QUE FUE LA PRIMAVERA
DE PRAGA
Petr Uhl Para los militantes del PC checo que fueron expulsados del partido después de los acontecimientos de 1968 (a los que llamaré ex-comunistas), expecialmente para aquellos que habían ocupado cargos importantes antes de 1970 y se habían comprometido en los años 68-69, como "progresistas", la evolución soviética actual representa una cierta esperanza personal. Esto es humano, comprensible. Evidentemente, la mayoría de ellos no alienta ya la esperanza de "reintegrar" (por utilizar sus palabras) las estructuras del poder. Pero esperan al menos ver rehabilitada su concepción reformista. Las semejanzas entre la Primavera de Praga y la evolución que está conociendo la URSS, les salta a la vista. Admiten, aunque con reticencias que la situación social, politica, económica de la URSS es muy diferente a la de Checoslovaquia, no solamente en la actualidad, sino también en los años sesenta. Pero solo toman en consideración un aspecto de estas diferencias: el retraso de la Unión Soviética en el plano tecnológico y social, en el campo de las tradiciones democráticas, etc. En consecuencia, son incapaces de explicar el hecho, que escapa tanto a una parte de ellos como a la mayoría de la población checoslovaca, de que las reformas de Gorbachov sólo están encontrando un débil apoyo en la población soviética; únicamente las acoge con entusiasmo la intelligentsia, mientras que los obreros y otras capas de la población están en una actitud indiferente, o incluso hostil. Es difícil discutir con los ex-miembros del partido, especialmente a causa de una cierta confusión del lenguaje: términos como reforma, democracia o autogestión tienen diferentes significados para El problema de los debates sobre las afi- Comunista, especialmente de su direcnidades entre la Primavera de Praga y ción, de una parte del aparato, de intelos cambios en curso en la URSS, viene lectuales comunistas y, en menor mediproblablemente de la existencia de esti- da, de la base del partido. Se trataba maciones diferentes sobre el proceso efectivamente de un proceso de reforcheco en 1968, y más precisamente en ma, fruto del periodo 1963-1967, meel 68-69. Los partidarios de la afinidad, nos conocido por ser menos espectacuincluso del parecido global, consideran lar que las conmociones de los años la evolución de Checoslovaquia en aque- 1968-1969. Sin embargo, los años sellos años como un simple proceso de re- senta fueron testigos de cambios sociaforma, es decir, como un proceso de les importantes, a los cuales se resignó cambios políticos positivos, pero tam- finalmente después de largas vacilaciobién culturales, sociales y parcialmente nes, la dirección del Partido con Noeconómicos, impuestos o más bien to- votny a la cabeza y el gobierno Lenart.
El Código del Trabajo fue modificado en beneficio de los trabajadores; se liberacambios políticos que al haber encontra- lizaron los viajes al extranjero; los interdo un eco positivo en la población, le cambios de información a nivel internaabrían el camino de la iniciativa y de la cional fueron más faciles; se suprimieron las limitaciones en materia de empleo y estudios; los antiguos prisioneros políticos fueron liberados progresivamente y rehabilitados en el plano jurídico y cívico. En resumen, la vida se hacía más libre. El país conoció una liberalización, en el sentido político del término, ciertamente lenta, pero evidente y sin dramas, resultado del deshielo internacional al final de la guerra fría y, naturalmente, por los cambios ocurridos en la URSS duran-
te la época de Kruschev, que tuvieron un impacto en la evolución de Checoslovaquia, mucho tiempo después de la destitución de su inspirador. En el interior del país, esta liberalización quedó a cargo de las fuerzas que buscaban abrirle camino: intelectuales, escritores, en parte estudiantes. Pero en el aparato del partido y del Estado también había partidarios relativos de estas reformas: la economía exigía cambios. Se puede trazar un paralelo razonable entre este proceso reformista de liberalización y la evolución soviética actual, aunque con muchas diferencias. entre las más importantes, hay que destacar el estancamiento económico que atraviesa la Unión Soviética, más pronunciado que las distorsiones que sufría la economía checa en aquella época. Podríamos añadir las duras consecuencias de los decenios de crueldad staliniana que consiguieron ahogar, en gran parte, la continuidad histórica de las tradiciones democráticas rusas, bálticas, caucasianas, etc., y especialmente las tradiciones de autoorganización popular que se habían desarrollado en 1917 y en los años El "despotismo ilustrado"
Existe también otra diferencia en la orientación general y en el ritmo de estas dos tentativas reformistas. Mientras que en Checoslovaquia los cambios lentos habían disminuído la rigidez burocrática en la vida cotidiana de los diferentes grupos sociales, el "despotismo ilustrado" en la URSS pone el acento en la intensificación del trabajo, la disciplina y el orden, lo que no es nada popular. Por eso se han producido diferencias considerables entre las reacciones de las poblaciones respectivas. La población soviética, en conjunto, considera los cambios introducidos por la glasnost -más información verdadera y abolición del bloqueo burocrático en el terreno cultural en general- como cuestiones no esenciales y sigue con reservas, incluso con hostilidad, los cambios debidos a la perestroika en el campo económico y parcialmente político. La población checoslovaca de los años sesenta estaba mucho más a favor de los esfuerzos reformistas del Partido Comunista. Había aceptado de buen grado los "regalos" que se le daban entonces en materia de justicia y de libertad; seguía con relativa simpatía la voluntad de introducir formas menos rígidas de trabajo y gestión.
La crisis política que sacudió a la dirección del Partido a finales de 1967 y a principios de 1968, no solamente aceleró elproceso de reformas sino que lo modificó cualitativamente, ya que otro proceso, el de "abajo", tomó progresivamente la delantera. Eran cada vez más numerosos los estudiantes e intelectuales, en primer lugar, y después los jóvenes en general, cuadros técnicos, funsindicales y finalmente también obreros, que se incorporaban al movimiento democrático en ampliación, y cuyos objetivos no eran ya las reformas, es decir cambios funcionales del sistema: su modernización, su eficacia o el simple debilitamiento de las rígidas barreras burocráticas que encadenaban a la sociedad. A partir de entonces, el objetivo era cambios estructurales, cada vez más claramente tendentes a una transformación completa del régimen para construir una sociedad pluralista, un régimen democrático. El hecho es innegable a pesar de la vaga formulación de los conceptos de entonces, a pesar de las diferencias existentes entre las concepciones tecnocráticas (el poder de los directivos de empresa, una autogestión puramente económica que aseguraría la "participación" de los trabajadores en la gestión de la empresa o, al menos, cierto control obrero) y las concepciones autogestionarias. Una base popular
No hay duda de que el proceso democrático, que quedó en germen se acele-
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TCHECOSLOVAQUIE
ró paradójicamente cuando ya era tarde, después de agosto de esencial fue su base realmente popular y el que atrayera hacia sí a las más amplias capas de trabajadores. Incluso si millones de protagonistas de este suceso vivieron y entendieron su autoorganización como expresión de apoyo a la dirección Dubcek y, con algunas excepciones, no distinguían sus intereses, aspiraciones y objetivos de los de la dirección del Partido, esto no es en nada él mismo, dividido no sólo entre "reformis-
"conservadores" sino en una compleja constelación de fuerzas políticas y de tendencias cambiantes según las circunstancias, prosiguió su línea reformista original. La modificó continuamente durante 1968 hasta la intervención soviética, bajo la fuerte presión que le venía "de abajo", la no menos fuerte proveniente de la burocracia internacional con Breznev a la cabeza y la de los conservadores autóctonos. Pero para los dirigentes comunistas, las reformas tenían como único objetivo reforzar el sistema e impedir el desarrollo de una organización democrática de la sociedad, objetivo de las cada día más audaces iniciativas de la base. Por eso esta misma línea reformista, que tanto había saneado el clima social del país y mejorado las condiciones de vida de la población en los años 1963-1967, se transformó en un freno en la primavera de 1968, un freno realmente eficaz contra una verdadera democratización del país, a causa de las ilusiones existentes.
Esto fue evidente tras la intervención soviética, en el periodo comprendido entre agosto de 1968 y abril de 1969, cuando la dirección del partido aún se reclamaba de la política reformista, mientras se iba orientando hacia el retroceso y hacia la "normalización" (léase, recuperación a manos de la burocracia), acompañados por olas de represión al margen de todo marco legal. Finalmente, lo que la represión no logró realizar con algún éxito el paso a una "sociedad de consumo", lo consiguió la corrupción de una parte de la población y una desmoralización generalizada. Las reformas desde arriba y desde abajo
De los diferentes caminos que desembocan en el cambio, a menudo sólo se toma en serio uno: las reformas "desde arriba", acompañadas a veces -según el diferente grado de convicción democrática de los participantes en la discusión,. grado más elevado, sin duda, entre los ex-militantes del PCCh firmantes de la Carta 77 que entre los demás- de la necesidad de una presión desde abajo. Esta presión se ejercería tanto desde la base de las estructuras oficiales (el partido, los sindicatos oficiales, las Iglesias, las organizaciones de jóvenes...), como
desde los grupos e iniciativas independientes (Carta 77, VONS,...).
El punto de vista contrario, es decir la imposibilidad de reformar el sistema político soviético, idea basada a la vez en la experiencia histórica y en el análisis del poder en la URSS, en Checoslovaquia, etc., no rechaza totalmente, sin embargo, la vía de las reformas desde arriba. Sin olvidar que esta mejora del sistema político y de los "mecanismos" económicos tiene como finalidad salvaguardar este sistema, se puede, sin duda, defender las reformas cuando mejoran concretamente la vida de la gente. Cuando aportan un poco más de aire para todos. Es preciso darles nuestro apoyo, especialmente porque elconjunto de la sociedad, y en particular su intelligentsia, llega así a un grado más elevado de conciencia social y el clima de libertad en aumento favorece el crecimiento de reivindicaciones "desde abajo" cada vez más fuertes. Y, en fin, después de la liberalización, la verdadera democratización llamará a la puerta, pese a que los reformadores querían todo menos eso, lo temían como a la
Una segunda manera de ir hacia la democratización del sistema es muy apreciada por los "ex". Consiste en transformar progresivamente las instituciones del estado y del partido existentes (sobre todo del partido, pero sin excluir las otras), para convertirlas en un instrumento en manos de los miembros de base a los que supuestamente representan. Por tanto, se trata de transformarlas en instrumentos que sirvan para la defensa de los intereses de los trabajadores y de capas amplias de la población. Nos encontramos aquí una concepción de reformas desde abajo, basada en la convicción de que este sistema político puede, por sí mismo, por sus estructuras y a través de sus propias instituciones, renacer, renovarse, cambiar, transformarse en un sistema democrático, a condición, desde luego, de que los militantes de base del Partido Comunista, de los sindicatos, etc., se comprometan en este proceso. Referida a la experiencia histórica de la Primavera de to de "vasos comunicantes", las dos caras de un mismo proceso de reformas.
Esta segunda concepción d lesde abajo" es ciertamente más simp tica que la primera porque imprime un aire democrático. Concebida como inicio de la reestructuración de la sociedeo Var inamecte icir lo que se puede re a la situación actual en la Unión Soviética, hay que preguntarse seriamente por qué las reformas de Gorbachov no han provocado conmociones en las estructuras ni hasta ahora, aparecen en el horizonte. Igualmente, es preciso saber si en Checoslovaquia fue efectivamente la tentativa reformista de los años sesenta la única causa de la rápida evolución de las organizaciones e instituciodesde laprimavera de
En realidad la experiencia checoslovaca demuestra claramente la poca flexibilidad de los límites del sistema político y que las reformas, "desde arriba" o "desde abajo", separan y se convierten en freno de la evolución en cuanto los que detentan el poder se sienten amenazados por reivindicaciones cada vez más avanzadas. Sin embargo, es preciso aceptar que el proceso de reforma en el interior de las instituciones oficiales pueda constituir el movimiento esencial de la primera fase de la confrontación con el sistema político, la fase que anuncie su cambio, la revolución política.
Esto vale sobre todo para ciertos países en los que la práctica totalidad de la intelligentsia está integrada en el sistema, en las estructuras oficiales. Es el caso de la URSS, de Bulgaria, en parte también de Alemania Oriental. No obstante, incluso en estas condiciones, querer limitarse únicamente a las concepciones reformistas, plantear programas políticos basados en la ilusión de la capacidad del sistema de reformarse a través de sus propias instituciones, sería un error político muy grave, puesto que esta concepción se convierte, en un momento histórico dado, en un freno para la evolución de la sociedad
Para Checoslovaquia, y esto vale también para Polonia, es necesario inclinarse por una tercera vía de democratización, la de las asociaciones independientes, "las polis paralelas", donde la sociedad está influida por una actividad independiente que se transforma ella misma en movimiento social. Era la vía elegida por Solidarnosc en Polonia y, en menor medida, por la Carta 77.
Esta concepción no se opone a los puntos de vista reformistas, especialmente a la idea de una presión desde abajo. La experiencia histórica, incluyendo la Primavera de Praga, nos enseña que si las estructuras oficiales viven un movimiento reformista por la base, este movimiento hace nacer tendencias centrífugas autónomas y, sobre los restos delas antiguas "correas de transmisión" burocráticas y no reformables, aparecen nuevas organizaciones, instituciones e iniciativas que se suman poco a poco a las iniciativas independientes y juegan un papel contrario a su función opresiva y manipuladora original. Trabajan por la emancipación de la sociedad creando las condiciones de emancipación de