Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Una nueva generación

· Inprecor n.º 62, junio de 1988 · pp. 4-10 · 6.599 palabras

UNA NUEVA GENERACION

En los últimos años,se han desarrollado en Europa Occidental movilizaciones juveniles de gran amplitud. La señal de partida se dio en Italia, con el movimiento masivo de estudiantes de media de 1985. Vinieron a continuación las grandes movilizaciones de Francia y del Estado español en

1986(ver INPRECOR 53) y, posteriormente, entraron en acción los es-

Fuera de Europa, hubo también movilizaciones importantes, por ejemplo en Quebec. En cuanto a la situación en los países dominados, que no será tratada en este artículo, hay que decir que se desarrollan en ellos prácticamente las mismas políticas de austeridad, frente a las cuales aparecen movilizaciones estudiantiles similares a las europeas: el mejor ejemplo de ello es el movimiento estudiantil mexicano; podríamos añadir otras movilizaciones estudiantiles que han tenido lugar en tudiantes austriacos y griegos. Senegal, Madagascar, Brasil, etc. Todo esto no es fortuito, sino que es el resultado de un ataque sistemático de los gobiernos contra un cierto número de conquistas del sistema escolar, destinado a reducir los gastos del Estado y a aplicar una política de austeridad al coniunto del sistema educativo. Como siempre en estos casos, el prosaico objetivo de reducir los gastos sociales se disimula con una discurso hipócrita sobre la mejora de la enseñanza, su adaptación al "mundo moderno" y sobre la necesaria selección de los estudiantes.

En ciertos países, los jóvenes, estudiantes de media y universitarios, han reaccionado masivamente contra estos taques, frecuentemente similares

Sin embargo las circunstancias políti de la clase obrera, especialmente el fracaso del movimiento de los consejos en 1984; la movilización en Francia constituyó el primer cambio notable en la situación social y tuvo considerables efectos sobre la huelga de los ferroviarios que la siguió; el movimiento del Estado español arrancó también en un contexto difícil para las luchas obreras. Estos movimientos juveniles se desarrollan, pues, en contextos muy diferentes y su relación con las luchas de la clase obrera es contradictoria en la misma medida. Si en Bélgica la ola de huelgas obreras pudo desempeñar un papel de arrastre de las movilizaciones juveniles, no ha habido tal automatismo en otras partes. Por el contrario, en Francia y en el Estado español, al menos, el movimiento juvenil tomó la delantera y favoreció una recuperación de las luchas obreras.

A pesar de su diversidad, todas estas movilizaciones tuvieron un carácter masivo y fueron una ocasión para realizar interesantes debates y experiencias so-

Claude Gabriel bre la organización unitaria y democrática de la lucha.

Empezaba a desarrollarse entre los jóvenes la idea de que la juventud en general respondía "en todas partes" a los ataques de que era objeto; esto hizo aparecer algunas preocupaciones internacionalistas de solidaridad o incluso de identificación, sobre todo hacia el movimiento francés de diciembre de 1986

Pero estas luchas no se conforman con responder a los ataques gubernamentales. Expresan también una radicalización en curso desde hace años entre la juventud. Ha hecho su aparición el término de "una nueva generación". Hay que utilizarlo con precauciones para de evitar interpretaciones abusivas. Pero no obstante, expresa un cierto número de rasgos específicos de la experiencia social y política que viven en común estos jóvenes.

Cuando la austeridad empezaba a aplicarse en la mayoría de los países europeos a mediados de los años setenta, no hubo grandes movimientos juveniles, salvo en Italia.

La primera ola de ataques de la burguesía alcanzaba sólo marginalmente al sistema educativo; apenas comenzaba el paro juvenil, siempre con la excepción de Italia.

En fin, los primeros sectores obreros alcanzados por la crisis sufrieron importantes derrotas, creando en el conjunto de los asalariados y de los jóvenes un fuerte atentismo en relación con las medidas de austeridad.

La "generación" de finales de los años setenta constituía a su modo un reflejo de las dudas y de las confusiones de una gran parte del mundo del trabajo durante este período.

Si por el contrario, la juventud actual, nueva generación social, parece adoptar una actitud muy distinta, ello no provie-

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ne de una mutación súbita de los comportamientos. Por una parte los gobiernos han decidido ahora atacar más seriamente a la institución escolar; por otra, muchos de estos jóvenes ven la crisis como único porvenir. Una nueva radicalización

Hasta ahora los jóvenes no tenían consciencia de que fuera posible luchar colectivamente y entrentarse con éxito con el Estado. Pero desde hace tres o cuatro años se podían observar ciertos signos de una radicalización de la nueva generación. Era significativa a este respecto la presencia masiva de los jóvenes en los movimientos antiguerra, ecologistas y antirracistas; en el Estado espanol, el movimiento contra la OTAN había permitido el surgimiento de estructuras de movilización de los jóvenes; en Francia, las marchas contra el racismo movilizaban esencialmente a jóvenes venidos de los institutos y de las poblaciones obreras; en Holanda el 1 de noviembre de 1985 tuvo lugar una huelga de 150.000 estudiantes de media contra

Pero con el movimiento italiano de estudiantes de media de 1985 y después con los dos grandes movimientos francés y español de 1986 y 1987 aparece algo nuevo. La juventud baja a la calle de forma totalmente independiente, sin relación con ninguna iniciativa, comité o llamamiento iniciado por adultos. Se moviliza por reivindicaciones inmediatas aunque rápidamente aparezcan discusiones sobre un nuevo tipo de escuela y por consiguente sobre una nueva sociedad. Las luchas sobre la ecología, la paz y contra el racismo tiene en apariencia un alcance social más amplio, pero no por ello son más radicales. Las movilizaciones reivindicativas sobre el sistema escolar se nutren de los valores democráticos e igualitarios aparecidos en estos movimientos. Pero también pueden favorecer una toma de conciencia política más clara cuando implican nuevas formas de organización, más unitarias, más masivas y más democráticas y cuando desembocan en un enfrentamiento inmediato con el gobierno.

Estas luchas recientes han estado muy poco preparadas por el trabajo previo de organizaciones revolucionarias de jóvenes. Todas las corrientes de extrema izquierda que intervenían en estos medios tenían en ellos fuerzas sumamente reducidas y una influencia insignificante. Las movilizaciones se caracterizaron por una gran espontaneidad, sobre todo en el Estado español.

Era comúnmente admitido que la juventud actual rechazaba la política "oficial" y el "establishment", una de las primeras consecuencias de lo cual era el rechazo de los partidos e incluso de los sindicatos. Desde el momento que el

"establishment" iba a querer imponer brutalmente a esta juventud sus ideas, sus proyectos y su arrogancia, el rechazo más o menos confuso podía transformarse en conciencia de lucha. Y la escuela se convertía en el campo de bataIla. El sistema educativo constituye en efecto para la burguesía una apuesta compleja a la vez económica, social e ideológica. Y para la juventud, constituye uno de los principales terrenos de experiencia social, si no la principal. La nueva generación

A partir de estos datos empíricos se ha subrayado la existencia de una "nueva generación" portadora de sus propias referencias culturales, sus modelos, sus sensibilidades y sus nuevas formas de práctica política. Más allá del estudio de las "mentalidades" la explicación materialista de este fenómeno se basa en la evolución de nuestras sociedades: ampliación del proletariado, crecimiento y crisis de la institución escolar, profundización de la crisis capitalista etc. En otros términos, una parte muy importante de la juventud comparte una situación común y va basando su solidaridad en esta comprobación.

Pero hay que cuidarse de toda utilización abusiva del término. Este tiene un valor descriptivo; pero no puede servir como doctrina para abordar todos los problemas de la juventud actual.

Los comportamientos políticos y sociales de los jóvenes no son independientes de las modificaciones en curso en el seno del movimiento obrero. A la lenta y compleja recomposición de éste, corresponde una juventud de la "transición" que ya expresa la ruptura con el pasado, pero aún no las formas que ésta adquirirá. La juventud de los años ochenta refleja las modificaciones sociológicas que han sucedido desde hace diez o quince años en el seno de nuestras sociedades, en el mundo del trabajo, en la familia, en el habitat, etc.

Si bien es importante subrayar los rasgos específicos de la juventud, importa también comprender que estos fenómenos no surgen de la nada. Loa políticos y sociólogos burgueses han intentado durante durante estos últimos años presentar a los jóvenes como gente favorable al liberalismo y a la aventura individual del capitalismo. "Mayo del 68-¿qué-

', se había convertido en el slogan de los que tenían el cometido de diseñar un perfil-tipo de la nueva generación. Muchos, con motivaciones muy diferentes, se dejaron atrapar parcialmente en este análisis y terminaron desesperando de la juventud como si hubiera habido una ruptura total con las "generaciones combativas" precedentes. Era grande la tentación de no ser más que espectadores frente a esta nueva ge-

La experiencia y la práctica de la juventud actual viene determinada por elementos contradictorios. Por un lado, acusa las modificaciones políticas que han tenido lugar en el seno del movimiento obrero desde finales de las años sesenta: debilitamiento del control de las direcciones reformistas, nuevas conquistas sociales de las mujeres, existencia prolongada de organizaciones de extrema izquierda, contestación a las burocracias sindicales... Pero por otro lado, no es heredera directa de grandes luchas, precisamente porque a mediados de los años setenta se inició, en numerosos países, un sensible retroceso de las luchas de clases.

Las políticas de austeridad iniciadas en 1975-1977 y las primeras derrotas locales que produjeron en las filas obreras constituyeron fracasos parciales para la generación de 1968-1969. El legado ya no podía transmitirse de manera sencilla, a través de una continuidad de luchas y de prácticas sociales que

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NOTAS (1). En Francia, el Partido Socialista intenta capitalizar en su beneficio las luchas de diciembre de 1986 valiéndose de las pequeñas corrientes procedentes de la extrema izquierda que decidieron existir fundamentalmente dentro del PS más que como grupos independientes: "Convergencia Socialista" que procede de una escisión del Partido Comunista Internacionalista (PC|) ("lambertista") y "Cuestiones Socialistas", entre los que se encuentran animadores de "SOS-Racisme" que proceden de la Liga Comunista Revolucionaria. (2). Gérard Noiriel. "Les ouvriers dans la société française". Editions du Seuil, París 1986. (3). En Francia el tamaño medio de las familias ha pasado de 3,33 en 1962 al 3, 15 en 1982. Pero sobre todo ha disminuido fuertemente el número de familias de cuatro y más hijos, pasando de 17,2% al 7,6% (Boletín INSEE, noviembre de 1984. París). (4). "Problèmes politiques et sociaux" n° 542. La Documentation Française. Paris. (5). Fuente:"Werkjroeb Arbeid". 1985.Documento de estudio de la Universidad de Lovaina. Estos jóvenes se reparten de la siguiente manera: 75,3% en la enseñanza primaria y secundaria, 14,3% en la enseñanza superior no universitaria y 10,4% en la enseñanza universitaria. (6). La ley Edgar Faure fue una expresión de los límites pasajeros de la burguesía para normalizar la selectividad en la universidad. (7). En el centro de París, la Facultad de Cienclas de Jussieu comprende mas de 8.500 trabajadores asalariados y 60.000 estudiantes. En Bélgica el campus de Lovaina La Neuve tiene 17.000 estudiantes y la Universidad de Lovaina 22.000. (8). Hay que hacer la distinción con el caso británico, donde existe desde hace largo tiempo una fuerte división social entre universidades y un profundo elitismo de algunos cursos universitarios. En 1975, en Francia, solamente el 5% de los asalariados habían pasado por la enseñanza superior. Por el contrario en los Estados Unidos, en 1982, el 20% de los asalariados tenían al menos cuatro cursos de enseñanza superior. (9). En Francia, si sumamos las estadísticas de la enseñanza privada y de la enseñanza pública había un 24,7% de hijos de obreros en el ciclo llamado "segunda", dos años antes del bachillerato, en 1961. En 1980, eran ya un 41,9%. Según B.Charlot y M.Figeat: "Histoire de la formation des ouvriers". Editions Minerve. Paris 1985.

combinasen las generaciones. Tampoco hubo legado organizativo: los grandes sindicatos estudiantiles - o su equivalente según los países- desaparecen al principio de los años setenta o al menos retroceden hasta no ser ya representativos de su medio. Una profunda mutación del tejido social

La aceleración de la crisis de los partidos tradicionales, empezando por los partidos comunistas español y francés, y los "giros hacia el centro" de los grandes partidos socialdemócratas los dejan en situación comprometida frente a la juventud(1). Muchos de ellos han renunciado hace tiempo a construir organizaciones juveniles de masas, con excepción sin duda del PC italiano o del movimiento obrero cristiano en Flandes, en beneficio de operaciones espectaculares y demagógicas para captar al electorado joven.

Todo esto no es el simple fruto de una coyuntura. Se trata de una profunda mutación del tejido social a la cual el movimiento obrero tradicional se adapta muy mal. En un país como Francia, por ejemplo, la crisis del textil, de la siderurgia, de las minas y del automóvil debilita de forma duradera las implantaciones tradicionales del PCF. Empiezan a aparecer estudios que reflejan estos fenómenos En Francia ha habido, antes y sobre todo después de 1975, una «lenta disgregación del grupo en toda una parte de la clase obrera: retroceso de los bastiones tradicionales, apertura de la enseñanza a nuevos sectores sociales, cambios de cualificación... En muchas familias obreras la herencia profesional y técnica del padre ya no se transmite» (...) «Las formas de reproducción de la comunidad se ven afectadas por estos desplazamientos, quebrándose las referencias materiales de toda la memoria colectiva. Mas aún porque a un nuevo proceso de trabajo corresponden nuevas formas de urbanización, basadas en la explosión y la segregación del habitat...»(2).

Estas modificaciones afectan a las tradiciones políticas y sindicales acentuando la ruptura de la tradición. Cuanto más se desarrollan las grandes ciudades en detrimento de las ciudades medias, más tiende a desaparecer la comunidad obrera tradicional constituída alrededor de la unidad fábrica-habitat. emancipa así más rápidamente de la experiencia social de los padres, y a su vez este fenómeno se traduce en la crisis de las organizaciones tradicionales del movimiento obrero.

Por último, la juventud comienza su inserción social e inicia su reflexión política sin haber conocido otra cosa que la crisis. Es por excelencia la generación de la crisis capitalista, sin memoria propia de la situación anterior.

Lo que podríamos llamar una "nueva generación" es, por tanto, esencialmente producto de las mutaciones sociales en curso. La juventud expresa de manera específica, con o sin luchas espectaculares, los trastornos de nuestra época y las nuevas adaptaciones, provocando a veces una clara desincronización entre la lucha de los adultos y las suyas.

La situación de la juventud y la escolarización

El entorno de la juventud se ha modificado poco a poco durante estos últimos años. Al lado de la institución escolar y sin duda antes que ésta, la familia constituye la primera experiencia social de los jóvenes. Ahora bien, también en este terreno han evolucionado cierto número de aspectos. El tamaño medio de las familias se ha reducido y ciertas relaciones en el seno de ella se han modificado bajo el efecto de los cambios globales de la sociedad(3). Esto ocurre sobre todo en la situación de las chicas jóvenes. No sólo se viven mayoritariamente como futuras trabajadoras, sino que a partir de ese momento tienen a su madre como ejemplo de mujer trabajadora. En efecto, desde mediados o finales de los años setenta las mujeres casadas se han hecho mayoritariamente asalariadas. Del mismo modo, la contracepción es ahora una experiencia que pueden transmitir las madres, a pesar de los tabús familiares que subsisten sobre estas cuestiones.

Pero las relaciones en el seno de la familia han empezado a cambiar también bajo los efectos de la evolución de la escolaridad. Cuanto más podían acceder los jóvenes a una enseñanza larga y general, más se reducía su sumisión al saber de los padres. Así pues, la evolución de la enseñanza cambia poco a poco la atmósfera familiar, por no decir la corre-

Y sobre todo, esta nueva generación experimenta, a semejanza de la de 1968, un importante crecimiento de los efectivos escolares y un incremento de la enseñanza general no especializada. Si consideramos la franja de edad de los 15-24 años, había en Francia en 1975 más de dos millones de estudiantes de enseñanza media y universitarios; en 1982, eran más de 4,1 millones. En 7 años, la juventud escolarizada se ha más que doblado y el 33% de los jóvenes de 20 años se encuentran en el sistema

Siguiendo con Francia, el número de estudiantes universitarios era 130.000 en 1950, 510.000 en 1968 y casi de millón hoy día(4). En Bélgica, el 45,7% de los de menos de 25 años son todavía estudiantes(5).

Este prodigioso crecimiento del mundo escolar se debe en primer lugar al

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crecimiento demográfico. Pero proviene también de la prolongación legal de la escolaridad y del deseo de prolongar los estudios para acceder a una mejor cualificación. A pesar de la crisis capitalista que se inicia en 1973, la burguesía, al tiempo que desarrolla poco a poco la selección en la universidad, necesita elevar el nivel general de cualificación. Estas contradicciones de la política escolar conducen a las reformas actuales, pero durante diez o doce años actuaron en el sentido de una ampliación de la escolaridad; hay que tener en cuenta además que el movimiento de mayo del 68 en Francia había sido capaz de establecer un cierto tipo de correlación de fuerzas en este terreno (6).

De esta escolarización masiva y prolongada nació un sentimiento legítimo: el derecho al saber. Ahora bien, hoy la clase dirigente quiere volver a poner en cuestión estos avances y tropieza por consiguiente con una fortísima resistencia de la juventud.

Esta juventud escolarizada no sólo es mas numerosa, está también más concentrada. Los institutos y colegios de mil alumnos son abundantes. Los campus universitarios concentran miles e incluso decenas de miles de estudiantes La mayor parte de las grandes ciudades están dotadas de una universidad donde trabajan y viven juntos un número considerable de personas, estudiantes, enseñantes y obreros (7). Miles de jóvenes en un espacio-institución bien definido no pueden quedar fuera de los conflictos sociales de la sociedad de forma prolongada. Si bien ha habido según los países períodos de paz escolar, sobre todo entre 1975 y 1985, esto no significaba en absoluto que la escuela hubiera dejado de ser uno de los lugares privilegiados de la radicalización y de las luchas de la juventud. Y en las condiciones actuales, la institución escolar no puede sino seguir siendo el terreno de enfrentamientos periódicos entre una parte de la juventud y los gobiernos. La "democratización" de la enseñanza

Si bien ha habido un crecimiento numérico del mundo estudiantil universitario, ello no significa que los hijos e hijas de obreros puedan ahora acceder fácilmente a él. Pese a un lento incremento de los estudiantes de familia obrera o de trabajadores administrativos, su número en las facultades francesas aún es solamente del 12,6%, y del 7% en el Estado español. Son de hecho los hijos de clases medias los que más se han benefiapertura universitaria(8). Pero su relación con la institución escolar no es por ello producto de un "interés de clase" • Se sabe, al menos desde 1968, cuando la composición social de la universidad era más "pequeñoburgue-

, que intervienen muchos otros factores que pueden arrastrar a la mayoría de los estudiantes universitarios a un enfrentamiento político, con la institución escolar o con el Estado.

Por el contrario, uno de los grandes cambios sociales acaecidos desde hace veinte años afecta a la enseñanza media donde el número de los hijos de obreros y de administrativos se ha incrementado considerablemente. Las familias obreras han intentado adaptarse a los cambios en el mundo del trabajo y, contra todo conservadurismo familiar, muchas de ellas han tratado de dar a sus hijos, al menos a los varones, un formación escolar que les permita dejar la condición obrera. Pero de modo más general los propios gobiernos han tratado también de prolongar la enseñanza general(9).

Ello no cambia demasiado las oportunidades individuales de éxito escolar según el origen de clase. La profesión o el nivel social de los padres sigue siendo un criterio pertinente para determinar la desigualdad en la materia. De igual modo, a pesar de progresos importantes, los hombres siguan claramente en posición ventajosa respecto a las mujeres. Por primera vez en Francia en 1981, las mujeres llegaron a ser mayoritarias en las universidades, pero cuando más se asciende hacia los cursos superiores, más decrece su número.

Por consiguiente las evoluciones sociales más significativas se reflejan en la enseñanza media. Los jóvenes estudiantes de media de 16 a 20 años que salen hoy a la calle representan una gama social muy distinta de la de sus mayores de hace veinte años: muchos más hijos de la clase obrera; muchas más chicas entre ellos. Una juventud de origen popular cuyas exigencias en materia de conocimiento son más ambiciosas que en el pasado -ello explica que que el Italia y en el Estado español, pero también en Bélgica, los estudiantes de media hayan ocupado un lugar mucho más importante que los estudiantes universitarios en las movilizaciones estudiantiles-.

Este dato modifica considerablemente el impacto social de las movilizaciones. A diferencia de mayo del 68, la relación entre juventud escolarizada y trabajadores pasa más fácilmente por el marco familiar. Hace veinte años había que ir a las puertas de las fábricas para explicar las luchas de la juventud, pues lo esencial de los hijos de obreros estaba en la enseñanza técnica y apenas estaban interesados en la contestación escolar. Hoy día la situación es completamente diferente, lo hemos podido comprobar tanto en Francia como en el Estado español. En la mayoría de las familias obreras, uno o varios hijos van al instituto y la familia se convierte en uno de los lugares de la solidaridad obrera con esta juventud. La relación entre las luchas de la juventud y la clase obrera puede desde ese momento efectuarse más rápidamente. En Francia, había un vivo deseo en las empresas de realizar una gran manifestación común con la juventud y las direcciones sindicales tuvieron que maniobrar mucho para evitarla. El gobierno Chirac no se equivocó al retirar el proyecto Devaquet la víspera de una movilización unitaria.

Todos estos elementos ponen de manifiesto la creciente importancia del instituto y de la universidad en el desarrollo de movimientos juveniles independientes. Por lo tanto, la permanencia de esta situación plantea la cuestión del sindicalismo estudiantil de masas o de cualquier otra forma de organización, y la de la organización de los bachilleres. El papel de una organización revolucionaria

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NOTAS: (10). "Perspectives de l'emploi". OCDE septiembre 1986. (11). TUC: Trabajos de utilidad colectiva. Ver 'TUC: utiles pour qui?" . Alternative economique, octubre 1985. Y también "Jeunes sans travail dans la tourmente de la crisis". Michel Rafoul. "Le Monde Diplomatique", marzo 1987. (12). En Italia el 60% de los parados son jóvenes, es decir 1,5 millones de personas. 35% de los jóvenes de 14 a 25 años están en el paro. A diferencia de la situación en otros países, los titulados están también. afectados por el paro. En 1985, el paro afectaba al 6,3% de la población sin titulación académica o teniendo solamente educación primaria, al 13,2% para los que tenían una titulación de bachiller y al 6,3% para los diplomados universitarios. Fuentes: "Etudes économiques" (OCDE). Julio 1986. (13). Abdelkader Djeghloul, sociólogo argelino. "Revue M". Febrero 1987.Paris. (14). Karen Schober. "la minorité que grandit. Problèmes de formation et d'emploi de la seconde génération". Gewerk-schaftliche Monatshefte. Colonia. Julio 1982. Los jóvenes extranjeros de menos de 25 años representan aproximadamente un 42% de la población extranjera en un conjunto de nueve paises europeos (Francia, RFA, Suiza, Suecia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Holanda, Luxemburgo), es decir, 4,7 millones sobre 11,2 millones, en un contexto de declive general de la tasa de natalidad y de envejecimiento de las poblaciones nacionales, en las cuales sólo un 35% aproximadamente tiene menos de 25 años. ("Problèmes économiques et sociaux". La

530. Documentation Française. número 1986. (*). Expresión popular que viene a significar metro-curro-piltra", el esquema de la vida cotidiana del habitante medio de París. (**). Expresión de argot que con la que se autodefinen los jóvenes mogrebís franceses de la "segunda generación".

en la juventud seguirá jugándose en bueolar, aunque ésta no sea el lugar exclu ivo de las movilizaciones de la juven ud. El paro, pero también las luchas :ontra el racismo y contra la amenazi nuclear, seguirán siendo elementos importantes de las luchas venideras. El paro de los jóvenes

Esta es la juventud de la crisis. Una vez que sale del sistema escolar, su principal problema no es ya escoger un empleo, sino encontrarlo. Entre los doce principales países de la OCDE hay ahora diez millones de jóvenes parados. Una parte de la burguesia desarrolla una política natalista para evitar el envejecise le hacer von sus o Et pano afecta mucho más a los jóvenes que al resto de la población activa: en el conjunto de la OCDE la tasa de paro juvenil es, como media, tres veces más elevada que la de los adultos (10).

En estos quince últimos años, el número de activos de menos de 25 años ha disminuído. El trabajo a tiempo parcial, todavía marginal para la mayoría de los asalariados, es para los jóvenes una fórmula muy frecuente de empleo. Y la inestabilidad profesional se ha convertido en una situación muy común entre los

La inserción profesional de los jóvenes es a menudo intermitente y descualificada. Las empresas tienen ahora la costumbre de contratar para puestos estables a gente con una formación claramente superior a la requerida para el puesto a cubrir. Como consecuencia de esta evolución, los menos cualificados y aquéllos que han interrumpido sus estudios tienen muy pocas esperanzas de encontrar un empleo. El mercado de trabajo se ha vuelto caótico y anárquico. En Francia, un tercio de los obreros llama-

"no-cualificados" tiene un certificado de aptitud profesional (CAP) en una rama que no es la de su empleo. Siguiendo con Francia, el 60% de los "tucistes" (11) tiene un título cualquiera, el 9% tiene el bachillerato y el 37% un certificado de enseñanza técnica.

La totalidad de los gobiernos europeos ha puesto en marcha planes de "lucha contra el paro juvenil". Esta preocupación, un tanto demagógica, pretende de todos modos canalizar el descontento de los jóvenes para evitar su revuelta. En muchos casos, no obstante, estos planes tienen más de parche que de verdadero remedio y además son a menudo una ocasión suplementaria para rebajar los costes sociales de las empresas y suministrarles una mano de obra barata, utilizable durante algunas semanas o meses. En Gran Bretaña existe el "Youth Training Scheme"; en Suecia la

"ley de los jóvenes"; en Italia el gobierno ha decidido la creación de 40.000 contratos de formación, así como la ayuda a las cooperativas, pretendidamente creadoras de empleos para los jóvenes. El gobierno italiano ha decidido también emplear 10.000 jóvenes parados ipara la "revalorización de los bienes culturales"! En Francia pueden contarse no menos de siete fórmulas de cursillos de formación y de empleo-formación.

Al final, sea cual se la fórmula de empleo o de formación de los jóvenes parados, muchos de ellos vuelven a encontrarse con el paro después de este intervalo

Todas estas medidas no cambian en nada la estructura del mercado del empleo que responde a muchas otras necesidades y sufre muchas más contingencias que esas miserables medidas gubernamentales.

Los vientos de privatización que soplan en la Comunidad Económica Europea (CEE), empujan los capitales hacia operaciones bursátiles, que no corresponden, por su propia naturaleza, a inversiones productivas. El carácter altamente especulativo del mercado financiero indica que la clase dominante no tiene ningún proyecto a corto plazo de desarrollo del empleo. El paro juvenil es la primera consecuencia de ello.

En todos los países, la patronal defiende que el paro de los jóvenes se debe a la inadaptación de su formación. En realidad, para millones de solicitantes de empleo, las empresas sólo ofrecen un miserable número de empleos. El tipo de formación profesional no es sino un efecto secundario de la crisis actual del mercado de trabajo; la causa principal de de este caos tiene que ver con la caída de las inversiones productivas.

Los efectivos menores de 25 años han disminuido en Francia en un 19%, y en un 35% sólo en la industria. La mayoría de los sectores industriales están cerrados al empleo de los jóvenes. Este se concentra cada vez más en la construcción, los servicios y el comercio donde se multiplican los empleos precarios y los contratos de duración definida. En las ramas más importantes, la mpresas han contraído sus efectivo en torno a las franjas de edad de 30-4 añor ello se desarrolla lentamente una toma de conciencia que une el derecho al estudio con el derecho al trabajo. Sobre estas dos exigencias expresan los jovenes en primer lugar su rechazo a las discriminaciones y a las exclusiones sociales. Disparidades y desigualdades

Dentro mismo del paro juvenil aparecen las discriminaciones tradicionales

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hacia las mujeres, los extranjeros, los jóvenes de las regiones más desfavorecidas, etc. En Italia, donde el paro juvenil es de los más altos de la OCDE(12), hay una notoria diferencia de situaciones entre el Norte y el Sur. La tasa de paro de un hombre de más de 29 años en el Norte es del 1,7%; la tasa de paro de una mujer de menos de 29 años en el Sur es del 50%. Y en el Sur de Italia la juventud en paro es una masa de reclutamiento fácil para la Camorra o la Mafia.

En el Estado español, diferenciaciones del mismo tipo dividen a la juventud de las distintas regiones y nacionalidades

La economía paralela, que constituye un sector sustancial de la actividad económica, va tomando el aspecto de una verdadera extorsión sobre la mano de obra joven disponible. La inmigración interior entre regiones desfavorecidas y regiones industriales afecta con evidencia a esta juventud doblemente desfavorecida.

Otro problema: en Francia, mientras que el 57% de los demandantes en los organismos de cursillos y contratos de adaptación son mujeres jóvenes, sólo son el 34% de los que obtienen ese contrato y el 27% de los que acceden a un aprendizaje profesional.

Todo esto refuerza indudablemente el papel de la familia como lugar de autosubsistencia de los jóvenes. Estos, las chicas en primer lugar, tienden a quedarse más tiempo en casa de sus padres Refugio al principio, la familia se convierte muy pronto en un lugar asfixiante. Los jóvenes que tienen que dejar para más tarde su independencia económica se encuentran encerrados en la insititución familiar, que una vez más sirve de apoyo a una sociedad incapaz de responder al conjunto de las necesidades de la po-

En Francia, el 40% de las familias extranjeras se ven afectadas por el paro juvenil, frente a un 12% para el conjunto de la población. Para estos jóvenes, la situación es tanto más difícil porque la familia constituye con bastante frecuencia un obstáculo añadido a su inserción social en sentido amplio. Sometidos al ambiente de racismo en el exterior, a veces sufren en el seno de la familia los efectos más opresivos del patriarcado. La violencia de los padres y de los hermanos sobre las hijas, las prohibiciones y tabús, los prejuicios religiosos, etc., constituyen el precio que deben pagar aquéllos que no pueden emanciparse económicamente.

Por consiguiente la juventud se ve particularmente afectada por las desigualdades nacionales y raciales. La ola de inmigración extranjera de los años sesenta y setenta produce hoy día lo que en algunos países se llama una "segunda generación" que es falso designar como "inmigrantes". Son y se sienten una comunidad estable: «el inmigrante

"métro-boulot-dodo" (*), era invișible en el espacio público. No era más que una fuerza de trabajo en estado bruto. Pero los hijos han sido escolarizados, se han juntado con los demás niños, y después, con toda naturalidad, se han introducido en el espacio público francés».(13)

Numerosos países europeos se enfrentan ahora al problema de la llegada al mercado de trabajo de cientos de miles de jóvenes nacidos de padres inmigrantes. Para éstos, la situación es tanto más precaria cuanto que sufren igualmente los efectos del racismo y las dificultades o la marginalidad sociales de los padres. En el dilema "derecho a la di-

To "derecho a la igualdad" se expresan la inestabilidad y la duda, pues esta sociedad es incapaz de combinar estas dos exigencias.

Dentro mismo de esta "segunda generación", no todas las situaciones son idénticas. Esta disparidad refleja la desigualdad de las relaciones de dominación imperialista de cara a los países de origen. La situación y los derechos son diferentes para un joven antillano de nacionalidad francesa que para un joven árabe considerado extranjero. De igual modo, muchos jóvenes negros en Gran Bretaña son de nacionalidad británica pero se les niega toda posibilidad de integración. La amplitud del fenómeno "segunda generación" está relacionada con las políticas llamadas de reunión familiar, adoptadas en el pasado por los diferentes gobiernos, siempre muy restrictivas en Suiza, muy liberales en Suecia y más o menos fáciles en Francia según los períodos. Estas políticas han tenido consecuencias particulares sobre el desarrollo de la segunda generación y han determinado parcialmente los nuevos problemas sociales que ahora surgen.

En Gran Bretaña, la fijación de 1973 como límite para la adquisición de la nacionalidad británica para un gran número de antillanos y de inmigrantes del tipo de segunda generación para los subcontinente indio, modeló años ochenta. En Alemania, desde 1975 los niños representaban el 60% de las entradas de turcos (frente a un 5% en 1965). El 60% de estos niños inmigrados eran varones, lo que hace pensar que se trataba de una preemigración obrera querida por las familias de origen. Hoy día, la proporción de jóvenes entre las poblaciones inmigrantes en la RFA es considerable: un 33% de menores de 15 años entre los turcos; un 21,8% entre los yugoslavos, mientras que la media es del 16% para el conjunto de la población. Cada año en este país 60.000 jóvenes inmigrantes llegan a la edad de la formación profesional sin ninguna garantía de porvenir profesional (14).

Y todos estos problemas tienen consecuencias para quien se propone unificar el movimiento político de la juventud. En Francia se ha podido observar en el transcurso de las movilizaciones antirracistas que la cuestión de la unidad no siempre era sencilla. Para los jóvenes "beurs"(**) esta lucha les concernía de forma muy inmediata y material, mientras que para los jóvenes franceses se trataba de una exigencia moral y de una motivación democrática. Cuando estas movilizaciones se basaban esencialmente sobre la actividad de los jóvenes "beurs", el movimiento tropezaba con algunas dificultades para organizarse y estructurarse, en la medida que también había que tender un puente a todo el resto de la juventud y porque este medio tenía muy poca experiencia de luchas colectivas. Con la aparición de SOS-Ra-

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cisme y la constitución del movimiento antirracista en los institutos, las cuestiones de la unidad y de la organización de las movilizaciones fueron algo más fáciles. El instituto - lugar de concentración y de mezcla por excelencia- favorecia este avance. La composición de los cor tejos de enseñanza media durante las lucuna mera de lo yenes franceso, e los beurs y de los jovenes inmigrar as de todos los orígenes Juventud obrera y jóvenes parados

La crisis ha favorecido un claro envejecimiento de los efectivos obreros en numerosas ramas industriales. Un cambio notable de esta dinámica exigiría la introducción masiva de las nuevas tecnologías por parte de la patronal, es decir inversiones, con el fin de crear no sólo nuevos empleos sino tambien de recurrir a una mano de obra joven capaz de adaptarse fácilmente a la nueva organización del trabajo. Estamos lejos de ello. Por lo tanto la clase obrera no dispone hoy de un gran contingente de jóvenes trabajadores menores de 25 años, dispuestos a muchas batallas, como fue el caso durante todo un período. Aún hay evidentemente jóvenes obreros en las empresas, pero la existencia de una juventud obrera como "nueva generación proletaria" rosas ramas industriales, es algo mucho

Queda la cuestión de la juventud llamada pre-obrera, la que está en formación y cuya situación es difícil de generalizar para Europa. Efectivamente su lugar en la institución escolar, su lugar en el seno mismo de la clase obrera y, por lo tanto, su conciencia, dependen de la situación específica de la enseñanza técnica y profesional. Por ejemplo, en Alemania Federal existe una larga tradición de enseñanza "dual", desempeñando la patronal un papel importante en la propia formación de los jóvenes trabajadores. Por el contrario en Francia, esta tarea la ha tomado a su cargo desde hace tiempo el Estado, lo que implica la inserción de la formación técnica en el sistema general de la enseñanza pública. Además por esta razón existe un curriculum escolar común de todos los jóvenes hasta la clase de 5-d, es decir hasta la edad de 12/14 años.

Según los países, esta juventud pre-obrera se comprometerá de forma diferente en las luchas que le afectan específicamente. Y por los mismos motivos, se integrará más o menos directamente en las luchas del resto de la juventud escolarizada.

Por último, una parte no desdenable de la juventud no está ni en los institu tos ni en la enseñanza profesional, sino en el paro. La mayoría de los estudios muestran los riesgos de marginalidad social para una parte de los jóvenes sin empleo en la medida en que no existe ninguna perspectiva de inserción social y que no tienen, en su mayor parte, relación alguna con el movimiento obrero tradicional. ¿Es posible un movimiento de jóvenes parados en esas condiciones? Por el momento, la experiencia ha demostrado que esto era muy difícil. En Europa, en general, los parados están poco o nada organizados y participan poco en los movimientos colectivos. Para los jóvenes, ya lo hemos dicho, la familia sigue siendo a menudo una seguridad y diluye parcialmente el espíritu de revuelta. Es probable por el contrario que aparezcan bajo diversas formas agrupaciones de jóvenes parados. Pero salvo que el movimiento sindical tome a cargo verdaderamente esta cuestión, siempre será difícil generalizar y estabilizar estas experiencias locales. Un elemento decisivo para el porvenir del movimiento obrero

Esta nueva radicalización política de la juventud puede ser una buena oportunidad para el futuro del movimiento obrero. Hemos señalado aquí que uno de los rasgos de la nueva experiencia de esta generación corresponde precisamente a las grandes mutaciones en curso en el

Van a plantearse dos problemas. El primero remite a las condiciones en las cuales las luchas juveniles y las de los trabajadores adultos puedan fecundarse mutuamente. El segundo se refiere al encuentro entre las y los nuevos militantes que han surgido en las reciente movilizaciones y las organizaciones de extrema izquierda construídas a partir de la gene-

La recomposición del movimiento obrero dependerá ampliamente de la capacidad de las organizaciones revolucionarias para captar a estos nuevos militantes. Desde hace muchos años, y en numerosos países, la edad media de esestá aumentando. Todo paso cualitativo adelante en la construcción del movimiento revolucionario en Europa pasará evidentemente por la entrada en sus filas de centenares, incluso de miles de jóvenes que no hayan conocido las derrotas, ni los errores del pasado y que estarán más disponibles para la lucha política si piensan que pueden aportar algo nuevo a las experiencias de las generaciones prece-

Por supuesto, hay que observar las recientes luchas con gran prudencia. Por ahora no han constituido nada equivalente a la gran ola de tampoco se trata de una tormenta pa-