SOMIMES, PA
Si de Mayo del 68 retuviésemos solamente las imágenes de los enfrentamientos entre las CRS y los servicios de orden masculinos de las organizaciones de extrema izquierda, terminaríamos creyendo que las nuieres estuvieron casi ausentes de este excepcional movimiento social. Y sin embargo nunca generación femenina alguna estuvo tan am-
No somos muñecas...
MUJERES EN EL 68:
ENTRE LA REVOLUCION
Y EL FEMINISMO pliamente politizada.
Entre 1966 y 1968, las mujeres particiluchas estuparon activamente en las diantiles contra la selectividad en la Universidad, pero sobre todo las encontramos masivamente en el movimiento de solidaridad con la revolución vietnamita.
Se puede decir incluso que, muy a menudo, son ellas las verdaderas animadoras de los comités de base que se desarrollan por todas partes. Muchos portavoces del CVN (Comité Vietnam Nacional) son mujeres. La revuelta contra el bárbaro genocidio del pueblo vietnamita por el ejército americano fue, ya lo sabemos, un poderoso factor de radicallzación. Pero la resistencia heróica de las mujeres vietnamitas, armadas como los hombres, asociadas como los hombres° a la autodefensa de los pueblos, dio una
POUPÉES
Claire Bataille razón a las mujeres jóvenes del mundo entero para identificarse con este combate.
En Mayo del 68, las mujeres estuvieron en todas las manifestaciones por violentas que éstas fueran. Decir que salían por pies, como hacían por otra parte numerosos manifestantes, en el momento de las cargas, sería como mínimo abusivo. Las mujeres participaron igualmente en todas las ocupaciones de universidad, aprovechando algunas la ocasión de organizar guarderías "salvajes" En las fábricas, las mujeres no fueron las últimas en moverse ni las primeras en "volver" cuando los burócratas sindicales (hombres principalmente) consideraban que la huelga había durado bastante. En la base, durante todo el movi-
miento, numerosas mujeres animan los comités de acción y, en las facultades, se adhieren en masa a las organizaciones de extrema izquierda, aunque las abandonen más rápidamente que los hombres.
Tan activas como los hombres durante todo el movimiento de Mayo del 68, las mujeres no fueron nunca, sin embargo, sus portavoces políticos. Tampoco estuvieron nunca, en esa época, integradas en los servicios de orden de cabecera, considerados asunto de tios, cuando no de "supertíos". La liberación ¿un problema individual?
Evidentemente, la existencia de un de mujeres independiente habría cambiado algo la fisonomía de Mayo del 68. Pero éste verá la luz más tarde, en 1970 si lo fechamos desde las primeras iniciativas públicas minoritarias (agosto de 1970, depósito de la corona de flores a la mujer del soldado desconocido en el Arco de Triunfo). Más tarde aún, si tomamos como referencias las iniciativas y movilizaciones de masas (1971, Manifiesto de las "343 guarras" abortistas, mani de las mujeres por la derogación de las leyes represivas del aborto; 1972, proceso de Marie-Claire en Bobigny; 1973 creación del MLAC). Si admitimos que el movimiento de las mujeres es un resultado indirecto de la convulsión social y cultural provocada por Mayo del 68 ¿cómo explicar que no
Si ser feminista significa haber com.
prendido que, para hacer avanzar sus preocupaciones específicas y sus reivindicaciones, las mujeres deben organizarse de forma independiente y movilizarse sin esperar al acuerdo ni al apoyo de las organizaciones de masas o políticas mixtas (por muy a la izquierda que estén), entonces incontestablemente las mujeres de Mayo del 68 no eran, en su mayoría, feministas. Sobre la cuestión de la liberación de las mujeres, al desconocer la historia de las luchas de las mujeres, eran profundamente individualistas. Estaban convencidas que para liberarse bastaba quererlo. Además, una serie de modificaciones podían llevarlas a pensar así. Numerosas mujeres empezaban a trabajar entonces. Desde la ley de 1968 podian hacerlo sin autorización previa de su marido (en esas estábamos aún, por increíble que ello pueda parecer). La contracepción, sin ser libre, ya no era del todo ilegal desde 1967. Hacía falta, naturalmente, encontrar un médico que estuviera de acuerdo en facilitar una prescripción. No era tan fácil cuando la contracepción no era libre para las menores y la mayoría de edad seguía fijada en veintiún años.. Pero pese a todo, las cosas se movían.
Y además ¿no eran ellas la primera generación de mujeres que llegaba tan lejos en los estudios?. Por primera vez eran muy numerosas las mujers que habían terminado sus estudios secundarios y entraban en la universidad. ¿No había en ello una oportunidad histórica para las mujeres de romper con el papel tradicional que les confía habitualmente la sociedad: ocuparse del hogar, del marido y de los hijos?. Por otro lado, en la universidad, las parejas no casadas se multiplicaban, sin duda de forma más libre que la generación de los padres. Sin embargo y paradójicamente, la amplitud de las movilizaciones de Mayo del 68, aún contribuyendo a minar todos los valores establecidos, las instituciones, el matrimonio burgués y los demás, retrasó también en cierto modo la toma de conciencia de una opresión específica de las mujeres y la necesidad de organizarse para luchar contra ella. ¿No iba la cercana revolución a barrer todas las relaciones de dominación? ¿No tenían las organizaciones revolucionarias como programa la puesta en cuestión del estrecho marco de la familia y la socialización de las tareas domésticas y de la educación de los niños? ¿No era la libertad sexual un principio defendido por todos? ¿Lo demás no derivaba de la vida privada de cada uno y cada una?.
Sin embargo, con el tiempo y la experiencia, lo que numerosas militantes habían tolerado (mal) en nombre de las urgencias y de las prioridades, se hizo insoportable: la ausencia de discusión sobre todo lo que constituye la vida cotidiana en el exterior o en el interior de las organizaciones políticas, el paternalismo o el desprecio político de los militantes hacia mujeres de la organización; la grosería e incluso a veces la brutalidad de algunos hacia las mujeres, la utilización por un fulano de su prestigio de dirigente para ligarse sin escrúpulos a todas las "titis", la dificultad de todas las militantes en ser reconocidas políticamente, por no hablar de los problemas triviales de la vida de todos los días: quién cuida del crío mientras el señor está de reunión, quién se ocupa de las compras, etc. Todos estos temas que han nutrido la vida del movimiento de las mujeres, a las militantes de las organizaciones de extrema izquierda les ha costado exponerlos. El miedo a no ser suficientemente "política", a recargar las tan apretadas
"pequeños problemas" mezquinos; también el miedo a dividir, las ha retenido durante mucho tiempo. ¡Mala conciencia, cuánto te apoderas de
Y además ¿se podía contemplar la creación de una organización separada de mujeres sin alimentar la división y el sectarismo de las organizaciones de extrema izquierda?. El milagro de la lucha sobre el aborto y la contracepción fue precisamente el reconciliar lucha colectiva y vida privada, movilización política de masas, unitaria e interés personal, reivindicación popular y preocupaciones de las mujeres. Por una vez en política, la aportación de las mujeres no era solamente su tradicional "generosidad", su sentido de entrega a los demás. Hizo falta toda la dinámica de esta lucha específica para que se operase la fusión entre la radicalización política general de las mujeres de la generación del sesenta y ocho y el feminismo. O
AMILI
LAYES
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TOULNE DEBUT MOTE
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