuera de un contexto negociador, proceder a reformar el estatuto, vincular al territorio navarro proyecto conjunto, ceder más competencias, retirar parte de las fuerzas policiales, cambiar de alianzas políticas, incluso reformar la constitución.... sin cambiar por ello lo fundamental de la dominación española sobre Euskadi. Esto dentro de un largo proceso, manteniendo a las fuerzas rupturistas a la espera, evitando que ningún "cambio político" aparezca como un logro directo de la lucha, facilitando la capitalización de determinadas fuerzas institucionales (y como todo el mundo sabe, hay más de una en la sala

Se dirá que son riesgos contemplados y que lo tundamental es la tuerza del MLNV. El problema es, en nuestra opinión, justamente ése, que no hay ningun tipo de garantías o seguridades a imponer al Estado. Considerar a ETA como garante de ese hipotético acuerdo es sobrevalorar enormemente su fuerza y capacidad de presión. Hacer el cálculo, como a veces se hace, de que HB se vaya a convertir en la primera fuerza electoral de Euskalherria, parece también discutible e insuficiente. Discutible que el mero hecho de que se dé una negociación como la que se está pensando y no otra (o en otras condiciones diferentes) pueda abrir una tal expectativa social en favor de HB; tampoco se puede despreciar la capacidad de recuperación de los partidos del sistema; y en particular, el peso del nacionalismo moderado, aún escindido como está en dos fuerzas equivalentes (y con funciones diferentes a la espera de cómo evolucionen las coyunturas), seguirá siendo

Pero además está el hecho indudable de que, sea cual sea su peso electoral, HB tendrá enfrente a todas las demás fuerzas del sistema, en santa alianza, para impedir que legalmente pueda ejercer ninguna primacía. Claro que lo fundamental no es si legal o electoralmente será o no la primera fuerza: un avance de HB será positivo para la lucha de liberación y un factor de crisis para el sistema; pero no somos nosotros quienes hemos inventado ese cálculo. Los compromisos de gestión

Más todavía que las cuentas exageradas sobre el posible avance de HB, preocupa una idea que se ha colado últimamente, la de que este proceso implicará que HB se moje, que asuma responsabilidades de gestión, con todos los riesgos que ello supone. En un anterior y famoso documento, en primavera, se daba una importancia enorme a este aspecto; así, se llegaba a afirmar que una de las principales tareas era la preparación de los futuros cuadros de la administración vasca; y se preveía de un desgaste "a causa de las labores de gobierno, que deben conciliar intereses diversos de sectores sociales diferentes e incluso evenantagónicos". Pero hoy mismo, con algo más de prudencia, sigue siendo una idea presente: "atisbamos a HB", se dice, "incluso en responsabilidades políticas de gestión de gobierno".

Esta es una perspectiva muy arriesgada. No por ninguna consideración abstracta sobre los riesgos de ejercer el poder, sino precisamente porque el poder no estará en sus manos, porque no se tratará de eiercer el poder sino tan solo "gestionar" un poder ajeno. No es un asunto de "marco jurídico", que se modifique en una mesa de negociación, el hecho de que el poder recaiga en determinadas fuerzas sociales. Y por ello el pretender una "gestión" del poder sin considerar su naturaleza social, sólo puede hacer de HB un rehén del sistema burgués, al margen por supuesto de su voluntad. No nos parece que sea una prevención exagerada por nuestra parte,

Yes algo que se anuncia o se desea con demasiada insistencia. A modo de conclusiones

La negociación es la salida táctica de una determinada estrategia que no es la nuestra. Es la política actual de una corriente que se ha configurado dando un peso determinante a la organización y la actividad armada, y que ha hecho de ella un centro y una guía. Pero no somos ajenos al hecho de que esta política levanta grandes expectativas y tiene unas repercusiones evidentes en la realidad vasca, que nos obligan a definirnos:

1.- Defendemos la legitimidad de esta exigencia de una negociación (política, por supuesto), frente a quienes pretenden mantener una situación de dominio nacional con medidas de fuerza y coacción. Parece una sapiración elemental, que puede por tanto cuajar entre amplios sectores de gente, que el Estado renuncie a una solución impositiva y pase a negociar, acabando así un largo y costoso conflicto. Claro que el Estado no va a negociar, y aún menos ceder, si no es por la presión y la fuerza que demuestre el movimiento nacional vasco; y que forzar el reconocimiento de los derechos que están en la base del conflicto requiere una correlación de fuerzas muy favorable, para lo que hay que desarrollar una enorme fuerza social, unos grados de organización y movilización elevados, unos sólidos aliados fuera de Euskadi,

2- Concretamente, ¿qué se puede esperar hoy de ello? No creemos que hoy por hoy exista ni una tan crítica situación del sistema, ni una tal dinámica social y acumulación de fuerzas, que permitan lograr un cambio sustancial en el sistema político que vivimos (lo que se entiende por un cambio de marco político). Sí, tal vez, para lograr algunos logros parciales, los cuales, en unas condiciones en que se mantenga una presión política firme y no se extiendan falsas expectativas, puedan ayudar a avanzar y a mejorar las condiciones de lucha y de organización.

3.- Esta perspectiva es bastante diferente a la mantenida por la corriente KAS. Pero no tenemos ninguna pretensión de meternos a consejeros de cómo, cuándo y qué negociar; y menos aún queremos caer en la crítica fácil de quien no está directamente implicado. La corriente KAS ha hecho de la negociación su leit motiv político; debe considerar además datos tan reales como la existencia de un amplio colectivo de presos y exiliados, blanco de chantaje y comercio por parte del Estado. No tenemos ningún prejuicio sobre como vaya a responder este corriente, que ha demostrado su inteligencia política en repetidas ocasiones en todos estos años, a la evolución de los acontecimientos, a los complejos y arriesgados problemas de táctica que se plantearán.

4.- En contra de cualquier planteamiento de una próxima solución negociada, pensamos que hay que prepararse para una larga etapa de resistencia, en todos los terrenos; y que en esas coordenadas, sin previsiones de saltos cualitativos en el horizonte, habrá que proseguir la acumulación de fuerzas revolucionarias y rupturistas. Pero esta acumulación no debe entenderse en una única dirección. La resistencia debe ser tanto nacional como social, social como nacional, aspectos que si bien están relacionados, ni son idénticos, ni su relación es automática. Pensamos que es el desarrollo de la vertiente social de la lucha en

Euskadi, en estrecha unión con una lucha nacional radical, lo que puede permitir en un futuro una inflexión en el proce-