Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

La perestroika, dentro de las fábricas

· Inprecor n.º 63, septiembre de 1988 · pp. 18-23 · 4.743 palabras

URSS: Reformas gorbachovianas

LA PERESTROIKA,

DENTRO DE LAS FABRICAS

David Seppo

El artículo que publicamos aquí forma parte de un estudio más amplio dedicado a la perestroika (la reconstrucción) y a sus efectos sobre la clase obrera. Este estudio tiene como finalidad esencial la de responder a dos preguntas: en qué medida corresponde la reforma emprendida hoy en la Unión Soviética bajo la batuta de Gorbachov a los intereses y a las necesidades de la gran masa de los trabajadores, y en qué medida se reflejan estos intereses en el debate público sobre la reforma que se desarrolla hoy en los medios de comunicación soviéticos.

Por lo tanto, este estudio tiene la función de mostrar el contenido social de la reforma económica y, a partir de ahí, no reducirla a su aspecto técnico, o más exactamente sacar a la luz el contenido social de decisiones aparentemente técnicas.

Con el fin de encuadrar mejor los juicios del autor, es necesario recordar brevemente aquí cuál es la situación de los trabajadores en el régimen de planificación central autoritaria que, hasta ahora, ha dominado la escena económica en la URSS. El primer rasgo de esta situación

-tal como se muestra hoy día más o menos directamente en la propia prensa soviética- reside en la ausencia de derechos democráticos, entre otros el derecho de los asalariados a organizarse en sindicatos independientes y también el derecho de huelga. Formalmente los trabajadores disponen de un gran "poder" en la empresa, pero en realidad no disponen de ningún instrumento para ponerlo en práctica, e incluso, la mayoría de las veces, no conocen sus derechos formales. Una segunda característica de la situación de la clase obrera radica en la seguridad en el empleo. Esta última es ante todo producto de la penuria de mano de obra que genera la planificación burocráticamente centralizada, a pesar de las bolsas de excedente de mano de obra existentes en algunas regiones. Además, los directores de empresa no obtienen ventajas materiales en economizar la fuerza de trabajo. Por el contrario, obtienen beneficios acrecentando el múmero de trabajadores empleados. En este

NOTAS contexto, la seguridad en el empleo aparece de hecho como un derecho. De este modo, pese a la falta de derechos políticos, los que ven-

(1). Izvestiya, 19 de diciembre de 1987.

den su fuerza de trabajo establecen a escala de empresa una especie de correlación de fuerzas particular frente a la dirección. Esta correla-

(2). P. Aven "Mekhanizm raspredeleniya i sotción de fuerzas dificulta a las direcciones de empresa la utilización tansial'naya spravedlivost" (El mecanismo distrito del palo como de la zanahoria para motivar a los trabajadores a probutivo y la justicia social), Kommunist n° 15, porcionar un "esfuerzo suplementario". Este es un tema recurrente en

1987. p. 115-122.

todos los escritos relativos a la reforma.

(3). M. Buzkevich "My uchimsya demokratii"

David Seppo analiza, en la primera parte, los efectos de la refoma so-

(Aprendemos la democracia), Pravda, 3 de bre el empleo. En la medida en que este tema es mejor conocido, heenero de 1988.

mos decidido poner más bien el acento en los aspectos de la reforma

(4). P. Aven, p. 118.

relacionados con el salario social, con los precios y con la democratización en la empresa.

(5). Pravda, 26 de junio de 1987.

Página 19

Un aspecto de la reforma que va a afectar a los trabajadores de forma muy notable es la importante reducción del importe relativo del salario social: Ello quiere decir elevar los precios al por menor de los productos alimenticios y servicios básicos subvencionados e introducir tasas de utilización por los servicios que actualmente son gratuitos. El gobierno ha prometido que el nivel de vida no se resentiría, que se trata simplemente de cambiar la forma de distribuir estos bienes: lo que el Estado economiza en subvenciones, podrá verterlo en forma de salarios más elevados, aumentando los subsidios para los que no tengan ingreso salarial. Por supuesto la idea es incrementar todavía más el papel de incentivo del salario individual, que estará ligado más estrechamente al rendimiento individual. El pormenor de los precios

Este aspecto de la reforma ha suscitado grandes preocupaciones en el conjunto de la sociedad sovietica. La gente experimenta una profunda desconfianza hacia la reforma de los precios al por menor y no se cree las repetidas promesas de que ello no conducirá a un descenso del nivel de vida. En octubre de 1987, los Izvestiya publicaban las estadísticas oficiales sobre el presupuesto familiar medio. Ello provocó una avalancha de cartas, de las cuáles la «mayoría absoluta vio en el "presupuesto familiar" un intento de preparar a la opinión pública para la próxima reforma de los precios». Típica era esta carta de Leningrado: «Los datos presentados deben demostrar que el pueblo soviético tiene una alto nivel de vida... De ello es fácil sacar la conclusión de que nuestro presupuesto familiar es capaz de soportar cualquier subida de los precios al por menor. ¡Qué tremendo error! Un error cargado con las consecuencias más de-

Resumiendo las razones de la oposición a la reforma de los precios al por menor expresada en las cartas al periódico Kommunist, el economista P. Aven destacaba que existía el temor de que no hubiera aumentos compensatorios de los salarios y subsidios, un temor a la inflación causada por la "liberalización de los precios", un temor a que los precios de los mismos bienes no fueran iguales en el país e incluso en la región. «Existe el temor de que bajo la bandera de la lucha por la justicia social, puedan promulgarse medidas que tiendan a reducir los ingresos reales de la población». El aumento de los precios al por menor, escribía un habitante de Kiev; «provocará insatisfacción entre la población y minará la fe del pueblo en los proyectos del partido y en la reestructuración». (2)

La oposición popular a la reforma de los precios tiene dos fundamentos principales. El primero es la desconfianza hacia las seguridades del gobierno de que el nivel del vida no se resentiría. Esta desconfianza se basa en la experiencia del pasado y en la manera secreta y fundamentalmente no democrática en que se prepara la reforma. Un periodista relataba en la Pravda una conversación que había oído en el autobús y que decía que los alquileres iban a triplicarse. "Los de las altas esferas" ya habían firmado la decisión. A lo que el otro respondía: «Habían prometido que el pueblo no se vería afectado». El periodista hacía notar: «Era, hay que decirlo, un mito típico, una invención gratuita... pero es precisamente el tipo de humo que, como ya sabemos, sólo se presenta cuando hay un fuego. Todos estos proyectos se discuten, se deciden o se eliminan en distintas oficinas... cuestiones son zanjadas sin el testimonio ni la participación de la masa de la gente». (3)

La manera no democrática con que se prepara la reforma de los precios al por menor entra, naturalmente, dentro de lo normal. Pero el secreto y la incapacidad, hasta ahora, de publicar un proyecto escrito, susceptible de ser sometido a discusión pública, son especiales en este caso. Mientras que el calendario y las modalidades de la reforma de los precios al por mayor se habían especificado en distintos documentos, nada de esto se anunció en el caso de los precios al por menor. Ello refleja el temor del régimen de cara a la experiencia de los países del Este, especialmente Polonia, en materia de subidas de precios.

Pero la oposición a la reforma no proviene solamente del temor a un descenso del nivel de vida. Hay tembién una oposición por principio a la eliminación de arreglos ampliamente considerados como garantes de una seguridad económica básica, algo que se considera un derecho crucial. Aven señalaba que «esta reivindicación es frecuente, como si algún mal hado quitase al pueblo un derecho que le pertenece». Un habitante de Semipalatinsk argumentaba de la siguiente manera (típica en su estilo): «¿Qué nos quedará por glorificar de nuestra forma de vida soviética si renunciamos completamente a nuestros cuidados médicos gratuitos y nuestros bajos precios de servicios comunitarios?» Aven sacaba la triste conclusión de que ello indicaba «una identificación del imperfecto sistema existente de distribución y pago de la vivienda con los principios del socialismo». (4)

Esta oposición por principio a la reducción de la masa relativa del salario social, de las prestaciones sociales en su conjunto (es decir, una oposición que no se basa simplemente en el temor a que la pérdida no sea compensada mediante una subida de salarios) deja sin respuesta el problema de los incentivos al trabajo, que la reforma de los precios se supone ha de reforzar. Pero también este problema conduce directamente a la cuestión de la democracia, en particular a su función como mecanismo motivador clave en el socialismo. Vamos a tratar esta cuestión abordando un aspecto más de la reforma, que tiende igualmente a reforzar el efecto de incentivo de los salarios: la eliminación de las tendencias a la nivelación en el pago de Las diferencias salariales

En nombre de la justicia social y de la racionalidad económica, las diferencias de ingresos entre empresas, sectores y puestos de trabajo y en el seno de los mismos tendrían que acrecentarse de forma significativa, de acuerdo con la decisión del Pleno de junio de 1987 de

«suprimir los techos salariales» y «hacer depender estrechamente los salarios tanto del rendimiento individual como del de la empresa». (5) La reforma establece una nueva clasificación de las profesiones y de los salarios base, los cuales han de elevarse una media de un

20% a un 25%. Está previsto un reexamen de la asignación de los puestos de trabajo según las cualificaciones profesionales y de los individuos según los puestos de trabajo. Igualmente se reexaminan las normas de trabajo y los

Página 20

(6). Pravda, 27 de junio de 1987; Sotsialisti-

1987, pp. 57-96 e ibid. n° 3, 1987, pp. 54-66. (7). U. Scherbakov "Kardinal'naya perestroika oplaty truda" (Restructuración fundamental de la remuneración del trabajo), EKO, n° 1, 1987, pp. 37-52 18). V. Zadorozhnyi y I. Vlasenko "Brigadnoe dvizhenie: opyt, problemy, resheniya" (El movimiento de las brigadas: experiencias, problemas y soluciones), ЕКО, n° 12, p. (9). Pravda, 28 de enero de 1987. (10). "Vybomost' rukovodyashchikh rabotni(11). Literaturnaya Gazeta, 19 de febrero de salarios a destajo, con el fin de hacerlos

"progresivos" (actualmente, las normas son superadas regularmente por amplios márgenes). Finalmente, la reforma ofrece a los directores de empresa diversas opciones para ajustar los salarios según los puestos de trabajo, para conceder primas y en general para vincular los salarios al rendimiento de los trabajadores. La reforma prevé dos modelos para distribuir los beneficios de la empresa. En el primero, una vez cubiertas sus obligaciones financieras básicas (costes presupuestados, salarios y facturas, cargas de los préstamos y pago de la deuda), la empresa puede repartir lo que queda en forma de primas. De este modo la parte básica de los ingresos de los trabajadores no siempre está vinculada directamente con los resultados de la empresa, pero la cantidad y el pago de las primas ya no están garantizados, como en general era el caso en el viejo sistema. El segundo modelo es todavía más radical, pues abole completamente los salarios fijos: una vez asumidas sus obligaciones financieras relacionadas con la deuda y los costes, la empresa utiliza lo que queda para pagar a los trabajadores y a la dirección. (6)

Así, van a subir los salarios base, pero las normas de trabajo serán más severas y las primas más difíciles de obtener.

Además, aunque el salario medio tenga que elevarse en un 15% durante el presente plan quinquenal (1986-1990), las mayores subidas irán a los trabajadores más cualificados, especialmente al personal técnico (y otros de cuello blanco:

su sueldo base debe elevarse en un 50% más que el de los obreros), mientras que su salario relativo medio había bajado fuertemente en comparación con el salario obrero en los años siguientes a la muerte de Stalin. La finalidad es animar a la gente a adquirir y perfeccionar sus cualificaciones profesionales. (7)

Naturalmente los trabajadores están recelosos con respecto a los cambios en la política de los salarios, y éstos son verdaderamente fundamentales. como señalan los autores de un artículo, un profesor de economía y un director de empresa, los trabajadores «observan por regla general una actitud de reserva con respecto a innovaciones en el pago de los salarios, pues su larga experiencia de muchos años les ha enseñado que detrás del ruido hecho en torno a la innovación, la dirección ha hecho más severas las normas y ha bajado el nivel de los salarios». Esto es de nuevo una cuestión de democracia: los trabajadores mismos deben poder formular y controlar la ejecución de la reforma si quieren evitar que se convierta simplemente en otro intento de aumentar su explotación. Elegir a los directores... y esperar el descenso de los salarios

La dirección soviética se ha ocupado de este asunto en la nueva ley sobre la empresa estatal, que prevé la elección del personal clave de dirección, así como la creación de una nueva institución, el Consejo del Trabajo, que será elegido por los trabajadores. Gorbachov explicaba la elección de los directores de la forma siguiente: «El bienestar del trabajador dependerá de las capacidades

Página 21

de los directores (algo que sólo en una pequeña medida era cierto en el régimen

"economía centralmente dirigida"); los trabajadores deberían por lo tanto disponer de medios reales de influir en las decisiones del director y de controlar su actividad». (9)

Pero aquí de nuevo la solución del régimen es una incoherente medida medias tintas. En primer lugar, la elección de los directores de empresa está sujeta a confirmación por el "órgano superior" y la del personal de dirección inferior, por el director. Ello se justifica mediante el argumento de que los directores representan al mismo tiempo al Estado y al colectivo de personal y que en los primeros tiempos de la democracia puede haber "excesos" (10). La ley emplea una serie de términos célebres que desde los años de la dictadura de Stalin no han dejado lugar a dudas sobre dónde residirá el poder real: en la administración. La ley precisa que la dirección de la empresa debe funcionar de acuerdo con los principios del "centralismo democrático" y de la "dirección única" ("edinochalie").

Las dudas sobre la autenticidad. de la democratización de la dirección de las empresas no hacen sino aumentar cuando se examinan las responsabilidades que se atribuyen a los Consejos del Trabajo (que ejercen, entre asambleas generales, la autoridad en nombre del colectivo de personal): promoción de la disciplina del trabajo, desarrollo de medidas que mejoren el rendimiento de la empresa, vigilancia de los salarios con el fin de asegurarse que se justifican por el trabajo suministrado.

De todos modos, aunque la dirección de la empresa fuese plenamente demo-

Bello no constituiría una respuesta adecuada a las preocupaciones de los trabajadores, pues seguirá habiendo condiciones esenciales determinantes del valor absoluto y relativo de sus salarios que queden fuera del control de la empresa. La reforma de los salarios se realiza de forma desordenada, tanto entre los sectores como en el seno de los mismos, según la estimación que cada ministerio responsable hace de la capacidad de cada empresa para financiar las nuevas escalas salariales por sus propios medios. El resultado probable serán importantes diferencias salariales para empleos similares en el mismo sector y la misma región, minando así el pretendido objetivo de "justicia social". Aún más significativo es el diferente punto de partida de cada empresa debido a la desigual calidad de su reserva de capital, resultado de la política de inversiones del pasado, que escapaba ampliamente a su control, puesto que el plan central decidía. En tan desiguales condiciones, unos precios basados en los costes medios van a producir tasas. de beneficio diferentes según los sectores y dentro de los mismos. Manifiestamente, estas diferencias no tendrán nada que ver con la justicia social. De la desigualdad burocrática... a la del mercado

La reforma de los incentivos al trabajo necesita de la democracia en un sentido aún más importante, pues no está nada claro que los trabajadores tengan interés en una reforma que en nombre

"racionalidad económica" y de la "naturaleza humana" haga depender tan estrechamente el incentivo al trabajo de una diferenciación incrementada de los ingresos, cuando no de la amenaza del paro. Al mismo tiempo nadie niega la necesidad de conservar incentivos materiales individuales: la discusión trata sobre la amplitud de las diferencias de renta tolerables, sobre el modo de determinarlas y sobre la cuestión de saber si éste debe ser el único o el principal incentivo al trabajo. Igualmente es dudoso que los trabajadores estén interesados en una reforma que (al menos en sus versiones más consecuentes) no pone en cuestión la desigualdad basada en el mercado, que no más justa a los ojos de los trabajadores.

Los datos sobre la Unión Soviética, así como sobre otros sistemas de tipo soviético, muestran que los trabajadores comparten valores fuertemente igualitarios. Una estructura salarial igualitaria es naturalmente un medio de defensa contra tentativas de intensificar la explotación dividiendo a los trabajadores y enfrentándoles entre sí. Ahí ha residido siempre la base material del igualitarismo de los trabajadores, así como de la importancia que el movimiento obrero ha dado siempre a la solidaridad.

Cuando la Literaturnaya Gazeta pidió a Lisichkin, que es un partidario radical del mercado, que escribiera un artículo sobre el tema «¿Es vergonzoso ganar mucho?», respondió que el asunto le parecía sumamente «primitivo». No obstante, escribió una diatriba contra los partidarios de políticas redistributivas que tituló "La caridad metiendo la mano en el bolsillo del prójimo". Según él, no sólo no es vergonzoso ganar mucho, sino que es incluso loable. «Es mucho más justo dividir el ingreso según el trabajo, pues cuanto más consecuentemente se realiza este principio, más se enriquece la economía y por ende todo el que en ella participa». (11)

Poco más de un año después, Lisichkin publicaba otro artículo en el que informaba que la mayoría de las cartas de respuesta a su artículo sostenía el principio de igualdad en la distribución de rentas. Citaba una carta de una obrera jubilada del textil de Kostroma (los obreros del textil de esta región fueron probablemente de los más firmes partidarios de la revolución de 1917), que evo-

Página 22

(12). R. Bahro, "The Alternative in Eastern Europe", Londres, New Left Books, 1978, p. 210. (13). Yu. Sukhotin y V. Dement'ev "Ekonomicheskaya reforma i sily tormozheniya" (La reforma económica y las fuerzas de freno), Ekonomicheskaya Gazeta, n° 7, 1987, p. 14. (14). El difunto humorista Arkadi Raikin tenia un número en el que hacía el papel de un manager a quien un empleado acababa de despertar en mitad de la noche para informarle de que su fábrica se había quemado. El manager se enfada tremendamente porque se le moleste por un motivo tan insignificante, y luego, al recordar que se había dejado su abrigo de 300 rublos en el despacho, tiene una crisis cardíaca.

caba su juventud como joven comunista en los años 20. Aunque no hubiera tantos bienes de consumo como hoy día, había entonces una vida colectiva y un espíritu de solidaridad que envidian muchos jóvenes de hoy. Lisichkin se quedaba preguntándose por qué tan «arcaica posición igualitaria es capaz crustarse con tanto éxito en la conciencia de ciertas capas obreras»

Ya hemos citado su respuesta: quieren continuar llevando un vida fácil aprovechándose de los esfuerzos de los demás. No le inquieta a Lisichkin saber que la mayoría de la población comparte este sentimiento igualitario.

No cabe duda que la débil productividad del trabajo en la Unión Soviética es atribuible en buena medida a la incapacidad del sistema de "dirección central" para motivar a los trabajadores. Pero ello no significa que la única alternativa a una desigualdad incrementada sea "la igualdad en la pobreza". En su libro sobre el «socialismo realmente existente», Rudolph Bahro caracterizaba la motivación para el trabajo en la «economía centralmente dirigida» como un caso en el que algo «ya no es» y algo «no es todavía». (12) Ello expresaba la naturaleza contradictora de la economía planificada central y autoritariamente, que hace uso de un tipo de sistema de incentivo esencialmente capitalista (justificado por la visión liberal de la naturaleza humana como intrínsecamente indolente, que rehúye las responsabilidades, egocéntrica y ávida), pero en condiciones que globalmente son muy diferentes a las del capitalismo, en particular el pleno empleo y una subsistencia básica mínima garantizada sin relación con el trabajo efectuado. La reforma quiere romper esta contradicción cambiando las condiciones generales de acuerdo con un sistema de estímulos de tipo capitalista reproducido. Desde el punto de vista de los trabajadores, eso no es un progreso, sino un retroceso desde algo ya no es" hacia algo que "es restaurado una vez más.

•Esta contradicción podría resolverse de otro modo: dando un paso adelante, es decir, modificando el sistema de incentivos con el fin de hacerlo conforme con las condiciones generales, creando una asociación verdaderamente libre de productores conscientes por medio de la democratización a todos los niveles y de la adhesión libre y soberana al compromiso colectivo y, consecuentemente, al crecimiento de la riqueza colectiva

A pesar de toda la retórica a propósito de la democracia, esa es una alternativa que la dirección soviética y los partidarios radicales del mercado han descarta-

En la discusión pública sobre la reforma está representada una aproximación a la asociación libre y consciente de los trabajadores, pero es un punto de vista claramente minoritario que no goza de la atención de la dirección política. En un artículo reciente, Yu. Sukhotin y V. Dement'ev, economistas del Instituto Central de Economía Matemática de la Academia de Ciencias, desarrollaban la tesis de que el problema fundamental de la «economía centralmente dirigida» es su incapacidad para motivar a los directores a actuar de acuerdo con los intereses generales de la economía. La razón de ello es la ausencia de democracia, la concentración del poder en manos de la burocracia. Rechazan expresamente la idea de que el problema provenga de una violación de la ley objetiva del valor o de la ausencia de criterios y de incentivos basados en las mercancías y el dinero. (13) Directores e intereses generales

Comienzan su análisis llamando la atención sobre la tendencia entre los gestores de todos los niveles de la jerarquía económica a esconder las posibilidades reales a su disposición con el fin de mantener a un bajo nivel, fácil de gestionar, las exigencias que se les dirigen. Los directores actúan así con el fin de no complicarse la vida, pues su carrera depende del juicio de sus superiores. Como estos superiores están a su vez subordinados a otros, tienden a comportarse del mismo modo y se benefician del comportamiento defensivo de sus subordinados

Existen presiones horizontales similares, pues la gente no quiere que sus colegas les dejen en evidencia. En toda la jerarquía, la consigna es «no llamar la

La experiencia demuestra que de nada sirve multiplicar las exhortaciones y las campañas para eliminar estas tendenclas negativas que están arraigadas en la lógica misma del sistema. Por ello es necesario que exista en el interior del sistema mismo un factor que pueda neutralizar el comportamiento negativo de los gestores y canalizar su deseo de mejorar su posición personal en una dirección que sea beneficiosa para la economía. Los autores argumentan que tal factor es la presencia real del propietario

Está ampliamente extendida en la Unión

Soviética la opinión de que la economía se resiente porque «no hay propietario»

(a excepción de los niveles más altos, fundamentalmente el Buró Político, responsable del estado general de la economía): no hay nadie que se sienta verdaderamente responsable (14). La posición social del propietario, a diferencia de ia del gestor, es totalmente dependiente de la salud y del destino de la economía, y así, sólo él puede poner las cosas en orden. Por lo tanto debe tener más poder en todos los niveles de la economía que el gestor.

En una economía nacionalizada donde

Página 23

no hay procedimiento democrático que funcione, la jerarquía de los directores gestiona la economía independientemente de sus propietarios nominales.

Por lo tanto, el comportamiento negativo de los gestores puede manifestarse en toda su amplitud. «La propiedad socialista... necesita mecanismos democráticos altamente desarrollados que puedan garantizar la participación de todos los trabajadores en las decisiones económicas que determinan la suerte de la economía. El largo atraso en la formación de estos mecanismos es la característica central del periodo de estanca-

«ТАБАК miento, con su marcadísima deriva administrativa». Propiedad efectivamente solidaria

Los autores rechazan expresamente la opinión (que es la de la dirección y que domina el debate) según la cual la democratización debe limitarse a la empresa, pero dejar intacta la alta administración. La ausencia de responsabilidad ante e pueblo a esos altos niveles permite que se puedan tomar importantes decisiones que hacen mucho daño a la economia y que minan el prestigio del sistema socialista de gestión: «Por ello las funclones de la alta administración necesitan también una profunda democratización sobre la base de principios leninistas de la soberanía popular. Ello significa soviets de sector, referéndums sobre todos los problemas importantes de la vida pública, la elección de todos los funcionarios sin excepción, y su revocabilidad en cualquier momento a iniciativa de los electores, como reacción efectiva de los trabajadores a la calidad de tal o cual decisión económica. Ello significa igualmente inspecciones públicas, y la confrontación de proyectos alterna-

La causa fundamental de los problemas económicos, la razón por la cual la • economía no puede ser planificada eficazmente y gestionada sobre la base de este plan, no es que la planificación en sí no sea realista, vale decir utópica. La razón radica en la contradicción inherente a una economía planificada que escapa al control popular, que se ha arrogado el poder que pertenece a la sociedad: «Al haber fracasado el desarrollo de medios para ejercer los derechos de propiedad, el interés y la actividad de la gente se han desplazado hacia la mejora de su "situación oficial" (su puesto, función, trabajo). Ello ha debilitado enormemente la solidaridad de trabajadores y gestores como miembros de una socie:

dad socialista que se esfuerza en hacer florecer la economía. Esta solidaridad ha sido sustituída por una solidaridad de tipo diferente: un interés compartido de administradores y administrados en reducir las exigencias con respecto a los resultados de su trabajo... Mucha gente se aprovecha de los arreglos que se han establecido en la producción, la nivelación, la producción de falsos informes, etc., que no dejan lugar alguno a la iniciativa, a un esfuerzo socialmente beneficioso, pero que por otro lado no exigen un alto rendimiento del esfuerzo y garantizan una existencia tolerable ("no peor que la de los demás"). La inercia y las actitudes de dependencia, ampliamente extendidas entre las masas, son cònsecuencia directa de la "distorsión no propietaria"; se han convertido en una de las fuerzas de freno más im-

Sukhotin y Dement'ev no se han opuesto a la introducción de elementos de mercado. En particular, insisten que se ponga fin al monopolio efectivo de los productores: los proveedores deben estar en competencia y los consumidores deben poder elegir. Sólo este contexto adquieren su significado el cálculo de costes, la autofinanciación y una orientación hacia el beneficio (diferencia entre coste de producción y precio de venta). Al mismo tiempo, rechazan la posición de partidarios radicales del mercado. Un mercado espontáneo e incontrolado de productores independientes dispersos niega, en no menor medida que la dominación burocrática, un objetivo tan fundamental del socialismo como es una planificación sistemática equilibrada.

«El antídoto radical, tanto a la espontaneidad administrativa como a la del mercado, es la democratización de todas las decisiones económicas claves... La principal característica socialmente beneficiosa (del mercado) - la competencia - no puede aplicarse sin regulación. El mercado mismo exige una regulación, guiada por los intereses y la plena soberanía de la sociedad socialista... El levantamiento de las limitaciones artificiales al desarrollo de los mecanismos del mercado debería combinarse una regulación centralizada...».

Los autores concluyen con la advertencia de meditar a fondo sobre las consecuencias a largo plazo de la reforma antes de precipitarse a realizarla, en la esperanza de poder hacer frente a estas consecuencias cuando aparezcan. «Esta misma forma de pensar es una ejemplo claro del estereotipo que subyacía al estancamiento, y ello puede llevar a fracasos prácticos de la restructuración y a su descrédito moral». J]