Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Afganistán: El acuerdo sobre la retirada

· Inprecor n.º 64, noviembre de 1988 · pp. 11-18 · 5.646 palabras

presentes en el suelo afgano, según la cifra divulgada recientemente por el Estado Mayor soviético, deberá ser retirada el 15 de agosto de

Tales son los términos del acuerdo firmado en Ginebra, el pasado 14 de abril por los gobiernos de Afganistán, de Pakistán, de la URSS y de

Afganistan

CUERDO

RETIRADA

SOBRE

Las tropas soviéticas han comenzado, el pasado 15 de marzo, su retirada de Afganistán. la mitad de los 100.000 soldados de Moscú los EEUU.

Salah Jaber

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EL A

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NOTAS: (1). Inprecor n° 239 del 30 de marzo 1987 (ed. francesa). (2). Se puede encontrar una muestra de tales opiniones formuladas por "especialistas" como Helene Carrere d'Encausse, en el dossier publicado por Défis Afghans, nº 13, de marzoabril 1987, bajo el título "Que veut Gorbatchev?". (3). Graham Fuller en The Washington Post; artículo reproducido en International Herald Tribune del 8 de marzo de 1988. (4). La nouvelle Revue Internationale, n° 353, enero de 1988. (5). Entrevista concedida a la Agencia Bakhtar, el 6 de enero de 1988.

Las negociaciones indirectas, bajo la égida de las Naciones Unidas, entre los representantes de Kabul y de Islamabac habían comenzado en 1982. Se habiar concentrado desde hace bastante tiempo sobre la cuestión del calendario de la retirada de las tropas soviéticas: la primera propuesta soviético-atgana era escalonar la retirada en cuatro años, mienras que la parte pakistano-americana exigía que el plazo se limitara a tres

La distancia entre las dos propuestas iba a reducirse sin embargo de torma rápida a partir de 1986. E inesperada mente, el 8 de febrero pasado, Gorbachov anunciaba que la URSS y la República de Afganistán habían llegado al acuerdo de reducir el plazo a diez meses y de fijar la fecha del comienzo de la retirada el 15 de mayo, previendo que la firma de los acuerdos tendria lugar en el 15 de marzo. Esta se ha hecho finalmente con un mes de retraso, en razón de nuevas divergencias surgidas entre los protagonistas. No era la última reducción de un mes de plazo propuesta por Mijail Gorbachov la causa de este retraso esta vez, sino las nuevas exigencias formuladas por Washington e Islamabad, que tomaban así la apariencia de una voluntad de bloqueo

Pakistán ponía como condición nueva para la firma de los acuerdos un pacto previo sobre un gobierno interino que debería suceder al gobierno de Kabul. La administracion Reagan, por su parte, re visaba bajo la presión del Congreso americano, el sentido que habia que dar a la reciprocidad de la "desimplicación" de las dos grandes potencias. A cambio de una interrupción de la ayuda militar americana a las fuerzas rebeldes afganas, Washington no exigía ya solo la retirada de las tropas de Moscú, sino también la interrupción de la ayuda militar soviética al gobierno de Kabul.

exigencia pakistaní, Gorbachov había ya respondido perentoriamente en su declaración del 8 de febrero: "Es un problema afgano puramente interno Sólo los afganos son capaces de resolverlo (...) Cuando nos sugieren que la Unión Soviética debe tomar parte en negociaciones apropiadas y, encima, con terceros estados, respondemos de forma clara y neta: ahorrarnos eso, no es nuestro problema, ni el vuestro".

Luego, frente a la nueva posición de Washington, Moscú amenazaba, a partir del 17 de marzo, con entenderse sobre la retirada de sus tropas únicamente con el gobierno de Kabul, lo que constituía una amenaza apenas velada hacia Pa kistán, en la medida en que los acuerdos de Ginebra implican igualmente que Kabul y Moscú cesen de apoyar las actividades subversivas en su territorio. Finalmente, se llegaba entre americanos y sovieticos sobre una

"simetría positiva" de la ayuda de cada una de las grandes potencias a sus protegidos. En otros términos, Washington se comprometía a dosificar su ayuda a los mujaidines en función de la importancia de la ayuda de Moscu al gobierno de Kabul. Pakistán continuaría sirviendo de zona de tránsito de la ayuda extranjera a la rebelión afgana, pero ésta debería desplazar su equipo militar y entrenamiento de sus tropas hacia el interior del territorio afgano. Los acuerdos de Ginebra podían al fin ser firmados, aunque vaciados tácitamente de una buena parte de su sustancia. La determinación de Moscú

La determinación manifestada por Moscú en cuanto al avance del proceso de retirada de sus tropas de Atganistan, confirma la apreciación que formulábamos hace un año(1) al afirmar que Gor-

"estaba realmente preocupado por salir" del atolladero afgano y que, en ese sentido, si la actitud americana impedía la conclusión de un acuerdo, "no está excluído que Moscú intente ir hasta el final de su estrategia de desentendimiento, sin acuerdo".

Esta opinión era lejos de ser unanime en el momento en que se expresaba: numerosos comentaristas no veían en la actitud de Gorbachov más que una "maniobra política" y subrayaban con fuerza según ellos, el "banco de pruebas" afgano representaría para el ejército soviético(2). Para los detensores de la teoría del "expansionismo ruso", la reciente decisión de Gorbachov aparece como algo "extraordinario". Por el contrario, como constataba recientemente un experto de la CIA, "sólo quienes habrían podido sostener en 1979 que la Unión Soviética no había jamás verdaderamente deseado ir allí, que tal acto era atípico del comportamiento soviético, pueden ahora decir que están menos que profundamente impresionados por las implicaciones de la retira-

Los decepcionados del expansionismo se agarran hoy a presentar la decisión soviética como producto de una derrota militar de la URSS. Pero si hay "derrota", hay que decir que era evidente desde hacía bastante tiempo. Hace varios años que era posible afirmar, como hicimos hace un año, que "el balance de la intervención de las tropas soviéticas es un fracaso". Sin embargo es cierto que la estrategia puesta en pie por Gorbachov en Afganistán desde 1985, ha dado claramente frutos, incluso si no ha modificado decisivamente la relación de tuerzas.

¿se puede creer seriamente que la URSS no tenía los medios necesarios para enviar más de 100.000 soldados para controlar un territorio de 650.000 km2, en sus fronteras, mientras que Israel había enviado esa misma cantidad de soldados para ocupar 6.000 km de territorio libanés, y que cinco veces más soldados americanos se habían desplegado, antes de 1973, sobre los

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170.000 km de Vietnam del Sur?. Tengamos en cuenta además que la intervención soviética en Afganistán nunca ha suscitado contestación interna e internacional comparable en proporción y en intensidad a las que conocieron EEUU e Israel en los dos casos citados.

De hecho, es la vulnerabilidad económica, y no la militar, de la URSS la que explica el camino seguido por Mijail Gorbachov. Contrariamente al imperialismo americano, para quien Vietnam representa un punto muy importante de su política de dominación del mercado mundial y un gran negocio para los intereses

"complejo industrial-militar" asunto afgano era esencialmente "defensivo" y político para una burocracia soviética asustada, alarmada por la expansión del integrismo islámico en sus fron-. teras, tras la victoria de Jomeini en Irán, en febrero de 1979. El objetivo apuntado no era la "mongolización" de Afganistán

"asimilación", sino impedir la llegada de un poder integrista a Kabul, cosa que juzgó inevitable en 1979. Los límites del despliegue soviético en Afganistán han permanecido guiados por este objetivo. Incluso así limitada, tervención no dejaba de representar, para Moscú, una pesada sangría que agravaba el peso global de los gastos militares, en el marco de una economía en situación delicada y no competitiva, en la que no existe interés económico particular de las industrias militares. Por otra parte, el arreglo del conflicto afgano como una de condiciones de la distensión con los EEUU, puesta de nuevo en el orden del día por un Gorbachov preocupado por arreglar las condiciones externas de su perestroika. Consideración pero sin embargo importante: la intervención soviética, en vez de prevenir el contagio islámico en las repúblicas orientales de la URSS, ha mostrado sector dinámico de dicho contagio.

La forma en que los dirigentes del Kremlin, y su protegido atgano, han presentado la decisión de retirarse de Atganistán, confirma que ésta es un elemento inseparable del contexto de la política exterior global de Gorbachov. Desde la inauguración en 1986, de la política de "reconciliación nacional" en Afganistán, el "doctor Najibula", presidente de su república, no pierde la ocasión de recordar, en Cuba, Vietnam o en las publicaciones internacionales apadrinadas por esta política "ha interés en mucha gente en el extranjero, principalmente en Kampuchea y en cinco países centroamericanos. La idea de reconciliación, tiene, en sí, un carácter universalmente humano"(sic)(4). El pasado enero, Chevardnadze, el ministro de Asuntos Exteriores de Gorbachov, atirmaba a la agencia de prensa afgana, que esa misma política era "una reflexión de las grandes tendencias mundiales" y tenía "un efecto benéfico sobre el clima internacional", añadiendo con toda claridad que "probada en Afganistán, es retomada cada vez. más frecuentemente como modelo de base para el arreglo de conflictos en otras regiones"(5). Gorbachov en fin, en su declaración del 8 de febrero, era aún más explícito con un amplio ejemplo quirúrgico, de los que le gustan tanto: "Si la carrera de armamentos (…..) es una carrera loca de la humanidad, hacia el abismo, los conflictos regionales son llagas sangrientas capaces de engendrar focos de gangrena en el cuerpo de la humanidad. La tierra está literalmente ulcerada por esos peligrosos focos, cada uno de ellos causa no sólo dolor de los pueblos directamente comprometidos, sino también de todos, ya se trate de Afganistán en el Próximo Oriente, la guerra Iran-Irak, Africa del Sur, Kampuchea o América Central (...). Llevar a bien el arreglo político en Afganistán constituirá una brecha en la cadena de los conflictos regionales (...) y va a permitir plantear la cuestión: ¿cuál será el próximo conflicto que se solucionará?. Porque los habrá, necesariamente". Este es verdaderamente un lenguaje de futuro premio Nobel de la paz, que el propio Papa hubiera podido tener.

La política universal de "reconciliación nacional" y de retirada de las fuerzas extranjeras predicada por Gorbachov se inspira directamente en un precedente poco glorioso: el abandono americano del Vietnam.

Los grandes rasgos de la política afgana de Gorbachov parecen calcados en todos sus puntos del precedente americano en Vietnam. La "afganización" de la guerra soviética es una réplica de la "vietnamización" de la guerra americana, sobre un fondo de retirada de las tropas de intervención tanto en un caso como en el otro. La "reconciliación nacional"

La "reconciliación nacional" predicada por Gorbachov y Najibulá parece un eco del "Consejo nacional de reconciliación y de concordia nacionales" previsto por los acuerdos americano-vietnamitas de Pa-

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(6). Como buen racista, califica los metodos de Thieu de "detestablemente vietnamitas". (7). "Comrade Najib's speech at the plenum or PDPA CC", , Afganistán Today Publishers, Kaboul junio 1987. (8). Los corresponsales de prensa en Peshawar han notado una fuerte alza de la moneda afgana en el mercado local, signo indudable de una preparación para la vuelta. (9). Defis Afghans n° 15, noviembre 1987. (10). Entre otras, Newsweek del 18 de abril y Le Monde del 19 de abril de 1988. (11). Es significativo que el mitin convocado en Peshawar por la Alianza islámica para denunciar los acuerdos de Ginebra no haya reunido más que 25.000 hombres (Le Monde del 19 de abril), mientras que los tres millones de refugiados afganos en Pakistán están estrechamente encuadrados por las organizaciones de la Alianza. (12). Défis Afghans n° 16, diciembre 1987enero 1988.

rís en 1973. Hasta el texto del acuerdo tiene similitudes, en especial la particularidad de no hacer ninguna mención directa de una de las partes del conflicto: el Gobierno Revolucionario Provisional (GRP) en 1973, la Alianza Islámica en

"El acuerdo sobre el fin de la guerra en el Vietnam, en lo que conozco", escribía Henry Kissinger en los recuerdos de sus años en la Casa Blanca, "es el único documento de la historia diplo mática que no menciona todas las partes en litigio". Pues ya no es el único.

Una diferencia importante dos casos es, sin embargo, la actitud de las fuerzas autóctonas. Aquí, los signos están cambiados. Mientras que la estrategia americana de abandono del Vietnam se enfrentaba a la actitud recalcitrante de Thieu en Saigón descrita ampliamente por Kissinger en sus memorias(6), frente a adversarios que daban pruebas de una gran flexibilidad táctica, aquí son los "mujaidines" los duros, mientras Najibula marcha a tondo con la estrategia de Gorbachov, aunque a veces pida que le convenzan.

Desde su acceso al poder en Kabul, con la bendición del Kremlin, en mayo de 1986, Najibulá se ha hecho el campeón de la "reconciliación nacional". En este camino se han adoptado medidas especMedidas de democratización

Desde comienzos de 1987, el régimen promulgó una nueva ley de inversiones en el sector privado que, mediante las exenciones fiscales y otras tacilidades que plantea, hace del Afganistán uno de los países que mejores condiciones ofrecen a la empresa privada... si no tuera por las incertidumbres que pesan en cuanto a su futuro político. Una nueva ley agraria llevó el umbral maximo de la propiedad de la tierra de 6 a 20 Ha, en las tierras más fértiles. Al mismo tiempo, Najibulá confirmaba que "la superficie de las tierras de quienes han jugado un gran papel en la realización de la política de "reconciliación nacional" (nota: los grandes propietarios de la tierra colabo racionistas, en otros términos) no será limitada"(7). Las reglas islámicas de la herencia fueron restablecidas e incluso consagradas por la nueva constitución que da un papel jurídico y legislativo al Islam y las tradiciones muy superior al de la precedente. Esta nueva constitución ha sido adoptada, a fines de noviembre de 1987, por una reunión adhoc de la Loya Jirgah, versión propia del régimen de la asamblea tradicional de notables que figuraba entre las instituciones de la monarquía afgana. Hasta la designación oficial del Estado ha sido cambiada, suprimiendo el epíteto "democrático". ¡Incluso el emblema y la bandera del Estado han sido islamizados!. Más de un millar de mulahs y ulemas (teolo gos) han sido "elegidos" para diferentes puestos en las instituciones del régimen.

Han sido adoptadas verdaderas medidas de democratizacion politica, junto a otras más simbólicas que reales. En par. ticular, varios miles de prisioneros políticos han sido liberados. La voluntad de apertura del régimen no es ficticia: Najibulá la ha resumido por la fórmula: "quien no está contra nosotros, está con nosotros", ofreciendo una parcela de poder legal a quienes quieran cooperar con su gobierno. El Partido Popular Democrático de Afganistán (PDPA) ya no detenta el monopolio de los puestos dirigentes. Los únicos puestos civiles que quedan exclusivamente para él. según Najibula, son la Presidencia de la República y los ministerios de Defensa de Interior y de Hacienda (los puestos clave, en suma). De hecho, varios ministerios ha sido atribuídos a no miembros del PDPA, que habían ejercido respon-

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sabilidades bajo los regímenes que han precedido a la toma del poder por este partido en abril de 1978. La medida más espectacular en este terreno ha sido el nombramiento para el puesto de primer ministro a fines de mayo, de Hassan

Sharq, que había sido jefe de gabinete del príncipe Daud Shah de 1953-63, luego vice-primer ministro del mismo príncipe Daud, cuando se apoderó del poder derrocando al rey, su primo y proclamó la república en 1973, antes de ser derrocado a su vez cinco años después por el

PDPA. De 1980 a 1986, Sharq había gozado de ese "exilio dorado" que constituye a menudo el puesto de embajador.

Después fue llamado al país en el marco de la nueva política de "reconciliación

Conforme a los consejos prodigados por Moscú, Najibulá ha multiplicado desde diciembre de 1986, sus llamamientos a todas las tendencias de la oposición a su regimen y en particular, a los componentes monárquicos de la Alianza islámica con base en Peshawar, para proponerles el compartir el poder en el marco de una fórmula de coalición. Hasta ahora, estos llamamientos han sido bastante poco oídos; ninguna figura o tendencia mente de la oposición armada ha aceptado la mano tendida por el régimen. No hay duda sin embargo de que han estado y siguen estando tentados de hacerlo. Entonces, ¿por qué no lo haUna oposición heterogénea

Una primera razón es la incertidumbre en cuanto a la capacidad del régimen para sobrevivir tras la retirada de las tropas soviéticas: Quien acepte la oferta de Kabul corre el riesgo, en caso de hundimiento del régimen, de compartir suerte. La otra razón proviene de la propla composición de la oposición, de su heterogeneidad. En efecto, la resistencia vietnamita fuertemente homogénea, incluso casi monolítica, podía permitirse maniobrar políticamente; pero la Alianza islámica afgana es un conglomerado de organizaciones rivales, sólo reunidas para el combate contra un enemigo común y cuyas más importantes organizaciones, las organizaciones integristas, son muy poco inclinadas a dar pruebas de flexibilidad táctica, por su rigidez ideológica de naturaleza fanática. Resulta de ello una atmósfera de una fuerte tensión entre los componentes de la Alianza islámica, que está constantemente amena-

Esta heterogeneidad de la oposición al régimen del PDPA es un dato importante de la estrategia afgana de Gorbachov. De hecho, Moscú y Kabul apuestan por la división de sus enemigos afganos para dar cuerpo a su política de "reconciliación nacional". Saben que las organizaciones de Peshawar -más allá de su papel de receptoras de las centenas de millones de dólares de ayuda de todo género que reciben de los Estados. Unidos y de los regimenes musulmanes reaccionarios- son muy poco populares incluso entre los tres millones de refugiados afganos en Pakistán, a los cuales esas organizaciones intentan disuadir por todos los medios de volver al país, del régimen de Kabul, que tiene más posibilidades de ser oído tras la firma de los acuerdos de Ginebra(8). Esta impopularidad dirigentes instalados en Peshawar testificada por fuentes poco sospechosas de simpatía hacia Kabul. Así, un diplomático occidental destacado en Islamabad declaraba recientemente a la revista Newsweek (9 de mayo 1988) que: «Los jefes son impopulares entre los refugiados. Se murmura en los campos que los jefes se enriquecen y pasan la guerra confortablemente en lejos del frente y de las chabolas de los

Se ha efectuado recientemente entre los refugiados afganos en Pakistán un sondeo que ha sido citado en la prensa mundial. El investigador americano Selig Harrison, especialista en Afganistán, resume asi los resultados en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique (abril 1988): "El conjunto de los dirigentes del exilio ha sido desacreditado por rumores persistentes de tráfico de droga y de desviación de la ayuda americana hacia el mercado negro. De 2.287 refugiados interrogados en 106 de los 249 campos, 71,65% pedían que el antiguo rey -que simboliza un periodo de relativa estabilidad y de relaciones de buena vecindad con la URSS- presida el futuro gobierno; apenas el 1% deseaban que este papel fuera otorgado a un jefe de la Najibulá.

Este sondeo confirma lo que afirmaba algunos meses antes de su asesinato en

Peshawar, uno de los intelectuales más eminentes de la oposición afgana, profesor S.B.Majrouh: "Los soviéticos saben que los dirigentes de Peshawar no representarán jamás un verdadero obstáculo a causa de su debilidad política, de tal forma que el único peligro vendría quizá de la personalidad del Rey. Su intención era anular esta posibilidad presentándola como una solución propuesta por los propios soviéticos. Esperaban que esta maniobra tendría el efecto de acentuar las divisiones de la Alianza". (9)

Cualquiera que haya sido la intención de los soviéticos, este efecto se ha producido totalmente. La cordialidad de las relaciones en el seno de la Alianza islámica ha sido ultimamente ilustrada por este episodio contado por los corresponsales occidentales en Peshawar (10): acusado durante una reunión por Modjadedi, jefe de una de las tres componentes tradicionalistas (monárquicas) de la

Alianza, de haber hecho asesinar al protesor Majrouh, Hekmatyar, jefe del Hezbi Islami, la más poderosa de las organizaciones de la Alianza y la más fanática de sus cuatro componentes integristas, desentundó su pistola y faltó poco para que matara a su acusador.

Los desacuerdos se multiplican entre las organizaciones de Peshawar, desde la firma de los acuerdos de Ginebra: descuerdo sobre la actitud a adoptar hacia los acuerdos(11), desacuerdo sobre el comportamiento ante las tropas soviéticas mientras se retiran, etc. Pero la divergencia fundamental entre los Siete de Peshawar, alrededor de la cual se articulan todas las demás, es la actitud hacia el ex-rey Zaher Shah, en el exilio en Roma. Esto es normal si recordamos que las principales organizaciones de la Alianza, las tres integristas, dadas bajo la monarquía, contra el propio Zaher Shah acusado de marioneta de Moscú y un "modernista" anti-islámico. Esta misma divergencia fundamental se expresa en propuestas contrastadas sobre el modo de designación de la representación política de la oposición. Así, Hekmatyar, que se siente con fuerza por su preponderancia Peshawar, dado que recoge la mayor parte de la ayuda extranjera y dispone de la organización mejor estructurada, proponía que tuvieran lugar elecciones generales (reservadas a los hombres, por supuesto), entre los refugiados en el Pakistan. El jefe de otro grupo integrista, disidente del partido de Hekmatyar, no apreció la sugerencia, según B.Delpuech que escribe en una publicación consa-

La los "mujaidines" (12): "Cuando Younos Khales opinó que unas elecciones democráticas serían contrarias a los principios del Islám, se desarrolló una querella teológico-exegética a fin de descubrir la vía preconizada por el Corán. Se convocaron incluso bleas de mollahs en Peshawar a fin de

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(13). Le Monde del 22 de abril de 1988 (Ndir: la Alianza islámica ha anunciado el 19 de junio, la formación de su gobierno). (14). La nueva constitución suavizada de la República de Afganistán tiene aún, todavía, un artículo 14 que estipula que: "Hombres y mujeres tiene derechos iguales en todos los terrenos económicos, políticos, sociales y culturales", lo que es una afirmación revolucionaria en tierras del Islám.

Indontrar una solución aceptable para

Los realistas por su parte, favorecen la idea de reunir una Loya Jirgah, asamblea de notables, jefes tribales y dignatarios religiosos, enlazando así con la traantiguo régimen. Según mismo Delpuech, Moujaddedi propuso, en un primer tiempo, «constituir un colegio electoral en el que cada una de las representantes (10 teólogos y 5

")» tomando como reterencia modo de designación de los segundo y

Finalmente los Siete de Peshawar decidieron contentarse, por el momento, con designar ellos mismos los miembros de su gobierno. No consiguieron entennombre del "presidente" de no, un tal Ahmed Shah, cuya principal virtud consiste probablemente en ser lo suficientmente insignificante como para ser aceptado por los Siete, y que suscitó este comentario desengañado de uno de los dirigentes realistas de la Alianza: "Cualquiera que no sea elegido por todos los afganos no será apoyado por el pueblo afgano". (13) Los compromisos socio-políticos

Al elegir pues, desde 1986, hacer propuestas públicas al ex-rey en el exilio romano, Gorbachov, sequido por Najibulá, ha dado en el clavo. Informados por sus servicios de inteligencia, tanto uno como otro saben que Zaher Shah (como Sihanuk en Campuchea) es la personali dad que goza de la mayor popularidad entre los afganos, y principalmente entre las tribus pachtunes que constituyen la gran mayoría de los refugiados en Pakistán. ¿Se trata únicamente para Moscú y Kabul de una maniobra "maquiavélica"? No es nada probable, sobre todo para Moscú que no tiene nada que perder y todo por ganar en una eventual colabomos en marzo de 1987, mo de las relaciones que Moscú puede admitir con Afganistán es de tipo finlan'dés. Todos los compromisos socio-políticos son posibles para el Kremlin en este límite bien definido; todos, incluso una vuelta eventual del ex-rey Zaher Shah de su exilio en Roma, si aceptara seguir el

Esta última condición significa sin embargo que, por el momento, la oferta de Moscú al monarca se limita a una función honorífica -quizá incluso una presidencia de la república vaciada de contenido actual, en el marco de un régimen en el que el poder efectivo seguiria en manos del PDPA. En la medida en que una pesada hipoteca pesa hoy sobre ese poder, Zaher Shah no tiene interés en aceptar la oferta que se le hace. Prefiere esperar, apostando por una descomposición del régimen de Kabul, que forzaría a los soviéticos a recurrir a él como al "salvador supremo" y le colo-

Men posición de fuerza ante ellos. Es seguro que no ha perdido la esperanza de recuperar el trono.

Todo va a depender pues de lo que pase con el régimen de Kabul durante los próximos meses. ¿Caerá? ¿no caerá? tal es la cuestión que todo el mundo se plantea hoy. Muchos medios de comunicación occidentales se creen capaces de afirmar perentoriamente que Kabul conocerá inevitablemente, más pronto que tarde, la suerte de Saigón. Esta es también, por supuesto, la opinión de las fuerzas de la oposición. A lo que Najibulá responde que sus detractores venden la piel del oso antes de haberlo ca-

Sólo una cosa es cierta: que una gran parte de las regiones rurales de Afganistán, así como algunas ciudades probablemente, sobre todo las más próximas a la frontera pakistaní, escaparán totalmente al control del PDPA, como ya sucede actualmente en gran medida Incluso si esas regiones se encuentran bajo una autoridad política única, esta autoridad será puramente teórica. división tribal del país se verá combinada con la división cuasi feudal en territorios de jefes militares locales, verdaderos

Parece probable, por otra parte, que las zonas uzbeks y tadjiks del norte del pais seguirán bajo el dominio de los hombres de Moscú. ¿Qué pasara con el resto del territorio controlado por Kabul, que pretende ejercer su autoridad en los dos tercios de las provincias del país, donde un millón y medio de personas se habrían dirigido a las urnas, del 5 al 15 de abril pasado para elegir a los 299 diputados de las dos cámaras afganas?. De hecho, lo esencial en todo este dispositivo es la capital, el Gran Kabul, que reagrupa hoy cerca de tres millones de según estimaciones coincidentes; es decir cerca de una tercera parte de la población que vive en el interior de las fronteras del país

Numéricamente y técnicamente, las fuerzas armadas del PDPA tienen ciertamente los medios para resistir al asalto inevitable de las fuerzas rebeldes. Pero todo dependerá de su cohesión interna, que no está en modo alguno garantizado. Alain Gresh, de regreso de Kabul resume bien la situación en Le Monde Diplomatique de junio de 1988:

«Preguntado un importante cuadro del comité central del PDPA, responde sin dudar: "Debemos prepararnos para lo peor. Y en primer lugar reforzar nuestras fuerzas armadas cuyo potencial se ha consideramente estos últimos años. Tenemos cerca de 130.000 hombres en las fuerzas armadas regulares -el ejército y la Tsarandoy (gendarmería)- y el 60% de los 200.000 adherentes del partido están bajo las banderas o en las milicias". Los salarios en el

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ejército han sido aumentados de siete a veinticinco veces, y numerosas promociones apuntan a garantizar la lealtad de os soldados y de los cuadros, de los que decenas de miles han sido tormados en la URSS durante estos diez años. De la actitud de estos dependen en gran parte el futuro: los mujaidines no tienen ni las armas pesadas ni la unidad de mando que les permitiría apoderarse de

Kabul. Unicamente un desplazamiento del ejército puede procurar una victoria decisiva. Si por el contrario, los oficiales y los soldados permanecen fieles,

PDPA podrá replegarse a sus bastiones urbanos y resistir a los asaltos».

En esta última situación, una ruptura de la Alianza islámica, de la que una fracción -los tradicionalistas- elegiría responder favorablemente a las ofertas de Kabul, podría hacerse posible y llegar a modifirelación de fuerzas en el conjunto del país.

proseguiría incansablemente su combate; son, por vocación, de acomodarse acción encontraría base humana en la gran masa de hombres que se han habituado a la guerra de guerrilla, sobre todo en la generación de quienes no tienen otro recuerdo que ésta. Dicho de otra forma, en todos los casos, la guerra en Atganistan

Los sentimientos de la población afgana

Dos factores van a tener futuro del régimen de Kabul, es decir en su cohesión interna. En primer lugar y sobre todo, la actitud de Moscú: si la URSS da la impresión de abandonar al PDPA, éste sufrirá una catastrote con toda seguridad. Ahora bien, nada permite pensar, hoy no más que ayer, que esta sea la intención de Gorbachov. Seguimos creyendo, según la hipótesis que formulapresencia militar permanente más próxima cuantitativamente a la que se encontraba allí ya antes de diciembre de 1979

(5.000 "consejeros" militares) que a la

El segundo factor, por supuesto, es el

«Este temor pelos y sus largas barbas, tras diez años se hayan convertido en salvajes", una joven residente de Kabúl cuya ropa de estilo occidental contrastaba mente con el chador de la cabeza a los pies exigido por los integristas radicales"» mente razón al inquietarse, si se juzga la suerte reservada a las mujeres campos de refugiados en Pakistán que describían así los corresponsales Peshawar del mismo Newsweek (1-2-88)

sentimiento de la población afgana. Afirmábamos en marzo de 1987, que "los mujaidines encontrarán seguramente muchos menos candidatos al jihad para su Estado islámico, de los que han encontrado hasta ahora, para el combate por liberar Afganistán de las tropas extranjeras". Newsweek del 30 de mayo de 1988 formula la misma idea. Melinda Lin, autor del artículo menciona en particular la repulsión que suscitan los integristas de la población urbana. era particularmente fuerte entre las mujeres educadas, que se han emancipado a un cierto nivel de la practica musulmana conservadora de la segregación de los sexos." Tememos que esa gente de la montaña, con sus largos

, dice fuerte-

Esta habitante de Kabúl tiene segura-

Men los en

"Las condiciones son particularmente duras para las mujeres, que se encuentran casi como prisioneras. Sus hombres les prohíben circular entre los miles de extranjeros de los campos, deben permanecer encerradas en su casa incluso cuando llevan el velo de las mujres musulmanas devotas".

res(14) en los dos campos afganos que se enfrentan desde 1978, es un elemento entre muchos otros que confirman, si la simple evidencia socio-política no bastara, que se trata efectivamente de un enfrentamiento entre un campo progresista y un campo reaccionario. La rebelión afgana es en su origen, no hay que olvidarlo, una pura revuelrégimen que evocaba algunos rasgos de jacobinismo. Las fuerzas rebeldes representaban, y siguen representando, un conglomerado de las fuerzas tradicionales que

1978, trataba de dislocar con gran impericia; a ellas tas. Donde el PDPA proponía alfabetización, laicilas mujeres, destribalización, reforma agraria radical e industrialización ciertamente, todo ello por dictatoriales y burocráticos-, las fuerzas rebeldes defendían la continuidad de la antigua sociedad, de tipo medieval:

oscurantismo, papel importante de los mollah, estatuto inferior de las mujeres, tribalismo, dominio de los grandes rios agricolas, perpetuación del atraso social y económico-, o bien luchaban por una dictadura islá-

La intervención de las tropas de Moscú, a partir de finales de diciembre de

1979, debía ser condenaa y había que exigir su retirada, no porque tuviera un carácter contrarevolucionario, como fue, el caso de

Hungría en 1956 o en Checoslovaquia en 1968, ni porque nos opongamos por principio a la intervención de tropas de

Moscú en cualquier circunstancia -nosotros exigimos su intervención en defensa de Vietnam, igual que hemos aprobado la intervención de las tropas cubanas en

Angola, que se ha hecho con la ayuda de Moscú-, sino porque la invasión de

Afganistán por las tropas soviética, tal como se ha desarrollado, no podía tener

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(15).Inprecor n° 263 del 11 de abril 1988 (ed.

francesa).

otro efecto que el de reforzar considerablemente campo que creía poder aplastar. Por la derrota de las fuerzas reaccionarias

Pero la guerra civil en curso en Afganistán, desde 1978; no ha cambiado sin mbargo de naturaleza. Incluso si duran e ocho años, ha tomado el aspecto de soviegue, para beneicio del camin de la reacción,, éste, hoy igual que en 19802, está compuesto esencialmente po as mismas fuerzas sociales y políticas que combatían al PDPA antes de diciembre de 1979. Igualmente, aunque este ha puesto, sobre todo desde agua en su vino y está más que nunca a sueldo de Moscú, su naturaleza social y política -que se podría definir como pequeño-burguesa progresista, "democrática" en el sentido social del término- ha siendo fundamentalmente misma desde 1978.

En esta guerra, que la retirada soviética lleva a las proporciones de una guerra civil, no podemos ser neutrales, y aún menos apoyar el campo de la reacción. Estamos resueltamente a favor de la derrota de las fuerzas reaccionarias sin sin embargo en absoluto, con el régimen de Kabul cuyo derrocamiento por una revolución auténtica deseamos. Las condiciones para esta última están sin embargo bien lejos de haberse reunido hoy en Afganistán. Pero estamos persuadidos de que la retirada de las tropas soviéticas mejorará las posibilidades de que se forme a largo plazo, mientras que el mantenimiento de estas tropas no puede sino aumentar la putrefacción de la sociedad afgana

Por ello estamos a favor de la retirada de las tropas de Moscú, incluso si como consecuencia se hundiera el régimen de Kabul. Si éste es incapaz de mantenerse por sus propias fuerzas, con la ayuda técnica y financiera de la URSS, contra las bandas heteróclitas de la reacción atgana, los ocho años pasados han mostrado claramente que la tentativa de mantenerle por la fuerza soviética arrastra a esta a una guerra sin fin. Como afirmaba la resolución del Secretariado Unificado de la IV Internacional de marzo de 1988(15): "Si, sin embargo, el gobierno de Kabul se mostrará incapaz de sobrevivir a la retirada soviética, su caída constituiría en cualquier caso un mal menor respecto a que se mantenga el empantanamiento soviético en Afganistán. A largo plazo, la retirada beneficiará en todo caso, la constitución de un movimiento revolucionario de masas en Afganistán y en los países vecinos".

15, junio, 1988