Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

La ofensiva del Têt en Vietnam

· Inprecor n.º 61, mayo de 1988 · pp. 17-21 · 3.508 palabras

Vietnam 1968. El 31 de enero comienza la ofensiva del Têt(1). Las fuerzas de liberación atacan casi simultáneamente las posiciones enemigas en todas las grandes ciudades de la mitad Sur del país(2), en 36 de las 44 capitales de provincia, así como en otros 64 centros locales. Durante tres semanas se lucha en el corazón de Saigón, hasta en el santuario de la embajada americana, parcialmente ocupada por comandos

NOTAS: (1). Têt es el nombre del Año Nuevo vietnamita, que tiene lugar un mes después del Año Nuevo cristiano.

2). Recordemos que entre 1954 y 1975 ietnam estuvo dividido en dos por una "ll nea de demarcación" que separaba al norte el territorio controlado por la República Democrática de Vietnam (RDVN), revolucionaria, y al sur el territorio controlado por la República de Vietnam, régimen neocolonialista. Durante este periodo, las fuerzas norteamericanas tomaron el relevo de las francesas en la parte meridional del país.

1968: LA OFENSIVA DEL

TET EN VIETNAM revolucionarios.

Los zapadores y las fuerzas armadas locales se encuentran generalmente en primera línea, durante esta ofensiva sin precedentes. Las fuerzas regulares, por su parte, atrontan al ejercito americano en un combate frontal de gran envergadura en torno a la base de Khe Sanh, no lejos de la línea de demarcación entre el

Sur y el Norte del país. Hué, en el Vietnam central, es conquistada por el Ejército popular.

La batalla de Hué dura hasta el 24 de febrero. Los americanos sólo consiguen recuperar el control de la antigua ciuda dela imperial tras haber destruido bajo

Pierre Rousset los bombardeos el 80% de esta ciudad símbolo.

Durante todo el mes de febrero prosiguen las batallas a través del país. Una segunda ola de combates alcanza en mayo a 119 centros urbanos y bases militares. En el momento de la tercera ola, en agosto y septiembre, las fuerzas de liberación atacan más sistemáticamente las instalaciones americanas. Pero el grueso de la ofensiva del Têt de 1968 tuvo lugar en febrero.

El esfuerzo realizado por las fuerzas de liberación, durante este año bisagra, es considerable. Sin embargo, ante la potencia de fuego americana, la ola re-

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(3). Uno de los principales artesanos de la política exterior americana durante estos años de guerra, y jefe de la delegación american en las negociaciones de París política norteamericana: Vietnam, Anatom f a War 1940-1975. Allen Unwin. Londo Sydney, 1986.

volucionaria entró en reflujo. Los EEUU se benefician, en Vietnam del Sur, del monopolio absoluto de la aviación, de una ventaja considerable en armamento pesado y artillería. Los portaaviones que flanquean las costas, están fuera de alcance. Se inicia un repliegue. La victoria no será esta vez. Harán falta siete años más ¡y qué cantidad de pérdidas! para que la revolución triunfe finalmente.

En Estados Unidos el golpe es terrible. A pesar de las informaciones recogidas antes del desencadenamiento de la ofensiva, el mando v el aobierno ame ricanos no supieron ni prevenirla ni prever su amplitud. El régimen survietnamita y el ejército saigonés hacen un papel lamentable. Los combates se desarrollan ante las cámaras de televisión. Las imágenes de muerte, instantáneas, penetran en los hogares. El movimiento antiguerra toma en los EEUU un nuevo auge. el sentimiento antiguerra se convierte verdaderamente en un factor po-

En el mundo, suena la hora de la solidaridad con el pueblo vietnamita. La juventud radicalizada denuncia, desde México hasta París, la intervención imperialista de los EEUU. La realidad de la dominación imperialista se presenta desnuda en la realización de esta guerra destructora, masiva y tecnológica contra un pueblo pobre que lucha por su derecho a la autodeterminación. La resistencia es heroica, la justicia está de su lado. Es más, en adelante la victoria parece posible, aunque se aleje de nuevo en marzo. El Têt de 1968 galvaniza en bastantes países a los sectores radicalizados y contestatarios de la juventud Las movilizaciones que anuncian el mayo del 68 francés reciben un estímulo. Muy sintomáticamente, nuestras manifestaciones se inician a paso ligero gritando "Ho, Ho, Ho-Chi-Minh, Che, Che,

Comienzan las conversaciones de París entre vietnamitas y norteamericanos. Pero aún no se trata más que de continuar en el terreno de la diplomacia, el combate en curso en el terreno político y militar. Las verdaderas negociaciones, que desembocarán en los Acuerdos de 973 y la retirada de las fuerzas norteanericanas de Vietnam, se entablarár

La ofensiva del Têt es uno de los mayores acontecimientos políticos y militares de estos últimos decenios; y tamién uno de los más complejos. Para los 'decepcionados" de 1968 v del Viet nam, así como para los intelectuales de la nueva derecha, fue simplemente un producto del "mito" revolucionario, o incluso una creación de los medios de comunicación. Si la televisión no hubiera estado allí, suspira un Kissinger(3), se podría haber cambiado el curso de la guerra de Vietnam.

Sin embargo, y muy particularmente en este caso, los medios de comunicación no crearon el acontecimiento. Tan importante era en sí mismo que ni siquiera pudieron amplificarlo. Simplemente lo mostraron al mundo y a la población norteamericana -para maldición de Washington, de un gobierno llamado democrático cuya política exterior dependía de su capacidad de mentir libremente a sus electores-. Los medios de comunicación no inventaron el horror de la agresión imperialista; probablemente ni siquiera pudieron transmitirla en su realidad profunda, vivida.

Si la opinión pública se volvió así cada vez más contra la guerra sucia en Vietnam, no fue a causa de una agitación artificial mantenida por los periodistas de televisión. Fue porque morían demasiados soldados americanos; fue porque la ofensiva del Têt mostraba que tras años de intervención militar, la victoria de los EEUU estaba más lejos que nunca. Aquella guerra injusta no tenía fin.

Los acontecimientos vietnamitas de 1968 no fueron un mito: fueron un revelador. En su complejidad, ponían al descubierto muchos de los rasgos esenciales del mundo contemporáneo, mucho más allá de lo que estábamos en condiciones de comprender hace veinte años, cuando nos movilizábamos en defensa de aquella lucha de liberación ejemplar.

En aquel tiempo percibimos, aunque probablemente de forma demasiado superficial, lo que mostraba el Têt de 1968 en cuanto a los límites del poderío americano y en cuanto al extraordinario potencial de una resistencia popular. La revolución vietnamita había sido ya, en los años 1950, una de las que habían puesto en jaque a las grandes potencias imperialistas clásicas, como Francia y Gran Bretaña. La victoria de la revolución cubana, en 1959, había lanzado un formidable desafío al nuevo gendarme del mundo capitalista, Estados Unidos, incapaz de imponer su ley al régimen castrista, establecido frente a sus costas

La revolución vietnamita es, en los años sesenta, una de las primeras en sufrir plenamente el esfuerzo de guerra contrarrevolucionaria desplegado por Washington en respuesta al desafío cubano. Tras la presencia francesa, la intervención americana en Vietnam había comenzado muy pronto, mucho antes de 1954. Desde 1961, los consejeros norteamericanos llevaban a cabo su "guerra especial". Pero la escalada militar americana comienza verdaderamente en 1965 con la implicación total de las fuerzas aéreas sobre el teatro de guerra indochino y el desembarco, en Vietnam del Sur, de un cuerpo expedicionario que alcanza rápidamente los 550.000 hombres. Aquel año justamente, la contrarrevolución mundial marca puntos sangrientos, desde Santo Domingo hasta Indonesia.

Con todos los medios de que dispone, Washington entabla en Vietnam una

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verdadera lucha a muerte. Se trata ante todo de restablecer la credibilidad de la traumáticamente arruinada por la invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba, en 1961. Con el paso del tiempo, la prueba vietnamita se convierte en una pieza maestra de la política mundial de los EEUU. Y es un fracaso, anunciado precisamente por la ofensiva del Têt de 1968.

El fracaso comienza en el mismo Vietnam. A pesar de la gravedad de los golpes infligidos a las fuerzas populares, la máquina de guerra americana no consigue quebrar el esqueleto de la resistencia, un Partido Comunista y un movimiento de liberación arraigados en el tejido nacional y social del país. Ayudada por varios decenios de experiencia, la resistencia demuestra capacidad de permanencia y de movilidad. Se adapta a las nuevas condiciones, al tiempo que prosigue una lucha prolongada. Conserva la iniciativa estratégica, recupera regularmente la iniciativa táctica; y ello en todos los terrenos: en el político, en el militar, y pronto en el diplomático. Para Washington no hay victoria militar posible en estas condiciones.

El imperialismo norteamericano se encuentra por el contrario prisionero de los medios mismos que pone en acción en Vietnam. Debe proteger al cuerpo expedicionario y al ejército saigonés, reducir sus pérdidas, políticamente insoportables, y al mismo tiempo asegurar el control del territorio a costa de exponerse a los golpes del enemigo. El ejército contrarrevolucionario se encuentra en posición estática. El gobierno norteamericano depende cada vez más de una tecnología pesada y de un régimen corrompido que él alimenta y que sigue más preocupado de sus luchas de fracción intestinas que de la dirección del combate contra el comunismo. Washington lleva a cuestas un esfuerzo de guerra cada vez más costoso y una economía survietnamita cada vez más artificial. Circulo vicioso. No hay victoria política posible frente a la revolución en tales condiciones.

El fracaso vietnamita se convierte para el gobierno de los EEUU en un fracaso nacional e internacional. Con la ofensiva del Têt la burguesía, la clase política y la casta militar americanas empiezan a tomar conciencia de los límites de su poderío.(4)

Los recursos norteamericanos no son inagotables. La continuación del esfuerzo de guerra entra en contradicción con las necesidades de la economía, cuando se anuncia la crisis del dólar y el final del periodo de expansión. Los medios empresariales se inquietan. La concentración de los esfuerzos militares en Vietnam compromete el despliegue mundial de las fuerzas de EEUU -desde Europa hasta Oriente Medio, desde el Océano Indico al Pacífico Norte- y frena por falta de medios financieros la modernización del armamento. Cuando Corea del Norte inspecciona un navío espía norteamericano, Washington no puede reaccionar. El Pentágono se divide. El coste humano -en vidas norteamericanas, se entiende- llega a ser inaceptable para la población. El sentimiento antiguerra en Estados Unidos alcanza su punto más alto en 1970. Los políticos se deses-

Ahora bien, la política de "vietnamización" de la guerra, a partir de 1968, que tiene por objeto sustituir los muertos americanos por muertos exige inversiones materiales masivas. De nuevo el circulo vicioso.

Harán falta aún varios años para que se imponga la evidencia en Washington: hay que negociar, aún con la esperanza de evitar la derrota, pero sabiendo ya que la victoria es imposible. Desde luego el Têt de 1968 comienza a revelar esta doble realidad: los límites de los recursos del más poderoso de los imperialismos, y la importancia de los recursos de los que se puede beneficiar una resistencia a la vez popular y nacional: Vieja verdad, desde luego, pero que había que reactualizar. Son los pueblos de Indochina los que supieron asestar esta demostración en la hora en que la Casa Blanca quería imponer la "Pax Americana" al mundo entero. Pagaron por ello un precio muy elevado.

La ofensiva del Têt mostraba también cuál era ese precio (y las nuevas dificultades de la lucha revolucionaria). Esto lo comprendimos peor en aquella época. Sabíamos que «a la hora de los hornos, sólo hay que fijarse en la luz». No es por ello menos importante reflexionar sobre los problemas de las revoluciones contemporáneas, con sus rincones oscuros y las contradicciones a las que deben enfrentarse. La decisión del PCV

En enero de 1968 el Buró Político del Partido Comunista de Vietnam (PCV) tomó la decisión definitiva de realizar la ofensiva del Têt. Debía ser ésta un punto de inflexión en la guerra, que cambiase cualitativamente su curso. La dirección del Partido mantenía prudentemente un abanico de objetivos bastante abierto, que iba desde una hipótesis "alta" (la apertura de una "grieta" que permitiese posteriormente una victoria rápida) hasta una hipótesis "baja" (próxima a lo que ocurrió, con la apertura de una crisis política en los EEUU, unida a duras contraofensivas militares por parte de Washington, que anunciaban un proceso combinado de combates y negociaciones).

El resultado de la ofensiva del Têt no

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(5). Señalemos que en ausencia de una documentación suficiente, una parte de esta descripción conserva un carácter hipotético. (6). La zona de Cu Chi se hizo célebre por su extraordinaria red de túneles que permitía a la resistencia armada actuar hasta en la retaguardia enemiga. (7). En 1954, en el momento de las negociaciones con Francia, Moscú y Pekín impusieron una serie de graves compromisos a las fuerzas revolucionarias vietnamitas, laosiaI nas y camboyanas.

estaba dado de antemano. La situación cambiaba rápidamente desde 1965, y las posibilidades reales debían comprobarse en el curso de la lucha misma. El de las fuerzas regulares debía permanecer móvil el tiempo suficiente para poder valorar la evolución de los combates. Para obtener el máximo efecto, debían combinarse levantamientos insurreccionales con las ofensivas militares propiamente dichas, y ello muy especialmente en las ciudades. En esta perspectiva, el papel de la infraestructura política urbana, clandestina, era de-

La importancia dada a los levantamientos insurreccionales y a la combinación de todas las formas de lucha en el pensamiento político-militar vietnamita es grande. Ello tiene que ver con las tradiciones heredadas del Komintern y sobre todo con la experiencia fundacional de la revolución de agosto de 1945 y el arraigo posterior de una guerrilla en zonas de población densa, a veces limítrofe con la propia metrópolis saigonesa, como en el bastión revolucionario de Cu

Aparecieron algunos problemas al principo de la ofensiva del Têt de 1968 (las fuerzas regulares no pudieron evo-

Men la región saigonesa). No obstante, se alcanzaron muchos de los objetivos asignados (salvo uno fundamental: no hubo movimientos insurreccionales en Saigón). En cuanto al coste ofensiva, éste fue muy elevado. Las pérdidas fueron cuantiosas. El aparato político apareció a la luz del día para tratar de organizar a la población. Numerosos cuadros supervivientes tuvieron que abandonar sus zonas de implantación tradicional, una vez iniciado el repliegue militar, por temor a la represión.

Esta pudo atacar duramente a los militantes en los meses y años que siguieron. La organización saigonesa, ya limi-

1968, se encontró peligrosamente debilitada. En general, la revolución perdió temporalmente, tras la ofensiva, el control de una parte de su territorio anterior.

En 1969, ni la revolución ni la contraestaban en condiciones de tomar verdaderamente la iniciativa a escala nacional. Ambas debían reorganizar sus fuerzas. El balance final de la ofensiva del Têt depende pues en muy buena medida de la forma en que los adversarios van a reorganizar sus fuerzas, utilizando sus puntos fuertes y corrigiendo sus puntos débiles. A finales de 1968, el éxito o el fracaso de la ofensiva del

Têt no está verdaderamente determinado. Será el PCV quien sepa asimilar más rápidamente las lecciones de la experiencia y recuperar de este modo la iniciativa. Su pensamiento político-militar, probablemente el más rico de los movimientos de liberación, continúa evolucionando. Las ofensivas de 1972 y 1975 lo atestiguan. Una dura victoria

El Têt es desde luego una victoria y una victoria clave para el porvenir del combate revolucinario. Pero su precio es efectivamente muy elevado. Aún hoy se deja sentir, sobre todo en lo relativo al debilitamiento del aparato de cuadros arraigados y experimentados. Esto evidentemente ha influido mucho en los procesos de burocratización que se manifestaron inmediatamente después de

En el seno del PCV tiene lugar un debate, duro a veces, para saber si no hubiera sido posible obtener, en 1968, los mismos resultados a un coste menor, sobre todo deteniendo mucho antes la

¿Cómo explicar la ausencia de movilización de masas en Saigón en febrero de 1968?. En primer lugar por el diluvio de fuego. Las fuerzas americanas utilizaron toda la potencia de su armamento sin preocuparse de los civiles. Antes de una victoria militar de las fuerzas de liberación, que paralice al menos momentáneamente el fuego enemigo ¿cómo organizar en esas condiciones un movimiento insurreccional?

Las condiciones políticas también debieron influir. La organización del frente de liberación en la capital probablemente no era suficientemente fuerte como para vencer sola, al no poder las fuerzas regulares traspasar las defensas norteamericanas. Por último, el país se estaba transformando social y políticamente, labrado por una guerra cada vez más terrible, por las déportaciones de población, las medidas sociales contrainsurgentes, los trastornos económicos.

La ofensiva del Têt de 1968 se desencadena en un momento en que Vietnam del Sur se encuentra en mutación, antes que la dirección del PCV haya tomado verdadera conciencia de la profundidad de estas transformaciones (parece que de hecho no será plenamente consciente de las dimensiones del problema nasta mucho después de la victoria de

1975). En este país transformado por una guerra moderna de una intensidad y una duración sin precedentes, la cohesión social de los medios populares de

Saigón se vió progresivamente minada, haciendo por ello más problemática la autoactividad revolucionaria de masas y más difícil el trabajo de organización.

Con el paso de los años, este problema había de agravarse; pero la experiencia del Têt del 68 ya revelaba su importancia. La mayoría de nosotros no supo percibirla entonces. Es verdad que analizábamos con un punto de vista independiente la historia del Partido Comunista vietnamita. Pero aún había ingenuidad en nuestra mirada sobre la revolu-

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ción. Percibimos la energía casi increíble de una resistencia victoriosa como aquélla, pero no comprendíamos verdaderamente el carácter agotador de ese combate, proseguido durante varios decenios con recursos materiales desiguales. Todavía no habíamos aprendido suficientemente a buscar lecciones en las dificultades y los fracasos. Sin embargo, a menudo es imposible extraer enseñanzas de los éxitos sin antes haber comprendido las raíces y el alcance de los reveses, de los límites de la acción política y militar.

Con la perspectiva que da el tiempo, el Têt y sus consecuencias, por los problemas que plantean, se muestran como una extraordinaria lección de iniciativa y de realismo revolucionarios. Un conjunto de experiencias que merecerían ser estudiadas de nuevo, con ayuda de la documentación hoy disponible sobre Vietnam y de las enseñanzas de las revoluciones posteriores.

A muchos de nosotros nos hizo falta, sobre todo, tiempo para comprender laimportancia del campo de acción diplomático abierto por la ofensiva de 1968. Sabíamos que el imperialismo americano iba a utilizar la cobardía burocrática de la URSS, así como las convulsiones de la Revolución Cultural maoísta y el conflicto entre China y la URSS, para tratar de aislar cada vez más a las revoluciones indochinas. Notábamos hasta qué punto procuraba el PCV preservar su independencia de acción internacio-

.nal, decidido como estaba a no volver a encontrarse en la posición subordinada que le fue impuesta en el momento de las negociaciones de Ginebra en 1954(7). Reconocíamos el derecho absoluto de aquéllos que combaten a determinar los compromisos que puedan considerar necesarios. Pero calibrábamos con dificultad las limitaciones propias de la acción diplomática en periodo defensivo. Escaldados de dolorosas experiencias pasadas del movimiento obrero, seguíamos siendo en este terreno un tanto izquierdistas. rreno de la solidaridad militante internacional. Estábamos ya convencidos -y lo seguimos estando- de que el encuentro entre la radicalización de la juventud y Vietnam respondía a una realidad, una necesidad recíproca, más allá de identificaciones a menudo simplistas.

La solidaridad internacional y el movimiento antiguerra en Estados Unidos eran indispensables para la victoria de las revoluciones indochinas. Reforzarlos era un deber, un imperativo. La lucha de los pueblos indochinos, por su parte, desempeñó un papel ejemplar que ayudó a emerger a nuevas generaciones revolucionarias en el mundo. También abrió una brecha que facilitó las luchas de liberación, desde las antiguas colonias portuguesas de Africa hasta Nicaragua.

La solidaridad internacional ha estado siempre dentro de las exigencias de la situación y se puede decir que la Indochina revolucionaria, de hecho, ha dado más al mundo, por su lucha, que lo que ha recibido de ayuda internacional. Ha pagado por ello un precio infinitamente alto. ¡Los "decepcionados de Vietnam" no deberían olvidarlo!.

Del mismo modo, las guerras chinoindochinas de 1978-1979, de efectos desastrosos tanto en la región como en el terreno internacional, no deben borrar la lección de internacionalismo que fue Indochina para la generación militante de 1968. Los vietnamitas necesitaban una solidaridad que fuera la más dinámica y la más amplia; que fuera capaz de imponerse por encima de las rivalidades y disputas de partidos y de capillas. Lo hacian saber claramente. Dispuesto a trabajar en este terreno con todos, el Frente Nacional de Liberación necesitaba una solidaridad sin condiciones previas, sin reservas mentales. Fue para nosotros el aprendizaje práctico de una concepción verdaderamente unitaria de la solidaridad, a contracorriente de mucho sectarismo de organizaciones: «Todo para Vietnam, todo para Indochina».

Fue un aprendizaje saludable, aún de actualidad: para El Salvador, Filipinas, Suráfrica, para muchas otras luchas más. Más allá del cinismo o de la decepción cansada de demasiados viejos militantes de la generación de 1968, el internacionalismo es un "estado de ánimo" de hace veinte años que merece ser preservado y despertado todavía hoy.