Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

El marxismo romántico de Mariátegui

· Inprecor n.º 62, junio de 1988 · pp. 27-29 · 2.617 palabras

Durante largo tiempo, los representantes de la ortodoxia "marxista-leninista-stalinista"' han tratado a Mariátegui de "socialista pequeño-burgués"' y de "populista". Peor aún, el fundador del comunismo peruano no sería en el fondo más que un romántico. Para estos ideólogos -de los cuales el más conocido es el eminente especialista soviético V.M.Miroshevski- bastaba con acusar a Mariátegui de este pecado mortal, el romanticismo, para demostrar de manera definitiva e irrefutable que su pensamiento era ajeno al

Ahora bien, ya es tiempo de que nos demos cuenta -y el ejemplo de Mariátegui lo ilustra maravillosamente- que, lejos de ser

(*). Traducción de Alfonso Ibáñez. (1). Ver V.M.Miroshevski, "El populismo en el Perú", 1941, en José Aricó (ed.) "Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamerica-

, México, Ediciones Pasado y Presente, 1978. (2). K.Marx, "Werke", Berlín, Dietz Verlag, tomo 19, p.386. Marx añade en este mismo pasaje: «Luego no hay que asustarse demasiado de la palabra "arcaico"».

EL MARXISMO

ROMANTICO DE

MARIATEGUI*

marxismo.(1) contradictorios, compatibles y pueden enriquecerse mutuamente. El romanticismo nació al final del siglo XVIII como una reacción al advenimiento de la civilización moderna, al desarrollo de la sociedad industrial burguesa, fundada en la racionalidad burocrática, la reificación mercantil, la cuantificación de la vida social y el "desencanto del mundo" (según la célebre fórmula de Max Weber). Una vez surgido, con Rousseau y la Frühromantik alemana, el romanticismo no desaparecerá de la cultura moderna y constituye, hasta nuestros días, una de las principales estructuras de sensibilidad de nuestra época. Nada es más falso y artificial que reducirlo a un estilo literario. En tanto que verdadera visión del mundo "holista", el romanticismo se manifiesta en todos los dominios de la vida cultural: artes, literatura, religión, política, ciencias sociales, historiografía, filosofía. Su característica esencial es la crítica de la sociedad burguesa moderna a partir de valores sociales, culturales, éticos, estéticos o religiosos precapitalistas. Oponiendo a los valores puramente cuantitativos de la Zivilisation industrial los valores cualitativos de la Kultur espiritual y moral, o a la Gesellschaft individualista y artificial la Gemeinschaft orgánica y natural, la sociología alemana de fines del siglo XIX formulaba de manera sistemática esta nostalgia romántica del pasado, esta tentativa desesperada de "re-encantar el mundo".

Por supuesto, la nebulosa cultural romántica está lejos de ser homogénea: así se encuentra una pluralidad de corrientes, desde el romanticismo conservador o reaccionario que apunta a restaurar los privilegios y la jerarquía social del Antiguo Régimen, hasta el romanti-

Michael Löwy marxismo y romanticismo son perfectamente cismo revolucionario, que integra las adquisiciones de 1789 (libertad, democracia, igualdad) y para el cual el objetivo no es el retorno hacia atrás, sino un rodeo por el pasado comunitario hacia el futuro utópico; desde el irracionalismo oscurantista e intolerante hasta la crítica humanista de la racionalidad instrumental, cuantificadora y burocrática.

El romanticismo revolucionario es una dimensión crucial, y olvidada, del pensamiento de Marx y Engels. Se manifiesta en sus escritos de múltiples formas, pero la más importante es probablemente su concepción del comunismo moderno como el restablecimiento de ciertos rasgos de las comunidades primitivas. Como lo escribía Marx en su carta de 1881 a Vera Zasúlich, la abolición revolucionaria del capitalismo significará «el regreso de las sociedades modernas al tipo "arcaico" de propiedad comunal», o más precisamente, «un renacimiento del tipo de sociedad arcaico bajo una forma superior». Un renacimiento que integre, por tanto, todas las adquisiciones técnicas de la civilización europea moderna(2). Y no se trata para él de una simple referencia histórica: en los países -¡como Rusial- donde la comunidad rural había logrado mantenerse (al menos parcialmente) ella podría servir directamente de punto de partida para la transición al socialismo.

Es en deliberada ruptura con estas ideas de Marx, que no dejaban de tener puntos de contacto con las de los populistas rusos, que Plejanov formulará su doctrina llamada "marxista ortodoxa" exaltando el progreso capitalista y proclamando la necesidad inevitable de una etapa histórica de revolución burguesa e

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(3). J.C.Mariátegui, "Dos concepciones de la vida", "El Alma Matinal", Lima, Editora Amauta, 1971, pp. 13-16. (4). Mariátegui, "El Hombre y el Mito", "El Alma Matinal™, pp. 18-22. (5). Mariátegui, "El grupo surrealista y Clarté", 1926, "El artista y la época", Lima, Ed. Amauta, 1973, pp.42-43. (6). Mariátegui, "Rainer Maria Rilke", 1927. "El artista y la época", p. 123.

7). Mariátegui, "El artista y la época", p.4:

/ paralelo con el artículo de Walter Benjami sobre el surrealismo (1929) es sorprendente. (8). Mariátegui, "Dos concepciones de la vida". "El Alma Matinal", pp. 14,23 (9). Mariátegui, "Defensa del marxismo", Lima, Ed.Amauta, 1976. (10). Mariátegui, "El Alma Matinal", p. 15. (11). Por ejemplo, en "Defensa del marxisто", р.21. (12). Mariátegui, "Defensa del marxismo", pp. 66-67. (13). G.Lukacs, Fruchschriften II, Neuwied, Luchterhand, "Táctica y Etica", 1919, en

1968, p.69. Sobre este tema, véase el artículo de Robert Paris, "El marxismo de Mariátegui", en J.Aricó ed. "Mariátegui y los origenes del marxismo latinoamericano"

(14). Miroshevski, op. cit., p. 70.

(15). Mariátegui, "7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, 1928, Lima,

Ed. Amauta, 1976, p.83.

'16). Mariátegui, "El problema de las razas en la América Latina", 12, "Ideología y Política"

Lima, Ed. Amauta, 1971, pp.68, 81.

(17). Mariátegui, "7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana". pp. 78-79.

(18). Mariátegui, "Principios programáticos del partido socialista", 1928, "Ideología y Política", p. 161.

industrial para sacar a Rusia de su atra-

, dogma menchevique del cual se reclaman, bajo formas diversas y variadas, (stalinistas o apristas) de Mariátegui.

Desde el fin del siglo XIX aparecen así dos tendencias en el seno del marxismo: una corriente positivista y evolucionista, para la cual el socialismo no era más que la continuación y el coronamiento de la civilización industrial-burguesa (Plejanov, Kautsky y sus discípulos en la | y la Ill Internacionales) y una corriente que se podría considerar como romántica, en la medida en que critica las del progreso" y formula una dialectica utópica-revolucionaria entre el pasado precapitalista y el futuro socialista: por ejemplo, desde William Morris hasta los marxistas ingleses contemporáneos (E.P. Thompson, Raymond Williams) y desde Lukács y Bloch hasta Marcuse (pasando por la escuela de Frankfurt).

Es a esta corriente que pertenece José Carlos Mariátegui de una forma original y en un contexto latinoamericano muy diferente a los de Inglaterra o Europa central. Durante su estadía en Europa, Mariátegui asimiló simultáneamente el marxismo y ciertos aspectos del pensamiento romántico contemporáneo: el idealismo italiano (Croce, Gentile), Nietzsche, Bergson, Sorel.

La visión del mundo romántico-revolucionaria de Mariátegui, como la formuló en su famoso ensayo de 1925 "Dos concepciones de la vida", rechaza «la filosofía evolucionista, historicista, racionalista» con su «culto supersticioso de la idea del progreso». Igualmente opuestas a esta ideología chata y confortable, dos corrientes románticas se confrontan en una lucha a muerte: el romanticismo de derecha, fascista, que quiere regresar a la Edad Media, y el romanticismo de izquierda, bolchevique, que quiere avanzar hacia la utopía(3). Ante la crisis del racionalismo, el hundimiento del

«mediocre edificio positivista» y el «alma desencantada» (Ortega y Gasset) de la civilización burguesa, Mariátegui hace suya el «alma encantada» (Romain Rolland) de los creadores de una nueva civilización. Y escribe, en otro ensayo de

1925, estas líneas asombrosas, cargadas de exaltación romántica:

«La inteligencia burguesa se entretiene en una crítica racionalista del método, de la teoría, de la técnica de los revolucionarios. ¡Qué incomprensión! La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito.

La emoción revolucionaria... es una emoción religiosa. Los motivos religiosos se han desplazado del cielo a la tierra. No son divinos; son humanos, son sociales».(4)

Es precisamente en nuestros dias, en la época de la revolución centroamericana y de la teología de la liberación, que estas líneas visionarias muestran toda La sensibilidad romántica de Mariátegui es no solamente política, sino también cultural. Por ello sigue con una simpatía calurosa las iniciativas del movimiento surrealista que «no es una moda artística sino una protesta del espíritu». Aquello que lo atrae hacia el surrealismo es su rechazo categórico, «en bloque», de la civilización racionalista-burguesa, y el hecho de que «por su espíritu y por su acción se presenta como un nuevo romanticismo»(5). En otro artículo de 1927 sobre Rainer Maria Rilke, Mariátegui lo designa como el último poeta del viejo romanticismo, el romanticismo individualista salido del liberalismo del siglo XIX. Ahora bien, hoy día «nace un nuevo romanticismo. Pero éste no es ya el que amamantó con su ubre pródiga a la revolución liberal. Tiene otro impulso, otro espíritu. Se le llama, por esto, neoromanticismo»(6). Es probablemente el surrealismo lo que a sus ojos representa mejor este nuevo romanticismo, posliberal y colectivista, pues «por su repudio revolucionario del pensamiento y de la sociedad capitalista, coincide históricamente con el comunismo en el plano

Como muchos revolucionarios europeos que buscaban romper la argolla asfixiante del marxo-positivismo de la ll Internacional, comenzando por Lukacs, Gramsci y Walter Benjamin en 1917-20, Mariátegui fue fascinado por Sorel, el socialista romántico por excelencia (incluso en sus ambigüedades y regresiones ideológicas episódicas). En tanto que crítico implacable de las ilusiones del progreso, y en tanto que autor de una interpretación heroica y voluntarista del mito revolucionario, Sorel es utilizado por el marxista peruano en su combate contra el rebajamiento positivista y determinista del materialismo histórico(8). Por ejemplo, en "Defensa del Marxismo" (1928-29) celebra la contribución del sindicalista francés a la renova-

«A través de Sorel, el marxismo asimila los elementos y adquisiciones susde las corrientes filosóficas posteriores a Marx. Superando las bases racionalistas y positivistas del socialismo de su época, Sorel encuentra en

Bergson y los pragmatistas ideas que vigorizan el pensamiento socialista, restituyéndolo a la misión revolucionaria de la cual lo había gradualmente alejado el aburguesamiento intelectual y espiritual de los partidos y de sus parlamentarios, que se satisfacían, en el campo filosófico, con el historicismo más chato y el evolucionismo más pávido. La teoría de los mitos revolucionarios, que aplica al movimiento socialista la experiencia de los movimientos religiosos, las bases de una filosofía de la revolución...» (9). De ningún modo se trata para Mariá-

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tegui de hacer del socialismo una Iglesia o una secta, sino de hacer resaltar la dimensión espiritual y ética del combate revolucionario: la fe, la solidaridad, la indignación moral, el compromiso total con riesgo y peligro de su propia vida.

Sin embargo, Sorel permanece ante todo como una referencia teórica. Desde el punto de vista de la práctica política, el bolchevismo es el que aporta una "energía romántica" a la lucha del proletariado(10). Descuidando (o ignorando) la crítica de Lenin a Sorel, Mariátegui cree poder descubrir una influencia determinante del pensador francés en el dirigente ruso(11). Sorelismo y bolchevismo le parecen próximos por su espíritu revolucionario, su rechazo al reformismo parlamentario y su voluntarismo romántico. Subrayando la oposición entre el marxismo auténtico de los bolcheviques y el determinismo de la social-democracia, escribe en "Defensa del marxismo":

«A Lenin se le atribuye una frase que enaltece Unamuno en su "La agonía del Cristianismo": la que pronunciara una vez, contradiciendo a alguien que le observaba que su esfuerzo iba contra la realidad: "¡Tanto peor para la realidad!". El marxismo, donde se ha mostrado revolucionario -vale decir donde ha sido marxismo- no ha obedecido nunca a un determinismo pasivo y rígido» (12).

No se puede más que ser impactado por la curiosa analogía entre esta formulación y la que se encuentra en un artículo húngaro de Lukács, publicado en 1919 (que Mariátegui ciertamente no conoció): Lenin y Trotsky en Brest-Litovsk se preocupaban muy poco de los susodichos "hechos". Si los "hechos" se oponen a los procesos revolucionarios, los bolcheviques responden, con Fichte:" «Tanto peor para los hechos».(13)

No obstante, es sobre todo por sus analisis y proposiciones sobre la revolución en el Perú que Mariátegui ha sido criticado como "romántico" por sus censores ideológicos. De una parte, porque él rehusa ver en una transformación "democrático-burguesa y antifeudal" -es decir, en el progreso capitalista- la solución a los problemas de las masas populares del Perú, y considera a la revolución socialista como la sola alternativa ai poder del imperialismo y de los terratenientes(14). Y sobre todo, porque cree que esta solución socialista podrá tener como punto de partida a las tradiciones comunitarias del campesinado andino, los vestigios del "comunismo inca".

En efecto, en la mayor parte de sus escritos, especialmente en su obra más importante "7 Ensayos de Interpretación de la realidad peruana" (1928), Mariátegui insiste sobre la "vitalidad" del comunismo indígena y sobre la persistencia de hábitos de cooperación y solidaridad que son «la expresión empírica de un espíritu comunista»(15). En las tesis sobre la cuestión indígena que envía en 1929 a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, afirma su convicción de que estas tradiciones colectivistas de origen precolombino representan «un factor natural de socialización de la tierra» y, más ampliamente, «una de las bases más sólidas de la sociedad colectivista preconizada por el comunismo marxista».(16)

Dicho esto, él se niega a idealizar el comunismo despótico-agrario del Imperio Inca, o de confundirlo con el comunismo de nuestra época:

«El comunismo moderno es una cosa distinta del comunismo inkaiko... Uno y otro comunismo son un producto de di ferentes experiencias humanas. Pertenecen a distintas épocas históricas. Constituyen la elaboración de disímiles civilizaciones. La de los inkas fue una civilización agraria. La de Marx y Sorel es una civilización industrial... La autocracia y el comunismo son incompatibles en nuestra época; pero no lo fueron en sociedades primitivas. Hoy un orden nuevo no puede renunciar a ninguno de los progresos morales de la sociedad moderna. El socialismo contemporáneo -otras épocas han tenido otros tipos de socialismo que la historia designa con diversos nombres- es la antítesis del liberalismo; pero nace de su entraña y se nutre de su experiencia. No desdeña ninguna de sus conquistas intelectuales. No escarnece y vilipendia sino sus limitaciones».(17)

Gracias a esta dialéctica concreta entre el presente, el pasado y el futuro, Mariátegui escapa tanto a los dogmas evolucionistas del progresismo como a las ilusiones ingenuas y pasadistas de un cierto indigenismo.

Como la mayor parte de los románticos revolucionarios, José Carlos Mariátegui integra, en su utopía socialista, las conquistas humanas de la filosofía de las Luces y de la Revolución Frances, y los aspectos más positivos del progreso científico y técnico. Rechazando los sueños de restauración del romanticismo retrógrado, escribe en el programa del Partido Socialista Peruano (1928):

«El socialismo encuentra lo mismo en la subsistencia de las comunidades que en las grandes empresas agrícolas, los elementos de una solución socialista de la cuestión agraria... Esto no significa en lo absoluto una romántica y anti-histórica tendencia de reconstrucción o resurrección del socialismo incaico, que correspondió a condiciones históricas completamente superadas, y del cual sólo quedan, como factor aprovechable dentro de una técnica de producción perfectamente científica, los hábitos de cooperación y socialismo, de los campesinos indigenas». (18)

Esta posición, calificada de "socialismo pequeñoburgués" por sus críticos, no era otra que aquella adelantada por Marx en su carta a Vera Zasulich de 1881. En los dos casos se encuentra la profunda intuición -de inspiración romántica- de que el socialismo moderno del futuro debe enraizarse en las tradiciones vernaculares, en la memoria colectiva campesina y popular, en las supervivencias sociales y culturales de la vida comunitaria precapitalista, en las practicas de ayuda mutua, solidaridad y propiedaa colectiva de la Gemeinschaft

Así, ya sea en el dominio de la filosofía o de la estrategia política, de la cultura o de la cuestión agraria, de la historia o de la ética, la obra de Mariátegui está enteramente atravesada por un potente soplo romántico-revolucionario, que da a su concepción marxista del mundo su calidad única y su fuerza espiritual visionaria.