URSS PERESTROIKA Y CARRERA DE ARMAMENTOS
David Seppo Los marxistas siempre han sido contrarios a la distinción radical que realizan los expertos políticos y burgueses entre la política interior de un Estado y su política exterior. Para un marxista, la política exterior de un Estado, en su nivel más profundo se corresponde necesariamente con su política interior, porque están en cuestión fundamentalmente los intereses de las mismas clases dominantes.
En relación a la Unión Soviética hoy, la cuestión se plantea de la forma siguiente: las reformas internas introducidas por Gorbachov, ¿han sido acompañadas por cambios correspondientes en la política exterior de este país?. De la misma forma ¿el carácter de los cambios de la política exterior soviética es capaz de dar nueva luz sobre la naturaleza real v a la profundidad de las reformas internas?. En este artículo va mos a examinar las modificaciones de la política soviética sobre el problema de la carrera de armamentos Este-Oeste, en sus aspectos más espectaculares.
La política interior de Gorbachov, la perestroika, tiene su origen en la necesidad de mejorar los resultados económicos de la URSS que, según diversos índices, están en declive desde mediados de los años 70. La idea fundamental de la reforma económica es reemplazar el sistema de gestión centralizada, "administracoordinado por mecanismos de meado do. El papel del centro se limitará, en este sistema, a una planificación estratégica a largo plazo por medio de una regulación de los mecanismos de mercado, utilizando palancas económicas como los impuestos, las tasas de interés, las subvenciones, el control del comercio exterior, un número limitado de normas y de precios fijados centralmente.
El otro aspecto de la perestroika, es la reforma política, que Gorbachov llama "democratización" , pero que es sobre todo, una liberalización en el sentido de un aumento de las libertades individuales y de la protección contra los abusos del poder. Como democratización, en el sentido de dar poder a las gentes ordinarias para decidir sobre las cuestiones importantes de la vida pública, no tiene más que un carácter muy limitado y renqueante, aunque en el contexto soviético, esto no sea nada despreciable.
Gorbachov define la democratización como la quintaesencia de la perestroika... Esto refleja su comprensión de que están amenazados intereses burocraticos poderosos y que su resistencia sólo puede ser vencida por una presión popular a favor de la reforma. Al mismo tiempo, como la reforma no podrá hacer
XXVIII СЬЕЗД КПСС.
aumentar la del consumo de forma significativa, antes de que pase un cierto número de años, (de hecho muchos obreros ven la reforma como una amenaza inmediata en este terreno), las reformas políticas son una medida necesaria para movilizar a la clase obrera tras Gorbachov. Algunos cambios importantes
Políticamente, la perestroika ha operado pues un cambio real, aunque inestable y vacilante, en la base política del régimen, es decir el poder central y, en última instancia, el Buró Político. Este se ha alejado de la posición asumida en la época de Breznev, de portavoz y árbitro de los intereses de la burocracia, e intentar mediante cambios de estilo y de fondo, conquistar una base más popular, capaz de apoyar activamente la nueva política.
Al mismo tiempo se han llevado a cabo algunos cambios importantes en la política exterior, en particular en el ámbito de las relaciones Este-Oeste y en la carrera de armamentos. Reflejan, por supuesto, un deseo de reducir los gastos militares a fin de facilitar la reforma económica. Pero, más profundamente, han sido hechos posibles y necesarios por las transformaciones acontecidas en la base política del régimen.
La política soviética hacia Occidente, y en particular hacia los EEUU, poder occidental hegemónico, en la época de Breznev, era típicamente burocrática y, en su esencia, databa de los tiempos de
Stalin. Comprendía, por un lado, la búsqueda de la seguridad basada en el poder militar de la Unión Soviética y, por otro, acuerdos diplomáticos con los poderes capitalistas. En esta perspectiva, el poder militar era una precondición de estos acuerdos.
En el mismo sentido, los movimientos populares y revolucionarios extranjeros no eran considerados como aliados de la Unión Soviética, sino como apoyos a su estrategia diplomática. Se les aconsejaba pues, la moderación, estrategia que raramente, probablemente nunca, ha conseguido éxitos. En cualquier caso, durante la mayor parte de este período, sobre todo en los países en los que el Partido Comunista era débil, bastaba con aparecer asociado, incluso indirectamente, con los objetivos soviéticos para sufrir descrédito entre amplios sectores de la clase obrera. Una política "defensiva"
Esto era particularmente evidente en el terreno de la carrera de armamentos. La política soviética había sido siempre "defensiva" en este terreno, en cuanto respondía a las iniciativas americanas y buscaba abiertamente acuerdos que permitieran limitar o poner fin a una competencia extremadamente costosa y peligrosa. A la vez, la política soviética aparecía, precisamente, destinada a perpetuar la carrera de armamentos, pues se basaba en la idea de que los americanos sólo tomarían en serio a la Unión Soviética y la tratarían en pie de igualdad si veían que era tan potente como ellos, totalmente firme y capaz de responder a todos sus intentos de es-
Resultó de ello un enorme arsenal soviético, para responder al de los americanos. Pero en vez de convencerlos de que la superioridad militar de la Unión Soviética era una cortina de humo, este militar proporcionó a los EEUU una justificación convincente, aunque enteramente hipócrita, de su escalada militar permanente. Los ciudadanos corrientes de los países de la OTAN eran incapaces de discernir la naturaleza "defensiva" de los misiles soviéticos que, a fin de cuentas, apuntaban hacia sus caEl movimiento pacifista
Junto con la multitud de artículos de prensa sobre la naturaleza represiva del régimen interior soviético (por no hablar de la invasión "defensiva" cada diez años, de estados vecinos), la existencia y el crecimiento constante de este arsenal eran en general suficientes para convencer a los pueblos de Occidente de la realidad de la "amenaza soviética", y de la necesidad de aumentar el armamento occidental. En este contexto, el movimiento pacifista ha tenido muchas dificultades para combatir a quienes le acusaban de ser "tontos útiles", cuando no agentes conscientes de Moscú. El llamamiento a una reducción mutua negociada de los armamentos, posición que era aceptable por un amplio público, era utópica dada la politica americana de mantenimiento de su "superioridad" nuclear y la insistencia soviética sobre la paridad. Pero la exigencia de una reducción unilateral por parte de los occidentales, reivindicación políticamente más "correcta", era evidentemente inaceptable para la mayoría de la gente.
El callejón sin salida apareció crudamente en tiempos de Breznev con la decisión de la OTAN en 1979, de instalar los misiles de crucero de alcance medio y los misiles Pershing II en Europa. A pesar de las alegaciones sobre la necesidad de tranquilizar a quienes temían que los EEUU se "desinteresaran" de Europa occidental, la motivación real tras esta decisión era la nueva "estrategia de progresión" de la OTAN, llamada "batalla de terreno" . La idea era que en caso de guerra, las fuerzas de la OTAN deberían avanzar muy rápidamente y llevar la guerra al territorio del pacto de Varsovia, protegiendo así a la Europa occidental. Para eso eran necesarios precisamente los misiles de alcance intermedio y los Pershing estacionados en Europa occidental y central. Afortunadamente para la OTAN, como había ocurrido a menudo anteriormente, los soviéticos proporcionaron por inadvertencia el pretexto:
prácticamente con independencia de la decisión de la OTAN, decidieron "modernizar" sus propios misiles de alcance medio. Los SS-20 se convirtieron pues, a posteriori, en la "razón", de la nueva y muy peligrosa escalada de la OTAN.
La política de la OTAN era oficialmente, de "doble decisión", es decir, «nosotros no instalaremos nuestros misiles intermedios perfeccionados y rápidos en Europa si vosotros retiráis todos los misiles intermedios que ya tenéis». Al mismo tiempo, los EEUU se negaban a plantear la eliminación de los arsenales nucleares francés e inglés, que debían ser mejorados. Esta propuesta de pretendida "opción cero" fue planteada en 1981 porque se suponía que sería inaceptable para los soviéticos. | Y lo era. Moscú rompió toda negociación sobre armamentos y, siguiendo su política de "paridad", respondió a los americanos con un aumento del número de los SS-20 y su instalación en Alemania del Este y en Checoslovaquia.
Sin que los americanos se hubieran movido un milímetro de sus posiciones, los soviéticos aceptaron finalmente volver a las negociaciones START (Strategic Arms Reduction Talks) sobre los misiles de largo alcance, pensando que los americanos habían aceptado discutir de la "guerra de las galaxias". Parecía que era así, pero los EEUU negaron rápidamente y con insistencia cualquier intención de negociación sobre ese tema. Se pensaba que puesto que los soviéticos no tenían nada que esperar, iban a anu-
Pero poco después Gorbachov llega ba al poder. Gromyko, que representaba la política tradicional, fue "ascendido" a una vía muerta, pasando del Ministerio de Asuntos Exteriores a presidente del Soviet Supremo. Era un cambio de política. Una muy notable serie de concesiones unilaterales y de propuestas soviéticas siguió a esto, comenzando por la congelación de los ensayos nucleares, que habían siempre respondido a los ensayos americanos. Esto fue seguido por el acuerdo de los soviéticos en separar las negociaciones sobre los misiles europeos de las otras dos. negociaciones sobre la reducción de armamentos. Finalmente, con la consternación total de los EEUU, los soviéticos aceptaron la propuesta de cero", incluyendo la exclusión de los arsenales británico y francés.
Los americanos, arrinconados, añadieron entonces una nueva exigencia: no ya congelación de los SS-20 en Asia sino su reducción significativa y finalmente su completa eliminación. Los soviéticos también aceptaron. Gobernar sin la "amenaza soviética"
Los americanos insistieron entonces
en ligar el acuerdo sobre los misiles de alcance medio a los misiles de corto alcance instalados en Alemania del Este y en Checoslovaquia, pues podían considerados como equivalentes a los SS-20. Los soviéticos también aceptaron, dejando así consternados a los dirigentes europeos que comenzaron a inquietarse ante una desnuclearización de Europa y su "desconexión" de los EEUU El problema no está en que teman una soviética o un "chantaje nu", sino tener que gobernar sin la "amenaza soviética" , base fundamental de la estabilidad política en Europa occidental desde la segunda Guerra Mundial. Todo esto ocurría sin que los americanos hicieran la menor concesión.
La nueva orientación de la política exterior ha sido resumida en un artículo de el académico Primakov, aparecido en Pravda del 10 de julio de 1987: Primakov comienza rechazando el punto de vista tradicional según el cual «acrecentar la eficacia militar (...) (es) virtualmente el único medio de mantener la seguridad del país al nivel apropiado (...). Hoy tales afirmaciones e interpretaciones son completamente insuficientes e inadecuadas. A la vez que sigue dando una gran importancia a la mejora de sus medios de defensa, la Unión Soviética sitúa en primer plano medios políticos capaces de garantizar su seguridad»
El argumento de Primakov es que la lisuasión basada en la paridad, er equilibrio del terror, es a la vez inmoral y no fiable. Sin embargo, hasta que todas las armas nucleares sean eliminadas y reemplazadas por garantías políticas y legales, la paridad estratégica, a pesar de todo, tendrá un efecto estabilizador. Pero rechaza la idea tradicional de la paridad como concepto cuantitativo, planteando más bien la noción de nivel razonable y suficiente y «la incapacidad de las dos partes de evitar represalias devastadoras». Este abandono de la política de paridad y la vuelta al concepto de disuasión mínima (que era el de Kruschev al menos hasta 1962-63) es lo que ha permitido al gobierno soviético hacer concesiones unilaterales, impensables bajo Breznev. Un juego en el que la Unión Soviética sale perdiendo
Primakov admite que la anterior politica era un juego en el que perdía la
Jnión soviética y que ponía las cartas er nanos de los americanos" «En el pasa do, en numerosas ocasiones, hemos aceptado las "reglas del juego" que nos eran impuestas. Consistían en responder de forma simétrica a los pasos da dos por los americanos en la carrera de NOTAS: armamentos. De esta forma, los EEUU, intentaban deliberadamente arruinar (1). Para un análisis de la política soviética de reforma, ver INPRECOR n° 251, del 19 de oc- cien del prinopia de nivel raza intre sutubre de 1987 (edición francesa).
ficiente, será muy difícil para los americanos conseguirlo». Está claro que esta política no es del gusto de una parte significativa de la jerarquía militar ni de los sectores más conservadores de las burocracias del Partido y del cuerpo diplomático. Como señala Primakov" «A veces estas medidas son captadas como concesiones por parte de la URSS. Hay que decir, de forma clara, que en algunos casos, se hacen concesiones destinadas a buscar un común denominador en las cuestiones que afectan a la reducción de armamentos. Pero son concesiones en el buen sentido, no un retroceso bajo la presión de los EEUU (...)
Los acontecimientos han demostrado que el estancamiento no es en absoluto un signo de firmeza; las propuestas soviéticas, flexibles y dinámicas, constantemente desarrolladas y mantienen a las fuerzas militaristas, que flexibilidad y este dinamismo por nuestra parte, en un constante estado de tensión y no les dejan ningún respiro.
Partimos de la idea de que la nueva forma de enfocar los asuntos internacionales, que guía la política soviética, no es sólo el único posible hoy, sino que es también perfectamente realista». El control político sobre el ejército
A pesar de las teorías occidentales sobre la supuesta militarización del régimen soviético, el control civil de las fuerzas armadas soviéticas nunca ha puesto en cuestión, aunque Breznev haya indudablemente guardado un lugar en su corazón para los militares, compartiendo globalmente sus puntos de vista sobre la carrera de armamentos. Pero Gorbachov no ha tenido muchas dificultades para apartarse de esta política y poner al ejército en su sitio. Envió una advertencia a los militares, cuando tras el aterrizaje del Cessna alemán de Mathias Rust en la Plaza Roja en mayo de 1987, destituyó no sólo al comandante de las fuerzas de la defensa antiaérea sino al propio ministro de Defensa, para reemplazarlo por un hombre de su elección. Evidentemente, esto no ha supuesto el final de las quejas de los militares (por ejemplo se han manifestado abiertamente al publicarse relatos demasiado veraces sobre la II Guerra Mundial) y podrían, un día, jugar un papel en una coalición que intente derrocar a Gorbachov o forzarle a abandonar su política interior y exterior. Pero por el momento, al menos, a pesar de algunos signos de desaceleración del proceso de reformas, debido a la oposición interna (sobre todo tras la caída de Boris Eltsine, demasiado impaciènte, de su puesto de dirigente del partido en Moscú), Gorbachov y los partidarios de la perestroika
siguen ejerciendo firmemente su control. La "guerra de las galaxias"
Evidentemente, Gorbachov no se hace ninguna ilusión en cuanto a su capacidad de cambiar lo fundamental del curso político de Reagan. En particular, el acuerdo sobre los misiles de alcance medio no ha afectado en nada a la estrategia de la OTAN en Europa. Los misiles con base en tierra eran, en cualquier caso, políticamente demasiado vi-. sibles y levantaban con demasiada facilidad la oposición popular. Hoy, calmados los temores populares por la retirada de Europa de los misiles con base en tierra, puede continuar sin trabas el movimiento hacia un progreso en la precisión y la profundidad de lanzamiento en el aire y el mar, igual que Reagan continúa promoviendo su "guerra de las es-
, cuyo verdadero objetivo es dar a los EEUU la posibilidad de lanzar un primer golpe sin quedar expuestos a una destrucción "inaceptable", por las repre-
Pero Gorbachov no busca influir en Reagan. Las concesiones quieren actuar sobre la política americana, e indirectamente sobre la de la OTAN, a través del Congreso, pero más en general a través de la opinión pública. Como esbribe Primakov" «Esta nueva forma de abordar los problemas y esta nueva forma de pensar están lejos de ser aceptadas por los dirigentes americanos. Sobre todo, los EEUU oponen una feroz resistencia al planteamiento soviético. El militarismo no se rendirá tan fácilmente, ni entregará sus posi-
«Pero, igualmente, la situación está hoy lejos de ser lo que era hace dos o tres años. Es cada vez más difícil para los elementos antisoviéticos de Occidente mantener la imagen creada artificialmente de una URSS-Estado agresivo y antidemocrático que amenaza al mundo y no piensa más que en su expansión. Los sondeos de opinión en los EEUU y en los países de Europa Occidental indican que este mito no se sostiene cuando se enfrenta a la perestroika y a la apertura en la URSS y a su política exterior constructiva. La popularidad del Estado soviético y de su dirección en el extranjero; entre las masas у entre los intelectuales, no tiene prece-
Un cambio en la opinión pública occievidentemente, por sí mismo, un cambio decisivo de la situación internacional. Pero se crean precondiciones importantes para tal cambio. La flexibilidad y el aspecto constructivo de la política exterior de la Unión Soviética conducirán ciertamente al desarrollo de tal corriente».
En el terreno de la carrera de armamentos Este-Oeste, la política soviética ha dado un giro que parece buscar la creación de las condiciones de una verdadera alianza entre la Unión Soviética y las fuerzas populares antimilitaristas осcidentales. Hay signos evidentes de que la creencia popular en la "amenaza soviética" y el antisovietismo primario, elementos de base de la ideología dominante en el Occidente de postguerra, se debilitan. No hay que decir que si este proceso alcanzara su objetivo, tendría un impacto político formidable sobre el mundo capitalista, tanto en el plano interno como en el internacional.
Pero que este proceso se lleve a cabo depende, en último término, de la democratización real de la Unión Soviética. Democratización significa cambio verdadero y total de los fundamentos políticos del régimen, pasando el poder de las manos de la burocracia a las del pueblo (es decir, de la clase obrera). La liberalización y el coqueteo superprudente con la democracia que han caracterizado hasta ahora a la perestroika no proporcionan, evidentemente, una base sólida a la instauración de una política exterior internacionalista coherente. Una elección realista
Pero lo contrario es igualmente cierto: una política exterior internacionalista coherente no es una elección realista para el régimen soviético si no es democrático. Pues, a menos que la Unión Soviética abandone de forma convincente su politica interna autoritaria y antipopular, para convertirse en una verdadera democracia socialista, cualquier tentativa de basar su política de alianzas con la clase obrera y los movimientos populares de Occidente fracasará fatalmente. Por otra parte, como la simple liberalización actual lo ha demostrado, Una Unión Soviética democrática (que sería infinitamente más democrática que cualquiera de los Estados burgueses existentes) ejercería una fantástica atracción en Occidente. Tal alianza constituiría la mayor de las amenazas para el imperialismo y el militarismo.
La perspectiva de una democratización auténtica en la Unión Soviética depende de la movilización independiente de la clase obrera, quizás en alianza con los sectores más radicales de la burocracia. Hasta ahora, a pesar de alguna agitación popular, ello no se ha producido ni se producirá mientras la crisis en la cumbre, la lucha entre los elementos pro y antirreforma de la burocracia y de la dirección, no se haya vuelto mucho más aguda(1). La evolución de los acontecimientos en la Unión Soviética en los próximos años será decisiva, no sólo para la Unión Soviética, sino para el mundo entero.
enero 1988