Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

¡Mayo sí!

· Inprecor n.º 61, mayo de 1988 · pp. 22-31 · 7.815 palabras

Cadena humana para transportar los adoquines en las barricadas de París.

¡MAYO SI!

podríamos llamar sentido de lo posible...Un acontecimiento y una verdad posibles no son lo mismo que un acontecimiento y una verdad reales restando el valor realidad, sino que contienen, al menos según sus partidarios, algo de carácter divino, un fuego, una grandeza, una voluntad d construir, una utopía consciente que el absoluto teme a la realidad ysimplemente la trata como una tarea y una invencion perpetuas Robert Musil. "El hombre si atributos") La gente del 68 tienen la cuarentena melancólica. La mayor parte de ellos son y desertores del trabajo ardiente de la memoria y sus desafíos. Se han hecho prematuramente historiadores. Algo huele en ellos a sarcófago, a momias y venda jes. Biológicamente, tenemos más o menos la misma edad. Pero el tiempo en

Daniel Bensaid y Alain Krivine convicciones y las pasiones, de los combates y las esperanzas. ¿Generación?

Rechazando ese término de "generación" que sirve de etiqueta para todas las promiscuidades ideológicas y los apaños pegajosos, Guy Hocquenghem ha escrito: «No me gusta la idea de pertenecer a ese bloque coagulado de decepciones y compadreos que sólo se realiza y se asume como tal en el momento de la traición masiva de la madurez. Sólo se llega a ser generación al retractarse, como el caracol en su concha y el arrepentido en su celda». Nada que añadir. Salvo quizás que existe una náusea y un escarnio especial en esas trayectorias. Нау burgueses por raíces y por tradición. Los burgueses por elección y cooptación, por mimetismo y vida social, son a menudo los peores. Tienen una creciente necesidad de autojustificación y absolución. Entre ellos se reclutan los ideólogos del combate conservador.

¿Dónde está la clave de Mayo 68?. No en las barricadas, ni en la Sorbona, ni desde luego en el microcosmos de la

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"intelligentsia" parisina. La diferencia entre Mayo y otros movimientos paralelos, lo que forja su irradiación particular, es el encuentro entre el movimiento estudiantil y el movimiento obrero, en la huelga más general de nuestra historia Este hecho, macizo y fundamental, se esfuma entre los vapores sombríos de todos los que aplastan los relieves y repintan los paisajes más vivos con los tonos grises de su aburrimiento.

Mayo 68 no fue una gran montaña, ciertamente. O en todo caso no fue la montaña que esperábamos, o la que soñamos mientras tratábamos de escalarla. Pero fue mucho más que ese "ligero pliegue" que dicen esos "ex" (ex-rebeldes, ex-maos, ex-troskos, ex-rojos, exizquierdistas...), convertidos hoy en gentes de orden y con la cabeza bien

Aquellos que más ciegamente exageraron las cumbres de la montaña son frecuentemente los mismos que desprecian el pliegue, hasta hacerlo desaparecer. El porvenir nos dirá más sobre la importancia de esos relieves. En la historia, los relieves nunca están fijados definitivamente. El presente no cesa de llamar al pasado, despertarlo, redefinir sus dimensiones,, empujar a la que estaba iluminado, extraer de la oscuridad lo que había escapado a la mirada, redistribuir los papeles entre los vencedores y los vencidos de la víspera. La colina de 1968 es aún un punto algebráico, una obra abierta. En gran medida, se4rá lo que nosotros haremos en ella, hoy, mañana y pasado mañana.

Nosotros no nacimos en el 68. Eramos militantes mucho antes. Contra la guerra de Argelia, contra la guerra de Vietnam, contra el régimen de De Gaulle, contra las reformas universitarias. Jóvenes comunistas entusiasmados ante una revuelta que desbordaba ampliamente nuestras más optimistas profecías, percibíamos confusamente sus límites. Procurábamos actuar sobre el curso de los acontecimientos, en la medida de nuestras modestas fuerzas, aportando en cada momento propuestas y respuestas.

Habíamos sido expulsados en 1965 del Partido Comunista Francés, precisamente porque queríamos seguir siendo comunistas y no estalinistas, porque queríamos ser revolucionarios y no reformistas. A veces nos encontramos ahora con antiguos camaradas convertidos al "realismo" Sentimos su mirada perpleja o vagamente condescendiente: «¿Y qué, sigues militando?. ¿Sigues con la revolución?. ¿Todavía crees en ella?...».

Hay que refrescar la memoria de nuestros interlocutores. En la Francia de 1965 declararse revolucionario no era menos extraño que hoy. El eterno sentido común, el que fabrica los buenos alumnos y los buenos directores generales, los buenos padres y los buenos maridos, el "sentido de lo real" estaba ya del otro lado: del lado de los tecnócratas gaullistas, de los notables socialdemócratas, de los "demócratas avanzados" del PC. Con el rasero de su razón ordinaria, nosotros éramos y seremos siempre irresponsables.

No, compañeros. No es la vida lo que ha cambiado, sino vosotros. En los días posteriores a Mayo, el discurso revolucionario obtuvo los favores de la moda. Pero la víspera de Mayo aún nos tomaban por iluminados. Una huelga general

Habíamos polemizado tantas contra las evidencias de la pasividad de la clase obrera, habiamos puesto tanta fe en los grandes movimientos históricos, contra las brumosas tesis de la sociología, que apenas nos sorprendió esa confirmación a tamaño natural de nuestras esperanzas, que fue la huelga ge-

¿Cuáles fueron sus dimensiones?. Las diferentes fuentes oscilan entre 6 y 9 miliones de huelguistas. Por primera vez en un país capitalista desarrollado, la mayoría absoluta de la población asalariada, la gran mayoría de la clase obrera (15 millones en aquella época) estuvo en huelga. El dato se confirma con el número de jornadas de trabajo "perdidas": la estimación del Ministerio de Trabajo para 1968 es de 150 millones de jornadas de huelga. En 1969 hubo 2 millones; en 1971, 4'3 millones; en 1985, un miel mayo rampante italiano de 1969, 37 millones; en 1974, en Gran Bretaña, el año de la huelga minera que derrocó al gobierno Heath, 14 millo-

¿Cuál fue su duración?. La culminación de la huelga se concentró en una semana, entre el 22 y el 30 de mayo (día en rouge journal d'action communiste ilesysrème capitaliste

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NE PATERONT PAS!

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26 novembre 1968 parait tous les quinze jours 1 franc que De Gaulle descartó toda idea de dimisión y anunció la disolución de la Asamblea). Más de cuatro millones de huelguistas mantuvieron la huelga durante tres semanas, más de dos millones durante un mes. Diex días después del discruso de De Gaulle, todavía había más huelguistas que en los momentos más fuertes del Frente Popular, en

¿Y qué más?. Llaman la atención, naturalmente, los aspectos más nuevos de la huelga: los oficinistas ocupan sus oficinas, los futbolistas, las sedes sociales de sus clubs, los actores y actrices, sus teatros. La rebelión atraviesa todas las instituciones, la prensa, la TV, el aparato judicial. La huelga, que en cierto sentido es una huelga nacional, traduce la realidad de una sociedad en la que, por primera vez, más del 80% de la población es asalariada. Pero, mirando más de cerca, el esqueleto de la huelga sigue constituido por las concentraciones tradicionales del proletariado industrial, en el metal, la química, los transportes. Después de los acuerdos de Grenelle, sigue siendo la metalurgia el sector que continua la lucha hasta el fin, con los enfrentamientos con la policía de las fábricas Renault-Flins y Peugeot-Sochaux. Globalmente, el movimiento se expresa de forma diferenciada en función del tamaño de las empresas: los paros son cinco veces más fuertes en las empresas de más de mil asalariados que en las que emplean menos de diez. Los jóvenes obreros de menos de veinticinco años hacen masivamente su primera gran experiencia de lucha. Las mujeres, cuya entrada en el mercado de trabajo ha comenzado a acelerarse, también. Los trabajadores no cualificados están frecuentemente en primera linea de la acción. En su conjunto, los sectores que tienen la iniciativa del movimiento no

"nuevos proletarios del sector servicios" o los sectores de alta tecnología; el proletariado industrial y concentrado constituye el núcleo duro de la

Fue sin lugar a dudas la mayor huelga de la historia del movimiento obrero francés. Pretender hoy que semejante tempestad era previsible sería ridículo. Digamos simplemente que unos fueron más sorprendidos que otros; que algunas opciones políticas permitían mejor que otras "oír crecer la hierba" fuera de las tribunas parlamentarias o de los estados mayores burocráticos.

Desde que en las elecciones presidenciales de 1965 De Gaulle tuvo que disputar la segunda vuelta, había perdido

"intocable". Sólo gracias a votos fraudulentos de los territorios de ultramar había conseguido una mayoría ajustada en las elecciones legislativas de 1967. El debilitamiento del poder, que se sumaba a sus rigideces, producía un contexto favorable al ascenso de las luchas, ya perceptible en 1966. A la vez,

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M. Debré y A. Malraux, el 30 de mayo: el KO pasó muy cerca... la situación social se iba endureciendo: los salarios estaban bloqueados desde 1963; el tiempo de trabajo había aumentado desde 1950 hasta alcanzar las 46 horas, y las 52 horas en algunos sectores.

Los dos sindicatos mayoritarios, CGT y CFDT, firmaron su primer acuerdo confederal en enero de 1966. El 17 de mayo de ese año tuvo lugar una de las mayores jornadas de lucha en mucho tiempo, a la que se sumaron masivamente universitarios y estudiantes de media. La idea de la convergencia entre la juventud y el movimiento obrero, propagada por las pequeñas organizaciones revolucionarias, empezaba a hacer su camino.

En 1967, la recesión alemana anunciaba ya el agotamiento de la onda expansiva de la postguerra y nuevas recesiones, cada vez más sincronizadas, entre los principales países. imperialistas. La crisis de 1973 estaba ya en el ho-

Un clima se creaba imperceptiblemente. Las manifestaciones estudiantiles, enardecidas por las duras luchas obreras que van estallando: en Caen, en Mulhouse, en Saint Nazaire, en Mans.... van perdiendo el miedo a la policía. En abril de 1968, cuando la manifestación de solidaridad con el estudiante alemán Rudi Dutschke, gravísimamente herido en un atentado fascista, la cólera acumulada estalla espontáneamente contra la intervención policial. La policía sigue en cada esquina, pero va saliendo ya de las cabezas de la gente.

Nosotros, las JCR expulsados del PCF hacía apenas dos años, estábamos al acecho de estos signos. Escrutábamos su aparición entre la masa espesa de la información cotidiana. Nuestras "fuerzas" no excedían en esa época de trescientos militantes, estudiantes aplastante mayoría. Eramos menos numerosos que los maoístas, llevados por la ola pujante de la revolución cultural; y teníamos menos militantes obreros que las demás organizaciones que se reclamaban del trotskismo. Pero si la huelga general desbordaba todas nuestras esperanzas, no era para nosotros el trueno en cielo sereno que pilló desprevenidos al gobierno y a los estados mayores de la izquierda.

Nosotros sabíamos lo que quería decir relación de fuerzas, lo que significaba la lucha de clases y el lugar que ocupa en ella la clase obrera. Las barricadas del 10 de mayo fueron en gran parte obra de una inspiración espontánea, contagiosa, comunicativa, que de repente hacía saltar los adoquines, nacer las cadenas humanas que los transportaban, surgir murallas barrocas, caer los árboles, que daban forma a un dispositivo que rodeaba, sin ningún plan preconcebido, el perímetro de la calle Gay Lussac hasta la calle Mouffetard y de la calle Soufflot a la avenida Claude Bernard. Nosotros participamos deliberadamente de esa inspiración. Los maoístas se arropaban en su dignidad teórica para denunciar esos trabajos de «jardinería pequeñoburguesa» (sic) y regresar a su lecho confortable en su local de la calle Ulm: Los militantes del PCF rugían contra la provocación antes de coger el metro. Los "lambertistas" hacían la ronda de las barricadas para denunciar la aventura que podía conducir a la masacre frente a un poder fuerte, en vias (segun sus tesis de la época) de fascistización.

A la vista de los resultados, podemos burlarnos ante estasprudencias. Sin em-' bargo, la ortodoxia formal estaba del lado de nuestros contradictores. ¿Cómo imaginar que el movimiento estudiantil, sin el concurso directo de la clase obrera, sin unidad de las organizaciones sindicales, pudiera afrontar sólo una prueba de fuerzas con el poder?. En el extremo opuesto, los espontaneístas habían visto en el episodio una revancha de la improvisación y el flujo de la vida contra toda teoría, o incluso contra todo pensamiento político organizado.

Pero el asunto era más concreto. En esa noche del 10 de mayo, entraban en juego el desgaste de un régimen, la legitimidad democrática del movimiento estudiantil en la opinión pública, la receptividad de una clase obrera que se encontraba también en plena radicalización. Esta era la trama de una relación de fuerzas que no se reducía a la altura de las barricadas, al número de estudiantes movilizados, a la agresividad de

No hicimos un consejo para deliberar sobre todo esto. Cuando los acontecimientos se aceleran, ya no es tiempo para pesar los pros y los contras con calma. Se entra en la era de las decisiones rápidas. Sólo la comprensión previa de la situación las hace posibles. Y a grandes rasgos, a comienzos de 1968,

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nosotros habíamos comprendido mejor que otras organizaciones más grandes.

Todo esto podría considerarse una peripecia, si no hubiera en ello materia para la meditación. ¿Cómo no preguntarnos si con más experiencia, más madurez, una mejor implantación social, no hubiéramos terminado tomando, como los compañeros maoístas o los del PCF, una dirección equivocada, abandonando el lugar donde estaba la lucha y llamando a volver al día siguiente, después de haber contactado, en buena y debida forma, con las direcciones sindicales. y de las demás fuerzas de la izquierda? Porque es cierto que todo desarrollo de una fuerza política engendra su conservadurismo organizativo y sus lastres ideológicos. Y al revés, ¿cómo podemos olvidar que la experiencia de 1968, simbolizada por esas barricadas, ha podido alimentar un culto infantil, izquierdista en el sentido preciso de la palabra, a la acción directa?. Porque es verdad también que la intuición realmente fecunda del "momento estratégico" , de la iniciativa capaz de modificar el curso de las cosas, germina sobre un terreno pacientemente roturado por el análisis.

Contra el doble escollo de la rutina paralizante y de la improvisación irresponsable, no existe garantía absoluta. Pero una colectividad militante, una organización, que comparte la misma educación, familiarizada en una misma percepción de la situación, unida por una visión común de los acontecimientos y las tareas, tiene las mayores posibilidades de saber responder a las aceleraciones bruscas de la historia, sin saltar en pedazos. Un general sin estrellas

La más general de las huelgas no re cibió nunca sus estrellas. A partir del 14 de mayo, como un reguero de pólvora, la huelga se extendió y se generalizó, sin que hubiera nunca un llamamiento o una consigna de las direcciones sindicales confederales a la huelga general. Hay en este olvido de la consigna de la huelga general y de la eleccion de un comite central de huelga, una opcion politica cuya responsabilidad comparte la CGT con las demás direcciones sindicales. A lo largo de mayo y junio, las direcciones sindicales y las de los partidos de izquierda respetaron cuidadosamente una rigurosa división del trabajo. La huelga debía mantenerse como un amplio movimiento reivindicativo bajo la dirección de los sindicatos, mientras los partidos montaban soluciones políticas en el terreno institucional y parlamentario. Si la huelga hubiera sido declarada como huelga general se habría convertido a la vez en directa y explícitamente política; se habría planteado el problema de su dirección, su plataforma común, sus formas de centralización. Habría sido infinitamente más difícil a los estados mayores ir extinguiendo el movimiento poco a poco, en orden disperso, dividirlo organizando vueltas parciales al trabajo y fatigando por el aislamiento a los sectores más resistentes. Las acción de los responsables sindicales buscó desde el primer momento limitar las potencialidades del movimiento, en vez de desa-

Quizás todo no era posible. Todo no es nunca totalmente posible. Cada situación concreta conduce a un campo de posibilidades determinadas sobre lo realmente posible.Cada decisión, cada opción, cada bifurcación vuelve a definir sin cesar las posibilidades que entran en ese campo de posibilidad efectiva. Incluso el error y el fracaso contribuyen a ello. En Cuba, del asalto fallido contra el Moncada en 1953, nace la posibilidad del desembarco del Granma en 1956. La derrota de julio de 1917 en Rusia, llama a la victoria de octubre. El desmantelamiento de las zonas rojas de Kiangsi, en China, en 1934, lleva a la Larga Marcha, Yenan y la ofensiva victoriosa de 1948. La acción política revolucionaria no sigue una ruta predeterminada cuyas etapas y cuyo término son conocidos anticipadamente. Siempre hay en ella un lugar para

En 1968 el movimiento erga suficientemente poderoso para que fuera concebible llevarlo por otros caminos, explorar otras posibilidades. Aquellos que a diferentes niveles tuvieron las responsabilidades decisivas, se negaron a intentar estas alternativas posibles. Desde una perspectiva revolucionaria, es justo insistir en primer lugar en esa ausencia de proyecto, de voluntad, de ambición, que cierra a priori ciertas puertas del porvenir, sin haber intentado siquiera entreabrirlas. Pero también es necesario, con equidad y lucidez, sin minimizar la responsabilidad de estas direcciones, ponerla en relación con la dinámica real del movimiento.

En su conjunto, los desbordamientos de las direcciones sindicales oficiales fueron limitados respecto a la amplitud colosal del movimiento. Las fracturas y diferenciaciones inmediatas fueron escasas. Las organizaciones sindicales y políticas llamadas tradicionales nuaron organizando y representando a la

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inmensa mayoría de la clase obrera, aunque su control y capacidad de encuadramiento quedaron irreversiblemente de-

Aquí está una de las características decisivas de 1968: la distancia entre las enormes dimensiones, la profundidad, la movilización, por una parte, y los límites de su contenido y sus formas de organización, por otra: La ocupación de las fábricas y de los lugares de trabajo fue un fenómeno casi general. No quedó una calle, ni una carretera sin pancartas y banderas, rojas con frecuencia, colgadas de ventanas y muros. También se generalizó la tradición de las generales diarias de huelguistas. En la mayoría de los casos, fueron asambleas de información y consulta, dirigidas por los responsables sindicales, y no asambleas soberanas y de-

Hubo pocos comités de huelga elegidos unitariamente y democráticamente por los huelguistas: A menudo los órganos llamados comités de huelga se reducían a las instancias sindicales e intersindicales. Nosotros hemos destacado siempre las experiencias más destacadas desde el punto de vista de la autoorganización, las que servían de ejemplo y, en distintos aspectos, podían mostrar el camino. Por ejemplo, se habló mucho de la experiencia de la CSF de Brest, donde los trabajadores fabricaron walkie-talkies al servicio de la huelga, o de los comités de acción de Rhône-Poulenc, en Vitry. A partir de hechos indiscutibles, a veces las historias empujan un poco la realidad hacia los deseos. En todo caso, estas experiencias tueron excepcionales. En un movimiento tan tumultuioso como el del Mayo de 1968, es legítimo insistir en lo que anuncia el porvenir, a condición de no perder de vista el estado del movimiento en su conjunto. Los límites en el desarrollo de la autoorganización en 1968 pesaron gravemente sobre las formas de radicalización y las relaciones del movimiento obrero con las organizaciones tradicionales, a lo largo de los años posteriores.

Es curioso que en una huelga con ocupación, tan prolongada y masiva, no se haya prácticamente esbozado el paso a la huelga activa. Algunas empresas se lo plantearon, incluso dieron algunos pasos de una puesta en marcha de la producción al servicio de la huelga. Pero no fue más que una gota de agua, cuando hubiera sido perfectamente posible imaginar, por ejemplo, la organización del funcionamiento gratuíto de los transportes, para facilitar la información, el abastecimiento, la coordinación y centralización de las luchas.

La preocupación por el control obrero sobre los ritmos, la organización y los objetivos de la producción estuvo presente ampliamente, pero mucho más en los debates de comisiones que en los actos. En cuanto a la autogestión, es sobre todo un tema del discurso sobre Mayo, no una realidad práctica de Mayo: no hay que confundir la gimnasia con la magnesia, ni el comité de acción del Odeón con el Soviet de Petrogrado.

Por cierto, los comités de acción fueron a al vez otra expresión de las potencialidades y los límites del movimiento Se desarrollaron en su periferia. En las empresas donde existieron, agruparon, por encima de las afiliaciones sindicales, a los militantes más combativos y más rebeldes frente a los aparatos. De ahí su carácter híbrido: a la vez, embriones de una vanguardia obrera aún inexistente en la empresa y testimonios de una necesidad de autoorganización insatisfecha. En cuanto a los comités de acción de barrio o de localidad, sólo fuieron en general estructuras reducidas. En fin, los diversos comités de enlace (obreros-estudiantes-campesinos) fueron agrupamientos útiles para establecer contactos, más que órganos de masas

A finales de mayo, las. JCR habíamos propuesto el objetivo de la centralización de los comités de acción, defendiendo su carácter pluralista y unitario contra la tentación de trasformarlos en base de una nueva formación política. No teníamos la ilusión de que jugaran el papel de un comité central de huelga; en modo alguno tenían la representatividad necesaria para ello. Pensábamos simplemente que, como reflejaban en parte el ala más activa del movimiento, podían contribuir a modificar la relación de fuerzas en un sentido conforme a su dinámica profunda.

Como la mayor parte de nosotros veníamos del PCF, éramos conscientes de las realidades del movimiento obrero para engañarnos sobre nuestra marginalidad. Hubiéramos necesitado una sólida implantación, una red de militantes experimentados y con audiencia en las empresas, sólidas posiciones sindicales, para poder plantear eficazmente el problema de la centralización unitaria y democrática de la huelga

Podíamos hacer propuestas sobre esto, pero no teníamos la fuerza suficiente para hacerlas pasar a la práctica. Por el contrario, los comités de acción nos permitían inmediatamente amplificar y multiplicar la audiencia de las ideas revolucionarias, por medio de iniciativas prácticas que podían hacer escuela. Es cierto que en una situación como la de

1968, la historia cambia de ritmo, días valen por años de experiencia ordinaria. Pero esta aceleración no puede producir milagros.

En fin, muchos fenómenos importantes estaban sólo en estado embrionario en 1968. Por ejemplo, las mujeres estuvieron presentes masivamente en las huelgas y en las manifestaciones. Fue la primera expresión de su presencia ascendente en la universidad y en la producción. Sin embargo, encontramos pocas huellas de reivindicaciones explícita-

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place rue Souftiot Panthéon Edmond Rostand

Gay-Lussac

gran barricada fija. 10-11 de Mayo: la noche de las barricadas. mente feministas, tanto en las plataformas reivindicativas como en los debates enfebrecidos de las facultades ocupadas. Es sorprendente que mientras surgen estructuras de todas clases, no emerja inmediatamente un movimiento autónomo de mujeres. El efecto vendrá, como retardado; a partir de 1970-71. Este un síntoma muy significativo del alcance real y las contradicciones de la radicalización de Mayo. Más allá de las grandes proclamas antijerárquicas y antiautoritarias, la opresión más fundamental de nuestras sociedades, que inscribe la desigualdad entre los sexos en la trama de la explotación, no fue masiva ni directamente puesta en cuestión.

True Claude-Bernard zona de barricadas

Por otra parte, mientras que todas o casi todas las instituciones (la educación, la salud, la información, el deporte, incluso la justicia) son rechazadas en su función de reproducción de las relaciones sociales, las instituciones centrales del aparato de represión parecen haber quedado, en lo esencial, al abrigo de la tormenta, aunque se ha sabido más tarde que no faltaron problemas y fisuras en la policía. Pero el ejército, pese a que más de la mitad de sus efectivos eran reclutas, apenas fue rozado. Hemos hablado mucho del llamamiento hecho público por los soldados del 15 Regimiento de infantería mecanizada de Mützig: «...Como todos los reclutas estamos recluídos en los cuarteles. Se nos prepara para intervenir como tuerzas represivas. Pero los trabajadores y la juventud deben saber que nunca los soldados de reemplazo dispararán sobre los obreros. Nosotros, como comité de acción, nos opondremos a cualquier precio a que los militares tomen las fábricas. ¡Soldados de reemplazo, formad vuestros comités!(...)¡ Viva la solidaridad de los obreros, los soldados y los estudiantes!. ¡Viva la democracia obrera!. ¡Viva la alegría, el amor y el trabajo creador!». Esta inciaitva es citada con especial frecuencia porque fue excepcional y quizás única. Había en ese regimiento un militante, y uno solo de las JCR. Fue suficiente para reanimar las brasas de una tradición perdida desde hacía mucho tiempo. Si un solo militante de las JCR fue capaz de una inciciativa que se sigue considerando ejemplar, podemos preguntar qué hicieron los centenares de jóvenes militantes del PCF que cumplían el servicio militar... En cualquier caso, la relativa serenidad del ejército es otro índice de los límites de 1968. El problema del poder

¿Habría que concluir que Mayo fue un movimiento simplemente reivindicativo y democrático, acompañado de una gran fiesta cultural, y que la crisis política se limitó a las dudas y a los cambios de humor de De Gaulle?.

¿Hubo vacío de poder?. Todavía hoy se sigue discutiendo de opinión es que el poder no estaba vacío, abandonado, dispuesto a ser tomado como un fruto maduro. Pero, sin embargo, estuvo temporalmente paralizado, incoherente. Así se manifestó a partir del 24 de mayo, día en que el incendio de la Bolsa fue la respuesta al discurso de De Gaulle anunciando un referéndum, y hasta el discurso del 30 de mayo anunciando la disolución del Parlamento. Durante esta semana, el presidente -que había puesto en juego su dimisión según el resultado de un referéndum cuyo resultado era cada día más incierto- estaba en suspenso. Hubo, pues, una semana larga de vacilaciones y signos de pánico entre un personal de Estado poco habituado, desde hacía años, a vérselas con un movimiento social impetuoso. Pero hay que constatar también que muchos engranajes decisivos han continuado funcionando, no sólo por rutina, sino también por clarividencia. En particular, los responsables de los grandes cuerpos represivos no parecen haber perdido la cabeza.

Llegados a este punto, es necesario tratar el tema de la violencia en 1968. La violencia ha quedado, en las representaciones de la época, como uno de los rasgos característicos de Mayo. Varios factores han contriuido a ello. En primer lugar, el fenómeno de los medios de comunicación y la transmisión en directo.

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Sorbonn boulevard St-Miche

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La narración radiada, en plena noche, de las barricadas del 10 de mayo, incita a los narradores a una amplificación épica. Barricadas, gritos de cargas, explosiones de granadas de gases: el relato sin imágenes embala la imaginación de los auditores. Después vinieron las fotos, los árboles caídos, los lanzadores adoquines o de cócteles molotov, los coches calcinados, el traslado de los heridos... La violencia se convierte así en un tema central de 1968.

Para el discurso del poder y el orden, anuncia ya las campañas de

Para los manifestantes, la violencia es asumida como el medio y el símbolo de una liberación. Es el rasgo de unión que les liga a otros combates, en América Latina o Indochina.

Pero para apreciar el grado de violencia efectivo en 1968, es necesario establecer comparaciones.Así, las medidas gubernamentales durante las huelgas de noviembre-diciembre de 1947 respondían a una linea de guerra civil. Varios contingentes de reservistas fueron llamados a filas. Las centrales eléctricas de la región de París fueron asaltadas por la policía y puestas en funcionamiento por militares especializados. Durante la huelga minera desde 1948, se estableció el excepción en las cuencas, que fueron ocupadas por vehículos blindados del ejército. Las tropas abrieron fuego sobre los huelguistas y hubo verdaderas batallas en Gard, Saint-Etienne y Pas-de-Calais. La situación fue calificada de insurreccional.

En 1968, la violencia está tan realzada por los protegonistas de los dos lados, que resulta difícil distinguir la realidad de la imaginación. Hubo centenares de heridos, cerca de 2.000 entre el 3 de mayo y el 30 de julio. Pero puede decirse que existió una especie de respeto tácito de ciertos límites: adoquines y cócteles contra porras y lacrimógenos. Hubo en cualquier caso diez muertos, seis de ellos durante huelgas y manifestaciones. La represión se cuando atacó los bastiones obreros más obstinados. Los enfrentamientos más tuvieron lugar probablemente en Flins (donde murió ahogado a causa de una carga policial el joven militante maoísta Gilles. Tautin) y en Sochaux (donde murieron por disparos de la policía los obreros de la Peugeot Pierre Beylot y Henri Blanchet). Pero estas tragedias quedaron localizadas. Este es un elemento suplementario de las ambigüedades de 1968: el poder vacila, pierde pie, pero el carácter de los enfrentamientos indica, a la vez, que nadie se plantea seriamente que la conquista del poder político está verdaderamente en

Una situación revolucionaria se juega, al menos, entre dos. Por un lado, el poder, que parecia ayer tan arrogante, revela de repente sus fisuras más íntimas. Pero por otro lado, un movimiento huelguista, por poderoso que sea, no es por sí mismo candidato al poder. La clase dominante comprendió perfectamente que la oposición no pretendía en absoluto llegar al gobierno aupada por la ola ascendente de la huelga general. Las direcciones sindicales, la del PS o la del PC, hicieron, por el contrario, todo lo que pudieron por evitarlo.

La semana del 24 al 30 de mayo fue decisiva. El día 24, decenas de miles de manifestantes se concentran en París, en la estación de Lyon. De Gaulle anuncia por la radio el referéndum; si lo pierde, se retirará. La respuesta de la calles es espontánea: «jEl referéndum nos tiene sin cuidado!». El sábado 25, se abren las negociaciones gobierno-sindicatos de Grenelle. El lunes 27, de madrugada, el jefe del gobierno, Pompidou, anuncia el acuerdo. Pocas horas después la asamblea general de huelga de Renault-Billancourt, en presencia de los principales dirigentes de la CGT, rechaza con abucheos lo acordado. Por la tarde, tiene lugar la manifestación de Charlety en París, la primera de gran envergadura, 50.000 manifestantes, convocada al margen del PCF, que fue presentada como un símbolo de la convergencia de la extrema izquierda. En Nantes, 50.000 personas se manifiestan siguiendo el llamamiento del comité de huelga. El día 28, los partidos de izquierda tradicional, sintiendo que la situación se está volviendo peligrosa, tienen una reunión en la cumbre; Mitterrand toma unilateralmente la iniciativa de proponer un gobierno provisional, «compuesto de diez miembros elegidos sin vetos, ni proporciones preestablecidas» (según sus propias palabras: «Sin vetos, quería decir que por primera vez desde 1947, los comunistas podían entrar en el gobierno, pero también que los republicanos y demócratas podían participar en él. Sin proporciones significaba que el jefe del gobierno provisional tendría una completa libertad de decisión». El proyecto sería respetado estrictamente, pero... en 1981). El miércoles 29, es la jornada de manifestaciones de la CGT. Hay rumores de que el PCF llevará la manifestación hasta el Palacio del Elíseo, sede presidencial. Pero al llegar al lugar previsto para el final de la manifestación, la estación de Saint-Lazare, el PCF ordena que se plieguen las pancartas. En fin, el 30 de mayo De Gaulle pronuncia un nuevo discurso: «No me retiraré». Se disuelve el Parlamento y se convocan elecciones generales. En las facultades y las empresas no se da entonces la burlona seguridad del día 24. Se siente confusamente que se ha dejado pasar una ocasión. Dos horas más tarde, la gran manifestación gaullista en los Campos Elíseos marca el cambio del decorado. Malraux, más convulsivo que nunca, y

"Marsellesa", se sostienen mutuamente como dos

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boxeadores groggys: el KO ha pasado

Para las JCR, que íbamos corriendo de

La manifestación, no había tiempo para reflexionar sobre estos temas. En las universidades, en la huelga, en las calles, en la medida modesta de nuestras fuerzas, encontrábamos en nuestro elemento. La solución al problema gubernamental se jugaba a otro nivel, en el que no contabamos. Lo sentíamos, y ese sentimiento alimentaba probablemente la desconfianza de numerosos activistas de Mayo hacia lo que aparecia como política politicista, institucional, profesional. El tono libertario del movimiento expresaba también esa impotencia, esa desposesión. En cualquier caso, el problema del gobierno se planteó como una cuestión central, durante un corto periodo de tiempo. Un partido revolucionario con una implantación significativa hubiera tenido en sus manos los elementos de la respuesta: desarrollar la centrawlización democrática de la huelga general para poner bajo vigilancia a un eventual gobierno provisional, cualquiera que fuera su composición; participar en el gobierno sobre la base de un programa y unos compromisos precisos, o darle un apoyo condicional y crítico, sin participación, según los ¿Una situación revolucionaria?

¿Existió en Mayo una situación revolucionaria?. El primer problema es cómo definir esa situación. Porque la cuestión no permite medidas exactas. Hay un riesgo constante de aplicar un juicio esfotográfico, a una situación que se va transformando. En un texto célebre, Lenin enumeró las tres características que consideraba básicas: cuando los de arriba no pueden gobernar como antes; cuando los de abajo no pueden ya soportarlo; cuando los de en medio se inclinan hacia los de abajo. Tortski añade la existencia del factor subjetivo (de una fuerza revolucionaria capaz de resolver la crisis), e insiste sobre la reciprocidad en los factores.

Como nosotros no creímos nunca que la espontaneidad obrera podía resolver en unas semanas las carencias demasiado evidentes del factor subjetivo (ausencia del partido revolucionario significativo, ausencia de implantación fuerte de militantes de vanguardia en las empresas) siempre fuimos reticentes a calificar la situación como revolucionaria. Hoy no importan mucho las sutilezas terminológicas. A nosotros nos parecía mejor hablar de situación pre-revolucionaria, para indicar una dificultad no resuelta. Esto nos valió terribles acusaciones de tibieza y moderación por parte de otras corientes: Algunos hablaban de «situación objetivamente revolucionaria». ¿Y subje-

15 de junio de 1968: funerales de Gilles Tautin. tivamente?. Curiosa lógica ésta que separa el objeto del sujeto. Si la situación objetiva era tan claramente revolucionaria, ¿cómo se explica que el "factor subjetivo" no se haya modificado más profundamente?. ¿Por qué Mayo 68 no ha conducido, si no a una revolución victoriosa, al menos al nacimiento de un partido revolucionario con influencia de ma-

Hay un vicio de raíz en este tipo de enfoque. Una situación crítica puede carac'terizarse por una serie de elementos, como lo hace Lenin, pero siempre que se evite desarticular la visión de conjunto.El "factor subjetivo" estaba ausente en 1968, pero no como una pieza no colocada de un rompecabezas, que bastaría situar entre las otras. Esta ausencia, por el contrario, influye sobre el conjunto: sobre las modalidades de la crisis política en la cumbre, sobre las formas de movilización en la base, sobre la trayectoria de las capas medias. Además, hay que precisar en qué consiste exactamente esa pieza ausente. Nosotros respondíamos: falta un partido revolucionario. Era una verdad luminosa, pero no era más que una respuesta a medias, porque aislaba un factor de otras determinaciones. Así facilitaba la conclusión de que bastaba encontrar lo más deprisa posible una pieza de recambio para llenar este vacío.El fundamento mismo,' implícito o explícito, del voluntarismo desenfrenado y el izquierdismo posterior a 1968 tiene su base ahí. El activismo desbordante y la acción ejemplar estaban destinadas a superar lo más deprisa posible esa ausencia de partido re-

Pero la debilidad de las fuerzas revolucionarias organizadas al principio del movimiento puede ser atribuida a los efectos perniciosos del estalinismo y la socialdemocracia. Pero hay que decir, a menos de caer en un idealismo extremo, que esta debilidad expresaba también, aunque sea de un modo deformado, un

APPEL DU ISORIMCA DE MUTZIG

(Régiment d'infanterie mécanisée)

A BAS L ENCASERNEMENT ELV TANALL El llamamiento de los soldados de Mützig. estado más general de la clase obrera, de sus corrientes combativas; de sus vanguardias naturales en las empresas y los sindicatos. En 1968, las contradicciones entre la dinámica de las luchas, sus potencialidades y la política de las direcciones reformistas son claramente perceptibles. De ahi nacen fricciones, rebeliones o rupturas. Pero estos fueron fenómenos marginales. Si hubo tan pocos comités de huelga elegidos, si las direcciones sindicales mantuvieron la iniciativa de las negociaciones, și los partidos tradicionales, al menos el PCF, ganaron más adhesiones nuevas de lo que perdieron a su izquierda, es porque respondían al estado de espíritu de amplios sectores sociales. Los huelguistas querían resolver un contencioso social y sacudirse el yugo de un régimen autoritario. De ahí a la revolución hay una gran

1968 es una fecha bisagra. En una si-

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tuación de casi pleno empleo, la clase trabajadora está al máximo de su fuerza. Se siente en condiciones de exigir que se salden los atrasos sociales. A la vez, siente confusamente que un periodo se acaba.Que se están acumulando nubes en el horizonte, cargadas de amenazas para el empleo y la protección social. Los trabajadores hacen la huelga, pero el 17 de junio van masivamente a as urnas y continuan votando por sus partidos tradicionales. Proclaman su rechazo a los diez años de régimen gauIlista, rechazan a De Gaulle por las rigideces y arcaísmos de su poder, aspiran a una democratización de la vida política y social. Pero el Estado y las instituciones asociadas a la prosperidad relativa ddel periodo de expansión de la postguerra, no están ilegitimadas ante ellos.

El marco general es coherente: la legitimidad del Estado, las bases materiales de un cierto consenso social, el estado embrionario de la nueva vanguardia mismos del movide 1968, la distancia entre su fuerza colosal y su contenido subversivo, las modalidades de la crisis política y la instantaneidad de su resolución.... Es importante situar a 1968 en su justo lugar: ni banalizarlo ni mitificarlo. Los que hicieron de él el modelo y el paroxismo de la situación revolucionaria, sólo verán después reflujo y hundimiento, declive y desencanto.

cano osaro general estaba.

mos pensando en un modelo, sino más bien en una experiencia de la historia, que procede por tanteos, acumulación de experiencias, aciertos y errores. Era salen el aprendizaje de la Obedaci por la paciencia Lo que queda de Mayo

A veces se nos pregunta: pero ¿qué queda de Mayo?. Es cierto que Mayo ha una modificación duradera le las relaciones de fuerzas entre las cla ses fundamentales de nuestra sociedad. Ha modificado también; lentamente pero en profundidad, las relaciones denguió captar a esa generación. Pero ningún otro proyecto consiguió reunirla, homogeneizarla. El acontecimiento fue bastante fuerte para alimentar en profundidad corrientes duraderas de radicalización, pero parece que fue insuficiente para ejercer una fuerza de atracción centrípeta

Ha bastado que la victoria de Mitterrand en 1981 abriera las puertas de acceso a las esferas del poder para que una buena parte de los "ex" del 68 se entreguen a las delicias de la ola socialdemócrata. Más allá de esta espuma de los días, es claro que Mayo no tuvo la fuerza de irradiación necesaria para forjar una generación de recambio. El PC no podía recibirla: la crisis de su organización estudiantil había anunciado desde 1965 su impotencia ante la juventud Pero las fuerzas surgidas de la experiencia se dispersaron en todas las direcciones: en la CFDT y la CGT, en el PS, en el PC y en las diversas familias de la ex-

Lo que debemos conservar de Mayo no es la utopía que sustituye a la política.. Es la irrupción, la brecha, la puerta estrecha por donde puede, en cualquier momento, entrar lo posible. Es el sentido de lo virtual opuesto al sentido resig nado de lo real: Es la libertad de los hechos no consumados, opuesta a la dictadura del hecho consumado.

La abundancia, o incluso la inflación de interpretaciones de Mayo ocupa el lugar de un debate estratégico abortado Sin embargo, la conmoción de 1968, como el gran choque de 1905, lo habían abierto. 1968 relanzó el problema de la ruptura y de la conquista del poder como cuestiones prácticas, no limitadas a los círculos de la extrema izquierda. Se redescubrió el austromarxismo. Se releyeron los grandes debates entre Bernstein, Kautsky, Lenin, Rosa. Nos hicimos preguntas sobre la relación entre hegemonía y crisis revolucionaria en Gramsci. Polemizamos sobre el alcance estratégico del abandono de la dictadura del proletariado por los partidos comunistas.

Los comentaristas desengañados resaltan el aspecto mimético o nostálgico del fenómeno, la obstinación en pensar las transformaciones de este final de siglo a través de las formas y los símbolos del siglo pasado. Pero siempre sucede así. Ningún nacimiento trae consigo espontáneamente sus propias representaciones. La Revolución francesa se veía romana. La estrategia no parte nunca de cero. Lo nuevo se inscribe en lo viejo. Despierta cuestiones olvidadas y permite reformularlas. Es un trabajo de rememoración, de selección y de reordena-

No pretendemos que el esbozo de reflexión estratégica haya tenido después de 1968 el alcance de las grandes controversias dentro de la || Internacional antes de la | Guerra Mundial o de la III Internacional bajo el choque de la Revolu-

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ción rusa. El debate llevaba en sí mismo los límites de su experiencia original. Los desafíos del cambio de sociedad, de la conquista del poder estaban esbozados, pero no inmediatamente planteados. De ahí ese aspecto de "revolución relajada", buena persona, más lúdica que trágica, que encanta a los sociólogos. Hay quien, desde estas consideraciones, da un salto mortal y afirma que la huelga general de mayo-junio fue la encarnación de un movimiento obrero terminal, una prolongación arcaica del siglo IXI. Pero hay al menos tantas razones, y quizás más, para pensar que Mayo, por muchas de sus características, fue la primera huelga general del siglo XXI. Así marcha la historia. Palabra cumplida

El pasado no es una hoja muerta. Actúa siempre sobre el presente. Se reanuda en el porvenir. A veces se nos pregunta sobre nuestra situación minoritaria. ¿Por qué esa marginalidad persistente?. ¿No será la prueba de un fracaso? Nosotros no hacemos de la necesidad virtud. Sería falso considerar la extrema disidencia como una segunda naturaleza, amurallarse en la conciencia crítica, la oposición y el testimonio, perdiendo la ambición de vencer.

Ese peligro es real. Puesto que la existencia determina la conciencia, una tan larga existencia minoritaria no podía dejar de producir efectos. Para recuperar la vocación mayoritaria a la que aspiramos, pasaremos por crisis y mutaciones. Sin embargo, muchos equívocos están ligados a esa noción de "mayoría", que en los tiempos que corren se identifica demasiado aprisa con los resultados electorales y los barómetros de los sondeos. Pero el hecho mayoritario no posee ninguna virtud en sí mismo. La verdad no es un problema de plebiscitos.

Nunca nos hemos sentido aislados en un gran movimiento social. Nos hemos sentido en ellos como el pez en el agua. Desde que algo se mueve, sea donde sea, los militantes resurgen, mejor enraizados, más experimentados. ¡Buen trabajo, viejos topos!

En un país de larga tradición parlamentaria, una fuerza no podrá expresarse plenamente sin ganar también una credibilidad electoral. Somos conscientes de ello. En este campo, existen efec-

"umbral". Una vez franqueado el muro de la representación institucional, el célebre argumento del "voto útil" da un giro. Pero en el fondo, la verdadera cuestión va mucho más allá

Después de 1968 ha aparecido en Europa una cosecha de organizaciones revolucionarias, con las más variadas culturas, referencias, oscilado aproximadamente entre los mismos márgenes y se han estancado en algunos miles de militantes. Las líneas políticas, las iniciativas adoptadas en el momento oportuno, las opciones organizativas tienen su importancia.Sin ninguna duda nosotros hemos desperdiciado fuerzas preciosas, a causa de nuestra inexperiencia y de nuestros errores. Hoy podríamos ser algunas centenas o algunos millares de militantes más. Lo que no es poco, si se tiene en cuenta lo que pueden hacer y proponer en una lucha militantes combativos, el peso que pueden adquirir en el proceso de recomposición actual. No sólo no es poco, en realidad, es enorme.

Pero no habríamos podido ser cinco o diez veces más fuertes y más numerosos. Si esto hubiera sido posible, un grupo, una corriente al menos, lo habrían conseguido. Pero la dinámica general de la lucha de clases, el estado de la clase obrera, la legitimidad de las instituciones, la autoridad correlativa de los partidos tradicionales, incluso después de 1968, nos fijaban un límite aproximado. Habríamos podido aproximarnos más a él. Pero en las actuales circunstancias, no habríamos podido franquearlo.

A lo largo de estos años de transición hemos acumulado fuerzas y experiencias, hemos hecho vivir y enriquecido una cultura política que bebe en las fuentes de la oposición de izquierda al estalinismo. En modo alguno tenemos la impresión de haber hecho un sacrificio

Una organización minoritaria sólo puede dar cuenta parcialmente de procesos parciales complejos que afectan a la vida de millones de hombres y mujeres. Habría que estar enfermo de megalomanía aguda o hundirse en un idealismo absoluto para creer que se tiene respuesta para todo. Nosotros hemos planteado puntos de refrencia que permitían orientarse. Nuestras raíces nos han permitido hacer frente a situaciones nuevas, co-

Hemos seguido siendo comunistas, fuera del Partido Comunista, a pesar de los vetos y las cuarentenas. Hemos demostrado que era posible hacerlo y que mentían los jueces que al expulsarnos nos condenaban a las cloacas del basu-

«¿ Y si, otra vez, sólo fuera el comienzo?» (Manifestación anti-Le Pen, 1986).

rero de la Historia. Con otras fuerzas, pero gracias a esta continuidad, esperamos trabajar por el renacimiento de una fuerza revolucionaria.

Hemos tenido la suerte de codearnos o de encontrarnos con magníficos herejes y rebeldes, de varias generaciones y de varios continentes y de aprender de ellos lo mejor que hemos podido.

Para conservar el norte en el enorme bazar de este fin de siglo, son necesarias dos cosas. En primer lugar, mantener una práctica colectiva: este es el verdadero principio de realidad, que permite pensar, cambiar, sin ir a la deriva detrás de cada moda. A continuación, hay que mantener, como decía el quardia

"teoría" que permita dialogar con la práctica, en vez de desintegrarse en la dispersión incoherente de las experiencias y los instantes.

¿Está en crisis el marxismo? . ¿En crisis respecto a qué edad de oro?. ¿Respecto a la gran difusión de la "vulgata" estalinista?. ¿Respecto al gran reconocimiento académico del marxismo universitario de los años sesenta?. En cierto sentido, el marxismo no ha dejado de estar en crisis desde la primera vez, a finales del siglo pasado. Pero hay actualmente más estudios e investigaciones marxistas serias en los más diversos dominios que en esas épocas. Son menos espectaculares. Están más dispersas. Pero van horadando sus galerías. Contribuyen a ese gran taller en el que la teoría está en redefinición permanente, a su extensión a dominios inexplorados, a su mestizaje a través de culturas ayer ignoradas.

¿Acaso habría que resignarse ante el mundo tal cual es?. ¿Adornarle de virtudes que no tiene?. ¿Consolarse con la idea de que la revolución sería, como el gran amor en los libros de Marguerite Duras, necesaria e imposible?.

En lugar de acomodar lo deseable a los límites supuestos de lo posible, queremos actuar para que lo necesario sea efectivamente posible. Hace veinte años, muchos gritamos: «Continuemos el combate». Hemos cumplido nuestra palabra. ¿Y si otra vez sólo fuera el comienzo?. L

LES JEUNES

CONTRE

LERACISME..