REVOLUCION SANDINISTA
'Democracia у revolución en las Américas", escrito en colaboración cor loaer Burbech. Nuestro colaborador Eric Toussaint ha tenido una larg:
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BASADO
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Orlando Núñez, militante del FSLN desde los tiempos de la lucha conversación con Nuñez en Managua.
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Entrevista a Orlando Núñez, director del CIERA (Nicaragua) la teoría. Yo no pretendo finiquitar un debate teórico, pero sí plantear con un mínimo de seriedad una problemática que está siendo desbordada por la práctica revolucionaria.
Antes de ser publicado el libro, ¿fue discutido con la dirección del FSLN?
En absoluto. No he pedido autorización a ese nivel.
Lo que yo pretendía era hacer una agenda para el debate, y mandarle un borrador, de unas cincuenta cuartillas, a varios amigos míos en América Latina, en Europa, a dirigentes políticos y teoricos, hacer circular un documento libremente y provocar con ello una discusión. Pero la Asociación de Científicos Sociales de Nicaragua (ANICS) recogió el borrador y lo presentó a un concurso. Cuando supe esto, me apresuré a retirar el borrador y a componerlo mejor. En el jurado estaban, entre otros, Marta Harnecker, Pablo González Casanovas, y en general se dieron cuenta de que era un borrador (incluso le faltaba el capítulo final). Estaban de acuerdo con unas cosas y en desacuerdo con otras, pero entendieron que era excelente como agenda para un debate, y decidieron, por motivaciones mitad políticas, mitad científicas darle el premio latinoamericano "Carlos Fonseca" . Sirvió además para alimentar el debate en un foro latinoamericano realizado enManagua, en junio de 1987, por el Centro de Investigaciones y Estudios de la Reforma Agraria (CIERA),
que yo mismo dirijo. Participaron en este foro medio centenar de líderes políticos de la izquierda latinoamericana, intelectuales de izquierda. La mitad de los participantes lo fueron clandestinamente, por su implicación en guerrillas. La otra mitad estaba compuesta por camaradas más o menos públicos.
¿Cómo se desarrolló el debate?
Como coordinador del debate, quedé sorprendido, porque pensaba en principio que mi libro era un tanto heterodoxo y que, por ello, iba a tener no pocos problemas con el pensamiento de izquierda latinoamericano, tanto más porque la composición de la asamblea era pluralista. Había al menos diez posiciones políticas diferentes, con diferencias tácticas y estratégicas sobre la toma del poder. Estaban presentes los partidos comunistas y también los movimientos de liberaconstatar que habia un consenso real en América Latina, que había una fuerte convergencia en el terreno político, a nivel individual y que lo que faltaba era hacer converger ideológicamente grupos, a los partidos, a los movimientos. Había, pues, un consenso mayor del que yo pensaba, al menos en lo reterente a la necesidad del debate, incluso teniendo en cuenta que cada cual tenía su propia visión en función de las particularidades nacionales.
De hecho, llegué a sentirme un tanto conservador, en la medida subestimado la riqueza de la conciencia política latinoamericana; el problema está en las debilidades de formulación. Hubo también acuerdo en constatar la debilidad de conceptualización del pensamiento marxista latinoamericano y una insuficiencia de la difusión escrita de este pensamiento. Hay millones de estudiantes y sindicalistas que no encuentran literatura revolucionaria en las librerías, porque este tipo de literatura sólo está allí en muy pequeñas cantidades.
Dices que en el encuentro de junio del 87 apareció un cierto consenso. Pero, ¿no se expresaron diferencias importantes entre las diferentes corrientes, por ejemplo respecto al balance de la corriente stalinista?
Me viene a la memoria la posición del Partido Comunista de Argentina (PCA). En primer lugar, el PCA hizo en Nicaragua una autocrítica pública: es la primera vez que le veo hacerlo. Hizo una declaración autocrítica en lo que respecta a su antiguevarismo y afirmó la necsidad de realizar un amplio debate al respecto. Más allá de esto, el PCA propuso realizar una nueva reunión latinoamericana en Argentina, del tipo de la realizada en Managua. No puedo decir que haya un acuerdo absoluto, pero sí que hay un consenso sobre la necesidad de debatir entre diferentes corrientes abiertamente. Me refiero a la posición de quienes representaron al PCA en Managua en junio de 1987.
¿Pensáis publicar los trabajos presentados estos encuentros?
Sí, dentro de poco. No es que estos encuentros hayan tenido repercusiones tan grandes como las de la OLAS, pero, aun así, es importante hacerlos públicos.
Ya que mencionas a la
OLAS, ¿se trata, en cierto modo, de hacer revivir aquella corriente?
En efecto, se trata de retomar el hilo de encuentro entre revolucionarios latinoamericanos, a fin de manera más trabajar de unida y hacer frente a la política norteamericana.
Para ti, ¿quiénes componen el mapa de corrientes revolucionarias latinoamericanas? ¿Entre quiénes debe estar el debate?
Yo planteo en el libro la discusión que me parece más significativa, la que se refiere a la diferencia entre, por una parte, la estrategia para la toma del poder
(lo que llamo revolución política) y, por otra, la estrategia para las transformacio-
El marxismo tradicional, cuando pensaba en la revolución, tenía en la cabeza la revolución socialista, las transformaciones socio-económicas, la estrategia adecuada a estas transformaciones; por el contrario, pensaba poco en términos de lucha concreta por el poder. Está claro que hay una articulación entre ambas cuestiones, pero ha habido una preocupación demasiado fuerte por las transformaciones económicas que planteado dificultades para tomar en consideración las transformaciones políticas. Ha habido aquí una especie de trampa, un malentendido a la hora de explicar lo que uno entendía por revolución; una parte de los marxistas pensaba que la revolución consistía solamente en las transformaciones económicas y daba poca importancia a la revolución política.
Así pues, cuando yo hablo de revolucionarios, pienso sobre todo en las organizaciones políticas y en los movimientos que, sin tener necesariamente una formulación marxista explícita, tienen un programa útil para las transformaciones políticas y socio-económicas, útiles para la confrontación con el enemigo de clase
(incluyo aquí a Zapata y a Sandino). Por no limito la caracterización de
"revolucionario" a quienes tienen un pen-
Dentro de la corriente marxista, inclu-
yo a toda organización que tenga reteseñalando en cualquier caso que hay muchos partidos comunistas que, de hecho, no han traba¡ado para la revolución, aun cuando tengan un discurso revolucionario. Incluyo también a otras organizaciones que han mantenido una práctica política muy radical, pero que sin embargo no han conseguido tomar el poder.
El hecho de haber tomado o no el po der no es un criterio, un parámetro que permita distinguir a los revolucionarios de los demás. Si no, sólo podríamos hablar de revolucionarios vencedores. Sin embargo, hay revoluciones que nan fracasado: la lucha no es fácil. Esto es grosso modo, lo que yo entiendo por re volucionarios, si bien tengo que decii soy un especialista en historia política latinoamericana y que mi libro es incompleto. No he tenido tiempo para hacer un trabajo acabado, y creo que esa es una tarea que queda por hacer. Otros camaradas que tienen más tiempo y mas capacidad deben contribuir a ello de manera colectiva, de forma que se consiga hacer un balance crítico cuyo bjetivo sea unir y no distribuir reprimen las y castigos. Es preciso llegar a ur consenso mínimo sobre lo que nos une lasta ahora. los revolucionarioslatinoa
Todo suele enleso por delante, ente
Esa división y ese sectarismo pe san también enormemente en Europa...
Según he podido entender, tú propones la idea de un bloque del prole-
En primer lugar, la lucha está dirigida contra el proyecto de la burguesía y nosotros queremos hablar de ello entre re volucionarios. Este libro no esta destinado a la burguesía, está escrito para los revolucionarios. La lucha está contra el proyecto de la burguesía y del imperialismo. Estoy de acuerdo en hablar de un bloque revolucionario y de la tercera fuerza, pero eso quiere decir que hay una primera fuerza, el proletariado, y una segunda, el campesinado.
La noción de tercera fuerza es útil para provocar la discusión. No he tenido a pretensión de formular un acabado. Lo que quiero hacer compren der a los revolucionarios es que si se piensa hacer la revolución política -lo que implica utilizar a la vez la lucha político-militar, en las barricadas, y la lucha ideológica-hay que ganarse a la mayor cantidad posible de fuerzas sociales, no podemos dejar a nadie al margen en la lucha contra el proyecto burgués. No hay que ser purista. La burguesia no tiene escrúpulos cuando se trata de atraer a proletarios, a campesinos, a mujeres o a estudiantes a su proyecto. Los burgueses nunca han dicho: "Quienes no sean burgueses no pueden luchar a favor de nuestro proyecto". Y nosotros nos hemos pasado, en cambio, años enteros discutiendo sobre la pureza de las fuerzas sociales que pueden participar en la lucha por la toma del poder.
Otra cuestión es determinar cuáles son las fuerzas que participan en las transformaciones históricas tras la toma del poder y, a ese nivel, el proletariado debe ganarse más fuerzas de las que tiene en el momento de la toma del po-
Tras la toma del poder me volveré ortodoxo. Pondré en primer lugar al proletariado y hablaré de la alianza entre el proletariado y los campesinos como una cuestión de primer orden.
Pero, a la hora de hablar de la revolución política, de la toma del poder, debo hablar de la mayor parte posible de la población. Todos aquellos que estuvie ron en primera linea contra el somocismo, contra el proyecto burgués y el imperialismo, son fuerzas revolucionarias. La pertenencia a una clase no es un criterio de selección de los revolucionarios. Aquí tenemos obreros y campesinos que están con la contrarrevolución y hay estudiantes y pequeño-burgueses que estaban con nosotros en el combate y que defienden el poder revolucionario. La Situación de clase tiene gran importancia para explicar las contradicciones en la lucha y para realizar una estrategia de transformaciones históricas, pero, en la lucha por la toma del poder, todo el mundo tiene un potencial revolucionario frente a un poder político como el que ha conocido Nicaragua.
Yo intento "provocar" dando toda su importancia a movimientos amplios como el de las mujeres, el de los estudiantes, los indígenas, los habitantes de los barrios. La tercera fuerza no es sola• mente un sujeto, es también un conjunto de reivindicaciones, de banderas.
Entonces, ¿se podría decir que aquellos revolucionarios que, América latina, no acepten realizar un trabajo urbano-popular (luchas por la vivienda, por el agua, la electricidad, comités de barrio, etc.) difícilmente podrán construir un amplio bloque revolucionario para la toma del poder?
Exactamente. Y si nos referimos a los obreros, hay que decir que, en tanto que, desde un punto de vista revolucionario,
un obrero no tiene horario. La intervención en los centros de reproducción del capital, en los barrios, como tú dices, es también un trabajo con los obreros. No se puede buscar al obrero sólo en la fábrica. En nuestro caso, justo antes de la toma del poder, las fábricas habían sido cerradas y fue gracias a un trabajo en los barrios que pudimos continuar teniendo un contacto estrecho con los obreros, con su experiencia de trabajadores, su instinto de clase. Así pues, el trabajo en los barrios es doblemente importante.
En Brasil y en Nicaragua, por ejemplo, la clase obrera conservará su papel de primera fuerza. Cuando digo que hay una tercera fuerza, es porque esa fuerza ocupa el tercer puesto. Pero también está la cuestión ideológica, la revolución se realiza con un detonante ideológico.
Y, como decía Carlos Fonseca, la revo-
NET NOTANICAN
¡ENDONIME RINDO
ARINDATUMADRE
lución comienza a partir del sector más avanzado de la sociedad. En Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) pensó que ese detonador lo constituían los estudiantes.
En Brasil, el proletariado, la..clase obrera, se mantiene como la primera fuerza desde el punto de vista tual y estructural. Pero nosotros debemos atraer a fuerzas ideológicas que tienen un gran poder de movilización y que pueden jugar un papel de detonante. Y desde ese punto de vista no hay que tener prejuicios contra los estudiantes, contra los intelectuales, contra la pequena burguesía. De estos sectores provienen quienes constituyen las organizaciones revolucionarias, los que van a las
Yo estaba en Francia durante la "revolución" de mayo del 68. Como estudiantes revolucionarios, al cabo de algunos días, fuimos a las empresas para implicar a los obreros en aquel gran movimiento, para extender la lucha, objetivo de poder contar con las fuerzas fundamentales para hacer la revolución.
A ese nivel, se trata de una cuestión de alianzas. El problema no es cuantitativo, sino absolutamente cualitativo: cómo actuar con esas fuerzas sociales que tienen un gran potencial ideológico, los estudiantes, los periodistas, los profesores, los intelectuales. Si estos sectores "enarbolan" una bandera revolucionaria, hay que considerarles revolucionarios, que sean de origen pequeño-burgués. Para hacer la revolución, es necesario que a las fuerzas de los obreros y campesinos se sumen otras. Y, tanto en Brasil como en Nicaragua, el peso de la dientemente del hecho de que en Brasil el número de obreros sea netamente
El problema no es, pues, de peso específico, es ideológico. Si las fuerzas obreras de Sâo Paulo tonces habrá esperanza. No sólo hay que mirar lacantidad de obreros, sino su potencial ideológico. Y está claro que en Sâo Paulo, el potencial ideológico de los obreros es bastante elevado. Pero si existen, también allí, otros sectores dispuestos a luefectivamente, existen-, hay que integrarles a la revolución sin recurrir al purismo. Así pues, es preciso distinguir entre revolución política y revolución social. Cuando hablas de revolución política, ¿te refieres a reunir las condiciones, adoptar la estrategia correcta para la toma del poder y, finalmente, tomar-
Sí, la toma del poder en favor de un proyecto alternativo al capitalismo. Las leyes de la revolución política son distintas de las de la revolución social. Para ésta, las leyes se encuentran en "El Capital", de Marx. Para la revolución política hay que tener en cuenta otras leyes: en primer lugar, el factor ideológico; en segundo lugar, el factor social. La revolución política se concreta en la toma del poder que permite la revolución social. Esta, a su vez, pone en marcha las transformaciones económicas que llevalos necesarios cambios
Esta cuestión de la tercera fuerza me parece importante para comprender la estrategia práctica actual y la acción de la revolución en El Salvador. La Unión Nacional de Trabajado.
res Salvadoreños (UNTS), por ejemplo, intenta aliarse con un sector de los pequeños comerciantes urbanos.
de artesanos, etc., lo que sería útil para una estrategia de toma del po-
Exactamente. Te señalaré una provocación que he deslizado en mi texto, parafraseando una cita del "Manifiesto" de
Marx: "En nuestra lucha, todo el mundo puede tener un lugar, hasta los burgueses individuales que, comprendiendo el sentido de la historia, se sientan llamados por ella, implicándose en su conducción". Esto es lo que ha ocurrido en Nicaragua. Sectores importantes de la burguesía estaban ideológicamente enfrentados al somocismo y al imperialismo, no solamente porque hubiera contradicciones objetivas entre la burguesía, por una parte, y el somocismo, por otra, sino también porque hay muchos valores revolucionarios que pueden enganchar con una burguesía que sabe que su proyecto es tragil y que tracasará fácil-
La alianza con un sector de la burguesía antisomocista fue útil, como hemos visto. Pero esto vale para Nicaragua. Si tomamos como ejemplo a El Salvador, no se ve que haya ningún sector de la burguesía que pudiera participar en la lucha.
Es posible que no se vea ninguno, pero no hay que excluir que lo haya. Si hay alguna posibilidad de hacer esa alianza, hay que utilizarla.
Si, pero es una cuestión muy concreta...
Evidentemente, y no se debe, por principio, aceptarla ni rechazarla.
Hubiera sido peligroso que los sandinistas les dijeran a los demás revolucionarios latinoamericanos: la alianza con la burguesía es necesaria por principio.
Siempre es un peligro. He procurado ser prudente con respecto a la experiencia nicaragüense, para evitar ese peligro. Cada organización debe decidir por sí misma. Hay una serie de principios generales en lo que respecta a las alianzas y a la hegemonía de la vanguardia. Si hablamos de una alianza con la burguesía, esto implica que se haga bajo la hegemonía de los revolucionarios. En nuestro caso, la alianza se realizó bajo la hegemonía del FSLN y de su proyecto. Si está garantizada la hegemonía, todo el mundo puede tener un lugar dentro de esa alianza.
Me gustaría que abordáramos ahora
la segunda parte del libro, la que se refiere a la transición al socialismo.
Hasta ahora, ha sido la burguesía la que ha levantado la bandera de la democracia, mientras que los revolucionarios han sido remisos a ese respecto. Creo que ya es hora de asumir esa cuestión Por otra parte, yo creo que el marxismo desde sus orígenes, es democrático. El pluralismo político es parte de la democracia. La existencia de un partido único no es condición indispensable para mantener, alimentar y desarrollar la hegemo nía revolucionaria. Pienso que se puede mantener perfectamente la hegemonía revolucionaria dentro de un pluralismo que se esté en una sociedad que tenga un proyecto revolucionario y en el seno de la cual las masas sean revolucionarias: ningún partido, ni siquiera de la de recha, puede ser motivo de preocupa ión para nosotros, porque la burguesí es una clase minoritaria que extrae si pluralista. A lo largo de la transición subsisten diferencias de clase y, por ello, los revoluque los intereses de los trabajadores de una empresa determinada se correspondan con los intereses estratégicos de la revolución. Lo mismo ocurre con sectores del campesinado, de los estudiantes... Así pues, no hay una concordancia automática entre los intereses sectoriales y los intereses estratégicos
Naturalmente, diciendo esto podría acabar transformándome en un dictador de izquierda y dar mi propia definición de lo que son los intereses estratégicos.
Es necesario mantener el pluralismo en el seno de la izquierda, aun cuando no sea fácil. Nosotros tampoco estábamos habituados a ello, pero asumimos la necesidad de hacerio. Lo mismo se puede decir de la dirección colectiva. El pluralismo en el que yo pienso lleva consigo incluso el derecho a mantener divergencias. La síntesis y la decisión se forjan a través de los debates y de la discusión. La dirección colectiva forma parte del pluralismo; permite sintetizar diferentes apreciaciones, cosa que no puede hacer una sola persona. Además, todo esto hace referencia a una historia negra del socialismo que no ha permitido el pluralismo. Esto ha implicado un divorcio entre la crítica y la hegemonía, entre la ciencia y la política, entre el debate crítico y la defensa de la revolución, y todo esto ha terminado mal, sea en Granada, con el asesinato de MauriceBishop, o en cualquier otro lugar, con muchos intelectuales desaparecidos o con una bala en la cabeza, como en el caso mismo de
Esta confusión entre dictadura y hege-
Es preciso abrir el debate. No creo tener la última palabra sobre esta cuestión, pero tengo una apreciación de izquierda sobre los procesos revolucionarios de
este siglo. Tenemos aquí, en Nicaragua, una rica experiencia, ya que en plena guerra, a pesar de las limitaciones de la conciencia popular (porque, efectivamente, las masas nicaragüenses no tienen una conciencia plenamente socialista) hemos logrado desarrollar un proceso pluralista que, a pesar de tener importantes limitaciones, tiene, al menos, el mérito de ser una realidad.
Tres elementos garantizan este pluralismo: instituciones tales como la Asamblea Nacional; el hecho de que las masas mismas tienden al pluralismo y, finalmente, la existencia de varios puntos de vista en el seno de la izquierda. No voy a decir que esta experiencia sea válida únicamente para Nicaragua, pues si lo es para nosotros también podria serlo para la URSS o para Argentina, por ejemplo.
Según el Partido Socialista de Nicaragua (PSN) o el Partido Comunista de Nicaragua (PCN) (los dos PCs existentes en Nicaragua, ndlr.) el pluralismo en Nicaragua es necesario porque aún se está en un estado en transición hacia el socialismo. Para ellos, en un verdadero Estado revolucionario no habría necesidad de pluralismo. Este tipo de posición continúa siendo un lastre, incluso en Europa, y conduce de nuevo a una aceptación del sta-
Desde luego, se trata de una posición stalinista porque parte del postulado de que la sociedad es monolítica. Según ellos, en la "verdadera" transición al socialismo, todo el mundo será obrero y consideran que, como no hay más que una clase obrera, tampoco debe haber está nada claro que la clase obrera sea monolítica. En el seno de la clase obrera hay varios componentes que tienen, en cualquier caso, el derecho a tener apreciaciones diferentes y expresarlas. En las sociedades socialistas, mas allá de la clase obrera en sentido estricto, hay estudiantes, protesores... Hay naciones o grupos étnicos diferentes, ya sean los miskitos en Nicaragua o los armenios en la URSS. Así pues, no sólo hay diferencias entre los que son obreros y los que no lo son; hay también las discriminaciones raciales, sexistas, etc. Tanto ahora como en el futuro, en Nicaragua deberá existir el derecho a la diferencia y, por tanto, el derecho al pluralismo. Los revolucionarios no deben tener miedo de ello. No hay que disparar contra quienes no estén de acuerdo con nosotros. Lo que hay que hacer es convencerles. Ser la vanguardia de las masas es algo que hay que ganarse todos los días; la vanguardia no puede vivir de las rentas.
Si no se es democrático, pluralista, la consecuencia es separarse de las masas. Se empieza fusilando a los burgueses, después a los revolucionarios. "desviados" y se acaba por decir que las masas son una mierda y que sólo uno mismo tiene la razón. Por eso hace falta una dirección colectiva, es preciso un debate público abierto entre las diferentes organizaciones de izquierda e incluso de derecha, siempre y cuando no tomen
En lo que concierne a las instituciones del poder revolucionario, tú caracterizas al régimen nicaraguense como "participativo, consultivo y representativo" y añades que podría ser útil crear una Asamblea Popular paralela a la Asamblea Nacional y elegida por sufragio universal y secreto.
Hasta el momento, esta Asamblea Popular no existe. La representación de las organizaciones de masas pasa por algunos de sus dirigentes elegidos como diputados en el seno del grupo parlamentario del FSLN en la Asamblea Nacional.
Aspiramos realmente a una democracia participativa, representativa y consultiva y tenemos ya una considerable experiencia en la materia.
La Asamblea Nacional es el instrumento de la democracia representativa. Para la democracia participativa y consultiva, tenemos todavía que poner en pie diferentes organismos o aparatos, quizás una asamblea popular. Pero yo no digo que la Asamblea Nacional no permita la representación de las masas. Cuando pienso en una Asamblea Popular, pienso sobre todo en una práctica de debates en función de los intereses de las masas. En cuanto a la democracia consultiva, puede pasar por los comités de barrio, de fábrica, por la autogestión en las empresas, en las cooperativas, en la universidad. No hay un modelo para copiar. Hay que estar abierto a la posibilidad de crear instrumentos que garanticen la posibilidad de ejercer su poder.
Cuando nos hayamos librado de la agresión imperialista y avancemos más lejos en la transición, puede que la Asamblea Popular tenga más sentido que la Asamblea Nacional, en la cual hay representados intereses de clase contradictorios. En ese caso, nos podría ser útil la experiencia de la Asamblea Popular que funciona en Cuba, sin por ello despreciar otras experiencias.
La Asamblea Nacional actual está compuesta por partidos de izquierda y de derecha, representantes estos últimos de la burguesía que fue expulsada del poder. Si, al lado de la Asamblea Nacional, se levanta una Asamblea Popular, ésta representará a las masas y sus organizaciones rrio, los sindicatos, las organizaciones de mujeres, etc.
... Y los grupos étnicos, religiosos, de estudiantes... sabiendo que esta Asamblea Popular no debe sustituir a los comités de base, porque de lo contrario sería un tanto burocrática. Pero mi propuesta tiende, sobre todo, a provocar el debate, no la he formulado de manera
acabada. En Cuba hay una experiencia de Asamblea Popular; también hay una le este tipo, salvo el periodo en qu existió el Consejo de Estado (hasta la
En el contexto de la agresión imperia-
PALA
tuales debilidades, hay que centrarla en la cuestión del aprovisionamiento y la distribución de los bienes de consumo básicos. A ese nivel, los CDS han jugado también un importante papel en cuan to al control de los precios, por ejemplo ienso que tienen un potencial grande que debe ser alimentado cada vez cor más tareas concretas. Pero fuera de esta actividad, no se puede decir que hayan tenido una verdadera tradición de discusiones políticas.
¿Cuales son las relaciones de
SLN con el Estado? ¿Cómo piensa: que hay que enfrentar el peligro de fusión entre el partido y el Estado?
¿Y por qué es un peligro?
Me refiero a la experiencia soviética. Ya en los primeros años se dio un debate a este respecto. Debate en el cual participaron no solamente Stalin
Trotski. sino tambien Lenin. Una de as cuestiones planteadas era como evitar la burocratización y el problema le Estado y el del Partido. El Estad iende a defender sus propios interese
Lucidos intereses estratégicos de la revo.
(o creo que el hecho de que haya co
nandantes de la revolución externos aparato de Estado contribuye a evitar el peligro en su aspecto más amenazante La existencia de una dirección colectiva del FSLN actúa como un segunda cortafuegos. Cada viernes, esa dirección discute sobre todo a partir de las responsabilidades respectivas de sus miembros: las relaciones internacionales, el ejército, el partido, la economía, el abastecimiento... Eso evita que una sola persona tome las decisiones y así la dirección colectiva contribuye a evitar que el peligro burocrático se convierta en una ca-
Hoy por hoy estamos empeñados en una reducción del aparato de Estado. Se trata, tal vez, de la reducción más radical efectuada jamás en Nicaragua y en América Latina en general. Se va a pasar de más de 30 ministros y secretarios de Estado, a 11 ministros. de viceministros y directores generales abandonarán sus funciones para dedicarse a tareas ligadas a la producción y esto no ha provocado grandes movimientos ni resistencias burocráticas, y ello porque una gran parte de los cuadros del FSLN se encuentran en las organizaciones de masas y no en el aparato de Estado.
Otra razón más: nosotros, los sandinistas, provenimos de multitud de grupos maoístas, anarquistas, socialdemócratas, radicales, castristas, guevaristas, trotskistas. ¡Aquí tenemos de todo, como tu sabes! Y somos de una generación, la de los años 70, que ha formulado muchas críticas respecto a los regimenes socialistas. Muchos de nuestros cuadros han ido a Vietnam, a Cuba, a Corea, a Chile, a Francia y eso explica que se dé entre nosotros una gran cultura anti-burocrática. La conciencia del peligro buro-
La dirección colectiva, el derecho a la crítica y el pluralismo son armas antiburocráticas importantes. El pluralismo, especialmente, permite la crítica de la fusión Partido/Estado. Los sindicatos de periodistas, incluso los que son sandinistas, son muy críticos frente al Estado. Si no hubiera democracia y pluralismo, ¿quién podría criticar al Estado?.
En fin, el hecho de que las masas estén armadas es muy importante, porque enfrentarse a una burocracia es más fácil con 300.000 personas armadas: Las masas tienen el poder, tienen un fusil, pueden tener su sindicato, su comité de autogestión. Todo eso es mucho más eficaz en la lucha contra la burocracia que mil discursos.
Nosotros queremos un proyecto sociacon la actividad y la vida cotidiana de las masas. Es preciso tener en cuenta el hecho de que las masas se cansan de un socialismo estatalista, economicista. Para animar la actividad de las masas, es preciso que el proyecto socialista se realice en la alegría, en la efervescencia popular. Si el socialismo es gris, las masas se enfrían y se fatigan O